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Así pues, sucedió en aquellos días de la primera gran guerra,
que habría de sacudir el país durante décadas,
que Rose decidió dar la espalda a la vida militar,
y su historia, aunque no empezó entonces,
a partir de ahí, tomó un rumbo funesto.
La verdadera historia de una estafadora de tierras y de su gente,
que, aunque nacida mujer,
se comportó desafiantemente como hombre bajo un nombre falso,
y cometió muchos actos malvados.
Todo está en regla.
- ¿No falta nada? - Por lo que puedo ver, no.
Está en posesión de este documento.
Eso significa que la herencia puede aceptarse.
¿Conoce usted la finca, señor?
Sí, de niño pasé aquí dos veranos con mi madre.
Después de que mi padre falleciera, encontramos acogida benévola en esta finca.
Fue cuando la pequeña capilla se incendió.
El rayo cayó justo en ella.
La finca ha estado mucho tiempo vacía.
¿Por qué el señor ha decidido presentarse recién ahora?
La noticia tardó una eternidad en llegarme. Era soldado.
¿Dónde?
En Brabante.
Diez años.
¿Y su señora madre?
También ha muerto.
Todos han muerto ya.
¡Arre!
¡Hopa! ¡Arre!
Como aquel mismo día ya no se consideró adecuado para una inspección,
se decidió que partirían juntos a la mañana siguiente
para inspeccionar la finca.
El ganado se repartió... entre los vecinos,
o habría muerto.
Es buena tierra,
pero exige mucho a cambio de una cosecha mínima.
Para eso hay que saber lo que se hace, o más vale no tocarla.
Como soldado, el señor ha luchado por esta tierra.
Eso no significa que pueda hacer frente a la lucha contra ella.
Como puede ver, hay mucho que hacer
antes siquiera de poder empezar con el verdadero trabajo.
No es para cualquiera.
No hay de qué avergonzarse.
Con gusto estoy dispuesto a comprarle la tierra. A un buen precio.
Y yo quiero quedarme.
Establecerme, de una vez por todas...
probar mi suerte, en esta hermosa comunidad.
En los próximos días,
podremos poner todos los papeles en regla.
Bien.
El primer contacto se había consumado.
Y aunque Rose no encontró a nadie que quisiera brindar con ella,
su dinero
sí era aceptado de buena gana.
¿Esta bala?
¿Sí?
Me atravesó la boca.
Está toda abollada.
No es solo mi cara. Ahora todo tiene una nueva forma.
En el pueblo le llaman "el soldado".
Y...
- dicen que es excéntrico. - Cállate.
- Que tiene algo misterioso. - ¡Te dije que te calles!
♪ Santificado sea tu nombre
♪ Tu palabra, ayúdanos a mantenerla pura entre nosotros
♪ Para que también nosotros vivamos santamente
♪ Dignamente, conforme a tu nombre
♪ Protégenos, Señor, de falsas doctrinas
♪ Convierte al pobre pueblo descarriado
♪ Venga tu reino en este tiempo
♪ Y allí, después, por toda la eternidad.
¿Qué clase de vida se construye sobre el engaño y la mentira?
No hay heroísmo alguno,
solo coacción y penuria y estar siempre en guardia.
Vivir así, ¿puede llamarse libertad?
Algunos dicen que todo se arregla con el tiempo.
Otros dicen que el Señor vela por los suyos mientras duermen.
Digan lo que digan,
nunca el sueño le había sentado tan bien a Rose como aquella noche.
Y Dios, llegó al día siguiente.
¿Qué ocurre?
La tormenta derribó nuestras vallas y el ganado escapó.
¿Quizá podríamos meter las ovejas aquí en tu casa?
Sí. ¡Vamos, ayudad!
¡Fuera!
¡Eh!
¡Aquí!
¡Arriba!
Al día siguiente encontraron a la osa muerta en el bosque.
La carne se había echado a perder,
pero con la piel
se confeccionó, en honor a Rose, una capa, un gorro y un cuello.
De soldado, de excéntrico, de extraño heredero,
se había convertido en un cazador de osos,
que ya no tenía que enfrentarse a lo que la precedía,
sino que había inscrito su propia historia en la del pueblo.
¿Qué más podía suceder, entonces?
Y aunque Dios rara vez se manifiesta,
o lo hace de forma vaga en asuntos de la vida cotidiana,
el tiempo pasaba visiblemente sobre la tierra.
Había pasado un año desde su llegada
y un poderoso espíritu emprendedor se había apoderado de ella.
Pensaba en ampliar la finca, en expandirse,
y también en producir más y obtener más ganancias.
Es bueno ver prosperar de nuevo estas tierras.
No creí que fueras capaz de ello.
Yo tampoco.
Cada día vivencio el milagro de estar aquí.
Antes, jamás podía pensar en un mañana,
o en cómo sería lo que pudiera venir.
Estaba demasiado ocupado intentando sobrevivir cada día.
Y ahora,
por primera vez, todo me parece tan magnífico y hermoso.
Me produce una alegría inmensa
trabajar y pensar en todo lo que se podría hacer.
Pensar en todo lo que aún se podría lograr o construir o...
Y para eso hace falta esta tierra.
Es un punto de partida.
La tierra tiene un valor distinto al dinero.
El dinero se cambia solo una vez por algo.
La tierra te regala algo cada año,
como el vientre de las mujeres.
No.
No quiero vender el arroyo.
Pero te haré una propuesta,
para que tú puedas conseguir tu pedacito de tierra,
y que todo siga como está, para mí.
Tengo cinco hijas. Demasiadas, para mí.
Muchas cosas le habían salido bien a Rose, hasta ahora.
Para lograrlo, se había visto obligada a imponerse disciplina,
y una estricta renuncia a sí misma,
cada día.
Había renunciado para poder exigir,
se había privado para poder recibir,
se había ocultado, para poder existir.
Pero,
una vez satisfecha la necesidad,
pronto aparece el deseo de más.
Porque la codicia se apodera de uno.
Hace creer que se tiene derecho a todo,
y así justifica su propia existencia.
No conoce límite.
La codicia no tiene medida, ni propósito, ni disciplina.
Un barril no puede estar más vacío que vacío,
pero es fácil hacerlo desbordar.
Esta es Suzanna,
virtuosa y temerosa de Dios,
diestra en todos los trabajos femeninos.
Cuidó a su madre hasta la muerte.
Sufrió mucho.
Esto es de ella.
Tiene una cara rara.
- Cállate. - Estate quieta.
Mi difunta esposa lo empezó.
Ya trabajaba en el ajuar de cada una, estando de puerperio.
- Pero era débil. - Déjalo.
Muy débil.
Tenía que guardar cama.
¿Y bien?
El señor tiene a bien cortejarte.
Estoy dispuesto a entregarte a él.
¿Tú también estás dispuesta?
¡Arre, arre!
¡Hopa!
¡Hopa, arre!
El Señor os bendiga y os guarde.
¡Coge la vaca!
¡Déjala!
¡A un lado!
Ya mañana, todos nos conoceremos mejor.
¿No quiere encender el fuego?
¿Lo hago yo?
Puedo intentarlo, para que se seque la ropa.
O usted, señor. Quizá se le dé mejor que a mí encenderlo.
¿La cesta de conservas y carne fría que sobró de la boda,
también la dejamos junto al carro?
No lo sé.
Demos gracias a Dios porque los últimos días fueron de abundancia,
y no nos fuimos a la cama con hambre.
...que me has guardado este día con benevolencia
y te suplico que perdones todos mis pecados,
pues pongo en tus manos mi cuerpo, mi alma y todas mis cosas.
Que tu santo ángel esté conmigo,
para que el maligno no tenga poder sobre mí.
Amén.
De todas las cosas,
la que más valoro es tu pureza.
Tengo intención de conservarla durante mucho tiempo.
¡Ven!
Arre.
Arre.
No ha sufrido ningún daño.
Por lo que puedo ver, alcanzará como para armar un hogar.
Uno hermoso.
Sí.
¿No quieres cantarnos una cancioncita para celebrar la ocasión?
Sí.
- ¡Venid! - No sé qué cantar.
Da igual. Canta.
-♪ Encomienda tus caminos - ¡Aquí!
♪ y todo aquello que aflige tu corazón
♪ al cuidado más fiel
♪ del que...
♪ ...el cielo gobierna
♪ Aquel que le da a las nubes, al aire y a los vientos
♪ su curso, su rumbo y su camino,
♪ También encontrará caminos
♪ por donde tu pie pueda andar
♪ En el Señor debes confiar
♪ si quieres que te vaya bien
♪ Debes confiar en Su obra
♪ si quieres...
♪ ...que perdure la tuya
♪ Con preocupaciones y con penas
♪ y con tormento propio
♪ nada se puede obtener de Dios;
♪ hay que conseguirlo mediante la oración
¿Te vas?
Al pueblo.
Le he prometido al pastor ayudar con la lectura y la escritura.
Algunos se han apuntado y quieren intentarlo.
¿No encuentras aquí nada que hacer?
Sí.
Pero ya he dado mi palabra.
Quizá podría acompañarte.
Aquí hay tanto silencio.
Este es tu nombre.
Son cinco letras que luego se repiten.
¿Quieres intentarlo?
S...
Despacio... así...
S...
- Vamos, anda. - Espera.
Quería preguntar si Suzanna se comporta bien.
Si es obediente en todo.
Si lo hace bien o se niega.
O si la encuentras repulsiva en su comportamiento.
¡No, no! Es exactamente como me la describiste.
Incluso mejor.
¿Sabes cómo funciona esto?
Con la cría.
Un toro que no monta es reemplazado.
Tenemos tanto trabajo
que no pienso en empezar con la cría de animales.
El matrimonio es un contrato que has contraído.
Solo se cumple al consumarlo.
Será mejor que lo hagas de inmediato, o todo quedará anulado,
incluido cualquier acuerdo,
como el de las tierras que pisas.
No tienes por qué preocuparte.
Todo está como debe estar.
¿Qué pasa?
Date la vuelta.
¿Qué pasa?
¿Bajarías un momento?
Estoy embarazada.
¿Cómo?
Estoy embarazada.
Estoy completamente segura.
Una mariposa ha entrado por la ventana,
y se ha posado en mi vientre.
Esa es la señal.
A Santa Verónica le pasó lo mismo.
Es pronto aún, pero quiero felicitarte por la bendición.
¡Vamos, ven! ¡Ven!
♪ De madrugada, cuando cantan los gallos
♪ salimos por la puerta
♪ y con ojitos enamorados
♪ nos espían las muchachas
♪ Pasamos junto al arbusto...
Al principio, ya sabes cómo es...
todo siempre está ahí en el arcón,
pero eso no puede durar para siempre.
¿Por qué hay carne buena en la sopa hoy?
Es un día festivo.
Habría que ampliar...
y talar árboles.
Tendríamos que abrir un hueco en el salón.
Fuera.
Ahí, junto a la pared, quedaría muy bien.
¡Vamos!
No se puede esperar tener un hijo cada vez que uno cumple con su deber conyugal.
Esperemos.
Pero es así.
¿Y bien?
- ¿Qué dice el padre? - ¿Quién?
El padre.
Vino al mundo un niño sano y vivaz,
aunque para Rose, inesperado
y, a ojos de algunos, varias semanas antes de tiempo.
Y aunque Suzanna se adaptó con facilidad a su papel de madre,
los sentimientos paternales de Rose eran confusos
y de naturaleza más compleja.
No obstante, todo había cambiado para mejor,
porque, a ojos de la comunidad, Rose había vuelto a ascender.
Había hecho florecer la tierra como había hecho florecer a su esposa.
Y aunque no llegaran más hijos,
Rose ya había cumplido el único propósito de la existencia,
el único servicio que se le debe a la comunidad:
la reproducción.
Digan lo que digan los demás.
Y, sin embargo, no siempre, ni necesariamente,
son los grandes acontecimientos los que provocan un cambio.
Las pequeñas cosas también pueden tener grandes consecuencias,
como el aleteo de una mariposa
o la picadura de una abeja.
Creía que estabas en el establo.
Está echando los dientes y llora todo el día.
Ahora se ha vuelto a despertar.
¿Qué tienes ahí en el ojo?
- Nada. - ¿Y ahí en la mano?
¡Dios!
¡Ven rápido! ¡Ven!
¡Ven!
¡Arriba!
¡Ahí!
Ahí está el aguijón.
Y aquí también.
Ayúdame a quitarle los pantalones.
¡Tira!
¡Tira!
¡Tira!
Hay más.
¡Hay que hervir agua! ¡Corre al pozo!
¿Qué haces ahí parada? ¡Corre!
¡Llévate también el otro caldero!
¿Qué le pasa al señor?
Cállate. ¡Cállate!
Vete al establo.
¡Al establo!
Id todos al establo.
¡Al establo!
Adentro.
Está muy enfermo.
Debe descansar.
Nadie puede ir a verle.
No, si queremos evitar que su vida corra peligro.
Todo lo demás seguirá como hasta ahora.
Así está acordado.
Vosotras, las criadas, también trabajaréis en el campo.
Hasta que el Salvador devuelva la salud al señor,
por lo que ahora queremos rezar,
yo dirigiré nuestros destinos.
Así, lo quiere el Señor.
Partimos y emprendemos el viaje de un año a otro.
Vivimos y prosperamos, de lo viejo a lo nuevo.
Pronuncia tu bendición benévola sobre todos nuestros caminos.
Que tu sol de gracia brille sobre todos los lugares.
Ayuda con benevolencia a todos los enfermos...
¿Quién eres?
Será mejor que me vaya.
Sí, sería lo mejor.
Pero no puedes.
Estás débil.
Te desplomarás más allá del siguiente árbol,
y allí te encontrará otra persona, ¿y entonces...?
¿Y entonces?
El niño todavía depende y dependerá de mí
por las próximas semanas, quizá medio año.
Luego será más fácil.
Cuando los caminos estén libres de nieve y hielo,
entonces, podrás irte.
Hasta entonces, habrá tiempo de sobra para inventar una historia.
Aquella noche, Rose habló hasta el amanecer.
Al principio, con cierta vacilación,
y luego, sin parar.
Contó que había pasado su infancia en un orfanato,
cómo fue la primera vez que se puso pantalones,
y de todos los intentos posteriores.
Tampoco omitió la guerra ni su vida como soldado.
No ocultó nada, ni a ella misma ni a Suzanna.
Lo contó todo.
Incluso, cómo llegó a ocupar el lugar de otro hombre
y a reclamar una herencia.
Y sobre lo bien que se sintió al hablar.
Sigue.
A menudo había imaginado entregarse.
Sin embargo, hasta ella misma se sorprendió del alivio que sintió
de no tener que cargar sola con el peso de sus secretos.
Solo hubo una cosa que no reveló:
su verdadero nombre.
Así, Suzanna no podría dejarlo escapar por error
en un momento inoportuno.
¿Qué haces ahí?
Quería mirar.
¿Cómo está el señor?
Mal.
Entra.
- No, no. - Necesito aire.
Ven, te abriré la ventana.
- ¿Qué hacéis ahí mirando? - Puedo remover. Con este brazo puedo.
A trabajar.
- ¿Todo bien con la cerda? - Sí, da mucha carne.
De vuelta al trabajo.
Ven.
♪ Te damos gracias, Señor Jesucristo
♪ Porque has muerto por nosotros
♪ Y mediante tu preciosa sangre
♪ nos has hecho ante Dios justos y buenos
♪ Y te pedimos, verdadero hombre y Dios:
♪ Por tus cinco santas llagas rojas
♪ Líbranos de la muerte eterna
♪ Y consuélanos en la última necesidad
♪ Protégenos también de pecado y vergüenza
♪ Y extiéndenos tu mano todopoderosa
♪ Para que en la cruz con paciencia...
¡Vamos!
¡Vamos, arre!
¿Vienes?
¿De quién es el niño?
No estarás mucho tiempo sola, cuando yo me haya ido.
¿Qué?
Tu padre no lo permitirá.
Te casará con el primer hombre que aparezca, como hizo conmigo.
Con un desconocido.
Ahora te sientes la señora de la casa, sí.
Pero no te perteneces.
Quizá...
Quizá no tengamos que inventar una historia nueva.
Quizá todo pueda quedarse como está.
Tú y yo somos reconocidas...
como una familia.
Eso es lo que somos para los demás.
Eso es lo que da libertad.
No tiene por qué ser de otro modo.
No hay que decidirlo ahora mismo.
La cama en la que duermes arriba,
¿es cómoda?
La servidumbre debería tener su propia casa,
al final de los prados, a buena distancia.
Y haría falta una tina.
No está bien que te laves a escondidas en el bosque.
O un cuarto de baño, porque en la sala también es peligroso.
Respecto a la lectura y escritura,
me vas a enseñar.
Aunque Rose y Suzanna habían decidido no decidir nada de inmediato,
todo había cambiado ya.
Caminaban más erguidas,
más libres la una ante la otra, más independientes.
Y quizá por eso, también más cercanas.
Por primera vez.
Todo esto había sucedido inesperadamente,
como suele ocurrir cuando se dicen las cosas en voz alta.
Pero aún iban a suceder más cosas aquel día.
¿Qué ocurre?
Una criada no había vuelto con las demás a la hora acordada
a la finca.
Y no la trajeron de vuelta hasta el día siguiente, su padre y sus hermanos.
Pasamos toda la noche buscando en el bosque, desesperados.
Mandé a estas dos al estanque y me disponía a ir al pueblo.
No lo sabíamos.
No la encontraron hasta esta mañana, donde se había escondido.
Entonces nos pusimos en camino, de inmediato.
¿Por qué huiste y nos hiciste morir de preocupación?
- Cuida lo que dices. - Déjala hablar.
No quiero habladurías.
Discúlpate ante tu señor y pídele que te acepte de nuevo.
Conmigo se está bien y se trabaja,
no peor que en otros sitios, y nunca te quejaste.
Pero no voy a retenerte.
Gracias por haber traído de vuelta a tu hija, pero ¿quién asegura
- que no volverá a huir... - Por favor...
... y que tengamos que salir desesperados dejando todo para ir a buscarla?
- El señor no es hombre. - ¿Eh?
- ¡El señor no es hombre! - ¡Déjala hablar!
Dice que abajo es como una mujer.
- Es una completa tontería. - Sé lo que he visto.
¿Cuándo?
- ¿Cuándo dices que viste eso? - Cuando el señor estaba enfermo.
¿Qué tonterías dices? Nadie estuvo con él.
- Al principio... - Estaba sola con él.
Le quitamos los pantalones y tenía los aguijones hasta aquí.
- ¿Qué puede haber visto? - No lo sé.
No estás bien de la cabeza.
- Fue hace días, ¿y vienes ahora con eso? - Lo dije enseguida.
- ¡Te reíste de mí! - ¡Mentira!
¡Me prohibiste hablar de eso!
- ¡En esta casa no se puede hablar! - ¡Mentira! ¡Mentira!
¡Todo en secreto, quien pregunta, es peor!
- ¡Mentira, mentira, mentira! - ¡Suzanna! ¡Entra en la casa, Suzanna!
¿Y ayer, en la iglesia?
¡Y todo delante de nuestros propios ojos!
Tu hija es muy joven.
Más niña aún de lo que uno podría creer.
Y habla, esperemos, de cosas que aún no puede saber.
Tenemos que ponernos a trabajar,
si queremos recoger la cosecha antes del anochecer.
¡Hemos perdido medio día!
Ahora hay dos manos menos.
Espero que el daño sea leve.
¿Tus hijos trabajan para mi suegro?
Yo también.
Entonces dejemos todo esto entre nosotros,
para que tú tampoco salgas perjudicado.
¿Sí?
¿Tu hermana todavía necesita trabajo?
Sí.
Muy bien, entonces.
Que tengáis una noche de descanso bendecida.
Que descanséis bendecidos.
- Que descanséis bendecidos. - Que descanséis bendecidos.
Aquí están.
¿Qué ocurre?
Es sencillo. Lo resolvemos aquí mismo, en el acto.
- ¿Resolver qué? - Solo tienes que demostrarlo.
- ¿Que soy un hombre? - Sí.
- Y el heredero de esta tierra. - No un impostor.
¿Y cómo se supone que voy a hacerlo?
¿Bajándome los pantalones? ¿Enseñándoles mi polla?
Solo llevaría un momento, y el asunto quedaría resuelto.
Esta casa, ¿es un fraude?
La tierra de ahí, el campo,
el dinero,
el buen salario que has recibido, el doble por Navidad, ¿es eso fraude?
¿Y que siempre quede algo para vosotros de lo que producimos?
¿O tú?
Te he enseñado el alfabeto, de la A a la Z.
Las palabras que ahora puedes escribir, los contratos que puedes leer,
para que nadie te engañe y recibas menos de lo que te corresponde,
¿es eso también fraude?
Que hayas perdido tu brazo, ¿es también un fraude?
Que ahora estés aquí de pie, que sigas vivo, ¿es eso fraude?
Y aquí, la bala. ¡Aquí, mirad!
Y mi propia carne.
No podéis verla, ¿verdad? ¡Os pido que me ayudéis!
¡Que me he dejado destrozar la cara por la patria y por vosotros!
¿Es eso un fraude también? ¿O no hay nada, y todo es liso y hermoso?
Yo no lo sé. Y vosotros tampoco.
Quizá por eso sea mejor que cada uno se vaya a casa
y piense en qué significa eso: "Fraude".
¿Os he visto alguna vez las pollas?
¿Os lo he preguntado?
Podemos hacer todo eso con gusto. Pero quiero que se haga oficialmente.
Entonces quiero ver lo que cada uno de vosotros
tiene entre las piernas.
¡Tu polla y la tuya y la de tu padre!
¡Traigamos al alguacil, hagámoslo oficial!
¡Siempre que podáis pagar los gastos del trámite, claro!
¡Y que el párroco lo anuncie luego en la iglesia; mejor aún, desde el púlpito!
¡Traed al alguacil!
¡Tú y vosotros dos id con él,
para que al final no se diga que el alguacil fue sobornado!
Y los demás podéis quedaros sentados ante mi puerta
y vigilarla, para no tener que renunciar a la prueba que tanto deseáis.
¡Hasta que tenga que miraros la carne, no quiero volver a ver vuestras caras!
Por detrás hay otra puerta.
Se decía que el alguacil había quedado no menos que asombrado
por el asunto con el que se habían dirigido a él.
Sin embargo, ni siquiera su presencia aquel día
pudo dar fe de la prueba exigida.
La noticia sobre los acontecimientos había conmocionado profundamente a todos.
La comunidad, que había acogido a Rose en su seno,
se sentía defraudada y engañada.
Por el obrar fraudulento de Rose
se sentía deshonrada y ultrajada.
Lo que exigían con urgencia era un gran escarmiento,
con el que pudieran purificarse.
Era imprescindible para ellos que esto ocurriera.
Al tercer día de su huida,
varios hombres que habían salido en su busca
lograron localizar a los dos fugitivos,
para llevarlos de vuelta al pueblo.
Rose.
- Rose. - Sí.
Rose.
Entre los eruditos de estas tierras había surgido la disputa
sobre quién estaba capacitado para juzgar un caso tan curioso
como el que los ocupaba.
Precisamente por eso, habrían de pasar otros tres meses,
antes de que Rose pudiera ser sometida a un juicio en toda regla.
La venda.
El cuerno.
El aguijón.
No.
Los exámenes han establecido
que la acusada es una mujer sana.
No tiene nada masculino.
Su clítoris es de tamaño normal.
Con él no ha podido penetrar a su supuesta esposa.
Sin embargo, el semen fluyó evidentemente en la otra dirección,
ya que la acusada está embarazada.
Es una mujer
y, sin embargo, lleva tiempo haciéndose pasar por hombre.
Sí.
¿Y la herencia?
¿A quién pertenece?
A un camarada, un amigo.
Siempre hablaba mucho...
de volver después de la guerra y de cómo sería entonces.
Pero cayó.
Le volaron la pierna...
y se desangró.
Entonces, cogí sus cosas.
También el documento.
Pensé
que sería una lástima que nadie lo reclamara y continuara con su legado.
Al fin y al cabo, éramos como hermanos.
¿Y eso?
Sí.
¿De dónde sacó eso?
También de la guerra.
A veces, siguiendo órdenes,
nos obligaban a mostrarles a los vencidos quién mandaba.
- ¿"Siguiendo órdenes"? - Sí.
Era estúpido...
y brutal.
Pero habría sido peligroso para mí, si no hubiera participado.
Y entonces me hice hacer eso.
Nadie se dio cuenta de nada.
¿Y su supuesta esposa actual?
Ella no sabía nada.
No tiene culpa. Por favor, debe ser puesta en libertad.
Pero, ¿quién es el padre de su hijo?
¿Y eso?
- A mí también me mostraron quién mandaba. - ¿Quién?
No lo sé, eran cuatro.
¿Por qué actuó así?
Pensé...
que funcionaría.
¿Qué?
Que podía vivir de esta manera.
¿Como un hombre?
No, no quería ser hombre.
¿Entonces, qué?
En los pantalones había más libertad.
Y no es más que un trozo de tela.
Así que me puse los pantalones.
¿Quién se lo permitió?
Eh, nadie.
¿Nadie?
Yo.
Se creó a sí misma, entonces.
Una comunidad solo puede existir con reglas.
Y las reglas vienen determinadas por los hechos.
Pero entre sus piernas no se ha podido encontrar ningún miembro masculino.
Sí, en cambio, un agujero.
Uno puede desear lo imposible, pero no puede vivirlo.
Y al intentar vivir lo imposible,
ha decidido ir en contra de la realidad
y en contra de la necesidad,
que consiste en obedecer las exigencias de su propio cuerpo.
Se ha elevado por encima de la ley que hace posible una vida en comunidad.
Y al oponerse a la realidad,
a la necesidad y a las leyes,
también se ha enfrentado a la comunidad.
Eso es lo que ha elegido.
Esa es la posibilidad de vivir que usted misma tomó la libertad de elegir.
¿De verdad llegó a creer que podría conseguirlo?
¿Que lo lograría?
¿No siente culpa?
Quien es culpable ante la comunidad
ya no es parte de ella.
Debe ser apartado.
Por un tiempo:
en la mazmorra.
Para siempre:
con la muerte.
Pero quizá... no haya límites que podamos ponerle.
¿Quizá le crecerán alas
y simplemente echará a volar?
¿O no lo considera posible?
La sentencia ha sido pronunciada.
La espada.
¿Cuándo?
En cuanto haya dado a luz.
No se hará daño al niño, pues iría contra los mandamientos de Dios.
Permanecerá aquí hasta el parto.
Respecto a Suzanna,
también se ha decidido:
el saco y el río.
La sentencia se ejecutó de inmediato.
Se dice... que se resistió,
y causó a su verdugo mucho trabajo y mucha fatiga,
y a sí misma, muchos dolores.
Padre misericordioso,
ante la muerte, te confieso mis pecados y mis faltas,
que he cometido con pensamientos, palabras y obras.
Lo siento de corazón y me arrepiento.
Te suplico que escuches esta oración,
por el amargo e inocente sufrimiento y muerte de tu hijo Jesucristo
que quieras ser benévolo conmigo, mortal pecador,
y perdóname eternamente mi obrar vergonzoso,
para que sea digno de entrar en tu casa.
Padre misericordioso,
en presencia de la muerte te confieso mi pecado y mi maldad...
En cada esquina lo venden.
Solo en el camino hacia aquí, tres.
Dejan la voz gritando.
No dan abasto para embolsarse las monedas.
Esto es lo que dice la gente de ella.
¿Fue así?
En las últimas semanas de su vida
Rose había encontrado una última labor
que quería realizar hasta el final, sin falta.
Otros habían decidido el rumbo de su vida,
pero Rose no estaba dispuesta a renunciar a su historia.
Había empezado a escribirse a sí misma.
Esto no estaba pensado para nadie más, solo para ella misma.
Y al llegar al punto de su presente,
siguió escribiendo más allá de él,
regalándose una fantasía de cómo podrían haber sido las cosas.
Porque lo imposible solo es una palabra.
Y las palabras se pueden cambiar.
Una vez pronunciadas, existen en el mundo,
se hacen realidad y traen realidad como consecuencia.
Todo esto le pasaba por la cabeza a Rose,
mientras que, en otro lugar,
se hablaba de separar la cabeza de Rose, de su cuerpo.
La prisionera ha expresado el deseo de ensayar su ejecución.
Hemos acordado concederle ese deseo.
Y vosotros, echaréis una mano.
Y...
uno, dos, tres, cuatro, cinco.
Perdóname, Dios; perdóname, Rey;
perdóname, pueblo.
Y... uno, dos, tres.
Perdóname, Dios; perdóname, Rey; perdóname, pueblo.
Y... uno, dos, tres, cuatro, cinco.
Perdóname, Dios; perdóname, Rey; perdóname, pueblo.
Al cadalso.
¿Confiesa su culpa?
Sí.
Entonces, pague con la moneda a su verdugo.
Reciba como purificación su castigo.
Estate quieta.
Ahora que todo ha seguido su curso, la ejecución será mañana.
- ¿Quiere ver al niño una última vez? - No.
Pueden traerlo aquí.
No es porque no tenga corazón o sea insensible.
Es por el niño.
No solo yo miraría su cara; él también miraría la mía.
No debe tener ninguna imagen mía,
para que, cuando sea mayor, no tenga que buscarme en el mundo.
Mas líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria.
Por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en los cielos.
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad,
así en el cielo como en la tierra.
El primer golpe del verdugo fue mal dado
y se hundió en el hombro de Rose.
El segundo, acertó mejor.
Tras su muerte, descuartizaron el cuerpo de Rose, lo quemaron
y esparcieron las cenizas en un lugar incierto
para que no quedara ningún recuerdo de ella.
Hoy he pensado que quizá no venimos de Dios...
que simplemente, nos imaginamos y nos inventamos a nosotros mismos.
Entonces me tranquilicé por completo y me dije:
Hasta aquí he llegado,
y he hecho lo que he podido.
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