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Original subtitles

La vanguardia, el diario de Barcelona, con la noticia de la condena a muerte de

Díaz Casado. La vanguardia, el diario de Barcelona, noticia sensacional, la

condena a muerte de Díaz Casado.

Vea la soli, la vanguardia, el diario de Barcelona, vea usted la soli.

Si lo rompe, le compraré otro. Cuando los niños son traviesos es que tienen

buena salud.

Este es Atila.

Vamos, deja tranquilo al chico. Y contéstame a lo que te he preguntado.

Pero Ricardo, ¿qué quieres que te conteste? Hace tan poco tiempo que nos

conocemos. Apenas sé nada de tu vida. Mi vida es muy sencilla. Te la podría

resumir en pocas palabras.

Si no es cuestión de palabras, Ricardo.

Oye, además vas tú muy deprisa, ¿eh?

Hace falta conocerse. Tenemos que tratarnos más.

Luego vendrán el cariño y el amor, si es que llegan. ¿Qué dices? ¿Pero crees que

el amor es producto del tiempo y del entendimiento mutuo tal como lo entiende

la gente?

Yo creo que no.

Si tú no has sentido nada por mí en las pocas veces que me has visto, será

difícil que lo sientas cuando me conozcas a fondo.

No importa mi nombre, es confidencial. Espera un momento, por favor.

¿Quién es? El señor director que se ponga. Le llaman de la calle. Acaba de

subir a su casa. Tiene que volver a marcar.

Oiga, el señor director está en su domicilio particular.

Llame al 47030.

¿Dígame? ¿Es ahí don Víctor Aldana?

Sí, al aparato.

Lo que voy a decirle no debe oírlo nadie.

¿De qué se trata?

Son mis teléfonos privados. En ese caso, escuchen. Su hijo ha desaparecido. No

tardarán en llamarle con la noticia. El chico no se ha perdido. Lo tengo yo.

¿Usted quién es? Me llamo Fermín Díaz Casado.

¿Comprende? La vida de su hijo a cambio de la de mi hermano. Una proposición

razonable, ¿no le parece?

Pero la vida de su hermano no depende de mí. ¿No es usted el director de la

cárcel? Bien puede facilitarle la fuga.

Sé que estas cosas hay que pensarlas despacio. Volveré a llamar a su teléfono

particular a las 12 de esta noche.

No intente nada contra mí si en algo aprecia la vida de su hijo.

Hasta la noche.

¿Qué? ¿Arreglado el asunto?

Espero que sí.

Y si no lo arreglas, ¿qué haces con el niño? Lo que van a hacer ellos con mi

hermano. ¿Qué te pasa? ¿No estás contento? Esto no me gusta.

¿Qué es lo que no te gusta? Yo no me uní a vosotros para raptar niños.

Y sentenciarlos a muerte. ¿Esas tenemos? ¿Vas a volverte escrupuloso ahora? No

debía aceptar este trabajo.

¿Sabes lo que pienso? Que éste se ha enamorado de verdad de la chica.

Imbécil.

Encanto, preciosidad, vida mía.

¡Mamarras!

Toma, tu parte.

No aguanto descontentos a mi lado. Así que eres libre de dejarnos cuando

quieras. Sí, creo que es lo mejor.

¿Vas a casarte o a entrar en un convento?

Vámonos antes de que la policía localice el teléfono.

Oye, ¿no dijeron que a las 12? Sí.

Pues ya pasa de la hora.

Piensa lo que haces, Víctor.

Dígame. ¿Don Víctor Aldana?

Sí, yo soy.

Soy Fermín Díaz Casado. ¿Ha decidido usted algo sobre lo que hablamos esta

tarde? Pues sí, he tomado una determinación. ¿Y sabe cuál es?

Cumpliré con mi deber. Tranquilízate.

Movilizaré a la policía.

Daré con mi hijo donde quiera que esté. Y ustedes sufrirán el castigo de su

crimen.

¿Dónde vas, Víctor? ¿Qué vas a hacer? Déjame, por favor. A esos bandidos hay

que tratarles así.

¡Déjalos, Víctor!

¡Ven!

¿Qué va a pasar?

¿Qué va a hacer de mi niño?

Cálmate.

Les va a pesar.

¿Qué hacemos con él? Ahora de momento le dejaremos aquí. Átale a la barca y que

las olas... Anda, niño, ven, ven.

Esos piecitos, nietos.

Oye, ayúdame, que no hay quien pueda con él.

Qué engorro de niño.

Cállate, te... Cállate o te tiro al agua.

Que te calles, te he dicho. Vamos.

al niño y a devolverlo a sus familiares. Será mejor para todos.

Con ellos voy a evitar muchas complicaciones.

Acércamelo, Matías.

Y mucho cuidado con lo que haces.

Tomad el dinero.

Ven,

Pablito.

Ya está y que estén. Pues pon la motora en marcha que vamos a irnos. Yo seguiré

tocando para no llamar la atención.

Viene de vacío.

Pero alguien le acompaña.

Debe estar herido de cuidado.

¿Quién será? No nos importa.

Coge al chico y llévatelo a la barca. ¿Para qué? ¿No es mejor dejarlo aquí?

Puede sernos útil en Marsella.

Además, ¿quién te dice que no hay gente de pasta buscándole?

Va a ser un engorro. Anda y llévatelo.

Está bien.

¿Y con ese qué vas a hacer?

¿No irás a embarcarle? Va a dar poca guerra.

Está palmando. Más complicaciones.

¿No ves lo que pone ahí?

Seguro que el niño vive. Ese hombre debe ser Ricardo.

Dios mío, toda la policía está movilizada. Pero se ve que ni aquí,

donde ocurrió todo, los pescadores saben nada.

Como que no había ni un ser viviente cuando me acerqué con el niño a la

canoa. Ni creo que nadie conozca al tipo que me tiró a la mano. Nunca podremos

agradecerte bastante lo que has hecho.

Que por desgracia ha servido de bien poco.

Pero tú hiciste lo imposible por salvar al niño.

Llegar hasta la misma guarida de los bandidos y enfrentarte con ellos.

¿Cómo pudiste encontrarlo?

Les pude seguir.

Providencialmente cogí aquel taxi cuando huían y les alcancé. Si no lo

encuentran, mi cuñado se va a quitar la vida de desesperación. Porque él podía

haberlo evitado.

Pero es demasiado cumplidor de su deber.

Si al menos yo fuera libre, no cesaría hasta encontrarle. ¿Y por qué no te

dejan en libertad?

No olvides que he matado a un hombre.

Por defender a una criatura. Un atenuante que se me tendrá en cuenta si

llegan a juzgarme.

Pero no pueden condenarte por lo que has hecho. No pueden, Ricardo.

Te dejarán en libertad.

Esperemos que sí.

Pero qué mala suerte. Ya estábamos fuera de peligro el niño y yo.

Lo tenía en mi poder, sano y salvo.

Haz el tipo del acordeón, si yo pudiera dar con él.

Es que no es igual. Más vale que vayáis a buscar algo para comer y no se os

ocurra volver con las manos vacías. ¡Hala!

¡Hala! ¡Hala!

¡Pero si es Tumbaga, un amigo mío!

¡Tumbaga!

¡Eusebio! ¡Dame un abrazo!

¡Ven acá, hombre!

¡Cuánto tiempo sin vernos!

Vamos a celebrar el encuentro. Estoy con este amigo.

Ahora te lo presentaré.

Tú por aquí. Yo te hacía en Francia.

Desde que estoy en España.

Lo creo.

He estado dos años a la sombra. Mira qué desastre estoy hecho. Pues yo también he

estado y ya ves, voy tirando de nuevo.

Que me tienes que contar muchas cosas, ¿eh?

Venga tú, ¿qué queréis tomar?

Llévanos una de tinto del bueno. Ahora va. ¿Vives por estos barrios? Sí.

Oye, ¿aquí el amigo es de confianza?

Como si fuera, yo también hasta la carne. Entonces habrá que abrocharse. ¿Y

a usted quién le conoce? No le hagas caso, siempre está de broma. Pues si

quiere reírse, que se mire al espejo. Menuda facha.

Cuando conviene y cuando puedo, también sé vestirme de señor. Y si tuviera otra

pinta, daría el pego. No como usted, con esa cara de atentado. Venga, venga,

sentarse.

Venga, hombre, no te achares.

Ahora caigo que no se ha presentado.

El Tumbaga, rey del contrabando hace unos años.

Matías, gran experto en lo que salga. ¿Ha trabajado con los días casados?

Hombre, buena escuela. ¿Qué se había creído? Celebro de veras este encuentro.

Bueno, ¿qué? ¿Tienes algo entre manos? No, nada.

Vivo de la música.

¿De la música? Sí, y muy bien.

Tengo dos chavales que se las ventilan como nadie.

Uno de ellos canta como un ruiseñor.

Mirad, basta a porrillo.

Oye, ya está lo que nos faltaba.

Tengo un plan en marcha y los niños vienen como anillo al dedo. ¿Están

adiestrados? Figúrate, saben hasta latín. Es un golpe de mucho dinero y sin

riesgos. Anda, cuéntaselo. Pues si es verdad eso, al pelo.

Porque con esto que tengo no es para salir de pobre.

Que si es verdad, que te lo diga este. Es un lila, ya le conocerás. Pero cuando

olfatea algo, daña el clavo.

Vamos a mojarlo.

Vamos, por sus chicos. Y por nosotros.

Y por mí que soy el enlace. Hombre, eso está muy bien.

¿Estás cansado? Sí. Como llevamos de pie toda la mañana.

Vamos a sentarnos, anda.

Yo tengo un hambre. ¿Tú no?

Sí, yo también.

Vamos a ir dentro que algo caerá. Pero, ¿y dónde vamos a encontrar comida? Donde

podamos mangarla sin que nos vean, como siempre.

Mira, somos como dos pescadores. ¿Dos pescadores? Sí, echamos el anzuelo.

Y cuando pique alguno... ¡Zac! A la cazuela.

No sé por qué estamos aquí.

Hoy había dinero. Pero papá Tumbaga se lo gastará en vino.

En el hospicio sí que se comía bien.

Y en casa de aquella señora que me sacó de allí. ¡Uf! Con dulces y todo. ¿Por

qué te marchaste? Porque el señor y la señora siempre estaban regañando.

Pero no me quería, ¿sabes?

Un día me trajo aquí y le dio dinero a tus padres para que me tuvieran con

ellos. ¿De qué más te acuerdas? De cuando aquella señora me llevaba a un

parque y allí jugaba con otros niños.

Yo también me acuerdo de haber jugado con un trompo muy bonito.

Cuando daba vueltas sonaba una música.

Era de colores, de muchos colores. ¿Sí?

Me acuerdo que estuve en un sitio donde unos hombres se peleaban a tiros. ¡Arre!

Se lo conté a mamá Luisa, pero me dijo que lo había soñado una vez que estuve

enfermo con mucha fiebre.

O mucho me equivoco, o comida a la vista.

Menudo sano vamos a hacer. Va a estar más rico.

Déjame el acordeón. Voy a cantar mientras tú trincas una de esas

gallinas. Yo los tendré a todos embobados. ¡Anda, sin miedo!

Ahora le voy a dar el ticket.

¿Con ese peso? Para usted. Usted perdone, pero la máquina dice la verdad.

Sí, vaya verdad. ¿Qué queréis, pequeños? Algo para este que está así un poco...

un poco pachucho. ¿Y qué tiene?

No sabemos.

Entonces, ¿qué es lo que venís buscando? Vamos, decidlo de una vez.

Dile tú lo que te pasa.

Es solo cuando corro.

Un dolor aquí. Me da muchas veces.

¿Te fatigas?

Sí, mucho.

Enseguida se pone... Como los perros. Ven aquí.

Respira fuerte.

¿Te ha visto algún médico?

No, señor. En casa no lo gastamos.

¿Tenéis padres?

Sí, señor, yo dos. ¿Cómo?

Padre y madre.

Yo no tengo, vivo con los padres de este.

Yo digo que eso que le pasa es de comer poco.

¿No tiene apetito?

Sí tiene, pero como no le dan, mi padre dice que el hambre es buena para

trabajar. ¿Y en qué trabajáis?

En lo que sale.

Negocios, ¿sabiste? Somos músicos. Os voy a dar una medicina muy buena. Y tú,

niño, procura no hacer esfuerzos. Y sobre todo, no correr.

¿Oyes? No correr.

Solo corro cuando hace falta.

Cuando yo digo, pies, ¿para qué os quiero? Y me sigue.

Esto tiene vitaminas.

Tómalo dos veces al día. Una cucharada grande después de las comidas. Si es

para después de comer, no lo podrá tomar todos los días.

Bueno, es igual. Puede tomarlo en cualquier momento.

Y a ti tampoco te vendría mal. Pero si no tenemos dinero.

Podemos darle esta gallina. No, no, quedaos con ella.

Tómela, si no nos ha costado nada, de verdad. ¿Que no te ha costado nada,

granujilla? No, señor, se escapó y como no sabía volver... Bueno, os regalo el

frasco. Tengo muchos. Gracias. Ah, esto lo gané cantando. No es mucho, pero...

No, no, he dicho que no quiero nada. Andad con Dios y que los proteja. Muchas

gracias. Adiós. Gracias.

Ay, qué chicos.

que me canso menos. Ya verás cómo te pones cuando te comas la gallina. Todos

los días vamos a robar una para ti. Tú cállate, tonta, que te quedan pocos

minutos. Vamos, que ya falta poco.

Ya están aquí. Y con caza mayor.

Ay, estos son mis hijos.

¿Qué te parecen? Estos no creo que sirvan para lo nuestro. No, ya verás con

esa cara.

Por lo pronto, gracias a ellos vais a comer hoy aquí.

Trae, trae, hombre, trae.

Vamos, venga.

Toma, Luisa, avíala enseguida que se nos hace la boca agua.

¿Cómo se llama? Vamos, contesta. Este José y yo Ramón. Ah, muy bien. Ese sabe

más que le han enseñado. En cambio, este otro es algo más corto. Pero me sirve

para implorar la caridad pública.

Está enfermo de no sé qué.

Bien, hombre, creo que sabéis música. Sí, señor. Yo también conozco algo. En

mi juventud quise ser tenor.

Ahora veréis.

¿Vosotros sabéis lo que es ser espadista?

¡Qué tonterías les pregunto! Bueno, ¿qué es? Vamos a ver.

Hacer llaves, entrar en los pisos y llevarnos todo lo que no es nuestro.

¡Bravo! Los tienes bien educados. ¿Qué te habías creído?

Brindemos. A la vista de los chaveas mi asunto queda redondo. Pues a brindar y a

ver cuando explicas el plan.

A los postres. Ahora venga ese pollo.

¿Qué hacéis aquí?

¿Por qué no os marcháis?

De esa gallina tiene que comer este.

No os hagáis ilusión.

Lo que es con esos poco va a quedar.

Aparte hice algo para él, que está enfermo. ¿Qué enfermo, ni que soporto?

Dejadme en paz.

el banquete, ¿eh? Está el pollo para repetir.

Tomar. Ir comiendo.

No queremos.

Están maluchas.

No quieren comer.

Déjalos. Peor para ellos.

Estás bebiendo demasiado.

¿A qué sabe eso?

No sé, pero está muy rico. ¿Quieres? No.

Mira, mira cómo empinan el codo los chaveas. ¿También les has enseñado a

pimplar?

Pero, ¿qué costumbres son esas?

¿Qué porquerías bebéis? Trae.

¿Pero qué es esto?

Una medicina muy buena. Era para este que está peor. Además, tiene hambre.

¿Y os gastáis el dinero en esto?

¿Por qué la he tirado? Me hacía falta.

Nos la han dado en una botella. Resetas es lo que tenían que daros y no

potingues. Venid para acá.

Y afinar bien el oído.

Anda, Matías.

Desembucha tu plan. Se trata de una vieja que vive sola con dos criadas y un

jardinero. Tiene un perro al que hay que liquidar y un montón de gatos y más de

cien pájaros.

Está podrida de pasta y es tan rara que no guarda el dinero en el banco, lo

tiene bajo llave.

Bueno, ¿y qué?

El jardinero ya está en el bote, es la base de la operación. Ah, pero hay que

repartir con otro mar. No, ese jardinero soy yo, todo está previsto.

¿Y qué pito toco yo en este asunto si lo tenéis ya todo como la seda? Tú ninguno.

Eso es uno muy importante.

Nosotros lo hemos intentado todo, pero no ha habido medio. Incluso he tratado

de enamorar a las criadas, pero con esta cara la vieja me ha tomado manía y no me

despide de milagro. Esa manía que le ha tomado a este nos va a hacer triunfar.

Seguro.

¿No hay más vino? Bueno, ¿y qué tienen que hacer los chicos? Vamos a ver.

¿No dices que se canta y ese toca el acordeón? Como los propios ángeles, pero

llevan dentro mucho dinero y no les voy a exponer así como así.

¿Qué te has creído? No hay ningún riesgo.

Estoy cubierto por los cuatro costados. Los niños no tienen más que ir allí.

Y entrar. Y yo les echo fuera. Basta que les eche para que la vieja los llame. Le

vuelve loca la música.

Lo demás te lo puedes figurar. Implorar la caridad de la vieja con bonitas

canciones y ganarle el corazón, eso es pan comido para los chicos.

Lo mismo que ella quiera a los gatos y a los pájaros, querrá a los niños y les

dejará dormir allí aunque sea con el perro.

¿Entendido? Después el mangar, llaves y otras cosillas no será difícil para

ellos. ¿No te parece?

Tienes cara de imbécil pero eres un genio.

¡Qué barbaridad!

Ahora soy yo el que dice vamos a brindar. Eso.

solo está aquella una. ¿Qué te parece? ¿No es un buen sitio para dar el golpe?

Ni buscaba a propósito. Como verás, está casi frente por frente al chalé de mi

amigo. Cuidado que ahí sale.

Es ese del cochado.

Adiós, Alicia.

¿Es esa mujer?

Sí, a ella también la conozco hace mucho tiempo. Qué suerte.

Vaya gancho.

¿Dónde le conociste?

Trabajábamos los dos para los hermanos Díaz Casado. He estado sin verle varios

años. Ahora le tengo en el bote y me da dinero cuando estoy en un apuro para que

no me vaya de la boca.

Él me sacó de la cárcel. Pasa por una persona decente. Hombre, con ese chalet

cualquiera. Eso es lo que yo quisiera hacer.

Retirarme con mucha pasta.

Hacerme socio de un casino y ser persona de orden.

que pasen.

Pobrecillos, vienen a venir.

Sí, señora.

Pasad.

¿Estás malo? No, es que tiene hambre.

Pobrecillo. No se preocupe, señora. Ya está acostumbrada.

¿Pero no habéis comido?

No. ¿Y tenéis mucha, mucha hambre?

Sí, señora.

Yo menos. A mí me gusta el pan. A este no. Os voy a dar las dos cosas.

Llevadlos a la cocina y que se harten, pobrecillo. Anda, vamos.

Y que vengan por aquí cuando quieran. Gracias, señora.

Estoy orgulloso de vosotros, hijos míos.

Mañana repetiré el golpe.

Debías darles algo, hijos de mi vida. Tú a callar, que yo sé muy bien lo que

tengo que hacer. Venga, soltar el dinero que os ha poquinado la vieja. No, si no

nos ha dado nada.

Vamos, José, que tú no sabes mentir. ¿Y tú qué dices?

Nos ha dado muchos caramelos y muy bien de comer.

Y dinero también.

Además, ahí está el Eusebio, que lo sabrá. Les han dañado cinco duros, que

yo lo he visto.

Afuera, peque.

Tome. Cinco duros.

Esto es una miseria.

Eusebio. Trae para acá dinero que yo no tengo. Bueno, me ha tocado el siete.

Ahí va.

Os voy a dar estos cinco duros más para que os peguéis el juegazo padre. ¿Qué

marido tengo?

Eres todo generosidad.

Ya, pédate.

¿Dónde está?

En el jardín.

Míralo.

Pajaritos nuevos que han llegado a mi casa.

Les echo de comer y ya ves, vuelven todos los días. Y algunas veces duermen

aquí.

Buenos días, Joselito.

Buenos días.

Buenos días. Te ha oído cantar esta amiga mía y le has gustado mucho, mucho,

mucho. Hola.

Hola. ¿Cómo te llamas? José, José Martín. ¿Cuántos años tienes?

Once. ¿Y tú? Once también.

¿Sois hermanos?

No, pero como si lo fuésemos.

Vamos.

Vamos, Teresa.

¿Qué le pasa? ¿Por qué llora? Porque ella perdió a un hijo que tendría ahora

vuestra misma edad.

¿Se murió? Se lo robaron.

Buenos días, doña Elvira.

Hola, hija. ¿Qué le pasa a mi hermana? ¿Qué le va a pasar? Ya sabes.

Siempre le ocurre lo mismo cuando ve niños de esta edad.

Vamos, Teresa. Ricardo nos espera.

¿Por qué no entra tu marido? Es que tiene prisa.

¿Tenéis padres?

Yo no. Yo sí. Él vive con nosotros.

¿Y les queréis mucho?

Mucho, mucho no. ¿Cómo es eso?

Es que nos tratan muy mal. Y el dinero se lo gastan ellos.

Pero son tus padres.

Prométeme que les vas a querer.

Sobre todo a tu madre.

Sí, señora.

¿Cantas muy bien?

Dame un beso.

Tú otro.

Vamos, Teresa.

A merendar, hijos míos.

Mujer, no piense más en ello. Que no te ocurra igual.

ambiente hay allí.

La breva está madura y hay que actuar inmediatamente.

Los chicos entran y salen por allí como Pedro por su casa.

Esta mañana la vieja lloraba con ellos y hasta dos señoras que fueron de visita.

La mujer de tu amigo y su hermana.

Esta noche hay que dar el golpe aprovechando que se va una de las

criadas. Bueno, pero no tenemos todas las llaves, mira.

Tenemos las principales, con esas podemos entrar hasta su alcoba.

Habría que emplear la violencia y no es plan. No hará falta. No hará falta si la

vieja no se despierta y llama a la otra criada que dormirá cerca de ella a buen

seguro. ¿En ese caso?

Claro. Habrá que pegarle un castañazo a la vieja. La liquidamos. Dijiste que no

le ibas a hacer daño. Tú a callar, mocoso. Haremos lo que nos dé la gana.

Oye, José, ven acá.

Patito crío.

Niño, ven acá. Corre detrás.

Ven acá.

Oye, espera, no te vayas.

¡Joselito!

¡Joselito!

Cualquiera en la alcance. Buenas noches.

Lo que nos faltaba.

Perdone.

Cualquiera sabe por dónde habrá tirado.

Dita sea.

Tanto tiempo preparando el negocio para esto. Pero bueno, ¿qué hacemos aquí

parado? Vamos a buscarle. Cualquiera lo encuentra. Ya volverá a lo pensará

mejor. ¿Va a burlar de ti? ¿Qué clase de padre eres? Si no es mi hijo. ¿No es tu

hijo? No, pero en cuanto le eche la vista encima lo mato a golpes. Mal

asunto criar hijos que no son de uno. A lo mejor no vuelve. O le da por avisar a

la poli. ¿Estamos listos? No, eso no de chivarse nada. Pero es muy rebelde. Ya

habéis visto cómo machucar al condenado. ¿De dónde sacaste esa joya? ¿Del

hospicio? No, me lo encontré en Garraf en el puerto pesquero una noche que yo

salía para Marsella en mi barca. ¿En Garraf?

¿Cuánto tiempo hace?

Siete u ocho años, qué maldad.

Oye, ¿por qué me lo preguntas?

¿Estaba solo el chico? Contesta. No me irás a decir que tú eres su padre.

Lo llevaba un gacho herido. ¿Herido? Sí.

¿Y qué fue de él? Oye, que parece el de la poli. Ah, por bueno.

Di, ¿qué fue de él?

Pregúntaselo a los peces. Lo tiré al agua.

¿Y murió? No, se puso a jugar al póker con las sardinas.

Olvídame, anda.

Bueno, si visto a los que queráis, no hay que desesperarse. Ya aparecerá el

chico. Venga, vamos a tomar una copa. Al mal tiempo, buena cara. ¿Qué hace el

julipi este? Que parece un pasma.

Vamos dentro con la humedad que hay. Vamos, sal.

Anda. Con lo bien que hubieras estado en la cama si nos hubieras llamado.

Anda.

Vamos. Vamos dentro que vas a desayunar. Anda.

Vamos dentro los dos.

Vamos.

Te traigo unos bizcochos muy ricos. Te gustarán mucho. Los he hecho yo misma.

Pero, hijo, no comes.

No, señora.

¿Por qué?

No tengo hambre.

¿Que no tienes hambre?

No, señora.

Además... Dime qué tienes.

Di.

Tome. Mis llaves.

Las eché de menos ayer tarde. ¿Dónde las has encontrado?

No las he encontrado. Se las robé.

¿Que me las robaste tú?

Sí, señora. Mi padre me lo mandó y se las llevé.

Él y otros amigos querían robarla y se la se quitaron.

Ya no volveré más con ella. Pero sabe tu padre que has venido a devolvérmelas.

No, me persiguió pero pude escapar.

No dije a nadie que venía aquí.

Señora, usted es muy buena. No diga nada a la policía. Yo no diré nada, pero tú

te quedarás aquí a vivir conmigo y yo te cuidaré.

No, señor, yo me voy.

Pero ya nadie le hará daño a usted.

Me quieres mucho.

Usted ha sido muy buena con nosotros.

Y su amiga, la otra señora, hasta me dio un beso.

Nadie me había dejado nunca.

Pobre criatura.

Anda, hijo, ven.

Ven a comer.

Ricardo Herrera? Yo mismo. ¿Quién es?

Soy yo, Matías.

¿Qué quieres, más dinero?

Me lo vas a dar sin que te lo pida.

Necesito verte urgentemente. Te espero en el Bar Sevilla. ¿Pero de qué se

trata? Ya verás qué noticia tengo.

Dímelo. No, no, ahora no, después.

Acudiré allí.

Hasta luego, Ricardo.

¡Eh, tumbaga! ¿Por dónde andas? Ahí le tienes. Pasa para acá. Hola, Luisa.

Buenos días.

Hola.

¿Qué? ¿Sabes algo del chico? No.

Tengo que hablarte a solas. Nuevo asunto a la vista.

Vete a la calle tú.

A ver si sacas algo.

Anda, hombre, ¿qué esperas? Ya me voy.

A la peque... Verás lo que te traigo.

¿De qué se trata?

No te quise decir nada anoche delante de Eusebio, pero es preciso dar con el

chico. Menudo negocio se nos viene a las manos. A ver, explícate.

El mundo es un pañuelo.

He encontrado a la madre de tu niño. No te quiero dar más detalles, pero mi

amigo, el que viste el otro día en el coche, es su tío. ¿Mi madre? ¿Qué dices?

La verdad.

Él es el que llegó herido a tu barque y que tú dabas por muerto. Te lo

presentaré y lo reconocerás porque tu historia coincide con lo que él me ha

dicho. El chico no ha vuelto, no podemos hacer nada. ¿Lo has buscado?

Hay que remover toda Barcelona. Mira que hay mucho dinero por medio.

Supongo que no te prestarás a lo que te propone este, aunque nos den todo el oro

del mundo. ¿Por qué?

Porque una tiene sentimientos de madre.

Vamos, ni que fuera un perro.

Ocho años enseñándole.

Y educándole en lo que cabe. Y ahora que empieza a producir... Oye, tienes razón,

mi mujer.

Quítate eso de la cabeza.

En cambio, como se trata de no perder ese dinero... ¿Qué?

Sois un par de imbéciles.

Es que no se os ocurre nada.

Y a ti sí.

Claro, podíamos entregar a Ramón.

Es torpe, no le tenemos afecto y está siempre enfermo.

¿Qué os parece?

Esa familia no notaría el cambio. ¿Y cómo presentaremos las mismas pruebas

que si fuera el verdadero?

Oye, no es ninguna tontería lo que dice. Tienes una mujer que piensa. Hecho.

Eso sí que es potable.

Aunque también me ha costado lo mío enseñarle a tocar el acordeón al otro y

eso hay que cotizarlo.

Hola, Ramón.

¡José! Sigue tocando y disimula. Hay peligro.

No, pero no subas porque están en casa.

Papá Tumbaga dice que te va a matar.

No pensaba subir.

Solo he venido a verte.

Vámonos de aquí que no estoy seguro en este sitio. Anda.

¿No te han dado más que eso?

Ya ves.

Qué miseria. Pero algo es algo. Eso no es nada, Ramón.

¿Cómo que te hago yo falta?

Ya lo sé.

Ya verás cuando volvamos a estar.

Qué bien, ¿verdad?

Te invito al cine. Tengo dinero. Ponen una de piratas.

Ahora no tengo ganas. ¿Por qué no te escapas tú también y hacemos lo que nos

dé la gana?

No me atrevo, además sería peor. Empezarían a buscarnos por todas partes.

¿No me buscan a mí?

Todavía no, creen que vas a volver.

¿Por qué no vuelves de verdad? No sé, por ahora no.

Pero tú y yo nos veremos todos los días, ¿eh?

Sí, en el mismo sitio de hoy. O en esta esquina mejor.

Lo malo es que sin ti no gano una gorda.

Ya ves, hoy casi ni me he estrenado.

Y tengo un hambre... Eso se arregla fácil, entramos en un restaurante.

Vamos a cruzar, cuidado.

¿Eso que has dicho del restaurante es verdad? Mira, allí hay uno. ¡Mi madre!

¡Qué pollo!

¿Te comerías uno?

Ya lo creo.

Pues no lo vamos a comer. A ti te hace mucha falta que estés malo. Pero con tu

dinero no va a haber bastante.

Tú calla y sígueme.

Vaya, Lujo, si entramos nos echan.

No seas cobardica, te lo voy a dar todo hecho.

El mayor es apuro, me he visto. Anda.

No te pares.

Ese hombre gordo puede ser nuestra salvación. ¿Por qué? Los gordos suelen

ser buenas personas.

¿Se puede sentar aquí uno?

¿Qué? He dicho que hola.

Háblame aquí en la oreja.

Había dicho que hola.

Ah, hola muchachos. Hola.

¿De qué le conoces? De nada, pero hay que saludar. Está como una tapia,

¿verdad?

Cuidado el camarero, siéntate.

¿Qué desea el señor?

¿El cubierto o la carta?

Tráigame el cubierto.

Los niños vienen con usted.

¿Qué dice?

Que si los niños vienen con usted.

Sí, el bistec con patata. Le digo, señor, que si los niños vienen con

usted. Sí, sí, venimos con él.

Ah, entonces para tres, ¿verdad? Sí.

Oye, ¿y después qué hacemos para pagar?

Los dos cubrías doscientos veinte pesetas. Los ha pedido él. Sí, pero está

sordo. ¿Y nosotros qué culpa tenemos? Tú a callar. Bueno, bueno.

Y si te mira, sonríe.

Ostres, tráigame queso. Sí, señor.

Nosotros helado. Sí, papá, os lo deja comer.

¿Quieren helado?

¿Eh? ¿Que quieren helado? Ah, sí, traiga la cuenta.

Tendremos que irnos muy deprisa. Tú prepara el acordeón y haz lo que yo te

diga. Pero cómete eso antes.

Se me ha quitado la gana. ¿Cómo vamos a salir de aquí con la policía? ¿Entonces

no quieres helado con lo que te gusta?

Hombre, cualquiera se pierde eso.

Me metes en unos líos.

Sí, señor.

La cuenta, señor.

¿Qué cuenta es esta? Los tres cubiertos.

¿Eh? Tres comidas, señor. De usted y de los niños.

Pero bueno, ¿dónde están? ¿No venían con usted?

¿Dónde están los niños? No le entiendo. Quiere chillarme más.

Que si los niños no venían con usted. No entiendo palabra.

Yo sí que lo entiendo.

Oiga, rectifique el error.

De mi acordeón voy quitando los pesares.

Con él y mucha ilusión yo me invento los

cantares.

Hago a la frente soñar y al tocar con

sentimiento... ¿Quién es? Es aquel señor gordo que se ha negado a pagar. Está

sordo por completo.

Son los niños.

Aquellos, sí.

de especialidad de la casa. Vamos, vamos a vuestra mesa.

Mira, ahí está.

Hola, Ricardo.

Esta es la señora de quien te hablé. ¿Y su marido?

Está enfermo.

No ha podido venir, pero es igual.

Él me ha dicho lo que nos tiene usted que dar para ponernos de acuerdo.

¿Por qué no han traído al chico?

Pobre.

Le he dejado en casa esperando noticias.

Está que no vive desde que se lo hemos dicho.

Bueno, y yo... Pensar que voy a dejar de ver a ese pedazo de mis entrañas.

¿Puedo pedir algo para calmar mis nervios? Camarero. Voy enseguida, señor.

¿Me permite?

Sí. Gracias.

Cuénteme algo de nuestro encuentro aquella noche.

Usted venía herido.

Sangraba.

Apenas pudo hablar.

Cayó al suelo delante de nosotros.

¿Y su marido? ¿Qué hacía en aquel momento?

Preparábamos la barca para ir a Marsella. ¿Pero qué hacía él?

Tocar el acordeón.

El niño también lo toca.

Mayor prueba.

Efectivamente, todo coincide. ¿Lo veis? Bueno.

Tomen, un cheque para que compren cosas al chico.

Llévenlo mañana a mi casa. Este sabe dónde es.

Yo aún no les he dicho nada y tengo que prepararles.

¿Pero y la recompensa? Eso vendrá después.

Tengo que decírselo a mi cuñada.

No teman, les dará una fuerte cantidad.

Señor. Que tomen lo que quieran y cobren.

¿Qué desean tomar?

Un coñac. Una ginebra. Bien.

Lo ha acordado, Macías. Adiós, Ricardo.

Mucho gusto, señora. Adiós. Hasta mañana.

A ver, enséñamelo.

Trae. El niño es nuestro.

conoces, ¿verdad? Sí, hijo.

¿Pero cómo vienes? Si hasta te has finado.

Y mira, todo nuevo.

Me dejas turulato. ¿No sabes lo que ha pasado?

No. Han aparecido mis verdaderos padres.

¿Tus padres? ¿Estás seguro? Sí.

Y me voy a vivir con ellos.

Dice mamá Luisa que son señores de verdad y que tienen mucho dinero.

¿Y cuándo te vas a su casa?

Mañana.

¿Pero qué te pasa?

¿No te alegras tú también?

Ya no querrán que seas amigo mío, como soy un golfo. ¿Y yo qué soy? Ya les

hablaré de ti y verás cómo te dejan ir a verme.

Y si no te dejaran, me escaparía y vendría a verte yo.

No les digas así a las claras que soy un golfillo.

Diles que... que me gusta la calle.

Te lo prometo.

Vámonos al puerto. No puedo.

Por última vez, ya no te veré más.

Es que tengo que volverme a casa. Me marché sin decir nada a mamá Luisa.

Oye, ¿por qué no te vienes conmigo?

Ya se les habrá pasado aquello y no te pegarán.

No les oigo decir nada contra ti.

Anda, vente. No.

Anda, ahí vienes con nosotros a conocer a mis padres.

No pienso volver.

Pero te vas a encontrar muy solo.

¿Dónde duermes? Por ahí.

Anda, vente.

No, Ramón.

Adiós y buena suerte.

¡José!

Ya te he despedido.

Dame un abrazo, como hacen las personas mayores... ...cuando se separan.

Es que no me quieres.

Adiós, Ramón.

El tío del chaval. Lo recuerdo perfectamente. Aunque hace ocho años que

le vi, se me quedó su cara grabada.

Vamos, pasad. Anda, ven.

Por favor, Teresa, procura tranquilizarte. No puedo, Alicia, no

puedo.

Anda, siéntate un poco.

Sí.

¿Qué vas a hacer cuando estés frente a Pablito?

Comérmelo a besos.

Todavía me parece mentira.

Teresa.

¿Dónde estás?

Teresa.

Sí, mi hijo.

Ah, ¿estabais ahí? Aguarda.

Pasen ustedes.

Solían llamarle Ramón.

A este niño le he visto hace unos días.

Es el que estaba con doña Elvira. Es tu hijo.

No hay ninguna duda.

Tengo pruebas de ello.

Pero Teresa, es que no le abrazas.

¡Mamá!

¿Juras dominarte? No.

Es imposible.

Si al menos tuviera la seguridad de que es él. Por Dios, no digas eso.

Nos han presentado pruebas que no admiten duda.

Puede haber cambiado.

Pero sus ojos no eran así.

Pablito, ven conmigo.

Ven, mira.

¿Te acuerdas de todo esto?

Fíjate, este trompo. Si tú mismo lo rompiste aquel día, ¿te acuerdas?

¿No te acuerdas?

No. Claro.

Ha pasado tanto tiempo.

Angelito. Dios sabe cuánto habrá sufrido.

Ven.

Bonita casa.

Debe usted ser un hombre feliz.

Tome lo suyo.

Me gustaría más que me lo dieran dinero efectivo. Pero... Esto de los cheques se

presta a líos.

Descuida. El señor se portará como un caballero. Estoy seguro.

Vámonos, ya hemos terminado.

Que usted siga bien.

Adiós. Adiós, ángel mío. Anda. El último beso. Déjate de aspavientos, que ya

hemos cobrado. Ala.

Don Ricardo... Adiós. Hasta la vista.

¡Joselito! ¡Déjame! Si no quiero hacerte daño, al contrario. Me alegra mucho

verte. ¿Qué haces por aquí?

Volví a mi casa.

Llevo muchos días solo. ¿Y te asustas al verme?

¡Ah, tan feo soy! Ni feo ni guapo, pero... Escucha, no se te ocurra subir.

Tu padre ha jurado matarte donde te encuentre, pero yo no voy a consentirlo,

¿sabes? Te vendrás conmigo. ¿Con usted? Sí, yo te defenderé.

Oye, ¿te gustaría ver a Ramón?

Ya lo creo, tengo unas ganas. ¿Sabes que ya tiene padres? Yo les conozco mucho.

Te llevaré a su casa, ¿quieres? Sí, sí. Pues vamos.

Papá Tumbaga no se va a enterar.

Hemos estado buscando por toda Barcelona y no ha habido forma de encontrar.

Pero... Qué

alegría

de verte otra vez. Yo también estoy muy contento. Te quedarás esta noche

conmigo. ¿Quieres, mamá? Claro que quiero, hijo mío. Pero así con esta

pinta... Te daremos ropa para que te cambies. Sí.

Un traje como este. Ramón estaba muy triste y se ha puesto muy contento al

verte. Te quedarás unos días con él.

¿Puede ser?

No hay inconveniente.

Gracias.

Vamos por aquí.

Os traeré algo para que juguéis.

Venid.

¿Contento?

Toma, Matías.

Has hecho una buena acción trayendo a ese niño.

¿Pablito y él se quieren tanto? No lo he traído solo para que se vean. Hay una

razón de importancia. ¿Qué quieres decir?

Ricardo, voy a revelarte un secreto. Pero vale tanto dinero como el que

habéis dado por el otro chaval. ¿Qué dices?

Os han engañado. Yo he podido comprobarlo. Y como al fin y al cabo

hemos sido amigos y compañeros... Acaba. ¿Dónde vas a parar?

Tu verdadero sobrino no es el que tenéis en casa, sino el que ha venido conmigo.

Mientes. Tú pretendes hacer otro negocio con ese cuento. Te he dicho la pura

verdad. Y para traer aquí al niño se la he jugado al tumbaga, ¿sabes? Así que

tendréis que pagarme o de lo contrario, se acabó tu tranquilidad.

Ya me extrañaba a mí que procedieras alguna vez con nobleza.

Mañana por la noche te veré otra vez.

¡Canalla!

Esto te puede costar caro.

¿Supones que voy a admitir esa historia sin pruebas? ¿Quieres pruebas? Cuando la

madre esté un rato con los dos chicos veremos qué dice. Hasta mañana, Ricardo,

que vendré a visitarte de nuevo.

Veo que te gusta mi casa.

Muebles como estos... los he visto yo en otra parte.

El sol, los angelitos, el chino de la rana

y el sillón.

Todo igual. ¿Estás seguro de lo que dices?

Sí. Y aquella lámpara.

Yo tenía una como esa. ¿Podrías encenderla?

Ya lo creo.

¿Seguro? No es fácil, ¿sabes? Tiene su truco.

Enciéndela.

Anda.

¿Dónde has vivido tú para conocer estas cosas?

Muchas veces le hablo de esto a mamá Luisa y dice que lo he soñado. Aquí

tenéis los juguetes. Los juguetes, Teresa.

Coge lo que quieras, son míos de cuando yo era pequeño.

Esto. Así era el trompo que yo tuve una vez.

Igual, al darle cuerda sonaba una música. Y este libro, se lo compré yo a

Pablito. Ábrelo, anda.

Al abrirlo salían unos muñecos.

Llevaba razón.

No sé lo que me pasa, pero a ustedes parece como si también les conociera.

Dios mío.

Entonces... Sí, Teresa.

Me lo acaban de revelar.

Yo no lo quería creer.

Pero él es tu hijo.

¿No dijiste que no era tuyo? Trae el dinero que te han dado.

No me han dado nada.

Pero has entregado al chico, ¿verdad? Me lo encontré y le llevé allí. Pensaba ir

a verme.

¡Imbécil! ¿Con qué pensabas ir a verme?

¿Creías que no me iba a enterar, eh, canalla?

Trae el dinero que te han dado o te mato.

Solo me han dado esto.

¿Solo esto?

Venga lo demás.

Venga lo demás.

Verán, yo creo que... Vamos a verle, ¿eh? ¡Venga!

Si te viera tu pobre padre.

Siempre te dio por muerto.

Y el creerse culpable fue acabando con su salud.

Vamos, Teresa.

No es este momento para recuerdos tristes. No.

¿Qué te pasa, Ricardo?

Nada. ¿Por qué no le felicitas? Pensaba en la canción que ha cantado.

Enhorabuena, sobrina. Y muchas felicidades.

Gracias, tío Ricardo.

Felicidades.

Sí, señor. ¿Pero qué es eso de señor?

¿Quedamos en que seguirías llamándome tío Ricardo?

Claro, mi familia es también la tuya, ¿verdad, mamá? Sí, hijo mío, yo os

quiero a los dos igual. ¿Lo ves?

Vamos. Vamos.

Bueno, Pablito, ahora tienes que apagar todas las velas. Y no dejar ninguna

encendida. Ayúdame, ¿quieres? Ah, no, no, no, no.

Tú solo.

A la una.

A las dos.

Y a las tres.

Muy bien, muy bien.

¿Qué? ¿Llego a tiempo?

Adelante, doña Elvira, ya creíamos que no venías. Ay, qué cansada estoy, como

nunca salgo de casa.

No se preocupe, aún no habíamos empezado.

Felicidades, Pablito.

Perdonadme, hijos míos, pero estas dichosas piernas... Toma, tu regalo. Uy.

¿Qué es eso de uy? ¿Cómo se dice?

Gracias. Aunque no es tu cumpleaños, también me he acordado de ti, Ramón.

Muchas gracias. Por Dios, doña Elvira, ¿por qué se ha molestado? Vamos, mujer,

molestarme por estos dos granujillas.

Si es de reglamento como los de los partidos de verdad.

¡Claro! Vamos a probarlo, Ramón.

¡Qué rico!

Señorito Ricardo, le llaman por teléfono.

¿Quién es? Un amigo suyo, no me ha dicho el nombre.

Perdonadme un momento.

¿Dígame?

Sí, soy yo. ¿Quién me llama? Este parte de su amigo Matías.

Ahora no puede, pero quiere verse con usted esta misma noche.

Necesita 25.000 pesetas más.

Tiene que salir urgentemente para Marsella y le hace falta esa cantidad.

Ya usted comprende, ¿no? ¿Y si me niego a darle el dinero?

Sería una lástima.

Él me ha dicho que en ese caso usted lo sentiría mucho y su señora más todavía.

¿Quién me garantiza que esta petición será la última?

Ya le he dicho que se va a Marsella.

Tardará mucho en volver o quizá no vuelva.

No, en el que ahora le voy a decir.

Tome nota.

Muelle del reloj, al final de la Barceloneta. No se olvide, esta noche a

las once.

¡Ahí va esta!

¡Échala Ramón!

¡Párala!

¡Ahí va tío Ricardo!

Ricardo, ¿te ha hecho daño?

No es nada, ya pasó. No tiene importancia. ¿Te duele?

¿Qué le ha ocurrido? De vez en cuando se resiente de la herida.

Has ido sin querer, tío Ricardo. No quise hacerte daño. Y no me lo has

hecho. Es que soy un mal portero. ¿Quién te llamaba?

Un amigo.

Cuestión de negocios. Tendré que salir esta noche, ¿sabes?

Bueno, a ver si nos comemos el pastel.

Tiempo tendréis de darle al balón.

Venga.

¿Se te olvida algo? Sí, unos papeles. Vamos, Ricardo, tú estás preocupado y no

quieres decirme por qué. No, mujer, no es nada.

No, no disimules. Algo te ocurre, yo lo sé. Que no es nada, te lo aseguro.

Vamos al coche, tenemos que seguirle. Tiene razón la tía Alicia, algo le pasa.

Vamos.

Buenas noches, don Ricardo.

¿Qué hace por aquí?

¿Y Matías?

Nada de Matías.

Soy yo quien le ha telefoneado. Supongo que traerá el dinero, ¿no? ¿Qué dinero?

El mío.

No tengo por qué entregarle nada. ¿No le basta con el que nos estafó? Se

equivoca, amigo.

El sinvergüenza ese, su compañero de otros tiempos, le ha entregado algo que

vale más de lo que usted ha pagado.

Joselito es como mi hijo. Yo lo he criado.

Usted lo arrebató de mis manos y me tiró a mí al agua. Debería estar en la

cárcel. Vamos, deme el dinero y no perdamos más tiempo. No pienso darle

nada. ¿No?

No.

Reacciona, doctor.

Su corazón me preocupa. Tiene el pulso muy débil.

¿Cómo sigue, doctor?

Mal. ¿Pero cree usted que hay alguna esperanza?

Lo siento, pero llevamos así cuatro horas y el corazón sigue muy débil.

La herida es grave, pero no mortal.

¿Ha padecido alguna enfermedad? No lo sabemos.

Le hemos conocido hace pocos días.

Debo visitar a los otros enfermos. Volveré dentro de un rato.

Vigílelo, hermana. Si pasa algo, llámeme.

Hasta ahora, doctor.

¿Qué ha dicho el médico?

Nada.

¿Por qué se ha ido?

Ahora vuelve.

Sigue igual, hijo.

Ramón.

Ramón.

Soy Joselito.

Habla algo.

Ramón, no llores, hijo mío.

Tu hijo es José.

Y tú también lo eres. No.

Pero estoy contenta de que lo seas tú.

Aunque a mí también me hubiera...

Gustavo, sé, tu hijo. Y lo eres, Ramón.

Claro que sí.

Pronto te pondrás bueno, verás. Y no te separarás nunca de tu hermano.

¿Qué te pasa? ¿Te duele algo?

No, ya no siento nada.

¿Qué le pasa?

No sé.

Ricardo, llama enseguida al médico.

Oye, José, ¿qué quieres?

Me gustaría oírte cantar. Bueno, haré lo que me digas.

Hermana, puede hacer lo que le pide.

Si así lo quiere, le hará bien.

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