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Mucho tiempo, donde
no existe la mentira ni el dolor, vivía una princesa que
soñaba con el mundo de los humanos.
Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol.
Un día, burlando toda vigilancia, la princesa escapó.
Una vez en el exterior la luz del sol la cedó y borró de su memoria cualquier
indicio del pasado.
La princesa olvidó quién era, de dónde venía.
Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor, y al correr de los años murió.
Sin embargo, su padre, el rey, sabía que el alma de la princesa regresaría,
quizá en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar.
Y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar.
No entiendo para qué has traído tantos libros, Orfelia.
Si vamos al campo, al aire libre.
Cuentos de hadas.
Ya eres muy mayor para llenarte la cabeza con tantas arandajas.
Dí que pare el coche, por favor.
¡No!
¡No!
¡No!
¡Ophelia!
¡Ophelia!
Déjame un momento.
Tu hermano no se encuentra muy bien.
¡Ophelia!
¡Ophelia!
¡Ven!
He visto nada.
Pero mira cómo te has puesto los zapatos.
Vamos.
Cuando lleguemos al molino, quiero que saludes al capitán.
Y quiero que le llames padre.
No sabes lo bueno que ha sido con nosotras, hija.
Quince minutos tarde.
Carmen.
Bienvenidos.
No me hace falta.
Puedo andar perfectamente.
El doctor Ferreiro prefiere que no hagas esfuerzos.
Anda.
Ophelia, sal.
Saluda al capitán.
¿Ophelia?
Es la otra mano, Ophelia.
¡Mercedes!
¡Que suban el equipaje!
Sí, señor.
Es un laberinto.
Nada, un montón de piedras muy viejas, que en estos siempre hay.
Antes incluso que el molino.
Mejor que ni te acerques.
Te puedes perder.
Gracias.
¿Los has leído todos?
¡Mercedes!
La llama el capitán.
Tu padre me necesita.
No es mi padre.
El capitán no es mi padre.
Mi padre era un sastre.
Se perdió al empezar la guerra.
El capitán no es mi padre.
Me queda claro.
¿Vamos?
¿Has visto a mi madre?
¿A qué es guapa?
Sí.
Está enferma de niño.
¿Lo has notado?
La guerrilla se ha echado al monte.
Y ahí es más difícil cazarlos.
Esos jodidos conocen el terreno mejor que nadie.
Vamos a bloquear el acceso al monte.
Comida y medicinas.
Todo se racionará desde nuestra bodega.
Hay que hacerlos bajar de ahí.
Que vengan nosotros.
Quiero tres nuevos puestos de vigilancia.
Aquí, aquí y aquí.
Mercedes.
Dígale al doctor Ferreiro que baje a verme.
Sí, señor.
Con esto dormirá usted toda la noche.
No más de dos gotas antes de acostarse.
Dos gotas.
Todo, todo.
No dude usted en llamarme si me necesita.
De día o de noche.
Usted o su enfermera.
Tiene usted que subir a verlo.
La herida no mejora.
La pierna se le está poniendo muy mal.
No he podido conseguir más.
Lo siento.
Vida le espera en su despacho.
¡Virgen Santísima!
Tienes los pies helados, mi amor.
Tienen miedo.
Un poco.
¿Qué es ese ruido?
No es nada, hija.
Es el viento.
Las noches de aquí son muy distintas a las noches de la ciudad.
Allí se oyen los coches, los tranvías.
Aquí las casas son viejas.
A mí parece que hablan.
Mañana te voy a dar una sorpresa.
¿Una sorpresa?
¿Un libro?
No.
Algo mucho mejor.
¿Por qué tenías que casarte?
Estuvimos solas tanto tiempo.
Yo estoy contigo.
No estabas sola.
Nunca has estado sola.
Algún día entenderás que para mí tu
hermano está un poco inquieto.
Anda, cuéntale uno de tus cuentos.
Seguro que se calma Luis, tú.
Hace muchos, muchos años, en un país muy lejano y triste,
existía una enorme montaña de piedra negra y áspera.
Al caer la tarde, en la cima de esa montaña florecía todas las noches una rosa que
otorgaba la inmortalidad.
Sin embargo, nadie se atrevía a acercarse a ella, pues sus
numerosas espinas estaban envenenadas.
Entre los hombres sólo se hablaba de miedo a la muerte y al dolor, pero nunca de la
promesa de la inmortalidad.
Y todas las tardes, la rosa se marchitaba sin poder
otorgar sus dones a persona alguna.
Olvidada y perdida en la cima de aquella montaña de piedra fría, sola hasta el
fin de los tiempos.
El día de la muerte de Luis.
Pase.
¿Cómo la encuentra?
Muy débil.
Descansará lo que haga falta.
Yo dormiré aquí abajo.
¿Y mi hijo?
Perdón.
¿Da usted su permiso, mi...?
Mi hijo.
¿Cómo está?
Por el momento no hay motivo de alarma.
Muy bien.
Capitán.
¿Su mujer no debió haber viajado en un estado de desesperación?
Un estado tan avanzado de embarazo.
¿Esa es su opinión?
Mi opinión profesional, sí, señor.
Un hijo debe nacer donde quiera que esté su padre.
Eso es todo.
Otra cosa, capitán.
¿Quién le ha dicho a usted que la criatura es un varón?
No me joda.
A las 20 horas se detectó actividad en la zona noroeste.
Esparos.
El sargento Bayona peinó el área y capturó a un sospechoso.
El otro es su hijo, que ha venido del pueblo.
Capitán, mi padre es un hombre honrado.
Eso lo decido yo.
Descúbrete cuando estés delante de mí.
Al detenido se le encontró este arma.
Ha sido disparada.
Mi padre estaba cazando conejos.
No te calles, coño.
Ni dios, ni patria, ni amo.
Así, con dos cojones.
Propaganda roja, mi capitán.
No es propaganda, capitán.
Es un almanaque viejo, mi capitán.
Son agricultores.
Siga.
Yo subí al monte, capitán.
Para cazar conejos.
Para mis hijas, que me se han puesto enfermas.
Conejos.
Capitán, si mi padre lo dice, cazaba conejos.
Me lo ha matado.
Asesino.
Hijo de puta.
A ver si aprenden a registrar a esta ventuza.
Antes de venir a molestarme.
Sí, capitán.
Madre, despierta.
Madre.
¿Hay algo en la habitación?
Hola.
He seguido hasta aquí.
¿Eres una hada?
Mira.
Esto es una hada.
¿Quieres que vaya contigo?
Afuera.
¿Adónde?
¿Hola?
¿Eco?
¡Eco!
¿Hola?
¿Hola?
¿Sois vos?
¿Habéis regresado?
No os asustéis.
Os lo ruego.
Mirad, mirad.
Mi nombre es Ofelia.
¿Quién eres tú?
¿Yo?
Yo.
Yo he tenido tantos nombres,
nombres viejos, que solo pueden pronunciar el viento y los árboles.
Pero yo no he estado aquí durante muchos años.
Yo soy el monte, y el bosque, y la tierra.
Soy...
Soy un fauno.
Vuestro más humilde súbdito, Alteza.
No, yo... Vos sois la princesa Moana,
hija del rey de Vezmorra, el rey nochuterá.
Mi padre era sastre.
No sois hija de hombre.
La luna os engendró en vuestro hombro izquierdo.
Encontraréis una marca que lo confirma.
Por todo el mundo, vuestro verdadero padre hizo
abrir portales que permitieran vuestro regreso.
Este...
es el último de ellos.
Pero...
debemos asegurarnos de que vuestra esencia no se ha perdido.
Que no os habéis vuelto una mortal.
Habréis de pasar tres pruebas antes de la luna llena.
Este... Este es el libro de las Encrucijadas.
Cuando estéis sola, abridlo.
Y él os mostrará vuestro futuro.
Os mostrará qué...
hacer.
Aquí no hay nada.
Mercedes, prepare estos conejos para la cena de hoy.
Son demasiado jóvenes, señor.
Bueno, a ver si dan para un caldo.
Sí, señor.
Ah.
Este café...
está muy quemado.
Pruébelo.
Deben de vigilarlo más cuidadosamente cuando esté al fuego.
Como usted mande, señor.
A la mesa.
No le ha gustado el café.
Ese es un señorito.
Un señorito.
Vamos a necesitar algo de ternasco y una gallina más.
Pues a ver, ¿de dónde la sacamos?
Pues viene la mujer del doctor y la del alcalde, así que.
¡Esas!
Esas comen más que un gorrino.
Y no les para la boca.
Ni debajo del agua.
¡Qué guapo!
Mercedes, ahora mismo bajo.
¿Ophelia?
Tu padre da una cena hoy.
Y mira lo que te he hecho.
Lo que hubiera dado yo de pequeña por tener un vestido así.
Y mira los zapatitos.
De charol.
¿Te gustan?
Sí, son muy bonitos.
Ándame a bañarte.
¡Ophelia!
¡Ophelia!
¡Ophelia, date prisa!
Te quiero ver el vestido puesta.
Quiero que estés preciosa cuando te vea el capitán.
Ya verás.
Parecerás una princesa.
¿Una princesa?
Vale.
Esas gallinas bien limpias, ¿eh?
Y las judías a lo haya grande, no os olvidéis.
Estás preciosa, niña.
¡Preciosa!
Anda, anda, a trabajar que estáis todas perdiendo el tiempo.
¿Quieres un poco de leche conmigo?
Échate a un ladijo, no te vayas al picar.
Con lo guapísima que estés.
¡Mmm!
Mercedes, ¿tú crees en las hadas?
Ya no.
Pero cuando era muy niña, sí.
Entonces yo creía en muchas cosas en las que ahora ya no creo.
Pues anoche me visitó un hada.
Vaya.
Bueno, no era sólo una.
Había otras y un fauno.
¿Un fauno?
Eso dijo.
Es muy alto, muy viejo y huele a tierra.
Pues mi abuela decía que con los faunos hay que andarse con cuidado.
¡Mercedes!
Venga conmigo.
Capitán, está todo aquí.
Harina, sal, aceite,
medicinas, caldo de gallina,
olivas, tocino...
Uf, qué tabaco, qué tabaco.
Y las cartillas.
Necesito que revise el inventario, capitán.
Muy bien.
Mercedes.
¿La llave?
Sí, señor.
¿Es la única copia?
La única, señor.
A partir de hoy la llevo yo.
Capitán.
Quizá no sea nada, mi capitán.
Son ellos.
Al principio de los tiempos, cuando el bosque era joven, vivían en armonía los
animales, los hombres y las criaturas mágicas.
Se protegían los unos a los otros y dormían juntos bajo la sombra
de un frondoso árbol que crece en la colina cerca del molino.
Ahora el árbol se muere.
Sus ramas están secas, su tronco viejo y torcido.
Debajo de sus raíces, ha anidado un enorme sapo que no lo deja sanar.
Habrás de meter las tres piedras de ámbar mágicas en su boca.
Y recuperar una llave dorada que oculta en su vientre.
Solo así, el árbol volverá a florecer.
Ahora menos de veinte minutos.
Han salido escopeteados.
Una docena, como mucho.
Antibiótico.
¿Cuánta cojones?
Encima se olvida la lotería.
Esos hijos de puta están aquí.
Nos están viendo.
¡Hey!
¡Os habéis olvidado esto!
¡Y el billete de lotería!
¿Por qué lo bajáis a por él?
¡Tendría huevos que os tocara!
Hola.
Soy la princesa Moana.
Y me detengo con uno.
No te da vergüenza.
Estar aquí abajo.
Comiéndote los bichitos.
Y engordando.
Mientras el árbol se muere.
¿Han mirado en la habitación y en la bodega?
Sí, señora.
¿Han revisado el jardín?
¿Y el granero?
Sí, señora.
Pero, ¿dónde se ha metido esa niña?
Por aquí, por favor.
Permítame presentarles a mi esposa, Carmen.
Encantada.
Mucho gusto.
A partir de hoy, una cartilla de racionamiento por familia.
Examínenlas.
Solo una.
Solo una.
Capta, no sé si le será suficiente.
Sí, la gente es cuidadosa, sí.
Lo que no podemos permitir
es que sigan enviando comida a los del monte.
Están perdiendo terreno.
Andan a cuestas al menos con un herido.
Con perdón, capitán.
¿Cómo está usted tan seguro?
Hoy casi los cogemos.
Llevaban esto.
Antibiótico.
A esa gente, Dios ya les ha salvado el alma.
Lo que al cuerpo le suceda, bien poco le importa.
Nosotros le asistiremos en todo lo que necesite, capitán.
Sabemos que no está aquí por gusto.
En eso se equivoca.
Yo estoy aquí porque quiero que mi hijo nazca en una España limpia y nueva.
Porque esta gente...
parte de una idea equivocada.
Que somos todos iguales.
Pero hay una gran diferencia.
Que la guerra terminó y ganamos nosotros.
Y si para que nos enteremos todos hay que matar a esos hijos de puta.
pues los matamos.
Y ya está.
Todos estamos aquí por gusto.
Por gusto.
Por gusto.
Paz, ponga el café al fuego, voy a por más leña.
Sí, Javi, tranquila.
¿Ophelia?
¿Ophelia?
¿Y cómo se conocieron usted y el capitán?
El padre de Ophelia le confeccionaba los uniformes.
Ah, vaya.
Y cuando él murió, yo entré a trabajar en una tienda de géneros.
Y hace poco más de un año, el capitán y yo.
nos volvimos a encontrar.
Qué curioso, ¿verdad?
Digo yo, volverse a encontrar después de tanto tiempo.
Curioso.
Curiosísimo.
Perdonen a mi mujer.
No ha visto mucho mundo, ¿saben?
Cree que a todos nos interesan estas tonterías.
Señora, la niña ya apareció.
Si me disculpan...
¿Le he dicho ya que conoció a su padre, capitán?
No.
No tenía idea.
¿En Marruecos?
Le conocí brevemente, pero causó en mí una vivísima impresión.
Un gran militar.
Los hombres de la tropa decían
que cuando el general Vidal murió en el campo de batalla, estrelló su
reloj contra el suelo para que constara la hora exacta de su muerte.
Para que su hijo supiera cómo muere un valiente.
Habladurías.
Nunca tuvo un reloj.
De hecho...
Me duele.
Cuando salgas del baño te irás a la cama sin cenar.
¿Me has oído?
A veces pienso que nunca aprenderás a comportarte.
Me has decepcionado, Celia.
Y a tu padre también.
¿Al capitán?
A él más que a mí.
He traído la llave.
Ese soy yo.
Y la niña sois vos.
¿Y el bebé?
Habéis conseguido la llave.
Me alegro.
Ella ha creído en Vuesencia desde el principio.
Le alegra mucho vuestro éxito.
¡Ah!
Conservad la llave.
La necesitaréis muy pronto.
Y también esto.
Un poco de tinta.
Faltan sólo dos pruebas más.
Y la luna ya pronto estará llena.
Tened paciencia.
Pronto pasearemos por los siete patios concéntricos de vuestro palacio.
No sé que lo que dices es verdad.
Porque habría de mentiros un pobre fauno como yo.
Vamos.
La cartilla en la mano.
A la vista.
¡Vamos, vamos!
¿Su nombre?
¿Nombre y apellidos?
Narciso Peña Soriano.
Para servirle.
¿Su nombre?
Este es el pan de cada día en la España de Franco.
El que guardamos en nuestro granero.
Los rojos mienten.
Vamos.
Dímelo que va a pasar ahora.
Dímelo.
Silvia.
Silvia, dame.
¡Capitán!
¡Capitán!
Los rojos mienten.
Mienten al decir que en España hay hambre.
¡Venga!
Lo digo.
Porque en la España nacional,
una grande y libre, no hay uno a dar sin lumbre ni una familia sin pan.
Este es el pan de cada día en la España de Franco.
Su mujer necesita reposo absoluto.
Deberá permanecer sedada la mayor parte del tiempo.
La niña debería dormir en otra habitación.
Yo me quedaré aquí hasta el alumbramiento.
Cúrela.
No me importa lo que necesite o lo que cueste.
Cúrela.
No te preocupes.
Tu madre se pondrá buena muy pronto, ya lo verás.
Tener un hijo es complicado.
Pues, entonces yo no voy a tener ninguno.
Tú ayudas a los de Almonte, ¿verdad?
Se lo has dicho a alguien.
No se lo diré a nadie.
Nunca.
No quiero que te pase nada malo.
Mirate.
¿Sabes alguna nana?
Solo una.
Pero no recuerdo la letra.
No importa.
Quiero escucharla.
¿Listo?
Sí.
Vamos, pues.
Esto es una locura.
Cuando ese hombre nos descubra, nos va a matar a todos.
Si te das cuenta de eso... ¿Tanto miedo tiene, doctor?
No, no es miedo.
Al menos no por mí.
Pedro...
Pedro...
Hermano...
¿Habéis evitado la prueba?
No.
Mi madre está enferma.
No es excusa para la negligencia.
Mirad.
Esta es una mandrágora.
Una planta que soñaba con ser humana.
Colocada debajo de la cama de vuestra madre.
En un cuenco con leche fresca.
Cada mañana, dadle de beber dos gotas de sangre.
Ahora, llevad a cabo la prueba.
La luna llena ya está cercana.
Dejaos guiar por ellas.
Iréis a un lugar muy peligroso.
Tened cuidado.
Lo que ahí dormita...
no es humano.
¡Ah!
Veréis un lujoso panquete.
No comáis ni bebáis nada.
Absolutamente nada.
Os va la vida en ello.
Una vez os he traído un poco de aguardiente y tabaco.
Queso.
Un par de cartas para trigo y para piloto.
¿Qué?
Polvo para los piopos.
¿Cómo está esa pierna, francés?
Pues cómo va a estar, doctor.
Jodida.
Vamos a ver.
Tropas norteamericanas, británicas y canadienses han desembarcado en una pequeña
playa al norte de...
De Francia, Tartaja.
De Francia.
De Francia.
Más de 150.000 soldados bajo el mando del general Ludwig de Eisenhower.
Es grave, doctor.
Mira, francés.
No hay manera de salvarla.
Trataré de hacerlo en tan pocos cortes como más sea posible.
Un momento, doctor.
Un momento.
Con la tiza, razaréis el contorno de una puerta en
cualquier parte de vuestra habitación.
Una vez abierta la puerta,
iniciad el reloj de arena.
Dejaos guiar por las hadas.
No comáis ni bebáis nada durante vuestra estancia.
Y aseguraos de volver antes de que caiga el último grano de arena.
No.
Es esta.
Gracias a vosotros...
A
ti.
A vosotros.
¡A vosotros!
A vosotros también, Stalinsky.
A vosotros solo unos unos diez gritos.
¡Qué é Hampshire!
nos los aqui.
Sí.
Son dos.
¡따�es!
¡Esto es lo que tengo para vosotros!
A mí... Tomas un techo.
Necesitas comida, medicinas.
Tú deberías de cuidar de Mercedes.
Si de verdad te importa, cruza la frontera con ella.
Esto está perdido.
Yo aquí me quedo, doctor.
No hay más.
¿Tenéis Kiros?
La llave.
Pero no pueden bajar ahora.
Eso es lo que le está esperando.
Déjamelo a mí.
Soy una cobarde, ¿eh?
No.
No lo eres.
Sí, sí lo soy.
Una cobarde, una mierda.
Todo el día metida ahí a lo de ese hijo de puta.
Lavando su ropa, haciéndole en la cama, dándole de comer.
Y si el doctor tiene razón y no podemos ganar.
Por lo menos se lo pondremos difícil a ese cabrón.
¿Cómo?
Pero así es.
Pero aún tiene.
Sí, es una buena señal.
Su cuerpo está respondiendo.
Escúcheme bien.
Si tiene que escoger, salve al niño.
Ese niño llevará mi nombre.
Y el nombre de mi padre.
Sálvelo a él.
Hermano.
Hermano.
Si me escuchas, las cosas por aquí no están muy bien.
Pero ya pronto tendrás que salir.
Has puesto muy mal a mamá.
Cuando salgas, quiero pedirte una cosa.
Solo una.
Que no la vas a dañar, mamá.
Ya la conocerás.
Es muy bonita.
Aunque a veces esté triste muchos días.
Pero ya la verás cuando sonríe.
Te va a gustar mucho.
Escucha.
Si me obedeces, te prometo una cosa.
Te llevará a mi reino.
Y serás un príncipe.
Te lo prometo.
Un príncipe.
¿Qué pasa?
Hice eso en el silbato, pero no se apartaban.
Intenté parar la máquina, pero era demasiado tarde.
El fogonero y yo saltamos al tiempo, pero mire la que han armado.
¿Qué contenían los vagones que asaltaron?
No han abierto un solo vagón, capitán.
¿Pero de qué coño me estás hablando?
Han montado la de Dios y no han abierto un solo vagón.
No se han llevado nada.
Nada.
¿Está usted seguro?
Dios solo sabe que andaban buscando.
Además de hacernos perder el tiempo.
Capitán, salieron de la nada, de pronto.
Han saqueado la bodega.
Tienen granadas y se han echado a monte arriba.
Capitán, hemos acorralado a un grupo que ha quedado rezagado.
Se han refugiado en el peñasco.
¡Venga, serrano!
¡Sin miedo!
Esta es la única forma decente de morir.
¡Venga,
serrano!
¡Serrano!
Déjame ver.
Déjame ver.
¿Puedes hablar?
Joder.
Esto no nos sirve para nada.
Uno vivo vale más que diez.
¡Mi capitán!
¡Aquí hay uno vivo!
Solo tiene un tiro en la pierna.
¿Qué pasa?
¡Han cogido a uno!
¿Qué?
¡Han cogido a uno de ellos vivo!
¡Lo llevan a la bodega!
¡Mórtala!
Retírense.
Hija, ya es suficiente.
Lo llevo yo.
Tome.
De solo la mitad de la dosis.
No creo que me hagan falta, doctor.
Me encuentro mejor.
Mucho mejor.
No me lo explico, pero me alegro.
Joder.
Qué bueno está esto.
Tabaco de hebra.
Difícil de conseguir, ¿eh?
Vete a la mierda.
Coño, Garcés.
Para uno que cogemos y resulta que está tamudo.
Nos vamos a pasar aquí la noche entera.
Mientras hable, mi capitán.
Garcés, tienes razón.
Vas a contárnoslo todo, ¿verdad?
Porque precisamente para eso hemos traído unas cosillas.
Cosas que aprende uno por ahí.
Al principio no voy a poder confiar en ti.
Pero cuando acabe de usar esto, me vas a decir alguna que otra verdad.
Cuando pasemos a estas, ya vamos a tener una relación...
¿Cómo diría yo?
Más estrecha.
Como de hermanos.
Ya lo verás.
Y cuando lleguemos a esta, te voy a creer todo lo que me digas.
Te voy a proponer algo.
Si cuentas hasta tres, sin tatar, tamudear, te puedes ir.
No le mires a él.
Mírame a mí.
Por encima de mí no hay nadie.
¿Garcés?
Sí, mi capitán.
Si yo digo que este desgraciado se puede marchar, ¿me va a contradecir alguien?
Nadie, mi capitán.
Se puede ir.
Venga.
Hasta tres.
¿Uno?
¿Dos?
Venga.
Una más y estás bien.
Lástima.
Vuestra madre ha mejorado, Alteza.
Seguramente ahora estaréis más tranquilas.
Sí, sí, gracias.
Pero las cosas no han salido del todo bien.
¿Ah?
No.
Sucedió un accidente.
¿Un accidente?
Sí.
¿Qué?
¿Ah?
¡Habéis roto las reglas!
¡Eran solo dos uvas!
Yo creí que nadie se daría cuenta.
¡No se nos ha equivocado!
Equivocado.
¡Habéis fallado!
¡No podéis regresar!
Fue todo un accidente.
¡No podéis regresar!
La luna estará llena en tres días.
¡Vuestro espíritu se quedará para siempre entre las aguas!
¡Hombre!
Envejeceréis con ellos, moriréis como ellos, vuestra memoria
se desvanecerá en el tiempo y nosotros desapareceremos con ella.
No nos volveréis a ver jamás.
Buenos días, doctor.
Disculpe que lo moleste tan temprano, pero creo que necesitamos su ayuda.
Dios mío, ¿qué le han hecho?
No mucho.
Pero las cosas van mejorando.
Me gusta tenerle cerca, doctor.
Tiene sus ventajas.
Serrano, quédese con ellos.
Hable.
Un poco.
Lo siento.
Lo siento muchísimo.
Pómeteme ahora.
Por favor.
No sentirás más dolor.
Ya casi acaba todo.
Vigila al doctor Serrano.
Voy enseguida.
Sí, mi capitán.
Ya no te mueves.
¿Estás enferma?
¿Qué coño estás haciendo ahí abajo?
¿Qué pasa?
Llámalo.
¿A quién?
¿Quién va a ser imbécil?
¡El ferreiro!
¿Qué coño es esto?
¡No!
¡No!
¡No!
¡Déjalo!
Mira.
Mira lo que tenía debajo de tu cama.
¿Eh?
¿Qué te parece?
Ofelia.
¿Qué hacía esta cosa?
Debajo de la cama.
Es una raíz mágica.
Me la ha dado el fauno.
Esto es por toda esa mierda que tú le permites leer.
Mira lo que has conseguido.
Por favor, déjanos solas.
Yo hablaré con ella, cariño.
Muy bien.
Como quieras.
Me dijo que te curaría.
Y te curó.
Ofelia, tienes que escuchar a tu padre.
Tienes que cambiar.
No.
Quiero irme de aquí.
Llévame lejos de aquí, por favor.
Por favor, vámonos.
Las cosas no son tan sencillas.
Te estás haciendo mayor.
Y pronto entenderás que la vida no es como en tus cuentos de hadas.
El mundo es un lugar cruel.
Y eso vas a aprenderlo.
Aunque te duela.
¡No!
¡No!
¡Ofelia!
La magia no existe.
No existe ni para ti, ni para mí, ni para nadie.
¿Por qué lo hizo?
Era lo único que podía hacer.
No.
Hubiera podido obedecerme.
Hubiera podido.
Pero no lo hice.
Pues hubiera sido mejor para usted.
Eso lo sabe.
No lo entiendo.
¿Por qué no me obedeció?
Es que... obedecer por obedecer.
Así, sin pensarlo.
Eso solo lo hacen gentes como usted, capitán.
¡Capitán!
¡Carcés!
Llame al jefe de botiquín.
Que suba inmediatamente.
Sí, capitán.
Porque son inescrutables los caminos del Señor.
Porque en su palabra y en su misterio se encierra la esencia de su misericordia.
Porque si bien Dios nos envía el mensaje, está en nosotros el descifrarlo.
Porque al abrirnos los brazos, la tierra se lleva
solo un cascarón vacío y sin sentido.
Lejana está ya el alma en la gloria eterna.
Porque es en el dolor donde encontramos el sentido de la
vida y el estado de gracia que perdemos al nacer.
Porque Dios, en su infinita sabiduría, pone en nuestras
manos la solución.
Y porque solo en su ausencia física se reafirma el
lugar que ocupa en nuestras almas.
Usted conocía muy bien al doctor Ferreiro.
No sé si me accede a eso.
Todos lo conocíamos, señor.
Toda la gente de por aquí.
El tartamudo nos habló del informante dentro del molino.
¿Se imagina usted?
Delante de mis narices.
Mercedes, por favor.
¿Qué pensará usted de mí?
¿Pensará que soy un monstruo?
Al señor no le interesa lo que alguien como yo piense.
Quiero que vaya esta noche a la bodega y me traiga masa aguardiente, por favor.
Sí, señor.
Buenas noches, señor.
Mercedes, ¿no se le olvida algo?
¿Señor?
La llave.
Yo tengo la única copia, ¿no es verdad?
Sí, señor.
¿Sabe?
Hay algo que me molesta.
Un pequeño detalle.
No tiene mucha importancia, pero.
el día en que entraron en la bodega, con tanta granada y
explosivos, el candado no estaba forzado.
En fin, seguramente no tiene importancia.
Tenga mucho cuidado.
Hasta mañana, señor.
Hasta mañana, señor.
Ofelia.
Ofelia.
Ofelia, me voy esta noche.
¿Adónde?
No te lo puedo decir.
No te lo puedo decir, pero... Sí, llévame contigo.
No, no, no puedo.
Llévame contigo.
No, te prometo que volveré por ti, mi niña.
No puedo, no te prometo.
Llévame contigo.
Llévame contigo.
He oído algo.
No.
No.
Parece que no es nada.
Tranquila.
Mercedes.
Ofelia.
¿Desde cuándo lo has oído?
¿Cuánto tiempo te habrás reído de mí?
Hija de puta.
Vigílenla.
Y si alguien intenta entrar.
Mátenla a ella primero.
Chorizo.
Tabaco.
Si me lo hubiera pedido, se lo hubiera dado.
Mercedes.
Quiero los nombres de los que han escrito estas cartas.
Y los quiero delante de mí.
¿Mañana?
Sí, mi capitán.
Retírese, Garcés.
¿Está usted segura, mi capitán?
Por el amor de Dios.
No es más que una mujer.
Eso es lo que pensó usted siempre.
Por eso pude estar cerca.
Porque yo era invisible para usted.
Joder.
Ha descubierto usted mi punto débil.
La soberbia.
Pero estamos aquí para buscar sus puntos débiles.
El asunto es muy sencillo.
Usted va a hablar.
Y yo tengo que saber...
que me está diciendo la verdad.
Precisamente para eso...
le hemos traído unas cosillas.
Nada complicado.
Cosas que aprende uno por ahí.
Al principio, no voy a poder confiar.
Yo no soy un viejo.
Ni un hombre herido.
Hijo de puta.
Hijo de puta.
No se te ocurra tocar a la niña.
No serás el primer cerdo que devuelva.
No.
Eh.
Sssh.
La he dejado marchar.
Eh.
Chévemela, coño.
Más te vale que te vengas conmigo por las buenas.
El capitán me ha dicho que si te portabas.
a las tonterías, bonita.
Que si alguien te va a matar...
prefiero ser yo.
He decidido daros otra oportunidad.
Prometéis obedecerme.
Haréis todo lo que yo os diga, sin cuestionarlo.
Es vuestra última oportunidad.
Entonces, escuchadme bien.
Recoged a vuestro hermano
y traedmelo al laberinto lo antes posible.
Aldea...
¿Mi hermano?
Lo necesitamos.
Pero... No más preguntas.
La puerta está cerrada.
En ese caso, haced vuestra propia puerta.
¿Da su permiso, mi capitán?
Venga usted pronto.
¿Y ahora qué pasa?
Serrano ha vuelto.
Está herido.
¿Herido?
¿Dónde está Garcés?
¿Cuántos eran?
No lo sé exactamente, mi capitán, pero.
no menos de 50 hombres.
Ninguno de los otros ha regresado.
Y los puestos de vigilancia no responden a nuestras llamadas.
¿Cuántos hombres quedan en el campamento?
Veinte, quizá menos, señor.
Nos vamos a ir de aquí.
Tú y yo juntos.
No tengas miedo.
No te va a pasar nada.
Vigilen el perímetro del bosque.
Cuando vuelva una de las patrullas, que lo veas.
Comuníquese por radio con el teniente colonial.
Necesitamos apoyo urgentemente.
Sí, mi capitán.
Déjalo.
¡Ophelia!
Pido, Alteza.
Entregádmelo ya.
La luna llena brilla en el cielo.
Y podemos abrir el portal.
¿Qué lleváis en la mano?
El portal sólo se abrirá si derramamos en él sangre inocente.
Sólo un poco de sangre.
Un pinchazo, tan sólo.
Es la última prueba.
Vamos.
¿Os prometisteis obedecerme sin chistar?
¡Entregadme al niño!
No.
Mi hermano se queda conmigo.
¿Sacrificaréis vuestro derecho sagrado por este mocoso al que apenas conocéis?
Sí.
Lo sacrifico.
¿Pegaréis vuestra cuna por él?
¿Él?
¿Por quien habéis sido humillada e ignorada?
Sí.
Lo niego.
Hágase pues vuestra voluntad, Altidá.
¡No!
Mi hijo.
Decidle a mi hijo.
Decidle a qué hora murió su padre.
Decidle que yo... No.
Ni siquiera sabrá tu nombre.
¡Ven!
¡No nos salga de acá!
¡No!
No.
¡No va a llegar!
Poneos de pie, hija mía.
Acercaos.
Padre...
Habéis derramado vuestra sangre antes que la de un inocente.
Esa era la última prueba...
la más importante.
Y se dice que
la princesa descendió al reino de su padre y que ahí reinó con justicia y
bondad por muchos siglos,
que fue amada por sus súbditos y que dejó detrás de sí
pequeñas huellas de su paso por el mundo, visibles sólo
para aquel que sepa dónde mirar.
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