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El amante de madre e hija.
¡Ah!
¡No!
El tutor de Lady Cristina tiene que venir hoy. Tengo su habitación
preparada. Ah, sí. La condesa me lo dijo. Se supone que debo conseguirle un
caballo de pura raza.
¿Cómo puedes llamar condesa a esa puta?
He visto cómo la miras, cómo la observas mientras se mueve. Es una mujer muy
hermosa. Y quizás ella reacciona cuando un hombre le rodea con sus brazos y ella
le abraza también.
Quizás incluso ella le besa... No, como tú. ¿Me entiendes, cariño?
¡Vamos, Billy!
¡Arre!
¡Arre!
La Condesa Staldy tiene un palacio muy bonito.
Ya lo creo.
Pero ya no es lo que era, señor. Lo debería haber visto unos años atrás.
¡Eh!
¡Oh, Billy!
Deje que coja mi marca.
Gracias por traerme Ha sido un placer, señor
No haría eso ni por todo el oro del mundo. Sí que lo harías.
Mira, tenemos compañía.
Creo que ya sé cuál es el problema.
Apuesto a que llamó y no le contestó nadie, ¿me equivoco?
Excelente deducción.
Buenos días, me llamo Paolo Salviati, soy el nuevo tutor.
Siento que no haya nadie para dejarle entrar.
Deben estar en el jardín de atrás.
Sí, creo que sí.
Lo siento, pero no puedo levantarme, así que no podría ayudarle.
Me llamo Cristina Stardy y este es Ricardo Traversi.
¿Qué tal está?
Encantado de conocerle. Veo que ha estado horas estudiando.
¿O no ha sido precisamente estudiar lo que ha estado haciendo?
Digamos que estábamos esperándole, así que ya podemos empezar.
Me alegro de oír eso, gracias. Pero todavía no sé si su padre, el conde, me
va a contratar o no.
Espero que lo haga. No soportaría tener que repetir un año entero de escuela tan
solo por una pierna rota.
Estoy de acuerdo con usted, señorita. Sería ciertamente una gran lástima.
Bueno, si me quedo, haré todo lo posible para ayudarla.
Buenos días, soy... Paolo Salviati, el nuevo tutor.
Por aquí.
Señora, señor Traversi.
Encantada. Adiós. Si nos hubiera dicho cuando llegaba, señor Salviati, hubiera
habido alguien para recibirme.
La comida es a las doce y media, la cena a las ocho. El señor ruega puntualidad.
Ahí está su habitación.
Gracias.
Dese un largo baño. Ha estado cerca de caballos durante mucho tiempo.
Me gustaría que Cristina perdiera el curso por un desgraciado accidente.
Espero que pueda ayudarla.
Desde luego, señor.
¿Cuánto tiempo has estado sin ir a la escuela?
Desde el accidente.
He perdido prácticamente todo el curso escolar.
Odiaría tener que volver a empezar de nuevo y tener que repetir todo el año
entero.
¿Es la literatura la única cosa que le gusta, señor Salviati?
Me gustan todas las cosas interesantes, señora.
literatura es una de ellas.
¿Quiere decir eso que le gusta todo lo que es hermoso?
No necesariamente. La historia nos enseña que mujeres feas han provocado
grandes amores, al igual que también hombres feos. Gracias.
Eso es verdad. Yo quiero a mi marido y le querré eternamente, pero no puedo
decir que sea el hombre más guapo del mundo.
Vaya, siempre pensé que lo era. Por cierto, cariño, ¿puedo tomar mi
medicina?
Por supuesto, cariño. Lo había olvidado por completo.
Lo siento.
No os mováis. Yo la cojo.
Es la última pastilla.
Sé que está por aquí cerca.
¿La has encontrado ya, cariño? Sí, aquí está.
Ya la he encontrado.
¡Oh, sí que sí!
Sí.
No.
La vida de un pastor errante es dura cuando el sol de agosto quema las rocas
hasta romperlas. Y entonces... ¿Está aquí?
Sí, sí.
¿Hay algo que le preocupe?
Verás, me gustas. Siento que puedo confiar en ti.
Gracias, milady.
Deja de llamarme milady.
Bueno, ¿cómo debo llamarla?
Cristina. ¿No te gusta mi nombre? Claro que me gusta. Es preciosa.
Entonces, úsalo por lo que más quieras. Será un placer.
¿Quieres ir a algún sitio en especial, Cristina?
No, la verdad es que no.
¿Qué te preocupa? Soy muy infeliz.
¿Por qué?
Porque cuando murió mi madre, ella se aprovechó de la soledad de mi padre.
Pasar de secretaria a condesa es un gran ascenso, ¿no crees?
Quizá ella le ama.
Ella tan solo está esperando que mi padre se muera. Eso es todo.
Y él no lo ve.
Siempre que nos peleamos, él se pone de su parte.
Ella me odia. Estoy segura de ello.
¿No crees que estás exagerando un poco?
Ni lo más mínimo.
Odio este castillo, miserable.
Creo que no es la primera vez que me oyes hablar de eso.
Tan pronto me quite la escallona, la primera cosa que voy a hacer es dar un
largo paseo a caballo.
¿Te gusta montar a caballo? Sí. ¿Te apetecería venir conmigo?
Sí, claro.
Bueno, creo que no podrás por ahora, querida.
Creo que tendré que ir yo en tu lugar.
Ya le he dicho a Filipo que prepare dos caballos. ¿Qué le parece si montamos un
rato a caballo?
La verdad es que la lección aún no ha terminado y yo... Hace un día tan bonito
que se arrepentirá de haberme dicho que no.
Pásatelo bien.
Gracias, señorita.
No... tardaremos mucho.
¿Sabe dónde están los establos?
Ya hemos llegado, cariño. Deprisa.
Vamos, ven.
Deprisa. Nuestra pequeña cabaña nos está esperando.
Por fin hemos llegado.
¿No eres feliz?
Claro que sí.
Demuéstramelo.
Paolo, quiero que me beses por todo el cuerpo.
Lo deseo.
Especialmente ahora que esa niña mimada no está cerca. Vamos.
¿Por qué la odias?
Paolo, ¿a quién le importa esa mosquita muerta? Estamos solos tú y yo.
Gracias.
y y
¡Oh!
Gracias.
Imaginación, Margarita.
Es tan absurdo como la historia que me contaste sobre la frente de la puerta
acusando a Amalia de ser la culpable.
Sigo creyendo que fue cosa suya.
Estas tonterías se tienen que acabar.
Haré lo que me diga.
Siempre lo he hecho y siempre lo haré. Pero tengo otra responsabilidad.
Cuidar de usted.
Margarita, creo que tienes un problema de celos.
Eso es verdad.
No le he olvidado a un señor.
Por eso quiero protegerle de ella.
Quiero que esta historia se acabe de una vez por todas y ahora mismo.
Sé que Amalia nunca me traicionaría.
Aún le quiero.
Era muy joven entonces y pensaba que todo lo que había en el mundo estaba a
mi disposición.
Yo también era joven.
Y pensaba que después de aquello... todo sería diferente.
Pero al parecer estaba muy equivocada.
Margarita.
Estoy seguro de que sabes que todo en estas tierras me pertenece.
Llevo fijándome en ti desde hace mucho tiempo.
Y hoy voy a hacer de ti una mujer aquí mismo.
Arrodíllate para mí.
Está bien.
Eso es.
Creo que sabes lo que estás buscando y dónde encontrarlo.
Cógela con tu mano y empieza a moverla de arriba a abajo.
Perfecto.
Lo haces muy bien, querida.
Ahora métela en la boca y repite con la boca los mismos movimientos que estabas
haciendo con la mano.
Aprendes muy rápido, mi niña.
Sigue así.
Lo estás haciendo muy bien.
Muy bien, querida.
Chúpame el capullo.
Eso está muy bien por el momento, Margarita.
Ahora, levántate.
Es hora de que me enseñes un poco tu cuerpo.
Quédate ahí.
Ahora, levántate la falda.
Levántatela.
No dejes que se te baje.
Oh, sí.
Quiero que te lo toques para mí, querida.
Sí, vamos.
Vamos, tócatelo.
Vamos.
Oh, sí.
Una pequeña flor.
Ahora métete los dedos en tu coño.
Así.
Quiero que te los metas todo lo que puedas.
Hasta tocar tu himen.
Sí, señor.
Muevelo arriba y abajo.
Eso es. Ábrelo para mí.
Te estás tocando una cosa preciosa, querida.
Sí.
Realmente precioso.
De hecho, es mejor... Es mejor que te lo toques con las dos manos.
¿No crees?
Sí, señor.
Mueve tu mano, Margarita. Vamos.
Vamos, tócate eso.
¡Es inmensa!
Si te duele, es un dolor natural.
Es un dolor que compartes con todas las mujeres del mundo.
Sería la forma preferida.
Buenos días, señor Salviati.
Buenos días, señorita Cristina. ¿Te espero en el lugar de siempre?
Como estoy un poco resfriada, ¿no te importaría si damos la clase dentro de
la casa?
Sí, claro.
¿Dónde estás? ¿En el despacho de tu padre? Estoy en mi habitación, ¿de
acuerdo? Está bien.
Sube las escaleras. Es la segunda puerta a la izquierda.
Adelante.
Hola.
Es una habitación preciosa.
Sí, es cierto.
Es mi pequeño palacio. Lo he decorado yo misma.
Felicidades. Tiene un gusto excelente, mi Lady.
Tienes un gusto excelente, Cristina.
¿Te has olvidado de mi nombre, quizá? Lo siento, pero la lección aún no ha
empezado. No tienes excusa.
¿Te importa si estudiamos aquí de esta forma?
Es por esta escalera.
No, no hay ningún tipo de problema.
Entonces, ayúdame a ponerme cómoda.
Oh, sí, claro.
Perdón, enseguida voy.
Espera un momento.
Discúlpame.
Creo que esto servirá. Va bien, ¿verdad?
Aquí. ¿Te gusta aquí? ¿Estás cómoda?
Así. Mejor, pero ¿puedes levantarla un poco más?
¿Podrías ponerme uno de esos cojines? Oh, sí, claro, claro.
¿Está bien así?
Perfecto, gracias.
de la vista que se ve desde aquí arriba.
Sí, es increíble.
¿No deberías mirar entre mis piernas?
Oh, señorita, no miraría, no miraría, claro, pero en esta situación, bueno,
yo... ¿Por qué no
empezamos a leer a Cicerón?
Cicerón, puedes empezar hasta mañana.
Hoy vas a empezar por mí.
Esto está mal.
No es correcto.
Sigue tocándome, por favor.
y hasta la próxima
Gracias.
Es increíble, has aprendido a tocar.
Es una obligación para cualquier chica que quiera llegar a ser una condesa.
Paolo... No iré a tu habitación esta noche.
Cuéntalo, siéntelo. No le entiendes. Es por esa bruja, Margarita.
No deja de vigilarme.
No puedo moverme con libertad. Si se entera de lo nuestro, nuestro plan puede
ir al traste.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa aquí?
Buenos días, profesor. Buenos días, Paolo.
Buenos días. ¿Por qué no han arreglado todavía esa puerta? Ya ha pasado casi un
mes desde el accidente. El señor ha decidido no tocarla. No se ha utilizado
durante siglos.
Tome su café.
Gracias. ¿La puerta principal está cerrada durante el día o solo por la
noche?
Solo por la noche.
¿Por qué me hace todas esas preguntas, señor Salviati?
Las bisagras han cedido y alguien sabía que lo harían.
Después cerró la puerta delante de la señorita Cristina.
La quería ver muerta.
Así que, por la seguridad de todos los que vivimos aquí, sugiero que se cambien
esas bisagras hasta que el señor decida cambiar la puerta entera. ¿De acuerdo,
Felipo? Creo que tiene usted razón, señor.
¿Puede hacer que venga un cerrajero? Las cambiaré yo mismo, señor.
Perfecto. Creo que todos estaremos más tranquilos.
Ahora creo que podemos empezar nuestra elección. Gracias a los dones.
Está bien, empezaremos la lección con el estudio de la liberación de Jerusalén.
Te voy a leer un párrafo y después... He tenido una pelea con Amalia, lo vio todo
anoche. ¿Quieres decir que nos vio a ti y a mí?
Me llamó pequeña puta y me dijo que si no se lo decía a mi padre era únicamente
para evitarle un disgusto.
¿Es todo lo que te dijo?
¿Nada más?
Sí, dijo que hablaría contigo si pasaba de nuevo, que haría todo lo posible para
despedirte. Paolo, tengo miedo de ella. Es muy malvada.
No va a permitir que nada se interponga entre nosotros.
Pero yo te quiero.
Explícame otra vez.
¿Cómo te rompiste la pierna?
Oh, Paolo, ya te lo he explicado. Te estoy declarando mi amor y tú me hablas
de mi maldita pierna.
Está bien, Cristina, está bien. Pero tienes que explicarme cómo pasó.
Aquel día tenía que ir a la ciudad a visitar a una amiga.
Una compañera de la escuela.
La puerta principal estaba cerrada, así que me dirigí hacia la puerta de
servicio. Y de repente el suelo se abrió y me caí dando vueltas.
Cuando paré me di cuenta de que me había roto la pierna.
Ahora que lo mencionas, es muy raro que la puerta principal estuviera cerrada.
Sí, Cristina, es realmente extraño.
¿Qué?
Amalia, ¿qué crees que estás haciendo?
Te estoy haciendo lo que más te gusta.
Todo se ha acabado entre nosotros.
¿Qué?
Has estado con una colegial animada, eso es todo, mi amor.
¿Por qué has intentado matarla?
¿Qué?
¿Qué te hace pensar eso? Sabes que cuando tu marido muera, ella se quedará
con todo y tú no tendrás nada. ¿Ya sabías eso antes de casarte?
Sí.
Lo sabía. ¿Y qué?
Paolo.
Paolo, te estoy diciendo la verdad, cariño. Debes creerme.
Ya te lo he dicho. Se ha acabado. Todo se ha acabado.
No eres muy inteligente.
Ya te darás cuenta, Paolo.
Cristina, ¿no te gusta la sopa?
Es que no tengo hambre, papá.
¿Te ocurre algo, querida? Es una cena deliciosa. ¿Sabes? Quizás sea culpa mía.
La señorita Cristina tiene tanto interés en no perder su año escolar que quizás
le he asignado demasiado trabajo y ahora se ve presionada.
Humberto, creo que este es un buen momento para darle a Cristina la buena
noticia. Vamos a celebrar aquí una gran recepción dentro de unos días para
anunciar tu compromiso.
Creo que es una idea maravillosa. Los dos sois jóvenes, ricos, guapos.
Todo lo que dos jóvenes necesitan. Lo siento, pero estoy muy cansada y
hablaremos en otro momento.
Como quieras, cariño.
Gracias, papi. Te veré por la mañana.
Señor Salviati.
Esperamos que venga también a la recepción.
Gracias, señora.
Buenas noches, señor.
Buenas noches, buenas noches, profesor.
Buenas noches a los dos.
Estaré encantado de ayudarle a subir las escaleras, Lady Cristina. Muchas
gracias.
Soy el tutor de Lady Cristina, excelente. Es una chica brillante, muy
inteligente. Sin duda alguna.
Es una recepción maravillosa.
Gracias, señor.
Así pues, se lo están pasando bien. Gracias a mi mujer.
Eres un adulador terrible. Claro, querida.
¿Me perdonan? Por supuesto.
Ahora serán muy ricos los dos.
¿Me permite?
¿Quiere bailar conmigo?
Espero que este acontecimiento te haya hecho darte cuenta de que no tienes nada
que hacer. Digamos que he confirmado mis sospechas sobre ti.
Paola, aún podemos ser felices juntos.
Sé cómo hacer eso posible, te lo aseguro.
No me interesa saberlo.
Quiero que escuches mi plan.
Adelante. Créeme, me puedo librar del viejo cuando quiera.
Y entonces podremos estar juntos, felices y ricos. ¿Qué me dices, Paolo?
Estás loca.
Te arrepentirás de esto.
Bueno, tortolitos, espero que os lo estéis pasando muy bien.
¿Me permites?
¿Ricardo? ¿Puedo, querida? Claro.
Dígame, señor Salviati, ¿le gusta la literatura? ¿Le gustan los románticos?
Ricardo, he tenido una idea para que le hagas a tu prometida un maravilloso
regalo.
Es muy amable.
Verá, he estado pensando sobre el tema, pero no se me ocurre ninguna idea.
¿Sabes? Los hombres somos útiles. Ese maravilloso pura sangre que tienes es el
mejor regalo que le puedes hacer.
A ella le encanta.
Padre, estoy muy orgulloso de ti, hijo.
No podías haber elegido mejor.
Es un detalle de tu padre.
Gracias de nuevo.
Ha sido un placer.
Haría cualquier cosa por veros felices. Me estaba preguntando si el caballo no
será demasiado salvaje. Ya sabe, de todas formas, lo traeré al castillo.
Bien hecho.
Creo que lo que has hecho por ellos es maravilloso.
Gracias.
Buenos días, Ricardo.
Buenos días, mi Lady.
Es muy pronto. Dije que vendría pronto y aquí estoy.
Es usted un hombre de palabra.
Hay algo que me gustaría que viera. ¿Quiere venir a echarle un vistazo?
Tenemos todo el tiempo que quedamos. Los demás están durmiendo y no se levantarán
hasta dentro de horas. Por supuesto, mi Lady. Cualquier cosa por usted. Es usted
un caballero.
¿De verdad, Ricardo? Estaba seguro de que te encantaría.
Es magnífico. Es mi regalo de boda. Es para ti.
Ricardo, muchísimas gracias, pero es muy pronto para pensar en matrimonio. Sabes
que te quiero mucho, pero como amigo. No quiero que las cosas se precipiten.
¿Cuándo lo será? No es el momento apropiado. Lo siento.
¿Puedo, Margarita?
Claro, señor.
No tardaremos mucho.
De acuerdo. Tenga cuidado, señor.
Sí, puede confiar en mí. Es una criatura admirable.
¿No crees, Cristina? Sí, Ricardo.
Es magnífico. Algún día dirás eso de mí.
Sí, creo que a Negrito le encantará vivir aquí.
Sí, cerca de ti es fantástico.
Sí.
Cristina, yo quiero besarte. Por favor, Ricardo, no.
Aún hay algunas cosas que no tenemos claras. Quiero ser simple.
Buenos días, señor.
Buenos días, Margarita.
¿Está todo el mundo durmiendo?
Todos excepto la señorita Cristina. ¿Y dónde está?
En los establos, señor.
¿Cómo?
¡Suéltame! ¡Ricardo, déjame!
¡Suéltame, por favor!
¿No lo entiendes?
¡Suéltame! ¡Suéltame!
¡Déjame!
¡No! ¡Suéltela, por favor, señor Ricardo!
¿Qué pasa?
¡Suéltela!
¡Vamos! ¿Se ha vuelto loco?
¡Paulo, Ricardo! ¡Tenga cuidado!
Por favor, parad. Pártate de ella.
Cuidado.
Déjale, por favor, déjale.
Cuidado.
Fuera. ¿Pero qué hace?
Lárgate.
Lárgate si no quieres que te clave esto en el pecho.
Fuera. ¡Fuera!
¿Estás bien, Cristina? Sí, estoy bien, no te preocupes.
Señorita Cristina, ¿qué ha pasado?
No ha pasado nada, Margarita.
Por favor, dame mi pastilla.
¿Me estás excitando, Amalia?
No, cariño.
Por favor.
Oh, querido.
¿La quieres de verdad?
Mira, tu pastillita está dentro de este precioso bote. Tu pastillita para
hacerte fuerte.
Sí, sé que es vital para ti.
¿La quieres, verdad, Humberto?
Dámela, dame la pastilla, Malia.
Por favor, la pastilla.
Sí, la pastilla, vamos.
Dame la pastilla.
Está bien, si insistes.
Por favor.
No.
No la necesitas.
Te la puedes tomar después de hacer el amor conmigo. Mi Amalia.
Si aún la quieres.
Sí, Amalia.
Eres tan hermosa, tan hermosa.
Cariño. Sí.
Ahora puedes tocarme.
Mi lugar secreto. La pastilla.
No hay pastillita, mi amor.
Solo mi coñito, míralo.
Tócalo. ¡Qué preciosidad! ¿No quieres tocarlo, Humberto?
Sí. Vamos, tócalo. Sí.
Sí. Toca mi lugar secreto. Vamos.
El que a ti te gusta.
Sí, sí, sí.
Amalia.
Amalia. Amalia.
Adiós cariño.
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