Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Te vamos a llevar con tus padres.
Tenés que decirles que estás bien y que nadie te ha hecho nada raro.
¡Abuela! ¡Marta!
¡Abuela! ¡Marta, cariño!
¿No quieres decirnos nada?
Todo estaba bien, papá.
- ¿Amiga de mi marido?
Sí. ¿Hace muchos años?
Muchos. Qué curioso,
nunca me había hablado de usted.
¿Y a ti qué te pasa?
- Los policías y los militares tienen cada vez más poder.
Les damos el poder para que después puedan protegernos.
Ya, pero cuando se vengan arriba, ¿quién nos va a proteger de ellos?
- Hemos encontrado a tu novia, Julia. - Se hace pasar por su hermana, Sara.
Le dimos tus cenizas y no soltó ni una lágrima.
Estaba yo pensando que a ti nadie te busca,
a ti nadie te espera.
Podría ser bueno para tu madre y para tu chica.
Si trabajas para mí, las dejaré vivir, y a ti también.
Hola.
- ¿No quieres jugar? - Es que no me dejan.
- Pues vaya. - La señora ha decidido
que tú te encargues de su sobrino, Sergio.
- ¡Rápido, fuera de aquí! ¡La Policía!
¿Y ese bebé?
- Lo ha traído Daniela del sector 2,
pero no se puede decir que está sucio.
- Tranquilo, papá. El bebé tiene un padre. Se lo van a entregar.
¿Tú sabes el lío en el que te has metido?
Las cosas no están bien ahí fuera. Hay que implicarse.
- Mucha suerte.
Gracias.
- Viajas en la zona de carga.
Vámonos. Tengo una hija que aún no debe saber
si os he ayudado o si os he denunciado.
Pero, Julia...
Lo siento, mamá, no puedo.
(GRITAN)
- Buenos días. Muchas gracias.
"Por su seguridad, debido a los acontecimientos
acaecidos en la noche de ayer y ante el riesgo
de una acción terrorista inminente, el Gobierno de la nación decreta
elevar el nivel de seguridad a grado 5 hasta nueva orden.
Queda prohibida la libre circulación de personas a partir de las 19:00
y hasta las 08:00 del día posterior. Este horario ampliado
del toque de queda estará en vigor hasta nueva orden
y se realizarán controles aleatorios en el sector 2.
Rogamos que lleven en todo momento su documentación
y colaboren con los cuerpos de seguridad.
Agradecemos su colaboración.
El Gobierno vela por su protección."
Enhorabuena, comandante. A usted no hay quien lo pare.
- No seas pelota, Navarro,
que en esta profesión ya sabes que un día estás arriba
y al día siguiente te cortan el cuello.
Pero sí,
hoy tenemos algo que celebrar.
♪ Ya han florecido cipreses
♪ como gigantes cabezas
♪ que, con órbitas vacías,
♪ el horizonte contemplan.
♪ Salen los niños alegres ♪ de la escuela,
♪ viendo en el aire tibio del abril
♪ canciones tiernas. ♪
Vale, cariño, pues ya está.
Gracias, papá. De nada.
¿Tienes hambre, mi amor? Sí.
Estás creciendo mucho.
Yo te veo más alta que cuando llegaste.
Hoy te voy a medir.
- No has abierto la boca.
¿Estás bien?
Estoy preocupado por Marta.
Después de lo de anoche, no me atrevo a dejarla sola.
Yo me puedo quedar con ella. Tranquilo.
La niña va a estar bien con nosotros.
No, Emilia. Prefiero que se venga conmigo.
No.
No, porque esa casa no es lo mejor para ella.
No es por ella, es por mí.
Y la decisión está tomada, se viene conmigo.
¿Qué les vas a decir?
Pues la verdad, que anoche entró una persona en casa.
Ellos tienen dos hijos, seguro que lo entienden.
Me parece raro que no llevara nada.
Si fuera un ladrón, se habría llevado algo, ¿no?
Me voy.
¿Adónde vas, hija?
Nos vemos en la valla.
- Muchas gracias. - A ti.
- Ponlas en agua. - Sí, señora.
- Espera.
- Son muy bonitas, mamá. - Sí.
- Iván...
- Vas a conseguir que empiece a gustarme madrugar.
- Pero si ni siquiera te has acotado.
- ¿Qué? ¿Te han gustado las flores? - Me he gastado un dineral.
(RÍE) - Cómo sos, ¿eh?
Hay gente que me felicita por mi nuevo nombramiento,
no como otros. ¿Me trajiste lo que te pedí?
- Sí.
Toma.
Tu hermana te manda saludos.
- Mira.
- ¡Pero, bueno,
nueva directora general de Epidemiología!
- ¿Y...? - Espectacular, mamá.
- Espectacular. - Pero si no sabes qué es.
- Sé que es importante y que nadie lo va a hacer mejor que mi madre.
- Se va a encargar de la lucha contra el noravirus
- en todos los frentes. - Pues pobre noravirus,
no tiene nada que hacer. ¡Vaya!
¿Otra noche en vela? Muy bien.
Esto se va a acabar mucho antes de lo que tú te crees.
Perdón, ministro. Esta vez es culpa de la flamante
directora general de Epidemiología. Suena bien, ¿o no?
Le he mandado hacer un trámite.
Los trámites mejor de día,
que de noche ya se espabila él solito.
Esta es mi lista de invitados. Vale.
- ¿Tienes un móvil? - No, me lo he dejado en el coche.
- ¿Por qué no lo traes? - Está en el coche.
- Señor...
- ¡Papá!
¡Papá, espera!
¿Has visto esto?
Ahora no, Daniela.
Lo sabías.
Me han informado a primera hora. Lo siento muchísimo.
¿Tú tienes algo que ver? Por supuesto que no.
Nadie más sabía lo del transporte.
Ven aquí.
La Policía hace su trabajo.
El error es creerse más listos que el Estado.
¿Primero me pides que os ayude y luego me acusas de delatarte?
Que sea la última vez que te diriges a mí así.
No tienes ni la menor idea de lo peligroso que es esto.
Eres una inconsciente y una irresponsable.
Irresponsable es quedarse de brazos cruzados
sabiendo lo que está pasando en este país.
Yo intento ayudar a esa gente. Pues ya has visto el resultado.
No. Daniela, Daniela...
Yo no te estoy diciendo que sea culpa tuya, por favor,
pero no se puede cambiar el mundo solo con buenas intenciones.
En el camión iba el bebé, papá.
Iba el bebé.
Hola.
- ¿Quién es?
¿Quién es?
Piedad.
- Emilia.
Emilia, lee esto, por favor.
¿Estos hijos de puta cómo pueden hablar de terroristas?
¡Era gente inocente que huía de esta mierda!
Vamos.
(Puerta) - Oye, ¿ha os habéis enterado?
Qué espanto. Terroristas.
Un horror. Mucho, miedo, sí.
Menos mal que estamos bien protegidos.
Qué suerte. Las fuerzas de seguridad que tenemos.
Sí, son muy eficaces, Begoña.
¿Pues te crees que hay gente que se queja?
Aún recuerdo que hace 25 años aquí entraban y salían los terroristas
como Pedro por su casa. Ibas por la calle y todos morenitos.
Te costaba trabajo encontrar una cara blanca.
Parecía esto Nueva Delhi. ¿Te acuerdas o no, Emilia?
Ay, madre mía. Nos bajamos, tengo que abrir.
Pues lo mismo bajo luego a por vino para celebrarlo.
- Toma, Begoña. ¿Quieres otro?
- ¿Para qué?
- Uno lo lees y otro lo enmarcas.
- Qué tonterías dices, niño.
"Los trabajadores que se trasladan diariamente al sector 1
deberán complementar la documentación personal habitual
con la lista de horarios de llegada y la duración de la jornada
firmada por el supervisor en destino."
- ¡Vamos! ¡Venga!
- ¡Anda! - Papá, no tan fuerte.
- ¡Date prisa! - Perdona, cariño.
- ¿Y la tía?
No lo sé.
Cariño.
Cariño, recuerda que a partir de ahora
a la tía Julia le tienes que llamar mamá.
Es importante. Si no, la meterás en problemas.
- Documentación. - Vale.
Perdona, perdona. Es que a veces se me olvida.
Cariño, escucha.
- Ya sé que es difícil, ¿vale? - Documentación.
Pero tú lo vas a hacer muy bien.
- Documentación y salvoconducto.
Sí, sí.
Estamos esperando a otra persona. Pues fuera, apártese de la fila.
¡Venga! ¡Vamos, fuera!
Tranquila, cariño. No pasa nada.
(MEGAFONÍA) "Por su salud,
está terminantemente prohibido el paso a aquellos
que no hayan pasado las revisiones médicas obligatorias
o presenten síntomas de enfermedad."
¿Dónde estás?
- Aquí tienes.
- Gracias, Álex. - Buen día, Germán.
(SILBA)
¡Ah!
- Has cantado, ¿eh, cabronazo?
- Yo no he dicho nada. - Dejadme en paz. ¡Ah!
- Míralo bien. ¿Lo ves? - Soltadme, joder, que yo no he sido.
- Por tu culpa ha muerto gente inocente.
- Ahora te toca pagar. - ¡Vale, vale, vale!
(Ruido)
Aquí solo se paga lo que se compra.
Baja el arma ya.
- Emilia.
Cuánto tiempo.
Baja el arma.
Jorge.
(MEGAFONÍA) "Está terminantemente prohibido..."
¡Ah!
Perdón. Perdón. Llego tardísimo. Lo siento.
- Estábamos preocupados. - Julia.
¿Dónde estabas? Eh, cariño. No sabía que venías hoy.
Ya ves. Vamos.
- Papeles en la mano, por favor.
¿Dónde estabas?
Aquí tiene. Sí.
- ¿Y la niña? - ¿No tiene salvoconducto?
Bueno, trabajamos en casa del ministro de Sanidad.
Nos ha dado permiso para llevarla.
¿Verdad, cariño? Sí.
Vamos a llamar para confirmarlo.
Claro. Vamos.
Esperen aquí.
Tranquila, cariño, no pasa nada.
¿Qué pasa hoy? Está todo rarísimo.
¿No te has enterado? ¿De qué?
- Con alguien más tuviste que hablar, no me jodas.
Si no te importa, aquí las preguntas las hago yo.
Emilia, te recuerdo que hace años que no das tú las órdenes.
Si no te gusta, ya sabes qué tienes que hacer.
A ver, hijo, haz memoria.
¿Alguien más sabía lo del transporte?
Dilo.
- Nos ayudó el ministro, Emilia.
Solo nos ayudó a cruzar la valla. Él no sabía nada de la salida.
(Puerta) - ¿Emilia?
Sí.
Llévatelos. Escondeos, escondeos.
(Puerta) Ya está, Begoña.
- Oye. - ¿Sí?
¿Por qué has cerrado? Porque estamos de inventario.
Mucho trabajo.
Toma. Tu vino.
Ya me lo pagarás. Qué apañada eres.
Muy bien. Pues gracias, ¿eh?
Adiós, Begoña. Adiós, Emilia.
- ¿Qué os habéis creído que es esto? - ¿Una guardería? ¿Una pensión?
Rosa, anoche... Ni anoche ni gaitas.
Aquí cada uno tiene su vida y sus cosas.
Anoche entró una persona en casa. Pues lo siento.
- Rosa.
Disculpe, señora, por haber traído a la niña así,
pero ayer un intruso se coló en su habitación y...
¡Ay, Dios mío! ¿Están bien? Sí, sí.
No le dio tiempo a hacer nada. No sabemos si era un ladrón,
pero no sabíamos qué hacer. Estábamos asustados.
Puede quedarse en cualquier sitio aquí con nosotros.
Le prometemos que no va a molestar. ¿Qué va a molestar esta preciosura?
Si yo la conozco. Es más buena...
Ahora mismo te llevo a conocer a Sergio y se ponen a jugar.
¿Te parece bien? No.
Prefiero que la niña se quede aquí, en la zona de servicio,
con nosotros. Es mejor que se quede con Sergio.
Claro.
La gente que trabaja en esta casa debe ser eficiente y respetuosa,
pero antes que nada tener un buen corazón.
- ¿No es cierto, Rosa? - Sí, señora.
- Venga, mi ángel, vamos a conocer a tu nuevo amigo.
Le vas a hacer mucho bien a Sergio.
- Ni os creéis la suerte que tenéis.
Le habéis pillado de buen humor por lo del nombramiento.
¿Qué nombramiento? Directora.
Directora de...
Bueno, no sé. Un puestazo.
- ¿Qué tal tus papás? - ¿Están contentos trabajando aquí?
Claro, yo también lo estoy.
¿Sabes por qué? Porque son muy trabajadores.
Y, además, tienen una niña que es un cielo.
Es obediente, buena, inteligente,
muy guapa y de confiar.
- Os doy una hora para que hagáis la compra. Ni cinco minutos más.
Y sacad la basura. La dejé fuera. No mezcléis las botellas.
Reciclad el vidrio. Claro, Rosa.
Solo digo que no me parece normal, nada más.
Quería ir sola, Hugo.
Sabía que eran las llaves de la casa de la madre de Carlos.
Necesitaba saber cómo estaba.
¿No te has prado a pensar que podía ser una trampa?
No es ninguna trampa. Seguro que nos controlan.
Y lo mismo te han seguido.
No me ha seguido nadie.
Voy a volver.
¿Perdona?
Quiero llevarle algo de lo que compremos hoy.
Es una señora mayor. Lleva días sin comer.
Si sigue así, no sé qué será de ella.
¿Y de ti? ¿Qué será de ti, si descubren que eres Julia?
Pero es que soy Julia y esa mujer es la madre de mi novio.
Pero aunque fuera Sara también iría.
Si quieres, me dejas en la valla y te vuelves,
pero yo se lo he prometido y voy a ir.
Vamos, hay que irse.
- ¿A qué viene tanta prisa?
- La señora que ha venido es la informante del bloque.
Seguro que piensan que formo parte de ese grupo terrorista,
que les han engañado y les han vendido.
Eso no debería ser ningún problema ahora,
que eres amiguita del ministro. ¿Qué dices?
- Os han visto hablando y también subiendo juntos a tu casa.
- ¿Y? - Nos abandonaste hace años.
Te vendiste y sigues igual. No tienes vergüenza.
Ni se te ocurra llamarme vendida.
Tú sabes muy bien por todo lo que pasé.
¿Y cómo quieres que te llame? Dímelo.
(Puerta) - ¡Policía! ¡Abran la puerta!
Hola, piedad. Soy Sara.
- Pasa, bonita. Pasa.
Le traigo comida.
Vengo con Hugo, mi marido.
Aquí.
Buenos días, Piedad.
Hola, Hugo.
Era verdad.
¿Qué era verdad?
Que ibas a volver.
Claro que era verdad. ¿O acaso tenía dudas?
Y, además, le hemos traído fruta. Sí.
Y verdura. Y algo de pollo para comer hoy
y hacer sopa mañana. Sí.
Huela la naranja.
Aquí. Huela.
Antes venía alguna vecina a echarme una mano,
pero desde que cogieron a Carlos y me lo mataron
todos me han dado la espalda.
Y lo poco que tengo me lo quitan.
¿Quién se lo quita, señora? Los ladrones.
Entran cuando estoy dormida.
Les oigo coger las cosas,
pero no me atrevo a salir de la habitación.
No se preocupe, que ahora mismo arreglamos esa cerradura
para que no vuelva a entrar nadie.
Y le vamos a preparar algo rico rico de comer,
¿de acuerdo? Acércate aquí, hija.
Yo me encargo.
Yo sé que tú eres Julia.
Tienes la nariz de Julia.
Y los labios.
Y hueles como ella.
Nos parecemos mucho, pero soy Sara.
Ya.
Ya.
Ya se lo he dicho antes,
hemos cerrado porque estamos de inventario.
- Pues yo vi a alguien con un arma.
Que no, Begoña.
- Oiga, cuidado. - Quietos. Quietos.
Y sigan con las manos en alto.
A ver si me lo van a destrozar todo.
Déjenos hacer lo que debemos hacer o se vienen con nosotros.
Tú, ayuda a mover esos sacos.
- ¿Yo?
Espera.
¿Qué es esto?
- Eso es café.
- ¿De dónde sale?
Lo trajeron ayer. Son tres sacos. Es completamente legal.
Entonces tendrá los documentos, ¿no? Albarán de entrega,
autorización estatal, certificado... No.
Lo siento, yo no tengo esos papeles.
Entonces voy a tener que requisarlo.
- Coge los sacos, que nos vamos. - Pero un momento. ¿Ya no busca más?
- Señora, ¿me va a enseñar a hacer mi trabajo?
Chicos, aquí no hay nadie, así que nos llevamos el café.
Y la caja y los esos sacos.
- Me alegro de que no haya nadie.
Esto lo he hecho por tu bien, tú lo sabes, por protegerte.
- ¿Empezamos? - Sí.
¿Tú dónde vives?
Al otro lado de la valla.
- ¿Y cómo es? ¿Da miedo?
- A mí, no.
- ¿Eres pobre?
- Creo que sí.
- Los niños están muy bien, sanos y felices.
Estamos alternando las extracciones y las inyecciones.
Espero tus instrucciones pronto.
Besos, hermana.
- ¿Estáis bien?
- Joder, os han destrozado el local. - Os echamos una mano.
No, no te preocupes. Ahora lo recogemos.
- Vale, ahora mismo no hay nadie.
- Emilia, siento la forma en la que nos hemos encontrado.
Me equivoqué,
pero no me lo tengas en cuenta.
Lo intentaré.
Ya está olvidado.
Vuelve.
Te necesitamos más que nunca.
No, ahora no, Jorge. Ya hablaremos.
Bueno, pues ya está bañada.
Pues la sopa ya está. Deberíamos marcharnos ya para casa.
Rosa nos va a freír a preguntas. Sí.
Bajo a por mis medicinas y nos vamos.
¿Ahora? Ahora, sí.
Es asmática, necesita su inhalador. Vale.
Oye, Julia, una cosa. Dime.
Escucha.
Siento haberme resistido a venir, ¿vale?
Soy un egoísta.
Y puedes contar conmigo para ayudar a esta mujer cuando quieras, ¿vale?
Gracias.
- A esta vieja la vi yo primero, así que lo que hay en esta casa es mío.
¿Estamos? Tranquilo, tranquilo, tranquilo.
Te vas de aquí y te pillas otra choza.
Y ya que estamos, me das los zapatos. Venga.
Venga.
- No, no estoy muerto, pero lo estaré dentro de poco.
Solo he venido a ver a mi madre por última vez.
¿Fuiste tú quien entró anoche en nuestra casa?
Siento haberos asustado. Tenía que hacer algo por ella.
- Por favor, por favor. - Tengo familia.
Lo que pille es para mis hijos, de verdad.
¿Qué haces?
- Levántate.
Como vuelvas a entrar en esta casa, te vuelo la cabeza.
¿Estamos?
Fuera.
(Golpes)
- Hugo, ¿qué ha sido ese ruido?
- Es mejor que no lo sepa. - No.
Créeme. Ni ella ni Julia.
Por favor.
Piedad, no se preocupe. Se me han caído unas cacerolas.
Peo ya está todo recogido. (PIEDAD RÍE)
Escuche,
le he preparado unas sopas de ajo que le durarán unos días.
Mi hijo tenía razón.
Siempre decía que aún quedaba gente buena
después de echar una mano.
(SUSPIRA) Le echo tanto de menos...
Escúcheme, Piedad,
ahora mismo arreglamos esa cerradura para que nadie más entre.
Y en cuanto vuelva Sara la dejamos ya tranquila.
¿Sí? Gracias, hijo.
- Tú estuviste en la resistencia con ese tío, ¿verdad?
Luchaste contra el régimen.
Suena más bonito de lo que fue.
¿Y cómo fue?
Pues duro, muy duro,
porque perdí a muchos amigos en esos años.
¿Por eso lo dejaste?
Lo dejé por mis hijas.
Un compañero encontró a su familia muerta cuando llegó a casa
y me asusté.
Qué cabrones.
¿Crees que Iris y su padre tienen razón?
¿A qué te refieres?
Al ministro, Emilia. Igual fue él quien nos traicionó.
Alguien tuvo que dar el aviso del camión.
No lo sé.
Daniela.
- ¿Sí?
Ah, estás ahí.
Sí. Le he robado unos pendientes a mamá.
Así, de rosa, también estás muy guapa.
Odio tener que ir a estas cenas, ya lo sabes,
y más en un día como este. Ya.
Lo haces por tu madre, lo sé, y te lo agradezco.
Tengo una muy buena noticia para ti.
Mira.
El bebé.
Ha sobrevivido.
Está en un hospital, pero está fuera de peligro.
En cuanto se recupere, le buscaremos una buena familia de adopción.
Me encargaré personalmente. Contigo, si quieres.
Me alegro.
¿Y ya está?
Pues me he tomado muchas molestias.
Papá, me tratas como si tuviera diez años o como si fuera boba.
Me alegro de que el niño esté vivo.
Tendrá una mierda de vida, pero será una vida,
no como las otras diez personas que murieron asesinadas en el camión
por la gente con la que vamos a cenar hoy.
- ¿A ti te gustan las ratas, Carlos?
La gente las odia.
A mí me parecen unos animales fascinantes.
Se les ha querido exterminar a lo largo de la historia
y no lo han conseguido.
Siempre sobreviven.
Además,
siempre hay una rata a menos de 20 metros.
¿Lo sabías?
Lo que pasa es que uno no la ve.
Y esto es lo que yo quiero que tú seas para nosotros.
Quiero que te conviertas en una rata.
Pero hay una cosa que me preocupa.
No me gusta que hayas mandado a Julia a ver a tu madre.
¿Por qué?
- No la iba a dejar morir. - Lo comprendo.
Todos haríamos lo mismo por nuestras madres.
Lo que no sabes es que nosotros podemos cuidar de ella.
Este es el hombre que estaba robando en casa de tu madre, ¿verdad?
Pues ya no vas a tener que preocuparte más por él.
- No, por favor.
No, por favor.
No.
(Disparo)
- ¿Lo ves?
Cuando yo te digo que podemos cuidar de tu madre,
no bromeo.
Tú pórtate como una buena rata
y nosotros nos ocuparemos de que no le falte de nada.
¿De acuerdo?
(Música jazz)
(Aplausos)
- Haz los honores.
Por supuesto.
Sin matar al ministro de Asuntos Exteriores, por favor.
Porque vos me lo pedís, mi amor, que si no...
Cuidado.
Ya sabes que hoy todos tus deseos son órdenes.
Ay, mi primer deseo.
Me gustaría decir unas palabras.
Mi amor...
¡Uh, qué emoción!
Pocas veces en esta casa
va a estar reunida tanta, pero tanta gente importante.
No saben cuándo os lo agradezco. Es un gran honor para mí.
Padrino, ministro de Asuntos Exteriores,
directora general de Desarrollo Sostenible,
comandante en jefe,
presidenta del Consejo del Poder Judicial...
- Gracias. - Incluso nuestro presidente,
que no ha podido venir por razones personales,
me ha hecho una llamada tan...
Dejen de servir, por favor. Gracias.
Gracias.
Este cargo supone para mí
una tremenda responsabilidad y carga.
Posiblemente tendré menos tiempo para mi familia.
Perdón.
Pero he aceptado por una sola razón.
Una nueva etapa se abre ante nosotros.
Por fin tenemos una vacuna que funciona contra el noravirus.
- ¡Bravo! - ¡Bravo!
Amigos, no nos adelantemos.
Hemos ganado una batalla, pero no la guerra.
Tenemos la vacuna, pero no es estable.
No la podemos conservar y solo podemos fabricarla
en muy pequeñas dosis. Es un pequeño paso,
pero una gran esperanza hacia el futuro.
Brindemos por la derrota total del virus.
El futuro nos pertenece.
(TODOS) El futuro nos pertenece.
(ALMA) El futuro nos pertenece.
(TODOS) El futuro nos pertenece.
- ¿Quieren más?
- Sergio, cómete tu filete.
Si Marta quiere algo más, que me lo pida.
- No, señora, estoy muy bien.
- Trae las botellas vacías. - Sí, señora.
- Estaba todo muy buena. - Muchas gracias.
- Mira que eres educada. - ¿Quién te ha enseñado tan bien?
- Mi madre. Era profesora.
- Es profesora. Aunque no trabaje de profesora, siempre lo será.
- Le da vergüenza porque ahora su mamá es criada.
- No me da vergüenza. - Llévate esta bandeja.
- Sí, señora. - ¿Te gustan los plátanos?
- Sí. - Le gustan más los helados.
- ¿Podemos tomar helado de postre? - Pues no.
Hoy toca plátano.
Has disimulado muy bien durante la cena,
pero a mí no me engañas.
¿Qué pasa?
- No sé ni cómo decírtelo, coño.
Álvaro, ¿Laura está bien? Sí, sí. Luis, no es eso.
Pues habla claro.
Vendrán a por mí, a por ti, a por todos.
Y también a por ti.
Como la canción.
¿Cuánto has bebido?
Nos han dejado al margen.
Hay un plan oculto circulando por ahí,
algo muy gordo que no nos han contado
porque saben que nos vamos a oponer.
¿Un plan?
Reestructuración demográfica, creo que lo llaman.
Fundado en que no hay suficientes recursos para todos,
pero lo que quieren es acabar con la vida de mucha gente, Luis.
Nos lo van a vender como otra cosa, pero los van a matar.
¿Has oído lo que estás diciendo? Viene de arriba.
Es algo internacional. Por eso lo sé, coño.
No tenemos tiempo. Te necesito. Tranquilo, tranquilo.
¿Qué quieres que haga?
Alguien se encargará de llevarlo a cabo aquí.
Todavía no sé quién es, pero con tu ayuda puedo averiguarlo.
Tiene que ser alguien ambicioso y cercano a presidencia.
Un puesto que parezca técnico.
No me gusta lo que estás insinuando. Vamos a ver...
Escúchame un segundo. No vamos a seguir hablando de esto.
Estoy muy mayor para perder al único amigo que me queda.
Anda, vamos a tomar el aire.
- ¿Qué hacés acá? ¿Estás loco?
- Estás insoportablemente bella esta noche.
- Bebiste demasiado ya. - Claro, para celebrar tu victoria.
- Comandante, se va de mi cuarto ya mismo.
No, no.
Oye.
- Oye. - Luis, si me pasa algo,
habla urgentemente con una persona. ¿Qué te pasa?
Si me pasa algo, necesito que vayas a este sitio.
Pero ¿qué haces? Prométemelo.
Prométemelo, venga. Prométemelo. Que sí, te lo prometo.
Te lo prometo. Vete a dormir la mona.
Eres mi amigo del alma, un tío cojonudo.
Estamos rodeados de cabrones.
- Adiós.
- Nos vemos pronto, ¿verdad? - Sí.
- Álvaro, adiós. - Luis... Perdón.
- Descansa. - Buenas noches.
- Chao. - Adiós.
- Y cuida a este hombre, por favor. - Lo intento, lo intento.
- Enseguida entramos, mi amor.
Vaya.
Marta.
Marta, cariño.
Están dormidísimos. Sí.
Marta, cariño, despierta. Cógela en brazos.
Sí. Llévatela.
Marta, vámonos.
Cómo duermen.
¿De verdad van a despertar a su hija a estas horas con el frío que hace?
Que se quede a dormir. No, gracias.
No queremos molestar. Hay espacios también para ustedes.
No, de verdad. Muchísimas gracias. Se le ve tan tranquila...
Vayan.
Mañana, cuando se despierten, les preparan un buen desayuno
y se van al jardín a jugar. Tranquilos.
Se lleva muy bien con Sergio realmente.
Venga.
¿Qué hacemos aquí, Hugo? Ahora lo verás.
Pero...
¿Me vas a dar una sorpresa o...? Tú ven.
Hugo.
Vale.
Espera aquí. Madre mía.
Hacía un montón de tiempo que no venía a esta parte de la ciudad.
¿Ah, sí? Sí.
No me extraña. Me han dicho que esta zona se ha vuelto muy insegura.
Antes no era así, ¿eh? Antes...
Cuidado. Sí.
Antes nos juntábamos aquí un montón de gente joven,
porque ahí había una escuela de arte y hacíamos festivales,
conciertos... Era increíble. Ya.
Vamos.
¿Estás bien?
Julia.
Sí, es que...
aquí me dio mi primer beso.
Vaya.
Y...
me trae recuerdos.
No lo sabía.
¿A qué me traes aquí, Hugo?
Eh...
¿Qué pasa?
Hugo.
¿Carlos?
¿Estás vivo?
Carlos.
Carlos, mi amor.
- Nadie puede saberlo.
No me lo puedo creer.
¿Cómo...?
¿Cómo? ¿Por qué?
Dale las gracias.
(Pasos)
- Señora, ¿va todo bien? - ¿Necesita algo?
- Todo bien. - A Sergio le tocaba su tratamiento
y yo quería estar con él. Lamento haberte despertado, Rosa.
- No se preocupe, señora.
Pobre criatura. ¿Le dolerá?
Es que a mí lo de pinchar a los niños me da tanta pena...
- Tranquila, no se enteran. - Cuando Sergio duerme,
- no hay quien lo despierte. - ¿Y usted cree que funciona?
- Porque le veo tan flaquito... - Hacemos lo que podemos.
Ve a descansar. Gracias.
- Esa criatura tiene mucha suerte de tenerla a usted.
- ¿Y la niña? ¿Voy a ver si está bien? - No.
Duerme en paz.
Tranquila. Ve a descansar, que te lo merecés.
- Gracias. - Está bien, señora.
Sergio tiene una enfermedad de nacimiento,
pero la señora le trata. ¿La señora?
Estás muy pálida. ¿Estás bien?
¿Cómo ha sido? ¿Lo sabes? ¿Lo conducía él?
Estaremos a tu lado para lo que necesites.
- Que se le haga justicia, Luis.
Vaya padrino tenías, ¿eh?
- Para mí, es un honor dirigir este plan.
Gracias, señor presidente.
Vengo de parte de Álvaro.
¿El niño es suyo?
Ocúpate de ella.
¿Por qué tiene que ser una despedida?
- No te dejo. - Estamos muertos los dos.
- A mi padre le ríen las gracias por ser quien es.
No tengas miedo. Yo he criado a dos hijas sola.
- Me van a quitar a mi bebé. - Necesitan su sangre.
No para de repetir que todos los niños están en peligro.
- Sale ahí mi amigo Pedro. Es ese.
- Abajo todos. - Está todo en regla.
- ¡Hable! - ¡Quietos!
- No juegues conmigo. - O lo tomás o lo dejás.
- Nadie está por encima de la seguridad del Estado,
por muy ministro que sea.
(GRITAN) ¡Álex!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.