All language subtitles for Coroana de foc (1990) EN

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Original subtitles

¡Siempre en línea recta!

- Un camino agotador. - Pero es el más seguro.

Espero que no tengas intenciones ocultas.

Alteza, si las tuviera, habría escogido otro camino.

CORONA DE FUEGO

¡Abrid la puerta!

- ¿Quién eres? - Yo.

- ¿Viene solo, capitán? - Sí, solo, ¡abrid ya de una vez! - ¡Venga!

- Traigo noticias para el Rey. - La Reina está ya de parto.

¡A un lado!

Perdonad, Alteza, que moleste vuestro descanso.

He venido...

¡Levántate!

- ¿Estás seguro? - Sí, Alteza.

Muchos han caído, pero un grupo de guerreros regresa de las Cruzadas.

¿Los has visto? ¿Reconociste a alguien?

No, Alteza.

Caballeros que regresan de las Cruzadas no pueden tener malas intenciones.

¿Por qué no vuelven a su patria por caminos conocidos?

Si han avanzado tanto, tiene que haber alguien que conozca bien el camino.

No puede ser otro que él.

- ¿Cuántos son? - Unos mil, todos buenos soldados.

- ¿Cuántos arqueros tenemos? - Cincuenta, Alteza.

- Preparaos para un ataque. - Sí, Alteza.

- ¿Cuántos años han pasado? - Diez.

No creo que aún viva.

¡¿Y si vive?!

Calentad agua y pez, preparad las lanzas y cargad con piedras las catapultas.

No habrá nuevas órdenes antes del ataque.

Que todo se haga en silencio. ¡Ni una palabra, sin antorchas!

Que piense el enemigo que todos dormimos en el castillo. ¡Andando!

¡Venid!

Ha puesto el ojo en mi trono. Pronto estará aquí...

La impaciencia es signo de debilidad, Alteza.

Sí. Tienes razón...

Estoy oyendo los preparativos para el combate.

¿No habrá sido una mala idea el prepararse?

¿Queréis mi consejo?

Significa que habéis perdido vuestra firmeza.

La defensa del castillo era lo más importante.

De eso no hay duda.

Ahora no puedo abandonar a la Reina.

Necesito un hijo, un heredero.

Seguramente que Goru confía en ser vuestro sucesor.

¿Qué quieres decir?

Un vencido siempre es más débil que un recién nacido.

¡Tonterías! ¡Goru no es mi mano derecha!

La espada de la mano derecha del Rey no tiene que ser llevada por nadie más.

Hoy, la mano derecha y mañana...

la corona.

Eres un canalla...

Cualquier día haré que te corten la cabeza.

Allí está el castillo.

Será mejor que esperemos a que amanezca. Los hombres están cansados.

Creí que me conocías mejor, Norbert. Esta noche no dormiré en la cama.

Explora el terreno alrededor del castillo y dame después un informe detallado.

- ¿Puedo ir con él? - No.

Tú te quedas.

Conoces bien el castillo... Prepara el ataque.

Entendido.

- ¿Quién eres? - El Tiempo.

Esa leyenda te pega.

No es una leyenda, extranjero, es mi nombre.

Dime entonces, Tiempo, ¿de quién son estas espadas?

De los hombres que vivieron aquí. Las cuido hace más de 1.000 años.

¿Quieres decir que están aquí para nada? ¿Y la corona?

La corona está hechizada. Sólo aquel que la merezca puede tomarla.

Oxidadas... No hay quien las saque de aquí.

La corona me la llevo para nuestro príncipe.

No te lo aconsejo, extranjero.

- ¡Ayuda! - ¿Qué te ha pasado, Norbert?

He descubierto una corona de oro... en una cueva.

Quería traérosla, pero en cuanto la toqué, comenzó a arder.

¿Estaba en medio de llamas?

Ardía por si misma. Para soltarla, tuve que cortarme la mano.

Tenías que ir a explorar. ¿Qué pasa con el castillo?

Es extraño... No se ve movimiento.

Es lo que yo he dicho. Seguro que Goru está ahí también.

- ¿Qué sabes tú de la corona? - Está allí desde hace una eternidad.

- ¿La custodia alguien? - El tiempo.

La tomaré para mí, igual que el castillo.

Sin mí no podéis tomar el castillo.

Bien, bien... primero intentaremos un ataque con la infantería simple.

¿No decías algo de otra entrada?

Abres las puertas desde dentro y entro con la caballería.

Cuando hayamos terminado, el castillo será tuyo, según lo prometido.

¿Te acuerdas del trato?

5.000 Táleros y serás mi mano derecha y mi sucesor, de por vida.

- Este desastre exigirá víctimas. - ¿Qué quieres decir?

- Nada. - ¿Me estás amenazando?

No, mi Príncipe.

Abriré las puertas del castillo, como habéis ordenado.

No necesito ayuda.

- ¿Ha nacido ya vuestro sucesor, Alteza? - No.

¿Por qué dejáis entonces sola a la Reina?

Yo ya sé lo que hay que hacer, capitán.

No hay que emplear las escalas antes de que llegue la caballería.

- Ya he dado la orden. - ¡Las órdenes las doy yo!

He dado la orden en nombre de vuestra Alteza.

Vete con la Reina y avisa cuando nazca mi heredero.

Os agradezco esa misión, Alteza.

¡Pero preferiría morir en las murallas!

¿Te niegas a obedecer?

- No, Alteza. - ¡Entonces, ve!

¡En marcha!

¡Adelante!

Alteza, la Reina os manda a buscar.

¡Adelante!

- ¡Oh, Alteza! - ¡Alteza!

¡Fuera de aquí!

Estoy aquí, querida.

Te estoy cuidando. Y...

- ¿Eres tú? - Sí, soy yo.

- ¿Qué quieres aquí? - Tienes derecho a hacerme esa pregunta.

Queríamos dividir el país, para que nuestra herencia no desaparezca.

¿Pero qué haces?

¡Te has cubierto de ignominia!

Tu debilidad me da asco.

Desgraciado cobarde... siempre has sido

demasiado débil para ser un buen gobernante.

¿Por qué no luchas? ¡Saca ya tu espada!

¡Venga, pelea!

¿Es que no oyes?

Somos hermanos.

Podemos reinar juntos.

- Una jarra de cerveza. - ¡Con gusto!

He perdido el combate... ¿Dónde está ese blandengue?

¿Está muerto o nos ha traicionado?

Hemos tenido suerte de no haber perdido a todos nuestros hombres.

¡Es culpa tuya! ¡Te mandé a explorar!

Cualquier blandengue de los confines de Europa vence a valerosos cruzados...

Parece que también quieren pasar a la historia.

¡Voy a... regresar y echar una bronca a esos bastardos!

¡Lo juro! ¡Y la corona nos la llevamos!

La corona está maldita.

¿¡No creerás que voy a dejarla aquí!? ¡Vamos ya!

Ahí está.

¡Qué maravilla!

No nos precipitemos.

Hablabas de un guardián... ¿dónde está?

Me hubiera gustado encontrarme con el Tiempo.

¿También quieres perder tu mano, extranjero?

¡Quiero la corona!

Si no es para ti, no puedes tomarla.

¡Entonces, entrégamela tú!

Sólo puede dártela la Eternidad.

Yo soy tan sólo el tiempo, que pasa...

¿Dónde estás? ¿Te has marchado?

No, extranjero, no me he marchado.

Ya estaba aquí cuando las aguas y los vientos

formaron estas rocas y estas colinas...

Y seguiré estando aquí, sirviendo, hasta que todo el tiempo haya transcurrido.

¡Vete si quieres!

Tened cuidado.

Alteza, sois el Rey y tenéis ya dos sucesores.

Nadie, aparte de nosotros, sabrá nunca lo que ha pasado hoy aquí.

¡Me gustaría ensartarte! Pero tienes suerte de que aún te necesito.

¿Quién podría reconocerme?

Sólo alguien que os conociera de antes. ¿El capitán?

- Era mi amigo. - La fortuna lo ha querido así.

- Perdonadme, Alteza. - Acercaos, mi capitán.

Quiero contarte un secreto.

¡Mira esto!

Que se reúna la gente. Quiero presentarles a mi sucesor.

Dos sucesores, Alteza.

Quiero que arrojes al que llora por el barranco.

- Pero Alteza... - Tienes que entenderme.

El país tiene que permanecer unido, regido por un solo Rey.

Perdóname, niño sin nombre.

Tienes que llevar esa ofrenda para que la tranquilidad y la paz reinen en el país.

También teníais un hermano, Alteza.

¿Por qué tengo que mancharme ahora las manos con sangre inocente?

¿Significa él para ti más que yo?

Sólo a Vos os he jurado fidelidad.

¡Entonces cumple mi orden!

¿Crees que me habrá reconocido?

Se parece demasiado a Vos.

La criada y el capitán... Ten cuidado de que no hablen.

Los muertos no hablan, Alteza.

Ya sabes lo que hay que hacer.

Has hecho una buena acción, capitán.

Te pago por ello con la vida.

No, capitán, tienes que vivir.

Mi tiempo se ha acabado.

Tiempo... puedo darte.

10 AÑOS DESPUÉS

Para esa misión estáis demasiado cansado, Alteza.

Creo que antes necesitáis descanso.

Las preocupaciones por mi país no me dejan descanso.

Pero si ya habéis expulsado a los tártaros.

El país es seguro, de las montañas hasta el mar.

No hay nada por lo que tengáis que temer.

Dad un descanso a vuestras preocupaciones.

- ¿Quién cargará con mis preocupaciones? - El Príncipe, naturalmente.

¿Un niño pequeño? ¿Sabes lo que estás diciendo?

Es pequeño... y no tan leal como yo hubiera deseado.

Ese granuja...

No sé... si existe alguien en el mundo a quien respete.

¿Por qué tengo que dar cada mañana un paseo por el castillo?

Tienes que acostumbrarte al castillo.

El castillo y todos los pueblos de los alrededores serán tuyos algún día.

- ¿Cuándo? - Cuando seas Rey.

- ¿Cuando seré Rey? - Cuando su Alteza muera.

¿Y cuándo morirá su Alteza?

Quiera Dios concederle aún mucho tiempo.

Entonces tú no me apoyas... Cuando sea Rey, te castigaré.

Mis soldados te arrojarán de los muros de la ciudad.

O... ¡te quemarán en una hoguera!

Sí, eso es. Para que yo pueda ver como sufres.

- ¿No quieres a nadie del castillo? - Claro que sí.

¿Lo ves?

Ya está oscuro, ¿seguro que quieres ir a cazar?

Es la hora ideal para cazar...

El atardecer...

Pero tú dices que de noche no hay que pinchar a las abejas.

La miel hay que robarla por las mañanas, cuando las abejas no están.

Exacto.

No estaré mucho tiempo fuera. En una hora estaré de vuelta, así que, sin miedo.

¿Qué significa "miedo"?

- Con el tiempo lo sabrás. - Ya estás hablando del tiempo.

Una vez dijiste que el tiempo no podía verse,

ni oírse ni tocarse. ¿Es verdad eso también del miedo?

El miedo, hijo mío... se siente.

- ¿Puedo acompañarte? - Está bien.

Ah, estabas...

Tranquilo.

¿Lo notas? Eso es el miedo.

Vamos por él... en silencio.

Ve delante.

Sentiste algo cuando viste al lobo. Eso es el miedo.

Tienes que dominarlo. Un futuro Rey no debe tener miedo.

¿Qué quieres decir con Rey?

Rey de los bosques, que conozca cada camino

y cada árbol. Si el bosque es tu amigo, no tienes por qué tener miedo.

Está bien que te haya acompañado.

¿Quieres ver algo más? Ven.

- ¿Puedo acercarme más? - Anda.

¿De quién son las espadas y la corona?

- ¿Los quieres? - ¿Quién eres tú?

Yo soy el Tiempo. ¿Has oído hablar de mí?

Oído sí, pero no sabía que existías.

Hasta ahora no conozco más que las montañas, los bosques,

el agua, los animales y al capitán. Nada más.

Te he preguntado si los querías.

Sólo quiero lo que me corresponda.

Capitán, esperaré diez años más.

Tengo que decir que este niño me gusta.

10 AÑOS DESPUÉS.

- ¡Alteza! - ¿Por qué me despiertas tan temprano?

Es un día muy especial para el castillo y especialmente para vos, Alteza.

A partir de hoy podéis llevar la corona.

- ¿Y su Alteza? - Su Alteza ha envejecido.

Y si su Alteza vive 100 años más...

me habréis despertado para nada.

La corona de la que me hablas, no la llevaré nunca.

Está maldita.

La leyenda dice que sólo la puede llevar aquel que la merezca.

- Pero tú eres puro. - ¿Quieres decir que su Alteza no lo es?

Sabes, esta noche he tenido un sueño...

Ven conmigo.

Te toca a ti.

No está mal. Probemos otra vez...

- Sí, venga. - Está bien.

Listo...

¿No habías dicho que él siempre estaría aquí?

¿Quién se acuerda?

Escúchame, hechicero. Yo soy el sucesor del Rey.

Lo sé...

Hoy he alcanzado la edad de pretender la corona.

- De eso no sé nada... - ¡Ahora ya lo sabes!

Quiero que contestes mis preguntas sinceramente.

¿Ya estabas aquí cuando se trajo aquí la corona de Sarmizegetusa?

Estaba.

Es decir, que estabas aquí cuando se trajeron las tres espadas.

- Estaba. - ¿No preguntaste para que las trajeron?

El Tiempo recuerda, no plantea preguntas.

Estás desperdiciando en todo caso mi tiempo.

El viejo se ha asustado.

¡Maldita corona!

Cuando llegue a ser Rey haré cerrar esta cueva.

¡Lo juro!

- ¿Lo vas a probar? - ¿Por qué no?

Elige un árbol.

- Elige tú. - ¡Ese!

- O ese. - Ese es más grueso.

Tú también eres más joven.

Bien.

¡Con más impulso!

Venga... ¡otra vez!

Tienes que emplear más tu cuerpo. Fíjate en mí. ¡Así!

Así está bien. Sí.

¡Exactamente así!

¿Qué, cómo ha estado?

Podía ser mejor...

¿Quién ha talado estos árboles?

Los estúpidos pastores...

Necesitarían leña, Alteza.

Si necesitaban los árboles como leña, ¿por qué están aquí los troncos?

Tenéis razón, Alteza.

Estos árboles han sido cortados con una espada...

De un solo golpe.

Una vez nos llamó el capitán a mi hermano y a mí y nos hizo

cortar un árbol, para probar nuestra fuerza. Sólo nos dejó probar una vez

la tala del árbol.

Extraña casualidad...

¡Hoy quiero brindar a la salud de mi hijo, que cumple 20 años!

- ¡Larga vida al futuro Rey! - ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!

Quiero pedir algo. - Una orden...

Pues entonces una orden.

Quisiera que el capitán de la Guardia no pasara hoy la noche en el castillo.

- ¡Alteza! - ¡Habla!

Las hordas de Trestieni han atacado los pueblos

y los mercados cerca de Klausenburg.

Cómo puede... - Y mañana hay mercado en Klausenburg.

Creo que el capitán tendría que partir inmediatamente con su Guardia.

Tendrían que salir ya a caballo.

Creo... que el tiempo apremia.

Tienes que ir allí, para que conozcas a un par de personas.

Te lo pregunto otra vez: ¿Por qué no vienes también?

Ha llegado el momento en que tienes que arreglártelas solo.

¡Te acompaña tu espada!

Aún eres lento, así que vete delante.

No te preocupes. Mejor dime cómo se conoce a las personas.

Será fácil. Desde estas montañas hasta el mar, todos hablan el mismo idioma.

Si alguien me pregunta quién soy y de dónde vengo, ¿qué digo?

Que vienes de las montañas... Y un consejo más:

Míratelo todo con detalle, pero procura hablar poco.

¡Ya te lo había dicho, que no te inclinas ante nadie!

Deja que te dé las gracias.

Tienes que irte ya.

- ¿Qué quieres? - Nada...

¡Perdón!

¿Qué puede ofrecerme vuestra cocina, hermosa?

Cordero y pastel caliente.

Y agua.

El agua se toma en la fuente. Aquí se toma vino.

Entonces tráeme un buen vino.

Menuda lengua tienes. ¿Se puede preguntar de dónde vienes?

De las montañas.

No hay muchos como tú, hablas dulce como la miel.

Carne, tarta y vino.

Tráeme del tinto de la bodega.

¿Puedo ayudar?

Aguardiente, muchacha.

Aguardiente, muy bien.

¡Salud!

¡Los bandidos de Trestieni!

¡Escapaos! ¡Corred!

¡Miserable gandul! Ya te dije que no morirías de muerte natural.

¡Vete a buscar el vino, gansa! ¡Venga ya! ¡Trae el vino!

Hay por aquí muchas mujeres curiosas que les gustaría saber cómo eres por debajo.

¡Miradlas!

Mira una... ¡cómo has crecido!

Y qué guapa estás. Cómo a mí me gusta. ¡Ahora ven y baila conmigo!

¡Hop!

¡Ven, baila!

- ¡Sí, bailar! - ¡Baila!

¡Baila!

¡Así!

- ¡Sal por la puerta de atrás! - ¿Quién eres?

¡Desaparece! ¡Largo! ¿No me oyes?

Éste es mi sitio, déjame en paz.

¿Estás hablando conmigo?

Sí, contigo, imbécil.

¡Déjame!

¿Qué has dicho?

¡A por él! ¡Venga!

¡Márchate corriendo!

Voy a cortarte dos dedos.

Después una oreja... y un ojo...

Para que te acuerdes de que encontraste a Trestieni.

Calma, calma.

Tus cuentas no salen, Trestieni. Somos dos.

Dos contra ocho...

Si así lo quieres... Deja que luche ese ganso también.

¡A ellos!

Ya que estáis aquí, haced algo bueno.

¡Venga, límpiame las botas! ¡Sí, con la lengua!

Lámelas ya... ¡Venga, lame!

¡Desapareced de aquí!

Alteza.

- ¿Quién está ahí? - Soy yo.

¿Qué queréis, Príncipe? Mi marido no está. - ¡He venido por ti!

Ha llegado el momento... ¡hoy serás mía!

¿Cómo voy a presentarme ante los ojos de mi marido?

No será necesario... Mandaré que se los arranquen.

Háblame de ti.

- ¿Quién eres y qué haces? - Una historia muy larga...

Los tártaros prendieron fuego a nuestra casa y mis padres murieron en el incendio.

Me he quedado huérfana.

Tienes un curioso escudo bordado en tu pañuelo.

¿De qué lo conoces?

No lo bordé yo. Me lo dio mi abuela.

A ella se lo dio su bisabuela.

Tiene muchos secretos. - ¿Los conoces? - Un par.

¿Por qué se hincó el capitán ante ti, como si fueras el Príncipe?

¡No tengo ni idea!

Me pregunto con quién me habrá confundido ese arquero.

No te ha confundido. En el camino te lo contaré todo.

La noche ha sido tranquila, Alteza.

¿Qué pasó en el mercado de Klausenburg?

- No hay noticias. - ¿Algo más?

La mujer de Palos ha muerto.

Era aún muy joven. ¿No me ocultas nada, Cuma?

No, Alteza. He tomado todas las precauciones.

He lavado las paredes con cal y las he rociado con agua hirviendo.

¿De qué ha muerto? ¿Fue envenenada?

No, Alteza. Ella misma se quitó la vida... con un puñal.

Habían llevado una buena vida...

¿Por qué, entonces?

Nadie lo sabe, Alteza.

¡Entérate! Si hay algún culpable, tendrá que rendir cuentas.

Haré lo que decís, Alteza.

No te vayas todavía... Tengo que decirte algo.

- Toda mi vida me has aconsejado mal. - ¡Alteza!

Mi hijo... es un vago y está siempre de fiesta.

- Tienes que ayudarme a educarlo. - Celebremos entonces un torneo.

¡Un torneo! En el que se enfrenten los mejores.

¿Quién está ahí?

- Es Palos, Alteza. - ¿Qué quiere?

- Bueno, Alteza... - Habla de una vez.

- Quiere saber si el Príncipe ha vuelto. - ¿Dónde se supone que ha estado?

Yo estaba presente cuando el Príncipe les

dio una paliza a unos bandidos del Trestieni.

- ¿Dónde? - En una taberna en Klausenburg.

Por favor, esperad aquí.

- ¿Dónde estuviste anoche? - En ninguna parte.

Me fui a la cama antes del anochecer.

¡Mentiroso! ¡Ven conmigo!

¿Lo visteis anoche?

Sí, Alteza. Yo lo vi. En la taberna de Klausenburg.

Peleó contra tres bandidos a la vez. Los derrotó a los tres.

Me alegra que no hayas presumido con eso. Ahora, vete a vestirte.

Seguid contando.

Alteza, cuando llegamos a la taberna, luchaba el Príncipe con el último bandido.

El tabernero me contó entonces toda la historia.

Levántate.

Parece ser que el Príncipe tenía un compañero de armas.

Le salvó la vida cuando lo iban a apuñalar por la espalda.

¿Quién?

No lo sé, Alteza, llavaba la cara cubierta.

Obligó a uno de los bandidos a lamerle las botas.

¡Basta!

¿Qué es lo que os ha enojado, Alteza?

¿Te acuerdas del que era entonces capitán de la Guardia?

El que nos crió a mí y a mi hermano.

Siempre hacía que los vencidos le lamieran las botas.

Yo mandé que lo mataran.

¿Es que tu arquero erró el disparo?

Le disparó a tan sólo 20 pasos de distancia, Alteza.

Si no lo hubiera matado, habríamos oído de él en todos estos años.

¿Quién fue entonces el que ayudó al Príncipe?

¿Y por qué?

Intentaré que el Príncipe hable, Alteza.

- Hazlo... pero se prudente. - Está muy solo, Alteza...

Tendríamos... que buscarle una mujer.

Hay algo que no entiendo.

Si de verdad es mi padre... ¿por qué quiso matarme?

No quería dividir el país entre dos herederos.

¿Y qué pasó contigo?

Nadie tenía que saber lo que había hecho.

Sólo él, su consejero y el arquero. No creo que vivan todavía...

Por tu relato deduzco que antes erais amigos, ¿no?

Pasé la infancia con él y con su hermano gemelo.

¿Se parecían?

De aspecto sí, pero eran como la noche y el día.

Descanse en paz. Perdió la vida en tierras lejanas.

Te lo pregunto a ti: ¿Crees que el Rey es culpable?

Como Rey... actuó correctamente.

¿Entonces no crees que sea culpable?

Es decir, que el culpable... ¡eres tú!

Le habías jurado fidelidad y desobedeciste su orden.

Hablas ya como un verdadero Rey.

La vida de un hombre y la justicia

tendrían que contar siempre más que la lealtad.

La lealtad no puede ser ciega.

He examinado a todas las vírgenes del castillo, Alteza.

- La hija del sastre. - ¡No!

- La hija del contable. - ¡Muy gorda!

- La hija del orfebre. - Me asombra que no cites a tu sobrina.

Seguramente se parecerá a ti después de todos estos años...

Quiero herederos sanos y fuertes.

Buscadme chicas del pueblo.

Las chicas del pueblo no conocen las costumbres del castillo.

Las aprenderán.

Las vírgenes que ha mandado a buscar el Rey, están aquí.

No huyas... ¡Lucha!

La primera tiene una cara bonita, un buen cuerpo y es muy lista.

Dicen que procede de buena casa.

Pero no tiene padres y fue criada por un tabernero.

¡Ven, pelea!

No tengas miedo.

¡Ven!

El soldado de caballería Vartal será el árbitro del torneo.

Dicen que los alemanes, polacos y húngaros llevan ventaja...

- ¿Cuándo llega? - Mañana por la mañana.

El Rey ha decidido

que la boda se celebrará mañana por la tarde, entes del torneo.

¿Por qué tanta prisa?

Quiere saber que estáis casado antes de morir.

Venid.

Ésa me gusta. Preparadla.

¡Marchaos!

- Sabía que volveríamos a vernos. - ¿Nos conocemos?

¿Te has olvidado ya de mí? Yo te curé la mano.

Déjame que la vea.

La otra...

No es posible...

Yo no me acuerdo de nada.

¿Quieres decir que ya no te acuerdas de la pelea en la taberna?

Basta... de tanto parloteo.

¿Qué está pasando aquí?

Compórtate en presencia de una dama.

Tengo que decirte algo.

La chica que escogí dice que me vio pelear en una taberna.

- ¿Crees que estará loca? - Es curioso...

Lo mismo me ha contado Palos.

No está loca, Príncipe, es peligrosa.

Si su Alteza se entera de que no vencisteis

vosotros a los bandidos, desconfiará.

¿Qué significa esto? ¿De qué estás hablando?

Las paredes oyen...

Venid.

Tuvieron que pasar 20 años antes de que contaras la verdad.

- ¿Cómo me lo explicas? - Alteza, yo...

Al final tendré que dividir el patrimonio por eso...

Y el castillo.

- ¿Entonces, mi hermano vive? - Así es.

Entonces tengo que tomar lo antes posible el trono que me corresponde.

Así es.

¿Pero cómo, cómo he de hacerlo?

Tengo un plan para librarnos de todos.

Aquí no ha cambiado nada desde entonces.

- Sólo nosotros. - ¿Nosotros?

Nosotros hemos cambiado.

Cuando cierro los ojos, me asalta el miedo.

Veo mi mano, muerta, delante de mí. En el momento en que alzo la espada.

Sí, han pasado casi 20 años y no he conseguido olvidar a Dragondi.

Estoy seguro de que ahora es el Rey.

He jurado, Norbert, que pisaré sobre sus huellas.

Estamos aquí por la corona.

Por Dios... esa maldita corona.

No tengas miedo, Norbert. ¡La victoria será nuestra!

Somos muchos y poderosos.

Es verdad. Se decidirá pronto...

- ¿Tú qué dices? - Son muchos, Alteza.

Un ejército europeo, que cada vez se adentra más en el este.

No es el número lo que me asusta, sino la fama que les precede.

- ¿Qué dicen los emisarios? - El Príncipe Norbert os espera.

- ¿Cómo te sientes? - ¿Quieres saberlo? - Ven.

Mañana lucharás contra tu destino. ¿Tienes miedo?

¿Miedo? Esa palabra la oí una vez en mi niñez.

- No sé lo que significa. - Entonces está bien.

Yo te acompañaré, como un escudo protector. - ¿Qué tengo que hacer?

Vas a luchar con tu hermano.

Y si ganas... podrás reclamar lo que es tuyo.

Para eso he vuelto.

- ¿Crees que él querrá luchar? - De eso me encargaré yo.

Antes haremos una pequeña parada.

Es hora, hemos llegado.

No te veo.

¿Qué quieres?

He venido a enseñarte el niño.

¿Te acuerdas de él?

En todos estos años lo he observado día a día.

- Se ha convertido en un hombre. - Mañana tiene una dura lucha.

¿Le dejarás una espada?

Normalmente todos piden la corona.

Sois los primeros que pedís una espada.

Nadie de los que lo intentaron consiguió arrancar la espada de la roca.

Porque yo no los suelto. Sólo sirven a la defensa de la patria.

Ese día no ha llegado aún, capitán.

Nos vamos... Hasta pronto, es hora.

En honor de nuestro Rey, su primogénito, el Príncipe,

se batirá hoy en duelo con el noble caballero Vartal.

Ha venido expresamente de muy lejos...

¿Tengo algo en el ojo?

¡Que venza el más fuerte!

- ¿Os pongo el yelmo, señor? - ¿Quién eres, tuerto?

- ¿Dónde está mi escudo? - En la tienda, señor.

¡La lanza! ¡Venga!

Estoy orgulloso de ti, hijo mío.

No soy quien creíais que era.

Soy el hermano, a quien el capitán realmente quería tirar por la quebrada.

¿Qué?

Perdóname... Aunque en realidad no merezco ser perdonado.

Yo te perdono. Cualquiera habría actuado igual en vuestro lugar.

Eso lo aprendí del capitán. - ¿Vive?

- Él fue quien me crió. - Me alegra oírlo.

El país estará en buenas manos. Llévatelo contigo al castillo.

Lo haré.

Vamos, hijo mío.

Bebamos. Por el Príncipe y su hermosísima esposa.

¡Viva!

- Creí que ya no vendrías. - ¿Por qué no iba a venir?

No lo sé. - Tenía cosas que solucionar.

¿Te acuerdas de cómo yo te...?

La copa de la izquierda es la tuya, las otras son para el Rey y para la loca.

Los cruzados llegarán pronto.

En cuanto nos hayamos librado de él, te ayudaré a negociar con ellos.

Coge las copas y ven.

- ¡Bebe! - Príncipe, no puedo...

- Con suerte sobrevivirás. - ¡No!

¡Venga, bebe! - ¡No puedo!

¡Bebe! ¡Bebe! ¡Bien!

- Eres tú. - Sí, soy yo.

Por su traición tuvimos que matar al arquero.

Pero no quise hacerlo por mi propia mano.

- ¿Qué hubieras hecho en mi lugar? - Lo mismo.

He cometido muchas faltas, contra Dios, contra ti, pero nunca contra mi patria.

Lo que has hecho tiene que ser vengado.

- Hace mucho que estoy listo. - A mí tampoco me detiene nada.

Lucharemos según las reglas de la Caballería.

Sea Dios nuestro juez. ¿De acuerdo?

Dentro de tres días, en la costa.

- ¿Y yo? - Contra ti se enfrentará mi hijo.

¡Quizás encontréis también un caballero de mi clase!

Como quieras... capitán Goru.

¡Se luchará con lanza y espada, a vida o muerte!

¡Que esta lucha traiga la justicia!

Hijo mío, tú te ocuparás de Cupa, yo me llevo al Príncipe y Goru al otro.

¡Adelante!

¡A las espadas!

¡Piedad, por favor!

- ¿Quién eres? - Tu Muerte.

¡Toma esto!

¿Tienes dolores?

Hace mucho que he muerto.

¡Padre!

No llores, hijo.

¡Haz algo... por favor!

El capitán no ha muerto ahora.

Murió entonces en el desfiladero, cuando le alcanzó la flecha.

Eso no es verdad. Él fue quien me crió.

- Era mi padre. - No él, sino su voluntad.

¿Qué significa esto?

La espada y la corona te esperan.

Cógelas... te las has ganado.

No, tiempo... También puedo reinar sin corona.

Que se quede aquí para mis descendientes, como símbolo de unidad y libertad.

Que ningún extranjero... la toque nunca.

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