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¿Quieres que se haga con raíz?
¡Gracias!
Virgilio siempre ha sido muy inquieto, siempre ha sido muy curioso. La
pesadilla de una mamá, no podía estar tranquilo, no podía estar en un mismo
sitio, si no era skater, a tabla, y muy apasionado también, porque se
comprometía con las cosas de lleno. Le gustaba algo y realmente se lo tomaba en
serio.
Y entonces, claro, dentro de sus curiosidades y del explorador que era
desde chiquito, yo creo que...
Siempre tenía en mente que lo que quería, lo quería hacer bien.
Tenemos 13, 14 años, 1990.
Y parecía que la ciudad era nuestra, ¿no? Estábamos sueltos en la calle con
todas las cosas que estaban pasando en la ciudad.
Cochebombas, apagones, los militares.
Militares, desapareciendo gente.
Estamos hablando de un Perú cuando no había importaciones, cuando todavía
había terrorismo, o sea, digamos, había un poco ahí, ¿no?
Y no podíamos salir mucho.
Todavía la calle no era tan... O sea, no estábamos tan a salvo, ¿no? Claro.
Pero sin embargo, parábamos ahí. Estábamos en la calle igual. De alguna
manera nos recurseábamos por comida, por salir, por escaparnos de algo.
Y el competir, obviamente, porque cada uno quería ser mejor que el otro, que es
importante también. Por un nivel de competencia. Especialmente tú.
Sí.
Y eso me hizo competitivo al mango, ¿no? O sea, digamos que para mí la
competencia era como de serios.
Y eso para mí fue lo más bonito de la esquina. Muestra eso, es 30 años
después. Sigo hablando con acá, con Virgilio, que es mi hermano de tres
décadas. Lo conozco y nuestra conexión es...
Es inmediata, pero hemos vivido tan unidos por tantos años que nos veíamos
todos los días. Sí, sí.
Esta actividad del skate de verdad es algo que no solo te enfoca en algo.
Te motiva a salir del cuadrado y arriesgarte y hacer cosas fuera de lo
común. Y eso es lo bueno del skate, que te motiva a ser diferente.
Fue una sorpresa para la familia que él decidiera dejar una carrera muy
convencional para, digamos, dedicarse a una ocupación que en ese momento
no era considerado una profesión como tal.
Creo que la sorpresa fue la elección de cocina como la ocupación a la que él
quisiera dedicarse.
Creo que eso fue lo sorprendente para mi papá, sobre todo.
Mi papá, el abogado, además, seguramente tenía en su cabeza que su legado iba a
quedar en manos de sus dos hijos. Cuando Virgilio se dedica a la cocina, en
principio era un poco también buscando viajar, buscando salir del país, porque
en ese momento el país tampoco no estaba generando muchas oportunidades para
gente joven que tuviera ganas de hacer cosas diferentes.
Entonces, estudiar cocina aquí en ese momento no era una opción.
Y Virgilio lo sabía, sabía que tenía que salir.
Así que salió, salió todo lo que pudo.
Salió por diez o más años.
Y se metió a cuantas cocinas pudo y tomó todas las oportunidades que se le
presentaron y las que no las generó.
Porque se quería comer el mundo.
Creo que ser cocinero en Lima no era una opción para mí. No era una opción. Yo
era algo que escogí como un tema más de rebeldía, de salir a buscar qué pasaba
afuera. Y ser cocinero era la opción de viajar. ¿Por qué? Porque pelar papas,
limpiar una cocina era algo que todo el mundo va a querer en el mundo y era
fácil encontrar trabajo sin hablar el idioma y volarte el mundo trabajando en
cocinas.
Yo siempre he pensado que de alguna manera orgánicamente yo me di cuenta o
me empecé a dar cuenta que quería regresar a Lima.
Pero yo creo que sí hubo como una especie de clic que me daba cuenta que
en un momento, y esto pasó creo que en, puedo decir hasta que en un mes, y no
puedo decir cuándo, pero fue que me di cuenta de que, ¿qué hacía yo cocinando
afuera productos peruanos cuando ni siquiera sabía de dónde venía?
Y ahí fue cuando empecé a decir, ¿por qué no es que yo voy al origen?
Virgilio, yo no lo puedo desligar al cocinero del artista. Yo creo que él lo
tiene todo intrínseco y al final una cosa no puede ir sin la otra cuando
hablamos de él.
Hay cocineros que yo sí definiría como cocineros y otros como artistas, pero él
lo tiene todo junto.
Lo que sí podría decir que él es un cocinero muy intuitivo.
Muchas cosas de las que hace no...
no se han visto antes, yo nunca lo he visto, y hace cosas que yo diría, mira,
esto qué extraño es, pero termina resultando muy bien, es la intuición que
él tiene, y es algo que le nace, ¿no? Voy a mostrarle esto a Malena, a ver qué
onda.
Está buenísimo, porque mira, está crocante, y aparte tiene la crema, y
todavía sientes la planta.
Súper.
Muy bien.
Yo estudié en Lima, estuve aquí en Lima, trabajé por algunos restaurantes en Lima
y un día un amigo me dice, oye, está viniendo un amigo mío que ha vivido más
de 10 años afuera y ha decidido regresar al Perú y va a poner su restaurante,
¿por qué no te presentas y a ver si consigues algún puesto?
Entonces me animé y me acuerdo que salí del trabajo donde estaba en ese momento,
me escapé, me acuerdo, pedí permiso y...
y en 15 minutos llegué a Miraflores, donde estábamos antes, y Central estaba
en construcción, no había nada, era pura obra, no había nada, toqué la puerta y
me recibe Virgilio Martínez, yo nerviosísima obviamente, porque se
escuchaba mucho que venía a hacer una cocina distinta, algo que normalmente
aquí los peruanos no estábamos acostumbrados a ver, me entrevistó, fue
algo muy rápido, muy serio.
Fui a mi casa, no tuve respuesta y decidí insistir.
Pía viene a ser la persona, el apoyo de Virgilio.
Muchas veces Virgilio al estar tan en el futuro, a lo mejor se pierde un poco en
el presente.
Y Pía es la persona que lo ataja y que lo mantiene en el hoy.
Ella también es la persona encargada de mantener al equipo unido y enfocado.
la entrevisté tres veces porque las tres veces ella me estuvo jodiendo porque la
entreviste y el teléfono me tenía loco había momentos que le volteé el teléfono
porque obviamente estaba en la cocina y aparte en ese momento había mucha gente
que quería trabajar en Central porque claro éramos un restaurante que un poco
refrescaba un poco la escena fuera en lo que siento que Central cuando abrió era
un restaurante que para mí era muy antiguo y estático y todo en ese momento
era un restaurante innovador O sea, era un restaurante que atraía gente y atraía
gente como pilla. Una chica ambiciosa, con ganas de crecer en cocina y con
ganas de dejarlo todo.
Porque eso parecía en sus ojos. Con los ojos que tiene, imagínatela hace 14, 15
años, pidiendo este trabajo.
Sí era interesante verla, pero aún me costaba entenderla, entender que ella
podía tener un puesto importante en la cocina.
Así fue la historia, insistí mucho durante varios meses.
Hola Virgilio, tengo muchas ganas de estar en tu cocina, que no sé qué.
Pero yo lo sentía pues a él un poco dudoso, ¿no? Porque, ¿qué habrá pasado
por su mente en esa época? Que de repente no le transmitía yo mucha
confianza. Pero bueno, fui creo que muy constante y fui, acá en Lima decimos,
fui un dedo.
Hasta que me dijo, ok.
Tienes el puesto, vas a empezar como asistenta de fríos.
Y así fue la historia.
Así empecé.
Empecé como asistenta de fríos en Central.
Estuve, me acuerdo, dos, tres semanas y de ahí me pasó a jefa de fríos.
Fue un inicio entre fuegos y sartenes, ¿no? Porque entre Virgilio que dirigía
la cocina en ese momento y Pía que decía todo oído, oído.
No lo podía creer. No parecían que iban a congeniar porque tenían
distintas maneras de comportamiento.
Al inicio la relación era jefe-cocinera. Él entraba a la cocina y yo temblaba.
De verdad te lo digo.
Yo le tenía mucho respeto a Virgilio. Pero sí, al inicio fue así.
Pasaron los meses y sí yo sentía que había cierta complicidad, porque sabes
que en la cocina siempre existen estas bromas y yo miraba que él se reía y yo
me reía, pero cada uno en su posición.
Yo con Pia siempre hemos compartido el mismo sentido de humor, como que hemos
visto la vida de alguna manera similar y nos reíamos de ciertas cosas, habían
estas miradas.
Pero nunca con estas miradas de que algún día seremos pareja o ni siquiera
de salir.
Creo que no estaba en mi cabeza más. Cuando abrí el restaurante no andaba con
nadie. El restaurante era para mí todo.
Cuando nosotros tuvimos un cierre temporal en Central por tres meses y
luego cuando reaperturamos, Pia me llama y me dice, oye Alan, ¿estás disponible?
Porque abrimos aquí en dos días.
Y yo le digo, pero ¿por qué me llamas tú?
¿Por qué me llamas tú?
Me quedo como que sin nada y de repente un día llamo a Pia para que me ayude a
hacer una asesoría y también con algo por ahí que me decía que esta chica creo
que me gusta.
Y durante el verano, porque me acuerdo que fue en el verano, yo estuve con él.
Creo que nos permitió a nosotros acercarnos mucho más, que él me
conociera y yo a él.
Y ahí fue que nosotros empezamos a salir y empezó toda esta historia que nunca me
imaginé. Y bueno, ahí es donde yo me entero, ¿no? De que Pía ya estaba
saliendo con Virgilio y luego viste este cambio, ¿no? Ya, bueno, ya Pía ya era
parte de la cocina, ya no estaba en la zona de frío, estaba en la zona de
línea, ya lideraba el equipo, como te digo, en su momento ella lideraba su
equipo de fríos y luego liderar toda una cocina, digamos, por 70%, 80% de
hombres, era muy difícil.
Yo me acuerdo cuando llegó Pía y le dije a la gente en cocina, le dije a los
cocineros, le dije, oye, viene una chica bonita y simpática, este, cuidado que,
este, no,
Tranquilícense chicos, porque los veía un poco eufóricos. Y fíjate,
terminé siendo yo el personaje.
Chicos, ¿cómo estamos? Hay unas cámaras por ahí, pero quiero que vean esto.
Estamos trabajando con cinco tipos de maíces.
Y tenemos el maíz blanco de Cusco, el maíz gigante, el maíz ciporón, todo el
maíz morado.
Cuando Compi empezó a trabajar el tema de qué es Central, qué es Central,
empiezan los cuestionamientos, es que Central es un restaurante que empezó
siendo distinto, para empezar, en una lima que era muy estática, muy
conservadora, y bueno, Central era innovador.
pero teníamos que ser un poco más.
Claro, al principio Virgilio cocinero entrenado fuera, en nada, sitios
europeos, americanos, cuando llega aquí, llega pensando, bueno, voy a hacer eso
que he aprendido. Y entonces...
En el tiempo, y te estoy hablando en cuestión de un año o dos años, se da
cuenta de que no estaba haciendo nada exactamente rompedor o diferente.
Este cambio que hace Virgilio en el 2011 acerca de los menús de gustación pasa
cuando Virgilio hace este viaje de exploración.
Se hizo este viaje a través del Perú, a través de la costa, de la selva, del mar
y de los Andes, a través de productos nativos que en ese momento ningún chef
se atrevió a usar.
Entonces fue algo nuevo para nosotros el menú degustación y con productos que
nosotros no conocíamos como peruanos. Este producto de acá, ¿por qué no
encuentro el productor?
¿Por qué no conozco a la persona que está detrás de este producto?
Para mí eso fue importante porque tenía que irme, regresar a Perú y no solo
regresar a Perú-Lima, sino regresar a Perú-Lima, Cusco, Amazonía, Andes,
Altiplano y todo lo que estoy haciendo hoy en día.
El punto era que, claro, no sabía cómo sacarlo adelante.
Era solo una idea, una sensación.
Entonces, cuando me lo conversa, me lo conversa como, ¿qué tal si abrimos un
centro que investigue eso que no conocemos?
O de lo que sabemos muy poco.
Entonces, así es como se termina de concretar esta idea en Mater.
Tengo dos cosas que enseñar a ustedes.
Primero, las nuevas pinzas.
Y luego, la fotografía.
Ay, qué lindo, está bello.
Malena aparece en 2010, ser parte del equipo.
Ella es hermana de Virgilio, ella tenía otra carrera.
Luego se incorporó al tema de Mater Iniciativa.
Y en ese momento es donde Malena es parte del equipo. Y también hace este
cambio con nosotros, que fue un apoyo tanto como para Virgilio y para Pia.
Ella también tiene mucho que ver en el cambio de Central.
Central ya estaba abierto y Malena entra unos años después.
Malena no vivía en Perú.
Entonces, ya sabes, Virgilio, todo el día piensa y es un loco. Y tú, Malena,
¿por qué no te quedas con nosotros?
Siempre le decimos, hacemos un triunvirato familiar.
A veces dicen, ¿no? Pero qué complicado trabajar con la familia, ¿no?
Sí, podría ser complicado, pero la verdad que creo que a nosotros nos
funciona muy bien. Tenemos mucha comunicación, mucha confianza para
decirnos las cosas como son.
Fue muy importante que entendamos que teníamos que llevarnos bien sí o sí.
Porque aparte Central Miraflores era así de chiquito y estábamos metidos los tres
juntos siempre.
De repente teníamos que entender que este restaurante ya no era de un chef,
sino que era un restaurante de a tres.
Y ahí tenía que hacer que Pia sea muy amiga de Malena.
Complicado, porque claro, ya de ser un restaurante donde yo era el
chef, Pia su chef.
Entraba Malena con un puesto que no sabíamos qué era.
Malena, Pia, Virgilio.
Teníamos que lidiar con lo que era central.
¿Francleto? ¿Beto?
¿Cómo estás?
¿Cómo estás?
¿Estás en la cocina seguro?
¿Cómo estás? ¿Cómo te va?
cada viaje de exploración era entrar a un mundo diferente un mundo nuevo y
entonces aprender de las personas con las que conectamos era era fundamental
escucharlos.
Sobre todo ofrecer el tiempo para oír las historias de la gente misma y para
tratar de entender un poco cada mundo, cada espacio y entenderlo en su
completa dimensión.
¿Cómo se llama, señorita, uno, el otro?
Achokcha.
¿Acá cuánto tiempo está la cacao?
¿Cómo? Acá. ¿Hay cacao más?
Sí, claro, la manteca. La manteca.
¿Cuál es el que más te ha gustado?
¿Tres?
Pero hay cuatro acá.
¿Tres que son con mi caca?
No, o sea, es como un juego. Este lo hizo ella, este lo hice yo y este lo
hizo él.
Tú tienes que decir cuál te ha gustado más.
¿No?
Ya está, ya.
Muy político.
Ganamos todos.
Empate.
Triempate.
Bueno, guárdalo y disfruta. Gracias.
Muchas gracias, Romulo.
Lo máximo. Lo interesante de hacerlo con un cocinero es que su
visión de las cosas es también una visión de conocernos a través de la
comida.
55 grados, ¿no? 50 grados. Se cuesta el refresco.
¿Están mejorados?
Tienen un olor como alcohólico, ¿no? Sí, claro.
Distintos chunchos están mezclados acá, todos son chunchos. Ok,
tú lo vas a poner acá y acá lo dejas que también un día, ¿no?
Mater lo creamos para ver, para ver.
Todo el contexto completo de lo que había alrededor de productos, de la
existencia de insumos en Perú.
Esta idea de explorar el territorio peruano era para registrar, para
registrar todos los ecosistemas que habían en cada mundo, cultural, social,
biológico.
Claramente al principio ha sido como una experiencia muy...
como juvenil, de ir curioseando, ir viendo qué cosa había.
Pero luego ya empezamos a tener un poquito más de estructura y empezamos a
programar mejor las cosas que queríamos ver y había más intención detrás de cada
viaje de exploración.
Darle la vuelta central en términos de carta, de propuesta, era un riesgo
gigante, sobre todo en este ambiente local, hablar de ecosistemas,
de alturas, no era un lenguaje que la gente entendía.
La gente, todavía, aparte, había tendencias y modas que contradecían un
poco lo que hablábamos nosotros, porque en ese momento se hablaba un poco del
movimiento orgánico, el movimiento de estación, el movimiento de recién
reconocer el producto.
Y nosotros estábamos hablando de alturas, era distinto, estábamos
hablando de temas más culturales, estábamos hablando de temas más
multidisciplinarios, donde eran momentos en los que más hablaba del chef, del
cocinero. Podemos coger un atado, sea el tamaño que sea, y sea la flor que sea,
lo increíble es que, claro, coges una tijera pequeñita, haces un hueco y te
encuentras con toda esta cavidad que está acá, para llenarla, luego sellarla.
Y puedes meter miles de sabores en esta suerte de
ravioles.
Entonces, ¿qué sucede?
Que genial, el problema es que no viajan bien.
Pero son perfectas.
Mira, son perfectas.
O sea, tú las pones estas en fila.
O como quieras, o en fila las pones, digamos, sobre algo hermoso, lindo,
rectangular, recto, derecho, increíble. O las pones con un atado.
El concepto siempre ha sido la recolección.
Le das sabor y luego lo regresas al sentido del lugar. Entonces, ¿qué pasa?
Que dentro de lo que es la vajilla, la cerámica, que está por debajo, Lo que
hacemos es poner luego una serie de atados de este tamaño, como que esto
acá, ¿no? Lo pones en algún lugar, sea acá, ¿no? Y luego pones las
piezas que están rellenas ya con los sabores encima.
Entonces ahí está la diversión un poco también, que tú vas cogiendo cada
pedazo, ¿no?
Cada bola, cada esfera, cada pelota, lo que sea, ¿no?
Y cada uno de ellos ahora.
Y el sabor lo podemos extraer de los tallos, de las ramas, de las flores, del
tintín.
Lo que pasa es que la potencia del menú de alturas y el mundo en desnivel y toda
esta parte de la verticalidad nos generó esta idea de sacar la carta.
Y de repente poner un menú de gustación. Y eso ya fue un riesgo. O sea, ahí ya
nos poníamos en riesgo a perder bastante.
No voy a decir perderlo todo, pero sí empezamos a perder mucha gente. O sea,
la gente venía al restaurante, se sentaba y de repente no veía la carta y
se paraba y se iba.
Y empezamos a lidiar con eso. O sea, empezaba a lidiar que salía de la
cocina, salía de la cocina a la mesa y preguntaba, señor, ¿qué pasó? ¿O qué ha
pasado por ahí? Y me decía, no, yo no he venido para una experiencia que no
conozco y no sé qué son estas alturas, esta verticalidad.
Entonces, sucedía que la gente se iba.
Cierta gente, ojo.
Y cierta gente sí empezó a venir por eso. Y ahí es que cierta gente de otras
partes, digamos, gente que no es de Lima y gente del mundo, es que empieza a
poner el ojo en lo que está pasando acá.
Porque empieza a encontrar un vehículo para entender Perú, con sus alturas.
Y empieza a entender realmente, ¿Perú qué es?
Esta geografía donde tú de repente lo ves de arriba y es como un papel
arrugado. Y ese era el principio de nuestra explicación, es el papel
arrugado. ¿Cuál es el papel arrugado? Este lienzo donde tú ves muchos
microclimas, pisos ecológicos, donde se van generando ecosistemas. Y esto de acá
era como la paleta para trabajar.
¿Pero qué pasa si de repente te empiezas a ver como no un restaurante y te
empiezas a ver como algo más?
¿Qué tan lejos puedes llegar?
Entonces ahí es cuando empezamos a encontrar otros ecosistemas de trabajo,
ecosistemas creativos.
Y creo que como Malena es que encuentro una ventana que se abre, pero que es
inmensa, que me abre este tema de la fuera y más, y que te encuentras que...
que encuentres identidad, encuentres un poco más de tu visión, más de lo que
queríamos como equipo.
Y aparte, también algo que me sucede es que yo también empiezo a sentir una
presión de grupo, del equipo de trabajo de Central, que los chicos, las chicas
querían más. O sea, la gente quería ir hacia otro lugar.
Hacia otro lugar no sabíamos para dónde.
Salirnos de lo que es Central, el restaurante, es importante.
Porque nos veíamos en otro escenario, en otra casa, en la que de repente te
encuentras con Central, Colle, Mater, Mayo.
Nosotros que hablamos de ecosistemas, terminamos formando nuestro propio
ecosistema, que es el ecosistema Casa Tupac Barranco, donde todos, de alguna
manera, funcionamos como un todo.
Cuando nosotros nos mudamos a Barranco, a Casa Tupac, tomamos la decisión de
mudarnos nosotros también como familia. Entonces vivíamos arriba de la cocina
central. Y siempre hemos dependido de los sonidos de la nevera, los sonidos
del personal. El primer personaje que entra a la central a las 5 o 6 de la
mañana que se iba por el pescado, siempre sonaba el timbre. Y si el
restaurante se quedaba sin agua, nos quedábamos sin agua o sin luz y no
teníamos luz.
Creo que es parte de construir algo importante, y está bien.
Siempre tenía un encanto por Barranco, creo que siempre he querido vivir acá. Y
cuando de Miraflores hubo la oportunidad de salir, miramos a Barranco de frente y
empezamos a buscar diarios locales acá.
Eso fue una cosa. Lo otro fue ser padre.
Quería que Cristóbal, mi hijo, esté jugando por Barranco, que esté por acá.
Mi hijo es amigo de todos los cocineros y va a la sala, se pasea por acá, corre
por acá.
Y bien, creo que eso es parte de pasarlas juntos, ¿no? Aparte no tengo
otra.
Solo aparece en el 2015.
O sea, en el momento más intenso.
Yo trabajé hasta el octavo mes de embarazo. Me acuerdo que yo cantaba
comandas con una silla.
Me acuerdo que no entraban los zapatos.
Y al mes, yo doy a luz y al mes yo ya estaba en la cocina.
Los dos éramos así.
24-7, todo ese restaurante.
Y era nuestra vida.
Pero claro, aparece Cristóbal y Cristóbal ahora es nuestra vida.
Entonces las cosas van cambiando, ¿no?
Entre tu mayor pasión, que es el restaurante, y tu otra mayor pasión, que
es tu hijo.
La cocina creo que estaba como destinada para mí. Yo terminé el colegio y yo
sabía que quería estudiar cocina. Cuando empecé a los 18 años no pensaba, voy a
tener mi restaurante y sueño. Después de estar 8, 9 años en Central, sí nace la
idea y digo, creo que siento que ya debo hacer un cambio de manera personal y
un lugar en donde yo pueda expresar realmente quién soy yo y qué me gusta a
mí. De ahí aparece la idea de mudarnos, porque Central en Miraflores queda muy
chico el espacio.
Aparece este lugar que era la Casa Tupac.
Qué mejor que en el mismo espacio que Central, porque también estaba esa
situación de no quiero separarme de Central.
Central está en mi corazón, es así.
Y Virgilio también dudaba, pero ya no vas a estar en Central.
Creo que se presentó la mejor opción de estar juntos, pero separados a la misma
vez. Y ahí nace la idea de...
de abrir Coye, ¿no?
Pía quería Coye.
Pía lo tenía ahí. Pía quiere un lugar para expresar su comida, lo que piensa.
Y Pía también busca un crecimiento progresivo. Digamos que Pía aún está
buscando un camino claro para Coye.
Me encanta porque lo tiene ahora, sino que lo va afinando.
Pero Pía yo sí creo que necesita, y es algo muy de ella, es que necesita su
lugar.
su lugar donde ella puede hacer lo que ella quiere.
Hoy es un lugar donde hay mucho color, yo soy una persona que siento que me
gusta mucho el color expreso, es algo muy dinámico, muy relajado como lo ves,
pero a la vez trato no solamente que vengas y que comas algo rico, sino que
te lleves algo, un mensaje y que genere un cambio en ti.
Y la gente a veces no nos cree, ¿no?
Pero ¿cómo no se van a pelear?
A veces es poco creíble, pero la verdad que sí, ya nos conocemos creo, yo ya
conozco creo que muy bien a Virgilio y él me conoce a mí, entonces a ver, si
algún día pues sí nos peleamos y qué sé yo, creo que es normal, pero...
Ya nos conocemos muy bien y sabemos muy bien también respetar el espacio de cada
uno, ¿no?
Ojo, pero nunca nos hemos ido a dormir peleados. Ah, no, si tenemos esa... Ese
es un código, esa es algo clave. Un código que tenemos entre los dos de que
dormidos peleamos nunca.
El plato transmite, la cerámica, la vajilla transmite.
Hemos empezado a poner cosas que tú normalmente podrías ver que podrían
estar en una pared, están hoy en día en la mesa, como lienzos grandes que
tienen desniveles y que como pueden ver,
que suenan.
y que se ven como que semi-rústicos, pero a la vez hermosos, a
la vez hermosamente rotos.
Esto se va a ver siempre en todo el menú, lo puedes ver.
Desde paso uno, momento dos, momento tres, cuatro, cinco y así.
Podemos ir hasta 17 momentos donde vas a ver.
un poco de un ecosistema que tiene algo en particular.
Encontramos que todo el sistema o el ecosistema que queremos recrear parte
primero en el lienzo, pero este lienzo es parte del ecosistema también.
Digamos que esta cerámica también está inspirada en el ecosistema que vamos a
poner encima.
Hay piezas que queremos que mantengan ciertas roturas naturales.
y obviamente no queremos trabajar en lo demasiado obvio no queremos que esto sea
como que como super en super en tu cara no es como que tú lo puedes sentir pero
a la vez también es una belleza que te va induciendo poco a poco a otras cosas
en otros caminos de otros campos de gastronomía pero
bueno estoy súper contento buenísimo
Increíble, increíble, buenísimo.
Hay
momentos
en los que los reconocimientos, sí, llaman mucha gente afuera.
Eso era algo que no esperábamos. O sea, por ejemplo, que llegue una carta, ni
siquiera por mail, que llegue una carta por el correo que me diga que he entrado
en una lista mundial, que estoy entre los 50 mejores del mundo.
en un restaurante que recién empezamos, para mí fue muy fuerte.
Hoy en día para nosotros puede ser algo que podemos tomar como algo normal,
digamos, tener esta comunicación con Asia, con Europa, con otros continentes.
¿Por qué?
Porque sí, vemos gente de muchos lugares que vienen o nos caen invitaciones o
propuestas de muchas partes del mundo.
Pero eso antes no sucedía.
y de repente empezar a entrar en estos mercados internacionales, yo creo que
también avalados por reconocimientos mundiales, era importantísimo.
Pero algo que no me olvido es cuando nosotros, a los tres años, o cuatro o
tres años de funcionamiento, nos metimos en una lista peruana muy importante como
número uno. Y esto lo supo todo el Perú.
Y esto de acá de verdad era importante porque mostrábamos que un restaurante
con cierta innovación, un restaurante joven, de jóvenes, de alguna manera
rompía el establishment de restaurantes. Porque de hecho había restaurantes de
Lima, de Perú, que estaban ahí años, 20 años, 15 años, 10 años. Y un restaurante
en el tercer año entra y la clava ahí, ¿no? Número uno.
Ese momento fue importante.
Y luego vienen los momentos, hablando de reconocimientos, que las listas
mundiales, que de repente nos llega una carta de Londres, de que hay que ir para
Londres a recoger una cosa ahí.
Esto fue un gran momento.
Y este momento, evidentemente, ya genera expectativa en el mundo y genera estas
ganas de venir a la central y conocer.
Yo siento que todo calzó como en el momento perfecto, ¿no? Como tú dices,
abrimos Colle, Y yo recibo este reconocimiento de Latinoamérica.
Calzó perfecto, genial.
Coye era un restaurante nuevo que necesitaba ese empuje y esa motivación.
Luego viene el otro, que era del mundo.
Entonces, fue intenso.
Coye tiene tres años de abierto. Entonces, han sido tres años muy
intensos de mucha mezcla de emociones.
El reconocimiento de Pía tenía que caer porque Pía...
Ha manejado Central por muchos años y Pía ha estado a cargo de estas cocinas
mucho tiempo.
Luego Pía pasa a Mil, pasa con Coye,
viaja a hacer cenas afuera, importantes, ojo, muy importantes.
Y siempre pasaba como...
Como la esposa de Virgilio, la esposa del chef, ¿no?
Es más, Pia pasaba por la situación en la que le decían, ah, tú eres la que
hace los postres, ¿no?
Siempre, ¿no?
Y lo bueno de Pia es que nunca buscó un reconocimiento también, ¿no? Si quien
conoce a Pia sabe que no está buscando eso.
Pia está buscando su lugar de trabajo y Pia está buscando, si está buscando
respeto, Pia está buscando respeto de la gente que cocina.
Y ahora busca un respeto, ¿no? En esta...
aldea está digamos este mundo gastronómico con respeto
Había un ritmo frenético, digamos, de cocina, de viajes, de conexión con
gente, de reuniones, y las agendas como que llenas.
Obsesivamente teníamos unas pizarras gigantes con lo que sucedía en la
semana, y cada vez se llenaba y se llenaba, y eso nos da ansiedad, porque
al mes ya aparecía el mes lleno, un bloque de cosas que había que hacer.
Sonaba el teléfono.
Alguien levantaba el teléfono y tomaba la reserva. Así lo escribía.
Y de repente de eso pasamos a siete personas al teléfono.
Empezaba a llamar la gente y reventaba el teléfono.
Y se nos generó un problema de reservas. Porque empezamos a ponernos llenos de
cinco meses, seis meses.
Y era algo que para nosotros... No entendíamos porque nosotros trabajábamos
al día. Está el restaurante lleno, están todas las mesas, todas son mesas de a
dos. Tenemos una mesa de a cuatro, una mesa de a tres, perdón, y una mesa de
cinco. Y viene de Estados Unidos y va a tomar el menú territorio. Entonces en
Salamater tenemos dos packs que vienen de Alemania y tenemos en la mesa
ocho. De Dinamarca, ojo, no come ajo crudo. Y les aviso que tenemos una mesa
especial en la mesa de Mater, que son unos cocineros que vienen de México.
Preguntan restricciones y con eso vamos.
Un 15 de marzo, hace dos años, el presidente habló y de repente nos
cerraron.
Tuvimos que irnos todos de acá, dejar la cocina, dejar los cuchillos, dejar todo.
Volteamos las mesas y a casa a no hacer
nada y a no saber qué pasaba.
Y la incertidumbre apareció.
Se hablaba de un cambio de era, una nueva normalidad y cosas así.
Bueno, dentro de la nueva normalidad, la impotencia tremenda empezando de que no
sabías qué pasaba, no sabías qué hacer, que tienes a mucha gente esperando una
respuesta y obviamente uno como líder tiene que asumir las responsabilidades,
consecuencias y todo.
Y bueno, me tocaba buscar las soluciones, los pensamientos.
Tan negativos, ¿no? Tan tóxicos, ¿no? Que de repente un restaurante no
funciona.
¿Cómo regresas? Si esto iba a ser de 15 días o no, porque no me la creía.
¿Cómo, si realmente, si ocurría una pandemia de este nivel, con estas
implicancias mundial, qué pintábamos nosotros como restaurante ahora, ¿no?
¿Qué iba a pasar con lo que hacíamos?
si realmente era relevante lo que hacíamos o no, porque podría no serlo.
Justo el 15 de marzo de hace dos años yo estaba en Lima, estábamos trabajando en
Central y tenía a lo mejor con Virgilio planeado tres viajes en el próximo mes.
Me recuerdo que el que seguía era Atomics en Nueva York. No lo pudimos
hacer, se canceló y ya cuando se canceló eso...
ya veía venir de que a Lima le venía lo mismo, ¿no?
Bueno, para mí que vivo de la cocina, asumir esto de no
cocinar, sí fue terrible, no les puedo mentir.
No imaginaba yo despertarme y de repente no tener mucho que hacer.
Y de ahí venía el golpe de estar acostumbrado 24-7 a estar en un ritmo
durísimo. A no hacer nada, ¿no? Y sobre todo físicamente, ¿no? Eso también fue,
uff. Me acuerdo que vivíamos ahí y Virgilio me decía, me voy a la sala
central a pensar, ¿no?
Me voy a correr, me acuerdo que corría por acá.
Para mí, que no soy de aquí, fue muy difícil estar tan lejos de mi familia.
El tema del encierro fue súper difícil.
¿Qué vamos a hacer con las 100 personas que son parte de nuestro equipo? ¿Qué
les vamos a decir?
Y fue horrible, ¿no?
Las reuniones, me acuerdo, por Zoom, de que hasta qué mes llegamos, ¿no? Porque,
Mariana, ¿hasta qué mes aguantamos?
Uf, dos meses más.
¿Ahora qué hacemos? ¿De dónde?
No, porque nosotros teníamos una inversión de toda la mudanza. Entonces,
no era que no teníamos deudas ni nada. Era horrible, era horrible.
Sí, hubieron momentos en los que, por ejemplo, a ver, si hablamos con la gente
que miraba los números, nos decían dos meses más así y ya se acabó la historia.
Luego me había juntado también con gente, había hecho zooms con gente con
las cuales podíamos tener algo de dinero, préstamos, luego gente que
quería comprar, central.
Yo en un momento...
Hasta me cuestionaba si realmente esta idea de Central y Coye y Casa Tupa, que
en realidad siendo tan grande, era necesario y si no era un error todo esto
que habíamos hecho.
No pensaba tanto que si era un error, si en el futuro esto funcionaría
con todas estas restricciones de ir a restaurantes.
Estás acostumbrado siempre tú a atender al restaurante lleno, ¿no? Y luego de la
noche a la mañana pasa esta pandemia y luego ves que la gente no viene una o
dos mesas. Entonces ahí te das cuenta como, oye, pasa algo aquí y tenemos que
reestructurarnos las cosas, ¿no? Y Virgilio y Pia siempre han sido gente
que siempre, personalmente yo siempre confío en ellos, ¿no? Siempre todos los
que ellos me han dicho y todos los que ellos piensan a futuro siempre se ha
cumplido. Y en ese momento cuando dijeron, chicos, seamos fuertes porque
esto va a pasar y esto vamos a pasar, yo soy de las primeras personas que siempre
creo en ellos.
Algunos tuvimos la mala suerte de enfermarnos y todos los días una
llamada, ¿cómo estás? ¿Qué necesitas?
Y eso no pasa en otros restaurantes.
Creo que nos ha pasado a todos de tener pensamientos medio jodidos, medio
complicados a la hora de la pandemia, de ver las cosas un poco negras, pero la
verdad que él siempre tuvo muy, muy claro el camino.
Nosotros nos tuvimos que reinventar, tuvimos que, cuando nos dieron esa
posibilidad de poder abrir los restaurantes solamente con delivery,
fue, digamos, un reto para todos.
Pasamos de hacer alta cocina, o de la mejor alta cocina del mundo, a hacer
delivery, y no era un campo en el que estábamos acostumbrados a
movernos. Los mismos meseros, incluyo también yo, como jefe de servicio,
empezamos a contestar los teléfonos a la gente, y los mismos chicos de servicio
con los autos.
de la empresa y los autos de cada uno, íbamos nosotros a llevar la comida
personalmente a los clientes.
Los deliveries, por un lado, era una salvación económica, pero
era nuestra perdición porque nosotros trabajamos en un salón, nosotros
trabajamos para la gente que se sienta, no trabajamos para la gente que está en
su casa.
No nos gustaba mucho esta idea de hacer deliveries, esta idea de que cambia
todo, esta idea de que había dark kitchens.
En nuestro caso, ojo, que nosotros planificamos una experiencia, una
experiencia que puede durar de dos, tres horas a cuatro horas. Y en esas horas
que estás, nosotros queríamos hacer cosas que trasciendan, o es lo que
buscamos. La pandemia nos enseñó un montón de cosas que no sabíamos que
sabíamos. Porque nosotros creo que ya estábamos a prueba del hecho de ser una
pareja que cocine, que está en este ambiente de estrés, una cocina y que nos
veamos siempre, ¿no? Las caras, digamos, ya estábamos a prueba, ¿no? Creo que esa
prueba la habíamos pasado, habíamos pasado mucho tiempo ya juntos, ¿no?
Mucho tiempo, digo.
Entonces creo que, la verdad, no es que no era una apuesta, en nuestro caso creo
que era lo contrario, era como...
Era un momento como para disfrutar de que ahora sí podemos estar juntos, sin
el estrés con el que estamos acostumbrados a cargar.
La puesta a prueba era si podíamos vivir en calma, algo así, y creo que era
totalmente superado.
Este espacio, que es uno de los espacios de Casa Tupac, lo ocupaba Virgilio desde
que nos mudamos aquí.
Y él quería intencionalmente estar en el mismo sitio de Central porque sabía que
no podía desligar una cosa de la otra.
Creo que este es de los espacios que más me gusta porque conecta con
todo Casa Tupac. O sea, de aquí puedes ver...
a los chicos comiendo en el tercer piso, y de hecho me hace acordar mucho cuando
hablábamos con Pía a distancia, porque Pía estaba aquí, de repente con Cristol
en algún momento, y entonces se comunicaba con los chicos de aquí, y la
oficina de administración está en esa ventana, y entonces también podías ver a
las chicas trabajando, entonces nada, Virgilio y Pía siempre me tuvieron esa
comunicación, y nada, en pandemia, en tiempos de cuarentena,
Este sitio también era como un oasis, porque tenías la calma, la tranquilidad,
un silencio que de repente te desorientaba por ratos, pero que también
te traía de nuevo a casa y a lo que nos gusta hacer y la expectativa de que las
cosas se iban a poner bien.
¿Cusco seis y media?
Sí.
Que nos cae el cielo, no sé de dónde.
Las montañas, ¿verdad? Pero que nos cae como para entender que la
responsabilidad aún es más importante que cuando abrimos.
Que cuando abrimos hace cuatro años.
Cocinar podría ser fácil, pero encontrar la trascendencia en lo que cocinas, ahí
sale la dificultad.
Y creo que en esta búsqueda, esta exploración interna y en el afuera y
demás, es que encontramos el contenido que nos da todo este grueso como para ir
al mundo o ir desde acá y contarle al mundo lo que estamos haciendo.
amor cómo estás llegando
no estamos camino estamos como unos minutos ya de mil y
viendo qué va a pasar
No, la noche no vuelvo, no puedo.
Regreso dos días más y eso, por ahí que tres.
Sí, sí, sí, sí, sí, sí. Es que igual, ya sabes, o sea.
Vamos a abrir y estamos abriendo con todo, o sea que no me puedo
ir tan pronto.
Me tengo que quedar un poco más.
Ya, ya, yo me encargo, yo me encargo.
El tema de servicio va bien, el tema de vitalidad, reservas, todo eso, creo que
pinta genial, pero bueno, falta gente en cocina, sobre todo en procesos.
Nada,
que todo salga bonito mañana, en el primer día, un gran
abrazo a todo el equipo, aquí desde Casa de Tupac les deseamos lo mejor.
Besos.
¿Qué?
¿Cómo estás?
¿Qué tal?
¿Cómo están las chicas de la entrada? ¿Bien? Bien.
Ahí están un poco también.
Sí.
Fíjate las joyas, cómo han crecido, ¿no? ¿Has visto?
Sí, están tan grandes que los hemos tenido que rebajar un poquito. La idea
es que la gente que está comiendo pueda ver de las ventanas afuera, ¿no? Y esto
se ha mantenido, ¿no?
Igualito, perfecto. Pensé que se iba a mover.
Yo ya no le he querido hacer nada.
No, ni tocarlo. No le he querido tocar porque pensé en algún momento como darle
una pulida, pero dije, mejor lo dejo así.
No, pero es como que en dos años esto se ha volteado un poquito por la izquierda,
¿no? Sí.
Tan lindos. Sí, Kodi sabía qué poner.
Están tan bonitos.
¿Qué tal?
Hola, hola, hola. ¿Cómo están? Hola, hola, hola. ¿Cómo están?
Hola,
hola, hola.
Estos son los que han sido parte de. Los que han sido parte de y siguen siendo
parte de.
Los que dejaron huella, pues, la historia.
Y van a seguir habiendo, por eso Vero ha dejado el espacio en blanco para los que
se van a ir sumando poco a poco.
Bueno, cuando usted es la historia, el presente.
En cada plato se tiene que ver este paisaje.
Por esto empezamos.
Y ya luego vamos viendo cómo se desarrollan los sabores y todo esto.
Pero es el paisaje. Ya, listo.
¿Cuál es el plato ahora que refleja más la, digamos, no el sentido del lugar ni
la altura, sino la estación, digamos? La estación de Mil, creo que sería...
podrían estar los maíces y estamos utilizando lo del tarwi, también me
parece que está bastante... Ese momento, ¿no? Ese momento es muy vistoso y se ven
mucho las flores, ¿no? Como se ven aquí las flores, también se ven el crocante.
Fíjate que lo que no está en esta mesa está en el campo. Claro, sí. Y te vas a
dar cuenta que muchas veces tú vas a estar en la cocina o va a haber mucha
gente en la cocina que va a abrir la cocina, va a salir al campo, va a coger
un vegetal y va a regresar y va a terminar la mesa. Y esa es la magia de
Emil. Si dejamos un espacio para esa magia es importantísimo.
Seguro que va a haber un menú, me imagino ahora de vuelta con más colores,
me imagino que va a haber mucho más reflexión en lo que es el campo y luego
esta etapa de...
de trabajar más con la comunidad, que creo que ahora hay un vínculo mejor,
¿no? Así es. Yo quiero estar a la altura de esto, porque mañana tienen mesa
ustedes, porque mañana abrimos, y mañana tienen una mesa ustedes para el menú
degustación, o sea que a eso de las 12 y media, ¿no? Mesa para dos, un almuerzo
romántico. De hecho va a estar mucha gente de la comunidad ahora.
viniendo a chequear realmente si sus productos están puestos en mesa. Y
también es importante... Bueno, como Cleto... Cleto, claro.
Entonces Cleto quiere ver sus productos en mesa.
La producción está allá. Yo diría que el 80% va a estar allá.
Y el otro lo vamos consiguiendo de productores locales. Por eso es que nos
vamos moviendo, ya sabes, con Nilver a la selva. Sí. ¿No? Temas de cacao y
temas del dulce.
Con Mater lo que hacemos es registrar, registrar conocimiento, registrar
naturaleza de sitios, registrar cuáles son las personas que se vinculan
directamente a la existencia de productos.
Entonces todo eso que recogemos con Mater después lo proveemos a los
restaurantes, a Central, a Coye, a Mayo, a Mil.
En el caso de Mil el contacto además es más directo y descubrir que la región
además tiene una zona amazónica fue...
fue encantador para nosotros porque ha sido atravesar paisajes para llegar a
una zona espectacular de cacao.
Toma, Rómulo.
Se va a rodar, se va a rodar.
Cada vez que yo vengo a este lugar a visitar a Rómulos, siempre es una parada
fija aquí, fija, fija aquí.
Estar parado acá es ver la naturaleza, disfrutar del sonido de los chisquillos,
de los pájaros, de los insectos.
Es eso, ¿no? Y más aún el sonido del río, del río Vilcanote. Es único, es
sentarte acá, es tranquilidad, es paz, es respirar profundo.
Es único, es sentir la naturaleza, es conexión con la mar y tierra, es muy
importante para mí.
Lo que yo hago a partir de este fruto del cacao, aprovechar cada parte del
cacao.
La cáscara como tal lo que he hecho es tostarlo y luego por un proceso de
cocción, el líquido a partir del líquido lo que he hecho es una kombucha que
vendría a ser esto de acá. que es una bebida refrescante.
Esto vendría a ser la mazorca, el cacao, las semillas, que solo esto nada más
estamos haciendo para hacer chocolate.
A partir de este musílago, por ejemplo, hacemos gel, se puede hacer vinagre de
musílago. Esta es la harina de la avena y esta es la harina de la cáscara como
tal.
Lo que he hecho con esta parte que es muy dura, como pueden ver, luego lo que
hago es deshidratarlo.
Y obtengo como una parte dura, como una madera, todo esto, pero tiene
propiedades aún pectinas.
Lo que hago es ahumarlo. Una vez ya ahumado, hago un proceso de
infusión. A partir de esa infusión, es una soja.
Entonces este es un sabor muy cítrico,
frutos secos, madera. Es una pulpa.
Y es como una pulpa del durazno, que es muy similar.
Así que en la experiencia se vive este mundo del cacao, aprovechando cada parte
de esta fruta.
Ahorita nuestro chocolate es un blend de todos estos chunchos. De todos los
chunchos. Exacto. Es complicado, digamos, entre comillas.
Tener un lote específico de un chuncho.
Lo que pasa es que en la fermentación ya están mezclados, ¿no? Exacto. Ya te
viene así. Sí, de hecho tú puedes ver y las semillitas pueden ser distintos
tamaños, ¿no? Mira, por ejemplo. Es más, para que sepa, ahí Nielber hizo el plan,
¿no? Y vas a ver la variedad de chunchos que están allá. Entonces, si alguien
realmente te pregunta, no sé.
Por ejemplo, este es el mapa de la provincia de la convención. Entonces,
dentro de la provincia de la convención vas a encontrar muchas zonas como...
distritos, comunidades.
Y ahí están las alturas, ¿no? O sea, de cada uno de los lugares donde se saca,
¿no? Tal cual, tal cual.
En Mater buscamos además de registrar y articular conocimiento y articular
saberes de gente.
También desarrollar proyectos, sacar adelante gestiones que nos parecen
importantes. Sobre todo cuando comienzas a conocer a alguien, comienzas a conocer
a una comunidad, a un grupo de personas que sabes que están haciendo algo
interesante o que sabes que están haciendo algo que podría ser valioso si
se visibiliza más.
Ahí es donde entramos a tallar y entramos a de repente hacer un
desarrollo más consensudo de qué es lo que se puede sacar adelante.
Así es como se instauró el taller de teñidos con tintes botánicos de Huarmi,
de las mujeres, de la comunidad de Cajiaracay.
Y rescatar un poco también lo de cultura que hay detrás de este arte manual y
esta sabiduría en las manos.
Mi chalequito, yo estoy viendo.
Mira qué lindo. ¿Cómo estás, Zeferina?
Zeferina, ¿cómo estás?
¿Cómo te va?
¿Qué dices?
¿Está quedando bonita? Hola, querida.
¿Cómo te va?
¿Cómo estás?
Oye, ha quedado lindo.
¿Para la Inés?
¿Este es Collie?
¿Ese qué es?
Collie. ¿Es este que está acá?
Sí, este.
¿O sea que este es el que has metido acá?
Sí. ¿Cierto?
Sí, lo hemos metido.
Esa. Parte la mitad y una la metemos en colle y otra la metemos en chilca. ¿Qué
tal? Ya.
¿Esta es la chilca ahorita?
¿Está mojadita? Sí, ahora no quieren sacarlo. Y el colle creo que está
teniendo como un...
En el trabajo de Mater tienes una plataforma de visibilización increíble
que es gastronomía, que siempre lo hemos visto como el gran vehículo. Y de hecho,
todas las disciplinas que se han sumado al trabajo de Mater siempre han visto
gastronomía como esa plataforma que hace que el conocimiento pueda ser más
accesible.
Hemos trabajado con científicos, con entomólogos, con ingenieros de
agronomía, forestales, con biólogos, que nos dicen, va a ser difícil que una
tesis sea de repente interesante o atractiva para alguien, pero a través de
la astronomía se puede.
Y entonces en el mundo de líquidos, lo que ha hecho Manuel Contreras es enlazar
todo este...
mundo cultural de las plantas medicinales y de los botánicos locales,
endémicos, nativos, plantas autóctonas, enlazarlo eso a las bebidas.
Entonces los destilados, los fermentos, todas estas preparaciones que hace en el
mundo líquido, vienen a ser un trabajo de mater.
Nací en el norte de Perú, en el departamento de Cajamarca, en ceja de
selva entre la Amazonía o el departamento de Amazonas y la sierra de
Cajamarca. Desde muy pequeño vi a mi padre seguir el paso del tema de la
recolección, también el curar con plantas medicinales.
Lo hizo mi abuelo también, entonces mi padre tiene esa herencia por parte de mi
abuelo. Para ellos, lo más importante de todo, en el tema medicinal, siempre
buscaron esas plantas de cordillera.
Para ellos, la mayoría de las plantas de cordillera son medicinales.
De hecho, para las culturas pre-incas, incas y para muchos ahora pueblos o
comunidades campesinas, para ellos es...
Antes de acudir a una botica siempre es ir a, en este caso, a la naturaleza.
Confío mucho en el conocimiento tradicional de las plantas y de repente
me hizo recordar cuando era pequeño.
Entonces para mí me hacía todo familiar.
Me encontré a mí mismo aquí, encontré mi pasión y entonces desde ese momento lo
sigo haciendo hasta ahora.
Creo que la reapertura de Emil viene a ser algo para Virgilio, para...
Pía a la distancia, para mí, para todos los que hemos vivido en Casa Tupac y
todo lo que hemos hecho, es una cuestión muy personal.
Es como, ahora sí se comienza a sentir que vamos a cubrir todo eso
que queremos ser.
Para nosotros Mil siempre fue un lugar relevante, siempre fue importante lo que
hacemos acá.
Entonces, regresar, regresar era lo que faltaba.
La cultura peruana es definitivamente lo que nos define.
Y yo creo que esta idea de Virgilio de construir un centro de investigación que
hiciera una revisión de lo que hay en el territorio peruano era también esas
ganas de devolverle a la patria lo que sentíamos que le debíamos.
Muchas gracias. Muchas
gracias.
Dos años hemos sentido que han sido diez años.
Dos años no estar acá pisando esto y dos años de no ver nuestros cultivos ha sido
demasiado.
Entonces es muy emocionante de
repente reencontrarnos con esta naturaleza, con los espacios.
es una de las sientes también mantener la mesa o la madera
materiales de acá y
hacer
el
trabajo que nuevamente Se hace cuando uno hace una reapertura o tienes que
hacer con rigurosidad, que es limpiar la casa, arreglar todos los aparatos,
sillas, mesas, aparatos eléctricos, cocinas, generar equipos y todo esto.
Mira, espesantes de acá, gelatinas de acá, texturas de acá, amargos de acá, de
las raíces, los amargos de acá, por ejemplo.
Lo otro que sucede, que es la magia de Emil, es lo que vemos acá.
Entonces tenemos acá destilado de caña, acá tenemos una infusión, ¿me dijiste?
Sí, tenemos igualmente un destilado, pero trabajado con cabulla. Ya, acá
tenemos un cóctel, ¿no? Acá vamos a tener un cóctel, igualmente. ¿Y cuál es
la bebida? La chicha. La chicha, ok.
No,
la chicha para acá.
Hay un trabajo hermoso que no nos gane la emoción, la emoción de estar de
vuelta porque hay mucho que ver.
Tenemos que administrarla muy bien porque no es una emoción que nos puede
ganar, porque de verdad que queremos comernos todo, queremos ir a todos
lados, pero no hay que olvidarnos que tenemos que hacer un servicio hoy.
Aida, cuéntame, ¿esta mesa?
Sí, chef. Acá viene un cocinero. Son seis personas.
Y él está de cumpleaños. Luján está de cumple. Luján tiene un restaurante acá
en Cusco. Viene con la novia, la familia y maridajes.
Sí, vamos a tener un par de maridajes en mesa. Un par de maridajes.
Listo. Bueno, aquí vamos a tener unas personas que vienen de Suiza.
Igualmente elaboraron su reserva con anticipación hace dos años. Y el viaje
es exclusivo para venir acá.
Fantástico. Sí.
Bueno. Buen lugar, ¿ya?
También tienen toda la vista. Sí, listo.
Bueno, veo que todas las mesas tienen de alguna manera una buena vista, ¿no? Si
no es al campo, si no es a la montaña, va a ser al cielo y si no es un poco al
salón destilados y a lo que es mil, más que todo mater.
Acá, por ejemplo, ¿me dijiste?
Sí, aquí vamos a tener unas personas de Argentina.
Hicieron la receta hace poco, emocionados, hicieron un tour
gastronómico en Lima y ahora vienen exclusivamente acá para conocer de
nosotros. Ok, buenísimo.
¿Algo que saber?
¿Estás nerviosa? No, emocionada. ¿Estás emocionada? Sí. Bueno.
¿Alguien está nervioso del equipo?
No, en realidad todos muy emocionados, hemos trabajado estos tres días con
mucha energía y sí, están todos súper contentos. Ok, qué bueno, qué bueno
saberlo.
No tengo nervios chicos, la verdad que esto es algo que nos va a nutrir mucho,
siento emoción realmente, estoy muy contento de poder reabrir, veo caras
conocidas, sabemos lo que hacemos,
tenemos las ganas y creo que esto va a ser, que esto sea bien.
Las posiciones las tenemos claras, sabemos lo que tenemos que hacer.
Este, nada, hay que hacer un buen servicio. Chef, ¿algo que quiera
adicionar? Es importante saber en qué momento podemos anticipar un problema.
Nada más, porque lo otro ya está en play, ¿no? O sea, lo otro ya sabemos que
va así, ¿no?
¿Qué puede cambiar un poco la situación?
Los maridajes, ¿no es cierto?
¿Qué otra cosa puede cambiar la situación?
Alergia.
Alergia, una alergia que aparece por ahí, pero todos han dado las alergias
ya, ¿no es cierto?
Entonces creo que vamos bien, vamos bien.
Ok, gracias, chicos.
Excelente servicio.
¿Cuántas lágrimas hemos visto en los comedores de Mil?
¿Cuántas lágrimas hemos visto en el salón de Mil?
Muchísimas. Porque la gente está emocionada y creo que ahí hemos hecho un
gran trabajo.
Yo creo que es parte de lo que hace que el equipo trabaje con tanto gusto
también y tiene tanta ilusión para este momento.
Oye, qué bueno que voy a vivir eso otra vez, de gente que llega a emocionarse.
Eso también es un lujo.
el lujo del tiempo el lujo de la conexión el lujo de lo real
el lujo de explorar el lujo de
sentirte ignorante nos inspira a inspirar y
continuar
Gracias.
Terminamos servicio y me cuesta procesar realmente emocionalmente qué significa
porque he regresado acá de otra manera y con otros ojos.
El equipo está contento, la gente disfrutó y todo.
Pero hay una parte creo que todavía pienso que hay muchas cosas por hacer
y...
Estoy pensando en el día de mañana.
En mí siento que no estoy en la cocina. En mí siento que estoy en espacios
inexplorados. Y creo que esta parte del cocinero para mí...
ha cambiado mucho.
Para mí, mil también marca un antes y un después importante.
La dosis de pasión siempre tiene que estar, la dosis de emoción, de sentir
que este lugar es tuyo, que acá hay un sentimiento particular, que acá genera
una mística interesante.
Digamos que eso no se puede perder.
Yo creo que hay mucho del Virgilio de antes en el Virgilio de ahora, en
términos de creatividad, de ganas de explorar, de búsqueda de más, también
de ambición y de ganas de comerse el mundo.
Creo que ese fue el Virgilio de chiquito y ese sigue siendo el Virgilio de ahora.
Y realmente no creo que venga una madurez de eso, sino que siempre se va a
mantener como un espíritu de niño.
el espíritu de curiosidad y de buscar eso de afuera.
Virgilio es muy determinado, es sumamente obstinado también.
Tiene las cosas claras de lo que le gusta, lo que no le gusta, lo que quiere
y lo que no.
Es una persona que te transmite a dónde quiere ir. Es una historia de mucha
pasión, es muy real, muy auténtica, pero también de mucha locura, de mucha
intensidad.
Creo que hemos logrado algo muy grande, algo real, de verdad que lo sentimos.
Entonces tenemos pues este soñador que nada, pues que hay que escucharlo,
entonces algo va a aparecer.
A mí me cuesta muchísimo entender que hay un crecimiento mío en lo individual
sin el colectivo, porque también el crecimiento lo veo con la gente que me
relaciono.
Mucho pienso que, como dicen, uno es un gran porcentaje con la gente que anda. Y
yo generalmente me hundo, ando con gente que está muy relacionada a la cocina, a
la agricultura, a la gastronomía.
Mi manera de crecer es con gente.
En el día a día me veo confundido, me veo perdido, me veo, no sé...
En picos de alegría, luego me veo en picos de preocupación, de hacer las
cosas muy bien, sé seguro que soy muy obsesivo y todo esto me ha llegado, yo
voy sumando todas estas cosas que tengo y va generando lo que es yo, lo que es
mi identidad y lo que soy.
¿Alegre me considero optimista? Sí.
feliz creo que la felicidad está muy difícil porque siempre van a haber cosas
que te van a quitar felicidad es más ser cocinero te quita felicidad te quita
tiempo hay tiempos lindos que estoy perdiendo porque estoy cocinando un
fracaso en una mesa un fracaso en una idea un fracaso en un proyecto te quita
alegrías por eso es que nunca me voy a considerar feliz ahora hay momentos de
alegrías interesantes importantes y son las que quiero mantener
Una to-
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