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(Música intriga)
(Llaman a la puerta)
(Ventisca)
(Llaman a la puerta)
(Llaman a la puerta)
(Ventisca)
Buenas noches, señor. Buenas noches.
Qué nochecita, ¿eh? Tremenda.
Perdón, no la había visto. ¿Eso que suena es el mar?
Sí, señorita, así llevamos una semana.
Pues parece que se va a meter aquí. Habrá habitaciones, ¿no?
Uy, como si quieren el hotel entero.
En esta época del año Gijón está muerto.
Queremos tres habitaciones con baño.
¿Tres? ¿Qué hace Carlos que no entra?
Está mirando no sé qué en el escaparate de al lado.
¿Oyes, Hugo, cómo suena el mar?
Debe ser fantástico.
Me gustaría acercarme a verlo.
¿Quieres salir y decirle a ese estúpido que entre de una vez?
Ay, estos niños de ahora...
¿Es todo el equipaje, señor?
No, fuera tiene mi hijo una maleta grande.
No, no, que la entre él, que se moleste.
Ajá. Bueno, Carlos, te acepto el regalo,
pero ahora entra, que tu padre se está enfadando.
¿Cómo? Ni hablar.
Cualquiera sale ahora con el frío que hace.
Mañana lo veré. Venga, date prisa.
Firma aquí, Ivón.
La de mi hijo, que la llene él.
Va, siendo un niño... ¿Niño? Tiene 19 años.
Ah. Si le parece niño...
¿Nos puede dar juntas las habitaciones?
Sí, lo que quiera, está todo vacío.
Les daré la suite del segundo piso, que es la mejor.
¿Me permite?
¿A qué espera, a mi hijo?
Claro. ¡No faltaba más!
Vamos, que suba andando, que para eso tiene buenas piernas.
Por aquí. Pobre...
También Carlos debe de estar cansado.
Es al final del pasillo.
¿Qué, les parece bien? Sí, muy bien.
Quiero darme una ducha. ¿Hay agua caliente?
Sí, señorita, hace un rato estaba hirviendo.
Esa es su habitación.
La suya es esta, para usted y para su hijo.
¿Podemos cenar algo? Pues... Sí.
Pero tendrá que ser fiambre, fíjese la hora que es.
Pues fiambre para tres y tres botellas de cerveza.
Voy a decírselo a la camarera. Oiga, y tres cafés.
Pregunte antes a la señorita si prefiere té.
Señorita.
Señori...
¡Uy, se cuece viva!
Rico...
(IRÓNICO) Qué monada de criatura.
Podías haberte subido la maletita, angelito.
¡Maldita sea!
¿Por qué no te la habrás clavado donde yo sé?
Carlos Pascal, 19 años.
¡Esos te daba yo de cárcel!
(Música animada)
¡Qué espanto, cómo suena el mar! Buenas noches, señorita.
Lleva así toda la semana. Debe de ser fantástico.
¿Desde dónde se puede ver bien?
Desde Santa Catalina, un promontorio que hay aquí cerca.
-Pero allí no pueden subir, mujer, hace un viento horroroso.
El espectáculo debe ser impresionante.
¿Por qué no nos acercamos a verlo?
¿Querrá venir ese? ¡Claro, menudo es!
Oye, Carlos, ¿te gustaría...?
¡Para esa música, hombre! Le advierto que es muy peligroso.
Bueno, no subía aunque me diesen... -Además, está muy oscuro.
Pero solamente se ve una vez en la vida.
Como quieras. De todos modos, te vas a mojar.
¿Me pongo el impermeable? Bueno...
¡Y el paraguas! Si no te lo lleva el viento.
¡Llevaré las dos cosas! Hugo, dile que se dé prisa.
Carlos, date prisa, que ya está la cena.
¡A la orden! -Hala, vamos.
Ah, buenas noches. -Buenas noches.
-Y que aproveche.
(Truenos)
¡Socorro!
(Truenos)
¡Auxilio, auxilio!
¡Socorro!
¡Socorro!
¡Deprisa, está en el vertedero!
(LLORA) ¡Allí, allí, en el vertedero!
¡Vamos! ¡Corran, corran!
¡Al promontorio! (CON DIFICULTAD) ¡Deprisa!
(Truenos)
Vamos, cálmese.
-Pero ¿qué le ocurrió? ¿Resbaló?
-¿Qué hacían ustedes por aquí a estas horas?
Habíamos subido a ver el mar.
¿Viven ustedes aquí, en Gijón?
¡Hay que buscarle! ¡Tengo que buscarle!
¡Déjenme! ¡Vengan ustedes también, puede que esté vivo!
¡Suelten! ¡Siéntese!
Vamos.
¿Qué le ocurrió a su hijo?
Iba delante de nosotros.
Al llegar al vertedero, empezó a correr.
Entró corriendo a él.
Yo me asusté.
Lo zarandeaba el viento.
Le grité, pero Carlos fue siempre un loco.
Un loco.
Dijo algo riéndose.
De pronto,
le vi dar un salto, sentarse en la baranda.
Yo corrí hacia él.
Pero no llegué a tiempo.
Le vi caer dando vueltas.
Cayó dando vueltas y gritando.
Dando unos gritos espantosos.
(Truenos)
¿Dónde está? ¿Cómo?
¿Dónde está el padre? Ahí abajo, con los demás hombres.
¿Habló usted ya con la mujer? Todavía no.
¿Quiere que le interrogue? Sí, hágalo.
(LLORA) Por favor, señorita,
haga un esfuerzo, tómeselo, el café la reanimará.
No quiero nada.
Déjelo.
Terminaré enseguida.
No tengo más remedio que hacerle unas preguntas,
compréndalo. (SOLLOZA) Sí.
¿Qué profesión tiene su marido? ¿En qué trabaja?
No es mi marido, es mi prometido, vamos a casarnos.
Bien. ¿Qué profesión tiene? Es escritor, novelista.
¿Cree que habrán encontrado algo?
Yo debería estar allí también.
Debo estar a su lado por si encuentran...
(LLORA) Si está solo, no lo resistirá.
Serénese, por favor. ¿Y cuál es su profesión?
Me han dicho que es actriz. Sí, señor.
¿A qué vinieron? Quiero decir, ¿cuáles eran los motivos del viaje?
Pues nada fijo.
Él había terminado su novela, yo...
Yo pedí unas vacaciones en el teatro.
A Carlos le convencimos para que nos acompañara.
Queríamos recorrer todo el norte. Su prometido es viudo, claro.
No, señor, soltero.
Entonces, ¿ese hijo?
Carlos... era hijo natural.
Ajá. Llevaba los apellidos del padre.
(Pasos)
(LLORA)
(DEJA DE LLORAR)
¡Uh, estoy helada!
Bueno, ya se acabó todo.
Ese imbécil policía me estaba hartando ya.
No volvería a repetir esto por todo el oro del mundo.
¡Bah! ¿Por qué no te cambias de ropa?
Debo tener fiebre.
Qué sensación más extraña esta de perder un hijo.
¡No digas tonterías!
¿Por qué no te das una ducha bien caliente?
Me noto las manos llenas de sangre.
No dramatices, que ahora no te ve nadie.
¡Lo digo de verdad! El asunto está ya liquidado.
Bueno, ¿y qué me dices de mi actuación?
¿Crees que merezco estar en un teatrucho de barrio?
Me hubiese gustado ver aquí a más de una.
Tú hablas así porque no sabes lo que es un hijo.
No sabes lo que se le llega a querer.
Puedes seguir queriéndole. ¿Quién te lo impide?
19 años viviendo con él, sintiéndole a mi lado día tras día.
¿Quieres callarte de una vez? ¡No digas más estupideces!
Estás nervioso. Anda, fúmate un pitillo.
¿Por qué no vas haciendo las maletas?
Lo quieras o no,
tenemos las manos manchadas de sangre.
"Hace 15 días,
apenas me daba cuenta de que tenía un hijo
y ahora está muerto.
Las cosas empezaron a enredarse la noche aquella.
Ivón trabajaba en aquel teatro.
Hacía un papelito idiota en aquella revista estúpida,
pero ella estaba contenta.
Bueno, menos aquella noche.
Un sobre la sacó de quicio. Un simple sobre.
O quizás fuese el membrete que traía el sobre".
A escena, señorita Ivón.
Hala, Ivón, a dar la cara, chica.
Ay, qué pesados están los graciosos de la fila cero.
Oye, Magda, ¿es que tengo yo cara de idiota? Di, ¿la tengo?
Bueno, tampoco es para preocuparse.
Encontraremos trabajo en otro sitio. ¿Qué me importa eso?
Me tiene sin cuidado que disuelvan la compañía o que no.
Lo que quiero saber es si tengo cara de idiota.
Si sí o si no. Pero ¿qué demonios te pasa?
Si viene Hugo, que me espere, tengo que hablar con él.
¿Qué te ha hecho? Qué le voy a hacer, dirás.
¡Trizas! Ay...
(Barullo)
Banderilla del amor me llaman.
Hola, Manolo. La señorita Ivón lleva toda la noche
preguntando por usted. Ah, ¿sí? ¿Está ahí?
Ahora mismo acaba de salir.
¿Se ha fijado, señor Pascal? Esto finiquitó.
¿Qué ha pasado, flojeó hoy? ¿Eh? Se ha vendido todo.
Pero ha habido bronca, ¿entiende? Se tiraron los trastos la...
Y el caballo blanco. -¿El caballo?
¿Pero usaron un caballo? -Tú juega y calla, lila,
y cuida del tuyo, que te lo como. ¡Berzotas!
Suenan los clarines y mi capote ciño,
ay, mi capote de oro y grana.
Se hace un gran silencio en todo el anillo
y brota del escenario una oración.
Y el pisar el ruedo, se rasga el silencio
en el clamor de palmas y un bravo.
Y desde el tendido una mano que lanza
la nota de un sombrero cordobés.
Ay, torera, mi torera,
te hago saber tu valor.
Y un torito de bandera
te está esperando el traidor.
Abro mi capa y al toril te espero
y me lo llevo por donde yo quiero.
Y al rematar con gracia y con salero,
me gritan... ¡Olé!
Viva la gracia,
viva el salero,
no hay en el mundo como ese torero.
Con la cadera, banderillera,
ha de formarse el mundo de la plaza entera.
Banderillera, por lo que tú más quieras,
banderillera, tú vuelve a saludarme.
Porque tus ojos, banderillera...
(Aplausos)
Hola, Ivón.
Hola.
Cariño...
Pero ¿tengo cara de idiota? Dilo, ¿tengo esa cara?
(SILBA) ¡De mí tú no te ríes, fuera de aquí!
¡No quiero verte más! Pero ¿por qué?
¿Qué bicho te ha picado? Lo sé todo, ¿lo oyes? ¡Todo!
Conque eras escritor, ¿eh?
Conque vivías de la pluma.
Tú ni eres escritor ni lo has sido nunca.
Bueno, eso me dicen también los editores.
¿A qué viene ahora esta grosería? Qué ingeniosísimo eres.
Sabes de sobra a lo que me refiero.
¡Ni eres escritor ni esperas que te publiquen nada
para casarte conmigo! ¡Y es mentira que no tengas dinero!
A ti te ha sentado mal la cena, ¿no? Farsante.
¿Vas a negar que eres millonario? ¡Millonario, sí!
Eres millonario y te has estado riendo de mí.
Vamos, Ivón, no seas tonta, te juro como que me llamo Hugo...
¡Tú no te llamas Hugo! ¿Qué dices?
Que te llamas Carlos.
Carlos Pascal.
¿Cómo lo sabes?
No sabía que tuvieses relaciones con los bancos.
3 226 000 pesetas. ¿Cómo tienes tú esto?
3 226 000 pesetas... Lo dice ahí.
Y llevas un año diciéndome que cuando te publiquen...
Te lo dio el portero, ¿no? Sí...
Te he dicho mil veces que no vayas por mi casa.
Tenía que ir, estaba desesperada.
Sabes que disuelven la compañía el sábado y...
que yo no tengo donde caerme muerta.
No te importa eso.
Ojalá fuese millonario. Lo eres, cínico.
Vivo solo de la pluma.
¿Pero todavía te atreves...?
Y me llamo Hugo. Te llamas Carlos.
Carlos... es mi hijo.
¿Estás casado?
No.
Fue...
Fue una aventura, ¿comprendes?
Tuvimos un hijo.
Ella no quiso hacerse cargo del niño y a mí, bueno,
me faltó valor para dejarlo por ahí.
¿Quién es ella?
¿Vas a tener celos?
Ocurrió hace 19 años.
19 años...
Y no he vuelto a verla. Ahora ni la reconocería.
¿Te das cuenta por qué no te lo había dicho?
Mi hijo tiene casi tus años.
Debí decírtelo desde el primer día, pero no me atreví.
Bueno, esto se terminó, ¿no?
Por mí, no.
A mí lo único que me importa es ser tu mujer.
¿De veras?
Es un ángel y te quiero más que a nada.
Pegas fuerte, pero eres un ángel. (RÍE)
Ya verás qué pronto nos casamos. Oye...
¿Por qué tiene tu hijo esos millones?
Se los dio tía Ángela.
Al saber que iba a tener un hijo, le puso ese dinero en el banco.
A mí, en cambio, me desheredó. ¿Por qué?
Por tener el hijo. Me echó de su casa.
Siempre ha tenido muy mala opinión de mí.
Es de las que tampoco creen que yo sea un escritor.
En eso coincidís. Calla.
Oye, ¿sabe tu hijo que yo soy tu novia?
Creo que sí, nunca hablamos.
¿Por qué? A lo mejor, como es millonario,
no le gusta que yo trabaje aquí. (RÍE) Qué tontería.
¿Quieres conocerlo? ¿Tú crees que debo?
¿Por qué no? Estoy seguro que se alegrará mucho.
No creas que es tonto,
él piensa de las mujeres lo mismo que yo.
¿Y tú qué piensas?
(SILBA)
(Campanadas)
Mira que vivir aquí teniendo 3 226 000 pesetas.
¿Cuándo murió tu tía Ángela?
Si vive en el campo en un castillo estupendo.
¿Sabes qué haría si tuviese dinero? Viviría en la Castellana.
Ahí piensa vivir él, quiere comprarse un piso.
¡Dios mío, qué suerte! ¿Un piso muy grande?
Dice que quiere una casa para perderse por las habitaciones,
fíjate qué tontería. ¿Tontería?
Yo esta casa la encuentro simpática...
Me parece castiza, de un Madrid romántico.
Para mí, todo este ambiente tiene un encanto.
Un encanto...
Carlos.
Carlos, ¿estás ahí?
Vaya, pues no está. ¡Carlos!
Ha debido salir a buscar algo, ha dejado esto encendido.
Tal vez piense volver enseguida. ¿Ves? Este es su cuarto.
Aquí se pasa la vida estudiando. ¿Estudiando?
Está terminando el tercer año de... Vaya, me ha dejado una nota.
"Papá, he ido a estudiar a casa de Fernando.
Volveré tarde, no me esperes".
(RÍE) "Hasta mañana, mi coronel". ¿Coronel?
Me llama así desde que vio no sé qué película de la India.
¿Qué carrera dices que estudia? Arquitectura.
Bueno, ¿qué hacemos? ¿Nos vamos o quieres un poco de café?
¿Estudia teniendo millones? Es formidable.
Todo él es formidable: simpático, buen chico, inteligentísimo.
¿No tienes ninguna foto de él? ¿Tan feo es?
¿Feo? (RÍE) Estás loca.
¿Sabes cuánto mide? 1,85 m, un Tarzán,
y de cara... (SILBA)
Caray con el niño, es el completo.
(Música intriga)
Lo tomamos la salita, ¿no? Sí, como quieras.
Es que aquí no me gusta entrar, él tiene sus cosas
y no quiero enterarme. Me gusta dejarle en libertad.
Cierra la puerta. Sí.
Enciende la luz.
Hoy estoy muy contento, ¿sabes, Ivón?
Estuve esta tarde con un editor, le dejé la novela.
Quedó en contestarme mañana, a ver si esta vez tengo más suerte.
Toma.
¿Y qué te parece mi casa?
¿Verdad que no es tan fea como dice Carlos?
El día que se case y se vaya al piso de la Castellana,
tú y yo nos mudamos aquí.
¿Pero tiene novia? Me figuro que sí.
Voy a traer más café.
Nunca me meto en sus cosas, ¿sabes? Alguna lagarta, ¿eh?
Pues será una chica como otra cualquiera.
Imagina, millonario y guapo...
¿Y por eso va a ser una lagarta?
Pues algo tendrá la chica, porque Carlos no es ningún tonto.
El caso es que está enamoradísimo. ¿Tú la conoces?
No.
Entonces, ¿cómo lo sabes? Pues... lo deduzco.
¿Te la lleno?
Un día le sorprendí ahí, en su cuarto, besando una foto
y menudos besos.
(Música)
¿Sabes quién llegaba al teatro cuando yo salía?
El caballo blanco. Con un coche hasta ahí de largo.
¿Qué te apuestas que hace las paces con la larga
y ya no hay cierre el sábado?
¿Qué te pasa? ¿Os habéis vuelto a pelear?
Oye, ¿tú que pensarías si vieras a un hombre besando una foto tuya?
Que ya está en el bote. ¿Y qué harías?
Me desmayo.
¿Y si además es joven y guapo y arquitecto?
Por favor, no sigas.
¿Cómo sabes que era una foto tuya? Y además, piensa casarse.
Por favor, Ivón, que padezco del corazón.
¿Qué foto era? No... Es un ejemplo.
La foto era mía.
Demonio con el ejemplo. Está enamorado de mí.
Bueno, pues que le den dos duros. No los necesita, tiene muchos.
Ah, ¿sí? Tres millones de pesetas.
Pues qué bien. ¿Cuánto has dicho?
Tres millones de pesetas.
¿Sabes que he entendido tres millones de pesetas?
He dicho tres millones de pesetas.
¿Lo ves? He vuelto a oír tres millones.
Tres, tres, mujer.
Ya, ya, si lo de "tres, tres" lo entiendo,
pero es que luego oigo millones. Pues millones.
Idiota, más que idiota. ¡Ah!
Sí, sí, idiota... Con tres millones, cualquiera es idiota.
Va a comprarse un piso en la Castellana grandísimo
y con agua corriente.
¿Tú te imaginas lo que es eso? No.
¿Para él solo? Para él solo o para él y para mí.
Pero ¿y Hugo? ¿Se conocen? Sí.
Bueno, ¿y qué? No creo que lo vayas a dudar.
No creo que seas tan tonta.
Tonta, estúpida.
¿Pero será posible?
Es que hay una cosa que todavía no te he explicado.
Es que ese chico es...
Bueno, mira, otro día te lo contaré, que hoy tengo mucho sueño.
¡Ay! ¿No sabes si tiene algún hermano?
Oye...
¿Qué pasaría si yo me presentase un día en el teatro con mi automóvil
y con un abrigo de pieles fantástico echado por los hombros?
Siempre he soñado con eso, ¿sabes?
Con tener un abrigo de visón y llevarlo por los hombros.
(Claxon)
¿Está el señor Muro? Sí, en su despacho.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
Buenos días.
¿Qué tal?
(CARRASPEA)
Bueno, ya he leído esto.
Me ha ocurrido con su novela una cosa curiosa.
Me ha interesado enormemente, es apasionante,
de lo mejor que he leído en mi vida,
pero en las últimas 30 páginas me he quedado sorprendido.
Son absurdas.
Es un final sin pies ni cabeza, sin lógica.
Pero ¿qué demonios le ha pasado a usted?
No soy yo quien hace el final, sino los personajes.
Exacto, los personajes mandan.
Luego los que son falsos son los personajes.
No ha hecho usted hombres y mujeres, ha hecho muñecos,
por eso la historia es inverosímil.
Yo creo que son humanos.
Viven rectamente durante un tiempo, luego se cansan.
Todos nos cansamos de vivir rectamente.
Algunos lo manifiestan, otros lo piensan.
Todos llevamos dentro un rebelde y mis personajes se rebelan,
luego son humanos.
Los muñecos no se rebelan nunca.
A mí, como editor, me interesan los relatos reales,
son los que dan dinero, la gente no quiere fantasías.
Ocurre igual que en el cine, neorrealismo, o sea, la vida misma.
¿La vida misma? ¿Se refiere usted a exhibir
lo podrido de las ciudades y de los hombres?
En esas películas solo he visto callejas y ropa tenida
y niños llenos de mocos. Eso, eso, lo humano.
¡Lo humano es la fantasía! ¡Lo otro, rascarse, comer, dormir
y moverse entre estiércol, lo hacen también los animales!
Las vacas, por ejemplo.
(Portazo)
¿Quieres dejar ya de admirarte?
Oye, ¿qué tal me encuentras en esta foto?
Brutal.
Alérgica. ¿Crees que a él le gustará?
¿Pero es que se la vas a mandar?
Claro, Ivón, manádsela y con una dedicatoria.
Con una dedicatoria insinuante, con una indirecta.
Como por ejemplo...
"Estoy loca por usted". ¿Cómo voy a decir eso, mujer?
Tiene que ser algo fino. Como por ejemplo...
"A Carlos, con afecto".
Con muchísimo afecto. (RÍEN)
Oye, ¿sabes otra cosa que haría yo? ¿Mm?
Mandarle un palco para esta noche. Para esta tarde,
que por la noche viene Hugo. Tienes razón.
Voy a pedir la contaduría. Además, escribe la nota.
Dile que venga a buscarte cuando termine la función.
Al ensayo, señorita, ya está ahí el maestro.
Voy.
(Música)
Dos, tres. ¡Atrás!
Dos, tres, cuatro.
Uno, dos, tres, cuatro.
Aquí estoy, la ballenera soy,
voy a pescar porque mi amor está en el mar.
-En el mar que al fin voy a surcar y mi corazón...
(Para la música)
(RECUERDA) "Siempre he soñado con eso, ¿sabes?
Contener un abrigo de visón y llevarlo por los hombros".
¿Qué le pasa, señorita?
Un momento, un momento, enseguida vuelvo.
(Música)
Aquí está el palco. ¿Pero todavía estás escribiendo?
¿Qué es, la nota?
Sí, no me molestaré si me hace una visita en mi camerino.
(Música)
Ya está usted sujeto con mi red,
de las de amar, de las que no podrá escapar.
Escapar, no lo podrá lograr,
porque seré muy cariñosa con usted.
Venga aquí, fíjese bien en mí,
y dígame si le dolió que le pesé.
Ponga usted cuidado, ay, que allá voy,
y yo no lo pido con mala intención...
¡Ay, que hacía pom, pom, pom!
Con fatal habilidad.
Le arrebato el corazón, pom, pom,
al que no quiero pescar.
¡Ay, que hacía pom, pom, pom!
Con fatal habilidad.
Le arrebato el corazón, pom, pom,
al que no quiero pescar.
(Aplausos)
Oye, lárgate y espérame en el bar. ¿Así, Ivón?
Aquí no puedes estar, va a venir. Saco la ropa y me visto donde sea,
pero así, ¿dónde voy a ir? ¿Tú qué te has creído que soy?
Suerte. Gracias.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
¿Qué hay? Estuve esta mañana con el editor.
¿Cómo vienes a estas horas? ¿A qué hora?
A estas, a la función de la tarde. Sí, estaba fastidiado,
pasaba por aquí. Además, quiero decirte una cosa que he pensado.
Quiero irme a Barcelona, probar con los editores de allí.
¿Pero qué te pasa? ¿No te gusta que haya venido?
Sí, sí, figúrate. ¿Qué te parece mi idea?
Pues muy bien. Me voy a ir esta noche.
Oye, Hugo, ¿por qué no me esperas en el bar mientras me visto?
¿Pero no tienes el biombo? ¿Sabes qué defecto
le ha puesto el editor a mi novela? Hugo, por favor.
Que no es humana, no es realista, lo de todos, idiotas.
¿Por qué no sales de una vez, Hugo? Tengo demasiada imaginación, Ivón.
¡No abras, no entre! Que mañana no hay ensayo,
señorita Ivón. Ah, bueno, bueno.
¿Qué me decías de la imaginación? Pues eso, que por lo visto,
la fantasía es un defecto hoy día en los escritores.
Espérame en el bar, por favor, Hugo.
No te interesan mis problemas, ¿eh? Sí, pero no los entiendo,
resuélvelos tú, ¿no tienes tanta imaginación?
¿También tú? Lo que pasa es que te estás cansando de mí.
¿Pero no ves que estoy trabajando para los dos, para que podamos
casarnos y dejes esta pocilga? Suéltame, que me haces daño.
El camerino de la señorita Ivón. -Es esta puerta.
Me marcho para Barcelona, hablar contigo es perder el tiempo.
Espera, no te vayas en este momento.
Espera... ¿Pero no estás oyendo?
(Llaman a la puerta)
¿La señorita Ivón?
¿Qué dice?
¿La señorita Ivón? Sí, yo soy.
Tome esto de Flores La Camelia.
Vaya ramo, qué bárbaro.
Gracias, muchas gracias.
¿Quién te lo manda? Perdón, se me olvidaba.
¡Dámelo! A ver quién es tu galante admirador.
Dámelo. Déjame abrirlo, mujer.
¡Dame eso ahora mismo, es mío!
¿Pero qué demonios tienes tú esta tarde?
¿Por qué no quieres que lo lea? ¿Crees que me importa
que haya estúpidos que gasten su dinero en flores?
(Llaman a la puerta)
Se me olvidaba decirte que las flores te las he enviado yo.
Estaba deprimido por la negativa del editor,
y pensé que te ayudarían a soportar la noticia.
Ah, la tarjeta dice: "Siempre te quiero, Hugo".
¿Pero cómo es que ha venido Hugo?
Ah, se conoce que el otro lo vio entrar aquí,
y se dio el Zuri. Debes llamarle.
Sabes su número de teléfono, ¿verdad? Ponle una disculpa,
dile que Hugo es un pariente tuyo. Pero si Hugo es su padre, mujer.
¡Su padre! Sí, su padre.
Buenas noches, señor Pascal. Vino un señor preguntando por usted
estuvo tres veces, dijo que era muy urgente.
¿Le dijo quién era? Dejó su tarjeta.
Que fuera usted a verle o que lo llamase.
Está bien, gracias, Gregorio. De nada, señor Pascal, a mandar.
(Teléfono)
Dígame. "Oiga, ¿es usted Carlos?".
No, yo no soy ella, soy una amiga, su íntima amiga.
Ella está aquí a mi lado, ahora mismo se pone.
Me está haciendo señas para que la deje el teléfono.
Enseguida se pone. Que no quiero, cuelga ahora mismo.
Venga, que está esperando. Dile que os podéis ver en algún sitio.
Que no quiero, mujer. ¿Pero eres tonta, chica?
Ahora mismo se pone. Ya está aquí, adiós, Carlos.
Encantada de saludarle. Ya está bien.
Discúlpeme, por favor, ya me hago cargo.
A mí también me extrañó ver a su padre a estas horas.
Discúlpeme, por favor, ya me hago cargo.
A mí también me extrañó ver a su padre a estas horas.
Vino a decirme que se va a Barcelona esta noche.
(SUSURRA) Y por eso me atreví a telefonearle.
Y por eso me atreví a telefonearle. Sé que está en la estación.
Esperaba usted que yo le llamase, ¿verdad?
Por favor, Carlos, no me juzgue mal, yo no puedo traicionar a su padre
pero tampoco me puedo traicionar a mí misma.
Creo que es también lo que le ocurre a usted, ¿no?
(SUSURRA) Una no se da cuenta de lo que es el amor
hasta que de pronto, llega.
Una no se da cuenta de lo que es el amor
hasta que de pronto, llega.
Mire, me gustaría que hablásemos.
Le espero esta noche al acabar la función.
¿Qué te ha dicho? Ni palabra,
debe estar más nervioso que un flan.
(Música dramática)
(RECUERDA) "Una no se da cuenta de lo que es el amor,
hasta que de pronto, llega".
(Llaman a la puerta)
(RECUERDA) "Una no se da cuenta de lo que es el amor,
hasta que de pronto, llega".
(SUSURRA) ¿Pero no estás oyendo? Abre.
Espera.
(Llaman a la puerta)
Perdón, no quiero molestarle, pero tengo que acabar el informe.
Es solo un momento. (SOLLOZA)
¿Cómo iba vestido su hijo?
Pues llevaba un impermeable,
y debajo un traje gris, creo, no me acuerdo.
¿Está seguro de que ha sido un accidente?
Quiero decir si no había nada extraño en el muchacho,
algún disgusto íntimo que le hubiera llevado a tomar esta decisión.
¿Suicidio? No diga tonterías, por Dios.
Carlos era un muchacho completamente normal.
A veces hay problemas que los padres desconocen.
No saque las cosas de quicio, se lo ruego.
Bueno, nada más. Si hubiese algo nuevo,
se lo comunicaremos inmediatamente. Gracias.
Ah, no podrán salir hasta dentro de unos días.
¿Cómo? Una semana, quizá.
Piense que hay que realizar algunos trámites.
¿Qué yo piense? ¿Qué demonios tengo que pensar
y qué tengo que ver con su oficio? Además de lo que tengo encima
y de quedarme aquí, ¿no se da cuenta que todo esto no lo resisto ya?
Lo comprendo... Si ustedes tienen trámites
que hacer, háganlos, pero a mí, déjenme en paz.
¡Nos vamos a Madrid ahora mismo! No pueden.
Repito que no podrán marcharse hasta dentro de unos días.
¿Pero por qué te pones así?
¿Para qué quieres marcharte, si estamos aquí fenomenalmente?
(Claxon)
Señor comisario. ¿Qué hay?
Le llaman de Madrid con urgencia. ¿De la dirección general?
No lo sé, solo me han dicho que es urgente.
Bien, vamos.
Han llamado tres veces, don Jesús, parece que está muy enfadado.
¿Pero no es la dirección general? No, señor, es un abogado de Madrid.
¿Diga? Aquí el comisario, dígame. ¿Quiere decirme en qué hotel
está el señor Pascal, don Hugo Pascal? Y por favor,
¿qué ha pasado, qué saben ustedes de ese terrible accidente?
El periódico es muy escueto. No hay nada más que lo que ha leído.
Tratamos de rescatar el cadáver, pero es muy difícil.
Por favor, ¿quiere decirme con quién estoy hablando?
Apunte, don Salvador Castro, abogado.
¿Es usted familia? Soy el administrador de los bienes
de la difunta tía del señor Pascal. Estoy impresionado, ella murió
hace 15 días, y ahora, el muchacho. Es terrible, cuando estaba a punto
de heredar. En fin, ¿quiere decirme usted en qué hotel está?
En el Savoy, 22 01.
¿Tiene más hijos el señor Pascal? Bien, de nada, señor.
Pobre, era hijo único, y también, qué mala suerte,
ir a morir cuando tenía que heredar. Si el dinero trae mala suerte,
lo he dicho siempre. Don Jesús, ¿no cree que deberíamos
escuchar esa conferencia telefónica? ¿Por qué?
No sé, no me haga caso. Siempre que hay dinero por medio,
heredaba el hijo pero muere en circunstancias extrañas,
y el dinero naturalmente, pasa ahora al padre.
¿En circunstancias extrañas? ¿Subir a ver el mar y resbalar?
¿No le parece extraño subir a ver el mar de noche
y con la noche que hacía? No es lógico.
¿Pero en qué está pensando? Que en lugar de un resbalón,
bien pudo ser...
¿Pero en qué demonios se basa? En nada, o mejor,
en que podrían haberlo hecho si hubiesen querido,
pero ya sé que es absurdo. ¿Por heredar lo del hijo?
¿Usted cree que todos los que heredan son asesinos?
Oiga, que mi tía Jacinta está malucha
y me va a dejar un pico.
Yo que usted escuchaba esa conferencia.
Diga.
Un momento.
Te llaman de Madrid.
¿Quién es? Ah, diga, diga.
Lamento lo ocurrido, señor Pascal, no quiero preguntarle los motivos
que le impulsaron a hacer este viaje, es usted muy dueño de hacer
lo que quiera, ¿pero por qué se llevó a su hijo? ¿No sabía usted
que pasado mañana debo abrir testamento de su tía
y que su hijo tenía que estar presente?
Oiga, si cree que estoy en condiciones de escuchar estupideces,
se equivoca, vine aquí porque me dio la gana,
y me traje a mi hijo por lo mismo. ¿Llamaba usted
para alguna otra cosa? Únicamente recordarle
que pasado mañana debo abrir el testamento del cual
es usted heredero ahora, como ya se habrá dado cuenta.
De vivir su tía, no creo que le agradase ver que al final,
se había salido usted con la suya.
(Música dramática)
(Viento)
Tiene usted razón, es de alquiler.
(Llaman a la puerta)
Buenas noches, señores. Vamos, no sea bromista.
¿Están todavía levantados? -Esta gente de Madrid
se acuesta muy tarde. Están en el salón del primer piso.
-Anoche cuando llegaron era aproximadamente está ahora, ¿no?
-La misma, cojo mi turno a la 0:45.
Escuche, he leído en el periódico, dicho por usted, que le pidieron
que les acompañase allí arriba, al promontorio,
para enseñarles el camino. Sí, señor. Me dijeron:
"Venga, suba usted con nosotros". -¿Está seguro de que le dijeron eso?
-Hombre... Verá, yo he querido hacer la cosa mucho más emocionante.
¿Se lo dijeron o no? No, pero pudieron habérmelo dicho.
Yo... -Era imposible, jefe.
No querían testigos. Dice usted en el periódico
que el muchacho pareció presentir la muerte,
y que le apretó a usted la mano con lágrimas en los ojos.
Lo dije por hacerlo más emocionante, sencillamente, por hacerlo
más emocionante. ¿Pero usted es idiota?
Nada de eso, señor comisario, lo que pasa es que soy ameno.
Odio de toda la vida las historias sosas.
También será amenidad lo de la entrada en torbellino
del muchacho, que le clavó la pluma y que le...
No, no, señor, aquí tiene usted el papel atravesado.
¿Ven la señal? Entonces, monté en cólera, como suelo montar
siempre que veo a los clientes clavar las plumas en el mostrador.
¿Le clavan las plumas en el mostrador?
Y le dije al chico: Oye, muchacho... -Pero si usted no le vio.
Usted dijo que al bajar, se metía en el ascensor y subía al piso.
-Tiene usted razón. ¡Oiga, si vuelve a ser ameno
le voy a...! ¡Chis! Está bien. Él se metió
al ascensor y subió al piso. ¿A qué piso?
¿A cuál va a ser? Al piso, diablos. Al segundo.
-¿Y quién le dijo que subiese al segundo?
Si usted no se lo dijo y la camarera tampoco,
¿cómo sabía a qué piso tenía que subir?
-Pues le juro que no se lo dijo nadie.
-Es decir, que adivinó el piso. Y naturalmente, la habitación,
porque habrá más de una. -15.
Es raro, a no ser que lo oyese...
¿Con la puerta cerrada?
Hablen algo, por favor.
(Viento)
Le estaba diciendo que no estoy seguro de que...
-¿Esta puerta está igual que anoche? -Igual.
-¿También anoche le faltaba el picaporte?
-Lo quito todas las noches al entrar de guardia
y así me duermo tranquilo. Todo el que quiera entrar,
tiene que llamar. -Entonces, ¿por dónde entró
el muchacho? Si este hombre estaba arriba,
¿quién le abrió la puerta? Y si no se la abrió nadie,
¿se filtró por el cristal con la maleta?
Pudo quedar abierta, ¿no?
(Zumbido)
¿Dígame?
Sí, señor, ya está preparado, ahora se lo subo.
Es del salón, son ellos.
¡El café del señor Pascal!
Reconozco que hay algo raro aquí.
Quizá debiéramos subir y preguntárselo a ellos mismos.
Puede que tengan una explicación.
Han hecho una comedia, lo trajeron muerto
e hicieron todo lo posible porque lo creyeran vivo
y así justificar luego el accidente.
Lo que tiraron por el promontorio fue un cadáver.
Debieron matarlo en Madrid.
¿Pero dónde lo trajeron? ¿Cómo le metieron aquí?
Recuerde que la maleta es muy grande. El conserje afirma que pesaba...
La 1:30, qué barbaridad.
Y en Madrid que empezamos a vivir a estas horas...
Estará cayendo el telón ahora mismo. No se moleste, yo serviré.
Y tú, llegando al camerino a buscarme.
Tengo ganas de volver a Madrid.
(RECUERDA) "Una no se da cuenta de lo que es el amor
hasta que de pronto, llega.
Oiga, me gustaría que hablásemos.
Le espero esta noche al acabar la función.
Le espero esta noche al acabar la función.
Le espero esta noche al acabar la función".
(Bullicio)
(Música)
El señor Pascal se ha retrasado, ¿eh?
No, no está en Madrid, se ha ido esta noche a Barcelona.
¿Se queda? Adiós, señor Manolo.
Buenas noches, señorita.
(Música dramática)
(CANTAN BORRACHOS) "Y es el pasín menudín,
menudín, menudín...".
¿Pero qué haces aquí? Mirándote.
¿No te habías ido a Barcelona? ¿De dónde vienes?
Del teatro.
Nos han estado leyendo una obra, puede que no disolvamos.
¿Por qué me dijiste que te ibas a Barcelona?
Me voy mañana, no quedaban billetes en la estación.
Entonces, ¿por qué no fuiste al teatro, como siempre?
Por Carlos, se puso enfermo de pronto, repentinamente.
Dame un cigarrillo. ¿De repente? Qué raro.
¿Quieres mirar de una vez en tu bolso?
Sí, sí. Deben de quedarme uno o dos. ¿Entonces no has salido de casa?
Pobre, y yo pensando mal. ¿Pensando mal de quién?
De ti, tonto, que creí que te habías ido a Barcelona
sin despedirte de mí, porque esta tarde no te has despedido.
Oye, te quiero a pesar de todo. ¿Lo oyes? Te quiero.
No me obligues a hacer algo que no quiero hacer,
pero si te empeñas, lo haré. ¿Qué te pasa?
Quiero que nos casemos inmediatamente.
Con lo que tú ganas y con la pensión que me pasa el banco.
¿Una pensión? ¿El banco?
¿De qué crees que vivo? De los intereses del capital de mi hijo.
¿Los cobras tú?
Tengo que alimentarle y darle carrera y yo como de eso.
Una manera más de avergonzarme que discurrió tía Ángela.
Es una cantidad pequeña, ¿sabes?
Pero viviremos los tres. ¿Qué te parece?
Dentro de 15 días nos casamos. Y yo a seguir trabajando, ¿eh?
Por ahora, claro. ¿Y hasta cuándo es por ahora?
Hasta que me acepten la primera novela.
Vamos, déjame en paz. Ya no crees en mí, ¿verdad?
Ya no te importo nada, porque no puedo darte dinero.
Es lo único que te importa, millones,
aunque yo fuese un idiota,
porque todos los que tienen dinero son idiotas.
Estás mintiendo y lo sabes de sobra. Carlos...
Carlos es un imbécil. ¿Pero qué te pasa? ¿Tienes envidia?
Debería avergonzarte hablar así cuando vives a su costa.
(Música suspense)
(Timbre)
Buenos días, ¿puedo entrar? Pase. Madruga, ¿eh?
Lo que no acostumbro es a visitar a mis clientes a domicilio.
Pero, por lo visto, es la única hora de encontrarle en casa.
¿No le dijo el portero que vine tres veces?
Sí, me dio su tarjeta. ¿Por qué no me telefoneó?
Oiga, señor Castro, yo no soy su cliente, es mi tía.
Yo solo me molesto por la gente que me interesa
y usted y mi tía no me interesan.
¿Quiere decirme qué es lo que desea?
Su tía se está muriendo, quiere hablar con su hijo.
¿Se está muriendo? No sabía que estuviese enferma.
No es eso, ya sabe que su edad es muy avanzada.
¿Puedo hablar con don Carlos? Pase, pase por favor.
Pobre tía Ángela. Quiere verle.
¿A mí? Con usted no quiere nada.
Quiere ver a su hijo. ¿Está en casa?
Necesito hablarle. No, no está ahora.
Le sentí salir a clase muy temprano.
Pero ¿de veras que a mí no quiere verme?
No es posible. ¿Por qué no es posible?
En este momento, no me explico que se acuerde de nada.
Se acuerda de todo, eso es lo único que no le falla, la memoria.
¿Habló usted con ella? Sí.
¿Y habló usted de mí? ¡Dios me libre!
Es de su hijo de quien quiere despedirse,
así que le ruego se lo comunique.
Debe salir hoy mismo o no llegará a tiempo.
(Silbato tren)
(TOCA LA PUERTA)
Carlos.
Tú.
Carlos no ha podido venir, tiene mucho trabajo.
¿Cómo estás, tía Ángela? Mientes.
No has querido que viniese, nunca le has dejado venir.
Y sé por qué lo has hecho. Márchate. Vete.
No, tía, quiero que me perdones. Aquello pasó.
Vete, envíame a tu hijo. Vete, Hugo.
Por favor, tú ya no puedes acordarte ya de aquello.
Hace 19 años.
¿No lo comprendes?
Mentiría si te dijese que te perdono. Me hiciste tanto daño.
¿Recuerdas el día que te lo dije?
Acababas de decirme que no volverías a darme una peseta.
Yo estaba desesperado.
Yo no nací para trabajar como tú querías.
Yo nací solo para escribir,
para inventar historias,
para soltar toda esta fantasía que llevo dentro.
Jamás has tenido fantasía. Solo tienes vanidad.
Es cierto. Tengo vanidad y tengo fantasía.
No, de tener fantasía, no habrías tenido un hijo de manera tan vulgar.
Tan rastrera.
Tía Ángela,
mi hijo no existe.
No ha existido nunca, es un hijo de mi fantasía y de mi vanidad.
Quería demostrarte que tenía imaginación.
Tuve que inventarle para poder vivir,
para poder seguir luchando.
Estaba seguro que no le negarías a él
un dinero para mantenerse.
Y de ese dinero viviría yo.
Al regresar a Madrid, fui al juzgado y mentí a los del registro.
Allí nunca indagan. Ese fue el documento que te envié.
Al principio, lo tomé como un juego.
Era inventar un personaje y ponerlo de pie sobre el papel.
Darle un carácter y hacérselo variar según crecía.
Ponerle manías y caprichos.
Incluso en lo físico era divertido inventárselo.
Le di el color de tus ojos, tía.
Siempre me gustaron.
Eso es mentira, estás negándolo ahora para que te perdone.
No he vivido con él 19 años. Mientes.
Jamás un escritor creó un personaje tan humano.
Yo he vivido con él, lo he visto y lo he tocado.
Y lo he querido como a un hijo
y él me ha querido a mí.
(LLORA)
Perdóname, tía, creo que voy a volverme loco.
¿Pero y las cartas? ¿Y los regalos?
¿Y aquellas postales que me envió desde Roma?
Con aquellas dedicatorias tan... No es posible.
Me estás mintiendo.
Un Fin de Año me envió un regalo sin que tú lo supieras.
Lo compró en Roma el mismo amigo que te envió las postales.
¿Y aquella enfermedad que tuvo? Me pediste para medicina.
Necesité dinero para ir a Barcelona.
Como lo necesité también cuando te lo pedí para juguetes y para libros
y para las matrículas del instituto.
Nunca te pedí un céntimo más de lo que necesitaba.
Dios te castigará, Hugo. Me está castigando ya.
Mi hijo se está volviendo contra mí.
La mujer con quien pienso casarme quiere engañarme con él.
Yo no tengo un céntimo y él es millonario.
Pero estás loco, dile que no existe.
¿Y qué adelantaría diciéndole la verdad?
¿Qué adelantaría diciéndole que se ha enamorado de una sombra?
Tiene que volver a mí, pero por mí.
No porque el otro no exista, ¿comprendes?
Tengo que convencerla de que yo valgo más, muchísimo más,
de que yo soy un escritor.
Tengo que triunfar.
Juro que triunfaré.
Lucharé contra mi hijo, le venceré.
Tengo que vencerle. Hugo.
Ven aquí, no te vayas.
(Música "Cumpleaños feliz")
(Música)
Telefonéale otra vez, insiste, tonta.
En una de estas te contestará.
Estoy segura de que no coge el teléfono porque sabe que soy yo.
Debe estar esperando que vaya a su casa
Así se arreglaría todo. ¿Pidiéndoselo de rodillas?
Que te crees tú eso.
Deberías ir a su casa. Muchas gracias, rica.
Oiga, devuélvame el bocadillo, que era de chorizo.
Enseguida.
Tú haz lo que quieras, pero yo me lanzaba a fondo
aprovechando que Hugo está de viaje.
¿Tú sabes lo que le pasa a ese chico?
Que no se atreve a acercarse mientras esté su padre por medio.
Oye, deja en paz a su padre.
Prime con Hugo y verás cómo cambia la cosa.
Tiene que serle violento quitarle la novia al padre.
Pero yo con Hugo no puedo romper.
¿Pero te quieres casar con los dos? No.
Pero yo es que a Hugo le quiero, te lo juro que le quiero.
No sabría romper con él. Haces bien.
En la vida hay que seguir siempre los nobles impulsos del corazón.
¿Me das el teléfono del chico? ¿Para qué?
Para salir con él esta noche. Qué caradura tienes, Magda.
Para ti no hay nobles impulsos, ¿eh? Claro que sí que los hay.
Mi corazón me pide noblemente millones.
Oye, ¿por qué en lugar de romper con Hugo
no haces que Hugo rompa contigo? Es distinto, ¿no?
Tu conciencia no podría reprocharte nada.
Hugo no rompe conmigo. Tal vez él, con su hijo. Toma.
Ponte esta pulsera.
Señorita Ivón, señorita Ivón, señorita Ivón, al teléfono.
¿Quién es? El señor Pascal.
¿Ivón? Hola. Acabo de llegar.
Sí, murió.
Gracias.
¿Cómo? ¿Ensayando?
¿Ya no cerráis? No.
El caballo blanco se ha dejado poner la brida otra vez.
Además han metido un número nuevo, un prestidigitador.
Oye.
¿Sabes quién creí que era ahora, cuando me has llamado?
Carlitos.
Carlos, tu hijo.
Es que el otro día llamé para saber cuándo volvías y se puso él.
Es simpatiquísimo, ¿eh? Pero que muy muy simpático.
Siempre ha sido algo mujeriego.
Sí, debe ser peligroso en ese sentido.
Tendré que guardarme de él.
Bueno Hugo vendrás luego, ¿no? Entonces, adiós.
Estupendo, y esta tarde le dirás que esta pulsera es de tu madre.
¿De mi madre? Sí, verás cómo no se lo cree.
(Música suspense)
Léalos otra vez, por favor. A ver si encuentra alguna que le gusta.
No insista, no trabajo la novela fantástica.
Pero si no son fantásticas.
Tiene usted demasiada imaginación.
Y se nota que sus personajes son imaginativos.
Usted no sabe engañar al lector haciéndole creer
que sus personajes pueden existir.
El día que usted invente un personaje
y lo haga tan humano que la gente se lo crea,
ese día le abro a usted las puertas de esta casa.
(Música)
¿Ha visto cómo no se cierra? Ahora mismo acaba de pasar por aquí
-¿Que ha pasado por aquí un caballito?
-Y con pintas. -Arrea.
(Música)
Hugo, enhorabuena por el chaval.
No sabía que tuvieras un hijo tan estupendo.
Me quedé tonta, está que lo tira.
Así que estuvo aquí mi hijo. Sí, en el camerino tomando café.
(Música)
Prevenida, señorita Ivón.
(Música)
¿Eres tú? Hola, Hugo, un momento.
¿Con quién has estado tomando café? Con nadie, me los he tomado yo sola.
¿Dos dobles? Sí, tenía frío.
Ahora fumas tabaco negro. Debe ser del avisador.
Cuando nos trajo los cafés. ¿Nos trajo?
Los, los trajo. ¿Pero qué te pasa?
Vaya, pulserita nueva, ¿eh?
¿Nueva? Pues no tiene años, era de mi madre.
Así que estuvo mi hijo aquí esta tarde, ¿no?
No. ¿Que no?
Sí, mujer, y se lo presentaste a Magda.
¿Que yo le...? Te aseguro que no.
¿Pero quién te ha dicho esa tontería?
Magda, estuviste aquí tomando café.
Mentira, te juro que es mentira. ¡Pero será idiota esa chica!
Créeme, Hugo, ¿por qué te lo habría de negar?
Te habrá dicho que estuvimos solos aquí, ¿verdad?
Y a lo mejor que cerramos la puerta, ¿no?
Porque, desde luego... No tiene importancia.
Tampoco me dijo tanto, lo estás diciendo tú.
Es que me dan rabia las insinuaciones.
¿Qué ha pasado? Cuéntame. Que cayó en la trampa.
Si la hija de mi madre sabe un rato largo.
Cuidado, que ya viene.
(Música)
Me voy a Barcelona esta noche.
¿Cuánto tiempo vas a estar? Cuatro, cinco días.
(Música)
Carlos.
¿Dónde andas, muchacho? Guapo chico, simpático.
(TOCA LA PUERTA)
¿Puedo entrar?
Tengo que decirte algo, jovencito.
¿Pero cómo? ¿No estás estudiando?
¿Durmiendo a estas horas en lugar de estar con tu novia?
Te ha sentado mal la visita al camerino.
Te ha puesto enfermo verla con el pantaloncito, ¿no?
Sinvergüenza, ya sé.
Lo que tienes es una borrachera, una borrachera de catedral.
Se ha enamorado de ti como una loca,
¡pero no es de ti, imbécil, es de tus millones!
Es un buen chico, pero eso a ella le importa un rábano.
Eres un poco sucio, pero tienes millones.
Millones.
Arquitecto, y yo soy una pobre rata.
¡Una pobre rata que se está volviendo loco!
Señorita Ivón, señorita Ivón,
señorita Ivón, señorita Ivón.
¡Aquí!
De parte de un señor que iba en un taxi.
Gracias.
¿Qué ocurre? Nada, tú come y calla.
(LEE) "Guapísima Ivón.
Por fin vamos a poder vernos.
Mi padre se va esta noche a Barcelona
y yo voy con él a la estación.
Espérame en el piso, Carlos".
Formidable, ahí lo tienes, ¿lo ves?
Hala, vete ahora mismo.
Estaba segura de que respondería.
Supongo que no te olvidarás de mí, ¿verdad?
¿Tú crees que debo ir?
Ivón, ¿pero te das cuenta de lo que significa todo esto?
¿A qué te refieres?
Porque esto sí sé lo que significa.
Me refiero a 3 226 000 pesetas,
un castillo inmenso y muchos abrigos de visón.
Eres una estúpida. Venga, tenemos que hablar.
Espérame un minuto, Mau Mau. Bueno, bueno.
Mau Mau, lo llaman así en la lucha libre.
Él se llama Manolo, pero lo encuentra cursi.
Oye, Ivón, ¿ves a ese Mau Mau?
Pues eso o una bestia parecida te espera
el día que Hugo te deje, porque Hugo te deja,
Hugo no se casará contigo hasta que no sea famoso como novelista.
Y Hugo será famoso novelista cuando yo sea jefe del parque de bomberos.
Hugo se casará conmigo, Magda.
Pues si se casa contigo, te matará de hambre y de aburrimiento.
Yo con el Mau Mau aprenderé alguna llave,
¿pero y tú? ¿Qué tienes que ver con la literatura?
Escucha, tres millones, se acabó el hambre,
y que te mande la larga y el empresario.
Abrigos, coches, un piso en la Castellana.
La vida, Ivón, la vida.
Voy a ir. Claro, mujer.
Mira, Magda, tú y yo somos muy buenas amigas
mientras no hablemos de eso, y al decir eso, ya me entiendes.
¿Ves esta llave? Pues se la va a tragar, te lo juro.
Voy a ir y se la va a tragar como me llamo Ivón.
He estado pensando que lo mejor sería no ir.
Eso es lo que haría cualquier mujer educada y fina
cuando la toman el número cambiado,
pero yo no soy educada ni entiendo de finezas.
Yo soy barriobajera, Magda. Y quiero hacérsela tragar.
Hugo no tendrá una peseta, pero jamás me ha hablado así.
¿Notas la diferencia, Magda? ¿La notas?
No, tú no, ya lo sé.
Bah.
(Música suspense)
¡No!
Venías a quedarte con él, a quedarte con él.
¿Cómo no supe antes lo que tú eras? ¿Cómo he estado tan ciego?
¿Por qué te he querido tanto? ¿Por qué?
Te ha vuelto loca el maldito dinero, el maldito dinero.
¡Vete de mi casa!
¡Fuera!
(Música suspense)
(LLORA)
(Música suspense)
Hugo.
Te lo pido por Dios, escúchame.
Yo no te puedo dejarte, aunque me diesen todos los millones del mundo.
Vete de aquí.
Ha sido por el dinero, tienes razón.
Y puedes escupirme, ya ves que a él, ni siquiera le conozco.
Pero me volvió loca su dinero.
Puedes pisotearme que yo a quien quiero es a ti.
Vete, Ivón, márchate de aquí.
Yo no vine a quedarme con tu hijo.
Mientes. Te lo juro.
Venías a quedarte con él.
Te juro que no, pregúntaselo a Magda, telefonéala.
Está en el bar del teatro, llámala, que te lo diga ella.
Pero antes, Hugo, sí, hasta llegué a pensar en dejarte por su dinero.
He sido una imbécil, pero he pasado tanta hambre...
Estoy harta de luchar.
Ya sé que no tengo disculpa, pero es la pura verdad.
Tú no sabes lo que siente una mujer
cuando un hombre con millones se fija en ella.
Cuando encontré mis fotos en ese cajón.
Las guardé yo.
Y fui yo quien recibió la nota que le enviaste a aquel palco
para la función de las 19:00.
Y cuando le llamaste por teléfono aquella noche y hablaste con él,
Mi hijo soy yo, imbécil.
Carlos es una fantasía mía, jamás ha existido.
Te has enamorado del aire, estúpida.
He hecho durante 19 años lo que tú esta tarde en el camerino
con la pulsera y los cafés. Mientes.
Me dices eso para quitármelo de la cabeza.
Telefonea a Magda, hazlo.
Te juro que me da asco tu hijo. ¡Calla!
¿Crees que necesito mentirte? Carlos no existe.
Pero aquella tarde estuvo en el palco.
Mandé a un amigo. ¿Y lo del banco?
Eso es lo único cierto, en eso puedes estar tranquila.
Tus 3 226 000 pesetas existen.
En el banco están, solamente por unos días.
Esta tarde me telefoneó el abogado
para decirme que dentro de unas semanas
se abrirá el testamento de tía y mi hijo ha de estar presente.
Entonces, se descubrirá toda esta farsa
y yo acabaré en la cárcel.
Tienes que buscar una salida, inventa algo.
Busca una disculpa para que tu hijo no pueda estar presente ese día.
¿Más mentiras? Mátale.
¿No lo hiciste nacer? Piénsalo. Busca una solución.
¿No eres novelista?
(Motor)
(APORREA LA PUERTA)
Buenas noches, señor. Buenas noches.
Qué nochecita, ¿eh? Tremenda.
Perdón, no le había visto.
¿Eso que suena es el mar? Sí, señorita.
Así llevamos una semana. Pues parece que se va a meter aquí.
Habrá habitaciones, ¿no? Como si quieren el hotel entero.
En esta época del año, Gijón está muerto.
Queremos tres habitaciones con baño. ¿Tres?
¿Qué hace Carlos que no entra?
Está mirando no sé qué en el escaparate de al lado.
¿Oyes, Hugo, cómo suena el mar?
Debe de ser fantástico, me gustaría acercarme a verlo.
¿Quieres salir y decirle a ese estúpido que entre de una vez?
Estos niños de ahora... ¿Es todo el equipaje, señor?
No, fuera tiene mi hijo una maleta grande.
No, no, que la entre él, que se moleste.
Está bien, Carlos, te acepto el regalo,
pero ahora entra, que tu padre se está enfadando.
Ni hablar, cualquiera sale ahora con el frío que hace.
Mañana lo veré. Venga, date prisa.
¿Qué? ¿Les parece bien? Sí, muy bien.
Quiero darme una ducha. ¿Hay agua caliente?
Sí, señorita, hace un rato estaba hirviendo.
Esa es su habitación.
La suya es esta, para usted y para su hijo.
Tres botellas de cervezas. Voy a decírselo a la camarera.
Oiga, tres cafés.
Pregunte antes a la señorita si prefiere té.
(Viento)
Señorita, seño...
Se cuece viva.
(Música suspense)
Ya está hecho. Está bien.
Ayúdame, saca el disco.
¿Crees que reconocerán mi voz? No, todas cambian al grabarse.
¿Y yo en qué momento empiezo a hablar?
En este punto blanco. Y mójate el pelo, no te olvides.
(Música)
Qué espanto, cómo suena el mar.
Buenas noches, señorita. Lleva así toda la semana.
Debe ser fantástico. ¿Desde dónde se puede ver bien?
Desde Santa Catalina, un promontorio que hay aquí cerca.
-Pero ahí no pueden subir, mujer. Hace un viento horroroso.
El espectáculo debe ser impresionante.
¿Por qué no nos acercamos a verlo? ¿Querrá venir ese?
No, menudo es.
Oye, Carlos, ¿te gustaría...? Pero quita esa música, hombre.
Te advierto que es muy peligroso.
Bueno, yo no subía, aunque... -Aquello está muy oscuro.
Pero esto solo se ve una vez en la vida.
Como quieras, de todos modos te vas a mojar.
¿Me pongo el impermeable? Y el paraguas.
Si no, te lo lleva el viento. Llevaré las dos cosas.
Hugo, dile que se dé prisa.
Carlos, date prisa que ya está la cena.
¡A la orden, mi coronel!
(Olas)
¡A la orden, mi coronel! ¡A la orden, mi coronel!
Hugo, Hugo, ¿qué te pasa? Caray, qué susto me has dado.
¿En qué pensabas? Llevas así más de media hora.
Pensaba en lo último que le oímos decir.
¿A quién? "¡A la orden, mi coronel!"
¿Pero estás loco? ¿A qué viene eso?
Hala, tómate el café. Yo me voy a acostar, porque...
(Música)
Buenas noches.
Perdónenme si me tomé la libertad de poner eso en marcha.
Buenas noches, soy el comisario.
Créanme que lamento profundamente la desgracia.
Quisiera hacerles unas preguntas. ¿A estas horas?
Cuanto primero hagamos todas estas diligencias,
antes podrán regresar a Madrid. ¿Qué quiere preguntar?
Quisiera saber por dónde entró su hijo en este hotel.
Ustedes subieron delante con el conserje.
A su hijo no le abrió nadie la puerta de la calle.
¿Puede decirme por dónde entró?
Parece un acertijo. Si lo acierto, ¿qué me da?
Puede influir cerca del juez para que no ponga impedimento
a su libertad provisional.
¿Es una amenaza? ¿Por dónde entró su hijo?
La puerta no puede abrirse por fuera, señorita.
Se cierra sola.
Pues alguien la abriría, cualquiera sabe.
Nadie, y además subió a este segundo piso sin que nadie se lo dijese.
¿Por qué?
¿Has oído alguna vez interrogatorio más estúpido?
¿Y qué demonios sabemos? ¿Qué quiere decir con todo esto?
Que su hijo no entró en este hotel. ¿Que no entró? Está usted loco.
La próxima vez que me insulte, le detengo.
Oiga, le advierto que... Cállate, Hugo, cállate.
Este señor tiene razón, discúlpele.
¿Y quién firmó, entonces, esta hoja de entrada?
¿Cómo voy a contestar a un absurdo que se basa en el absurdo
de que mi hijo no entró aquí?
Escuche, voy a decirle claramente lo que pienso.
Espera, antes de que siga, quiero advertirle
que atropella usted mi dolor de padre sin el menor escrúpulo.
Entra a la fuerza a mis habitaciones
y me somete a un interrogatorio sin pies ni cabeza.
Está usted abusando de su cargo y pienso dar cuenta de usted
a la Dirección General de Seguridad. Bien, hágalo.
Pero a su hijo no le ha visto nadie entrar en el hotel.
¡Mentira! El conserje y la camarera que nos sirvió.
Oiga, llame a la camarera de servicio
y suba usted con ella inmediatamente.
Está bien, señor.
Nos llama el comisario.
(LLAMAN A LA PUERTA)
Buenas noches. -Buenas noches.
-¿El señor comisario? -Está arriba.
-Este señor de Madrid pregunta por él.
-Voy a avisarle.
¿El señor comisario?
Acaba de llegar un señor de Madrid que pregunta por usted.
Bien, dígale que espere en el salón. Ahora bajo.
Pase, pase, entre.
¿Vio usted en algún momento al hijo de este señor?
No, no le vi. ¡Miente!
¿Que no le vio? ¿No cenó con nosotros aquella noche?
No, señor, pero yo no le vi.
Haga memoria, ¿no recuerda que yo entré aquí
a preguntarle si quería subir al promontorio?
Le oí decir que sí quería subir al promontorio.
¿Solo le oyó? ¿No le vio luego?
No, señor, se lo juro.
-¿Que le oyó? ¿De veras que le oyó?
-Sí, señor. -¿Segura?
-Sí, señor, y el conserje también le oyó.
¿Por qué no lo dijo antes?
Perdona, comisario.
Comprendo que no ha hecho más que cumplir con su deber,
ya sé que suena a frase de novela en situaciones parecidas,
pero...
(Trueno)
Bueno, ¿qué esperamos? Estoy cayendo de sueño.
¡Quita esa música! ¿Con qué derecho toca eso?
Le advierto que yo aguanto menos que el comisario.
No sea usted nervioso, también yo estoy cumpliendo con mi deber.
La música me ayuda a pensar.
¿O tiene usted especial interés en que no piense?
(Marcha)
(Teléfono)
Diga.
Quiero que lo oiga usted también. Baje deprisa.
Acaba de decirme algo tan extraño como no puede imaginarse.
Por lo visto ha hecho averiguaciones por su cuenta en Madrid.
¿La hizo personalmente? Personalmente.
Baje. Usted tenía razón, pero no se imagina por qué.
Dese prisa. Está bien, ahora bajo.
Me gustaría volver a oír esa marcha.
Qué oportuno estuviste.
¿Me pongo el impermeable?
Llevaré las dos cosas.
¡A la orden, mi coronel!
Sospechan de nosotros. ¿Y qué?
De la sospecha a la acusación no hay más que un paso.
¿Dónde hay pruebas?
¿Te das cuenta que están todos los elementos del delito?
La Policía, la pregunta inesperada,
la angustia y, por medio, un cadáver.
¿Un cadáver?
La puesta en escena completa, hasta el ambiente.
Papel de provincia y los personajes secundarios,
un conserje y una camarera. ¿Qué quieres decir?
¿Te das cuenta que todo esto es tan absurdo como una de mis novelas?
Pero aquí yo no soy el autor, sino el asesino.
Tú no eres asesino.
¿Qué importa que no tenga las manos manchadas de sangre?
Los crímenes no se cometen solamente con las manos.
Y tú y yo hemos tenido voluntad de matar.
¿Te das cuenta? Hemos saltado ya esa espantosa barrera.
Estamos al otro lado. ¿De qué barrera me hablas?
De la que separa la vida de la muerte.
¿No me has visto ahora mismo mentir y atacar a la Policía?
Pues no lo he fingido, te lo juro.
He sentido odio. ¿Sabes por qué, Ivón?
Ya no hay quien detenga esto.
Tenemos a los peces rojos dentro, están aquí.
Cállate.
Los peces rojos dando vueltas en la pecera.
¿No los has visto nunca cómo giran y giran?
Cuando surgen las ideas de sangre, empiezan a girar y a girar
hasta enloquecer, hasta obligar a matar.
(Trueno)
¡Señor comisario! ¿Qué pasa?
Se han ido.
Primero él, se han ido corriendo los dos.
-¿Hacía donde? -Hacia el muelle.
¿Pero están locos? Déjenles.
-Creo que lo mejor será avisar a la Guardia Civil.
No hay tiempo, temo que ese hombre sea víctima de su propia mentira.
¿Cree que se va a suicidar?
(Trueno)
(Música suspense)
¡No! ¡No! ¡No!
¡Hugo! ¡Hugo!
¡Déjame! ¡Vete! ¡No quiero!
¡Tengo que hacerlo!
¿No lo entiendes? No puedo vivir así.
Yo lo maté. Es mentira. ¡Es mentira todo!
Yo te quiero, te quiero con toda mi alma.
Si te tiras, yo me mato también.
No quiero vivir sin ti, te necesito.
(LLORA)
Confiesa la verdad, yo estaré siempre a tu lado, siempre.
Olvídate de esa mentira y diles la verdad como yo te la digo a ti.
Te quiero para mí.
(Claxon)
(Trueno)
Diles la verdad.
(Trueno)
(Música suspense)
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