All language subtitles for David Trueba - Soldados de Salamina (2003)1h54Drm

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Original subtitles

¿Qué hace actuar a un personaje?

¿Qué le mueve?

¿Qué persigue?

A veces ni siquiera él lo sabe.

Los personajes de las novelas tienen algo en común con las personas normales.

Están vivos, pero no saben qué les hace vivir.

Nadie sabe lo que le hace vivir.

No, no es molestia.

¿Eres nuevo?

Sí, he llegado este semestre.

¿Tú también, no?

Me han dicho que es tu primer año de profesora.

¿Tanto se me nota?

No, pero para bien.

¿Es atento? Es mexicano.

Pero mi abuelo era vasco, de Alquiza.

Nos vemos por aquí. Venga, hasta luego.

La guerra civil otra vez no, por favor.

No conozco a ninguna que le interese el pasado.

Eso podría haberlo dicho mi padre, que es un carca con demencia senil.

Ya me lo presento.

Lo peor es por la noche, ¿sabes? Cree que está viviendo en su pueblo y que

sale a pasear por el campo.

Anoche tuvimos que atarlo. Por seguridad, no te preocupes.

A ver, a ver, vamos a hacerlo bien.

Coja una carta.

Uy, esta carta es buenísima, ¿eh?

Es la de la salud.

Además es el oro que es el brillo. Menuda combinación.

Mi hija.

Hola. ¿Ya crees que estamos acabando?

Sí, sí.

No hace falta que me pague ahora.

Perdona.

¿Puedes salir un momento?

Sí, claro.

¿Ya dónde coño sales tú?

Ya no... Recoge todo eso y lárgate.

¿Quién te ha dejado entrar?

Hay que tomarle el pelo a la gente que se pueda defender.

Vuelvo en otro rato, ¿vale?

Que ahora tengo un poquito de prisa.

¿Por qué no me lees algo, hija?

Hoy he publicado una cosa en el periódico. ¿Te leo eso?

Sí, sí.

Cuesta imaginar los años anteriores a la guerra civil en España.

Cuentan que los escritores se reunían en bares y cafés, que se conocían y se

trataban los de derechas y los de izquierdas.

Cuentan que todo eso cambió al estallar la guerra.

¿Qué?

De todas las historias de nuestra guerra civil, la del poeta Antonio Machado es

una de las más tristes.

La noche del 22 de enero de 1939,

cuatro días antes de que las tropas de Franco tomaran Barcelona,

Machado y su familia partían en un convoy hacia la frontera francesa.

Cinco días después, tras caminar 600 metros bajo la lluvia, cruzó el puesto

de control y abandonó España para siempre.

Menos de un mes más tarde moría en Colliura.

Su madre le sobrevivió tres días.

En el bolsillo del gabán de Antonio, su hermano José halla unas notas.

Una de ellas era un verso.

Quizá el primer verso de su último poema inacabado.

Estos días azules y este azul de la infancia.

Su hermano, el poeta Manuel Machado, se enteró del hecho por la prensa

extranjera. Manuel y Antonio no solo eran hermanos, eran íntimos.

A Manuel la sublevación del 18 de julio le había sorprendido en Burgos, donde

permanecería toda la guerra como simpatizante del bando franquista.

Apenas conoció la noticia de la muerte de su hermano, Manuel se hizo con un

salvoconducto y tras viajar durante días por una España calcinada llegó a

Colliura.

Allí le informaron de que también su madre había fallecido.

En el cementerio visitó las tumbas de su madre y de su hermano Antonio.

Probablemente se encontró con su hermano José.

Hablaron.

Dos días más tarde regresó a Burgos.

Por esas mismas fechas, en el norte de Cataluña, en el santuario del Culley,

fusilaban a otro poeta y escritor, Rafael Sánchez Mazar.

Sánchez Mazar era íntimo amigo de José Antonio y fundador e ideólogo de la

falange. Su peripecia en la guerra está rodeada de misterio.

A principios de 1938 había sido detenido en Barcelona y cuando las tropas de

Franco llegaban a la ciudad se lo llevaron al Culley, muy cerca de la

frontera.

Allí lo fusilaron.

Fue un fusilamiento en maza, probablemente caótico, porque la guerra

ya estaba perdida y los republicanos huían en desbandada por los Pirineos,

así que quizá ni supieran que estaban fusilando a uno de los fundadores de la

falange, amigo personal de José Antonio Primo de Rivera.

Sánchez Mazas aprovechó la confusión de los disparos, echó a correr y logró

esconderse en una hondonada del bosque.

Cuentan que un miliciano de los que rastreaban la zona lo encontró.

Los dos hombres se miraron un instante.

Desde lejos, uno de sus compañeros gritó, ¿está por ahí?

El miliciano, sin dejar de mirar a Sánchez Mazas, respondió, por aquí no

hay nadie.

Dio media vuelta y se alejó.

Nunca sabremos quién fue aquel miliciano que salvó la vida de Santiago Mazas, ni

lo que pasó por su mente cuando se miraron.

Tampoco sabremos lo que se dijeron José y Manuel Machado ante las tumbas de su

hermano Antonio y su madre.

Tal vez en ambos episodios resida algún secreto esencial de la guerra civil

española.

¿Cómo se atreve a comparar al maravilloso poeta Machado con un

escritor fascista como Sánchez Mazas?

Otro artículo más sobre la recalcitración nacional era mierda para

la transición y para usted.

Usted mencionaba que Sánchez Mazas no fue el único superviviente de aquel

fusilamiento.

Existe un libro de un tal Pascual que consiguió escapar con vida.

Lo temo que es un incontrable, pero yo puedo ponerle a disposición un ejemplar.

Miguel Aguirre.

Idiota. No sabía cómo íbamos a reconocernos.

Tú eres famosa. Escribiste un libro.

Yo lo leí.

¿Fuiste tú?

El típico libro de final de adolescencia.

Recuerdo que las escenas de sexo eran muy gráficas y abundantes. Pero me

gustó, me gustó.

¿No has vuelto a publicar nada?

Yo voy a pedir el arroz con coneja.

Te lo digo porque hay mucha gente que espera a ver qué pide el otro y después

se pide lo mismo.

Una ensalada solo.

¿El tinto de la casa?

Muy bien.

Pensé que serías un anciano desocupado de esos que se dedica a escribir a los

periódicos. No, no, no.

Por ahora solo soy un proyecto de eso.

Me gustó tu artículo, ¿eh?

Pensé que te interesaría.

Yo fui asesinado por los rojos. Es un poco facha, ¿eh? No te asustes.

Repite varias veces la frase de José Antonio Primo de Rivera.

Al final siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la

civilización. Está publicado en septiembre del 81.

Y no es casual, ¿eh? Acuérdate que ese mismo año, en febrero, un pelotón de

soldados también quiso salvar la civilización.

Pero el libro es muy bueno. ¿Y la descripción del fusilamiento de Sánchez

Mazas? Imagínate, el tipo estuvo ahí delante.

Los días finales de la guerra, eso fue el horror.

El santuario del Coyel lo habían transformado en cárcel y en aquel

momento debía haber unos mil presos, casi todos traídos de las chicas de

Barcelona. ¿Y los que fusilaron a Sánchez Mazas sabían quién era? Pues

claro, eligieron a los más significados con el franquismo.

Franquistas de la quinta columna, abogados, financieros, sacerdotes.

¿Quién dio la orden?

¿Quién?

¿Quién dio la orden de fusilarlos?

En el libro Pascual insinúa con tal Monroy, que dirigió la cárcel. ¡Fuego!

Puede ser.

Pero hay otras posibilidades.

¿Por ejemplo?

Lister. A Lister acababan de ponerle al mando del quinto cuerpo de ejército del

Ebro. O mejor dicho, de lo que quedaba de él.

Se retiraban hacia la frontera francesa y discutían si organizar una última

resistencia en Cataluña.

Lister era un tipo obsesionado por continuar como fuese en la guerra que

estaba del todo perdida.

Entonces fue él quien dio la orden.

De lo que puedes estar segura es de que sabían perfectamente que estaban

fusilando a Sánchez Males.

Es muy novelesco ese sobrevivir al fusilamiento y huir por el bosque.

La guerra está llena de historias novelescas.

¿Conoces ese bosque?

Estaba lleno de gente.

Redes de evasión a Francia, emboscados, huidos, perseguidos, desertores.

No era un mal sitio para esconderse.

Podías encontrar gente que te ayudara.

Y Sánchez Mazas los encontró.

Los amigos del bosque.

¿Los amigos del bosque?

Así llamaba él a los tres chicos de sectores del ejército republicano que le

protegieron y le ayudaron.

Conozco al hijo de uno de ellos.

No jodas. No jodo.

Se llama Jaume Figueras. Es de Cornella de Terri, aquel lado.

Él te podría contar más cosas, seguro.

¿Quieres su teléfono?

¿Lo quieres?

El teléfono de Jaume Figueras.

Llámale, ¿eh?

Bueno, gracias por todo.

Hasta la vista.

No, no, no, quédate el paraguas. Ya me lo devolverás.

Gracias.

¿Qué vas a hacer con todo esto?

No lo sé.

¿Creí que estabas pensando escribir una novela?

Yo ya no escribo novelas.

¡Fael Sánchez Maza!

¡Ahí os tengo que trasladarte!

Así.

Hace ocho años.

Queridos padres, el chico de la izquierda de la luz solo mata una

granada la semana después de...

Tengo muchas ganas de veros. Ayer de 1938.

La ropa, ¿puede servirle a alguien?

Muy bien, la dejas en recepción.

Oye, y no tengas prisa, ¿vale?

Uy, que vea aquí, que es un hombre bien joven, ¿eh?

Todo vestido de blanco.

No será un doctor, ¿eh?

A lo mejor.

Y esta es la carta de la pasión. Una pasión desatada.

Hola, deja tu mensaje después de oírlo, señor. Gracias.

Sí, hola. Este es un mensaje para el señor Figueras.

Me ha dado su teléfono Miguel Aguirre.

Mire, estaba interesada en hablar con usted acerca de su padre y de esa

historia con el escritor Sánchez Massa.

Creo que su padre era uno de los amigos del bosque.

Me gustaría hablar un rato con usted.

Mire, me llamo Lola Cerdas, le voy a dejar mis teléfonos, el de la

universidad y el de mi casa, y cuando pueda, pues me llama, por favor, ¿eh?

Mira, esto es todo lo que tenemos.

Prácticamente están todos agotados. Si quieres encontrar alguno más, tendrás

que tragarte polvo en alguna librería de Barcelona o Madrid.

¿Desde cuándo te interesan esos escritores?

¿Estos escritores?

Sí, no sé, a mí estos me dan un poco de grima.

Oye, perdona.

¿El gran libro de la cremación lo tenéis? Sí, mira, está aquí.

Es aquí arriba.

No, no, no.

Te lo llevas puesta. Sí.

Muy bien.

Gracias. Adiós.

Rafael Sánchez Maza, uno de los fundadores de la vieja falange, relata

el horror de su condena y de su huida. El día 30 de enero, Me fusilaron con

otros 30 compañeros.

Hola, soy Lola.

Encantado, ¿cómo está usted?

Muy bien, ¿y usted?

Mi padre estaba preso con muchos otros en una prisión que habían hecho en el

santuario de Collier. Entonces un día escogieron a 50 y los llevan hasta un

bosque cercano. Entonces mi padre se situó el tercero de uno de los extremos,

¿comprendes? De modo que todavía le cubrían dos cuerpos y aguantar como

pudiera la primera ráfaga, ¿no?

para huir cuando hubiera un poco más de confusión, gente, por desgracia,

retorciéndose en el suelo, todas estas cosas horribles de los fusilamientos.

Entonces, efectivamente, se colocó ahí, empezó la ráfaga, y cuando estaba en el

otro extremo, esto es lo que yo creo recordar que contaba mi padre,

pues él salió corriendo.

Se puso a correr y se cayó en un hoyo.

Y entonces, pues, se agazapó allí como pudo, y según contaba, creía haber

observado...

Que alguien se asomaba, incluso que le veía, o él al menos creía recordar haber

visto la silueta.

Y que entonces alguien decía, ¿qué, veis algo por ahí? Y dice, no, por aquí no

hay nadie.

Y se fue.

Y dígame, con todo este material que está usted recogiendo, ¿qué es lo que

piensa hacer, más o menos?

Pues no lo sé todavía.

No lo sé muy bien.

Hola.

Hola. ¿Qué tal?

¿Has vuelto a Madrid?

No, no, no. Estoy en Gerona.

Doy clase en la facultad.

Estupendo. ¿Y qué tal?

¿Sigues escribiendo?

Perdona, Carlos, pero tengo un poco de prisa, ¿eh?

Vale. Hasta luego.

Por ayudarte vas a volver a esconderte.

Gracias.

¿Qué llevas aquí?

Un cadáver.

Algo así.

Casandra.

Conchino vende mucho.

Ya me llamo Lola. Ya lo sabía.

Tu padre siempre me preguntaba por cosas tuyas.

Qué horror.

¿Y qué le decías?

Lo que salían las cartas.

¿Y qué salían las cartas?

Las cartas siempre dicen la verdad.

Solo hay que saber interpretarlas.

¿Y qué le interesaba a mi padre en mi futuro?

Si tendrías hijos, si escribirías otro libro, si eras feliz.

¿Y qué dicen tus cartas de poder?

No son mis cartas, son las cartas.

Si te interesa me llamas un día.

No, gracias.

Para eso hay que creer.

Y tú no crees en nada, ya.

Eso te gustaría.

Tengo que trabajar las 24 horas.

La Sandra no descansa.

Para nada.

Podemos tomar un café o cenar cualquier día.

Prometo no llevar la bola de cristal.

Además, desde hace un rato soy una mujer abandonada por su pareja.

He venido a Madrid para que me den la pata en el culo.

Y eso no te lo advirtieron tus cartas.

Típico desprecio intelectual.

¿Cuánto tiempo llevas intentando dejar de fumar?

Señor Figueras, no quiero parecer pesada, pero ya le digo que solo le

robaría una hora de su tiempo.

Mi formación me sería de gran ayuda.

Llámeme, por favor.

¿Sí? Sí, soy yo.

Sí, sí, por supuesto, lo entiendo.

Mañana sería perfecto.

En el Nuria.

Sí, ahí estaré, claro.

Adiós.

Cuando un tío no se presenta a una cita.

Es la mejor cita del mundo, de verdad, te lo digo por experiencia.

Brindemos, que hay muchas cosas que celebrar.

A ti te ha dejado plantado un indeseable y yo he conseguido trabajo en la tele.

¿Un trabajo en la tele?

¡Ay! ¡Tengo una cosa!

Voy por la mitad, pero quiero que me lo dediques.

No parece tuyo.

Quiero decir...

Que tú no pareces tan abierta y tan llena de energía.

A lo mejor cuando lo escribí lo estaba.

¿Ahora estás escribiendo otro?

¿En la tele te han contratado para dirigir el programa de libros o qué?

Pues no.

Y ponme algo con sentimiento, no la típica dedicatoria de escritor frío y

distante que desprecia a sus lectores.

Estas dos os invita a un señor un poco raro que acaba de marcharse.

No te creas que me voy a convertir en una superestrella.

Es de la tele local de Girona, ¿eh?

Pero todo es empezar.

Porque de repente te ven y te... Y te vieron a Madrid.

Pero yo soy de las personas que siempre están en la tierra.

Esta lúgubre manía de vivir.

Esta recóndita morada de vivir.

Te arrastra.

No lo niegues.

No entiendo qué tienes contra la televisión. Si eres de las que la tiene

encendida todas las horas para no sentirse tan sola.

¿A que sí?

¿Hace mucho que sustituiste a los hombres por la tele?

Año y medio, más o menos.

¿Y no te cansas de la programación?

Ese es el problema.

Viví con alguien que no era demasiado interesante durante mucho tiempo. Pero

los que salen en la tele no son mucho mejores.

Esa gentuza.

¿Qué le pasa?

Es que esa gente se cree que sus miserias o su felicidad le importan a

los otros.

Esa manía por desnudarse delante de los demás.

No hay nada de malo en desnudarse delante de los demás.

A mí me encanta.

¿Puedo? ¿O prefieres su compañía a la mía?

Me va a encantar salir en la tele.

Y que me vean.

¿Por qué no dejar que los demás te vean como eres?

Que te conozcan.

¿Acaso hay algo que ocultar?

A ver...

Yo la soy yo.

No, no, no, no es demasiado tarde que va al contrario. Gracias por llamar, ¿eh?

Un segundo.

Espera.

Mañana sería perfecto.

A la misma hora en el mismo sitio.

Muy bien, allí estaré.

¿Realmente piensa escribir un libro sobre la historia de mi padre Sánchez

Mazra en el bosque?

Pues no sé todavía si voy a escribir nada.

¿Su padre le hablaba a menudo de esa historia con Sánchez Mazra? Pues sí,

algunas veces lo que pasa es que no ponía mucha atención en él. La verdad es

que ahora me arrepiento, pero lo tengo a él.

Y en aquellos días también van a llegar Quim y Daniel Angelats y se van a

ir al bosque a esperar que pasen los nacionales. Y allá va a ser un día que

van a encontrar mensajes más.

Pues no, pero podría hablar con mi abuelo Quim.

¿Su abuelo?

Sí, mi abuelo Quim, el hermano de mi padre, que era uno de los amigos del

Bosque. ¿Y está vivo?

Sí, es vivo, vive en Madiñá. Y también podrá dar, seguramente, roda a Daniel

Angelats, que es el compañero de mi abuelo Quim. Y nos hicieron toda la

guerra juntos.

Y que si es vivo, vive en Banyoles.

¿Y después se escribieron o...?

¿Os van a volver a ver alguna vez? No se escribieron más, pero sí que mi padre,

que murió hace unos 15 años, entre sus papeles ha recuperado una librería que

igual puede servir, que es la librería que llevaba Sánchez Massa en el

manuscrito y que les dejó, que era el diario de Sánchez Massa que escribía

aquellos días en el bosque.

Suscribe Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange Española, consejero

nacional, expresidente de la Junta Política, la sazón alfalangista más

antigua de España.

Claro, el día 30 de enero de 1939 fui fusilado en... ...descambiado,

desgraciadamente, después de las dos primeras descargas internándome en el...

...una marcha de tres días por el bosque, caminando de...

...llegué a las proximidades del monte de Palo de Rabardín.

Me doy calle en una sequía perdiendo mis gafas.

Mira, aquí tenemos a mi tío Quim.

Quim Figueras.

Quim, la Lola. Muy seguro.

Que reconozca esta librería. Sí, claro que la reconozca. Sí, sí, sí.

Aquí falta una página, ¿sabe usted por qué falta?

Cuando acabó la guerra, no fue igual para todos.

Para los que venían de allá, les iba a ir muy bien. Pero para los que veníamos

de aquí, no nos iba tan bien.

Entonces, recogieron y cerraron la prisión a todos.

Y entre ellos, mi hermano, el profesor de Girona. ¿Y su padre? Entonces, mi

padre... Claro, teníamos este aval. Y mi padre se fue a Burgos. Se fue a una

maleta y se fue a Burgos. Y allí, pidió audiencia.

con el ministro, el señor Sánchez Masa, y parece que recordó este nombre,

y dijo, un señor que se llama Figueres, y dijo, capaz, el padre le entregó esto,

y dijo, mire, vayas, señor Figueres, vayas tranquilo, que cuando llegue a su

casa, y encontrará a su hijo, y así fue.

Pedro Figueras, natural de San Andreu del Terri.

Agricultor y soltero, 25 años.

Ingresa en la cárcel el 27 de abril del 39, a la vez que otros ocho vecinos de

Cornellá del Terri.

Mira la orden de liberación.

Sirva para poner en libertad a los individuos que al dorso se menciona,

dándome cuenta de su cumplimiento. Dios guarde usted muchos años. Gerona, 19 de

junio del 39, año de la victoria.

Vicente Vila, José Grau, Fernando Vila, Pedro Figueras. Aquí está.

Lo ponen en libertad dos meses después, sin especificar los meses.

Una orden que nadie se atreve a contradecir.

La orden viene de alguien importante, eso está claro.

Ahí tienes tu novela.

Te está esperando.

Se va a proceder a tomar juramento a los consejeros. Juráis servir con lealtad a

España, a la falange española tradicionalista y de las homes.

Servirme con fidelidad, así como a los principios fundamentales del estalo y de

la revolución española.

Hola, soy Andaluz. Hola, ¿qué tal? Soy Lola.

Bien, tanto gusto.

Vos teníais 18 años, y de 18 años hasta 22, pues lo pasasteis, o sea, toda la

juventud. Siempre, ¿qué querías hacer?

Y los que no volvieron, ¿qué?

Que se quedaron en la guerra, que se mataron.

Y los demás se los hicieron para los jóvenes.

Y los demás jugaban con suerte, después de todo.

Y aún jugaban con más suerte, porque jugaban muchos años.

Ay, sí, estaré bien.

Era un hombre muy reservado y no explicaba las cosas justas. ¿Y les

explicó el fusillamiento en detalle? Sí, les explicó que los habían fusillado,

los internaron en el bosque y iban a ir marchando, marchando, marchando.

Y después se dieron cuenta que faltaban dos.

Y los milicianos entraron a buscarlo.

Y los milicianos se ven que lo encontraron con Sánchez Massa.

Al encontrarlo allí, se lo miró, estaba allí, detrás de una mata, medio

espantado, y le dijo, se lo miró, y los otros gritaban, ¿hay

alguien por aquí?

Y él le dijo, no.

Y entonces le quedó el fusil y le perdonó y se fue.

Ah, escucha, usted es más, me hizo un libro, me dijo que haría un libro que se

titularía Los amigos del bosque, y no lo enviaron nunca.

No, no lo sabía. Me dijo que saldría con nosotros, claro.

Y nos haría una gran ilusión poder tenerlo. No sé muy bien que si me entero

que desiste yo lo llevaría, ¿de acuerdo?

Muy agradecido, ¿eh?

Gracias. A usted, muchas gracias.

Adiós. Adiós. Buen viaje.

La primera vez que oí hablar del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, yo

apenas sabía nada de él.

Tan solo que era un escritor y periodista que a su vuelta de la Italia

de Mussolini funda la Falange Española, un partido de corte fascista.

Colabora en la creación de sus símbolos y se convierte en consejero e ideólogo

de su máximo líder, José Antonio Primo de Rivera.

España ha venido menos por la división engendrada por los separatismos locales.

por la división engendrada entre los partidos y por la división engendrada

por la lucha de clase. Cuando España encuentre una empresa colectiva que

supere todas esas diferencias, España volverá a ser grande como en sus mejores

tiempos. Tras el triunfo de la izquierda en las

elecciones de 1936, los bandos se radicalizan.

En un clima de violencia callejera, la falange es ilegalizada y sus dirigentes

encarcelados.

El golpe militar es solo cuestión de tiempo.

Mi padre había estado preso y cuando nació mi hermano Máximo, que fue

el 31 de marzo del 36, pues le dejaron salir a ver a su hijo y se escapó.

Pero claro, luego ya no pudo salir de Madrid y tal, y entonces estuvo...

Pues en distintos sitios, refugiado.

Durante el primer año de guerra, Sánchez Mazas permanece en Madrid, refugiado en

la Embajada de Chile.

A principios de 1938 será detenido en Barcelona.

actualiza con mal visto el mostrar el sentimiento y dirá a los otros lo que

pensamos y lo que soñamos.

En cuanto a los Géminis, las mis predicciones para este mes de febrero

son muy interesantes.

Aquí, a los cartes, trobo que... Ve.

Tendríamos que esperar una miqueta, porque tenemos una trucada. Por fin.

Hola, Lola. ¿Qué te preocupa de tu futuro?

¿El amor, el trabajo, la familia?

Una amiga.

Quiero saber si está enfadada conmigo.

¿Le ha robado el novio o qué? No.

No. Mi amiga es esa gente a la que no le importa desnudarse delante de los demás.

Que es sincera, buena gente.

Creo que pensó que yo la despreciaba.

A lo mejor es que tu amiga es de esa clase de tías que si toma dos copas se

convierte en una pava y se pone ya solita en ridículo.

Al revés, fui yo quien la hizo sentir ridícula.

Bueno, me parece que tu amiga es bastante pesada, así que no te va a ser

tan fácil librarte de ella.

Y la carta del azar...

Parece que es cruzada de nuevo.

Esperemos que esta vez tu amiga no sea tan torpe.

Ah, y una cosa más.

Es sobre esa novela que has empezado a escribir. Si quieres que no se quede a

medias como las otras, me parece que vas a tener que hacer caso a tu amiga y ser

capaz de desnudarte delante de los demás.

Y ahora, perdóname, pero tengo que atender otra de las miles

de llamadas que nos abruman.

¡A ver, hola!

¿Sí?

¿Diga?

La puerta del Tribunal Popular.

Venga, vamos.

¡Cállate!

Ya están aquí vosotros.

¡Aurel!

Ya

voy

a estar a las puertas de Barcelona.

Es cuestión de horas.

Nos llevan a canjear en la frontera por presos rojos. No lo creo, no lo creo.

¡Silencio! ¡Vamos, arranca!

Más nada, es una tontería mía.

Estoy buscando a mi abuelo. Tenía cuatro años en la guerra.

Su madre lo mandó en un barco a México y ya nunca volvieron a verse.

Él no quiso volver a España.

Parece cualquier guerra de ahora, ¿no?

Siempre pierden los mismos.

Lola, no los necesito hasta el viernes.

Es solo para mañana.

Cuando fuimos a cortar las encinas para hacer carbón.

Usted es una persona importante.

No corre peligro.

Yo creo que su presencia aquí significa que nos van a canjear.

Si quisieran canjearme, ya lo habrían hecho.

Llevo más de un año en el Uruguay.

¿Qué le iba a decir a usted?

¿Un cigarrillo de picadura?

Y va a ser un loco.

Venga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el

cielo. El pan nuestro de cada día danoslo hoy, Señor.

Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal.

Amén.

Vamos, todos abajo.

Que formen en la escalera. ¿Dónde nos lleváis?

A construir un campo de aviación en Bañolas.

¿Perdone? ¿Perdone, que eres de esta zona?

Sí. Mire, es que estoy un poco perdida porque vengo de ahí del santuario del

Colley y me han dicho que había por aquí un destampado donde hubo un

fusilamiento. Está muy cerca de aquí, sí. ¿Sabes dónde está? ¿Por dónde es?

Aquí, por abajo.

¿Pero por aquí, por este camino?

¡Vuelta a la izquierda!

Eso no me gusta demasiado, ya estar por aquí. Me voy a ir a casa.

Adiós. Gracias.

Adiós, gracias.

¿No estaba alguien por ahí?

¡Por aquí no hay nadie!

jajaja

Santa María del Cuyen.

Palol de Arbardit.

Durante nueve días con sus noches de invierno, Sánchez Mazas vagó por la

comarca de Bañolas.

Bañolas, tratando de cruzar las líneas republicanas.

Republicanas, las líneas republicanas. y llegar a la zona nacional.

Muchas veces pensó que no sobreviviría.

Capaz, capaz de orientarse en una zona desconocida y agreste,

desconocida y agreste, desconocida, zona desconocida y agreste, desconocida.

¿Una novela sobre la guerra civil?

¿Y qué coño se te ha perdido a ti en esa guerra? No, no, no es una novela sobre

la guerra.

No, peor.

Sobre un facha.

Si por lo menos fuera sobre García Lorca.

Pero un facha.

Los fachas dan mala suerte, te lo digo yo.

Si tú lo dices.

Mira esos dos.

Llevan media hora mirándonos en el culo.

Mirándote el culo.

No sé cómo te pueden gustar los tíos.

Si su polla les dije como si fueran robots.

No las soporto.

Recordándome cada cuarto de hora que soy 15 minutos más vieja.

A mí me gustan.

Suenan como si fueran el corazón de la ciudad.

Me gusta cuando te pones en plan poética.

Como en toda otra novela.

Mola.

Iniciada en vísperas de Navidad, la ofensiva de los ejércitos del

Generalísimo por tierra de Cataluña ha servido ampliamente las previsiones del

Estado Mayor.

Las operaciones militares del Frente Catalán, dirigidas personalmente por el

Caudillo, se han desarrollado día por día con sujeción a un plan que se ha

revelado muy certero. En el noveno día de ofensiva habían sido libertados 30

pueblos, reconquistados 1.150 kilómetros cuadrados, se habían capturado 13.000

prisioneros, y se habían derribado 100 aviones.

Un día mientras estaban parando el sol allá alrededor, y había un marejete,

detrás de aquí, a 20 metros de aquí, estábamos allí y nos sentimos frescos.

Y claro, como que estábamos en momentos difíciles, nos tiraron todos la pistola

y a ver qué pasaba.

Y vieron a un hombre que andaba sin cuchillas y que no se veía ya, y le

dimos la mano.

Tengo dinero, lo que queráis.

Cuando todo esto acabe, os recompensaré.

No lo hagáis.

Nos pusieron manos en el aire y nosotros...

Mi nombre

es Rafael Sánchez Mazas y

soy el dirigente de falange más antiguo de España.

Los nacionales están en las puertas de Jerónimo. Bueno, mi hermano, el padre de

él, dijo, mira que bien, tenemos un salvo conducto, nosotros le ayudamos a

que pasen las fuerzas franquistas y entonces, por lo que pueda pasar,

supongo que él nos ayudará a nosotros.

Pero todo hecho.

Un chaval que no tendría ni 20 años.

Bajo la lluvia levantó el mosquetón para apuntarme.

Y entonces recordé que ya le conocía.

¿Ah, le conocías?

De vista.

En el patio del monasterio.

No era un carabinero ni un agente del SIN. Nada. Era un simple soldado.

Ni siquiera cruzamos una palabra.

Pero una tarde me fijé en él.

Estaba en una de las salidas de guardia.

Nosotros estábamos afinados en la celda que daba el pacto del monasterio.

Y de pronto se puso a cantar.

Ay de mí, pena mortal.

¿Por qué me alejo España de ti?

¿Por qué me arrancan de mi rosal?

¿Conoces esa canción?

Suspiros de España.

Hecho mujer por voluntad de... Venga para la garita, a vigilar.

Entonces, un superior le insultó afectuosamente y se rompió de hechizo.

Pero nos hizo reír a todos.

A algunos por primera vez en mucho tiempo.

¿Y cómo se llamaba?

No oí su nombre.

Me pregunto por qué me dejó escapar.

Lo curioso era su forma de mirarme.

Tenía una mirada alegre.

Tenía una mirada alegre.

Alegre.

Alegre.

Verona. Verona que supo resistir en otras épocas a los invasores

extranjeros, hoy no aguantó ni una hora, porque los extranjeros eran los que la

poseían. Los que iban hacia ella eran las tropas de la España inmortal.

Esta era la última capital catalana por liberar y por calles y plazas se vuelve

a oír el nombre de España.

El liberal Camilo Alonso, que al frente de la cuarta de Navarra ocupó la ciudad,

revista sus fuerzas horas después.

Ahora te toca a ti.

¿Y cuánto tiempo van a estar aquí? ¿Va a dormir? Bueno, va a dormir, me pienso,

dos noches aquí.

Dos noches.

Y

desde

entonces, no lo hemos visto más.

En la dedicatoria del libro de uno de los herejes más interesantes de nuestra

historia, se lee... A un caballero español desengañado.

Qué palabra tan profundamente española.

Desenga... Háblame de tus pensamientos cuando la muerte estaba aproximada.

Es increíble lo que se aprende en esos pocos segundos de la ejecución.

Entonces... Se conoce todo lo que es vano y quimérico y se distingue todo

aquello por lo que vale la pena vivir.

¿Está bien?

Bien.

Muy bien.

Muy bien.

Quiere decir que... Quiere decir que no te ha gustado.

¿Me dejas hablar?

Me ha gustado, está muy bien escrito. Si acaso no me ha... No me ha emocionado.

A ver qué te emociona a ti.

Cuando leo un libro me gusta sentir que quien lo escribe lo hace desde las

tripas. Y en esta historia no te veo a ti. No sé qué opinas sobre las cosas que

pasan o por qué has decidido escribirlas.

¿Implicarás de alguna manera?

¿Si participarás en la historia?

La descubro en 1939.

Para tu información yo no había nacido.

Eso da igual.

Por algo habrás decidido escribirla, ¿no?

Yo te voy a hacer aquí con esta armadura que llevas todo el día puesta.

Si te está poniendo cara de profesora, de tanto meterte en la cama con un libro

en vez de con algo que es mi beso.

No te confundas.

A mí me gustan los hombres, ¿vale?

Pero qué burra eres.

O sea, que lo que quieres que te diga es que tu novela es genial y que eres la

mejor escritora del mundo.

¿Pero quién te ha dicho que quiero hacer una novela genial?

¿Eh? ¿Quién te ha dicho que puedo hacer una novela genial?

Una bonita.

Mira.

Esta novela es genial.

Y esta.

Y esta otra.

Esta gente sabía escribir.

Estos son genios.

Yo no.

Yo soy alguien que intenta escribir como puede. Ya sé que no soy genial.

No necesito que me lo diga una tarada que solo lee libros de esoterismo.

Puede que no sepa escribir.

Pero sé leer.

¿Sabes lo peor?

Tienes razón.

¿Cómo puedes guardarte toda esa rabia para ti solita?

Pero descárgate.

Ahógate. Tíralo todo.

Exprésate.

De todas formas me voy a quedar porque me parece que te viene bien tener a

alguien contra el que disparar.

Era una noche cualquiera, pasadas las nueve, en Madrid.

Dos jóvenes, a quienes acababa de estropeárseles la moto, regresaban a su

casa cuando vieron cómo ardía un edificio de viviendas en la céntrica

calle Carranza. La gente arremolinada en el lugar escuchaba los gritos de

quienes, atrapados por el fuego y el humo, esperaban la llegada de los

bomberos. Uno de los jóvenes, Álvaro Iglesias... Se quitó la cazadora y se

lanzó al viejo portal en llamas, dispuesto a ayudar a los inquilinos.

Primero sacó a un vecino, luego a otro, luego a otro más.

Sabía que aún quedaba gente en el interior y regresó a ayudarlos, pese a

las llamas y la humareda que habían convertido la escalera en un infierno.

No logró salir con vida del edificio. Murió abrasado.

Días después, las autoridades le concedieron la medalla al mérito civil.

Pero nada podrá recompensar su ejemplo de solidaridad.

A los héroes solo los premia el recuerdo de los demás, de quienes admiramos su

rapto de coraje, su instinto en el momento decisivo.

¿Qué es para vosotros un héroe?

¿Alguien que no se equivoca nunca?

¿O alguien que tiene el coraje y el instinto de la versión?

¿O a lo mejor alguien que no se equivoca justo en el único momento en que uno no

puede equivocarse?

¿Es el héroe un superhombre?

¿O es solo un hombre corriente?

¿O a lo mejor es alguien cuyo comportamiento es ciego y arriesgado?

¿O como dice John le Carré?

Hay que tener temple de héroe para ser sencillamente una persona decente.

Quiero que escribáis sobre eso.

Lo que os venga a la cabeza, lo que os sugiera.

Yo no sé muy bien lo que es un héroe, pero sé que una vez conocí a uno.

No fue hace mucho, un par de años.

Fue mi primer trabajo, vigilante en un camping de roulottes en Casteldefels.

Necesitaba dinero y era el trabajo perfecto durante el verano.

Ahí fue donde conocí a Miralles, en el Estrella de Mar.

Él era un habitual.

Aparecía cada año a principios de agosto al volante de su roulotte.

El día que llegaba, se calzaba un pantalón corto y sus chanclas, y ya.

Nunca se cambiaba hasta el día que volvía a marcharse.

Su cuerpo era un mapa de cicatrices.

Por la noche solía emborracharse en el bar.

Yo le acompañaba de vuelta a su rulote.

Un día recorrió sus cicatrices para contarme su vida.

La primera era en la mano.

cuando trabajaba de aprendiz de joyero grabador con su padre. Su padre decía

que era un tipo especial.

Cuando estalló el golpe de Franco fue uno de los que corrieron a alistarse,

pero no lo admitieron porque dijeron que era demasiado viejo.

Se llevó tal disgusto que su hijo, que de política no sabía nada, se alistó en

secreto.

Luego, bajándose el pantalón, me enseñó el culo.

Metralla de antitank, me dijo.

Un mes con el culo en pompa en el hospital.

Ahí perdió la virginidad, con una chica inglesa, una voluntaria que lo dejó para

volver con su marido inglés.

Esa cicatriz no te la enseño.

Por desamor más que por otra cosa se alistó en la primera brigada mixta al

mando de Enrique Lister.

Un buen sitio, decía, a creerse un héroe.

Prosiguió con la lista de cicatrices sufridas en las diferentes batallas.

Belchite, Teruel, Tarragona.

Cuando el frente se derrumbó, Se retiraron hacia Cataluña, siempre con

Lister.

Decía que resistirían hasta el final, pero huían como cabrones.

Los fascistas les pisaban los talones.

Estuvieron unos días en el norte de Cataluña, pero a primeros de febrero del

39 cruzaron la frontera francesa. Y junto a ellos, cientos de miles de

españoles.

Luego los metieron en un campo de concentración en la playa. Un infierno.

No eran campos de concentración.

Eran morideros.

No sabían qué coño iban a hacer con ellos.

Un día pasaron las banderas de enganche de la Legión Extranjera Francesa y se

alistó con tal de salir de ahí.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, él estaba a las órdenes de

Leclerc en el Magred.

Jacques-Philippe Leclerc.

Qué tipo.

Se rebeló contra el gobierno de Vichy y empezó la resistencia por su cuenta en

África.

Recorrió kilómetros y kilómetros de desierto hasta llegar a Trípoli.

Desembarcaron en Normandía por la playa de Uta, el 1 de agosto del 44.

Fueron el primer contingente aliado que entró en París, por la porte de Gentilly

la noche del 24 de agosto.

A los 15 días me contó que los llevaron a embestir contra la línea Siegfried.

Para entonces ya llevaba siete años de guerra.

Le salvó una mina alemana.

Gracias a ella se convirtió en ciudadano francés, con una pensión de por vida.

Así que no sé muy bien lo que es un héroe, pero sé que un día conocí a uno.

Antonio... ¡Antoni!

Antonio Miralles se llamaba.

Pero todos le llamaban Miralles.

¿Te habló alguna vez del santuario del Cuyay?

No, no me... ¿Y de un escritor que se llama Sánchez Maza?

No, ni yo sé quién es.

¿Qué?

¿Tendría que saberlo?

la estrella de mar.

Es un travelling.

Lo hice yo.

Quedó chingón, ¿no?

ventajas de ser el vigilante.

Ella es Luz, una prostituta que reinaba en el camping.

Mira, ella sí estaba bastante encoñada.

Me acuerdo perfecto.

Era a finales de agosto, el último día.

Y vino a tocar disco portátil.

¿Dónde estoy?

¿Hola?

He dicho que no estoy.

¿Qué pasa?

¿Es usted Luz?

¿No serás del ayuntamiento? No, no, no. Solo estaba buscando a un hombre que

solía venir a este camping.

Creo que usted le conocía. Miralles.

Antonio Miralles.

Muy mayor.

Muy mayor, no. Un viejo de la hostia.

Simpático, pero viejo. ¿No se habrá muerto?

No lo sé, lo estoy buscando.

A lo mejor usted me puede ayudar.

Vive o vivía en Francia, pero no tengo su dirección.

Esto en verano se llena de gente. Yo procuro no tener buena memoria.

Guárdate la limosna, pobre guapa.

Espera.

Algunos tienen detalles.

Me llegó el año pasado, creo.

Era un viejo cojonudo.

Dijon.

Estoy buscando a una persona que refiere en Dijon o alrededores.

El apellido es Mirayer.

Del nombre no estoy muy segura. Creo que es Antonio o Antoni. ¿En Dijon? Dijon,

sí. ¿Con J?

Con J.

Eso es el departamento 21, señorita. ¿Departamento 21?

Ya.

Sí, espero.

Antonio no hay ninguno.

¿Y Miralles, aunque sea con otro nombre?

Miralles, Miralles... Sí, Miralles hay cinco. ¿Cinco?

Sí, hay cinco.

Sí, pues deme los cinco.

No, no.

¿Cómo? Solo le puedo dar uno por llamada. ¿Solo uno por llamada? Uno por

llamada, señorita. Entonces tengo que llamarle cinco veces, no me joda.

Bueno, pues como usted quiera. No, no, no, no, no.

Deme el primero.

Pues a ver, ¿en qué orden?

Sí, por orden alfabético.

¿Alguien con ese nombre?

Bueno, muchas gracias.

Disculpe, disculpe.

¿Ha habido suerte?

Mi lista de Miralles en Francia.

¿Y si Miralles no es quien buscas?

A lo mejor no es el personaje que necesitas para tu novela.

¿Por qué no te lo inventas?

La realidad siempre decepciona.

Lo que estás buscando está aquí.

Es la que... A lo mejor tienes razón.

Y la realidad siempre te decepciona.

¿No?

Está abierto.

¿No es loca?

Dejas la puerta abierta. ¿Tú no sabes que la gente secuela en los portales y

que puede entrar cualquiera y violarte?

La única persona que ha intentado violarme en los últimos años eres tú.

Era una broma.

Yo no soy como tú.

Yo tengo sentido del humor.

Esto huele de maravilla, ¿eh?

Así que nuestro Miralles no aparece.

Ahora entiendo por qué has dejado de escribir novelas.

Careces de eso que llaman imaginación.

Tú también.

No voy a inventármelo.

A ver, ¿dónde buscarías a un hombre de más de 80 años que baranea solo y que

está más agujereado que un queso camembro?

Ruiz, ¿dónde?

Nada.

¿Qué es eso?

Todas las residencias de ancianos...

del departamento de Dijon, Francia.

Por orden alfabético, 87.

En este sitio solo hay viejos.

Todo gracias a una cosa que se llama Internet.

Nos va a salir un libro que te cagas.

Es Antonio, creo, pero no estoy segura.

Quizás sea nuestro nombre.

Miralles, sí. M-I-R-A-L-L-E-L.

¿No hay nada?

¿Estás segura? Es muy importante para mí.

Buenas tardes, voy a hablar con el señor Miralles.

¿Hola?

Buenas tardes, voy a hablar con el señor Miralles, por favor.

¿Es usted Antonio Miralles?

Antonio, Antonio, como usted quiera.

Pero todo el mundo me llama Miralles.

Usted no me conoce, pero hace tiempo que le busco.

Hay un muchacho, Gastón, que me habló de usted.

¿Gastón? Sí, trabajaba en el Estrella de Mar.

Claro, el vigilante.

¿Qué ha sido de él? Bueno, ahora es alumno mío.

¿Ah, sí?

¿Y qué tal el alumno es?

Parecía un chico listo.

Es un chico listo.

Pero yo le llamaba porque colaboró en la edición local de un periódico.

Y estoy investigando un episodio de la guerra civil.

El fusilamiento de unos presos nacionales en el santuario de Santa

María del Cullell.

Estuvo usted allí, ¿verdad?

¿El chico le dijo eso?

Bueno, me dijo que usted se retiró hacia Francia a las órdenes del Inter.

Dice usted que es periodista. Sí.

¿Y de veras cree que a alguno de sus lectores les puede interesar algo que

pasó hace más de 60 años?

En realidad yo solo quiero hablar un rato con usted.

No se trata de pedirle cuentas a nadie.

Mire, joven, nadie nunca me ha dado las gracias por dejarme la juventud peleando

por su país.

Nadie. Ni un gesto, ni una carta.

Nada. Y ahora me viene usted con su mierda de periódico a preguntarme si

participé en un fusilamiento.

¿Por qué no me acusa directamente de asesinato?

Lamento que me haya malinterpretado, señor Miralles.

decidieron que

No sé qué tiene de malo. Lo hemos localizado. No, pues eso es lo que

importa. No lo entiendes. No quiere hablar conmigo.

No quiere recordar.

¡Gilipollas!

Hay que hablar con él.

No hemos llegado hasta aquí para ahora dejarlo pasar.

Está decidido. Mañana por la mañana salimos en coche y en un periquete nos

plantamos en Dillo.

¿Dónde está eso?

Sí, claro.

Llegamos allí, tú le echas las cartas un rato y mientras yo le pregunto por su

pasado, tú le dices el futuro.

Ese es tu plan, ¿no?

¿Qué harás?

¿Le leerás los pozos de café, luego las manos y luego los pies?

¿A cuánto le vas a cobrar el minuto?

¿O le harás rebaja por ser de la tercera edad?

Bájate de mi coche.

Y te bajes de mi coche ya.

Venga, fuera.

Mira, no sé muy bien por qué siempre me tengo que sentir inferior contigo.

Tú no necesitas a nadie al lado, ¿verdad? Y menos a unas gilipollas como

yo.

¿Qué?

Perdón.

Es la sala 22, pero a esta hora debe estar en el jardín o en la sala de

televisión.

Gracias.

Yo estoy un poco tarde.

¿Tarde?

Es casi la hora de comer.

¿Te gusta la tele?

La veo poco.

En cambio yo la veo mucho.

Mire, mire qué felices son.

Ahora la gente es mucho más feliz que en mi época.

Los que hablan bestias del futuro lo hacen para consolarse de que no podrán

vivirlo.

Es como esos intelectuales.

Cada vez que oigo a alguien hablar horrores de la tele, sé que estoy

delante de un cretino.

¿Fumo usted?

Aquí no.

Quite, quite.

Si necesito ayuda, ya se la pediré.

Ah, mira, yes.

Me ha dicho que puede ir a la visita.

Esta es la jefa, la que más manda.

Lola, es bien por me hacer una interview.

¿Una interview?

¿Surcua? Grande importancia.

Ah, la asesina.

Se hace pasar, se hace milagro.

Es bueno, es hora de que comiences a confesar tus crímenes.

Así que quiere hablar del Culley.

¿Entonces estuvo allí?

Claro que estuve.

Una semana, quizás dos.

A finales de enero, en el 39.

Lo recuerdo porque el día 31 crucé la frontera.

Esa fecha no se me olvida.

Mira, ahí están.

Puntuales como un reloj.

¿Tiene usted hijos?

No. ¿No le gustan los niños?

Me gustan, pero no tengo.

Una vez estuve a punto de tenerlos.

Fíjese en aquel botarate de la gorra.

Cuando los miras te das cuenta de que lo único que importa es estar vivo.

Con eso basta.

Si oye ruidos raros, no, no se preocupe.

Es mi sonda.

Ahora viajo con él orinada a cuestas.

Me estaba hablando del Culley.

Venga ese cigarro.

¿Qué hacía usted allí?

¿Vigilaba a los prisioneros?

Más o menos.

Si te decían que a vigilar, pues vigilabas.

¿Usted sabía que entre los presos estaba Sánchez Mazas?

¿Lo has leído?

¿Y era un buen escritor?

Depende de con quién se le compare.

A mí me gusta Balzac.

¿Era tan bueno como este?

Y ella estaba en el cuyel cuando lo trajeron.

Lo fusilaron el 30 de enero.

Usted ha dicho que cruzó la frontera francesa el 31.

Fue un fusilamiento en masa.

Se escaparon dos.

El otro superviviente escribió un libro. Yo fui asesinado por los rojos.

Vaya título.

Lo malo de las guerras es que casi nadie sabe ganarlas con dignidad.

Mira, Franco.

Le cogió gran afición a firmar condenas de muerte después de la guerra.

¿Usted presenció aquel fusilamiento del bosque?

Estará de acuerdo conmigo que, con unos cuantos falangistas menos, quizás nos

hubiéramos ahorrado una guerra, ¿no cree?

Yo no creo que nadie merezca ser fusilado.

Ah, que es usted pacifista.

Habrá empezado por ahí.

¿Va a comer?

¿Va a comer?

¿Va a comer? ¿Va a comer? ¿Va a comer?

¿Va a comer? ¿Va a comer?

¿Va a comer?

¿Va a comer?

¿Va a comer?

No siente ese olor a verdura hervida, a medicinas, a viejo

enfermo.

El olor de la muerte, Lola.

El puñetero olor de la muerte.

Gracias.

¿Eres española?

Me ha enviado Miralles.

Oh, ¿y cómo está el viejo?

Bien.

Mira, te voy a enseñar algo.

Mira.

Miralles.

Aquí está, como mi padre.

Mira el nombre del perro.

Guadalajara.

Pero, bruta, ¿qué quieres, que me fusilen?

estuve en una bolea. Me paralizó toda la parte izquierda. No sé si eso quería

decir algo ideológicamente.

La izquierda siempre decepciona.

La derecha no.

La derecha ya sabes lo que persigue.

Poco de esto.

Así no vale nada.

Sánchez Maza sobrevivió al fusilamiento gracias a un hombre.

Un soldado.

Lo descubrió entre las ramas, escondido.

Pero lo dejó escapar.

Eres muy guapa.

Supongo que estás harta de que te lo diga.

Dime una cosa.

A ti eso de Sáchez Mazas y su fusilamiento te trae sin cuidado,

¿verdad? No lo entiendo.

Escritores.

Sois unos sentimentales.

Tú lo que andas buscando es un héroe. Y ese héroe soy yo, ¿no?

Los héroes no sobreviven.

Cuando salí hacia el frente, iban conmigo otros muchachos, todos de

terraza, como yo, aunque la mayoría no los conocía.

Los hermanos García Sagués,

Miquel Cardús, Gaby Rodríguez,

Pipo Canal, el gordo Dena, Santi

Brugada.

Jordi Gudayor.

Todos muertos.

Eran tan jóvenes.

No pasa un día sin que me acuerde de ellos.

Ninguno conoció las cosas buenas de la vida.

Ninguno tuvo una mujer o un hijo que se metiera en la cama con ellos el domingo

por la mañana.

A veces sueño con ellos.

Los veo como eran.

Jóvenes. El tiempo no pasa para ellos.

Nadie los recuerda.

Y nunca ninguna calle miserable, de ningún pueblo miserable, de ninguna

mierda de país, llevará su nombre.

Lele Joan.

Miquel.

Cotayol.

Pipo.

El gordo, venga.

¿Para qué quieres encontrar al soldado que salvó a Sánchez Mazas?

Para preguntarle a Pipenro.

¿Por qué no lo mató?

¿Y por qué iba a matarlo?

Porque en las guerras la gente se mata.

Pero él no lo hizo.

¿A qué hora sale tu tren?

Es un autobús.

Dentro de una hora.

Mejor será que llamemos un taxi desde abajo.

Despídame del asistente.

¿No piensas volver?

Si usted quiere.

Yo no he dicho que no quiera.

Pero acuérdate de traerme algo.

Además del tabaco.

Además.

¿Le gusta la música?

Me gustaba.

Vi unas imágenes.

Usted bailando en el camping.

Un paso doble.

¿Y qué tal lo hacía?

Era sus piras de España.

¿Qué cree usted que pensó?

Mucho nada.

Nada. ¿Nada?

Nada.

Mira, ahí llega tu taxi.

¿Puedo pedirte un favor?

Hace muchos años que no abrazo a nadie.

No le he contado algo.

Sánchez Mazas conocía al soldado que le salió.

Una tarde le vio bailando un pasodoble en el patio del Culley.

Solo.

El pasodoble era Suspiros de España.

Es que no es mi verdad.

No.

A ver si me sube.

Vendré a verle.

Vendré con mis amigos.

No se preocupen.

Vendré a Gastón y a Conte y a Aguirre.

Me encantará conocerlos.

Hablaremos todo el día juntos como si fuéramos una familia.

Vendré a leerle cosas.

Ya verá.

Nos volveremos a ver.

Claro que... No me olvidaré de usted.

No dejaré que se olviden de arte.

La primera vez que oí hablar del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazal, yo

solo era la que no escribía.

Hizo Dios con su

poder hundir cuatro rayitos

de sol y hacer con ellos una mujer.

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Amén.

me aleja, baña de ti, porque me

arranca de mi corazón.

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