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¡Qué rico, qué rico!
Adiós, Melquiades.
No te has de quejar de la despedida.
Nunca, mi buen señor presidente.
Es para mí un honor que usted esté aquí.
Para nada, lo que tú te mereces. Muchas gracias.
Este es muy amable y es usted.
¡Pura vida!
Siento mucho expulsarte del pueblo.
Pero todos nos hemos convencido de que eres la mala suerte en persona.
Hombre, señor presidente, a tanto estármelo diciendo, ¿qué cree? ¿Qué?
Hasta yo también medio tan riquito ya lo estoy creyendo. Ah, pues no lo dudes.
Donde tú pisas, ni sacate nace. Pero tan ralado estoy yo así.
Sí, Melquiades, y menos mal que te vas antes de las elecciones, porque si te
quedas...
Mire, señor presidente, yo soy incapaz de perjudicarlo a usted.
Sabe lo que lo quiero.
Bueno, bueno, toma.
Ahí está tu equipaje.
Oye, y cuida mucho el traje que yo te regalé, nuevecito.
Te va a quedar un poco grande porque era de mi abuelo que ya era grande.
Unos 90 años. Pero la tela es muy buena, muy fina.
En la primer fiesta me lo coloco. Y me voy a acordar mucho de usted y de su
abuelo. Ándale, mi equipaje me lo guardas mucho, no me lo vayan a
maltratar. Y si dentro de algunos años se te quita esa sal que llevas encima,
pues vuelves por acá.
He pensado volver dentro de una semana. No, no, no, mira, mejor no vuelvas
nunca. No te podrás quejar, hemos pagado tus gastos hasta la capital. Señor
presidente, no tengo con qué agradecer tanta gentileza, sobre todo.
Voy en un camión solito.
Para mí. Es mucho, ¿no? No, no, no.
No, si es que todos los que compraron boleto lo cancelaron al saber que ibas
tú. Mírenlos.
Amén, hijos.
Perdón. Adiós, Melquiades.
Adiós, señor presidente.
Árdele. Bueno, me voy, ¿eh?
Con permiso. Con permiso. Vamos.
¿Quién es el gerente aquí?
¿Qué le ofrece?
vengo a poner mi queja en contra del pésimo servicio de sus autobuses.
Pues, ¿qué ha pasado?
¿Cómo que qué ha pasado? ¿Le parece a usted poco?
Un viaje que se supone debe hacerse en dos horas y media, este señor
lo ha hecho sencillamente en cinco días, a media hora por día.
Mentira, jefe, mentira.
¿Cómo que mentira? ¿No se le boteó el camión cuatro veces?
Y hay que ver cómo quedó el camión, señor. Mire, quedó desllantado,
desvielado, desaguado, desmantelado, desgasolinificado, desbujeado,
desgraciado. Pero eso no es posible.
¿Cómo que no?
Pregúntele. Es cierto.
Sí, jefe, pero él tuvo la culpa. Lo corrieron del pueblo por salado. A mí no
me venga usted con esas cosas.
Yo no soy supersticioso.
Ay, mamá. Y no que no.
Con permiso.
Te vas a portar bien si no le vas a dar guerra a Doña Justita, ¿eh? Sabes que
está enferma y te quiere mucho, Pepito.
Yo también la quiero porque siempre me cuenta cuentos.
Buenos días, Doña Justita. Buenos días, muchachas. Venimos a darle la lata otra
vez con mi hermanito. Ya lo estaba.
Ayer nos quedamos cuando la bruja le regalaba la manzana a Blancanieves.
Yo tengo que irme a trabajar y Esperanza va a entregar el pastel.
Ahora que lo entregue, le voy a prestar los 20 pesos que le hacen falta para
completar tu reino. Gracias, hijita, y que Dios te ayude.
Adiós, doña Jesucita.
Váyanse sin pendiente. Te portas bien, ¿eh? Él siempre se porta bien. Adiós,
Chaparra. Adiós, Chaparra.
Válgame Dios, a ver si se fija por dónde camina.
¿Y usted qué?
El pleito no es con usted, señorita.
Es con la ciega esta, que no ve ni dónde anda.
Perdone, señor, es que estaba yo distraída.
Ya, ocho, a ver si le dice que se fije para otro día.
Tantísimo gusto. Señorita, es usted pura vida.
¿Y ahora?
Tengo que hacer otro a la carrera.
¡Santos y buenos días tenga usted, Marvinita!
¡Me quedo desahijado! ¡Cuántos años sin verte!
¡Muchísimos! Desde aquella vez que se quemó la vecindad, ¿se acuerda? Y como
de costumbre, ¿a quién le echaron la culpa?
¡A mí!
Sí, ahijado, ya ves cómo es malpensada la gente.
Oiga, madrinita, ¿ya no viven aquí ninguno de aquellos salvajes que tan
tititito más y me linchan? No, todos son nuevos.
¡Hombre, qué bueno!
¿Y este niño qué?
¿A sus años?
¡Dios santísimo, hijo!
¡No, es hermano de unas vecinitas mías!
¡Ah, vaya!
A propósito de vecinos, mira, te presento a la que es aquí mi mejor
amiga.
Tantísimo gusto.
Por lo visto, todas las vecinas de ustedes son pura vida.
Acabo de encontrarme con una que es muy linda.
Lo que no me gustó es que venía con una gata tan bruta que con un pastel mí no
más como me dejó.
Voy por ahí dentro a ver si encuentro algo para desmancharme, ¿eh?
Con permiso.
Usted lo tiene.
Vengo por Pepito porque tengo que hacer otro pastel.
Ay, hijita, entonces tú fuiste la del pastel.
Sí.
A ver, madrenita, lo que estoy pensando, que quien debía limpiar mi traje es la
mensa que me lo manchó.
Hombre, mire más cómo lo dejó.
¿Qué usted, de casualidad, no sabe en qué número vive? Oye, Melquiades, deja
las cosas como están y no te metas en líos. Es que da coraje, hombre.
Está bien.
Nada más porque usted me lo pide y porque es tan linda la patrona de la
condenada gata esa.
Bueno, yo me voy. Con permiso.
Baste, señorita. Ha sido un honor para mí.
Vente, Pepito.
¿Y qué me cuenta usted de los cuates del barrio?
Como siempre, de vagos.
Han de estar en el billar. Voy a darles un volteón. En lugar de ir al billar,
debías pensar en buscar trabajo.
Ay, madrinita, pa' todo el tiempo.
Bye, bye.
Habías metido.
Cállate la boca. De gira política me fui a Alemania.
Recorrí toda Alemania que hasta me aburrí.
Y dije, ah, no.
Yo me voy a un sitio muy distinto que sea muy lejos de aquí.
Y que me voy a Berlín.
Vaya, vaya. Pues ya se está juntando la vieja palomilla. Y dime, ya se te quitó
lo pelado completamente.
Ahora soy otro.
Soy pura vida.
Eso es todo, hombre. Mira, te presento un buen cuate.
Tanto gusto, el juez es mío.
¿Tú tienes, Caimán?
Con tu permiso, mi hermano, un momentito. Oye, ¿qué has adelantado en
esta movida?
Pues un poquito, ahora verás. Es lo que voy a ver.
Esa es de tres bandas, esa de cuatro. A ver, a ver, a ver.
¡Pero si tienes esta mano como antes, hermano! Es que anoche me fui de cha-cha
-cha. No, no, no. No le eches la culpa al cha-cha-cha. Sí.
Un momento.
Se hablan por teléfono, Caimán.
Ahí te voy.
Detenme un ratito. ¡Oye, tiro por ti! ¡No, no, no! Ahí, aguántame.
¡Esta noche, guarrita, hombre!
¡Cómo estoy mechiveo!
¿Cómo se ve que quieres ganarles?
Ahora verán que me duran.
Aquí ya pueden colgar ustedes los tacos porque esta jugada se acabó.
Ahora verán... No, esta se tira así para que vean cómo se gana.
Estás de malas...
Bueno,
es que estas mesas son muy viejas.
Nos vemos.
Un momento.
¿Qué vendiste, manito?
Tres pulgadas, mi viejo. ¿30 pesos?
¿Pero cómo 30 pesos, señor?
Ya ni que fuera Casimir inglés, señor.
Es usted un ratero. ¿Ratero? Sí. Llámate al azul.
¿Cuál azul, señor?
¿Cuál azul? Si esto tiene remedio. ¿Cómo? Con dos curitas los pega aquí.
Y luego le pinta de verde y queda parejito, parejito. No te hagas el loco.
O pagas o vas al bote.
Un momento, no sea mala gente, paisano.
Además, tengo quien responda por mí.
¿Verdad? No, de ninguna manera.
Claro, porque estos no son amigos íntimos.
Pero el caimán no me falla.
Mi buen caimán.
Mira, yo mucho gusto en haberte saludado, mi hermano. Yo ahí tengo una
llamadita pendiente.
Las gaviotas. Bueno, está bien.
Últimamente yo pano. ¿Eso es lo que quiero? Claro.
Le voy a pagar a usted con un vale.
¿Es bueno?
No solamente bueno, sino de auténtica garantía.
Mañana, si no lo saco, se pierde.
¿Y quién responde por el vale?
Yo. ¿Y por ti quién responde? El vale.
Ah.
¿Qué pasa aquí?
Hola, mi buen genizaro.
¿Pero cómo?
¿Usted todavía es de policía?
Hombre, no hay derecho. Un guardián como usted, ejemplar, debía tener un grado
más elevado.
Estos jefes, que es una lata con ellos.
Usted debía ser, cuando menos general, un generalazo. Sí, señor.
Y yo me le cuadro.
¿Vas a pagar o te remito?
Me remite.
Sigue igual de salado. Mira llegando y prendiendo lumbre.
Yo que creí que venía a quedarse conmigo y ser el apoyo de mis últimos años.
De manera que hace dos días que no se para por aquí.
Estuvo un ratito y se fue.
¿A dónde le dijo que iba? A los Villares, a ver a sus amigos.
¿A los Villares?
Claro. Con esa cara de vago no puede ir a otra parte. No se preocupe. Voy a esos
billares a ver qué me informan de él. Oye, oye, es mejor que tú no te metas,
¿eh? Si no lo hago por él, sino por Jesucita.
Gracias, hijita.
No, no.
Mientras no pague el desperfecto, seguirá en la cárcel.
¿Cuánto le debe?
50 pesos.
No seas chueco, Paco, fueron 30.
Bueno, está bien, lo dejaremos en 30.
Si me lo deja en 25, que es lo único que tengo.
Bueno, está bien, pero luego me trae a los cinco, ¿eh?
Por favor, que nadie sepa que yo he hecho esto. No tengas que cuidar,
señorita.
¿Qué hubo, Madrinita? ¿Qué pasó?
No, Madrinita, y Nadita, como siempre.
Bendito sea Dios que llegaste, hijito. ¿Dónde andabas?
Me encontré unos amigos y...
Y me invitaron a comer panuchos. Pero, hijo, ¿tres días para comer panuchos? Es
que los fuimos a comer hasta Mérida.
¿Cuánto se te quitará lo mentiroso? Ya me contaron lo del billar.
¿Quién? Mi amiga, la del cinco.
Ahora caigo. ¿En qué?
En que mi amigo el calmán me dijo que una chamaca había ido a pagar la multa.
De seguro es ella.
Sí.
Le voy a dar las gracias ahorita en este momento.
Muy agradecido, madrenita, muy agradecido. Es ella, es ella.
Ahorita vengo.
Oye, espérate.
No, no.
Ahorita vengo, no dirás nada.
¿Usted?
Pero qué gata tan bruta.
Su patrona no ha de ganar para pagar los pasteles que usted ha echado a perder.
No más cómodo dejó.
¿Qué deseaba, señor?
Vengo a darle las gracias a su patrona por haberme sacado de la cárcel.
¿A Lucía?
Se llama Lucía.
Qué bonito nombre.
¿No está?
No, señor.
Bueno. Pues cuando venga, de todos modos, le diré a usted que estoy
agradecidísimo y que la pagaré hasta el último centavo.
Tan pronto reciba dinero del extranjero de una herencia que soñé, me iban a
mandar. Sí, señor.
Y cuando yo la vea personalmente allá, le voy a decir que la corra por bruta y
embarrada. Sí, señor.
Es usted hasta ratera.
No más.
No tuvo.
A la única que encontré fue a la gata esa que entre más días pasan...
Oiga, usted está más bruta todavía.
Acaba de echarle a perder otro pastel a la señorita Lucía, hombre.
Pero hijo, si Lucía no tiene criada.
Pero cómo no. Entonces la changa esa que vive con ella, ¿qué?
Es su hermana Esperanza. ¿No te acuerdas que te la presenté?
Ah, entonces son hijas de distinto padre y de distinta madre.
Porque hay una diferencia, oiga usted.
Lucía es pura vida y la otra es...
¿No es nada?
¿Y qué piensas hacer?
¿Que qué pienso hacer?
Pedir la mano de Lucía pa' pronto.
Si no digo eso, digo que ¿en qué piensas trabajar?
Otra vez con la movida. ¿Pero cómo quiere usted que trabaje si acabo de
llegar? Todavía no tengo tiempo ni de pensar, ni siquiera he descansado.
¿Por qué no ves a tu primo, Febronio? Creo que dicen que ahora está muy bien.
Sí, ya sé que está muy bien.
Pero me cae muy gorda su vieja.
Así es una santa la pobre de Margarita. No, hombre, qué santa.
Si ahora ya no se llama Margarita.
Ahora se llama Margot.
Se cree de la alta. Se cree popó. Está muy alzada.
De todas maneras, velo. ¿Quién quita y te dio una chambita?
Y va de nuevo con la chamba.
Pero que no se da la suya, hombre.
Nunca la creí tan cargadita, madrina.
Pero, hijo, ¿y así te quieres casar?
Hombre, tiene usted razón.
Esta noche veo a Febrón.
Yo no soy ningún limonero.
No. Entonces, ¿qué es usted?
Diputado.
Diputado con esa facha.
Bueno, diputado suplente.
Perdone usted, señor diputado. Pase usted.
Pase, perdone.
Oiga, ¿dónde va? Vamos.
Un momento, a mí no me aviente.
Yo soy de la familia.
Ah, de la familia de las criadas.
La puerta de servicio está a la vuelta. No, señor.
Ningún criada.
Yo soy una persona... No me alegue, vamos, sáquese, sáquese.
Está bien, señor, no me vente. Yo ya me voy.
Bueno, pues ya. Bueno, ya me voy.
Pero nomás piense ustedes lo que estoy pensando de ustedes.
Ah, ¿sí?
Sí, señor. ¿Y qué es lo que está pensando?
Deduzca. No me diga. Por deducción creo que me está usted ofendiendo.
Ah, ¿cree?
Qué optimista.
Muy pendiente. Que la marquesa de los Montes Morados no retarda. No te
preocupes, vieja.
No me digas vieja, no seas vulgar. Pero es Margot.
Nunca me jaloné en esta forma.
Les digo que soy de la familia, entiéndanme.
Fuétenme.
¿Cómo me quedes?
¿Plebeyo?
Ya me sacaste sangre.
Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo. No lo conozco.
¡Échenlo! ¡Fuera!
¡Margara! ¡Que no, que no se me acerque! ¡Un momento!
¡Está peor! ¡Ojo! ¡Un momento!
¡Márgara! ¡Fuera, fuera!
¡Mira, te voy a matar! ¡Margot!
Acaba de llegar la marquesa. ¡Ay, la marquesa! ¡Fue en este momento! ¡La
marquesa!
Cállate de vacaciones. Veo que tienes siesta, viejo. Pues ándale, llega muy a
tiempo. Pásale. No, no, no. ¿Sabes? No traigo traje de etiqueta.
Ah, no importa. Arríbate, cámbio. Yo te presto uno. Vamos. Muchas gracias.
¿Cómo les quedó el ojo?
Fábulos plebeyos.
Álzala, sus quiades.
Pues sí, señora marquesa, como le iba yo contando.
De las joyas que heredé de mi bisabuelo, el emperador, la única que no me robaron
fue esta.
Queda de todo mal, ¿eh?
Hombre, me quedó muy bien.
A la mera media medida.
Este, en tiempos de frío, me va a servir de abrigo. Pero si nomás te lo estoy
prestando.
¿Pariante mío?
Fuchi, fuchi.
Será el tuyo.
¿Pero ya se te olvidó que te traen la mala suerte?
Margot, no seas ignorante.
Esas cosas no existen. No existen. Con permiso.
Margot.
Está bien.
Que se quede pero de mesero. Que sirva de algo.
Atiende a la concurrencia. Y cuidadito con robarte nada.
como me ha ofendido en mi amor propio.
Ay, no te vayas. No, mira, te doy 20 pesos, ¿eh? No, si fue mucha la ofensa
que me hizo. Y fíjate a quién, a mí.
No, no. Bueno, mira, te doy hasta 100.
No, no, no, no. Si me ofendió hasta 200 pesos, yo me retiro inmediatamente.
Salud. Salud.
Está muy sabroso, ¿eh?
Bueno, con permiso.
Ahí va el golpe.
Hágase, mi abuelito, le doy un golpazo.
¿Qué hubo, le parienta?
¿Copas gratis, señorita?
Salud. Salud.
¿Copas gratis?
¿Copas gratis?
Usted se lo pierde, son gratis. ¿Copas gratis? ¿Copas gratis?
¿Copas ahora o nunca? ¿Copas gratis? Ándale, usted.
No, gracias.
¿Usted?
Copas gratis. Le recomiendo mucho la copa. No se la vaya usted a clavar.
Luego me echa la culpa a mí, hombre. Yo acabo de llegar.
Copas gratis. Salud, aquí está la movida.
Copas gratis.
Copas gratis. No, gracias.
Estas son de las que no hay que jugarlas.
Ándele. Bueno, mire, de todos modos, le dejo una. Al fin, que son gratis.
Gracias, gracias.
Perdone. ¿Qué dos pares de reyes?
No es pocado.
Hasta bueno. Con este... ¡Copas gratis! ¡Acá está la movida!
Dame el resto.
Con poca de reyes. Muchas gracias, viejo.
¿Ya conocía usted a mi hija, señora Marquesa?
No. ¡Qué linda muchacha!
¿A qué colegio va?
Mamá dice que para qué voy a la escuela.
Si al fin tenemos mucho dinero.
Niña, no le haga usted caso.
Es que la voy a mandar a Europa.
¿Pero para qué la vas a mandar a Europa?
¿Por qué mejor no la mandas a Pénjamo? De ahí somos toda la familia.
Con permiso, señora Marquesa.
Pásale, greñuda.
¿Sabe usted? Ahí en Pénjamo todos le decíamos la greñuda.
¿Cómo estás, Marquesa?
¿Es el pelagato que enamora a la niña?
No digas tonterías.
¿No ves que viene acompañando a su novia?
¿Bailamos, señorita?
Encantada.
Ahora sí, ya te dejaron de alión.
¿Qué te parece si nos reventamos de este zapateado?
¡Insolente!
Y lo malo es que la mancha de esta marranilla no se quita con nada.
Mira lo que hiciste, animal.
Perdónenlo, perdónenlo, por favor.
No, no, ¿cómo perdónenlo? Si tú fuiste la que me dejaste.
Lo que deben hacer es ir a planchar y desmanchar muy bien los vestidos de
estas pobres viejitas.
Perdónenme, voy por un líquido para desmanchar. Ándale, ándale.
Ustedes no se preocupen, mi prima les...
¡Carnicero! ¡Carnicero!
Es que la carnicería se llamaba El Emperador.
Bueno, pues dígale que nos perdone, que no nos despidamos de ella porque tenemos
mucha prisa de irnos. Y que no vuelva a intentar tomarnos el pelo inventando
antepasados. Buenas noches. Buenas noches.
Vayan con Dios, viejitas. Está bien que se vayan húmedas, pero no enojadas.
¿Habrás visto despachates de gente?
Son unos pelagatos impostores.
Vámonos nosotros también, Cornelius.
Buenas noches, Cornelia.
Nosotros también nos vamos, Margot. No saben cuánto lo siento.
Buenas noches, Margot. Buenas noches.
¿Qué pasa? ¿Por qué se va la gente?
Porque han averiguado que eres una pelada impostora que te anda robando
todos los antepasados que no son tuyos. Pues mira, yo... Me dan ganas de...
¿Quién dijo que yo es?
Déjanos que se larguen. Así nos quedamos en familia.
Cállate el hocico, Hilar.
Solito, toda familia de pégamos.
Por favor, dile a la orquesta que toque algo.
No, yo no puedo.
Tú eres más popular.
Ve y diles algo.
Anda, anda.
¡Qué bárbara!
¡Bárbaro!
¿Cómo la veo vestida de exótica?
¿Exótica?
Permiso. Ah, como quien dice, echa, echa, echa calabaceado.
Ah, está bueno.
¿Me permite, pariente?
Ya es propio, primo.
Está bueno.
Muy bien, muy bien.
Ahora que ya todos estamos aquí solitos, vámonos inmediata mismo a tomarnos aquí
un refrigerio al comedor. Pero vámonos todos, venga, vamos.
Vamos rápido, vénganse.
Venga, bien nomás.
Pásale, pásale.
Esto sí que es pura vida.
Pueden tomar todo lo que quieran, pero mucho cuidado con las copas porque están
contadas.
¿Y esto qué será que está tan amarrado?
A ver, vamos a ver.
Nunca yo había visto una botella en esta forma.
Una botella con anginas. ¿Qué es esto?
Ya que nos hemos quedado solitos, quiero que me diga una cosa.
¿Cómo vino a dar aquí?
¿Quién la trajo?
El señor que me trajo es mi jefe. Y anda enamorando a la hija de los dueños de
esta casa.
¡No, hombre!
Sí. Pero como a la mamá parece que no le cae bien, me hizo pasar por su novia
para no despertar sospechas.
¿Ah, sí?
Mírenlo. No pierden el tiempo.
¡Pero qué bien le hace a la lucha libre su jefe!
¿Susto? ¿Por qué? Porque yo creí que usted era la novia de él.
No sabe cuánto le agradezco, señorita, la ayuda que nos prestó. Lo hice con
mucho gusto.
Muy bien. Ahora, para celebrar este acontecimiento, vamos a echarnos una
copita. Pero voy a la cocina por una botella que no tenga trampa, porque
todas estas tienen topillo.
Y no te me andes escondiendo en los rincones, ¿eh, sobrina?
¿Pelado Igualado quién es?
¿Usted lo trajo?
No, señorita.
Creo que es tío de usted.
¿Cómo se atreve a decir semejante tontería? Vamos, cálmate, Yolanda.
Pero no te das cuenta que me está insultando.
Perdóneme, señorita, pero eso es lo que yo tenía entendido.
Pero qué cabeza tan dura la de esta señorita.
Ya es muy tarde.
¿Usted se queda, verdad, Daniel?
Claro que se queda.
las groserías que les hizo el mesero ese, que es primo tuyo. No me cambies la
conversación. Contéstame.
¿Por qué te dejas besar del pelagatos este?
Señora, le suplico a usted que no me insulte. ¿Y qué otra cosa se merece
usted que ha entrado a esta casa con engaños? ¿Casa fortunas? ¡Largo de aquí!
Buenas noches.
No le contestes.
Y usted pierda las esperanzas de emparentar con nosotros.
Mi tía, la marquesa de los Montes Morados, no me permitiría emparentar con
una lavandera.
No le faltes el respeto a mi mamá.
¡Grosero! Que no me falte ella a mí.
De manera que su tía es la marquesa de los montes, ¿no? Sí, sí, señora.
Y soy único heredero.
Buenas noches.
Buenas noches, marquesito.
Ese es al lado de Melquiades.
Pero donde lo encuentre, lo meto. Digo, lo mato.
Melquiades.
Melquiades. ¿Dónde estás, Melquiades?
Y eso fue lo que le dijo el perico.
Raquel, ¿cómo te atreves a estar abrazada con este hombre que me ha dado
una patada? Ay, mira tú, qué delicado eres.
Retírate de aquí inmediatamente.
Momento. Está con la familia.
Ya usted lo traigo en salsa.
Solo usted quedó vivito, ¿no?
¿Qué le ha pasado?
Que ya se le pasaron las cucharadas. Vamos a levantarla. No, no, un momento.
Déjala que duerma la mona.
Y como ya terminó la fiesta, pásame mis 200 pelucos que me ofreciste, porque yo
me retiro.
No solamente voy a dar 200 pesos, sino que 20 pesos más de propina.
Viejo, estuviste fenómeno. Muchas gracias. Oye, cuando tengas otra
pachanguita de estas,
Mira, voy a cambiarme para dejarte tus hilachos. Toma.
Hasta luego.
Ahora sí ya te metí todo salado.
Si te acuerdas de mí, no me menciones, porque
vas a sentir amor de mi corazón. ¿Vos ven la cuenta?
6.90.
Un momento, cuñado, yo invité. De ningún modo, cuñado, yo pago.
Ay, cuñado, no te quitas la buena gente.
Por eso mi hermana se casó contigo. No, dígase eso, no dígase eso. No, no,
hombres como tú quedan muy pobres.
Pues esa explicación que me das no me convence.
Momento, cuñado. Al que tienes que explicarle es a mí. ¿Cómo que cuñado?
¿De manera que tienes otra mujer?
Pero tírala ya pa' acá y yo me meto para... ¿Eh? Sí, hombre, cómo no.
Ándale, capricho.
¡Ay!
¡No, hombre! ¡Ay, no, así no!
¡Ay, Dios!
¿Qué pasa, hombre?
¡Ay, qué bárbaro es usted, hombre! ¿Qué pasó? Ya me amoluste toda la columna
vertebral, hombre.
¡Ay, ahora sí me amolé de arte como que vea! ¿Quiere que lo enderece? ¡No! Yo me
enderezo solo.
Déjenme a ver cómo está esto.
Este pocarito de cincos, mire. ¿Qué le digo que no juego? Váyase, por favor.
Oiga, ¿qué se traerán los azules de esos, eh?
Pues, ¿quién sabe?
Váyase. Y vienen para acá.
¿Eh? Sí.
Bueno, a ver, déme el pocar ese de cincos.
Ahí está. ¿Cuánto es? ¿Cuánto es? Pues, nomás doscientos pesos.
¿Cómo doscientos pesos? Es muy caro. ¿Por qué viene los azules?
Bueno, ahí está.
Pero váyase, por favor.
Atájenme los, eh.
Buena suerte. Y ya sabe yo.
¿No vio pasar por aquí un amigo corriendo? Pues yo vi que ahí se metió.
¿Dónde está?
Ahí fue, a ver.
Oye, ¿así es que don Melquiades estaba en esa fiesta tan popó? Sí, de mesero.
Pero me parece que es pariente de los dueños.
Por cierto, que acabó con la fiesta y me manchó el vestido que alquilé.
Así es de que ahora... Aparte del alquiler, tengo que pagar la tintorería.
Ay, pobre hombre.
Me da lástima.
Ojalá tú pudieras conseguirle un empleo en la agencia. No, a mí no me gusta
recomendar a nadie.
Hazlo por doña Jesucita.
No, luego las gentes quedan mal y uno es la que tiene la culpa. Ay, no seas mala,
Lucía. ¿Qué te cuesta?
Dame una tarjetita para que te vaya a ver.
Ya te dije que no. Y no insistas.
Buenos días, madrinita.
¿Cómo amaneció?
¿A qué hora llegaste anoche que no te sentí?
Tempranito. Ahora que usted roncaba a pata tendida y dije, no, para que la
despierto. ¿Qué tal te fue?
Muy bien.
Ese febronio es pura vida.
Qué fiestón, válgame Dios.
Bueno, yo no sé por qué la gente se aburrió temprano y se fue.
También la amárgara metió todititita la pata. Ahora que al final salió mucho
mejor. Porque nos quedamos los puros de Pénjamo y la pasamos muy a gustín.
¡Qué bueno!
Por cierto que Febronio la manda a saludar y a mí me dio mis centavitos.
Ay, así no tendré esperancita que prestarme para la renta.
Pues yo creo que sí le va a tener que prestar.
A no ser que nos saquemos la lotería. ¿Cómo lotería?
Pues la mera verdad que vi un billete, me gustó y lo compré. ¿Qué?
Imagínese. Pocas de cincos.
Cuatro cincos, aquí está.
A las cinco de la mañana lo compré. Se hace el día cinco y no hay quinto mano.
Me la saco seguro.
¿Pero cómo te pones a comprar lotería sabiendo lo salado que eres?
¿Qué pasó? ¿Qué pasó?
¿No que usted nunca creía en esas cosas?
No me haga eso, no, no, no. No creía, pero ya voy.
terminar de cambiarme.
Buenos días, doña Jesusita. Buenos días, Esperancita. Aquí están los 20 pesos que
le ofrecí para completar su renta. Gracias, Pelanchita, y que Dios te lo
pague. ¿Y dónde estaban Melquiades?
Melquiades...
Aquí está la dirección.
¿No se lo dije?
¿A qué hora sale de la chamba?
Ella lo quiere ver ahorita mismo.
En estos momentos estoy allá.
Nada más que me voy a poner mi traje nuevo.
Ahora que no hay que hacerle esperar, los camiones dilatan mucho.
Tengo que tomar un coche.
Aunque yo nunca admito préstamos, le voy a permitir a usted que me preste
esos 20 pesos.
Muchachos, no me vayan a empolvar mi traje. ¿Qué no ven que vengo esperando?
Mucho cuidado.
¿Pero qué no se fija por dónde camina, pedazo de buey? Si yo soy pedazo de
buey, usted es buey entero.
Gracias. ¿Podría yo ver a la señorita Lucía Cortés?
¿De parte de quién?
De Melquiades Lederma.
¡No te comas las flores de mi novia, cotorra méndiga!
¡Cotorra! ¡Tu abuela!
¡Yo soy Perico!
No sé qué contestarle, Daniel.
Sí, Lucía.
Te juro que después de lo que sucedió anoche...
He llegado a la conclusión de que a quien quiero es a ti.
¿De veras, Daniel?
Sí.
Adelante.
Ahí está un señor que la busca, señorita Lucía.
¿Quién es?
Melquiades Ledesma.
Ah, es el tipo del que le hablé. El que estuvo de mesero en la fiesta de anoche.
Ah, sí.
Que le den la ruta número 5.
Muchas gracias, Daniel.
¿Y esto para qué? Para trabajar.
¿Trabajar yo?
Le tocó la ruta número cinco. No, hombre. ¿Y quién dijo?
La señorita Lucía.
A lo mejor me quiere calar.
¡Los animales!
¡El animal eres tú!
¡Vete con cuidado que me vas a matar!
¡Tú no te metas en lo que no te importa!
Yo sé lo que hago, ¿me entiendes?
¡Míralo más lo que estoy haciendo por tu culpa!
¡Ah, no!
¡Pues bájame en la esquina!
¡Yantre de mono de cilindro!
me han cambiado el nombre de la calle, sino también me cambiaron la calle de
lugar. ¡Ah, todo chueco animal!
¡En la próxima esquina voltea a la derecha!
¡Ahí tienes tu casa!
¡Qué estúpido eres! ¡Si yo vivo en Peralvillo!
¿Qué hay, Johnny?
¿Qué dice la delincuencia?
En aumento, mi amigo.
Ten cuidado.
No tengas pendiente, viejo. Bueno, con permiso, ¿eh?
Condenados, muchachos. Quédense de aquí. ¿No ven que aquí tengo gasolina y puede
explotar?
Gracias, buena noche.
Ay, pero ¿qué le pasa? ¿Está usted creciendo?
Sí, estoy en el desarrollo de mi propia vida.
Cuénteme, ¿cómo le fue?
Ay, no me lo recuerde, Esperancita.
Vengo hecho pedazos, traigo el cuerpo adolido. Pues siéntese, don Melquiades,
siéntese. Muchísimas gracias.
¿Sabe usted qué? ¡Ay! ¿Qué le pasa?
Me duelen. ¿Las piernas? No, donde terminan las piernas. Ah, los pies.
No, donde terminan arriba.
¿Trabajó usted mucho?
Mucho es poco. Me hubiera usted visto en esas avenidas.
Entre la populi, entre los camiones, entre los cofres, digo cafres, entre los
coches, y vuelta para acá, y vuelta para allá, alto, adelante.
Oiga usted, gracias a mi pericia, no perecí. Qué bueno, don Melquiades. Lo
felicito. Bueno, es natural.
Fui el maestro de Zapopan Romero.
Dígame, ¿no quiere un poquito de leche?
Pues vengo medio desganado.
Ahora, si me lo da con un cachote de pastelito, para que resbale.
Bueno.
Aquí le traigo estas flores. Gracias.
Son para su hermanita Lucía. Y dígale que están medias marchitas.
Porque como las anduve trayendo todos los días de bicicleta, se dieron una
soleada bárbara.
Y no insista en darme más, porque si no mi madrinita se enoja si no ceno con
ella. Le suplico que vaya por el casco, porque yo creo que mañana en todo el
santo día no me levanto. Es que este dolor va increchento.
Bueno, que se alivie, don Melquiades.
Muchísimas gracias.
Está muy agradecido por el trabajo que le conseguiste.
Pero esto no son flores, son varas. Es que el pobre las trajo todo el día en la
bicicleta y se le secaron.
Ay, hermanita, qué feliz me siento.
¿Por las flores que te trajo don Melquiades?
No, hombre, es que hoy me hice novia de Daniel.
¡Lucía!
Esto hay que celebrarlo.
No nos vayamos a emborrachar, ¿eh?
Salud. Por tu felicidad.
Está cargadita, ¿eh? ¿Cargadita de qué? De agua.
Y pasado mañana no dejes de traerlo. Entre todos los vecinos vamos a celebrar
la primera posada.
¡Eso es!
¡Despacito!
No ha de estar tan malita.
¿Dónde quiere usted ver quebrar la piñata?
Es que estas posadas me traen muchos recuerdos.
¡Uy, qué memoria la suya, marmita!
¿Qué tal, don Melquiades?
¿Qué tal, cómo está?
Qué bueno que se animó a salir.
Desde que llegó Melquiades, me siento mejor.
¿Cómo no, hombre? Si le encanta la boruca a mi madrinita.
Bueno, ¿y Lucita? Ahí está.
Tampoco, pero es simpático.
Viera que a pesar de todo me cae muy bien. ¿De qué todo?
Ah, pues de veras, de que todo.
¿Qué dije, todo?
Sí.
Momento, silencio, por favor.
Silencio de adentro, por favor.
Permítame.
Por favor, todo silencio.
Llegó la hora de la movida.
Hace mucho tiempo tuvimos un vecino muy buena gente que fue el único que me
ayudó y me defendió el día que me iban a linchar.
Se encumbró y ahora alterna con los buenos.
Pues esta noche ha tenido la gentileza de regalarnos con una de sus actuaciones
que dedica muy cariñosamente a todos ustedes.
Y se trata de...
que del genial compositor José Alfredo Jiménez.
Voy a ofrecerles con mucho gusto la más reciente de mis canciones.
Muchachos, camino viejo, por favor.
¡Te lo digo, eres tonta!
¿Deseaba algo, señor?
Sí, pero... Y
después...
¿Lo
mando a echar, jefe?
No.
Acuérdate del chasco que nos llevamos.
Con aquel millonario excéntrico.
Que luego nos compró medio millón de pesos en alhajas. Y estaba peor vestido
que este.
Se bajó de aquel coche.
¿No se los dije?
Muéstrenle lo mejor.
¿En qué podemos servirle, señor?
Ando buscando un regalito que sea muy bonito.
Para dama o caballero.
Pues mírense, desde luego.
Caballero, no es. Y dama, tampoco.
Pienso llevarla al altar, pero no como dama, sino de novia.
Quiero algo muy especial.
¿Te comprenda? Con todo gusto, señor.
Gracias.
Aquí tiene usted este collar de brillantes y esmeraldas. Es una
maravilla, ¿verdad?
Oiga, ¿cuánto vale?
600 mil pesos.
¿600 pesos con mil?
No, señor. 600 mil pesos.
De modo que este es el collar de María Félix.
No, no, señor.
Me va usted a perdonar. Deme otra cosa. ¿Qué le parece a usted este brazalete?
Ese sí. Como brazalete es muy buen brazalete.
¿Cuánto baila? 25 mil pesos.
¿Es lo menos?
No, un momentito, por favor.
Denme otra cosa, poquititito más barato. Estos aretes.
¡Eso es lo que andaba yo buscando!
¡Qué cosa más divina!
Háganme un favor, señorita.
Colóqueselos en las orejitas para verlos.
No es esto lo que buscaba.
Voy a ver si encuentro algo.
Estamos a sus órdenes.
¡Preciosos!
¡Encantadores! ¡Son pura vida!
¿Verdad? Ya lo creo. Es de las alhajas más bonitas que tenemos.
¡Pravai Francais!
¡Oh! ¡Oui, oui! ¡Oui, oui!
De Francais, Revue, Revier, Camoche... ¿Cuánto valen?
Quince mil pesos.
¿Quince?
¿El par? Sí, naturalmente. ¿Se los envolvemos?
No, salte. Yo quería una cosa...
Pero no de quince, sino... Bueno, diga usted qué es lo que pensaba gastar.
Pues, mi usted, yo quisiera más o menos entre ocho y ocho y medio, pongo
usted pasando tantito, pero nunca llegando a nueve.
Vaya, ocho mil quinientos.
No, como ocho cincuenta.
¿Ochocientos cincuenta?
No, señor, ocho pesos con cincuenta centavos. ¿Qué es usted, sordo?
Mire, váyase de aquí o llamo a la policía.
Pordiosero. Nunca me diga pordiosero. Soy un hombre bien venido a menos.
Y usted es un pordiosero venido a más.
Excuse me.
¡Deténganlo! Eso es.
Deténganlo y castíguenlo. Yo no soy ningún limosnero.
Falta el collar de brillantes, Esmeralda.
Deténganlo. Deténganlo. Regístrenlo. Un momento. Policía. Policía.
Momento, esto es mío, señor. Momento, no me arrugue el traje, que es nuevo,
señor. No, no, las piernas, no. No se me mande, no se me mande, viejo pelón. No
se me mande, momento.
Momento, señor. Ya está bien de tanta registrada. ¿Qué quieren conmigo?
Hombre, es un relajo este.
¿Qué pasa aquí? Este es sinvergüenza, que nos ha robado un collar que vale 600
mil pesos.
¿Ah, sí?
Mentira. Mire usted, señor Gnízaro, ya me esculcaron todito y lo único que me
encontraron... Fue este valero que es mío, porque puedo enseñarle la factura.
Y también es mío, este sombrero, aunque no tengo factura. ¿Había alguien más
aquí? Solo un caballero que no compró nada. Está muy claro, ese es su
cómplice. Vamos a la delegación. ¡Pero cómo, cómo!
Seiscientos mil pesos.
Robó un valioso collar con valor de seiscientos mil pesos de la joyería
Plateros de Avenidas Urgentes.
Tenía que ser, Jesucita.
Desde el primer día me dio muy mala espina.
¿Y qué voy a hacer ahora?
¿Cómo qué?
Pues dejarlo una temporada en la cárcel. A ver si así se le quita lo vago. No
digas eso.
Yo tengo la seguridad de que es inocente.
Bueno, yo tengo que irme a trabajar.
Lo siento por usted, Jesucita.
Con permiso.
Adiós, güereja.
Y yo sin dinero ni para comer ni para la renta. No se preocupe.
A ver qué hacemos.
¿Con qué?
Te trajeron porque chocaste, ¿no? Ni más ni menos, mi hijo.
Eso es nomás para que no andes contando que yo soy el salado.
Cállate la boca, hombre. Pues si tú fuiste el que me pasaste la mala suerte.
No me veas con cuentos ahora.
Desde que te viene el villano le he visto llegar.
Ahí mismo perdí 150 pesos en carambola.
Pero ves que eres muy malo, juro. jugando, eres malo y con ganas. No es
eso, es que me pasaste la mala suerte y también pasaba que ahí no murió.
Todavía llegué a mi casa y me encontré con que mi mujer se había ido con otro.
Pero eso no es mala suerte, dale gracias a Dios.
Le daría gracias, si no se hubiera llevado muebles, si hubiera llevado
ropa, si lo llevó todo, me dejó encuerado.
Hombre. Y ahí no murió.
Todavía al día siguiente me levanté, es que a trabajar, agarré mi camión, ahí
voy a las primeras de cambio, y hice un Cadillac, que resultó ser de un
político, y mira dónde estoy.
Es que tú no sabes manejar, hombre. Nada, lo que pasa es que estoy tan
salado que nada más falta que ahorita me caiga un cubetazo de agua en la cabeza,
mi hermano.
Te lo digo.
¡Ese es el quiar de Mereza!
¡Tiene visita!
¡Lucía!
¡Muérdate!
¡Ey, tú, cuate!
¡Échame la cubeta!
¿Cómo no, mi hermano?
¿Y Lucía? No vino.
¿La mandó a usted?
Pues, ¿qué pasó, don Melquiades?
¿Usted lo sabe?
No. Así yo, estaba yo muy tranquilo, cuando en un de repente, ¡y
pum!, que me agarran. Y que si yo, que cómplice de un señor, que de un collar,
que si me lo pasó, que si se lo regresé, que bla, bla.
Yo le juro que soy inocente.
Dígaselo a Lucía, por favor.
Sí, don Melquiades.
No sabe cuánto lo siento.
¿De veras, pelanchita?
De veras, don Melquiades.
Qué bien me calla usted.
Y usted a mí también, don Melquiades.
Pero qué linda se ve.
tan enamorados, usted sería la madre de mis primeros ocho hijos.
Sí, don Mejía.
Sí.
Quedan dos minutos, amigo.
¿Está acusado del robo que tú cometiste?
Es inocente.
Lléveselo.
Comuníqueme con la joyería Plateros.
Aquí está Melquiades Ledesma, jefe.
A sus órdenes, señor.
¿Para qué soy bueno?
Tengo buenas noticias, muchacho.
¿Buenas noticias para mí?
Permítame decirle con todo el respeto que usted me merece, que lo dudo.
No he recibido una buena noticia en largos 30 años.
Bueno, mire, ni siquiera regular.
Ya aprendieron al que se robó el collar.
No se los dije, que yo era muy inocente.
Y así como yo, ¿cuántos y tantos no estarán allá adentro pagando delitos que
nomás no han cometido? Bueno, bueno, bueno, mañana sales libre.
No, no, ¿cómo mañana?
De una vez ahorita.
¿Qué no vio usted que mi novia Lucía me ha de estar esperando desesperada?
Imposible. Hasta que el juez no te dé tu boleta de libertad.
Señor director, el pasado está ahí un incendio en la cocina. ¿Un incendio?
Bueno, pero ¿qué pasa aquí, hombre?
Desde hace tres días no ocurre más que desgracia. Un incendio.
Desde chamaco que no veo una quemazón.
Ojalá y no haya agua. Esto no me lo pierdo.
Nos vimos, jefe.
Bueno, ¿qué pasó, jefe? ¿Va a dejar que me vaya sí o sí? ¡No!
¡Llévenselo! ¡Un momento!
¿Qué pasa? Tenemos 30 intoxicados en la enfermería. ¿Cómo intoxicados? Y en
lugar de azúcar al café le echaron veneno para las ratas. ¡Es tan grave!
Bueno, ¿pero qué está pasando aquí, hombre?
Si usted me lo permite, jefe, yo leeré quién es el culpable de todo.
No, hombre.
¿Quién? Este Melquiades. Donde quiera que va... Siempre pasa algo malo, está
resalado. Esas son supersticiones, no creo en eso.
Ni yo tampoco.
¿Qué pasó, Menírez?
¿Ya me voy?
No, supersticiones a mí.
despedirme de mis cuatro.
¡Échenlo inmediatamente!
¡Échenlo de aquí!
¡Te lo estoy diciendo! ¡Mi traje nuevo! ¡Yo que no creía en la mala suerte!
¡Mi caimán!
Hay que ver a un licenciado para que lo defienda. Pero para eso necesitamos
dinero. Allí está un billete de lotería para hoy. Si pudiéramos venderlo.
¿Y si saliera premiado? Ya se te olvidó que lo compró el salado de Melquiades.
Bueno, si usted quiere mandamos a Pepito para que lo venda.
Por favor, hijita, que se apure porque ya es tarde.
Deme dos de trompita y uno de lengua.
Trabaja. Y una limonada de tutti frutti.
Ya sabes, vale diez pesos el cachito. No te vayan a hacer guaje. Yo ya sé cómo se
hace. Apúrate, ya debe haber comenzado el sorteo.
¿Cuántos me ha dado?
Hasta ahorita van doce.
Doce. Bueno, mire, deme diez más, pero de trompita.
Continúa el sorteo de la Lotería Nacional correspondiente al día de hoy.
3.480, 3.480, 500 pesos, 500 pesos, 5
.555, 5.555, premio mayor, premio mayor, un millón de pesos, un
millón de pesos, número 5.555, 5.555, premiado con un
millón de pesos.
Veo que comenzó a las ocho y ya son las nueve y cinco. ¿Qué, qué?
¿Hice algo malo del merqueadero?
No, tú no.
Fue mi mala suerte que la viejecita no me la quiso quitar.
Aquí tiene el dinero.
¿Qué se hizo, Mañoso? Te vamos a llevar a la cárcel, porratero. Un momento,
señor. ¿Cuánto es?
Doscientos pesos.
Aquí están.
De modo que usted es quien anda induciendo el mal a esta criaturita.
Pues, honradamente sí.
Pues para que aprenda...
Porque este es el billete premiado con el millón de pesos.
Nada, mi autoridad.
¿Cómo que nada?
Con que te querían clavar mi billetito, ¿no?
John, escóndeme a la casa, que aquí tengo un millón de pesos y una docena de
uniformes para ti.
Ya te contaré.
¡Vamos!
Ahora sí me acuerdo, tú tienes la culpa.
Ya es usted ruca, digo rica.
Todos somos ricos, todos.
Bendice a Dios.
¿Dónde está Esperancita? No sé, ha de estar en su casa.
Ahorita vengo.
Pues participo, que desde este momento doy por terminadas nuestras relaciones
entre tú y yo. ¿Qué? Sí, murió. Ni hablar. Es que me he dado cuenta que a
quien de veras quiero con todo el alma, esa Esperancita... ¡Ah, no, no! Y me
caso con ella.
Bueno. ¿Qué quieres? Los caballeros las preferimos rubias.
Volteate para allá, para que no hagas corajito.
Con permiso.
Sí, que es pura vida.
Les juro que es verdad. Yo vi el billete. Sí, sí.
Pues vamos a felicitarlo. Vamos.
Bueno, ahora vamos a comernos con mi madrita este pastelito. Y de paso, ¿eh?
Le pides mi mano.
Ándale.
Y tú, cuñadita, vas de testiga de esta movida. ¿Eh? Vente.
Vamos. Así que está todo va.
¡Pura vida!
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