All language subtitles for Vive.como.quieras.(1938).(Spanish.English.Spanishsub.Englishsub).BDrip.1080p.x264-AC3.by.paradescargarmas

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Original subtitles

- Buenos días, Sr. Kirby. - Buenos días.

- Buenos días, A.P. - Buenos días.

Buenos días.

- Fotos no. - New York Times, Sr. Kirby.

¿Qué opina de las perspectivas empresariales?

La prensa debería saber que el Sr. Kirby no hace declaraciones.

Vamos, vamos.

Recibí su telegrama, Sr. Kirby. Le esperan en su despacho.

Bien.

Hola, A.P.

- Tienes buen aspecto. - ¿Qué tal el viaje?

- Hola, papá. - Por fin en casa.

- Tony, ¿cómo estás? - Bien.

- ¿Y tu madre? - Bien.

Casi mando a buscarte. Te habría gustado la Casa Blanca.

Lástima.

- ¿Cómo sienta ser vicepresidente? - De momento, llevadero.

Sigue hablando como si le estuvieran sacando un diente.

- ¿Qué ha pasado en Washington? - ¿Qué has averiguado?

- ¿Y nuestra posición? - Traedme bicarbonato.

¿Cuál es nuestra posición, A.P.?

No habrá interferencias de los poderes fácticos.

- ¿No? - ¿Estás seguro?

¿Y el senador con la agrupación antimonopolio?

He dicho que no habrá interferencias.

Seguimos adelante como estaba planeado.

Será el mayor monopolio individual del mundo si somos listos.

Sobre todo ahora que Ramsey está preparado.

- Eso es imposible. - La administración no lo toleraría.

- Controlaríamos todo el material bélico. - Exactamente.

Si el mundo se vuelve loco, el negocio son las municiones.

Y Kirby and Company sacará tajada.

Es increíble.

Ninguna guerra sería posible sin nosotros.

Si conozco a Ramsey, nunca permitirá que nadie le absorba.

- ¿De veras? - No.

Eso ya lo veremos cuando le dé una pequeña sorpresa.

Los 12 bloques que rodean las industrias Ramsey son míos.

- ¡Eso es nuevo! - No sabíamos nada al respecto.

¿Cómo va a cumplir sus contratos sin nosotros?

Poneos a trabajar. Cerrad las negociaciones con los demás.

- Yo me ocuparé de Ramsey. - Enseguida.

Tengo una reunión con mi grupo de nitrato esta tarde.

Bien.

10.000 dólares al año en médicos y sigo tomando este brebaje.

- ¿Qué te parece, hijo? - A mí no me preguntes.

Mi sentido del valor es muy disparatado.

Ponme con ese agente inmobiliario de la cara avinagrada. ¿Cómo se llama?

- Blakely. - Sí. Por la línea privada.

- ¿Cómo te encuentras, papá? - Fatal. El estómago.

Eso pensaba.

Estos viajes a Washington me ponen nervioso. Pero ha sido el último.

A partir de ahora, vendrán a mí.

¿Te das cuenta de que no se hará una bala, pistola o cañón en este país sin nosotros?

Papá, no me digas que se te ha olvidado el mercado de los tirachinas.

El Sr. Blakely al teléfono.

Hola, Blakely. Soy A.P. ¿Qué tal?

¿Qué? ¿Qué problema?

Un momento. No empieces a gritarme.

Tengo los 12 bloques, todo...

menos un pequeño solar, y no puedo convencer al hombre de que venda.

Esos 12 bloques son inútiles si no poseo hasta el último rincón.

Me enfrento con una especie de viejo excéntrico.

Su casa no vale más de 25.000 dólares.

Ya le he ofrecido 50.000, pero no da su brazo a torcer.

Si no lo consigues con dinero, hay otros medios.

Eso depende de ti. Recuerda esto:

si no compras los 12 bloques, no tendrás ni un centavo de comisión.

Ese hombre tiene hielo en las venas.

Esa descripción se ajusta sólo a un hombre.

Tengo que conseguir esa finca, Bill.

No puedes obligar a nadie a vender su casa, John.

Tengo que hacerlo. Le haré vender aunque tenga que sacarlo con bombas fétidas.

Escucha, se ha invertido una fortuna en esos 12 bloques.

Detrás está uno de los hombres más poderosos del país, y un viejo tonto...

con esa estúpida casita está entorpeciendo todo el negocio.

- ¿Qué te parece? - Perdona, John, pero me parece estupendo.

¿Qué te dijo cuando le ofreciste 50.000 dólares por su casa?

No estoy seguro, creo que alguien empezó a cantar,

otra persona bailaba y el abuelo Vanderhof se sentó y tocó la armónica.

¿ TOCÓ la armónica?

- ¿Qué son, una pandilla de chiflados? - Fascinantes.

- Es el viejo truco del almendruco. - Lo dudo. No le interesa el dinero.

Ha llegado el Sr. Vanderhof.

- Que pase inmediatamente. - ¿Cómo has conseguido que venga aquí?

No le interesa el dinero, ¿eh?

Srta. Jones, un moMEento. No le haga pasar todavía.

Que espere. Que se ponga impaciente.

Sí, señor.

Sí, señor.

- Será sólo un momento, Sr. Vanderhof. - Gracias.

¿Os podéis creer que ese tipo quería que dividiera entre tres la comisión?

¿Qué hace?

Dios mío. He cometido un error.

La primera vez en 20 años.

Supongo que por eso se desplomará el edificio.

- Coma. - No, gracias. Me quitará el apetito.

¿Para qué hace eso?

Tengo que cuadrar estas cifras para ver si son correctas.

¿Por qué?

¿Por qué? Porque tienen que corresponder con estas cifras.

- Dígame, ¿le gusta lo que hace? - ¿Si me gusta?

- El trabajo que está haciendo. - No, válgame Dios, no.

Cielo santo, ¿qué estoy diciendo?

¿Y por qué lo hace?

Verá, en esta oficina son muy estrictos y yo...

¿No preferiría estar haciendo otra cosa en vez de esto?

¡No!

A mí no me engaña. No creo una palabra de lo que dice.

Vamos, dígame, ¿qué preferiría estar haciendo en vez de esto?

Invento cosas.

- ¿Poesía? - No. Sólo cosas.

Venga, enséñeme alguna.

- Qué monada. - ¿A que sí? Lo he hecho yo.

Si.

Tengo muchas otras ideas similares.

¿Y por qué hace el tonto con esas cifras tan aburridas?

Me parece, señor...

“Poppins.”

Sí, me parece, Sr. Poppins, que eso es lo que debería hacer.

Algún día, me dedicaré sólo a esto. Algún día, cuando llegue el momento.

¿Qué le parecería venir a nuestra casa y dedicarse a sus artilugios?

¿A su casa?

- Bueno, no sé. Se lo agradezco, pero... - Vamos. Le encantaría.

En nuestra casa, todo el mundo hace lo que quiere.

¿En serio?

Debe de ser maravilloso.

- Pero ¿de qué viviría? - De lo mismo que nosotros.

De lo mismo.

Bueno, ¿quién se ocupa de ustedes?

El mismo que se ocupa de los lirios del campo, Sr. Poppins.

Sólo que nosotros jugamos un poco, bailamos un poco y lo pasamos pipa.

Si quiere, venga a casa y conviértase también en un lirio.

¿Un lirio? ¿Yo? ¿Un lirio del campo?

¿Qué es eso?

Una tontería que el Sr. Poppins ha improvisado.

Vaya, Sr. Poppins.

Ethel, ven aquí. Mira esto.

Alice, George, John.

- ¿Lo ha hecho usted? - ¿A que es muy ingenioso?

¡Qué manitas, Sr. Poppins!

¿Dónde está, Srta. Jones?

¿Qué ocurre aquí?

Bienvenido, Sr. Vanderhof. Pase a mi despacho.

- No, gracias, Sr. Blakely. Ya me iba. - ¿Que se iba?

- Hola, Sr. Hughes. - ¿Cómo está?

¿Qué le ha ocurrido? Estaba bien la última vez que le vi.

Una de mis nietas me retó a bajar por la barandilla de la escalera.

- Qué mala suerte. ¿Es grave? - No, un esguince o algo así.

Lo que más me gusta son las muletas.

Desde que era un crío he querido ir con muletas. ¿Usted no?

Oh, sí, debe de ser muy divertido.

Bueno, Sr. Vanderhof, creo que nos entendemos.

Estoy dispuesto a negociar.

Tiene un tic nervioso en el ojo.

Ha trabajado muy duro. Debería tomarse unas vacaciones.

Si no le importa, Sr. Vanderho(, dejémonos de jueguecitos.

Soy un hombre muy ocupado.

Un par de semanas pescando le arreglarán ese tic, Sr. Blakely.

Tengo que ir a la ceremonia de graduación a la universidad.

Mire, aquí tengo un cheque de 100.000 dólares. Si le interesa...

- ¿Ha asistido a alguna últimamente? - No.

Son divertidísimas.

Deberían oír los discursos. Será mejor que me vaya o llegaré tarde.

Cuídese ese tic, Sr. Blakely.

¿Viene, Poppins?

Me gustaría, pero no creo... Será mejor que no.

- Sí, señor. - Es todo culpa suya. Vd. y sus juguetes.

Es...

Espere, por favor.

Poppins, si se marcha no hace falta que vuelva.

Esperen, esperen.

La suerte está echada.

Soy un lirio.

Tenga unas palomitas.

¿Su abuelo ha ido a la ceremonia de graduación, Srta. Essie?

Supongo que sí.

Me pregunto a cuántos tipos traerá hoy a cenar el abuelo.

No lo sé. Depende de si va a pasear al parque.

Bueno, que los traiga. Estaré preparada para ellos.

- Mamá, ¿pruebas un Sueño de Amor por mí? - Ahora no. Estoy ocupada.

¿Tienes que hacer dulces hoy, Essie? Hace mucho calor.

Ed ha salido y ha vuelto con un montón de encargos nuevos.

- ¿Qué te ha parecido? - Sigue así y acabarás abriendo una tienda.

Eso es lo que decía Ed anoche, pero yo dije que no.

No. Quiero ser bailarina.

¿Ya ha terminado el segundo acto, Sra. Sycamore?

No, Cynthia acaba de entrar en el monasterio.

Ahora mismo bajo, Sr. DePinna.

Sólo quiero enseñarle a mi mujer los nuevos petardos.

Penny, podemos hacer muchos antes del cuatro de julio...

y venderlos a 10 centavos la tira. Mira.

Mira, Penny.

Están bien, ¿verdad?

- Sí, Paul. - Los niños los comprarán como churros.

Sr. Sycamore, me temo que tenemos la cámara de pólvora muy cerca del globo.

- Vamos al sótano a probarlo. - ¿Dónde está el abuelo? Preguntémosle a él.

No he hecho nada, pero estoy agotado.

Siempre estás agotado. ¿De qué? Naciste cansado.

Toma, llegas a tiempo para poner la mesa.

No veo por qué tengo que hacer tu trabajo sólo porque estemos prometidos.

- Donald, ¿has estado en algún monasterio? - No, no voy a muchos sitios.

Vivo de la asistencia social.

Hola, mamá.

¿Qué es de tu vida, Donald?

Bueno, he entregado todos los dulces. ¿Y mi encantadora esposa?

¡Oh, Jesús!

Éste es nuevo, Ed. Pruébalo.

- Los he llamado Sueños de Amor. - Eres un hacha.

Escucha esta melodía. La tengo todo el día en la cabeza.

- Ven un momento, Essie. - ¿Qué melodía?

Es preciosa. Creo que va a gustarte. Voy a encender el cacharro éste.

Me gusta, Ed. ¿Es tuya?

No, de Chopin.

Bueno, hay mucho de ti en ella.

¿Qué te ha parecido, Donald?

Deberíais haber estado allí. Todos deberíais haber venido.

- Hola, abuelo. ¿Qué tal tu pie? - ¿Qué tal mi pie? ¿Eso es todo?

¿Una gran clase este año, abuelo?

- ¿Cuántos había? - Por lo menos ocupaban dos acres.

Todo el mundo se ha graduado.

Los discursos han sido mucho más divertidos este año.

Si quiere oír un buen discurso, debería escuchar al Padre Divine.

No te preocupes. Ya lo tendrán allí.

A ver si te suena mejor, Sr. DePinna.

Sr. Poppins, discúlpeme.

Ésta es mi nieta, Essie, y ése es su marido, el Sr. Carmichael.

Hola.

- ¿Cómo está, Sr. Poppins? - ¿Qué tal?

Coja un Sueño de Amor. Están en la mesa.

HOGAR DULCE HOGAR

Y ésta es mi hija, la Sra. Sycamore.

- Te presento al Sr. Poppins, querida. - Encantado.

Siéntese, Sr. Poppins. ¿Ha estado alguna vez en un monasterio?

¿En un monasterio? Bueno, yo...

¿Qué ocurre, Penny? ¿Estás atascada?

Sí, me he metido en un monasterio y no puedo salir.

Ya se te ocurrirá algo. ¿Recuerdas cómo saliste de aquella cárcel?

Oh, eso está muy bien, Ed.

- ¿Alice va a venir a cenar? - No ha dicho nada.

Debería dejar esa tienda de sombreros de señora.

La hacen quedarse hasta muy tarde.

Penny, hace cinco meses que dejó ese trabajo.

¿Ah, sí?

¿No es una lástima? Iba a regalarme un sombrero que me gustaba.

- Ahora trabaja para unos banqueros. - ¿Banqueros? Eso es magnífico.

El profesor de baile de Essie necesita 100 $ para su coche.

¿Alice podría arreglarlo?

Claro, Kirby and Company acaban de prestar a no sé quién 80 millones.

Tengo que hablarlo con Alice.

Como dijo el Sr. DePinna,

la pólvora estaba muy cerca del globo.

- Cómete un Sueño de Amor. - No, gracias.

Sr. Poppins, el Sr. Sycamore, mi yerno.

¿Cómo está?

Estamos probando un nuevo cohete y el Sr. DePinna decía...

Lo sabía. No se puede poner la cámara de pólvora tan cerca.

Sr. Poppins, el Sr. DePinna.

Es un placer.

- El Sr. Poppins se quedará aquí un tiempo. - ¿En serio? ¡Estupendo!

Sólo por un tiempo. Verán...

Eso es lo que pensé yo aquel día hace nueve años, cuando traje el hielo.

¿Hace nueve años?

Usted repartía el hielo.

- El Sr. Poppins hace cosas. - ¿En serio?

¿Hace cosas?

¡Es fantástico!

- ¿Lo ha hecho usted solo? - Sí.

Es increíble.

- Tengo otras ideas. Mejores. - ¿De veras?

- Bajemos al taller. - ¿ Tienen un taller? Es maravilloso.

Sra. Penny...

Sra. Penny...

¿por qué no escribes una obra sobre la "ismomanía"?

- ¿La "ismomanía"? - Sí, claro.

Ya sabes, comunismo, fascismo,

vuduismo, hoy en día, todo el mundo tiene un "ismo".

- Creía que era una irritación o algo así. - Bueno, es igual de contagioso.

Hoy en día, cuando las cosas se tuercen, te sacas un "ismo” de la manga...

y todo arreglado.

Ya lo tengo.

Tal vez ayude a Cynthia tener un "ismo" en el monasterio.

Sí, es posible.

Que sea americanismo. Que aprenda un poco sobre los americanos.

John Paul Jones, Patrick Henry, Samuel Adams.

Washington, Jefferson, Monroe.

Lincoln, Grant, Lee, Edison y Mark Twain.

Cuando a ellos se les ponían las cosas feas, no andaban por ahí buscando "ismos".

Lincoln dijo: "Con malicia hacia nadie, con caridad para todos".

Actualmente dicen: “Piensa como yo O hago que te parta un rayo".

¿Por qué no retoma su obra bélica, Sra. Sycamore?

- Me gustaba más que ésta. - ¿En serio, Rheba? Tal vez lo haga.

Hola. Con la Srta. Alice Sycamore, por favor.

¿Sabes? De vez en cuando tengo una sensación extraña.

Me parece oír un timbre en los oídos.

A mí también. Por un momento he pensado que era el teléfono.

Si.

Y además oigo voces.

Voces que dicen: "Si no la besas de inmediato, eres un idiota".

Sabes, si fuera realmente lista, podría contestar el teléfono sin usar las manos.

Lo vi hacer una vez en un circo.

Bien.

Es magnífico. Serías una sensación en un trapecio.

- Despacho del Sr. Anthony Kirby, hijo. - Con qué arte has dicho eso.

Hola, Rheba.

No, Rheba.

¿Has estado alguna vez en un monasterio?

No, pero una vez me quedé atrapado en una cueva.

- ¿En serio? - Sí.

¿Qué te ocurrió?

Bueno, la cueva se derrumbó, desde entonces no se ha oído hablar de mi.

Sra. Kirby.

Hola, Sr. Hammond. Voy a ver a mi hijo, Tony.

Es un hombre muy ocupado. Dudo que pueda verle.

¿Cenar? Espera un momento, Rheba. Quiere saber si iré a casa a cenar.

- No. - El hombre dice que no, Rheba.

Dile al abuelo que le quiero tanto como siempre,

pero que un joven vicepresidente terrible me tiene en su poder.

Por supuesto que estoy luchando, Rheba.

Te encantaría ver cómo me defiendo, Rheba.

Hola, mamá.

Si me disculpas, creo que voy a charlar un rato con tu padre.

- Ocupado, ¿verdad? - Desde luego.

Adiós, Rheba. Acaba de caerse el techo.

¿Serías tan amable de acercarme la sección de anuncios del periódico?

Lo siento, Alice.

Tiene que refrendar estos cheques, Sr. Kirby.

No me importaría que tonteara con ella en el despacho, pero va en serio.

Será más importante que el acero y la lata juntos.

Anoche me habló de ella durante horas.

Contesta éstas.

- ¿Quién? - Tony.

Me habló durante horas de su secretaria. Me dijo que estaba...

- ¿Sí - El Sr. Ramsey quiere verle.

Estoy muy ocupado.

- Dice que tiene problemas. - No me importa.

Anthony.

Sí, sobre Tony. Hablaré con él. Era Ramsey.

Acaba de descubrir lo que pasa y grita pidiendo ayuda.

- Mientras tanto, ¿qué pasa con esa chica? - No.

¿De qué clase de familia proviene?

- ¿Quién? ¿La secretaria? - Sí. No el acero, la lata, Ramsey, ni...

De acuerdo. No te pongas así.

Es taquígrafa. Los chicos como Tony no se casan con taquígrafas.

- Anthony, tenemos que hacer algo con ella. - De acuerdo, la despediré.

Esto no es un negocio. No puedes solucionarlo todo despidiéndola.

De acuerdo. No la despediré. Diga. ¿Qué?

No. No me refería a usted.

- No te ibas, ¿verdad? - Sí. He pensado que...

Teníamos una cita, ¿no lo recuerdas?

Lo siento. Lo había olvidado.

Sí, deberíamos decidir adónde vamos, ¿no te parece?

No podemos salir del edificio sin tener un sitio adonde ir.

Es una mala idea.

Conozco a dos personas que una vez hicieron eso. Salieron del edificio.

Estaban indecisos, así que caminaron, caminaron y caminaron, hasta morir...

de hambre.

No te gustaría que pasara nada semejante. Porque si eso ocurriera...

Estás preciosa.

A veces estás tan guapa que me quedo sin habla.

Tal vez no seas real. Tal vez seas un fantasma.

Y me quedo esperando a que te desvanezcas.

Será mejor que te quedes sentada aquí un rato.

Los fantasmas no suelen desvanecerse cuando están sentados.

Así. Espera un momento.

Toma.

Cógela.

Vamos a ver.

- Es una imagen preciosa. - Tony, yo...

No, espera un momento. No digas nada.

Verás, fantasma.

Anoche informé a esa dama airada que ha entrado antes en tu despacho...

de que iba a casarme contigo.

No recuerdo que me lo hayas dicho a mí.

Bueno, no me lo has preguntado.

- Es cierto, no lo he hecho. - No, pero ella sí.

Hablé tanto de ti que al final dijo:

"Sólo falta que me digas que vas a casarte con ella".

Y yo dije: "Sí, eso es exactamente".

- ¿Y qué dijo? - Nada.

- Se cayó redonda. - No, encajó el golpe de pie.

Sabes, si rascas un poco la superficie por aquí,

encontrarás una proposición.

Reconozco que no he estado muy acertado.

No puedo evitarlo.

Soy un poco torpe, ¿sabes?

Oh, Tony.

¿Y ellos?

¿Mamá y papá?

¿Has visto cómo me ha mirado? Sé lo que estaba pensando.

Parece que aquí se tiene la impresión de que los Kirby son ogros o algo así.

Si lo son, a mí me da exactamente igual.

Son masilla en mis manos, Alice.

Nunca he querido nada que no haya podido conseguir gritando lo bastante fuerte.

Ha funcionado de perlas desde que era un crío y...

he practicado tanto que soy buenísimo. Ya verás, para que te hagas una idea.

Oh, Tony.

Un pequeño detalle que he olvidado mencionar.

Te quiero, Alice.

- Hola, abuelo. - Hola, abuelo.

Sí, tengo Sueños de Amor de Essie.

Ahí está. El hombre de las muletas. Tienen que buscar algo contra él.

¿Qué quiere que hagamos?

Me da lo mismo, consigan que venda esa casa.

- Hola, abuelo. ¿Qué tal el pie? - Hola, Mac. Bien, gracias.

¿Sobre qué es la reunión en la panadería de Jensen?

Están alborotados porque igual tienen que mudarse.

- ¿Mudarse? - Sí, eso es lo que he oído.

Creo que ahora vienen a hablar contigo.

¿Te has enterado, abuelo? Igual tenemos que mudarnos.

¿Quién ha dicho eso?

Todo el mundo lo comenta. Alguien está comprándolo todo.

Intentan comprarlo para una fábrica.

Mi casero me dijo que le ofrecieron mucho dinero.

Nadie quiere mudarse. Ya lo sabes.

- Emil ha puesto estanterías nuevas. 60 $. - Llevo aquí 20 años.

- Creo que deberíamos consultar a alguien. - Un momento. No os pongáis nerviosos.

Hace mucho tiempo que somos vecinos. Lo sé.

Pero si están comprando estos inmuebles para una fábrica,

necesitarán hasta el último ápice de tierra, ¿no?

Supongo que sí.

Bien, supongamos que no vendo mi casa. ¿Qué van a hacer?

- Exacto, eres propietario de tu casa. - Claro.

También la necesitarán.

Ya lo creo, y necesitarán algo más que dinero para hacerme vender mi casa.

Así que venga, a trabajar, y dejad de taponar la calle o van a detenernos a todos.

Este año necesitamos más anuncios. No tenemos nada muy impresionante.

Sr. Sycamore, si me permite sugerir algo, ¿por qué no la "Revolución rusa"?

Allí hay muchos fuegos artificiales.

La "Revolución rusa", choque de colores, los rojos y blancos.

Has dado en el clavo.

No lo entiendo.

¿Una carta para mí? Debe de ser un error.

Tenía tu nombre escrito.

¿Dónde está?

- No lo sé. ¿La carta del abuelo? - ¿Qué, querida?

¿Dónde está la carta que recibió el abuelo la semana pasada?

¿La semana pasada?

No lo sé. Recuerdo que vi a los gatitos con ella.

- ¿De quién era? ¿Te fijaste? - Del gobierno de EE. UU.

¿En serio? Me pregunto qué querrán.

Llegó otra antes de la misma gente.

¿Para qué me escribirán?

Creo que podría poner su imprenta al servicio de algo práctico.

Un momento.

Tengo otra idea.

- No ha hecho demasiado ruido, ¿no? - Podemos hacer más ruido.

¿Qué idea es ésa, Sr. Poppins?

- Bueno, ¿puedo decirla? - Sí.

Vuelve a trabajar, Jim. A trabajar.

¿Y si Ed imprimiera algo sobre los fuegos y lo pusiera en las cajas de caramelos?

Eso anunciaría la Revolución, ¿no es así?

Como: "Esperad la Revolución. No tardará en llegar". ¿Qué tal?

"Esperad la Revolución. No tardará". Puedo usar caracteres grandes.

Tenemos muchas Banderas Rojas. Puedes escribir sobre esos fuegos.

La Bandera Roja recorrerá el país. "Consigue tu Bandera Roja de Sycamore".

Ed ha tocado una canción preciosa de Chopin.

Hola, Srta. Alice. ¿Algún herido al caerse el techo?

Los tenedores a la izquierda A la izquierda, Rheba

"Consigue tu Bandera Roja de Sycamore". ¿Qué tal suena, Alice?

Acercaos todos. El pregonero.

- El pregonero. - ¿Qué ocurre?

Venid todos.

¿Dónde está el abuelo? Tengo algo que anunciar.

- ¿Qué sucede? - Un joven va a venir a buscarme.

¿Eso es todo, Alice?

- Tal vez sea un caballero especial. - Puedes ponerte en las primeras filas.

¿Qué tiene de especial? ¿ Tiene cuernos o algo así?

- Igual es apuesto, como Ed. - Me pondré una corbata.

- ¿Dónde le conociste? - Pondré otro cubierto.

No. Mamá, vamos a salir. Será mejor que os conozca poco a poco.

Y mamá, por favor, no le leas ninguna de tus obras la primera vez que venga,

porque me gusta.

Essie, yo en tu lugar no bailaría para él,

porque después vamos a ir a ver el Ballet de Montecarlo.

- ¿Alguien sabe qué hora es? - Eran las cinco hace unas dos horas, ¿no?

Oh, da lo mismo.

- ¿Dónde está el abuelo? - Arriba.

A propósito, el joven se llama Tony Kirby. Avisadme en cuanto llegue.

¿ Tony Kirby? Es el hijo del jefe.

¿De veras?

Sí, y me dijo que le han nombrado vicepresidente.

¿No es maravilloso?

Podríamos celebrar la boda aquí, en esta habitación.

Espera un momento, Penny.

- Es la primera vez que viene a buscarla. - TÚ sólo viniste a buscarme una vez.

- Sí, pero los jóvenes de hoy son diferentes. - No lo sé. Míranos a Ed y a mí.

Vino a cenar una vez y se quedó.

Así es.

El equipo de fútbol de Alabama se habría quedado...

si tuvierais 10 Essies más. ¿Qué me dices, Essie?

Se ha armado un buen jaleo porque un joven te invita a cenar fuera.

¿Qué tiene eso de especial?

- Una proposición es especial. - ¡Una proposición!

Eso es algo muy diferente.

Muévete un poco y hazme sitio.

Deja ese paquete en paz.

Y vayamos al grano.

Enamorada, ¿eh?

Bueno, yo...

Qué "bueno, yo" ni que ocho cuartos.

O lo estás o no lo estás.

Déjame mirarte a los ojos.

Sí, por supuesto.

Vamos, cuéntamelo todo.

¿Qué clase de muchacho es? ¿Os divertís juntos?

Ésa no es contestación a ninguna pregunta.

¿Es simpático?

- Ni siquiera puedes hablar de él, ¿verdad? - Racionalmente, no.

¿Quién te pide que seas racional?

Escucha...

cuando cortejaba a tu abuela, me costó dos años proponerle matrimonio.

¿Sabes por qué?

En cuanto entraba en una habitación, me temblaban las rodillas.

Se me subía la sangre a la cabeza y las paredes empezaban a bailar.

- Dos veces me desplomé lo largo que soy. - ¡Vamos, abuelo!

Sí, al final ella me lo sonsacó cuando estaba en la cama con 40 de fiebre,

y completamente histérico.

En cuanto aceptó, me bajó la fiebre a temperatura normal y salté de la cama.

El caso se describió en las revistas médicas como el fenómeno de todos los tiempos.

No tenía nada de fenomenal. Estaba coladito por ella, eso es todo.

Y nunca se me pasó.

Hasta el último momento, ella no podía entrar en una habitación...

sin que el corazón me hiciera pum, pum.

Oh, querido.

Ojalá la hubiera conocido.

¿Cómo era?

Mira ahí.

Y ésta era su habitación.

¿Alguna vez has notado la fragancia peculiar que hay aquí?

Sí, pero nunca he sabido qué era.

Es su fragancia. Nunca ha salido de aquí. Ni ella tampoco.

Aún puedo oír el tintineo de su delicada vocecilla...

y veo cómo se ríen sus ojos.

Por eso he vivido tantos años en esta casa y nunca he podido mudarme.

Sería como abandonar a la abuela.

Sigue con ese paquete infernal.

Espera un poco.

Es para ti.

- ¿Para mí? - Sí.

¡Dios me ampare! Es una armónica nueva.

- Es por tu cumpleaños. - ¿Mi cumpleaños?

¿Cómo sabes cuándo es mi cumpleaños? No lo sé ni yo.

Cuando siento el impulso de comprarte un regalo, es tu cumpleaños.

Bueno, pues gracias, cariño.

Abuelo.

Abuelo, espero que te caiga bien.

Cualquiera de quien te enamores me parecerá bien, Alice.

- Ya lo sabes. - Gracias, abuelo.

Por cierto, ¿cómo se llama?

Tony Kirby.

- ¿No será el hijo del famoso Kirby? - Sí.

Son un poco estirados, ¿no?

Sí, pero no pasa nada. Tony ya se lo ha contado a su madre.

No importa, soy muy feliz. No puedo pensar en nada más.

TÚ disfruta de tu felicidad.

Creo que voy a bajar a probar esto.

¿Dónde estará el novio de Alice?

- ¿Eso no ha sido el timbre? - Suena el timbre.

- Que alguien abra la puerta. - ¿Voy yo?

Tranquilos. Ya voy yo.

Ya abro yo. Déjalo, Rheba. Voy yo.

Abuelo, aquí está. El joven de Alice.

Recordad lo que ha dicho. Sed amables con él.

Es la primera vez que suena ese timbre desde Halloween.

La pipa, la pipa.

- Bienvenido a nuestra modesta casa. - ¿Qué tal?

Soy la madre de Alice. Pase. Todo el mundo se muere por conocerle.

Aquí estamos.

El abuelo, el padre de Alice, la hermana de Alice y su marido, Ed Carmichael.

- Póngase cómodo. - Me temo que está en un error.

- ¿Y eso? - Mi tarjeta.

"Wilbur G. Henderson. Dirección General de Hacienda".

Por el amor de Dios.

- Busco a Martin Vanderhof. - Soy yo, señor.

Discúlpeme, tengo trabajo.

- ¿Le importa que me siente? - Siéntese, señor.

Sr. Vanderhof, el gobierno quiere hablar con Vd. sobre un asunto de impuestos.

¿Impuestos?

- ¿Es el Sr. Kirby, mamá? - No, querida, es de no sé qué dirección.

Disculpe.

Sr. Vanderhof, hemos escrito varias cartas, pero no hemos recibido respuesta.

De eso trataban esas cartas. ¿Has oído, Penny?

- Éstos son los tipos que me han escrito. - No he sido yo, Sr. Vanderhof.

Verá, la Dirección General de Hacienda...

- Debe de ser él. - Ha vuelto a sonar el timbre.

- He oído el timbre. - Ya voy.

¿Abro yo?

La pipa, la pipa.

¿Cómo está, Sr. Kirby? Pase.

- Gracias. - Le estábamos esperando.

- Es el Sr. Kirby, ¿verdad? - Oh, sí.

Gracias a Dios. Aquí está. Éste sí que es el Sr. Kirby.

El padre de Alice, y su abuelo, su hermana Essie, y el marido de Essie.

- ¿Quiere sentarse, Sr. Kirby? - Sí.

- Mamá, ¿es el Sr. Kirby? - Sí, querida. Es encantador.

Ahora mismo bajo.

- Enseguida baja. - Muchas gracias.

- ¿Juega al fútbol americano? - Un poco, sí.

Es muy joven para ser vicepresidente.

Sabe lo que significa, vicepresidente. Sólo tengo un despacho con mi nombre.

¿Eso es todo?

Y una secretaria. Una secretaria encantadora, también.

¿No es un encanto, Ed?

¿Y el sueldo? ¿No tiene un sueldo?

Un poco. Más de lo que me merezco, me temo.

Perdóneme.

Supongo que ya está preparado para sentar la cabeza y casarse.

Vamos, Penny. El Sr. Kirby sabe lo que tiene que hacer.

No debes meterle prisas, mamá.

Sólo digo que tendrá que casarse, suponed que se lo queda la chica equivocada.

Sr. Vanderhof, tengo que irme.

Vaya, qué lastima. Siento que no pueda quedarse a cenar.

Vuelva otro día.

Si no le importa, antes me gustaría arreglar este asunto.

Vende algo para el gobierno.

¿Qué puedo hacer por usted?

Sr. Vanderhof, nuestros archivos muestran...

que nunca ha pagado impuestos.

Exacto.

- ¿Por qué no? - No creo en ello.

¿No cree en ello?

Sr. Sycamore, no consigo que estas cosas despeguen. Mire.

- Ahora no, Sr. DePinna. - No. Ahora no. El abuelo está ocupado.

- Sr. Kirby, el Sr. DePinna. - Encantado.

Por supuesto. ¿No he leído algo sobre su padre?

Le acusaron de algo, ¿no?

No, sólo atestiguó ante la Comisión de Seguridad.

- Creí que la policía le detuvo. - No.

- Vamos, Sr. DePinna. Vamos. - Verá, Sr. Vanderhof.

Lo crea o no, le debe al gobierno 22 años de impuestos atrasados.

Espere un momento. Son muchos años atrás. Eso es ilegal, ¿no?

- ¿Cómo se llama? - ¿Qué más le da?

- ¿Ha presentado alguna declaración? - No, señor.

- ¿Qué ingresos tuvo el año pasado? - No lo sé, 85 dólares, ¿no?

No lo sé.

Sr. Vanderhof, no haber presentado ninguna declaración de renta es grave.

Suponga que le pago ese dinero.

Ojo, no digo que vaya a hacerlo, pero para que podamos seguir hablando,

¿qué hará el gobierno con él?

- ¿Qué quiere decir? - ¿Qué obtengo por mi dinero?

Por ejemplo, si voy a unos grandes almacenes y compro algo,

ahí está. Lo veo.

Pero ¿qué van a darme a mí?

El gobierno se lo da todo. Le protege.

¿De qué?

De la invasión. ¿Cómo cree que mantiene el gobierno el ejército y la armada...

- con todos esos acorazados? - ¿Acorazados?

La última vez que usamos acorazados fue en la guerra hispano- americana,

¿y qué conseguimos con ella? Cuba. Y la devolvimos.

Oiga, no me importaría pagar por algo sensato.

¡Algo sensato! ¿Qué me dice del Congreso, el Tribunal Supremo y el presidente?

- Tenemos que pagarlos, ¿no? - Con mi dinero, no. No, señor.

Espere un momento. No he venido aquí a discutir con usted.

Hola a todos.

- Hola, Tony. - Hola, Alice.

- ¿Os habéis presentado todos? - Desde luego.

Hemos tenido una charla muy agradable sobre amor y matrimonio.

Lo siento. He intentado darme prisa.

Verá, Sr. Vanderhof.

Sólo sé que no ha pagado impuestos y tiene que pagarlos.

- ¿Cómo ha dicho? - He dicho que tiene que pagarlos.

Y usted tiene que mostrármelo.

No tengo que mostrarle nada. Se lo acabo de decir.

¿Quién va a pagar todos esos edificios en Washington y el comercio interestatal?

¿Y la Constitución?

La Constitución se pagó hace años.

Y en cuanto al comercio interestatal... ¿Qué es el comercio interestatal, por cierto?

Hay 48 estados, ¿no?

Y si no fuera por el comercio interestatal...

no podría pasar nada de un estado a otro, ¿entiende?

¿Por qué no? ¿Tienen vallas?

No, no tienen vallas. Tienen leyes.

¡Santo cielo! Nunca me había encontrado con nada semejante.

Igual pago unos 75 dólares,

pero no vale ni un centavo más.

Pagará hasta el último centavo, como todo el mundo. Escúcheme.

Si no paga, irá a la cárcel. Es la ley.

Si cree que es superior a la ley, se equivoca completamente.

Es igual que cualquiera,

y cuanto antes se lo meta en la cabeza, mejor que mejor.

¡Cielo santo!

Mi padre hace fuegos artificiales en el sótano.

- ¿Qué tal ha sonado? - Bastante bien.

Gracias.

Será mejor que nos vayamos, Tony.

- Estaba muy enfadado, ¿verdad? - Ya lo creo.

Eso podría meterle en muchos problemas, Sr. Vanderhof.

No, a mí no. Sólo me estaba divirtiendo.

No le debo ni un centavo al gobierno.

- Nos vamos. Buenas noches a todos. - Buenas noches.

- Hola a todos. - Hola, Kolenkhov.

Sabes, nunca te había visto tan espléndida.

Gracias. Sr. Kirby, el Sr. Kolenkhov, el profesor de baile de Essie.

- No le conozco, pero es muy afortunado. - Gracias.

- Hoy he practicado, Sr. Kolenkhov. - Mi Paviova.

- Abuelo, llego a tiempo para cenar, ¿no? - Sí, llega a tiempo para cenar.

Adiós, Sr. Kolenkhov. Vamos a ver el Ballet de Montecarlo.

¿El Ballet de Montecarlo?

Es horroroso.

Buenas noches a todos.

- Buenas noches. - Buenas noches.

¡El Ballet de Montecarlo!

La cena está lista.

Mi pequeña Rheba, ¿qué haría yo sin mi ángel?

Sólo tres camisas. Tus hermosas manos tienen que lavarlas...

y ¿les coserías dos botones?

¡El Ballet de Montecarlo! ¡Sergei Diaghilev! Eso es ballet.

Silencio, por favor.

Silencio.

Bueno, señor. Aquí estamos de nuevo.

Nos ha ido bastante bien durante un tiempo y te estamos muy agradecidos por ello.

Parece ser que Alice se va a casar y creo que será muy feliz,

porque acabamos de conocer al chico que le has enviado y tiene buen aspecto.

Recuerda que lo único que pedimos es seguir como hasta ahora y tener salud,

en cuanto a lo demás, lo dejamos a tu libre albedrío.

Gracias.

Sr. Kolenkhov, ¿me ha traído algún sello ruso?

No. Nadie me escribe. Están todos muertos.

Estaba pensando en tu familia.

Vivir con ellos debe de ser como vivir en un mundo ideado por Walt Disney.

Todo el mundo hace lo que le apetece, ¿no?

Sí, empezó el abuelo. Un buen día dejó el trabajo.

Empezó a subir en el ascensor, volvió a bajar y nunca más regresó.

Podría haber sido un hombre rico, pero dijo que no se divertía.

Es maravilloso.

Entonces empezó a coleccionar sellos, porque es lo que más le gustaba.

¿Sabes? Le pagan sólo por valorar colecciones.

- Es un experto. - Es maravilloso.

Mi padre hace fuegos artificiales, porque nunca dejó de ser un niño, supongo.

Y mamá... ¿Sabes por qué mamá escribe obras?

Le gusta la literatura y los buenos libros.

No, porque hace ocho años entregaron una máquina de escribir en casa por error.

Si llega a ser un arado, habría empezado a labrar la tierra, ¿no?

De eso estoy segura, le habría gustado.

Es sólo por seguir la conversación, pero ¿no íbamos al ballet?

Sí. Bueno, veamos.

Sí, la segunda butaca hacia allí, señorita.

Puedo hablar y escuchar o sólo quedarme sentada.

- ¿Qué prefieres? - Bueno, creo que primero quiero esto.

- Sr. Malhumorado, ¿en qué piensas? - ¿Yo?

Esa familia tuya. Me ha dejado impresionado.

No lo sé.

Parece como si, a su manera, hubieran encontrado lo que todo el mundo busca.

La gente se pasa la vida construyendo castillos en el aire...

y después no sale nada de ahí. Me pregunto por qué.

Hace falta valor.

A todo el mundo le da miedo vivir.

Deberías oír al abuelo hablar de ese tema. ¿Sabes?, dice...

que a la gente hoy en día le carcome el miedo a lo que come,

a lo que bebe, a su trabajo, a su futuro, a su salud.

Les da miedo ahorrar dinero y les da miedo gastarlo.

¿Sabes cuál es su fobia?

La gente que comercializa con el miedo, que te asusta para venderte algo...

- que no necesitas. - Sí, estoy de acuerdo con él.

Así que nos enseñó a todos a no tener miedo de nada...

y a hacer lo que nos apeteciera, Y, bueno, en cualquier caso, es divertido.

Sí, es verdad, pero hace falta valor.

Sobre todo lo de "haz lo que te apetezca".

Recuerdo que en la universidad otro tipo y yo tuvimos una idea.

- ¿ Te molesta que hable de mí? - Si no lo haces, lo haré yo.

Ese tipo y yo tuvimos una idea.

Queríamos averiguar...

qué hacía que la hierba creciera verde.

Suena tonto, pero hoy en día es el mayor problema de investigación del mundo.

Te diré por qué.

Porque hay un motor diminuto en el verde...

de esa hierba y en el verde de los árboles que tiene el don misterioso...

de ser capaz de tomar energía de los rayos solares y almacenarla.

Así se almacenan el calor y la energía en el carbón, el petróleo y la madera.

Pensamos que si podíamos encontrar el secreto...

de todos esos millones de pequeños motores...

en lo verde, podríamos construir otros mayores y tomar toda la energía...

que necesitáramos directamente de los rayos solares. ¿Entiendes?

- Es maravilloso. No lo sabía. - Síí.

Trabajamos mucho tiempo en ello,

día y noche. Nos entusiasmamos tanto que nos olvidamos de dormir.

Si hacíamos un pequeño hallazgo,

estábamos flotando durante días.

Sí, ¿y entonces qué?

Entonces acabamos la universidad...

y ahora él vende automóviles...

y yo me dedico a una cosa muy extraña llamada banca.

Le vi hace un par de semanas.

Pobre tipo. Se llama Bob Smith.

Volvió a entusiasmarse, sólo quería hablar de eso.

¿Y?

Está casado y Su mujer acaba de tener un niño.

No le pareció correcto jugarse el futuro.

Da lo mismo, es su excusa para carecer de valor.

No digas nada. ¿Cuál es mi excusa?

Los Kirby han sido banqueros durante 9.000 años...

y no se puede romper la tradición.

Me han machacado la cabeza con eso hasta reblandecerme el cerebro.

Ésa es mi excusa.

Tony, eso es una tontería, eres muy joven para...

Además, me molesta lo que has dicho de tu cerebro. A mí me parece precioso.

¿En serio?

No me digas.

Seguro que fue lo primero que viste en mí, te gustó mi cerebro descomunal.

No, fue la parte de atrás de tu cabeza.

- ¿Mi cabeza? - Sí.

- Aquí sólo hay un bulto. - Su forma.

¿Qué ocurrió cuando me di la vuelta?

Pensé que tendría que acostumbrarme a eso.

¿Pensaste?

Pensé que no me costaría mucho tiempo, pero pensé que sólo...

- Pensaste que te acostumbrarías. - Sí.

- Me alegra que pensaras eso. - Sí.

¿Qué me dice, señor? ¿Quiere aprender a bailar la Gran Manzana?

- Eso va contra la ley, ¿sabéis? - Y pegarse el lote.

- ¿Cuánto cuesta? - Diez centavos.

No me enseñaríais por cinco, ¿verdad?

CHIFLADOS

APENDRER LA GRAN MANZANA 10 CENTAVOS

Entendido.

- ¿Sabes bailar la Gran Manzana? - No. ¿Y tú?

No.

Muy bien. Me arriesgaré. Aquí tienes. ¿Qué hacemos?

Mírenlos. Es pan comido.

Muy bien, Red. Tú y Snoopy. Hacedio bien. Ya podéis empezar.

Mírenios.

¡Oh, sí!

Muy bien. Dorothy, baila con el hombre.

- Vamos, menéate. - ¿Que me menee?

El dedo hacia fuera.

- ¿Qué dedo? - Ése.

¡Vamos, menéate!

Si no te contoneas, no está bien.

Muy bien. Menéate.

- Fantástico. - Fenomenal.

El ganador.

- Vamos. - Con cuidado, Alice.

¿Preparada?

- ¿ Todos preparados? - Sí.

Arrastra los pies y da media vuelta.

Cambio, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, paso.

Vamos, chica, relájate. Estás muy tiesa.

Sí, Alice. Relájate. Eso es.

Muy bien. La nueva campeona.

Muy bien. Cada oveja con su pareja.

¿Qué fue de Astaire y Rogers?

Diantre, la poli.

¡Qué chic!

Buenas noches, Sr. Kirby. Buenas noches.

Parece que estamos llamando la atención.

Oh, no. No les miran a ustedes, sino a Lord Melville.

- ¿A Lord Melville? - Sí.

- ¿Dónde está? - En su mesa, con su padre.

Tony, no me pidas que vaya allí porque no pienso ir.

No, Alice. Todo irá bien.

Quiero que conozcas a un aristócrata de cuatro estrellas. Vamos.

Buenas noches.

- Hola, mamá. - Hola, Tony.

No, por favor.

Siéntense, por favor.

Mi hijo Tony y la Srta...

- Alice Sycamore. - Sycamore, por supuesto.

Nunca me acuerdo de los nombres. Lord y Lady Melville.

- ¿Cómo está? - Encantado, señor.

El gobernador Leach y la Sra. Leach.

Es un placer.

Bonito grupo.

- Un par de sillas, por favor. - No, una mesa para dos.

- Sí, señor. - Una mesa para dos.

- ¿Qué tiene ahí, señor? ¿Un nuevo juego? - Oh, no.

Sólo miraba hasta dónde se remonta mi árbol genealógico.

Tu madre estaba interesada.

Creía que eso del árbol genealógico había desaparecido con el bisonte.

Qué absurdo, Tony.

EE. UU. es cada vez más consciente de sus orígenes.

El año pasado me costó 5.000 dólares reconstruir mi árbol genealógico.

Y usted, Srta. Sycamore, ¿tiene árbol genealógico?

- ¿Yo? - Sí.

Mi estimado señor, ¿no sabe que el sicomoro es un árbol?

Sin comentarios.

Buenas noches.

Buenas noches.

Buenas noches.

Vaya, me van a hacer muchas preguntas sobre mi familia y su árbol.

- Lo veo venir. - Bien, conozco todas las respuestas.

Si somos sinceros ahora, nos ahorraremos muchas situaciones violentas.

Tony, quiero que les invites a mi casa.

¿Así que en eso estabas pensando?

Así tendrán la oportunidad de conocerlos a todos y sabrán cómo somos.

Muy bien, creo que puedo arreglarlo.

Veamos, puedo poner a cada miembro de tu familia en una jaula separada...

y después ponerles etiquetas, y los Kirby podrán caminar entre ellas así.

¿Crees que voy a exhibiros como en un circo?

- No me importa. - A mí sí. No pienso molestarme.

Tenemos que hacerlo.

Para ellos siempre seré una simple taquígrafa que...

- Mira a tu madre. No deja de mirarme. - ¿Quién no te miraría?

Tony, prométeme que lo harás.

¿Sabes? Cuando pienso en lo afortunado que soy, me dan ganas de gritar.

Tony, por favor, prométeme que les invitarás.

- Siento que viene un grito. - Habrá que afrontarlo tarde o temprano.

Empieza en los dedos de los pies. Es como un hormigueo.

- Diles que vengan el miércoles. - Sube por las rodillas.

Asciende por las piernas. Va cada vez más deprisa.

- No irás a gritar de verdad. - Está en el estómago. Me tiene atrapado.

No con tu madre aquí.

- Sigue subiendo. Está en todo mi cuerpo. - Por favor, no lo hagas.

Está en la garganta. Lucha por salir.

No puedo aguantarlo más. Allá va.

¡No!

¿Qué ha ocurrido?

- Acaba de pasar un ratón por aquí. - ¿Un ratón en este lugar?

- Una rata peluda así de grande. - ¿Una rata peluda?

Eran unas seis. ¿Eran seis o siete?

- ¿Dónde? - ¿Dónde?

Justo debajo de esa mesa.

¡Allá van!

CHIFLADOS

Sr. Kirby, lo siento muchísimo, muchísimo.

No pasa nada, Henri. Cómprese unas ratoneras.

Gracias.

¿Estás listo, Anthony?

¿De verdad quieres llevarme de visita por una barriada?

Cuanto más nos opongamos, más se resistirá. Es la única solución.

Al menos finge que estamos dispuestos a ser razonables.

Será de una familia insignificante de clase media.

En cuanto Tony nos vea a todos juntos, comprenderá lo imposible de la situación.

Sí. Eso, supongo, es lo que se llama ser sutil.

Si.

Ven aquí un momento, Donald.

Donald, mira a ver si ves un hombre de pie al otro lado de la calle.

¿Qué te preocupa tanto?

Un hombre me ha seguido estos últimos días cuando entregaba los caramelos.

Tal vez quiera uno.

¿Qué ocurre, Alice? ¿Tienes envidia?

- ¿ También quieres romperte una pierna? - Tengo que hacerlo sin agarrarme.

Dame un hoja de papel.

Deberíamos hacer una lista para Rheba para mañana por la noche.

Mañana déjale la cocina a Rheba todo el día, ¿vale?

- La necesitará. - Sí, Alice.

Por eso hago mis Sueños de Amor ahora.

Gracias. Mamá, mañana, antes de que lleguen los Kirby,

hay que bajarlo todo al sótano, la máquina de escribir, los gatos, el vibráfono...

Los Kirby se van a llevar una impresión equivocada de esta casa.

Será mejor que tomemos los cócteles a las 7.

No sé si debería dejar a Rheba hacer la cena.

Deja de preocuparte, Alice.

Por lo que he visto del muchacho, los Kirby deben de ser muy amables,

y si las cosas no están impecables mañana por la noche, bueno, tampoco pasa nada.

No intento impresionaries ni fingir que somos lo que no somos.

Haremos todo lo posible para que sea una velada agradable.

- ¿De veras, mamá? - Por supuesto, cariño.

- ¿Sabe Richard adónde ir? - Sí, se lo he dicho, papá.

¿Por qué esta noche? Tengo cosas más importantes que hacer.

No quería molestaros, pero Alice quería que conocierais a su familia.

¿Lo ves, Anthony? Quizá sea muy agradable, después de todo.

Vaya, mamá, estás entrando en razón.

Sólo Dios sabe qué nos darán de comer. Tengo el estónago muy delicado.

¿ Tenemos que ir a cenar?

- Seguro que tienen verduras. - Estarán crudas. Debo comerlas cocidas.

Sra. Sycamore, mira lo que he encontrado.

Oh, el cuadro que te pinté de lanzador de disco.

- Mira, abuelo. - ¿ Te acuerdas? Fue hace más de ocho años.

Quería terminarlo, pero empecé con las obras y no volví a pintar.

No importa. Tendría que haber sido el siguiente en desnudarme.

Me gustaría que lo acabaras. Quisiera quedármelo.

¿De veras? Tal vez lo termine.

Esta misma noche. ¿El traje y el caballete están en el sótano?

Claro. Los guardé.

Ve a buscarlos, Sr. DePinna. Voy por mi paleta y mis pinceles.

- Hola a todos. - Hola, Kolenkhov.

- Abuelo, llego a tiempo para cenar, ¿no? - Claro que sí.

Por eso me gusta venir...

¿Qué es esto?

Un cuadro del Sr. DePinna. Lo pintó Penny.

Es horroroso.

Siento haberle hecho esperar, Sr. Kolenkhov.

Tenía los Sueños de Amor en la lumbre. Voy a cambiarme.

Mi Paviova, eres como un hermoso cisne.

¿Essie está haciendo progresos, Sr. Kolenkhov?

Entre nosotros, es horrible.

Mientras se divierta.

Caramba, sienta bien volver a dedicarse al arte.

- Es un soplo parisino, Madame Sycamore. - Gracias.

Otra vez. Un hombre me ha seguido a todas partes.

Estoy listo, Sra. Sycamore. ¿Dónde vas a trabajar?

- Aquí mismo. - ¿De acuerdo, abuelo?

Había olvidado que ese traje era tan clásico.

Tu expresión, Sr. DePinna. Muy bien.

EXPLOSIVOS

Estoy lista, Sr. Kolenkhov.

Bien. Tenemos trabajo. Vamos a enrollar la alfombra, Ed.

- Tengo un nuevo tema. ¿Puedo tocarlo? - Nada de temas nuevos.

Toca esa danza húngara de Brahms. ¡Qué bien me siento!

La vida me corre por dentro como una ardilla.

Bueno, mi Pavilova, ahora a trabajar.

Kolenkhov siempre ha dicho que el arte es sudor en un 110 por cien.

Así está mejor.

- ¿Preparado, Eddie? - Sí, señor.

Pirueta.

Más deprisa, Eddie.

La Sra. Sycamore, por favor.

El Sr. y la Sra. Kirby.

- Más deprisa. - Sra. Sycamore.

- Sra. Sycamore. - Déjame, Rheba. Estoy ocupada.

- Mete un poco el estómago, Sr. DePinna. - Lo sé, pero Sra. Sycamore...

¡Dios mío!

¡Oh, cielos!

Por favor, todo eso.

Toma, cariño.

Llévate esto.

- ¿Llegamos demasiado pronto? - Diría yo.

No pasa absolutamente nada.

Por supuesto que no. Sólo que pensábamos que era mañana.

- ¿Mañana? - Qué extraño.

- Realmente, Tony, esto es muy embarazoso. - No, no estábamos haciendo nada especial.

Era una tranquila velada en casa.

Sí, pero no se preocupen. Pasen, por favor.

Pasen, adelante.

- Les presento a la madre de Alice. - Encantada.

La hermana de Alice y el Sr. Carmichael,

su marido.

Y el Sr. Kolenkhov.

El lanzador de discos es el Sr. DePinna.

- Encantado. - Es un placer.

Discúlpenme por mi atuendo. Enseguida me lo quito.

Jim.

Alice.

¿Qué?

¿Puedes bajar? Tenemos una gran sorpresa para ti.

Enseguida bajo.

¿No quieren quitarse los abrigos?

¿Puedes coger el abrigo de tu padre y colgarlo ahí? ¿Me permite...?

Me siento muy incómodo, Tony. Esto es muy embarazoso.

Una confusión la tiene cualquiera.

Una silla para la Sra. Kirby. Quitad eso de ahí.

La alfombra, querida, la alfombra.

Ésa para la Sra. Kirby, creo. Y ésa para el Sr. Kirby.

Ed, coge esa silla.

Gracias.

- Gracias, Ed. - Sí, señor.

¿Qué tal si le damos de cenar a esta buena gente?

Después de todo, han venido a cenar.

- No se molesten. - No es ninguna molestia.

Di a Donald que vaya corriendo donde Murphy y compre seis cervezas.

Y salmón en lata.

Un momento. Sr. Kirby, ¿le gusta el salmón en lata?

No se moleste. No tengo hambre.

Vamos a comer salchichas, pero no creo que haya suficientes ahora que han venido.

Mejor salchichas, y dile a Donald que compre...

Dile a Donald que compre otra docena y otra lata de maiz.

- Pregunta a Rheba si tiene bastante chucrut. - Vale.

- Dile que se dé prisa. - Sí.

No tardará. La charcutería de Murphy está aquí al lado.

La pipa.

Les presento al padre de Alice.

El Sr. y la Sra. Kirby.

- Encantado. - Es un placer.

Disculpen mi aspecto. No encontraba mis otros pantalones en el sótano.

No tiene importancia.

¡Sin agarrarme!

¡Dios mío!

¿Qué te parece, Alice? Creían que era esta noche.

Tony, ¿no recuerdas qué...?

- ¿Les han presentado a todos? - Oh, sí.

Estoy muy confundida.

Había preparado una bonita fiesta para mañana por la noche.

Tal vez podamos volver mañana por la noche.

Sí, por supuesto.

- Siéntese, Sr. Kirby. - Gracias.

Mamá, creo que es mejor que pensemos en hacer la cena.

Está todo arreglado, Alice.

Como un rayo.

Mamá, ¿qué ha ido a buscar?

El Sr. Kirby debería haberles dicho que sufre de indigestión.

Vamos, Miriam, no es tan grave.

Tal vez no sea indigestión. Tal vez sean úlceras de estómago.

¿Úlceras?

No haga caso al Sr. Kolenkhov.

Es ruso, y los rusos tienen tendencia a mirar el lado oscuro de la vida.

De acuerdo, soy ruso, pero un amigo mío, ruso, murió de úlcera de estómago.

Sr. Kolenkhov, el Sr. Kirby tiene indigestión y eso es todo.

Muy bien, que espere.

Por favor, amigos. No hablemos de las úlceras del Sr. Kirby.

Abuelo, habla de otra cosa. Pregúntale al Sr. Kirby por sus negocios.

Ahora mismo vuelvo.

Por cierto, Sr. Kirby, ¿cómo van los negocios?

¿Cómo dice?

Bueno, eso depende de en qué lado de la valla se encuentre.

Personalmente, creo que van mejorando.

Hay dos opiniones diferentes al respecto, y no tengo úlceras.

Espere.

- ¿Le importa que fume un puro? - En absoluto. Por supuesto que no.

¿Y qué me dice del problema del desempleo?

¿El desempleo?

El desempleo no es el mayor problema, Sr. Vanderhof.

¿No?

- Vaya, pensaba... - Sí, lo sé.

Pero ese punto de vista es puramente emocional, no económico.

Por ejemplo, en 1929...

Dios mío, es fantástico.

Les he asustado de verdad, ¿no?

Sr. Poppins.

El Sr. y la Sra. Kirby.

- Encantado. - Es un placer.

El Sr. Poppins hace esas máscaras como pasatiempo.

¿En serio?

Creo que debería avisar a la gente antes de surgir así, de improviso.

Bueno, vamos a ver. ¿De qué podemos hablar?

- ¿ Tiene alguna afición, Sr. Kirby? - Mi afición son los negocios.

- El abuelo toca la armónica. - ¿De veras?

¿Lo ha intentado alguna vez, Sr. Kirby?

Bueno, yo...

Fue campeón. Ganó el primer premio en una noche de aficionados.

Él mismo me lo dijo, ¿no es así, papá?

Seguro que usted y yo podríamos formar un dúo de infarto.

Estoy muy ocupado para hacer el tonto con armónicas.

Aquí está.

¿Lo tienes todo, Donald?

Sí. Pero no quedaban salchichas, he traído manitas de cerdo en escabeche.

No importa. Llévalo todo a la cocina.

Haré que le preparen unos huevos revueltos y una ensalada.

Con eso bastará. Gracias.

He olvidado la mostaza.

Supongo que se acabó. Bonita impresión estamos causando.

Tony, ¿cómo has podido equivocarte? Sabías que era mañana por la noche.

Sí, supongo que no ha sido muy buena idea.

¿Quieres decir que lo has hecho adrede?

Tony, eso es terrible. ¿Cómo has podido hacer algo semejante?

Yo no quería traerlos aquí, pero tú insististe.

Si tienen que conoceros, quiero que os conozcan como sois.

No en una velada falsa con todos actuando de forma poco natural.

No hay nada poco natural en querer caerles bien.

Si no les caéis bien como sois, mala suerte.

A mí me da exactamente igual lo que piensen.

Si no te hubieras entrometido, todo habría salido bien.

Pero no, tenías que hacerte el gracioso y estropearlo todo.

Ha sido una idea estúpida, lo sé.

Pero Alice, sólo intento ser honesto con todo este asunto.

He traído aquí a mi familia tal como es, esnob y estirada.

No intento que interpreten ningún papel. ¿Por qué hacerlo vosotros?

Yo también intento ser honesta. ¿No lo entiendes? Tienen que aceptarme.

No pienso consentir que tu madre me mire como si fuera una ladrona o algo así.

¿Crees que soy idiota?

Prepara los huevos, Rheba.

¿Tiene alguna afición, Sra. Kirby?

La verdad es que sí.

Estudio ocultismo.

- ¿Qué es eso? - Espiritismo, querida.

¿Espiritismo? Vaya, Sra. Kirby, me sorprende.

- Todo el mundo sabe que eso es un cuento. - ¿Cómo dice?

Vamos, Penny. No deberías criticar las aficiones de otras personas.

- Tú también tienes tus pasatiempos. - Sí, pero no son tonterías.

La afición perfecta debería alimentar tanto el cuerpo como el espíritu.

Los romanos eran grandes. ¿Por qué? ¿Cuál era su afición? La lucha.

En la lucha hay que ser rápido pensando y rápido reaccionando con el cuerpo.

Sí. Estoy de acuerdo con usted.

Cuando era joven, era muy bueno en eso.

- Pero por desgracia, uno se hace mayor... - Tonterías.

Una vez se es luchador, nunca se olvida.

No lo he hecho durante seis años, pero no he olvidado nada.

Mire.

¿Qué ocurre aquí?

Siéntese, Sr. Kirby.

- ¿Dónde están mis gafas? - Aquí.

Sr. Kirby, se han roto.

Lo siento, pero cuando vuelva a luchar, Sr. Kirby, se asegurará...

de quitarse las gafas.

- No pretendo volver a luchar, señor. - Eso ha sido una tontería, Kolenkhov.

Lamento que lo haya hecho.

Lo siento, Sr. Kirby.

Si no les importa, será mejor que nos vayamos.

- Es la mejor idea que he oído. - No se vayan, por favor.

Tiene toda la razón, Sra. Kirby, creo que deberían irse.

Todo ha sido un terrible error. Lo siento muchísimo.

Alice, deja que me quede. Quiero hablarte.

Prefiero que no. No hay nada de qué hablar.

- Buenas noches, Sra. Kirby. - Buenas noches.

Buenas noches, Sr. Kirby. Espero que no se haya lastimado.

No. Ha sido un placer conocerles.

- Tony, vamos. - Alice, yo...

- ¿Te veré mañana? - No lo sé.

- Pero yo... - Buenas noches, Tony.

Buenas noches.

- Que todo el mundo se quede donde está. - Por el amor de Dios.

¿Qué significa esto?

- ¿Quién es? - Ese de ahí.

¿Quién? ¿Yo? ¿Qué quieren decir?

- Escuche, no somos de esta casa. - Usted mantenga la boca cerrada.

¿Cómo se llama?

Ed Carmichael, y no he hecho nada.

Vamos a ver. ¿A qué viene tanta prepotencia?

- ¿De qué se trata? - Policía.

Agentes del CBI.

- Del FBI, Penny. - Ed, ¿qué has hecho?

Nada. Os he dicho que alguien me seguía.

Pero estas personas no viven aquí. Por favor, dejen que se vayan.

Que no salga nadie por esa puerta.

Esto es un atropello. ¿Se da cuenta de quién soy?

- ¿Cómo se llama? - Beton Batopevitch Kolenkhov.

- ¿De dónde es? - De Omsk.

- ¿De dónde? - De Omsk.

- ¿Estas escaleras llevan al sótano? - Sí.

Cuidado, jefe.

- ¿Cómo llama a esto? - Se llama el Nuevo Monstruo.

Jugando al coco, ¿eh?

Sí. Póngase ahí.

Hoy se ha levantado con el pie izquierdo.

Mike, Bill.

Echad un vistazo.

Usted, venga aquí.

- ¿Ha visto esto antes? - Sí, señor. He impreso un montón.

- Oh, ¿lo ha impreso usted? - Sí, señor.

¿Y lo pegó en cajas de caramelos para meterlo en las casas de la gente?

- Oh, mis Sueños de Amor. - Pero no fue con mala intención.

- ¿No? - No, señor.

- "Esperad la Revolución". - Radicales.

"La Bandera Roja recorrerá el país".

No iba en serio. Me gusta imprimir, eso es todo.

A ver si nos entendemos. El gobierno no está en peligro con Ed.

Imprimir es su afición. Eso es todo.

Imprimiría cualquier cosa.

Es como una obra de teatro, ¿verdad?

Escuche, joven.

No sea tonto. Tengo que coger mi pipa.

Estábamos en lo cierto. Hay pólvora para volar la ciudad.

- La usamos para... - Cállese.

Todo el mundo queda detenido.

- ¿Cómo? - Tengo que cogerla.

Quédese aquí.

- Tengo que cogerla. - Quédese donde está.

¡Está encendida!

- ¿Qué es eso? - Los fuegos artificiales.

Jim.

- Anthony. - ¡Miriam, corre!

- ¡Abuelo! - Mantened la calma.

¡La Revolución!

Otra vez en casa.

Como en Siberia. Sólo que apesta.

Ha sido divertido que nos tomaran las huellas, ¿no?

Al Sr. Kirby no se lo ha parecido. Lo han sujetado entre tres.

Ni un moMEenNto aburrido, es lo que digo, ni un MOMeNto aburrido.

Puedo caminar solo.

Nunca he oído nada tan escandaloso en mi vida.

Déjese de discusiones.

No me empujen, idiotas. Soy Anthony P. Kirby. ¿Me oyen?

Y yo soy George Washington.

Quiero un teléfono. Quiero llamar a mis abogados, zoquetes.

Ya hemos hecho dos llamadas por usted. Cálmese.

- Pero es el Sr. Kirby, el banquero. - Eso no es culpa mía.

El tribunal de guadia está reunido. Tendrá que esperar su turno.

- Lo siento, Sr. Kirby. - Lo siente.

Algo es algo, después de lo que he pasado.

Después de todo, se equivocaron de noche.

Esto llegará a oídos del alcalde y del inspector jefe.

- ¡Haré que os despidan a todos! - Papá, tranquilo.

Dentro de un par de horas...

Espero que estés satisfecho, con tu madre ahí dentro con esas fulanas ordinarias...

Cierra el pico, pez gordo. Queremos música.

Toca, abuelo, y hazlo bien.

Escuche, soy la Sra. Kirby. La Sra. de Anthony P. Kirby.

Le doy 100 dólares si me consigue una celda privada.

- Ésas son para las dementes. - Por favor, no debería estar aquí.

Que le den un par de ataques, señorita, e intentaré arreglarlo.

Sra. Kirby, por favor, créame, siento mucho haberle metido en tantos problemas.

Le agradecería que me dejara completamente sola.

Que no te las den con queso, hermana. Cada vez son más duras.

¿Dónde has estado trabajando?

Tienes clase. Es el contacto que estoy buscando.

¿No ha sido emocionante ir en el furgón con las sirenas aullando?

Será mejor que se siente sobre las manos, Sra. Kirby, o se le enfriará el trasero.

Muy bien, pero no diga que no la he avisado cuando empiece a sentirlo.

Oh, por el amor de Dios.

¿Por qué no bajas de tu carro de princesa? Podría echarte una mano.

Si no le importa, no necesito que nadie me eche una mano.

Eso nunca se sabe. Conozco un buen...

Déjala en paz. ¿No ves que es una señora?

¿Una señora? Sí que se mueven hoy en día.

No pierda el tiempo intentando protegerme. No le servirá de nada.

Si tuviera sentido común, se quedaría donde pertenece...

y dejaría de ser ambiciosa.

¿Le pego, Alice?

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez.

Gasto un cuarto de millón de dólares al año en abogados y ahora no consigo a ninguno.

Joven, ¿me trae un poco de bicarbonato?

¿De qué sabor?

Bueno, tengo que agradecerte esto. Espero que aprendas la lección.

Relacionarte con taguígrafas.

- Escucha, papá. Quiero casarme con ella. - Sí, lo sé.

Yo quería casarme con una camarera, pero mi padre me quitó la idea de la cabeza.

Si me disculpa, Sr. Kirby.

Nadie tiene derecho a entrometerse entre dos jóvenes enamorados.

- ¿Por qué no se relaja? - ¿Que me relaje?

Cuando prácticamente me roban a mi hijo ante mis narices.

Cuando me encierran como a un delincuente común. ¡Que me relaje!

¿Sabe qué ocurrirá si esto llega a oídos de la prensa?

Pondrá en peligro el mayor negocio de mi carrera.

Deje de preocuparse.

Si conozco a mi nieta, no se casará con Tony sin su bendición.

Así que sólo tiene que preocuparse de ese gran negocio suyo.

¿Qué pasa si no sale bien?

¿Qué pasa si todos sus negocios fracasan?

- Tal vez sea lo mejor para usted. - Está loco.

Tal vez lo esté, pero yo antes era igualito que usted.

Hasta que una mañana, cuando subía en el ascensor,

me di cuenta de que no me estaba divirtiendo.

Así que volví a bajar y nunca más regresé.

Sí, señor. Eso fue hace 35 años.

Admirable. ¿Y no ha hecho nada desde entonces?

Oh, sí. Sólo las cosas que quería hacer.

Coleccionaba sellos.

Iba al zoo cuando tenía ganas, volví a tocar la armónica,

e incluso encontré tiempo para fijarme en cuándo llegaba la primavera.

Bonito país sería éste si todos pasáramos el tiempo en el zoo y tocando la armónica.

Usted también solía tocarla. Lo ha dicho Tony.

Tal vez debería volver a practicar.

Tal vez así dejaría de estar tan desesperado por ganar más dinero...

del que nunca podrá gastar.

No se lo puede llevar con usted, Sr. Kirby. Así que, ¿para qué sirve?

En mi modesta opinión, lo único que puede llevarse es el amor de sus amigos.

¿Por qué no se larga y se busca un púlpito en alguna parte?

Lo siento.

- ¿Quién es Vanderhof? - Soy yo.

Hola, Sr. Vanderhof. ¿Me recuerda?

El del tic.

Sí, me he enterado de que tenía problemas y he venido a ver si puedo ayudarle.

¿Por qué iba a querer ayudarme?

A decir verdad, he pensado que si le hacía un favor...

Pierde el tiempo, Sr. Tic, Sr. Blakely.

- No tengo intención de vender mi casa. - Ya veremos cuánto puede aguantar.

Espere a que le pasen más cosas.

- ¿Así que Vd. ha urdido esta detención? - Sí, y es sólo el comienzo.

Para cuando acabe, estará dispuesto a vender y contento.

¿Usted ha hecho esto?

Vaya, Sr. Kirby.

Alcornoque. ¿Sabe lo que ha hecho?

Pero, Sr. Kirby, ¿cómo iba a saber que conocía a estas personas?

Le dije que la policía les vigilaba. Me dijo que siguiera y les obligara a vender.

Maldito imbécil, lárguese.

Si le queda sentido común, busque a mis abogados.

- Llevo horas aquí dentro. - Sí, señor. Los llamaré a todos.

¿Así que es usted quien ha entorpecido mi negocio?

- Sí. Tiene gracia, ¿verdad? - ¿Qué tiene de gracioso?

La idea de que ha tramado todo esto y ha caído en su propia trampa.

Tal vez no sea tan gracioso cuando le quite su casa.

Ahora empiezo a ver lo que estaba pasando. Bonita jugada, Sr. Vanderhof.

Sacarle información a mi hijo y hacerme pagar un ojo de la cara.

- Espera... - No pagaré por nada que no quiera.

- Aprende a hacer negocios como los Kirby. - ¿Negocios?

Usted no es un empresario. Es como un león en la selva.

Y tengo las garras más largas y afiladas.

Así es como llegué a la cima, y esta escoria sigue en los bajos fondos.

Es usted un idiota, Sr. Kirby.

- ¿Cómo? - Un perfecto idiota.

- No puede hablarme así. - Claro que puedo.

¿Somos escoria?

¿Qué le hace pensar que es un ser humano tan superior?

¿Su dinero? Si es eso, es tonto de remate, Sr. Kirby.

Y un pobre hombre.

Más pobre que cualquiera de estos a los que llama escoria.

Porque le aseguro que ellos al menos tienen amigos.

Pero usted, con su selva y sus largas garras, como usted las llama,

acabará su miserable existencia sin nadie a quien poder llamar amigo.

Usted se considerará un gran magnate, Sr. Kirby, pero para mí es un fracaso.

Un fracaso como hombre, un fracaso como ser humano...

e incluso un fracaso como padre.

Cuando le llegue la hora, dudo que se derrame una sola lágrima por usted.

Probablemente el mundo grite: "Hasta nunca".

Es un bonito panorama, Sr. Kirby, espero que lo disfrute.

Espero que entonces obtenga consuelo de todo el dinero que ha ganado sudando.

Lo siento, Sr. Kirby.

Hacía treinta y pico años que no perdía los estribos así.

No sé qué mosca me ha picado.

No lo he dicho en serio.

Ojalá me hubiera dicho que me ocupara de mis asuntos.

Si hay alguna manera en que pueda resarcirle,

lo haré.

Tome. ¿Quiere mi armónica?

Es nueva, y muy buena.

Igual le apetece tocarla alguna vez.

Después de todo, ¿quién soy yo para criticar a nadie?

Muy bien, listos para el tribunal de guardia. Preparaos.

Soy el abogado del Sr. Kirby.

- Kirby. - Sí, Kirby, Kirby.

Sí. Van a comparecer ante el tribunal. Por ahí.

¿Por qué estará tan nervioso?

El abogado del Sr. Kirby. ¿Ya ha comparecido?

- Aún no. Por esa puerta. - Gracias.

¿Kirby?

Anthony P. Kirby.

- ¿Es Anthony P. Kirby, el banquero? - Es Kirby, el banquero, ¿sabe?

Un momento, por favor. Sí, es Anthony P. Kirby.

Es lo único que queríamos saber.

¡Qué bomba!

- ¿Cómo ha dicho que se llamaba? - Anthony P. Kirby.

A la sala de los psicópatas.

Le condeno a 31 días en la cárcel municipal,

pero suspenderé 30 días de esa condena...

si me da su palabra de que en cuanto salga mañana por la mañana...

volverá a casa de sus padres en Kansas.

- Gracias, señor. Gracias. - No hay de qué. Puede irse.

Señoría, ¿puede ocuparse del caso Vanderhof?

¿Por qué?

Hemos descubierto que uno de ellos es A.P. Kirby.

- ¿El banquero? - Sí.

¿De qué se les acusa?

De alterar el orden público y fabricar fuegos artificiales sin licencia.

¿Fuegos artificiales?

¿Quiere decir que A.P. Kirby ha estado en un calabozo?

¿Por eso hay tantos espectadores esta noche?

No. Son amigos de Vanderhof.

No sabía que todavía hubiera gente con tantos amigos.

- ¿Lo saben los periódicos? - No creo.

Eso está bien.

Lo bien que se lo pasarían si supieran que A.P. Kirby ha estado en un calabozo.

Háganlos pasar enseguida. No vamos a crucificarlo.

- Traigan a los Vanderhof. - Siguiente, el caso Vanderhof.

Apártense. ¿Han visto el...?

Hola, abuelo.

Hola, abuelo.

Orden. Orden.

Silencio.

Orden.

Señoría, al detener a los Sres. Kirby y a su hijo se ha cometido un grave error...

y sugeriríamos...

- ¿Representan los cuatro al Sr. Kirby? - Sí, Señoría.

Qué despliegue de talento para un delito menor.

Si hay alguna objeción a que al Sr. Kirby le represente un consejo...

No, en absoluto. De hecho, este tribunal se siente muy halagado.

Gracias.

Se le acusa de alterar el orden público.

- ¿Cómo se declara? - Inocente, por supuesto.

Por supuesto.

Señor, ¿le representa un abogado a Vd. o a alguno de sus familiares?

No, señor.

Alteraríamos el orden público si alguien se ha molestado en denunciarnos.

Y si va contra la ley fabricar fuegos artificiales sin licencia,

creo que también somos culpables de eso, porque llevamos mucho tiempo haciéndolo.

Yo no me siento culpable, ¿y tú, Essie?

Orden, orden, por favor.

Sr. Vanderhof, de la acusación de alterar el orden público...

usted y su familia son, como bien ha dicho, culpables.

- Sin embargo, suspendo la pena. - Gracias.

Pero, por la fabricación de explosivos sin licencia, lo siento,

pero me veo obligado a ponerle una multa de 100 dólares.

¡100 dólares!

Eso es mucho dinero.

Señoría, el Sr. Kirby, conocido por sus obras de caridad,

quisiera abonar la multa de esta pobre y desgraciada familia.

Oh, no, gracias. No puedo permitirlo.

No, claro que no. El abuelo no necesita su dinero. La pagaremos nosotros.

¡Orden, orden! Orden en la sala.

Orden, orden.

No, no pasa nada, agente. No pasa nada, déjeles pasar.

Nosotros pagaremos la multa.

No necesitamos su dinero.

Un sombrero lleno, abuelo. Un sombrero lleno.

Lo conseguiremos, abuelo.

Aquí tiene, Señoría, ¿es suficiente?

Sí, creo que sí.

Lleve el dinero a la mesa del actuario.

Sr. Vanderhof, tiene mucha suerte de tener tantos amigos.

Si.

- ¿Qué ocurre, teniente? - No pueden entrar.

Vamos, por favor. Déjenos hacer sólo una foto.

Muy bien, caballeros.

Me gustaría desestimar los cargos de alteración del orden contra los Kirby,

pero estaban presentes en el momento de la detención y si ellos eran culpables,

entonces debo dar por supuesto que los Kirby también lo eran.

Señoría, eso es absurdo.

A menos que puedan explicar qué estaban haciendo allí.

No digas una palabra, Anthony.

Estás en un aprieto, mamá.

Señoría, ¿se da cuenta de que este caballero es el Sr. A.P. Kirby?

Me han obligado a darme cuenta de ello.

Tal vez el propio Anthony P. Kirby pueda explicar qué estaban haciendo allí.

- Bueno, Señoría... - No creo que eso sea importante.

¿No nos han puesto bastante en evidencia?

Creo que se debería mostrar un poco más de respeto por nuestra posición.

Señoría, esta acusación es ridícula.

Si no dan una explicación creíble, me veré obligado a que sean juzgados.

- Pero... - Tienen derecho a que se les escuche.

Señoría, por favor.

El Sr. Kirby ha venido a verme por la compra de mi casa.

- ¿Por la compra de su casa? - Sí.

Verá, hace tiempo que está interesado en la finca y...

Ha venido a hablar del trato.

Eso es todo.

Cierto, por eso estábamos allí, y no veo por qué deberíamos ser responsables...

de lo que hayan hecho estas personas.

- Eso no es cierto. - Alice, por favor.

Abuelo, no soportaré que nos humillen de esta manera.

Les avergiienza reconocer que han visitado a mi familia...

para ver si era digna de casarme con su precioso hijo.

- Nunca he oído nada más ridículo. - Tiene razón, por eso estábamos allí.

Ya era hora de que hablaras.

He decidido que es tu familia la que no es digna de mí.

No me relacionaría con un atajo de esnobs como ellos por nada del mundo.

Tu madre está neurótica por su reputación social.

- Así se habla, Alice. - ¿Quiénes se creen que son?

¡Orden!

En lo que a mí respecta, su reputación, la de su hijo y la de su marido están a salvo.

¿Qué ocurre?

Cenicienta le ha dicho al Príncipe Azul que se vaya a paseo.

- ¿Y si nosotros también vamos de paseo? - Buena idea.

Orden en la sala.

Orden. Agente, saque de aquí a estos hombres.

La próxima vez que vayas de suburbios, no te acerques a mi barrio.

Alice, por favor.

Orden.

Orden.

CENICIENTA RECHAZA A PRÍNCIPE AZUL

ALTERCADO EN TRIBUNAL DEsCUBRE NOVIAZGO SECRETO

SUPLICA

RECHAZA

ECHA CHISPAS

SE DEsMAYA

¡CENICIENTA HUYE DE LA CIUDAD!

Alice debería habernos dicho adónde iba.

¿No crees, Essie?

¿Sabéis algo de ella?

He recorrido la ciudad. Los detectives han trabajado toda la noche.

Han mirado en todos los hoteles en 160 km a la redonda.

Sra. Sycamore, ¿puede decirme dónde está?

No lo sé, Tony.

Y aunque lo supiera, lo siento, no podría decírtelo.

Si le escribo una carta...

No quiere verte. Por eso se marchó.

No tiene sentido que vuelvas aquí ni que intentes encontrarla.

Sólo empeorarás las cosas. Para ella y para nosotros.

Supongo que se acabó.

- Lo sentimos mucho, Tony. - Gracias, señor.

Lo siento mucho por Tony.

Rheba pregunta si alguien quiere comer algo.

No, no tengo hambre, ¿y vosotros?

Debería estar limpiando el sótano. Está hecho un desastre.

Hola a todos. Hay una carta de Alice.

¿De veras?

- ¿Cómo está? - ¿De dónde la has sacado?

Ned, el cartero, me ha alcanzado en la calle y me la ha dado.

Ha reconocido su letra. Ya la he leído, Penny.

Léela en alto, Penny.

- ¿De dónde viene, mamá? - Un momento. Me tiemblan las manos.

Está en casa de Helen, su compañera de colegio de Riverside.

Eso está en Connecticut, ¿verdad, abuelo?

Lee la carta, mamá.

A ver.

"Y me sentía tan deprimida y confundida que tenía que hacer algo.

"Espero que lo entendáis.

“Esto es muy tranquilo y he tenido tiempo de reflexionar.

"Ahora sé que la situación entre Tony y yo es imposible.

"La Sra. Kirby tenía razón. Debería haberme quedado en mi casa.

"No te preocupes por mí, mamá. Lo superaré.

“Pero, queridos, me siento muy sola sin vosotros.

"No sé cómo puedo soportarlo.

"Anoche lloré hasta dormirme, y eso me ayudó un poco.

“Pero esta mañana, al despertar, he visto que no estaba en mi cama...

"Ojalá pudiera volver a casa. Pero ¿cómo hacerlo si quiero olvidar?

“La prensa y Tony y un millón de pequeñeces lo hacen imposible.

“Perdonadme, queridos.

"Prometo escribir todos los días, incluso dos veces o más.

"Por favor, cuidaos todos.

"No permitáis que os ocurra nada.

"Con todo mi amor, Alice".

Me da la impresión de que no va a volver.

Con el Sr. Blakely, por favor.

¿El Sr. Blakely?

Papá, ¿no me digas que estás pensando en vender la casa?

Alice tiene razón.

No puede volver aquí. Sería aún más desgraciada.

No permitiré que viva sola. Encontraremos dónde vivir allí con ella.

Sr. Blakely, soy Vanderhof.

¿Aún quiere comprar la casa?

Ahora sólo pagará 25.000 dólares.

Bueno, de acuerdo. Desde luego, hoy.

Muy bien, eso es todo. Adiós.

Bueno, alguna vez teníamos que irnos de esta casa.

Me ha costado, pero he logrado que el viejo venda.

- El Sr. Kirby tiene los 12 bloques. - Podemos empezar.

Tenemos la finca de Vanderhof. Prepara a Kincaid.

Si ese viejo no hubiera vendido, todo el negocio se habría paralizado.

A todos los inquilinos de los 12 bloques. Anota. Por la presente se le comunica...

“Por la presente se le comunica que dentro de 10 días debe abandonar su casa".

- Es igual que la mía. - No nos dan mucho tiempo.

No.

Mirad. Los Jensen deben de haber recibido el aviso. Vamos a ver.

- Sr. Jensen, ¿ha recibido una de éstas? - Claro. Tenemos que irnos en 10 días.

- Tenemos que mudarnos todos. - No lo entiendo.

El abuelo dijo que si no podían comprar su casa, nadie tendría que mudarse.

Mirad.

CAMIÓN DE MUDANZAS 62 AVENIDA

COMITÉ DEL SENADO DE WASH D.C.

COMITÉ DEL SENADO DE WASH D.C.

VIGILANCIA MUY DE CERCA

DE LA FUSIÓN DE MUNICIONEs DE KIRBY.

NERVIOS EN WALL STREET

¡EL MERCADO BURSÁTIL CAE EN DEsAFORADA SEsIÓN DE BOLSA!

LA JUNTA DE KIRBY SE REÚNE HOY PARA CERRAR GOLPE GIGANTEsCO

Al Sr. Kirby no se le puede molestar.

Todo ha terminado, ¿no os parece?

¿Diga? Lo siento, el Sr. Kirby no puede ponerse.

¿Diga? No contesta al teléfono. Lo siento.

Acabo de estar arriba.

Los miembros de la junta están allí, y los presidentes de las seis empresas.

¡Esta fusión va a ser histórica!

El mercado no sabe si comprar o vender.

Espero que hagamos bien. Lo arriesgo todo.

- Deja de quejarte. No podemos fallar. - ¿Dónde está Kirby?

- Ahí dentro. Estamos esperándole. - ¿Con quién está?

Solo. Estará haciendo reverencias a los Kirby de la pared.

¿Diga? No. Dile al senador que se calme.

- Kirby quiere que se quede en Washington. - La prensa después de la reunión.

¿Ramsey, problemas? Estás loco. Está arruinado.

Está acabado. Kirby le ha dejado sin un centavo.

Es mérito suyo.

Cómo exprimió al viejo Ramsey, magnífico.

No me sorprendería que se volara la tapa de los sesos.

Arriba están esperando.

Llamemos a Kirby y acabemos antes de que ocurra algo.

- Buena idea. - Un momento, sabéis que no le gusta eso.

Mira qué hora es.

Ya le llamo por teléfono. Tal vez eso no le importe.

Póngame con el Sr. Kirby en la sala de conferencias.

¿Diga? Sí.

Desde luego. Adelante. ¿A qué estáis esperando?

Arriba están esperando. Será mejor que subamos.

- ¿ Tenéis los poderes? - Incluido el de Kincaid.

Cuando le ofrecimos la presidencia, aceptó enseguida.

¿Qué le ofrecisteis?

Le expliqué que querías ser el presidente de la Junta Directiva.

Dile que es un error. Ya he elegido presidente.

El presidente será Anthony Kirby, hijo.

- ¿ Tony? Es demasiado joven, A.P. - ¿Sí?

- ¿Y nuestra promesa a Kincaid? - Olvídalo.

- Pero tenemos obligaciones... - He dicho que lo olvides.

Por favor, Sr. Ramsey, el Sr. Kirby está muy ocupado y...

Bien, Sr. Kirby, supongo que estarás orgulloso de ti.

Otra victoria. La mayor de tu carrera.

¿Qué quieres, Ramsey?

¿Sabes una cosa?

La verdad es que había pensado venir aquí pidiendo clemencia,

pero no sabía en qué basarme para hacerlo.

Desde luego, en la amistad no.

Una vez, hace mucho tiempo, podría haber sido posible,

pero destruiste eso, Anthony. ¿Lo recuerdas?

Mirame, Anthony.

Mañana el mundo leerá que Ramsey está arruinado.

¿No te complace?

He visto a hombres tirarse por la ventana por menos, pero no te daré ese gusto,

porque de repente me he dado cuenta de que no he perdido nada,

de que con esto no obtuve ni un mMoMenNto de felicidad.

Y te lo advierto, Anthony, a ti te ocurrirá lo mismo.

A pesar de tus triunfos,

no puedes abandonar cualquier impulso decente y sobrevivir.

Ahora mismo tienes demasiado poder, pero acabará sepultándote.

Estás destinado a que te sepulte.

¿Sabes qué va a ocurrir, Sr. Anthony P. Kirby?

Gritarás pidiendo ayuda y te encontrarás solo en el mundo.

Te debatirás en el anzuelo y descubrirás que a nadie le importa.

Lo sé, porque eso es lo que me ocurrió a mí.

Y te ocurrirá a ti.

Es lo que les ocurre a los hombres como nosotros, Anthony.

Tendremos nuestro merecido.

- Se lo ha tomado muy a pecho. - Siempre fue un hombre débil.

Qué sarta de locuras.

- Arriba están esperando. Subamos. - Vamos.

Subid y empezad. Enseguida estoy con vosotros.

- Pero están esperando. - Enseguida subo.

- Hola, papá. ¿Puedo pasar? - Hola, hijo. Adelante.

¿Cómo estás?

Me alegro de verte. Siéntate. Quiero hablar contigo.

¿Sabes lo que siempre he dicho del arroyo de los Kirby y los Tennyson?

Nunca se seca.

Si hablas de la reunión de arriba,

- estoy al corriente. Enhorabuena. - Gracias, pero no es eso.

Hay más que eso.

Cuando acabe con ellos arriba, habrá un nuevo presidente.

- ¿Sabes quién va a ser? - Sé que vas a estar ocupado, así que...

Me marcho.

¿ Te marchas?

Acabo de presentar mi dimisión.

Llevo mucho tiempo pensándolo...

Así que te marchas. ¿Qué vas a hacer?

No lo sé. Creo que me iré fuera un tiempo.

Intentaré organizarme.

Iba a continuar con mi trabajo hasta que la historia con Alice se resolviera,

pero eso se ha terminado, así que...

No tiene sentido que espere a eso.

No lo sé, yo...

He pensado que tal vez cuando regrese pueda empezar a trabajar en lo de la hierba.

¿Recuerdas aquello que Bob Smith y yo investigamos en la universidad?

Si.

Papá, si te parece gracioso, lo siento. He venido a despedirme.

¿A despedirte?

- ¿Lo dices en serio? - Sí, lo digo en serio.

No quiero tomar parte en esto, papá.

Nunca he querido.

No puedes hacerlo, con los planes que tengo para ti...

Si pudieras entender esto.

Este negocio me parece estupendo. Para ti está bien, porque te gusta.

A mí no. Y nunca me gustará.

He intentado decírtelo muchas veces, pero no podía sacarlo.

Antes podía hablar contigo, papá,

pero últimamente...

Probablemente me haya ido antes de que vuelvas esta noche.

Adiós, papá.

Adiós, hijo.

Tal vez cuando vuelva podamos sentarnos y tener una charla como las de antes.

Sí, sí.

- Sí. - Es sobre el Sr. Ramsey, señor.

Acaban de encontrarlo muerto en el baño. El médico dice que ha sido un infarto.

¿Sí?

- ¿Qué ha dicho? - Acaban de encontrar muerto al Sr. Ramsey.

A.P., arriba están impacientes. No puedo entretenerlos mucho más.

Sala de juntas.

Preparadlo todo. Vamos subiendo.

Hola, Sr. Kirby.

Al piso 52.

El 52, señor.

Quiero bajar.

- ¿Bajar? - ¿Bajar?

- No podemos aplazar esta reunión. - Bájeme.

Llevamos horas esperándole.

¿Qué ocurre, Sr. Kirby? ¿Algo va mal?

Juraría que están disfrutando de la mudanza.

No seas idiota. Les está matando.

Esto va a estar muy animado cuando te marches, abuelo.

Ha encontrado un sitio precioso cerca de Alice, junto al mar.

- Lago, Penny. Lago. - Eso es lo que he dicho, lago.

Os invitaremos a todos a pescar en alta mar.

- Oiga, Sr. Kolenkhov, ¿no es emocionante? - ¿Emocionante?

Si ustedes se van y la gran duquesa no tiene trabajo, ¿dónde voy a comer?

- Hola, Sr. Vanderhof. - Aquí estás de nuevo.

¿Por qué no me dice dónde está?

Porque en nuestra familia hay una ley verbal contra chivarse.

Pero mire, Sr. Vanderhof, siento que...

puedo hablar con usted de este tema.

He dejado mi trabajo y me marcho esta noche y...

Pero amo a Alice. Y ella me ama a mí. Todo esto es ridículo.

De eso estoy seguro, joven, pero no vas a casarte conmigo.

Después de todo, Alice es la mujer.

Sí, supongo que tiene razón.

Pensé en volver a intentarlo antes de marcharme.

Sí que lo he echado todo a perder, ¿verdad?

- Sí. - Bueno, adiós, señor.

El problema de los jovenzuelos de hoy en día es que no tienen imaginación.

No usan la sesera.

Bueno, haré lo que me diga, señor.

- Quieres volver a ver a Alice, ¿no? - Sí.

- Y no podemos decirte dónde está. - Sí, no, señor.

Arriba hay un baúl enorme de Alice y van a llevarlo donde está ella.

No diga nada más.

¡Abuelo!

He venido en cuanto recibí tu telegrama. Es demasiado tarde. Ya has vendido la casa.

- Claro que la he vendido. Me cansé de ella. - Abuelo, es todo culpa mía.

Alice, querida. Alice, ibamos a ir a vivir contigo.

Ahora todo el barrio tiene que mudarse, ¿no?

¿Y la abuela? La estás abandonando.

Vamos, no seas niña, Alice. A lo hecho pecho.

Ve arriba a hacer las maletas.

Alice, ¿me das una oportunidad de hablar contigo?

Querían la casa y la han conseguido, los poderosos Kirby.

¿Qué estás haciendo aquí?

Un momento. Tengo algo que decirte y quiero que me escuches.

Venga, grita.

Así lo has conseguido todo en tu vida.

Grita hasta hartarte, a ver lo que consigues ahora.

Alice, Alice.

Alice.

El abuelo me da lástima.

He entrado en el cuarto y estaba mirando un retrato de la abuela, llorando.

¿Llorando?

Además se ha picado, porque me ha pillado mirándole y me ha tirado una cosa.

Sólo me preocupa una cosa. ¿Allí tienen asistencia social?

¡Claro! Hay asistencia social en todas partes.

- ¿Ah, sí? - Sí.

Pues vámonos.

Creo que de aquí ya lo hemos sacado todo.

Sí, no queda nada.

Aquí hay uno que no explotó.

Cuidado con eso. Sobre todo con la máquina.

Tengo la sensación de que voy a escribir mi mejor obra en nuestra nueva casa.

¡Oh, papá!

Vamos, vamos, Penny, ya hemos llorando bastante por un día.

- ¿Les importa que pase? - No, en absoluto. Adelante.

No estamos preparados para recibir visitas, pero...

Donald, deja esa silla para el Sr. Kirby.

Y a mí déjame el taburete, Donald, por favor.

Gracias.

- Sr. Vanderhof, ¿podemos hablar a solas? - Claro. Penny.

Gracias.

No lo sé, el abuelo está hablando con él.

Sr. Vanderhof, en cierta ocasión me dijo que era un fracaso de padre.

- No lo decía en serio. - Lo sé, pero lo say.

Tony me ha abandonado y eso me ha destrozado.

Sr. Kirby, empieza a actuar como un ser humano.

Usted sabe de estas cosas. Yo no.

- Necesito su consejo. Daría una fortuna... - Vamos a ver...

tiene que dejar de pensar en fortunas.

¿Sabe qué hago cuando voy de cabeza a una crisis?

Saco mi armónica y la toco...

hasta que la crisis se desvanece.

- Por favor, no bromee con esto... - No estoy bromeando.

Me ha pedido consejo y se lo estoy dando.

Creo que si tocamos juntos a dúo, usted y yo, la armónica...

- La ha traído, ¿verdad? - Bueno, yo...

Oh, sí, estupendo.

Vamos a tocar un buen dúo bien alto y le sorprenderá lo que puede ocurrir.

Vamos a ver, ¿qué tocamos?

¿Conoce Polly Wolly Doodle?

- Tiene que conocerla. - ¿Polly Wolly Doodle?

Una vez casi le volvemos loco con ella.

La conoce, claro que sí.

Vamos a tocarla bien alto, y muévase.

¿Qué pasa, abuelo?

Vamos, Essie, a bailar.

Vamos.

Mi amigo ruso, el luchador, ¿eh?

Magnífico, magnífico.

Gracias.

- ¿Está aquí mi hijo? - Se va a sorprender.

Anthony.

Hola, mamá, vamos. Baila también la Gran Manzana.

Sr. Sycamore, enséñele a bailar la Gran Manzana.

Vamos. ¿Por qué no?

Silencio, por favor.

Silencio.

Bueno, señor, aquí estamos de nuevo.

Hemos tenido una mala racha, pero parece que lo peor ya ha pasado.

Por supuesto, todos los fuegos volaron, pero de eso no podemos culparte a ti.

Da lo mismo, todo ha salido bien, como siempre.

Alice va a casarse con Tony.

El Sr. Kirby, que resulta ser una buena persona, ha vuelto a vendernos la casa...

y probablemente se olvide de hacer grandes negocios durante un tiempo.

Nadie tiene que mudarse de barrio. Y con la debida mano izquierda,

creo que incluso podremos descongelar a la Sra. Kirby con el tiempo.

Todos tenemos salud y en cuanto a lo demás,

seguimos dejándolo a tu libre albedrío.

Gracias.

La cena, Rheba.

Dos lecciones muy fáciles, Sra. Kirby...

Comed a discreción.

Espero que le guste, Sr. Kirby.

FIN

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