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Estabros, segunda parte.
¿No le ha dicho nadie que es usted muy simpática?
¿Está casada?
No, no, por Dios.
Con el carácter tan difícil que tengo, prefiero estar sola y no fastidiar a
nadie más.
¿Vive usted con su familia?
En realidad no tengo familia, vivo sola.
Verá, la historia de mi vida es un drama.
Prefiero no amargarle esta exquisita comida con mis desgracias.
Por eso no se preocupe. Me interesaría conocer su historia personal.
Mi padre y mi hermano murieron en un accidente de coche cuando yo tenía dos
años.
Y poco después mi madre sufrió un terrible derrame cerebral.
Desde hace 30 años está internada en una residencia.
¿Le basta?
Dios mío, es algo terrible.
¿Quién se ocupó de usted cuando era pequeña?
Por suerte yo también tuve un ángel de la guarda. ¿Y quién era?
Un lejano pariente de mi madre, del que ni siquiera conozco su nombre, se ha
ocupado de nosotras. En la época en que mi madre estaba en el hospital, fui
internada en un colegio de monjas.
Cuando fui mayor de edad, una entidad bancaria contactó conmigo informándome
de que alguien había dispuesto para mí Una pensión suficiente para vivir y
pagar la cuenta de la residencia donde está ingresada mi madre.
¿Ha tenido ocasión de conocer a su benefactor?
No me ha sido posible conocerle.
La única referencia era a la entidad bancaria a la que dejó las disposiciones
para mi pensión.
Pero cada vez que he intentado obtener información me han comunicado que habían
recibido órdenes expresas para mantener un total anonimato.
Ahora basta de hablar de mi vida privada.
Creo recordar que estamos aquí para hablar de trabajo.
¿Sabe? Escuchándola me había olvidado completamente.
En efecto, mi empresa me ha encargado esta reunión y para mí ha sido un gran
honor, ya que creo que es usted una de las mejores periodistas.
He de felicitarla sinceramente por voluntad expresa del señor Stavros por
su último reportaje y comunicarle una noticia que le va a encantar.
El señor Stavros en...
desea reunirse con usted para concederle una entrevista. Llegará a Roma el 15 de
diciembre para la edición de Gloria y Éxito.
¿Y me lo dice así?
¿Y cómo quiere que se lo diga?
Espero que no sea una tomadura de pelo. No me atrevería nunca, señorita Strato.
¿Sabe que el gran jefe no ha concedido una entrevista desde hace 30 años?
Claro que lo sé.
Como ve, es usted enormemente afortunada.
Él llegará a Roma en su avión privado hacia las 8.30.
Usted la esperará en el Palacio de la Ópera a las 21 horas, pero sepa que hay
algunas condiciones que son innegociables. No habrá ninguna cámara,
ninguna foto y solo se le concederán 30 minutos, ni un segundo más.
¿Sabe que él empieza a caerme muy simpático?
No olvide pasar a recoger su acreditación a las 8 por mi oficina.
No se preocupe, seré muy puntual.
Muy puntual.
El doctor me ha dicho que se recuperará pronto.
Ya lo verá. Hola, mamá.
¿Cómo estás, cariño mío?
Oh, mamá. Hoy es el día más fabuloso de mi vida. Hace años que esperaba este
momento.
Piensa que tendré el honor de entrevistarle a él en persona.
Estabros, mintas.
Lo siento mucho.
Creo que te estoy molestando.
Oh, mamá, cuánto me gustaría compartir contigo esta alegría.
Te quiero mucho, mamá.
Te quiero mucho.
Especiales Tabros.
Antes de dar comienzo al segundo capítulo del Especiales Tabros, quiero
darles las gracias por la preferencia que la semana pasada otorgaron ustedes a
nuestro programa.
Hemos sido vistos por cerca de 13 millones de telespectadores con un share
del 48% que ha colocado al Especiales Tabros como el programa más seguido del
año. Un resultado increíble que sus autores nunca se hubieran podido
imaginar.
Gracias de corazón.
Como ya les avancé la semana pasada, estamos en vísperas de la primera
edición de Gloria y Éxito, maratón con fines humanitarios al cual, como ya
saben, se ha adherido también Stavros, con una tarjeta de visita de 10 millones
de dólares para ayudar a la reconstrucción de Kosovo.
La llegada a Italia del hombre más rico del mundo alcanza niveles de evento
histórico por dos importantes motivos. El primero de ellos...
Que Stavros aparezca en público después de 30 años de dorado exilio en su
fabulosa isla del Pacífico.
El segundo, que vuelve a su país de origen después de 50 años de ausencia.
Naturalmente, nuestro equipo de redacción está intentando obtener una
entrevista exclusiva con nuestro más ilustre conciudadano.
En espera de futuros acontecimientos, nos disponemos a emitir esta segunda
parte del especial Stavros, que espero contribuya a aclarar algunos aspectos.
de la extraordinaria vida de uno de los hombres más interesantes de nuestro
siglo.
¿Quieres sumergirte en un mundo de frescor y bienestar?
Prueba la suave fragancia del gel de baño Rainiere. No podrás dejar de
usarlo.
Llegué a Roma a finales de los años 50 respondiendo al anuncio de una
productora cinematográfica.
Ellos buscaban una mujer de mis características para interpretar el
papel de Paulina Bonaparte en la película Napoleón.
Me presenté en las oficinas de un agente de casting y fui elegida de entre un
centenar de candidatas.
Fue en aquella ocasión cuando conocí a Stavros en su despacho de la Plaza
Navona. Bien, ¿qué le parece?
¿No cree que es perfecta para interpretar a Paulina Bonaparte?
¿Sabe? Es usted de la clase de hombres que más detesto. No se ofenda, pero debo
reconocer que tiene un talento especial para organizar castings.
Señorita, ¿desearía usted interpretar el papel de Paulina Bonaparte?
Señor Stavros, ¿está bromeando?
No, no bromeo nunca.
Pero, ¿tiene alguna experiencia interpretativa?
No hay ningún problema.
Le garantizo que es muy bueno.
Entonces, usted será nuestra Paulina Bonaparte.
Comencé el rodaje de la película con mucha emoción, actuando al lado de la
que más tarde se conocería como la gran Mónica Foster.
Debe de estar bromeando.
No he visto la expresión de Mónica.
¿Eso lo llama a interpretar? Sí. Si van a interpretar así toda la película,
podemos dejarlo.
Pues para mí la escena era muy creíble. A mí me importa tres cojones si usted
piensa que la escena era creíble. Si le digo que Mónica Foster actúa como una
mierda. Usted tiene el deber de repetir la escena sin añadir una palabra. Yo
soporté, pero Stavros no soportaba la presencia de Mónica. Y cada vez que ella
rodaba una escena, se ponía a discutir con el director.
¿Le gustan las flores?
Muchísimo. A mí me encantan. En casa y en la oficina siempre quiero flores
frescas. Su perfume acompaña mi vida.
Nunca hubiera imaginado que un hombre de negocios como usted podría tener tanto
amor por la naturaleza. Y hubiera cometido un grave error. A veces hay que
mirar más allá de las apariencias.
¿Qué pensaría si la invitase a descubrir otras facetas ocultas de mi carácter?
Me sentía muy atraída por aquel hombre.
Tenía una dulzura y una sensibilidad fuera de lo común.
Entre nosotros nació una relación que se publicó en todas las revistas del
corazón.
¿Sabes que este sitio es fantástico?
Hacía tiempo que no comía una carne tan buena.
Debemos volver otro día.
Cariño, tus deseos son órdenes para mí. Buenos días.
No me habías dicho que vendrías a comer con nuestra Paulina Bonaparte.
Podrías tener el buen gusto de presentarme.
Encantado. Hans Helmut.
Madalena Ruta.
Debo decirle que es usted tan bella como imaginaba.
Espero no haber violado vuestra intimidad. Si lo he hecho, os ruego me
perdonéis.
Os deseo una espléndida sobremesa.
Hasta la vista.
Hasta luego.
¿Cómo podía saberlo de Paulina Bonaparte?
Es mi socio y habrá visto una foto tuya en la agencia.
No me habías dicho que tenías un socio.
Por suerte para ti, cuando fuiste a la agencia de casting, él no estaba.
De otro modo, le habrías conocido demasiado pronto.
Por tu forma de hablar, no parece que sea tu amigo.
Dejemos el tema.
Algún día te explicaré más cosas de él, entonces lo entenderás.
No puedo negar que me sentí muy atraída por el socio de Stavros, pero su
presencia me producía al mismo tiempo un sentimiento de temor.
Aunque seguía enamorada de Stavros, la inconsciencia y el ímpetu de mis 20 años
me hicieron cometer una acción que no hubiera debido permitir jamás.
Durante la fiesta organizada para el estreno de Napoleón, Su socio no me
quitaba los ojos de encima y me acosaba de tal forma que me hacía sentir
incómoda. Mientras transcurría la recepción, nos situamos tras un falso
espejo que nos permitía tenerlo todo bajo control sin ser vistos.
¡Oh!
¿Qué?
¡Oh!
¿Qué pasa?
No sé cómo Stavros pudo descubrir mi traición con su socio.
Quizá alguien nos vio.
O probablemente lo intuyo.
El hecho es que su reacción fue terrible y descontrolada.
Te has portado como una puta.
Solo una prostituta podría hacer lo que has hecho.
Ahora recoge toda tu ropa y desaparece de mi vista para siempre.
¿Está claro?
Eres una puta y tu sitio está en un burdel. Me quedé sola.
Había perdido al hombre que amaba y mi trabajo.
Y fue entonces cuando desesperada me presenté a Helmut.
que a fin de cuentas había sido la causa de todos mis problemas.
Me ha echado de casa.
Ahora no poseo nada.
He perdido el dinero, el trabajo.
Hans, debes ayudarme. Tú puedes hacerlo.
Estoy desolado, pero creo que tu carrera como actriz se ha acabado. Aunque yo sea
su socio, él nunca querrá aceptar que vuelvas a trabajar con nosotros.
He sido una estúpida.
He arruinado mi vida.
¿Qué puedo hacer?
Quizá tenga una solución.
Soy propietario de un colegio de monjas.
La directora se ha marchado por motivos de salud.
Podría hablar con la madre superiora, pero no puedo garantizarte que acepte mi
recomendación. Pero yo no tengo ninguna experiencia para dirigir un colegio.
¿Qué tendré que hacer?
Es muy sencillo. Tú eres una mujer inteligente y aprenderás rápido.
En caso de que consigas ese puesto, un día te pediré que hagas algo por mí.
¿Qué quieres decir?
No te entiendo.
Lo entenderás en su momento.
Pero recuerda, si no haces lo que te pida, nunca más podrás contar con mi
ayuda.
No entendí exactamente lo que Helmut quiso decirme con sus palabras, pero
acepté la propuesta, ya que si aquel trabajo no me fascinaba...
Había conocido el lujo y las riquezas del séptimo arte. Y si en el fondo no me
gustaba la idea de estar empleada en un colegio, por otro lado no tenía otra
posibilidad para sobrevivir.
Tal vez ya conozcáis mi anterior experiencia como actriz de cine.
Esta ocupación es muy diferente a todo lo que he hecho antes.
Pero sabed, muchachas, que desde ahora procuraré no volver a pensar en mi
pasado.
Para dedicar todo mi tiempo a vosotras, yo deseo ser vuestra amiga antes que ser
vuestra directora, pero exijo respeto.
Y una cosa muy importante.
Sé que no estáis aquí por vuestro gusto, sino porque os lo han impuesto desde el
juzgado.
Sé que es difícil, pero recordad que esto es un colegio.
Por tanto, todos debemos respetar las reglas.
Y para hacerlo necesito vuestra ayuda. Pronto comprendí el significado de las
palabras que Helmut me dijo en el restaurante. Las chicas del colegio
estaban siendo explotadas en un negocio de prostitución que él controlaba y en
el cual yo me involucré inconscientemente.
Cualquier petición de Helmut debía ser satisfecha, ya que de otro modo me
encontraría sin trabajo y obligada a volver a la pobreza de donde provenía.
Recuerdo que un día me llamó ordenándome que acompañara a dos colegialas a la
lujosa residencia de un jeque árabe y que debíamos satisfacer cualquier cosa
que nos pidiera.
La primera experiencia con aquel jeque árabe fue terrible para mí y para
las chicas. Pero la voluntad de Helmut debía ser acatada.
Mastúrbame ahora.
Eso es.
Chúpala.
Mastúrbame y mírame a los ojos.
Mírame.
Más deprisa.
Chúpamela.
Gracias.
Gracias.
Aquella situación duró unos meses.
Las chicas seguían prostituyéndose hasta que un día el portero del colegio vino a
verme a mi despacho.
Me dijo que había sorprendido a una de las chicas cuando intentaba salir de
noche del colegio.
Yo fingí estar enfadada y tuve que poner mi cara más seria cuando la regañé por
lo que había intentado hacer.
Unos días después llegaron los carabineros al colegio. Fui arrestada
bajo acusación de inducción a la prostitución.
Una chica del colegio lo había denunciado todo con la ayuda del chofer
de Helmut.
El instituto fue clausurado. En el proceso fui condenada a dos años de
reclusión. Estabros fue absuelto en cuanto yo, naturalmente, declaré a su
favor.
Esta es mi historia.
Bastan dos copas y una botella de champagne Salieri para caer en la
tentación.
Conocí a Stavros a principios de 1940.
Trabajaba como mozo de cuadra en los establos de su tío.
Era un chico bueno e inteligente y más pobre que las ratas.
Y no oculto que...
Estaba locamente enamorada de él.
A veces le salía al encuentro intentando atraer su atención hacia mi persona,
pero era el novio de mi amiga más querida y de mí nunca jamás quiso saber
nada.
¿Qué estás haciendo?
Trabajar, o es que no se me nota.
Venía a preguntarte si mañana querías ir conmigo a la fiesta que han organizado
en el pueblo.
No, gracias.
Sabes, mañana tengo una cita con Ana. No creo que ella quiera ir. No sé, ya
veremos. Ahora tengo mucho trabajo.
No tengo ganas de pensar en lo que haré mañana.
Si vamos, ya nos veremos allí.
Bueno, tengo que marcharme.
Adiós. Adiós.
Buenos días.
Buenos días, señorita. ¿Cómo está? Bien, ¿y usted?
Podría estar mejor, pero no me quejo.
¿Va a ir usted también a la fiesta de mañana?
Esperamos que llegue ese día como agua de mayo.
Nos veremos mañana, entonces. Hasta mañana.
Estadro sacudió a la fiesta con mi amiga Ana y estuvo todo el tiempo bailando con
ella sin mirarme ni una sola vez.
A la derecha.
Estaba furiosa. Los celos me devoraban.
Debía hacer algo para romper aquella relación y poco tiempo después se me
presentó la ocasión.
Quisiera pedirte un favor. Dile.
Es mi padre.
El pobre está muy mal.
Para curarlo necesitamos unas medicinas.
En el mercado negro me han pedido 50 liras.
Y la única persona que puede prestármelas es el tío de Stavros.
Si él está dispuesto a ayudarme, puedo dejarle en garantía un anillo que heredé
de mi madre, que al menos vale diez veces más.
No sé qué hacer y... ¿Por qué me lo pides a mí y no a él directamente?
No, ese hombre es un cerdo.
Una vez le pedí un favor e intentó ponerme las manos encima y si Stavros se
entera de esto...
Estoy segura de que sería capaz de matarme. No puedo hacerlo.
No te preocupes, todo se arreglará. Yo iré a hablar con él. ¿Para qué has
venido a verme?
Quería hablarle.
Se trata de un favor muy importante que Ana me ha encargado que le pida.
¿Por qué has venido tú? ¿Es que Ana no tiene lengua para hablar?
Desgraciadamente, su padre está muy enfermo y ha tenido que quedarse a
cuidarlo. ¿De qué se trata?
Ana necesita comprarle unas medicinas a su padre.
Necesita comprarlas enseguida. En el mercado negro le han pedido 50 liras.
Si usted estuviera dispuesto a prestarle ese dinero, ella le dejaría en garantía
un anillo muy valioso. Mira, he estado toda mi vida trabajando sin parar,
sacrificándome para tener unas liras.
Francamente, no me interesa ningún anillo.
Pero el anillo sería solo como garantía. ¿Garantía para qué?
Yo conozco bien a la familia de Ana y sé que nunca podrán devolverme el dinero.
Pero... Si Ana quiere un préstamo de mí, ya sabe lo que tiene que hacer. Y tú le
echarás una mano.
Dime, ¿qué te ha dicho?
¿Has traído el anillo?
Sí, aquí está.
¿Qué te parece?
Es una preciosidad.
Pero, desgraciadamente, con esto solo no basta. Quiere algo más.
¿Qué otra cosa quiere?
Ya puedes imaginártelo.
No es tardo.
No conseguirá jamás lo que quiere.
Si has de comprar esas medicinas, la única posibilidad es que él te preste el
dinero.
Por otro lado, es solo un viejo y si me escuchas con atención lo que has de
hacer, no te rozará ni siquiera un pelo. Yo seré quien se encargue de aplacar sus
calores. Tú tranquila, no te preocupes por nada.
¿Y tú harías eso por mí?
¿Para qué están las amigas si no?
Al día siguiente, fui en busca de estabros.
Iba decidida...
A explicarle todo lo que sabía de ella, indicándole dónde había tenido lugar la
cita.
Para demostrarle así la veracidad de mi historia.
Lo que me has dicho no es posible. No puedo creerlo.
Ana tiene relaciones sexuales con tu tío desde hace algún tiempo por cuestiones
de dinero.
Ahora él ya se ha cansado y para darle un último préstamo ha exigido que
también yo me una al juego.
Ha sido Ana quien me lo ha dicho. Pero no es posible. Eso es mentira.
¿Por qué cojones miras tanto el anillo?
Ven aquí, que quiero besarte.
Esta tonta no vale nada.
Si queréis el dinero, tendrás que ser tú quien me divierta.
y ah
¿Hm?
Gracias.
Al día siguiente, cuando fui a los establos para comprobar la reacción de
Stavros, encontré el cadáver de su tío.
Y solo entonces empecé a darme cuenta de todo lo que mi inconsciencia había
provocado. Nunca más volví a ver a Stavros.
Desde aquel día llevo sobre mí un gran remordimiento.
avergonzada por lo que había hecho.
No quise hablar nunca más con mi amiga y me encerré en un silencio que ha durado
hasta el día de hoy.
El hecho de haber hablado me ha ayudado a hacer más soportable el dolor que
guardo dentro de mí desde hace 50 años.
En los viñedos de Asnier existen unas preciadas uvas con las que se elabora un
vino único.
Colmax, tu vino más preciado.
Conocí a Stavros en 1940,
en octubre.
Por entonces decidió expatriarse a Francia por motivos políticos.
Poco después estallaría la Segunda Guerra Mundial.
Recuerdo que lo conocí en el coche de línea que unía Capo d'Orlando con la
estación de Reggio Calabria, desde donde salía un tren que, tras atravesar toda
Italia, nos dejaría en la frontera de Francia.
Vamos a hacer una parada de 20 minutos. Nos iremos inmediatamente.
Aquí cerca hay un restaurante. Quien quiera bajar a tomar un bocado, que me
siga.
Parece que este anillo te tenga fascinado.
Déjame en paz. No tengo ganas de hablar.
¿A dónde vas?
Te he dicho que me dejes en paz. Te he dicho que me dejes en paz.
¿Cómo lo haces para imitar tan bien la voz?
Es un don. Sí.
Anda, invítame a un cigarrillo.
He estado a punto de pedírtelo. Un cigarrillo. Imagínate, no tengo dinero
ni para comprar pan.
Figúrate, un cigarrillo.
Estamos bien jodidos. Nos espera un brillante futuro.
Sí, yo pienso lo mismo.
O sea que ni Stavros ni yo llevábamos un céntimo en el bolsillo. Y pronto
comprendimos que si queríamos llegar a Francia, debíamos ingeniárnoslas de
algún modo.
Me fijé en dos personas que se habían quedado en el autobús con nosotros.
Parecían gente acomodada.
Y se me ocurrió una idea.
¿Eh?
¿Qué? Ya tengo la solución. ¿Cuál?
Mira. Me acerqué a ellos desplegando todo mi encanto y nos hicimos amigos.
Supe que el viejo era el suegro de la chica y pronto intuí que ella no era
indiferente al atractivo de Stavros.
Así que nos repartimos el trabajo.
Intente mirar fijamente mi dedo. A derecha e izquierda.
Mírelo y después cierre los ojos.
Eso es muy bien. Así, así es.
Estupendo.
Mantenga los ojos cerrados y ya verá como yo le ayudaré a superar todos sus
problemas. Eso es.
Muy bien. Espere un minuto. Formidable.
¿Sabe usted que yo soy psicólogo? Sí.
Oh, esto ya está.
Sí, así es.
A dormir.
A dormir.
Veo en usted a un hombre muy introvertido y lleno de profunda
tristeza. Sí, probemos ahora a dormir un poco.
Vamos a probarlo, ¿eh? Así.
Muy bien.
Eso es.
Así.
Muy bien.
Cierre los ojos. Debe comprender que sólo podrá abrir los ojos cuando yo se
lo diga.
De acuerdo.
Solo abrirá los ojos cuando yo se lo diga. ¿De acuerdo?
Debe hacerme caso si quiere curarse, ¿de acuerdo? ¿Me entiende? ¿Sí o no?
Logramos reunir el dinero necesario para continuar el viaje con más posibilidades
de éxito.
Conseguimos llegar a Francia, donde nuestros caminos se separaron.
Volví a verle muchos años después de la guerra. Nos reunimos en su casa de Roma.
En aquella ocasión también estaba presente un amigo francés que había
militado con él en un grupo partisano.
Stavros entonces ya era un importante productor de cine y me ofreció trabajar
en su empresa como secretario.
Yo enseguida acepté su oferta.
ya que mi situación económica era casi casi desesperada.
En aquellos años, él tenía una relación con una mujer bellísima que había
perdido la vista cuando era una niña.
Eres genial imitando voces. Sí.
Quisiera pedirte un favor.
Naturalmente te aviso que no te puedes negar, a menos que quieras encontrarte
en la calle, considerando que trabajas tan bien para mí.
Pero creo recordar que nunca le he negado ningún favor. ¿De qué se trata?
De estabros.
Estabros. Va a marcharse unos días.
Y yo quisiera estar con su mujer, pero para eso necesito que hagas de banda
sonora. ¿Que haga de banda sonora?
No lo entiendo.
Quiero decir que tendrás que imitar la voz de Estabros.
Imitar a Estabros. Quiero engañar a su mujer.
¿Quiere engañar a su mujer?
Está ciega, claro.
Pero no es ninguna imbécil.
Se dará cuenta enseguida de esta comedia.
Y además, no le pienso traicionar.
Jamás. Si haces lo que te digo, no se dará cuenta de nada.
Y recuerda bien una cosa.
Yo soy socio al 50% con Stavros. Y en cualquier momento puedo ponerte de
patitos en la calle.
Ahora, piénsalo.
Pero piénsalo bien antes de que sea demasiado tarde.
Comprendo.
Muy bien.
¿Lo haré?
Nunca hubiera imaginado que el socio de Stavros destilara tanta maldad.
Pero aquella noche me di cuenta de cómo trataba a las jóvenes figurantes que
querían trabajar en la película.
No.
No.
¡Mueve el coño!
¡Muévete!
Abre la boca, lindecita.
Así. Bien.
Unos días después, Estavro se ausentó de Roma y el señor Helmut quiso realizar su
proyecto.
Buenas noches. Dios mío, me has dado un susto de muerte.
Pero no tenías que volver pasado mañana.
No he podido.
¿Qué quieres decir?
Ven, acércate a mí, mi amor. ¿Por qué me hablas desde tan lejos?
He venido con dos hombres. Están aquí conmigo. ¿Cómo puedes decirme que estás
con dos hombres? ¿Podrías avisarme? ¿Traes gente a casa sin avisarme antes?
No he podido.
Escucha atentamente, cariño. Ha pasado una cosa. Una cosa terrible. Si prometes
no ponerte nerviosa, te lo contaré todo.
Pero te lo repito, intenta tranquilizarte.
Un hombre está a mi lado y me apunta con la pistola a la cabeza. Amenaza con
matarme. Dios mío.
¿Pero qué es lo que quieren?
Ahora te lo cuento.
Me había parado en la autopista a poner gasolina y me han asaltado. Eran dos
hombres, uno de ellos.
Ha salido del coche amenazándome. Han querido que las trajera a casa.
Me han hecho abrir la caja fuerte y lo han cogido todo, todo.
Pero si lo han cogido todo, ¿por qué no se han ido? Ya dales mi joyero, pero haz
que se marchen.
Lo han cogido, no te alteres, pero... ¿Entonces qué quieren de nosotros?
Quieren algo más.
¿Qué más?
Cariño, escucha. Oye, me estoy cansando. Intenta calmarte, cálmate.
Un hombre se está acercando a ti. ¿Y por qué se está acercando a mí? Intenta
calmarte, tranquila. Por favor, es cuestión de vida o muerte. Son capaces
de matarnos, ¿entiendes?
Ahora, no te muevas.
Por favor, estate tranquila. ¿Qué quiere de mí ese bastardo?
Tranquila. No podemos hacer nada más, cariño. ¿Por qué me está tocando? Por
favor, intenta hacer algo.
No puedo.
¿Tú me quieres?
No querrás que me mate, ¿verdad? Recuerda que el otro me amenaza con una
pistola.
Déjale hacer, mi amor.
No te preocupes.
Sé que es terrible, pero nos han obligado.
Entiendo que esto no es fácil para ti.
Pero ya verás cómo acaba pronto.
Déjale hacer.
Así.
Lo más importante de todo es que no te muevas.
Ya verás, no te harán daño.
Déjate hacer.
No pasará nada malo.
Enseguida acabará todo.
Debes hacerlo por nosotros dos.
Estos no tienen miedo de nada.
No tienen escrúpulos.
Déjate besar, déjate besar.
Eso es, déjate.
Intenta poner al mal tiempo buena cara.
Me estás haciendo sufrir, pero debes continuar.
Ellos lo quieren así, cariño. Vamos conmigo.
Me siento enloquecer.
Enloquecer. Es terrible.
Terrible.
Ya basta.
¿Quieres acabar de una vez?
Ya basta.
En la vida todos podemos equivocarnos y yo cometí el más grave de los errores.
Por si Stavros viera esta entrevista quisiera decirle una sola cosa.
Aunque han pasado más de 40 años, perdóname por todo el mal que te hice.
Deseamos poder ofrecerles el tan esperado momento de la verdad.
Todos los testimonios que han escuchado hasta ahora podrán ser desmentidos o
confirmados por el propio interesado, siempre que acepte hablar ante nuestras
cámaras. En todo caso, quisiera una vez más agradecerles el interés que han
demostrado por este programa y emplazarles de nuevo al último capítulo
del especial Estabros. Un afectuoso y cordial saludo.
de vuestra Antonella Stratos.
Buenas noches y hasta la próxima semana.
Adelante.
La señorita Stratos.
Hágala pasar.
Ah, y que nadie me moleste, ¿de acuerdo?
Señorita, pase, por favor.
Buenas tardes. Hola.
Tome asiento, por favor.
Gracias.
Veo que es usted una persona muy puntual. Sí, soy puntual por costumbre.
Ayer por la tarde, en el restaurante, no me di cuenta de que tenía una silueta
tan perfecta. ¿Cómo lo hace para mantenerse en forma?
Procuro cuidar mi alimentación y practico mi afición favorita, que es la
danza. Tiene usted suerte de tener tiempo.
Yo fumo demasiado y no tengo ni un minuto libre para hacer deporte.
Es solo una cuestión de voluntad. ¿Usted cree?
Cuando empiece a tener los primeros problemas cardíacos, ya se dará cuenta.
Tiene usted un gran sentido del humor.
Pero, por desgracia, debo comunicarle una mala noticia.
Espero que no se haya anulado la entrevista.
Pues sí, de eso se trata.
A la Stavros Corporation no le ha gustado una de sus entrevistas.
En particular, la de aquella persona que pretendía ser el secretario personal del
señor Stavros. Aquel señor no lo pretendía.
Realmente fue el secretario del señor Stavros. Eso es lo que él dice.
Antes de que salgan por antena mis entrevistas, tengo la costumbre de
informarme muy bien.
Mire, no pretendo hacer un debate.
Solo le estoy comunicando lo que me han dicho.
Las declaraciones sobre el hurto a aquel anciano del autobús.
No les han gustado y han delegado en mí la capacidad de decidir en lo relativo a
su acreditación.
¿Y qué quiere decir con eso?
Quiero decir que han dejado a mi libre albedrío la concesión o no de su
acreditación personal, señorita Stratos.
Entonces estoy segura de que no habrá ningún problema.
Eso espero.
Como ya le dije ayer, soy un hombre muy curioso.
y me gustaría satisfacer una de mis curiosidades antes de entregarle su
acreditación. Si puedo, intentaré serle útil.
Dígame, ¿qué es lo que desea? Ya que usted practica la danza, me gustaría
mucho verla bailar.
Oiga, señor, yo soy periodista y no bailarina profesional.
Y si como he intuido, además del baile, usted quisiera otro tipo de favores...
Entonces le digo que se meta su acreditación por el culo.
Y satisfaga su curiosidad con alguna puta.
Si es que encuentra alguna dispuesta a acostarse con usted.
Sí, dígame.
El señor Stavros en persona desea saber si la señorita Stratos ha pasado a
recoger su acreditación.
Debía venir esta tarde a mi despacho, pero no se ha presentado. Intente
localizarla. De acuerdo, haré todo lo posible.
Se lo repito, es muy importante.
No se preocupe, yo mismo me ocuparé de ello. Hasta luego.
Buenas tardes, señorita. Hola. ¿Ha visto? Le han mandado a su madre estas
rosas tan preciosas, pero no sabemos quién lo ha hecho.
Vaya, todavía te envían flores tus admiradores secretos.
Mamá, seguro que vives en un mundo mucho mejor que el mío.
Hacía años que esperaba este momento, pero ese bastardo vicioso lo ha echado
todo por tierra en un instante.
Realmente tengo mala suerte.
Yo no sé cómo eras tú de joven, pero yo no aceptaré nunca un chantaje de nadie.
Mamá, ¿qué has dicho?
Hazlo.
Mírame a los ojos mientras me enchufas la boca.
Así,
si te miran.
Mírame a los ojos.
No debes apartar la mirada de mis ojos ni un instante.
Me encanta follarte mientras me miras.
Te haces la impasible, pero sé que te encanta mi polla.
Sigue mirándome.
¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah!
¡Ah!
¡Tira cable, tira cable!
Por favor, señor, solamente unas palabras.
Gracias,
gracias.
¡Oh!
¡Una foto, por favor!
Hola, buenas noches, señor.
Señor, mire la cámara, por favor.
Rápido, muchachos, viene otro.
¿Perdone, señorita Stratos?
Sí. Síganos, por favor.
Muy bien.
La señorita Stratos está aquí.
Que pase inmediatamente.
Pase, por favor.
Buenas noches.
Es para mí un gran placer, señorita Strato.
Siéntese, por favor.
Estoy muy contento de que haya venido.
Es un honor para mí, señor Stavros.
Me imagino lo que puede haberle costado este encuentro. Ya he dado órdenes
inmediatas de despedir a aquel cabrón de mi oficina de prensa. Le pido perdón en
su nombre y en nombre de la empresa que represento.
Desgraciadamente, vivimos en un mundo de sinvergüenzas.
Y ni siquiera yo puedo librarme.
¿Desea tomar algo, señorita? No, muchas gracias.
La encuentro nerviosa, señorita. Relájese un poco.
Le recuerdo que solo tenemos media hora.
¿Le molesta si tomo algunas notas mientras usted responde? En absoluto.
La primera pregunta es, ¿cuáles fueron los motivos que le impulsaron a
abandonar Italia antes de la guerra?
Por entonces cometí una gran locura.
provocada por un gran amor del que no me arrepentiré jamás.
¿Se ha enamorado alguna vez?
La única persona que he querido y quiero con locura es mi madre.
Entonces ya sabe lo que significa.
Usted haría cualquier cosa por su madre.
Yo, que nunca he tenido una familia, entregué mi vida y mi corazón a una
mujer.
Mis padres habían nacido en Grecia y emigraron a Italia hacia 1915,
estableciéndose en Sicilia.
Cuatro años después decidieron traerme al mundo.
Éramos una familia muy pobre.
Cuando yo tenía ocho años, mis padres murieron de tuberculosis y fui recogido
por un hermano de mi padre que se divertía tratándome como a un esclavo.
Cuando tenía 20 años, conocí a Ana.
Teníamos una relación maravillosa y ella conseguía darme todo el amor que la vida
me había negado.
Por desgracia, el destino había elegido para mí un camino diferente.
¿Qué cojones mira siempre el anillo?
Ven, me quiero besarte.
El mundo se derrumbaba sobre mí y decidí acabar con la vida del cerdo baboso de
mi tío.
Mi tío era un personaje influyente en el pueblo.
Matar a un fascista podía significar la muerte. Así que decidí escapar a
Francia. Lo que sucedió durante el viaje ya ha sido narrado en detalle por mi
exsecretario. Llegué a París y empecé a hacer pequeños trabajos.
Solo intentaba sobrevivir.
Hasta el día en que las tropas nazis invadieron Francia.
Entonces decidí ponerme al servicio del grupo combatiente de liberación.
El mío no fue un acto de heroísmo. A fin de cuentas, no tenía nada que perder. Y
considerando que entonces los alemanes eran aliados de los italianos, la
extradición por el homicidio de mi tío podría hacerse realidad.
Nos encargaron una misión consistente en recuperar un convoy cargado de obras de
arte robadas por los alemanes.
Y fue entonces cuando el destino cambió inesperadamente mi vida. Mira lo que he
encontrado en un camión.
Pero has de prometerme que guardarás el secreto. Lo haré.
Ninguno de los otros debe saberlo.
Todo aquel oro valía el equivalente a dos mil millones de liras actuales. El
sargento Duhem y yo no lo dudamos un instante. Y aunque éramos conscientes de
estar cometiendo un acto ilegal, Decidimos esconder aquella caja con el
propósito de volver a recuperarla cuando acabara la guerra.
Desgraciadamente, mi compañero tuvo peor suerte que yo. Pocos meses después del
fin de la guerra, fui a recoger aquel oro y con el dinero que obtuve de su
venta decidí invertir en el mundo del cine, que entonces estaba en plena
expansión. Durante varios años los negocios marcharon viento en popa hasta
el día en que...
Dígame, ¿por qué motivo deseaba usted verme?
El motivo es claro y muy sencillo. Usted es uno de los pocos supervivientes del
grupo Partisano Águila y es el único que se ha enriquecido después de la guerra.
Los demás están todos en la miseria.
¿Qué quiere decir?
¿Cómo es posible que conociera al grupo Águila? Yo estaba con las tropas
alemanas en Francia y tras el desembarco de Normandía...
Mi compañía recibió órdenes de transportar hasta Alemania un cargamento
de obras de arte robadas a algunos museos franceses. Fuimos atacados por el
grupo partisano Águila.
Yo caí prisionero y parte de la carga se dispersó.
¿Y qué?
Creo que por entonces no jugábamos. Si no recuerdo mal, estábamos en guerra.
Cierto, pero la guerra tiene sus reglas y el cargamento voló.
Fue entregado al jefe del comando de los aliados.
Concretamente al general Carl Williams.
Pero estaba incompleto, faltaba una caja de lingotes de oro.
No entiendo lo que me está diciendo.
Por tanto, le ruego que salga de mi despacho. No tenemos nada más que
decirnos.
Como quiera.
Sepa que aún guardo la orden del transporte en relativo.
Al cargamento, y que las autoridades francesas estarían muy contentas de
enterarse de la desaparición de aquel oro, y creo que incluso Hacienda podría
tener curiosidad por enterarse de cómo lo ha hecho para iniciar esta actividad
desde cero, considerando que antes de la guerra usted era un pobre muerto de
hambre. ¿Qué es lo que quiere?
Tranquilo, no quiero dinero.
Sé que usted dirige esta empresa con gran acierto.
Realmente es un manager excelente. Con el 50% tengo bastante.
Creo que es una buena propuesta. No creo haber exagerado, ¿no le parece? Aquel
hombre entró en mi vida con prepotencia y para mí empezó un periodo oscuro, del
cual ya conoce todos los detalles.
Después de la guerra volvió a ver a la mujer que amaba. En 1960 regresé por
primera vez a Sicilia.
Era un hombre rico.
El primer pensamiento que tuve fue telefonearla.
Conseguí encontrar su número sin problemas y nos reunimos en una plaza
del pueblo.
Han pasado casi 20 años, pero me parece un día.
Por desgracia han cambiado las cosas, amor mío.
Tienes razón, pero no ha cambiado el amor que siempre has sentido por ti.
Nunca morirá.
Te estuve esperando tantos años. Te marchaste de aquí y me dejaste sola.
Tuve que rehacer mi vida de nuevo y ahora tengo un hijo y un marido a los
que quiero mucho.
Pero nuestras promesas y proyectos... ¿También se ha acabado nuestro amor?
Te amo y siempre te amaré. Cariño, te he traído esto. Póntelo.
Ahora nadie podrá volver a quitártelo.
Nos dejamos arrastrar por el éxtasis y en aquel maravilloso encuentro fue
concebida una preciosa chiquilla. Ella prefirió atribuirle la paternidad al
marido. Ese debía ser nuestro precioso secreto que nos hubiera mantenido unidos
para siempre. Pero también en esa circunstancia el destino eligió otro
camino.
Aquí tienes el anillo. Eres un cerdo, un bastardo. No quiero verte nunca más.
Solo se trata de un error. Deja que te lo explique.
No tienes nada que explicar. Desaparece de mi vida y no vuelvas.
Había leído en los periódicos el escándalo de las colegialas en el que me
vi indirectamente relacionado con Hans Helmut.
Para seguir viviendo serenamente, me veía obligado a perdonar las
incorrecciones de aquel hombre.
Pero había una cosa que no tenía que haber hecho.
Destruir mi relación con Ana.
Eso no podía perdonárselo jamás.
Entonces decidí aislarme completamente, pensando solamente en mis negocios.
Hoy soy el hombre más rico del mundo, pero he comprendido que la felicidad no
tiene precio.
¿Su hija ha podido conocerla?
Ella es hoy un personaje muy famoso. A menudo la veo aparecer en televisión.
¿Y la mujer que amaba?
La mujer que yo amo.
Desgraciadamente, no tuvo tanta suerte como yo. Su marido y su hijo tuvieron un
accidente. Murieron los dos.
Poco tiempo después, ella sufrió un derrame cerebral que la obliga a vivir
postrada el resto de su vida.
¿Por qué no ha ido nunca a verla?
Porque no hubiera servido de nada.
Prefiero recordarla tal y como era, aunque siempre me he ocupado de ella y
de mi hija.
Lo sé.
Mis informadores me han comunicado que usted tiene una madre muy enferma.
¿Podría hacerme un favor?
Sí, claro.
Tome, coja esto.
Ya verá cómo la hará feliz.
Enjúguese las lágrimas, señorita.
La vida no es siempre tan triste.
Debe usted aprender a afrontarla con optimismo.
Hágalo y nunca se arrepentirá.
Hoy hace un día verdaderamente precioso.
Ayer. Alguien me pidió que te diera esto.
Has de saber que él te ha amado siempre.
Y que no te olvidará jamás.
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