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Zulu
(Campanadas)
Ya la llevo yo, Pedro.
Te estás equivocando.
Tienes mucha vida por delante.
¿Qué vida? No quiero vivir.
No digas eso.
Vamos a hablarlo, Carmen.
Has tenido 16 años para hablar.
Haberlo hecho antes.
¿Cómo has podido llegar tan lejos, mamá?
¿Cómo hemos llegado a esto?
Dame ánimos.
No seas exagerado, Francisco.
Siempre dices lo mismo y acabas pasándotelo muy bien.
Mira, ahí están mi madre y mi hermana.
Ya tienes con quién hablar. Mujer, ¿con una suegra?
"No puedes pedirle nada más a Sonsoles, mamá".
-Buenas noches. -Buenas noches.
-Y déjame que te diga una cosa,
aunque sé que no te va a gustar.
-Entonces, no me la digas.
-Vives por encima de tus posibilidades.
No necesitas tanto servicio. -No me des sermones.
Y llegó esa alemana, la esposa de un general, acompañando a su marido.
Tenía una audiencia con Franco y tuvimos que entretenerla.
Seguro que se entretuvieron mucho
con vuestra conversación.
No le gustaron las pastas.
Sabía que eras mi cuñada porque hablamos de moda y salió tu nombre.
Al menos, seis veces me han preguntado por mi tifus.
Aunque me haya curado, nunca me voy a librar de él.
-No se puede hablar de nada. Puedes caer en desgracia.
-Ya será menos.
Carmen, me ha gustado mucho tu artículo. Me pareció estupendo.
-Estoy muy contenta en el periódico.
Tengo tiempo para escribir y el sueldo no está mal.
-¿Y tienes tiempo para tu marido?
Si hay necesidad, lo entiendo, pero en tu caso...
-Han vivido en varios países.
Se educaron en un ambiente muy distinto a este.
-¿Y Ana cómo está?
¿Sigue viviendo en Suiza? -Sí, sigue en Suiza.
-Por ahí llega el ministro.
-La marquesa de Llanzol.
Es la mujer del momento.
-Sonsoles, ¿subimos? Sí.
Buenas noches. -Buenas noches.
-Buenas noches.
Caballeros.
Buenas noches. -Señor ministro.
-Caballeros.
-Es Ramón Serrano Súñer, el nuevo ministro de Exteriores.
La ambición hecha hombre.
(HABLAN EN ALEMÁN)
Conoce usted a mi hermano. Sí, ya nos conocemos.
Ministro.
Permita que le presente a mi esposa. Por favor.
-Carmen Polo no lo traga, por muy casado que esté con su hermana.
El caudillo, sí, lo tiene en un pedestal.
¿Y por qué no lo traga?
Porque le quita protagonismo a Franco,
cuando es Franco el que hace y deshace.
-Serrano no la dejó instalarse en el Palacio Real.
Me parece muy bien, no sé qué hace un militar en el palacio del rey.
-¿Cómo te atreves?
Señor ministro, mi esposa, Sonsoles de Icaza.
Marquesa, encantado de conocerla.
La esposa de mi hermano, Pura Huétor.
Es un placer.
Qué alegría conocerle, por fin.
Mi cuñada, Carmen de Icaza.
-Encantada. Encantado.
Y mi suegra, doña Beatriz de León. -Un placer.
Un placer.
-La señora de Franco y yo solemos tomar el té con su esposa.
¿No ha venido con usted? No.
Para mí, esto es trabajo. 2Vengo solo.
Pero puedo olvidar mis obligaciones durante un rato.
Su nueva novela se presenta pronto. Estará usted nerviosa.
-Nerviosa y contenta.
Sería un honor que asistiera a la presentación, señor ministro.
Demostraría que al gobierno le interesa la cultura.
-Ramón.
Disculpen.
Tranquilo.
-Necesito hablar contigo.
Tengo que pedirte un favor. Ahora, no.
Necesito ir a... ¡Mamá! Ahora, no, te he dicho.
Después me lo dices.
(HABLAN EN ALEMÁN)
-Puedes decirles que vas de mi parte.
La verdad es que estoy muy satisfecho.
Lo que más le ofende al Führer
es la muestra de ingratitud por parte de España.
Franco le debe su victoria y no está dispuesto a pagar su deuda.
A Hitler no se le ha negado nada, solo se le ha pedido tiempo.
Tiempo es oxígeno para Inglaterra.
La toma de Gibraltar debe ser inmediata.
Usted es una pieza clave en la toma de decisiones.
Hitler confía en que llevará a España a luchar junto a Alemania.
(HABLA EN ALEMÁN)
Si debo volver a Madrid,
será porque se ha agotado la paciencia del Führer.
Se cobrará la ayuda que les prestó, no le quepa la menor duda.
(HABLA EN ALEMÁN)
Usted no me conoce. Nos han presentado antes.
Pero debería saber
que me gusta tratar a los demás con respeto.
Y espero lo mismo de ellos.
Ah.
Me hablaba usted de la presentación del libro de su hermana.
No pienso seguir hablando de nada hasta que me pida disculpas.
Recuerde que está ante un ministro de Franco.
Y yo le recuerdo que a un ministro se le supone buena educación
y usted ha demostrado no tenerla.
Muy bien.
Le pido disculpas.
Alego en mi defensa que estamos en tiempo de guerra.
En esos casos, la educación pasa a un segundo plano.
¿Me decía que el gobierno qué?
Debería empezar a apoyar la cultura y las artes.
A este paso, no va a quedar un solo intelectual en España.
Una tesis interesante.
Pero resulta que ahí fuera, hay un mundo, señora marquesa.
Y la gente se está muriendo de hambre, literalmente.
El gobierno tiene otras prioridades.
Estoy seguro que usted lo entenderá.
¿Busca a alguna de sus hijas?
-Sí, a Sonsoles.
-Acaba de salir.
Hace un par de minutos.
-Gracias.
Si tanto le gusta el arte, le contaré algo que poca gente sabe.
¿Me va a confiar un secreto, señor ministro?
(RÍE)
El palacio donde hemos instalado el ministerio tiene una colección.
Cuadros que estaban en conventos y en iglesias
y que se han podido rescatar de la guerra.
¿Ha aparecido Sonsoles? -No.
No sé dónde puede estar.
Volvamos a la fiesta.
Si me ha contado esto para darme envidia, lo ha conseguido.
¿Envidia?
Se supone que la vida de la marquesa de Llanzol
es mucho más interesante que la mía.
Más intensa.
Le he contado todo esto para que pueda disfrutarlo usted también.
Conmigo.
Eso no será posible.
No acostumbro a hacer visitas sin mi marido.
La llamaré mañana.
No se moleste, señor ministro.
Le repito que no aceptaré ninguna invitación.
¿Qué tal ha ido?
-Disculpe, ministro.
Buenas noches. Tengo prisa, embajador.
Le atenderé en el ministerio si tiene algún asunto que tratar.
A los alemanes no tiene inconveniente en recibirlos.
Mi agenda no es de la incumbencia del embajador de Inglaterra.
Qué poco conoce usted a los ingleses, ministro.
Nos metemos en todo.
En general, salimos ganando.
Ya lo irá viendo.
Quiero, simplemente, insistirle en el interés,
en la exigencia de Inglaterra de que España permanezca neutral
y recordarle que nuestra generosidad depende de sus decisiones.
¿Dónde te has metido, Sonsoles?
En el tocador, arreglándome.
Como si te hiciera falta.
Quiero presentarte...
¿Dónde se ha metido? Discúlpame un momento.
¿Ahora ya puedes hacerme caso?
Sí.
Dime, mamá, ¿qué quieres?
Tengo que ir a El Escorial, a una boda.
Necesito coche y chófer.
Mamá, yo puedo pasar sin el coche un día,
pero Francisco lo necesita para ir al ministerio.
¿No hay nadie que te pueda llevar? Ni hablar.
Parecería que no disponemos... Mamá.
Tú y yo sabemos por qué me casé.
Por lo que sea, salió bien.
Vivo tranquila y estoy muy feliz con Francisco.
Espero que siga siendo así.
No te vas a llevar por delante lo que he conseguido
poniéndome en compromisos... Mira, Sonsoles.
Quiero presentarte a un viejo amigo de la juventud.
Mi esposa, Sonsoles.
Y su madre, doña Beatriz.
-Encantado. -Encantada.
("Puerta")
¿Marquesa?
Adelante.
-"Gutten morgen, mom". -"Good morning, mum".
Buenos días. -Buenos días.
-Vamos.
¿Está mejor, Olivia? -Mucho mejor.
Era solo un constipado.
(HABLAN EN ALEMÁN)
-Hasta luego.
No cierren, no cierren.
Gracias. Adiós.
-"Goodbye, dad".
-"Auf Wiedersehen".
Que paséis un buen día, hijos.
-"Very good". Que no lo oiga la señora.
Esta manía de hablar inglés y alemán en esta casa
no tiene ni pies ni cabeza.
Tal y como están las cosas,
a lo mejor hablamos todos alemán. Sí.
-Ya viene tu enamorado.
-Qué pesado.
-Olivia.
Hoy coméis con nosotros, ¿verdad?
-(RÍE)
Me voy al ministerio.
Que tengas un buen día.
Igualmente.
¿Te importaría traerme la prensa, por favor?
Claro. Gracias.
¿Desde cuándo te interesan las noticias?
(Teléfono)
(Teléfono)
Residencia de los marqueses...
Cuelgue, ya me ocupo yo.
"Sí".
¿Dígame?
Señora, el marqués me ha dado esto para usted.
Gracias.
¿Recojo la bandeja? Sí.
Señora.
¿No me daría un día esta semana?
Mi padre se ha vuelto a caer.
Ahora, parece que es la cadera.
Vaya.
A estas edades...
Deje que lo mire, a ver cómo me organizo.
Espere.
Tome.
Llévele al médico.
¿Tiene cómo hacérselo llegar?
Si corro, aún pillo a Emilio. Él va al pueblo.
Gracias, señora.
Emilio es el chico que estaba antes abajo, ¿verdad?
Era amigo de su marido.
Era su mejor amigo.
Y mío, de la familia.
Pues yo creo que tiene otros intereses.
Viene mucho por aquí a verla.
Por mis padres, señora, para traer recados.
Qué cosas tiene.
Yo ya no estoy para eso.
¿Por qué no, Matilde? Hace tres años ya que enviudó.
Todo el mundo tiene derecho a ser feliz.
Qué sorpresa, Zita.
Ramón tenía que venir a ver a Paco y me he apuntado.
Está en su despacho.
Desayunáis con nosotros, ¿verdad? Claro.
¿Cómo es que no fuiste ayer a la recepción en el casino?
Estaban las esposas de todos los ministros.
Ramón prefiere que me quede en casa.
Dice que los niños no se tienen para que los críen las niñeras.
Vaya, qué sensible Ramón.
Además, a mí tampoco me van mucho esas cosas, no me apetecen.
¿Por qué lo dices?
Pura Huétor me comento, ya sabes que hablamos a diario.
Sí, le gusta mucho hablar, de eso no cabe duda.
Es una buena amiga.
Y eso es de apreciar.
Aquí arriba, no se puede confiar en nadie.
Desayunaremos.
La historia pone a prueba a España una vez más.
(Puerta)
Excelencia.
Alemania ha ocupado toda Europa.
Su suerte depende de mis decisiones. -Soy consciente, excelencia.
España no está en condiciones de entrar en guerra.
-A eso iba.
No quiero discrepancias entre miembros del gobierno.
Entre militares y falangistas.
Usted sabe a qué y a quién me refiero, general Varela.
Puede retirarse.
-Excelencia.
Los militares están para obedecer, no para opinar.
Llevo trabajando aquí desde las seis. Vamos a desayunar.
Has venido a contarme lo de von Ribbentrop, supongo.
La pelota está en sus manos.
No pedimos tanto: el norte de África y tiempo.
Ya sabes cuál es mi opinión.
El momento de entrar en guerra es ahora.
¿Y de cuánto estás ya? Se te nota bastante.
Siete meses.
¿Y piensas seguir coleccionando hijos?
Es que Ramón...
Bueno, que es muy apasionado, ya me entiendes.
Si hasta estando así, en estado...
Basta ya, tampoco hay por qué contarlo todo.
Ni hacerlo. ¿Ni hacerlo?
Cuando el marido de una...
Ponga dos cubiertos más.
Su excelencia y el ministro desayunarán con nosotras.
Deberíamos tener un gesto con Inglaterra.
¿Has firmado las sentencias de muerte de los republicanos?
¿Qué tiene que ver eso con los ingleses?
No lo hagas.
No tienen delitos de sangre.
Si lo hacemos, el embajador se nos echará encima.
No hay que justificar nada ante los ingleses.
Pues dependemos de ellos.
Ya solo falta que nos bloqueen más envíos de trigo.
Los republicanos ejecutaron a tus hermanos.
Parece mentira que de todos los gestos posibles,
se te ocurra ese, precisamente.
No es plato de buen gusto.
Pero a los enemigos de España hay que aniquilarlos.
No pueden quedar reductos ni brotes que puedan crecer.
-Gracias, Carmen, tú también.
Es bonito ese vestido.
¿Verdad? Ajustado.
Mira.
Ya están aquí.
-Zita.
-¿Desean café? ¿Excelencia?
¿Café, es bueno?
-La achicoria es más sana.
Quería preguntarte.
¿Qué te parece que me adjudique una entrada fija mensual?
No veo por qué se tiene que consultar eso, Paco.
No hay ningún jefe de estado que no tenga un sueldo.
Y ninguno que no lo legisle primero.
-¿Estas tacitas, Carmen,
son las que tenía mamá en Oviedo? No, son un regalo.
Del duque de Alba.
Me gustaron y me las regaló. Es todo un caballero.
Emilio.
-¿Qué haces aquí, ha pasado algo?
-Llévale esto a mis padres. Que llamen al médico.
-De acuerdo.
-Y que compren leche o carne. -De acuerdo.
Cualquiera se queja.
-¿Hoy tampoco hay pan? -No hay trigo.
-Ya solo nos falta que nos metan en otra guerra.
-Emilio.
Si quieres,
no sé,...
Un día me voy contigo al pueblo
y aprovechamos para tomarnos algo en la taberna y divertirnos.
Como antes.
-Como tú quieras.
Por mí, hoy mismo. -No, no.
Hoy, no.
Adiós.
Le estoy muy agradecida a su hermana
por haberme invitado.
Como dice que aprendiste español con sus libros...
(RIENDO) Es verdad.
Gracias.
No te preocupes.
Te firmará alguno.
Lleva esto al ropero.
Yo te espero en la sala. Muy bien.
Que lo disfrute.
Buenos días.
Que lo disfrute. -Gracias.
-Buenos días. -Buenos días.
-Hola.
-Un placer teneros aquí.
¿Cómo estás?
Aquí tiene. -Gracias.
-Hola. -Hola.
-Gracias.
-"¿Y tu hija Ana?".
¿Sigue en Suiza? -Sí.
A su marido le ha sido imposible venir.
Ya sabes que tiene un cargo importante.
-¿Y siguen tan felices?
Ana se casó tan enamorada.
-Sonsoles.
No sé si recuerdas a doña Eugenia Grandes.
Sí, sí, mi madre me habla mucho de usted.
-Disculpad. ¿Puedes venir un momento?
Sí. Disculpad.
Viene el ministro de Exteriores, así, de sopetón.
Y esto está patas arriba. Y encima,
he invitado a un par de amigos... Carmen, no te preocupes.
No se va a fijar.
Habrá venido a que se le relacione con el mundo de la cultura.
¿A quién se le ocurre invitarle?
¿Yo qué iba a saber? -¿Todo va bien?
¿A qué viene todo esto? -Viene Serrano Súñer.
-¿Serrano Súñer?
-Atiéndele tú, Sonsoles. No, Carmen. Carmen.
Un ministro de Exteriores en la presentación de un libro.
Sin avisar, sin protocolo.
A saber qué busca realmente.
Ve adentro, mamá, ya me ocupo yo.
Por favor.
Mm.
Colocaré su abrigo junto al mío. Así lo encontraré seguro.
Mi hermana y yo le agradecemos que se haya decidido a venir.
No contábamos con un gesto así por parte del gobierno.
Usted sabe que no vengo de parte del gobierno.
He venido porque sabía que usted me esperaba.
Deberíamos volver, el acto está a punto de comenzar.
No puedo parar de pensar en usted desde que la conocí.
Me levanto todas las mañanas deseando encontrármela
en algún sitio.
En cualquier lugar.
Me acuesto todas las noches imaginándomela a mi lado.
Me gustaría creer que usted también ha pensado en mí.
Se ha equivocado usted conmigo, ministro.
No vuelva a intentarlo más.
La estaré esperando, marquesa.
Se vuelve a confundir.
No iré.
La dejaré en su abrigo, por si se arrepiente.
¿Qué tal ha ido?
-Muy bien, ¿y a ti?
-No he visto un museo más vacío en toda mi vida.
Lo sacaron todo por la guerra.
Os ha gustado, ¿verdad? -No.
-(RÍE)
No se habrán enterado de nada.
-Buenas tardes. -Son demasiado pequeños.
-¿Te ayudo? -Déjalo, Juan.
-Buenas tardes. -Hola.
-Vamos a ver.
Epa.
-¿Qué es eso, una cita?
-"Don't be ridiculous".
No sé, no es mía, no sé de dónde ha salido.
-¿Con quién has quedado? -¡Ay!
No seas tonta.
-"Let's go".
¿Has visto, Juan? No pierde el tiempo.
(Música)
La falda, con más volumen.
Así innovamos.
-¿En qué tono, señor Balenciaga? Negro.
Es para una misa. -¿Tú?
¿A una misa?
De sociedad.
¿Podrás venir a cenar esta noche o no?
Imposible, tomo el tren a las seis.
¿Vienes a Madrid y ni siquiera te quedas a dormir una noche?
Era solo para firmar la venta de la tienda.
Ya estaba casi cerrada.
Era como un cordón umbilical que me unía a España.
O sea, que no piensas volver.
Pero ¿cómo voy a volver?
¿Quieres que me metan en la cárcel?
Hasta París, ocupada por los nazis...Chist.
Te echo mucho de menos.
Yo también. Mucho.
Muchísimo. Mucho.
¿Pasa algo?
¿Te puedo preguntar quién es?
Aún no.
Ahora, solo quiero oír que no vas a volver a ver a ese hombre.
Es que no puedo dejar de pensar en él.
No se me va de la cabeza.
Intento centrarme en Francisco y en mis hijos.
No creo que te estés centrando en Francisco.
Yo te conozco mejor que nadie, Sonsoles.
Pareces una cosa y, en realidad, eres otra.
Serás incapaz de tener un amante, acabarás enamorándote.
¿Y eso sería malo?
Todo lo que estoy sintiendo lo había leído antes en libros,
lo había visto en películas, pero no sabía que era real.
Tú lo has sentido. ¿Por qué yo no puedo hacerlo?
Optaste por otro tipo de amor.
No sabía que existía este. Te entiendo.
Pero esto no es una película, es España, 1940.
Estas cosas se acaban sabiendo y serás la gran perjudicada.
Si no paras esto, el único título que tendrás será el de adúltera.
Suspendiendo los envíos de trigo acabará con nuestra buena voluntad.
España no está demostrando buena voluntad.
Le repito.
No hay ningún acuerdo con Hitler, España sigue siendo neutral.
No tardamos ni un minuto.
-Espero aquí fuera.
-No, mujer, entra conmigo.
-No quiero entrar ahí, entiéndelo. Estamos en guerra contra Inglaterra.
-Es verdad.
Nunca pienso en que tú y yo somos...
-Enemigas.
-No, tú y yo, no.
Ahora mismo vuelvo.
Vengo a renovar mi inscripción.
Aquí tiene.
-¿Algún familiar combatiente?
-Sí, mi padre.
Si el gobierno de España no firma una declaración
de neutralidad, se suspenderá toda forma de ayuda.
Escúcheme bien.
España no pide limosna.
Es un pago al que tenemos derecho.
Si no fuera por Franco, esto sería la Unión Soviética.
La república bailaba al son de Stalin
y ustedes bailan al son de Hitler.
Son parejas de baile muy poco recomendables.
Créame.
Póngame en conferencia con el gabinete de Churchill.
(Teléfono)
"Hello?".
"Hello".
Sí, Hoare al aparato.
Serrano Súñer no va a firmar nada.
Decidle a Churchill que paso al plan B.
Voy a empezar a contactar con los militares de Franco
para que le convenzan de no entrar en la guerra.
Entendido.
Solo aceptarán si hay dinero de por medio.
Se juegan la vida si el cuñadísimo se entera.
¡Madre mía, vaya cara! Parece que hayas visto un muerto.
No sé cuánto tiempo cree Franco que voy a aguantar este equilibrio.
No puedo dar una de cal y una de arena a cada una de las partes.
Bueno.
Te he traído los titulares de prensa para que les eches un vistazo.
Espero que no sean demasiado directos.
Qué va, de eso se trata, de crear un clima de entusiasmo bélico.
Están perfectos.
Muy bien. -Disculpe, ministro.
Tenemos la lista de los asistentes a la misa de los caídos.
Ay.
¡Niños, papá está en casa!
Manuela, tráelos.
Ven, que tengo una sorpresa.
Mira.
Muy bonito.
Un poco llamativo en tu estado.
No es para la misa de los caídos, claro, pero...
Este año no vas a la misa de los caídos.
Tengo un compromiso en Toledo.
Quiero que me representes.
¿Yo? Sí.
¿Y qué les digo yo a unos empresarios?
Estarán sus esposas. Será una comida.
Te puedes poner el vestido.
-¡Papá! -¡Papá, papá!
¡Eh!
(RÍE)
Vamos a jugar arriba. ¡Sí, vamos a jugar!
-"Residencia Franco".
-Con la señora de Franco, por favor. -"¿De parte de quién?".
-De su hermana. -"Un momento, por favor".
"Hola". Carmen.
"Zita, ¿pasa algo?".
Tienes que aconsejarme.
"Tengo que representar a Ramón en Toledo".
¿Cómo representar?
¿En qué, qué acto es?
"Una comida con unos empresarios
que no he visto en mi vida y sus esposas".
Bueno, aún tienes un par de días.
Nos veremos en el té.
"A la hora de siempre, ¿no?". Sí.
"Sobre las cinco". Sí.
Hasta entonces.
Ramón se está tomando demasiadas libertades.
Tú le consultas todo y él no cuenta contigo para nada.
El mes de noviembre
está dedicado de un modo singular a orar por todos los difuntos.
Porque la fe que tenemos en la vida eterna
nos lleva a orar por los difuntos, rezando a Dios
para que con su infinita misericordia,
borre sus pecados
y les permita gozar de su compañía y su presencia
para toda la eternidad.
Y si ya están en el cielo,
esta oración es eficaz para otras almas que no lo han conseguido.
Se renueva y actualiza con el altar
y según San Gregorio, alcanza ante Dios un gran valor.
-Si Sonsoles se ha tragado una misa,
es porque quiere pedirle algo a tu hermano.
Para ella o para su madre.
Y lo tendrá.
-Pura, por favor.
-Es que le tiene sorbido el seso.
Normal, tan joven y él, con esa edad.
(Órgano)
-¿Tanto te cuesta admitir que se puede haber enamorado?
-Ha visto el cielo abierto.
No tenía ni para pagar el servicio.
Y, además, dicen que... -No.
-Bueno, pues nada.
-Hermanos, la ceremonia...
-Dicen que tu hermano iba por la hermana.
La mediana.
No la escritora.
Pero Sonsoles se metió...
-Basta ya, no quiero más chismes.
-Que dieron su vida por la patria en la cruzada contra el comunismo
y la masonería.
Ellos,
los soldados que dieron su vida por España,
también la dieron por nosotros.
Y nosotros tenemos la obligación de vivir la nuestra
en la senda de Dios y la verdad
para que su sacrificio no haya sido en vano.
"Benedicat vos omnipotens Deus,
in nomine Pater et Filius
et Spiritus Sanctus".
Podéis ir en paz.
(Campana)
Que Dios le bendiga.
General.
General Varela.
-Embajador, es un placer saludarle.
-Este no es el momento,
pero quisiera tener un encuentro con usted.
-¿Hay algún problema?
-En absoluto.
Es simplemente, y le pido que esto quede entre usted y yo,
que quisiera contar con la visión de un militar de su categoría.
-Será un honor.
Por supuesto. -Muchas gracias.
Vámonos ya, Francisco.
Ya sabía yo que no ibas a aguantar esto.
Sí, no sé por qué he venido.
Tonterías que hace una.
Pero habrá que despedirse. Sí.
La estuve esperando.
No estoy acostumbrado.
Me sorprende que piense que hubiera acudido a su cita.
Supongo que forma parte del juego que se haga de rogar.
No, no habrá juego.
¿Entonces, qué hace aquí hoy?
Le recuerdo que soy la marquesa de Llanzol
y que acompaño a mi marido a los actos oficiales.
Y, como usted mismo dijo, ministro,
está muy mal acostumbrado.
Ve cosas donde no las hay.
No le creo una palabra.
El beso que me negó
le está quemando por dentro, igual que a mí.
Marqués.
¿En qué puedo servirle? Serrano se trae algo con el marqués.
En la fiesta, le fue a buscar en cuanto entró.
-El marqués es monárquico.
Lo único que se me ocurre
es que Serrano esté negociando a espaldas de Franco con el rey.
Si pudiera probar eso, sería suficiente para acabar con él.
Pero nunca hemos detectado nada.
Y eso que le tenemos muy vigilado.
-Pues entonces, mejor vigila al marqués.
Tendrá menos cuidado.
En casa del marqués, hay una inglesa.
Una institutriz.
-¿Una institutriz?
Una cosa más.
Me gustaría invitarle a comer al ministerio.
Me reúno con representantes de la nobleza para cambiar impresiones.
Para mí, será un gran honor, señor ministro.
Extiendo la invitación a su esposa. Creo que es amante del arte.
Y el ministerio es un museo.
Se lo agradezco mucho, señor ministro.
Arriba España.
Estoy seguro de que quiere sacarme información sobre el rey.
Pensaba que tendrían métodos más sofisticados para espiar.
Es una ocasión importante de saber...
No sé por qué sigues con ese tema, si el rey no va a volver.
No decía lo mismo Franco hace un par de años.
Ha traicionado a todos los monárquicos.
-Mira, un día de estos vas a tener un buen disgusto
como sigas hablando así de Franco.
Mientras no le digas nada a su mujer, no habrá problema.
Pues claro que no le digo nada.
-Bueno, nosotros nos vamos dando un paseo.
Hasta pronto.
Pura. Francisco.
Sonsoles.
Hasta pronto.
No sé si iré a esa comida, no sé muy bien qué hago allí.
Tendrás que ir, Sonsoles.
No se puede decir que no a un ministro de Franco.
Hoy como en la gran peña. ¿Me dejas de camino?
¿No viene a buscarte Matilde? No.
Se va a ir a su pueblo.
Le he dado dos días. Ah.
(Claxon)
Hola, Emilio.
-Me gustaría mucho que Matilde se enamorara.
Ya ha llorado bastante a su marido.
Pero ese tipo, Emilio, no sé,
no me da buena espina.
(Puerta)
-Ya estamos de vuelta. Puedes preparar la comida.
-Olivia.
¿Por qué no vamos al cine?
Ponen "Alma de Dios".
-No, Juan, no me va bien.
-(SUSPIRA)
Se cae al pozo y le dice Franco:
"Ni rojo ni azul, verde".
-(RÍE)
Yo no sé cómo te sabes tantos chistes.
A mi se me olvidan a los 10 minutos.
-Bueno, por algo era yo contable.
Lo que no he tenido que memorizar. -¿De trabajo, aún nada?
-Nada.
Habiendo luchado en el bando perdedor...
Sin padrinos, sin referencias.
-Da mi nombre.
Di que trabajo en la casa de los marqueses de Llanzol.
Eso da confianza, ¿no?
-Gracias.
-(SUSPIRA)
No lo recordaba así.
-Es que no era así.
-Ya.
Ni nosotros tampoco.
-Pues tú estás más guapa.
-(RÍE)
Emilio.
Llévame al pueblo a ver a mis padres.
-¿Ahora?
Muy tarde, ¿no? Mejor, otro día.
-¿Le diste el dinero?
¿Llamaron al médico?
-Sí, sí, todo bien. No te preocupes.
Semana dura de trabajo.
-No está siendo fácil. No os despistéis.
-Que no nos despistemos, dice.
-Es la primera vez que no le sigues el juego a una mujer.
¿Tienes algo especial por ahí?
¿No me digas que Zita te ha pillado? Qué va.
Es Franco.
En Falange, te culpan de no entrar en la guerra.
Te consideran un traidor.
Es Franco el que se aleja de la Falange.
-Por culpa de sus militares. -Para el ala radical, sois lo mismo.
¿Quién, exactamente?
Tarducci. Era de esperar.
Tengo una comida.
Hay que vigilar la casa de los Llanzol.
Que nos digan quién entra y quién sale.
¿Alguien cercano al servicio?
-¿Vas a espiar al marqués...?
-Su único pecado ha sido casarse con una belleza.
Es monárquico y forma parte del círculo de Alfonso XIII.
Ya sabemos que no comparte nuestros intereses.
-Ya.
La plasticidad de los verdes.
La plasticidad de los colores.
Tiene influencia del Renacimiento italiano.
Este cuadro ha sido modificado, ¿verdad?
Sí, se suelen eliminar cosas que se consideran ofensivas.
Sobre todo, bíblicas.
Estamos muy agradecidos por su invitación, señor ministro.
Para nada, marqués.
¿A usted le gusta el arte?
Soy más hombre de libros.
Aunque en seis años, he aprendido. ¿Seis años?
Sí, los que llevamos casados.
Sonsoles es una muy buena maestra.
Este cuadro...
Este cuadro lo he visto un montón de veces reproducido, pero nunca...
Seis años.
Sería usted una niña, marquesa.
Apenas ha tenido tiempo de vivir.
Del padre al marido.
No tengo padre, ministro.
Murió cuando yo tenía 15 años.
Lo siento.
Lo siento, de verdad.
No encontrará otro hombre que la quiera incondicionalmente.
Eso se fue con él.
Creo que ya he encontrado uno.
¿Quién?
¿Su marido?
Siempre esperará algo de usted.
Siempre exigirá algo a cambio de amarla.
No lo conoce.
No dejará que explore otros mundos.
No dejará que se deje llevar por ninguna pasión.
Todo tiene un precio.
Pero sí, tiene razón.
No he vivido muchas cosas que me hubiera encantado vivir.
No, no, no ha sentido muchas cosas.
Por eso, tiene miedo ahora.
Señor ministro.
¿Todo esto se va a quedar aquí?
De momento. De momento, marqués.
Las iglesias y monasterios no están en condiciones de recibirlos.
Los rojos destruyeron muchas cosas.
Mendoza, por favor. Cómo no, señor ministro.
Marqués.
Tengo entendido que es amante de los relojes antiguos.
Sabe usted mucho de mí.
Por favor.
No es lo que imagina.
Nuestro Madrid es pequeño. Tenemos conocidos en común.
Sabe que la gente habla.
Mendoza, por favor.
Que sepa que en este caso, será usted el que le ilustre.
Seguro que sí.
¿Me acompaña, por favor? Gracias.
Esos relojes son piezas únicas.
Su marido estará feliz.
¿Y a usted qué le hace feliz, ministro?
¿Le ha molestado la pregunta?
No, es que hace mucho tiempo que no me la hacen.
No estoy acostumbrado a que se preocupen por mis gustos.
Yo pensaba que a un hombre tan poderoso como usted
todo el mundo se molestaba en complacerle.
No se equivoca.
Todos quieren complacer al ministro.
Pero nadie piensa en mí.
Tiene razón, tengo miedo.
No deje que el miedo decida por usted.
Es que ya decidí.
Y mi vida depende de esa decisión.
No lo entiende porque es quien es y porque es un hombre.
Un fallo,
una debilidad y usted seguirá aquí, en este palacio,
con el poder que tiene ahora, pero...
yo me quedaré sin nada.
Sin familia, sin mi vida, sin nada.
Y no puedo hacer eso.
No debo.
Me temo que les he hecho esperar. En absoluto, marqués.
Siento mucho no poder dedicarles más tiempo.
El trabajo me reclama. Mendoza, muchas gracias.
De nada. Gracias, señor ministro.
Señor marqués, señora marquesa.
Muchísimas gracias. No tiene importancia.
Calle Villanueva, 13.
Tercero, A.
El viernes, a las cuatro. No tenga miedo.
Pero el marqués es buena persona.
No puede haber hecho nada malo. -No.
No digo que haya hecho nada malo. No ha hecho nada malo.
-¿Me está pidiendo que le espíe?
-Tú sabes que nuestro país está en guerra.
-Claro que lo sé.
-Que las bombas de Hitler están cayendo en las calles,
en las casas de nuestras familias,
de nuestros amigos.
-¿Qué tiene que ver el marqués con todo eso?
-El marqués
puede llevarnos a alguien que apoya a los alemanes.
Alguien que puede darles más fuerza y ayudarles a ganar la guerra.
Es el ministro de Exteriores español.
Ramón Serrano Súñer.
-Estaba en la presentación del libro de la hermana de la marquesa.
-Ya ves lo fácil que es.
Solo observar, eso es.
Tu padre es combatiente, ¿verdad?
-Sí, ¿por qué?
-Podemos asegurarnos de que esté en la retaguardia
cuando llegue el momento.
Donde no corra peligro.
Donde no le puedan matar.
(Timbre)
Qué serio estaba el marqués.
¿Quién era ese señor?
-Te lo digo si me dices con quién tuviste aquella cita.
-Ay, Juan, ¿qué cita?
Esa tarjeta.
Que no era mía, Juan, que no sé de dónde salió.
¿Y aquella cita que me pediste tú?
¿Sigue en pie?
-¿Qué cita? -Olivia.
Ven, han traído chocolate.
-No tengo mucha hambre.
Guarda un poco para luego.
¿Siguen poniendo aquella película?
Ha venido Vegas Latapie.
Pero ¿no estaba en Roma?
Sí.
El rey se muere.
Es cuestión de días.
Tenemos que hacer todo lo posible para que fallezca en España.
¿Y qué podemos hacer nosotros?
No tengo ni idea.
Había pensado en el general Varela.
Tiene voz en El Pardo. Pero no me atrevo.
Uno no sabe lo que piensa la gente.
¿Y Pura? Si es tan amiga de Carmen Polo, igual podría...
Se enteraría todo Madrid antes que el propio caudillo.
¿Y Serrano Súñer?
Lo digo como ahora tenemos más confianza...
Claro, Serrano Súñer.
Pero si voy yo, el asunto puede tomar un cariz oficial
y Franco se sentiría ofendido.
¿Y si fueras tú?
Francisco, yo...
No, no.
Es mejor pedírselo como si fuera un favor personal.
Es un tema demasiado delicado y yo no sabría ni por dónde empezar.
Te infravaloras, Sonsoles.
Ay, hazlo por mí.
Te quiero.
Esa es la habitación de los marqueses.
Como verá, conozco bien la casa por dentro.
¿Me invita a uno de esos?
-De momento, tu trabajo estará fuera.
Controlar las visitas y averiguar quiénes son.
Anda, quédatelo.
-Gracias.
Pues yo creo que nunca voy a tener hijos.
Aunque encuentre marido, que tampoco me apetece mucho.
-No te creo.
-Que sí.
De verdad. -¡Mamá!
-Corre. -¡Mamá!
-¡No!
Hola.
Hola. Buenas tardes.
Vamos.
A la calle Villanueva, Pedro.
Buenas tardes. -Buenas tardes, Juan.
-Olivia. -Juan.
-Sonsoles, quítate el abrigo.
-"Come on, let's go for a snack".
¿Adónde va?
Al tercero, A.
Mm. ¿Cuál es su nombre?
Sonsoles.
Está bien.
El ascensor está al fondo, a la izquierda.
(Timbre)
Pase, por favor.
Pase.
Espere aquí, no tardará.
(Un reloj marca las horas)
Preparados.
¡Mierda! ¿Adónde va?
(Puerta)
(Jadeos)
Mañana por la mañana vendrán para arreglar la caldera.
Ya hemos llamado. ¿La marquesa lo sabe?
No me ha dado tiempo a decírselo antes de que saliera.
¿Por qué no ha acompañado a la señora, dónde está?
Tenía una visita y tenía que organizar la cena.
Paso a recoger las toallas. Bien.
-¿Vas a salir?
-Es que me he olvidado de hacer un recado.
-Íbamos a ir al cine. ¿No puedes dejarlo para mañana?
-No puedo. -Estás muy rara, Olivia.
Estás diferente.
-Qué dices, qué tontería.
-Si te pasa algo, me lo tienes que decir.
-Te lo cuento todo, Hilde.
Me voy, que a lo mejor me da tiempo de ir al cine.
Para, para, para.
Tengo que irme.
¿Cuándo volveré a verte? Ya sabes que pronto.
No podré estar mucho tiempo sin ti.
Sal tú primero.
Yo esperaré unos minutos.
Tenemos que ir con cuidado, Sonsoles. ¿De acuerdo?
(Explosión)
(Explosión)
(Explosión)
¿Qué ha sido eso?
-¡Ha sido una bomba, una bomba!
-¡Un atentado!
Un coche oficial.
¡Ah!
¡Que alguien llame a una ambulancia!
¡Una ambulancia!
¡Apártense!
Apártense.
"¿Es verdad lo del atentado?".
-¿Qué atentado?
-Entre Villanueva y Castelló.
No se lo han dicho al caudillo.
Esperarán dos o tres días.
Se movilizarán los monárquicos. Hay que vigilarlos.
¡Vas a destruir a tu marido, a tus hijos!
Y a ti, ¿no? ¡Cállate!
¡Mamá, mamá, mira! ¿Qué hacen los niños aquí?
Sáquelos ya.
-Tú también tienes ese miedo.
Que le puedan matar.
-Él también puede matar.
Quieto, no te gires. ¡No te gires!
¿Seguro que no dirá nada? -Segurísimo.
"Pues la suerte ya está echada".
No quiero volver a vivir como vivía antes.
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