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En todo el mundo, solo algunos países conocen el fenómeno de la usura.
Italia es probablemente uno de los países más afectados por esta auténtica
plaga social.
En este país, el problema del chantaje encuentra un terreno fértil en la
compleja máquina burocrática del sistema bancario.
Los bancos italianos, de hecho, manifiestan una total ausencia de
disponibilidad en los momentos en que los solicitantes no están en grado de
garantizar el pago de un préstamo.
Y por otro lado, imponen largos procedimientos de concesión para
aquellos que, en cambio, disponen de las credenciales solicitadas.
Con todo esto explicado, es lógico pensar que un fenómeno cada vez más
común se mueva en el ámbito del crimen organizado, en cuanto éste es capaz de
ofrecer oportunidades a aquellos desgraciados que podrían perfectamente
llegar al millón de personas.
El pago debería ser realizado vía SWIFT antes de cuatro días.
Está bien. De no ser así, podríamos arriesgarnos al que el crédito
prescribiera tras ese tiempo. Ello nos llevaría a procedimientos más costosos
aún. No veo ningún impedimento. Lo importante es tener la garantía absoluta
de que el cliente respetará su contrato de compra. Sí, de esa forma aseguramos
la operación. Hemos intentado hacerlo imposible. Hoy mismo yo personalmente he
hablado con la dirección central del banco, pero siento mucho comunicarle que
no estamos preparados para poder cubrir su solicitud.
Esto significa mi fracaso, director.
No me parece nada justo que el banco con el cual trabajo desde hace ocho o diez
años y al cual creo haber ofrecido gratificantes satisfacciones se eche
atrás ante una necesidad mía de esta índole.
Bueno, no creo muy adecuado que hable así, señor Desimone. Usted ha obtenido
de nuestro banco un crédito de 700 millones sin problema alguno. Cierto,
pero para obtenerlo han solicitado la conformidad de una garantía, además de
una hipoteca de mi casa.
Ahora que las garantías no son suficientes, me tratan como uno de los
peores clientes, sin tener en cuenta para nada la honestidad de mi persona.
Esa es una opinión muy personal. Yo solo quisiera decirle con todos los respetos
que si los bancos concedieran créditos teniendo en cuenta la honestidad de las
personas, hoy ya no existirían. La causa, la falta de fondos.
Yo entiendo lo que usted me dice, pero lo que les estoy solicitando es un
descubierto de una cantidad absolutamente irrelevante.
Considerando la relación mantenida hasta hoy con ustedes.
Debe disculparme, pero quisiera aclararle algo.
Usted no puede considerar 100 millones como una suma absolutamente irrelevante,
señor Desimone.
Usted posee actualmente todo su descubierto impagado. Además, no debemos
olvidarnos de las letras que vence mañana y que superan un importe total de
100 millones de liras más.
Espero que usted entienda que para el banco esta no es una situación muy
normal. Por lo que me dice, actúen ustedes como les parezca. El daño que me
pueden acarrear será irreparable, sin duda. Bueno, no sea tan pesimista.
Encontraremos una solución.
Mientras tanto, debe tranquilizarse.
Mañana intentaremos posponer los pagos a una fecha posterior. Pero no olvide que
usted todavía posee un negocio con el que ofrecer garantías de pago en el
futuro. Ya verá cómo pronto todo vuelve a la normalidad.
Es algo bastante difícil, pero espero salir pronto de esta.
Gracias de todas formas, director.
Ya está, una firmita aquí y todo arreglado.
Le recuerdo lo de la fecha de entrega porque, como ya le he dicho, debo irme
fuera. No se preocupe.
Matriculamos el coche mañana mismo y el viernes podrá retirar. Entonces hasta el
viernes. Saludos a su señora. De su parte. Adiós.
Hola, papá. ¿Por qué no te has acercado?
¿Qué haces por aquí?
Bueno, te he visto ocupado. No he querido molestarte.
¿Qué tal te ha ido todo por el banco?
Bien, bastante bien.
Dicen que están estudiando la situación.
Y que no debería haber problemas para la concesión de futuros créditos. Tal y
como imaginaba, con todo el dinero que le has proporcionado a ese banco es lo
mínimo que podían hacer por ti.
Bueno, ya sabes que la honestidad es algo que siempre valoran.
¿Sabes? El único defecto de nuestro concesionario es que estamos obligados a
trabajar en el interior de esa calle peatonal.
Aunque está bien situada.
Si no fuera por eso, habríamos fracasado ya.
Quizá hayan preparado algo fuera.
Pues sí, vi unos modelitos preciosos. Me encantó. Hola, chicas. Hola, mamá.
Hola.
Quisiera hablar contigo. ¿Cómo va tanto? ¿Todo bien?
¿Habéis visto mi nueva corbata?
Sí. Te queda muy bien. ¿De dónde la has sacado? Me la he comprado hoy. Es
bonita, ¿verdad? ¿De qué estabais hablando?
Cosas de mujeres, ¿no?
Dime, ¿qué ocurre?
¿A qué viene esa cara tan larga?
El banco no ha querido concederme el crédito. Dios mío.
¿Y ahora qué hacemos?
¿Por qué no vendemos el coche o mi colección de joyas?
Sabes que si no pagas a esa gente son capaces de montar un espectáculo.
¿Y para qué quieres que venta los coches?
Eso solo solucionaría el problema durante unos 15 días.
¿Sabías que nos vence otro pago de 300 millones?
No lograremos cubrir nunca nuestras deudas sin la intervención directa del
banco. ¿Y si hipotecas el negocio?
Laura, me he estado sacrificando una vida entera para construir un futuro
para nosotros y nuestros hijos.
Y no estoy dispuesto por nada del mundo a quemarlo todo de esta forma.
¿Y entonces por qué pediste el dinero a esa gentuza?
Cuando hablas así logras enfadarme.
¿Quién iba a imaginar que aquellas ventas no iban a dar beneficios?
Si todo hubiera funcionado bien, habríamos devuelto el dinero y habríamos
ganado los beneficios de un año de trabajo.
¿Y qué es lo que piensas hacer ahora?
No lo sé. Debo decidir algo deprisa.
Lo único que te pido es que no le digas nada a Mauricio.
No quiero que se meta en este asunto.
Mamá, papá, a comer. Sí, ya vamos.
Verás como también salimos de esta y se acabarán los problemas.
Ni que tuvieras mala compañía.
Parece que vengas de un funeral.
¿Funeral? Es el cabrón del concesionario, que no me ha pagado a
tiempo. Y ni siquiera me ha llamado para darme la más mínima explicación.
¿Y a qué coño esperas?
El dinero te pertenece. ¿Por qué no vas al concesionario y le propones algún
trato? Veo que no has entendido nada. Eso no me preocupa.
Es la falta de respeto lo que me cabrea. No puedo soportarlo. Me pone a parir.
En lugar de cabrearte, Franco, ¿por qué no piensas en lo que vas a hacer?
Todavía no lo sé.
Mañana iré a hablar y ya veremos.
Perdona, ¿podemos hablar un momento?
¡Qué rompehuevos! Ten cuidado porque no es uno de mis mejores días, te aviso. Es
importante, vamos.
Está cabreado, ¿eh? Y que lo digas.
Franco, por favor, no te puedes negar. Solo son 5 millones. Te los devolveré en
60 días.
5 millones a 60 días son 700 con todos los intereses.
Yo te doy ahora un cheque y tú me lo devolverás.
Pero acuérdate que si me creas un solo problema en el vencimiento, yo te
romperé la cabeza, ¿está claro? No te preocupes, Franco.
Eres un amigo de verdad.
Buenos días, ¿está el señor de Simone?
No, lo siento mucho. Mi padre está de viaje fuera de Italia por razones de
trabajo y volverá al final del próximo mes. ¿Puedo ayudarle en algo? ¿Tienes
cambio en la caja?
¿Qué quiere decir con eso?
Quiero decir que si tienes 100 millones para pagar esta deuda, que el capullo de
tu padre no me ha devuelto.
Ahora podemos hablar claro.
Ya puedes empezar a mover el culo y decirle que venga aquí ahora mismo.
Sé perfectamente que está en casa. Y si me tocas los cojones, me voy a buscarlo
yo mismo personalmente. ¿Lo has entendido?
Óigame, no le permito de ningún modo que me hable así. Y ahora hágame el favor de
salir de aquí.
Yo venía muy tranquilo, pero tú estás consiguiendo que me cabree de verdad.
Escucha atentamente, pajarito.
Porque si me tocas los cojones y no llamas ahora mismo a tu padre, te pego
un tiro en toda la sien.
¿Y tú no crees que es algo arriesgado dejar solo a Mauricio en el
concesionario?
No te preocupes, esos me buscan a mí.
Solo les interesa encontrarme y llevarse su dinero.
Entonces, ¿por qué no lo denuncias a la policía?
Al menos estaríamos más tranquilos.
No sé, quisiera pensarlo antes un poco.
¿Dígame?
Sí, te lo paso.
Es Mauricio.
Dime.
Papá, aquí hay un tal señor Franco que dice que quiere hablar contigo.
Joder, te he dicho que dijeras que estaba de viaje fuera de Italia por
razones de trabajo.
No le levantes la voz.
Tu pipiolo me ha dicho que no estabas, pero no le he creído y parece ser que
tenía razón.
Escucha, no toques a mi hijo.
¿Entiendes? Y a mí que me jode tu puto hijo. Lo que yo quiero es mi dinero.
Dame tu dirección, así podré ir a tu casa y podremos hablar al respecto. No
te doy una mierda.
Y si no sales rápido del concesionario, te juro que llamo inmediatamente a la
policía. Está bien, entiendo. No te enfades.
Debería haberte dicho antes que aún dispones de algo de tiempo.
Piénsatelo un poco y me llamas dentro de unos días. Ya sabes dónde encontrarme.
No te preocupes.
Verás cómo lo arreglamos todo.
Hazlo con calma.
Dime, ¿qué ha pasado?
Nada. Ese Franco ha ido al concesionario y ha obligado a Mauricio a llamarme.
Cariño, no le habrán hecho nada, ¿verdad?
Tranquilízate. Ha dicho que aún disponemos de tiempo para resolverlo
todo.
De todas formas, volveré a llamar.
Buenos días, dígame.
Mauricio. ¿Ya se ha ido Franco de ahí? Sí, papá.
¿Pero quién era? ¿Y qué diablos ocurre con esta deuda?
Nada, no te preocupes. Ha sido solo un problema que se ha generado por el
retraso del banco.
Ahora ya está todo resuelto. Pero oye, ese tipo estaba armado.
Mauricio, tranquilízate.
No debes preocuparte, ya te he dicho que todo está resuelto.
Nos vemos luego a comer, ¿vale?
De acuerdo, adiós.
Adiós.
¿Y bien?
Dime, ¿qué ha sucedido? Todo arreglado y ya se ha marchado.
¿Qué novedades tienes?
¿Has logrado hablar con el cabrón del concesionario?
No estaba allí, el muy gilipollas, pero he hablado con él por teléfono.
Me ha dicho que quiere pagar, pero que necesita algo más de tiempo. ¿Tú qué
piensas? ¿Crees que podrá sacar toda esa pasta de alguna parte?
No, ese no tiene una lira y los bancos no quieren saber nada de él.
Lo único que le queda es el negocio. Debemos actuar rápido antes que
desaparezca y no lo volvamos a ver.
Con todo el respeto del mundo, si crees que ese cabrón va a pagarte algún día,
creo que eres demasiado optimista.
Deberíamos darle una pequeña advertencia. Así entenderá que para no
buscarse problemas, debe antes cancelar los tratos que ha cerrado conmigo.
Bueno, verás.
Mi novia y yo hemos... Hemos decidido hablar contigo y... ¿Sabes?
Nuestra situación económica es...
Es crítica.
Yo... Yo espero que puedas echarnos una mano. Sé que conoces a un montón de
gente a quienes les interesan las chicas jóvenes.
Esa es en realidad nuestra última posibilidad.
Por eso... Por eso me gustaría saber si puedes organizar alguna
cita para ella.
¿Pero cuántos años tiene tu novia?
Diecisiete. En los círculos en los que yo me muevo necesitan chicas algo más
jóvenes por las que pagan actualmente muy bien.
Antes de hablar de precios debo decirte que no le pagarán mucho. De todas
formas, me esforzaré personalmente en sacarle el máximo partido.
Vale, está bien.
Ve a
la
habitación de las hijas.
Ponle a la más joven la capucha para que no te pueda reconocer.
¿Está claro?
Vale.
¡Arriba, pequeñas!
¡Levántese, señora! ¡Dios mío!
Y ahora tranquilitas. No hagáis que me cabré.
Tú, ponte esto.
Venga.
¡Rápido! ¡Vamos!
Así. Y ahora no hagáis ninguna tontería si no queréis que os mate.
Por favor, ¿qué quieren?
Dejen a mis hijas. Por favor. ¡Calle!
No. ¿Has visto cómo se preocupa por tus hijitas? Es normal, ¿no? Mamá, ¿qué
sucede? Han dormido tu padre.
Sois los dos unos cerdos. Tú y ese cabrón amigo tuyo. No estoy dispuesta a
montármelo de puta, ¿entendido?
Pero...
Cállate.
¿No ves cómo le gusta a tu hija chupar la polla?
Anda, calla.
No,
señora. Esta mañana no lo he visto aparecer por el taller.
Lo siento.
Ahora enseguida le paso.
Señora, es su marido.
Dime, ¿pero dónde estás?
¿Cómo es que no has llegado todavía?
Lo siento, amor, pero yo... no puedo esconder esto por más tiempo. Necesito
tomarme un respiro.
Oye, ¿y por qué no me has dicho nada esta mañana en casa?
Porque... No he tenido el coraje suficiente para hablarte.
Siempre he pensado que eras un cabronazo, pero no hasta ese punto.
No habría imaginado nunca que fueras tan mamón.
¿Y ahora qué piensas hacer?
Estaré fuera una semana. Luego ya veremos.
¿Estás con alguien?
Sí. ¿Una mujer?
Sí. Eres un bastardo. Has sido capaz de mentirme hasta el último minuto. Y yo
como una imbécil, siempre pensando que nuestra relación era sincera.
Eres un hijo de puta. Cuando vuelva te lo explicaré. No, no. Tú no tienes que
explicarme nada porque no quiero verte nunca más. Solo dime qué debo hacer para
que el negocio funcione como Dios manda.
Ya sabes que no hay dinero. El negocio está a tu nombre.
Decide tú.
¿Y ahora qué queréis que haga?
Nada.
Has estado muy bien.
No me lo podía creer.
Parecías de Niro hablando por teléfono, pero ahora ya no nos sirves de nada.
Así que, amigo mío...
¿Pero por qué lo has matado?
Porque ya no nos servía de nada.
Hola, mamá.
Hola, hija. ¿A qué viene esa cara?
¿Ha pasado algo?
Julio se ha marchado con otra mujer.
¿Pero qué estás diciendo?
¿Te has vuelto loca?
Esta mañana no ha venido a la oficina. Me ha llamado para decirme que
necesitaba estar un tiempo tranquilo.
Será desgraciado.
¿Y qué vas a hacer ahora con esa gente a la que le debéis tanto dinero?
No lo sé. Tengo que pensarlo.
Me ha recordado que el negocio está a mi nombre y que, por lo tanto, debo ser yo
quien decida cómo afrontar y resolver este problema. Mamá, la verdad es que...
La verdad es que siempre he dudado de él.
No digas eso.
Julio siempre ha demostrado que te quiere.
Ya verás cómo pronto se soluciona todo.
Solo necesitas un poco de paciencia.
Espera.
Escúcheme. Estas deudas tienen que desaparecer.
Sabemos que el banco os ha denegado los créditos. No empezaréis a dar por el
culo.
Se ha tratado de una mala jugada que nos ha hecho una clienta. De todas formas,
yo tengo aquí un millón disponible.
Eso es lo que se dice buena voluntad. Me gusta.
¿Y los otros ocho millones?
¿Cuándo me los darás?
Ya sabes que los intereses son muy altos.
Solo les pido que esperen unas cuantas semanas. Ya he hablado con esa clienta y
me ha dicho que mañana traerá dos millones más.
Será mejor que los traiga.
Saca la pasta.
Claro.
100, 200, 300, 400, 500, 600, 700, 800,
900... Un millón, tome.
Te recuerdo.
Que no quiero tonterías, ¿está claro?
Franco, deberías darme un poco más de tiempo para pagarte las deudas.
Yo no te doy ni una mierda.
Ya te dije que esos pagos no podían pasar de su vencimiento.
Pero solo te pido que me los aplaces un par de meses y luego añades los
intereses que quieras. Mira, ya hablo una vez y muy clarito.
Si el banco no te da el dinero, es solo tu problema.
¿Vale?
Mi marido está de viaje de negocios.
Estará fuera al menos una semana. Deberá tener un poco de paciencia.
A mí eso me trae sin cuidado.
El problema es que el señor Franco ya no puede esperar.
Te lo dije.
Y ahora... O nos pagáis o nos veremos obligados a quedarnos una parte de los
beneficios de vuestro negocio.
Pero usted sabe que nuestro negocio no puede proporcionarles el dinero que me
están pidiendo.
Mira, no me cuentes historias porque estás empezando a tocarme los cojones y
eso me jode mucho.
Cuando vinisteis a buscarnos, respondimos inmediatamente y eso merece
un respeto. Por tanto, tenéis que pagar.
Siempre os hemos pagado todas las deudas, pero os habéis vuelto unos
estúpidos. Cuidado con lo que dices.
Tranquilízate.
Escucha, ¿por qué no hablamos en un sitio un poco más tranquilo?
Vamos fuera.
¿Y bien?
¿Qué piensas hacer?
Debo consultar con mi marido antes de tomar una decisión.
Eso no es posible.
Me contestarás esta tarde.
Déjeme un número de teléfono y le llamaré.
No.
Es mejor no hablar por teléfono de estas cosas. No me pongas las manos encima.
¡Suéltame, imbécil!
¿Qué te has creído?
No me toques los cojones.
Escúchame. Si no contestas, te pego un tiro.
¿Qué tal el negocio de los seguros? Va todo bien.
Ayer fui a hablar con ellos y han decidido darme una parte de los
beneficios de su negocio. Si no le rompes los cojones, no te respetan.
Bien, ¿qué tiene de nuevo nuestra querida señora?
Todavía está un poco indecisa.
Pero... Le he dicho que me conteste esta tarde.
La convenceré.
Si logras hacer bien este trabajo, tendrás algún extra.
Tendré que poner a alguien al cargo de mis nuevos negocios.
Mamá, voy a salir un rato. Volveré tarde.
¿Dónde vas?
No tengo sueño. Voy al bar a tomar algo.
Hasta luego.
Adiós.
Aquí tiene.
Son dos millones justos. Si vuelve al inicio de la próxima semana, le podré
dar cuatro más.
No hay ningún problema.
Todavía debo hablar con el señor Franco para ver cuánto lleváis de retraso.
Os lo haré saber.
Yo siempre he saldado mis deudas con ustedes, pero no me carguen demasiados
intereses. Si lo hacen, no llegaré.
A propósito, ¿por qué no ha venido su amigo hoy? Tenía una cita importante.
Él siempre tiene tanto trabajo.
Dele recuerdos de mi parte.
70 bulones, código 213.
26 tornillos, código 212.
39 bulones, código 48.
¿Tienes intención de que esto se alargue mucho más?
Laura, para el viernes el inventario debe estar terminado y todavía queda
mucho.
Estamos encerrados aquí desde hace más de diez días contando bulones y otras
tonterías de esas. Ya no aguanto más. Ya me he cansado de seguir con todo esto.
Es muy fácil hablar de ese modo. Eres una egoísta. Si desde el principio
hubieras aprendido a asumir tus responsabilidades, no hablarías así. La
verdad es que no quieres afrontar los problemas.
¿Pero qué estás haciendo?
Eso no se hace.
¿Cómo que no? Pero si tú también lo haces.
¿Diga?
Hola, Ana. Soy Laura.
Hermanita, ¿cómo estás?
No me puedo quejar. Solo algo cansada.
Tienes labor rara esta mañana.
¿Hay algo que no va bien?
¿Qué quieres que te diga? Nada de particular. El trabajo va mal y me he
peleado con Pino. Te he llamado para pedirte si puedo pasar unos días en tu
casa.
Faltaría más. No hay ningún problema. Puedes venir cuando quieras. Ya sabes
que mi casa siempre es la tuya. Te lo agradezco mucho.
Voy a arreglar un poco esto del almacén.
Pasaré a recoger...
De acuerdo, nos vemos a la tarde. Adiós.
¿Qué quiere ahora tu hermana?
Escucha, eso es asunto mío y de mi hermana. Tú no te metas. ¿Lo has
entendido?
Mañana deberías hacerles una visita.
Sí, pero me parece que han cerrado el almacén.
No, están haciendo el inventario, por eso está cerrado.
¿Qué tengo que hacer?
Tú verás.
A mí me han llamado esta mañana intentando convencerme para que aplace
los pagos que vencen esta semana que viene.
Vas allí y les explicas que tengo problemas económicos y que ya no puedo
esperar más.
De acuerdo.
Y te lo advierto.
Esta vez, haz que paguen y que no se hagan más los remolones.
Entendido, jefe.
¿Cuánto debéis a esa gente?
Tenemos una deuda de 20 millones, pero existen también intereses que se cobran
aparte. ¿Por qué aceptasteis esas condiciones?
Podríais haber acudido al banco.
Así lo hicimos, pero... el banco no nos ha aceptado las garantías que le
ofrecimos. ¿Y qué piensas hacer?
Mañana quisiera telefonear a un amigo. Quizá él pueda ayudarme.
Tampoco es una cifra desorbitada. No se me ocurre otra solución. Tranquila.
Solo te pido que no te metas en más problemas.
Dígame. Hola, Luigi.
¿Te acuerdas de mí?
¿Quién eres?
Haz memoria. Creía que te acordarías.
Soy Laura, de la universidad. ¿Recuerdas?
Oh, ya, sí.
Perdóname. No te había reconocido. ¿Cómo estás?
Todavía logro mantenerme en forma. ¿Y a ti qué tal te va? Bien, gracias.
Perdona si soy inoportuna, pero necesitaría hablar contigo. Dime.
Tengo un problema grave.
Aunque ya hace mucho tiempo que no nos vemos, te he llamado porque estoy segura
de que eres la única persona que puede ayudarme.
Te escucho. Cuéntame, si puedo hacer algo, ¿por qué no?
Siempre has sido muy amable. Mi problema es que tengo unas deudas por un valor de
20 millones que no puedo pagar.
Necesitaría que tú me prestases el dinero.
¿20 millones?
Bueno, no es que me estés pidiendo 100 niras, ¿sabes? Eso es una cantidad muy
grande. Creo que deberíamos hablar antes un poco.
Si puedo, te echaré una mano con mucho gusto. Creo que lo mejor sería que nos
viésemos antes, ¿de acuerdo?
No hay ningún problema.
Si te viene bien, podríamos vernos a mediodía en la Piazza dell'Artisti.
Perfecto, sí, estaré por allí. Nos vemos más tarde.
Adiós. Adiós.
Hola, Luigi.
¿Qué hay, Laura?
¿Cuánto tiempo sin vernos? Ya veo que te conservas muy bien.
Y tú también.
Vaya, ha pasado mucho tiempo.
Más de tres años.
Bueno, vayamos al grano.
¿Cuándo crees que podrás devolverme el dinero?
Verás, estoy haciendo el inventario para poder venderlo todo.
Creo que podré devolvértelo en un par de meses.
Bueno, mañana veré cómo está mi situación en el banco y te comentaré
algo.
Sabes, no es una de mis mejores épocas.
Luigi, te ruego que me ayudes porque lo necesito de verdad.
De otra forma, me meteré en un lío.
Sabes que siempre he intentado hacer todo lo posible.
Siempre. Y si haces memoria, también en la universidad por salir contigo. Y todo
fueron desengaños.
Ya me había comprometido con Pino. No podía aceptar salir contigo.
¿Sabes, Laura? Una cosa que no he logrado entender nunca es cómo pudiste
casarte con ese tipo.
Si te refieres a su aspecto físico, puedo decirte que en la vida no todo es
la belleza. También existen otros valores.
Esa es la frase de siempre para hacer demagogia.
Me cabreáis mogollón las mujeres cuando os ponéis a hablar así. Ahora vienes y
me pides un favor.
Pero antes siempre me trataste como un trozo de mierda.
¿Qué quieres de mí, Luigi?
Que después de tantos rechazos, al menos por una vez, fueras un poco amable
conmigo. De no ser así, no existe ninguna razón por la que yo deba
ayudarte.
¿Por qué no te has ofrecido tú hacerle ese favor?
Ya sabes que no debes pedirme esas cosas.
Tu hermanita y su marido no han tenido nunca ni puta idea de dónde se metían. Y
además sabes muy bien que no me devolverían ese dinero.
No hables así de Laura y Pino. Son dos personas honestas. En este momento
tienen problemas, pero siempre han pagado sus deudas.
Sí, claro.
Como la vez que les dejé tres millones para no sé qué mierda.
Ya no he vuelto a verlos y encima debo callarme.
Vamos, tan solo fueron tres millones.
Ahora mismo llamo a Pino y verás cómo nos paga.
¿Qué? ¿Te has gastado todo el dinero, capullo de mierda? Mira que te lo tengo
dicho veces. Las deudas se pagan. Te voy a romper el culo, pedazo de cabrón.
En el almacén no contestan.
Voy a probar en su casa.
Vale, haz el favor de dejarlo ya. Con mi dinero hago lo que me da la real gana.
No permitiré que te metas en mis decisiones, ¿está claro?
Es un sitio muy agradable, ¿sabes?
Sí, no está mal.
Quizá algo desordenado.
Gracias. Ya le he puesto azúcar.
¿Cómo es que no seguiste en la universidad? ¿A qué te dedicas ahora?
llevo un almacén de recambios de automóvil junto a mi marido.
¿Y para qué necesitas esos 20 millones?
¿No va bien el negocio?
Ha habido una época de crisis y hemos tenido que pedir créditos a los bancos,
aunque en general no iba tan mal, no podíamos quejarnos.
¿Has pensado sobre la propuesta que te hice en el coche?
¿Qué me respondes?
Vosotros los hombres sois todos iguales. Pero de todas formas, alguna vez en la
vida hay que aceptar los compromisos, siempre esperando que no se repita.
Claro.
Este será el único favor que te pediré.
¿Seguro? No debes preocuparte.
¿Has visto cómo te hemos puesto? ¿Cuántas veces te hemos avisado? ¿Ves lo
que pasa cuando nos enfadas?
¿Lo has entendido?
Luego hablaremos con tu mujer.
¿Entiendes lo que te he dicho?
A mi mujer no le hagáis nada.
Se ha ido.
Y me ha dejado solo.
¿Dónde está?
En casa de su hermana.
Ella es la única persona que podría ayudarnos.
¿Y dónde coño vive su hermana?
¿Dónde vive?
Viaticiana número 18.
Recuérdalo.
Esto solo ha sido un aviso. No te equivoques. La próxima vez te mandamos
al otro barrio.
Siempre he deseado este momento.
¿Qué pasa?
He sido un estúpido. No entendí que esa reacción sería la más normal. Lo hubiera
hecho de otra forma, ¿entiendes?
Cariño, me voy al hospital. Nos veremos más tarde, ¿de acuerdo?
Adiós. Adiós, cariño.
En el mercado de acciones debes tener intenciones más claras. Si no, te
arriesgas a que te pisen.
Tranquila.
No se te ocurra gritar. Vamos a dar un bonito paseo.
Bueno, al fin se ha ido. Ahora podremos estar mucho más tranquilos.
Francesco, ¿cuánto cuesta la muñeca?
Solo 200.000.
No está mal.
Me interesa.
¿Puedo ver cómo se lo hace?
Pues claro.
A ver, no me defraudes.
Dios mío.
¿Pero qué te ha pasado?
Laura, han venido aquí.
¿Dónde está tu hermana?
Creo que se iba al hospital, pero ¿tú cómo estás?
Haz lo que sea por encontrarla.
¿Tora Conti? No, esta tarde no ha venido.
Perdone, gracias.
Me han dicho que no ha ido al hospital.
¿Qué debo hacer?
Corre a su casa.
Ve a buscar a su marido. ¡Date prisa! De acuerdo.
le decimos a Franco.
Qué coño, lo hemos intentado. El trabajo ya está hecho, así que le diremos que no
ha habido más huevos.
Verás cómo se pone contento.
Enrico, he llamado al hospital y me han dicho que Ana no ha ido esta tarde. Algo
ha pasado. Tenemos que ponernos enseguida a buscarla. ¿Para qué?
Tranquilízate.
Le dolía mucho la cabeza y ha vuelto a casa hace media hora.
Está descansando. ¿Está aquí?
En el dormitorio.
Menos mal.
Ana, ¿cómo te encuentras?
Laura.
Esta tarde un hombre me ha secuestrado.
Me ha amenazado con un cuchillo y le he tenido que hacer caso.
Me ha dicho que te diga que esto es solo una advertencia.
Dios mío.
¿Te he hecho algo?
No.
Deberíamos llamar inmediatamente a la policía.
Solo conseguiríamos empeorar las cosas.
Podrían enfadarse todavía más.
Ese tipo no estaba de broma, ni siquiera se lo he dicho a Enrico.
Estoy segura de que la única forma de salir de esta historia es devolviéndoles
el dinero.
Mi amigo no me ha podido garantizar nada.
Creo que tengo la solución.
¿Qué?
Ya estamos.
Siempre con la misma historia.
Primero creas los problemas y luego a pedir ayuda a tu hermanita.
Como sabes que ella no te dirá nunca que no.
Pero ahora... Si queréis ese dinero me daréis un ratito de placer sin
rechistar. Así que... Coge esto.
Comenzad a moveros.
Perdona, pero ¿por qué estás así de alterado? ¿A quién estabas llamando?
A nadie.
Solo estaba buscando a una amiga a la que le he prometido un dinero que no
tengo. ¿Y por qué has hecho eso?
Porque soy un estúpido.
Por eso.
Para algo hay que saber respetar las reglas. ¿Por qué has tenido que comprar
esas pieles y abrigos sin tener el dinero disponible? Ahora deberemos pagar
las deudas con esa gentuza. ¿Te parece bonito?
¿Y yo que sabía que el marido de esa tipa no tenía ni una lira y me iba a
dejar eso por pagar?
Ahora la que tiene que pagar soy yo. Así que vas a tener que responder tú en
persona de ese dinero.
Es más, te obligo a que vengas esta tarde. Así podremos tratar juntas con
esos individuos y los conocerás mejor.
Escucha, antes de nada aclaremos algo importante.
El dinero tienes que devolverlo, sea como sea.
Tienes una empleada muy cooperadora, ¿sabes?
Levántate la camisa.
Tienes unas buenas tetas, ¿eh?
Ahora tócate el coñac.
Cómetela toda, mi amor.
Muévela así.
Rápido, rápido.
Vamos.
Quiero ver cómo os besáis, cerditas.
Vamos.
Se acabó.
Con el malo muerto, los problemas se terminaron.
Pero ¿quién podría haber deseado su muerte?
¿El dueño del concesionario o alguno de sus familiares?
¿El propietario del restaurante quien no acabó de pagar?
¿La propietaria del negocio a quien le habían asesinado el marido?
¿El amigo de Laura para poder cumplir su promesa de alguna forma?
¿O quizá sus propios amigos para reemplazarle en todos sus negocios?
Quien haya podido ser ha encontrado el momento adecuado para hacerlo.
Aunque de haberse producido antes, el juego habría sido el mismo.
A veces es mejor perder el negocio y devolverlo al banco que arriesgarse a
contactar con un usurero.
Pero ¿qué harían los bancos si no tuvieran que promocionar su imagen?
Y ahora escuchadme.
¿Hasta cuándo las cosas seguirán así en nuestro país?
¿Mejor no aventurarse en asuntos turbios?
Creedme, algún día podríais ser vosotros.
Despierta. Esto es Italia.
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