Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Gracias.
La crisis de precios al consumo tuvo un crecimiento cero durante el mes de
junio, lo que hace que el Ministerio de Economía se muestre muy optimista de
alcanzar el 5% de inflación. El portavoz del gobierno, Javier Solana, afirmó que
se ha hecho una interpretación abusiva de las declaraciones del ministro Barrio
Nuevo, ya que en ningún caso ha puesto en cuestión que la lucha antiterrorista
deba de hacerse fuera del marco constitucional. Gerardo Iglesias propuso
las líneas generales del 12 Congreso del Partido Comunista de España ante el
Comité Central.
Todo será discutible. excepto el carácter marxista, comunista y
revolucionario del partido.
El Consejo Supremo de Justicia Militar revisará la sentencia de los procesados
por el 23F que aún permanecen en prisión. El estudio de sus delitos podrá
suponer a algunos de ellos la reducción de la pena en varios meses.
El Consejo de Estado de la República Democrática Alemana decreta una amnistía
general y suprime la pena de muerte hecho inédito este último en los países
del Este. Desde media tarde un incendio de al menos 6 kilómetros de frente asola
una zona arbolada entre Valencia y Castellón. El fuerte viento de Poniente
dificulta las tareas de extinción.
Jesús Gil y Gil, el hombre de moda. Cambio 16 le acerca a la personalidad
del nuevo mesías del fútbol español.
Lea, cambio 16.
Tiempo ahora para el hombre de la caza.
¿Qué son y media?
A las nueve nos marcaba 25 grados. O sea...
Que nos espera un día de esos en que hasta las papeleras se derriten. No
digas esas cosas tan poéticas, coño, que me contagias. Y luego pensar en un
artículo lírico. Vamos, de esos de los domingos, de los que hacen saltar las
lágrimas a las viudas.
A mandar, don Miguel.
Eso es. Tú dices las chorradas del camarero y yo digo las chorradas del
articulista. Como hacemos siempre, ¿no?
Eso es.
Has cruzado el café como una gacela, totalmente fuera de sitio, entre tanta
vulgaridad.
¿Así que es verdad que siempre escribes ti? No, siempre no.
Siempre es una palabra peligrosa, ¿no te parece?
No sé.
Las palabras que parece que obligan a algo son siempre mentira.
A nadie le obliga una palabra.
No te fíes de las palabras. Parecen una cadena, pero se rompen así.
No me fiaré.
Pídete algo, termina enseguida.
¿Una Coca-Cola? Sí, sí.
¿Puedo?
El lunes.
¿No le da miedo escribir con dos días de antelación?
Antes podía morirse Franco.
Ahora incluso si matan al Papa, todo sigue igual.
Mientras abran los bancos, en el 81, cuando dimitió Suárez.
Yo escribí un artículo sobre la raya del pelo que llevaba. ¿Te acuerdas? La raya
del pelo tan perfecta.
Dije que la raya se estaba tan quieta porque temía que la cesaran, que la
mataran o... Vete tú a saber a qué le tenía miedo aquella raya.
¿Crees que cambié el artículo cuando se supo que había dimitido?
Me llamó el director del periódico. Cambies el artículo, te damos más
espacio si quieres.
Está bien como está.
Y así se quedó.
Años después me lo dijo el propio Suárez.
Cuando dimití, el artículo que más me llamó la atención fue el tuyo, Miguel,
el de la raya en el pelo.
Supongo que fui el único que no le asestó una necrológica por la espalda.
¿Se llevaba bien con él?
Cuando uno escribe en los periódicos todos los días desde hace 25 años no se
lleva bien ni con su sombra.
Te soportan y punto.
¿Te puedo robar un trago?
El doctor Bramón me ha prohibido la Coca-Cola.
Me ha prohibido la Coca-Cola, el café, el tabaco y el whisky.
Veo que no le hace mucho caso.
Así cuando me muera la culpa quedará repartida.
Este es un buen final.
Claro.
Es un buen penal.
El médico me ha prohibido la Coca-Cola, pero no me ha prohibido...
Las chicas que beben Coca-Cola.
Habla de mí.
Yo solo hablo de mí.
Incluso cuando hablo de los otros, solo hablo de mí.
¿Has traído eso?
¿Esto qué es? ¿Un balance del banco central?
Es una copia.
Lo tengo que entregar en septiembre. ¿Y qué has hecho conmigo? Una necrológica.
No sé muy bien, mientras me aprueben.
Lo que no entiendo es por qué te suspendieron.
¿Y acaso ahora los profesores no aprueban automáticamente a las alumnas
hermosas? Desde luego vivimos tiempos decadentes, ¿eh? No iba nunca a su
clase. Es un gilipollas.
Entonces por eso te suspendió.
Porque no ibas a su clase.
Y hubiera hecho lo mismo.
Claro, te suspendió por melancolía de viejo al ver tu pupitre vacío.
No es tan viejo.
pero se dedicaba a leer su libro patético de reacción periodística en voz
alta. Al final nadie iba a su clase.
Profesores de periodismo.
¿Acaso a los perros les dan clase para ser perros?
¿Cuántas has dejado para septiembre?
Dos. Yo he dejado todo para septiembre. Esto es muy largo.
Es muy largo.
A los periódicos no les gusta nada que sea largo. Cada vez quieren cosas más
cortas. Píldoras la llaman. Ahora todo se cura con píldoras.
La intención era publicarlo.
Está muy lejos. Ven, siéntate aquí, Mila.
Siéntate aquí.
No me interesan nada estas cosas que digo.
Nada.
¿Por qué os empeñáis en saber cómo se escribe un artículo o cómo se hace una
novela? Si uno se acuesta tarde o escribe en casa o escribe en el café.
¿Pensáis que el secreto es una fórmula que se puede robar con media hora de
preguntas y no es así?
El secreto está en dejarse la vida en ello.
Detrás de la pose de irónico y deslenguado, late un niño.
Tal vez un niño terrible, pero niño, al fin y al cabo, que escribe como habla
porque escribe tanto como habla.
Me copies el estilo y en ti es impostado.
Vamos a ver, si le hicieras una entrevista a Felipe González, ¿la
escribirías con acento andaluz?
Para entrevistar a un futbolista no hace falta vestirse de futbolista. Es más, ni
siquiera hace falta saber de fútbol.
No te contagies. Un escritor no es un camaleón.
Estos son más que tópicos. Esto no vale nada.
Das pellizcos. Se escribe a navajazos.
No a pellizcos.
Esto me gusta más.
O sea, mis gafas no son para protegerme de las miradas de los otros, sino para
proteger... a los otros de mi mirada. Esto me gusta, fíjate.
¿Pero acaso no te sirven de lo mismo las tuyas con esa pinta de rosa león que
llevas?
El aspecto no es una cosa que nos inventemos para los demás, como dicen
los estilistas y los imbéciles. Nuestro aspecto es nuestra barricada.
Y ahí nos parapetamos detrás, defendiendo el rancho.
Tú vales para esto, ¿sí?
Esto es como ser actor de cine, no sirve de nada si la cámara no te quiere y a ti
te quiere, sí, está claro que sí.
¿Me lo puedo quedar?
Claro.
¿Tienes prisa?
No.
¿Has dicho en casa que vas a ir a comer tarde?
No he dicho nada, pero no me esperan.
A mí sí, pero puedo llegar tarde o no llegar nunca.
En el bolsillo de la derecha.
No busques fotos de hijos, ¿eh?
La finalidad del carné de identidad es recordarnos a todos que somos
gilipollas. ¿Tú conoces a alguien que no tenga cara de gilipollas en la foto del
carné de identidad?
¿Rodríguez?
Sí, yo también uso nombre artístico, como Sara Montiel.
Está caducado.
No puedo estar más de acuerdo.
¿Órdenes del médico?
No, son anfetas. Te ofrecería una, pero no soy un corruptor de jovencitas.
En el otro.
Son las llaves del estudio de un amigo.
Es pintor.
Él está en la sierra para ahorrarse este calor.
Se las pedí antes de llamarte.
Después probé suerte.
Me sorprendió que me llamara.
¿De verdad te sorprendió?
Pensé que no le interesaría leer lo que había escrito después de la entrevista.
No te llamé porque me interesara leer lo que habías escrito.
Te llamé porque me interesabas tú.
¿Era muy tarde?
Estábamos cenando.
No les dije quién era, claro. A mis padres.
¿Podría firmarme?
Para Sonia.
Le leo cada día, me encantan sus artículos.
Yo no escribo para que me lean.
Escribo para que me paguen.
Bueno, gracias.
¿Qué pone?
Para Sonia, que carece del don de la oportunidad, con un beso.
Gracias.
¿Entonces?
No sé.
No soporto que nos miren ni que nos interrumpan.
Quiero pasar las dos próximas horas contigo.
Sin que nadie se entrometa.
Solo quiero conocerte mejor.
Y que tú me conozcas a mí.
¿No era eso lo que querías cuando me pediste la entrevista?
Coge las llaves y espérame en la puerta.
Borra esa sonrisa de tu cara y como buen comunista celebra el éxito de un
camarada. Voy a necesitar la botella de whisky. Me guardas la máquina y el
artículo se lo das al motorista del periódico que vendrá a las dos.
Muy bien. Con esto ahoga la envidia y el rencor
que te corroe.
Muchas gracias, Miguel.
Me encantan tus sandalias. Parece que me aplaudo.
¿Y tu médico no te ha dicho nada en los terceros pisos sin Arcelor?
Si mi médico estuviera aquí, me diría que tú eres la medicina que todo lo
cura.
Tiene algo de fornicar esto de dar con la llave, ¿no te parece?
No lo sé.
Muy femenino lo de curiosearlo todo, pero ¿acaso hemos venido a ver pintura?
¿Es bueno?
Es mi amigo.
Cuidado que lo pisas. A él le gusta.
Dice que los cuadros tienen que estar manchados.
La literatura es igual.
Toda esa gente que protege su creación de la materia viva está equivocada.
Solo las manchas tienen interés.
Y las cicatrices.
A la hora de la Coca-Cola ya ha pasado, por favor.
Bueno, pero estoy con el estómago vacío.
Como mejor sienta, hazme caso.
Sabe a caramelo.
¿Sabes que siempre me han dado mucha envidia los pintores?
Porque ellos no necesitan las palabras.
Bueno, pero si usas bien las palabras, me refiero. No huelen y no se tocan.
Por eso son odiosos los museos, no te dejan tocar y los cuadros ya no huelen.
Lo hermoso hubiera sido poder oler las meninas recién pintadas, ¿no?
Los buenos pintores encuentran, dan...
Con la forma que está al servicio de una idea.
La literatura pelea por contar con palabras lo que no se dice con palabras.
Me pone nombre a las emociones como un científico a las enfermedades.
Pero... ¿Cómo... cómo se cuenta esto,
por ejemplo?
Ahí...
Hay demasiadas gafas entre tú y yo.
Y lo que tú ves tiene bastante menos interés que lo que veo yo.
En el fondo han dejado de interesarme los besos, ¿sabes? Los besos son
estupendos en la adolescencia, cuando dar uno es como escalar la cumbre de la
montaña. Pero luego saben a trámite, como rellenar una instancia, estar
deseando firmar y pasar a otra cosa.
Bueno, a lo mejor es que hay un número de besos que uno puede disfrutar.
Sí, tal vez.
Y a mí me debe quedar ya el último puñado.
Bueno.
Me gustaría que te desnudaras para mí.
Si no quieres, no lo hagas como algo erótico. Hazlo como algo artístico, como
un regalo.
Eso es.
Un regalo donde me permites apreciar tu belleza.
No, yo me quedo aquí quieto.
No, yo no me muevo.
Solo miro.
Como si diera un paseo por el Museo del Prado.
No me voy a desnudar.
Yo me desnudé para ti.
Viniste a quitármelo todo.
Déjame que yo te quite algo, aunque solo sea la ropa.
Querías conocerme pensando a ver qué puede enseñarme este.
A ver si puedo exprimirle un poco más.
Más de lo que yo ya me he exprimido a mí mismo a lo largo de todos estos años.
Pero tú querías saber si quedaba algo para ti.
Creo haber sido bastante fiel a mi caricatura, ¿no?
Yo soy esto.
Esperabas otra cosa.
Esperabas otra cosa cuando accediste a venir aquí.
Cuando subías esas escaleras hace un momento.
Esperabas que no te pidiese que te acostases conmigo.
Que no te pidiese que te quitaras la ropa para mí.
Por favor, ser previsible debería ser una obligación.
Yo solo quería conocerte, escucharte hablar.
Ya me conoces, te estoy hablando.
Te admiro como escritor.
¿Me disculpas si yo quiero admirar en ti algo más físico, más...? palpable que tu
talento, que seguro que lo tienes, pero es que yo ya he conocido bastante gente
con talento.
Y las ganas de conocer cuerpos, esas no se agotan.
Desgraciadamente no tenemos todo el día.
Será mejor que me vaya.
No,
no será mejor.
Pero lo entiendo.
Desde siempre he intentado pescar en mi red los peces inmensos que la vida te
ofrece.
Pero la red está ahora vieja y rota.
Y los peces, hasta los que menos me importan, se escapan por los agujeros.
Alguna vez quizá tengas esta sensación.
Como escritora o como persona.
Entonces me gustaría que recordaras el día de hoy con una sonrisa generosa.
Al menos él lo intentó, podrás decir.
Antes, cuando me pasaba algo importante, deseaba salir corriendo para escribirlo.
Ahora dejaría gustoso de escribir con tal de que me pasara algo.
Lo que más me jode es que no vaya a pasar nada hoy aquí.
Lo siento.
Tranquila.
Tranquila, debí suponerlo cuando te vi con los vaqueros.
Los vaqueros se han inventado para no quitárselos en toda la jornada.
Llevar el caballo al establo y luego ir a recoger el ganado al valle.
En las películas del oeste no se quitan los vaqueros ni para dormir.
Son imposibles para un estrictis.
Por eso llevan las pistolas por fuera.
Por dentro estoy aplaudiendo.
¿Un poco de música ayudaría?
No, la música estorba siempre.
En las películas la ponen como señal de tráfico para los espectadores. Ahora te
tienes que emocionar, ahora te tienes que asustar.
Yo sé perfectamente cómo tengo que sentirme en este momento.
El gorila se despereza.
Mérito tuyo.
¿Bienes?
Voy a limpiarme.
Quieta.
Sabes que estás bastante loco.
El gorila ha vuelto a dormirse.
Fría. Obvio, el agua fría. Me recuerda a mi infancia.
Creo que me voy a morir.
Y el gorila no va a sobrevivir a esto, seguro.
Me voy a ir.
No te enfadas, ¿verdad?
¿Irte? ¿Ahora?
Sí, no sé.
Me siento un poco rara aquí.
Pues eso... Eso es peor que una ducha fría.
No se abre.
¿Eh?
Que no se abre.
¿Cómo que no se abre?
Espera, déjame.
Qué absurdo.
¿Por qué has cerrado?
¿Y yo qué sé por qué he cerrado? Las puertas están para cerrarlas. Bueno, si
luego se abren. ¿Pero cómo no se va a abrir?
Déjame, espérame.
Déjame.
No se puede.
Espérame.
Está encajada.
Ya, ya lo sé que está encajada.
Menonda, tira conmigo.
A ver,
calma.
Uno,
dos y tres.
Es imposible. Espera, espera, déjame ver.
Espera un momento.
¿De qué te ríes?
No sé.
Es ridículo.
Ya sé que es ridículo. No hace falta que me lo digas.
¿Por qué no llamas a tu amigo?
Acércame el teléfono, Adelfavor.
Nos hemos quedado encerrados.
¿Qué haces?
Alguien nos tendrá que abrir.
Y vas a armar un escándalo. ¿Qué escándalo? Voy a llamar a alguien.
Alguien nos oirá. ¿Y qué le decimos?
Que venga a abrirnos.
¿Y que llame a los bomberos?
Espérate.
Tiene que haber un procedimiento un poco menos escandaloso, digo yo.
¿Te has hecho daño?
Digamos que no soy el típico tío que rompe una puerta a patadas.
No, eso ya lo veo.
Esto es absolutamente demencial, porque Luis no volverá hasta el lunes a pintar.
¿Dos días aquí encerrados?
Esta tarde, cuando mi mujer me eche en falta, se pondrá nerviosa, pero hasta
mañana no creo yo que... Que llame a la policía.
Creo que mis viejos se pondrán nerviosos bastante antes.
¿Saben que estás conmigo?
Bueno, eso no va a pasar.
No va a pasar. Vamos a salir de aquí antes.
Vamos a salir de aquí.
¡Vecinos!
¡Vecinos!
Vecinos, ¿hay alguien por ahí?
Estamos aquí, en el tercero derecha.
Izquierda.
¡Vecinos!
¡Vecinos, ¿me oye alguien?
¡Vecinos!
No puedo creer que no haya nadie.
¡Vecinos!
¿Me oye alguien?
Ya aparecerá alguien.
Esta es la única toalla que tenemos.
Romanos, compatriotas, amigos, prestadme oídos.
Bruto dice que César... ¿Qué haría Shakespeare con algo así?
Porque no es lo mismo dos personas que quieren estar juntas que dos personas
que se ven obligadas a estar juntas.
Este detalle cambia el argumento por completo.
¿Sería una comedia? ¿Sería una tragedia? ¿Tú qué crees?
Hasta que mis padres me encuentren, comedia.
¿Y después?
Tragedia con muertos.
Los padres de ahora ya no son como los de antes.
Mi padre es de los de antes.
¿En qué trabaja?
Es militar.
No me jodas. Con pistola encima.
¿De qué cuerpo?
Es teniente coronel de la comandancia de Madrid.
¿Y cómo se llama?
Soriano Castroviejo.
¿Tu padre es serafín Soriano Castroviejo?
Entonces tú eres la hermana de Isabel.
¿Pero cuántos años os lleváis?
Es mi hermana mayor.
Somos ocho. Ocho.
Me saca 17 años.
Conocí a tu hermana cuando estaba con el grupo de teatro, aquel que... mataban
porque lo sacara en la columna.
Era una tía estupenda.
Y estaba estupenda.
Yo no conseguí follármela jamás, pero me gustaba muchísimo.
Tenía un pelazo negro que... No nos parecemos en nada.
Sí, en que puede que tú y yo tampoco vayamos a follar.
Tu padre en aquella época era un fascista redomado.
De esos a los que les nombrabas la democracia echaban mano de la pistola.
Menuda gente.
Yo tuve un par de juicios militares por dos artículos.
Uno en el setenta y pico y otro ya muerto franco.
Por ofensas a los militares.
A tú no te acordarás, eres una cría entonces.
De Tejero me acuerdo.
Tejero fue ayer.
Once años tuve mi época paranoica.
Tenía unos de seguridad del Estado que me seguían a veces.
Me daban pequeños toques, ya sabes, avisos, ¿no? Para que supieras que
estabas controlado.
Estaba acojonado, fíjate qué tontería.
Me follé a un travesti. Yo qué sé.
Pensaba que solían vender a Interview o a una de esas revistas para joderme un
poco.
Vivíamos así de paranoicos.
Ahora los socialistas les han subido el sueldo y están contentos.
Lo quedaría por un cigarro y un whisky.
A lo mejor me montan lo que le hizo a Suso, su mujer.
Suso de la Guardia, ¿sabes? El comentarista político.
Sí, claro.
¿Recuerdas que desapareció hace un par de años?
Se follaba todo lo que se movía y su mujer estaba hasta los cojones porque
llegaba a casa hecho una piltrafa.
Y es que el tío se mamaba hasta la muerte.
Es un borracho de esos a la inglesa.
Los españoles bebemos para aflojar un poco, ¿no? Pero los ingleses es que
beben a morir, vamos.
Se lo toman como un oficio, no como una afición.
Pues él en eso es británico.
En lo de escribir, no.
No. Escribe a gorrazos, emborronado, no se lo entiende.
Como si metiera las frases en el pasapuré y le salen grumosas.
Bueno, el caso es que se fue a follar, no me acuerdo con quién.
Y el tío se mamó de tal manera que...
Cuando la tía se piró del hotel, él se quedó dormido, desmayado.
Y no fue a su casa esa noche porque no se despertó hasta las 12 de la mañana
del día siguiente. Y cuando pone la tele del hotel ve que se ha armado un follón
tremendo porque dicen que lo ha secuestrado la ETA.
Acojonado llama al periódico. Pero ¿qué pasa? ¿Qué pasa? Que a mí no me ha
secuestrado nadie.
La mujer le montó aquel pitote para dar un escarmiento.
Eso decían los amigos, ¿no?
Son las batallas del abuelito.
Seguro que tu padre también cuenta batallitas, ¿no?
Claro que a él no le tocó ya ser el héroe del Alcázar.
No, ¿qué le tocó a él? A él le tocó la guerra sucia, la marcha verde, los
golpistas. Tu hermana era el clásico cachorro del franquismo.
Tenía gracia, muy juerguista.
Bastante folladora.
Siempre con esos actores bajitos y cabezones, con cara de niño, que dan tan
bien en cámara.
Con tu padre se llevaba a morir porque hacían funciones de esas obrones
comunistas que estaban de moda entonces.
Niñatos intelectuales.
Querían conquistar a los obreros con eso.
A los obreros lo que les gusta es verles las tetas. A norma dual.
Mi hermana y mi padre siguen discutiendo.
Cada Navidad se monta alguna.
¿Y sigue haciendo teatro?
Ahora trabaja en una serie.
¿Nunca te ha hablado de mí?
Me consiguió tu teléfono.
Por un amigo.
Le dije que tenía que escribir un artículo para clase y que había pensado
en ti.
Y si tenía algún teléfono.
Porque dejé un par de mensajes en el periódico, pero no... Al periódico no
voy nunca. Ya no dejan beber en la redacción.
¿Y qué te dijo? ¿Que éramos amigos?
Más que amigos conocidos.
Me acuerdo que una noche le pregunté, oye, ¿pero es que tú y yo no vamos a
follar nunca?
Me temo que no, me dijo.
Tiene gracia, ¿no?, si nos viera.
Seguro que ahora no está tan guapa como su hermana pequeña.
No, a ella y a mí ya nos asoma el cadáver.
Tú tienes todavía el pijama infantil. Me dijo que eras un escritor bastante
sobrevalorado.
No, ya.
Yo creía que el rencor se lo guardaban las tías a las que te habías follado,
pero ahora veo que con las que no has follado también hay que andarse con ojo.
Escucha una cosa.
Solo un escritor totalmente sobrevalorado puede ganarse la vida con
este oficio.
¿Te molesta que alguien lo piense?
Sigue la entrevista, contarás esto.
En pelotas, en un baño casposo.
Proseguí mi encuentro con el sobrevalorado articulista. ¿Lo contarás
tú?
Depende de cómo acabe.
Pero con tus novelas nunca has conseguido la misma relevancia que con
tus artículos.
A pesar de los premios que has ganado.
Los premios solo son... Dinero.
Y aún así los aceptas.
Hay quien viaja con una novela dentro toda la vida.
Por esa cosa antigua de la trama y contar una historia, yo qué sé.
Yo he ido colgando a jirones, por ahí, mis novelas.
En el periódico del día.
Y ahí me he dejado la vida y el talento.
Y si alguien me aprecia, pues tendrá que ir recogiendo los pedazos.
A mí me gusta lo que escribes.
A lo mejor eres tú la que pega las piezas un día.
O ibas a ser tú y ya no serás tú.
Conocer a alguien a quien se admira es como dar el primer paso para dejar de
admirarle.
Solo se puede admirar a los muertos y los cuerpos. Lo de dentro está sucio,
podrido, sin barrer, mejor no entrar.
¿Y qué es de tus otros seis hermanos?
Cinco.
Uno de ellos murió hace ocho años.
Hacen cosas distintas.
Uno es profesor de inglés, otro está en Estados Unidos estudiando.
Qué locojonudo de este país.
Como que de la tragedia grotesca hemos pasado a las series americanas esas,
como con ocho basta, yo qué sé, ¿no?
De Goya a Norman Rockwell.
Esto lo he escrito yo ya alguna vez.
¿Y a todo esto tú por qué cojones quieres ser periodista?
Si en este país ya ha pasado todo lo interesante.
Hasta que no vuelvan a matarse los unos a los otros, esto va a ser un bostezar
de datos económicos y resultados electorales.
No sé si quiero ser periodista. Quiero escribir.
Eso es otra cosa.
Los últimos 15 años en este país han sido una fiesta para los escritores de
periódicos. Joder.
La transición, la tensión política, el golpe, la OTAN a cambio del mercado
común. Todo eso ha sido como, qué sé yo, un cuerpo nuevo, desconocido, al que ya
no puedes acariciar ni por la edad, pero que de pronto se te presenta ahí a tu
disposición.
Porque tú y yo vamos a follar, ¿verdad?
Nos lo hemos ganado, ¿o no?
A ver, pega cuatro gritos por ahí a ver si te oye alguien.
Una mujer que grita no es lo mismo que un hombre que grita. A un hombre no
quiere salvarlo nadie.
En eso estáis de mala suerte.
A las chicas guapas, todo el mundo está empeñado en salvaros.
No os dejan echaros a la calle y vivir la vida.
Están como locos, ¿no?
Poneros un piso y haceros dos hijos.
Vamos, llama un poco, a ver.
Llama.
¡Ey!
¡Hola!
¿Hay alguien?
Ponle un poco más de dramatismo.
Parece que vas a dar la hora.
¿Oigan?
Por favor, nos hemos quedado encerrados.
¡Ayuda!
Por favor.
¿Alguien puede ayudarnos?
Oiga.
¿Me oye alguien?
Se han debido ir todos de fin de semana.
Con este calor.
No para.
¿En serio?
¿Vamos a dejar que no pase nada?
Déjalo, por favor. Se lo quiero salir de aquí.
¿Se acabó la entrevista?
¿Has visto lo que soy y no te gusta?
¿O has visto lo que eres tú y tampoco te gusta?
A lo mejor te quieres ir.
Porque no te gusta lo que te ha traído aquí.
Después de todo, yo he dicho siempre la verdad. Puede que tú no hayas parado de
mentir desde el primer momento.
Deja la puerta.
Deja la puerta, no se va a abrir.
No temas.
No te voy a hacer nada. Le diremos al gorila que se olvide.
¿Qué pensabas sacar de mí?
¿Llevarte algún secreto literario?
Qué ilusa.
Desde el primer momento quise follar contigo.
No tenía otro interés.
Léete la entrevista de principio a fin y no encontrarás ni una palabra, ni una
frase brillante que en el fondo no quiere decir fóllame, déjame follar
contigo, desnúdate para mí.
Tu amigo no vendrá.
Sí, el lunes.
El lunes nos rescatará.
Como dos náufragos. Eso es lo que somos, sí señor, dos náufragos.
Dos náufragos.
Yo... Un cadáver arrastrado hacia la playa y tú... Bueno, tú
nadas todavía, tratando de agarrarte desesperadamente a algo.
Eres joven.
Y aún crees que queda algo por ahí flotando, que se parece a los sueños.
Y no lo hay.
No lo hay. Pregúntale a tu hermana.
Esto es todo.
Aquí lo tienes, el sentido de la vida, como dos trenes que se cruzan en un
instante. Tú de ida y yo de vuelta.
Esto es como una avería en el túnel, un imprevisto.
Tú y yo solo estábamos destinados a cruzarnos, cada uno en su vía de
dirección contraria.
¿Tan importante es para ti acostarte conmigo?
¿Qué es una victoria?
Yo también fui un trepa.
Yo también cortejé a los que podían ayudarme a subir.
Yo también gasté elogios inmerecidos para regalar los oídos de los que podían
empujarme a subir.
Di mis pasos como pude o como supe.
Un escaloncito por aquí, otro escaloncito por allá. Eran tiempos mucho
más difíciles que estos, joder.
Sindicatos, prensa del movimiento, carnet, la pomada... Ahora todo se
resuelve de una manera mucho más limpia, todo más mercantil.
Oferta y demanda.
Todos tenían sentimientos de culpabilidad y ahí llegaba yo, con mis
cuartillas.
Joven y libre.
Como tú llegas ahora.
Yo no he venido a pedirte nada.
Me fabriqué una mierda para que acudieran las moscas. No me ha ido mal.
¿Podemos parar, por favor, y pensar en cómo vamos a salir?
No te hagas ilusiones, preciosa.
Yo en este momento cambiaría tus muslos por un cigarrillo.
Y tus tetas, perfectas como dos caracoles, por un vaso de whisky.
¿Ya lo ves?
Uno tiene sus prioridades.
Las seis.
¿Has oído?
¿Qué estarías haciendo si estuvieras fuera de aquí?
Hoy es sábado.
Los jóvenes todavía creéis en el fin de semana, ¿no?
No me gusta salir los sábados.
Demasiada gente.
¿Te hace sentir especial?
Es importante sentirse especial.
¿Por qué crees tú que lo eres?
Todos lo creen, ¿no?
te sorprendería la cantidad de gente que aspira a ser completamente normal.
Nosotros somos una raza aparte. Hay que pelear a dentelladas para no acabar
siendo como algunos de ellos.
¿Sabes qué? Yo pienso que los de la Revolución Francesa se equivocaron en
eso de la égalité, liberté y fraternité.
¿Fraternidad con quién?
El siglo XX nos ha enseñado a hostia limpia que todos los hombres no somos
hermanos. ¿O tú te crees esa chorrada?
Antes la repetían solo los curas. Ahora la Coca-Cola, los Juegos Olímpicos...
¿Lees?
¿Qué lees? No sé.
Novelas.
Leo novelas sin parar.
¿Todavía? Yo pensaba que solo veíais la tele.
En la facultad no leí ni el periódico.
Yo sí leo.
¿Qué te gusta?
No sé.
Truman Capote.
La sangre fría.
¿Y los americanos, los anteriores? Follner, Fitzgerald, Hemingway.
Inventaron el escritor contemporáneo como otros inventaron el automóvil.
Conjugaron todo en primera persona del circular.
El Gran Gatsby, París era una fiesta.
El Gran Gatsby sí lo he leído. Y hasta el lado del paraíso.
Me encanta el lamento de porno y retrato del artista adolescente.
Ahí creo que es donde lo cuenta Joyce.
Un día, acabada la escuela católica sin saber qué hacer, paseando por el
muelle, veo una hermosa muchacha caminando por el agua con la falda
remangada y es como una iluminación.
Una iluminación que la lleva a elegir la vida y el arte por encima de todo lo
demás.
Aunque la vida sea desorden.
Y el arte sea sufrimiento.
Ya.
Lo que lees de joven es lo único que lees.
Dicen que uno siempre escribe el mismo libro. Lo que es seguro es que uno lee
siempre el mismo libro.
¿Te gustan los latinoamericanos?
Y lo dices como si fuera un conjunto de cantantes de boleros.
No, no hablemos de gustos.
¿Cómo vamos a entendernos tú y yo?
Sería como el encuentro de un caballero del siglo XVII y una cantante de rock.
De joven te gusta lo imposible.
Y de mayor, lo más sencillo.
Es como volar.
De joven piensas que se puede volar.
Que se puede salir de aquí volando.
Volando. No sé.
De este país.
De este váter, de este mundo.
De lo que se trataba al follar contigo era de poder volar con tus alas. Un
rato.
De poder lamer un poco de juventud.
¿Leéis a Proust?
Lo he intentado.
El tiempo es el único tema.
El paso del tiempo.
Usted disculpe, pero... tengo que mear.
En realidad, a la gente le da mucha importancia al sexo.
Pero solo el 1% de la utilidad de los fluidos humanos tienen algo que ver con
lo erótico.
Se han compuesto, qué sé yo, cientos, miles de canciones, de poemas.
Al amor, a la pasión... ¿Y al mear?
Y al trabajo del riñón o del hígado, a la imprescindible tarea de los pulmones,
apenas nada, poca literatura.
La literatura elude la verdad porque quiere competir con Dios en lo
desconocido.
Con Dios y con la Disney.
No le tengas miedo a hablar de lo orgánico.
Los que dicen que...
Escribir bien, exponerse legado, son unos cursis repelentes.
Desconfía de lo abstracto, fíjate de los sentidos.
De Stendhal, un crítico de su época dijo que escribía como un conserje.
Esa es la virtud y no el defecto.
Escribir llanamente, contar lo que ves.
Oiga, ¿me oye alguien?
Estamos aquí encerrados.
¡Vecinos!
He aquí un conflicto bastante humano.
Follar o no follar.
Si lo hacemos todo se volverá... Menos tenso, menos interesante.
¿Te has fijado que cuando dos amantes se desean y hacen el amor, sus cuerpos no
pesan? Que es como si flotaran.
Pero al saciarse se vuelven plomizos.
Se hacen reales otra vez.
Como las carnes de las mujeres de Rubens.
Pero el no hacerlo resulta al mismo tiempo desasosegante.
Estar cerca de ti es como sentarse al lado de una fuente.
Y no poder rozar el agua con los dedos.
¿Hasta cuándo va a durar esto?
¡Quiero salir de aquí, joder!
¡Que alguien me saque de aquí!
¡No lo soporto más!
No lo aguanto más.
Me estoy asfixiando.
Me estoy asfixiando, ¿no lo ves?
¿Por qué me hace sentir que estoy solo?
¿Eh?
Que soy insoportable, ya lo sé.
Ya sé que soy insoportable.
Pero no me aguanto.
Me miro en el espejo y solo veo la puñetera sombra de mí mismo.
No me hago ni puta gracia.
No soy ingenioso, no me admiro, me doy asco.
Asco físico.
Y tú estás ahí como una musa, muda y desnuda, y en lugar de venir a
susurrarme versos al oído, vas y me plantas un espejo delante de la cara.
Si me ves como yo me veo, tienes que odiarme.
¿En qué estabas pensando, criatura?
¿Tan estúpida o tan trepa eres?
¿Qué pensabas que ibas a sacar de mí?
Fuese lo que fuese, yo iba a salir ganando.
Mira, está creciendo la barba.
Dicen que el deseo sexual hace crecer la barba más rápidamente.
Y el miedo.
A los toreros les crece la barba toda hostia el día de la corrida.
Si no me diera asco me afeitaba con la cuchilla de Luis, pero... Me
estoy quedando calvo.
Y los pelos de la nariz son... son realmente incómodos.
Joder, qué absurdo.
Joder, qué absurdo es todo esto.
No es tan importante.
El cuerpo no es tan importante.
Follar no es tan importante.
¿Has visto los perros en la calle?
Se huelen y si es el momento se montan y listo. ¿Por qué nos alejamos tanto de
ellos?
Tan importante nos creemos con nuestros museos, nuestras catedrales y nuestros
consejos de ministros.
Te tengo delante y todo eso no es más que un...
Un estorbo.
Afuera se va a formar un pollo tremendo, ¿sabes?
Mis enemigos, los que me he ganado con cada éxito, con cada milímetro de su
territorio que les he quitado, bueno, de lo que ellos piensan que es suyo, se
cebarán conmigo.
Tu padre es posible que tenga que matarme como último servicio a la
patria.
Y mi mujer...
Puede que me deje.
Más por el que dirán que por lo que ella ya sabe de sobra.
Renunciar a tantas cosas cojonudas de nuestra convivencia.
La deseo aún, ¿sabes? Y llevamos siglos juntos.
Pero hay una cosa que se llama... Se llama refugio.
Se llama consuelo, no lo sé muy bien. Es un lugar bastante lejos de la luz
pública.
donde resulta muy difícil encontrar a alguien que lo sepa todo de ti y que no
lo utilice para destruirte, sino para pelarte de nuevo cuando estás roto.
Y tú, tú me olvidarás en todos los cuerpos
que te esperan.
Y lo peor es que todos imaginarán lo que hicimos aquí en estas horas.
Y no podremos decir la verdad porque sería ridícula.
En el mejor teatro cómico se da mucho el argumento del viejo gagá
en busca de la carne joven y fresca, siempre inalcanzable.
Esta situación ridícula da mucha risa.
Pero desvela que la distancia entre la locura y el equilibrio
se reduce al tamaño de un pelo de la cabeza.
Entonces la risa se vuelve terror.
Miedo de que pueda sucederte algo parecido.
¿Tienes hambre?
Un poco.
Yo operas como, no sé por qué.
De chico comía fatal.
Mi madre se disgustaba muchísimo.
Que te me vas a morir, come, por favor.
Se ponía a llorar allí encima de la mesa.
Claro que entonces comer era otra cosa, era casi como respirar. Yo estaba gorda.
Era la gordita de la clase.
Un día mi hermana me dijo, ¿estás preparada para lo que se te viene
encima?
Me metió miedo.
Me dijo, ser una gorda con 14 es el infierno.
Y me lo tomé en serio.
O sea que tienes hambre desde entonces.
Algo así.
Yo cuando veo películas o leo libros, me gusta ver a la gente comer.
¿No iba al cine a ver comer a la gente?
Pues es un error.
En el cine y en la literatura, pues me gusta ver a la gente trabajar y comer.
Bogart comiéndose un cocido.
Exacto. Me gustó muchísimo una película de detectives francesa que vi hace
tiempo. No me preguntes el título porque soy fatal para los títulos.
Salía Jean Gabin.
¿Sabes quién es Jean Gabin?
Un actor francés, rubio, panzudo. Una especie de Spencer Tracy en Viril.
Es igual, no importa.
Era de acción, con pistolas, dinero robado, una femme fatal que debía ser
Brigitte Bardot, jovencísima o otra parecida, en fin, una señora de esas de
romper. Y unos que se perseguían todo el rato.
Pues de pronto, Gabin y su amigo llegaban a la casa.
Se sentaban en una silla y se ponían a comer queso y pan
con una navaja.
Y se bebían unos chatos de vino.
Me hizo feliz.
En la literatura es igual.
Los grandes artistas aceptan a la gente tal como es.
Les dan refugio, en todo caso.
Pero no se empeñan en forzar al mundo a que sea como ellos imaginan que tiene
que ser.
Llega un grande, Pío Baroja, por ejemplo, y dice...
La calle era larga y olía a torreznos.
O si Menón tenía los ojos como dos charcos profundos, joder.
Eso te importa porque lo comprendes, porque es real.
Solo lo que es de verdad puede emocionar.
No me jodas, no me mires así que parece que va a empezar la clase otra vez.
Y además, ¿de qué te voy a dar clase yo a ti?
¿No te agotas a escribir todos los días sobre lo que ha pasado durante tanto
tiempo? ¿Cómo me voy a agotar si cada día pasan cosas diferentes?
¿Pero tener que decir algo?
Antes íbamos al café.
Sí, muchos llevábamos cosas ingeniosas para decir allí.
Yo le he sacado más rentabilidad y de paso me he librado de algún que otro
pesado. Pero tu opinión cuenta.
No cuenta.
Si yo me cago en un ministro, le importa al ministro.
A la gente lo único que le importa es que no te vetas con ellos.
¿Y tu estilo?
No hables del estilo.
No existe el estilo.
Y si existe, es malo. Pues tú lo tienes.
Pues es malo.
Les da algo y sabes que es tuyo.
O de alguno de mis imitadores, que los tengo.
Claro. O a lo mejor eres tú que te imitas a ti mismo, ¿no? A veces.
Los días malos.
¿Qué es el estilo?
Un acompañante, el guía del museo, un pesao.
La gente tiene que enamorarse de lo que escribes. Tú los presentas.
Aquí una historia, aquí un lector, y desapareces.
Imagínate que un tipo te presenta a un amigo, tú te haces novia del amigo, y el
tipo sigue allí con vosotros en el parque, o se mete con vosotros en la
cama, se sienta a los pies y le dice, para mí que tendrías que girarle un
poquito más la cara para darle el beso, o el culo, no se te olvide acariciarle
el culo.
Ese coñazo de tío es el estilo.
El escritor haciendo aspavientos para que le mire todo el mundo.
Entiendo lo que me dices, pero me parece que no lo cumples.
Bueno, yo si tengo estilo es por agotamiento.
Ha escrito tanto ya que ha quedado una cosa ahí, yo que sé, como... Cada uno
combina las palabras a su manera.
Pero una vez hecho el jarrón, lo mejor es romperlo.
Y empezar otro la mañana siguiente.
¿Y no piensas en la gente que te lee?
No, prefiero pensar en la empresa que me paga.
Este es un oficio de ratas.
Ratas juzgando a ratas.
A los cirujanos no se les permite operar a los familiares porque la implicación
emocional le resta habilidad al médico.
Esto es igual.
Miras al mundo como si no fuera contigo.
Pero tienes que...
tirar de la historia y hay que sajar.
Pero tú también eres responsable de cómo es el mundo.
No me digas que eres de esos que piensan que se puede cambiar el mundo
escribiendo.
Bueno... Escribir bien es lo único que puede hacer un escritor por el mundo.
La tragedia es en sesión continua.
Cambia los detalles, pero el argumento sigue siendo el mismo.
Claro que siempre hay una riada, un terremoto que te salva el día, ¿no?
Si lo que quieres hacer es conmoverlos, pero a mí eso no me interesa.
No. A mí lo único que me importa es decirles... El mundo es una payasada.
Es una mascarada. Venga.
Vamos a bailar.
Es difícil.
¿Qué es difícil?
¿Cómo te vas a meter en un mundo donde todo es tan imposible de cambiar como
dices?
Si quieres hacer algo diferente.
¿Tú quieres hacer algo diferente?
A lo mejor.
Los jóvenes olvidáis que seréis como nosotros.
Os sobrevaloráis.
La juventud es un regalo, pero cuidado, es un regalo que se evapora.
Notas cómo se vacía la vida y hay que tapar los agujeros como se pueda. Ya lo
verás. Ya lo verás.
¿Por qué me riñas cuando me hablas?
Mis hermanas tienen esa puta costumbre.
¿Por qué habláis como si antes de vosotros no hubiera habido nadie?
Es que es todo el rato una especie de lección en fascículos. Que te tienes que
tragar de cada cosa. De vida sexual, de vida laboral, de los estudios, de lo que
tienes que hacer, de lo que tienes que pensar.
Dejándose en paz.
Dejándose vivir.
Yo solo quería echar un polvo contigo. Lamento haber convertido esto en un
curso de verano.
¿Y si la que quería echar el polvo era yo?
¿Por probar?
¿Por pervertida?
Muy pervertida.
¿Por trepa, como dices tú?
¿Que me vas a dar un trabajo?
Le vas a decir a tu director que me coloque de prácticas.
Sacarte un secreto.
No soy tan ingenua.
Y si lo soy es mi problema.
Todo el rato esa comparación continua.
Mi época, tu época... Solo quería que conocieras la prehistoria.
¿Para enseñar los qué?
¿Cinismo? ¿Mal rollo?
¿Una pose de superioridad? Por fin, por fin estas cuatro paredes oyen a alguien
inteligente. Preferiría que me enseñaras algo de verdad creyendo en ello.
No sé, yo pienso que es así o es mejor así, pero son recetas vacías.
Todo el rato con el cuento de la edad.
Como si yo no me diera cuenta de la edad que tienes tú y la edad que tengo yo.
A lo mejor he sido yo la que eligió estar contigo.
Escaparme de los tíos que me corresponden.
Probar otra cosa.
A lo mejor los jóvenes de mi edad no me parecen lo suficientemente interesantes
o suficientemente diferentes.
Si no estuviéramos aquí encerrados, habrías salido ya corriendo, ¿verdad?
Te habrías levantado de la cama con cualquier excusa.
Me esperan en casa, tengo una reunión.
Te habrías vestido a toda prisa.
Ya tengo lo que quería.
Así que deja de hablar como si estuvieras encima de una torre de... ¿De
marfil?
No, de mierda.
Yo... solo quería llenar el rato.
Pero en fin.
Habla. Te oigo.
No tengo nada que decir.
¿Te importa vocear de nuevo a ver si es posible que nos oiga alguien?
Oiga.
¿Hay alguien ahí fuera?
¿Hola?
Cuando era pequeña me pasaba horas delante del espejo.
Jugaba a que me entrevistaban porque era alguien famoso.
Ventajas de crecer sin televisión. No sueñas con salir en televisión.
Me hacía preguntas y las contestaba.
¿Y has dejado de jugar?
Hace poco.
¿Quién eres?
Una escritora famosa.
¿Y qué te preguntabas?
Por mi último libro.
Yo jugaba a dar misa.
Hacía de cura y daba la misa.
Yo a veces daba discursos políticos.
Juntaba a todas mis muñecas encima de la cama y les daba un discurso.
Eso es por que hacer con Felipe y con Alfonso guerra.
La política real da asco.
Engañan a la gente.
¿Acaso tú crees que la gente quiere saber la verdad?
Prefiero que los engañes.
Si no te engañas, no eres feliz.
Aunque no lo parezca, no tengo respuesta para todo.
Una chica de mi clase se tiró por la ventana hace un par de meses.
Había quedado con otra amiga.
La estaba esperando abajo.
La vio caer desde la ventana del cuarto de baño de su casa.
Desde un sexto piso.
Todos nos quedamos.
Sientes que no has podido hacer nada para ayudarla.
Que no sabías lo que le pasaba.
Tenía miedo, ¿sabes?
Íbamos juntas a clase.
Nos habíamos conocido en clase.
Era de las que iba siempre.
Nos sentábamos al final de la clase juntas.
El primer día no cabíamos.
No había pupitres para todos.
Luego la gente fue desapareciendo.
Solo vienen a hacer los exámenes.
Se necesitan dos aulas para sentarnos a todos.
Es increíble, ¿no? Ni siquiera tenemos un pupitre.
A lo mejor lo hizo por una cuestión de espacio. Se quitó del medio.
Da miedo cómo alguien puede tomar esa decisión.
Casi todos los suicidas quieren dejar un mensaje brutal a los que les sobreviven.
Es el lado más miserable del suicida.
Curiosamente, la desesperación es un estado maravilloso, si aguantas lo
suficiente.
¿Tú crees?
El desesperado es que ya no espera nada.
Y suele ocurrir que entonces aparece lo mejor, lo que nos espera.
Pero todos esperamos algo.
Pero nos fabricamos otra cosa mientras llega.
Falsa. Y necesaria.
Las cosas más nimias, las más estúpidas, son las más fundamentales.
No es nada apetecible.
Vista la oferta, unos optan por las ventanas y otros buscamos orificios más
hospitalarios donde el gorila o las demás bestias que llevamos dentro no
ladren, no gruñan o no arañen.
Me estoy empezando a gober aquí un poco.
¿Quieres ir al cine?
¿Quieres venir al cine conmigo? Te invito.
¿Cuándo? Ahora mismo.
Verás.
Vamos. Ven aquí, de algún sitio.
Empieza con unas vistas de Madrid.
En casi todas las vistas de Madrid se ve que es un pueblo estirado.
¿Y no hay anuncios antes de la película?
No. Hemos llegado cuando empezaba, para que nadie nos viera entrar juntos.
¿Te da vergüenza que te vean con una jovencita?
¿Y a ti te da vergüenza que te vean con un anciano? Todo el mundo pensará que
eres mi nieta. ¿Y si nos besamos?
Para los que miran, solo por molestar.
No, no te distraigas.
Hay un hombre en la cincuentena que sale de trabajar por la mañana.
Un polígono en el extrarradio.
Sale de una fábrica de cerveza y se va a su casa en su coche, un barrio
cualquiera a la calle, no sabría decirte.
La mujer se está levantando y él se va a acostar.
Desayunan juntos y él le pregunta por el chico, por el hijo que tienen los dos.
Y la madre le contesta que no se quiere levantar.
Y eso, pregunta el padre, no lo sé.
Dice que no se quiere levantar.
Eso no se puede consentir, dice el padre. Y va a la habitación del chico a
despertarlo. Pero el chico, que tiene 12 años, está despierto.
Está tumbado en el colchón con los ojos abiertos.
Y por más que el padre le insiste, él dice que no piensa levantarse.
Que no tiene ningún motivo para hacerlo.
¿Es el único hijo?
No, tiene un hermano mayor, pero que ya no vive en la casa.
El padre tira de él y quiere sacarle de la cama a rastras.
Pero es una situación ridícula porque el chico se queda en el suelo y luego
vuelve a subir otra vez al colchón.
El padre se desespera y la madre le dice que se calme porque al fin y al cabo
solo es un día.
El padre no puede permitir estos caprichos, pero tampoco puede hacer
nada, así que lo deja por imposible.
Y se va a dormir.
Pero cuando se despierta a mediodía, encuentra a su mujer dando de comer al
chico en la cama.
Ah, no, no, eso sí que no. Si no se levanta, tampoco va a comer.
Y le prohíbe a la mujer que entre en el cuarto.
Ya se levantará.
Pero el día siguiente vuelve a pasar lo mismo.
El chico no se levanta porque no quiere.
Y el padre intenta razonar con él y le pregunta, ¿te pasa algo?
¿Se puede hacer algo?
Y el chico se excusa y le contesta, no, no se puede hacer nada.
No me pasa nada, sencillamente no me quiero levantar.
¿Sigo? Sí, sí. Bien.
Los padres llevan al colegio y esa tarde viene a visitarles el psicólogo.
¿Han tenido alguna discusión en estos últimos días?
¿Le han notado especialmente triste?
No, no, no, dicen los padres.
El psicólogo entra a la habitación del chico y le hace un montón de preguntas.
Pero el chico está normal y responde a casi todo lo mismo.
No me quiero levantar, no me pasa nada más.
Al salir, el psicólogo les recomienda unas pastillas y les aconseja que lo
mejor es mantener la normalidad.
Alimentarle, por supuesto, e incluso consentir que vengan algunos amigos a
verle para que se entretenga.
Un día, tranquilamente, se levantará y todo esto quedará olvidado, como si no
hubiese ocurrido, les dice el psicólogo antes de marcharse.
Y ahora es cuando yo me fumaría un cigarrito.
¿A mitad de película?
Hay un médico.
más agresivo que recomienda ingresar al niño en un hospital porque lo que tiene
es una depresión pero cómo va a estar deprimido dice la madre si sólo tiene 12
años los padres se lo piensan y al final deciden que siempre estará mejor el niño
en la casa que en cualquier hospital pero llega el verano y el chico suspende
el curso y ellos se dan cuenta de que si esto sigue así va a ser fatal para él
entonces
El padre compra una camioneta, de esas que tienen la parte de atrás
descubierta. Su gran niño la tumbará en el colchón y se van de viaje.
¿Con él en la cama? Sí, sí, van hacia el norte. Todas las gentes con las que se
van encontrando se interesan por el caso.
Cruzan un pueblo en fiestas y los mozos pasean al muchacho por la plaza en la
cama como si fuera una de esas vírgenes de la Semana Santa.
Incluso hay una niña que se enamora de él.
Y le besa en los labios por probar a ver si pasa lo que pasa en los cuentos de
hadas. Pero no,
no, el niño no se levanta.
Y entonces la niña decide irse a su casa y meterse en la cama también y no salir.
Entonces los padres de la niña, o todo el pueblo, obligan a los protagonistas
a... A marcharse de allí.
Márchense, por favor, porque esto puede ser contagioso.
Les tiene que escoltar la Guardia Civil. Sí, sí. Y entonces pasan por Barcelona y
ponen rumbo a París.
Te lo estás inventando ahora.
Estás loca. Está ahí en la pantalla.
En París hay luna llena. Y ellos circulan un rato, un rato largo, en
torno a la Torre Eiffel.
Y al anochecer el padre busca un sitio para aparcar y para dormir en los
alrededores del Bois de Boulogne. Mira, es bonito este plano. Del niño en el
colchón, en la camioneta. Y la luna llena entre los árboles.
Demasiado bonito.
Por suerte llega una puta con el cliente y se ponen a follar allí al lado.
Después el cliente echa la puta del coche y ella se queda un rato por allí.
Cena con la familia.
La madre tiene un infiernillo y grisa algo.
Eso. Me encanta que coman.
Luego, claro, la puta sigue con su faena.
El niño se queda profundamente dormido. Y el padre, el padre que desde que
empezó el viaje parece otro hombre, está contento, es hasta feliz.
Ha dejado atrás el agobio y ese mal olor de tantos años de trabajar en la fábrica
de cerveza.
Por primera vez puede tomarse una cerveza sin que le sepa cemento.
convence a la mujer de adentrarse un poco en el bosque, tumbarse y
hacer el amor, sin perder nunca de vista la camioneta.
Se tumban y hacen el amor como nunca lo habían hecho en su vida.
Bajo la luna, en la hierba.
Ahí están tumbados, vigilando la camioneta, pero abrazados.
El padre se ha quedado dormido.
La madre vigila.
Vigila constantemente.
Antes de hacerse de día, abandona al padre y se dirige a la camioneta.
Y para su sorpresa, la camioneta está vacía.
El chico ha desaparecido.
¿Qué? ¿No está?
No me digas que va a acabar mal.
¿Y yo qué sé cómo va a acabar si no la he visto?
No conozco al director, no conozco a los actores.
Bueno, salvo el que hace de padre, que es Agustín González.
Espera.
Está amaneciendo.
¿Esto es con lo que tu amigo se...? Yo qué sé.
Vamos, que te vas a perder lo mejor.
¿Qué ha pasado?
La madre ha despertado al padre y le muestra la cama vacía.
Entonces empiezan a llamar a voces al chico, a buscarle entre los árboles
cercanos. Se ha hecho de día por completo y empieza a llegar gente al
parque. Pero...
Ellos no entienden francés y hablan del niño, de que han perdido un niño, pero
nadie los entiende.
Y al fin ponen en marcha la camioneta y dan una vuelta por allí, otra vuelta y
luego por toda la ciudad.
La madre se desespera y el padre trata de calmarla.
Después de todo se ha levantado.
¿No te das cuenta?
Se ha levantado de la cama, por fin.
La madre no dice nada, pero por el gesto se entiende que casi
preferiría tenerle allí siempre, tumbado en la cama.
Y se echa a llorar, silenciosamente, sin gran dramatismo.
La actriz lo hace muy bien, ¿eh?
Mejor que el padre.
Que a veces está un poco sobreactuado.
No, no, no. Los dos están muy bien. Los dos están muy bien.
¿Y ella llora?
¿Y qué más pasa?
¿Hay alguien ahí?
Por favor, oiga.
¿Hay alguien ahí?
Estamos encerrados.
En el baño del tercero.
¿Puede abrirnos alguien, por favor? Es que la puerta está trancada.
Es que yo no vivo aquí.
Es lo mismo.
Puede llamar a un número de teléfono.
Es el dueño del piso. Seguro que él tiene otra llave.
No, no, no quiero líos.
No es ningún lío.
Le daré dinero. ¿Le parecen bien mil pesetas?
Exacto. Por llamar al número que le voy a dar.
Pero quiero el dinero por adelantado.
Es que no lo tengo conmigo.
Estamos encerrados.
¿Cómo sé que me lo dará después?
Se lo juro.
Le juro que se lo voy a dar.
Solo tiene que esperar a que venga mi amigo.
¿Tiene algo para apuntar?
Sonaba como un yonki.
Un yonki que se ha colado en el portal.
Mis padres me van a matar.
Tú estás en edad de cometer locuras, pero yo... Para mí esto tiene algo de
castigo personal.
¿Tan mal lo has pasado?
Yo he sido educado en el sentimiento de culpa.
El cambio más grande es veros a vosotros sin sentimiento de culpa ninguno.
Este es otro país ya.
¿Y quién te dice que yo no lo tengo?
Seguro que no es como el mío.
Yo todavía me levanto por las mañanas y me pregunto, ¿pero por qué me siento tan
culpable? ¿No me has contado el final de la película?
Quizá trataba también de la culpa, ¿verdad?
Podemos quedar otro día y la vemos de nuevo.
Pasaréis por encima de nosotros como si no hubiésemos existido.
No creo.
Puede que solo seamos una generación violenta y corrupta que ha defraudado
todas las expectativas.
Espero que seáis mejores.
Lo intentaremos.
No olvides que la vida es el sabotaje perfecto de los sueños.
No me hago muchas ilusiones.
¿Qué pensarás de esto dentro de unos años?
No pensaré nada.
Cosas que pasan, ¿no?
Se me olvidó decirte que no te puedes cerrar por dentro.
¿Estáis desde ayer?
¿Te ha llamado mi mujer?
No.
Adiós.
Afuera hay un tío que dice que le debes mil pelas.
¿Sabes qué te digo?
Que es demasiado joven hasta para ti.
Lo siento, la cerradura está... soleta, hasta... A ver qué le digo
yo a Esperanza ahora.
¿Me vas a meter a mí?
Hombre, claro.
¿Son de ella?
Sí.
Toma. Ya se las darás, ¿no?
Déjala, ya venderá por ella si quiere.
¿No la vas a volver a ver?
¿Tú qué crees?
No sé.
Miope.
Dos o tres dioptrías, fijo.
Eso jugó a tu favor, claro.
Gracias.
Y habrá que cambiar las sábanas, ¿no?
No.
te quema en los dedos te
ganas de entrar
te esperan más puertas
cerradas que pasos por dar
Mañana dibuja una calle Por
estrenar
El pasado es solo una
piedra Para alzarse a mirar
Que no te aplaste la...
Te abrumen las faltas, que no te venzan
derrotas por llegar.
Que no te aplaste la...
siempre está el sol y aunque ahora
llegue otra nube mayor
son
cosas que pasan son cosas que
pasan son cosas que pasan
Son cosas que pasan. Son cosas
que pasan.
Son cosas que pasan.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.