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Zulu
Flecha rota.
Gracias.
Esta es la historia de una tierra, de las gentes que vivían en ella en el año
1870 y de un hombre que se llamaba Cochise.
Era un jefe indio de la tribu Apache Chiricahua.
Yo tuve que ver con aquella historia que sucedió tal y como verán ustedes.
Salvo que cuando los apaches hablen, lo harán en mi idioma.
Todo esto forma parte de la historia de Arizona y para mí comenzó aquí.
Donde pueden verme montando a caballo.
Desde que abandoné el ejército, había estado buscando oro.
Y un día me dijeron que un coronel de Tucson quería verme.
La historia empezó cuando vi unos buitres acechando desde el cielo.
Los buitres son unas aves muy listas.
Debe haber algún animal a punto de morir.
Pensé que sería algún ciervo herido, o un conejo, o una serpiente.
No era ni un conejo, ni un ciervo y, desde luego, mucho más peligroso que una
serpiente.
Era un apache.
Llevábamos diez años envueltos en una cruel y sangrienta lucha con los indios.
Sabía que era peligroso hacer un juego en territorio apache, pero las heridas
del muchacho estaban infectadas y tenía mucha fiebre.
Su espalda había recibido diez pedazos de metralla y tuve que sacárselos con un
cuchillo. Le retiraba los dientes, pero no soltó un solo grito de dolor.
Durante los días que siguieron me dediqué a buscar oro y a cuidar del
muchacho. Quería continuar mi camino y me alegré mucho cuando vi que se estaba
recuperando.
¿Te sientes más fuerte?
Un poco.
Pero todavía acogeas.
Debo irme.
No, me iré yo. Es pronto para ti.
Para mis piernas, sí. Pero no para mi familia.
Soy todavía un novato.
Tengo 14 años y debo hacerme un hombre.
Ya puedo viajar solo.
Pero llevo fuera demasiadas lunas.
Seguro que mi madre estará llorando. Y mi padre me estará buscando.
Soy el único hijo que les queda.
Mi hermano y mi hermana murieron en Big Creek.
Mi madre estará llorando, dijo.
Es curioso.
Jamás me había ocurrido pensar que una mujer apache llorase por su hijo como
cualquier otra mujer.
Los apaches son unos salvajes, solíamos decir.
¿Imploras al verdugo de los enemigos?
Tal vez por el creador.
El de allá arriba.
Oh, tiene otro nombre.
Los apaches piden la muerte de los blancos.
Pero lo que yo quiero es que tú te salves.
Cuando se puso el sol, lanzé polen a los vientos por ti.
Gracias, amigo.
Es bueno para el dolor de cabeza y las enfermedades.
¡Podría matarte! ¡Suelta el arma!
Los conozco bien. Ellos nos están vigilando. Saben que estoy indefenso.
Eso es una señal. Dicen que debes rendirte.
No debéis hacerle daño. ¿Desde cuándo mi hijo es un apache manso?
Padre, mira.
Me salvó la vida cuando los soldados me hirieron. ¿Dónde has visto soldados?
Estoy avergonzado, padre.
Un apache no tiene secretos con los suyos. ¿Y este? ¿Estaba con ellos?
No, me encontró luego.
Él me curó.
Y no sería justo matarle.
Tú no das las órdenes.
¿Hablas nuestra lengua?
Un poco.
Los hombres blancos pagan muchos dólares por la cabellera de un apache. ¿Lo
sabías? Sí.
¿Y por qué no le arrancaste la cabellera?
Yo no mato apaches por su cabellera ni por el dinero.
¿Por qué no? Mi pueblo y los blancos están en guerra.
Esa no es mi forma de luchar. Así luchan todos los blancos. Yo lo desapruebo. ¿Es
que eres una mujer?
Todos saben que los apaches tampoco arrancan cabelleras y no son mujeres.
Nos oculta algo.
¿Qué estás haciendo en nuestras montañas?
Buscando oro y plata.
¿Para qué?
Para ganar dinero.
No has matado.
Nosotros tampoco lo haremos.
Por esta vez.
Dale el arma.
Estaban deseando matarme, pero no lo hicieron.
Aquel día aprendí algo.
Que las madres afaches lloraban por sus hijos y que los guerreros respetaban la
justicia.
¡Los indios, huyamos!
Dos hombres murieron.
Pero fue aún peor para los tres que sobrevivieron.
Aquello era la guerra.
Y la crueldad no era ajena a ningún pacto.
Uno de aquellos hombres llevaba una bolsa con tres cabelleras apaches.
Lo enteraron hasta el cuello.
Y le frotaron la cara con mezcal.
Me obligaron a ver cómo se lo comían las hormigas.
Entérate. Entérate bien.
Es territorio apache. No vuelvas por aquí.
Donde vive Cochise, no queremos hombres blancos.
Coge tus cosas y vete. No queremos volver a ver tu cara.
Hola, Tom. Hola, Tom.
¿Has encontrado oro? No.
Hola, Terry.
Un poco de café.
Hoy tenemos pavo ahumado.
No, solo café, gracias.
Debemos matarlos a todos.
¿Jeffords? Sí, señor.
Soy el coronel Bernal.
¿Ha recibido mi mensaje? Por eso estoy aquí.
¿De qué se trata?
Acaban de asignarme el mando de Falkland.
Enhorabuena. Tengo órdenes de acabar con Cochise y todos los apaches que están en
las montañas.
Una misión difícil.
Acabad con todos.
Matadlos como a cerdos. Eso es, como a cerdos.
Este hombre cayó en una emboscada de los apaches cerca de aquí ayer por la tarde.
Murieron dos de su grupo.
¿Dónde fue la emboscada?
Unos kilómetros al sur. Dice que hirieron a Cochise y que mataron a una
docena de apaches de un grupo de más de 50.
No eran 50, eran solamente 5 y no recibieron ni un solo arañazo.
¿Cómo lo sabes, George?
Porque lo vi.
¿Lo vio?
¿Y permaneció quieto sin ayudarles?
Estaba atado. Los apaches me capturaron.
Ah, ¿y consiguió escaparse?
Ellos me soltaron.
Nunca había oído algo semejante de los apaches.
¿Y usted, John?
No. ¿Y tú, Milt?
No.
Encontré a un muchacho Chiricahua herido y yo le curé.
¿Se crearía la endeuda conmigo?
¿Los apaches haciendo justicia?
Sí. Es increíble.
¿Se encontró a un apache herido y no lo mató? Así es.
¿Puedo preguntarle por qué?
¿Qué es lo que quiere usted de mí, coronel?
Jeffords, creo que sé cómo acabar con Cochise.
Cuento con 250 hombres de Pensilvania y New Jersey. Son expertos y muy
disciplinados. Sí, ya los he visto por ahí. Tengo un buen plan, pero necesito
información y que explore el territorio para mí.
Dentro de seis meses acabaremos con Cochise y la guerra habrá terminado.
No lo creo, coronel. Escuche, Jeffers, soy buena estratega en campo abierto.
Llevo más de 30 años... No entiende nada de mapas, pero sus hombres conocen cada
barranco, todas las montañas y recovecos de Arizona.
Sus caballos pueden recorrer el doble que los suyos en un día y sus hombres
pueden correr tanto como sus caballos.
No sabe escribir su nombre, pero sus rastreadores saben en qué momento llega
a Ustafrográn y de cuántos hombres dispone.
Intercepta las diligencias y los correos. Ningún blanco está seguro en su
territorio. Y por primera vez en la historia de los indios, ha conseguido
reunir a todos los jefes de las tribus apaches bajo su mando.
No conseguirá colgar a Cochise en seis meses, coronel. Diez, seis años.
Buenos días.
Terry. Jeffords.
¿Está dispuesto a ayudarme?
Será mejor que se busque a otro. Puede que Jeffords se haya hecho amigo de los
apaches. Puede que no sepa de qué lado está.
Calma, Jeffers.
No busco pelea. Pero si no lucha contra ellos, está de su lado. Y tengo derecho
a decirlo. ¿Quién lo dice? ¿Cómo se llama? Ben Slade.
Tengo un rancho a dos kilómetros de Fort Grant.
Aún así, los apaches lo quemaron hace un mes.
Mi mujer estaba adentro.
Y casi matan a mi hijo, Pete.
Supongo que un hombre blanco como usted estará en contra de esas cosas. Sí,
todos lo estamos.
Entonces, ¿por qué no se une al coronel? Es algo personal, Slade.
La guerra no es algo personal.
Y menos cuando matan a nuestras familias. En Big Green matamos a mujeres
y a niños.
Cochise empezó esto y entonces... No, no, lo que ocurrió fue bastante
diferente. Cochise no empezó esta guerra.
Fue un joven y altivo teniente recién llegado del este.
Hizo una bandera de tregua que Cochise respetó. Y después colgó al hermano de
Cochise y a cinco más de su máster. No, se cuentan muchas historias. ¿Quieres
saber por qué no maté a ese muchacho Apache?
Pues por la misma razón que no mataría a su hijo. Ni colaboraría con el ejército.
Estoy harto de tanta sangre.
Además, ¿quién nos obligó a venir a este lugar? No lo sé, Tom.
No digo que el hombre blanco no haya cometido errores, pero hemos traído a la
civilización. Ropas, medicinas, agua, botas, progreso.
Tengo una carreta cargada de whisky de primera calidad esperándome en el este.
Podría venderlo a dólares la botella si no fuera por cochise. ¡Los indios!
¡Huyamos!
Hola, Juan. Entra.
Hola, Tom.
Después de tanto tiempo, solo ha llegado una carreta. Y eso gracias a los
militares. Cochise no se atrevió a dar la cara.
¿Pretendes que a los correos también los custodian los militares?
Necesitaríamos el ejército y la marina. Hace siete semanas que no sale ni llega
un correo.
Los apaches se han propuesto arruinar mi negocio.
Escúchame, creo que hay un modo de que el correo llegue a su destino.
¿Una nueva ruta?
¿Podría usar tu oficina por las tardes durante algún tiempo? ¿Para qué?
¡Juan!
Juan, tengo un trabajo para ti. He decidido contratarte durante un mes.
Necesito que me enseñes a hablar bien el apache.
Quiero conocer a fondo a los apaches. Saberlo todo sobre sus costumbres.
Ganarme su corazón.
Ningún blanco querría aprender eso. ¿Qué pretendes?
Quiero parlamentar con cochise.
Tú estás loco, Tom. Escúchame a mí, ya estoy cansado de estar siempre en medio.
Ya estoy harto de que personas como Lawrence, incluso tú y Terry, dudan de
qué lado estoy. Si he sido capaz de arriesgarme a buscar oro en territorio
de Cochise, ahora me arriesgaré para lograr otra cosa.
Cochise no hablará con ningún blanco. Le enviaremos señales de humo. No acudirá a
verte. No, no, yo quiero llegar hasta él. ¿A su campamento?
Exacto. Ningún hombre blanco que haya visto a Cochise ha vivido para contarlo.
Pero hubo un tiempo en que se podía hablar con él. No lo intentes, Tom.
O las hormigas se comerán tus ojos.
A eso siempre estoy expuesto. Faltó poco para que ocurriera el otro día.
Juan, ¿serás mi maestro? Quiero hablar con Cochise del problema de los cordeos.
Y puede que también de la paz.
Sí, yo te enseñaré. Pero a cambio no quiero un solo dólar. Me temo que
acabarás mal. El jefe Cochise te matará.
Mil, ¿podré usar tu oficina?
Son tus ojos.
Ya basta. Los apaches lo han visto.
Significa que Basen son de paz.
Ellos no lo creerán, pero caben lo posible que quieran comprobarlo.
Ahora ya hablas bien nuestra lengua, pero todavía no piensas como un apache.
Bueno, no estoy seguro.
Juan ha sido un buen maestro.
Si veo a Cochise y puedo entenderme con él, se deberá a ti.
Anoche oí una lechuza. La peor de las señales.
Todavía estás a tiempo.
Vuelve conmigo.
Ellos te matarán.
Yo no oí esa lechuza, pero gracias de todos modos.
Recuerda esto, si ves a Cochise, no digas mentiras, ni la más mínima.
Sus ojos penetran en tu corazón.
Es superior a todos los hombres.
Me dirigí hacia los cañones donde empezaba el territorio de Cochise.
En mi vida me había sentido tan solo y tan asustado.
Pasé tres días escalando montañas en las cuales se ocultaba el campamento de los
apaches.
El tercer día ya estaba muy cerca de la entrada del campamento.
Juan me había dicho que fuese precavido.
Comprendí que Cochise me había dado permiso para entrar.
Puse las manos en alto, lejos de las armas, y traté de aparentar calma.
Todos saben que el jefe de los apaches, Chiricahua, es el más grande guerrero.
He venido a hablar con él sobre el bienestar de su pueblo.
Me consta que él respeta la verdad y también el valor.
Quisiera confiarle esto.
Lo necesitaré cuando me vaya.
¿Cómo sabes que vas a salir vivo de aquí?
Yo soy Cochise.
Habla.
Cuando los indios quieren hablar con sus hermanos que están lejos, hacen señales
de homo.
Esta es la señal del hombre blanco.
Mis hermanos que están lejos pueden leer esto y comprender mi mensaje.
Lo llamamos correo.
Y los hombres que lo transportan son como el aire que lleva las señales de
humo de los apaches.
Ellos no buscan la lucha, pero tus guerreros los matan.
He venido hasta aquí para pedirte que los permitas viajar libremente.
Ellos llevan señales de guerra contra nosotros.
No, esto sirve para otras cosas.
La señal de guerra la envían los militares por otros medios.
¿Cómo?
Pues a veces usan una cosa que llamamos el telégrafo. O a través de hombres como
yo.
¿Has llevado mensajes contra nosotros?
Cuando colaboré con los militares, sí.
¿Nos has combatido?
Sí.
En la batalla de paso Apache.
Ven conmigo.
Eres un hombre valiente.
Ahora escucha.
Yo soy el jefe de mi pueblo.
Ellos no me traicionan y yo no les traiciono.
Defendemos nuestras tierras de los intrusos que las ocupan.
Dame una razón por la que no deba matar a los correos americanos.
Y también a ti.
Nadie te ha pedido que vinieras.
Los correos no os hacen daño.
Algunos apaches que no perjudicaron a los tuyos fueron colgados. Uno era mi
hermano. Mi pueblo se ha causado mucho daño. Te lo digo a ti igual que se lo
digo a ellos.
¿Crees que porque soy un indio soy estúpido y puedes engañarme?
No habría venido hasta aquí si creyese eso.
Tú no ves solo el presente. Te admiro y te respeto como jefe de tu pueblo.
Quiero que hablemos del mañana.
¿Qué ocurre con él mañana?
Los apaches son todos grandes guerreros.
Pero comparados con los blancos, son inferiores en número y mañana aún los
serán más.
No quiero discutir eso contigo.
¿Por qué no es posible que tu pueblo y el mío vivamos algún día juntos como
hermanos?
Es extraño que eso lo pregunte un blanco.
Tu pueblo no desea la paz, nos lo ha demostrado.
Lo del correo será un primer paso. Te ruego que pienses en ello.
¿Y por qué no dan el primer paso los blancos? ¿Es que esperas que yo sea
mejor que vosotros? Yo me he arriesgado a venir.
Confío en que pienses en tu pueblo y mires al mañana.
Pensaré en tus palabras.
Te quedarás aquí esta noche.
Será un honor para mí.
Ve a mi lado y todos sabrán que estamos unidos.
Así nadie te hará daño.
¡Gracias!
¿Qué representa esta danza?
Los espíritus del bien supremo y del mal.
No todos pueden bailar. Si se hace mal, allá arriba se enfurecen.
Es la danza que se baila antes de la ceremonia del amanecer en honor de las
doncellas, ¿no?
¿Tú cómo lo sabes?
Soy curioso.
Sin palabras dice muchas cosas.
Sí, eres muy diferente de los otros blancos, hombre alto.
Has aprendido nuestra lengua y conoces nuestras costumbres.
Siempre es bueno conocer las costumbres de los tamás.
Yo respeto a tu pueblo, Cochise.
¿Sabes qué estoy pensando?
Puede que un día me mates o te mate yo a ti.
Pero nunca nos escupiremos.
Estoy convencido.
La chica que está en el wiki vive un momento trascendente.
Durante cuatro días es la dama pintada de blanco madre de la vida.
Da buena suerte visitarla ahora.
¿Quieres ir a verla? Sí.
¿Tienes alguna herida?
Sí, en el brazo.
Se lo diremos.
Esta noche esta muchacha cuenta con poderes especiales.
Quizá porque ha vivido aislada durante algún tiempo.
En realidad ya es muy mayor para esta ceremonia.
Dama pintada de blanco, tengo viejas heridas.
Sí, pero cada cicatriz significa amor para tu pueblo.
La senda de los apaches se extiende detrás de ti.
Y tú eres su guía, eres su corazón y su sangre también.
Verdugo de los enemigos es tu padre y tú eres su hijo.
Representa el bien.
He traído a alguien conmigo.
Bienvenido.
Tiene una herida en el brazo.
Acércalo a mí.
¿Aún te duele?
A veces.
Ya no volverá a dolerte.
Tu vida será muy larga.
Tendrás muchas cosas buenas.
El sol brillará para ti.
¿Cómo se llama?
Son Sirai.
Estrella de la mañana.
Estrella de la mañana.
Me estoy afeitando.
Verás, los blancos tienen más pelo en la cara que los indios.
Así que lo afeitamos en vez de tirar de él.
Puedes acercarte a verlo si quieres.
No tengas miedo, Sosirai.
¿Ves? No tengo miedo.
Pero creía que te estabas despellejando.
No, no.
¿No te duele?
No.
¿Cómo sabías que estaba aquí?
Te he visto en el espejo.
Mira.
Es mucho mejor que reflejarse en un estanque.
Ahora te veo a ti.
Parece cosas de magia.
Te lo regalo.
Así podrás mirarte siempre que quieras en él y comprobar lo bella que eres.
¿Por qué te marchas? Quédate, por favor.
No está bien.
Debería haberme ido hace mucho.
¿Por qué?
No estoy casada.
¿Tampoco puedes hablar con hombres apaches?
Con viejos.
¿Y con jóvenes no?
Solo en ceremonias o cuando danzamos.
Tenía entendido que los apaches podían elegir con quién querían casarse.
¿Y cómo van a hacerlo si no tienen la oportunidad de conocerse? Sí que la
tienen.
Hay recursos.
¿Recursos? Se ven por casualidad en un lugar adecuado.
Nadie podría pensar mal si nos viese ahora.
Ya entiendo.
Yo debo irme. He venido aquí a recoger frutos.
¿Por dónde?
Por allí.
Yo también tengo que ir por allí.
Por casualidad.
¿Son Sirai?
Quiero estar contigo porque no sé si volveremos a vernos.
¿Cuándo te vas?
No lo sé. Cochise tiene que darme una respuesta.
¿Sabes si volverás? Eso espero.
Lo deseo es importante para mí.
¿Por qué?
¿Me permites hablar con el corazón?
Sí, debes hacerlo.
Toda mi vida he estado muy solo. Yo lo quería así.
Pero cuando te vi en el Wilkie y me tocaste, prediciendo mi vida,
Ya no quise estar solo.
Y sentí deseos de verte antes de marcharme.
Quería comprobar que no se trataba de algo pasajero.
¿Ya estás seguro?
Sí.
Cuando me vaya de aquí, echaré de menos a alguien por primera vez en mi vida.
He decidido sobre los correos.
Si dejo que viajen tranquilos, pero solo a ellos, no perderé nada.
Les demostraré a los blancos el poder de los apaches.
Es algo que me hace reír.
Es un buen paso.
La semilla es pequeña, pero el árbol será grande.
Todos se alegrarán cuando lo sepan.
¿Es verdad, capitán? ¿Habló con el mismo cochise? Así es.
Cualquier tipo que vaya solo al campamento de Cochise es un insensato. O
un embustero.
Yo creo en la palabra del capitán Jeffords.
Pero la palabra de un apache sanguinario es otra cosa.
Ha prometido no atacar a los correos. Y yo le creo.
Mientras tú estabas allí con él, atacaron a una caravana a 80 kilómetros
al este y los mataron a todos.
Fueron al rancho de Peter Plinner y mataron a tres hombres y a un chico.
Cochise no dijo nada de acabar con la guerra.
Solo dijo que dejaría en paz a los correos.
Oye, Jeffords, si tanta fe tienes en la palabra de un indio, ¿por qué no hacemos
una apuesta? Como quieras. ¿Te apuestas 300 dólares a que cinco correos logran
salir y volver sanos y salvos?
Acepto la apuesta.
El correo se amontona, pero ahora la ruta está asegurada por Tom Jeffords y
su amigo Cochise.
Tres días cabalgando al sol muy bien pagados.
Vamos, ¿quién se apunta?
Me temo que tendrás que ir tú, Jeffords.
Claro que eso no demostrará nada.
Iré yo.
Eso sí demostrará algo.
Pero ni a un solo indio.
Hola, Bill. Sí, novedad, Tom. ¿Por qué has tardado tanto?
Te confesaré la verdad. Cuando llegué a salvo a Ford Bowie, me emborraché.
Tardó en pasar la resaca.
Tú no lo has logrado, Jeffords, pero todavía faltan cuatro.
Seguro que ganaré la apuesta.
¿Te atreves a doblarla?
Pocos días después de que regresase Duffins, enviamos a otro correo.
Creyó ver que le siguieron los apaches, pero no ocurrió nada.
El tercer correo dijo que tuvo un viaje tan tranquilo que casi se duerme.
Cuando salió el cuarto correo me sentí tan orgulloso de conchise que no cabía
de alegría.
Los días se sucedían sin novedad y una de aquellas mañanas tranquilas salió una
caravana de mesilla hacia Tucson.
El coronel Bernard iba al mando.
Un paisaje grandioso, ¿verdad, general?
En esta ocasión no estoy de servicio, coronel, y jamás me atrevería a decirle
qué debe hacer.
Pero creo que les invitamos a una emboscada. No me extrañaría que hubiese
apaches ocultos.
No solo les incito, sino que lo estoy deseando.
¿Por qué?
Tan solo cuenta con 75 hombres. Cada conductor lleva también un arma. Y unos
50 de mis hombres van ocultos en las carretas.
Mi lista me traiciona.
¡Soy!
¡Está cortando el paso!
¿Quiénes son?
Los de a pie.
Llevaos las carretas.
Una masacre.
50 muertos y 100 heridos. El coronel Bernal muerto. Más de 1.500 kilos de
grano. Las carretas, las armas, las mulas.
Cochise sabía que había más hombres en las carretas.
Seguro que lo sabía.
Él sabe lo que ocurre en Fort Bowie y también lo que ocurre aquí. ¿Quién se lo
dice? Un espía.
Escuchad, busquemosle y a la horca. Quizá yo sepa quién es.
Quizá lo sepamos todos. ¿Quién?
¿Está Dufils?
Sí.
¿Qué quieres?
El último correo acaba de regresar, sin novedad.
Gracias. Vaya, ¿dónde está Lori?
Perdiste la apuesta, Lori.
Es arriesgado apostar con Tom Jeffords.
Es un buen amigo de ese asesino, Cochise.
Juraría que todo este asunto lo tenían amañado.
Demuestra eso. Tengo las manos sobre la barra y no pienso mover. ¿Cómo fue a
mañana? Soy ranchero y no me gustan las armas. Tranquilo, Slade, estamos de tu
lado. Me estás provocando para poder... ¿Cómo fue a mañana? El cochise no hace
favores por nada.
Recibiría algo a cambio. ¿Qué recibió?
Dilo tú, fueron armas.
¿Alguien más me llama renegado? Yo nunca te llamaré renegado, Jeffords.
Miente el que te llame eso.
Pero ¿por qué es cochise tan parcial contigo?
¿Cómo es que ha dejado pasar el correo el mismo día que ataca la caravana?
Porque me dio su palabra y es un hombre de honor. ¿Un hombre de honor?
Ningún indio tiene honor.
El primer paso para la paz en diez años y estáis ciegos todos vosotros.
Tendremos paz cuando los apaches cuelguen de un árbol.
Aquí tienes tus 300 dólares.
Estáis invitados.
Yo no bebo con un renegado.
¡Es una serpiente! ¡Nos ha vendido!
¡Colguemosle! ¡Acá esperamos! ¡Sí!
¡Colguemosle!
¡Colguemosle!
¡Colguemosle!
¡Es un traidor!
¡Basta! ¡Basta! ¡Suéltale a ese hombre!
¿Por qué ha hecho usted esto, señor? Confío en su gratitud, Jefford. No estoy
dispuesto a ser desplorador. Ni mataré a ningún indio, ni por usted, ni por
nadie. No le pido que mate a ningún indio. ¿Qué entonces?
Consígame usted una entrevista con Cochise.
Usted es el único que puede intentarlo con éxito.
Sé que está enfadado. Tiene motivos para ello.
Siéntese y charlemos.
Parece que no le gustan los militares.
¿Le pone la Biblia en contra mía?
Depende de cómo se lea.
Mi Biblia predica la hermandad entre todos los hijos de Dios.
¿Y si su piel no es blanca, siguen siendo hijos de Dios?
Mi Biblia no dice nada sobre la pigmentación de la piel.
Hubo un general compañero de granos que llamaban el general cristiano.
También soy conocido entre mis soldados como Howard, el lector de la Biblia.
¿Para qué quiere ver a Cochise?
Quizá para hacer un pacto de paz con él.
¿Quién le envía? El presidente de los Estados Unidos.
¿Con qué poderes? Plenos poderes para un tratado justo.
Sí, ¿y cambiarlo luego?
No, si yo lo firmo se mantendrá. El presidente Grant me dio su palabra.
Le advierto, general, que no pienso dejar a Cochise en la estacada. ¿Por qué
han cambiado de opinión en Washington?
El presidente Grant desea firmar una paz justa con los apaches. ¿Qué es una paz
justa? Dígamelo usted a mí.
Igualdad. Los apaches son un pueblo libre. Deberán vivir en libertad en su
propia tierra. ¿Se refiere a todo el suroeste? No, no. Cochise ya no pretende
eso. Es realista.
Pero quiere un territorio en paz regido por apaches. A eso me refiero. Y sin
soldados.
Sí, coincidimos en lo principal. ¿Qué más?
Del resto hable usted con Cochise.
¿Entonces me llevará hasta él? ¿Aceptará ir solo, sin soldados? ¿Es la mejor
manera? La única manera.
Pues iré solo.
Saldré mañana y hablaré con Cochise.
Me pondré en contacto con usted.
Lea su Biblia también por mí.
Me gusta cómo la interpreta.
Te doy la bienvenida.
Tus señales han sido vistas y ya han avisado a Cochise.
Ahora está en el otro campamento.
Puedes esperar, ya no tardará.
Ponte cómodo.
Le esperaré.
Me duelen los pies intentando encontrarte por casualidad.
Te esperaba.
Ya me he lavado dos veces el pelo y tres la ropa.
¿De qué es este jabón?
De raíz de yuca. Lo trituramos.
Son Shirai.
Quisiera preguntarte algo.
He estado fuera casi un mes.
¿Ha cambiado algo en ti?
Cuando te fuiste, tuve un poco de miedo.
Pensé que él no volvería.
Y aunque lo haga después de haber estado con su pueblo, no me mirará con los
mismos ojos.
Pero luego, dejé de sentir miedo.
Aquí.
¿Estás temblando? ¿No tendrás miedo de mí?
No, es que... Siento algo nuevo en mi corazón.
Y también estoy temblando por dentro.
¿Debería ocultarlo?
No.
Nuestros descendientes hablarán de cómo luchaban los chiricahuas dirigidos por
el gran Cochise.
Conseguimos un gran botín, las carretas, los caballos, país para el invierno,
mantas, armas.
La batalla tiene un precio.
Algunos de los nuestros se han ido con sus antepasados.
Eran valientes.
Murieron con honor.
Ahora, por última vez, escuchad sus nombres.
Se disgustarían si no volvieran a ser mencionados.
Ponce.
Victorio.
Pionsenay, su hijo Machogui.
Naratena.
Gran Chi.
Si firmo la paz con ese general americano, ¿puede otro general romperla?
No, habla en nombre del jefe de los americanos. Nadie es más grande.
¿Cómo sabré si cumplirá el tratado? ¿Cómo sabrán ellos si lo harás tú?
Mi palabra es mi vida. Nunca la rompo. Yo lo sé. Ellos no.
No tendremos la paz si no existe buena voluntad.
No todos somos como ese teniente que rompió la tregua.
Confía en mí, cochise.
Confío en algunos blancos.
Pero me fío de todos los indios.
Límpiate la grasa de las manos y los brazos, hombre alto. La grasa es
beneficiosa.
Nosotros nos la lavamos.
Qué derroche.
Has estado toda la noche mirando a esa muchacha.
Deberías saber que está permitido ser amable con una mujer que haya perdido al
marido o que se haya separado de él, pero no con una doncella como son.
Cochise, yo... Seguramente ya está comprometida.
Es la danza de los esponsores.
Tú eres el elegido.
Sería una ofensa no aceptar.
No está bien que nos vean juntos, Tom.
No entiendo nada. ¿Entonces por qué me has elegido a mí?
No he podido evitarlo.
A mí me ocurre lo mismo.
Hablaré con tus padres esta noche. No, Tom. Eso solo traerá problemas. No debes
hacerlo. Ya ha traído problemas.
Así no se comporta un hermano.
Son Sirai y es doncella y a pesar de advertirte lo has estado paseando con
ella. Pues sí se quiero hacerla mi esposa.
Y te prometo que seré el mejor de los maridos.
Ya rechacé a Nilsai.
Y no cederé.
Me complace tu decisión.
Pero no va a ser tan fácil.
Eres un hombre blanco.
¿Dónde piensas vivir?
¿Aquí? Siempre habrá apaches víctimas del hombre blanco y que te odien por esa
razón. En Tucson, quizá.
¿Acaso los hombres blancos no odiarán a tu mujer a causa del color de su piel?
Aunque vayas muy lejos, a nuevas tierras, tus ojos estarán ciegos para
todo.
Siempre estarás mirando atrás, a tu hogar.
Y tú, son Shirai.
Todos te mirarán como si fueses un animal raro.
Y se burlarán.
Escucha, hombre alto.
Te ruego que lo pienses.
Tu vida puede llenarse de amargura.
Piénsalo.
¿No es mejor que sigas viviendo solo?
Aunque hables como un amigo cochise, no voy a cambiar.
Me casaré con Sonsidai.
No tiene por qué ser como él dice.
Eres muy joven, no sabes nada.
Junto a él no tiemblo.
Ni estando tú.
Ya no tengo nada que oponer.
Pero no va a ser fácil.
Sus padres necesitarán a alguien que interceda por ti. ¿Querrás hacerlo tú,
cochiche? Yo soy el único.
Tendré que hablarles esta noche.
Después ya sería tarde.
Todo el mundo está enterado.
Vuestro secreto es una protesta a voces.
También tendré que hablar con Ailsai.
Tienes mala suerte.
Aunque ya les ha ocurrido a otros.
Será mejor que esperes en tu wikiu.
Ah, ve de un lado a otro.
Caminar te tranquilizará.
¿Y bien?
No tienes suerte con las mujeres.
Te rechazan.
Me la llevaré lejos de aquí. Ella no se opondrá.
No te han rechazado. Es una broma.
Siempre da resultado.
Está todo arreglado. La dote, tres caballos ensillados.
Bien, tendré que ir a buscarlos a tú solo.
No, no. Permíteme que ese sea mi regalo.
No, no. Deseo hacerlo.
En realidad son casi tuyos.
Se los robé a los blancos.
Me agrada hacer esto por ti, amigo mío.
La boda será la próxima luna llena. ¿Por qué hay que esperar tanto?
Lo dice la madre de la chica. Está en su derecho.
Escúchame.
Ve a Tucson.
Mira en el corazón de ese general y no le traigas si no le crees sincero.
Mañana enviaré mensajeros.
Las tribus apaches acudirán aquí.
Hablar de paz es comprometido. No puedo decidir solo.
Mi pueblo quizá no la desee.
No te prometo nada.
Ni yo te lo pido.
Ve a descansar, hermano.
Recuerda, sin promesas.
Ese no es tu puñal, es un puñal apache.
Atacar a quien es nuestro invitado es una bajeza.
Es un acto indigno, no debo permitirlo.
Vete a Tucson.
Tienes diez días.
Debes perdonar que uno de mis hombres rompiera el pacto.
Nilsail.
En la batalla, eres uno de los mejores.
Y hemos sido grandes amigos.
Has traicionado a nuestro pueblo.
Regresé a Tuxola y me pasé la semana... ...haciendo preguntas al general
Howard... ...cuando lo llevé conmigo al campamento indio.
Comprendí por qué le llamaban el general Cristiano.
Recé para que en el encuentro de aquellos dos hombres surgiese la paz.
La deseaba por mi país.
La deseaba por Cochise y su pueblo.
Y la deseaba porque amaba a una mujer.
Me han dicho que ya puedo visitarte.
Pero solo por poco tiempo.
Mi madre está en el Wyckup.
Siéntate ahí.
Yo seguiré sentada aquí.
Ni siquiera debemos tocarnos las manos.
Durante el día, yo estoy muy ocupada, preparando las cosas para la boda.
Debo construir un wikiupe especial para la luna de miel.
Lejos de todo el mundo.
Nuestra luna de miel.
Y luego, la que será nuestra casa definitiva.
Me ayuda mi madre.
Y me enseña cosas.
Cosas que también hizo cuando era joven y se casó.
Pues no pudo haberlo hecho mejor.
¿Cómo dices? ¿Qué quieres decir?
Eso es una galantería.
Significa que te quiero y que honraré a tus padres.
Espero que comprendas el significado de estos mapas.
Yo pondré mi nombre en el tuyo y tú pondrás tu marca en el mío.
¿Para qué lo afirma?
Para que los pueblos que nos sucedan tengan constancia de lo tratado en el
día de hoy. Eso es lo que acordamos ayer.
Se lo explicaréis a los demás.
Las conversaciones de paz duraban ya cuatro días.
Y por fin nos pidieron que acudiéramos al lugar de la reunión.
Había llegado el momento de encontrarnos frente a frente con los jefes más
importantes de las tribus apaches.
Habían venido desde Arizona y Nuevo México y tenían que decidir con cochise
si aceptaban la paz.
Mi hermano Blanco quiere decirnos algo.
Lo que tengo aquí es un mapa.
Se trata de un simple dibujo.
Pero representa vuestro territorio, 80.000 kilómetros cuadrados, como
acordasteis. Ahora este papel será llevado a Washington, donde vive el jefe
de los hombres blancos.
Si firmáis el Tratado de Paz, esto formará parte de él.
Si hacemos la paz con los americanos, ¿podremos atacar a los mexicanos?
Tampoco habrá guerra con los mexicanos.
Yo quiero decir que... Espera, debemos defender nuestros derechos.
Es el momento de hacer preguntas.
Si el jefe de los blancos muere, ¿qué ocurrirá?
Su palabra será respetada por quien le siga.
¿Alguna pregunta más?
Yo tengo una pregunta.
Supongamos que un hombre blanco quiere metal amarillo y entra en nuestro
territorio. ¿Podemos matarle? Ese hombre será capturado y entregado al ejército.
Será juzgado y castigado.
¿Qué pasará si antes de ser capturado mata a un apache?
Si un hombre blanco mata a un indio en vuestro territorio, le colgaremos.
Tendré que verlo para creerlo.
¿Algo más?
Podéis iros.
Os diremos nuestra decisión.
No confío en ellos.
Primero señalan nuestro territorio en un trozo de papel.
Ya no podemos ir a México.
Eso fue lo que dijo el hombre blanco.
Apenas nos queda espacio.
¿De dónde sacaremos maíz, mantas y caballos si no se lo quitamos a los
mexicanos, como siempre?
El gobierno americano nos dará ganado.
Criaremos ese ganado y podremos intercambiarlo. Una respuesta cobarde.
Yo no tengo miedo, hablo con el corazón.
Tiene razón, sigue hablando.
El pastoreo no es digno del indio apache.
Cochise ya está cansado de luchar, por eso quiere rendirse.
¿De qué sirven nuestras victorias? No necesitamos una falsa paz, sino un nuevo
jefe.
Los americanos crían ganado y no son débiles ni cobardes.
¿Por qué no podemos los apaches aprender nuevas costumbres?
Sé que no es fácil cambiar, pero a veces es necesario.
Los americanos se hacen fuertes y nosotros más débiles.
Cuando sopla el viento, si el árbol no cede, será arrancado de cuajo.
Probaremos durante tres lunas llenas.
Romperé la flecha.
Trataré de que haya paz.
Esta noche le daré mi palabra al hombre blanco.
Los que estén conmigo respetarán mi palabra.
Los demás deberán irse.
Esos ya no son mis hermanos.
Si se van más que se quedan, entonces ya no seré vuestro jefe.
Yo me voy.
Yo también.
Y yo.
Yo me marcho.
Y yo también.
¿Y yo?
¿Quién más?
¿Nadie más?
¿Quién más?
Las mujeres, los hijos, los caballos, las armas.
Abandonad el territorio.
También abandonaré mi nombre.
Me avergüenzo de ser un chiricahua.
Tomaré el nombre que me dieron los enemigos mexicanos. Los blancos hablan
de él. Y tú también.
Desde ahora, yo seré Jerónimo.
Si Jerónimo o sus seguidores vuelven por este territorio...
Que vengan con armas.
Estoy preocupado. Están tardando mucho. Demasiado.
Yo también, Jefferson.
Esto es delicioso. ¿Qué es?
Pony. En su honor, general.
¿Pony? ¿Qué clase de carne es?
Un pony es un caballo pequeño.
Vamos a aceptar la paz.
Pero debemos esperar un tiempo, un periodo de prueba.
Tres lunas llenas. ¿Por qué razón?
En el pasado, el hombre blanco no supo respetar la paz.
Tres meses de armisticio es una buena idea.
La primera piedra.
Por cada día que no haya guerra, pondré otra.
Cuando pasen tres lunas llenas, el montón será grande.
Entonces pondremos una bandera blanca y habrá paz.
¿Mi corazón es feliz, Cochise?
El mío todavía no.
Hablar de paz es muy fácil.
Vivirla es muy difícil.
Dentro de tres meses seré feliz.
No todos los blancos estaban satisfechos con el tratado. Algunos seguían creyendo
que Cochise era un embustero y un asesino, y que no habría paz hasta que
muriese. Yo vi y oí cosas que jamás había visto ni oído en el suroeste.
Cerca de Fort Brown, un pelotón de caballería pasó junto a unos apaches.
No se hablaron.
No simularon haberse hecho amigos de la noche a la mañana.
Pero tampoco dispararon.
Dos días después salió de Tucson la primera dirigencia después de cinco
años. Viajé con ella de regreso al campamento.
¿Dónde está el agua de la que me habló? Muy cerca.
Allí me quedo yo.
Estiren las piernas, amigos.
No puedo creer que uno pueda viajar por ese territorio sin que le maten. Sí,
incluso no sería descabellado instalarse aquí y casarse.
¡Mi pierna! ¡Perdita sea!
¡Cúbranse! ¡Cúbranse!
¿A qué está disparando? Necesito moverme.
No valga la munición. Con que pase.
Maldito sea usted y ese asesino de Cochise.
No te despeñes. ¡Cállese!
Agáchense, pónganse a cubierto.
Escuchen esto.
Esos no son los hombres de Cochise, son indios renegados.
Son muy pocos porque no se arriesgan.
Y además están muy mal armados. Esos quieren nuestros rifles.
Nos quedan cercanos para que no podamos seguir. Esperarán hasta la noche. ¿Y qué
vamos a hacer? ¿Esperar a que nos maten durante la noche?
¡Cállese! ¡No complique más las cosas!
Tienes buen tirador.
Yo tiro bien.
Presten atención. Cuando grite Mauri, usted y este hombre empiecen a
dispararle hacia la colina.
Y mientras recargan las armas, usted lo único que me cubrirá.
Sigan disparando hasta que llegue el río. ¿Qué se propone usted? Hacer
señales de humo. ¡Vean! ¡Disparen!
Dos. Uno.
Las señales de Jeffers han sido providenciales. Sí, señor.
Escucha.
Apaches protegiendo a blancos.
Si no lo veo, no lo creo.
No olvide contárselo a todos cuando vuelva a Tucson.
12 días.
Hasta ahora va bien.
Creo que tendremos paz.
Ha ido bien durante 12 días.
Aún no puedo alegrarme.
Ahora debes olvidar la paz y la guerra.
Piensa únicamente en tu prometida.
¿Es muy larga la ceremonia?
No. Lo más importante lo celebramos aquí.
No te impacientes.
Ahora la novia deberá acercarse.
Ha llegado la hora.
Ahora el novio que se coloque junto a ella.
Tu mano izquierda.
Tu mano derecha.
Ahora debéis arrodillaros sobre la tierra.
Mezclaréis vuestra sangre.
No habrá más lluvia, porque uno será el refugio del otro.
Ya no habrá más frío, porque uno dará calor al otro.
Ya no habrá más soledad.
Nunca más os sentiréis solos.
Los cuerpos son dos, pero ahora la sangre que los recorre es la misma.
Marchaos. Id en vuestros caballos blancos al lugar secreto.
La noche también es complaciente.
El sonido del río nos arrullará hasta el amanecer.
Oiremos las campanas.
Es como si repicaran en mi corazón.
16 piedras.
Mi hermano Blanco me ha hablado del ataque a la diligencia. Fue Jerónimo.
La seguimos durante dos días, pero entró en México.
¿Y no seguisteis? Lo deseábamos, pero no lo hicimos.
Bien.
Desde ahora protegeremos a los blancos que salgan de Tucson y de Fort Bowie.
También vigilaremos paso a Apache.
Si la paz se rompe, que sean los blancos los culpables.
No debemos ser los indios.
Ni siquiera los renegados.
¿Estás dormido? No.
Estoy callado porque soy feliz.
Temo que si abro la boca, mi felicidad se escapará gritando ridículamente.
¿Y qué es eso?
¿Una palabra de los blancos?
Creo que esa palabra debió inventarla Adán cuando abrió los ojos y vio a Eva.
¿Quiénes son esos?
Pero bueno, no lo sabes.
El mundo es grande y yo apenas en nada.
Algún día, te cansarás de mí y volverás con tu pueblo.
No debes pensar eso, Sonsirai.
No vuelvas a hacerlo. Tú eres mi pueblo.
Me lo dirás muchas veces.
Te lo diré cada día que pasemos juntos.
Jamás podré olvidar momentos tan felices.
Momentos que recordaremos juntos.
Hablaremos de ellos.
En las noches tranquilas.
Y llegará un día en que veamos a nuestros hijos felices montando caballos
blancos.
Esperemos que cuando se vea viejo, ya haya aprendido.
¿Qué pasa?
He encontrado este blanco en el cañón.
Llevaba esto.
Yo le conozco, Cochise.
Hola, Peter.
Eres el hijo de Slade, ¿verdad? Sí, Capitán Jeffords.
He rezado para que estuviera usted aquí.
Oh, Dios mío, ¿cómo he rezado?
Está bien, no debes temer nada. Nadie te va a hacer daño. ¿Qué ha pasado? ¿Te has
perdido? No exactamente.
Usted nos dijo que los apaches querían la paz.
¿Dónde está la paz si se dedican a robar por ahí?
¿Qué te han robado?
Dos caballos magníficos, preciosos. Los apaches se los llevaron la otra noche.
Le seguí todo el día.
Rastré sus huellas hasta el cañón.
Anoche tuve que dormir a cielo raso.
Ese indio saltó sobre mí esta mañana.
Ninguno de mis hombres lo robó.
El chico miente.
Cochise, yo conozco bien a su padre.
Es uno de los que más odian a los apaches. Si pudiéramos demostrar que
está equivocado, aseguraríamos la paz.
Puede que haya sido algún hombre de Jerónimo.
Ellos hablan tu misma lengua, pero no sienten lo mismo.
Habla sabiamente.
Quiero comprobar esas huellas.
Está bien chaval, vamos a echar una ojeada.
¿Las ves, chaval? Por aquí, capitán.
¿Le llamas chaval? ¿Es su nombre? Es una palabra amistosa. Aquí, capitán.
No dispareis hasta que mi hijo haya escapado.
¡Cochise, te matarán hoy!
¡Mátala, Cochise!
¡Corre, Sol Shirai, corre!
¡El más alto es Cochise!
Dame un arma. Cuidado, es peligroso.
¡Rey, apártate!
¡No podemos disparar!
¡Maldita sea!
¡Nuestro plan ha fallado!
¡Larguémonos a México!
¡El ejército nos perseguirá! ¡¿Qué diablos hacéis ahí parados?! ¡Vamos!
¿Estás mal?
Todavía hay uno con vida.
Dame un puñol y tráeme a ese.
No lo consentiré.
¡Dámelo! No, no lo consentiré.
Ahora ya no respondo de mis actos.
No lo entiendes.
Esta paz no sirve. Ellos no quieren la paz.
Será una paz justa y no permitiré que tú la rompas.
Tan niño eras que creías que la paz era tan fácil.
Tú del que tanto aprendí.
Mi hermano quiere que escupas sobre mi palabra.
¿Por qué me hablas a mí?
Hablaré a ella.
Cuando te oiga, yo te oiré.
Me vas a oír ahora.
Escúchame bien.
Esto no ha sido obra del ejército.
Jerónimo rompió la paz como lo han hecho estos blancos.
Igual que yo sufro la muerte de mi pueblo, tendrás que sufrir la muerte de
tu esposa.
Yo soy Kochise.
Yo no traiciono a mi pueblo ni a sus hijos.
Nadie en mi territorio volverá a hacer la guerra.
Ni siquiera tú.
Les he dado mi permiso. Estos hombres quieren parte.
Tom.
Hemos venido a pedirte perdón, Tom.
Gracias, mate.
Hemos detenido a todos los que participaron en la emboscada.
Ellos tendrán que pagar por todo el daño que han hecho.
Jeffords.
Sé que nada puede compensarle por tan terrible pérdida.
Pero sus amigos tratan de decir que usted ha contribuido a que estos dos
pueblos encuentren la paz.
Sin sacrificios, los tratados valen poco o nada.
Entonces, sus palabras no tenían sentido.
Pero con el tiempo llegué a comprender que la muerte de Sonsidai fue como un
sello de paz.
Y desde aquel día, a dondequiera que fuese, pueblos o campamentos apaches,
Tenía la sensación de que mi mujer me acompañaba.
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