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Zulu
Sigue por favor.
con nosotros.
Desnúdate.
Ven, no te hagas la estrecha. Eres capaz de tirarte un gorila por una dosis.
¿Joven? ¿Chica?
¿Qué te ocurre? ¡Contesta!
Otra vez durmiendo.
Yo no estaba durmiendo, me estaba relajando. Es igual.
Traigo una chica enferma en el coche. Vamos, ayúdame.
Como
pesa,
oyes.
¿Y quién es ella?
Yo qué sé.
Es horrible.
¿Por qué?
La encontré junto a las dunas. No, por piedad.
Estaba sin conocimiento.
Parece drogada.
Es una pobre niña.
No creo que llegue a los 18.
No he pedido.
Tantas flores. Son rojas y blancas.
En mí.
Entierro. No quiero.
No.
Pobre chica.
Por favor.
Tenga cuidado.
No me eche tierra aún.
Esta chica está muy mal.
Lo que está es drogada. No.
Y una drogadura, además. LSD o heroína, no sé.
Voy a avisar al médico, ¿no?
Olga, ¿por qué?
Veremos esto. ¿Por qué me has traído aquí?
¿Por qué?
Jorge.
No, no.
Bernardo, un pañuelo. Olga, no me lleves.
No me lleves otra vez allí.
¡Bernardo, el pañuelo! ¡No!
¡Ya voy!
Toma, solo tengo este y no está muy limpio.
Jorge... Jorge, ¿por qué?
¿Por qué?
¿Por qué me has dado esto?
Está llena de pinchazos. Heroína, señora.
Pobre criatura.
Es monstruoso que se droguen así.
¿Cómo te llamas?
¿Cómo me llamo?
¿Puede recordar tu nombre?
Llamo Lilian.
Eres extranjera, ¿verdad?
¿Qué es eso?
Soy alemana.
Estoy de vacaciones. El sol, el mar... ¿Qué te ha ocurrido?
¿Quién te ha drogado?
¿Quién es Jorge?
¿Y Olga?
Olga...
Hola, Lilian.
Por fin te decidiste a venir.
Sí, hola.
Es mi amiga Mara.
Hola. ¿Qué tal?
Y esta es la patrona, Irina. Es mi amiga de la que te hablé. No te he exagerado,
¿eh? Es más guapa aún.
¿Cómo te llamas? Se llama Lilian.
Pero hablas nuestra lengua, ¿no?
Sí, claro que sí.
¡Hala, a bailar!
¿Te gusta la nueva amiguita?
Es una monada, ¿eh? Un monazo.
¡Paso, paso! ¡La amiguita ya al sexo!
¿Has visto la chavala que ha ligado a Olga?
No, ¿cuál es?
No la has visto.
A ver.
Es alta, la de pelo largo.
Muy bien.
Esa es cosa mía.
Hola, Carmina.
¿Y qué pasó después?
Después... después... ¿Quién es ese Jorge?
Jorge... Sí, ¿cómo le conociste?
Pues... yo no le conocí.
No entiendo nada.
Yo no le quiero conocer.
¿Comprendes lo que digo?
Sí.
Te has inyectado heroína, ¿verdad?
Sí. Ay, madre.
No entiendo nada.
Una chica tan joven, tan sana, tan bonita.
¿Por qué te drogas? ¿Por qué?
¿Te metieron en eso aquí o qué?
Sí.
Pero antes, en tu país, en Alemania, tú no lo hacías.
Tú no te drogabas.
No, nunca, Jorge.
¡Jorge!
Sí, ya voy.
Esta es Lilian, de quien te he hablado.
Mucho gusto.
Hola.
¿Por qué no le enseñas un poco la casa?
Enseguida estoy con vosotras.
Ven, te enseñaré el jardín. Es una casa preciosa. Te prestaré un bikini y podrás
nadar en la piscina.
Jorge es un gran amigo.
Es millonario y un hombre muy influyente.
Una de esas amistades que interesan a cualquiera. Ya verás, lo vamos a pasar
en grande.
Y tú le has caído bien.
Eso se nota.
Le has gustado.
Ven por aquí.
Tengo un par de bikinis en el pabellón.
Elige el que quieras.
¿Ya sabe a lo que viene? No.
Es una lástima que lo tengamos que hacer. Pero tendremos que drogarla.
La chica me gusta.
A lo mejor tú sabes animarla, si no, prepáralo todo como siempre. Lo voy a
intentar. Hasta luego.
Te veré en la alcoba.
Eh, chica.
Hola. ¿Me puedes decir por dónde se va la piscina? Claro que puedo.
Por ahí.
Bajando el sendero.
Gracias. Vamos.
Haz un esfuerzo y te acompañaré.
Gracias.
Yo creo que ya te conozco.
Sí, nos vimos en la discoteca de Irina. Hasta bailamos juntos.
Me he puesto hecha una sopa. Total, te vas a bañar,
¿no? Sí, eso es verdad.
Ya llegamos.
Cuidado que hay otro.
Ahí tiene la piscina.
Gracias. Esos son amigos del jefe. Hasta luego.
He recordado de esos restaurantes viveros de Langostas, donde tú eliges tu
pieza.
Sírvame esa pieza. ¿Cómo se la preparo?
Cruda, viva, es como estará mejor.
¿Te gusta de verdad?
Claro que sí.
A ver si me la cuidas.
Ni un rasguño, te lo juro.
Pero lo que no debes esperar es que te la devuelva virgen de ningún sitio.
No tiene importancia. Mis clientes no exigen que mis chicas sean vírgenes.
Ya lo sé.
A mí sí me gustaría que lo fuese.
Aunque me extrañaría.
No te estarás poniendo celosa.
Tú sabes que en el fondo de mi corazón te prefiero a todas.
Ya lo sé.
Yo no sabía nada.
Estaba tan tranquila.
Nadaba.
Tan feliz.
El agua estaba tibia.
Todo me parecía maravilloso.
Una estudiante provinciana de vacaciones.
En un país de sueño, cálido, soleado.
Y encima, invitada en aquel palacio.
En Alemania nunca había vivido nada semejante.
Era como un sueño.
dos maricones de Gibraltar con dos maletas así de grandes.
Al pasar por la aduana, el guardia le dice a uno, eh, oiga, abre esa maleta.
Y el maricón le contesta, ay, hijo, si tiene curiosidad, ábrala usted, ¿para
qué quiero yo abrirla?
El aduanero la coge, abre la maleta y está llena de piedra.
Y el aduanero le dice al otro maricón, eh, tú abre esa maleta, una maleta así
de grande. Y el otro le contesta, ay, hijo, si tiene tanta curiosidad, ábrala
usted, usted la abre y ya está.
El otro la coge, la abre y está llena de piedras.
Y el aduanero dice, ¿habráse visto estos mariquitas? Sí, sí, mariquitas,
patriotas, que si todos hicieran lo mismo ya el peñón sería nuestro.
Se traían el peñón de Gibraltar a pedazos.
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Ven conmigo, elegiremos un vestido para la cena.
¿Tú vives aquí? Sí, casi siempre.
Es una cova preciosa.
Me alegro de que te guste.
Quítate el bikini. Voy a buscarte algo.
A ver qué tal es.
Tienes un pecho magnífico. ¿Qué haces? ¿Estás loca?
Será mejor que no intentes luchar, porque haremos lo que queramos contigo
de todas maneras.
¿Comprendes, hija de mala madre?
Gracias.
Me abraza.
El sexo me abraza.
Los colores han perdido fulgor.
Hay una gruta invadida por el agua.
Jorge, me has hecho mucho daño.
Luces de colores.
Desapareces.
Me dejas.
Así, a solas con la muerte.
Después de hacerme conocer maravillas.
Sin luz.
En mi hotel.
Sola.
Si nadie va a darme un poco de luz.
Nadie va a darme.
¿Qué puedo hacer?
Me hace falta.
¡Me hace falta!
Yo creía en tu sinceridad.
Me refugié enseguida en ti.
Pretendí, con tu ayuda, apartarme de un mundo que me amenazaba demasiado.
José...
¿Dónde estás?
¿Por qué duran tan poco las horas de plenitud?
Yo te gustaba.
Eso se siente en el modo en que un brazo estrecha tu cintura.
En el calor de las manos al cerrarse sobre las tuyas.
En un balbuceo.
En el brillo de los ojos.
José, ¿a dónde fuiste a parar?
José.
Tú me has abandonado. También.
Sí.
Todo era mentira.
Tu cariño.
Tu sonrisa.
Eres solo un morigote más en la trama.
He comprendido.
Demasiado tarde.
Después de tantos días de vejación, de verme convertida en esclava de Jorge
y recibir como recompensa un poco de hacha. Chis primero,
de heroína después.
A él le gustaba mi repulsa, mi resistencia.
Yo no comprendía nada.
Me asaltaba en cualquier sitio, en mi propio hotel.
Y un día, sin previo aviso, dejó de verme.
Yo había dejado de ser una novedad, una atracción.
Muchas gracias.
Gracias de verdad por recogerme.
Por lo menos puedo escapar.
La pobre Olga.
Y las otras chicas también.
Pobrecitas.
Pobrecita mala.
No ha sabido revelarse en serio.
Ellas son unas pobres niñas prisioneras.
Buenas noches. Hola.
Hola.
Estás muy guapa.
Aquí está el gran patrón.
¿No le conocéis por su verdadero nombre?
Este honorable señor es el hijo de puta...
Llévalosla. Vamos.
Venga, vamos. Yo te mataré.
Calla. ¡Calla, imbécil!
¿Cuántas?
¿Habrán desaparecido o habrán muerto?
Basta una dosis más fuerte.
Como Olga.
Que nadie... Nadie pueda acusarlos.
De prostituirnos.
De corrompernos.
Que el señor Jorge Miranda siga siendo uno de los grandes
del país.
Mientras unas pobres chicas sucumben impunemente o se ven sumidas
en la mayor degradación.
Miranda es el jefe de toda esta trama.
Es un malvado.
Actúan como una verdadera mafia.
Estoy muy triste.
Póngame con el comisariado federal.
Quiero hablar con el director de seguridad.
¿Qué haces?
Estás loco.
Será mejor que no metas las narices en este asunto.
Limítate a llevar a esa chica al hospital.
Y a olvidarte de todo el resto.
No.
El señor Jorge Miranda tiene las espaldas demasiado anchas para nosotros.
¿Tú crees que alguien va a hacerte caso?
Va.
¿Comisariado federal?
Quiero hablar con el director.
Soy el agente Pereira de la policía rural.
Necesito hablarle con urgencia de un caso federal.
Adiós, muchas gracias.
Va a recibirme.
Estupendo.
¿Qué vas a hacer?
Llamar a una ambulancia.
Es mucho más práctico.
Oiga... Hasta luego.
Adiós.
¿Urgencias? Por favor, manden una ambulancia al puesto rural de Cañaveras.
Pase, por favor.
Gracias. Siéntese.
Acomódese, señor agente.
Muchas gracias.
Cálmese, señor agente. Me gusta recibir a los más humildes.
Señor director, he venido a denunciar un caso de extrema gravedad.
Apenas he tenido tiempo de echar un ojo a su dosier. Ya habló usted con el
subsecretario, ¿verdad?
Veamos.
Aquí no.
Ah, aquí está.
Es un caso de corrupción en la zona 24, en Cañaveras.
Estado de varado.
Sí, señor.
Este tema es uno de los más dolorosos con los que debemos luchar. Con rigor y
prudencia, por supuesto. No son lacras que deban ver la luz pública. Perdóneme,
señor director, pero en este punto no puedo estar de acuerdo con usted.
Igual que se publican los nombres...
De unos pobres desgraciados que trafican con unos pocos gramos de droga.
O se les encarcela. Más debemos hacer en este caso.
Estamos frente a una red de trata de blancas y estupefacientes.
Creo que si abordamos el asunto con valor y seriedad, podremos detener a los
responsables como culpables de asesinatos, tráfico de drogas y
proxenetismo. Cualquier tribunal los declararía culpables.
¿Y usted cree que va a ser tan fácil?
Es usted un ingenuo, agente. Esas redes de delincuencia superan el ámbito
nacional. Tienen sus ramificaciones aquí, pero están respaldadas por gentes
más fuertes que nosotros, cuyo nombre ignoramos.
En este caso sé el nombre, Jorge Miranda.
¡Está loco!
El señor Miranda es uno de los prohombres del Estado.
Me parece normal que quiera promocionarse, joven.
Pero pretender atacar a un hombre de la rectitud y dignidad del señor Miranda es
simplemente una estupidez. Es uno de los pilares de nuestra sociedad.
Pues ese santo varón es un hijo de puta, corruptor de menores, traficante.
Vamos, hombre, cálmese.
Y asesino.
Y si el Estado lo respalda es porque es tan sucio como el propio Miranda.
¿Conoce el alcance de lo que está diciendo?
Conozco a las víctimas de Miranda.
Salga. Salga de aquí.
¿Tampoco me invitas a un panuto?
Lo siento, no uso esas cosas.
¿Mara?
Déjala en paz.
Si quieres, mi amor.
Al ron no me gusta.
¿Por qué no vienes conmigo?
No está mal la covacha en que vives.
Mi dinero me costó.
¿Te gustó?
No estás nada mal.
¿Vas a pagarme ahora o después?
Si no te fías ahora.
Pero preferiría que te fieses de mí.
Casi me parecería el verdadero amor.
Debo cobrarte dinero.
Es mi trabajo.
¿Con quién lo repartes?
Con nadie.
Ven, chato.
Con cuidado.
¿Cómo se llama tú?
Con el que reparte... Miranda.
Ese es su nombre.
Miranda.
¿Miranda?
¿Tratas con él directamente?
Claro que sí. He sido su amante.
Había sido su amante.
Aquella pobre chica, Mara, atontada por la droga, había comenzado su carrera
como amiguita del mismísimo Jorge Miranda.
Y aquel apartamento, aquella cama donde yo hacía el amor, eran también de Jorge
Miranda. Como casi todo.
No me fue difícil hacer hablar a aquella pobrecilla.
Odiaba a Miranda desde que la abandonó.
Desde que la convirtió en una puta más de su cuadra.
Mara era una infeliz.
Me lo contó todo, todo lo que sabía.
Desde sus primeros días de amante, desde la primera vez en que tuvo noticias del
mundo en que había caído.
Un imperio forjado en la sangre y en el dolor.
Algunos días después, Lilian fue dada de alta y no tardó en regresar al local de
Olga.
Y en caer de nuevo en la droga.
Dale un poco a la cría.
No ves que lo necesita.
Tú no has fumado nunca, ¿verdad?
¡Gracias!
Gracias.
¿Te has fijado en lo cachondo que se pone José con Olga y las otras?
¡Ah!
No.
He estado estos días ocupado con el asunto de Jorge Miranda.
He averiguado un montón de cosas.
No me digas.
Una chica, Mara, declararía contra Miranda.
¿Qué más quieres?
En condiciones normales, eso debería bastar.
Te cojo uno.
Desembucha.
Vamos, habla. Ya voy.
Estoy seguro de que podemos procesar a esa gentuza reuniendo pruebas.
He venido a buscarte para que colabores conmigo. Te has equivocado de puerta.
Yo no creo que también seas un mierda.
O que seas un vendido.
O que te dé todo igual.
¿Por qué renuncias sistemáticamente a luchar?
¿Por qué aceptas que la mierda y la vergüenza reinen en el país? ¿Por qué?
Yo fui como tú una vez.
Y miren lo que he terminado.
El último del escalafón.
No quiero perder lo poco que tengo, ni hacer una guerra privada.
Pues ya sí.
Sí, ya lo sé.
Terminarás como yo.
Adelante, si quieres.
Mario, hay algo que debes saber.
Esa muchacha ha vuelto a la droga. No tiene salvación.
Moralmente está muerta.
¿Y no te hierve la sangre ante los crímenes de esa gentuza? ¿O ante esa
niña drogada? ¡No!
Me das asco.
Espera.
Ten mucho cuidado.
Aunque puede que esto no te importe, soy tu amigo.
No lo sé, no lo sé.
Vamos.
¿Quieres un canuto, John?
¡Basta! ¡Fuera!
Perdón, Irina.
Vamos. ¿Qué te pasa?
Dame un pinchazo.
Sabes que eso cuesta muy caro. Ya me debes una pequeña fortuna. ¿Tienes
dinero?
Ahora bien, si acompañas a uno de nuestros clientes, a ese señor, por
ejemplo... No.
Bien. Entonces, ¿te niegas a trabajar conmigo?
Eso no quiero.
Espero que me pagues lo que me debes.
O irás a la cárcel.
Irina. Irina.
Buenas noches. Le presento a Lilian, un alemanito.
Es nuestra última adquisición.
Una preciosidad.
Tiene solo 17 años.
¿Le gusta?
Sé buena.
Si te portas bien, te daré lo que necesitas.
Pero tienes que hacer todo lo que él te pida.
Todo.
¿Me entiendes?
Me gustas.
Amén.
¿Qué pasa?
Sí.
Sí.
Vuelve.
Ay, sí.
¡Ah!
Dile a tu amo que quiero verle. Yo no tengo amo. Si lo tienes. Está ocupado.
Ve a avisarle.
Espere.
Venga por aquí.
Señor Miranda, aquí lo tiene.
Buenos días.
Sabe quién soy, ¿verdad?
¿Qué quiere usted?
Tengo una canción privada para cantarle. Dígale a este imbécil que se vaya.
Imbécil, vete.
¿Qué es lo que quiere?
Esto.
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