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Original subtitles

Anto…

Tomás se durmió con Laika encima.

No, ya, le pedí que no subiera la perra a la cama.

Pelos, alergias... ¡Ay, no!

Oye, ya le restringimos el azúcar, el celular, no le digas nada mañana.

Oye, la Juli me avisó que se va a quedar a dormir donde la Domi.

Ya.

Estoy vieja.

¿Por qué?

Porque estoy llegando a una hora decente a la casa.

Me tomé con suerte dos copas

y estoy agotada, como si viniese llegando una fiesta de Año Nuevo.

- Yo estoy viejo. - ¿Ah, sí? A ver.

Pero… Bueno, sí.

Un par de arruguitas más, unas canas muy plateadas...

subimos de peso, pero eres el hombre más guapo que he conocido en la vida.

¿Todo esto me lo dices por lo que yo te dije en el juego?

No.

Te lo digo para agradecerte la vida que me has regalado.

Por tu compañía…

por tu paciencia…

por tu lealtad.

Te amo.

¡Ay! ¡Oh, perdón!

No, esta señora se tiene que ir a acostar.

Soy una abuelita.

- ¡Perdón! Qué mal beso. - No, nada, tranquila.

- Voy a poner la alarma y subo. - OK.

Heavy .

Cómo te provoca esa chica.

Una cosa es que me lo cuentes y otra es verlo con mis propios ojos.

Y es obvio que a Gaspar lo está usando para estar cerca tuyo.

¿Y si le cuento?

¡Olvídalo!

Buenas noches, hermanito. Descansa.

Oye, tenemos que juntarnos más. Lo pasé tan bien.

Así dan ganas de gastar plata, invitando a los amigos, pasándolo bien...

Oye, la tal Bárbara, bien guapa.

Creo que es lo mejor que le hemos conocido a Gaspar

después de que se separó la Vivi, ¿o no?

- No sé. - ¿Qué te parece?

No es de mi gusto, la verdad.

Igual...

bien loca.

O sea, a mí de repente como que...

me gustaría ser más atrevida.

¿Estás un poco ebria?

Ay, ¿por qué?

¿Pero a ti no te gustaría que yo me pusiera así como...

ultra, mega, loca, crazy total?

No, loca como ella no.

No, qué vergüenza.

Oye, Dante, no me provoques.

¿Estar contando nuestras intimidades y nuestra sexualidad en público?

- No, no. - Tan cerrado este pijama, mi amor.

- No. - ¿No tienes calor, Dante?

No, estoy bien así.

- Estoy bien. Oye, gracias. - ¿Por qué?

Por no contar nada en el juego que estábamos jugando.

- Gracias. - Mi amor.

Oye, ¿cómo se te ocurre que te voy a delatar?

Nada que ver.

Esto, Dante…

lo tenemos que enfrentar juntos, mi amor.

- Los dos. - Sí.

Esa risita.

- ¿Sabes qué? - ¿Qué?

Yo creo que lo tenemos que enfrentar ahora.

Ahora.

Ya, ven.

Ponte la bata, las pantuflas y vamos.

- ¿Dónde? - ¿Cómo dónde?

Al auto.

¿Y no nos va a ver nadie?

Nadie, ¿quién nos va a ver?

Están todos durmiendo. Todos aburridos.

- Ya, sácate eso - ¿Pero por qué? Qué incómodo acá.

- Aquí voy. - Ya.

Ya.

- A ver. - ¿Qué hacemos?

¿Cómo qué hacemos?

Pero, ¿qué hace…?

- Pon música. -¡Qué incómodo de lado!

¿Cómo? ¡No! Vamos a acos…

¡Nos vamos a quedar sin batería!

No importa, prende el auto entonces.

No, ahí sí que no, vamos a llamar la atención.

- Llamaremos la atención… - Ya, Dante, nada.

A ver.

- Ya, pero no… - Ya, entonces cántame.

- No… - Cántame algo.

¿Qué quieres que…?

¿Qué te canto?

Cántame lo que sea al oído.

- Las industrias, muevan las industrias. - Ay, me encantan Los Prisioneros.

Las industrias, muevan las indus…

Voy a llegar a la gran máquina,

todo es oscu…

Si agacho un poco la cabeza…

¿Qué pasa?

No pasa nada.

¿Qué te pasa?

Ponte tú acá, ponte tú abajo. Yo me pongo arriba.

- ¿Pero quieres que baje? - No, ponte tú acá.

Te pegaste.

- No importa. - Pero cuidado.

- Ya, yo voy. - Ven.

Ven acá.

Espérate…

La pantufla, se me perdió la pan…

Sácate la pantufla.

Sácatela...

- ¡Ay! - ¿Qué pasa?

- Aquí, aquí. - Te toco acá.

¡No, no! ¡El trasero no!

¿Entonces qué? ¿Qué pasa?

- ¿Qué pasa, Dante? - La ciática.

- La ciática. - ¡Ay!

¿Qué postura es esa tan exótica?

No, la ciática.

¡Ay, la ciática!

¡Ay, me duele!

- A ver, ¿te hago un masaje? - ¡No!

Entonces, pongámonos así.

- ¡Koala! - No me puedo mover.

- ¡Koala! - ¡Pero si me duele!

Me duele, de verdad, me duele.

Me duele, no me puedo mover.

- Quizás, si te hago un masajito aquí. - No.

- ¡Ay! - ¿Qué pasó?

Me pegué en la cabeza, pero no importa. Puedo seguir

- Te hago un masajito. - No puedo seguir. No puedo.

¡Ay, Dante!

Todos los días juegas fútbol.

¡No entiendo!

Espera.

Pásame la otra pantufla, no sé dónde quedó.

Esta en la mía y la otra...

- Esa. - Toma.

- ¡Ay! - ¡Cuidado!

Cuidado.

Dante, ¿sabes qué? Creo que igual...

si yo te hago un masaje...

¡No, no! ¡Ay, me duele!

¡Me duele, me duele!

Bueno, despacito.

- Vamos, vamos. - Tranquilo.

No, ¿sabes qué?... ¡No puedo pisar!

Ya me di cuenta.

Quizás, si te hago un masaje…

¡Ay!

Y la verdad…

es que fue el mejor sexo de toda mi vida.

Estás despierto.

¿Todo bien?

Sí. Me desvelé nomás.

Está todo bien.

- Ven. - Sigue durmiendo.

Ven aquí.

¿En serio?

Ya, termino de tomar desayuno y voy para allá.

Gracias.

- Mi amor. - ¿Ah?

Voy a ir donde la Vivi.

¿Te acuerdas que le pedí que averiguara sobre la Coca?

Pues tiene noticias y parece que es heavy .

- Ahí te cuento. - Ya, yo me voy a ir a jugar.

Después te llamo a ver si llego al almuerzo.

Bueno. Cuídate de las patadas, por favor.

- Porque eres un cincuentón. - No, si… me voy a cuidar.

Además, no te cansas de recordármelo.

Pero eres un cincuentón muy lindo.

- Hola, hija. - Hola, mi amor.

- ¿Cómo estás? - Bien.

Un poco cansada. Nos quedamos hasta tarde.

- ¿Tomaste desayuno? - Sí, donde la Domi.

- No quiero ser entrometida, pero... - Mamá, pregúntame lo que quieras.

¿Supiste algo de Matías?

- Uy, pero es que tu mamá no se aguanta. - ¿Qué?

No entiende que ya no tienes 15 años.

Bueno, las mamás somos así. Me preocupa, ¿entiendes?

Sí, hablé con el Mati…

y quedamos en que nos vamos a dar un tiempo.

Ah, pero qué bien.

Porque siempre es mejor pensar las cosas antes de hacerlas.

Ya, me voy a duchar.

Mi amor, yo voy a casa de la Vivi. Tu papá irá a jugar y tu hermano duerme,

así que cuando despierte, por favor, dale desayuno.

- Obvio. - Y que se mida la glicemia,

porque anoche la tenía alta.

Nos vemos.

- ¿Viste? - ¿Qué?

Que solo había que darle su espacio.

No sé. Ojalá lo piense bien

y se de cuenta que ese chico, después de lo que hizo, es un imbécil.

Llegué.

¿Y qué le dijiste a tus papás?

Te hice caso y me ahorré dolores de cabeza.

Te amo.

- ¡Ay! - ¿Qué te pasó?

- ¿Qué onda? Estás como adolorido. - Sí, sí.

Fue una fuerza mal hecha, pero me tomé una pastilla.

Espero que haga efecto.

Sería bueno reforzar la defensa,

para evitar los tiros al arco.

Buena idea.

Oye, ¿sabes qué? Me quiero asegurar de que no hagas ninguna tontera.

Eso que me escribiste...

¿Era broma? ¿Le quieres contar al Gaspar o no?

Es que, ¿sabes qué? Esta mujer ha pasado todos los límites.

No solo me está provocando a mí,

sino que se ríe de la Antonia en mi cara, ¿entiendes?

Sí, entiendo. Sí, entiendo.

Pero contarle al Gaspar sería apagar el fuego con bencina.

Sí, pero mientras más tiempo pase, peor.

Sí, sí, está bien.

Tengo una idea.

Hablemos con él. O más bien, déjame a mí hablar con él.

¿Qué le vas a decir?

Le mataré la ilusión.

Si esta chica se ha metido en tu vida es porque él ha abierto las puertas.

Y él... hay que convencerlo de que no lo haga más.

Y eso déjamelo a mí, por favor. Yo lo hago.

- Entonces sedujo al jefe, ¿viste? - Sí.

Un señor que por lo que yo sé, es mayor que Hernán.

- ¿Mayor que mi papá? - Sí, mayor.

No te puedo creer. Ah, ya, pero esta es cosa seria.

Sedujo al jefe, hizo que rompieran su matrimonio,

le sacó la plata que pudo. Como no se pudo casar con él, lo abandona,

se viene a Santiago y ahora, ¿agarró a mi papá?

- Sí. - No, francamente.

La Rosario me dijo que podía conseguir el número

de uno de los hijos del señor para llamarlo

y averiguar más.

Ya… ¡Es una zorra!

Sabía que no se podía confiar en ella.

- Yo sabía. - Eres una bruja. ¿Cómo lo supiste?

No, es una intuición de hija nomás,

porque lo conozco, porque lo veo y él...

¿Sabes qué? Me da pena, porque él jura que lo aman.

Profundamente.

¡Qué rabia me da!

Tranquila. Sabemos lo que se trae entre manos.

Así que... está bien.

La Rosario.

Me mandó el número del hijo y me dijo que este tipo estaba abierto

a hablar contigo, así que lo llamaras.

- Gracias. - De nada, amiga.

Pero estás totalmente loca, como se te ocurre contar

la aventura con Luciano.

Amiga, porque esa era la pregunta.

El lugar más inusual en el que he tenido sexo es mi estacionamiento.

¿Qué más inventar? Tampoco tengo tanta experiencia.

Bueno, pero decir que fue el mejor sexo de tu vida…

- ¿No será un poquito mucho? - Es que es verdad.

El juego se trata de eso.

El juego es verdad o reto y yo todo lo que dije es verdad.

Y el pobre Gaspar, ¿qué onda?

Ahí está, se complicó un poco, pero…

Se le va a pasar.

Eso es lo que me gusta.

No se complica, no se toma nada en serio.

¿Y todas estas confesiones hot las hiciste a un metro de la Antonia?

Qué amable de tu parte, sororidad ante todo, vivan las mujeres.

Amiga, va a sonar terrible diré, pero...

ni pensé en ella.

Simplemente respondí la pregunta.

Y obviamente me preocupé que no se notara,

pero los ojos se me iban a Luciano.

Para, Barbie, tienes que salir de ahí. Esto terminará mal.

Ojalá pudiera.

Bueno, después no me digas que no te lo dije. Permiso.

Sí, salud, compadre.

Aunque hayamos perdido, hay que mantener la frente en alto.

Hicimos un buen partido, tiramos buenos pases, compadre.

No se dio, pero bueno está partiendo esto, quedan muchos partidos.

No, compadre, yo me…

me siento culpable. O sea…

no haber podido jugar por este tema en la espalda me desanima.

O sea, ¿jugué cinco minutos? ¿Patético?

No, no, perdón, de verdad lo siento mucho.

- Pero vas a estar mejor. - Sí, sí.

¿Y tú, Gaspar?

¿Qué cosa? ¿Yo qué?

¿Qué onda? Estás con la cabeza en otra.

Yo quiero pensar que estás, no sé, dándole ahí…

día y noche, como campeón...

¿Y por eso estás cansado?

Si por algo esta chica contó la historia del auto, para tentarte a ti.

¿Cómo andas? Como adolescente, no te dan respiro.

¿Por qué me miras? No he dicho nada.

¿Te he dicho algo a ti? No, compadre.

Nada, compadre, la Bárbara no…

No ha pasado nada.

¿Qué? ¿Es una broma?

No es una broma, ¿y qué tiene?

¿Cómo que qué tiene? Para, para.

Perdón.

Esta chica sabe que tú tienes muchas ganas.

¿Y cuenta esta historia? ¿Para qué?

¿Para hacerte sentir incómodo? Por no decir humillado.

¡Le importa un carajo!

¡El tipo dramático!

Ni yo exagero tanto. Detente.

Ya, pero... no sé.

Igual fue desubicado.

O sea, perdón… Todos vimos cómo le brillaban los ojitos

cuando hablaba del tipo del auto, ¿o no?

Cero respeto, compadre.

Perdón, pero basta.

Perdón. Además, no respondió cuando le preguntaron...

Cuando preguntaron si lo veía.

¿A ti te dijo algo?

¿No? Entonces lo sigue viendo, es obvio.

Y a ti te está usando para sacarle celos al tipo del auto.

Amigo querido, te lo digo con todo cariño:

Esta chica está en otra y a ti solo te está usando.

Disculpa por venir a removerte esta historia tan dolorosa para ustedes.

Me imagino que debe ser dolorosa, pero para mí es importante…

porque se trata de mi papá.

Mira, yo ya no me dedico a la venta de propiedades,

pero cuando estaba en eso, escuché mucho el nombre de Hernán Arismendi.

- Es un hombre muy respetado - Sí.

Ojalá alguien nos hubiera advertido del tipo de persona que era Coca Núñez.

Con mis hermanos, la teníamos como una trabajadora seria.

Ambiciosa, sí.

Pero en el buen sentido.

¿Y? ¿Qué les hizo cambiar de opinión?

Conocer la verdad.

Nadie se dio cuenta de que ella estaba seduciendo a mi papá.

Lo convenció de dejar a mi mamá

y de divorciarse de ella para que se pudieran casar.

¿Y ella nunca dejó de trabajar en la empresa?

No… era lo único que le importaba.

Apenas pudo, empezó a tomarse atribuciones.

Quería quedarse con todo.

¿Y cómo hicieron para alejarla?

Se fue solita apenas mi papá dejó de servirle.

- No entiendo. - Mira.

Días antes de que se casaran por el civil,

yo y mis hermanos nos reunimos con mi papá para abrirle los ojos

y hacerle ver que estaba cometiendo un error.

Nos mandó a todos a la mierda…

y quedó muy alterado.

- Al otro día tuvo un infarto cerebral. - Ay, lo siento. Perdón.

Ella nunca pasó por la clínica, más de una o dos veces.

Así que hasta ahí le llegó el amor.

Después de eso, nunca más la vimos.

Hasta que recibí tu llamado.

Gracias y disculpa por remover esta historia.

No te preocupes, tranquila.

Si Don Hernán necesita hablar conmigo, dile que yo encantado lo recibo.

Gracias.

Como te decía...

ojalá alguien nos hubiera advertido.

Espera, estábamos ahí y…

le sale la carta a la chica y se pone a contar una historia

de un revolcón increíble en un estacionamiento que te mueres.

Era como escuchar una historia del Rumpy, tal cual.

Ay, me estás molestando, pobre Gaspar.

Se debe haber sentido pésimo. Se sintió inseguro, lo conozco.

No le vi la cara, pero lo que es yo, quedé muy prendida.

- Fogosa total. - Me estás molestando.

Sí. Entonces, ¿qué hizo tu amiga?

¿Qué hizo mi amiga?

- Cuando se fueron todos… - ¿Ya?

...fui y me llevé a Dante para el auto.

- ¿Me estás…? ¡No! - Sí.

Espera, estábamos ahí de lo mejor, dándolo todo, por supuesto, y ¡paf!

Me pegué un cabezazo en el techo del auto, ¡qué atroz!

Te juro que me dolió mucho.

Fue como un TEC cerrado, pero no me importó.

- Seguiste. - Yo seguí dándolo todo.

Imagínate, solo quería seguir.

Bueno, estábamos ahí de nuevo, en lo mejor.

- Y Dante… - ¿Qué?

Lumbago.

Ay, no, te juro, todo se derrumbó dentro de mí. Fracaso total, amiga.

Amiga, esos lugares como fetiches son tan falsos.

¿Cómo va a ser rico hacerlo dentro de un auto, en una mesa de pool...?

¿Lo has hecho en una mesa de pool tú?

- No, nunca. - Ya. Di la verdad, Rosa.

No, nunca.

¡No! A lo que voy es que es mucho mejor hacerlo en la cama.

O sea, no vayas a comparar.

El tema es que a nosotros tampoco nos funciona la cama.

Ay, amiga, creo que es una fase.

Ustedes llevan mucho tiempo juntos.

No sé.

¿Tú tuviste problemas con Gaspar en la cama?

Ay, no, si ese era mi problema con Gaspar, que...

el único lugar en el que nos llevábamos bien era la cama.

Sí.

Amiga, ya que tienes tantas ganas….

Oye, estoy prendida, no necesitada.

Bueno, ya que estás prendida, y Dante con su problema,

¿por qué no buscas en otro lado?

¿Estás loca?

¿Cómo se te ocurre que yo voy a serle infiel a Dante?

No, pobrecito.

Además yo lo amo, ¿ya?

Estoy súper enamorada de él.

Jamás en la vida le sería infiel, te juro.

No, estás loca.

Yo no estoy hablando de serle infiel.

- ¿No? - No, estoy hablando de otra cosa.

¿De qué entonces?

Como abogado, ¿entiendes que cuando alguien evade una respuesta

es porque algo hay ahí o no?

Te está usando para sacarle celos al otro.

Que me use, me da lo mismo, loco.

Si tiene que pasar algo, que pase y si me quiere despachar, me da lo mismo.

La chica me gusta. Es guapa, exquisita, una bomba,

tiene un cuerpazo increíble, pero…

tampoco estoy enamorado de ella.

¿Y la Vivi?

- ¿La Vivi qué? - ¿Qué pasa con la Vivi?

Si la Paloma me contó que está bien entusiasmada con ese apoderado.

La Antonia me dijo lo mismo, que estaba muy entusiasmada con ese tipo.

Ya tiraste la esponja ahí…

Qué fastidio.

- Oye. - ¿Qué?

Se te nota en la cara que estás loco por esa chica,

y creo que la Vivi también lo notó.

Por eso se relajó y se atrevió con el apoderado.

¿Qué sabes tú, idiota?

Yo sé lo que sé, no sé tanto tampoco.

¿Para dónde vas? - Tengo que ir por la Emi al hockey .

- No te enojes. - Páguense ustedes, siempre invito yo.

No te enojes.

Igual te pasaste un poco, ¿o no? ¿No crees?

Terapia de choque.

No hay otra forma de que abra los ojos. Lo siento.

Oye, no me dijiste que estas cosas eran tan lindas.

Es que se pasaron. Te juro que podría ponerlas aquí en la repisa de la sala.

A ver...

Vibrador Rabbit.

Vibrador doble.

¿Doble?

¿Cómo? Entra por dos…

Oye, es que hay para todos los gustos.

De verdad que no...

No sé por cuál decidirme, son todos buenísimos.

Bueno, mira, tengo una pequeña selección igual…

de uno que se llama

Penguin Succionador Estimulador.

¡Pero es el más caro!

Date el gusto, te lo mereces.

Ay, es caro.

Pero a ver, ya. Paloma, mira.

Esto vendría siendo como el equivalente a una terapia.

Me voy a sentir mejor, más relajada, bien servida y con la piel lozana.

O sea, en el fondo me voy a ahorrar terapia y dermatólogo.

Agregar.

- ¿Hola? - Hola, Paloma. Habla Bárbara.

¡Hola, Bárbara!

¿Y esta sorpresa?

¿Estás muy ocupada?

No, estoy aquí viendo unos accesorios necesarios, pero nada más.

Los niños no están, Dante está jugando a la pelota...

¿Con los viejos gordos?

Sí, con los mismos, los gordos tetones.

Oye, te quería hacer una invitación para mañana,

Para que pruebes la nueva línea de pasteles que hay en la cafetería.

Que los pruebes, que me des tu opinión…

como me dijiste que querías aprender.

¿En serio? Pero qué halago.

¿Si? ¿Te gustaría?

O sea, me tinca mucho, obvio.

Aparte necesito azúcar.

Ya, genial entonces, ¿te mando la dirección?

La tengo, porque investigué el café.

Ya, bueno, entonces espero la psicópata mañana.

Si, obvio, ahí voy a estar, sin falta.

Gracias, Bárbara.

Gracias por la invitación.

- Hola. - Hola, mi amor.

- ¿Cómo estás? - Bien.

- ¿Por qué estás hablando con la Bárbara? - Porque me llamó.

¡Mira, qué amorosa! Me llamó para invitarme a una degustación.

- Ah, mira, qué bueno. - ¿Cómo te fue?

- Más o menos, o sea, mal. - ¿Cómo estás del dolor?

No jugué ni cinco minutos.

El dolor es muy fuerte, así que ...

A ver, pasa para acá, recuéstate ahí.

- Despacito, despacito. - Sí, sí, está bien.

¿Sabes qué te haría bien?

Quizá, si te pongo una bolsa de agua caliente...

- Ya. - ¿Ya?

- Vengo enseguida. - Oye...

No sé, como que...

Creo que no...

no es bueno vincularse mucho con esta chica, con la Bárbara.

¿Por qué?

¿Qué pasó?

Mira, honestamente...

no le veo mucho futuro a su relación con el Gaspar.

O sea, no sé por qué, no me preguntes, pero...

es como un presentimiento.

pero ¿Gaspar te dijo algo?

No.

No, pero…

Mira, me pongo en el peor de los casos, que ellos terminen…

Nosotros tenemos que ponernos del lado de él.

Él es nuestro amigo, ella es una recién llegada.

Sí, obvio, pero ¿por qué tan pesimista?

¿Tú crees que si terminan, va a terminar tan mal todo?

No, además yo creo que a Gaspar le da lo mismo. Y yo, de verdad,

o sea, sí o sí voy a estar en esa degustación.

Los pocos placeres que me quedan.

No me lo pienso perder, por nada del mundo.

Ay, mi amor, perdona, perdona.

Fue sin intención, que estúpida. Perdón.

¡Ay, perdona!

- Perdona. Ay, qué tonta. - Ya, está bien.

Tranquila, ¿sabes qué? Mejor me voy a ir a recostar en la cama.

- Ay, mi amor. A ver, yo te... - Yo puedo ir.

- Gracias. - Bueno. Despacito.

- Me llevas la bolsa, por favor. - Sí, obvio.

Porque yo lo valgo.

¡Hola mamá!

Parece que estuvo bueno el entrenamiento. Anda a ducharte.

Oye, oye, mi abrazo.

Qué niña más atrevida.

- Chao. - Chao.

¿Qué onda?

Se perdió como cinco goles…

Estaban regalados.

- Pobrecita, estaba muy molesta. - ¿En serio?

Tiene poca tolerancia a la frustración.

¿A quién habrá salido?

No sé, no se me ocurre a quién.

Oye, me contó que anoche fueron donde tu "amigo".

Sí. - Y que estuvieron viendo películas,

comiendo cosas ricas, como familia feliz.

- Y que se quedaron a dormir… - Pero en habitaciones separadas.

Es que yo bebí, entonces no quería manejar después.

Ah, una madre ejemplar, responsable. Te pasaste.

La Emi no sabe nada y no quiero que lo sepa, ¿ya?

Ah, o sea, la cosa en serio.

No sé si en serio, yo no tengo ningún apuro.

¿Y tú? La Paloma me contó que la pasaron increíble ayer,

Que habían comido sushi, que estuvo muy entretenido.

Sí, estuvo tranquilo.

Pero ya, cuéntame más del tesorero.

¿Qué onda? ¿Gritaron "Viva Chile"?

¿Por qué te interesa mi vida sexual, Gaspar?

- ¿Qué onda? - De chismoso.

Y porque me importas, me interesa saber si estás bien.

Estoy bien.

Y me gusta saber que tú también estás bien.

Eres el papá de mi hija, siempre vas a ser muy importante para mí.

¿Aunque haya sido un tonto?

Sigues siendo un tonto.

Un tontorrón.

Pero eres un buen hombre y un buen papá.

Eso es más importante.

- ¡Mamá! - ¿Qué?

¡El agua está saliendo fría!

Ya.

Te dejo con esta enana que está en modo demonio, pero...

¡Voy!

¿Algún panorama para esta noche?

Chao.

Y yo tenía razón.

Esa zorra es una sinvergüenza.

¿Y cuándo piensas hablar con tu papá?

Mañana en la mañana.

Quiero hablar con él en su casa, para que pueda reaccionar tranquilo,

porque no sé lo que vaya a pasar, ¿entiendes?

Sí, pero cuidado. Recuerda que hace poco más de un año tuvo un infarto.

Por eso te digo.

- ¿No quieres que te acompañe? - No.

No, yo creo que esto lo tengo que enfrentar yo sola.

Porque...

Mira, el viejo es fuerte.

Es fuerte.

Solo es cosa de recordar cómo enfrentó de manera estoica...

la enfermedad de mi mamá.

Y su muerte, que fue algo espantoso.

Sí, pero era mucho más joven.

Y le va a doler. Claro que le va a doler.

Pero, ¿sabés qué?

Tienes que saberlo.

Si yo estuviera viviendo una mentira como él...

a mí me gustaría que me lo dijeran, ¿tú no?

Por supuesto.

- ¿Y qué van a hacer con la Coca? - Despedirla.

Yo la voy a despedir.

No quiero que mi papá la vuelva a ver. Yo la despediré.

Desde ayer que Gaspar no me responde los mensajes.

Me deja en visto. No creo que me esté ghosteando, ¿ o sí ?

¿Por qué no le preguntas?

Hablando del rey de Roma…

¿Qué decías de mí?

- Solo cosas lindas, siempre. - Más te vale, pues.

¿Cómo estás, ingrato?

Oye, ¿tienes un ratito para que hablemos los dos afuera?

Eh, ahora...

No te quito más de dos minutos.

¿Pasa algo?

No, nada grave.

- Ya. - Vamos.

Oye, muy buena la reunión con tus amigos.

- Sí, ¿no? - Simpáticos todos.

Sí, son buena onda.

- Muy buen grupo, se tiene que repetir. - Sí, claro.

De hecho, la Paloma viene a la cafetería.

- Más tarde. - ¿A qué?

Le inventé un trabajo.

Probadora oficial de la nueva línea de pasteles de la cafetería.

Está en llamas. Le encantó la idea.

Podrías venir tú también.

Estás invitado.

En verdad, no te quiero quitar mucho tiempo.

Mira, no sé cómo empezar a decirte esto sin sonar ridículo, porque...

yo sé que entre nosotros no tenemos nada, pero...

de todas maneras, quise venir a conversar personalmente contigo, porque...

podría llegar y desaparecer, que sería lo más fácil.

¿Me estás hablando en serio?

Mira...

sea lo que sea que tengamos…

dejémoslo hasta acá, ¿bueno?

No nos veamos más.

¿Por qué?

¿Fue por lo que pasó en mi estacionamiento?

Mira, Bárbara, yo he sido súper honesto contigo y...

la verdad es que no estoy en edad para dar pena tampoco.

Si igual convengamos una cosa…

es un poco patético sentir que uno es el único interesado en que pase algo.

Tampoco te puedo obligar. O sea…

si tú solo me ves como un amigo…

¿qué le vamos a hacer?

Sí, tampoco he sido tan honesta contigo.

Sí, era obvio. Hay otra persona, ¿no?

Ya, tranquila. Me dijiste que no te gusta dar explicaciones, pero honestamente…

te encuentro una mujer preciosa, te mereces lo mejor

y te deseo lo mejor del mundo.

Gracias.

Chao.

Chao.

Hola, ¿y esta sorpresa?

Hola.

Vengo a hablar contigo.

Pero podrías haber esperado hasta estar en la oficina.

Sí, pero prefiero que estemos más tranquilos.

- ¿Estás solo? - No, la Coca debe estar por…

Ahí viene.

- ¡Hola, Anto! - Hola, Coca.

¿En qué andas?

Asuntos familiares.

Bueno.

Oye, ¿nosotros nos vemos en la oficina más tarde?

- Que te vaya bien. - Gracias.

Voy a mostrar ese departamento de Lo Barnechea que costó tanto mover,

pero parece que ya encontré un cliente.

Así que, wish me luck.

- Suerte. - Gracias.

Te amo.

¿Por qué siempre tienes que ser tan pesada con ella?

Tengo mis razones.

Y por eso vengo a hablar contigo.

Si vienes a hablar mal de la Coca, por favor, no lo hagas,

porque no quiero comenzar la semana peleando contigo.

Bueno, me vas a tener que escuchar, porque lo que te voy a decir es terrible.

Vengo de hablar con la chica.

¿Y tú vas a seguir con la tontería?

- Qué mal, amigo - No, tranquilo.

Fui a hablar con ella al café y le dije que…

no estoy para estar pendiendo el tiempo.

Así que… chao con ella, se acabó.

No tendrán que volver a verle la cara.

No sé qué quieres que te diga.

Creo que fue la mejor decisión.

¿Tú dices?

- Sí, sí. - Sí, ¿no?

Lo único que va a extrañar mucho…

es el cafecito rico que teníamos.

Tan bien atendido, además.

Opciones no te van a faltar, Gaspar.

En este barrio, en cada cuadra hay un café.

Sí. Sabes que en realidad, me da lo mismo.

Será para el próximo campeonato nomás, profesor.

¿Sí?

Don Luciano, lo llaman de la Seremi de Vivienda.

Ah, ya.

Gracias, Berni.

- ¿Me das un segundo? -Sí, obvio.

¿Hola?

¿Hola?

Perdona, mentí para llamarte.

Soy yo, Bárbara.

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