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Mira la alegría de la casa.
Mira el almuerzo.
Yo a Pepe lo fui a despedir al barco, a Vigo.
Fue el año, mira tú, en que murió el torero Manolete.
Leímos la noticia en la prensa, allí.
Lo había matado el toro.
Y vino el Tío Pepe de Buenos Aires cuando yo nací, fue mi padrino.
y su mujer mi madrina, la Tía Matilde, que era francesa.
Después vino otra vez, fue cuando dijo: "¡Cómo! La dejé como Matilde y ahora se llama Marta."
Y mamá decía: "A mí no me gustaba, pero todos empezaron a llamarla 'Marta, Marta'..."
Después fuimos a Vigo, a ver el barco Alcántara, enorme, y estuvimos dentro, ¡qué bárbaro...!
Todo lleno de alfombras... ¡Qué maravilla! Como el mejor de los hoteles.
Y después me envió, cuando ya estábamos en este piso, 12.000 pts.,
que entonces era mucho dinero, como ayuda para la casa.
Y me envió un reloj en un paquete, porque me enviaba muchos paquetes, de revistas y así.
¡Qué atrevido, enviar un reloj de oro en una revista! ¡Pero llegó!
Tú estabas conmigo: te senté en el pasillo y fui corriendo a correos.
Fue buenísimo conmigo, ese hombre
Recuerdo que cuando era jovencita, estando con mi tía Sofía,
Tío Félix, y papá, siempre tenían el periódico,
Tío Félix tenía La Libertad y El Sol, y nosotros El Faro.
Yo estaba en casa de Tía Sofía, como era habitual en mí.
Cuando murió, con todo el conocimiento, me dijo: "Tú lo mereces todo,
pero quién los vería, si te doy a ti y a ellos no..."
La cuestión es que llegó la noticia de la muerte de Carlos Gardel.
Yo era jovencita, tendría 15 años. ¡Y qué pena me dio por él!
Porque a mí los tangos siempre me gustaron, oírlos y verlos bailar.
Pues... ¡Qué lástima esa foto! —¿Tenías una foto?
No, fotos de ella había a montones.
Me refiero a mi foto, que no volvió a aparecer, con Daniel de fraile, y Lolita, y mamá.
Habíamos ido a Ponte-Vedra, donde por casualidad esta Eva Perón,
y estuvimos en el palco, cerca de ella. Tan elegante, con una pamela ancha.
hablando de los "descamisados"... —¿Cuándo fue eso?
¡Qué quieres que te diga! Estaba Daniel en Poio. —¿Qué hacíais en Ponte-Vedra?
Estábamos visitando a Daniel, en Poio.
Eso lo trajo papá. Había un estuche dorado que era de mérito. Trajo cuchillos,
trajo cucharas, trajo cuanto había de Buenos Aires.
Debió de estar desde los 20 y tantos hasta cerca de los 40 en Buenos Aires.
—¿Ah sí? —No, quizá hasta los 35, o tal vez se fue de joven, no tendría esa esa edad.
Él contaba muchos episodios. Además era un hombre responsable.
Y para ser de aldea era bastante culto, siendo un hombre sin estudios, bah.
—Y Úrsula. —¿Quién es Úrsula? —Hermana de mi padre.
Y papá la envió a Buenos Aires porque era rebelde, al parecer, y peleaba con la gente,
con unos tal Camilos de Osmo.
Y él una vez le tiró un zapato y le rompió un labio.
Y ella vino a buscar a papá para que fuese a avisar a los guardias
pero mamá le decía: "No vayas, que te ha de volver loco, que ya sabes como es."
Decía uno de Sam Amaro: "¡Ay, qué señora más agradable!"
Era fina, y andaba con abrigos de pieles, negros.
Pero... se dio a la bebida...
Tenía novios, y se dejaron... ¡Yo qué sé...!
Después, ella se fue a Buenos Aires. Estaba allá su hermano, Eugenio.
Y la abuela Rosalía, madre de papá, se vino para nuestra casa.
Nos hacía la comida, y estaba muy contenta.
Pero Úrsula se vino pronto de Buenos Aires.
Hizo como Lucio, que tampoco duró mucho.
Y entonces ahí vino el mal todo.
La abuela, probrecita, se fue para su casa,
y decían que hasta le pegaba.
Yo eso no lo sé que no lo vi.
—¿Quién le pegaba a quién? —La hija a la madre.
Y al parecer, cuando murió papá,
(lo contaban los de Osmo, yo nunca lo supe)
que tocaba, por la Retortela, frente a casa,
unas latas, de contenta por la muerte de papá.
Eso decían. Mira qué loca estaba.
Después la abuela apareció muerta,
y decían que le había pegado ella. Yo no lo sé.
Y después murió Úrsula, que no era vieja,
que apareció también muerta...
En cambio el Tío Aurelio contaba muchas historias.
Historias que igual eran mentira, pero...
"Había una allí" (donde estaba empleado)
(El Tío Aurelio era... mentiroso)
"que siempre me decía: «¡Aurelio, abróchame el corsé!»"
Y Tía Sofía: "¡Cuánto inventas, hombre!"
"Que sí, esa estaba colita por mí."
"Don Aurelio" (le decían de 'Don', era hijo
de una maestra, que era bastante simplona;
comulgaba dos veces por la mañana,
y el cura le dijo: "Eso no puede ser."
Mira que maestros había en aquellos tiempos.)
"Don Aurelio, así que no tiene hijos..."
"Ah, si tuvieras que alimentar a los que dejé por ahí adelante..."
Él era así. Tenía una escopeta para cazar,
pero no recuerdo que nunca haya cazado nada, ni él ni papá.
Y mamá que le gritaba para que descargase la escopeta;
recuerdo que la dejaba en una esquina.
Y le decían: "Usted nunca cazó nada."
"Ay, sí: un zorro blanco." Yo nunca vi un zorro blanco, pero...
"Maté un zorro blanco."
Tío Eugenio quedó allá, y quedó soltero.
Jugaba mucho, decía papá, a las carreras de caballos, pero nunca ganaba,
lo perdía todo. Y después, de mayor,
se casó con una viuda de Rioboo que tenía hijos.
Y me escribió una carta diciéndome que fuese a recoger la cosecha de Osmo para mí.
La cosecha de vino, que trabajaba Zorrinho.
Pero cuando fui, quien estaba al tanto era un cuñado suyo,
en Rioboo, y no quiso. Que era de la cuñada
que para eso se casó con él. No sé por qué se tuvo que casar, siendo ya mayor.
Y una vez llegó una carta anónima, me acuerdo como si fuera hoy,
no hacía mucho que Eugenio se había casado,
que decía: "Es un hombre inútil, todo lo que gana lo gasta."
¡Qué coqueta! ¿Por qué se casó si eso ya lo sabía?
Pero no firmaba. Y papá decía: "¿Pero quién será esta tía...
...que me manda un anónimo desde Buenos Aires?"
Todos dijeron que había sido la mujer. Y por eso el cuñado de Rioboo no quiso
darme la cosecha. Él me la había dado, pero sin un poder no me la quisieron dar,
que era de su cuñado de Rioboo.
Bueno. La Sra. Teresa era muy ignorante, y el Sr. José, su marido, también.
Él era "frolero". Aún sólo había luz de gas en Buenos Aires. ¡Hace tanto tiempo!
¡Buenos Aires...! Me alegro de haber ido, para saber lo que es Buenos Aires.
Y decía: "Yo era 'frolero' en la ciudad de 'Melro'".
Porque al parecer hay una calle de Merlo, pero él decía 'Melro'.
Ella era costurera.
Era nuestra costurera de batalla.
Recuerdo que nunca probaba la ropa. Y me puso un vestido. Y llegó mamá,
que estaba deshojando las viñas, y subió a verme el vestido.
Y una de las mangas era más corta que la otra.
"Pero Teresa, ¿te has vuelto tonta? ¿Es que no ves?"
"Ah, no, señora, mire, mire." Y entonces cogía los dos extremos diciendo:
"Mire, son iguales." Pero la diferencia estaba en la otra punta.
Era tan mentirosa... Dios la perdone.
Y a Daniel le hizo una especie de pijama de cuerpo entero,
pero cuando lo probó, empezó a gritar
porque se le clavaba en la entrepierna. Y el Sr. José lo cogió y dijo:
"Yo me llevo al 'verguitas' para que la Sra. Teresa se lo afloje."
Después vendimos el vino y papá me dijo:
(Papá siempre habló castellano, y sin embargo nosotros no.)
"Marta, ven abajo para apuntar" (los litros de vino)
"Tengo que estar aquí para que no se duerma la Sra. Teresa."
Y ella me dijo: "No, vete, vete..."
¡Qué pequeña era yo, y cómo me acuerdo!
"Vale, vete, que no duerma." Todo delante de ella. La Tía Sofía siempre lo contaba.
Siempre estaba durmiendo, y así no podía hacer las cosas.
Y yo: "Tengo que quedar para que no duerma la Sra. Teresa." ¡Ay, señor!
Decía: "Trabajé mucho para 'Manos de Plata'" (Que es Mar del Plata)
'Manos de Plata' tenía ella, para trabajar.
Él era de Cenlhe, y ella de Sam Fiz.
Él ta-ta-tartamudeaba, y me decía: "Ma-Martinha, cuando la Sra. Te-Teresa muera
me he de ca-casar contigo."
Era un hombre curioso.
Siempre estaban en nuestra casa. Él hacía zuecos.
Y cuando ella se iba a casar, dijo, al parecer, porque yo no lo recuerdo:
"Yo tengo unas vacas a medias", le dijo la Sra. Teresa al Sr. José.
Y cuando se casaron, él le dijo: "Ven, vamos a ver al de las vacas." Pero no tenía nada.
"Deja, deja, ya hablaremos", decía ella. Era tan mentirosa.
Como diciendo: "Si tengo vacas, me querrá más."
Él, después, le fue a reclamar al hombre, aún me acuerdo de él,
y dijo él: "Pero qué vacas... Aquí no hay más vacas que las mías."
Era tremenda. Pero eran buena gente.
¡Y fueron a Buenos Aires, cuando no sabían ni leer!
¡Y echarse al mundo, sin saber nada! Pero era 'frolero', en la ciudad de 'Merlo'.
—De tus hermanos, ¿quién fue el primero en irse? —El primero fue Lucio.
Estaba estudiando en Ourense, y paraba en una posada, en Santo Domingo.
Y le escribieron a papá diciendo que no iba al colegio.
¡Válgame dios! Papá lo fue a buscar, y mamá: "¡Qué vamos a hacer con este hombre!
No trabaja, no estudia... ¡Por favor!" Pero no había nada que hacer.
Pero Barroso, uno de los maestros que tuvimos, le dijo a papá: "No lo deje sin estudiar.
Ahora sentó la cabeza, es muy inteligente, y con poco tiempo lo saca."
Y mamá gritaba, ella no quería. Pero él quería, incluso quería que yo estudiase,
pero en aquellos tiempos no era muy corriente.
Ojalá hubiese estudiado, pero eso...
Cuando lo trajo de Ourense dijo:
"Qué hacemos con este chaval. Porque para trabajar no vale."
Y entonces hablaron de enviar a Lucio a Buenos Aires.
Y allá fue. Pero no tardó nada en regresar.
—¿Y quién estaba allá? ¿Tu tío Pepe?
Tío Pepe miraba por todos.
Había de decir: "Menuda cuadrilla me envían."
Y Lucio se empleó en Gatichaves, una superficie como aquí Continente, enorme.
Aún tenemos ahí una percha que dice "Gath & Chaves".
Recuerdo un día de invierno, debió de ser cuando regresó,
y mamá... ¡cuántos disgustos ha tenido!, porque, claro, después de Buenos Aires, qué podía hacer.
Fue cuando Barroso les dijo que lo siguieran estudiando, porque era una pena, etc...
Y me trajo, me acuerdo perfectamente, un collar a mí, y otro a Peregrina.
Gloria tenía un hermano, Jaime, que le hizo esa fechoría, pobrecita.
Cuando nació Begoña, vinieron ellos. —¿Quiénes son ellos?
Jaime y su mujer. Venían de Sam Fiz de cobrar lo que les había dado mamá por la herencia.
Y le dijo [a Gloria] que en la aduana se lo habían robado todo.
Gloria estaba desesperada, pobrecita. ¡Con lo que habían trabajado sus padres, y ahora nada!
Y entonces ellos protestaron, claro.
Y entonces... (hasta da asco hablar de esto)
Parece ser que Gloria le escribió una carta, criticando su conducta, y tal y cual...
Y entonces él le mandó una carta untada de mierda insultándolos.
Después no se llevaron más, rompieron relaciones.
Tiempo después él quiso visitar a Gloria, pero ella le dio con la puerta en las narices.
Luisa tenía un amigo, según me contaba Daniel:
"Para qué andará con ese. Y debió de prohibirle que nos visitara,
que no vino más a nuestra casa." Dijo así.
Y después, como no acostumbraba a visitarlos,
vieron la noticia, creo que en la tele, de que había aparecido una señora muerta
a orillas de un río, o algo así.
Y yo le dije a Daniel: "¿Pero entonces no averiguáis quién fue?"
"Aquí la justicia no te hace caso."
Dije yo: "Pero a ese era fácil descubrirlo, porque todo lo que ella tenía quedó para él."
Y tenía casa, y tenía todo.
¡Qué desgracia, dios mío! ¡Qué pena me dio!
Parece ser que repartían pan, leche, y así... Hacían repartos de todo.
Y Faustino decía que iba muy mal el negocio, decía: "No me lo explico."
Y un día le dijo al socio: "Mira a ver lo que estás haciendo
porque este negocio debería ir muy bien y va muy mal."
Y le estaría machacando siempre con esto, supongo.
Y un día repartiendo, al salir, pum, pum.
Con tres hijos... Él ya estaba viudo.
Su mujer ya había muerto. Tres niñitos pequeños...
Y así quedaron...
Y entonces los Maristas acogieron a los dos niños.
Pobrecito. Yo no lo conocía, pero me dio pena
cuando nos enteramos de la muerte de Eladio.
a las víctimas del fascismo
a Daniel Vázquez, Pepe Vázquez, Eladio Faustino Pagán, a todas las personas
emigrantes que murieron sin poder, sin querer, regresar a Galiza
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