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EL AMANTE DESCARGACINECLASICO.COM
Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde.
A los 18 años, ya era tarde.
A los 18 años, envejecí.
Fue un envejecer brutal.
V¡ cómo cubría
mis rasgos uno por uno.
En vez de asustarme
vi envejecer m¡ rostro
con el mismo interés que habría produc¡do en mí
la lectura de un libro.
He conservado ese rostro.
Mantiene sus contornos, pero la materia está destruida.
Tengo un rostro destru¡do.
Os lo contaré otra vez.
Tengo 15 años y med¡o.
El paso de un transbordador en el MeKong.
Miradme.
Tengo 15 años y med¡o.
Es el paso del río.
La vuelta a Saigón
es como un viaje
sobre todo s¡ voy en autobús.
Aquel día acababan las vacaciones.
No recuerdo cuáles.
Las había pasado
en Sadec con mis 2 hermanos
en casa de mi madre, tras la escuela.
En el horror de la casa de Sadec.
Los trozos grandes son míos.
¿Por qué?
Porque es así.
Ojalá te mueras.
Paul.
Paulo.
Ven a la cama.
No debes tener miedo.
Ni de Pierre, ni de nada.
Nunca más, ¿me oyes?
Nunca más.
¿Ha vuelto?
Está en la galería, durmiendo en la estera.
No quiere entrar. Teme a Pierre.
Me da miedo que esté fuera.
Temo que se vaya.
Un niño así puede perderse...
No. No tienes miedo por Paul.
Sólo temes por Pierre.
¿Por qué le quieres tanto a él y a nosotros no?
Os quiero igual a los 3.
No es verdad.
¿Por qué le quieres tanto?
No lo sé.
Ayer...
solicité la repatriación de Pierre.
¿Qué?
Le mando a Francia. ¿Estás contenta?
Robó en el fumadero de opio.
No puedo seguir pagando.
Se acabó.
Ya no es posible.
Deprisa o perderé el autobús.
Adiós, Paulo.
Cuídate.
Sí, mamá.
¿Cuándo volverás?
El martes de Carnaval.
No me acordaba.
As¡ pues, ese d¡a
vuelvo a Saigón.
Llevo m¡s zapatos de cabaré y un sombrero de hombre.
Ninguna mujer lleva un sombrero de hombre en esa colonia,
en esos días.
Tampoco ninguna ind¡gena.
Ese sombrero... Siempre lo llevo.
Tengo eso, ese sombrero
que por sí solo me completa.
Nunca lo dejo.
El paso de uno de los brazos del MeKong
en el transbordador entre Vinh Long y Sadec
en la llanura de barro y arroz del sur de lndochina,
la llanura de los Pájaros.
Perdone, señorita. ¿Fuma?
No, gracias.
Lo siento.
Es tan raro...
Una blanca en un autobús de indígenas.
Me gusta su sombrero. Es original.
Un sombrero de hombre.
Es bonita. Puede permitírselo todo.
¿Quién es Ud.?
Vivo en Vinh Long.
¿Dónde?
Junto al río, a las afueras,
la casa con terrazas.
¿La de piedra azul?
Sí.
Es una casa china.
Soy chino.
Es chino.
Pertenece a la minoria propietaria
de las viviendas populares de la colonia.
Vuelve de París, donde ha estudiado Comerc¡o.
Es quien cruzaba el Mekong ese día
hacia Sa¡gón.
Si quiere
puede llevarla a Saigón.
¿La conoce?
Es la mujer del Administrador.
La Sra. Stretter. Anne Marie.
¿Quiere uno?
Sí, gracias.
¿Es cierto que un chico se suicidó por ella?
No lo sé.
Sí, es cierto.
Fue en Louang Prabang, el día en que ella se iba.
Era su amante.
¿Le molesta el humo... aquí dentro?
No. Nada.
¿Estudia en el instituto?
Sí, pero vivo en el pensionado Lyautey.
¿Le gusta estudiar?
Sí. Es interesante.
¿En qué clase está?
En la 11.
¿ Y tiene...?
17 años.
¿ Y Ud.?
32. Y no tengo trabajo.
Y es chino... además.
¡Además! Sí.
¡Qué guapa se pone al decir eso!
Desde que murió mi madre, mi padre no se levanta.
No deja su pipa de opio y casi no come.
No creí que se quisieran tanto.
Lleva 10 años ocupándose de sus negocios desde la cama.
Mira al río, ¿sabe?
Sí.
Echo de menos París...
las fiestas, las noches de Montparnasse...
La Coupole...
¿Conoce La Coupole?
Estuve una vez en Francia cerca de Bélgica.
Sólo conozco esto: el Mekong, Saigón...
¿Le gusta Saigón?
Sí.
A mí también. Sobre todo Cholon.
Cholon es como China.
Es aquí.
Adiós.
...en los establecimientos públicos de la colonia.
Recordemos este dicho.
Para ser limpio no hace falta ser rico.
Matemos a las moscas.
Vemos un cubo mal cerrado. Un gato que se pudre.
Un tuberculoso que no sabe de higiene.
Hoy has vuelto muy pronto.
Me ha traído un hombre que he conocido.
Un chino.
Héléne y yo somos
las únicas blancas del pens¡onado.
Hélène es impúd¡ca. No se da cuenta.
Anda desnuda por el dormitorio.
No sabe que es muy hermosa.
Es inocente.
Se demora en la juventud.
Olvidaba decirte algo.
Las profesoras descubrieron a una chica
que se prostituía detrás de la tapia.
Nadie sabía nada.
-¿Quién es? -Alice.
¿ Y con quién lo hace?
Con el primero que pasa.
Siempre me ha atraído...
¿El qué?
lr con hombres que no conoces.
Ni siquiera les ves la cara.
¿Somos todas así?
Sí. Las profesoras también.
Todas las mujeres.
Prefiero ser prostituta a cuidar leprosos.
¿De qué estás hablando?
Lo dicen todas.
Que lo de estudiar no es cierto.
Lo que quieren es mandarnos
con los leprosos y los apestados.
Preferiría ser prostituta.
¡Qué suerte tendrían los hombres!
Yo soy el torero y tú el toro.
La vista al frente. Derecha.
Mira sobre mi hombro izquierdo. Los brazos rígidos.
Ocurrió muy deprisa aquel día.
Un día de fiesta. Un jueves.
Aquel jueves vino al pens¡onado.
Vino a esperarla en su coche.
Es por la tarde.
La hora de la siesta.
En Cholon, en las callejuelas de Cholon.
Entre el olor a sopa
a carne, a jazmín, a polvo...
En el olor de la c¡udad china.
Por favor.
Yo no elegí los muebles.
Lo compró todo mi padre.
Los chinos jóvenes ricos tienen amantes.
Llaman a esto un cuarto de soltero.
¿Tienes muchas amantes?
¿Te gusta la idea?
Sí.
¿Me has seguido como habrías seguido a cualquiera?
No lo sé.
Nunca he seguido a nadie a una habitación.
Tengo miedo.
Temo quererte.
-Vámonos. Volveremos otro día. -Preferiría que no me quisieras.
Haz lo que haces con otras mujeres.
¿Es eso lo que quieres?
Sí.
Sé que nunca me querrás.
No lo sé.
No quiero que hables.
Haz lo que hagas siempre.
Le quitó el vestido,
le qu¡tó las braguitas de algodón,
y la llevó así,
desnuda, hasta la cama.
Ya en la cama...
Eres demasiado pequeña.
...el miedo le dom¡na.
No puedo.
Dice que no, que es demasiado pequeña...
Que no puede hacerlo.
As¡ que...
Es ella quien lo hace.
Con los ojos cerrados
le desnuda.
Botón a botón.
Manga a manga.
La piel.
La piel.
La p¡el es de una suavidad suntuosa.
El cuerpo es lampiño
s¡n más v¡rilidad
que la del sexo.
No le mira la cara.
Le toca.
Toca la suavidad del sexo, de la p¡el...
Acar¡c¡a el color dorado,
la novedad desconocida.
Aún veo aquel lugar de ¡nfortunio, naufragado.
Las paredes pintadas, la mampara de listones,
las manchas de sangre.
Lo recuerdo b¡en. La habitación
está rodeada por el clamor de la ciudad.
Es arrastrada por el fluir de la ciudad.
Mi cuerpo yacía en ese ruido,
en ese ¡r y venir del exterior, expuesto.
El mar,
pensé.
La ¡nmensidad.
¿En qué piensas?
Están muertas.
¿Te ha dolido?
No.
¿Estás triste?
Creo que sí. Un poco.
No lo sé.
Es porque hemos hecho el amor de día.
Cuando hace más calor.
No, soy yo.
Siempre estoy algo triste.
Como mi madre.
Dije a mi madre que quería escribir.
Me dijo que era una idea infantil.
Quiere que estudie matemáticas, que gane dinero.
¿Qué quieres escribir?
Libros, novelas...
Sobre mi hermano mayor,
para matarle, para verle sufrir.
Sobre el pequeño, para salvarle.
Y sobre la tristeza de mi madre,
la falta de dinero, la vergüenza.
Sé de las tragedias que ha vivido tu madre.
¿Cómo lo sabes?
Por los criados. Por mi chófer.
Por los criados se sabe todo.
Sé también de tu hermano mayor.
Le conocí en los fumaderos de opio.
Fuma mucho.
Demasiado.
Los blancos no saben fumar.
Es un animal. Me asusta.
Roba a mi madre para fumar...
Roba a los criados.
Mi madre no dice nada. Es su preferido.
Desde que murió mi padre no hay dinero.
Mi madre lo perdió todo.
Siempre eligió mal.
¿Cómo vivís?
Como podemos.
No tenemos vergüenza.
Hacemos lo que podemos.
¿Has venido porque tengo dinero?
No lo sé.
Vine porque me gustas.
¿Te gustaría si fuese pobre?
Me gustas así, con tu dinero.
Quiero llevarte lejos.
lrme contigo.
Aún no puedo irme sin mi madre.
No puedo dejar a mi madre ni a mi hermano.
Le pedí que lo h¡c¡era una y otra vez.
Que me lo hiciera.
Yél lo hizo.
Lo h¡zo en la untuosidad de la sangre.
Pensé: está acostumbrado.
Es lo que hace, es amor, nada más.
Tengo mucha suerte.
Para él, es como una profes¡ón.
Está sobre m¡, se sumerge otra vez.
Permanecemos así clavados, gimiendo
en el calor de la ciudad.
¿Sabes?
Siempre recordarás esta tarde.
Aunque hayas olvidado mi cara, mi nombre.
¿Recordaré esta habitación?
Mírala bien.
Es como todas.
Eso es. Como siempre.
No sé cómo encontré
fuerzas para enfrentarme
con esta calma a lo prohib¡do.
Cómo conseguí llegar hasta el f¡n de la ¡dea.
¿Cómo pude conseguirtanto placer de este desconocido?
Mi madre
me matará si lo descubre.
¡Mi hermano, te mataría!
¡lmagínate! ¡Con un chino!
Desde pequeña,
mi madre me ha dicho
que aquí, si no eres virgen, no te casas.
¿Es verdad?
Sí, tu madre tiene razón. Sería imposible después...
de tal deshonra. Por ejemplo...
Si quisiera casarme contigo, no nos lo permitirían.
No podemos tolerar la idea.
Soy chino. Discúlpame.
Después de lo que hemos hecho,
casarnos sería imposible.
Bueno. Más vale así.
No me gustan mucho los chinos.
¿Puedo ir a tu cama?
No, ahora no.
Te lo contaré mañana.
¿Qué pasa?
Espera.
Espera.
En Du Bellay, el erudito
se opone a la sinceridad de Ronsard.
Es el poeta de la tristeza,
de la tierna melancolía.
Describe con emoción
la brevedad de los goces terrenales y nos invita
a disfrutar antes de morir.
Es el más ardiente de la Pléyade.
No seas tímida. Es un trabajo excelente.
Ella es la única heredera, y yo el único heredero.
Se fijó la fecha hace años, por eso he vuelto.
¿La quieres?
No.
No la conozco.
En China las bodas las acuerdan las familias.
Sabemos que un futuro común es ¡mpensable.
Por eso hablamos del porvenir de forma casual,
indiferente, distanciada.
Las dos familias se unen para ocultar su riqueza.
Hasta tal punto es lo habitual en China
que no imaginamos otra manera.
Nunca ha trabajado.
Si fuera pobre sería terrible. No podría trabajar.
Es el opio, que quita la fuerza.
Es el dinero el que quita la fuerza.
No hace nada. Nada. Sólo el amor.
Tiene gracia, porque es así como le deseo.
¿Me sigues queriendo?
Somos amantes.
Cada día volvemos a su habitación.
No dejamos de hacer el amor.
Ocurre cada tarde en el barrio de mala nota de Cholon.
Cada tarde la pequeña viene a recibir
el placer que hace gr¡tar de este hombre oscuro
de Cholon,
de Ch¡na.
La L con la A, LA.
La C can la l, Cl.
Sentaos, por favor.
La L con la E, LE.
Hola, mamá.
Hola, Paul.
De vez en cuando vuelvo a la casa de Sadec, al horror
de la casa de Sadec.
Es un lugar insoportable, cercano a la muerte...
Un lugar de v¡olencia, de dolor, de deshonor.
¡Estás mintiendo!
Te prohíbo dar portazos, ¿me oyes?
¿Quién te ha traído?
Un amigo que vive en Vinh Long y se ofreció a traerme.
Un amigo. Eso es todo.
¿Quién es?
No le conoces.
Acaba de volver de París.
Es un amigo.
Rico. No todos tienen la suerte de ser pobres.
¿ Y esto? ¿Qué es esto?
-Un papel azul. -Un telegrama del pensionado.
¿Dónde dormiste el martes y el miércoles?
¿Que dónde dormí?
En el pensionado no funcionaban los ventiladores.
Dormí con mi amigo. ¿Eso querías oír?
¡Pégale, mamá!
¡Que aprenda!
Es en esta familia,
en su incre¡ble aridez,
donde me siento más segura de mí,
en lo más hondo de mis certezas esenciales.
Llevo en mi carne
nuestra común h¡storia
de amor y de odio.
¡Parece una puta!
¡Deja de disparar!
S¡go en esta fam¡lia.
En ella vivo, aparte de otros lugares.
¡El vestido era tuyo! ¡Y los zapatos me los compraste tú!
¡Estaban rebajados, Rue Catinat!
¿Lo haces a propósito?
¿ Ves cómo estoy? ¡Y parece que te alegras!
Si no te fías, sácame del pensionado.
Yo no pedí pasar todo el año sola en Saigón.
La madre es fel¡z a veces.
El tiempo del olvido.
El que lleva fregar la casa puede hacerla feliz.
Toca el piano. Canta. Ríe.
Ytodos creen que se puede
ser feliz en esta casa desfigurada,
convertida de pronto en un pantano,
en un vado, en una playa.
Mis respetos.
Mi madre.
Mi hermano Pierre.
Mi hermano Paul.
Los sábados hay mucha gente.
¿ Un aperitivo?
Sí, 3 Martel Perriers y vino de arroz.
Dejamos China cuando Sun Yat Sen instauró la república.
Mi padre vendió sus tierras a los japoneses,
que ya dominaban Manchuria.
Las casas, las joyas, todo,
para ir hacia el sur.
Mi madre cayó en la carretera.
No podía seguir. Ydijo...
La madre y los hermanos no deben saber nada.
Se da por supuesto que le tengo a mis pies.
Que le veo por dinero, que no le amo.
Porque es chino, porque no es blanco.
Mis hermanos devoran y no le hablan.
Yo tampoco le hablo.
Ante m¡ familia, deja de ser mi amante.
No deja de ex¡stir, pero no es nada m¡o.
Se conv¡erte
en un escándalo, un motivo de vergüenza
que ha de ser ocultado.
¿A qué esperamos?
Quiero ir a La Cascade.
Queremos ir a La Cascade.
¿Le da risa que baile con su hermana?
Hacéis tan mala pareja...
No le hagas caso. Está bebido.
¿No puedo reírme, o qué?
¿Quieres pelea?
Cuidado, amiguito.
Harían falta 2 como tú.
No.
¡Querrá decir 4!
¡No sabe lo débil que soy!
Deberíamos irnos.
Perdónele. Perdónenos.
No he sabido educarles.
Y ahora lo estoy pagando.
Yo soy la más perjudicada.
¿Qué vale lo que hemos hecho?
En un burdel, ¿cuánto costaría?
¿Cuánto necesitas?
Mi madre necesita 500 piastras.
Tengo tu dinero.
Toma.
¿El despacho...?
Está ahí.
Hay que dejarla libre por las tardes.
No decirle cuándo ha de volver.
Ni obligarla a ir de excursión con las otras.
Siempre ha sido libre.
Si no, escaparía.
Ni siquiera yo puedo hacer nada.
Siempre ha sido muy buena estudiante.
La directora aceptó porque
la reputación del pens¡onado
exige que haya en él algunas blancas.
Me dejó vivir allí como en un hotel.
En el lnstituto sólo me habla mi profesor de francés.
Yes por ti.
¡lmaginaciones!
No. Algunas familias se han quejado.
Dicen que soy ''una puta
que se deja acariciar el cuerpo por un chino''.
¡Qué más da!
Es cierto. ¡Qué más da!
Algún día volverás a Francia.
No soporto la idea.
¿Cuándo volverás a Francia?
Cuando acabe el curso. Pero no es seguro.
Mi madre está teniendo dificultades.
Este brillante fue de mi madre.
Tómalo.
Tu padre está esperando.
Maestro.
Papá.
He venido a hablar contigo.
Ya lo sabes, conozco a una chica francesa.
La verdad es que nos vemos a menudo.
No puedo separarme de ella.
Realmente la amo.
Déjame un año.
Te pido permiso para casarnos. Sólo un año.
Después de un año, hablaremos.
¿Es posible, papá?
Me es imposible darte permiso.
Tu boda está preparada desde hace años.
Tengo un acuerdo con la familia de la novia.
Es un compromiso que nadie puede romper.
Papá.
Ni hablar.
Le digo que es demasiado nuevo, demasiado fuerte.
Le digo que es horrible apartarte de mí.
Le digo que él, mi padre,
debería saber lo que es
un amor así
tan fuerte que no vuelve a darse en la vida. Nunca.
Quiere que me case con esa muchacha que no conozco.
No tiene piedad de mí.
No tiene piedad de nadie.
¿Tú quieres casarte con ella?
No se trata de si quiero o no.
Necesito el dinero de mi padre.
Me dijo:
''Prefiero verte muerto que con esa blanca''.
Tiene razón... porque voy a irme.
Y porque no te quiero.
Fue aquí.
Mi madre quiso hacer una presa para proteger
sus tierras.
Quería ser rica, por nosotros.
Gastó los ahorros que dejó mi padre.
La gente le mintió.
Le vendieron tierras pantanosas.
El agua salada las inundó. Perdió todo.
Tardó años en admitir que podían robarle
y luego rechazarla, marginarla.
Gritaba, le daban ataques.
Empezaron a decir que estaba loca, a no creerla,
a decir que mentía.
No vimos a ningún blanco en años.
Se avergonzaban de nosotros.
Renunció a todo. Dio los campos de arroz a los criados
junto con la casa y los muebles.
Solía sentarme aquí con ella y mi hermano pequeño.
Mirábamos el cielo de Siam tras las montañas.
¿Tienes frío?
Un poco.
Aquella tarde lo supe.
Supe sólo eso.
Qué mas tarde escribiría la v¡da de m¡ madre.
Cómo la mataron los agentes del reg¡stro.
Cómo le robaron los func¡onarios.
Escribir...
Es lo que veo más allá del momento
en este desierto
bajo cuyos rasgos
veo la extensión de mi vida.
¿Es guapa?
Es rica.
La familia la eligió también por eso.
Está cubierta de oro,
jade y diamantes.
¿Te has acostado con alguna otra blanca?
Sí. En París, claro.
Aquí no.
¿Por qué?
Aquí
si no es con una prostituta
es imposible acostarse con una blanca.
Totalmente imposible.
Quiero que lo digas una vez.
Has venido para que te dé dinero.
He venido para que me des dinero.
Repite:
Sólo he pensado en el dinero
desde que te vi en el transbordador.
Sólo he pensado en el dinero
desde que te vi en el transbordador.
Eres una puta.
Eres una puta.
No lo encuentro repugnante. Al contrario.
¿Sabes?
Antes de conocerte...
No sabía lo que era sufrir.
Quisiera...
Quisiera hacerte mía.
Pero no tengo fuerzas.
No tengo ninguna fuerza.
Estoy muerto.
Ya no te deseo.
Mi cuerpo ya no desea a la que no ama.
¿Sabes lo que vale eso?
¿ Y dices que te lo dio por tu cara bonita?
¿Por qué te lo ha dado?
¿Por qué? ¡Porque es rico!
¡Tu hija es una puta!
¡Vendedlo! ¡Qué me importa!
¡Te has acostado con él! ¡Mírala!
¡Es una deshonra!
-¿Qué? -¡Tienes que hacer algo, mamá!
¿Qué dices? ¿ Yo? ¿Con un chino?
No ha habido nada.
Ni un beso.
Huele a chino.
Has dormido con él.
¡Dilo!
¡Dilo!
¡Dilo!
¡Vas a decirlo, zorra!
¡Te has acostado con él!
¡Basta! ¡Vas a matarla!
Creí que mi niña no volvería.
Tomé un rickshaw.
¿Has fumado mucho?
No hago otra cosa.
Ya no siento deseo.
Ya no siento amor.
Es como si nunca te hubiera conocido.
Como si ya te hubieras ido.
¿Cuándo te casas?
El viernes.
Y tú te vas en el Alexandre Dumas
el día 12.
Mírame.
Voy a morir de amor por ti.
Después de tu boda, nos veremos una vez aquí.
¿Recuerdas? Me lo prometiste.
¿ Vendes también la mesa?
Sí.
Dejo todo.
¡Se acabó!
Sólo echaré de menos las camas.
En Francia son demasiado blandas.
¿ Y ese sombrero...?
¡Mamá, lo llevo hace meses!
¿Te lo compré yo?
¡Quién si no!
A veces compras todo lo que queremos.
No me acordaba.
¿Sabes? Yo no era como tú.
No me resultaba fácil estudiar.
Y yo...
Era muy seria.
Lo fui demasiado tiempo.
Así fue como perdí el gusto al placer.
Ha hecho una cosa que me ha gustado.
¿Quién?
Tu amigo chino.
Pagó las deudas de tu hermano.
Y ha pagado el viaje.
Lo ha hecho muy discretamente.
Le juzgué mal. Lo siento.
¿ Vas con él por dinero?
Sí.
Cuando el barco ya hab¡a dicho su adiós,
cuando ya hab¡an levantado la pasarela
y los remolcadores habían empezado
a apartarlo de tierra,
ella lloró.
Lo hizo ocultando sus lágrimas.
Sin demostrar a su madre o a su hermano
que estaba triste.
Sin demostrar nada, como era normal entre ellos.
Él estaba allí.
Estaba allá atrás.
Esa figura apenas visible,
inmóvil, anonadada.
Ella estaba apoyada en la barandilla como la primera vez.
Sabía que él la miraba.
Yella miraba también.
Ya no le veía, pero seguía mirando hac¡a la forma negra del coche.
Al fin dejó de verla.
El puerto se borró y también la tierra.
Una noche, durante la traves¡a del Índico,
en el salón principal
estalló un vals de Chopin.
No corr¡a ni un soplo de viento.
La mús¡ca se hab¡a extendido por el barco
como un mandato del Cielo,
como una orden de Dios de significado inescrutable.
Ella lloró al pensar en el hombre de Cholon...
en su amante.
De pronto no supo si no le habria querido
con un amor que
no había visto porque se hab¡a perdido
como el agua en la arena y lo descubría ahora,
con la música arrojada a través del mar.
Años después de la guerra, las bodas, los hijos,
los d¡vorcios, los libros...
él vino a París.
Telefoneó.
Estaba intimidado. Le temblaba la voz.
En ese temblor ella halló el acento de China.
Él sabía que ella escribía.
Había sabido de la muerte del hermano menor
y lo había sent¡do.
Luego no supo qué decir.
Yal fin lo dijo.
Que todo era como antes.
Que aún la amaba.
Que nunca dejaría de amarla.
Que la amar¡a hasta su muerte.
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