All language subtitles for La.Valla.S01E10.La.Zona.De.Sombra.WEB-DL.A3P.1080p.h264.AAC.Subs.Spanish.Adrià.GrupoTS

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Original subtitles

Hay unas personas que dicen ser los padres de Sergio.

Cuentan que se lo robaron.

¿Se va a morir mi hijo? - Ahora estamos esperanzados.

El niño necesita cuidados y atención médica constante.

Tiene que tomar una decisión. - ¿Qué podemos darle nosotros?

- Nosotros podemos darle amor.

- El ministro nos ha dicho que podemos volver

y así estáis con Juan a solas.

Hola, hermanita. Hice lo que me pediste,

aumentamos las dosis, pero murieron más de la mitad.

Los nuevos análisis que me pediste, los niveles de anticuerpos

están por las nubes. - ¿Y Marta, Marta, la nena?

- Yo conozco a estos niños, del sitio médico.

Se los llevaron. A unos cuantos niños nos sacaron

y nos llevaron en un autobús.

Hay que encontrar a esas familias.

¿De dónde has sacado esos carteles? ¿Qué es lo que sabes?

- Que puede que esos niños estén vivos.

¿Conoce algún niño? Uno de ellos era mi hijo.

El simple hecho de que estemos aquí reunidos

implica un gran riesgo y lo sabemos. Pero hay algo más fuerte, la ilusión

y la esperanza de que algún día podáis reencontrarnos

con vuestros hijos. Nuestro niño, Fernando.

Esto se está poniendo cada vez más feo.

¿Qué puede pasar? Que declaren Madrid en cuarentena.

¡Cuidado! ¡Está enferma! ¡Tiene el virus!

- ¡Alto! ¡Alto!

Próxima parada, zona C1.

¡Ah! ¡Qué asco! - Señor, ¿se encuentra bien?

- ¡Ha vomitado! - Pero ¿qué? ¡Eh, cuidado!

- ¡Ah! Ah.

- Por favor, pare el autobús.

- ¿Qué pasa? - Un hombre borracho ha molestado

a una chica y se ha caído.

¡Ah! No.

¿Qué cojones haces? Levanta.

Puta madre, borracho de los... ¿Quién me ayuda a levantarlo?

- ¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño? - Sí, es que tengo que ir a trabajar.

Llego tarde. - Venga, rápido.

Todo el mundo quieto. Que nadie se mueva. Está muerto.

Atención. - Sí, adelante.

- Autobús 15. Tenemos una emergencia sanitaria.

- Ok, recibido. Activando protocolo de identificación bioquímica.

¡Alto! Todo el mundo atrás. Las manos donde pueda verlas.

Todo el mundo quieto. Este autobús está en cuarentena.

♪ Ya han florecido cipreses

♪ como gigantes cabezas,

♪ que, con órbitas vacías,

♪ el horizonte contemplan.

♪ Salen los niños alegres ♪ de la escuela,

♪ viendo en el aire,

♪ día del abril.

♪ Canciones tiernas. ♪

Ayer estuve en la reunión.

Me llamo Alicia. Sí, por eso me suena tu cara.

Soy Emilia.

Quería acercarme, pero no fui capaz.

Este es Mateo, mi hijo.

Qué guapo.

¿Cuánto tiempo hace que no le ves?

En mayo hará tres años.

Se puso muy malito y lo llevamos al hospital

y ahí ya se estaba recuperando, estaba bien del todo.

Fernando y yo estábamos muy contentos,

y un día, eran las 06:00,

y entró una enfermera y nos dijo que se había muerto.

Pero no está muerto. Yo lo vi, y estaba vivo.

Fue pocos días después. Todo el mundo me decía

que tenía que salir de casa, que tenía que seguir con mi vida.

Así que yo volví a trabajar,

sobre todo, por miedo a que me despidieran.

Yo trabajaba limpiando edificios oficiales.

Ese día estaba en el registro.

Yo estaba a lo mío,

cuando oí unos pasos

y vi a un niño.

¿Mateo?

¡Mateo! Estaba de espaldas a mí,

no le vi la cara, pero ese pelo...

Se me agarró una cosa por dentro que...

Te juro que se me paró el corazón,

pero ni un segundo ni dos.

Se me paró mucho rato, porque es que era mi hijo.

Y yo grité: ¡Mateo!

Yo iba a tirar la puerta abajo, te juro que iba a tirar

la puerta abajo. Yo gritaba su nombre,

pero es que él no me contestó. Entonces, en ese momento,

vinieron unos policías y me llevaron a la fuerza.

Intenté explicárselo.

Intenté explicárselo a la policía,

a mis amigos, a mi marido,

pero es que nadie me creyó. Nadie me creyó.

Pero ¿qué cojones?

Buenos días, ¿eh? - Eres la hostia, Iván.

- No soy yo, Manuela, son mis genes.

Mi familia ha tocado techo. Yo solo puedo cagarla.

- Ah, ¿sí? No me digas.

Pues en mi caso es justo al contrario, fíjate.

Más bajo no puedo estar,

así que espero tener un futuro bonito.

El que tú no tienes, por lo que veo. - ¿Estás intentando decirme algo

o es mi pedo? - Es tu pedo.

¡Manuela!

Estás guapísima con el pelo suelto.

- Déjame en paz, Iván. De verdad.

Perdona, no sabía que estabas aquí. Iba a cambiar las toallas.

Tranquila, no me molestas.

¿Estás bien? Sí. Un borracho

ha vomitado en el autobús. Ay, pobre.

Se ha desmayado. Ha venido la policía y todo.

Por eso he llegado tarde. Ya.

Eh, ¿estás bien?

¿Estás mareada?

No. Ven, ven, siéntate. Ven.

Por aquí.

Igual se te ha revuelvo el estómago con lo que has visto.

No lo sé. - Hombre, ya era hora.

¿Cómo te ha ido en el registro? - ¿Qué?

- ¿No me dijiste que tenías que ir al registro?

- Sí, sí. Muy bien, todo solucionado. - Bueno, pues muy bien.

Venga, no os quedéis ahí paradas, que la casa no se hace sola.

Toma, Sara. Llévate a reciclar esto, échalo en el contenedor del vidrio.

Claro, Rosa.

Luego te veo.

Alicia. - Pero, por Dios,

qué susto me has dado, Fernando. - ¿De dónde vienes?

- Nada, de pasear.

¿Y tú?

¿Me estabas siguiendo? - Venga, anda, sube al coche

que te llevo a casa. - No.

Lo siento, pero no lo voy a hacer.

Alicia, otra vez no, ¿eh?

No puedo volver a pasar por esto, Alicia.

- ¿Y si nuestro hijo está vivo? Fernando, por favor.

Nunca, nunca vimos su cadáver. Fernando, nunca lo vimos.

Mientras exista una posibilidad, yo tengo que seguir intentándolo.

Por favor.

Lo siento.

¡Joder!

Buenos días.

¿Es usted la responsable de esto? No sé qué hay de malo.

Estamos buscando a sus padres. ¿Y para qué?

Usted sabe que esos niños fallecieron, ¿no?

Eso dicen. Mire, cállese. Esos padres

han seguido con sus vidas. Lo último que necesitan es a alguien

que les de falsas esperanzas. No le voy a pasar ni una más.

Quiero que les deje en paz, ¿me ha oído?

Que si me ha oído. Perfectamente.

¿Cómo se llamaba? ¿Cómo?

Su hijo, cómo se llamaba. Me cago en la puta.

Déjalo estar o te juro que... Tú no tienes ni puta idea

de lo que ha pasado mi mujer. Lo perdió todo.

La atiborraron a pastillas y nunca ha vuelto a ser la misma.

Pero ahora está mucho más tranquila, así que no me jodas.

Ahora a lo mejor ha aprendido a callarse, que es muy distinto.

Ha aparecido uno de los niños. Está vivo.

Emilia.

Mi hijo está muerto.

¿Me oyes? Y como sigas con esta mierda,

te voy a encerrar hasta que te pudras.

Tú, nos estamos cruzando mucho últimamente.

Cuidadito.

¿Qué ha pasado?

Su hijo es uno de los desaparecidos.

No me jodas.

Buenos días. Hola.

Hoy no he venido a verte a ti.

Vaya, qué pena.

¿Todo bien? ¿Tu familia?

Todo bien. Gracias.

Me alegro mucho.

Comandante. Bueno, qué sorpresa.

- ¿Podemos hablar? - Sí, claro. Vamos al despacho.

Sara. Sí.

Llévanos unos cafés, por favor. Claro.

Esta mañana ha habido un incidente muy grave.

He considerado mi obligación venir a informarles personalmente.

- Se lo agradecemos, comandante. Siga.

No queremos dar la voz de alarma y esperamos que sea un caso aislado.

Sea directo, comandante.

Se ha confirmado un caso de Noravirus hace media hora

en el sector 1.

Un hombre que viajaba en uno de los autobuses de empleados.

¿Qué ha pasado? Ha empezado a vomitar

y se ha desplomado, muerto en el acto.

- Se hicieron las pruebas allá, ¿no? - Sí, no hay la menor duda.

Y se trata de una cepa muy agresiva. - Qué desastre.

¿Cómo puedo saltarse los controles sanitarios de la valla?

¿Quién es el responsable? ¿De quién es la culpa?

- Estamos en ello. De momento, hemos aislado

a los ocupantes del microbús, salvo a dos personas que han huido,

un hombre y posiblemente una mujer. Todavía no tengo sus descripciones.

- ¿Está queriendo decir que hay al menos dos portadores

del virus que están en este sector? - Los localizaremos, se lo prometo.

Espera.

¿A qué hora has llegado tú esta mañana?

Han visto correr a esas dos personas en esta dirección.

Respóndele, Sara, por favor. Sí.

He llegado a las 07:30, como todos los días.

Antes de los desayunos. ¿Y el resto del servicio?

Pues Hugo ha venido conmigo y Rosa y Manuela duermen aquí.

Son internas. Es cierto.

Gracias, Sara, puedes marcharte.

Tenemos que definir el protocolo a seguir.

Manuela.

¿Qué?

Lo del autobús es... Es Noravirus. ¿Qué?

Se lo acabo de escuchar al comandante.

No, no, no puede ser. No puede ser.

Tranquila. De verdad, no tiene por qué pasarte nada.

Se murió delante de mí, Sara. Se murió.

Si estuvieras contagiada, tendrías manchas rojas

por todo el cuerpo, Manuela. No tienes nada, cariño, estás bien.

Déjame el brazo.

No es tan fácil cogerlo. Vomitó, Sara.

Se lo tengo que decir a la señora. Tú no vas a decirle nada a nadie.

¿Me oyes? ¿Eh? ¿Y si estoy contagiada?

El virus solamente se contagia por fluidos.

De verdad, tranquila.

A ver, déjame ver.

¿Conoces a este niño, mi amor? Mírale bien.

Se parecen mucho a uno,

pero era más flaco

y tenía el pelo más corto. - ¿Se llamaba Mateo?

- No. Se llamaba Pedro.

Se parece mucho, en los ojos,

que te mira así, serio.

Sí, se parece. - ¿No podría ser el mismo niño,

pero más mayor? - Es que no se llamaba Mateo.

Bueno, pero puede que le hayan cambiado el nombre.

Voy a abrir.

Emilia. Sí.

¿Te has enterado? ¿De qué?

Los señores que tuvieron aquí el otro día en tu casa.

Sí. El matrimonio ese.

Sí, sí. ¿Qué? Que los han matado.

¿Qué dices, Begoña? Sí.

Se los encontraron ayer en la calle, muertos.

Pero ¿qué ha pasado? Eso me pregunto yo, Emilia,

¿qué ha pasado? Pero ¿qué tipo de gente entra en tu casa?

Esas personas eran gente buena, Begoña.

No sé qué ha podido... La buena gente no se mete en líos,

hombre. Yo que tú elegiría mejor a mis amistades,

porque yo ya no puedo hacer más contigo la vista gorda, ¿eh?

Álex, voy a la cabina a llamar. Ahora vengo, Marta.

Entendido, Emilia. Gracias.

Que sea la última vez que recibes una llamada personal en esta casa.

Pero ¿se puede saber adónde vas?

¡Ombligo! "Omblimo", "omblimo".

¡Que no! ¿Cómo que no? ¿Cómo que no?

No me corrijas... Sara.

¿Qué? Sara, perdona,

¿puedes salir un momento? Sí, ahora voy. A ver, ponte esto.

Hola, Hugo. Hola, Sergio.

Así, muy bien.

Ahora vengo, ¿vale?

¿Qué pasa?

Los padres de Sergio han aparecido muertos.

¿Qué? Ayer.

No me lo puedo creer.

Pobrecito mío. Espero que pase mucho tiempo

en que conozca la verdad. Esto no es casualidad, Hugo.

Los han matado, seguro que los han matado.

Lo sé, lo sé. ¿Me pongo la rebeca?

Sí, cariño, póntela. Abrocharme no sé.

Ahora te ayudo. No te preocupes. Los van a enterrar esta misma tarde.

Quiero pasarme por allí. A hablar con el abuelo.

Voy contigo. No, no, quédate aquí.

Es lo mejor, quédate con el niño.

¿Tú crees que es por nuestra culpa?

¿Crees que los han matado para que no puedan recuperar

a su hijo? No lo sé.

Ten mucho cuidado, Hugo. Sí.

¿Me oyes? ¡Sara!

Voy, voy, cariño, voy.

Pero si te la has puesto tú solito. Ven aquí, anda.

Eres un campeón. Lo has hecho muy bien.

Dame un abrazo.

Déjennos ver al niño, por favor. Siéntate, por favor. Tranquilo.

Dejad que lo veamos. No le vamos a decir nada.

Hace seis años que lo perdimos. Os dijeron que había muerto.

Podéis acabar en la cárcel o peor. Tenéis que confiar en mí.

Tranquilos, esto solo es el principio, ¿vale?

¿Cómo era mi madre?

Tenéis que confiar en mí. Hugo.

Tenéis que confiar en mí. ¡Hugo!

Sí, perdón, sí. Necesito que vayas a buscar

unas cosas, así que pásate por la cocina que te doy una lista.

Lo siento, Rosa, pero hoy no voy a trabajar.

Me voy a tomar el día libre. ¿Te vas a tomar el día libre?

Dile al ministro que te lo descuente de las vacaciones, ¿no?

Aunque, ahora que lo pienso, tampoco tienes vacaciones.

Lo único que tienes es un trabajo que todo el mundo desea.

Te puedes despedir o ahorcar, pero no te puedes tomar el día libre.

Así que pásate por la cocina. Hablo en serio, Rosa.

Me voy de aquí ahora mismo. Pues haz lo que quieras,

que yo no soy tu madre.

Señor.

Tengo que hablar con usted, a solas.

Ah, me tienen harta. No lo soporto más.

¿Quieres un poco más de café?

Ya sabes lo que quiero.

- Ni se te ocurra.

¿Cuándo ha sido? Ayer.

¿Dónde? En la calle, señor.

Yo los llevé a su casa. Fuimos todo el camino hablando,

estaban, estaban felices. Por fin habían podido abrazar

de nuevo a su hijo. ¿Sabes si han detenido a alguien?

No, señor.

Claro que no.

Quiero pedirle la tarde libre.

Quiero ir al entierro. Creo que tengo que estar allí.

Sí, sí, claro, por supuesto, lo que necesites.

Gracias, señor.

Hugo.

Me voy contigo. No creo que sea buena idea, señor.

Es en el sector 2, en el cementerio municipal.

He dicho que me voy contigo.

Saca el coche y espérame fuera.

Me tengo que ir, lo siento. ¿Adónde?

¿Adónde vas? En cuanto a lo que ha ocurrido

esta mañana, toma las decisiones concernientes a la seguridad médica.

Si tienes algún problema, me llamas.

Muchas gracias, comandante, manténgame informado.

Está tan raro. Ya no me dice lo que se le pasa por la cabeza.

Me esquiva.

Cambió.

Siento que ya no me quiere, o no como antes.

¿Y tú a él? - No. Sí, qué se yo.

Nos unen tantas cosas.

Aunque últimamente nos separan tantas cosas también.

No tengo que hablar esto con vos. No es el momento ni el lugar.

Perdón, estoy un poco desbordada. - Descuida.

- Exijo nuevos controles en la valla.

Necesito muestras de los tejidos del difunto.

Se los ha llevado tu gente, ¿no? - Sí, ya se han ocupado de ello.

- Necesitaría pasar por mi despacho. ¿Me acercás?

Hablamos de esto en el coche. - No, Alma, Alma, Alma.

Te tengo que pedir una cosa. - ¿Qué?

- Preferiría que hoy no salieras de casa,

que todo lo urgente lo hagas por teléfono.

Solo un día, hasta que encuentren a los infectados.

No me mires así.

Me preocupo por ti, no lo puedo evitar.

Alma, ¿me vas a hacer caso?

Me encanta. Me encanta que te preocupes por mí.

No sabes cuánto me gusta.

Tranquila, nos manda Emilia.

Quiere reuniros esta tarde, en el mismo lugar.

Muchas gracias.

Es muy importante lo que estáis haciendo,

muy importante. Muchas gracias. - Bueno, alguien tenía que hacerlo.

Sois muy guapos.

Hacéis muy buena pareja. - ¿A que sí?

- Gracias. Adiós.

¿Vamos? - Vamos.

¿Sabes que cuando llegué a Madrid odiaba esta ciudad?

Pensaba que habíamos tomado la peor decisión del mundo.

Solamente quería volverme a Asturias. - ¿Y ya no?

- Qué va, ahora me alegro de haber venido.

- ¿Y eso?

Bueno, pues porque estamos haciendo algo importante, ¿no?

"Por su seguridad, tengan los salvoconductos

y sus documentos de identidad visibles y a disposición

de las fuerzas del orden."

¿Qué haces?

No te muevas.

Ya he regresado al mundo de los vivos.

- Ahora no tengo ganas de hablar, ¿vale?

- Manuela, no te enfades. - No me enfado, estoy trabajando.

¿Ves como estás enfadada?

Ayer fue el cumpleaños de un amigo. ¿Qué iba a hacer, perdérmelo?

- Iván, tú ya eres lo suficientemente mayorcito

como para hacer con tu vida lo que te dé la gana.

- Estás celosa. Venga, Manuela. La próxima vez te llevo conmigo

de fiesta. ¿Qué me dices? - Mira.

¿Tú sabes qué le pasa? - Yo vengo a esta casa a trabajar

y no meterme en la vida de los demás.

Iván,

deja la chiquilla en paz. No la atosigues más.

- Solo quiero saber qué le pasa. - Lo que le pasa

es que está muerta de miedo.

- ¿Miedo de qué?

Está embarazada, Iván. - ¿Cómo?

No me lo ha dicho, pero, a cierta edad,

las cosas se saben a simple vista. ¿Qué pensabas que iba a pasar?

¿Ya no eres un niño para darte cuenta que la vida no es un juego?

No se puede estar huyendo siempre de todo.

A mí no me puedes engañar.

Te conozco desde que eras un niño.

Perdón. No pasa nada.

No sabía que te gustase el fútbol.

¿Tú sabes que con tu edad yo era el mejor de mi clase?

¿De verdad?

Entonces podrías enseñarme a chutar. - A chutar, y a regatear

y a meter goles. ¿Qué me dices? - ¡Ayuda!

¡Socorro! ¡Luis! ¡Alma!

¡Tenéis que ayudarnos! - ¿Qué quieren?

- Déjanos pasar, por favor.

Atrás. - Alma, déjanos pasar, por favor.

- ¿Qué pasa, Isabel? - Han venido a por nosotros.

Nuestro jardinero era el del autobús esta mañana.

Quieren llevarnos a todos. - Lejos, lejos, todos.

Podrían estar contagiados. Tranquilizate, Isabel, es solamente

un protocolo de seguridad. Seguramente pasarán uno o dos días

en observación y ya está. Yo me voy a ocupar, tranquila.

- Laura. - ¡Sergio, no! ¡No, Sergio, no!

No te puedes acercar, podrían estar enfermos, ven aquí.

Ven aquí. - ¡Alma!

- Ven aquí. Sergio, ven aquí. - Alma, tú también eres madre.

Quedaros al menos con la niña. Por favor, te lo suplico.

Somos amigos. - Sabes que no puedo hacer eso,

Isabel. - Alma, por favor.

- Yo quiero que Laura entre.

Alto. Policía.

Vamos.

Iván, ven tú también. Vamos.

Tenemos que hablar. - ¡Vamos! ¡Alto!

Las manos donde pueda verlas. - Por favor, no nos hagan daño.

- ¡Vamos, vamos! - Por favor, no nos hagan daño.

- ¡Vamos, vamos! - ¿Adónde nos llevan?

Vamos.

Manuela. Manuela.

Manuela, para.

¿Adónde se los llevan? ¿Qué les van a hacer?

Tienes que tranquilizarte, Manuela, Por favor, tienes que calmarte.

¡Déjame en paz, Sara! No te acerques.

Manuela, abre la puerta. Nos van a oír, abre la puerta,

por favor te lo pido. ¡Vete!

Comandante, comandante.

¿Qué ocurre? - No sé si estará al tanto,

pero ayer por la tarde mataron a tiros a un matrimonio

en plena calle. - Sí, algo me han dicho.

¿Y no cree que debemos investigar?

- Navarro, este país tiene problemas mucho más graves

que un simple robo en el sector 2, ¿no le parece?

- ¿Y si no fue un robo?

- ¿Perdón? - He mirado la información

sobre esta familia. Aparece clasificada.

¿No le parece raro? Con el debido respeto, comandante,

creo que los mataron por otro motivo y lo hicieron pasar por un robo.

Esta gente no tenía nada. ¿Qué les iban a robar?

- Navarro, usted sabe que yo valoro profundamente

su profesionalidad, ¿verdad? - Sí.

Pero su trabajo no consiste en investigar por su cuenta,

ni tan siquiera en pensar por su cuenta,

sino en hacer lo que yo le diga.

No se vuelva a confundir.

No lo haré, señor.

Déjame en paz, Sara. No, no te dejo en paz.

Por favor, abre la puerta, no puedes estar todo el día aquí encerrada.

Abre la puerta, Manuela. ¿Manuela está ahí?

Manuela, abre la puerta. Manuela, abre.

Por favor, te van a oír. Pues que me oigan.

Manuela, abre, por favor.

Sé que estás embarazada.

Quiero hablar contigo.

No te acerques. - Tranquila.

- Quédate donde estás.

Ni un paso más. Si tienes algo que decir, dilo desde ahí.

- Vale, vale. No me muevo, me quedo aquí.

Pero déjame decirte algo.

Sé perfectamente que esta es tu decisión.

Y que solo tú puedes saber lo que quieres hacer.

Y es normal que quieras alejarte de mí.

Yo también quiero alejarme de mí la mayor parte del tiempo.

Pero antes de que tomes una decisión, quiero decirte algunas cosas

que todavía no te he dicho, porque...

Porque estaba dormido

o borracho

o muerto de miedo y haciendo el payaso.

Quiero decirte

que eres lo único que importa en esta casa,

y no he estado mucho tiempo fuera,

pero sospecho que eres de lo poco que importa en esta vida,

y que no puedo creerme la suerte de habernos conocido.

Bueno, suerte para mí, porque para ti ha sido una putada.

- No, Iván. - Sí, una putada.

Pero, si tú quieres,

si tú quieres tener ese bebé,

que sepas que yo también quiero,

y que voy a hacer lo que sea para que nos salga bien.

Aún no sé cómo, pero ya te digo yo que lo voy a hacer.

Así que si confías un poquito en mí,

vamos para adelante,

sea como sea.

¿Adónde vamos a ir tú y yo?

Iba en el autobús, Iván,

al lado del muerto.

Era yo.

Me buscan a mí.

No.

Tranquila, todo va a estar bien.

Y yo voy a estar contigo.

Iván.

Espera aquí, voy a solucionarlo.

Ya no hay tiempo, Alejo. Las cosas están cada vez peor,

el virus ha saltado la valla. - ¿Qué quieres que hagamos?

- Asignar a los niños, decidir con qué familia va cada uno.

- ¿Aquella niña de la que hablamos? Marta se llamaba, ¿no?

Hablamos después.

Pasa, mi amor.

¿Qué pasa? - Necesito tu ayuda.

Ven con mamá, me puedes contar lo que sea, ¿sabés?

Dime. - Es Manuela, mamá.

Se ha quedado embarazada.

Y está enferma. Iba en el autobús.

Tienes que ayudarla, mamá. Hay una vacuna, ¿no?

Tú puedes ponérsela, aunque no sepas si funciona o no,

tenemos que intentar ayudarla, porque si no yo me muero.

Ya sé que tú no querías esto y que no paro de joderlo todo,

pero te prometo que la quiero, que la quiero de verdad,

y que de verdad creo que estar con ella es lo primero

que puedo hacer bien en toda mi vida.

Sara.

Mamá, ¿estás enfadada?

¿Con vos?

Es imposible enfadarme con vos, mi amor.

¿Dónde está? - Abajo, en el baño.

Quédate acá.

Espérame que yo vuelva, ¿vale? - Vas a ayudarla, ¿verdad?

- Voy a hacer lo mejor para ella.

Y para vos.

No, mamá. Mamá, espera. ¡Mamá!

Por favor, espera. Mamá, por favor, no llames.

La van a matar. - ¡Ya!

¡Mamá!

Mamá, por favor.

Dray. - Señora.

- Abre la puerta.

¿Dónde está?

¿Dónde se metió? Búsquenla.

Busquen a Manuela por toda la casa. ¡Búsquenla ya!

Eh, ¿sabes dónde están las llaves del coche?

Rosa, ¿dónde estás? ¿La encontraste?

No, señora, aquí no hay nadie.

Pero he oído ruidos arriba. Voy para allá.

Vamos, corre. Corre.

Cuídala mucho. Suerte. Sara, yo...

Está todo bien. Corre. Rápido.

Suerte.

Lo sentimos muchísimo, señor.

Lo que necesite, aquí estamos.

Ya se lo dije a mi hijo y a su mujer,

que no fueran a hablar con vosotros, porque con gente como ustedes

no se pueden hacer las cosas por las buenas.

No me hicieron caso y confiaron en ustedes.

Ahora míralos. Mira tú dónde han acabado.

Le doy mi palabra de que voy a hacer todo lo que esté en mi mano

para que esto no acabe así.

Ya es tarde.

¿Quiere que le acompañemos a algún sitio?

No, no hace falta.

Insisto. Por favor.

Yo nunca me subiría a ese coche.

Y esas no son las banderas de este país.

No tenía nada.

Y ahora no tiene a nadie.

No, sí que tiene, sí.

Tiene a su nieto.

Ven conmigo, Luis. Ven.

Esta es mi nieta Marta y tiene 10 años.

Está aquí porque quiere contaros algo.

Qué bien que estés aquí, Alicia.

No ha sido fácil llegar, ¿no?

Bueno, sois todos muy valientes.

A Alicia, como a todos vosotros, le contaron que su hijo

estaba muerto y yo le pedí que me dejara una fotografía

de Mateo, su hijo, para enseñársela a Marta.

Yo conozco a un niño que se parece mucho al de la foto

y te mira muy serio, igual.

En ese sitio,

teníamos todos un poco de miedo.

Porque estábamos solos

y era un sitio muy grande,

y había muchos guardias.

Todos llevaban pistolas.

Pero también pasaban cosas buenas,

nos daban yogures para merendar

y nos hicimos amigos.

Mi mejor amigo se llamaba Felipe.

Era muy gracioso y tenía las orejas un poco para afuera.

Pero no sé si Felipe estará bien,

porque a veces los pinchazos nos ponían malitos.

¿Qué pinchazos? ¿Qué os han hecho?

- ¿Cómo sabemos que no le han hecho nada malo?

Todavía no lo sabemos, pero déjala que termine la historia.

Y mi padre me encontró.

Papá, perdona por no habértelo contado.

Y me prometió volver a por mí.

Pero esa noche nos sacaron de allí.

No a todos, a unos pocos de nosotros,

en un autobús.

Allí estaba el niño que se parece a Mateo

y mi amiga Ana, una muy alta que me contó que su padre

la llamaba Ranita. - Es Ana. Es Ana.

Pero no sé dónde están ahora. - Pues vamos a buscarlos.

Vamos a encontrarlos, vamos a organizarnos.

Vamos a organizarlos y los vamos a encontrar.

Hay que confiar. Esperad. Hay una persona que me ha pedido

la palabra, que yo estoy segura de que puede ayudarnos.

Quédate aquí, que me va a matar. - Bueno, tranquila,

le puedo decir que te he traído a la fuerza.

Lo digo en serio, que eres una gran abogada

y que nos estás ayudando.

Yo...

soy el ministro de Sanidad de este gobierno

y este tema me toca muy de cerca,

porque en mi casa hay uno de esos niños.

Hasta hace muy pocos días,

yo estaba seguro que ese niño no tenía padres.

Lo siento muchísimo.

Aquí está mi hija Daniela.

Hola, cariño. Seguro de ella debe estar tan asustada como yo.

Quiero agradecerte que estés siempre en el lugar correcto.

Os prometo que me tendréis a vuestro lado,

que podréis contar conmigo. Aún no sé cómo.

No sé por dónde empezar a buscar a vuestros hijos,

hacer justicia, a impedir que una barbaridad como esta

vuelva a ocurrir.

Pero os juro que lo voy a hacer.

Sé

Que en la vida no hay nada peor que perder a un hijo.

¿Vos sabéis dónde está tu hijo?

- Iván, esto es muy peligroso, para ti y para todos nosotros.

Voy a pedir análisis de Sergio, voy a llegar al fondo de todo esto.

Hacé lo que quieras.

- Yo vi a mi hijo en el hospital muerto.

¿Puede usted de verdad decir que este no es su hijo?

Estoy enferma, te puedo contagiar.

- Nosotros no nos podemos poner malos.

- ¿No me vas a contar nada? Anoche no pasó nada.

Un día vas a volver a enamorarte.

Quiero a los 20 hombres más eficaces y más leales de este edificio,

y los quiero ahora, ¿entendido? - Entendido, señor.

- ¿Qué te parece si quedamos un día, nos emborrachamos y veamos qué pasa?

- Vamos a encontrar a tu hijo. Te lo prometo.

- ¿Qué pasa? - Se ha contagiado del virus.

Ven aquí.

Se muere mi hijo, yo me mato.

¿Dónde coño está?

Usted es el único padre que puede ayudarme a encontrarlos.

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