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Camina.
Camina. Camina.
INGLATERRA 1381
LA MITAD DE LA POBLACIÓN MURIÓ A CAUSA DE LA PLAGA
EL DUELO CONSUME A LOS QUE SOBREVIVEN
LA REBELIÓN
Mi señor.
Sálvanos, oh, Señor.
Protégenos, te lo ruego.
Su consejo está reunido.
Este es su reino.
Iré a ver a su padre.
Rezaré con él para que encuentre su camino.
Nuestro rey se encuentra indispuesto.
Otra vez.
Ay, las necesidades de su reino no pueden esperar.
Debemos continuar con nuestro trabajo.
En su beneficio, por supuesto.
Señores, necesitamos más dinero.
Si no recaudamos más dinero, nuestro reino caerá.
Los comerciantes de Londres deberían pagar.
Si les imponemos impuestos, querrán un lugar en nuestra mesa.
¿Es eso lo que quieren?
¿Qué dice usted, Su Alteza?
Sus obispos y clérigos poseen tierras de costa a costa
y riquezas incalculables.
La Iglesia es un reflejo del reino de Dios, mi señor.
Oféndala bajo su propio riesgo.
Entonces no tenemos opción.
Debemos cobrar impuestos al vulgo.
¡Levántate!
- ¡Rápido! - Se los ruego...
Se los ruego, pueden llevarse lo que sea justo y nada más.
Cuando se llevan este grano, se lo quitan de la boca a este niño.
Es orden del rey. Tienen que pagar un impuesto.
Ya no nos queda nada.
La aldea debe 600 groats. Deben entregar su grano como pago.
Es lo único que tenemos para el invierno.
El rey estima que Brentwood tiene 200 habitantes.
- ¿Tres groats cada uno? - Atrás.
No los tenemos ni todos juntos.
- Fuera. - El impuesto nos ha arruinado.
Solo hay mujeres y niños.
Hay cuatro personas mayores en su hogar.
- 12 groats. - Mi hija no tiene ni 16 años.
Parece mayor. Revísenla.
- ¡No! ¡No, no, no! - Es una niña.
- ¡No! ¡Por favor, señor, no! - Señor, es una niña.
Señor, se lo ruego. ¡Basta, niña!
¡Miren! ¡Mírenla!
¡Qué pecado! ¡Es una niña!
Es solo una niña. ¿Ya se detienen?
- Mira lo que han hecho. - ¡Dejen a la niña en paz!
- Es un pecado. Es un pecado mortal. - Ya es mayor.
Entonces debe pagar.
Las jóvenes deben demostrar que son menores,
o pagan sus impuestos.
Revísenlas a todas.
Tú, ven aquí.
¿Cuántos son en tu hogar?
Estoy solo. Solo yo.
¿No tienes familia?
No, murieron por la enfermedad.
- ¡Ayúdenla! - ¡Oye!
- ¿Puedes probarlo? - ¡Piedad!
¿Probarlo?
Que murieron.
¿Le pagaste la sucesión al señor Beauchamp?
¿No tienes vergüenza?
Le di grano y mis servicios.
Llévate a los niños a casa.
¿Tienes algún registro?
¿Tienes algún registro?
Un registro escrito. ¿Lo tienes por escrito?
- Fue hace siete años. - Entonces no tienes pruebas.
Debes elegir. Pagas el impuesto de sucesiones o pagas el impuesto del rey.
Tú decides. ¡Siguiente!
Suéltelo. Cuidado.
Apártese, señor.
¡Oigan! ¡Deténganse! ¡Detengan esto! ¡Oigan!
- ¡Alto! ¡Alto! ¡Oigan! - Hágase a un lado, señor.
¿Van a terminar con esto?
Hágase a un lado, señor.
- ¡Siguiente! - ¡Oigan!
¡Detengan esto! ¡Deténganlo!
¿Cuánto se lleva?
¿Qué dijiste?
Dije: "¿Cuánto se llevan usted y el señor que lo envió?".
Escucha, paga tus impuestos o te cortaré la mano.
Tenemos a otro tramposo. ¡Sargento!
¡Ya basta!
¡Basta!
¡Ya les hemos dado suficiente!
No debiste hacer eso, campesino.
- ¡Vamos, lárgate! - ¡Vamos! ¡Vamos!
¡Mátalo!
¡Rápido, hacia el bosque!
¿Qué vamos a hacer?
Van a volver a arrestarnos a todos.
Van a volver.
Nos van a matar.
No hay adónde huir. No podemos escapar.
No podemos luchar.
Nos van a matar.
¿Qué vamos a hacer?
Ay, Jesús. Sálvanos. Sálvanos.
Nos van a matar.
Piedad.
Por favor, Padre, piedad.
¿Qué pasa aquí, sacerdote?
Los impuestos, mi señor.
Pide demasiado.
Es lo que se pide, nada más.
Sabemos quiénes son. El señor Beauchamp tiene registros en su casa señorial
de todos aquellos vinculados a sus tierras. ¿No, mi señor?
Cada nombre y cada deuda, escritos con tinta y sellados.
Ahí lo tienen.
Él es su señor.
Es su dueño, y de todo lo que producen.
Si dice que paguen impuestos, pagan impuestos.
Si dice que trabajen más duro, trabajan más duro.
Esa es la ley.
Piensen en esto, entonces.
Hay uno entre ustedes que mató a un sargento de armas.
Denme su nombre,
o todos serán acusados por su crimen.
¿Tu nombre?
Labrador.
"Labrador".
Soy lo que hago.
Entonces, ¿qué dices, Labrador?
Golpeé a un hombre, mi señor. Golpeé a un hombre...
para proteger a un niño.
Pagaré por ello, como usted desee.
Pero primero deben escuchar nuestro reclamo.
- Llévenlo. - Tenga piedad de nosotros.
Se lo ruego, piedad de mis hermanos.
- Tenga piedad de mis hermanos. - Esto no es justicia, mi señor.
- Yo soy la justicia, sacerdote. - Esto no es justicia.
Soy jefe del tribunal supremo del rey. Lo que digo es justicia.
Mi señor. ¡Tenga piedad de mis hermanos! No hicieron nada malo.
Este labrador bailará si se lo ordeno.
Esto no es justicia. No sigue la voluntad de Dios.
Mis hermanos no hicieron nada. Tenga piedad, mi señor.
¡No hicieron nada malo, mi señor! ¡No hicieron nada!
¡Bájenlo de ahí! ¡Bájenlo de ahí!
¡Bájenlo!
¡Bájenlo de ahí!
¡Los quemaré!
¡Agárrenlo! ¡Tomen las joyas!
¡Salvajes!
¡No, no, no!
¡Monstruo!
¡Por Dios, no!
¡No, no, no! ¡Así no! ¡Atrás!
Levántenlo. Levántenlo.
Átenlo. Átenlo.
Al chico no. Al chico no.
Tranquilo, tranquilo.
No. No.
La ley la decreta el rey.
No se puede negar.
¿Le dirá de nuestra parte
que las leyes que él decreta encadenan a hombres honestos?
Recuerde nuestra misericordia.
Vinimos por los registros del señor Beauchamp.
¡Quemen todos los registros para que no sepan quiénes somos!
¡Todos los pergaminos!
¡Cualquier cosa que tenga un sello, quémenla!
¡Todos los registros, quemen todo!
¡Hay más atrás! ¡Vamos por ellos!
¡Agarren lo que puedan y quémenlo!
¡Vamos! ¡Llévense todo! ¡Llévense todo!
¡Quemen los papeles!
¡Arrasen con el lugar!
Cada noche, veo...
demonios encapuchados...
que vienen por nosotros.
¿Hablan?
En lenguas de...
furia.
Mi señor, es nuestro mesías.
Dios lo escogió para cumplir Su voluntad.
Él no lo abandonará.
Confíe en nosotros, su consejo.
Lo guiaremos.
Ayúdame. Te lo ruego.
Ayúdame, esposo.
Libera a nuestro hijo de su tormento.
Muéstrale cómo ser rey.
Tengo noticias.
Del otro lado del río.
El pueblo de Kent se ha sublevado.
Están reunidos en Maidstone en solidaridad con nosotros.
¿Cómo?
¿Cómo? ¿Cómo es posible?
¿Conoces a John Ball, el sacerdote forajido?
Nuestros hermanos de Kent lo liberaron de la prisión del arzobispo.
Y él nos dirige a todos, a cada molinero, a cada labrador,
y dice: "Ahora es el momento de la Gran Rebelión".
No puedo dejarlos.
No, no puedo.
Sé que te atormentan.
Pero no los estás abandonando.
Ellos querrían que lucharas contra esta injusticia,
ya que ellos no pueden.
Solo entonces tendrán descanso.
¡Gente buena de Kent, escúchenme!
Estos largos meses en la cárcel del arzobispo
me dieron mucho que decir.
Una vez, esta tierra fue fértil y libre,
pero ahora está encadenada y arruinada.
Arruinada por los señores traidores que los mantienen como esclavos.
Ellos festejan y se entregan a la lujuria en grandiosos palacios
mientras ustedes, con la lluvia y el viento a sus espaldas,
se afanan ante el arado.
Cuando Adán cavaba y Eva hilaba, ¿quién era entonces el caballero?
¿Acaso no descendemos todos de un mismo padre y una misma madre?
¡Sí!
Pero no teman, buena gente,
pues la época de la trilla está a punto de llegar.
Marchemos hacia la gran ciudad de Londres...
y pidamos a nuestro rey que haga justicia.
Acudamos a él el día de Corpus Christi,
la gran festividad de los milagros, pues si lo hacemos, lo juro...
Dios nos concederá nuestro propio milagro.
¡Sí!
- ¿Están con nosotros? - ¡Sí!
Amén. Dios está con nosotros.
Dios está con nosotros.
Dios está con todos nosotros.
- John Ball. - Ella debe hallarlo.
- Sí. - Soy Labrador, del otro lado del río.
Mi... mi sacerdote me envió.
Ven.
El sacerdote dice que te diga
que está reuniendo hombres para que se unan a ti.
¿Cuántos?
Los pantanos del sur, y también los del este.
Al menos mil almas.
Él está viajando ahora.
Asegura que serán 2000 para mañana, tal vez más.
El fuego que has encendido arde.
Lo has hecho bien, Labrador.
- ¿Estos hombres están contigo? - Estos sí, sí.
- Estos hombres necesitan agua. - Sí, padre.
Que Dios te bendiga.
Tyler.
- El campesino de las marismas. - Sí.
- El que empezó todo esto. - El mismo.
Soy Tyler. Lidero a los hombres de Kent. Síganme.
- ¿Todos son soldados? - Patriotas.
Derramamos sangre por nuestro país en Francia los últimos 15 inviernos.
Regresamos y vimos a Inglaterra débil, una Iglesia corrupta,
fronteras indefensas, y a nuestro joven rey dominado por viejos
que dejan seca la tierra para su beneficio.
Ha sido así desde la época del Domesday.
Hace 300 años, el rey francés nos conquistó, se apoderó de la corona
y registró en el Domesday todas las riquezas de la tierra.
Cada campo, cada caballo, cada hombre trabajador.
Y luego se los robó a todos.
Los repartió entre sus señores y obispos, atándote como a un esclavo
mientras Dios apartaba la mirada con furia al ver su tierra tan mancillada.
Ahuyentar a un recaudador de impuestos no alcanza.
Saquear una casa señorial no alcanza.
Debemos recuperar todo...
todo lo registrado en el Domesday.
Lucharán, ¿no?, para conservar lo que tienen.
Aprovecharemos el día de la fiesta.
Atacaremos mientras están distraídos.
Un ejército desde Kent, el otro con tu sacerdote desde Essex.
Otro desde Hertfordshire, desde Bedfordshire, desde Suffolk,
avanzando juntos como uno solo.
Hay muchos en Londres obligados a vivir en la inmundicia
tras las murallas.
Piensan como nosotros. Están dispuestos a unirse.
Mira todos los que se han rebelado gracias a ti.
¿Ves? Ya vienen.
A marchar bajo el estandarte de su rey.
Únete a nosotros, Labrador.
Juntas, nuestras voces tendrán el poder de levantar reyes caídos.
¡La Iglesia acapara la riqueza para sí misma!
Su Majestad.
¡Destruyan toda la riqueza!
¡Destrúyanlo todo!
Vamos, Su Majestad.
Dile al arzobispo de Londres que vamos por él.
¡Guardias, rápido!
¡A los caballos! ¡Muévanse!
¡Vamos!
Debe levantarse, mi señor, para hablar con nosotros.
Señor, una turba que protesta por los impuestos
se reúne en Kent y Essex.
Y la catedral de Kent ha caído. Canterbury está indefensa.
Sus ejércitos están lejos, y tememos que los rebeldes planeen atacar Londres.
Llegarán aquí en dos días.
Lo vi venir.
Lo vi venir.
¿Acaso no lo vi venir?
Debe levantarse, mi señor, y defender su reino de estos deplorables.
¿Labrador?
Creo que esta debería ser tu llama.
Ahí está. Es él.
¡Estamos contigo!
El Labrador está aquí.
Labrador, estamos aquí por ti.
Estamos contigo, Labrador.
¿Ven la señal de nuestros hermanos?
Nos están esperando.
Hacemos esta promesa...
¡de hablar con una sola voz!
¡Leales solo a nuestra causa y a nuestro rey!
¿De qué lado están?
¡Del rey Ricardo y del verdadero pueblo!
¡Bien, adelante!
¡Y marchemos hacia Londres!
La tierra en calma aprende a dormir. No hay maíz ni trigo por cosechar.
Toman nuestras monedas para hacer su oro, y ven a los pobres tiritar.
La tierra en calma aprende a dormir. No hay maíz ni trigo por cosechar.
Toman nuestras monedas para hacer su oro, y ven a los pobres tiritar.
La tierra en calma aprende a dormir. No hay maíz ni trigo por cosechar.
Te tocó.
El rey Muerte.
Hace siete años.
Y, aun así, sobreviviste.
¿No es una señal?
Si lo es, es una señal cruel.
Mi familia murió.
Los enterré a todos.
Dios te ha quitado mucho.
Dios abandonó mis campos hace mucho tiempo.
No, no te abandonó.
Es Su plan.
¿Su plan?
¿Por qué tendría Dios un plan para causarnos tanto dolor?
La enfermedad fue su castigo por los crímenes de los ricos.
Entonces, ¿por qué sufrimos nosotros también?
Para mostrarnos la verdad.
Y llenarnos de rabia.
Entrégate, y te liberará.
La tierra en calma aprende a dormir. No hay maíz ni trigo por cosechar.
Que Dios te bendiga, hijo. Que Dios te bendiga.
Noticias de los suburbios tras las murallas.
El vulgo de Londres está dispuesto a unírsenos.
¿Comparten nuestra causa, John?
Todo está bien si termina bien.
Aun si nuestro amigo de los pantanos aún no lo ve.
La tierra en calma aprende a dormir. No hay maíz ni trigo por cosechar.
¿Vienes de East Fen?
Te oí hablar de eso.
Sí.
Soy Alyce, de los pantanos del norte.
No eres el único que viene de los pantanos aquí.
¿También eres de la iglesia?
Lo era.
¿Te fuiste?
Cuando John Ball me sacó de la oscuridad.
Y me puso en este camino recto.
Hacia Londres.
El sol brillando sobre los chapiteles de cien iglesias.
Es un buen lugar para un milagro, ¿no?
Solo sé lo que puedo ver o sostener en mi mano.
No podemos saber cómo es el milagro, pero llegará.
Ya lo verás.
Todo estará bien una vez que se elimine el veneno de la riqueza.
¡Destruyan toda la riqueza de la iglesia!
¡Destrúyanlo todo!
¡Para enmendar una injusticia de larga data!
Cualquier cosa de valor: oro, muebles, tapices...
¡Préndanle fuego!
¡Arrójenlo a las llamas!
¡Arrepiéntanse de sus pecados!
¡Arrepiéntanse! ¡Arrepiéntanse!
¡Nunca caeré al suelo!
¡Arrepiéntanse! ¡Arrepiéntanse de lo que han hecho!
¡Labrador!
Sal a los campos. Bloquea el camino.
Nos quedaremos y registraremos el lugar.
- Sí. - Revisen a todo el que vaya a Londres.
¿Acaso no te mereces esto por lo que has hecho?
Has traído gran vergüenza sobre Dios.
¡Arrepiéntete de tus pecados! ¡Arrepiéntete de tus pecados!
¡Arrepiéntanse!
Se acercan carruajes.
Despierten todos.
- Carruajes. - Carruajes.
Vienen carruajes. Despierten. Vamos. Por aquí.
Despierten. Prepárense.
Despierten.
En posición.
Recuerden nuestras órdenes. Registramos a todo el que va a Londres.
Tranquilos.
Tranquilos.
- ¡Alto! - ¡Alto!
¡Tú, apártate!
- No tenemos nada contra ustedes... - ¡Abran paso!
Guarden sus espadas.
Solo queremos saber quién va a caballo.
Déjenlo pasar.
Revisen a los demás.
Sí.
- Abran eso. - Sí.
¿Acaso no te atreves a mostrar tu rostro a la madre de la corona?
Perdóneme, mi señora.
¿Quién eres?
Soy Labrador de East Fen.
¿Por qué tomaron el camino?
Venimos a presentar una petición al rey, mi señora.
Vengo de Canterbury.
Mancillaron la catedral.
¿Creen que el rey escuchará su petición
cuando queman sus tierras
y tienen de rehén a su amada madre?
Es el rey quien es rehén.
Por su consejo.
¿No es así?
Nosotros... marchamos para liberarlo de los traidores que lo tienen prisionero.
Me temo que recorren un camino difícil.
El rey es joven, y su consejo es poderoso.
Ellos redactan las leyes.
¿Acaso la justicia no proviene de Dios,
quien se la otorga a su siervo, el rey?
Así es.
Rezaré para que él encuentre la fuerza para revelársela a ustedes.
Y les conceda el descanso que buscan al final de su viaje.
Retire sus ejércitos de Francia y de Escocia, mi señor.
Para apaciguar esta agitación.
El deber de un rey, mi señor.
Derrotar a sus enemigos en el extranjero y mantener el orden en casa.
Tal como sus antepasados lo han hecho siempre.
Alegre reposa al paso estival, y cual ave canta igual.
Pero ahora el viento se avecina, con pesar a amenazar.
Ay, mira, cuán larga la noche ha de durar.
Alegre reposa al paso estival, y cual ave canta igual.
Pero ahora el viento se avecina, con pesar a amenazar.
¡Los encontramos en el camino!
Ve por Tyler.
¡Rodéenlos!
¡No! ¡No!
¡Queremos justicia!
¡Mató a mi hijo a golpes!
Tranquilos, tranquilos, tranquilos.
Está bien, está bien, está bien.
¡Papá, no!
¡No!
¿Quién es? Oye. ¿Quién es?
Soy sir John Newton, señor de estas tierras.
- ¿Adónde va? - El rey convocó a su consejo.
Mantenlos alejados.
¡Atrás! ¡Atrás, todos ustedes!
Tyler. ¿Dónde está Tyler? Tyler.
Este hombre sabe algo del rey.
Ven aquí.
¡No!
¡Aléjenlo de la multitud!
¡Manténganlos alejados!
¡Cállense la boca! ¡Manténganlos alejados!
¡Retírense! ¡Cállense, todos!
¿Lo conoces?
Formo parte del consejo del rey.
¿Y dónde está ahora?
En el castillo de Windsor.
- ¿No está en Londres? - No, no, no.
Lo tenemos a resguardo lejos de la ciudad.
- ¡Gobiernan a su antojo! - ¡No, no!
¡Que le corten la cabeza!
¡Mátenlos a todos!
¡Mátenlo! ¡Que le corten la cabeza!
¡No! ¡John!
¡Kate!
- Deténganlos. Contrólenlos. - ¡Kate!
- ¡Retírense! ¡Despejen el camino! - ¡Cállate!
- Muéstrame. - ¿Qué?
Muéstrame. Aquí.
- Aquí, justo aquí. - Está bien. Está bien.
Si estamos aquí, Londres está aquí.
Y Windsor, a 25 millas al oeste.
Dos días más.
Nos perderemos Corpus Christi.
Muéstrame Londres. ¿Cómo la defienden?
Londres... El río, así.
Las murallas de la ciudad.
Hay un puente, el único acceso desde el sur.
¿Está custodiado?
Quizás un centenar de hombres.
¿Nada más? ¿Y las tropas del rey?
- En Escocia, en Francia. - Podemos hacerlo.
Pero se apresuran a regresar.
¿Los tribunales de justicia, los palacios, dónde están?
Sí, los tribunales de justicia están aquí.
El palacio del arzobispo está aquí, junto al río.
Y el del tesorero Hales.
Debemos tomar la ciudad mientras podamos.
Lleva el Domesday. Haz el milagro.
- Los hermanos de allí se unirán. - ¡Cabalguemos ya!
No vamos por Londres sino a hacer una petición al rey.
Nuestra gente allí está lista para sublevarse.
Todo está preparado. Si tomamos la ciudad, el rey vendrá. Ten fe.
- ¡Decapítenlo y que arda! - Dios ayudará.
- ¡Mátalo! - ¡Puedo ayudar! Puedo ayudar.
Dice que puede ayudar.
¿Cómo puede ayudar?
Puedo ir ahora mismo a ver al rey en Windsor, negociar en su nombre.
Concertar una reunión.
- ¡Sí, puedo! - Un mensaje de tu sacerdote.
- El ejército de Essex espera. - ¿Nos crees tontos? Sabemos quién eres.
- Deténganlo. - Eres el señor que nos aplasta.
- Essex envía un mensaje. - Los seguirá sometiendo.
Se acercan rápidamente a Londres.
- Los seguirá agotando. - No, no es cierto.
Los seguirá enfermando.
Que el pueblo obtenga justicia, ¡y marcharemos esta misma noche!
Te estás apresurando, John Ball.
Yo digo que utilicemos a este hombre.
Que lleve nuestro mensaje al rey.
¿No los oyes?
- ¡Exigen justicia! - ¡Justicia!
¡Justicia!
¡Matarlo no nos sirve de nada!
Mejor reunirnos con el rey. Que él mismo nos acompañe hasta Londres.
¿Así entramos como perros apaleados?
No, no, no, no. Como sus verdaderos súbditos.
Ese fue el juramento que hicimos.
¿No es así?
Tyler.
Yo digo que el Labrador tiene razón.
Si somos leales, debemos demostrarlo.
Dile al rey que nos reuniremos con él aquí, fuera de las murallas,
- junto al río en Blackheath. - Sí.
- Prepárense para partir al amanecer. - Sí.
Dile al ejército de Essex que se nos una allí.
- ¿Mi familia? - Se quedarán hasta tu regreso.
- ¡Hugh! - ¡Señor!
- ¡Arthur! - Sí, señor.
Lleva a la familia más adentro del bosque.
- Vigílalos. Que las mujeres los cuiden. - ¡Suzanne!
- ¡No! ¡No! ¡No! - ¡No! ¡Papá!
Te acompañaré hasta tu caballo.
¡Vamos, muévanse! ¡Vayan!
- ¿Crees que regresará? - Creo que lo hará por ellos, sí.
No puedes confiar en esta gente. No puedes.
Ya veremos.
Atiendan a su rey.
Mi señor, le ruego que no se moleste por un mensaje que debo entregarle.
Es peor de lo que sabíamos, mi señor.
Dos ejércitos rebeldes convergen hacia Londres.
Unos 10 000, tal vez más.
Solicitan que se reúna con ellos en Blackheath
para presentarle una petición en persona, mi señor.
Una turba no puede convocar a un rey.
¿Quién los lidera?
Un soldado, Wat Tyler.
Es un veterano de las campañas de su padre.
Busque su registro.
Y también un predicador, John Ball,
el hereje que mi señor arzobispo encarceló.
La turba lo liberó, y él jura venganza.
¿Dijeron qué quieren?
Creen que el rey les concederá un milagro el día de Corpus Christi.
¿Un milagro?
Su libertad.
Mi señor, ese es el veneno de John Ball.
Promete milagros, ofrece solo la palabra del diablo: la destrucción.
Mi señor, tienen a mi familia.
Mi señor, conozco a esta gente. Los conozco. Nací entre ellos.
Se que sus cuerpos se afanan en la tierra empapada,
pero sus almas aspiran a los cielos.
¿Piden un milagro? Démosles un milagro.
Mañana es la fiesta de Corpus Christi, el día de los milagros.
Llevemos al rey a Blackheath.
Que contemplen su resplandor y se arrodillen ante él.
Que él escuche su petición.
Y entonces les pedirá que se dispersen.
Sin duda se dispersarán, pues habrán sido testigos
del milagro de su presencia.
Y luego, más adelante, cuando hayamos ganado tiempo
para que regresen sus ejércitos...
los aplastaremos.
El rey no es un señuelo, arzobispo.
No, señora, él es nuestra salvación,
como Dios lo dispuso.
¿Qué dice usted, mi señor?
Nosotros, su consejo, podemos aconsejarle, pero solo usted puede decidir.
Como desee mi consejo.
Piedad.
Gloria a Dios.
Cristo con nosotros.
Salva nuestras almas.
Señor, ten piedad de mi alma.
Oh, danos valor.
Danos fuerza.
- Mantennos en tu gracia. - Quédate con nosotros.
El milagro de Corpus Christi.
El milagro.
Mi señor, el pueblo lo necesita.
Ayúdenos. Ayúdenos.
- Abran paso al rey. - Señor Dios,
rey celestial, santo Hijo del Padre,
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,
escucha nuestra oración, pues solo tú eres el Señor.
Solo tú eres el Altísimo.
Gloria a Dios Padre. Amén.
¡El rey!
¡Está aquí!
¡El rey! ¡El rey!
¡El rey está aquí!
¡Salve, salve!
Palada larga.
¡Adelante!
¡Esa es su barca! ¡Ya llegó!
¡El milagro de Corpus Christi!
¡Salve al rey!
- ¡El rey! - ¡Contemplen el milagro!
¡El milagro!
¡Viva el rey!
¡Salve el rey!
Deténganse aquí.
Diles que no avancen más.
- Detengan el bote. - ¡Alto!
- ¿Lo ven? - No entiendo.
El bote no se mueve. Se detuvieron.
Se detuvo.
¿Por qué esperamos?
Creí que íbamos a la orilla.
Ya descendió lo suficiente, mi señor.
Es suficiente para que lo vean. Sienten su presencia.
No creemos que sea seguro que vaya hasta la orilla, mi señor.
Enviaremos un mensajero para negociar en su nombre.
¿No permitirán que el rey hable?
Él desea escuchar a su pueblo.
Protegemos al rey, la persona real de su hijo, señora.
Como usted dijo, mi señora, él no es un señuelo.
Ve a la orilla. Averigüen qué quieren.
Diles que se vayan a casa.
Sí, mi señor.
- Es como el aullido de animales salvajes. - ¡El bote!
- ¿Por qué se detuvo ahí? - ¿Por qué se detuvo?
Ya viene.
Están enviando un bote.
Ese no puede ser el rey.
¿Voy yo?
- Averiguaré quién es. - Ve.
Te informaré.
¡Espera! Espera.
Aquí está nuestra petición con la lista de los traidores.
Asegúrate de cumplir la voluntad del pueblo.
Esto no está bien, Tyler.
Esto no está bien, y lo sabes.
¡Nos lo prometieron!
¿Quién es este muchacho?
¡Remen!
¡Remen! ¡Remen!
- Esto no está bien. Es solo un mensajero. - ¡Remen!
¿Quién es esta persona?
Detengan el bote.
Vengo con un mensaje de su rey. Pregunta por qué se han reunido.
Para presentar nuestras quejas, nada más.
Hable de ellas. Se las haré llegar.
Nos prometieron una audiencia con nuestro rey.
Nos prometieron una reunión.
Primero debe escuchar su petición en su totalidad.
¡No, no aprobamos esto!
Miren esto. Esto no está bien.
Señor, los rebeldes le han entregado su petición al escriba.
¿No debería al menos recibirla?
Deje que nosotros lo hagamos, señor. Somos su consejo.
Nos ensuciamos las manos para mantener limpias las suyas.
Como desee.
Gracias, señor.
Es una decisión sabia.
Una decisión acertada, mi señor.
¿Qué es esto?
El rey considerará su petición...
pero primero les ordena que regresen a sus hogares.
¡No!
Deben regresar a sus hogares.
¿Oyes su enojo, escriba? ¿"Regresen a sus hogares"?
- Lo siento. - Vinieron a ver a su rey.
Vinieron en busca de un milagro. No puedo controlarlos.
Solo soy un mensajero.
¿De quién es la voluntad, de ellos o de él?
¿De quién es la voluntad? ¿De él o de ellos?
Cuidado, muchachos.
Es su petición, mi señor.
Ya lo veo, muchacho.
Una lista.
Nuestros nombres escritos como traidores.
Regresen a la Torre de inmediato.
Guardias, retírense.
Protejan al rey.
- Fórmense. - En posición.
¡Tiren!
¡Tiren!
No va a desembarcar.
¿Qué?
Habla con la gente, Juan.
Dijeron que considerarán el pedido,
pero que, ahora, debemos regresar a nuestros hogares.
¡Escuchen! ¡Escuchen!
¡Los traidores secuestraron a su rey y pisotearon nuestra petición en el lodo!
Te dije que no podemos confiar en esta gente.
Si el rey no viene a nosotros,
¡entonces digo que vayamos a buscarlo!
- ¡Debemos ir a buscarlo! - ¡Vamos!
¡Vamos! ¡Vamos!
Formen filas. Los aldeanos, juntos.
Labrador, te necesito a ti y a tus hombres en el frente, ahora.
- ¡Adelante! - Nuestra única chance es darnos prisa.
¡Avísenles a nuestros hermanos al otro lado del río!
¡Marchamos hacia Londres!
¡Ahora!
Alyce.
Ordena a los remeros que remen más rápido.
Sí, mi señor. ¡Más rápido!
- Remeros, regresen a la Torre. - ¡A la Torre!
Cuando lleguemos a la Torre, lleven al rey a sus aposentos.
Custódienlo en todo momento.
- Sí, señor. - ¡Remen adelante!
Nuestro objetivo son los tribunales, los registros,
nuestro objetivo es el palacio y nada más.
¡Nada de saqueos!
Liberaremos al rey pacíficamente
y arrestaremos a los traidores que lo mantienen prisionero.
¿Y ahora qué?
- ¿Tiene un nuevo plan? - Nos quedamos aquí y esperamos
el tiempo que sea necesario hasta que regresen los ejércitos del rey.
El alcalde de Londres, mi señor.
Le preocupa la seguridad de la ciudad.
La Torre no puede ser tomada. El rey estará a salvo aquí dentro.
Decreta un toque de queda. Cancela la fiesta. Despeja las calles.
- ¿Cancelar la fiesta? ¿Está loco? - Y despejen las calles.
- Vio la multitud. - No me discutas, alcalde.
Reúne a las milicias de tus comerciantes, y ponlas a disposición del rey.
Si quieren las milicias, tendrán que pagar.
La protección cuesta dinero.
Extorsión.
Guardias, escolten al rey a sus aposentos.
Díganles a los hermanos de Londres que nos dirigimos al puente.
Díganles que bajen el puente levadizo.
Deben actuar ya.
Difundan la noticia entre los feligreses, los prisioneros, los mendigos.
A todos, que participen. Vayan.
- Vayan. Vayan. - Tienen que bajar el puente levadizo.
Traigan a los mensajeros aquí de inmediato.
Necesitamos mapas. Traigan la carta fundacional de la ciudad.
Señores, los rebeldes se acercan a la ciudad por dos flancos.
Una gran multitud desde el sur hacia el Puente de Londres.
¡Ataquen solo si los atacan!
¡Prepárense para tomar la ciudad!
También hay otra multitud enorme que se acerca a la puerta este.
Quiero mensajeros en las torres. Debemos cubrir su ruta.
Necesitamos saber dónde están en todo momento. Vayan.
¡Tenemos que liberar al rey!
¡Vamos, apúrense!
¡Únanse a nosotros!
¡No nos teman!
- ¡Únanse a nosotros! ¡Únanse a nosotros! - ¡Vinimos a liberar al rey!
Vinimos a liberar al rey.
Es hora de liberar al rey.
Únanse a nosotros. Únanse a nosotros. Luchen por la justicia.
Está secuestrado. Vengan con nosotros. Vengan con nosotros.
Nosotros tomamos los tribunales. Ustedes, los palacios junto al río.
El palacio de Hales.
El palacio de Hales, la corte de Belknap.
- Ve por el arzobispo. - Ve por el arzobispo.
Encuentra a los traidores y arréstalos.
- Vengan. Únanse a nosotros. - Vengan.
Vamos a liberar al rey. Por aquí. Al oeste. Al oeste.
¡Ball! ¡Ball!
Vamos por el arzobispo. Por aquí.
¡Vamos! ¡El arzobispo!
Vamos, vamos. Por aquí.
El puente estaba levantado. ¿Cómo cruzaron el río?
Los simpatizantes de los rebeldes bajaron el puente levadizo.
Se han unido a ellos desde las afueras.
Se están dividiendo en tres columnas.
Los rebeldes están por todas partes.
Registraremos el lugar.
Hallen al jefe del tribunal y arréstenlo.
¡Rompan todos los cofres!
¡Atrápenlos a todos!
¡Vamos!
¡Adentro, adentro!
¡Venimos por el arzobispo traidor!
¡Encuentren al arzobispo!
¡Miren esto!
¿Ven cómo vive su honorable arzobispo?
¿Ven esto?
¿Lo ven?
¿Lo ven? ¿Ven cómo vive?
Venimos por el traidor.
Venimos por el tesorero Hales.
¡Quemen todo!
Cada registro, cada nombre,
cada ley falsa... ¡a las llamas!
Miren todo esto.
¿Dónde están?
Los palacios están en llamas, igual que todos los registros.
Miles de pergaminos arden en las calles.
Vinieron a destruir la ley misma.
Esto no es obra del hombre.
Es obra del diablo.
Ya sea el diablo o el hombre, tienen la ciudad.
¡Cada rincón de ella!
Entonces reúne a tus milicias
y gánanos tiempo hasta que regresen los ejércitos.
Paguen por eso. ¡Dennos un lugar en la mesa!
Hay noticias de las torres de vigilancia. La turba está cambiando de rumbo.
Se dirigen hacia la Torre.
¡Vienen por nosotros!
- ¡Hugh! - Sí, señor.
Vigilen todas las puertas.
Vigilen el agua.
William, encuentra algo.
Un patio, un cobertizo, algo sólido que sirva como cuartel general.
Los traidores deben tener al rey prisionero dentro de la Torre.
- Quiero que se selle toda la Torre. - Sí.
¡Tyler!
¿Dónde has estado?
Tyler, ¿podemos entrar?
Es imposible. Mira las murallas.
¿Entonces esperamos?
Podemos asegurar el área lo mejor que podamos.
Pero si esperamos, sus ejércitos regresarán
antes de que mueran de hambre.
Digo que arrasemos la ciudad.
Busquemos a los que les sirven, jueces, magistrados,
y les mostramos la justicia del pueblo.
Eso no ayuda a la causa, John Ball.
Ellos llevan los registros y escriben las leyes.
- Destruir ese orden llama su atención. - Vinimos por el rey.
Sí, vinimos porque Dios nos llamó a hacerlo.
Para presenciar un milagro, y aquí está.
El pueblo habló. Así estaba escrito.
- No, John Ball. Forjamos nuestro destino. - Está escrito.
Debemos liberar al rey, hacer que nos escuche. Es la única manera.
¡Rey!
¡Rey! ¡Rey!
¡Rey!
Llámenlo. Llámenlo. ¡Vamos!
- Llámenlo. Todos juntos. - ¡Rey!
- Todos, como uno. - ¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
- ¡Vamos, vamos! - ¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey!
- ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! - ¡Llámenlo! ¡Llámenlo!
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
Mi señor, los rebeldes han entrado en la ciudad.
¿Cómo...?
No tema, mi señor. La Torre es inexpugnable.
Su Majestad...
¿Cuánto falta para que regresen mis ejércitos?
Diez días, mi señor.
¿Diez días?
¡Para que arda mi reino!
Viejos necios.
Se atreven a decirme cómo ser rey.
¿Cuál es su consejo, alcalde?
Mi señor,
los comerciantes de Londres pueden reunir a su milicia.
Los 24 distritos están dispuestos, pero no lo harán gratis.
Mi señor, esto es chantaje.
Están exigiendo 40 000 libras.
Los comerciantes quieren aprovecharse de usted en su momento de mayor peligro.
No hay ningún chantaje, mi señor. La protección cuesta dinero.
¡Qué descaro...!
Su consejo se arrodilla por tierras y privilegios que usted les otorga.
Pero no quieren pagar para mantener a salvo su reino.
- ¡...aprovechándose del rey! - Lo harás...
Escuchen.
¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey! ¡Rey!
Escuchen.
¿Acaso no oyen su ira?
Es hora de que todos probemos la humildad.
Por supuesto, señor. Ciertamente.
Escucharé sus quejas.
Escriba.
Diles que me reuniré con sus líderes mañana.
Solo a sus líderes, fuera de las murallas de la ciudad.
Alcalde.
Usted me guiará.
Mi consejo se quedará aquí para no enfurecer más a mi pueblo.
Me reuniré con ellos, y celebraremos nuestro milagro juntos.
- ¡Nuestro rey! - Mi señor.
- Mi señor. - Oiga nuestros gritos.
- Escúchenos. - Por favor.
Escuche nuestra petición.
- Por favor, ayúdenos. - Sálvenos.
Su pueblo lo necesita.
- Ayúdenos. - ¡Por favor!
- ¡Formen filas! - ¡Formen filas!
¡Espada!
Tú eres Tyler.
Su leal soldado, señor.
Luchaste por mi padre.
Derramé sangre por él en Aquitania y España.
¿Cuál es tu petición?
Un nuevo acuerdo, mi señor.
Que la riqueza del Domesday regrese al pueblo.
Impuestos justos, salarios justos.
Rentas fijas.
Trabajar donde elijamos.
No estar atados a tierras por nacimiento que no nos pertenecen,
y poder vender lo que producimos con el sudor de nuestra frente.
Y por nuestra rebelión,
ningún castigo.
¿Esa es toda su petición?
Sí, mi señor.
No.
Debemos...
Debemos atrapar a los traidores.
Aquellos cuyo enriquecimiento es la causa del sufrimiento del pueblo.
John Ball, mi señor. El hereje.
¿Traidores?
Aquí tengo sus nombres, mi señor.
Los nombres de su consejo, mi señor.
Le pides mucho a tu rey.
Pedimos justicia, mi señor.
Que los caminos torcidos se enderecen. Eso es todo.
¿Y tú?
¿No eres tú quien habló a la orilla del río?
Sí, mi señor.
No dices nada, mientras que ellos tienen mucho que decir.
Yo... no soy soldado.
No soy sacerdote.
Soy...
Solo soy un labrador.
Vengo de la tierra, mi señor. Yo...
Vivo de ella.
Volveré a ella cuando llegue mi hora.
Pero está agotada, mi señor.
Nos vemos obligados a trabajarla más allá de lo que nos puede dar, y...
y de la misma manera trabajamos...
más allá de lo que nuestros cuerpos, nuestras almas pueden soportar.
Y los que amamos, mi señor, los que perdimos...
en la enfermedad...
no descansan, mi señor.
Nos persiguen. Nos atormentan en nuestros sueños.
¿Los ves?
Los oigo, mi señor.
¿Y qué dicen?
Dicen que no habrá paz hasta que sanemos.
Dios los escucha.
Su rey los escucha.
Sus demandas serán atendidas.
Haremos un nuevo acuerdo hoy mismo.
Extraído del Libro de Domesday.
Y el tormento que nos aflige a todos terminará.
Viajaremos al scriptorium real
para redactar cartas de libertad para todos los que marcharon.
Sígannos hasta allí.
Le darán sus palabras, y él las escribirá.
¿Qué dice, mi señora?
Ha demostrado que es un verdadero rey, mi señor.
¿No es así, Labrador?
El rey más justo, mi señora. El rey más misericordioso.
¿Y los traidores?
Deben ser parte de esto.
Estandarte.
Los hombres que buscan están en la Torre.
Hagan justicia como crean que corresponda, en mi nombre.
Mi señor.
La justicia tiene un precio, ¿no es así?
Y cuando se pague, todos tendremos paz.
Tienes mi reino en tus manos.
Úsalo con prudencia.
Por el rey Ricardo y el verdadero pueblo.
¡Por el rey Ricardo y el verdadero pueblo!
¡Espada!
Actúa rápido, Labrador.
Cuando derramemos sangre, se abrirán las puertas del infierno.
Labrador.
Vamos.
¡Viva el rey!
¡A la Torre!
¡Ahora es el momento!
- ¡Atrápenlos! - ¡Traidores!
¡Atrápenlos!
¡Los traidores!
- ¡A la Torre! - ¡Maten a los traidores!
¡Muévanse!
- ¡Que les corten la cabeza! - ¡Justicia!
- Es la voluntad del rey. - ¡Entren!
¡Encuentren a los traidores!
¡Por aquí!
¡Vinimos solo por el consejo del rey!
¡Ahí está!
¡Atrápenlo!
- Ahí está el traidor. - Está aquí adentro.
Por aquí.
- Alto ahí. - Te vamos a sacar las tripas.
¡Está aquí!
- Perdona nuestros pecados y... - ¡Traidor!
¡Mírame!
¡Dijimos que vendríamos por ti! ¿No lo dijimos?
¡Justicia! ¡Queremos justicia!
¡Córtenle la cabeza!
¡Llévenlo al cadalso!
¡Córtenle la cabeza!
¡Vamos!
¡Morirás!
¡Socorro!
¡Mátalo!
¡En este Corpus Christi!
¿Esto es lo que buscas?
Todo esto nos lo quitaron.
Hablaste de delirios de la fiebre.
Sí, mi señor.
Sé de lo que hablas.
Yo también deseo el fin de esta agonía.
Diles a tus compañeros
que me reuniré con ellos al amanecer en Smithfield.
Le daré a cada uno su carta real...
frente a este gran Libro de Domesday.
Mi señor.
Dime cuando esté hecho.
Mi señor.
Hazlo rápido, antes de que mi reino arda.
Acompáñame.
No sé qué palabras usar o si ya es demasiado tarde.
Solo tienes que decirlas...
y yo las escribiré.
Quiero ser libre.
¿Puedes escribir eso?
Que la procesión siga en movimiento.
Protejan los flancos. Avancen al frente.
Vigilen que nuestros hermanos de Londres no se descontrolen.
Debemos mantener el control hasta que se escriban las cartas.
¡Encuentren a ese miserable! ¡Nos quitaron nuestro dinero!
¡Que paguen!
¡Que les corten la cabeza!
¡Necesitamos más hombres al frente!
¡Tú, ven aquí! ¡No se permite saquear!
¡Los saqueadores serán arrestados!
Cierren el paso a Fleet Street. Que no sigan avanzando.
Entendido.
¡No queremos esto!
Mañana estarán las cartas.
Debemos dar a los escribas el tiempo que necesitan.
Ya está hecho.
RICARDO POR LA GRACIA DE DIOS REY DE INGLATERRA Y FRANCIA
Bien. Ahora una para cada aldea que marchó.
Bedfordshire.
Bedfordshire. Necesitamos Bedfordshire.
Debemos tener cartas para todos.
No podemos detener los saqueos.
Ahora están matando a los comerciantes en las calles.
¡Esta no es nuestra causa!
Este es para Hertfordshire, ¿sí? Mantén el espaciado uniforme.
- ¡Mátenlos! - ¡Traidores!
¡Tirano!
Se está extendiendo.
La turba londinense, ajustando sus propias cuentas.
Acorralan a los comerciantes flamencos junto al río, los matan en las calles.
Más rápido. Más rápido.
Mantén la escritura pareja.
Este, Kent. Kent.
Aquí Essex.
Debemos escribir más rápido.
¡Esto es una locura!
¡Estamos perdiendo el control!
Dirígete a tu condesa.
Mi señora.
Veo que el camino duro te ha agotado...
y ha sembrado dudas en tu causa.
Me avergüenza.
No marché para ver cómo hombres de verdad pierden su camino.
Es la palabra escrita...
la que otorga libertad,
construye nuevos mundos,
no los gritos de la muchedumbre.
Solo dudo del poder de estas palabras,
si son suficientes para otorgarnos el milagro por el que vinimos.
Sin palabras, solo hay caos y miedo.
Debo dar aviso de la reunión, mi señora.
¡Rodéenlos, muchachos!
¡Sacúdanles las capas!
Vayan por allá.
No es un campesino.
¡Justicia!
Es un hombre rico. Llévenlo al cadalso.
Regresen.
¡Hicieron morir de hambre a mis hijos!
¡Señor, ten piedad!
- ¡Muerto! - ¡Córtenle la cabeza!
¡Mátenlo!
Las cartas están escritas.
El rey se reunirá con ustedes al amanecer en Smithfield.
Fue la turba londinense.
Y la bebida.
Creen que los comerciantes flamencos les están robando sus empleos.
Los hemos hecho retroceder hacia Cheapside.
Una hora más, y tendremos el control nuevamente.
Sabías que se derramaría sangre.
Tú mismo la derramaste para empezar todo esto.
Bueno, no vine para esto.
Para incendiar el mundo.
Verlo arder, llamarlo un milagro.
No es un milagro. No es ningún milagro.
Es como Dios quiere que sea.
¿Estás seguro, John Ball?
¿Estás seguro?
Todo está bien si termina bien.
¿Dónde está Dios en todo esto?
Labrador.
Ella querría que te quedaras.
No la conociste.
Sé que no hay nada para ti en el lugar de donde vienes.
No hay nada para mí aquí.
No habrá descanso si te vas.
Nunca.
¿Cómo lo sabes?
Porque yo también perdí a alguien.
Una noche...
Una noche en mi convento...
Era joven, no llevaba mucho tiempo allí.
Un monje se me acercó, ebrio. Y...
Me obligaron a tener a su hija en secreto.
Cuando llegó la hora, y aún no se había cortado el cordón,
me la arrancaron de los brazos.
Nunca supe adónde se la llevaron ni qué hicieron con ella.
Solo sé que nunca más la volví a ver.
Y me echaron, en medio de la noche, sola...
mientras el monje seguía a salvo en sus devociones.
Todas las noches, la oigo gritar por mí.
Noche tras noche.
Vine aquí en busca de venganza.
¿Y ahora?
Solo quiero saber que ella duerme.
Y encontrar un lugar donde yo también pueda descansar.
Pero no lo encontraremos si nos vamos ahora.
Lo siento.
No estás solo,
en la duda o en la pérdida.
Todos nosotros...
estamos atormentados.
Pero si caminamos juntos,
tengo que creer que encontraremos nuestro camino.
Que volveremos a estar en la gracia de Dios.
Los haces sentir orgullosos.
Recorrimos muchas millas.
Así es.
Solo cuando descansemos sabremos qué victoria tenemos en nuestras manos.
- ¡El verdadero pueblo! - ¡El verdadero pueblo!
¿Me mandó llamar, mi señor?
¿Conoces el priorato de San Juan?
Lo conozco, señor.
Cerca, muy cerca de Smithfield.
Lleva allí las cartas reales y el Domesday.
Por nuestra paz duradera.
¿No al lugar de reunión?
No cuestiones a tu rey, muchacho.
Solo hazlo.
Mi señor.
Duelo correrán...
Alegre reposa al paso estival, y cual ave canta igual.
Pero ahora el viento se avecina, con pesar a amenazar.
Ay, mira, cuán larga la noche ha de durar.
Y con cada gran mal, el pesar y duelo correrán.
Alegre reposa al paso estival, y cual ave canta igual.
Pero ahora el viento se avecina, con pesar a amenazar.
- ¡Mantengan la formación! - ¡Mantengan la formación!
¡Mantengan!
Esperaremos aquí a la llegada del rey.
Sigan trabajando.
Miren, miren, miren.
¡El rey!
- ¡El rey! - ¡El rey está aquí!
¡Viva el rey!
Mi señor.
¿Se ha agotado ya el contagio de la ira?
Creo que sí, mi señor.
Hemos restablecido el orden, por fin.
Dele una cerveza a este hombre.
¿Dónde están las cartas reales?
Las cartas reales, ¿las ves?
Has logrado mucho.
Aún queda mucho por hacer.
Si queremos construir la gran sociedad, debemos purificar cada iglesia.
Los sacerdotes puros que se ocultan en los setos
pueden hacer ese trabajo.
Y estos hombres están listos para comandar sus aldeas ellos mismos,
de acuerdo con la ley y leales a su buen rey.
¿Gobernarse a sí mismos?
En su nombre, por supuesto.
Algo no está bien.
No, algo no está bien.
Ven conmigo.
Te llevaré adonde están las cartas reales.
¿No están aquí?
Están en el priorato de San Juan. Por allá.
Iremos juntos.
Y allí, te arrodillarás ante mí
y te levantarás como sir Wat Tyler.
Par del reino, guardián del rey.
No puedo abandonar a mis hombres.
- ¿Desafiarías a tu rey? - No, mi señor.
Pero marchamos juntos, y juntos debemos permanecer.
Hasta el final.
Con usted, por supuesto.
No te atrevas a tocar a tu rey.
No quise faltarle el respeto, mi señor. Es la costumbre de los soldados.
Quizá no es leal.
¿Quién es este hombre, mi señor?
Siempre he sido leal. Ahora un extraño dice que no.
Este hombre es el alcalde de Londres.
Vamos, mi señor, esto se puede lograr. Mire, su pueblo lo espera.
Señor, se lo ruego, por favor. Podemos empezar de nuevo.
Creo que te conozco, Tyler.
¿No eres un ladrón?
No soy un ladrón. Soy un soldado. Podemos lograrlo.
Su pueblo lo espera. Se lo ruego.
Algo anda mal.
Muéstrese, mi señor. Atraparemos a Tyler.
¡Guardia, al rey!
¡Soy su rey y su capitán!
¡Depongan sus armas y síganme hacia su libertad!
No.
¡El gran tormento terminó!
¡Depongan sus armas!
Dejen sus armas.
Síganme al priorato de San Juan,
donde los esperan sus cartas de libertad.
Mi noble servidor, sir Wat Tyler, se reunirá con ustedes allí.
Síganme. Sigan a su rey.
¡Apresúrense!
Ayúdenme.
La maleza ve cómo caerán, el hijo celestial por todos va a pagar.
¿Dónde está Tyler?
- ¿Qué? - ¿Dónde está Tyler?
El rey dijo que nos vería en el priorato.
Descansa aquí.
Por favor, hay hombres... hombres que nos siguen.
¿Apoyas nuestra causa?
- Sí. - Entonces ve y avisa a los demás.
Nos traicionó.
¡Ve!
Ahí.
Señor, por favor.
- No. ¡Esta es una casa de Dios! - Fuera.
- ¡Muévete! - Piedad.
¡Escriba!
¡Es una trampa! ¡Es una trampa!
Tyler está muriendo. Nos engañaron. Avisa a la gente...
¡Ven aquí! ¡Ven aquí!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Mira. Ahí están.
Las cartas de libertad.
Nuestras cartas nos esperan.
Nuestras cartas están ahí.
El mundo podrá venir.
Nos esperan.
Nuestro rey es verdadero.
¡Deténganlo antes de que avise a los demás!
¡Conmigo!
¡Nuestro futuro nos espera!
¡Nuestro rey, nuestro verdadero rey nos ha guiado hasta aquí
hacia nuestras cartas de libertad!
- ¡Ahí está! - ¡Es verdad!
Mi pueblo...
el verdadero pueblo...
contemplen.
¡Sus cartas de libertad!
¡Es una trampa!
¡Lo mataron!
¡Mataron a Tyler!
¡Es una trampa!
¡Mataron a Tyler!
¿Dónde están sus armas?
¡Nos engañó!
¡Es una trampa!
¿Dónde están sus armas?
¡Es una trampa! ¡Es una trampa!
¿Dónde están sus armas? ¡Nos engañó!
¡Es una trampa!
¡Déjenme pasar! ¡Déjenme pasar!
Y miren, además...
¡Su líder!
- ¡No! - ¡Traidor!
¡Es una trampa!
- ¡Tyler! - ¡Tyler!
¡No! ¡Tyler!
¡Traidor!
¡Guardias, ya!
¡Guardias!
¡Pónganse a cubierto!
¡Alyce! ¡Alyce!
¡Vete!
¡Alyce, ven aquí! ¡Espalda con espalda!
Te encomiendo, mi querido hermano, a Dios Todopoderoso
y te confío a tu creador.
- Necesitamos una salida. - ¿Adónde?
Esos árboles allá. Esa línea de árboles.
¡Todos hacia la línea de árboles!
¡Todos hacia la línea de árboles, por aquí!
¡Todos, a la línea de árboles de allá!
- Síguenos. Síguenos. - ¡Ball!
- ¡Ven con nosotros! - Mi lugar es aquí.
¡Que Dios los acompañe!
¡Por aquí! ¡Por aquí, hacia el bosque!
¡Cuidado! ¡Cuidado!
¡Vamos! ¡Por aquí!
- ¡Vamos, corran! - ¡Escóndanse en los árboles!
- ¡Muévete! - ¡Al bosque!
- ¡Muévete! ¡Vamos! - ¡Corre! ¡Quítate del camino!
¡Por aquí!
- Protégete. - Vamos.
Muévete, muévete. Toma.
- ¡Por ahí! - ¡Sigan corriendo!
¡Esa carreta! ¡Traigan esa carreta! ¡Traigan esa carreta aquí!
Junten esas carretas.
Formen una fila.
¡Por aquí!
- ¡Empujen! - Hagan una barricada.
¡Pónganse a cubierto!
- ¡Rápido! - ¡Abran paso!
¡Tráiganlo ahí! ¡Vamos!
¡Levántense! ¡Muévanse!
¡Tiren! ¡Tiren, tiren, tiren!
¡Antes de que lleguen los caballos! ¡Rápido!
¡Pónganse a cubierto!
Salgan de aquí. Vayan.
Apúrense. Vamos.
- Vamos. Alto. - Alto. Alto.
Aquí. Tranquilo, tranquilo.
¡Ve por ahí! ¡Vamos! ¡Vamos!
¿No es esto por lo que rezaste?
¿No soy el rey por el que rezaste?
¡El vencedor de mis enemigos!
El que trae la paz.
El mesías.
¿No lo soy?
¿No lo soy?
UN AÑO DESPUÉS
- ¡Eh! - ¡Alto!
¡Alto!
¿Por qué nos detenemos?
No salga, Su Majestad.
¡Hazte a un lado!
¡Al rey!
- ¡Atrápenlo! - ¡Bájenlo!
Ayúdenme.
Es hora de pagar.
Toma algo que te pertenece.
- No lo reconozco. - Mira bien.
Lleva tu sello.
Son solo palabras. Nada más.
No, no, no.
Es el milagro por el que marchamos.
No fue ningún milagro.
Marcharon por un sueño.
Solo hazlo.
¡Hazlo!
¡Adelante!
¡Piedad, por favor!
No.
Si matas a un rey...
siempre vendrá otro.
Ahora nos gobernamos solos.
Allá en el bosque, donde no puedas vernos.
Sin reyes.
Solo nosotros, a solas.
Y cada noche,
vamos a ir por ti en tus sueños,
y nunca tendrás paz.
LA REBELIÓN
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