All language subtitles for lo que escondian sus ojos s01e03

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Original subtitles

Te estás equivocando.

Todavía tienes mucha vida por delante.

¿Qué vida?

¿Cómo has podido llegar tan lejos, mamá?

Es Ramón Serrano Suñer,

el nuevo ministro. La ambición hecha hombre.

-La marquesa de Llanzón.

Es la mujer del momento.

-"Carmen Polo no lo traga aunque esté casado con su hermana".

Tu padre es combatiente. -Sí, ¿por qué?

-Porque podemos asegurarnos de que esté en la retaguardia,

donde no le puedan matar.

Es la de la foto del periódico.

La de la explosión de gas.

"¿La explosión el centro? ¿Cómo no me dijiste nada?".

(Explosión)

Tarduchy ordenó el atentado. Y lo volverá a intentar.

"¿Seguro?". "Sí".

"Tenemos un infiltrado".

Guárdame esto.

Si me devuelven lo mío, bienvenido sea.

-¿Para quién trabajas?

Te falta este pendiente.

Tu marido no es tonto, Sonsoles.

¿Me has traído mi pendiente? No.

Lo olvidé, pero tengo que confesarte que me alegra.

Me ata a ti.

Pero entenderás que debo informar de esto a la marquesa.

-Si lo hace, yo también informaré. Roba comida.

"Te gusta o no te gusta".

"Y si no te gusta,

no le des esperanzas".

Cada vez hay más distancia entre Franco y yo.

Me quitará de en medio, Zita.

Reconsidere su postura o aténgase a las consecuencias.

"Tengo una relación".

Con Serrano Suñer.

Júrame que no volverás a ver a ese hombre.

Si no, yo acabaré con esa historia diciéndoselo a tu marido.

Sí, lo juro.

¿Y cuándo llega tu familia?

Mañana llegan los niños, con Matilde y las institutrices.

¿Y Francisco?

Él va y viene.

Juan, deja las maletas que quedan en la biblioteca del marqués.

¿Hasta cuándo te quedas?

Dos semanas. Haré obra en el chalé.

A ver si cambia esto algún día y me puedo traer a Wladzio.

Me apetece poquísimo volver a París.

Los alemanes me presionan mucho.

¿Cómo que te presionan?

Sí. Hitler quiere hacer de Berlín un centro de alta costura.

Me han hecho muchas ofertas.

Ahora cuéntame tú.

Se ha acabado.

¿Lo habéis cortado?

Lo he cortado.

No sabes lo que me está costando.

Lo sé. Me gustaría ayudarte, pero al final estas cosas las pasas solo.

Aunque estés rodeado de gente.

Tú siempre me ayudas.

Estar en San Sebastián lejos de él te va a hacer bien.

Eso espero.

Diez años de matrimonio y seis hijos y se te olvida nuestro aniversario.

Está agotado.

Necesita las vacaciones más que ningún año.

Te veo muy serio, Ramón.

No voy a cesar ni a Ridruejo ni a Tovar.

No hablemos de política en la mesa. Déjalo para luego.

-Esta campaña contra un ministro elegido por mí es inaceptable.

La prensa tiene que estar al servicio del régimen,

no al de Falange, ni al tuyo.

Los militares tienen su prensa. Precisamente.

Ya estoy harto de esta guerra de periódicos.

-Carmen, diles que hablen luego.

Dimito.

Antes de cesar a mis colaboradores y amigos, dimito.

-No me gustan las amenazas, Ramón.

No es una amenaza.

Si ellos se van, yo me voy.

Ellos se van.

-Paco.

Estoy segura de que Ramón cambiará de idea.

Hace falta voluntad por ambas partes.

Bueno...

Luego lo habláis.

Vamos a tener la fiesta en paz.

¿Tenéis todo preparado para el verano en Alicante?

No vamos a Alicante.

Nos vamos a San Sebastián.

Lo de hoy ha sido ya una amenaza.

Está yendo demasiado lejos.

Ramón todavía resuelve más problemas de los que da.

¿Qué es eso de que vamos a San Sebastián?

¿Así, de repente, sin prepararlo?

Le pediré al marqués de Llanzol que nos encuentre una casa.

Yo preferiría unas vacaciones tranquilas.

El ambiente en San Sebastián

no me gusta.

Demasiada sociedad.

Nos interesa saber lo que se dice.

¿En vacaciones buscas información?

Pierdo el favor de Franco.

Ni contó conmigo para el discurso de este año.

¡Hola! Hola.

¿Qué tal el viaje?

¿Bien? Muy bien.

Sí.

Vamos.

¡Francisco!

¡Qué bien que hayas llegado hoy!

Te he echado mucho de menos. Yo a ti también.

Mamá. -Hija.

Todos tus libros están colocados.

Está todo preparado.

Vosotros, subid. Hay sorpresas. -¡Sí!

-"Great".

-Carmen y su marido llegarán mañana.

Se alojarán en el María Cristina.

Hablando de alojamientos,

Serrano Suñer me ha pedido que le busquemos una casa para su familia.

¿El ministro? Mmm.

¿Desde cuánto el ministro veranea en San Sebastián?

Esto se está poniendo de moda.

Habrá que pensar en cambiar el sitio.

No tenía ni idea de que Serrano pensaba veranear aquí. Lo juro.

Pues ten cuidado con dar un paso en falso.

Si tu marido no sospecha más es porque le da miedo.

Te quiere demasiado.

Pero la próxima vez no habrá excusa que valga.

Es un sacrificio que os pido.

¿Y nosotros en qué posición quedamos?

Seguís colaborando conmigo, pero de cara a la galería estáis cesados.

-Por mí, bien.

-Por mí, también.

Bueno...

Pues a trabajar.

Inglaterra está haciendo ingresos bancarios a militares españoles.

Varela es uno. Estoy casi seguro.

-Varela hará lo posible por apartarte de Franco.

Si no acabas tú con él, acabará él contigo.

(LLAMAN A LA PUERTA)

-Es de El Pardo. Urgente.

(Puerta)

Alemania ha invadido Rusia.

-Es la excusa perfecta

para entrar en la guerra.

Los bañadores de los niños, que no se te olviden.

-Sí, señora.

¡Qué pronto llegas!

-Buenos días, señor.

Buenos días. Mejor.

Así llegamos con luz.

Tendrás que ir sola a San Sebastián, Zita.

Es la primera vez que voy. No conozco a nadie.

Alemania ha invadido Rusia.

¿Y qué significa? Puedo ganar el pulso a Varela.

Pero... ¿Cómo? ¿España va a entrar en la guerra

No, pero enviaremos tropas voluntarias.

¿Idea tuya? Franco está de acuerdo.

Hasta le ha puesto nombre, la División Azul.

¡Eh!

Serán solo dos o tres días.

Te prometo que este verano

pasaré más tiempo contigo y con los niños, ¿vale?

(RADIO) "Como no podía ser de otra forma,

el excelentísimo ministro de Asuntos Exteriores,

Ramón Serrano Suñer, se ha implicado de forma directa y apasionada

en el reclutamiento de voluntarios para combatir en Rusia".

"Rusia es culpable".

"Culpable de nuestra guerra civil,

culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador,

y de la de los caídos en la guerra por la agresión del comunismo".

Carmen, no te hagas mala sangre.

No entiendo cómo Paco no se da cuenta.

-Es la cara visible del Gobierno. Eso dice mi marido.

Y al final la gente se queda con eso.

¿Por qué creéis que va este año a San Sebastián?

Pues porque allí en verano se cuece todo.

Tu marido y tú también vais, ¿verdad?

-Mmm.

A ver a mis cuñados.

Pues...

ya me irás contando.

Deben de tener unas obras de arte en el interior preciosas.

-¿Sí? Eso seguro.

Es Zita Polo.

Zita, ¿qué tal todo?

-Bien. Muy contenta.

No sé si conoces a mi madre y a mi hermana.

De vista.

Y a través de sus libros. -¿En serio?

Eso sí es un honor.

-Encantada.

No te he visto en la playa.

-A Ramón no le gusta y aprovecho para verle.

¿Está aquí?

Ahora sí.

Va y viene.

Oye, ¿por qué no venís

todos a cenar el domingo a casa? ¿Estará tu marido?

-Lo lamento. No podremos.

Tenemos visita.

Mis cuñados.

Que vengan también. Tengo ganas de charlar con Pura.

¡Venga! Cuento con vosotros.

Os enviaré una invitación formal de todas formas.

Pasad buena tarde.

-Igualmente.

-Buenas tardes.

-Yo no pienso ir.

Y tú tampoco.

Ya veremos, mamá.

El verano es muy largo y no va a ser fácil decir a todo que no.

(ACENTO ALEMÁN) ¿Y esa quién era?

-Es la esposa del ministro de Exteriores.

-¿Serrano Suñer? -Exacto.

Siempre lo comentamos en el periódico.

Crear la Agencia Efe fue uno de sus grandes logros, ministro.

Las comunicaciones son una de nuestras prioridades.

Es el futuro. Ya verá.

Por cierto, marqués,

¿qué le pareció el último artículo del diario "Arriba"?

¿Ha molestado a los generales monárquicos?

No sabría decirle.

¿No le han comentado nada?

Asistió usted a una reunión muy importante.

Los militares no son muy dados a la lectura.

Como mucho los partes de guerra.

(Risas)

(Fuegos artificiales)

-"Listen!". -¡Fuegos!

-¡Son los fuegos!

-¿Por qué no vemos los fuegos?

-Sí. -Estupendo.

-Niños, vamos a ver los fuegos.

(Bullicio)

¡Sí!

-¡Los fuegos!

-¡Ay!

-¡Bien!

-¡Los fuegos!

-¡Bien!

-¡Mira allí arriba!

-¡Arriba! -¡Mira!

-¡Hala! ¡Oh!

¡Mira, mira, mira! -Son bonitos, ¿verdad?

¿Por qué no contestas mis llamadas?

Faltó muy poco para que mi marido nos descubriera.

No sé qué hubiera pasado.

(Fuegos artificiales)

No quiero verte más.

Pensé que verme te hacía feliz. Soy feliz así.

Sabiendo que hago lo que debo.

Dime eso mirándome a los ojos, Sonsoles.

A ti nunca te han dicho que no, ¿verdad?

Porque yo no soy como las otras.

No hay otras.

No hay nadie más.

No.

(INSTITUTRIZ HABLA EN ALEMÁN)

-Uno, dos...

-Buenos días, Sonsoles. Hola.

Por fin bajo a la playa.

Porque tu marido está en Madrid.

Exacto.

¡El pobre! Siempre de un lado a otro.

Ya podéis ir a jugar.

¡Vamos!

A veces tienes que sentirte muy sola.

Compensa cuando está.

Ramón es duro en política. Tendrá enemigos.

Pero en casa es un cielo.

Es cariñoso.

Es bueno.

Yo ya sé que hay rumores.

No lo decía por eso. Ya, pero están ahí.

Que si una cantante, que si una actriz.

¡Mujerzuelas!

Yo ni los oigo.

Ni los escucho.

Sé que Ramón me quiere.

-¡Ven!

-¿Qué pasa? -Déjame ver.

Voy a ver qué le pasa a mi hijo. -Por supuesto.

(SILBA)

¡Papá!

¡Papá!

¡Papi!

-¡Papá! ¡Ay!

-¡Ya estás aquí!

Estás muy guapa, ¿no?

Se te ve contenta.

¿Te gusta San Sebastián?

Me lo estoy pasando muy bien.

¿Y los niños?

Juegan mucho con los hijos de los marqueses de Llanzol.

Y yo me he hecho muy amiga de ella.

Que, por cierto, hoy es el cumpleaños de Sonsoles.

Si hubiera sabido que llegabas a tiempo, los habría invitado a cenar.

¡Qué grandes están! ¿No?

Sí.

Feliz cumpleaños.

Hace juego con los pendientes de mi madre.

Póntelos y así la estrenas.

No me los he traído, Francisco. ¡Oh!

Son muy valiosos y me da no sé qué viajar con ellos.

Pero gracias.

Es muy bonita. Muchas gracias.

Marqueses.

Disculpen.

Está aquí el chófer del ministro Serrano.

Le ha traído un regalo de cumpleaños, marquesa.

Insiste en dárselo en mano.

Zita es un cielo.

Está en todo siempre.

¡Qué simpática!

Marqués.

(Ladridos)

¡Oh!

¡Oh!

¡Oh!

(ACENTO ALEMÁN) Pero ¿qué escribes a estas horas?

(ACENTO INGLÉS) Me he acordado de algo. Ya sigo mañana. Duérmete.

Necesito recuperar la confianza de Franco.

Ayúdame.

¿Yo?

Sé que hay un complot.

Para acabar con el régimen trayendo a don Juan a España.

Y sé que tú sabes quiénes están detrás.

Me has buscado para que te diga... Sonsoles.

Suéltame. Suéltame. Sonsoles, Sonsoles, tú sabes que no.

Mírame, mírame.

Es Francisco.

Me tengo que ir.

Dos generales.

Aranda y Orgaz.

Te dije que, tarde o temprano, cometería un error.

-Ahora arreglará lo de mi padre, ¿verdad?

-Olivia, tu padre no volverá a combatir.

No irá a la guerra nunca.

Pero necesitamos que sigas ayudando a tu país.

-Ya ha descubierto lo del ministro.

No me encuentro a gusto espiando a la gente y menos mintiendo

a Hilde, a Juan, a todo el mundo.

-Solo se trata ahora de conseguir pruebas fehacientes de esa relación.

Nada más.

-¿Pruebas? Ya se encargan ellos de... de...

-Seguro que se han cruzado notas, regalos con sus nombres.

Cualquier cosa así.

El amor hace a la gente muy imprudente.

-Bueno, veré a ver. Tengo que irme.

-Espera.

Dame tu reloj.

Dámelo. Confía en mí.

Un pequeño pago por los servicios

que prestas a Inglaterra.

Tengo que volver a Madrid.

Hay que poner un cable a Churchill y hacer que se difunda el rumor.

No creo

que a Franco le haga mucha gracia.

Buen trabajo.

(Gaviotas)

(Puerta)

¿Espías a los marqueses?

¿Para quién es esta libreta?

-¡Sh! No grites.

Te lo contaré.

-Ahora lo entiendo todo.

-Que no, Hilde.

No es lo que piensas. -¿Me espías a mí?

-A ti no.

Hilde, déjame que te lo cuente, por favor.

Es por el marqués.

Sí, pero porque es amigo del ministro de Exteriores.

-¿El ministro te pide que lo espíes?

-Espío para mi país.

Ese ministro es amigo de...

Bueno, está a favor, ya te lo dije, de Hitler.

-Espías en contra de Alemania. -No sé.

No sé para qué espío.

Me llamaron, me lo pidieron

y es mi país.

Tú también harías lo mismo por el tuyo.

-No.

Yo no traicionaría a nadie porque el mundo sea un lugar de mierda

donde la gente se mata por... Yo no sé por qué.

-Sí.

Tienes razón, Hilde.

No sé. -¿Por qué lo haces?

¿Por dinero?

-Sí.

¿Vas a chivarte a los marqueses?

Mira.

Esto es para ti si no dices nada.

-Yo no soy como tú.

No me vendo.

Y no diré nada precisamente por eso.

Pero no vuelvas a dirigirme la palabra nunca más.

¡Ah!

¡Ah!

Aranda y Orgaz.

¿Y cómo lo sabes? ¿Quién te ha dado es información?

Eso es lo de menos. Da igual.

Llegan tarde.

La he mandado enviar a Roma, a don Juan.

Le abro la puerta al regreso, pero con esas condiciones.

No las aceptará. Pues claro que no.

Pero eso acaba con cualquier conspiración.

Hay una vía abierta y, si don Juan no vuelve, es porque no quiere.

No me brindes ayudas que no te pido, Ramón.

Eso no cambiará las cosas.

Por cierto,

me resulta incómodo, pero debo decirte algo personal.

El embajador en Londres, el duque de Alba,

me dice que te ves con una mujer de la alta sociedad.

Es falso. No es la primera vez... No es la primera vez.

Solo te digo que mis ministros son los primeros que deben dar ejemplo.

Y esos rumores que corren deben cesar.

O serás tú el que cese.

Disculpe, señor.

Hoare.

Churchill le ha hablado de mí a nuestro embajador en Londres.

-No tiene nada de particular.

No lo tendría si no fuera una calumnia.

Solo lo puede haber comunicado usted.

No sé de qué me habla.

Señor Hoare,

está difundiendo rumores falsos sobre mí.

Eso es un delito.

Sé quién es su mensajero.

Hasta podría decirle cuánto cobra.

Sé mucho más de sus actividades de lo que usted se imagina.

Deje de difundir rumores si no quiere tener problemas.

No consentiré que me amenace.

Queda advertido.

Le paso con su esposa.

(Teléfono)

Zita.

Vuelves a Madrid. Tú y los niños.

No. Hoy mismo.

Enviaré un coche a recogeros.

Dolores, a mi despacho.

Quiero que incluya a mi esposa en todos los actos programados.

¿Y en los militares? Todo.

Irá conmigo a todas partes.

De acuerdo.

(Puerta)

"Ministerio de Asuntos Exteriores, dígame".

Desearía hablar con el ministro, por favor.

"¿Quién le llama?".

Dígale que es una llamada

desde San Sebastián. Él la está esperando.

(Puerta)

"El ministro no puede atender llamadas en este momento".

(CUELGA)

¿Quién era?

Cristóbal.

Dice que ya vuelve a París.

¡Qué rápido ha pasado el verano!

Yo también quiero volver ya a Madrid.

¿Ahora?

Sí, no...

No aguanto estar aquí. Además, está refrescando ya.

Bueno, pues...

Vamos cuando tú quieras.

No, Francisco.

¡Ay!

Llevas todo el verano rechazándome, Sonsoles.

Llevamos dos meses...

¡Ah!

Perdóname, Francisco.

Es que no sé qué me pasa.

Estoy...

No es por ti.

Créeme. No es por ti.

A veces lo pienso.

Hay días que me siento fatal.

Es que estoy nerviosa.

No sé por qué estoy nerviosa.

No te preocupes.

Nos vamos a Madrid, ¿eh?

¡Ah!

Puede que la victoria no sea tan rápida como la pintan los alemanes.

No vayas.

Parece mentira que digas eso. Tú lo has creado.

A ver, Dionisio.

Hay dos hombres en un político.

El que piensa en la patria

y el que piensa en sus hijos y amigos.

¡Qué poético!

Pero yo me voy.

No consentiré que Stalin se adueñe de Europa.

No me quedé de brazos cruzados

cuando lo intenté aquí y no lo haré ahora.

(Campanas)

(Campanas)

(Campana)

(Campana)

-Ahora subo.

(Campana)

Tarduchy no volverá a atentar contra Serrano.

-¿Te ha dicho por qué?

-Ha sido desde lo de Rusia. La División Azul.

Ahora tiene la mirada puesta en los militares, en...

-No, no. No quiero saber nada de eso.

Muy bien.

Tu misión con nosotros... termina aquí.

Toma.

Tu paga.

Cógelo.

Ya miraré de buscarte un trabajo.

-Ellos me han ofrecido un trabajo.

Quedarme en Falange, en su grupo.

Para labores de imprenta.

Me pagan bien.

-Si te pagan bien,

no será solo para eso.

Pero es ya...

es cosa tuya.

Le repito que no es... Un segundo.

Disculpe, ministro.

Ha llamado muchas veces. Quiere hablar con usted.

La atenderé en el despacho. Le paso.

Un segundo.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

No me llames más al ministerio. Me vas a meter en un problema.

En Lhardy mañana a las dos.

(Puerta)

Tarduchy ya no te quiere matar.

Me quedo más tranquilo.

No sé, pero...

yo creo que nos va a quitar un problema de encima.

En fin. Acaban de pasarme esto.

De nuestra gente en Berlín.

Está cifrado, pero... a grandes rasgos.

Hitler ofrecerá la jefatura del Estado

a cualquier militar que le ayude a tomar Gibraltar.

Vamos, que quiere derrocar a Franco.

¿Estás bien, Matilde?

¿Todo bien en la casa?

Desde el verano... -No quería decírtelo,

Emilio, pero...

una de las institutrices me vio coger comida.

Robar.

No dijo nada, pero...

-Tú no robas, Matilde.

Tú te cobras lo que te roban a ti.

-¡Qué tonterías estás diciendo!

-¿Es normal cómo viven mientras otros...?

-Ya basta, Emilio.

Conmigo no pueden ser mejores.

Yo no sé de dónde sacas esas ideas,

esas cosas.

¿No te habrás metido en algún lío?

¿Y ese dinero que te guardo?

¿Por qué no te lo gastas?

-¿Para qué ahorra un hombre, Matilde?

Un hombre que no bebe,

apenas fuma. ¿Para qué ahorra?

Si me sigue yendo bien en la imprenta,

nos casamos en otoño.

Si tú quieres, claro.

-Pensaba que nunca volvería a ser tan feliz.

-Matilde, ¿dónde estabas metida? Te espera la marquesa.

-Adiós, Emilio.

Compre las croquetas preferidas del marqués.

Espéreme que debo hacer un recado.

Sí, marquesa.

(Pasos)

No dejaste que me apartara cuando ya te había olvidado.

Y ahora me apartas tú.

No tienes derecho a hacerme esto.

Alguien sabe lo nuestro.

¿Alguien? El rumor corre por todo Madrid.

Lo sabe hasta Franco.

No me importa. Yo te quiero. No, no.

Sí te importa.

Te importa a ti y me importa a mí.

Esto puede lograr lo que no lograron ni la Falange, ni Varela, ni nadie.

¿Y eso te importa más que yo?

Sonsoles, aquí no.

Tiene que haber sido en San Sebastián.

Alguien de tu servicio.

Intenta averiguar quién es.

Y páralo.

Dime que esto no se ha acabado aquí.

A mí también me duele despedirme así, Sonsoles.

Bueno, es solo muscular.

Como siempre.

Secuelas del tifus. Van y vienen.

Lo que pasa

es que esta vez...

va para largo.

¿Cómo de largo?

Unos meses de reposo.

En todos los sentidos.

Ya me entiendes.

Sí.

Además, con lo que te he recetado

tendrías dificultades.

Todo volverá a funcionar en cuanto termines la medicación.

No le deis importancia.

Matilde, ¿este verano en San Sebastián

notó que alguien hablara sobre mí?

Quizá algún empleado temporal.

¿Qué quiere decir, señora?

Que se están difundiendo rumores sobre mí y salen de casa.

Pues no sé, señora. Yo no he oído nada.

¿Y no ha notado nada diferente, ni nada extraño?

No, señora.

¿Dónde te has metido?

Pedro acaba de irse. Quería saludarte.

En el Lhardy.

Y no protestes.

Te he traído tus croquetas favoritas.

He reservado en la Gran Peña para comer con mi hermano.

Pues para la noche.

¿Qué hacía aquí Pedro? ¿Estás mal?

No, no, nada. Lo de siempre.

(Piano)

Francisco. Ramón.

Parezco un artista. Todo el mundo me mira.

¡Ah!

¿Sabes? Hay un... un rumor muy extendido por Madrid.

Sobre Serrano Suñer.

Siempre hay rumore sobre Serrano Suñer.

Dicen que tiene una historia de amor con una marquesa.

Mira, Francisco. Alguien te lo tiene que decir.

Dicen que es con tu mujer.

¿Quién ha dicho eso?

¿De dónde ha salido esa calumnia?

Ha sido Pura, ¿verdad? No.

Ella ha dicho eso. No, esta vez no.

Mira. Pura es una arpía,

alguien deleznable a la que aguanto por estar casada contigo.

Pero es hora de que alguien la ponga en su sitio.

Esta vez ha llegado demasiado lejos con sus mentiras.

No ha sido ella. Déjame tranquilo.

-Hombre, Francisco.

¡Cuánto tiempo! Sí, muchos meses.

¿Una copa? No. Hoy no tengo tiempo.

Comemos la semana que viene.

Sí, te llamaré y vamos a Lhardy.

Sí, de ahí vengo de hablar con el ministro Serrano.

¿Con Serrano Suñer? Sí, el ministro.

Me ha comentado... Discúlpame.

Matilde, ¿dónde está la señora?

Ha salido, señor.

¿Qué haces fumando?

Tu tabaco me da dolor de cabeza.

A mí también me dan dolor de cabeza ciertos rumores

y me aguanto.

¿Qué ha dicho Pura esta vez?

¿Qué hay entre Serrano Suñer y tú?

¿Cómo?

¿Me estás acusando de...? No te acuso.

Te acusa todo Madrid. ¿Y tú te lo crees?

¿Crees que te haría algo así?

Lo he tenido delante y no lo he querido ver.

¿Qué has tenido delante? ¿De qué me estás hablando?

Yo sé que no estoy bien.

Sé que no.

Sé que no estoy cariñosa.

Pero no puedo creer que te agarres a una cosa así.

A eso que dicen de...

¿Quién podría decir una cosa así,

inventarse una calumnia?

Yo despierto envidias, Francisco.

La gente...

Pura...

No soportan lo que tengo.

Contigo, nuestra vida.

Entonces, ¿no es verdad?

¿Cómo va a ser verdad? No lo sé, Sonsoles.

No lo sé. En Lhardy...

¿En Lhardy qué?

No sé, Sonsoles.

La gente habla...

La gente es lo peor.

Lo peor.

Perdóname, Sonsoles.

Tranquila.

Ya está.

Sí.

Esta tarde en El Pardo.

A la hora de siempre.

¿Pura también?

Mejor. Así más charla.

Hasta luego, Carmen.

¿Pasa algo?

Tengo que hablar contigo.

Quiero que estés preparada para cuando pase.

No me asustes, Ramón. Siéntate, por favor.

Es posible que te llegue un rumor.

Que estoy liado con la marquesa de Llanzol.

Evidentemente, es mentira.

Es cosa de mis enemigos políticos.

Los de siempre.

Pero esta vez se han pasado, ¿no?

Meter en esto a Sonsoles.

Tarde o temprano, llegará a tu hermana.

Has quedado con ella, ¿no? Sí.

Y estará también Pura Huétor,

que seguro que le ha llegado ya.

¡Ah!

Lo siento.

No te preocupes.

Yo ya estoy acostumbrada igual que tú.

La que no lo está es Sonsoles.

Ella va a ser la peor parada.

Tu cuñado no para de meterse en líos.

Dicen que es de la alta sociedad. No le vale con actrices y pelanduscas.

¡Válgame Dios!

A mi hermana ni una palabra.

Pues claro, Carmen.

-Su señora hermana está aquí, señora.Pasa, Zita.

-Si estáis con rumores, yo me voy.

No tengo que oír ni habladurías ni calumnias.

No estamos con rumores. Siéntate.

-¿Qué tal todo?

¿Y los niños?

-Creciendo, lo que les toca.

-¿Y tu marido bien?

-Trabajando sin parar, como siempre.

Prepara un viaje a Berlín en el que se va a jugar la vida una vez más.

Por Franco.

Por España.

No veo por qué tiene que ir otra vez solo Ramón.

Para renovar el pacto Antikomintern no hace falta que vaya yo.

Pues se volverá a llevar los méritos.

Y ya no le necesitas. Hitler ya...

Hitler quiere deshacerse de mí,

derrocarme y poner en mi lugar a Muñoz Grandes.

Y eso me lo ha dicho Ramón que tiene ojos en todas partes

y que también va a Berlín para desactivar ese asunto.

Por eso le necesito, ¿lo entiendes?

Te estás equivocando. Va trepando.

Hasta para sus amantes, apunta ya más alto.

No te darás cuenta y estará sentado en tu sillón.

Buenas noches, Carmen.

Buenas noches.

Hola.

Buenas.

Estaré en el salón de té. Espéreme aquí, Matilde.

Sí, señora.

Buenas. -Hola.

-¿Es verdad que tu señora está liada con un ministro?

-Mi señora no está liada con nadie.

-¡Vaya descaro!

-¿Sonsoles?

¡Zita!

¡Qué coincidencia!

Sí, casi nunca vengo a estas reuniones.

Me alegro de verte.

Sí. Se te ha echado de menos.

El verano queda ya lejos.

¿Vas a acompañarlo también a Berlín?

¿A Berlín?

No. ¿Cómo voy a acompañarlo?

Como últimamente lo acompañas a todos los actos, pues...

Ya, pero esto no es un acto.

Y son tres días de tren por cada trayecto.

-Señoras,

pueden ir subiendo.

-Sí. -¡Vamos!

-¿Subimos? Sí.

-¡Vamos!

No soporto más las calumnias y los rumores, Francisco.

¡Por Dios!

Hasta en la peluquería me tratan de forma diferente.

No puedo más.

Me voy a volver loca.

Yo no puedo dejar así mi trabajo.

El mes que viene podríamos irnos a un balneario.

Déjame ir a París.

Cristóbal insiste y, con la nueva colección, es la ocasión perfecta.

No sé qué decirte, Sonsoles,

irte sola, así..., haría que los rumores aumentaran.

Iría con Matilde.

¡Por favor!

Unos días solo.

Bueno, está bien, está bien.

Gracias.

Sabía que no me fallarías.

Habrá que pedir los pasaportes en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pídeselos tú al ministro.

Yo no puedo ni llamar.

No haría más que echar leña al fuego.

Que tenga un buen día, marqués.

Incluye una parada en París camino a Berlín. Reserve en el Ritz.

Muy bien. Buen viaje.

Sí.

Sí, un viaje muy largo.

Matilde se ha mareado dos veces para variar.

No, a Cristóbal lo voy a ver mañana por la mañana.

Vamos directamente al desfile

Estupendo.

Buenas noches.

Besos.

¿Hago que le suban la cena, señora? No.

No, ya llamo yo.

Vaya a su habitación.

Acuéstese. Parece cansada.

Muchas gracias, señora.

Buenas noches. Buenas noches.

(Puerta)

¡Ah!

(Piano)

(Canción en francés)

Sonsoles,

quizás... ¡Sh!

No digas nada.

(Puerta)

(LLAMAN A LA PUERTA)

¿Marquesa?

(LLAMAN A LA PUERTA)

¡Marquesa!

¿Se encuentra bien, marquesa?

(LLORA)

Señora, es raro la fiesta de fin de año que sea de disfraces.

Los condes de Elda ya no saben cómo llamar la atención.

Dese la vuelta.

Juana,

hay que cogerle un poco de aquí.

Así.

¿Está bien, señora?

Sí, Matilde.

Acabe ya, por favor.

¡Ah! Así. Quedará así.

Señora.

No sea pesada, por favor.

Ahora vengo.

Te ruego no le digas nada a mi marido.

Quiero que sea una sorpresa.

A tu marido le voy a pegar una bronca por no hacerme caso.

Es broma.

Tranquila. No le diré nada.

Gracias, Pedro.

Cuídate mucho.

Estas primeras semanas son las más delicadas.

¡Qué tarde llegas!

He ido a ver a Pedro.

Le he llevado el regalo de Navidad.

¡Ah!

¿Me quito el uniforme y bajamos a comer?

No. Hoy...

Hoy te quito yo el uniforme.

¿Eh?

Sonsoles,

lo siento, pero es que estoy con una medicación.

¿Una medicación y no me has dicho nada?

Es que tú tampoco me lo has preguntado.

Bueno, pues hoy vamos a olvidarnos de la medicación

y vamos a olvidarnos de todo.

Y vamos a cerrar los ojos.

Sonsoles...

Sonsoles, llevas cinco meses...

cinco meses sin dejar que te toque.

No me digas que no puedes esperar.

Vamos a comer.

Marqueses. -Marqueses.

-Esta ha sido abierta. ¡Qué raro!

De Roma.

-El marqués se va a meter en un lío con tanto defender al rey.

(RADIO) "Tras el ataque japonés a Pearl Harbor en Hawái,

los Estados Unidos

entren definitivamente en el escenario de la guerra".

-Alemania perderá esta guerra.

Ya lo verás.

-Servicio.

-Marqueses. -Marqueses.

-De Alemania.

Y de luto.

-"A la espera de que el presidente Roosevelt se dirija al Congreso,

las informaciones son todavía confusas".

"Nosotros seguiremos informándoles

de cuanto nos llegue del otro lado del Atlántico".

Marqués.

Muchas gracias por todo.

A usted.

Marquesa.

Ten cuidado en el tren.

Escribe cuando llegues.

Usted también perdió a su padre muy pronto, ¿verdad, marquesa?

Sí, también pasé por eso. Sí.

¿Se vuelve a ser feliz?

Buen viaje.

Le acompaño.

-¿Puedo acompañarla yo, marqués?

Sí, claro.

-"Kinder".

(LLORAN)

¡Sh!

Hilde.

No es por dinero.

Me dijeron que mi padre no iría a la guerra si lo hacía.

No te dije nada

porque el tuyo sí estaba en el frente y...

me sentía

culpable

y sucia.

Y ahora...

Ahora todavía me siento peor

porque tú no has podido salvar al tuyo y...

Y es injusto que... que yo...

-No te preocupes.

Yo hubiera hecho lo mismo por mi padre.

-¿Me perdonas?

Toma.

Quiero que lo tengas tú.

Así tendré siempre un recuerdo de ti.

(Motor)

¡Ramón!

-Es mejor...

-Han herido a Dionisio.

¿Está bien?

No, está bien, está bien. Dentro de lo que cabe.

Lo repatriarán en cuanto sea posible.

Mira.

No sé, Ramón, mira. Esto...

Esto no pinta nada bien.

Las cosas no están saliendo como hubiéramos deseado.

Con EE. UU. en la guerra, Alemania no tiene posibilidades.

Aún tenemos tiempo para maniobrar.

Tranquilo. -Ramón.

Tranquilo. Te veo luego.

-Vale. De acuerdo.

-Ven a saludar a Margarita.

¿Te acuerdas de ella?

Sí, por supuesto. Encantado de verla de nuevo.

-Buenas noches.

¿Vienes a saludarles?

Salúdales tú. Yo te espero aquí.

-Buenas noches. Encantada de conocerles.

-El placer es nuestro.

Tenemos que vernos a solas, Ramón.

Aquí no, Sonsoles.

Tengo algo muy importante que decirte.

En diez minutos en el jardín.

Buenas noches.

¡Ah! Estás aquí.

¡Ah!

¡Ah!

¿Qué es eso que tienes que decirme?

Estoy embarazada.

Espero un hijo tuyo.

¿Qué?

Ya no podemos seguir fingiendo, Ramón.

¿Cómo sabes que es mío?

¿Cómo puedes dudarlo?

Yo te quiero, Ramón.

Para. ¡Eh, eh!

¿Qué?

Te quiero más que a nada en este mundo.

Escucha. Escúchame.

Vámonos lejos.

No. Vámonos.

Pero ¿cómo que un hijo, Sonsoles? Vámonos.

Vámonos lejos de España.

Lejos de España.

El niño, tú y yo. Vámonos lejos.

A Lisboa. ¡Vámonos!

Vamos a ser felices.

¿Qué? Vamos a ser felices.

¿Tú podrías ser feliz? ¿Eh?

¿Tú podrías ser feliz

dejando hijos detrás,

al hombre que te lo dio todo,

al hombre que confió en ti?

Yo te quiero, Ramón. Mucho. ¿Y qué? ¿Y qué? ¿Y qué?

No cambia... Eso... Eso... Eso no cambia nada.

En el juego hay reglas.

Y no se pueden romper, Sonsoles.

Ya se han roto las reglas.

Ya se han roto.

¿Eso no cambia las cosas?

¿Eh?

¿Eh?

No.

No cambia nada.

Lo siento.

No, no, no.

No, no, no, no. No, Ramón, no. No.

¡No, no, no!

No te vayas.

(LLORA)

(LLORA)

(Reloj)

¡Feliz Año!

-¡Feliz año! -Un año más.

-Feliz 1942.

(TODOS) ¡Feliz año!

-Feliz año. Feliz año.

(LLORA)

-Feliz año nuevo.

¡Ah!

(Risas)

(Música de suspense)

(SE CAE UNA COPA)

(Murmullos)

(Gritos de asombro)

(Murmullos)

¡Sonsoles!

¡Sonsoles!

Hay que pedir un médico.

¡Un médico!

¡Ah!

¡Ah!

Tengo que decirte algo.

No tienes nada que decirme.

Hazte la cuenta de que no tienes nada que contarme.

Que nunca tendrás nada que contarme.

¡Ah!

¿Es para ir al cine?

Creo que no ponen nada bueno.

-No, es para... para pasear.

Bueno, para charlar.

Tengo una cosa que decirte.

-Estupendo.

Libro por la tarde. Iremos a las cinco.

-Muy bien.

María, hoy como con los niños.

-De acuerdo.

Marqués.

Pase adentro, Juan.

Tengo que darles una noticia.

¿La señora está bien?

La noticia es que la señora está embarazada.

-Felicidades, marqués.

Es una gran noticia.

-Enhorabuena. -Enhorabuena.

-Marqués.

(LLAMAN A LA VENTANA)

Pensaba que habíamos quedado mañana.

-Sí, pero mañana no estaré aquí.

Me envían a Bilbao para un trabajo.

Un par de días.

He venido a despedirme de ti.

-¿Qué trabajo es?

¿En la imprenta?

-No lo sé. Me lo dirán al llegar, supongo.

Me tengo que ir.

A ver si veo algo bonito por ahí.

Y te traigo un regalo.

Adiós.

Ese hijo no es del marqués si es lo que quieres saber.

-¿Por qué crees que quiero saber eso?

-¿No quieres saber eso?

-No.

Juan,

quería decirte...

-Me gustaría pensar que vas a decirme algo bonito.

No sé, que te has enamorado de mí o algo así.

Pero ya sé por qué sales conmigo,

por qué me haces siempre tantas preguntas.

-Te dijo algo Hilde.

-No.

Os oí discutir.

-¡Ah!

Entonces, si...

si sabes la verdad,

¿por qué siempre me has dado tanta información?

-Pues porque sé que has de tener una razón muy poderosa para hacerlo.

No me creo que lo hagas por dinero.

No eres así.

-¡Ah!

-¿Estás bien?

-Hoy no venía a sacarte información.

-Ya.

¿Y qué ibas a decirme la verdad?

-No.

Pero no iba a contarte más mentiras.

Iba a decirte que...

que me caes muy bien.

Que eres una persona

muy dulce.

y que tienes un buen corazón.

-Pero que no te gusto.

Que... que podemos ser amigos.

Es lo que se dice siempre, ¿no?

-Lo siento.

-No pasa nada.

-¡Ah!

-¿Vamos?

-Sí. -¡Vamos!

Ese embarazo va a ser su sentencia.

Y esto tiene que llegar a Franco cuanto antes.

-Pero ¿cómo lo va a hacer?

-A través de las mujeres.

Carmen Polo es quien más interés tiene en acabar con Serrano.

Y aquí mi esposa es mi gran aliada.

¿No te parece bien?

-Sí, claro.

-Parece mentira que por cosas tan banales

puedan caer torres tan altas, ¿verdad?

Sí.

Toma nota.

Es sobre Serrano Suñer.

El golpe de gracia.

(Campanas)

(Campanas)

(Campanas)

(Campanas)

(Campanas)

(Campanas)

(Campanas)

(Campana)

(Campana)

(Campanas)

(Campanas)

(Campanas)

-¡Aaa!

-¡Alto!

¡Pare!

-¡Quieto!

-¡Ah!

¡Ah!

-¡Quédate quieto! ¡Quieto! -¡Aaa!

¡Quieto!

(LLORA)

Esos falangistas iban a por mí. No hay pruebas.

¿Qué más necesita? Es un atentado contra el Ejército.

-Los detenidos han sido condenados a muerte.

No se puede pedir más, Varela.

No han matado a nadie.

La pena es excesiva.

Aunque sea por cuestión de imagen.

-¿Defiende usted a esos criminales?

No se puede ejecutar a la gente solo para complacerle a usted.

Preferiría verme muerto, ¿verdad, ministro?

¿Qué está insinuando, general?

-La reunión ha terminado.

Que la prensa no hable del atentado.

Yo ya no llevo la prensa.

Cesaste a Ridruejo y a Tovar. ¿No te acuerdas?

Es una orden.

(Puerta)

-El ministro de Exteriores ha ido demasiado lejos.

-No hay pruebas de que mi cuñado esté detrás de este atentado.

-Se puede pecar por omisión.

-No hay pruebas de omisión.

De todas formas, estas luchas internas debilitan al Gobierno.

Vamos a cortar por lo sano.

A empezar de cero.

Prepare el cese de Varea.

-Solo el de Varela.

-Prepárelo ya.

¡Marquesa!

¡Marquesa!

¡Matilde, por Dios! ¿Qué ha pasado?

¿Le ha pasado algo a su padre?

Emilio, que...

que lo han condenado a muerte.

¿Lo han condenado? ¿Qué ha hecho? No lo sé.

No lo sé. Lo han enredado.

Le han dado dinero. No lo sé.

Bueno, la pena se puede conmutar.

¡Ah!

Matilde, tranquilícese.

Levántese, por favor. Levántese.

Tranquilícese.

Voy a escribir a...

Voy a escribir a una persona que seguramente pueda ayudarla.

¿Usted cree?

Sí. Es lo mínimo que...

esta persona podría hacer por mí.

Gracias. Vale.

Quiero decirle algo.

Cuando me preguntó por el servicio, no le dije la verdad.

Olivia, la institutriz inglesa.

Fue ella quien difundió los rumores. Tenía...

Tiene...

una pistola.

Dijo que era para defenderse, pero no la creo.

La he visto a horas extrañas... No creo que no me lo haya dicho.

¡Ah!

Carmen, me duele mucho habértelo contado.

Ya sabes que no me gusta verte sufrir.

Pero Sonsoles va a dar pronto a luz y en cuanto ese niño nazca,

los rumores aumentarán.

Lo comprendo, Pura.

Prefiero que lo sepas por mí.

No te preocupes.

Te llamaré pronto.

Varela ha dimitido antes de comunicarle su cese.

-Muy bien.

(CARRASPEA)

Alemania...

Alemania está perdida, excelencia.

-¿A qué viene eso ahora, capitán?

-Nuestra política exterior tiene que cambiar.

Para empezar de cero,

no basta con Varela, excelencia. (LLAMAN A LA PUERTA)

Paco.

Tengo que hablar contigo.

-Puede retirarse.

Debo confesar que esto no me lo esperaba.

Tan pronto.

Pero me quitas un peso de encima.

Estaba a punto de presentar mi dimisión.

Has estado luchando como una rata para mantenerte en el poder.

Seguramente incluso hasta para quitármelo a mí.

Tú no eres capaz de dimitir.

Quiero tu despacho vacío mañana por la mañana.

Estará vacío. No te preocupes. Muy bien.

Pero antes de irme te voy a decir lo que pasará.

Posiblemente, sobrevivas.

Gane quien gane la guerra, haber sido neutral te salvará.

Pero te quedarás solo.

Habrás condenado a España entera a estar sola contigo,

aislada del mundo, alejada del progreso.

Y tu nueva España

en realidad será muy vieja.

Una última cosa.

De los condenados a muerte,

hay uno, Emilio Torres.

Nunca ha sido enemigo de nadie.

Conmútale la pena. Es lo último que te pido.

(Puerta)

Nuestra hija se llamará Carmen.

Yo te bautizo

en el nombre del Padre...

-¿Sabes cómo llaman a los nacidos fuera del matrimonio?

"Enfants de l'amour".

¿Qué pasa, mamá? -Qué ojazos tiene.

Es nacer con un regalo.

"¿No sabes de dónde los has sacado los ojos?".

-Hay que decírselo.

¿Se lo vas a decir tú?

No voy a consentir que se entere de esto nunca.

¿Qué pasa, mamá?

¿Vas a librarte de mí?

Carmen sabrá quién es de verdad.

Y quién eres tú.

¡Me da asco!

Va a hacer una locura.

(LLORA)

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