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Hoy le agradezco la vida que estés aquí, Max.
Gracias.
Salud.
Luis Fernando.
Buenos días.
Buenos días.
Doctor, estamos brindando porque mi niña domina... No hace falta que le des
explicaciones, Nana.
Ni yo las he pedido.
Solo venía a hablar contigo, pero veo que estás celebrando.
¿Por qué no tienes al doctor en el despacho, hija? No es necesario. Muchas
gracias, don Andrés.
Felicidades por tu inocencia.
Todos creímos siempre en ti. Bueno, casi todos.
Con permiso.
Que no se pierda el motivo del festejo.
Por Domenica.
Lárgate si quieres, pero no esperes ni un centavo de liquidación para empezar
tu vida con esa fulana. Esa fulana se llama Nicolasa.
Y es la mujer que nunca debí haber olvidado para cometer el error de
fijarme en ti, que no lo vales, Mercedes.
Así hablan los heridos. Yo pensé que tú eres la víctima, que necesitabas
compasión.
Pero ya me doy cuenta que eres una mujer voluntariosa.
Egoísta, fría.
¿A qué viniste? ¿A escupir verdades? No, pues ahora te aguantas.
Suéltame.
No tienes ningún derecho a juzgarme.
Acuérdate quién fue el que abandonó a Pedro. Fuiste tú.
Sí.
Estoy arrepentido.
Y nada más para aclarar, Mercedes.
Yo nunca pensé en venir a vivir aquí con mi futura esposa.
Te quiero fuera de mis tierras.
Hoy mismo.
Así se hará, Mercedes.
Solo te quiero decir que si nos encontramos o nos cruzamos por el
camino, no te olvides de tratarme con respeto.
Porque saliendo yo de aquí, tú y yo somos iguales.
¿Qué pasó, doctorcito?
¿No lo invitaron a la celebración de mi patrona por salir inocente o qué?
Porque yo también salí inocente de todo lo que usted me culpaba.
De la quema de los frijoles, del título de propiedad falsa. Pídame una disculpa.
No me esté fastidiando.
¿Qué se siente perderlas todas, eh?
Se hasta perdió la mujer.
Yo no perdí nada.
Pues eso dígaselo a don Max.
Que ayudó para que mi patrona no se quedara sin dinero. Pues es que metió
todas las manotas por su doménica.
Con suerte ya hasta se casan.
¿Pasó qué ahorita?
Nada más te estoy hablando para contarte cómo van las cositas por acá, mi
viborita. Voy a traer una botanita por si quieren seguir con la platicada, ¿eh?
Con permiso. Gracias, Nicolás.
Considero que el paso a seguir es que todos los medios posibles publiquen el
fallo del juez.
Todo mundo debe enterarse de que fuiste absuelta. Lo haremos hasta que nos
notifiquen que legalmente el proceso concluyó.
¿Tú qué piensas, Ernesto?
Pues ya veremos qué le conviene a Doménica.
Y me pareció innecesario el comentario que le hiciste a Luis Fernando.
¿Lo vas a defender después de lo que le hizo a Doménica? No, pero tampoco se me
olvida lo que tú le hiciste. Y no eres quien para juzgar.
Lo siento mucho. Yo estoy tratando de enmendar mis errores, pero él sigue
juzgándome como si yo fuera lo peor.
Voy a hablar con él.
Con permiso.
Tú estás de acuerdo con Ernesto.
Yo lo único que quiero es que los problemas se acaben.
Así va a ser muy pronto.
Así va a ser.
Ni siquiera deberíamos haber celebrado con Max. Te recuerdo que él es el
causante de todos los problemas de Doménica. El muchacho se está
redimiendo. Y eso también es de celebrarse.
Por lo menos, Gilberto León ya no es un problema.
Aunque estemos felices porque van a liberar la fortuna de Doménica, debemos
cuestionar los métodos de Max. Lo que parece astucia es también su capacidad
de poner trampas y de conseguir lo que él quiere. Si fuera algo ilegal, yo
sería el primero en censurarlo.
Papá, de todos modos, yo me niego a que Max se quede como el héroe y se
aproveche que Doménica está vulnerable.
Yo confío.
en que Doménica evalúe correctamente sus sentimientos y nosotros tenemos que
aceptar lo que decida. Yo también estoy de acuerdo con eso, pero tenemos que
comprobar que sí lo extorsionaron porque yo no me la creo. Y eso de las
criptomonedas no me hace ningún sentido. Y falta ver qué me dice Manuel Longoria
que lo sigue investigando. De acuerdo, de acuerdo.
Pero de corazón espero que te equivoques.
Discúlpame, abuelo.
¿Y ahora dónde vamos a vivir? ¿Qué vamos a hacer?
No te prudes.
Yo tengo un guardadito y con eso podemos pagar una pensión ahí en San Felipe.
Además, tengo amigos que seguro que me dan trabajo.
A ver si nos hallamos allá.
Pues sí, mija.
Conseguiste a muchos pacientes para el consultorio y solo por eso te perdono.
¡Ya! ¿Yo qué iba a saber que te le ibas a meter en la cama a Luis Fernando?
Porque se supone que me conoces, babosa.
¿Esta?
Súper decepcionado de Doménica. Estoy segura que va a caer en mi consuelo. Mi
plan volvió a cobrar su ruta.
Bueno, solamente falta que quedes bien con ella porque te descaraste diciendo
que te ibas a quedar con el doctor.
Pero eso se va a solucionar cuando Doménica se decida por Max.
Kiki, yo quisiera tener tu nivel de confianza. Ah, yo consigo todo lo que me
propongo. En cambio tú, ni siquiera te has acercado a Pedrito.
Ay, ¿por qué no me dejas en paz? Estoy muy ocupada.
Es cierto.
Kiki. Hoy es mi día de suerte.
Ay, nunca me habían regalado nada así de bonito.
Pero seguro te costó mucho.
Hija,
tú lo vales todo.
Los otros novios que has tenido no te valoraban, pero tú estás para que te
traten como una reina.
¿Qué otros novios?
¿A poco tú y yo ya somos? Porque tú nunca me has preguntado.
Si eso es lo que quieres.
¿Lleves?
Mi abecita, la más bonita.
¿Aceptas ser mi novia hasta que el casuario nos alcance?
No, pues, así ni quien te diga que no.
Sí, sí quiero.
No, con estas pruebas y con mis encantos, obviamente Pedrito va a caer.
Fáltate más.
No quiero que se olviden de Cosme, mi marido, pues él no solo fue el error
que lo llevó a quitarse la vida, él fue mucho más que eso.
Es por eso que he decidido mantenerlo aquí junto a mí,
para que juntos gobernemos.
Y hoy tomo el cargo como la primera mujer
presidenta municipal en la historia del pueblo de Santa Teresa del
Amor.
Prometo hacer respetar sus leyes y respetarlas. Y si
no fuera así, que mi pueblo me lo demande. ¡Que viva Santa Teresa
del Amor!
¡Y sigues de necio con mi mujer! ¡Ya, pero ya!
¡Déjalo, Pedro!
Pues que no se supone que tú me votaste a mí.
Bueno, ¿qué está pasando aquí?
Hemos andado aquí formalizando mi noviazgo con Nieves.
Pero este metiche llegó muy acá, muy bravo, como que todavía se siente dueño
de ella.
¡Ya, ya!
Ay, sí, par de machos los dos.
Decídete, Nieves.
¿Es Osvaldo o es Pedro?
No, ni te rompas la cabeza.
Si ya besuqueaste a este, pues que te aproveche.
Ya, Pedro, vámonos afuera para que te calles. Vamos.
Entonces ya veo que con Pedro no es la cosa.
Aquí Osvaldo es mi único novio.
Bueno, pero en otro lugar.
No quiero más escándalos.
También no tendrá quejas, señorita.
Gracias por atender nuestro amor.
Te voy a hacer sentir como una diosa. No, ¿qué?
No aquí, yo no quiero más problemas, Osvaldo.
Entonces vamos para otro lado.
Ándale, nomás vas a hacer un besillo y ya.
No, ¿qué otro lado?
Mejor luego me invitas un helado, yo qué sé.
Buen día, Blanca.
Ahora no, Sanjenis. Estoy muy ocupada para tus bromas.
Vine a ver al juez Benítez. Me pidió unos documentos.
Si quieres, me los puedes dejar y yo se los entrego cuando regrese.
O puedes esperar si quieres.
¿Cómo vas con tu galancito?
Ernesto no es mi galancito.
¿Entonces soy yo?
No, tú tampoco.
Yo no quiero estar con un hombre que se juega a una mujer en una apuesta.
¿De qué hablas?
No te hagas el tonto, por favor.
Ernesto me dijo que los dos apostaron a ver quién se quedaba conmigo mientras me
veían las piernas.
¿O me lo vas a negar?
Ay, Pedrito, ahora sí que Nieve se conformó por un simple ramo de flores.
Pues la mera verdad, yo nunca le di un regalo así de bonito.
No, pero le diste tu corazón, que eso es lo que importa.
Digo, lo malo es que te lo rompió.
Oye, según esto, Nieves, que le dijiste y yo le tenía que reclamar a Luis
Fernando parte de la hacienda por ser hijo del tal señor Jiménez. Sí, ella me
preguntó porque yo estudié un año y medio de leyes.
Pero para nada le dije que tú fueras a preguntarle algo a tu hermano, ¿eh?
Pues entonces, Nieves, si es la interesada.
Por eso anda con el rico del pueblo, porque yo soy Pedro Nadie.
Y voy a seguir siendo.
Pedro, no. Ay, no, Pedrito, no. Ven, dame un abrazo. No digas eso.
Me acuso de verte las piernas.
Sí, pero mi presunta culpabilidad está sujeta... A mí no me vas a marear con
tus frases legales.
¿Apostaste o no?
Ernesto quiso apostar.
No te creo.
Pregúntale a Luis Fernando, él sabe que no soy un santo, pero por ti, Blanca, yo
me visto de blanco hasta que me salgan las alas.
Qué tonto eres.
Sé que María es muy feliz y yo a ti también.
Déjame pensar.
Eso es un sí.
Ay, siento mucho no haberte llamado para evitarte la molestia con Doménica y Max.
Pero es que Doménica estaba muy feliz porque gracias a él le liberaron su
dinero. Hasta me dijo que para ella él era un héroe.
Ay, perdón, pero eso fue lo que me dijo.
Ahora entiendo lo que me dijo Genaro, que ese imbécil salvó a su patrona.
Ay, pues imagínate, si lo sabía Genaro es porque la abandonada fue una gran
noticia. Pues sí.
Ya ni sé para qué me preocupo por Doménica si ella misma me sacó de su
vida. Bueno, si te sientes mal, podemos cancelar las consultas. No, de ninguna
manera.
Me va a ayudar a distraerme y tenemos muchas citas el día de hoy.
Lo que sí es que voy a necesitar ayuda.
¿Ah, sí?
Sí. ¿Qué necesitas?
Y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo.
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te atrajo.
Contigo me sonrió.
Se me quitó lo triste cuando te vi y me viste.
Y desde entonces te volviste lo mejor. ¿Y qué me pasó?
Y ahí estabas tú.
Y no es casualidad que el mundo sea tan grande pero nos juntó Y ahí
estabas tú y eso me salvó Y ya no pido más, eres mi luz, mi paz,
tu mi más grande amor
Y ahí estabas
tú y aquí estaba yo Y no es casualidad que el mundo sea tan grande pero
nos juntó
Y ahí estabas tú y eso me salvó. Y ya no pido más, eres mi luz, mi
paz, tú mi más grande amor.
Y ahora aquí estoy yo, listo para cuidarte siempre el corazón.
Después que Nicolás me confesó...
Que el café que yo te hacía era muy malo, decidí probar un escafé.
A ver si con este café sí te llego al corazón.
Contigo es difícil, ¿no?, sonreír, ¿eh?, a pesar de los problemas que tenemos con
nuestros hijos.
Bueno, no quiero que te angusties por nada.
Bueno, tranquiliza un poco que el enojo de Doménica sea con Kiara y no conmigo,
¿eh?
Lamento que tengas una encrucijada entre Doménica y Kiara.
Me da miedo.
Que mi hija se lastime otra vez, porque la verdad es que no tiene ninguna
posibilidad con el doctor, yo lo sé.
Es una pena que estén enemistadas por algo que no va a pasar.
Pero si algo malo le pasa a Kiara, yo estaré a tu lado para apoyarla en todo
lo que necesite.
Lo sé.
Y gracias.
Bueno, ¿y qué tal está el café?
¿Ahora sí ya me puedo casar?
Con este sabor y este aroma, el café es prueba superada.
Y después de esto, para comprometerme contigo, pues lo único que me hace falta
es un poco de poesía.
¿Poesía? O mejor aún, que me digas todo eso que callaste cuando me amabas en
silencio.
Muy bien, señora.
Esto es para desparasitarlo y también para que empiece a subir de peso el
muchacho. Te va a ayudar a desinflamar tu pancita.
Nos vemos en una semana.
Muchas gracias, señora.
Campeón, córtese bien.
Sí, es por este lado.
Pues, muchas gracias, Kiara.
Veo que estás cansada, pero has sido una gran asistente.
Ay, bueno, llenar los datos, pesar, medir, no es gran cosa, la verdad. Al
contrario, llenar formularios me ayuda a avanzar más rápido y atender a más
pacientes. Bueno, si me ayudas a hacer curaciones y a inyectar, ¿te puedo
ayudar más?
Pues pronto te vas a convertir en mi enfermera.
¡Ay, me encanta!
La verdad es que disfruto mucho ayudar a las personas, sobre todo a los pobres.
¿Quieres ir a comer algo?
Te agradezco mucho, pero estoy cansado y necesito resolver algunos pendientes.
Quiero cerrar ciclos.
Muchas gracias. Te veo luego.
Claro. Gracias.
Ah, quién llegó.
Justo estoy cocinando lo que te gusta.
Y te hice tu postre aparte.
¿Te lo iba a mandar con Hilario?
¿O te lo quieres comer de una vez?
No, Nicolás, no.
Mejor otro día.
Es que, mira, no me da mucha vergüenza, pero... es que quiero pedirte un favor.
¿Y ahora tú?
¿Qué haces ahí escondida como tusa?
Estoy esperando a mi abuelito. Es que renunció a doña Mercedes y nos quedamos
sin casa.
Ah, caray.
Esa sí no la veía venir.
Pues no que muy amigos, hasta para andar abandonando a los niños que a la señora
le estorbaban. Si vas a andar con esos reproches, mejor le digo a mi abuelo que
no me quedo aquí. Porque él nomás está pidiendo posada para mí.
Nomás para ti.
¿Y eso? Pues en primera porque no encontramos pensión en San Felipe.
Y luego, pues, para que tú no te lo tengas que encontrar.
Porque a diferencia de doña Mercedes, él sí está arrepentido. Y eso no es de
ahorita, sino desde hace mucho tiempo.
No, pues...
¿Por mí que se quede?
Yo nomás hago como que no lo veo y problema resuelto.
¿No me has dicho por qué renunció?
Porque doña Mercedes enteró que mi abuelo se casa con Nicolás.
¡Muchas!
Lo que le ha de haber calado a la señora, porque aunque no lo acepte, está
enamorada de tu abuelo.
Pues eso terminó en su contra.
Y a mí me duele que el amor que se tiene en él y Nicolás...
En vez de traerle bendiciones, nomás se está trayendo problemas.
¿Dónde dejarán estas mujeres las notas de comanda?
Porque amamos al equivocado.
Cuando diga no, es no.
¿Qué está leyendo?
¡María!
Perdón el atrevimiento, señorita Montero, pero es que yo quería pedirle a
ver si se puede quedar aquí mi nieta.
Yo me puedo ir a donde sea, de aquí a que encuentro trabajo.
Y yo no tengo ningún inconveniente en que se queden los dos.
De hecho, con tu sabiduría podrías ayudarnos mucho en el campo.
Te dije que mi niña iba a entender la injusticia que cometió doña Mercedes.
Pues yo le agradezco, pero solo necesito que se quede aquí mi nieta.
Y pues la verdad es que yo no quiero molestar a Pedro con mi presencia.
Pero yo puedo hablar con Pedro para que no se lo tome personal.
Prefiero que no.
Es que de verdad que si...
El perdón no nace de su corazón.
Yo prefiero estar alejado de él.
Está bien.
Como quieras.
Una cosa más.
Queremos organizar una cena para celebrar tu compromiso con Nicolás.
Ay, pues, si mi Nicolás acepta, pues, voy yo feliz.
¿Verdad? Y, bueno, pues, sirve que... que le pido la mano
aquí de mi Nicolás.
¿A mí? No, no.
Se la tienes que pedir a mi padrino.
Yo lo único que te voy a pedir es que le hagas la mujer más feliz del mundo.
Pues claro que sí.
¿Cómo no?
Y bueno, no la agarro a besos, de verdad, porque hay una falta
de respeto.
No, Prudencia, no hace falta, qué lindo. Pero no me tienes que agarrar a besos.
No, pues yo no hablaba de usted, yo decía de besar aquí a mi Nicolás.
No,
ya, ya, en serio.
Señorita Montero, muchas gracias, de verdad.
Y no creo que a mí me pesa empezar de cero, ¿eh? No, pues teniendo a mi
Nicolás cerca, pues no.
Pero, pues la verdad es que, pues sí me duele toda mi vida allá en el espejo de
luna.
Si hasta el recuerdo de mis puertos se queda ya.
Yo siento muy feo de dejar el espejo de Luna, pero a mi abuelito le duele mucho
más porque él estuvo toda su vida ahí.
Nomás espero que no se ponga mal.
No, hombre.
Eso no va a pasar.
No, eso no va a pasar. Ya verás que no.
Ah.
Mija.
Aquí la señorita Montero ya aceptó que tú te quedes, así que te quedas.
Gracias. Gracias.
Oye, Doménica, ¿y no se puede quedar también Prudencio?
Aunque no lo creas, pues no te quiero ver por ahí sufriendo.
Menos lejos de tu nieta. No, muchas gracias.
Tú no me debes absolutamente nada.
Además de que yo no quiero darte el disgusto de que me estés mirando ahí por
cualquier lado.
Pórtate bien.
Prudencio, ahora que soy grande, puedo entender lo que un hombre hace o deja de
hacer por el amor de una mujer.
Me abandonaste en un huacal, pero estuviste más presente que muchos que sí
tienen padre.
Y por eso te perdono.
Me perdono.
Así que con eso que me dices, ¿ya puedo irme a vivir feliz hasta debajo de una
piedra? No, no, mejor quédate a vivir con nosotros y a trabajar en esta
hacienda.
Dí que sí, hombre.
¿O que no?
Sí, quédate.
Dí que sí.
Bueno, les voy a dar gusto.
Ya me cansé de tus tonterías de mujer independiente y todas esas tarugadas.
¿Qué traes?
Te dije que no te ibas a inscribir. Tú no vas a estudiar la prepa y me vas a
obedecer. Y si no, te largas de esta casa a ver si sola sobrevives.
Voy a estudiar aunque tú no quieras. Y si me tengo que ir de la casa, me voy a
ir. Tú me enseñaste a trabajar sin sueldo ni privilegio. Así que ya viste
que sí puedo sobrevivir.
Vas a verla sobrevivir. ¡No!
Se te ocurra pegarle a mi hija a Gabriel o te juro que no sales vivo de aquí.
Pedro, por favor, instala a Adelaida en la habitación que era de Nieves y en la
de al lado a Prudencio, por favor.
Pues vamos a ordenarlas de una vez para cuando se traigan todas sus cosas del
Espejo de Luna.
Pásenle, vénganse.
Pásenle su casa.
Gracias. Adelante, Prudencio.
Buenas. ¿Qué haces aquí?
¿Vienes a reclamarme algo?
¿O tal vez a revisar si Max está debajo de mi cama?
No, Doménica.
Ya entendí que tú y yo nunca vamos a estar juntos.
Solo vengo a entregarte esto.
Vas a poder retomar tus planes de boda con Max.
¡Obedéceme y tú hazte a un lado!
¿Vas a castigar a tu hija por querer superarse y ser mejor persona? ¿Qué no
estás viendo los libros que está leyendo? Papá, pero tú ni siquiera
sabes... ¡Cállate!
Déjanos solos, hija.
Estos libros no son de María, son míos. Porque quiero ser otra mujer, pero
siempre para ti.
Recordarme muy bajo.
Te juro que no es eso, Domingo. Mica, pero... Mica, pero... Yo
no puedo quedarme con algo tan valioso para ti.
Max solo me ayudó a recuperar. Él te ayudó a recuperar todo lo que tenías
antes.
Por tu desgracia.
¿Y cómo supiste que...
Lo importante es que ahora vas a ser feliz.
Te pedí que no volvieras, pero volviste a esto.
Te aseguro que esta fue la última vez.
Muy bien.
Tú acabas de decir que nunca vamos a estar juntos.
Así que ya no te busques pretextos para volver a buscarme.
Yo pedí esos libros porque tú me dijiste que querías que estuviera a la altura de
Kiara. Porque yo a ti sí te amo, aunque no te lo merezcas.
Aunque seas de atiro malo y me hagas sentir como una tonta, yo sí te sigo
queriendo.
Pero eso no va a ser para siempre si sigues dañando a mis hijos.
Es que tú de plano no entiendes nada.
Pues entonces explícame.
No me cabe en la cabeza ver mi María. Yo sí la veo como una doctora, no detrás de
un mostrador pariendo chamacos de un macho como tú.
¿De qué sirve todo el dinero que presumes si vas a meter a tus hijos en
una jaula de oro?
Solo quiero protegerlos.
Para que no sufran.
Pues entonces haz las cosas de otra manera.
Yo ya no voy a cambiar.
Es tarde.
Pues así lo quieres.
Así será.
Sé que hemos tenido nuestras diferencias, Nicolás.
Pero de todo corazón me alegro mucho por ti.
Y les deseo un matrimonio muy, muy, muy feliz.
Gracias. Yo también.
Los felicito mucho.
Mi niña, qué tiendas.
Luis Fernando vino a devolverme el anillo que me dio Max.
Ya no puedo, de verdad.
Con su permiso.
Seguro que Prudencio va a poner al doctor en su lugar.
Lo único que quiero ahorita es que se vaya.
Luis Fernando ya no puede decepcionarme más.
Luis Fernando.
¿Por qué andas haciendo tanta burrada?
¿Qué haces aquí, Prudencia?
Primero, respóndeme. ¿Por qué le trajiste así el anillo a Doménica?
Pues Doménica se está dejando llevar por Max.
La verdad es que tomé la decisión de terminar definitivamente con ella.
Ah.
¿Y por qué entonces andas tan mal si lo tienes tan claro?
Si ya tomaste la decisión de alejarte a un amado a Doménica, pues agarra tu
dignidad y no andes chillando por todos los rincones.
O lo otro.
Da la pelea por ella. No es tan fácil.
¿Qué quieres que te diga?
¿Que ahogues en alcohol tus penas y vayas a partirle el alma al otro? No,
Luis Fernando, no.
Tú eres tu único enemigo.
Y ojalá lo entiendas pronto.
Porque de eso depende que sigas con tu vida. Con o sin Doménica.
Mejor vámonos de regreso a la hacienda.
No.
No, porque... Pues resulta que ya vivo aquí.
¿Mi papá te pegó?
No.
No, y por primera vez le hablé de frente y claro.
Le dije que él no va a ser quien frena a mis hijos.
Que yo lo sigo queriendo.
Pero que eso no va a ser para siempre.
¿Y él qué te dijo?
Que no va a cambiar.
¿Y tú qué quieres hacer?
Lo que debí hacer hace mucho tiempo.
Si ya te decidiste por irte de Espejo de Luna, pues yo te voy a pagar tu
liquidación. Pues eso aplica cuando uno lo corre.
Pero pues resulta que yo renuncié.
Esos son formalismos, hombre.
Has dejado tu vida entera en ese lugar, en las buenas y en las malas, y no te
vas a ir con los bolsillos vacíos.
No es el caso.
Mira, yo me voy con muchas cosas buenas.
Tu cariño, por ejemplo.
Y ahora también el de Pedro otra vez, porque ¿qué crees?
Porque ella me perdonó. No, hombre, hasta insistió que me quedara a vivir
aquí.
Me alegra mucho escuchar eso, Florencio.
Así es la vida.
Le da a uno bendiciones cuando menos los esperas.
Yo... Toma.
Para que te cuide.
Que seas muy feliz, Prudencio.
Que seas muy feliz.
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Longoria, ¿estás completamente seguro que los datos de los negocios de Max son
públicos y legales?
Así es.
Lo que sí es que no hay denuncias presentadas por él en contra de alguien
por el delito de extorsión.
Y no hay manera de acceder a sus cuentas y menos a sus finanzas en criptomonedas.
Bueno, pues busca cualquier otro dato, alguien que nos pueda decir algo de él,
un amigo.
Familia no tiene porque es huérfano y ni siquiera es de aquí, nació en Costa
Rica.
En sus papeles aparece como mexicano.
Pues tal vez se nacionalizó, pero él nos dijo que creció en un orfanatorio y que
incluso uno de los fundadores le dio sus apellidos, Langer de la Vega. Así que...
Bueno, encuentra cualquier cosa y me lo manda, ¿sí? Estamos en contacto.
Vengo a aclarar las cosas contigo. Ya me dijeron todo lo que tenía que saber y
qué lástima que debajo de esa pinta de hombre culto y tímido hay un satiro
irrespetuoso. Oye, tampoco es para que me ofendan. Bueno, pues es que tú
también. O sea, también... Ay, qué bueno que los veo.
¿A poco estuvo tan fuerte la pelea, Gennaro?
No, pues la pelea no la vi.
Ah, pues sí escuché las cacayacas que Prudencio le echó al doctorcito.
Y que le devolvió un anillo que el Max le había dado a mi potranca.
Ah, debe ser el anillo de compromiso de Doménica.
¿Y por qué no tenía el doctorcito?
Por una casualidad que no vale la pena mencionar. Pero hiciste bien en
decírmelo, ¿eh?
Pues ponte las pilas, viborita.
Porque ahora sí creo que el doctorcito ya perdió. Sí, se lo voy a decir a Max
para que no pierda la oportunidad.
Adiós.
¿Cómo ves?
Que nos libramos de la sospecha del anillo de compromiso. ¿Por qué estás tan
segura? Luis Fernando se lo devolvió a Doménica.
¡Celebremos, mamá!
Vine para que Blanca me dé el contacto de uno de sus dos amigos.
Porque quiero preguntarles algo como abogados que son.
Estoy a sus órdenes. Yo te recomendaría más verlo con Roberto.
¿Cómo? ¿Por qué?
Pues debe ser que esa geniz le da más confianza.
Sí, esa es la razón.
Bueno, pues, si es así... Con permiso.
Ay, Chis, yo no te conocía a esos modos.
No, es que no hay nada peor que un hombre que hace de una mujer un trofeo
para presumir.
Por lo menos a ti te quieren como trofeo.
A mí nada más me hacen sentir que no valgo nada.
Por eso quiero un abogado.
Me quiero divorciar.
¿Por qué le aceptó la renuncia a Prudencio?
¿Y qué querías que le rogara para que se quedara?
Usted sabe lo importante que es para la hacienda.
Y lo siento, pero voy a buscarlo para que me explique por qué decidió irse así
de repente.
A ver, no. Tú no tienes nada que hablar con ese tipo. Porque aquí nadie es
indispensable. Ni siquiera mi hijo, que ya viste cómo se largó.
No entiendo la frialdad con la que habla.
Lo que debería hacer como madre es dejar de pelear con su hijo y buscarlo.
Mira, Sanjenís, tú no tienes ningún derecho de decirme qué hacer ni en la
hacienda ni en mi vida. En lo que respecta al Espejo de Luna no estoy de
acuerdo. Yo soy socio y estoy velando por mis intereses.
No hay nada firmado todavía, así que te puedo regresar tu dinero cuando quieras.
No, ese gusto no se lo voy a dar.
Porque aunque me quede sin tener nada aquí, yo siempre voy a velar por los
intereses de Luis Fernando.
Yo sí lo quiero.
Es mi hermano.
¡Van a tirar la puerta!
¿Qué pasó, compadre?
¿Ya se te pasó la buena conmigo o qué?
Pues la verdad no.
Entonces, ¿qué haces aquí?
¿Vienes a llevarte a maillado o qué?
Compadre, aquí Osvaldo no te importa. Nomás lo estás utilizando.
Pues puede ser que sí.
Pues tal vez sí salga beneficiado.
Y a mí se me olvida de cómo me estás tratando y volvamos a hacer negocios.
Pues las cosas van bien.
Ya te lo he dicho mil veces y a mí me va bien a ti también.
Así de bien como le fue a Cosme.
Ya vi de lo que eres capaz, compadre.
Y la mera verdad, mejor dime cuánto quieres por dejar a Osvaldo y a mi
familia en paz.
Pues todo lo que tienes es mío.
Entrégamelo.
Y tal vez ya hasta se me olvida que somos compadres.
Dada la situación, estos son los pasos a seguir.
Primero, demandar a Gabriel por violencia doméstica para que la
autoridad actúe.
Y luego ya buscar el divorcio.
No, no, no. Es que el asunto no va por ahí.
Yo no quiero que mis hijos piensen que yo le eché la policía encima a su papá.
Yo nomás quiero divorciarme.
Está bien.
Ese podría ser otro camino.
Sé que tienen varios bienes. Tienen que llegar a un acuerdo para saber de quién
es qué.
Digo, lo bueno es que Gabriel sigue manteniendo a sus hijos y eso puede
ayudar a que el proceso sea mucho más rápido.
Hagámoslo así.
¿Sí?
Además... Yo no creo que Gabriel se ponga difícil.
La buscan, patrón.
Gracias, Adelaida.
No pensaba que me fueras a buscar tan pronto.
¿Necesitas algo?
Quiero devolverte el anillo de compromiso que me diste.
Luis Fernando recién me lo trajo.
No es necesario.
Quédate esa joya.
Cuando yo te la di fue con toda mi sinceridad.
Yo todavía tengo los mismos anhelos.
Si tan solo creyeras que yo te abandoné para salvarte la vida, podríamos
continuar con esos sueños juntos.
No, no hagas las cosas más difíciles. Yo todavía me acuerdo, como si fuera ayer,
cuando frente a la Virgen te dije que nunca dudaras del amor que siento por
ti.
Todavía podemos ser felices.
Gracias por recibirme una vez más aquí.
Ay, no, por favor, no tienes nada que agradecer. Si solo te quedaste un día.
Sí.
Y yo te veo triste, ¿estás bien?
Mi mamá me dijo que volviste a hablar con Domenico. Sí, tenía que hablar con
ella para... terminar nuestra relación.
Definitivamente.
Siento mucho verte así.
La verdad no entiendo por qué quieres estar con alguien que ama a otra
persona.
Cuando... Cuando puedes estar con alguien que solo te ama a ti.
Así como te amo yo.
Perdón por subestimarte, Kiara. Ahora veo que tu estrategia sí funcionó. Ojalá
Doménica hiciera lo mismo y reconociera que el que quiere es a Max Langer. Yo no
dejo de sentir cosas por Luis Bernardo.
Por tu bien, deberías olvidarte de ese... ¿Por qué lo dices?
Eres tan cínico como para besarte con mi prima y después venir aquí a decirme que
me quieres. Yo pienso serle fiel a la única mujer que ha amado a Doménica.
Volvemos. Ya sabemos que tu supuesto origen y tus apellidos son una farsa.
Doménica Montero, lunes a viernes a las 9 por Univision.
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