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Es cierto que para mí los hombres son como volutas que salen de un cigarro, o
como el vaho que se exhala en los días fríos de invierno.
Llegan y se desvanecen en un instante. Pero me den frío o no, tengo a los
hombres ante mi mirada.
Cada uno con lo suyo, cada uno como es, con su historia, sus años, su cuerpo
mejor o peor. ¿Qué más da?
Me abro a ellos, me ofrezco, me tienen.
Deseo ese momento en que también el hombre es mío. Y me gusta que me miren a
los ojos cuando me la meten hasta el fondo.
Aunque suelen cerrarlos.
¿Sabéis a qué me refiero, no?
¿No?
¿Por dónde empezar?
Bueno, supongo que por el principio.
Muy bien. Cortamos. Cortamos un momentito.
¿Qué? ¿Cómo se ve desde ahí? Muy bien. Ah, perdonad.
Llamadme Lena.
Perfecto, prepárate. Dentro de diez minutos rodamos.
Tengo 26 años y soy actriz porno. Ok. Y de mayor lo que quiero ser... Pues como
todos, feliz.
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¿Qué? ¿Quién estás?
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Debe de ser Antonio.
Ya veréis qué guapo.
Nos conocimos hace unos tres meses.
Antonio es fantástico. Y además, cuando yo me enamoro, me enamoro.
Sí, él es mi hombre.
Y yo su mujer, ¿no?
Sí, estoy segura.
Joven, atractiva y coladita por él hasta los huesos.
¿Qué más puede pedir?
¡Hola, cerdito!
¡Hola, cerdita!
¿Qué es eso de cerdito y cerdito? Anda, Teresa, no te había visto.
¿Qué tal? Bien, pasa.
Teresa es mi mejor amiga.
De lo mejorcito que he encontrado nunca.
Compartimos piso durante un tiempo y me ayudó cuando más lo necesitaba.
Ahí están, como si se conocieran de toda la vida.
Pero no es eso.
Es que ella tiene encanto.
Y además se gana la gente enseguida.
Ah, sobre Antonio.
Esta noche Lillo teníamos una fiestecilla particular preparada. ¿Por
qué?
¿Por qué ha conseguido plaza en el ayuntamiento?
Me ha llamado hace un rato para darme la buena noticia.
En fin, ahora se lo debe estar contando a Teresa.
Lo que no sé es por qué ha venido ella.
¿Qué?
¿Ya os conocéis?
Sí, oye...
Muy bien lo de tu chico, ¿eh? Sí, señora.
¿Y tú qué?
¿Qué diantres haces en mi casa?
Muy sencillo. Me ha llamado Andrés y parece ser que alguien está interesado
en ti. Se trata del tipo que hizo las esculturas para tu película, esas tan
raritas. Es pintor, artista o algo así. Y quiere que le hagas de modelo.
¿Modelo? Sí, de modelo.
El último día se pasó por ahí y te vio en todo tu esplendor.
Y cuando se decidió hablarte, tú ya te habías marchado.
Le preguntó a Andrés si él te conocía. Y él, siempre tan discreto, me ha pasado
su dirección, por si te interesa pasar por ahí.
¿Un artista y no tiene teléfono? No, pásate cuando quieras. A mí me dijo
Andrés que es de fiar.
Tú misma.
Un artista.
¿Qué estás pensando?
Ya está bien, hombre, ya está bien. Precisamente hoy.
Antonio, lo hemos hablado mil veces ya, ¿eh?
No me gusta todo esto.
A ver cuando se te mete en la cabeza que una cosa es follar en una película y
otra en la vida real.
Y una cosa es hacer de modelo y otra cosa es follarse al artista. Claro,
claro.
Joder, Elena, asco.
Ay, esos celos, Antonio.
Venga, va. Hoy no es un día para discutir. Mira, tenemos que celebrar que
a tu chico le han dado plaza fija. Tienes razón.
Oye, si esto no te vale, que estoy yo, ¿eh? Venga esta ziña.
¿Será que no hay funcionarios en el mundo que te tienes que venir a fijar en
el mío?
Serás arpía.
Búscate uno para ti.
Por cierto, bruja, te quedas a cenar. No sé si hoy... ¡Ey!
Alto, alto, alto.
No sé si hoy es un buen día para quedarme.
Joder, claro que Teresa quería quedarse. Yo tenía un nuevo hombre en mi vida.
¿Y Teresa se lo iba a perder?
Ni en coña.
Que sí, que sí.
Que hace un montón que no hablamos largo y tendido.
Además, vamos a pasar a la historia como la maja desnuda.
Igual te quiere vestido, buenicheña.
Pues oye, Teresa.
Yo pienso que a la que tengo trabajo fijo, ella podría dejar todo esto.
O es una tontería lo que digo.
Ya no es necesario que trabaje en cualquier cosa.
Claro.
En fin, no sé.
Creo que me está extrañando lo que estoy diciendo.
¿A ti qué te pasa hoy?
¿Cómo?
¿Cómo se te ocurre?
Antonio, por favor, que este restaurante es muy malo.
Eres un tacaño.
Va, ya está bien. Seguro que está bueno. Venga ya.
Un día como hoy me trae esto.
Es un tacaño, Teresa, un tacaño.
Bueno, la verdad es que no tenía nada que ver con el chino de los cojones.
Antonio se avergonzaba de mí.
Por eso nunca íbamos a cenar fuera.
Sentir vergüenza de tu pareja es lo más triste y humillante.
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Precisamente por eso, Antonio.
Me gusta que me vean.
No es un problema.
Si lo que me gusta...
Nunca lo entenderé.
¿Qué es lo que hay que entender?
Teresa sí que sabe de qué va mi rollo.
Aparte es muy buena.
Bailando, claro.
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Ya se ha dormido.
¿Pero qué haces?
No te preocupes.
Esa no se despierta. Y tú y yo tenemos una celebración pendiente.
La quiero recia, potente, dureza mantenida,
segura de sí misma.
Quiero sentirla como una barra de hierro candente entre mis manos, inapelable.
Porque a las mujeres lo que nos gusta es verla así, dura, demostrando lo
mucho que nos desea, dispuesta y preparada.
para hacernos gozar hasta el final.
Elena, no.
Haces favor.
Delante de tu amiga.
Oye, que no. Es que... Tengo ganas de ir a mear.
Ay, el nene tiene ganas de hacer pipi.
Ahora vuelvo, Elena.
Y vístete.
Entonces voy contigo.
No seas protestón. El nene tiene ganas de hacer pipi. No, Elena.
Date quieta.
Muy graciosa. ¿Y ahora sal?
No. Tal y como la tienes, has de mear en la bañera o lo pondrás todo perdido.
Va, mi amor.
No te hagas el remolón.
¿Qué pasa?
Es que tu mamá nunca te aguanta alguna vez la pichulina de pequeño.
Venga, que no tenemos toda la noche.
¿Sabes, Antonio, dónde aprendí a hacer esto?
¿Hacer qué?
Lavar la polla de los clientes antes de formicar.
No me gustan esas bromas.
Era un tuburio cochambroso, Antonio.
Un tuburio en medio de una carretera.
No tiene gracia.
¿No te gusta que te lave?
A todos les gustaba que los lavara bien a fondo.
No seas guarra. Ay, Antonio.
Si tú supieras la de hombres que han saboreado este coño.
Pero ahora...
Ahora solo quiero que me lo comas tú, Antonio.
No me gustan tus bromas.
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¡Ah! ¡A mí!
Me habéis despertado.
Teresa.
No os extrañéis.
Este es un truco que usábamos ella y yo cuando vivíamos juntas.
Si nos encontrábamos con algún timidillo, una se hacía a la dormida y
la otra empezaba la fiesta.
Cuando teníamos al macho bien caliente, la que se hacía a la dormida se
levantaba y nos lo pasábamos el doble de bien con él.
Teresa, ¿qué haces ahí atrás?
Sabo, culo y le piso las... las tiendas.
¿Ah, sí?
Antonio, te haces un laguerre de mi amigo.
Sí, joder, sí.
Túmbate.
Es mi chico. ¿Te gusta?
Me encanta.
¿Y a ti te gusta mi amiga?
Sí.
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Ah, que es una zorra, Antonio.
¡Ah! ¡Está muy bien!
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No sé quién me repite.
No,
no, no.
¡Fode, mi buceta!
¡Fode! ¡Fode, porra!
¡Fode!
¡Uy!
¡Pode meu cu!
¡Pode meu cu, porra!
Hey, mírala. Tal vez se imagina que te la están hablando.
Correte en el barco.
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me miréis así, el sexo da para mucho.
Pero no desviemos la atención de lo verdaderamente importante.
Víctor, el artista, había llegado el momento de hacerle una visita.
Veamos, hacer de modelo, un trabajo pagado y sin tener que follar.
Pues no estaba nada mal.
Un pasadelante en mi vida.
¡Poder! ¡Qué delicia para la vista!
Eres más guapa de lo que recordaba.
Buenos días. Sí, sí que lo son. Son magníficos.
Gloriosos, diría yo. Venga, pasa.
Eres Víctor.
Sí, eso me han dicho siempre. Soy Víctor.
Víctor Serra.
Disidente incorruptible.
Y voy a inmortalizarte.
Ya, pues yo soy Elena.
Elena Brasal.
Y me corrompí hace tiempo.
¡Corrompida!
Eres demasiado joven para saber de eso.
No has tenido aún tiempo para condenarte.
Bueno, quiero verte desnuda.
Si no te da vergüenza.
Sí, claro. De acuerdo.
Pues... ¿ya?
¿Ya?
Ahora ya.
¿No prefieres que conversemos un poco para conocernos? No sé, para romper el
hielo.
Conocerte. Eso es lo que voy a hacer. O al menos intentarlo.
¿Sabes que tienes goteras?
Sí, ya lo sé.
Ponte boca abajo.
Pero no me mires.
Fija la vista en cualquier punto de la habitación.
Ahora, Elena, háblame de ti.
¿De qué te hablo? Tu familia, tu trabajo, cualquier cosa. No me importa
si me mientes o me dices la verdad.
Tú solo háblame.
Pues mira, de mis padres mejor ni hablar.
Y sobre mi trabajo... Ya sabes a qué me dedico.
Eres repartidora de bombonas de butano.
No, no.
Podrías ser... Sexadora de pollos.
Lo que me faltaba.
Ya sé a qué te dedicas.
Haces de bruja en las ferias repartiendo hostias a los niños con la escoba.
No disimules.
Sabes que soy actriz porno.
Coño, es verdad.
Actriz porno. Eso es.
Con tu permiso.
¿Y por qué te dedicas a eso?
¿Realmente te gusta o es que no has encontrado nada mejor?
Un poco de todo. Hay que pagar el alquiler. Pero sí, me gusta.
Claro que me gusta.
¿Te gusta que te miren?
¿Y tú por qué eres artista?
Tal vez la necesidad de expresarme. El placer de crear algo hermoso. ¿Y vendes
mucho? Absolutamente nada.
Pero todavía no he hecho ninguna exposición, así que todo se andará.
¿Entonces vives de rentas o tienes otro trabajo?
De rentas.
Más o menos.
Mis padres me pasan dinero.
¿Tus padres?
¿A tu edad?
¿Te pagan todo esto?
¿Esto?
Esto está más que pagado. Esta nave es de mis padres.
Deberías verlo de esta manera.
Digamos que ellos son mis mecenas.
¿Qué morro tienes?
Un artista de aferrarse a cualquier cosa con tal de seguir creando.
Yo tengo a mis mecenas en la familia.
Además, ¡qué coño!
Ya que mis padres defraudan y defraudarán a Hacienda, no está nada mal
que apoyen el arte.
Y además es una bonita manera para que se rediman ante la sociedad y ante la
historia.
Pues yo creo que cada uno ha de ganarse la vida por sí mismo, sin depender de
nadie. Y si hay que fregar escaleras, pues se friegan.
¿Ves cómo no te has corrompido todavía?
¡Gracias!
¡Gracias!
Diga. Ah.
¿Cómo estáis?
Yo bien, como siempre.
No, no necesito nada.
¿Que no? ¿Que estoy bien?
Sí.
Hasta luego.
¿Sabes? Un tipo quiere que sea su modelo.
¿A que es genial?
Bueno, parece un poco loco, pero creo que es más la pose de artista raro que
otra cosa.
Ah, hace pocos días terminó un rodaje.
Sí, ya sé, ya sé, pero todo ha ido muy bien, la verdad.
¿Cómo está papá?
¿Sí? ¿Le vuelven a doler las piernas?
Ten paciencia con él, que a pesar de sus puñetas, sabes que te quiere.
¿Y tú?
Me alegra oír eso.
¿Comemos juntos el sábado?
Oye, mamá, que os echo de menos.
Mucho.
De esto prefiero no hablar.
¿Pero qué es esto?
¿Te has traído el armario completo?
No, es mi maleta de trabajo.
Siempre llevo un poco de todo, como nunca sabes lo que va a querer el
director. Un poco como tú, Víctor, ¿no crees?
Yo sí sé lo que quiero.
Joder, sí que es guapo.
¿Y esto?
Ese si quieres también me lo puedo poner.
¿Qué es?
¿Laca para el pelo?
Lubricante anal.
Pues aún así no sé si podré captarlo.
¿Captar qué?
¿Captar qué exactamente?
Tienes un montón de fotografías y dibujos míos en todas las poses
posibles. No debería resultarte tan difícil.
Lo que pasa es que hacía mucho que no hacía figurativo.
Figurativo, ya sabes, lo que no es abstracto.
Contigo quiero captar la sensualidad.
Tu sensualidad.
Estos bocetos me sirven para ir descubriéndote.
Después ya decidiré cómo trabajar la obra final.
Y no, Elena, no basta con dibujar o fotografiar.
¿Por qué no?
Es que no estoy buena.
Yo soy la obra de arte.
Tú solo copias lo que ves.
A mí, pero yo soy la obra...
No, Elena.
Tú no eres ninguna obra de arte, por muy buena que estés. Un árbol o el mar no
son obras de arte.
Pueden dar lugar al arte, pero nada más.
Mira, ahora estoy dando sombra al sostén de tu pecho izquierdo. El arte es lo que
estoy haciendo.
Reproducir tu pecho. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Que te gustan mis pechos? ¿Y
mis pezones?
No me gusta sentirlos duros. Pasar las yemas de mis dedos por ellos.
Puedo pasarme horas así mientras leo el libro o veo una película.
O incluso cuando voy en el metro mientras me observan. A los hombres les
gusta mirarlos.
¿Y a ti, Víctor?
¿Te gustan mis pezones? Sí, Elena, me gustan. Pero no pasas de ser la modelo y
deberías conformarte con eso. O sea... Que tú dices que la obra de arte depende
de la mano humana. Correcto.
Si no hay modificación, interpretación humana, no hay arte.
Vale.
Un tatuaje.
Sí. Sí hay arte.
¿Y qué pasa cuando una persona entra en quirófano para que una mano humana
modifique su cuerpo?
Ya sabes.
Cirugía estética.
No contestas.
Mira, cambiemos de tema.
Sí, mejor.
Por cierto, antes que se me olvide, ya quise dártela ayer.
Te dejo aquí una copia de la llave, acuérdate de cogerla.
¿La llave?
Sí, es por si algún día no estoy.
Oye, Víctor.
¿Qué? ¿Quieres tener hijos?
No, lo tengo clarísimo. Te quitan tiempo, energía, condicionan tu futuro
de una manera agobiante. No, ni hablar.
Yo no lo descarto. Tal vez más adelante.
¿Sabes qué sueño tuve hace unos meses?
Fue muy extraño, pero no extraño en el sentido habitual.
O sea, ¿cómo es normal en los sueños?
Si no extraño... porque era muy claro, muy lógico.
Vamos, no sé si realmente lo soñé o más bien me lo imaginé. ¿Es un cuento para
niños?
Más bien para niñas.
Para niñas malas.
La mujer se dirigió hacia Satanás, señor de la luz oscura, preguntándose por qué
se encontraba allí.
¿El diablo?
Tu pregunta me ofende.
Claro que soy luz de él, el ser más bello de la creación.
Un escalofrío de miedo y placer subió como un animalillo por las vértebras de
aquella mujer que acababa de morir y que todavía conservaba la sensación de estar
viva. Aunque fuera en forma de cabeza decapitada y usada como juguete
diabólico para fines pecaminosos.
Esto es el juicio, pero después ir al cielo, ¿verdad?
No vuelvas a decir esa palabra.
O al menos al purgatorio.
Allá arriba.
O al purgatorio.
¿Qué te piensas? ¿Que es la recepción de una tele?
¿La llave de la habitación?
Si eres tan amable. Ni una mierda.
Esto es el infierno.
Y quien entra no sale.
Nos vamos enterando.
La mujer respiraba sin dificultad, pero el aire era más pesado, como si fuera
sólido, aunque se adaptaba a su boca, a la nariz, a la tráquea, a los pulmones,
que sentía que se llenaban de calor.
¿Pero por qué estoy aquí?
No tienes ni idea, ¿eh?
Ya conozco tu caso.
Niñas que han sido buenas, han cometido unos pocos errores.
Como todos, se mueren y se piensan que a lo sumo les tocará una temporita en el
porretorio.
Escúchame a pedirme.
Yo te digo por qué has sido condenada y te vas por allí o por ahí.
O yo qué sé.
Mis criaturas te informarán de dónde has de ponerte.
Si quieres otro día, quedamos, llenamos, y lo sabes.
Aunque claro, tú con tu castigo.
¿Qué pasa con mi castigo?
Veamos.
Durante toda la eternidad, cada tres o cuatro horas, parirás un hijo.
La mujer no lo había comprendido demasiado bien. No quería comprender ni
bien ni mal. Sí, prácticamente todo el tiempo estarás de parto. Algo de
descanso después de las comidas y el resto, a parir hijos.
Es una putada, pero ¿qué vamos a hacerle?
Es que aquí no usamos la epidural. La tenemos, pero no la usamos.
Y no te preocupes, que no tendrás que criarlos. Además, no tendrías tiempo.
Apenas salen de la cueva peluda.
Bueno, ya sabes.
De otra manera, esto se lucía bien de chiquillos.
La
mujer
estaba horrorizada.
¿No recuerdas que te dijeron toda la santa vida sobre los métodos
anticonceptivos?
Supongo que con esto está todo claro, ¿no te parece?
Pues eso, la píldora es pecado, y tú te has tomado más que sacariñas.
En fin, después de todo esto no creo que te queden ganas de volver a verme para
hacer cosas.
Que te estaba diciendo que iban a subir la 4 del gimnasio de nuevo.
Elena, que estoy aquí.
Perdona.
Pues no sé, igual me cambio y me voy a otro.
Ah, pues si te cambias me avisas y vamos juntas, ¿vale?
Pero mujer, espabila. ¿Qué te pasa hoy, tía?
¿Sabes lo que hice ayer?
¿Qué hiciste ayer?
Me comí un cruzán. Un cruzán enterito.
Años hacía que no me comía uno.
Y ahora mírame, aquí, bebiéndome una cerveza. Uy, uy, ya te veo ya.
Estás gordísima, estás enorme.
Oye, ¿sabes por qué Antonio el otro día no quiso que cenáramos en un restaurante
como Dios manda y prefirió que cenáramos en casa?
Porque no le gusta esto de gastar el dinero.
Bueno, él diría malgastar.
Pero no es eso.
Es que no le gusta que nos vean juntos.
Bueno, que nos vean en público juntos.
A él no le gusta que le vean con una actriz porno, ¿sabes? Ese es el problema
que él tiene.
El muy bobo. Siempre lo mismo, tía. Menudo gilipollas ese tío, ¿sabes? Pasa
ya de él, tía. ¿Pero qué esperas? Pasa de él, ¿sabes? Ya está.
Fuera.
Pues sí.
Pero aguanta, ¿eh?
Por nosotras.
Me esperaba cualquier cosa.
Cualquier cosa menos eso.
Mira por dónde.
Lo sé, lo sé.
Quizás tendría que haber llamado a la puerta.
Pero Víctor me dio la llave. ¿O no?
Hay un refrán que dice que la curiosidad mata al gato.
Y en este caso, a la gata.
Claro. Por eso luego el tío ni me toca.
Se alivia antes de que yo llegue.
El muy reprimido.
¿Será?
Una semana viniendo aquí y no me ha tocado ni un pelo. ¡A mí!
Pero qué bueno que está.
Ayer me dijo que tenía novia.
Novia. Me dijo novia.
Novia, novia, novia.
Qué bobo el pajillero este.
Míralo, da pena.
Sería el primer tío que no quisiera hacérselo conmigo.
No me miréis raro.
¿Qué le voy a hacer?
¿Dónde pongo el ojo?
Pero con este no.
Todavía.
Me gusta ese cuadro. El origen del mundo, de Gustave Courbet. Gran obra, sí
señora. Atrevida, exacta, potente, esencial.
¿Sabes cuándo se pintó? Te diré dos años.
¿1866 o 1966?
Pues supongo que en 1966.
Error. Cien años antes.
¿En el siglo XIX?
Caramba. Bueno, volviendo al tema.
Me encanta que me miren, que me espien, que me sorprendan tocándome o tocando a
otro. ¿No es tan difícil de entender?
Es como si se pudiera dibujar lo que ellos sienten.
Mis muslos, mis caderas, mi sexosa brillante ante sus pupilas. Sus ojos me
tocan.
Sí, sus ojos me tocan.
Sí, eso es lo que quiero.
Crear una mujer nacida para el placer.
Para el deseo, para cumplir con las razones de la carne, ¿me comprendes,
Elena? Y que se mueran los dogmas represores, que se mueran los estúpidos
y cretinos, porque son perfectamente conscientes de que si seguimos así, si
el mundo sigue así, nos quedamos sin cerveza.
Siempre complicándonos la vida.
Deberíamos hacer como ciertos monos que solucionan sus problemas pornicando.
¿Me hablas de monos? Bueno, eso viene en un documental.
Cuando tienen algún problema, se pegan cuatro meneos y todos satisfechos.
Todos los psiquiatras del mundo deberían estudiar a esos micos.
Oye, nunca me has visto follar.
Tal vez eso es lo que te falta para captarme.
Sinceramente, no creo que me ayudara mucho ver una de tus películas.
Hablo de verme follar de verdad.
Debe ser Alicia.
Ya verás, te va a encantar. Alicia es maravillosa.
¡Chst! Ni una palabra.
Ese comentario se lo podría haber ahorrado.
Alicia. Aquí y ahora.
Alicia la pureza.
Alicia la inocencia.
Alicia, Alicia.
¡Alicia las gilipollas!
¡Bah! Ayer el pintor este de brocha gorda me puso la cabeza como un bombo.
Alicia por aquí, Alicia por allá.
Pues más bien, Alicia por aquí.
Y todo porque la niña ha decidido venir a pasar sus vacaciones a Barcelona.
¡Adelante! ¡Estás en tu casa!
Pues sí, podría haber quedado en su pueblo.
¡Qué grande!
¡Hola!
¿Tú debes de ser Alicia?
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