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Ha sido mejor venir por aquí que por el tren.
Figúrate, en el tren con todos los del curso y tu suspenso fresco de álgebra y
trigonometría. No llevas ni seis horas de suspenso. Y vaya suspenso, imparable.
Nos van a fastidiar.
Te pondrán profesor particular hasta septiembre.
Irás a Canala con los abuelos.
¿Te acuerdas de otros años?
Tú cruzabas la ría con el bote y me venías a buscar.
Te tendrán preso en las arenas.
Es una edad imposible. No sé qué voy a ponerle.
Tendremos que ir de compras todas las mañanas. No te olvides del traje para la
mar. Estará guapo el retaco ese.
Mira, no exageres. No todos van a ser tan altos como tú.
Qué criatura, con doce años. Y medio. Con doce años y medio y ya oye el vals
triste de Sibelius entornando los ojos.
Guárdame el secreto.
Pero tu padre te va a alquilar un bote para toda la temporada.
No. Sí.
Haz que no lo sabes.
¿Y tú cómo la encuentras, mariquita?
No muy alto, pero está fuerte como un roble. Por navidades lo vio el doctor
Zabaleta y dijo que era como de bronte.
Siempre está igual, ni crece ni mengua.
Tú estás como una jirafa y nadie te chincha, ¿eh?
Pedrito, no empecemos.
Ya uno se harta.
Además, no soy el más bajo del curso.
Mariscal Gago y Ola Echea son más pequeños que yo. Ahí están todos que lo
pueden decir. No sé a quién ha podido salir de la familia, porque con lo que
come... Pues mira que ella... Sales a la tía Jacobita. De tanto jugar al balón y
subir a los montes, es que no para ni un minuto.
Pero no es eso bueno, papá. En Bretaña los mozos son más bien chaparritos. Y
cuando pasan dos centímetros de la talla para achicarse y librarse de quintas,
hacen excursiones tremendas y beben mucho aguardiente. Y fuman.
Sí, pero yo... Sí, tú no bebes aguardiente, ya lo sé.
Pero haces demasiado ejercicio y eso... Pedro, mira, hijo.
Estamos muy satisfechos de tus notas en los exámenes y te reservo una pequeña
sorpresa.
Te voy a alquilar un buen bote, el Sagupsu, para todo el verano.
Enhorabuena, Pedrito. Como estás tan joven y tan guapa, te conviene que
Pedrito no crezca. Así lo tendrás siempre de marinerito.
Sí, como a Pepín Pepón.
Tiene tu misma edad y te lleva una cuarta. Y en más tanto que una patata.
Estaba en el muelle con su traje de marinero y su pantalón de campana cuando
desembarcaron los del Alfonso. Y un ayudante en el embarcadero del club, al
ver que Pepín Pepón no saludaba al almirante...
Le atizó un tortazo y le dijo se saluda. Y hasta le quería arrestar.
Alcánzala. ¡Que me la des!
¡No la leas!
Anda, pero si es mía. ¿De dónde la has cogido? La encontré por casualidad
dentro de un libro.
Claro, es la última carta que me escribió José Mari.
Tú te tienes que enterar de todo.
Te juro que no me he dado tiempo, solo he leído el principio.
¿Quién es esa novia de José Mari?
¿Cómo se llama?
¿Y a ti qué te importa?
Está bien.
Qué antipático eres. Yo tampoco pienso decirte quién vuelve de Londres.
Viene por lo de la operación de su padre.
¿Isabel? Claro.
Ahora no podréis estar juntos con la misma libertad que cuando erais
pequeños. Debe estar hecha una... Una medio inglesa y seguramente con novio
formal.
¿No te ha escrito?
Hola, Perú.
Abrázame fuerte, Josemar, y tendré que decírtelo mil veces. Llega Isabel, llega
Isabel. Enhorabuena, Pedrito. No podía verte sufrir. De veras.
Qué alegría.
Me voy a morir de alegría.
No dormiré, no viviré. No podré estar en ningún sitio hasta que llegue Isabel.
¿Sabes que tenías razón?
Me han puesto de profesor particular para el verano a don Genaro. Un valiente
hueso de... Si el barco se retrasara.
Y si hay un temporal.
José María y Sinofraga.
Señora, comunican del puerto exterior que el barco está a la vista. Muchas
gracias. ¿Qué te pasa?
El destortazo.
¿Es que viene ya?
Sí. Pedro, estás con mala cara, ¿qué tienes?
No sé, me duele la cabeza desde esta mañana.
Es el bochorno. ¿Por qué no subes y te echas un rato en el coche? Y si no te
tomas unas bebidas.
No, no, prefiero pasear.
Está cambiando el tiempo.
Sí, por eso yo no he salido.
¿Habrá galerón?
Seguramente. Está la mar muy cerrada. ¿Creen que naufragará el Monte Aralar?
Yo que hubiera querido todo el sol del cielo para la vuelta de Isabel.
Yo te conozco. Tú eres Pedrito de Andía.
Te he visto subir por las tapias. Eres malísimo.
Para verte subo. Y tú eres Isabel, la de Mendive. Iba con mis hermanos a la
ermita de San Miguel, que hoy es la fiesta, y me he perdido.
Vamos.
Tienes frío. Llévame tú a casa, yo no sé ir.
Ven.
Te has arañado y vas sangrando.
Sí, ha sido en las tarzas.
Espera.
Te curaré.
No me duele mucho.
Pero límpiame la sangre para que no lo vean en mi casa y así me regañen menos.
Está muy fría el agua.
Ahora no te duele.
Eres muy bueno, Pedrito.
Toma, para que te acuerdes de mí.
¡Isabel! ¡Isabel!
¡Isabel!
Ven conmigo, a ti no te harán nada. Yo no te dejo sola, aunque me hagas lo que
quieras. Vamos.
¡Isabel!
Hija. Hija mía.
¡Papá! ¡Estoy aquí!
¡Papá!
¡Papá! ¡Hija!
¡Hija! Pero, hija, ¿dónde te habías metido?
Este es el que me encontró. Es muy bueno. Se llama Pedrito, ¿verdad?
Me hizo sangre en una pierna y me ha curado.
Este no es nada de bueno ni de muy bueno.
Se escapa, sube por las tapias, anda con los peores del pueblo, hasta roba, yo
creo. Pues no parece así tan malo. No deja en paz a mi pobre Elizabeth.
Es de la casa de al lado.
A mí nunca me ha hecho nada.
Toma. Tienen licor dentro y hay que meterlos en la boca enteros.
La encontré buscando tesoros.
Está allí, escondida entre las ramas.
Yo no tendré que saltar las tapias para estar contigo.
Nuestra familia lleva enreñidas lo menos 100 años. Y entonces levantaron esta
pared tan alta para no verse.
Pero se olvidaron de esta puerta.
Las tontadas que hacen los mayores. Ahora con esta puerta nos reiremos del
paredón. Nos veremos cuando queramos y nadie lo sabrá. Será nuestro secreto.
Mira nuestra casita. ¡Qué bonita!
Podemos traer los juguetes y jugar sin que nos vea nadie.
Yo tengo una escopeta que dispara. Y yo una cocina con muchos cacharros.
Y un montón de muñecas. Ya verás que limpia la vida.
¿Quién es?
Yo.
¿Quién es yo?
Yo. Si eres tú, si eres yo, abriré.
Que no me atrevo, Pedrito, que no me atrevo. Vamos, que no me atrevo. Oye,
niño, ¿qué haces con esta niña?
Nada, que me quiero casar con ella.
Pues si sois buenos y os queréis igual de mayores, yo os casaré.
Si es ya una mujer.
Isabel, hija mía, estás guapísima. Tú sí que estás guapa, mamá.
Hola, Merche.
Estaba deseando verte, Isabel.
También yo.
Magdalena, tu chica está altísima. Está preciosa. Siempre lo ha sido.
Pero hay que ver lo que ha crecido. Si Alverra no la conocía.
Está tan alta como su padre.
Hola, Pedrito.
¿Soy Isabel?
¿Te quedas así? ¿No me dices nada?
Pedrito no se encuentra bien estos días.
Discúlpale, Isabel.
Elizabeth, su primo quiere saludarla.
Es estupendo, fenomenal. Pero si estás tan alta como yo y sin tacones. Qué
exagerado eres, Jaime.
Y de guapa no digamos.
No vas a poder ir sola por la calle. Claro que te van a sobrar acompañantes.
Perdonad, pero debemos irnos.
Tu padre estará impaciente por verte.
Adiós, Pedrito, hasta que nos veamos. Vamos a ir todos a casa con vosotros.
Así estaremos un rato con Agustín. Qué satisfacción cuando te vea. Como que vas
a ser su mejor medicina.
Vamos, Pedrito, no te quedes ahí.
Es colosal.
Lo vas a pasar muy bien, Isabel.
Seguro. ¿Me permites? Gracias.
Me tienes que reservar el primer baile. Lo anotaré en mi carnet.
Bueno, me resigno. Pero en la excursión irás conmigo en la barca. ¡Ah, eso no
vale!
Te queda muy bien.
Irás a la boda hecho un dante. Deja eso, pitusa.
¿Qué te parece el cuadro que te ha mandado tu tío? Dice que te pareces.
Pues si este es David, yo me parezco a David.
A goleando querrás parecerte a Retaco.
¿Te acuerdas de la boda de María y Jorge?
Isabelita y tú llevabais la cola.
Ya verás qué guapa irá Isabel, Chu.
de presente como lo manda la Santa Católica y Apostólica Iglesia Romana?
Sí, quiero. ¿Te otorgas por su esposa y mujer?
Sí, me otorgo. ¿Le recibes por tu esposo y marido? Sí, le recibo.
Antonio, ¿quieres a María Begoña por tu legítima esposa y mujer por palabras de
presente como lo manda la Santa Católica y Apostólica Iglesia Romana? Sí, quiero.
¿Te otorgas por su esposo y marido? Sí, me otorgo. ¿La recibes?
¿Por tu esposa y mujer?
Sí, la recibo.
Y yo, de parte de Dios Todopoderoso, y de los bienaventurados apóstoles San
Pedro y San Pablo, y de la Santa Madre Iglesia os desposo, y este matrimonio
entre vosotros confirmo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo. Amén.
¡Pedro!
¿Qué haces?
¡Vámonos, se van todos!
Hay un lugar para Isabel y sus amigos.
¿Tú también?
Hola. Hola.
Mira qué bien lo hace.
Muy bien.
El Saúl Su solo tiene un patrón. Y ese patrón soy yo.
Si no fuera por desperdiciar este vino tan bueno...
¿Pero qué hace usted?
Discúlpeme, es que he tropezado con su brazo. Me ha puesto usted perdido el
traje. Es que no tiene ojos en la cara. Perdón.
No te preocupes, verás como no queda mancha.
No me gusta verte con ese judío.
Vamos, no seas malo.
A ver si te gusta este.
Pon un whisky.
Yo siempre de alcahuete tuyo.
No te sirvo más whisky bajo cuerda.
¿Qué solo estás, Pedrito?
¿Te ocurre algo?
Vete a paseo.
Bueno.
¿No bailas? Todos quieren bailar conmigo. Todos menos tú.
Déjame en paz, loca.
Qué antifaz.
Por favor.
¿Eres tú, Billy Adamson?
¿Ah, sí? Pues aquí me conoce todo el mundo.
Pues claro que soy yo.
¿Y tú qué quieres?
Nada, un señor te busca allá afuera.
¿Dónde está ese señor?
Allí, allí está.
Oye, ¿no habrás querido tú tomarme el pelo? Mírame a la cara, miserable.
Ese señor suyo y vas a tocar la cara de tu padre, lechuzo.
¡Canalla!
¡Perro judío!
El valiente español con la navaja. Este es el palo del perrero para ti, perro.
Vení, ahí se están matando dos hombres.
¡Vamos!
¡Terminado! ¡Terminado!
Pero si es Pedrito.
¿Te has pegado con William?
Sí.
Vaya estreno de traje.
¿No te da vergüenza lo que has hecho? Él me insultó primero.
Te mandaremos a Andía castigado.
Pedrito, valiente.
Pues Pili dice que Isabel es una soberbia y muy lista.
Déjame en paz con Pili Serantes. Que a última hora se puso de tu parte para no
quedar chafada.
Eso es mentira.
Ella dejó de bailar con Billy Adamson en cuanto vio la porquería que él me hizo.
Yo no digo nada, lo dice Pili. Pues se lo dices a Pili.
Pero Isabel se podría pasar por aquí alguna vez, ¿no?
Ya ves el poco caso que te hace. Y por su culpa te destierra Nandía.
Es el señorito Pedro.
Sí. Pase, pase.
Ay, emensagóe de Rory.
Siéntate.
Quita, Cholín.
¿Cholín? En vascuence quiere decir ligero de cascos.
Los muchachos de ahora no saben vascuence.
Lo poco que sabías lo has olvidado.
Edurne, ve a deshacer las maletas del señorito.
¡Edurne! Sí.
Mira, Pedro.
Son pobres chicas estas.
No les des, por favor, confianza.
No lo saben comprender.
Tú ya eres un hombre.
Ya no es edad.
¡Te vas a volver, chico!
¡Qué susto me has dado, Pedro!
¿Y a mí qué me importa volverme chico? ¿Y el servicio militar qué? A ver,
mundo, iré.
Mejor que fregar suelos y darle a la escoba, ya será.
¿Sabes hacerle un nudo al rabito dentro de la boca?
Prueba a ver.
No.
Enséñame tú.
Un momento.
¿Quieres? La tomaré de ahí.
Basta de bromas, Pedrito.
¿Por qué? ¿Me tienes miedo?
No, a ti no.
Es que viene tía Clara.
Desde que le picaron las abejas sube a las colmenas con ese disfraz. Parece una
bruja. Que no te oiga ella decir eso.
Gertrudis le dijo una vez que era la más bruja de todas las señoras brujas de
Vizcaya. Riñeron y tu tía Clara la quiso mandar al caserío del monte.
Y a nosotros no quiere vernos juntos.
¿Por qué?
Desde que sabe que Gertrudis me ha puesto de mote el paje.
¿El paje por qué? Porque te hago los recados.
Y yo no soy paje de nada ni de nadie.
Hasta que encuentre uno para casar, que me gane un buen jornalito, porque un
señorito de cuna no es para mí.
Pues Isabel, si nos casamos, yo le tendré que ganar un buen jornalito.
Eso no lo había pensado.
¿Qué?
No, no, nada.
Uy.
¿Cómo pasa el tiempo?
Vaya.
Toma, dulzura de hace medio siglo.
Sabe muy amargo, así como a perfume.
Era de mi madre.
Se pueden hacer tres combinaciones.
No me lo puse nunca.
Pedro, de tu mujer será cuando te cases el día de mañana.
Poca algo, tía.
Suena mejor de lo que yo creía.
Al mar miras todo el día, cuando acabas de
llegar, ay nere nere maitia,
porque miras a la mar.
Alta es la torre mía, alta en el
alto monte.
Alta es la torre mía, cuánto horizonte para mirar.
Ayer llegaste, veía del
foto, sí.
Apenas me has mirado, ni te ha gustado nada de mí.
Ayer llegaste.
de día del potosí, apenas me
has mirado y te ha gustado nada de mí.
Si a casarte has venido, tu amor se ha ido lejos de aquí.
Ayer llegaste, bella del
Potosí Apenas me has mirado ni
te ha gustado nada de mí
Pedro,
abre esa puerta
Perdón, señora, pero eso a todos nos gusta.
Bueno, pero ya se acaba tu destierro.
Estarás contento de volver a Bilbao.
Yo voy a La Rioja, que se está hundiendo la bodega.
Allí me gustaría a mí vivir, con una buena jaca para correr de pueblo en
pueblo a ferias y una escopeta de las finas. ¿Mejor que en Bilbao?
A mí me gusta el sol, tía Clara.
Bilbao no sé, me cansa.
Me da pena ver lo triste que le hace tanto llover y el hollín de las
fábricas. A mí me fastidian lo que más las industrias.
¿No será por lo de Isabel?
Si tuviera una catedral como la de Burgos, las arenas pasen por salir a la
mar.
¿Tú no te bañas?
No, no tengo ganas. Y tampoco de broma.
Tenía razón, Pedrito.
Casi no hay cangrejos. Y las algas huelen muy mal. En un día sí, lo mejor
es el bote.
Pedrito, ¿me traes el tabaco?
¡Qué preciosita!
Pepito, ¿por qué no te dedicas a arquitecto? Mucho estudiar.
Claro.
Toma, ya sé que fumas.
No, ahora no, gracias.
Lucy.
Lucy, luego te daré esos libros tan... graciosos.
Pero tienes que guardarme el secreto. Y no seas tan distraída como siempre y
vayas a dejarte los olvidados en el jardín.
Entiendo.
Lo primero, se bailará el aurresco de honor.
¿Y Pedrito? Dejad tranquilo a Pedrito.
Yo te lo agradezco de verdad, mariquita. Pero creo que Pedrito no está todavía en
condiciones de ir a cosas así.
Aunque creáis que yo tengo chifladuras de vieja, yo os quiero de verdad.
Y esto que hacéis con el chico a su edad es peligroso.
Pedrito se ha portado como un valiente y como dice su padre, no ha hecho nada
contra el honor.
De todas maneras, el escandalazo de la boda ha sido una imprudencia agrafal por
el día y la casa.
Pero por mí que vaya a la romería.
Pero sin llamar la atención con lo del aurresco.
Cuando llegue el otoño te diré lo que quiere mi tamboril, sin que nadie me
logre ver saltaré las tabias de tu jardín. Al pie del olmo rústico voy a
colgar una flor, al pie del olmo rústico quiero entregarte mi amor.
Cuando llegue el verano volveré, llama pola me habrás de dar, no lo digas que
ya lo sé, la sembré de noche por tu trigal.
Al pie del Olmo rústico, mijonamos al galán, al pie del Olmo rústico, la la la
la la la.
Cuando llegue el invierno te veré junto al fuego de mi rincón, te lo digo de
buena fe, te daré la llama en el corazón.
Al pie del Olmo rústico, mijonamos al galán, al pie del Olmo rústico, la la la
la la la.
Estoy muy agradecido, Isabel Chu. Ya sabes tú por qué.
Isabel, nos esperan Jaime Larrategui y sus amigos.
Luego te veré, Pedrito.
Por muchos que tenga a mi alrededor, no pienso volverme fatua. Ni coquetear con
unos y con otros.
No haré caso a nadie hasta encontrar uno que me quiera de verdad.
Oye, que te estoy hablando.
Claro. Soy tan desgraciada.
Que muchos días ni como y prefiero morirme. Bueno, déjame que no nos vean
juntos y tú así casi llorando.
Hola Isabel, ¿bailas conmigo?
¿Bailas conmigo, Isabel?
¿Es que no me oyes?
Mira, Pedro.
Yo no sé si hacemos ya buena pareja. ¿Pero cómo ya?
¿No acabamos de bailar el ahorrescu?
Sí, pero el ahorrescu es diferente.
Además, no se puede decir que no. Es la tradición.
¿Entonces me querías haber dicho que no?
Es horrible esto, Isabel.
No te puedo decir que no.
No te lo puedo decir, ni a esto ni a nada.
Pero no me hagas sufrir, Pedro. Quiero que me comprendas.
¿Cómo te lo podría explicar?
Qué disgusto, Dios mío.
Dime lo que sea, pero no te atormentes tú, Isabel.
Pedro, yo no quiero que sufras. Tú no lo mereces.
Es que no tienes ya confianza conmigo.
Aunque me mates, dímelo.
Pero si es por ti, Pedro.
Para evitarte que hagas un mal papel.
¿No crees que hacemos ahora así para bailar los dos solos?
Una pareja, ¿cómo te diría? Algo inarmónica.
Y hasta eso no sería nada. Pero después de lo ocurrido entre Adamson y tú, todos
se fijan mucho en nosotros.
Y no quiero que se burlen de ti, ni cuenten en sus casas lo que hacemos.
Todo el mundo nos mira.
¿Lo ves?
Y algunos ni hablan por mirarnos.
Pedro, por Dios.
Dime una cosa, Isabel.
¿Estás enamorada de otro?
Isabel, tu querida, ven.
¿Qué es?
Nada, nada.
Tú ven conmigo ahora, hija mía.
Silencio. Un momento, por favor.
Doña Mariquita no se encuentra bien y se suspende la tómbola.
Don Fermín hará el sorteo y se os enviarán a casa los regalos.
Pedro, dime qué te ocurre, mírame.
No te estoy mirando y bien cerca. No, Pedro, no es eso.
Yo sé lo que pasa, es horrible.
Es lo más horrible del mundo.
El papá de Isabel se muere.
Sí, ahora estará la pobre Isabel en su casa llorando y la llevarán junto a su
padre moribundo.
¿Te sientes mal?
No sé, mamá. Me da vueltas todo.
Sí, tienes fiebre.
Descansa, procura dormir, ¿eh?
Avisaré al doctor Zabaleta.
Vamos a ver si se ve el faro en la niebla.
Ya me enteré de lo de Adamson.
Estuviste muy bien.
Oye, ¿y dónde está tu amiga Isabel?
No sé, doctor.
Creo que la han llevado a Francia.
Tú la querías mucho, ¿verdad?
Y la sigo queriendo lo mismo.
¿Cómo te bate el pulso ahora?
Estoy peor, doctor.
No, Pedro, no estás peor.
Es que usted ha puesto una cara más triste que nunca y... yo soy hombre y
quiero saber la verdad.
No, me acordaba de cuando yo a tu edad estuve como tú, en casa de mis padres.
Y por lo mismo que tú.
Por una criatura que... en fin... Si consigues tener valor, te curarás y
te harás un hombre de veras.
Hay que pasar.
A mí me da pena que dejes de ser niño y sufras por eso.
Adiós, Pedrito. Adiós.
No puedo morirme.
Y si me sigue queriendo como antes.
Tengo que vivir.
Yo te prometo, virgen mía, que subiré a Begoña descalzo.
No irá al colegio hasta después de octubre, para que se reponga y duerma
todo lo que quiera.
Hay que hacerle todos los trajes. Eso, eso, mimarle.
Estáis gastando un dineral y no estamos para bromas.
Estoy deseando salir a la mar, montar a caballo y subir a los montes. Cuando te
repongas. Pero así como, como un burro. Cuando me vea José Mari no me va a
conocer. ¿Le has escrito?
Sabes que se empeñaba en venir a Bilbao para darte sus sangres y te hacían una
transfusión.
Sería capaz.
No lo podré olvidar eso en mi vida.
Ah, y Adamson se portó como un caballero y vino a preguntar por ti.
Señora, me dijo, yo sé que vivirá, porque sé lo valiente y lo fuerte que
es.
Hacía un sol espléndido, y de repente... ¿Pero la viste?
Te he dicho que en Biarritz, frente a la roca de la Virgen, iba con su madre,
Miss Bennet, y su amiga Cristina. Le ha salido el odio.
Si no te callas, no te cuento más.
Su madre sacó a relucir lo de Adamson y le apoyó la condenada de Miss Bennet con
muchos aspavientos.
¿Qué si en una boda así, de gentes tan conocidas?
Me la tiene guardada.
Como ya llueve sobremojado.
¿Le pediste perdón a Adamson?
La primera vez que nos vimos me abrazó riendo y me dijo, tú lo que eres es un
macanudo y ahora mismo te voy a convidar a cerveza o a lo que tú quieras.
Sabía que te portarías así. Y se lo aseguré a Miss Bennet. Muy estirada y
apretando los dientes dijo...
Menos mal, si hace algo por parecer un gentleman.
¿Qué decía Isabel? No pude quedarme a solas con ella ni un momento. No nos
dejaba la bruja de Miss Bennet.
Quizá a fines de semana vengan para un asunto de la herencia.
Ya sabía yo que Isabel estaría aquí para el Día de la Virgen.
¿Cómo lo dices tan seguro?
Has ido en las tarzas.
Eres muy bueno, Pedrito.
Oiga, ¿me da un fósforo?
Sí, hombre.
¿Es que vas de procesión o qué?
No, es por una promesa.
Ah, claro.
¿Vas a Begoña por una promesa?
Voy a llevarle esta vela a la Virgen que me puso bueno.
Ya.
¿Entiendes aquellos versos?
Sí, señor, los he leído muchas veces.
Creo que me los sé de memoria.
Aunque estamos en polvo convertidos, señor, en ti nuestra esperanza fía. Que
volveremos a vivir vestidos de la carne y la piel que nos cubría.
Bien, muchacho.
¿Y crees tú en eso?
Sí, creo.
Ay, señor.
Así es.
Así es.
Haz el último esfuerzo, madre mía.
Hazlo hoy mismo.
Esta misma mañana.
¿Tú qué sabes si puedes?
Igual que me salvaste, haz que venga Isabel.
Aquí.
Tengo que reponerme y estaré en Andía hasta que termine el verano.
Podré volver a los sitios donde conocí a Isabel.
Pero ella ya no estará.
Todo sigue igual en la vieja casa de tía Clara.
Porque tampoco es novedad lo que Berna me ha contado.
Que en el bando de Andía siguen de pedrea con los de Mendive.
Lo malo es cuando escalabran a alguno y luego son los padres los que se
enzarzan.
Esto es el cuento de nunca acabar.
Todo me parece raro.
Hasta Edurne, que antes era tan simpática, ya no me hace ningunísima
gracia. Se hace la señoritinga con un lazo atrás del pelo para atarse el
chori. Y hasta creo que se da colorete.
¿Bus? No lo hay.
Chancabaz Duriri. Edir Radagero.
Pobre mío.
Qué alegría verte otra vez vivo.
Siéntate a mi lado.
Edurne.
Prepara la habitación de Pedrito.
Edurne.
Ordago. No.
Alto como su padre se está haciendo.
Paso a chica. Y yo.
Ha de hacerse un hombre de veras en cuerpo y alma.
Paso.
¿Quién es yo?
Yo, si eres tú, si eres yo, abriré.
¡Qué bonita!
Podemos traer los juguetes y jugar sin que nos vea nadie. Yo tengo una escopeta
que dispara. Y una cocina con muchos cacharros. Y un montón de muñecas. Ya
verás qué limpia la dejo.
¿Dónde está la niñera?
¡Andía!
¡Eh, es que te dejan ya salir solo de casa!
¡El hijo de la tía!
Ahora verás, venid conmigo. ¡Venga, bajemos!
¡Vamos con Juancho!
¡Andía, el hijo de la tía!
¡Devuélveselo a Juancho! ¡Cuerte, eso es!
¡Cuerte!
¡Dale la vuelta!
¡Dale la vuelta!
¡No huyas, hombre!
¡Vamos!
Pedrito, estamos aquí. Ya te dije que desde las fiestas nos tenían ganas los
de Mendive a los de Andía. Ven con nosotros.
Solo somos tres menos.
Llevan las de perder.
No hay más remedio.
¡Por Andía!
¡Duro con ellos!
Tía, perdóname.
Pedrito, ¿cómo vienes así? Hemos tenido una pedrea que le hemos ganado a los de
Mendive y yo le he hecho una herida a Apache, el hijo de Martina.
El de la pobre Martina, piuda, pobre, asesino.
Eso has hecho tú, tú a Pedradas.
¿Qué crees que has ganado?
Solo siendo bueno tendrías que ganar.
A tu Isabelicina le haría mucha gracia verte así mañana, a cantazos con los de
Mendive. ¿Qué viene, Isabel?
Pili será antes armado este jaleo de la excursión y ha invitado a todo el mundo.
Claro que vendrá.
Aunque se harán ellos mismos la comida en su lluve, tendremos mucho trabajo con
los excursionistas.
Esta noche te acostarás temprano.
Que Isabel no te encuentre de esta man... ¿Me oyes, Pedro?
¿Qué viene, Isabel?
¡Viene Isabel, viene Isabel!
¿Viene Isabel?
Que llegue pronto mañana.
¡Date prisa, no pierdas el tiempo! ¡Un momento!
¡Esperad!
¡Hola, Pedrito!
¡Pedrito de mi alma!
¡Qué alto y qué guapísimo estás!
¡Qué bien hueles! ¡Ya no te suelto nunca! Ha venido. ¿Quién? Isabel.
¡No!
Hola, Billy lo ha organizado todo. Nosotros mismos haremos la comida.
Ah, Pili me ha pedido un retrato tuyo.
¿Se lo has dado?
Sí, aquel que estás en el Sagutsu para echarte a nadar.
¿Lo ves? Tú siempre tienes que estropearlo todo. Eres una recitolera.
Mira el globo este. Y todo por miedo, Isabel. Si ya no te hace caso, iluso. Si
le importa de ti un comino.
¡Pierda! ¡Pedro!
Venga, hombre, sube al coche. Ya están las barcas preparadas para ir a la isla.
¡Vamos, Pedrito!
¡Os dejaremos atrás! ¡No será verdad!
Hay que pasarles enseguida.
Sí, es la amiga de Isabel, que he estado con ella en Viari.
Presenta a Cristina, que Pedrito quiere preguntarle por Isabel. Ah, sí, mira,
Pedro de Andía, Cristina Sobrado. Que no se bañe nadie.
El agua está como el hielo. Y sobre todo tú, Pedro.
Pedrito, tengo que hablar contigo a solas.
Perdón, luego nos vemos.
¿Qué quieres, Pili?
Hay tiempo, Pedro.
¿No quieres bañarte aquí conmigo?
No debo, además.
No tengo traje. Está bien. Si te ha de sentar como un tiro, no te pongas malo.
Me bañaré yo.
Pedrito, Pili.
Vete, Pedrito.
¿Y Pili?
Pues, quiso bañarse. Se fue por ahí.
Esa Pili.
Vaya jaquita loca. Vamos.
Come mucho, Pedrito, que te hace falta.
Isabel, no me habló de ti.
¿Por qué iba a hacerlo?
Será posible que no se acuerde de mí.
¿Quieres agua?
Es de la fuente de la alegría. Dicen que al que la bebe se le quita la tristeza.
Pedrito, Pedrito, mira, mira.
¿Qué diablos te pasa ahora, Pili? Toma, alégrate la vida.
Cuando corría como una loca, para que no me vieran, me arañé el pecho y el brazo.
Yo te curaré.
Gracias, Pedrito.
¡Cristina, espera!
Puedes irte con esa si quieres.
Nunca me olvidaré de este 29 de septiembre.
Siempre me acordaré del día de San Miguel.
¿Pero qué te echo yo?
El día de San Miguel.
Das pena, Pedro.
¿Por qué?
No haces más que darle pie a esa loca. Da y risa. Parece mentira, después de lo
de Isabel, que te olvides tan pronto de ella por esa coqueta envidiosa.
A mí Pili me importa muy poco.
Por Isabel yo me he estado muriendo y a punto de volverme loco.
Por ella he ido descalzo a Pegoña.
¿No ves qué diferente es ella de Pili ser antes y de todas las que se pongan?
Pues he conocido yo a una chica en Bermeo, que después de Isabel y en
Morena... Vamos, idiota, que te quito el retrato. No sabes ya lo que dices.
¿Qué libro buscas, Pedro?
El arte de hacer vino. Me estoy preparando para Capataz Bodeguero. Por
si en un 2x3 nos arruinamos y tengo que ponerme a ganar un jornalito. Tú siempre
con tus proyectos fantásticos.
Tendrás que quedarte solo en Andía.
Debo ir a Bermeo.
El tío Manu, como él dice, está con la unción a prueba.
Quiere que le lleve el tercer tomo de Julio Verne.
Se siente muy mal del corazón y se ve solo.
¿Tardarás mucho en volver? Unos días, supongo.
Pero a mi regreso ya no estarás tú aquí.
¿Habrá terminado tu veraneo, Pedrito?
Te dejaré una lista de lo que tienes que hacer en mi ausencia.
No sentirás miedo de quedarte solo en Andía.
No sufras, tía, yo me quedo aquí de amo.
No sé cómo no he quemado este libro nefasto. Ni mirarlo.
Ya lo sé.
Es la historia de uno que se enamora. Y cuando ella se casa con otro, él se
suicida. Y muchos tan solo de leerlo se mataban también. Y se iban de patitas al
infierno.
Déjate de tonterías.
La introducción a los cantos del trovador, de Zorrilla.
Pero si esto ya me lo sé de memoria.
Hoy al fuego de un tronco nos sentamos en torno a la antigua chimenea. Y acaso
la ancha sombra recordamos de aquel tizón que a nuestros pies humea.
En tanto caso tristes esperamos que pase la estación adusta y fea.
En pereza febril adormecidos...
Perdona Pedrito, pero se me había olvidado entregarte esta
carta de José Mari.
No te enfades, no, Pedro.
Todas las cartas que me enviaste este verano, se las mandé a Isabel, para que
vea, sí, para que vea que por ella te vas a morir.
No puedo verte sufrir más, ahí solo, con fiebre, sin poder dormir y pasándolo
peor.
Que por las noches, como dices, te desesperas hasta casi dar con la cabeza
en las paredes.
Se acabó el verano, pero...
¿Quién es?
Yo.
¿Quién es yo?
Yo.
Si eres tú, si eres yo, abriré.
Pedrito.
Isabel.
¿Cómo estás aquí?
Hemos venido a recoger la ropa de Mendive.
Y además, José Mari me envió todas las cartas que le escribiste durante el
verano. Hasta la última.
La que ha armado José Mari. En cuanto vi subir el humo, haciendo la misma señal
de siempre, enseguida supe que eras tú que me esperabas.
Pero hay que ver, Pedro, cuánto has crecido.
Cuantísimo, desde la última vez.
Estoy convencida de que ha sido un milagro de la Virgen.
No sé qué irás a pensar de mí.
Pero sentía celos.
Me moría de sufrimiento.
Envidiaba a todas las chicas. A Edurne, a Pili, a Cristina Sobrarbe, incluso a
tía Lucy.
Pero tú... Vamos, no seas bobo, Pedro. Levanta la cabeza y mete las espaldas.
Yo ya no crezco más.
Si tú eres más alta que yo, no importa, Isabel.
Lo que yo no alcance, tú lo alcanzarás.
Pero yo, ¿sabes? Con esto de la enfermedad y del crecimiento, creo que
me he puesto feísimo.
No digas eso, Pedro. Yo sí que estoy fea.
De tantos sufrimientos como he tenido. Y también de tanto llorar.
Ya te lo he dicho muchas veces.
Mi madre no me quiere. Ni mis hermanos.
En casa, mi padre era todo para mí.
Mi madre no le quería a él tampoco.
Pobre Isabel.
Cógeme las manos, Pedro. No debo abrazarte y besarte como cuando éramos
niños.
No me mires mal por eso.
Quiero ser buena.
Ya no tengo en el mundo a nadie más que a ti.
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