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Hola.
Ya estoy aquí.
Laura.
Seguro que se está duchando y ni se entera.
Anda, ya estás aquí.
¿Ves? Lo que yo decía.
Te estabas duchando. Traes el pelo mojado.
¿Qué tal has dormido hoy?
Pues me alegro, hija. Necesitas descansar. Yo llevo una mañana, me
levanté temprano y mis alumnos me vuelven a casa.
Ponme los macarrones en su sitio, porfa.
Ay, hija, qué pereza. Ya los pongo yo.
¿Qué te apetece comer hoy?
Ah, pues sí. A mí me encanta ese restaurante.
Genial, porque entonces no sale un 2x1.
Pues venga, que acabo de colocar y los damos.
¡Qué película más bonita, Laura!
Preciosa. Vaya historia de amor.
Has elegido muy bien.
Ahora un rato meto las pizzas en el horno. ¿Qué prefieres, barbacoa o tres
quesos?
Sí, a mí también me apetece.
A mí me toca madrugón mañana, me tengo que levantar temprano.
¿Y tú, qué vas a hacer?
Ay, Laura, no me gusta nada esa chica.
De verdad, Laura, no me gusta absolutamente nada. Yo creo que debes
tener cuidado con ella.
Ya, ya lo sé, que la muerte de una madre no se supera nunca y que es muy difícil
y que hay que pasar el duelo, pero no lo sé. Yo te aconsejo que tengas un poco de
cuidado.
Ya, ya lo sé, que va el psicólogo y el psicólogo le ayudará, pero siempre te
está metiendo en líos. Además, recuerda que intentó romper tu relación con Leo.
Bueno, hija, pues no sé, haz lo que tú consideres.
Voy a meter las piezas en el horno.
¿Y qué tal con Leo?
Cuéntame algo, Laura, que hace tiempo que no me cuentas nada.
Ay, hija, qué complicado es el amor, de verdad.
Ahora, lo más importante es que tú te sientas feliz.
Solo o acompañada.
Y si tenéis que daros un tiempo, pues, hija, os lo dais, que tampoco pasa nada.
Y Leo a ti te quiere mucho.
Y yo creo que tú a él también.
Ya, pues lo que te estoy diciendo.
Si es que ahora ya no existe ningún...
Amores, como los de antes.
Vamos, como los de la película.
Pues, por ejemplo, el que vivieron tus abuelos.
O tu padre y yo.
Yo no sé qué está pasando ahora, pero se está perdiendo absolutamente todo.
Habrá que adaptarse a los tiempos.
Sí, Laura, sí estoy de acuerdo contigo en algunas cosas.
Pero mira, ¿sabes lo mejor?
La mujer ya es independiente, se ha incorporado al mercado laboral, tenemos
nuestro propio trabajo.
Vamos, que ya no estamos a la sombra del hombre, aunque aún nos queda mucho por
avanzar.
Y también algo importante es que hay que darle importancia a cosas que a veces no
se las damos.
laura laura
Laura, que he oído ruido abajo y encima se ha ido la luz.
Ponte una bata o algo que hace frío y ven detrás de mí.
Nada, Laura, que parece que me he mareado, pero que estoy bien, no te
preocupes.
No te preocupes.
Estoy bien. Sí estoy bien, Laura. Estoy bien.
Laura.
Mira tú en la cocina. Mira yo aquí.
Pero por el saludo.
Laura, ¿todo bien ahí?
Pues ven, vente conmigo, vamos abajo juntas.
No lo sé, Rita.
Te lo digo esta noche, ¿vale?
Laura regular.
Más bien mal.
Deja, yo no sé qué le pasa, pero está desanimadísima.
Y eso que yo hago lo imposible para que se anime, pero no hay manera.
Ay, las mentes maravillosas.
Bueno, te dejo, que voy a ir a comprarle ahora su postre favorito.
Venga, luego hablamos.
Hasta luego.
Hola cariño, ¿qué lees?
Ese libro me encanta.
Yo también lo he leído.
Sobre todo que es súper fácil de entender.
¿Te acuerdas que tu padre decía?
Una casa sin libros es una casa fría e inculta.
Y la verdad es que él nos dejó un buen legado.
Oye, por cierto, te quedaba un examen solo para terminar el máster, ¿no?
¿Y cómo lo llevas?
Ay, qué ilusión, Laura.
Tu padre estaría súper orgulloso de ti.
Pues mira, te he traído tu tarta favorita, la de zanahoria con nata.
No hay de qué, hija.
Eso sí, nos vamos a poner unos cuantos kilos de más, pero que nos quite la
baila.
¿Hacemos algo de comida?
Pues si me vas pelando unas patatas, yo corto el pimiento.
Vaya siesta, eh.
Me quedé dormida un ratillo también, estaba cansada.
Hasta soñé y todo.
Hay que ver cómo son los sueños.
Hay algunos de los que no te despertarías nunca y otros de los que
estás deseando despertarte.
Soñé que tu padre y yo nos íbamos a un viaje a la India.
De estos guiados donde te enseñan cosas.
Hay que ver.
Con lo poquito que le gustaba a tu padre viajar.
Todo lo contrario a mí. A mí ya sabes que me encanta.
Pero lo que sí le gustaba siempre era tenerme contenta.
Por cierto, nunca te conté cómo nos conocimos, ¿no?
¿No?
Pues ven aquí.
Siéntate a mi lado que te lo cuento.
Te voy a contar.
Éramos muy jóvenes, muy jóvenes.
Tu padre debía de tener unos 17 añitos y yo 15.
Nos conocíamos de toda la vida, de hecho, éramos vecinos.
Tus padres, sus padres, eran amigos de los míos.
Y de hecho salían muchas veces juntos, iban al teatro, al cine.
Y alguna vez, cuando iban a alguna excursión, íbamos nosotros con ellos
también.
Yo siempre he sabido que le gustaba a tu padre, pero era tan tímido que nunca se
atrevía a decirme nada.
Y un día, pues fuimos todo el grupo de amigos a la playa a pasar el día.
Y se acercó a mí y me dijo que si dábamos un paseo.
Y yo acepté.
Al final, esos paseos se convirtieron en habituales para nosotros.
Me contaba lo que quería ser de mayor, los objetivos que quería conseguir en la
vida.
Fíjate, tan joven.
Sí, sí, y los consiguió todos.
Amaba al pueblo donde nos criamos.
Y ya ves, después por circunstancias de la vida nos tuvimos que venir a vivir
aquí.
Pero como sabes íbamos cada vez que podíamos.
Ay, hola hija.
Estoy bien, estoy bien.
He tenido solo una pesadilla de esas de las que estás deseando despertarte.
Bueno, por lo menos me he despertado, aunque sobresaltada.
Pero me he despertado.
No, no, tengo aquí, tengo aquí, no te preocupes.
Vete tú, vete a la cama. Acuéstate, cariño, no te preocupes. Acuéstate.
Yo voy a intentar volver a dormir.
Y si esta vez tengo un sueño que sea de esos de los que no quieres despertar.
Acuéstate, mi niña, no te preocupes.
Venga, hasta mañana.
No, no, déjala entornada, no la cierres del todo.
Laura, ¿tienes café hecho si quieres?
No, estos son los exámenes anteriores.
Pero si yo no los pongo difíciles, Laura.
Nunca pongo un examen difícil y tú lo sabes.
¿Sabes cuál es el problema?
El problema es que los estudiantes han perdido el hábito de estudio y ya está.
Y mira que yo era mala estudiante, ya lo sabes.
De hecho quería dejar de estudiar.
Y ahora como cambian tanto el sistema educativo, la educación, que no sabemos
si para bien o para mal.
Pero lo que sí tengo claro es que los estudiantes tienen que dedicar un tiempo
al día al estudio.
Porque si no, pasa lo que pasa. No es porque el examen sea difícil.
Es que fíjate, ¿qué hago yo con esto?
Ostras, me voy.
Te dejo que llego tarde.
Te veo luego.
Sí, por hoy ya he terminado, Rita.
¿Y tú qué tal?
¿Anda?
Ay, cómo me alegro, de verdad, te lo mereces. Pues disfrútalo y a tope, ¿eh?
Pues yo voy a ir a comer hoy con Laura, ya que he terminado pronto.
Vale, venga, pues.
Pues luego hablamos y nos vemos.
Hasta luego.
Pasa, Laura.
Hola, buenas.
Hola, buenas tardes. Hola, ¿qué tal?
Laura, ven.
¡Qué de vestidos hay aquí!
Mira, fíjate.
Este es divino.
Te pones un zapato de tacón y un top por debajo y te quedará precioso.
Este es largo.
Ya sé que a ti los largos no te gustan mucho.
Hija, alegra esa cara. Ni que fuese yo la que va a ir de cena.
Pues no conocía yo esta tienda.
Tiene ropa preciosa.
Mira, este es un estilo petito. Pero bueno, para la cena no va muy bien.
Laura, acabo de ver el perfecto para ti.
Este, Laura, este es precioso.
Buah, a Leo le vas a encantar.
¿Puedo ayudarle en algo?
No, gracias.
Es que mi hija tiene una cena esta noche y le estoy diciendo que se tiene que
probar este peto. ¿Su hija?
Sí, sí, a mi hija, eso he dicho.
Laura, anímate, hombre.
Por lo menos pruébatelo, a ver cómo te queda.
Hija, ya sabemos que la vida está llena de cosas buenas y cosas malas, pero no
sé, las cosas buenas también hay que aprovecharlas a tope. Venga, por lo
menos para ver cómo te queda. Sí, y yo te digo cómo te sienta.
No sé, espera.
Perdone. Dígame. Que al final mi hija ha decidido y se lo va a probar.
¿Dónde tiene los probadores?
Claro, el probador lo tiene aquí.
Uy, ala.
Cuidado. ¿Te has fijado?
La tía esta por poco te lleva por delante.
¿A qué hora te vas, Laura?
Uy, pues aún te quedan cinco horitas.
¿Sabes qué podemos hacer?
Bailar. Ya sabes que anima y además es que es muy bueno para la salud, aparte
de relajar.
Todo el mundo debería de bailar dos o tres horitas a la semana.
Dentro o fuera de casa. Y escuchar música, que vale de terapia. Ahora eso
sí, nos tenemos que pintar los labios, que hay que ir guapa hasta comprar el
pan.
Ahora voy a subir la música.
Sí, mujer, la he combinado. He puesto de tu época y de la mía.
Oye, guapa, que no soy tan mayor, ¿eh?
Venga, anímate. Vamos a bailar un poco. Que aún tienes tiempo.
Ven conmigo.
Ven, que luego te recoge Leo. Y si después vais a bailar, pues ya estás
entrenada.
Ah, hola Laura.
Ah, pues no. Yo no he oído nada. Estaba aquí leyendo.
Ven, anda.
Acuéstate un poquito aquí conmigo.
Y si oímos algo, pues vamos luego las dos a ver qué pasa.
En esta casa siempre se han oído ruidos rarísimos. Y la verdad es que no sé por
qué.
Bueno, no es lo mismo que en los pisos, que están protegidos por otras casas y
vecinos.
Te voy a contar algo.
Cuando yo era pequeña, íbamos a pasar las vacaciones a casa de mis abuelos.
Las navidades o cualquier otra fiesta de invierno.
Llovía muchísimo y hacía un montón de viento.
Y cuando daban las ramas contra los cristales, daba la sensación
de que quería entrar alguien.
A mí me aterrorizaba esa casa.
Y mira, mi abuela tenía una habitación que tenía un balcón chiquitito
con una ventana.
Y nadie, pero absolutamente nadie...
Ni mis primos. Nadie quería dormir en esa habitación.
Porque nos daba la sensación de que alguien podía entrar por la ventana y
saltar el balcón para hacernos algo.
No.
Qué va.
Nunca pasó nada, la verdad.
Era un miedo totalmente infundado.
Lo que es la mente, ¿eh?
Que a veces juega muy malas pasadas.
Pero también es verdad que cuando eres pequeño las cosas se tienden a
magnificar muchísimo más.
Y ahora, pues ya ves, en aquel momento era una casa de campo,
fría.
Pero hoy en día ya hay un montón de casas y vecinos alrededor.
Bueno, Laura, vámonos a dormir, que ya es muy tarde.
Hola Laura, ¿qué pasa?
¿No puedes dormir?
Yo he venido a calentarme un poquito de leche caliente a ver si me ayuda a
conciliar el sueño.
Compadezco a la gente que sufre de insomnio crónico.
El 80% de la salud es el dormir.
¡Laura!
¡Laura, ¿dónde estás? ¡Diga que no te veo!
¡Laura, dime algo!
¡Joder, me he dejado el móvil arriba!
¡Laura!
¿Por qué leche se tiene que ir siempre la luz en esta maldita zona?
¡Ay! ¡Ay!
¡Buena nochecita! ¡Ay, ay, ay, mi jodilla!
¡Laura!
Vámonos a dormir, vámonos a la cama.
Mañana es el otro día y espero que con luz.
¿Quién llamará a estas horas?
Ah, es Emilio, el vecino.
Vamos a ver qué quiere.
Hola, Emilio, ¿qué tal?
Hola, Silvia, no quería molestarte. Simplemente preguntarte si vosotros veis
bien todos los canales de la televisión. Es que nosotros ni vemos la 1 ni la 2.
Pues yo creo que sí, pasa, pasa si quieres.
No, no, tranquila, que voy con un poco de prisa. Pues espera, le voy a
preguntar a Laura, es que ella es la que ve la tele más que yo.
¡Laura!
Oye, que es Emilio, que dice que sí vemos todos los canales de televisión,
yo creo que sí, ¿no?
Pues ya la has oído, dice que sí, que está todo bien.
Laura, yo no he escuchado nada, pensé que estabas sola y que Laura ya
se había ido.
No, Emilio, Laura nunca se ha ido. Laura siempre ha estado aquí conmigo. Ya vive
aquí en su casa.
Ya, ah, bueno.
Bueno, gracias, Silvia. Hablaré con el administrador a ver qué me dice él.
Vale, venga.
Hasta luego. Chao, Emilio.
Qué hombre más raro.
¿Te has fijado?
La mirada que nos ha echado.
Ni que hubiera un extraterrestre.
¡Laura!
Yo ya casi estoy.
Te espero abajo, ¿vale?
La reserva la tenemos para las dos y media.
Mejor espero que termines y nos vamos juntas.
¿Perdone?
Sí, dígame.
¿Ya sabes lo que va a tomar?
Sí, mire, mi hija va a tomar de primero la crema de calabaza con las perlitas de
granada y yo el rollito de pollo con pastas y crema de manzana.
Y después, por favor, para las dos de segundo un lenguado con verduras.
Y de beber este rioja que tiene aquí.
Para dos.
¿Vale?
¿Para usted?
No, para las dos. Para mi hija y para mí.
Ah.
Sí.
Se lo traigo enseguida. Muchas gracias.
Oye, he visto una noticia terrible en la televisión.
Otra mujer ha muerto a manos de su marido.
Ya no sé cuántas van.
Pero desde luego esto tiene que parar.
Y además es un problema de todos.
No quiero ni pensar lo que deben de haber pasado estas mujeres con estos
hijos de puta hasta llegar a este final.
Mira, te voy a contar algo.
Tus abuelos tenían una vecina.
Y esta mujer fue maltratada toda su vida por su marido.
Sufrió muchísimo y lo pasó fatal.
Sus vecinas, tu abuela, sus amigas, le decían que tenía que denunciar.
Y nunca se atrevió. ¿Sabes por qué?
Porque tenía miedo.
Y el miedo bloquea, paraliza.
Pero para salir adelante hay que denunciar.
También sirve de apoyo.
Apoyarte en familiares, amigos, ponerte en manos de profesionales.
Es verdad que la justicia no ayuda mucho, pero no está de más ponerlo en su
conocimiento.
Pues esta mujer, Amelia se llamaba, al final consiguió
librarse de su marido después de muchos años de sufrimiento.
La persiguió, la acosó.
Le dio la lata durante muchísimo tiempo, pero al final consiguió vivir feliz con
sus hijos.
Y esto es un problema de todos.
Esto es un problema de toda la sociedad.
Pero ¿sabes cuál es el problema principal de todo esto?
Que el maltrato te deja una secuela tremenda psicológica.
Y es la dificultad que tienen estas mujeres para volver a rehacer su vida.
Y desde luego es un problema de todos.
Si se ve un caso de estos hay que denunciar, hay que ayudar, hay que
animar a decirlo a la justicia y sobre todo denunciar.
Laura, yo creo que por hoy ya se ha terminado mi día.
Yo no sé tú, pero yo me voy a la cama.
No tardes, ¿vale?
¿Ves? Hoy me he levantado fenomenal.
Te veo un poco ausente, Laura.
No sé, ¿todo está bien con Leo?
Pues simplemente me preocupo por ti, porque eres mi hija. Yo lo único que
quiero es que estés bien.
Mira, esto es otra de las cosas que no entiende la gente, que no es padre ni
madre.
Pues ¿sabes qué te digo? Que me entenderás cuando seas madre, ya verás.
Pues me alegro que todo esté bien, eso me tranquiliza.
Tengo el día libre, Laura, ¿tienes algún plan?
Pues sé que es un rollo, pero si me ayudaras a arreglar el armario es que no
sé dónde tengo nada.
Vale, terminamos el café y subimos, ¿vale?
Anda, qué bien.
Pues a ver si te entrevistan ya y te llaman para algo.
Que otro tema que tenemos mal en este país es el tema laboral.
Y sobre todo las condiciones.
Que te contrata alguien por una mierda.
Esto es otra cosa que debía de tratar desde los grandes poderes.
Pero parece ser que...
Que son más importantes otras cosas.
Ya, Laura.
Y yo, que te tengo que mantener económicamente.
Y la verdad es que ya no se puede estirar mucho más.
Pero no te preocupes.
Que algo encontrarás seguro.
Independizarse, dice.
Pero si independizarse hoy en día es dificilísimo.
¿No ves que no da el dinero?
Como no te casas, te vayas a compartir piso y si no, pues a vivir con los
padres, que es lo que toca.
Bueno, conmigo tampoco estás tan mal, ¿eh?
Venga, te toca.
Todo el mundo debería de hacer por lo menos media hora de ejercicio al día.
Porque es buenísimo para la salud.
Mira, tú siéntate.
La espalda recta, eso sí.
Porque normalmente todos tendemos a irnos hacia adelante, ¿no? Tienes que
tener la espalda bien rectita.
Y nada, después de media horita ya verás tú las agujetas que coges en las
piernas.
Las agujetas que no veas.
Hola, hija.
Hay café preparado por si te apetece.
Nada importante, cosas de trabajo.
Estoy creando un Excel para apuntarme las actividades, vacaciones, fichas de
los alumnos.
Cosas de trabajo.
Por cierto, hoy tienes tú el examen.
Lo aprobarás seguro, Laura, que has dedicado muchísimo tiempo a prepararlo.
Por cierto, ¿Sabes qué podríamos hacer este domingo aprovechando que Leo está
de viaje?
Nos podríamos hacer una rutita de balneario.
Tres horitas en duchas aromáticas, por los baños termales.
A tu padre le encantaba.
Y a ti también, por eso te lo propongo.
¿Te parece que se lo diga a Rita a ver si quiere venir?
Vale, es que no va a ser todo trabajar y trabajar.
Hay que disfrutar también de los placeres que nos da la vida y de todos.
Venga, vale, hija.
Suerte con el examen. Ahora llamo a Rita y se lo digo.
Luego nos vemos.
Hola Rita, ¿qué tal?
Bien, bien, todo bien.
Oye, que te iba a proponer algo.
Este domingo nos vamos Laura y yo a un balneario.
¿Qué te parece? ¿Era por si te apetecía venir con nosotras?
Pues mira, esto es un circuito de tres horas que pasas por las camas de agua,
por las duchas aromáticas, por los termales, bueno, en fin, por diferentes
espacios.
pues si es la primera vez te va a encantar rita y vas a repetir segurísimo
vale venga muy genial pues entonces voy a reservar para las 3
eso sí te llamo para quedar y ya organizamos la hora y todo vale venga
pues un besito luego hablamos chao chao
¿Qué te pasa?
Tienes mala cara.
Ya veo.
Sí, hija, parece que estás incubando un virus o algo.
¿Quieres que te haga una infusión?
¿No? Bueno.
Pues luego te preparo algo de comer y te tomas un paracetamol, ¿vale? Así no te
lo tomas con el estómago vacío.
Me voy a quedar un ratito contigo.
Fiebre parece que no tienes.
De todas maneras, luego te tomo la temperatura.
Seguro que cogiste frío ayer por la noche.
Pero te pasará prontito.
¿Sabes? Cuando yo era como tú pequeñita y me ponía malita, mi abuela y
a veces mi abuelo se sentaban conmigo en el pie de la cama y me contaban
historias de la infancia.
¿Cómo lo recuerdo?
Las personas mayores son las personas más sabias.
Yo he aprendido muchísimo de las personas mayores y me encantaría que
también aprendieran de mí cuando fuera mayor.
Lo que me entristece es el poco valor que se le da a las personas mayores en
esta sociedad.
Personas que han trabajado muchísimo.
durante toda su vida para sacar a sus hijos adelante.
Y al final se hacen mayores, les queda muy poquita jubilación que
casi ni les da para vivir después de tanto esfuerzo.
Y lo peor es que a veces, cuando ya no se valen por sí mismos, acaban en estos
centros residenciales que hay.
Y ahí pasan los últimos años de su vida.
Bueno, te voy a preparar algo para comer y te lo traigo, ¿vale?
¿Sí?
Ah, hola Leo, ¿qué tal? ¿Cómo estás?
Jo, pues justo acabo de salir ahora mismo a hacer unas compras.
Sí, ya está muchísimo mejor. Yo creo que cogió frío, ¿sabes? Nada más.
Pues no sé, llámala al móvil o en media orilla o así yo calculo que estará por
aquí por casa.
Venga, vale, perfecto.
Besos, chao.
Lo mereces.
Qué calor.
¿Qué coño?
¿Qué hace esto aquí?
¿Qué ha pasado con esto?
¿Qué hace esto ahí roto?
¡Ah, que se te rompió sin querer!
¡Y tenía que ser justo esto!
¡La figura familiar!
¿Qué me estás vacilando?
¡El jarrón familiar!
¡Cuántas veces os he dicho a ti y a tu padre que no se toca!
¡Y no te tendría que repetir que era de mi bisabuela! ¡Y esto tiene que pasar de
generación en generación!
¡Eso! ¡Vete!
¿Quieres que no te quiera ni ver?
Así lo arreglas todo.
Pues aunque sea roto me lo voy a quedar.
Laura, ¿qué pasa, hija?
¿No puedes dormir?
Venga, vale, ven.
A ver qué se me ocurre.
En el pueblo donde yo nací, hace muchos años ya,
Pues contaban historietas y leyendas de miedo.
Que no se saben si son verdad o mentira.
Sobre todo en aldeas y pueblos pequeños como el de Bayou.
Yo nunca te he contado esto, pero creo que sí sabes de su existencia.
Se hablaba muchísimo de la Santa Compaña y las meigas.
o sea las brujas de la santa compañía se decía que era una procesión de
almas que tenía un fin determinado durante toda la noche
a las 12 de la noche todos los difuntos del
pueblo se levantaban y salían en procesión las ánimas eso sí
esa procesión Iba dirigida por un vivo que nunca y bajo ningún
concepto podía volver la cabeza.
Solo se podía librar de dirigir la procesión si le pasaba esa cruz
y ese caldero a otro vivo que estaban obligados a llevar.
¿Qué historias?
Iban descalzos y vestían una túnica larga negra.
Todos portaban una luz en la mano que no se podía ver,
pero sí se podía percibir ese olor tan grande cuando ardían.
Era terrorífico.
Decían que esa noche, seguramente cuando salía la Santa Compaña, es que iba a
fallecer alguien nuevo.
Historias y leyendas de familia que te contaban.
También decían que los perros podían percibir a la santa compañía porque
no paraban de aullar y entonces asustaban y venían.
Laura, no tardes que en 10 minutos tenemos que salir.
Laura, hija, ¿qué haces?
¿Pero qué coño estará haciendo?
Laura. Laura.
Rita, soy yo, Laura ha desaparecido.
Leo, Leo, soy Silvia.
No sé dónde está Laura, ha desaparecido.
¿Tú sabes algo de ella? Estoy muy preocupada.
¡Policía! ¡Soy Silvia de las Heras!
¡No sé nada de mi hija, ha desaparecido!
¡Laura!
¡Laura, soy yo! ¡Dime algo!
Si no sé saber nada de Laura, ayúdame.
¡Ay, Laura!
¿Estás aquí? ¡Qué susto me has dado!
Nada, que escuché un ruido como el del otro día, pero vengo de mirar y no veo
nada. ¿Te he despertado?
Bueno, perfecto.
Vale, pues venga, vamos. A mí también me apetece beber algo.
Hola, cariño, ¿dónde vas?
¡Anda!
¡Otra!
Genial.
Pues esta va a salir fenomenal, ya verás.
Y tranquila, que te conozco y que te pones muy nerviosa.
Tú, segura de ti misma.
Y ya está. Y con tranquilidad, contesta todo lo que te pregunte.
Venga, tranquilita y mucha suerte.
Hola Rita, ¿qué tal?
Bien, yo acabo de llegar a casa.
Sí, Laura se ha ido ahora a la entrevista.
Ojalá la acogieran, Rita.
Si es que se lo merece.
Ya sabes todo el tiempo que lleva preparándose.
Y ya no ella sola, todos los jóvenes.
Si es que necesitan un trabajo digno para avanzar.
Imagínate las familias que tienen hijos.
En fin.
Va mejorcilla.
Lo que pasa es que tiene días malos, otros días está más animada, pero bueno,
yo creo que eso es normal.
Mira, entre el fallecimiento de su padre, lo mal que lo pasó con Leo en el
pasado y ya sus propios nervios, pues la verdad es que está pasando una mala
racha.
Ay, no, no. Uf, no, no, no. Y menos mal, Rita.
Porque la ansiedad es malísima.
Uf, eso menos mal que no.
Bueno, ¿y tú qué tal? Cuéntame.
Uf, bravo, Rita, bravo. Si es que te lo mereces.
Si es que eres muy buena en tu trabajo.
Eso hay que celebrarlo.
Pues lo que digo siempre, lo bueno hay que celebrarlo y lo malo pues
enfrentarlo y tratar de solucionarlo. Ni más ni menos.
Venga, perfecto. Nos hablamos en estos días, ¿vale? Y lo organizamos.
Venga, un beso, Rita. Adiós.
¿Hola?
¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?
Tardaste un poquillo, ¿no?
Bueno, imagino que habría otros candidatos.
Lo siento, Laura.
Pero no te preocupes, no te desanimes, ¿vale?
Seguro que habrá otros puestos esperándote.
Claro que me acuerdo, ¿cómo no me voy a acordar? Pero no es lo mismo, Laura.
Antes no tenías el máster terminado, ahora sí lo tienes.
Eres una mujer un poco más formada.
No tiene nada que ver.
¿Y las condiciones qué tal?
¿Eran buenas?
Ocho horas, 925 euros y sin contrato.
¡Que se vayan a la mierda!
¿Sabes lo que más me jode de todo esto? Es que son unos explotadores que se
aprovechan de las necesidades de la gente. Y así no hay manera de
independizarse.
Ya lo sé, hija, sí ya lo sé. Si para independizarse uno necesita un trabajo
estable y así no hay manera.
Pues mira, en el fondo me alegro de que no te hayan seleccionado.
Porque tú eres una mujer muy válida y tendrás un montón de oportunidades más.
Laura, ¿estás bien?
Puta ansiedad.
¿Te has tomado la pastilla?
Pues ya verás como en poquito tiempo ya estarás mejor.
Lo que necesitas es dormir y descansar.
Que aunque no lo parezca, el sueño es reparador para el cuerpo y la mente.
Y además estás pasando muy mala racha.
Pero te aseguro que todo esto se va a arreglar.
Ya, ya te veo.
Venga, pues túmbate y a dormir.
¡Qué bonita eres!
¡Ay, Laura, estoy encantada!
Lo que no sé es cómo no lo hemos hecho antes.
¿Te acuerdas que lo hemos hablado un montón de veces?
¡Uy, otro miembro de la familia! ¡Qué ilusión!
Pues eso es lo que yo digo. Hay que adoptar que están las perreras llenas.
Ahora...
Hay que enseñarla poquito a poco a que haga pipí y caca fuera de casa.
Por cierto, y hablando de pipí, chacada de acepís.
No, no te preocupes que ya lo limpio yo.
Cariño. Tu hija ha aprobado el máster.
Y ahora le falta buscar trabajo.
Estaría súper orgulloso de ella.
Ah, y hemos adoptado una perrita.
Se llama Nala.
Todo va bien.
Estas horas ladra mirando las escaleras.
Qué raro, Laura.
Sí, sí, sí, acaba de comer.
Le encanta ese piezo, ¿eh?
Vale, ¿eh?
Ay, que no le gusta a esta gamberra salir de paseo.
¿A qué hora viene Leo a buscaros?
Uy, pues enseguida ya.
Ya, ya sé que no os espero para comer.
No, ni te preocupes.
Sí, yo me voy a ir con Rita de compras y comeremos algo por ahí.
Mira, te he dejado ahí una bolsita de chuches para que le des a Nala cada vez
que hace algo bien.
Como premio.
Ok. Yo acabo aquí, me visto y me voy.
Anda, ya estáis aquí.
Bueno, ¿y qué tal?
Lo habéis pasado pipa, me imagino.
¿Y tú qué? Vaya juerga, ¿eh?
Ven aquí, anda, ven aquí conmigo.
Ay, pues me alegro, Laura, me alegro que lo hayáis pasado bien.
¿Ah, sí?
¿Y tú qué opinas?
Bueno, hija, pues si lo habéis hablado y os queréis ir a vivir juntos, por mí,
perfecto.
Ahí estoy de acuerdo contigo.
Yo creo que deberías de esperar a tener un trabajo estable.
Si sois muy jóvenes, hombre, tenéis toda la vida por delante.
Ya, eso ya lo sé, que Leo tiene un buen puesto de trabajo, que tiene un buen
sueldo, pero tú no, Laura, deberíais esperar un poquito más.
Mira, ya no solo económicamente, que también, que no es lo mismo dos sueldos
que uno, pero la independencia y no depender de nadie, eso es
importantísimo.
Nala, ¿qué pasa mi niña?
¿Qué oirá?
Desde luego algo que nosotros no podemos oír.
¿Qué pasa Nala?
Y siempre ladra hacia las escaleras.
¿Sabes qué te digo?
Que los animales tienen un sexto sentido.
Y eso que te digo siempre de que el espíritu de tu padre está aquí con
nosotros, al final va a ser verdad.
Y va a ser lo que yo digo.
Ya está, mi niña, ya está.
Ya lo sé, Laura.
Inala dejará de ladrar cuando se familiarice y se acostumbre a oírlo.
Siempre he oído por ahí que cuando alguien tiene un espíritu en casa, no
debe de retenerlo.
Lo debe de dejar partir.
Y debe de estar en su sitio.
Y yo, la verdad, eso no lo he intentado nunca.
Y tampoco sabría cómo hacerlo. Así que... Ven, Nala, ven. Ven aquí.
Sube.
Ahí, mi niña. Muy bien.
Vamos a acabar de ver la película.
Laura, voy a poner una lavadora.
¿Tienes algo para lavar?
Pues dámelo y te lo lavo.
Sí, me ha propuesto Rita ir al teatro.
Vamos a ir a ver una adaptación de Medea de Eurípide.
Me encanta todo lo relacionado con la cultura.
Y qué importante es para la sociedad y que poco se valora.
Ya sabrás que tu abuela hacía teatro.
Interpretaba muy bien.
Yo creo que he salido a ella.
Me encanta todo lo relacionado con el arte.
Medea, pues es una tragedia griega que habla de celos, venganza, riqueza,
muerte.
Muy interesante, sí. La próxima vez te vienes con nosotros.
Bueno, ese plan tampoco está tan mal, ¿eh?
La verdad es que el libro tiene muy buenas críticas.
Así que yo creo que os va a encantar la presentación.
¿Nada tiene comida o hay que ponerle?
Ah, perfecto.
¿Y qué vamos a comer? ¿Qué te apetece?
Venga, pues luego hacemos unos espaguetis.
¡Hola Laura!
La obra maravillosa.
Una puesta en escena magnífica.
Vamos, totalmente recomendable.
¿Y vosotros qué tal?
¿Qué tal la presentación?
¡Guau! ¡Lleno!
Y por lo que veo has comprado el libro, porque es el que estás leyendo, ¿no?
Cariño, Rita y yo hemos ido hoy al teatro.
Hemos ido a ver Medea, que sé que te fascinaban las tragedias griegas.
¿Sabes? Siempre le digo a Laura que te noto a mi lado, que puedo sentirte.
Y ya sabes cómo es, se ríe de mí.
Pero creo que a Nala le pasa exactamente lo mismo.
Uy, Laura, a mí eso me da un poco de yuyo hacerlo, ¿eh?
Además dicen que es súper peligroso.
Hombre, si lo ves desde ese punto de vista... Anda, no sabía
que tenías una en casa.
Bueno, vamos a dar una vuelta más y por hoy se acabó.
Laura, ¿tú estás segura de esto?
Venga, vale.
Si estás ahí, dinos tu nombre.
¿Nos escuchan?
¿Hay alguien ahí?
Ay, Laura, a mí esto me da mucho yuyo.
Tu padre no necesita esto para saber que... que lo tenemos presente.
¿Laura?
Nada, hija.
Nada.
Me quedé dormida y tuve un sueño horrible.
No.
El de las escaleras se está viendo.
Iba corriendo, pero no podía avanzar ni moverme.
¡Qué angustia!
¿Qué tal, Laura?
¿Cómo has dormido hoy?
Ya, hija, ¿qué me vas a decir a mí?
Si hay noches que no puedo ni conciliar el sueño.
Y tiendas de pastillas, pues no siempre bueno.
Estaba pensando en hacer una sesión de meditación, que nos ayudara a relajarnos
si hace mucho que no la hacemos.
Bueno, perfecto, pero ¿a qué hora te viene a buscar?
Entonces no está tiempo.
Hola, ¿qué tal el día?
¿La comida con Leo?
Uf, pues estupendo.
Anda, o sea que ha reaparecido.
Pues Laura, con ella ya sabes a qué atenerte.
¿Qué te ha dicho?
Hombre, un trabajo siempre ayuda.
Y con su padre es con quien mejor está.
Yo bien, pero lo que tengo hoy es un dolor de pies que no te lo puedes ni
imaginar.
Laura, las amistades ya lo hemos hablado muchas veces.
Contadas con los dedos de una mano.
Si al final es como en el amor, tiene que estar todo proporcionado.
Ya sabes, cuando una parte siempre es la que tira, la que da pero no recibe, pues
al final se cansa.
Yo ya he decidido hace mucho tiempo y creo que ya te lo he contado.
Que voy a apoyar a quien me apoya, escuchar a quien me escucha y darle mi
amistad a quien se lo merece.
Ya sacaste nada, ¿no?
Vale.
Bueno, pues yo me voy a poner cómoda y bajo.
Nada, hija, que me acabo de cortar con la copa preferida de tu padre.
No quieres irte, cariño.
¿No habrás sido tú el carrozo de la copa?
A lo mejor quieres decirnos algo.
rica estaba la lasaña. ¿Te ha gustado?
Y a ti también, ¿eh? Cosa linda.
Bueno. Y ahora...
¡Cumplea...
¡Feliz cumpleaños!
¡Feliz cumpleaños! Laura, hija, que ya te he felicitado tres veces.
Lo sé.
Pero aunque tu padre este año ya no esté con nosotros, sigue siendo una
celebración familiar.
Estamos tú y yo juntitas.
Venga, vamos a probar la tarta.
tu favorita la tarta de la abuela
que sé que te apetecía
Laura, pues yo me pondría el rojo. El rojo a ti te favorece mucho, además te
hace un tipín. Bueno, el que tienes.
Mira Nala, con ese ladrillo te quiere decir lo mismo que yo. Además te va muy
bien, ¿sabes con qué?
Con el abrigo ese negro, el que te compraste el otro día, que tiene por
aquí como unos brillitos rojos.
Vamos, que Leo se va a quedar impresionado.
Sí, mujer, que eres una mujer muy atractiva.
Aunque de tal palo, tal astilla.
¡Diga! ¡Diga!
¡Diga quién es!
¿Quién es?
Laura, qué susto me has dado.
Por poco me he dado un infarto.
¿De verdad?
Te lo dije.
Te lo dije, Laura.
Cuéntamelo todo.
Contrato, condiciones, horarios.
Ven aquí.
Siéntate a mi lado.
¡Ay, Laura!
Además unas condiciones estupendas.
¡Cómo me alegro!
Te lo mereces.
¿Y se lo has dicho a Leo?
Porque estará encantado.
¡Qué orgulloso estaría de ti tu padre!
Pero mucho.
Y seguramente diría su frase favorita.
La vi, Evel.
Te lo mereces, Laura.
¿Cómo me alegro, Rita, de que todo vaya bien?
Bueno, ¿y qué? Cuéntame, ¿hay por ahí chavalitos guapos o no?
Pues entonces voy a tener que ir a hacerte una visita.
Pero solo para amistad, ¿eh?
Ya,
ya, sí, ya lo sé, Rita, pero yo ahora no tengo ganas de novios, ni de
compromisos, ni nada de eso.
Desde que murió mi marido, ya sabes que yo he dedicado a mi hija.
Quizá, quizá más adelante.
Pues sí, ha encontrado trabajo y además estupendo.
Fíjate que es una empresa, una multinacional que se dedica a dar
servicios a otras empresas y ella lleva las relaciones internacionales.
Ya lo creo.
Ya lo creo, Rita.
Ya lo creo que se lo merece.
Y además vale para ello.
Vamos, Jordi, nos vamos.
Vamos, vamos, Nala. Es que le estoy dando un paseo a Nala por el parque y
nos vamos para casa.
Venga, nos llamamos. Un besito.
Vamos, Gordi.
La vie belle, mi amor.
Por fin tu hija ha encontrado trabajo.
y en muy buenas condiciones y muy buena empresa
está muy contenta y yo también
solo quería que lo supieras
Hola, hija.
¿No desayunas?
Siempre con prisas, siempre con prisas.
Llévate una fruta o algo, por lo menos.
No, yo solamente tengo las dos últimas clases.
Así que ya le voy yo a dar a Nala su paseo matutino.
Vale, venga, pues adiós. Pasa buen día.
Y ahora tú y yo nos vamos a ir a dar una vuelta al parque.
Venga, Gordi, vamos.
Sí, ya lo sé, sí lo sé, Laura.
Leo tiene un buen trabajo, tú también.
Pero mira, yo creo que, no sé, quizá lo más inteligente sea que esperéis un
poquito, así ahorráis un poquito de dinero y...
Y os lo tomáis con calma antes de iros a vivir juntos.
No sé, yo creo que... Qué mejor es que lo hagáis todos sin prisa.
Mueve, te toca a ti.
Por el centro hay muchos, muchos y muy bonitos.
Algunos incluso tienen el garaje incluido.
Pero yo creo que mejor que lo toméis con calma.
Y bueno, y si es por el centro, pues así también estamos más cerquita.
Te toca.
El primero no me ha gustado absolutamente nada, Laura.
Sin embargo, el segundo muy bonito.
Un salón muy grande y luminoso.
Sobre todo que está muy bien situado.
Tenéis tren, tenéis autobús.
Pero un poco caro, ¿no crees?
Ya, bueno, hija, pero no sé.
Tampoco tenéis tanta prisa. Si te quedas conmigo puedes ahorrar.
Además, piensa, si tú te vas, ¿quién me hará mi compañía?
Ya lo sé.
Lo sé, que tienes que saber la opinión de Leo y enseñárselo.
Bueno, estoy un poco cansada, ¿tú no?
Pues venga, para casa.
Sí, Rita, pues al final encontraron uno muy bonito y muy céntrico.
Ya ves, nosotras también pasamos por eso, hija, si es que ya sabes.
Pues eso haré, mira, cuando Laura ya esté instalada en su nueva casa me voy a
coger unos días y voy a verte, ¿te parece?
Vale, perfecto.
Bueno, de eso ya hablaremos, Rita.
Ay, qué insistencia, Rita.
Bueno, venga.
Ya veremos, a lo mejor te hago caso y me abro de nuevo al amor.
Venga, pues ya hablamos. Un besito, cuídate mucho.
Nunca he estado tan cerca de ti como ahora, cariño.
Pero no sé por qué de repente ahora creo que no estamos en la misma esfera
ni en el mismo espacio.
Tú tienes que vivir en el tuyo.
Pero eso sí, guárdame un sitio a tu lado para cuando nos encontremos.
Pero mientras tanto, tenemos que vivir cada uno donde nos corresponde.
Laura, no tardes que en 10 minutos tenemos que salir.
Laura, hija, ¿qué haces?
¿Pero qué coño estará haciendo?
¿Laura?
¿Laura? Rita.
Soy yo, Laura ha desaparecido.
Leo, Leo, soy Silvia.
No sé dónde está Laura, ha desaparecido.
Este es tu sitio favorito.
Sí.
Y el de tu padre también lo era.
Nos encantaba venir a veranear aquí.
¿Y han cambiado mucho las cosas?
Todo cambia, Laura.
Crecemos, sufrimos ausencias, como la de tu padre.
Pero al final, cada uno queremos hacer nuestra vida.
Aunque con el tiempo...
Todo se convierte en soledad. ¿Te sientes abandonada?
No, mi niña. Para nada.
Todos tenemos derecho a hacer nuestra propia vida.
Yo también lo hice.
Únicamente que a partir de ahora compartiremos otro tipo de aventuras
juntas.
Pero quiero que sepas que tu madre siempre estará aquí para lo que
necesites.
Te quiero, mi niña.
¡Laura!
¡Laura!
¡Laura, hija! Estás aquí.
¿Qué ha pasado?
Mamá, has estado en coma.
Llevas unos meses aquí y te han estado haciendo todo tipo de pruebas
neurológicas para asegurarse que estás bien.
Tanto tiempo durmiendo, hija.
Sí, mamá.
¿Te acuerdas que habíamos quedado para comer?
Bueno, cuando llegué a casa estabas inconsciente y me asusté un montón.
No sabía qué hacer y llamé a la ambulancia. Y desde entonces estás aquí.
¿Por las escaleras de casa?
Sí, mamá.
¿No te acuerdas?
No me acuerdo.
No me acuerdo, Laura.
Pero lo que sí sé es que tú has estado siempre conmigo.
Y no sé por qué, pero a tu padre lo he sentido cada vez más cerca.
Han pasado muchas cosas desde que estás aquí.
Pero te las cuento en casa, ¿vale?
Vale. Te quiero mami.
Comienza una nueva aventura.
¡Gracias por ver!
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