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Charles Weasley.
Teresa, Carlos Apúrense que Diego tarda en visitar Espérame, mamá
¡Vamos!
Leyó del concurso de Chazwaye y Hedy Lamarr, como si les fuéramos a creer.
Su verdadero amor es una francesa mucho más bonita que Hedy, más carnal.
Él es un hombre carnal.
Lamarr es chulita nomás, sin sensualidad, con rimas.
Como la mía.
Este me entiende, pecarón.
Mire.
Cérrate la bata.
Yo, don Dimas... Gorda.
Gorda asquerosa.
¿Qué dijiste? Escucha, cabrona. ¿Qué dijiste? Sí, gorda. Gorda por estar aquí
cuidándolos. Aquí encerrada, harta. Y se van a bañar jiritos. Jiritos.
Y bañas a tu hermano.
Porque estoy muy ocupada con don Dimas.
Juntos. Juntos. Los niños y la niña no se bañan juntos.
En esta casa, sí.
¿Por qué es tarde?
¿Porque tienes una madre nerviosa? ¿Porque lo digo yo, la gorda?
No puede ser.
No tengo tiempo.
Estoy ocupada, lo tengo que mantener.
Maldito.
Quietito, quietito. No me voy a enojar.
Quietito, quietito.
Mira la canchera. Ya ni la ruina. Mire que está martirizando a mi papá. Ya ni
la friega.
¿Es que no le encontraba la vena? Seguro. Pero mire, por esta que me
encargo que se enteren en el barrio. Además yo tengo amigos.
Vámonos, papá.
Que no dice nada.
Se fue un pequitito nomás.
Che puta.
¿Ahora qué?
Es que las trenzas.
Yo solo no puedo.
Ahora a dormir.
¿Y a cenar?
Hoy no cenan.
Así no vas a ser gorda como yo.
Hoy no tolero accidentes.
Ni que respiren.
Que soy así Perdón
Caballero español, guardo cierto parecido con Charles Boyer.
Dame a compartir sentimientos.
Espero ansioso.
Pide foto, pero no dice nada de bien formada, de esbelta, ni nada de nada.
¿Por qué no?
Total que pide.
O tal vez gano a un español parecido a Charles Boyer.
Romántico. Me gustan las tardes de
lluvia y las
novelas.
Yo como usted amo el cine y bailar a la luz de la luna.
Por ello lo invito a mi casa.
sin más intención que una visita resguardada en la decencia y el decoro.
Yo también cuento los minutos y los segundos para nuestro encuentro.
Sí, sí, ya sé, ya sé, ya sé.
Vas a decir que las fotografías siempre son falsas, como la que me mandaste tú
para nuestra boda.
No, pero esta tiene dos años y pico, o sea, es joven aún.
Entonces dirás, seguro hay gato encerrado.
Y te contestaré, querida, y me perdonarás la rudeza, que tu herencia
era mucho más menguada de lo que presumías en vida.
Y hace meses que no damos, o más bien, que no doy un golpe que le ditúe.
Así que, fábere.
Fábere. A, B, C, D, E, F.
Fábere. Fábere.
Dirección, dirección. Aquí está.
Aquí está.
Ay, sí.
Tienes razón.
Es empalagoso.
El peor de todas las integrantes del buzón sentimental.
Pero nadie es culpable de su nombre.
Se lo ponen los padres.
Y ya sabes,
En asuntos del corazón, sistema, sistema, no corazonadas.
Y bueno, si el negocio no rinde, ya me cobraré el
boleto hasta allá.
Nicolás Estrella.
Coral Favre.
Pase.
Medias de seda.
Dicen que es de mujeres.
Seda por dulce.
Seguro dirá que el dulce no me conviene.
Ahorita estoy pasadita de peso, pero es temporal.
Soy floja.
Pero cuando me decido, bajo de peso, así nomás.
Qué fortuna la suya, controlar así su cuerpo.
¿No mencionó a sus adorables criaturitas?
Es que son tan buenos, tan calladitos, que ni me acuerdo que existen. Ya,
claro.
¿Y los mantiene? Soy enfermera. De los enfermos terminales graves y esas cosas.
Hasta fui encargada de la morgue. Embalsamaba cadáveres. Y ahora también
aquí atiendo pacientes. ¿Quiere? No, gracias.
Mejor no la borro.
No, no.
Fascina oírla hablar.
Podría bajar el volumen.
Sufro migrañas.
Y en este momento me ataca una terrible.
Así que disculpará la brevedad de la cita.
Más adelante, vía conocimiento epistolar, nuestras almas se
encontrarán. ¿Epistolar?
Se presta el diálogo espiritual.
Es por mi aliento, seguro.
¿Aliento?
Seguro me olió, no es mi culpa.
Tomo pastillas de clavo, hago enjuagues.
Estos olores son por trabajar con formol cuando en la morgue.
Son los olores de mi cuerpo.
¿Y qué con oler a cuerpo?
La mujer debe ir cocinada en su jugo.
Sí, disculpa mi franqueza.
¿Disculparlo?
Solo un caballero puede hablar así.
Me voy, viene lluvia.
Nunca se avergüence de su cuerpo.
El cuerpo es el templo que Dios hizo para el amor.
Fue un accidente.
Voy a guardar los pedazos.
Serán un recuerdo del caballero español.
Fue un accidente, perdone.
No importa, están en todos lados. Es el éxito del momento.
Ya lo seguiré.
¿Quién?
¿Quién?
En España, el Quijote nos enseñó a ver a las gulcineas con los ojos del alma, sin
que importen los aceites.
Nunca he sido de un caballero.
Házmelo.
Así, como si nada.
Háblame, por favor.
Háblame.
Lástima.
Lástima o no, esta noche es mía.
No me la quita nadie.
Fue como haber hecho el amor con Chaswaye.
Igual, igualita.
Nunca conocí una mujer así.
Carne y aroma.
Carne y aroma solo para mí.
Tienes el físico de una diosa antigua.
Nunca te avergüences de él.
Y ahora, a dormir.
Carajo, no son horas.
Nico, ¿te acuerdas de mí?
Seguro piensas lo peor y estás en tu derecho.
Pero te aseguro que solo fue un préstamo. Una cosa natural en una
relación íntima como la nuestra.
¿El dinero?
Vi cuando me robabas.
¿Será que te cobraste mi gordura?
El peso de mi sobrepeso.
Están bien.
Ya casi se secan.
Son como animalitos los pobres. Están empapados.
Es una inconsciencia traer criaturitas en una nochecita.
Vine a quedarme contigo.
Somos el uno para el otro.
Tú mismo lo viste.
Para los niños serás su padre.
Ya lo verás.
¿Quedarte?
¿Hablas en serio?
Estás loca.
Loca de atar.
La providencia nos puso juntos.
El destino y la providencia. Tú mismo lo dijiste.
No, no. No se pueden tomar las cosas así, a la ligera.
Tú eres una mujer con hijos.
Te debes a ellos.
Tienes que cuidarlos.
Eres la madre.
Son tu primera obligación.
Los niños van después que tú.
Lo sé yo.
Y lo sabes tú.
Corral, nos tocó un destino terrible.
Yo no te puedo recibir aquí con tus hijos. Fíjate dónde vivo.
No cabría una familia.
No les daría la vida que se merecen.
Ni modo.
Trabajaría.
Rentaríamos otra cosa.
Trabajaría por los dos, por los cuatro. No. Lo juro, lo prometo. No, no, no. Así
no son las cosas.
Yo no puedo dejar que una mujer me mantenga.
Y menos aún ocuparme de los niños de otro.
Uno tiene su honor.
Y más si es español.
¿Solo es por mis hijos?
Es nuestro destino.
Encontrarnos, separarnos y guardar el recuerdo.
Recuerdo de terciopelo.
¿Puedo quedarme esta noche?
Llueve.
Solo hoy.
Acomodaros como podáis.
Finalmente tratáis con un caballero.
¿Así que por caballero no puedes tenerlos?
¿Y por caballero los recibes?
Hasta mañana.
Hasta que el destino nos reencuentre.
No se dejes.
Hágase por ruido.
Estaremos callados todos los días.
No, no me disturbaría.
Vas a hacer lo que te dije.
No sabes mi nombre, ni dónde vives, ni nada de nada, chiquita.
Tengo que hacerlo.
Por tu bien.
Alguien los va a adoptar y les va a dar una casa así grande, y juguetes, y una
muñeca de celulodio para ti.
En la carta pido que los deje montitos, que no los separen.
Mejor... Yo no convengo, chiquita.
Prométeme que nunca te vas a acordar de mí.
Hay que ser sensata.
Hay que aprender a cuidar el corazón.
Muy valiente, mi niña.
¿Qué haces aquí?
Quedamos que te irías.
Te expliqué, te di mis motivos.
Ya no, todo cambió.
Te quedaste sin motivos.
Me los quité de encima.
Regalé a mis hijos.
Eso facilita todo.
No soy buena madre.
Soy mejor amante, ¿no?
¿Qué hiciste?
Los regalaste.
nada puede separarnos.
¡Cabrona! Estuviste revisando mis cosas.
¡Estás loca!
Regalas a tus hijos y me espías. ¡Loca!
Loca, pero no pendeja.
Vives de extorsionar a mujeres.
No fui la primera que te escribió. No me chupó el dedo. Ni siquiera eres español.
¡Finges!
No extorsiono.
Ayudo a pasar su soledad a mujeres solitarias.
Nací en España, pero me crié aquí.
Vine muy chico.
Y ceseo porque les gusta, porque les da ilusión.
Y yo las ayudo.
Les regalo ilusiones.
Algunas son generosas conmigo.
No es delito que me den regalos. Las obligas a ser generosas.
Como Ángela, tu esposa.
Fue tan generosa que le costó la vida. ¿Qué dices?
¿Qué coño dices?
Una enfermera sabe que con insulina se provoca un coma diabético.
Encontré las recetas falsificadas de insulina y el acta de defunción. Todo.
Pero solo lo sé yo. Yo.
Y si me dejas quedarme aquí, seré la única que lo sabré.
Lo único que quiero es quedarme contigo aquí.
Juntos. Siempre contigo.
Si me echas, prefiero morirme. Sí, me mato.
Y si me mato, ¿qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer? Se va a saber todo.
Ni siquiera puede sacar mi cuerpo.
Por gordo.
Entonces llega la policía y me encuentra y tus cartas y todo.
Matarte aquí.
Aquí por ti.
Sabiéndolo todo.
¿De verdad?
Sí, para cuidarte.
Me haré cargo, te lo juro.
Tú seguirás con tu negocio y yo jugaré a ser tu hermana.
¿Ibas a matarte por mí?
¿Por mí?
Haré respetable el negocio.
Seleccionaré candidatas.
Nunca te voy a traicionar.
Ya ves, me has costado mucho.
Me acostaste a mis hijos.
Esa es mi mejor garantía.
Ya empecé a trabajar.
Cuando fui al pueblo, aproveché de enviar una cartita para anunciar tu
llegada.
Toma. Mi navaja. Te la regalo.
Te regalo mi navaja y mi vida.
Dejaste a tus hijos por mí.
Nadie hizo algo así por mí.
En las cartas nunca habló usted que era español.
Todos somos habitantes del país del corazón.
Las fronteras son... Por algo lo ocultó usted.
Todos los españoles que ahora andan por acá son puros rojos, comunistas,
gente menesterosa, desempleados, derrotados, sin familia,
sin referencias.
Y yo, pues, tengo una reputación que cuidar.
consígame unas cartas.
Referencias bancarias, laborales y... Y pues ya hablaremos.
Dos, por favor.
Mira.
Toditito sus ahorros de todita su vida.
Vida seca.
Flaca.
Gracias.
Seguro nos unió la providencia.
O el mismísimo diablo.
¿Cómo pude vivir sin ti?
No vivías.
Esperabas.
¿La próxima?
Viuda, mejor.
Las solteronas son entecas, recelosas.
Juanita Norton.
Uno tiene el sabor que tiene.
¿Y por qué nos habrás citado aquí?
Dama la Espina, un lugar tan solitario. Será discreta.
Es Coral, mi hermana.
Me acompaña en mi viaje. Llegué tarde porque no me dejaban sacar el coche y
sospecharon que venía acá.
Pero me la escapé.
Aunque sospechen, siempre me la escapo.
¿Acaso no puedes salir?
Conversar con un amigo, intercambiar sentimientos es lo más precioso.
En las cartas no se oye.
Tiene acento. No sabe cómo me gusta que hable como sevillano.
Ande, hable, hable.
Y se puso el sombrero de la foto.
¿Quién no la dejó venir?
Traigo unas cubas libres.
Las cervezas son de camionero, ¿no?
Con cubas libres se suelta...
La lengua, el alma, el cuerpo.
Si Osvaldo sabe que me escapé a ver un tipo sevillano, gitano de pura cepa, se
muere. Y me mata antes.
No soy gitano. Soy español, de Huesca. Gente seria. Ay, casi igual, ¿no?
Mucho ron.
No se quiera pasar de listo.
Luego le echan un chisguete y no saben a nada.
Osvaldo no es cubero. Él es briago de cerveza. Solo cerveza.
Panza de cerveza.
Caída redonda.
Asquerosa.
Voy a gazajar a mi amigo.
Mi nuevo friend.
Frencito.
Como decía Norton.
Y a su hermana.
Nuestra querida hermana.
Hoy la cuenta y la juerga corren a nombre de Norton.
El mío.
No entiendo por qué tenemos que vernos aquí.
Porque es el único lugar donde Osvaldo no me va a buscar.
Y encontrar.
Mi marido.
Osvaldo es mi marido.
Dijo usted que era viuda.
Soy viuda.
Viuda de un verdadero hombre.
Con Osvaldo me arrejunto.
Copulo. Soy su barragana.
Después de Norto no puedo casarme, menos que nadie con Osvaldo.
Y eso le da celos.
Celos del muerto.
Y lo que hace es encerrarme, vigilarme, fisgonearme.
No odie a los tipos que vigilan, señora.
A veces.
A mí los hombres me vigilan.
Osvaldo también.
Y por mucho que me vigile, sabe que voy a ser siempre la viuda.
Como me dicen allá en la laguna. La viuda de Norton, el gringo.
Un caballero. Así, güero, alto, callado.
De esos que abren la puerta del coche y prenden los cigarros.
Ya sabe.
Nunca lo oí eructar.
Nunca, de veras, nunca.
¿No odian esta luz?
A las mujeres de mi edad, esta luz nos conviene.
Oculta el paso del tiempo.
Usted no necesita filtros.
Es llenita y puede afrontar la luz del día.
En cambio, yo soy una mujer velada.
Osvaldo dice que me niego a que pase el tiempo, que vivo en la fantasía. Y yo le
digo, ¿sí?
Es lo único que me queda.
Nunca tuve hijos, familia, nada de nada.
Tengo mi fantasía.
Y esa es mía.
Solo mía.
Osvaldo, mi marido, dice y dice.
Ese pobre diablo de Norton, mi otro marido, sin un quinto para enterrarlo,
ya está muerto.
Pero si todos lo...
Recordamos, era por algo, ¿no? Era un muerto de hambre. En su carta decía que
tenía recursos.
Decía... Sí, decía, decía.
Yo decía, siempre digo y digo.
Norton era rico.
Tiene un espíritu nomás.
De acá, como yo.
Igual que yo, que solo sería rica cuando Osvaldo se muera.
¿Saben cuánto me da el mes?
Nada.
Ni una bicoca.
Para el gasto se arregla con la criada.
Aprisiona su sensualidad en la jaula de la pobreza.
Vieja táctica del macho ignorante.
Me mata de hambre, de tedio, de encierro, de ahogo.
Me tiene presa. Nadie puede aprisionarla. Él nunca podrá quitarle su
libertad. Esa es suya.
¿Libertad para qué? ¿Para ir dónde?
Dejarlo a él y a sus míseros centavos. ¿Cómo?
Soy una mujer pasada de tueste.
Cocina de maquillaje.
Muerta de aburrimiento. Ese es mi diagnóstico.
Le caí gorda, ¿no? Si siempre choco. Si a mí misma me choco.
Soy vieja y ridícula.
Nací cursi. No lo elegí.
Ojito.
No es consagrar respirar.
Tome su libertad a mordiscos. A la fuerza.
Quítese miedos.
Venga con nosotros. Vaya a su casa y saque el dinero que le corresponde.
¿Dinero cuál?
Con el cambio que deja la criada en la cocina junto para los cigarros. Él nomás
me da para la gasolina.
Mis alas.
Alas de pájaro y jaula.
Mi lujito.
Déjelo.
Venga conmigo.
¿Crees que puedo?
Estoy vieja y...
Una mujer a mi edad sin un macho que la mantenga no es nada, nada, nada, mierda,
nada. Salva.
No me hago guaje.
En las madrugadas me despierto y me agarra el miedo.
Miedo de estar vieja.
Y ni modo de parar a la vejez porque esa siempre trae cuerda.
Mejor hablemos de otras cosas.
O bailemos.
Ándale.
¿Quieres? Juanita te dará más.
Son tuyas. Y si a tu hermanita no le importa, te las doy en un ratito.
Juntos. Solita.
Siempre hay ratas en estos hogares.
Ratas son lo único que hay en estos centros.
Ratas.
¡Ay!
¿Estás loca?
Ahora y aquí igual que con ella.
Pues nada, yo siempre tomo y nada.
Ahora, hoy fue distinto. Será que estoy en esos días, ya sabes, días de mujeres.
En esos días uno está más sensible y el cuerpo lo resiente.
Beba y en dos patadas pasará el malestar.
Soy enfermera titulada y toda la cosa.
Y una enfermera siempre está preparada. Toma, toma, toma.
Se le pasaron las cugas libres.
Toma, ten.
Vomitar es mi medicina.
Tienes que aguantar.
Aguanto.
No, no vomito.
Soy aguantadora.
barracho. Calladita, cita.
Vas a ir a casa.
Me da miedo, no quiero.
No quiero ir.
Cuidadito con la mitad.
Cuidadito. No se te vaya a ver la uria.
Mi gabardina.
Está casi nueva.
No quiero, no quiero, no voy a...
¿Qué le diste? ¿Por qué lo hiciste?
¿Por ti?
Sí, claro.
Por mí.
Y me vas a cuidar toda la vida.
Lo sé.
Señor.
Despierte, señor.
Señor.
Mi bisoñé era lo único que traía.
Ya no sirve.
Está roto, igual que yo.
Es un despojo.
Una puta garra.
Puta vida.
Mi bisoñé de pelo natural.
Es culpa del puto Dios que me odia.
Cállate. ¿Qué cosas dices?
No puedo vivir sin él. Lo necesito.
Soy un monstruo.
No me veas, no me veas. Cierra los ojos.
No es que soy un mico.
Es mi secreto.
Nadie sabe que soy deforme.
Yo vivo de mi cara.
Es culpa de la puta migraña que me saca de aquí. ¿Qué dicen los médicos?
Nervios, dicen.
Para ellos es fácil.
Aguántese y se le pasa un solo.
Y yo trato y trato y nada.
No necesito tu lástima.
Tú nunca me vas a dar lástima.
Te dieron celos.
Celos de gorda. Por eso hiciste lo que hiciste.
Y ahora... tengo tu lástima.
Lástima de gorda.
No necesito tu lástima. Necesito mi peluca.
¿Es peluquería de varones, ceñito?
No importa.
Usted dice y manda.
¿Qué corte quiere?
Aquí.
Le va a quedar raboncito.
Usted está pasadita de peso.
Y no le conviene.
Aquí corte.
Pues, bueno.
¿Dejé ahorita trapeo? Son míos, no los toqué.
En la morgue el embalsamador me enseñó.
Decía, uno nunca sabe cuándo se ofrece. Y ya se ofreció.
Chula, ¿no?
Dije que no quería tu lástima.
Lástima, lástima.
Tienes que gustar.
Eres nuestro sustento.
Nuestro pan y mantequilla.
A costa de tu pelo.
A costa tuya.
No, loca.
Coralito loca.
Va a crecer en un santiamén.
Te necesitamos, guapo.
Mira.
Está perfecta.
Me da un aire francés.
Achaz, guayé.
Igualmente.
No va a haber mujer que se te resista.
¿Estás segura que esta es la que nos conviene?
Segura. Es viuda doméstica de su casa. Seria de Gandimbalo Soria.
Ya no sé qué. Es la madre de alguien.
Todos somos madre de alguien.
Te buscó por católico y por español.
Y yo te di tu ayudadita.
No los curas me fastidian.
Además, no sé nada de rezos.
Si es española, me va a descubrir el acento.
Con ella no puedo fingir.
Podrás. Es cosa de arreglar un poquito la historia.
Yo lo haré.
Irene.
Te dije, es una mujer de familia, no una buscona. No sé si caiga.
Caerá.
Vamos al hotel y mañana, ¡zas!
Soy un idiota.
Lo único que me huele es mi mala suerte.
Ven, ven, vámonos.
¿Qué haces, loca?
Con una cuchara. No, no. ¿Cómo crees?
Te vi.
Querías vomitar.
Contéstalo. ¿No ves que te hace daño?
Ojalá me hiciera daño.
Ojalá. Es mal aliento. Y además, gorda, obesa, carnosa, lonjuda.
¿Sabes qué hice con los chocolates?
Me los escondí todos, yo solita y nadie más. Mira, ya no hay.
No es tu culpa, yo te los vi.
Soy gorda y apetosa. No trago, devoro. Te doy asco, lo sé.
Coral, ¿qué dices? Sé que me vas a acabar dejando.
Sacaste el retrato de la muerta. No, no. ¿Qué haces?
¿Lo escondiste?
Coral, es costumbre. No es nada, son manías.
Y dejarte, ¿por qué coños voy a dejarte?
La pasamos bien.
Nos reímos.
¿Por qué carajos voy a pasarla bien?
Mandé a mis hijos al orfelinato.
Teresa no quería.
Me lo pidió.
Lo rogó.
Ahora la paso bien. Dios enseñó conmigo, ¿no? Me hizo gorda, apetosa. Y ahora sin
hijos, sin nada. Dios cobra, ya se sabe. Es bien cabrón.
Yo estoy contigo.
Yo a ti te cuido.
Eres mi princesa.
Vamos, vamos.
La novedad bucal. Una auténtica revolución.
Así.
Carne y aroma.
Termino la vuelta y nos vamos.
Mi madre me enseñó.
Salíamos al patio y hablábamos, tejíamos.
Tardes de mujeres, gruñía mi padre.
Quería que fuera un macho.
Y quien me viera.
Ahora vivo de las mujeres.
Todo un macho.
No sabes cómo duele verte con mujeres.
Verte tocarlas.
Verlo y aguantar.
Coral, eres mi aire.
Mi fuerza. Mi todo.
Nunca tocaría a una mujer.
Es un trabajo.
Un sudor.
Para seducirlas voy a usar palabras.
Labia. Un beso, acaso.
Sexo, jamás.
Nada que te duela.
Pase. ¿Traen maletas? Las dejamos en el coche.
Soy Coral, la hermana menor.
¿Acaso no lo esperaban?
Me la imaginaba casi una niña.
Se ve mayor.
Siempre me he visto mayor.
Y no se le nota el acento, el peceo que dicen.
Será mi buena vida.
Coral llegó de niña, igual que yo. Y nos amoldamos a las costumbres locales.
Se puede perder el acento.
Pero el corazón sigue y seguirá siendo español.
Eso no se pierde jamás. Jamás.
Uno nace con el quijote dentro.
Y dentro se queda.
Por aquí.
Bueno, es la señora Silvia, ¿no? Mucho gusto.
Coral. Qué nombre tan raro.
¿Está en el saltoral?
No tengo la fortuna de conocer su tierra.
Soria.
Segovia. Mi mamá nació en Cantimparo.
Excelentes chorizos.
¿Y usted?
¿Ustedes? Yo soy de Oviedo.
Igual que yo.
Claro, como buenos hermanos.
¿Y cuántos días vienen por acá?
Los necesarios para echar a andar la obra.
Nuestros niños nos esperan y no podemos fallarles.
Están en la mano, amiga.
Vienen a hacer misiones en América Latina.
Pensé que ya era territorio cristiano.
Pensó bien y mal.
Es la grey más fiel del señor, pero las huestes de Lutero la amenazan.
Llevamos comida, credo, y esas cosas a los pobres del continente.
La vez anterior que sus paisanos vinieron a traer consuelo al continente,
dejaron una salta de indios muertos, pero con versos, claro.
No, esa es la leyenda negra creada por Inglaterra para desacreditar a España.
Usted no es de acá.
Yo no nací aquí.
Yo elegí aquí.
Y aquí estoy.
Jodida igual que todos los de aquí.
Así elegí.
La señora Silverman vive aquí al lado, pero no es de aquí.
Eso ya nos lo dejó claro.
¿Y qué van a hacer tú y tus pastores españoles con los fondos que recolecten?
Ay, ya empezaste.
Señora, nosotros no sacamos dinero de aquí. Al contrario, lo traemos, aunque
no lo crean. No le creo, le creo, le creo todo.
Que sean pastores, que vengan a traer dinero, todo.
Hoy ando de crédula.
Hasta que sean españoles, les creo.
¿Qué es lo que no nos cree?
Soy atea y anarquista.
Incrédula profesional.
Pero no me haga caso. Puede que sean manías de vieja.
Sí, es atea y anarquista y todas esas cosas.
Y además ya se iba, ¿verdad?
Con permiso.
Bueno, Sara.
Hasta mañana.
Ten cuidado, son farsantes.
No te metas, no te pedí consejo. Y yo te lo doy de cualquier modo.
¿Será que de pleito en pleito te he agarrado, cariño?
No les creo nadita.
Eres incrédula de corazón, ¿no? Y haces mal.
Recuerda, bienaventurados los crédulos porque ellos verán a Dios.
San Lucas.
Irene Gallardo.
¿Mía?
Discúlpeme, es imprudente. Es que está educada distinto.
Es judía, pero casi no se le nota.
Padre Mateo dice que no rompa mi amistad con ella.
¿Un tequinita?
El padre Mateo dice que robustece mi fe.
Yo creo que debemos agradecer a Dios esta feliz reunión.
Al cielo, al cielo quiero ir, al cielo, al
cielo, al cielo quiero ir.
Si al cielo quieres ir a recibir tu palma, a Dios con
cuerpo y alma has de amar y servir.
Al cielo, al cielo, al cielo quiero ir, al
cielo, al cielo.
Cuando se le fueron los hijos, ¿por qué se quedó?
Va a creer que no tengo respuesta.
A veces me digo, vete con los tuyos.
Será por eso que cuando leí en la revista que era español, decidí
escribir.
Me dije, es paisano.
Si no escribes todas estas cosas... Pero aquí estoy sola.
Sola en mi alma.
Con la única gente.
La señora Silverman.
Mi única amiga amiga.
¿Y las obras pías?
¿Y las obras pías?
Nuestras obras pías.
Nuestras obras pías.
¿Cantamos o no?
Sí.
Pero nada de tristezas.
Cristo quiere misioneros con el júbilo de la gracia divina.
A ver si me acuerdo.
Cantemos al... Tú también cantas, Coral.
No. La que te gusta es la tirolesa I love to yadel.
Dije no.
Déjela y que ella haga su berrinche.
La muy perra nos puso separados a propósito. ¿Acaso no somos hermanos? Sí,
pero los hermanos no duermen en la misma cama.
¿Y si le dices que así se usa en México?
Y ole, y ole.
Te va a oír. Y ole, y ole.
Que me hartó, León. Que me oiga, ya me hartó. Bésame. No, no, aquí no, aquí no.
¿Aquí o dónde?
¿En el infierno?
Aquí.
Y en el infierno.
Buenos días.
Perdí mi bata y fue la única que encontré.
Pues si me dice, le presto una mía.
Y si no le queda, no sé, una sábana.
Un mantel.
Así.
Le va a dar un aire.
A mí no me da un aire, soy sana.
Sí, ya se ve.
¿Café?
Sí.
La señora y yo estábamos hablando de las cruzadas.
Y casi la convenzo de que es una nuestra causa por Cristo.
¿De qué sirve desperdiciar aquí la vida?
Entre estas cuatro paredes, aburrida.
Ustedes, en cambio, están llenos de planes y proyectos.
Sí, magnífico.
Magnífico, ¿verdad?
Coral, ¿por qué no después de ir a misa vas a arreglar el asunto ese del correo?
Yo me quedo. Así tejemos y nos hacemos compañía.
Con permiso.
Ni modo, cenito.
Ya tengo que cerrar, ya se hizo hora.
Hace tarde.
Por Dios, qué oscuridad.
Irene y yo hemos estado hablando.
Ah, Irene.
Sí, sí, Irene y yo. Y viene con nosotros.
Se une a la causa de Cristo.
Ay, no, no.
Vamos a casarnos.
¿De veras?
Gracias a Dios.
¿Te parece?
Dios los bendiga.
¿Y buscaron al cura?
Sí, bueno, en eso estábamos, pero... No quiero que sea el padre Mateo.
Por Dios, ¿por qué no?
Pues porque... me avergüenzo con él.
Déjenme en manos.
Mañana por la mañana yo lo resuelvo.
Y ahora, a celebrar.
Tranquila. Hace bien.
Ya sabe.
Además, nuestro señor la ve.
Aquí tienes.
Nunca hice nada de lo que pudiera avergonzarme.
Irme así...
Y mi familia.
Lo remediamos. Verá cómo le ponemos remedio.
No sé si en un cementerio valga. Los cementerios son tierra santa.
No sé, tal vez los que tienen la capillita cerca de la iglesia, pero esto
es puro cerro pelón. Dios está en todo lugar.
Además, los muertos santifican.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén. Así, ante Dios Todopoderoso.
Nos consagramos, marido y mujer, en la salud y en la enfermedad, en la
alegría y en la tristeza, hasta que la muerte nos separe, por los siglos de los
siglos.
Buenas noches. ¿Tiene cuartos?
Sí, estaciona su coche en aquellos mundos.
No son sus cuartos.
Perdonarán el estado en el que se encuentran, pero es que estamos en
remodelación. Pasen buena noche.
Irene. Sí.
Es hora de dormir.
Mañana hay que madrugar.
¿Ahora qué?
Nos consagramos en el cementerio.
La iglesia, en ciertos casos, acepta matrimonios sin cura.
Y él está allá y yo acá.
La iglesia y la ley de Dios no es todo.
Los papeles, la reputación, ¿qué?
¿Reputación? Aquí no nos conoce nadie. ¿Qué importa?
¿Qué importa? ¿Qué importa? Sí importa.
Yo soy una mujer digna, de honra.
No iba a entrar a un hotel acompañada de dos adúlteros.
Adúlteros son los que engañan al marido.
Nicolás y yo somos viudos.
No engañamos a nadie.
Estamos casados.
Bajo el rito de emergencia, pero casados.
Tenemos derecho.
Derecho canónico.
¿Qué pasa?
Regresa a tu cuarto, te va a dar pulmonía.
Aquí está en obra, mira el porquerillero, la tierra.
No, además allá está igual.
Regresa, te van a ver.
Es lo mismo que le dice la bruja. ¿Quién?
Tu hermana.
Me gritó, me zangoloteó, me dijo adúltera y yo soy una viuda.
Además no es como tú.
Tú eres fino y elegante y ella... ella apesta.
No puedo dormir, parece que trae un muerto en la boca.
Tú y yo estamos consagrados en la iglesia.
No, bueno, no fue en una iglesia, iglesia.
Tú dijiste que los cementerios son tierra santa. Sí, sí, pero ya lo pensé.
Y si es pecado, yo no puedo hacerte pecar.
Tú eres una mujer pura.
No, no soy una mujer pura.
Soy viuda, conozco el matrimonio, tuve hijos.
Además ya no quiero ser pura, ya no, ya no.
No puedo faltarle el respeto ni a ti ni a mi hermana.
Tu hermana.
Somos tú y yo los que importamos.
Ven conmigo.
Hace tanto que la cama se me hace ancha.
Ahora nos une Dios porque no va a ser bueno.
Deja que tu vino se derrame en mi cáliz.
Cantar de los cantares, verso 23.
No, no, no, no puede.
No está bien.
Tú eres una mujer decente.
Soy, soy tu carne.
Tu esposa.
Una sola alma, una sola carne.
¿Qué carajos pasa aquí?
¿Qué hace esta loca?
Somos marido y mujer.
Tenemos derecho a estar solos.
Échala, no es más que una gorda, sin nombre, amargada.
Sin nombre.
Si supieras, puta vieja, que este hombre es mío.
Que el que crees que es tu hombre es mío de mí.
Que mi carne sí es su carne.
Es mío, solo es mío. Es solo mío.
Cerda. Cerda.
Saca esa mano de ahí.
Eso no se perdonaría en el cielo. Es incesto.
Cerda. Eso no lo hacen ni los salvajes.
¡Hielos salvajes en África!
¡Ferda! ¡Ferda!
¡Diosito, perdónalos!
¡Perdónalos, Señor! ¡Perdónalos!
¡Ferda! ¡Ferda pecadora!
¡Padre nuestro que estás en los cielos! ¡Perdónalos!
¡Ferda! ¡Ferda!
¡Ferda!
¡Ferda! ¡Ferda!
Soy la víctima, la víctima propiciatoria, el cordero pastual.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, perdónalo,
Señor, perdónalo.
No podemos dejarla viva, ¿sí?
¡Gracias!
Tienes que detenerla.
Es necesario mantenerla en posición para cuando le venga el rigor mortis. Me
escapó.
Es que... Es que yo no tengo la... Es que nada.
Si pierde la posición sentada va a ser necesario quebrarle los huesos de las
piernas con el fierro.
¿Y si se dan cuenta que falta la pala? Pues creerán que se la robaron.
Que siempre es mejor a que crean que se encontraron un cadáver.
En la morgue aprendí a darle su retocadita.
Los dejaba como muñecos, como durmiendo la siesta.
Mírala. Si hasta se ve, mejor quede viva.
Y es que con la luz del día se le va a notar.
Y si se le nota, nos van a descubrir.
¿Y qué quieres?
¿Saler de noche como asesinos?
No, por Dios.
Asesinos no.
¿Y entonces qué somos?
De paso sirve que la velamos.
Le hacemos compañía.
Le hacía mucha falta.
Gracias. Va a servirle este nuevo viaje.
¡Gracias!
Aquí está su café, mi señor.
¿Qué? Me ves comer.
Y seguro dices gorda. Y con un nombre igual a Charles Boyer.
Es mío. Y sí.
Gorda y todo. Es mío. Y por mucho que lo veas, es mío.
Escenas no.
Sube. Nos vamos.
¿Qué te pasó?
¿Quieres llamar la atención?
Tengo miedo.
¿Miedo?
Pero si tú misma dijiste que era imposible que lo descubran.
Que nadie encontraría el cadáver.
Está perdido.
Perdido en tierra, perdido.
No, de eso no.
Eso ya pasó. Miedo de que te veas con alguna. ¿Cómo está? Los vi.
Ya empezaste.
Sí, ya empecé. ¿No te gusta?
Búscate otra mujer que te cure los dolores de cabeza y te organice tus
citas de vividor mantenido. Nico Estrella, mariquita, mariquita sin
calzones, se los quita y se los pone.
No, no, Nico, no te vayas, no te vayas. Mírame, ya me calmé, ya me calmé.
Que te aguante tu puta madre.
Perdóname, perdóname, perdóname.
Es que a veces me acuerdo de mis hijos y duele, duele.
¿Por qué los dejaste?
Para venirme contigo.
Ahora me da miedo haber sido una triste y pobre pendeja.
Ya me calmé.
Sube.
Buenas noches. Buenas.
¿Tiene flores?
No. ¿No tiene flores?
No, nada.
¿Qué tiene para regalar?
Como chocolates, bombones.
Uno no puede llegar a una visita con las manos vacías.
Aquí sí.
¿Qué tiene?
Lo que ve.
Listo.
¿Por qué no? Estar acostumbrada.
Aquí la vida es dura.
Dura y aburrida.
¿Cuál es la próxima cita?
Otra viuda.
San Pedro o algo así.
Por su letra parece una mujer de edad.
Tiene un negocio de coches.
¿Y tú te ocuparás de...? ¿Yo?
¿Así?
¿O así?
¿Así? Para poder cocinar sin el pelo en la cara.
Además, ¿a quién quiero impresionar?
Un negocio es un negocio.
Bueno.
¿Así?
Un día es un día.
Buenas noches. Buenas noches.
La señora Rebeca San Pedro.
Nicolás Estrella.
Cocido, como los de allá.
Comida de casa.
Mi hogar.
Mi marido. Él me enseñó.
Sabía de todo, a todo le entraba.
Todo lo hacía bien.
De él aprendí que una mujer necesita un hombre fuerte.
Un caballero.
Debe extrañarlo.
Más de lo que se imagina.
No, no, déjeme.
¿Quería ayudarla antes de irme a dormir?
Estoy cansada y... Ustedes tendrán muchas cosas de qué hablar.
Ninguna.
Ninguna sola.
Yo hago negocio y ustedes... Ustedes hacen... ¿Negocio?
¿Así le llaman ahora a los encuentros del corazón?
Señora, yo... Así les llamo yo.
Lo llamé porque necesito un hombre.
Toda mujer necesita un... No, no como usted cree.
Dijo que sabía de mecánica.
En España fue mecánico muchos años.
Si no quiere un hombre, ¿qué quiere?
Necesito alguien que se haga cargo del taller.
Alguien que cuide a mi hija.
Alguien que me respalde en el pueblo.
Usted no sabe lo que es vivir en un pueblo pelón.
O jodido.
Ser duda joven y aguantar la mirada de los hombres.
No sabe.
No, no sé.
¿Quiere un empleado?
¿Cómo voy a pagar un empleado?
Yo sobrevivo apenas hasta que amortice el préstamo.
Antes de morir, él compró 40 hectáreas.
Victorias buenas no traerá yerma pelona como esta.
Dejo será distinto.
Mientras, pura friega.
Los hombres mediterráneos son buenos maridos.
Chapados a la antigua, respondedores.
Necesito conocerlo.
Ver si es de esos, si me sirve.
Le propongo que nos tratemos dos meses.
Luego vendrá la boda.
Si no funciona...
Le pagó su salario de mecánico.
Se alojará con su hermana en la casa de ella atrás.
¿Te acuerdas de ella?
De la muerta.
A veces tú...
A veces.
Déjenlo activarse.
Buenas noches.
Buenas noches.
Es que estas americanas no las conozco muy bien.
Yo lo que trabajo bien son las europeas.
Es una ubicación temporal, no pensé que viniera con su hermano.
No hace nada sin mí, me adora.
Como hermano, claro está. Como era correo sentimental el que teníamos,
pensé... No es la única que tiene que tomar providencias.
Tenga, al rato le traigo sabanas.
Ven, Mercedes.
Oiga, Rebeca, préstamela tantito.
Un ratito, un ratito nomás.
Hasta el curso.
Media hora, Mercedes.
Ven.
Te voy a cantar la canción favorita de mi hija Teresa.
Mira.
Una tarde muy linda de agosto con algo...
Ya no te la vuelvo a cantar.
Lárgate nunca.
Nunca te la vuelvo a cantar.
Lárgate, monigota.
Monigota.
¡Ahhh!
¿Te despertaste?
Sí.
Siempre me despierto mientras roncas.
Revisa sus cuentas. Miente.
Tú también me mientes.
Y dijo que era un trato de negocio. No, no es mi culpa. Es la única manera como
se trabaja.
Y ella responde.
Ay.
Perdón.
Perdón, Coral.
Coralito, mía.
Es una puta.
Ya has visto. Ella siempre empieza.
Y yo... Yo no sé componer coches. Yo solo sé hacer esto.
Esto.
No es mi culpa.
Ella me buscó.
Me busca. Me busca.
Me busca. La buscó.
Busquemos a otra.
Vamos. Yo no la elegí. Fuiste tú.
Fuiste tú la que dijiste que era viuda y vieja y fea y rica. Y me equivoqué,
fíjate tú.
Me equivoqué en todo, menos en que es rica.
Está cargadita de lana hasta los boles.
Era a largo plazo.
Sin liquidez.
Me equivoqué.
Y ahora nos vamos a quedar aquí hasta cargarle toda la lana que tiene.
Me toca, me toca por puta. Sí, claro.
Por puta, claro.
¿Por qué juegas con la niña?
Por Dios.
Juego, juego porque juego. Porque así me gano a la madre. Porque es una cría
simpática. ¿Y los míos qué? ¿Y mis hijos qué?
Mis hijos eran más simpáticos que la monigota esa.
Mis hijos eran queridos simpáticos.
Y tú los echaste. Me obligaste a echarlos de mi vida.
Yo.
Tú, tú me hiciste elegir. En cambio a ella, no le dices que deje a la niña. Al
contrario, se te cae la baba y juegas con ella. Es distinto. Es trabajo.
Conmigo siempre es distinto.
No dejé a mis hijos.
No querían ni me pedían. Ni lloraban ni los dejaban.
Lo que es peor, los volvería a dejar.
En esta casa nadie come a la fuerza.
Nadie.
Aunque usted no entienda cómo se come, se ve clarito.
Ella tiene que irse.
Maltrata a mi hija, la he visto.
¿Corral es mi hermana?
Tiene que irse.
Tienes razón.
Nadie se enamora con la cuñada en casa.
Me voy a ir un tiempito.
No vayas a dejarme, ya no sé vivir sin ti
Gracias.
Hace ya dos meses que te fuiste.
Y desde entonces no hago más que pensar en ti.
Solo en ti.
Ahora estás en todos mis actos.
Somos cómplices.
Cómplices. La misma carne. La misma sangre.
Ya nada puede rompernos.
Separarnos.
Ven, coño.
Con el calor y tu ausencia la migraña ha vuelto.
Ya caché tu secreto.
¿Y? ¿Acaso me ibas a engañar siempre?
¡Dámelo!
¡Dámelo, pinche puta!
¡Dámelo! ¡Dámelo!
¡Dámelo, puta de mierda! ¿No querías que supiera que estás calvo?
¡Dámelo o te mato!
¡Dámelo!
¡Suéltame!
¡Suéltame! ¡Te voy a enseñar!
¡Te voy a enseñar la prudencia!
¡La prudencia y el decoro! ¡Suéltame!
¡Te vas a burlar de tu puta madre! ¡Y de tu cría de mierda!
¡Mírate! ¡No!
Ríele de tu marido, de él, porque de mí no ha nacido una ofrecida que se ría de
mí.
A ver, aprende, aprende a burlarte de un hombre.
Yo soy un hombre de honor.
Eso, búrlate, búrlate, mierda, búrlate.
¿Acaso sabe lo que es el honor?
El dolor.
Y quiere abortar.
Y juraste que no le ibas a tocar.
Juraste.
Juraste.
¿Juraste por qué?
¿Qué?
Castígame.
Anda, písame.
Písame.
Te traicioné, no te merezco.
Písame, písame como un gusano.
Anda.
Vine a ayudarla.
Espéreme afuera.
¿Por qué va a ayudarme?
Usted lo dijo, soy enfermera.
¿Duele?
Que duela ya ni modo.
Dónde están estas pastillas?
Báscalas.
¿Qué me ayuda si me odia?
El niño es de Nico, ¿no?
Creo que voy a dejar que nazca.
Solo son unas cuantas contracciones más.
Tienes que pujar.
Ayudarme.
Si no, vamos a tener que empezar de nuevo.
¿Eso quieres?
¿Eso quieres?
Puja. Puja.
Puja.
Puja. Puja.
¿Tenías la firma de muerto?
No.
¿Viste a la cámara?
Todavía no.
Esperaba que terminaras, que todo terminara.
¿Viste el anticoagulante?
Para que lo compre.
Aquí está.
Ya debe haber perdido la sangre que debe perder.
¿Cómo se atreven?
¿Qué quieren de mí?
¿Qué quieren?
¿Qué me han hecho?
¿Qué me hicieron?
Espérate. Llévense todo, déjenme.
¡Auxilio!
¡Auxilio! ¡No!
¡No! ¡No!
¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!
¡No!
¡A ella no! ¡No!
¡Cuídate!
¡Cuídate! ¡Prométemelo!
Lo prometo.
Lo prometo.
No,
a ella no. A ella déjamela.
¿Para qué?
Déjamela.
Su madre me la dejó. Se lo prometiste a la muerta.
¿Será nuestra hija?
No. Nuestra hija.
¿Para qué nos atrapen?
Dejé a mis hijos.
Déjame llenar su hueco.
La gente es gente, ¿no? No se llenan huecos así.
Fieras que sí.
¿Te pareces a mi hija, Teresa?
Tanto que te podrás llamar así como ella.
Teresa.
Ven, Teresa.
Ven con mamá.
No hay manera de calmarla. No hay manera.
Solo hay una cosa por hacer.
Solo una.
Y tú la sabes bien.
No. No.
No.
No. No. No. No. No.
No. No.
No. No.
No. No. No. No.
No.
Te doy un almacén.
Yo sé.
Y yo le dudo.
Yo sé.
Lo que ha de hacerse, ha de hacerse.
Así dices tú, ¿no?
No, no, no.
Yo. No.
Déjate por una vez me haga cargo.
Que sea yo quien te cuide.
No.
Yo sé cómo.
Yo sé hacer lo mejor.
Por mi culpa, ¿no?
No supe salvarla, no supe.
Es mi puta culpa.
Ahora yo soy su mamá.
¿No?
Me toca.
Qué luz tan fea.
Yo a mis niños les tenía una lamparita rosa, rosa, con patitos que giraban.
Y ahora tú eres mía.
El agua así, tibiecita, para que el cuerpo no lo sienta.
Teresita, a los 23 grados el cuerpo no nota la diferencia
entre el ambiente y el agua.
¿Sabes qué, mi niña? Eres mi hijita.
¿Sabías?
Voy a ponerte tu jabón y perfumarte.
El baño es un ritual.
Los rituales son para
cumplirse al detalle.
Ella era mi muñeca más linda.
La perdí, no la pude encontrar
llevar con su mamá. Dámela.
Nos tenemos que ir.
Tenemos que ir. Nos van a venir por nosotros.
Y ella tiene que descansar con su mamá.
Su mamá soy yo. Tiene mi boca. Boca de corazón.
Dámela. No, dámela.
Mía, no te lo permito. Dámela.
¿Por qué lo hicimos?
Para que estuviera con su mamá.
No, todo, todo.
¿Por qué?
Para estar juntos.
Ya ves, cosas así lo ligan a uno para siempre.
Sí, para siempre.
La muerte.
Por siempre y para siempre.
¿Qué mejor?
Nada.
Tengo que hacer lo que tengo que hacer.
Vas a perdonarme.
Los cadáveres están aquí.
Los enteré yo mismo.
No, no.
No los dos.
El cadáver de Irene Gallardo está en la carretera Cananea.
Seguro.
La ley dice que los detenidos no tendrán en su poder prendas que pongan en
entredicho su identidad.
Es que preferiría usarla.
¿Qué tal si al rato viene la prensa y... Va a decir que es una idiotez, pero yo
preferiría que no me vieran sin ella.
Ya ve, la prensa siempre anda en casa del ridículo y cuando lleguen... Claro.
Segurito mañana llenos de prensa y fotógrafos para tomarle fotos.
Segurito.
Qué prensa ni qué ocho cuartos.
Y la peluca se la quita.
Es la regla.
Andy, finalmente las reglas son para romperlas, ¿no?
Esta no.
¿Por qué no?
¿Por qué no?
Además, ¿ya pa' qué?
¿Qué nos van a hacer?
¿Qué crees, manito?
Además, ¿dónde los meto?
Dime tú.
La gorda esa la tengo en préstamo en la escuela de al lado.
De por mientras, porque es sábado.
Luego, ¿a dónde la meto? ¿En la iglesia?
Aquí la tengo al lado y le echo su vigilada.
Entonces... Entonces...
¿Y ella también?
¿Y que ella no hizo lo mismo?
Aquí no hay celdas para viejas.
Aquí las mujeres no delinquen.
Cuando llegue el momento, me puedo poner la peluca.
Es que no me gustaría que me viera sin ella.
Que se quede con otra imagen, ¿no?
Yo qué sé.
Solo me mandaron a hacer el liceo.
Solo me dijeron que había una presa, esposada y toda la cosa.
¿Tiene hambre?
Me he comido de mi sándwich.
Ya me viste la cara de gorda.
Es que ni en estos trances se me quita el hambre.
¿Qué nos va a pasar?
Yo qué sé.
Yo aquí nomás trapeo.
Sí, ¿qué vas a saber?
Si nomás haces el que haces.
Si de puro gente me diste tu torta.
Nunca compartas tu comida con una gorda.
Ya casi me la acabo.
Ay, agárrense por ese caminito.
Ven, ven. Deja que pase lo que ha de pasar. Mejor de una vez.
No se le puede dar vuelta al destino.
¿Nos va a dar la infuga?
Déjame.
Déjame, tontito.
Déjame echarse de ir a avisarle a mis hijos.
Déjame echarse luego ya. Déjame, tontito. Piedad.
Piedad. Imagínense nomás.
Ya pélense, cabrones.
Bastante es con dejar que este mono ande con peluca.
Piedad.
Nos quiere casar como animales.
Como puros animales.
Deja, deja que te den.
Deja que te den, así no duele.
Quieta.
Quietecita, ya viene.
Ya viene, princesa.
Juntitos.
Qué cosa.
Creo que es el día más feliz de mi vida.
Gracias.
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