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Ocurrió todo en una noche.
Francesco Malcom, un estimado amigo y colega de trabajo, se había decidido por
fin a casarse con una chica guapísima y encantadora.
Así que como regalo de bodas decidí dar una fiesta en su honor en mi casa de
campo.
Había muchísimos invitados.
Tras la ceremonia en la iglesia, invité a todos sus parientes y amigos a tomar
algo en casa.
La velada se presentaba agradable y relajada y mientras Francesco atendía a
sus parientes, uno de sus amigos aprovechó para pegar un polvo en mi
baño.
¡Ah!
Me imagino que tendréis ganas de conocer a la joven esposa.
Mientras Francesco seguía entreteniendo a los invitados, ella aprovechaba para
conocer más a fondo a un invitado muy especial, Silvio Evangelista.
¡Ah!
La presencia de mi colega y amiga del alma, Valentín Demi, hizo que me
olvidase del resto de invitados.
Steve Holmes se unió a nuestra conversación, pero no parecía
particularmente interesado en nuestro discurso.
Entendimos que esperaba otra cosa de nosotras, y no dudamos en dárselo.
Verónica Carso una espléndida actriz húngara que se abre ante la gente sin
pudor para que la conozcan a fondo se divertía espiándonos.
Venga.
¡Uy, qué ganas tengo de comerme la polla!
Señor.
Sí. Es como un helado de chocolate.
Así.
Es mejor que un helado.
Dame,
dame. Vamos.
Qué mala es, no me la quiere dejar.
Así te gusta, ¿eh?
Sí. Está riquísima, ¿eh?
Chupa.
Cómo disfruta, cabrón.
Así vamos, chupa. Así. Sigue.
Así.
Qué culo más estupendo.
¡Gracias!
Está buenísimo, sí.
Ay,
qué culito que tiene más hermoso.
Eso me encanta, chuparlo.
Así me encanta, sí.
Hacía tiempo que no había chupado un culo así. Me encanta.
Me vuelve loco.
¡Qué gusto más bueno!
Así vamos, sigue.
¿Qué? ¿Qué?
Vamos a ir.
Vamos a ir. Vamos a
ir.
¡Oh, sí! ¡Vamos, sigue! ¡No pares!
¡Oh, qué bueno! ¡Sigue!
¡Oh, sí!
¡Vamos, fuerte!
¡Dale, fuerte!
¡Vamos!
¡Venga, venga, vamos!
¡Fuerte!
¡Así!
¡Vamos, sigue!
¡Fuerte!
¡Vamos!
Así, vamos, vamos, dame, vamos.
Así sigue, vamos.
Sí, muy bien.
Vamos, vamos.
Ahora.
Vamos,
sigue, va.
Cuando los parientes abandonaron la fiesta, nos quedamos solo un grupo de
amigos.
Fue entonces cuando Francesco aprovechó para follarse a su nueva y radiante
esposa. Por supuesto, yo no podía desaprovechar semejante ocasión.
Así que discretamente me fui tras ellos.
Abrí ligeramente la puerta y me colé en su intimidad.
¡Oh!
Así. Te gusta, ¿eh?
Así.
Así.
Pues, nena, toma.
Toma, oye.
Sí, sí, sí.
¿Dónde estás?
Así.
¿Qué pasa?
¡Mmm!
¡Oh, vamos!
¡Sí, sí!
¡Oh, cariño!
Verónica Carso, mientras tanto, quería comprobar personalmente el buen hacer de
Steve.
Se la empezó a chupar casi sin preguntar.
Me gusta su polla.
Así sigue, vamos, sigue.
Aquella mágica velada se acercaba a su fin.
Pero mi estado de excitación era tal que decidí coronar la noche pegando uno de
los polvos más memorables de mi vida.
Vamos, sigue así.
¡Qué rico!
Sigue así.
Me encanta. Vamos, no pares.
Así sigue.
Así
sigue.
Vamos. Qué rico, me encanta. Sí, vamos.
Me vuelve loca.
Soy una viciosa, ¿sí? Sí.
Es maravilloso.
Me gusta que me coman.
Qué gusto.
Oh, sí, así vamos.
Está buenísima, sí. Me encanta.
Vamos a ir, vamos a ir.
Así vamos a ir.
Vamos, fúllame.
Vamos, sigue así.
Me gusta.
Así.
Hasta el fondo.
Así sigue.
Vamos.
Sí, no pares.
Lo sostengo.
Así sigue.
Así que chúpamela. Me encanta así.
¿Te gusta?
A ver si me gusta.
¡Ah, sí, joder!
Así vamos.
¡Ah!
¡Ah!
Joder.
Sí, vamos.
Toma.
¿Os ha gustado mi película?
Esto que habéis visto tampoco es tan raro.
En el fondo, todas las mujeres somos unas zorras.
Yo, Úrsula Cavalcanti, os espero en nuestra próxima cita.
Os envío un besazo.
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