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Algunas criaturas de la naturaleza se encargan de hacer saber a sus parejas su
triste destino.
No hay lugar para los sentimientos.
Ángeles perversos.
El único rol del macho es aquel para el que ha sido elegido.
La procreación.
Pero, ¿cumplen los humanos esta regla?
Somos dos jóvenes adineradas, hermosas y llenas de alegría, adentrándonos en
nuestro destino.
Me llamo Sandy y esta es la historia de cómo los últimos acontecimientos de mi
vida han transformado mi existencia.
Hace no mucho tiempo, estuve perdidamente enamorada de un hombre sin
escrúpulos, llamado Peter.
Un adonis que despertó mi sensualidad dormida y reprimida.
Fruto de una educación de niña rica, basada en demasiados valores morales.
Al principio, nuestro amor era idílico, iluminado por velas de color de rosa.
con infinitud de detalles.
El champán siempre estaba presente, creando con sus burbujas momentos de
espumoso deseo.
Me sentía como en una nube flotando en el limbo.
Acolchada por la suavidad de su piel, por el perfume de su cuerpo que me
embriagaba. Sentía como si nada más importase.
Sus caricias, su aroma, su tacto, formaban parte de un todo,
de un mundo perfecto que giraba alrededor de mi Adonis.
Estaba locamente enamorada.
No me sentía capaz de vivir sin él.
Lo echaba de menos constantemente.
Sus ausencias eran para mí un calvario.
La angustia inundaba mi corazón por temor a que me abandonara, lo que me
hacía llamarle repetidas veces a lo largo del día.
Aquellas llamadas saciaban mi sed.
Calmaban por un instante la agonía de no sentirle a mi lado.
Y su voz, su voz conseguía eclipsar todos mis miedos.
Al reencontrarnos la pasión se desataba y siempre acabábamos haciendo el amor.
Sus manos, sus labios, su lengua y su cuerpo divino me elevaban a estados
sexuales etnóticos.
Su capacidad para hacerme gozar era excepcional.
Aquellas manos que siempre sabían dónde acariciarme.
Aquellos asaltos a mi cuerpo, espontáneos pero calculados, brutales y
tiernos a la vez.
Oye, ¿es lo que te digo?
Deja el puto cigarro ya.
Mírame cuando te hablo. Pero la vida, como todo, tiene dos caras. Y mi amante
perfecto resultó ser un ruin oportunista que se aprovechó de mi inocente amor
para meter mano a mi fortuna.
Se dio a la bebida y las discusiones entre nosotros se hicieron demasiado
frecuentes.
Además tenía un amante, lo que hizo más insostenible aún la situación.
Poco a poco sus sentidos se nublaron y fue perdiendo la razón hasta convertirse
en un hombre violento, agresivo y diabólico. Esta mierda, esta mierda te
va a matar.
Joder, no puedo más, no puedo más joder contigo y con tus tonterías. ¿No lo ves,
eh? Me estás amargando la vida.
¿A dónde vas, eh? A ningún sitio. ¿A dónde vas? Dímelo, ¿dónde coño vas?
¿Qué has hecho?
¿Por qué me pegas?
Dímelo.
¿Por qué me tratas así?
Yo no te he hecho nada.
Por favor, déjame.
¿Crees que me das pena?
¿Crees que me das pena? Vete, déjame. Eres una mierda, lo entiendo.
Escenas como esta eran cada vez más habituales.
Y me llevaron a vivir en una depresión permanente.
Me sentía humillada y perseguida.
Era consciente de que debía reaccionar, pero las fuerzas me fallaban.
Las pesadillas eran constantes y se repetían incansables noche tras noche.
Siempre la misma imagen, el mismo recuerdo.
Cuando lograba tranquilizarme, los sueños se convertían en algo mucho más
dulce, aunque siempre había alguien esperándome.
Era un mundo submarino lleno de trampas y depredadores, y con una angustiosa
atmósfera.
A pesar de todo, no podía imaginar la vida sin él y seguía teniendo fe en que
todo se solucionaría.
Aunque sin mucho éxito, puesto que él ya se había encargado de encontrar a una
nueva víctima con quien engañarme.
Perdóname por el retraso, pero... No te acerques. Eres un cabrón, tío.
Venga. Déjame en paz.
Sabes que te quiero a ti. Vamos.
No te preocupes. He olvidado a mi mujer. Pronto estaré libre y solo estaré
contigo. Y solo haré cosas contigo. De verdad.
Te quiero.
Te lo demostraré.
Tengo toda la vida por delante. Solo...
Quiero estar contigo. Es lo único, lo único que me importa en este momento.
Entiéndeme, por favor, dame tiempo. Mi mujer me lo pone difícil.
Pero juntos lo conseguiremos.
Confía en mí.
Una oportunidad. Por favor, vamos.
Hazlo por nosotros, por nuestra relación.
Por el amor que nos une.
Qué malo, ¿eh?
Confía en mí.
Te quiero, ¿sabes?
Yo te adoro.
Me tienes loco. Todo irá bien.
Eres maravillosa. Sí, maravillosa.
Mamá.
Mamá.
¡Wow!
Gracias.
Una tarde escuché unos gemidos que provenían de la cocina.
Sigilosamente me levanté y fui hacia allí.
Para mi sorpresa, encontré a la cocinera y al jardinero haciendo el amor.
Hacía que fuesen amantes.
Y los observé atentamente escondida tras la puerta.
Un fuerte calor recorría todo mi cuerpo.
Sin poder controlarla, mi mano descendió hasta mi antepierna.
Me perdió el sexo.
Mmm.
Me acariciaba todo el cuerpo mientras recordaba mis momentos más íntimos con
Peter.
Y he aquí el desencadenante de todos los acontecimientos que me han ocurrido
hasta hoy.
Decidí darme un respiro y salir de compras.
Así que cogí el coche.
Pero de repente, un 4x4 se abalanzó sobre mí.
El accidente se evitó de milagro, aunque la conductora del otro vehículo se puso
a gritarme y con razón.
Aquello fue la gota que colmó el vaso.
Me eché a llorar.
Lloraba y lloraba mientras la chica seguía hablándome.
Se habían desatado todas mis emociones.
Se había abierto la fuente que desprendía lágrimas sin cesar.
No podía pronunciar ni una sola palabra.
Simplemente, no podía cesar de llorar.
Desconcertada por mi reacción, la chica del otro coche no hacía otra cosa que
intentar consolarme.
Aunque nada podía detener mis lágrimas.
Rápidamente comprendió que el incidente no había sido la causa de mi estrés.
Así que se ofreció a ayudarme.
Muy bien.
Vamos,
¿estás mejor?
¿Esta es tu casa?
Sí.
Oh, qué casa más bonita tienes.
Qué jardín más grande, mi amor.
Vamos, ven aquí.
¿Qué te pasa? Vamos, deja de llorar.
Si no dejas de llorar, no puedo entenderte. Vamos, sécate esas lágrimas.
Eres muy guapa, Elena.
Vamos, relájate.
Relájate. ¿A dónde vas?
¿Lo sabes?
Me acompañó hasta el interior de mi casa.
Estaba hundida.
Las lágrimas me impedían hablar con claridad, pero ella, sin conocerme, se
ocupó de mí como nadie nunca lo había hecho.
¿Estás mejor?
¿Eh? ¿Hablamos un rato?
Vamos, déjate llorar.
Déjate llorar, no te entiendo, mi amor.
Vamos, eres pasiosa.
¿Lloras por los hombres? ¿Es culpa de los hombres?
Son todos unos putos cabrones.
Vamos.
Vente conmigo, vamos, levántate.
Siéntate aquí, siéntate.
Muy bien, relájate y cuéntame qué te pasa.
¿Vale?
¿Qué quieres? ¿Quieres que te traiga algo para tomar? Sí, allí hay la cocina.
Ven, tranquila, tranquila, no hables.
Pasa, mujer.
Vamos, tómate esto.
Esto está muy rico. Ya verás cómo te ayudará a sentirte mejor.
Mientras le contaba todos mis problemas, su ternura hizo el resto.
Aquella mujer era tan dulce.
Sentía que se preocupaba por mí.
Y supongo que una cosa llevó a la otra.
De acuerdo.
¿Me estás oyendo, chica? ¿Me estás oyendo? Vamos, bébete esto.
Bébetelo y me lo cuentas todo.
Yo te ayudaré.
Yo te voy a ayudar, mi amor. ¿Vale? ¿Estás de acuerdo?
¿Quieres que te ayude?
No.
Yo le quiero.
Ya lo sé que le quieres.
Todas los queremos.
Pero es que él era diferente.
Yo le quiero tanto. Sí.
Siempre empiezan muy románticos. Nos quieren mucho, pero... No, no.
Acaban pegándonos.
Esto no puede ser. No debes permitirlo, nena. ¿Me entiendes?
Cuando vuelva a ocurrir, tienes que denunciarlo.
¿Vale? Vamos, dime que vas a hacerlo, dime que vas a denunciarle. De acuerdo,
pero... Así me gusta.
Eso, relajada.
Eres guapísima, nena.
Eres muy guapa, así tan blanquita y tan ruida.
Yo creo que vas a encontrar a muchos hombres que te quieran.
Aquella mujer me sedujo hasta conducirme a mi primera experiencia lesbiana.
¿Qué pasa? ¿No te gusta?
¿No te ha gustado que te bese?
No sé.
La dulzura de sus caricias desató mi pasión.
Rosa, que así se llamaba.
Me hizo descubrir la sensualidad en su estado más puro.
Solo quería relajarte. ¿Estás mejor?
Me mostró un amor totalmente diferente.
¿Qué te pasa? ¿Estás mejor así?
No.
No.
Amén.
¡Oh!
Hola.
Hola.
Amén.
Una noche Rosa fue testigo de la violencia de Peter.
Escondida tras la puerta, pudo estar presente durante toda la escena. ¿Qué
haces aquí? ¿Y qué mierda es todo esto?
Te estoy hablando, mírame.
Vaya mierda de cocina y de mujer, joder.
¿Qué es esto?
¿Qué es todo esto? Toda esta mierda por aquí esparcida. Te voy a dejar y no voy
a volver nunca más.
Te quedarás sola, joder, sola.
¿Lo entiendes? Más sola. A ver si es verdad.
Vale. ¿Quién manda aquí?
¿Lo sabes? Te tendré que pegar.
Una hostia, joder.
No me obligues a hacerlo.
¿Lo entiendes? Estoy a un pelo de volverme loco.
Y todo es culpa tuya.
Todo. Todo, ¿lo entiendes?
Mis desgracias son culpa tuya.
Dejame en paz. Joder, tía.
Me das pena, pena.
¿Lo oyes?
Me das pena.
Pero más asco aún. Joder.
Mierda.
Joder, no lo entiendo. Antes era todo perfecto. Ahora es una
auténtica mierda.
Una desgracia. Mi vida es una desgracia. ¡Joder!
¡Vamos, recógelo! ¡Ahora mismo! ¡Ahora! ¡Ahora te he dicho que lo recojas!
¡Joder! ¡No quiero ver más mierda en mi casa!
¡La defienda es...! ¡Quieres que te la diga de otra manera! ¡Joder! ¡Eres un
gusano!
Cuando este se marchó tuvimos una seria conversación.
Ella aseguraba que Peter pretendía hacerme caer en una depresión hasta
llevarme al suicidio. Y así poder hacerse con toda mi fortuna.
Yo no quería aceptarlo.
Pero tampoco podía seguir sorda y ciega ante todo lo que ocurría a mi alrededor.
Rosa me propuso una idea que yo ya había contemplado alguna vez.
Y tú no te vas a poder deshacer de él. Y lo sabes.
Asesinato en legítima defensa. Y hacer que ha sido un accidente. Y después
llamas a la policía.
Mira, lo siento, es que mi marido ha tenido un accidente y se cayó. Pues la
piscina no puede... Rápidamente elaboró un plan que me causó escalofríos.
Yo debía esperar a que Peter volviera a casa. Y entonces seducido. Y hacer que
bebiese de una copa en la que yo habría introducido una droga.
Él no va a desconfiar porque él te subestima.
Le echas una cosita en el vaso para que se quede dormido y él estando dormido.
De este modo él caería dormido y todo lo que yo debía hacer era lanzarlo a la
piscina y dejar que se ahogase para que pareciese un accidente.
Quiero hacerlo.
Muchas veces he tenido ganas de hacerlo.
No me extraña.
Y si tú estás a mi lado...
Si tú estás a mi lado, si estás cerca de mí,
lo haré.
Lo haré.
¿Era un plan infalible?
Toda, bien.
Aunque estaba presa del pánico, hice acopio de sangre fría y decidí llevarlo
a cabo.
He pensado que podríamos arreglar las cosas y empezar de nuevo.
Yo... Es que yo te quiero y no quiero que paremos. Solo tenemos que
solucionar nuestros problemas.
¿Nuestros problemas?
Si quieres, ¿quieres tomar algo?
No.
Ya he bebido suficiente.
te sentirás mejor.
Yo no quiero perderte.
Siempre pienso en ti.
Siempre. ¿A qué haces?
Yo solo quiero que hagamos el amor como en los mejores tiempos.
¿Qué te parece?
Démonos una oportunidad.
Solo por nosotros.
Eres lo más importante en mi vida y yo no podría vivir sin ti. Te quiero
demasiado. Por favor,
volvamos a intentarlo solo una vez más.
No puedo.
No lo entiendes.
Por favor.
Te quiero.
Lo haré todo por nosotros.
Estoy cansado.
Todo por ti, como a ti te guste.
Todo como tú quieras.
Vamos, por favor.
Anda,
ven. Ya verás.
A partir de ahora seré yo quien cuide de ti. Y no nos vamos a separar nunca más,
te lo prometo.
Todo... Todo va a ir bien.
Estoy confundido.
No sé qué me pasa.
Su cuerpo inerte yacía sobre mí. Me costaba respirar.
Tuve que emplear todas mis fuerzas para lanzarle contra la esquina de la mesa y
así provocarle el golpe mortal.
Lo arrojé al agua y observé cómo descendía hasta el fondo de la piscina.
El miedo se apoderó de mí y llamé a Rosa.
Rosa, ya lo he hecho. Por favor, ven.
Por favor, Rosa, ven.
Por favor.
Ella no tardó en llegar, pero cuando creíamos que todo había acabado, Peter
despertó.
No había muerto, tan solo había quedado inconsciente.
Con mucha sangre fría, Rosa cogió la manguilla de limpiar la piscina y hundió
la cabeza de Peter en el agua, hasta asegurarse de su muerte.
¡Acaba con él!
Después me cogió y me consoló.
Ahora te vas a descansar un poquito.
Rosa me acompañó a mi habitación y luego me metió debajo de la ducha para que me
tranquilizase.
Relaja. Ahora te vas a descansar un poquito y luego llamas a la policía y
les cuentas lo que ha pasado.
Tranquila, tranquilízate.
Todo va a salir estupendamente, ¿vale? No te preocupes, estoy a tu lado. Estoy
contigo.
Vamos, relájate.
Recuerda lo que te he dicho. Tienes que decirles que tu marido estaba borracho y
se ha resbalado.
¿De acuerdo? ¿Te acuerdas de todo?
Así me gusta, nena.
Relájate, no pienses en nada.
Con mucha delicadeza me explicó cómo debía actuar ante la policía.
Mientras iba dándome las instrucciones, yo no podía apartar mis ojos de su
cuerpo dorado.
Y por unos instantes olvidé la tragedia que acabábamos de vivir.
Dame la toalla
Vamos,
relájate
Rosa me hizo el amor con extrema ternura, calmando así todo mi ser.
No. No.
Gracias.
Antes de irse, repasamos con detalle cómo debía recibir a los agentes de
policía.
Y unas horas más tarde, llamé a comisaría para informar del accidente.
Me atendió un inspector de voz encantadora, que me aseguró que vendría
a mi casa inmediatamente.
Yo estaba aterrorizada ante la idea de mentir a la policía.
No me sentía preparada para contar semejante historia a las autoridades.
Pero debía llegar hasta el final.
El inspector me sorprendió por su estatura, su presencia, su belleza.
Intenté con más pena que Gloria relatarle una trama llena de
contradicciones. Se ha ahogado en la piscina. No sé, se habrá resbalado y
habrá caído y... Tranquilícese.
Es que estoy muy nerviosa.
Yo de verdad no lo entiendo.
¿Y dónde está?
Por aquí.
Cuando llegamos junto a la piscina, el cuerpo de Peter había desaparecido. No
lo entiendo.
Él estaba... estaba aquí ahora mismo.
Por favor, ¿qué es esto?
El pánico recorrió todo mi cuerpo y me desmayé.
¿Qué le pasa?
El instructor logró cogerme antes de que cayese.
Y al intentar reanimarme, se percató de los detalles que constataban la verdad
del incidente. La esquina de la mesa manchada de sangre y restos de cabellos,
la crema solar derramada sobre la que pudo haber resbalado la víctima, las
huellas al borde de la piscina.
El accidente era obvio, pero ante mi cuerpo desnudo y sin resistencia, no
pudo más que aprovecharse de la situación y seguir sus instintos
masculinos.
Me acarició con una dulzura y un erotismo que desdramatizaron la
situación.
Yo sentía sus dedos sobre mi piel y sus labios tan suaves.
Era consciente de lo que ocurría.
Pero aún así sentía que estaba en otro mundo.
No quise moverme.
Preferí esperar su iniciativa.
Y cuando volví a abrir los ojos, él se sintió un poco avergonzado.
Pero me abrazó y yo me abandoné a sus brazos.
me hizo el amor tan tierna y dulcemente que parecía que nos conociésemos desde
siempre.
Gracias.
Después de abandonarnos a los instintos me pidió que le contara la verdad,
prometiéndome que él me ayudaría, pues era experto en casos de violencia
conyugal.
Mientras intentaba relajarme tomando una ducha, alguien llamó a la puerta.
Era un empleado de la tintorería que traía lavada y planchada la camisa que
Cooper llevaba cuando Rosa y yo lo matamos.
Me quedé atónita, petrificada.
Por unos segundos no supe cómo reaccionar.
Entonces llamé a Rosa.
Teníamos un gran problema y debíamos solucionarlo. Rosa, pasa algo muy raro.
Me han traído la camisa de Peter de la lavandería.
¿Cómo? ¿Qué?
No entiendo nada, pero me acaban de traer la ropa de Peter.
¿De la lavandería?
Sí, la ropa que llevaba cuando le matamos. Por favor, ven, tenemos que
arreglar esto. No lo entiendo.
Vale, cálmate.
No sé qué hacer, por favor. Ven enseguida.
Ahora mismo vengo, ¿vale? No te preocupes, hasta luego.
Espérame, en un momento estoy ahí.
Espera.
Pasa.
No, no entiendo nada.
Tranquila. ¿Quién ha podido hacer esto? Sí.
Es su camisa.
¿Esto es su cabeza?
Sí, es su cabeza. ¿Estás segura que es la suya? Claro, es... ¿Y quién ha hecho
esto? No lo sé.
Es que no entiendo nada.
¿Tú viste cómo lo matamos? Lo matamos, ¿verdad? ¿Por qué lo matamos? Claro que
lo matamos.
Es que el cuerpo ha desaparecido. Lo vi con mis propios ojos. Pero a ver, un
cadáver.
Un cadáver no desaparece así como así. Vamos a calmarnos, ¿vale? Vamos a
calmarnos y a pensar. Ya lo sé, pero no estaba ahí. Lo vi con mis propios ojos.
¿Dónde va a estar un cadáver?
A ver, vamos a pensar.
Es que no lo sé.
No sé, solo te digo que desapareció y no sé a dónde habrá ido porque... Los
muertos no caminan, pero alguien ha traído su ropa y alguien la ha llevado
hasta allí.
Joder, qué lío. No entiendo nada. No puedo entender nada. ¿Dónde está tu
marido? Yo lo maté.
Lo maté con mis propias manos y en la piscina.
Mientras intentábamos dar respuesta a lo sucedido, escuchamos la entrada de un e
-mail en el portátil de Peter, en su despacho. Está en su despacho.
Lo abrimos.
¡Dios mío! Y horrorizadas descubrimos que alguien había sido testigo del
asesinato.
¡Oh, Dios mío!
¡Esto! ¡Alguien nos ha sido braciado! ¡Joder, joder, joder!
¡Alguien ha visto cómo matábamos a Peter!
Estamos metidas en un lío y hay que arreglarlo ya.
Rosa, yo no quiero ir a la cárcel.
Alguien nos mandaba unas fotografías en las que aparecíamos Rosa y yo ahogando a
Peter.
Se trataba
de un chantaje.
Alguien intentaba alejarnos y Rosa sabía perfectamente que la única persona capaz
de actuar así era su vecino. Así que fue a verle.
Míralo, tiene que ser él.
Vamos, relájate, ¿vale? Voy a arreglarlo todo. Voy a ir a hablar con él y lo voy
a arreglar todo. ¿De acuerdo?
Vamos, confía en mí, yo soy la mejor, ¿vale?
Voy a ayudarte.
Joder, no nos merecemos esto, vamos.
Relájate.
Las exigencias de aquel tipo fueron muy claras.
Rosa debía participar en una orgía.
Ya voy, ya voy.
¡Ah!
Rosa, ¿cómo estás? Quiero hablarte de fotografía.
¿De fotografía? ¿Cómo no?
La fotografía es un arte precioso. Pero no te quedes ahí. Pasa, pasa, mujer.
¿Qué quieres que te diga?
La fotografía es un arte... Es precioso. Es un arte que puede inmortalizar la
vida en segundo.
Vamos al grano. ¿Qué quieres?
¿Qué quiero?
Tú sabes perfectamente lo que yo quiero. Lo que yo quiero es inmortalizarte a ti.
Te aviso.
Te voy a dar lo que quieres. ¿De verdad es lo que yo quiero? Vale, pero estate
quieto porque solo te lo voy a dar una vez. ¿Lo entiendes? Una vez, así que
aprovechalo bien. Y como sigas haciéndonos chantaje, vas a acabar como
el de las fotos.
Me excitas tanto. ¿Lo has entendido, puto cabrón de mierda? Eres un cerdo.
Mira, estás calentita, ¿verdad? Y que te quede claro.
Deja en paz a mi amiga, ¿vale? No la toques.
Relájate.
Eso es.
Estás mojadita, ¿eh?
¿Te gusta esto? ¿Sí?
No digas nada.
Ven.
Venga, ven. No va a pasar nada.
Te voy a presentar a unos amigos míos.
Seguro que te gustan.
Bueno, aquí estamos.
Roberto.
Hola. Hola.
¿Qué hay, Sandy?
Hola.
Esto es clava.
Vale. Para ti.
Qué guapa.
¡Mamá!
¿Qué pasa?
¡Gracias!
¿Qué pasa?
¡Ah!
¡Oh!
Las sorpresas aún no habían terminado.
Peter había elaborado un cuidadoso plan con el que pretendía acabar conmigo y
así hacerse con mi fortuna.
¿Quién anda ahí?
Nos vemos en el infierno.
Déjame hacerlo a mí.
Peter no estaba solo.
Rosa, mi querida Rosa, era su cómplice.
Quiero hacer algo.
Hubiese jurado que aquel era mi fin.
Sin embargo, una última mirada hizo renacer nuestro amor.
Cambiando así el rumbo de los acontecimientos a nuestro favor.
Era Peter quien debía pagar por todas sus maldades.
¿Hola?
¿Qué tal?
Tranquila, todo está resuelto. No te preocupes. El fiscal no te persigue.
Admite defensa propia.
Te lo digo en serio. Estate tranquila.
No hay más problema, ¿vale? Lo tengo todo bajo control.
De acuerdo.
Muy bien.
Hasta luego.
Nos vemos.
John, mi querido inspector, se encargó de arreglarlo todo.
Por fin podría vivir tranquila, descansar y disfrutar de mi vidrio a
tres. Menuda sorpresa.
Ahora todo irá bien.
Me habéis ayudado mucho. Os lo agradezco.
Vamos, dame eso.
Joder, qué guapo que es.
¿Qué pasa?
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