Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Yo tengo de tus ojos los
destellos Y tengo
de tu voz la melodía
Soy dueño de la mies de tus
cabellos Tu boca
es la fuente de la mía
Contigo la quietud
de la laguna
Contigo el temblor de los
volcanes, pues eres
para mí claro de luna.
Ay, nana, soy la mujer más feliz del mundo.
Siento que el corazón me va a estallar. Ay, tú me vayas a salpicar de sangre.
Me ama José María, Martina, me ama, me ama.
Me robaste su amor, Regina.
Me robaste el amor de José María.
¿No sabes cuánto te odio?
¡Te odio!
¡Laura! ¡Laura!
¡Suéltame! ¡Te odio, maldita!
¡Qué gritos son esos! ¡Que Regina me robó el amor de José María!
Y ella sabía que yo lo quería.
No, Laura.
Yo te juro. Lo hiciste para humillarme, ¿verdad?
Para demostrarme que eres mejor que yo.
Tú has tenido todo en la vida.
¿Por qué tenías que arrebatarme lo único que realmente me interesa, Regina?
¿Por qué?
Laura, por favor.
Este es un sentimiento con el que traté de luchar.
Precisamente porque yo sabía... No eres una mentirosa, eres una hipócrita.
Te vas a arrepentir.
Vas a pagar muy caro lo que hiciste. Ya, basta, Laura.
Vámonos a tu cuarto, vente.
Ojalá que la historia se repita.
Ojalá que José María te traicione como te traicionó Mauricio.
Te juro que me da mucha tristeza que haya reaccionado así.
Laura me odia.
A veces la gente dice cosas que en realidad no siente.
Yo no quiero hacerle daño.
Yo no quiero lastimarla.
Ya lo sé.
A pesar de que ella y yo hemos tenido muchas diferencias, es mi prima.
Es más que eso.
Es como mi hermana.
No te preocupes.
Laura finalmente entenderá.
Señora, Regina y José María ya son novios, no lo sabía.
¿Pero estás segura?
Sí, ella sabía que yo lo quería y por eso lo aceptó. No es posible.
¿Qué no se da cuenta, señora?
Regina odia a todos los hombres.
Y quiere que José María pague por la traición de Mauricio.
¿Pero por qué?
Porque está loca.
Está completamente loca.
¿Y esto?
Dos copas de vino, una vela y una flor.
Pero son las seis de la tarde.
¿No te parece que es muy temprano para una cena romántica?
¿Quién dice que hay una hora en especial para brindar con la mujer que uno
quiere?
¿Nadie? Pues mira, he estado pensando y creo que la única manera de salir de
deudas y obtener un poco de dinero para que José María lo invierta aquí, pues
sería vendiendo la Casa de México.
¿Qué? Eso nunca.
Esa casa es mi patrimonio y no voy a deshacerme de ella por nada del mundo.
Necesito que me cuente el pasado de José María.
¿Pero por qué quieres saberlo?
Porque... Bueno, Fabiola me contó que una vez escuchó a don Manuel y a usted
hablar de eso.
¿De eso?
No sé a qué te refieres.
Tengo la impresión de que a José María le pasó algo escandaloso.
Pues, sí.
Sí, es cierto, pero... Pero no sé si deba contártelo.
Ay, señora, por favor, se lo suplico.
José María no es ni más sincero ni más honesto que el resto de los hombres.
Estás en un error, Laura.
José María... ¿O ya te contó que fue sacerdote y los motivos por los cuales
lo corrieron de la iglesia?
¿Qué estás diciendo?
Lo que oíste, Regina.
José María fue sacerdote y está aquí porque viene huyendo del escándalo. No
te creo nada.
Todo esto no es más que un invento tuyo, Laura.
¿Ah, sí?
Pues pregúntaselo a él a ver si se atreve a negarlo.
Dile que te cuente de la mujer con la que se enredó siendo cura.
Permíteme decirte que yo no me enredé con nadie.
Simplemente traté de ayudar a una mujer para que saliera adelante.
Ese es mi gran pecado.
¿Y eso fue todo?
No.
Las circunstancias se dieron de tal forma que todo el mundo pensó que hubo
algo más entre ella y yo.
Pero yo te digo aquí mirándote a los ojos que no tengo nada de qué
avergonzarme.
¿Y por qué no me lo habías dicho?
¿Por qué me lo ocultaste?
Todos tenemos recuerdos profundos que no podemos desenterrar tan fácilmente.
El mío es esa mujer.
El tuyo es Mauricio.
Pero el mío es distinto.
¿Por qué?
Porque Mauricio y... Regina.
Tanto tú como yo hemos pasado por experiencias amargas.
Pero ahora estamos juntos.
Y nos tenemos.
Y nos amamos.
Eso es lo que realmente importa.
Tengo miedo, José María.
Tengo miedo de volver a ser engañada.
Y yo... tengo miedo de perderte para siempre.
Me encontré a tu exnovio.
¿A Ismael?
Sí.
Y me llamó mucho la atención que me preguntara si yo era el famoso doctor
Octavio Acosta.
Como si tuviera referencias mías.
¿Ah, sí?
Ajá.
Y lo más curioso es que habló de ti y de mí como si estuviera seguro de que somos
novios.
Y pues, yo no lo saqué de la duda.
¿Y por qué no?
Bueno.
Es halagador que la gente piense que tengo una novia tan linda.
Gracias. Te tengo una sorpresa.
¿Una sorpresa?
Sí. Está en el cuarto de huéspedes.
Asómate para que la veas.
¿Qué es?
No, ve, ve, ve.
¡Regina! Hola.
Hola, Regina.
Sé que vas a decir que es demasiado precipitado.
Pero todo lo que hemos vivido ha sido tan intenso.
Yo siento como si nos conociéramos desde hace muchos años.
¿No sientes tú lo mismo?
Sí.
Pero... Entonces, ¿qué me dices?
Me escuchaste, Regina.
Te estoy proponiendo matrimonio.
¿Quieres casarte conmigo?
Tienes razón.
¿Para qué esperar si podemos estar juntos para siempre?
Eso quiere decir que aceptas ser mi esposa.
Sí, José María.
Acepto ser tu esposa.
Quiero casarme con ti.
Felicidades, felicidades, hijo.
Oye... Y apúrense a tener hijos porque yo quiero conocer a mis nietos antes
de... Los vas a conocer, papá.
Ya verás.
Tienes que aceptarlo.
No, mamá, no lo acepto. No lo acepto y te juro que voy a impedir esa boda. Así
sea lo último que haga en mi vida. Tú no vas a impedir nada.
Ellos tienen que casarse.
¿Y tú para qué fuiste a buscarme?
Nada más para saludarte igual que tu amiga Patricia.
Porque yo también soy tu amiga, ¿no?
Yo estaba pensando en que me encantaría que fueras algo más que eso.
¿Más que eso?
¿Es que tu mamá dobló las manos?
Sí, papá.
Y que Dios me perdone si la estoy juzgando mal.
Pero no creo que sea sincera.
Ella dice que tú la convenciste.
¿Es cierto?
Bueno, la verdad sí, ¿eh?
Pero para serte sincero, nunca creí que fuera a hacerme caso.
Entonces, ¿tú también desconfías de ese cambio tan repentino?
Mira... Yo no creo que tu mamá esté encantada de la vida por tu matrimonio
con Regina.
Eso no.
Eso lo podemos jurar.
Pero debe haber analizado la situación y simple y sencillamente se dio cuenta de
que tenía mucho que perder si no cambiaba de actitud.
Sí.
Más o menos esa fue la explicación que me dio.
Además, Regina tiene una excelente posición económica y tu madre siempre ha
valorado ese tipo de virtud.
Hoy por la noche José María y sus papás vendrán a pedir mi mano.
Te aviso por si quieres estar presente.
¿Doña Ema también va a venir?
Sí.
De hecho, parece que fue idea suya.
¿Mamá?
Es muy fino, así que estará a la altura de tu novia.
Gracias, mamá, pero no puedo aceptarlo.
No voy a darle a Regina algo tuyo.
Cuando yo pueda, le compraré un anillo.
José María, este ha sido el anillo de compromiso de la familia de tu papá por
varias generaciones.
Fue de tu abuela, después mío y ahora le pertenece a Regina.
Puede que algún día ella me dé un nieto y cuando él se case, la tradición
continuará.
Acéptalo, por favor.
Está bien, mamá.
Gracias. Ándale, ándale, apúrate a cambiarte porque tu papá y yo ya estamos
listos.
Aquí viene la novia.
¿Qué novia?
Mi amor, nunca me has contado por qué dejaste el seminario.
No hay mucho que contar.
Tengo curiosidad.
Sé que hubo un malentendido con una mujer, pero no sé qué fue lo que pasó.
¿Quién es ella?
¿Cómo se llama?
Sonia.
Era una mujer muy joven que, por distintas circunstancias, había caído en
lo más bajo.
Yo quise ayudarla para que cambiara de vida, pero desafortunadamente, pues...
¿Se enamoró de ti?
Sí.
¿Y solo por eso te corrieron del seminario?
No fue solo por eso.
Un día la encontraron en mi cuarto y ella me estaba esperando metida en la
cama.
¿Y tú qué hiciste?
Nada.
Pero mis superiores pensaron otra cosa y, por supuesto, no dudaron en echarme
del seminario.
Ahora entiendo por qué el escándalo.
Lo que pasó, pasó.
Y gracias a eso, ahora yo estoy aquí, a punto de casarme contigo.
Ah, antes de que se me olvide, tengo algo para ti.
¿Qué es?
Ábrelo.
Nuestros anillos de boda. Hoy me los entregaron. ¿Te gustan?
Muchísimo, mi amor.
¿Sabes lo que esto significa para mí?
¿Te pasa algo?
No, nada.
Está precioso, mi amor.
Pero no tenías por qué haberme comprado nada.
Ay, mucho menos algo así.
No lo compré.
Me lo dio mi madre para que yo te lo entregara esta noche.
Me dijo que perteneció a mi abuela.
Entonces no puedo aceptarlo, mi amor. Por favor, no lo rechaces.
Para mí es muy importante que al fin mi madre haya aceptado nuestro amor.
¿Por qué ahora sí accedió a esa boda?
¿Por qué aceptó venir a pedir la mano de Regina?
Si José María decidió casarse con Regina, no tengo más remedio que
aceptarlo.
Pues a mí francamente me parece que... Es mi único hijo, Laura. No puedo darle
la espalda.
A mí me parece que usted está mintiendo.
Que en realidad está tramando algo y no quiere decírmelo.
Ay, no digas tonterías.
No son tonterías.
Por cierto que hoy en la tarde estuvo aquí Manuel.
Vino a informarme que hay varios pagos vencidos de la hipoteca. Ay, Severiano,
por Dios. No es el momento para decir eso. ¿Qué importa el momento?
Hay que solucionar el problema, porque si no vamos a perder las tierras.
¿Cuánto tiempo tenemos para saldar lo que se debe?
Un mes, cuando mucho.
¿A México?
¿Cuándo? Pasado mañana, después de la fiesta.
José María, no te vayas.
Tú sabes que tengo que irme.
Entonces, llévame contigo.
No me dejes aquí sola, por favor.
No seas niña.
Será un viaje rápido.
Ya te dije que solo serán dos días.
Aunque fuera un minuto, no soporto pensar que no podré verte.
Te prometo que en cuanto llegue a México te llamo.
Buenas tardes.
Mi nombre es José María Cortés.
Hace rato llamé para pedir informes. Quiero vender una casa.
Ah, sí.
Voy a llamar a la persona que se va a encargar de atenderlo. Espera un
momento, por favor. Gracias.
Señor Cortés.
¿Sus órdenes?
Mucho gusto. Soy Mauricio Padilla para servir.
¿Qué tal?
Me dijo mi secretaria que usted quiere vender una casa y que se interesa mucho
en nuestros servicios.
¿Así es?
Primero hay que ver la casa para evaluarla. Y si usted está de acuerdo
con el avalúo y con nuestra comisión, por supuesto, le vamos a hacer un
contrato por tres meses en el cual nosotros le vamos a garantizar la
promoción del inmueble.
Ajá. Regina, para mí es muy vergonzoso y humillante pedirte esto.
Pero no tengo otra alternativa.
¿De qué se trata?
En nombre del amor que le tienes a mi hijo, te suplico que me prestes el
dinero que necesitamos para salir del problema.
Yo misma se lo he ofrecido a José María, pero ni siquiera me deja tocar el tema.
Es que José María es tan orgulloso.
Y créeme que yo también lo soy, pero es peor mi desesperación.
He estado pensando en que tú y yo podríamos hacer un trato sin que él se
entere.
Laura.
La misma.
No, no cuelgues.
No voy a reprocharte nada, aunque por dentro me esté quemando todavía tu
traición. Te llamo para darte una noticia que no te va a gustar.
No me importa absolutamente nada de lo que puedas decirme.
Ni siquiera te importa saber que tu exnovia está a punto de casarse.
¿Regina se va a casar?
Sí.
¿Con quién?
Supongo que el nombre es lo de menos, pero se llama José María.
José María Cortés.
José María Cortés. ¿Y cómo le vas a hacer para pagarle a Regina Villarreal?
Eso lo haré en cuanto se venda la casa en México.
Muy bien.
Pero esto es mucho más de lo que se debe.
Lo sé.
Con el resto voy a abrir una cuenta a mi nombre. Y de esa cuenta quiero que me
des una buena parte en efectivo.
¿A qué José María se refiere?
Al hombre con el que usted va a casarse.
Él nunca le habló de nosotros.
Nunca mencionó a ningún niño.
Y si no lo hizo es porque no existe.
Señorita, comprendo que crea más en José María que en mí.
Sobre todo si usted está enamorada de él.
Dígame a qué vino.
No, no, no, no se preocupe.
Yo no vine a reclamarle el amor de José María.
Yo sé que para él es muy conveniente casarse con una mujer tan rica como
usted.
¿Qué es lo que quiere?
Lo único que quiero es que no se olvide de su hijo.
Porque el niño no tiene la culpa de nada.
No sé qué es lo que usted pretende con todo esto, pero nada de lo que me diga
me hará dudar de José María.
Supongo que no.
Pero si quiere comprobar lo que le estoy diciendo, aquí tiene el nombre y el
teléfono de una persona que seguramente la convencerá.
Oye, dime una cosa, ¿ya conocías este lugar?
No.
A este lugar yo venía con mi novia, con la que me iba a casar.
¿La sigues queriendo?
Sí.
Y aunque la haya perdido, al menos me queda el consuelo de saber que ella me
sigue queriendo a mí.
¿Qué te hace estar tan seguro de eso?
Eh, pues, aunque hayamos terminado y ella esté muy lejos de aquí,
Seguimos teniendo contacto. Nos hablamos, nos escribimos.
Eso no es cierto.
Regina no ha cruzado una sola palabra contigo desde que se fue a vivir a Los
Cascabeles.
¿La conoces?
Hablemos claro, Mauricio.
Yo sé quién eres.
Y estoy seguro que tú también sabes quién soy yo.
Aunque te confieso que no sé cómo te enteraste.
Ya te lo dije. De alguna manera, Regina y yo seguimos teniendo comunicación.
Supongo que gracias a Laura.
¿A Laura?
Sí, Laura.
La prima de Regina.
La que era tu amante.
¿O me equivoco?
No.
No te equivocas.
Regina, hija, qué sorpresa.
¿Cómo estás?
Bien, gracias.
Padre, necesito hacerle una pregunta.
Ajá, sí, dime.
¿Conoce usted a José María Cortés?
Sí, sé que te vas a casar con él.
Y también conoce a una mujer llamada Sonia Fuentes.
Sí, también la conozco.
Padre, ¿es verdad que ella tiene un hijo de José María?
Parece que sí, Regina.
Yo mismo lo bauticé con el nombre de José María.
Espéreme, Tandito. Aquí va llegando.
Señorita Regina, le habla el joven José María desde México.
¿Bueno?
¿Bueno?
¿Qué diablos haces aquí?
Se supone que ya deberías estar en México.
No quise irme sin despedirme.
Quise agradecerle el dinero que me dejó en la pensión. Bueno, pues ya lo
hiciste. Ahora lárgate. Vas a echar todo a perder.
¿Eso quiere decir que sí surtió efecto mi visita a Regina Villarreal?
Ya deja de decir estupideces y lárgate de una vez.
Y a ver dónde te escondes.
Acuérdate que parte del trato es que José María no debe encontrarte. No se
preocupe por eso.
Hasta nunca, señora.
Y ojalá que todo le salga bien.
Hasta
luego.
Es ella, ¿verdad?
¿Quién?
La misma mujer con el niño que fue a buscar a mi prima.
¿Por qué no es honesta conmigo, señora?
¿Por qué no me dice la verdad?
Bueno, ¿y cuál es según tú la verdad?
Que usted conoce bien a esa mujer.
Y que fue usted quien la mandó con mi prima.
De acuerdo, la conozco. Pero yo no la envié a ningún lado.
¿Estás segura?
Bueno, está bien. Te lo voy a decir porque de todas maneras, tarde o
temprano te vas a enterar.
Esa mujer...
Se llama Sonia Fuentes.
Es con la que José María se enredó en el seminario.
¿Y el niño?
Ella asegura que es hijo de José María.
¿De José María?
Ajá.
Bueno, y eso es lo que ella fue a decirle a tu prima.
Mi Berenice.
No sabes cómo le doy gracias a Dios.
Por darme la oportunidad de volver a verte.
Yo también se lo he agradecido muchas veces.
Aquí nunca pudimos estar juntos.
Pero te voy a estar esperando.
Allá.
Ni nada ni nadie podrá separar.
Puedo pedirte un último favor.
Dime.
¿Podrías darme un beso de despedida?
No creo que debamos.
Imagínate que el tiempo no ha pasado y que estamos como hace años en el
campo, sentados sobre la hierba.
Viendo hacia la laguna.
¡Severiano!
No puedo creer.
Son un par de viejos ridículos los dos.
Cállate, Ema, por favor, no digas tonterías.
¿Y qué quieres que diga cuando mis propias narices están besando?
Tú, Berenice, eres tan poca cosa que no puedes buscarte un hombre para ti sola.
¿Tú crees que perdiste en Severiano al hombre más maravilloso del mundo? No es
para tanto, pero en todo caso es mío. Ema, cállate, por favor.
Oh, vaya.
Tal vez estoy equivocada. Tal vez ustedes dos están hechos el uno para el
otro. Tú, una cualquiera que se conforma con un hombre casado. Y tú, un pobre
viejo que se enreda con una...
Vas a pagar muy caro por esto, Berenice.
¡Te lo juro!
Adiós, Severiano.
Adiós. Por favor, perdón.
Goyo.
Severiano, ¿pero qué haces aquí? Ayúdame. Apóyate en mí. Voy a entrar a
tu casa. Con cuidado.
Mamá, don Severiano es un hombre casado.
¿De qué integridad me estás hablando?
¿Dónde quedó tu moralidad y tus golpes de pecho?
¿Ves cómo tenía razón?
Tú no entiendes nada, Laura. ¿Y qué quieres que entienda?
¿Que mi mamá tiene dos personalidades?
¿Una para ir a la iglesia y otra para entregarse sin reservas a cuanto hombre
se le ponga enfrente?
Laura.
Primero era don Anselmo, mamá.
Ahora don Severiano.
¿Cuántos más te faltan?
El único hombre al que me he entregado en mi vida fue a tu padre.
Pues a ver quién te cree ese cuento, porque yo no. Laura, yo te juro que...
¿Qué?
¿Que nunca has tenido amoríos con don Severiano Cortés?
Está bien, Laura.
Acepto que Severiano es y será siempre el amor de mi vida.
Acepto que lo he querido más de lo que pude querer a tu padre.
Y acepto también que a mi edad me sigo preguntando qué habría sido de mi vida
si me hubiera casado con él.
Pero eso de ninguna manera quiere decir que haya algo entre Severiano y yo.
¿Sabes qué?
No creo ni una sola palabra de lo que me estás diciendo.
Laura.
¿Será muy favorable que vivas en esta casa junto a José María?
Sobre todo ahora que hay problemas entre él y Regina.
Sí.
Nada más falta ver qué va a decir José María cuando me vea instalada aquí.
Oh, lo entenderá perfectamente.
Ojalá. Bueno, pero como esta recámara todavía no está habitable, te sugiero
que por esta noche ocupes la de mi hijo.
¿La de José María?
Hijo, no te esperaba hoy. ¿A qué hora llegaste?
Mamá, ¿qué hace Laura dormida en mi cama?
Ay, no sabes. La pobre tuvo un problema muy grave con su mamá y yo le ofrecí que
se viniera a vivir con nosotros. Sí, pero ¿por qué en mi recámara?
Bueno, no, no, solo por esta noche. Ella va a ocupar la recámara de huéspedes,
pero como no estaba en condiciones, la metí a tu cuarto.
Ven, vamos a desayunar y ahí te explico todo con calma.
No, no, no. Antes quiero saludar a mi papá. Con que mi madre y tú volvieron a
tener problemas, ¿eh?
Sí, hijo.
¿Te dijo por qué?
Sí. Me contó lo que pasó con doña Berenice.
No, ese solo fue el pretexto.
Mira, la verdad es que tu madre y yo ya no podemos vivir juntos.
No puedo creer que en los pocos días que no estuve aquí hayan pasado tantas
cosas.
Se quema mi cabaña.
Mamá y tú vuelven a pelearse.
Y para colmo, Laura está viviendo en la casa.
No hay mucho de qué hablar, José María.
Tú y yo hemos terminado.
Ya te dije que no quiero irme.
No me interesa vivir cerca de ti.
Laura, soy tu madre.
Eso no cambia nada.
No la chantajes, Berenice. Si tu hija decidió venirse a vivir conmigo es
porque obviamente aquí encuentra más apoyo.
¿No es así, Laura?
Sí.
Aquí tengo el apoyo que tú nunca has sabido darme, mamá.
Muy bien, hija.
Entonces, haz lo que te dicte tu conciencia.
Y que Dios te bendiga.
Tiene 15 días para devolverme ese dinero.
De lo contrario, le voy a decir a José María que usted se aprovechó de su
ausencia para pedirme prestado.
Eso no va a ser necesario, niña, porque José María ya lo sabe.
¿Cómo? Lo ha sabido siempre.
De hecho, la idea de que yo venga a implorar tu ayuda fue de él.
¿Sí, Regina?
José María siempre supo que tú le resolverías todos los problemas
económicos. De veras pensaste que estaba muy enamorado de ti.
Regina. Buenas noches.
¿Está José María?
No, pero si gustas, pasa a esperarlo.
Prefiero no hacerlo.
¿Por qué, hija?
Entiendo que José María y tú están teniendo algunos problemas, pero
seguramente no será nada que no tenga solución.
Conseveriano, yo... Por favor.
Entréguele esto de mi parte.
Dígale que sus honorarios como arquitecto por lo de la escuela y la
reparación de su cabaña los descuente del dinero que le presté.
Pero no entiendo absolutamente nada, Regina.
¿Me puedes explicar qué está pasando?
La única explicación es que su hijo se burló de mí.
Él nunca me quiso realmente.
Te acercó a mí solo por interés.
Pero afortunadamente pude darme cuenta a tiempo.
Regina, te juro que eso no es cierto.
No me jure, por favor.
No quiero perderle el respeto también a usted.
Hija, no tengo la menor idea de lo que está pasando para que tú pienses todo
esto. No tiene importancia, don Severiano.
Créeme que siento muchísimo el rompimiento entre ustedes.
Yo lo siento más, don Severiano.
mucho más.
¿Qué haces tú aquí?
¿Qué pretendes hacer con esa gasolina?
¿A que no adivina?
No te atrevas, maldito.
Voy a
cobrarme la deuda que tenemos pendiente desde hace muchos años.
Patrón.
¿Qué pasó?
Se está quemando algo. ¿Qué dices?
Que se está quemando algo.
¿En dónde?
Por allá.
José María, eso está cerca de la casa.
Lucio, vente, vamos.
Vámonos, hijo, ándale, ándale.
¿Qué pasó?
No sabemos, cuando llegamos estaba así, no sabíamos... ¡Mi papá!
¿Dónde está mi papá? Está allá adentro, está allá adentro...
¡Respira! ¡Papá, respira!
¡Respira!
¡Dios! ¡Dios!
Pero, para ser de San Ignacio, pues estuvo bien, ¿no?
¿No te parece, Eva?
¿Qué pasa, Goyo?
Doña Emma.
Mi cabaña se incendió.
Don Severiano.
Estaba adentro.
Dios mío.
Perdóname, Severiano.
Por favor.
Perdóname.
Se murió. ¿Sí?
Anoche se quemó la casa de Goyo y él estaba adentro.
Fuiste tú, ¿verdad, Macario?
Tú provocaste ese incendio.
¿Estás loco?
¿Por qué haría yo una cosa así?
El incendio no fue accidental.
Fue provocado por alguien.
¿Cómo puedes estar tan seguro, Goyo?
Aquí no había nada que podía provocar el fuego.
Ni siquiera la estufa.
Estaba tan vieja que ya casi ni funcionaba.
¿Me estás diciendo que mi padre no murió accidentalmente?
A mí no me queda la menor duda.
Y tú y yo sabemos bien quién pudo haberlo hecho.
José María.
¿Qué es eso?
Un anillo.
Es el que le di a Regina.
¿Qué clase de persona crees que soy?
¡Una demente!
¡Una desquiciada!
¡Eso es lo que creo que eres!
Regina, si tú mataste a mi padre,
Te juro que lo vas a pagar con sangre.
Tú todavía no me conoces bien.
No sabes de lo que soy capaz.
José María.
No sabes cómo maldigo la hora en que te conocí.
Me enamoré de ti como un estúpido.
Pero ahora te desprecio.
Te desprecio como jamás había despreciado a nadie.
No es posible.
¿Quién la pagó?
Tu madre.
¿Mi mamá?
¿Y de dónde sacó ella el dinero?
Bueno, ella me dijo que... Bueno, que había vendido unas joyas o algo así.
¿Unas joyas?
Pero si a mi mamá ya no le quedan joyas.
Y menos para cubrir una cantidad como la que se debía.
Mira, José María.
probablemente haga mal en decírtelo, pero a ti no podría mentirte.
Tu mamá consiguió ese dinero gracias a un préstamo de Regina Villarreal.
¿Con la autorización de quién le pediste el dinero prestado a Regina?
Con la autorización de nadie.
Yo sé lo que hago.
Mamá, más de una vez me sugeriste que buscara la ayuda de Regina y todas las
veces me negué.
¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué?
Bueno, porque quería ayudarte, hijo.
Tú estabas desesperado y... ¡Yo pedí tu ayuda!
Vine a hablarte del dinero que mi madre te pidió prestado.
¿Querrás decir el dinero que tú mandaste pedirme?
Estoy enterada de tu jueguito, José María.
No sé a qué te refieres.
Por supuesto que lo sabes.
Piensa lo que quieras.
Nada más quiero decirte que te voy a pagar hasta el último centavo.
Muy bien.
¿Cuándo lo harás?
¿Ahora mismo?
Tú sabes que desafortunadamente en este momento no dispongo de capital.
Pero estas son las escrituras de la parte de los encinos que me corresponde.
Te las dejo en garantía de que voy a cumplir con mi palabra.
Excelente garantía.
Una hacienda que se está cayendo a pedazos.
Tal vez.
Pero dentro de la propiedad...
Hay una laguna en la que tu ganado se mete con mucha frecuencia.
Así que si vuelvo a ver a uno solo de tus animales cerca de ahí, ten la
seguridad de que los mato.
¿Me estás amenazando?
¡Sí!
Me voy a ir cobrando una por una las reces que tú me envenenaste.
Ya me estoy cansando de tus estupideces.
Te juro por la memoria de mi padre que si me provocas...
No descansaré hasta verte morder el polvo.
Te dejo las escrituras.
No quiero deberte nada.
¡Absolutamente nada!
¿Me hablaste, papá?
Sí, hija.
Quiero preguntarte algo.
¿Qué?
¿Quieres quedarte a vivir con tu mamá o te vienes conmigo?
¿Qué dices?
Eres mayor de edad y puedes elegir.
¿Vienes conmigo o te quedas con tu mamá?
¿Qué pretendes, Manuel?
¿Pero por qué?
¿Qué pasa, papá?
Tu mamá está decidida a impedir a toda costa tu noviazgo con Octavio.
Y yo no estoy de acuerdo con ella.
Lo que te propongo es que tú y yo nos vayamos de esta casa para que tu mamá no
siga interfiriendo en tu vida.
¿Qué dices?
Señorita Regina, allá afuera la busco un señor. No quiero ver a nadie.
¿Ni siquiera a mí?
Buenas tardes, Regina.
Mauricio.
¿Qué estás haciendo aquí?
Ya que te negaste a contestar todas mis llamadas, pues decidí venir
personalmente.
Pues hiciste el viaje inútilmente.
Yo no quiero hablar contigo.
Por favor, Regina.
Mira, siempre temí este momento.
Por esa razón te llamaba por teléfono. Por favor, no me niegues tu perdón.
Lo que tú me hiciste no tiene perdón.
Tienes toda la razón, pero... pero mira, puedo explicarte todas mis razones. No
hay nada que explicar.
Yo no quisiera que me guardaras resentimiento.
¿Eso?
Sería más de lo que tú te mereces.
Lo único que yo siento por ti es lástima.
No te creo.
Tú me querías.
Y eso no pudo haber cambiado tan drásticamente.
Aunque te cueste trabajo creerlo, mis sentimientos han cambiado.
Yo he cambiado.
Mi vida ha cambiado. Lo sé.
Sé que te vas a casar con José María Cortés, pero eso...
Eso no prueba que hayas dejado de quererme.
Te sobreestimas, Mauricio.
Tal vez nunca te quise.
¿Satisfecho?
Regina.
Regina. ¿Qué quieres?
Hablar contigo.
Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.
Estás equivocada.
Tú y yo tenemos mucho de qué hablar.
¿Ah, sí?
¿De qué?
De nosotros.
La última vez que hablamos como personas civilizadas estábamos a punto de
casarnos. Y ahora hay mil dudas que tenemos que aclarar.
¿Dudas?
Si tienes dudas es que no me quieres.
Entonces, ¿para qué perder el tiempo y lastimarnos más de lo que nos hemos
lastimado?
Mira nada más a quienes me vengo a encontrar aquí.
Mauricio, ¿qué haces aquí?
Te lo dije, Regina.
He venido a reconquistarte.
No pienso irme de este pueblo hasta lograrlo.
Eso no va a ser tan fácil, ¡lo sé!
Luciano, ustedes se van a casar muy pronto.
Pero yo que tú no me confiaría.
¿Y sabes por qué?
Suele haber bodas que se frustran en el último momento.
¿No es así, mi amor?
Mira, Mauricio, no tengo por qué darte explicaciones.
Pero quiero que sepas que mi compromiso con José María se ha roto.
No quiero que cuando te enteres pienses que es debido a ti.
Vaya, vaya.
Ahora resulta que llegué en el momento oportuno.
Sí, solo que es una lástima que sea una visita tan corta. No, no, no lo creo.
No lo creas, te lo aseguro. ¿Y tú quién eres para decirme lo que tengo que
hacer?
¿El dueño del pueblo?
No.
La dueña es ella.
Y tú nunca podrás ser su esposo.
¿Y sabes por qué?
Porque te faltan tamaños para una mujer así.
¡José María, por favor!
¡Ya déjese, por favor!
Parecen locos.
José María.
Mauricio, deténganse.
Si se quieren matar, háganlo. Pero yo no voy a estar aquí.
Sí, doña Ema.
Yo sé que usted fue a ver a Macario.
Y siempre supe que ustedes dos fueron amantes.
Eso no es cierto. ¡Mientes!
Siempre lo he sabido.
Y de nada le servirá negarlo.
Aunque tampoco es asunto de mi incumbencia.
Por lo tanto, no soy quien para juzgarla.
Sí, si tú lo sabías.
Quiere decir que también lo supo.
¿Severiano?
No.
Severiano murió ignorando su traición con Macario.
¿De veras te dijo que no es verdad que él tiene un hijo? Sí, Regina.
¿Y sabes qué?
Yo le creo.
José María te quiere.
Y también está sufriendo por la separación entre ustedes.
Además, está muy celoso por Macario y Mauricio.
¿A quién le importa Mauricio?
Ya lo sé.
Pero también con eso deberías tener cuidado.
Mauricio no pierde la esperanza de reconquistarte.
¿Cómo lo sabes?
Me enteré de una llamada que le hizo a tu prima Laura.
Así que no dudes que esos dos andan tramando algo.
Eres muy injusto, Manuel.
La injusta eres tú.
¿Cómo es posible que nos alarmes así cuando no tienes absolutamente nada?
¿Nada?
En todo caso, estás derramando bilis porque las cosas no te han salido como
tú lo dispusiste.
Está bien.
No me creas.
Pero devuélveme a mi hija.
¿Lo ves, hija?
Te dije que a tu papá no le importaba lo que le pasara.
Cálmate, mamá.
Vámonos, hija, vámonos.
Fabiola. Fabiola, si te quedas y le sigues el juego a tu mamá, vas a perder
todo lo que llevas ganado.
Perdóname, papá, pero yo no puedo irme y dejarla en este estado.
Muy bien.
Adiós, Octavio.
Espera.
El que te hayas regresado con tu mamá, ¿cambian algo nuestra relación?
Después platicamos, ¿sí?
Se ve que eres muy conocido por aquí.
¿Qué quieres?
Tardo o temprano en la tienda, a todo mundo le he tenido que fiar.
Bueno, pues salud.
Yo no tengo nada por qué brindar, pero... Las dos son primas hermanas.
Y por lo tanto, están hechas con el mismo molde.
Para mí Regina no se compara con ninguna otra.
Y aunque tuviera una hermana gemela...
Podría compararse con ella.
Pues será.
Pero en mala hora vinieron esas dos a San Ignacio.
Buenas.
Octavio, ¿qué haces por aquí?
¿No quieres sentarte?
¿Por qué no?
Otro que en mala hora llegó a San Ignacio.
Gracias.
¿Y ustedes qué hacen aquí?
Vinimos a tomarnos una copa.
Pues como que ya llevan más de una.
No, y las que nos faltan.
Es que todo lo que bebamos es gratis.
El dueño es amigo de Ismael.
Y con todo gusto lo comparto contigo.
Total, digo, si tú y yo ya hemos compartido cosas más importantes.
Para mí todas las mujeres...
Todas son exactamente iguales.
Hipócritas, traicioneras.
Pues sí, pero lo malo es que ¿qué haríamos sin ellas?
A ver, estoy de acuerdo contigo.
¿Tú, José María, qué opinas?
Para mí no habrá ni hay más mujeres que Regina.
¡Otra vez le aburre el trigo!
Es en serio.
Yo jamás me había enamorado.
Pero a ella la quise desde el primer día en que la vi.
Y yo sé que la voy a querer hasta el día en que me... Mía, vámonos de aquí.
No camines tan rápido, que no hay tanta prisa.
De veras, yo puedo solo. ¿Qué vas a poder solo? Ven aquí.
A ver.
¿Qué pasa aquí?
Nada.
Estás borracho, José María.
Pero una vez que me tomo unas copas, no creo que sea para tanto.
Buenas noches, mamá.
¿Podrías ayudarlo a meterse a la cama, Laura? No creo que pueda hacerlo solo.
Sí, señora, no se preocupe.
Buenos días.
¿Qué haces aquí, Laura?
¿Querías que me regresara a mi cuarto después de lo de anoche?
No sabía que fueras tan... tan cariñoso y... y tan apasionado.
¿Qué te pasa?
Perdón, Laura.
Perdóname, por favor.
¿Qué quieres que te perdone si me hiciste la mujer más feliz del mundo?
Me demostraste que de veras me querías.
Laura, yo no voy a evadir mi responsabilidad en esto, pero... ¿Pero
qué?
¿Qué significa esto?
Señora, yo...
Sal de aquí, Laura, por favor.
Necesito hablar con mi hijo.
Sí, señora.
Explícame. ¿Qué hacía Laura metida en tu cama? Yo estaba muy tomado y no recuerdo
cómo se dieron las cosas.
Eso no te disculpa, José María.
Lo que pasó, pasó y tú tienes un compromiso con Laura.
¿Qué?
Sabes, anoche estuve con José María.
Estuvimos en una cantina en San Ignacio.
Él se puso muy mal y hablaba de ti con dolor y con un gran
sentimiento.
¿Por qué me cuentas esto, Octavio?
Porque supuse que te interesaría saberlo.
Yo no sé cuál fue el problema entre ustedes, pero... José María lo está
pasando muy mal sin ti.
Yo no te pido que te sientas comprometido conmigo por lo que pasó.
Pero no me digas que fue un error.
Es que... Eso fue, Laura.
José María... Tú te portaste muy cariñoso conmigo y...
Y me dijiste cosas muy lindas.
Y yo sé que fuiste sincero conmigo.
Laura, yo estaba completamente... ¿Ebrio?
Sí, ya sé.
Pero eso no demerita lo que pasó.
Y yo... no me arrepiento porque... lo que hice,
lo hice por amor.
Solo por amor.
Dígame. No hace mucho tú me llamaste para preguntarme si conocía a Sonia
Fuentes y si era verdad que ella tenía un hijo de José María Cortés.
Así es.
Pues ante cierta incomodidad de conciencia la mandé a buscar y estuve
hablando con ella.
Claro. También mandé a investigar más a fondo el pasado de esa mujer y el dudoso
origen de ese niño.
¿No cree usted que eso debieron hacer cuando corrieron a José María del
seminario?
Pues sí, sí. Sí, pero en aquella ocasión los hechos condenaban a José María.
Toma en cuenta que se encontró esa mujer metida en la cama de José María.
Realmente no había mucho que investigar.
Claro.
Dios hizo justicia.
Supongo que... Bueno, hay algo de razón en tu reproche.
Justamente por eso hice investigar a esa mujer.
Y creo que cometimos un error.
Aunque, claro, la verdad absoluta solo Dios y José María podrían mostrarla.
Bueno, bueno... Macario, he venido a hablar claramente con usted.
¿Ah, sí?
¿Por qué salvó a José María el otro día de la golpiza que le estaba dando?
Ay, yo sé mi cuento, muchachito.
Lo que pasa es que ya no entiendo nada.
Dicen por ahí algunos rumores de que usted anda pretendiendo a Regina.
Ah, que yo la pretendo.
¿Eso es todo lo que ha oído por ahí? No.
También hay otros rumores que dicen que ustedes son amantes.
Pero obviamente, eso no lo creo.
¿Por qué?
Macario, Regina está acostumbrada a otro tipo de hombres.
De veras es usted muy gracioso, Macario.
¿Con que te parezco gracioso, eh?
Quítame tus cochinas manos de encima.
Es demasiado tarde, niño.
Viniste a meterte a la boca del lobo. Te voy a enseñar cómo trato a los que se
ríen de mí.
Regina, ¿a dónde vas con tanta prisa?
A... a montar un rato.
No.
La verdad, voy a buscar a José María.
¡Felicidades, Regina!
Hasta que entraste en razón. Es que lo hago, es bueno.
¿Qué pasa, Blanca?
Venga, por favor.
¡Venga!
Mauricio.
Resultaste una vil y vulgar chantajista.
Ya le dije que necesito el dinero.
Pues, lo siento mucho, pero ya no puedo darte más. ¡No tengo!
Pero yo sí.
Yo puedo darte mucho a cambio de que te alejes definitivamente de José María y
de todos nosotros.
¿Aceptas el trato?
La verdad es que me caes muy bien.
Y me dije, Ismael, ese soy yo, ¿por qué no haces las paces con Patricia y la
invitas a pasar el día de mañana juntos?
¿Y qué te contestaste? Esta ya aceptó, ¿no? ¿Y por qué no?
Te aseguro que hay mil cosas de San Ignacio que aún no conoces.
Tienes razón.
Así que usted la contrató para que fuera a hablar con mi prima.
Bueno, era la única forma de tener esa boda. Señora, tranquila.
Yo se lo agradezco más que nadie.
Es solo que tengo la impresión de que esa mujer es una vieja empleada suya, ¿o
no? ¿A qué te refieres?
A que usted ya la había contratado anteriormente para que le ayudara a que
José María dejara el seminario. Sí, sí, y gracias a eso, ahora tú estás a punto
de quedarte con él.
Así que me parece un trato justo.
¿Cuál? Bueno, que seas tú quien le pague para que desaparezca.
Si tuvieras ido de aquí, nada de esto habría ocurrido.
Se me ocurrió la mala idea de ir a buscar a tu capataz para hablar con él,
pero... Bueno, lo demás ya lo sabes, mira.
Sí, ya veo.
Pero te prometo que en cuanto Octavio me dé de alta, me regreso a México.
A menos que tú decidas otra cosa.
No, no te confundas, Mauricio.
Te alojé en mi casa únicamente por el estado en el que te encuentras.
Regina, ¿recuerdas...? En cuanto te recuperes, te irás.
Y espero no volver a verte en toda mi vida.
Debes estar bromeando.
Te pedí una cantidad como para irme a vivir fuera de México.
Eso te alcanza para irte a vivir fuera de México.
Con un poco de dinero y un viejo reloj. Ese reloj vale mucho más de lo que has
visto en tu vida.
¿Y qué?
¿Se los doy en el aeropuerto y les digo que me lo cambien por un boleto para
donde me alcance? Ay, no seas estúpida.
Hola.
Hola. ¿Qué haces aquí?
Te estaba esperando.
¿No me vas a preguntar qué hice hoy? ¿A dónde fui?
Fui a los cascabeles.
¿Fuiste a aclarar tu situación con tu mamá?
Bueno, sí, eso intentaba. Lo que pasa es que cuando entré a la casa me encontré
con una sorpresa que... Pues que simplemente no me permitió hablar con
ella.
¿Qué sorpresa?
No te lo voy a decir porque sé que no me creerías, pero yo que tú iría a los
cascabeles cuanto antes.
Patricia, ¿podrías dejarnos solos un momento, por favor?
No, no, no te vayas, Patricia.
Mira, creo que tarde o temprano ustedes van a tener que hablar.
Mejor háganlo de una vez.
Está bien, te escucho.
Pero esta será tu única oportunidad.
Antes que nada, quiero agradecerte el que me permitieras quedarme aquí en tu
casa. Porque no tenías a dónde ir.
¿No?
Pero eso me hace suponer que todavía sientes algo por mí.
¿O no?
Tienes razón, Mauricio.
Si Regina aceptó que vivieras aquí, es porque seguramente siente algo por ti.
José María, yo... No hay nada más que decir, Regina.
Es claro que sigues queriendo a Mauricio.
Por fin lo tienes viviendo a tu lado.
José María, déjame explicar... Te felicito, Mauricio.
Ganaste la partida.
Te prometo que no volveré a intrometerme en sus vidas.
La última vez que nos vimos, te dije que no sabía cómo arrancarte de mi corazón.
Por fin lo conseguí.
¿Quién lo dijera?
Gracias a ti.
Estoy harta de tus arbitrariedades, Macario.
¿Cuál es, patrona?
Tú sabes muy bien de lo que hablo.
Actúas por tu cuenta, golpeas a la gente.
Bueno, si se refiere a su amigo de México, pues perdóneme.
No pensé que fuera tan importante para usted.
Y como usted me pidió... No es por Mauricio únicamente.
Ya son muchas las faltas que cometes y... He decidido prescindir de tus
servicios.
Pero me las van a pagar.
Me las van a pagar todos juntos.
¿Y quiénes son todos?
Blanca, José María, don Anselmo.
¿Y también la dueña?
De ser necesario, también.
¿Qué te pasa?
El reloj. ¿Qué?
¿Pero cuál reloj?
El reloj de oro de mi papá no está, Martina.
¿No es más segura? Sí, lo dejé aquí.
¿Ha estado viniendo? Sí.
¿Y a qué más podría venir si no es a verte a ti?
No, no, momento.
Sonia vino a ver a Regina.
Eso fue hace mucho.
No.
No, José María, Sonia ha regresado por lo menos un par de veces.
La última fue hace dos días.
Se fue a México, señora.
¿A México?
¿A qué?
No lo sé.
Seguramente a buscar a Sonia Fuentes.
¿Cómo lo sabe?
Conozco a mi hijo, Laura.
Sé que no descansará hasta dar con ella para que le aclare todo.
Pero no podemos permitir que eso suceda. No, no.
No, por eso yo creo que tendrás que viajar a México para impedirlo.
Hola. ¿Ahora?
¿Qué haces aquí?
Debí salir tan desesperado de San Ignacio que decidí venir a ayudarte.
¿Ayudarme a qué?
Pues a lo que sea que hayas venido.
Nadie puede ayudarme.
Es algo que debo hacer yo solo.
Bueno, pues...
Entonces, déjame quedar a tu lado.
Quiero que sepas que puedes contar conmigo para todo.
Gracias, pero ¿en dónde piensas quedarte?
Vengo a solicitar el puesto de capataz de los encinos.
¡Lárgate de aquí!
Bueno, y ahora... ¡Que te largues! ¡Ay, Regina, ¿qué te pasa? ¡No quiero volver
a verte en toda mi vida!
¿Pero por qué?
Porque tú estás más sano que cualquiera de nosotros.
¿Yo? ¿Pero qué? No mientas más, Mauricio.
Martina te vio maquillándote tus heridas para aparentar que sigues enfermo.
¡Eso no es cierto!
¿No? No.
Este moretón es sombra de ojos.
Parece ser que el nuevo Mauricio salió tan infame o incluso peor que el
anterior.
¿Qué pasó, don Goyo? ¿Cómo vamos?
Muy bien, Chuy.
Qué bueno.
¿Y a dónde va?
Tengo una cita en el mercado para verlo de un trabajo.
Ay, Chuy, pero no comas ansias.
La cabaña estará lista.
¿Y cuándo?
Pues cuando esté lista.
Ay, nos vemos.
Sí, la cabaña estará lista cuando esté lista.
¿Estás seguro de que eso es lo que quieres, Octavio?
¿Casarte conmigo?
Sí.
Te quiero junto a mí por el resto de mi vida.
¿Joy? ¡Joy!
¡Joy, Dios mío! ¡Joy!
¡Joy!
¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío, por favor, por favor, no!
¡Luzio!
Buenas noches, Sonia.
José María, ¿qué haces aquí?
Perdón.
Acabo de llegar de la casa del padre Abel y me encontré el recado.
¿En dónde está?
Ven en el consultorio.
Pero parece que el destino me tiene atada de pies y manos.
¿Por qué?
Todo lo que pude conseguir.
Fueron unos cuantos pesos y un viejo reloj que no puedo vender.
¿Un reloj?
Lo puedo ver.
Y se supone que es de oro.
¿Y estas iniciales?
¿La H y la B?
Sí. Yo qué sé.
¿Y cómo sigue, doctor?
Igual.
Dios.
Dios, Dios.
Les voy a hablar con la verdad porque es mi obligación.
Deben de estar preparados para todo.
Por favor, doctor.
Su hijo está muy grave.
Pero su estado es mejor del que yo mismo imaginé cuando lo vi.
¿Por qué, doctor?
Cuando le vi la sangre temí que hubiera lesiones internas.
Pero afortunadamente la sangre era solamente porque se pegó en la nariz al
caer.
Gracias a Dios.
Sin embargo, tiene una conmoción cerebral.
Y lo más importante es que salga del estado en que se encuentra.
¿Una emergencia?
Sí.
Y es que es de alguien que conocemos todos.
¿Quién?
Chuy. El hijo de Lucio y Aurelia. ¿A Chuy?
Eres una estúpida, Laura.
Ahora sí que has perdido a José María para siempre.
No lo creo.
Por primera vez en la vida creo que gané la batalla. ¿No te entiendo?
No, no me acabas de decir que mi hijo te corrió y que por eso estás aquí.
Pues sí, en parte.
Pero es que estando en México descubrí algo muy importante.
Algo que me asegurará José María para siempre.
¿Qué cosa?
Estoy embarazada, señora.
Estoy esperando un hijo de José María.
Buenas noches.
Señora, pase.
¿Qué anda haciendo por aquí, tan noche?
Quiero hablar contigo.
¿Para qué soy bueno?
He estado pensando seriamente en tu proposición. Y si tú lo deseas, a partir
de este momento eres el nuevo capataz de los encinos.
Me urgí a comunicarme contigo.
Para decirte algo muy importante.
Joy tuvo un accidente y está muy grave.
¿Qué? Pensé que era importante que lo supieras.
Estaba pensando que sí sería conveniente que te viera el doctor.
¿Un doctor?
Para que confirme tus sospechas del embarazo.
Bueno, es que no son sospechas, señora. Yo estoy segura.
Aún así, preferiría que un doctor nos confirme el embarazo antes de hablar con
José María.
¡Aurelia!
¡Lucio!
¡Aurelia!
¿Se le ofrece algo, patrón?
¿Qué diablos está haciendo usted aquí?
Pues mi trabajo.
¿Su qué?
Mi trabajo, patrón.
Soy el nuevo capataz de los encinos.
Váyase de aquí, Macario.
No quiero verlo en mi... Usted no me contrató.
Y por lo tanto... ¡Soy el dueño de esta hacienda!
¡Y hago lo que se me da la gana!
Nada más que hay un problema, patrón.
Usted no es el único dueño.
Doña Ema fue quien me contrató.
José María.
Levántate.
¿Qué te pasa?
¿Qué está haciendo Macario Robles en esta casa?
Lo contraté como capataz.
Goyo es el capataz. Ah, Goyo ya no trabaja aquí.
¿Por qué?
Por insolente.
¿Y Lucio y Aurelia?
No sé, no sé. Sin más ni más, dejaron de venir a trabajar.
Sin más ni más, no.
Su hijo sufrió un accidente.
Está debatiéndose entre la vida y la muerte.
Bueno, obviemos.
Tú no estabas aquí. Yo me quedé sin capataz y era necesario contratar uno.
¿Por qué Macario Robles, mamá? ¿Por qué es el único capaz de levantar esta
mugrosa hacienda?
Al fin de cuentas, eso es lo que tú quieres, ¿no?
No puedo creer.
¿Y cómo ocurrió el accidente?
Yo quería que te diéramos la sorpresa de que la cabaña estuviera reconstruida
para cuando regresaras.
En un descuido nuestro, su impaciencia lo hizo subirse al techo para poner algo
y perdió el equilibrio y se cayó.
Bueno, eso es lo que nosotros suponemos.
¿Quién lo encontró?
Aurelia. Pero el último que lo vio por ahí fue don Goyo.
¿Goyo? ¿En dónde está?
Pues no sé si ya lo sepas.
Cuando llegué a la casa me encontré con varias noticias desagradables.
Sí, el despido de Don Goyo.
Sí.
Pero eso no fue lo peor.
¿Hay más?
Sí.
Mi madre contrató a Macario Robles como capataz.
No es posible que siga inconsciente.
Regina, hay casos en los que nunca recuperan el conocimiento.
Octavio, creo que...
Regina.
Eh... Voy a mi consultorio un momento.
Espera, Regina.
Chuy nos necesita.
Creo que le hará bien escuchar tu voz.
Pero esa es la parte más atractiva y más productiva de tus propiedades.
Pues, por eso.
Así será más fácil que surja un comprador.
Necesito vender pronto, don Manuel.
¿Y tu casa de México?
Habías ido a venderla, ¿no?
Sí, en eso está la agencia de bienes raíces.
Pero no se concreta nada.
El tiempo pasa y usted sabe que mis finanzas andan muy mal.
Ni ni hablar.
Ya empezaba a dudar de tus influencias. No fue fácil, pero aquí está.
Estos papeles son una prueba solvente de que estoy embarazada. Bueno, por escrito
son muy solventes.
Pero si no lo estás, dentro de nueve meses esos papeles serán basura.
Pues ojalá que esas noches que pasamos juntos hayan hecho un milagro.
Regina, llevo horas buscándote.
Fui a ver a Chuy y los recuerdos se me vinieron encima.
Perdóname, José María.
Una vez más estoy en tus terrenos sin ser invitada.
Regina, por Dios, no digas tonterías. No, no son tonterías.
Si tú hubieras hecho lo que yo hice, te habría demandado.
Te habría hecho apresar.
Invadí una propiedad y... causé daños.
Le prendí fuego a tu cabaña.
Nuestra cabaña, pero ahora... Déjame continuar.
Soy una mujer altanera y soberbia.
Tú me lo has dicho en muchas ocasiones y tienes razón.
No eres la única persona que me lo ha hecho ver.
El pueblo entero me llama la víbora.
Y creo que me lo he ganado por mi altanería, por mi amargura.
Y mi falta de cabeza para discernir y tomar las decisiones adecuadas.
Escúchalo bien.
Decisiones adecuadas.
No lo que yo quiera o sienta ser.
No lo que me convenga, no.
Debo hacer lo que se debe hacer.
Ya terminaste.
No.
Yo no tuve nada que ver con la muerte de tu padre.
Lo sé.
Siempre lo he sabido.
¿Ya terminaste?
No.
Todavía... te tengo que pedir perdón.
Lea, señora, aquí dice positivo.
Pues más vale que sea verdad, Laurita, porque de lo contrario, en unos meses
comenzará a notarse lo negativo.
Escúchame, si quieres reconquistar a Regina, debes venir inmediatamente.
¿Qué es esto?
Ábrela.
Ay, qué juego estoy cerrando.
Resulta que tu hija Laura también se acuesta con mi hijo. ¡No metas a Laura
en esto!
Esto no puede ser posible.
Ay, pero no es.
Tu hija Laura, esa a la que has desprotegido y maleducado, está
embarazada.
Laura... Va a tener un hijo de José María.
Contigo no tengo nada que tratar.
Suéltame. José María, suéltame. Ahora no.
Conocerás la verdad.
No me interesa tu verdad.
Pues aunque no te interese, harás lo que a mí me interesa.
Y si no es por las buenas, será por las malas.
Suéltame. José María, me estás lastimando.
No me importa.
José María, suéltame, por favor.
José María, José María, suéltame.
Estoy muy cansada, por favor. No descansaré hasta que conozcas toda la
verdad.
José María.
Esta es Sonia Fuentes.
Supongo que la recuerdas.
Sonia.
Devuélvele a Regina el reloj de su padre.
Y cuéntale toda, toda la verdad.
Bien, también aquí.
Ajá. Ahora, ay, este.
Este de aquí, aquí.
Y ya.
Bien, gracias.
No, don Manuel, gracias a usted.
No, yo no hice gran cosa, muchacho. No, nada más me consiguió un comprador más
rápido que cualquier compañía de bienes raíces que hubiera visitado.
Pues la verdad ni siquiera entiendo cómo ocurrió tan rápido.
Cuando me dijo que el comprador quería permanecer en el anonimato, pensé que
era un excéntrico.
Pero ahora, al haber pagado tan rápido, creo que es un santo.
Aquí está el dinero que pusiste.
Estamos a mano.
¿De dónde sacaste ese dinero?
Eso es algo que a ti no te importa.
Es mi dinero.
Y mi hacienda.
¡Largo de aquí!
¡José María!
¡Haya! Hasta que reaccionas como hombre, señorito.
¡No, José María! ¡Bajario, deténgase!
¡Deténganse, por favor!
¡José María!
¡Que no sueltes, te digo!
¡Suéltalo!
Te advertí más de una vez que no te metieras conmigo.
¡Lárgate de aquí antes de que dispare!
¡Que te largues, te digo!
¿Escuchaste?
¡Lárgate o disparo!
Ya sabes que soy capaz de hacerlo.
¡Ándale!
Se van a arrepentir.
Los dos se van a arrepentir.
Todavía no se imaginan quién es Macario Robles.
Te amo, Fabiola.
Yo también.
¿Quieres que te traiga una taza de café?
Sí.
Vamos, te acompaño.
¿Me pueden dar algo de comer, por favor?
Estoy embarazada.
Dame una oportunidad.
Regina, he dejado de ser el Mauricio que conociste.
He dejado todo por seguir tus pasos.
Y no te estoy pidiendo nada a cambio.
Solo dame una oportunidad.
Tú creíste que me harías sufrir con tu predilección por Regina, ¿no?
Pues no.
No te necesito.
No necesito que me quieras, mamita querida.
No necesito de tu apoyo ni del de Regina.
Ustedes nunca me han querido.
Vete.
Vete, déjame en paz.
¿Está bien?
Te estaré esperando, hija.
Siempre.
Siempre te estaré esperando.
Tu prima Laura está embarazada.
Y todo parece indicar que... que ese hijo es mío.
¿Qué estás diciendo?
Lo siento.
Quise decírtelo antes de que... Sal de mi casa ahora mismo.
Dice que ni a mí ni al bebé nos faltará nada, pero que no se casará conmigo.
Dice que está cansado de mí, de mis problemas.
Laura.
Ayúdeme, usted sí la va a escuchar.
No, no hagas tus dramas frente a mí.
Tienes graves problemas.
¿Por qué?
Porque yo también estoy cansada de ti y no moveré un dedo para convencerlo ni
para ayudarte en tu embarazo.
Si es que existe.
Lleva. Lo que no entiendo es por qué lo hicieron, José María.
Uno de los diques que teníamos en la laguna no les afectaba ni nada.
Pero a fin de cuentas es suya.
Y debimos haberle avisado.
Bueno, ¿y por qué no lo hiciste?
Con tantos problemas no he tenido cabeza.
Ni siquiera sé quién o quiénes son los nuevos dueños.
Es que mejor que hablar con ella.
Pues si quieres pasar a esperarla.
Anda, sirve de que me haces compañía y aprovechamos para hablar de tu problema.
¿Cuál problema?
De tu embarazo, Laura. Yo lo sé todo.
Te recuerdo que tú solo eres una sirvienta. Y no tengo por qué hablar de
esas cosas contigo.
Claro que sí.
Esto no es algo sencillo de poder... Tú no te metas, Martina.
Estoy esperando un hijo de José María.
Pero nadie... ¿A quién quieres engañar ahora?
No.
No, no, vete.
Muchas veces. Tú no puedes dar vida.
¿Ahora qué te pasa?
¡Déjame! ¡Vete de aquí, Leandro!
No estás embarazada.
Tú no puedes saberlo porque yo te maté, Leandro.
¿Qué estás diciendo?
Yo te maté.
Vete de aquí, Leandro.
Tú estás muerto.
¿Quién mataste a Leandro?
Tú me mataste.
Y debes pagar.
Nadie sabe que yo te maté.
Nadie sabe que no estoy embarazada.
Nadie debe ni puede sabernos.
Entonces, ¿lo de tu embarazo es otra mentira?
¿Lo inventaste?
¿Y tú mataste a Leandro? No, no, no, yo no te maté. Tú tuviste la culpa,
Leandro. Tú tuviste la culpa. Es que tú te cruzaste en mi camino. Yo solo quería
escapar. No,
yo no tengo la culpa. Yo no tengo la culpa. Todos tienen la culpa. Yo no. Yo
no soy mala. Espera. Espera, espera, Laura.
Cálmate y contéstame.
¿De veras no estás embarazada?
No, no.
¿Por qué no estoy embarazada?
Yo necesito estar embarazada. Yo necesito a José María.
No puedes darme las... Espera.
Detente un momento.
¡No! Vete, Leandro.
Vete, Leandro.
No.
Así que te haré una mentira para separar a tu prima de José María.
¿Tienes que confesar la verdad?
¡Déjame! ¡Déjame!
¿Tienes que confesar la verdad?
¡Asesina! ¡Asesina!
¿Tienes que decir la verdad?
Tienes que confesar que mataste.
La muerte de Martina me ha hecho reflexionar en muchas cosas.
Entre otras, me ha hecho ver que nadie tiene la vida comprada.
Todo en esta casa tiene que seguir igual.
Yo sé que es difícil conseguir lo que les estoy pidiendo, pero quiero que lo
consigan.
Todo sigue igual.
Martina... Martina no ha muerto.
Blanca, si tu mamá quiere venir a encargarse de la cocina, dile que esta
será su casa.
Si no es así,
don Anselmo, por favor, hable con la gente del pueblo que usted juzgue
conveniente.
Sí, señora.
Y ahora, lo más importante.
Laura necesita de nuestra ayuda. ¡No!
Por favor, Mauricio, trata de comprenderme.
Acepto con tranquilidad tu amistad porque la muerte de Martina me hizo
reflexionar en lo tonto que resulta desperdiciar la vida en rencores.
Pero no puedo pensar en amar a nadie y debo ser sincera.
Hace tiempo creí amarte, pero...
Ahora sé que estuve enamorada del amor.
Ahora sí sé lo que es amar a alguien.
Claro.
¿Te refieres a José María?
Sí.
¿Me podrían decir quién es el dueño de esta tierra?
¿Alguien me puede decir quién es el dueño?
Yo soy el dueño de esta tierra.
Esto debe ser una broma.
No es ninguna broma, muchachito.
Estas ya son mis tierras.
Así es que lárgate de aquí antes de que te saque a tiros.
¡Maldito seas, Macario!
Será mejor que no me provoques, niño bonito.
Porque te aseguro que tu linda carita lo va a resentir.
¡Lárgate de mis tierras!
¿Para mí?
Pues no le estoy diciendo.
¿Quién las mandó?
Pues eso es lo que quisiéramos saber Ay, perdón
Tíralas Ese
estúpido se ha de haber vuelto loco
Ni
todas las flores del mundo Son dignas de una reina como usted.
Macario Robles.
Yo tengo las pruebas de que Macario Robles mató a Ezequiel García.
El día se acabó, Fortunato. El día se acabó.
Y Regina Villarreal no me regresó mis flores ni la nota que le mandé.
Todo lo que sigue ya es pan comido.
Mañana le mandaré otras flores y una alhaja digna de una reina como ella.
Ya casi puedo sentir la suavidad de su piel.
Ya casi puedo sentir su perfume.
Nunca mi cama se verá tan halagada.
Todo es cuestión de paciencia.
Yo te lo aseguro, Fortunato.
Todo es cuestión de paciencia.
Una noche conmigo.
Una sola noche conmigo nada más.
Y la tendré como palomita.
Comiendo de mi mano.
¿Qué te hace suponer eso?
¿No me las devolvió?
No hacía falta.
Bastaba con tirarlas.
Ah.
Ya entiendo el jueguito.
También... con mujeres como usted tengo experiencia.
Les gusta hacerse las altivas y hay que aguantarlas y luego
tomarlas.
Y después, hasta disfrutan más cuando uno doblega su orgullo.
A usted le sobra gente que podría venir a decirme todo lo que usted ha dicho,
pero no.
Es usted en persona quien está aquí, en mi casa.
¿Sabe?
Siempre me gustó su cercanía.
Nadie huele como usted.
Sí, soy un gañán, como usted lo dijo.
Pero un gañán que la idolatra.
Y está dispuesto a poner el mundo a sus pies.
Y venerarla por siempre.
Tal y como se lo merece una reina como usted.
Reina.
No vuelvas a poner tu sucia boca sobre mí.
Jamás me había golpeado una mujer.
Y yo no permito que una mujer me haga esto.
Macario.
Señorita Regina, ¿no pensé encontrármela aquí?
Espero que haya quedado muy clara mi posición y la suya, Macario.
Lo que le está haciendo a José María es una canallada.
Le advierto que pondré todo mi dinero, que es mucho más que el suyo.
Para proteger y ayudar a José María.
¿Para qué me mandaste a llamar, Ismael?
Es que... Es que tenía muchas ganas de verte.
¿Es ella?
Sí. Esa es la mujer que le echó el carro encima al hombre que dice en aquella
noche. A Leandro Rentería.
No puedo creer que Laura haya hecho algo así.
La señora Julieta, esposa del oxizo, siempre aseguró que Laura había matado a
Leandro.
Voy a tener un hijo tuyo.
Pues lo tendrás en tu casa.
Y ahí, a tu casa, desde donde yo esté, enviaré dinero para nuestro hijo.
Sobre tu conciencia pesarán dos muertes.
La mía y la de nuestro hijo.
Tranquila, solo son piedras.
Regina, Regina, tengo miedo.
No te preocupes, Paty.
Lo anterior nos puso muy nerviosas.
Acuérdate que traemos un arma en el coche.
En el coche tengo una pala y un pico. ¿Por qué no te la traes?
Patricia, ¿qué pasó?
Patricia.
Patricia.
Patricia.
Ayúdeme, aquí está Patricia.
Patricia. Patricia.
Tiene un golpe en la cabeza.
Me duele mucho la cabeza.
Patricia, ¿qué pasó?
¿Y Regina?
Regina venía contigo.
Macario.
Macario me golpeó la cabeza.
Macario se llevó a Regina.
¿Qué pretendes, Macario?
¿Por qué me trajiste a este lugar?
Seguramente está... en el Valle de las Ánimas.
¿Y qué es eso?
Es un viejo pueblo minero llamado Pozos.
El lugar está abandonado y en ruinas.
La gente le llama el Valle de las Ánimas.
¿Qué dices?
¿Macario se la robó?
José María no está.
Ismael vino en la madrugada a informarle que Regina había sido raptada.
Y tal como usted lo imagina, fue Macario el raptor.
Sí.
Goyo es el único que conoce este lugar.
Bueno, hay alguien más que lo conoce.
Pero ni así me encontrarán.
Primero encuentran a la muerte que encontrarme a mí.
No lo puedo creer. ¡No lo puedo creer!
Todo el día y gran parte de la noche y no encontraron nada.
No veo la necesidad de rasurarse, Macario.
Me gusta estar presentable, señorita.
Estamos encerrados en un cuchitril.
Pero pronto saldremos de aquí.
Yo que usted no haría eso, señorita.
Me sorprende.
Una cabecita tan inteligente como la suya.
Debería saber que no es nada bueno lo que pretende hacer.
¿Tampoco hoy encontraron nada?
No, ni rastros de ellos.
Hijo, ¿has pensado en que tal vez no los encuentren nunca?
Hoy estuvo aquí Silvia, la gente del pueblo... Ni se te ocurra mencionar algo
sucio acerca de Regina, mamá.
Ni se te ocurra.
No sé de lo que sería capaz.
Si mañana no te has ido de mi casa, te juro que le diré a José María todo
cuanto sé de ti, incluyendo lo de Leandro y lo de Martina.
Usted es una tonta, señora.
Ya se podrá parar de pestañas y nadie la notará.
¿Que no se ha dado cuenta de que no solo para su hijo, sino para todo San
Ignacio, el centro de atención es Regina Villarreal?
Dios mío.
Ayuda y protege a mi Regina.
Señor,
Perdona todas mis fallas.
Como ves, no habría sido yo un buen sacerdote.
Por favor, Dios, cuida a Regina.
Permítenos encontrarla sana y salva.
Yo te ofrezco mi vida.
Yo te ofrezco mi servicio en las misiones.
Yo te ofrezco... Yo te ofrezco todo aquello que a mi paso se presente como
posible penitencia.
Yo te ofrezco aceptar humildemente si tu designio es que Mauricio se quede con
Regina.
Yo te prometo que responderé con dignidad ante Laura por esa nueva vida
que seguramente es designio tuyo el que viniera.
Dime Señor, muéstrame el sacrificio y yo lo tomaré con mucho gusto.
Pero por favor, salva a Regina.
Permítenos encontrarla.
Entonces, ¿por qué no ha salido?
Ya le dije.
La señorita Regina no está bien.
Macario no puede ir en autobús o en un avión con una mujer amordazada, atada y
muriéndose por la deshidratación.
Ese Macario debe estar loco.
Sí. Hace un rato que yo noté que se le revolvió a la cesera de puritito amor
por la dueña.
Bueno, por lo menos tenemos la seguridad de que están en el Valle de las Ánimas.
Sí.
Y que Regina aún está con vida.
Yo no resisto más.
Yo quería ganármela a la buena, pero usted no me lo permitió. Por favor, no,
Macario.
Por favor.
Yo no quería forzarla.
Usted me obligó a hacerlo.
Pero no se asuste.
Le aseguro que lo disfrutará.
Ahora va a saber lo que es ser amada por un hombre de la vida.
Su piel, su blanca y suave.
Macario, tú eres un hombre de conquistas grandes.
Si de verdad eres un hombre, demuéstramelo.
Conquistándome a lo grande.
¿Te sorprende por qué no me arrojo a tus brazos?
¿Qué querías que hiciera si solo conozco el lado oscuro de tu alma?
Sí, Rita Regina, yo... Gracias, Macario.
Y tienes razón al sentirte tan seguro y tan macho.
Estás acostumbrado a tratar con mujercitas de pueblo, no con una real
hembra.
¿Te quieres conformar con el insignificante placer de forzarme?
¿O prefieres tener el gran placer de hacerlo por amor?
No te subestimes, Macario.
Es que, señorita, yo quise alabarla.
Yo... Yo le mandé flores y regalos.
¿Y crees que a una mujer como yo se le conquista así de fácil?
Porque de pronto me presume el dinero.
Por eso debo impresionarme.
A mí me sobra el dinero, Macario.
Yo soy la dueña.
¿Entonces sí aceptas casarte conmigo?
Sí.
Ismael.
Cálmate, Laura, por favor. Nadie te va a perjudicar.
De hecho, Regina no me dijo que te estuvieran buscando a ti. No,
no, no. ¿Y entonces por qué estuvieron aquí?
Pues no lo sé bien.
Pero sí sé que si algo amenazara a la familia, Regina haría hasta lo imposible
por protegernos.
Pero el embarazo de Laura me sacó totalmente de la jugada.
Mira, José María, yo te podría asegurar que Laura no está embarazada.
Blanquita, ¿te casarías conmigo?
Macario, ¿fue una pesadilla o...? Si me dijiste tú que Laura
había matado a Martina.
No, no lo soñó.
Aunque para usted esto debe ser como una pesadilla.
Macario, yo sé que tú mataste a don Severiano.
No, Blanquita.
Tú no tienes de qué avergonzarte.
¿Acaso sienten vergüenza las plantitas del camino cuando alguien las pisa al
caminar?
Esa vergüenza déjala para Macario Robles.
Él ya tendrá su juicio, Blanquita.
Si no es con los humanos ya será con Dios, pero lo va a pagar, Blanquita.
¿Cómo pude dañar a una persona tan linda y tan buena como tú?
Suena bonito lo que dices.
Pero una mujer debe de llegar al altar siendo pura.
Eso es lo que nos han enseñado desde chiquitos.
Blanquita, tú eres pura.
Eso no te quita ni un granito así de tu honestidad y de tu pureza.
José María.
José María.
José María.
Hijo.
¿Eh?
Sí, dime.
Hijo, estás llorando.
No pude evitarlo.
Hijo, quisiera... Quisiera no verte sufrir tanto.
Tampoco eso puedo evitarlo, mamá.
Estoy desolado.
Ya me di por vencido.
Macario me quitó todo.
Me quitó a mi padre, que era mi ídolo, mi ejemplo.
Me quitó mis tierras, que son mis raíces y el alma de mi padre.
Me quitó a Regina.
Regina que es la sangre que circula y que me hierve por el cuerpo.
Regina que es mi único y gran amor.
Mi razón de ser, de hacer y de vivir.
Dios, tienes que ayudarme.
Maldito seas si Regina Villarreal muere.
Regina, Regina, reacciona, aunque sea un poco.
Tienes que sobrevivir.
Vamos, vamos.
No, no lo podré con ella hasta el caballo.
Regina, Regina, tú eres una mujer muy fuerte.
Tienes que vivir.
Mi hijo te ama, ¿me oyes?
Tienes que reaccionar y ayudarme a que salgamos de aquí.
Yo sola no podré sin tu ayuda. Tienes que vivir.
José María, José María, te ama.
Mi hijo te ama.
José María.
Eso, eso, eso, reacciona. Reacciona, vive.
Vive, vive.
Haz un esfuerzo.
Quería presionarme para que yo siguiera teniendo relaciones con él. Y entonces,
al tratar de huir, se cruzó en mi camino y fue sin querer, mamá. Fue un
accidente. Yo soy inocente, mamá.
Tienes que ayudarme.
Tienes que ayudarme. Yo soy tu hija.
No, no logramos, Regina.
No logramos.
¿Se encuentra bien, señora?
Regina. Bendito sea Dios, hijo.
Regina está muy mal.
Necesito urgentemente un médico.
Regina, ¿cómo está? Mi amor.
Está bien.
Gracias a Dios está viva.
Ayúdame a llevarla al coche.
Pone el ciclo.
Llévala a la casa.
No me encargo de mi mamá.
¿Estás bien?
Gracias, mamá.
¿Por qué, mamá?
¿Por qué, qué?
¿Por qué sabías tú el sitio y dónde estaba Regina?
Bueno, lo importante es que ya esté a salvo, ¿no?
No, mamá.
Quiero saber toda la verdad.
Macario Robles.
Emma, te advertí que no te metieras conmigo.
Te advertí que quitaras a tu niño bonito de mi camino y no me hiciste caso.
No me dejas alternativa.
Macario, Macario, no dañes a José María porque...
¿Por qué te vas a arrepentir?
Te voy a matar, maldito. No, José María, no.
Macario es tu padre.
No puedes matar a Macario, José María, porque Macario
es tu padre.
No. No.
Vengo por la señorita Laura.
¿Sabes que yo no quise hacerlo?
Por favor, sal de ahí.
Mira, yo te voy a ayudar en todo.
Nadie te ayudará.
Tu madre no podrá hacer nada.
Laura, te prometo que yo te ayudaré.
Él también está mintiendo.
Y tú sabes.
Disfrutó y usó tu cuerpo.
Y luego... Se hizo odiado como todos los demás.
Señorita Castro, debe entregarse.
Tu momento.
No he dado las gracias.
Gracias, Octavio, por la celeridad en los trámites de autopsia y por
el traslado anticipado del cuerpo.
Gracias, Pati, por tu compañía, tu amistad y tu cariño.
Don Anselmo.
No sé qué habríamos hecho sin usted, mi tía.
Laura y yo... No sé qué habríamos hecho sin su protección y ayuda.
Mauricio, mucho tiempo te juzgué mal.
Perdón.
No soy quien para juzgar a los demás.
Y gracias por salvarme de Macario.
Gracias por traerme de regreso a casa.
¿Que Laura no estaba embarazada?
No.
Su matriz no estaba ocupada.
¿Habrá perdido el bebé con tantas cosas que pasaron?
No.
Su matriz nunca estuvo ocupada.
Por...
Ella no estaba embarazada, ni podría haberlo estado nunca.
¿Por qué?
Porque Laura tenía matriz infantil.
Gracias. Juan Donato, maldito, te voy a matar.
¡Fortunato, ábrese el candado!
¡Fortunato!
¡Maldito! ¡Juro que te mataré!
¡Maldito!
¡Te mataré, maldito! ¡Te mataré mil veces!
¡Regina Villarreal, ya estén los cascabeles otra vez! ¡Ahora sí va a
haber boda! ¡Ya regresó la dueña! Me agradezco que aceptara que yo me case en
su misma boda.
Bueno, también se casan Fabiola y Patricia y me parece muy emotivo. No,
no, espéreme tantito.
Lo de ellas es más o menos lógico, pero yo soy gente de otra clase.
Y quiero que sepa que no por estar junto a usted en el altar, mi respeto se va a
encoger ni así de tantito.
Al contrario.
Blanquita, yo quiero que sepas que para mí...
Solo hay una clase de gente.
La gente.
Oiga, don Goyo.
¿No será cierto que la dueña no está muy bien de la cabeza?
Ay, José, no digas tarugadas.
Todas las novias llegan tarde.
¿Qué pensará el novio?
José María.
¿Quieres que sigamos esperando?
Si los demás están de acuerdo, sí.
Martina.
Nana, ayúdame, por favor.
No sé ni lo que quiero.
Tengo miedo, mucho miedo.
Perdóname, pero no...
No, no
sé ni qué decir.
Era ya tan tarde.
Los vestidos de novia me resultan de mal agüero.
Bueno. ¿Hay o no hay boda?
José María... ¿Quieres casarte
conmigo?
Sí.
Pero... Esta ropa... Esta es la Regina en la que me
convertí al llegar a este lugar.
Y... Es... La que me gustaría seguir siendo.
No es la imagen más dulce y femenina.
Lo reconozco, pero... Esta es la
Regina que yo conocí.
Es la Regina a la que amo.
Diferente a todas las mujeres.
Bueno, hay o no hay boda.
Sí, sí, que haya boda.
no quiero la fragancia de otras rosas
sentir otro calor no me
interesa pues tengo con tu amor
todas las cosas paz ternura pasión
y belleza
Yo tengo de tus ojos los
destellos y tengo
de tu voz la melodía.
Soy dueño de la mies de tus
cabellos.
tu boca es la fuente de la
mía contigo
la quietud de la luna
contigo el
temblor de los volcanes
Pues eres para mí claro de
luna, eres el vendaval
de los huracanes.
Yo tengo de tus ojos los
destellos y tengo
de tu voz la melodía.
Soy dueño de la mies de tus
cabellos.
Tu boca es la fuente de la
mía.
Contigo la quietud de la laguna.
Contigo el temblor de los
volcanes.
Pues eres para mí claro de luz.
Televisa lanza al mercado su nueva línea de productos de entretenimiento.
Televisa Video, ofreciéndote una gran variedad de títulos en formato VHS y DVD
para que formes tu colección personal y puedas disfrutar de ella cuando quieras
en tu hogar.
Televisa Video, lo mejor de la tele, solo para ti.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.