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Realmente, ¿quieres saber la verdad?
- Tu padre ha tenido un accidente.
- Quiero verle.
¿Me quieres explicar por qué no estás en la clínica?
Yo la he ayudado a escaparse. ¿Tú?
¿No estabas con mamá en Barcelona preparando tu exposición?
No, papá, te mentí.
- En realidad, todo empezó un año antes de la noche del accidente.
- Septiembre del 2018, cuando ellos aparecieron.
Ella es Cristina, mi mejor amiga del colegio y del instituto.
Éramos inseparables.
¿- Os conocíais? - - No.
Si quieres, hay un puesto para ti como profesora asociada
en la Universidad Rafael Bécquer.
Ten cuidado.
¡Ah!
Ella se tiró delante del autobús a propósito.
En esta universidad, hay algo que protegemos entre todos:
su reputación.
¿El lema de esta universidad no es "verità solve"?
¿La verdad desata?
Entonces, ¿por qué le dijiste a Rebeca que no me habías visto antes?
Daniel salió disparado hacia adelante como una bala de cañón.
Era raro que su sangre volara al airbag del copiloto.
Peinamos la zona, pero el rastro de sangre se perdió en un punto.
Pero algo sí que encontramos.
Es de Cristina. ¿Cristina?
¿Quién es Cristina?
- Cristina Arias, su mujer.
- ¿Alguien sabe dónde está Cristina Arias?
¿Por qué me miráis todos a mí?
¿Cómo voy a saber dónde está mi mujer si me acabo de enterar
de que estaba en ese coche? ¿Tiene idea de adónde podía ir
con Daniel? No tengo ni idea, no.
Se supone que estaba con mi hijo en Barcelona.
No fuimos, le dije a mi madre que tenía fiebre para irme con ella.
- ¿Sabe dónde iba su marido con Cristina Arias?
No tengo la menor idea.
Pero ¿qué cojones importa dónde iban?
¡Mi mujer estaba en ese coche, hay sangre suya por ahí!
Tranquilo, ¿vale?
Ni tranquilo ni hostias.
Mi mujer debe estar tirada por alguna parte.
Pues esa es la cosa. ¿Qué cosa?
Que no está.
Se está peinando la zona, pero, de momento,
no hay ni el menor rastro de Cristina Arias.
"A todas las unidades, buscamos mujer de 42 años."
- Aquí unidad 314, carretera recorrida y sin novedades.
"- La unidad 497 se une a la búsqueda."
Yo debo de ser gilipollas.
Porque había que ser gilipollas o estar muy ciego.
Durante años, creí que nuestra vida era perfecta.
Que mi familia, el día a día...
Todo era tal como parecía.
Hasta la noche del accidente.
Mi padre muriéndose en la UCI de un hospital.
Hay dos noticias, una buena y una mala.
La buena es que papá sigue vivo. Por ahora.
- ¿Y la mala?
- Todo lo demás.
No apaguéis los móviles, tenemos que estar localizables.
Podemos ir a verle dos veces al día, a las 11:00 y a las 18:00,
pero solo una persona cada vez.
Nos turnaremos.
- Yo aún no le he visto.
Tú tienes que volver a la clínica, Mía, ya lo sabes.
¿Tantas ganas tienes de encerrarme? Papá se está muriendo.
Cariño. ¡No me llames cariño!
¡No volveré a la clínica!
- ¡No me volverás a encerrar! - Mía.
Cállate.
Las primeras 72 horas son cruciales
y Daniel aún no las ha superado.
Mía, por ahora, se queda en casa.
- Mi madre podía tener mucho carácter,
pero era mi abuela quien tenía el dinero.
Y era ella quien abría o cerraba el grifo.
Así que, cuando ella hablaba, no había más que decir.
Los trapos sucios venden, ¿a que sí?
Más, cuando son de familias así, conocidas.
Como la nuestra.
Pues no te pierdas nada, que con nosotros te vas a forrar.
♪ El fuego de tu ausencia.
♪ Oscurecer en la luz.
♪ Perder a los sueños por ti.
♪ Todo arde,
♪ el mundo se quebró al abrazarte.
♪ Cruzaremos la ceniza para salir. ♪
¿Qué dices, papá? ¿Estás loco? Loco me volveré si me quedo aquí.
Por favor, ¿quieres razonar? ¡Nico, ayúdame, por favor!
¿Cómo vas a ir a buscarla tú con la rodilla así?
¿Qué quieres que haga entonces?
¿Me lo dices tú?
Papa, mírame.
¡Que me mires!
Va a aparecer, ¿me oyes?
La van a encontrar.
Tú tienes que quedarte aquí y estar localizable.
Joder.
Esto es una puta pesadilla.
Hay que confiar en la Policía, ellos saben hacer bien su trabajo.
Ya verás cómo va a aparecer.
Díselo tú, Nico. ¿Verdad que va a aparecer?
- Todo era extraño.
Más que extraño, diría yo.
Cristina va en el coche de Daniel, tienen un accidente,
¿y ella no aparece por ninguna parte?
Ni vida ni muerta.
- Todos nos preguntábamos qué hacía ella en ese coche,
adónde iban.
Y dónde estaba Cristina.
¿Se la había llevado alguien del lugar del accidente?
- La verdad, que cada cosa que iba averiguando,
hacia el asunto más raro.
Según el rastreo de la señal del móvil de Cristina,
el teléfono había estado operativo durante un tiempo
después del accidente.
La señal siguió el trazado de la carretera comarcal
y su señal se perdía justo en la intersección
donde la carretera comarcal conecta con la nacional.
Por lo que empezamos a trabajar con la posibilidad de que alguien
la hubiera recogido en ese punto y allí apagó o le apagaron el móvil.
Pero ¿y si el móvil iba por un lado y Cristina por otro?
Según los diferentes puntos y minutos
donde se recogía la señal de su móvil,
Cristina habría tenido que moverse a una velocidad
de 25 kilómetros por hora.
Eso, ni un corredor a toda leche.
Sin contar que estuviera herida.
Entonces, ¿qué?
¿La recogió un coche en el lugar del accidente?
Y, si lo hizo, ¿por qué circularía a esa velocidad?
Muy lenta para ir en coche, muy rápida para ir a pie.
Raro, ¿no?
Había que volver al lugar del accidente, era el único sitio
donde habíamos encontrado evidencia física de Cristina.
Y, de paso, intentar enterarme, de una vez,
de qué cojones hacia Cristina en el coche de Daniel Bécquer.
Ya se lo dije, teniente, la verdad es que no lo sé.
¿Es posible que hubieran quedado, no sé, para cenar o...?
Pero si estaban saliendo de la provincia.
Lo que digo es que si sería posible que hubieran quedado
para algo normal y corriente. Porque, en fin, si no,
la siguiente suposición lógica... No.
No es posible.
Ni que hubieran quedado como amigos ni...
Ni, mucho menos, eso que está usted insinuando.
¿Por qué está tan segura?
Porque Cristina es mi amiga, no la de mi marido.
Y, de hecho, la relación entre ellos no es buena, no lo ha sido nunca.
¿Me puede explicar por qué?
Discúlpeme, pero en este momento debería estar pendiente del móvil.
Mi marido está crítico y, en cualquier momento,
podrían llamarnos.
La entiendo, estaría igual de atacado que usted.
Gracias. Pero si solo me contestara a esto.
Pues, la verdad, no se qué responderle.
Hay personas que congenian desde el principio,
pero en el caso de Daniel Cristina, ocurrió todo lo contrario.
Ellos habían tenido unas palabritas después de que aquella pobre chica
fuera atropellada por el autobús.
Pero lo fuerte pasó unos días después.
Buenos días, Javier. ¿Tienes clase a primera hora?
Sí, a primera.
A primera.
Pero, Javier, por favor.
Que son las 09:00. No, es que...
"Igual, si me tomo una copa".
- ¿Una, una copa? Anda, ven, ven. - Buenos días, rectora.
¿Qué tal empieza tu primer día en el nuevo cargo?
- Eh. - ¿Qué haces?
Qué vergüenza. ¿Le quieres dejar?
Que le han sentado mal unas pastillas.
Pues el whisky tampoco le ha sentado bien. Es intolerable.
Qué falta de respeto y de todo.
Esto debía saberlo mi tía.
- Porque tener a Rebeca como rectora es una manera de mantener
a Daniel vinculado al cargo, ¿no te das cuenta?
- Sí, pero no tengo nada claro que él cambio de idea.
- La universidad es suya y algún día tendrá
que asumir sus responsabilidades.
- Miriam. - Gracias.
- ¿Ocurre algo? - ¿Podemos hablar un minuto, tía?
- Pasa.
- Es sobre Javier.
A mí no me gusta ser un chivato.
Ya, se nota que te rompe el alma.
Pero lo de hoy es intolerable. Borracho a las 09:00.
Es para cesarle inmediatamente.
Aprovechar que Daniel no es el rector
para cargar contra su hermano es una bajeza.
Como nueva rectora, deberías preocuparte más
por la universidad que por tus amigos.
Ya te preocupas tú por ellos.
Sobre todo, si crees que pueden hacerte sombra.
¿A mí? ¿Él?
Bastante castigo tiene mi tía con un hijo que no hace nada a derechas.
El tío Rafael le hubiera puesto en la calle.
Ya, pero el tío Rafael no está y tú no tomas las decisiones.
Lo cierto, Miriam, es que este tipo de...
problemas no es la primera ni la segunda vez
- que nos ocurren con Javier. - Ya.
- Habría que hacer algo.
A lo mejor, si encontrásemos una persona de refuerzo para él,
que le ayudara en las clases, que pudiera cubrir
alguna ausencia ocasional, quizás, eso le centrara un poco.
Y yo creo que tengo la persona adecuada.
Me parece un parche, ¿qué queréis que os diga?
- Sin embargo, Andrés, Rebeca es la rectora y,
si ella cree que es la solución, pues no hay nada más que hablar.
Gracias.
El día que todos dejéis de proteger a ese incompetente,
la universidad ganará.
Me encantaría hablar contigo en incompetencias, Andrés,
pero ¿no deberías estar dando una clase en vez
de haciendo pasillos en la planta noble?
Hola, Cristina. Tengo una misión para ti.
No, no. Sería ayudar a un profesor a dar una clase.
Tu primera clase aquí.
Hola.
Javier. Hola, soy Cristina Arias.
Siento que te hayas indispuesto. Gracias, ya estoy un poco mejor.
Me alegro. Mira, estas son mis notas, ¿vale?
Ajá. Si no te importa leerlas tú.
No, no. Hasta donde llegues.
Muy bien. Si necesitas comentarlas
o lo que sea, me lo dices. Vale, perfecto.
Hola, chicos. Ella es Cristina Arias.
Hola. Profesora ayudante
que será la que os dé el temario hoy.
Perdón, no... No sabía que era la clase de María.
Yo, si a vuestro profesor no le parece mal,
empezaría con un minuto de silencio por ella.
Gracias por el gesto con María.
De nada.
Siento muchísimo lo que ha pasado.
Ella era un amor. Una buena tía, muy alegre.
Hasta que empezó con sus problemas.
De nervios, ¿sabes?
Era buena estudiante,
pero, luego, empezó a decir que no podía concentrarse.
Ya. Hablé con ella justo antes de...
Del accidente y, por lo que decía, se notaba que no estaba...
Cristina, disculpa. ¿Me puedes acompañar, por favor?
Si me vas a pedir... Te voy a pedir
que me escuches en silencio
aunque sea por una cuestión de jerarquía académica.
Creo que te dejé muy claro que no quería especulaciones
sobre la alumna fallecida y no has tardado ni dos días
en cotorrear por los pasillos. No estaba cotorreando.
Te lo dejé muy claro. Sí, pero no entiendo
por qué tengo que decir que fue un accidente
lo que fue un suicidio.
Si de verdad fue un suicidio, cosa que solo afirmas tú,
no es, precisamente, un adorno para la imagen de la universidad.
Te prohíbo que sigas con eso. No puedes prohibírmelo.
No tienes ningún derecho. ¿Que no tengo ningún derecho
a proteger mi universidad? Soy el decano de la facultad.
Y tú la obra de caridad de mi mujer.
Ah.
Me estás faltando al respeto.
Tengo mi titulación que me acredita como...
Que te acredita, ¿para qué?
¿Para creerte profesora universitaria?
Bueno, soñar es gratis.
Pero si con 40 años solo has llegado a profesora de Primaria en paro,
será por algo.
Cristina.
Eh... Mira, la familia de María organiza una misa
de funeral por ella. Ajá.
Y... Bueno, aquí está la dirección de la iglesia y la fecha.
He pensado que, igual, te gustaría ir.
De la universidad no creo que vaya nadie,
porque como han mandado flores, pues, con eso, ellos ya...
Cuenta conmigo, claro que iré.
Todo debería haberse quedado ahí.
Pero es que hay gente, como Cristina,
que, irremediablemente, busca problemas.
Y lo que son las cosas;
un año después, a quien estaban buscando era a ella.
- Le he puesto un poco de hielo para que se enfríe.
¿No te quieres echar un rato? Aunque sea aquí, en el sofá.
No, gracias, estoy bien.
Me voy a comprar.
La nevera está vacía y hay que seguir comiendo.
¿Adónde vas? A mi cuarto, quiero dormir.
Un momento, quiero hablar contigo. ¿De qué?
¿Cómo que de qué?
Tú ayer me dijiste que estabas con tu madre y estabas con Mía.
Tu madre me dijo que estaba contigo, pero estaba con Daniel.
Es que no entiendo nada.
No dejo de pensar qué cojones estaba haciendo tu madre con Daniel.
No sé si es que le pasaba algo... Papá, déjalo.
No, es que ella estaba muy rara últimamente.
Pero, no sé, a lo mejor, le ayudaba en alguna cosa.
Déjalo. ¿Qué quieres que deje?
De darle vueltas. No quieres ver. ¿Qué es lo que no quiero ver? Nico.
Nico.
¡Nico! ¡Suéltame!
¡No te irás a tu cuarto sin explicármelo!
¡Que estaban juntos, joder!
Mamá te estaba engañando.
Estaba en el coche con Daniel porque te estaba dejando, papá.
Se iba a marchar con él. Mamá no iba a volver.
- Pero, a ver, ¿cómo podrían tener un lío, precisamente, ellos dos?
Si estaba claro que no se soportaban.
Es un creído y un gilipollas.
Un niño bien dando lecciones cuando se lo han puesto todo en la mano.
Cariño, ¿tienes un euro para el carrito?
Es que me ha tratado fatal.
Mucho dinero, muchos modales, pero, en el fondo,
es una mierda de persona.
No sé cómo Rebeca puede estar con un tío así.
Yo sí que lo sé. Tomates. ¿Qué?
Tomates. No, que por qué lo sabes.
¿Por qué Rebeca, que es una tía estupenda,
no se da cuenta de que está con un imbécil?
Eres tú la que no se da cuenta. Está con él pues por lo que está.
Que no, que Rebeca no. Esta gente es así. ¿Tú qué sabes?
¿Cuántos años hace que no la ves?
Cariño, que Rebeca está en otra liga, juega en otra liga.
Al principio, puede parecer supermaja y te hace favores.
Pero, al final, te pondrá en tu sitio.
Yo, de ti, dejaría de ir detrás de ella.
Pero que no voy detrás de ella.
Hola, Rebeca.
¿Esta tarde?
Sí. ¿La tienes libre?
Hay clase abierta de boxeo en el gimnasio, ¿si te apetece probar?
Y así nos vemos un rato, ¿vale?
¿Boxeo?
Pues es que no sé si puedo disponer de toda la tarde.
Pues, mira, sí. ¿A qué hora quedamos?
Es que fue así; en cuanto me di cuenta,
ya estaban con el minuto de silencio.
Joder. Ya, ya. No tuve tiempo de impedirlo.
Bueno, ya está hecho. Esperemos que no pase de aquí.
Por cierto, el nuevo método para reconducirme por el buen camino.
¿La niñera que me ha puesto tu madre?
Eso te lo puedes agradecer a ti mismo.
Me dijiste que ya no bebías. Y no bebo. Casi. Por una gilipollez.
No me podía dormir, estaba agobiado y, al final, agarré lo primero
que había de beber por casa. Te has librado de una buena.
Te puedes imaginar lo que pretendía Andrés.
Ya, ya. Vale. Pero Rebeca ha vuelto a pararme el golpe. Ven aquí.
Y nuestra madre.
Por cierto, la profesorcita no está nada mal. Es nueva, ¿no?
¿De dónde ha salido? Amiga de la infancia de Rebeca.
Está casada y, felizmente, por lo que yo sé.
Pues, entonces, ni siquiera yo soy tan tonto
como para meterme en ese charco.
- ¡Mamá!
Vamos a una clase de prueba de elongación muscular.
Luego, nos bañaremos en la piscina y tomaremos algo. Vosotras ya...
Hola, soy Mía. ¿Has visto al nuevo profesor de spinning?
Hay tortas para ir a su clase. Un espectáculo de tío.
Luego me llevas a casa, ¿vale? ¡Chao!
Qué energía.
¿Nosotras éramos así a su edad?
Nosotras no. Lo de mi hija no es muy común.
El tuyo tiene la edad de Mía, ¿no? Uno menos, 16.
Qué difíciles son, ¿verdad? Yo no me quejo.
Mi Nico es un cielo; nunca me ha dado un problema.
Qué suerte tienes; un hijo que es un cielo, un marido que te adora.
Bueno, tú también tienes todo eso. Sí.
No sé.
Últimamente, Daniel y yo estamos...
Raros.
Que suena cursi, pero siempre hemos estado muy unidos.
Compartimos proyectos, siempre juntos en todos y ahora...
Oye, ¿por qué no te vienes con tu familia a cenar mañana a casa?
Y, así, que los chicos se conozcan y tomamos una copa tranquilamente.
Te lo agradezco mucho, pero no.
Pero ¿por qué? Si estoy deseando conocer a tu familia.
Es que no creo que sea una buena idea, la verdad.
¿Por qué no es una buena idea?
Déjalo, Rebeca.
¿Ha pasado algo?
No quiero que te disgustes,
pero he tenido una conversación con Daniel.
Nada importante, es solo que no creo que seamos
el tipo de gente que él quiera tener como amigos, nada más.
Pero qué tontería, si Daniel es...
Eh.
Me dijo que soy tu obra de caridad.
¿Qué? Sí.
Tiene una opinión muy clara sobre mí y, bueno, pues sin más.
Vamos a dejarlo ahí, ¿sí?
Es que no lo entiendo.
Que no pasa nada, de verdad, que no te preocupes.
Es que sí pasa.
Sí, sí, Cristina, sí pasa y sí me preocupa.
Cris, mañana venís a cenar.
No, no acepto un no, ¿entendido?
De Daniel ya me ocupo yo.
Cristina podía haber dicho que no y no ir.
- ¿Crees que hubiera dejado pasar la oportunidad?
- No, no, no era calculadora.
Quería a Rebeca, de eso estoy convencido,
pero... no sabía dónde se estaba metiendo.
Hola.
¿Y mi madre? Ha salido a cenar.
¿Y los chicos? Fede con no sé quién al cine
y Mía en su cuarto; lo ha dado todo en el gimnasio
y está agotada. Y de bajón.
Cintia, ¿cómo tengo que decirte que dejes el tema?
Aunque se lo ocultes a Daniel, no deja de ser verdad. Mía es...
Mía es una adolescente y las adolescentes son así.
Deja de fijarte en ella y preocúpate por ti, ¿quieres?
¿Vas a escribir?
Me gustaría.
Antes solíamos juntarnos un rato antes de la cena para hablar
de cómo nos había ido el día.
Tu primer día como rectora y no te he preguntado
cómo te ha ido.
Lo siento.
Ya. Supongo que estás en otras cosas.
¿Va todo bien?
No sé, dímelo tú.
Rebeca, no se me da muy bien adivinar.
Si te he molestado o he dicho algo...
No, no, no. Si es posible que haya sido yo.
Te he presionado para que siguieras siendo rector,
pero es que antes era lo que querías,
lo que queríamos los dos, cuando lo compartíamos todo.
Hay cosas que ya no puedo compartir.
Lo que vengo a decirte es que, por favor,
trates de no ofender a mi amiga Cristina.
Lo que le has dicho hoy es una grosería
que deberías haberte callado.
Mañana vienen a cenar.
Espero que tu dedicación a ti mismo te deje tiempo
para disculparte con ella.
¿Y esto qué es?
No tengo ni idea.
Es raro, pero es bonito, ¿no?
Es raro.
Ah.
No te importa que no te acompañe, ¿no?
Lo siento mucho por la chiquilla, pero el rollo de los curas no...
- Lo siento mucho.
- Ay.
Gracias por venir. Gracias por venir, Pilar.
- ¿Cómo no iba a venir?
Si María y mi Lucas se llevaban tan bien.
Mi hijo la quería muchísimo.
- Lucas... Lucas luchó, pero...
Pero le cogieron.
¡Ah!
Señora. Perdone, señora, disculpe.
Soy Cristina Arias y trabajo en la universidad.
Quería decirle, por si se lo quiere comentar a la familia,
que las últimas palabras de María fueron para su hijo.
Para mi Lucas. Sí.
¿Quiere que hablemos?
Me encantaría, pero es que ahora no puedo.
Estoy... Estoy tan...
Claro, perdóneme, no es el mejor momento.
Lo entiendo perfectamente.
Espere.
Este es mi número.
Llámeme y me cuenta.
Sí.
No me dejan, pero yo sigo queriendo saber lo que les pasó.
¿Lo que les pasó?
Llámenme, llámeme y hablamos. Ahora, perdone.
- Insisto; debería haberlo dejado ahí.
Pero no.
Ahí fue cuando le picó la curiosidad
y quiso saber más.
- Bueno, pero es que había algo raro, ¿no?
¿A qué se refería la madre de Lucas?
No sé, la chica se había muerto delante de Cristina.
Es normal que quisiera saber más.
Un año después, todos querían saber más.
Algunos, necesitaban saber más.
Sergio.
¿Se sabe ya algo de Cristina?
No, no tienen ni puta idea y...
Y yo me estoy volviendo loco ya.
Pero siéntate. ¿Quieres tomar algo? No quiero tomar nada, Rebeca.
Vengo por otra cosa.
¿Cuánto tiempo llevas casada con Daniel?
Pues vamos a cumplir 20 años.
Yo llevo casi 18 con Cristina.
Sergio, ¿qué pasa?
Es que no puedo dejar de pensar cuándo fue la primera vez
que me mintió.
Es que no me lo puedo creer.
Y necesito que tú tampoco.
Es que no sé de qué me hablas.
Mi hijo Nico...
los vio.
Sí, sí, los vio.
Pero, aun así, no quiero ni pensar que sea verdad.
Cristina y yo no estábamos bien. Bueno, estábamos fatal, pero...
¡Pero es que no puedo tragarme esta puta mierda así,
sin más, no puedo!
Y dime que tú tampoco, por favor. ¡Dime que tú tampoco!
Dime que tú confías en tu marido.
Dime que confías en Daniel, por favor.
Dime que le crees.
Por favor.
¡Joder, es tu marido!
¡Rebeca!
Es que no puede haber estado pasando delante de nuestras narices, Rebeca.
¿Lo ves o no lo ves?
Dime que no, por favor.
Dime que no es verdad.
Me cago en la madre.
¡Ah!
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