Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Y ahí estabas tú Y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te atrajo
Contigo me sonrió Se me quitó lo triste Cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor ¿Y qué me pasó?
Y ahí estabas tú
Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres
mi luz, mi paz, tú mi más grande amor.
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad que...
mundo sea tan grande pero nos juntó y ahí estabas tú y eso
me salvó y ya no pido más eres mi luz mi paz tú mi más grande amor
y ahora que estoy yo listo para cuidarte siempre el
corazón
Me quedó mal el médico y tengo diez citas pendientes, tengo niños enfermos.
Yo voy a atender a los niños, te lo prometo. En algún momento me dijiste que
no querías saber nada de mí, que no querías conflictos y yo, la verdad, no
quiero tener problemas contigo, Luis Fernando.
Por favor, no llores.
No llores.
Prometo que siempre voy a estar para ti, para lo que necesites, siempre.
Muchas gracias.
Si cambias de opinión, yo voy a entenderlo perfectamente. No, eso no va
a pasar.
Y me va a hacer muy bien ayudar como médico.
Gracias.
Oye, en ese caso, ¿podrías ir al centro social conmigo para ver si hace falta
algo para las consultas?
Pues... Sí.
¿Sí? Vamos.
Gracias.
Te acompaño.
Ay, yo no sé si voy a poder con esto, Genaro.
La conciencia es canija.
Esa es fácil callarla con poder.
Con toda la lana que nos va a quedar cuando seas presidenta municipal.
Ya nada más falta poner la nota suicida. Escribiste clarito lo que te pedí.
A ver.
Órale.
Con su misma letra y su firma.
Yo no puedo abogar por ti, Max, porque no te creo.
Nicolasa, vengo a ofrecerle mi ayuda, no hablarle de amor.
Así suenas más falso todavía.
¿Quién te va a creer que puedes separar el cariño que le tienes con la ayuda que
le ofreces?
Lo mejor es que te vayas y de preferencia lejos.
Lo que pase con Doménica ya no es tu asunto. Y menos lo que pase entre ella y
el doctor.
Bueno, ese doctor no la merece. Está dudando de ella todo el tiempo. Y un
desgraciado como tú, que la dejó plantada en el altar, ¿sí se la merece?
Dispénseme a Nicolasa, pero este chango no entiende con palabras.
Y si lo quiere fuera, yo le puedo dar su buen empujoncito.
No, no te preocupes, Pedro.
El señor ya se iba.
Por respeto a Doménica y a Nicolasa, no voy a hacer una escena aquí.
Con permiso.
Con el genio que usted se carga.
Pues yo hubiera echado al chango este escobazo, ¿es que no?
Un escobazo no arregla tanto como la vida misma, Pedro.
Y Max ya está pagando bastante por lo que perdió.
Lo que sí me duele es que con la denuncia que le puso tu hermano a
Doménica, a lo mejor mañana viene la policía a detenerla.
Buenas noches.
Quería ver si no te sobraba un taquito de algo por aquí.
Claro. ¿Traes hambre o otra hambre, como dice Pedro?
No, pues mejor ya no me des nada.
¿Y ahora tú? ¿Por qué te haces el sentido?
Yo sé que estás enamorada de Pedro, pero eso no quita que yo te quiera.
Pedro y yo no podemos hacer nada.
Y yo no soy nadie para que alguien sufra por mí.
¿No te has visto en el espejo?
Tan bonita.
Con esos ojotes.
Con esa sonrisa.
Pero si te miras con estos ojos, que no saben sino verte con amor, verás que
también eres buena gente.
Y dulce.
Caray, cuantas cosas buenas vi sin... Así mero te miro.
Por eso te quiero.
Ay, de Dios, ¿qué podemos vivir no de esos amores que se recuerden?
Ándale.
Dime que sí de una vez.
Buenas.
Lo que me faltaba.
Ya vino de visita el causante de mis problemas.
¿No te has arreglado con Pedro?
No.
Ese menso es igual de necio que su hermano Luis Fernando.
Ahí sí.
No te lo voy a negar.
Porque cuando se quiere una mujer, se le cuida.
Como ese par que nomás lastiman a sus novias.
¿Y a poco tú no lastimaste a Adelaida?
Yo.
Si terminamos fue por culpa de Pedro.
¿Y cómo le hiciste por olvidar tan pronto?
Mirando más arriba, buscando una mujer mejor.
Y haciendo eso...
En contra de ti.
Pues gracias por considerarme mejor que Adelaida.
Nomás hay que verte, mija.
Y tengo la ilusión de que un día te dejes querer.
No te voy a fallar, Nieves.
Yo soy un hombre a una sola mujer.
A mí sí me pegó ver a Fuensanta hecho un mar de lágrimas.
¿Tú sabes qué fue lo que pasó? No.
Mejor no andes de quismosa.
Pa, vino Genaro. Dice que se va a quedar a dormir en la casa.
¿A dormir?
A ver.
¿Qué pasó, compa?
¿Qué hubo?
Pues traigo la suerte atravesada.
Pues me corrieron de la abandonada.
Y eso no es lo peor, pues me quiero meter a la cárcel.
Ah, pues ¿qué hiciste? ¿Yo qué voy a estar haciendo?
Pues es el doctorcito que me anda echando la culpa por darle un título de
la propiedad falsa a mi patrona.
¿Y crees librarla o qué? Pues eso espero.
Pues yo qué iba a saber que esos documentos eran falsos, pues si me los
dio el presidente municipal.
¿Qué te parece?
Es modesto, pero funciona muy bien.
¿Sí? Podemos hacerlo, Carciara.
Bueno, ahorita el presupuesto está un poco escaso porque hay muchos problemas
financieros en la familia.
El centro social está a cargo de mi mamá y de mí. No te preocupes, yo también
puedo aportar. En casa tengo un electrocardiógrafo.
Fue una especie de pago por haberle salvado la vida a Max.
Yo creo que donarlo aquí sería lo mejor.
Siento mucho verte tan afectado por todo lo que está pasando con Doménica.
Y ahora, con esta nueva decepción... Yo le hubiera dado toda a Doménica.
No había necesidad de engañarme de esa manera.
Pues no me gusta verte así.
Gracias por la confianza, ¿eh?
Te lo repito otra vez.
Yo no soy como mi prima.
¿Sí te gusta?
Mucho. Me encanta.
Qué bueno.
Muchas gracias, Kiara.
Silvi.
Silvi.
¿Qué pasa?
Consíguete a varios enfermos, sobre todo niños.
Necesito que Luis Fernando pase más tiempo aquí que en su casa. Porque
anoche lo sentí muy cerquita. No quiero que eso cambie.
Ok, pero ¿y qué pasó con lo de la detención de tu prima?
Bueno, seguro está por suceder.
Luis Fernando está tan decepcionado de ella que seguro va a caer en mi
telaraña. En tu cama, chula, más bien. En tu cama.
Sí, también.
Ay, hijo, no podías haberme dado una mejor noticia. Me alegra mucho que
retomes la medicina porque esa es tu verdadera vocación.
Sí, nunca fue mi idea abandonar la carrera. Simplemente era mientras
levantaba la hacienda, pero todo me ha salido mal.
Bueno, por fin te das cuenta de que yo tenía razón con respecto a esa mujer.
Por cierto, ¿qué te ha dicho Sanjenís acerca de la denuncia? Si tu pregunta es
cuándo van a detener a Doménica, la respuesta es pronto, mamá.
Pronto. Dile a Sanjenís que ya se va a servir el desayuno.
Roque.
Roque, ven, por favor.
Ande, patrona.
¿Para qué soy bueno? Quiero que avises a todos los trabajadores que mi hijo va a
empezar a dar consulta en el Centro Social de Santa Teresa.
¿Entonces qué?
Ya nos va a atender aquí.
¿Allá va a ser mejor o qué?
Anda, ya es lo que te pido.
Por favor.
Sí, claro, patrón.
Seguida.
Hola.
Hola. Te estaba esperando.
Lo último que supe fue que me llamaste y yo estaba en México en los juzgados y no
te pude responder.
Ah, no.
No te preocupes.
Era por un asunto legal, pero ya se está arreglando.
Supongo que Sanjenís fue muy oportuno y lo está resolviendo.
Sí, y yo acepté.
Si me disculpas, me tengo que poner a trabajar.
Dime una cosa.
¿Ya no estoy en tu lista de amigos por lo que está pasando con Doménica y esos
papeles falsos? Si no te molesta, prefiero mantenerme al margen de ese
lío. Yo de verdad no quiero problemas.
Y conmigo no los tendrás.
Te lo prometo.
Aunque Max no es santo de mi devoción, anoche me dejó pensando si sí fuera
cierto eso de que lo extorsionaron y de que te abandonó para salvarte la vida.
No quiero ni pensar si en verdad me equivoqué con él.
La verdad es que me da ansiedad y ya tengo suficiente con la demanda que me
puso Luis Fernando.
Ah, no, de eso ni te preocupes, mi niña, porque tú eres inocente y lo vas a
demostrar.
Pero Luis Fernando ya me advirtió que la policía va a detenerme.
Y tengo miedo.
Pues, ¿cómo no?
¿Y tú que no me dejas acercarme para hablar con el doctor y hacerle entender?
No.
No quiero darle el gusto de que me vea llorando.
Yo le rogué para que me crea y... Esto me está doliendo mucho más. Toda
su desconfianza me duele más que la traición de Max.
¿Por qué los hechos me dicen que ya estás saliendo con Sangenis?
¿O me vas a decir que se tropezaron y que tus labios chocaron con los de él?
No es como que yo me ande besando con cualquiera.
Roberto y yo nos estamos conociendo.
Y no me lo tomes a mal, pero ya te lo dije.
Hay hombres que se atreven y otros que no.
¿Por qué hiciste eso?
Porque me atreví.
Es lo que estabas insinuando, ¿no?
Luego hablamos. Sí, es que tengo que trabajar.
A ver, ¿estás segura que no se quedó en tu casa? Porque yo me siento incompleto
sin este dije.
Ya sé que me vas a llamar supersticioso, pero siento que me protege.
Es que sí, bájale a tu superstición.
Todo está saliendo bien. Luis Fernando está cada vez más lejos de Domenica. La
suerte está de tu lado.
La quiere meter a la cárcel.
Y eso está increíble.
Domenica nunca se lo va a perdonar.
Y si tú la apoyas, vas a ser su héroe.
Acuérdate que la suerte llega a los que no se rinden.
No me digas que vienes a decirme por qué no llegó mi marido anoche a dormir. Ese
panzón te mandó, ¿verdad? No, es que... ¿Y tú?
¿Tú qué haces aquí? ¿Que tú no eres el abogado de Doménica Montero?
Vienes a decirme que van a enjuiciar a mi marido, ¿verdad? No, lo que pasa es
que... ¿Qué?
Don Cosme se pegó un tiro.
¿Cómo? No es cierto.
¿Dónde está? ¿Qué pasó? Yo quiero verlo. Llévalo. No, no, no, es que... Lo siento
mucho, pero...
Don Cosme está muerto. Ay, no, no, no. No es cierto.
Señora Fuenzanta. Señora.
No, no, no. Ay, Dios mío.
Llamen a alguien.
Señora. Una ambulancia o algo. Fuenzanta.
Pues mi potranca me corrió, pero... Mejado sigue trabajando en la hacienda.
Y eso me sirve.
No.
Alumacho.
No quiero que mi hijo esté cerca de ti.
Me preocupa.
Voy a quedar enredado en alguno de nuestros negocios chuecos.
Uno podrá ser una cochinada, pero los hijos son sagrados.
¿Ah, sí?
Gracias por avisarme, secretario.
Se libró la orden de aprehensión contra los inculpados.
Ya van por ellos.
Hijo,
¿sólo estás haciendo lo correcto?
al buscar justicia.
Lo siento, hermano.
Es lo que debe ser.
Es Ernesto. Seguro ya lo notificaron.
Contéstale. Buenos días, abogado.
¿Cómo que encontraron al culpable de la falsificación?
la persona que orquestó lo del título falso fue Cosme Acosta, el presidente
municipal.
Mamá, ¿sabes por qué están sonando tanto las campanas? No, no tengo idea.
Lo que yo quisiera saber es por qué no me dijiste que anoche estuvo aquí Luis
Fernando. ¿Quién te lo dijo, la chismosa de Nieves? Sí, me lo dijo Nieves.
Bueno, resulta que Luis Fernando ahora va a trabajar en el consultorio.
¿Y el doctor Arenas? Pues me dijo que solo podía venir una vez al mes, ¿tú
crees?
¿Cuál es el problema con que haya llamado a Luis Fernando?
A mí lo que me parece mal es que le hayas insistido, porque según recuerdo,
él no quiere estar cerca de ti.
Luis Fernando aceptó sin ningún problema. Y si no me quería ver, es cosa
del pasado, porque ya no hay problema.
Me da mucho gusto que el doctor haya retomado su profesión. Lo que no me
gusta tanto es dónde y sobre todo con quién, porque para mí que esa Kiara es
bien hipócrita.
Más bien es doble quiara. Ay, no me amargues el día, Diana.
Y menos juzgando a la única persona que aprecio aquí en Santa Teresa.
Además, como que nadie pidió tu opinión, ¿eh? Ya sé que mi opinión es lo último
que quiere oír. Pero de esto y de muchas otras cosas solo puedo hablar con usted,
doñita.
Hilario, dile a Pedro que te ayude a encontrar ese toro y refuercen esa
cerca, no puede ser que la haya destrozado así nada más. Sí, patrona, ya
ve que por eso le decimos el rompehuesos.
Antes de ir con Pedro, le digo a la gente que ande con cuidado.
Por favor.
Vente, Chava, jálale.
Acaban de liberar una orden de aprehensión en tu contra.
Nos tenemos que ir cuanto antes. La policía viene en camino. ¿Cómo lo sabes?
Yo tengo mis informantes, pero eso no es lo importante.
Lo importante es que tú no pisas una celda de nuevo injustamente. Vámonos ya.
Blanca y yo encontramos al presidente municipal en la mañana y todo parece
indicar que fue un suicidio. Es muy aventurado hacer esa afirmación.
Necesitamos una autopsia.
Y con tanta gente entrando y saliendo del lugar, es imposible hacer un
peritaje.
Me quiero morir.
Ayer yo vine a reclamarle a mi gordo.
En cuanto me enteré de la denuncia, él no me negó nada y discutimos.
Pero nunca me imaginé que tomaría esta salida.
El presidente municipal.
En paz descanse.
Pues, se andaba tomando.
Tenía esta arma y con ella se disparó en la sien.
Dejó esta nota nomás.
Yo no tengo por qué salir huyendo. Y mucho menos contigo. Espero no haya
sobornado a alguien para averiguar sobre mi caso.
¿Sabes cuánto me duele que no creas en nada?
de lo que yo te digo, pensé que por una decisión me vas a condenar para toda la
vida. Tal vez hubiera preferido que huyéramos en ese momento.
O tal vez que me mataran, porque de esa manera hubieras quedado viuda y no
abandonada.
Perdóname, perdóname, no debí decir eso.
Entiendo que quieras redimirte conmigo, pero si algo aprendí de ti es que el que
se va huyendo demuestra su culpabilidad, así que olvídalo.
Solo hay una cosa con la que sí puedes ayudarme.
Con lo que tú me pidas.
No te conviertas en otro problema para mí.
Yo encargué una falsificación del título de propiedad de la joya que Doménica
Montero me pidió ayudarla a encontrar.
Quería que el doctor Jiménez creyera que sus tierras eran menos, porque al saber
que él no la vendería a su vecina, las quería para mí.
También arreglé que echaran a perder la siembra del doctor para que esa tierra
valiera menos.
Lo que quise siempre fue comprar baratas las dos haciendas.
Nadie más que yo soy culpable.
Les fallé a todos, a mi pueblo y sobre todo a ti, Fuenzantita.
No merezco el perdón, pero tampoco soportaría ir a la cárcel. Cosme Acosta
Juárez.
¿Reconoce la letra de su marido?
Sí, es su letra y su firma.
Yo también vi la carta ahí.
Es su letra.
El gordo decía que quería comprarse una hacienda, que íbamos a ser ricos.
Pero nunca me dijo cómo.
Ay, gordito, ¿por qué te me fuiste?
Pero les prometo que aún con el dolor de mi corazón, yo siendo presidenta
municipal interina, voy a esclarecer todo.
Dígale, por favor, a Doménica Montero y a Genaro Peña que yo les voy a hacer
justicia.
existen recursos legales para que enfrentes el proceso en libertad. Sí.
Sí. Y buscaré que así sea.
Por favor, todos estamos muy preocupados. Hasta Max.
Ay, por cierto, ese necio sigue esperando allá afuera. Parece que no
entendió cuando le dijiste que no lo necesitas. Me acaba de decir que
escapemos juntos.
Eso es una tontería.
Sería el peor camino.
Ya llegaron los policías con la orden para llevarse a mi niña.
Ana, tranquila.
A ver, no me importa si traen una orden. Esto es injusto. No se la pueden llevar.
Tenemos una orden de aprehensión en contra de Doménica Montero Rivas. Aquí
me tiene, señor.
Lea.
¿La de yo?
Oficial, proceda.
¡No!
Se le acusa de falsificación de documentos y un posible fraude en contra
de Luis Fernando Jiménez Lara. ¿Pero se la tienen que llevar así, esposada?
Tiene usted derecho a guardar silencio y presentar su declaración frente a un
abogado. Si no cuenta con uno, el Estado le proporciona uno de oficio. Vámonos.
Por fin vas a pagar por todo el daño que le has hecho a mi hijo, Doménica
Montero. Si mi niña tiene que pagar por lo que no hizo, yo le voy a dar a usted
su merecido.
Contrólate, no impures las cosas, por favor.
Y su hijo tampoco podía quedarse con las ganas de venir a ver su obra.
Véjate, Doménica, suéltela.
Ella es inocente.
Ya encontramos al verdadero culpable.
Todo lo hizo Cosme Acosta.
Dejó una nota y se suicidó.
Don Prudencio.
¿Eh? Le traje esto.
A ver.
Trae para acá.
Uy, este es de los buenos, ¿eh?
Del meritito Nextapa.
Así, mero.
¿Y a razón de qué o qué es esto?
Es para que vea que conozco los gustos de mi abuelo, suegro.
Pues es que ya ando con Adelita, pero pues vine a pedir su permiso, pues.
Suegro.
Mira, Chema comenzó.
No me vuelvas a decir suegro.
Y menos abuelo-suegro. O te pongo esta botella de silbato.
¡Adelaida!
No se enoje, don Prodecio.
¡Adelaida! No se enoje.
El juez Benítez ya está desechando la orden de aprehensión contra Doménica
Montero. Mientras no reciba otra orden del juez, seguiremos con el arresto,
señor.
Juez Benítez, habla el licenciado Ernesto Solana.
¿Puede pedirle a sus oficiales que suspendan la detención de mi clienta?
Libere. a la señorita Montero inmediatamente, oficial.
Preséntese en el Ministerio Público por el folio 671973, asignado a
esta suspensión.
Gracias, señor juez.
¿Y en qué esperan para soltarla?
Suéltala. Yo nunca desconfié de ti, se los dije, oficial.
¿Y ahora tú?
¿Sí me vas a creer a mí?
Porque hasta tu madre vino a ver cómo me hundo porque tú no supiste defenderme.
Hija, ¿por qué no arreglan este asunto en privado?
Es que él no tiene ni derecho a hablar.
¡No te metas entre nosotros!
¿Cuál nosotros?
Eso ya no existe, ¿recuerdas?
Y fue tu decisión cuando me humillaste a mí y a toda mi familia echándonos de tu
casa. Perdona, Doménica, pero todas las pruebas te acusaba. Pero les faltó
dejarla defenderse y aclarar sus sospechas antes de denunciarla.
Y preferiste escuchar todas las intrigas antes de darme un voto de confianza.
Y sabes que con Max no te metas, él sí vino a ayudarme.
Hijo, no te metas entre esos dos.
Ya viste que siguen siendo muy cercanos.
Usted debería de pedir perdón, señora, en lugar de seguir intrigando.
A ver, vamos a calmarnos y entremos en la casa, por favor.
Otra vez me disculpo, Doménica.
Si te señalé fue porque la evidencia estaba en tu contra.
De ti podía esperarlo porque eres abogado y ese es tu trabajo.
Pero tú...
Ese día te entregué todo mi corazón y no pudiste darme el voto más importante, la
confianza.
Perdóname, Doménica.
Me equivoqué.
Vete.
Vete con tu mamá.
Que esta vez sí elija una mujer que te dé confianza, Luis Fernando.
Vamos, Luis Fernando.
Vamos.
Venga.
¿Qué estómago debe tener Kiara para aguantar a estos?
¿Y tú a dónde vas?
Quiero estar cerca de ella, ayudarla.
Te aseguro que no es el momento.
¿Por qué no me dijiste que andaba saliendo con el chamaco menso este?
Pues... Pues porque acaba de pasar.
¿Acaba de pasar qué?
No, no sea malpensado, don Prudencio. Lo que pasa es que la de la edad ya me
aceptó de novio. ¿Verdad que sí, mi alma?
¿Y tú, Simón, por qué andas celebristando a mi abuelo diciéndole
suegro? No, pues es que quiero hacer las cosas bien.
Con el permiso de tu abuelo y con tu cariño.
Ay, diablo de chamaco menso este.
Ahora resulta que tienes más pantalones que otros.
Está bien.
Está bien, les doy mi permiso.
Y mi bendición.
Y esta me la quedo pa' pasarme el susto.
¡Chamaco menso!
¡Ey! ¡Quieta las manos!
Ya la noticia del suicidio de Cosme y el porqué se corrió por todo el pueblo fue
en santa.
Por eso no vino el gobernador.
Es que es una noticia terrible, es una noticia tristísima.
Eso y la culpa no se pueden ocultar. Por eso estabas tan mala noche que fuiste al
restaurante, ¿verdad?
Ay, me imagino lo molesta que has de haber estado cuando te enteraste que
Cosme le jugó chueco a mi compadre Genaro y a la señora Doménica.
Exacto. Y ahora falta ver si la gente del pueblo no me juzga a mí también,
igual que a Cosme. No, por eso no te apures. Yo me encargo de que se enteren
que tú no tuviste nada que ver con las movidas chuecas de Cosme.
Lo siento mucho, Fuenzanta.
Apenas puedo creer esto, Fuenzanta.
Hasta haberlo sabido, yo jamás hubiera entregado ese título falso que me
entregó el Cosme.
para asegurarme que se cierren todos los procesos en tu contra. Y de una vez
aclare el asunto de los linderos.
Si las tierras son de Luis Fernando, quiero ponerle punto final a este
asunto. Bien le dije al doctor que ganaría unas tierras a costa de perderte
a ti.
¿En serio serías capaz de dejar a Luis Fernando?
Kiara, por favor, no hagas preguntas impertinentes, ¿sí? No me molesta, tía.
Ahora no me cruza por la cabeza perdonarlo.
Y lo que me duele es que Max fue el que me apoyó y Luis Fernando solo buscó
condenarme. Igual y no te quería como tú pensabas.
Bueno, ya que estás tan preocupada por tu prima, ¿por qué no le cuentas la
decisión que tomaste para el consultorio médico?
A ver qué opina.
¿Y qué?
¿Dónde vas a querer que te deje la mitad del dinero que le robamos a tu gordito?
¿Oílo? ¿La mitad?
Pues si yo te lo di completo.
Nada más era para que me los guardaras.
Era para que no lo vieran los policías.
No, ¿qué pasó?
Si cuando hicimos esta sociedad dijimos que nos íbamos a dar la mitad de todo,
¿qué no?
Entonces ahora que recuperes la abandonada, la mitad es mía.
No, pues eso no entra.
Yo qué sé, que mi potranca no se va a quedar en la hacienda.
Pero yo a su lado.
Por mí te puedes quedar con la potranca.
Pero de las tierritas luego hablamos.
No es el lugar indicado, Género.
Háganme... Santa,
mi más sentido pésame.
Gracias.
No puedo creer que tu marido haya sido capaz de hacer lo que hizo.
Yo tampoco.
Por favor, no vayas a desconfiar de mí.
Eso sería como darme el tiro de gracia. Claro que no.
Bueno, y además, lo bueno es que ahora tú vas a ser la que manda en Santa
Teresa, señora presidenta.
Con permiso.
El doctor que había contratado me quedó mal, así que le pedí a Luis Fernando que
cubriera las citas que ya estaban agendadas, pero si quieres las cancelo,
no pasa nada. No, qué raro, porque cuando yo se lo propuse te puso a ti
como excusa.
Pero bueno, lo importante es que atiende a la gente que lo necesite y ahora si me
disculpan voy a hacer una videollamada a la casa hogar. Claro.
¿Qué tan cercana es tu amistad con la familia Jiménez?
May Andrés, por favor, ¿sabes perfectamente?
que mi relación con Mercedes es muy cercana.
Y no es ningún secreto que Luis Fernando me llegó a interesar.
Permiso.
No sé cómo interpretar esa última frase.
Yo tampoco.
Pues últimamente sí se lo dije, ¿y qué?
Así que tú sabrás de qué lado estás si conmigo o en mi contra. A mí no me
amenaces.
Que si quiero voy y le cuento todo lo que sea fue en santa. No le rasques.
O atenta a las consecuencias.
¿Eh?
Qué desgracia lo que le pasó a don Cosme, ¿no?
En cuanto supe, viene por acá.
Sí.
Pues, venga, hombre.
Uno nunca va a saber cuándo llega la desgracia, por eso hay que andarse con
cuidado.
¿O que no, compadre?
¿A que sí?
Buenas.
Buenas.
Pues nomás les vengo a avisar que hay un toro suelto en la abandonada. Para que
tengan cuidado porque se ve que es bien bravo.
Yo vengo de rojo. No me vaya a agarrar a mí para torear.
No, Dianita.
A los toros lo que les mueve es el movimiento.
Por eso cuando la gente se pone a correr es como prenderles una mecha.
Ah, bueno.
Pues, le voy a avisar de una vez a Prudencio.
Ahí les encargo, ¿eh?
Si me tardo, no me extrañen.
Pues, ¿qué hubo, Adelita? ¿Me hiciste algo para mi otra hambre?
Sí, la comida ya está hecha.
Órale, pues, te sirvo.
Entiéndelo.
Cosme es el único culpable.
Él solo quería fastidiar a Doménica y a nosotros para quedarse con nuestras
tierras. A mí me da igual que esta mujer parezca inocente, porque en todo lo
demás sigue siendo de lo peor.
Es que contigo no hay forma de razonar. ¿Y tú? Parece que te volviste ciego.
¿Qué no viste ahí a su amante? Lo defendió cuando le gritaste y hasta lo
comparó contigo.
Pues yo me gané todo eso.
Ay, hijo, ya da igual. Tú nunca fuiste su prioridad. Y aunque no te guste,
Doménica sigue unida a ese hombre por su pasado.
Y para mí, que ya la está convenciendo para que vuelva con él. Y yo voy a
convencer a Doménica de que me perdone, porque yo no pienso perderla por nada en
este mundo.
Esa mujer ya dijo que no te va a perdonar y ni siquiera es porque tú
hayas dudado de ella, sino por ese tipo, por Max.
¿No está bueno?
No, hombre.
Todo lo contrario, está bien bueno.
Este guiso también me lo hacía Nieves.
¿Y no piensas arreglarte con ella?
¿Por qué?
Si no me arreglo, ¿quieres que te vuelva a buscar?
Es que yo... ¿Qué hubo, Lee?
¿Qué hubo, Simón? Simón, qué bueno que llegaste.
Cuando andaba de camino, se me ocurrió traerte estas flores.
Patroncito, ya te contó la de la ida que andamos de novios.
Ya le pedí permiso a don Prudencio y hasta planes de bodorrio tengo.
Felicidades.
Y de lo demás, pues, no te preocupes, Adelaida.
Ah, pues, ¿qué es lo demás o qué?
Nada, Simón.
Es que hay un toro suelto.
Y luego es bien feo que te agarren desprevenido.
¿Qué no?
Felicidades a los dos.
Ahí los dejo.
Gracias, patrón.
Fuiste muy impertinente en la casa de Doménica.
Y espero que no estés intentando nada con Luis Fernando porque ellos no se
quieren, Kiara, y seguro van a volver.
Tú siempre abogando por Doménica.
Aunque no lo creas, esto es para evitarte y evitarnos más problemas.
Pues no te preocupes porque va a llegar la persona indicada para mí y espero que
cuando eso pase me apoyes tanto como a mi primita.
No me digas que has estado aquí todo este tiempo.
Pues sí, y pienso seguir aquí hasta que salga y hable conmigo.
Ay, muchacho, la vas a hartar.
Pero bueno, gracias por haberle ofrecido tu apoyo.
Ya le caigo un poco mejor, ¿verdad, Nicolasa?
Casi me convences de creerte un poquito.
Pero yo no soy la que te tiene que perdonar. A ver, por favor, se lo
suplico, ayúdeme con ella, ¿sí? Yo no mando en su corazón. Y ya, por favor,
ándale, vete.
Bueno. Por lo menos déjame acompañarla.
No, mejor te acompaño yo a ti para que no te me vayas a regresar.
Y ya no insistas con lo de Doménica.
Aburres.
¿A dónde vas con esa maleta?
A donde sea que no tengamos que vernos la cara.
¿Y la hacienda?
¿La vas a dejar así tirada?
Ya veré cómo le hago.
Pero tú y yo ya no podemos vivir bajo el mismo techo.
Padrino, voy de salida.
Todavía tengo que cerrar unas cosas con el doctor Jiménez.
Ay, si lo quieres, hija, no pongas pretextos para ir a buscarlo.
¿Qué llevas ahí? ¿Se puede saber?
No te preocupes, no es nada explosivo.
Son sus cosas.
No quiero nada que me lo recuerde.
Sí, y Luis Fernando trabajando en el centro social lo vas a olvidar muy
pronto.
Suerte con eso.
Voy a hacerle un último favor.
Ya después te lo cuento.
Está bien, hija.
Aquí está el electrocardiógrafo.
¿Y en esa maleta traes ropa para donar?
No, es mía.
Como me fui de mi casa.
¿Cómo?
Como pienso insistir con Doménica, no quiero empeorar mi relación con mi madre
y voy a buscar un lugar para quedarme.
Ah, pero eso no es un problema. Te puedes quedar acá.
Nicolasa, pues, de verdad, muchas gracias por esta plática. Me hizo mucho
bien.
Ojalá las cosas hubieran sido distintas, Max.
Aunque quieras arreglarlas, ya no hay manera.
Me arrepiento de tantas cosas que hice, Nicolás.
Lo único que sí tengo bien claro es que voy a amarla hasta el último día de mi
vida.
Qué penitencia tan dura la tuya, muchacho.
Bueno, no sé a dónde vayas tú, pero yo me sigo por acá, al Espejo de Luna. Muy
bien. Buen camino.
Igualmente.
¡Nicolás, no corras!
¡Nicolás, hey!
Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú y eso me salvó. Y ya no pido más, eres mi
luz, mi paz, tú mi más grande.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.