Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Pícale. Pues
nada.
Esta cuestión de las mujeres.
Cada vez se pone más seria.
Mira, viste, pues qué alborotada anda.
Oye, Lolita.
con otro tiburón.
¿Le pasó algo?
No, ya sabes que nada más para buscar para María.
Dígame, negra. Ya sabes que me gustas mucho.
¿Qué tal, Julio?
Cuéntanos, linda perra.
Eso es lo que yo vi.
Pero cuando se está joven y enamorado, ni los tigres del mar espantan.
Bueno, viejo.
Ahí te encargo las mandíbulas.
No me sueltes.
No me sueltes, por favor.
¿Qué te pasa?
¿Casarme con un amigo santo que yo no quiero?
¿Decidiste casarte con otro?
Yo voy a hablar con tu padre.
No, por favor.
Te mataría.
Nos mataría a los dos antes que consentir que nos casáramos tú y yo.
Tú no lo conozco.
Por eso nunca te hice que él supiera de nuestro amor.
¿Qué voy a hablar con su padre de todas maneras?
Por favor, te digo que los mataría.
Este vaciado.
¿Con quién te quieres casar? Con uno suyo. Ya te lo dije, con un amigo de mí.
No pides.
Así como soy pobre, y aun cuando no somos de la misma, por favor, no me
digas otra vez que los dos de la misma clase, pues, como te quieras.
Entonces no nos queda más que una solución.
Al pescadero del diablo.
No. Allí no. Está infectado de tiburón. Los termos de allí no han vuelto jamás.
Pero no hay otro criadero.
Sacaré perlas en la tierra.
En una semana todo.
Estaremos siempre juntos y nadie nos separará.
Nadie. Nadie mientras tú me quieras, maldita.
Madre mía.
¿Qué quiere decir, desgraciada?
¿Qué quiere ser?
Pues, el pescador ese, Julio, que ven todos los días. ¿Qué quieren tanto, don
Guillermo? Todos los días trabajan juntos haciendo una cajita. Allá vive en
la quebrada. ¿Por qué se van a casar?
No necesito saber más.
Nos iremos a otro pueblo.
No será tan lindo como nuestro capulco, pero será también hermoso.
A fin de aquí, sea tu padre el que nos perdone, podamos volver a nuestra
casita.
Es como un sueño, Julio.
Pero un sueño que será verdad.
Mañana salgo al pescadero del diablo y no dejaré vulva con perla.
Yo contaré todos los días y todas las horas.
Y todos los momentos hasta que tú regreses.
Y viviré pidiendo a Dios que te aparte de los calibros del mar.
Se necesita estar loco para hacer eso.
Todo por una mujer.
Julio, ¿qué nos vamos a quedar aquí toda la vida hasta que haya atacado la última
concha del mar? En la concha están las pernas, hermano. Sí, cuando las
encuentres. Lo que yo debía de haber hecho era haberme dado de alta, de
soldado. Al menos ahí comí otras cosas, no pescado.
Pescado fuera para siempre.
Si soldado, pues, hubiera vuelto a mi tierra.
Cahuilla. Tan hermoso queda el tío.
Allá está mi novia.
Y qué clima.
¡Y qué cabrito, hermano! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Ay, Dios, tantito que él la merita
el día de los de Monterrey, hermano! ¡De lo más que perla, Caimán! ¡Ay, qué
linda, hermano, qué grande!
¡Oye, habrá más!
¡Seguro, tiene que haber más!
Pero esta perla... ...es nuestro sueño de amor.
¡Mira ese estúpido que está doblando a muertos!
¿Dónde va a llamar mi persona?
Es algo emocionante.
¿Eh?
No importa que tan lejos me vaya.
Voy a seguir igual.
Bueno, hermano.
A mí me han dicho que va a haber revolución.
Puede que en las primeras de cambio nos den en la torre, nos manden al otro
barrio y de allí se acabó todo.
Pero usted dice que no podamos llegar a purititos generales, hermano. ¿Puede?
¿Cómo no, linda?
Lolita, qué preciosa canción.
Nunca vi en el baile.
Oye, no me había dado cuenta, pero qué lindas piernas tienes, mamacita. ¿No?
Creo que Julio no va a contar ni siquiera de que puedo caminar con él.
¿Qué te cae, madre?
¿Cómo te atreves a hablarme de mis piernas? Mira, mira, mira, ¿qué traes,
pues?
Cuento mucho lo que te ha pasado, nena.
Uno merecía.
Y yo no lo aguanto.
Mis amigos lo huyen de encontrarse conmigo.
Y la gente que me conoce, cuando encuentra mi mirada, baja los ojos.
Y si me ven, es para penarse junto conmigo.
Además, vivir aquí es verla en todo.
Puedo yo poner mis ojos.
Que no la esté viendo a ella.
Mira, Julio. Mira quién viene allí.
Bueno, hermano, pues ya estuvo.
¿Ya dice?
Ajá.
Ya lo veo.
Vengan a mi hermano.
Pero yo tenía que ser soldado algún día.
Ahora estoy contento. Así uniformado me siento satisfecho. ¿No te imaginas la
alegría que sentí al recibir junto con mis prendas de vestir mi arma y mi
misión?
Sin embargo, ahora también me duele perder tu compañía.
Hemos sido tan buenos amigos.
Tú me enseñaste a pelear con los tiburones.
Ser soldado es ser hombre.
Es servir a la patria.
Ojalá que pronto llegues a general.
¿A general?
Y de puritita división.
A todas las muchachas parece que se les salen los ojos cuando me ven pajar
erguido, con el pecho saliente y la barba recogida, los hombros hacia atrás
y la vista al frente caminando con paso marcial.
He hecho todo un soldado.
Bueno, muchos creen que soy general, hermano.
Yo creo que me parezco a don Porfirio Gata.
Ay, hermano, cómo quisiera que tú también fueras soldado. Tú y yo juntos
en la guerra.
Uy, hermano, para qué te escribo. Qué guerra japonesa ni qué submarinos
humanos. Pero ten presente, de soldado se olvida uno de todo.
Bueno, viejo, yo me tengo que ir.
Yo pertenezco a ese batallón.
Dicen que es el más aguerrido de toda la república.
El famoso 23.
Adiós, viejo.
Yo también me voy, viejo.
Ahí te dejo mi balanza.
Si no regreso, es tuyo.
pelotón de la primera compañía, de imaginaria de guardia, ciudadano
teniente Juan Peralta, con un pelotón de la misma compañía, de destacamento en la
isla de la pasión, ciudadano capitán Miguel Allende, con el sargento segundo
Tomás García, Cabos, Juan Valenzuela, Carlos Matus, Julio Orozco, soldados,
Francisco Sánchez, Pedro Toro, Gregorio Aponte. De acuerdo con la consigna, el
barco estará a las cinco de la mañana.
Siento deshacerme de usted, capitán, por todo este tiempo.
Pero la importancia de esta comisión me ha hecho nombrarlo a usted.
Muchas gracias, mi coronel.
Yo sabré cumplir con mi deber.
También sé sus profundos conocimientos, doctor.
Y el mucho interés que tiene por conocer la causa de nuestras enfermedades
tropicales. Por este pensado, acompaña usted a mi capitán Allende.
Muchas gracias, mi coronel.
Con su permiso, mi coronel. Nos retiramos.
Con su permiso, mi coronel.
Voluntarios, ¿eh?
Pues aquí está uno que no tiene nada de voluntad.
Bueno, para estos señores que se habrán creído que nomás así como aquí venga y
vámonos para allá.
Y que la Secretaría de Guerra y... ¡Mangos!
Yo me voy a despertar.
Pues yo sí voy, Caimán.
A una isla de... Estás loco.
Pero está lejos de aquí.
Eso es suficiente.
Ah, ya entiendo.
Quieres alejarte de ella, ¿verdad?
Bueno, yo solo he tenido un amigo en mi vida y ese amigo eres tú.
¿Tú te diste de alta por mí? Pues yo tengo que ir donde tú vayas. Un
pavulense no se raja.
Pero oye, no tenemos viejas.
Yo conseguiré una.
Ah, pues entonces no está tan malo.
Consiguiremos un par de viejas de esas lindas, gordas, como a mí me gustan,
hermano. ¿Y la desierta? Así no hay temor de que se nos vayan.
Mira nomás, hermano.
Hasta el cielo va a llorar nuestra ausencia.
Lo único que te puedo decir es que estás loca.
¿Tú lo crees?
Una muchacha tan guapa y tan buena como tú, sacrificando su vida a un soldado.
Sacrificar la vida.
Y todo para mí.
Así podré estar con él solo lejos.
Muy lejos de eso.
Compartiré lo bueno y lo malo de la vida.
No de la otra.
Y cuando aprenda a quererme, viviré la felicidad que da el amor.
Y ni siquiera se va a casar contigo.
El amor no pone condiciones.
Él es lo único que yo quiero.
Algún día tendré un hijo suyo.
¿Por qué lloras?
Tonta.
¿No ves que es la primera vez en mi vida que voy a hacer esto?
La importancia de esa isla es muy grande.
Más que María, se da cuenta de lo mucho que la quiere.
Es por eso que no deseo que me rompan.
Si la veo aquí, es porque sé que se queda atorado.
Voy a verla.
Sí, ve, ve.
Linda, no sé cómo decirte lo apelado que estoy.
Siento tanto que esta comisión haya venido tan pronto a nuestro manejo.
Ojalá que tú también lo comprendas.
Es tu deber, Miguel.
Tengo un niño contigo.
Con tu esposa yo debo de ir a donde tú vayas.
Eso es precisamente lo que no voy a permitir. La vida en esa isla es muy
penosa, insana y peligrosa para una mujer.
Pero nuestra separación no será muy larga.
Será relevado al fin de cuatro meses y otra vez volveremos a estar juntos.
No, ya no me gusta más este lugar.
Ya no lo aguanto más.
Yo me quiero ir de aquí.
Adiós, mariquita linda.
Ya me voy porque tú ya no me quieres
como yo te quiero a ti.
Adiós, chaparrita.
ya me voy para tierras muy lejanas y
ya nunca volveré
Es una injusticia que después de haber estudiado tantos años en Europa me
manden a esta isla.
El hecho de ser los primeros que habitemos esa isla y de resguardarla
como posesión mexicana es un gran honor para mí.
Y eso compensa todas las durezas que encontré.
Compensa también el que usted haya tenido que dejar a su encantadora esposa
allá en Acapulco.
Eso... Los militares en servicio jamás deberíamos cargar con nuestras mujeres.
La soldadera para el soldado es un bicho malo, doctor.
Los promesas se pasarán rápidamente.
Bueno, por ese pequeño girón de nuestra paz, por la isla de la
pasión.
Hemos llegado a la isla de la
pasión. Que yo legitimizo posesión de la nación. Entramos, pues, muy lejos de
nuestros hogares, pero aún de nuestra paz.
Tendremos que enfrentarnos a un sinfín de contiempos, privarnos de comodidades
que siempre hemos disfrutado.
Pero quiero que sepan que la gente que se escogió para esta comisión fue
aquella que consideraron digna de esta obra.
Quiero que recuerden que este honor le fue dispensado al 23 Batallón de Línea.
Se les pertenece...
y el cual goza de un prestigio tradicional en la historia de nuestro
ejército, en que muchos podamos sobrepasar el espíritu militar o el
deber, pero sí seré yo quien jamás permita que nadie se lo reza.
Soldado Julio Sánchez, en nombre de la patria, le concedo a usted mención hoy,
durante la tempestad, para rescatar el panzaerlo a la isla para abanderarla.
Para principiar la vida en esta isla,
Por mi madre que cuando dije si juraba defenderla con mi propia vida si fuera
necesario, me olvidé de todo.
Hasta de mi novia, allí en Saltillo.
Sentí que todo el cuero se me arrugaba como carne de caigna hasta los pies y
que el corazón me asolaba muy fuerte en el pecho.
Y no fue solo peor, cuando mi capitán la levantó y le puse con su espada como
para no lastimarla.
Déjame acariciándome. Dar mucho para no gritar con toda la fuerza de mi hijo de
la guayaba.
¡Vamos, vamos!
¡No haga la perra!
¡Ya no tenemos toda la vida!
Padre, qué metida de patas viniendo, ¿qué?
¡Ay, qué bárbaro!
¡Julio!
¡Julio! Por favor, haga usted algo, haga usted algo, por favor.
Sí, Joquito, pero ¿qué pasa?
Se han llevado a Juanito, muy además, a pelear con el tiburón y se lo van a
comer. Se lo van a comer, ya ve lo que pasó ayer con el mío. Se lo van a comer
como a él, como a él también, por favor.
¡Ese caimán!
¡Vamos a traerlo a ver!
Julio, por favor, ellos no tienen piedad, no tienen misericordia de nadie.
No, para allá.
Me van a cintadear, mi hermano. ¿Qué más da?
¡Santos! ¡Media vuelta!
¿Dónde va?
¡Media vuelta!
¡Santos!
Déjelo que vaya, mi cabo, por favor.
Déjelo que vaya y no lo vaya a castigar.
¿Qué me ve?
¿Qué pasó?
Incoordinación con 10 de ellos.
Trompeando al superior, mi capitán.
¿Qué dice usted de esos actos?
Sí le pegué, mi capitán.
Y lo mucho gusto otra vez. Y que le diga por qué.
Ya lo oye usted, mi capitán.
Yo pido por... o me hago respetar de otra manera.
¡Silencio! Y para recibir las órdenes no importa las circunstancias. Pegarle un
superior.
Mira usted, diez. Usted es, doctor.
Usted es sargento. Permanezca aquí.
Esta no es la primera vez que la tropa se revela por el maltrato que... Santos,
tiene razón.
Yo lo sé.
Cualquier soldado que diga que no puede trabajar, debe usted matarlo con el
doctor para que él decida que... Capitán.
Puede retirar.
dificultades con el sargento.
Son el principio de algo muy serio, capitán.
Cuando se espera el relevo y este no llega, se apodera del espíritu una gran
desesperación que va aumentando y aumentando hasta convertirse en
obsesión. Y de obsesión en locura.
Esta tropa es disciplinada.
El hombre aguanta hasta cierto punto y no más.
Aquí no pasará nada.
Y hará lo que yo mando.
Se está desayunando. Venga conmigo, por favor. Se muere en poso. Venga.
Después de los 10 intereses por el cartucho robé, pero algo había pasado.
¿Qué? José Pina, la esposa de Pancho, está enferma. Ese es asunto del doctor,
díselo a él. No, asunto suyo también, mi capitán, porque la vieja tiene viruelas.
¿Viruelas? Sí, de las negras, mi capitán. Doctor, ya lo oí.
Viruelas, ¿eh?
Tráeme mi bebé. Sí, doctor.
Uritito Parras.
¿Qué pasa?
Pues nada, que la vieja de Pancho tiene virgüelas negras.
Esas que se pegan como hormigas coloradas.
Pues dicen, pero no hay que alarmar.
Sin embargo, hay que tomar unos cuantos soldados y haga otra choza allá al otro
lado de la isla.
Luego quemas esta choza y todo lo que haya de mí.
Está bien, capitán.
Retírense y no se acerque nadie aquí.
R, a tú, toro.
A tú, chamaco.
Venga conmigo.
Me voy a morir.
Tranquilo.
No tengas miedo, viejo.
Si te mueres...
¿Qué? Ahí viene.
¿Qué viene? Ahí viene un barco.
¿Barco? Sí, mi capitán.
No, mi capitán, ya hizo para la isla. ¿Estás seguro de que es un barco? Sí, mi
capitán. ¿No estarás viendo mi capitán? No, no me vaya a pegar, mi capitán. Es
un barcote. Tiene un grandote.
¡Ay, es un barco! ¡Un barco!
Bendito sea Dios.
Realmente es un barco. Sí, es el barco con el relevo. Vamos a encontrarlo.
¡Ya llegó el relevo, mis cuates!
¡Un barco!
¡Mirenlo! ¡Ya llegó el relevo, mis cuates!
¡Un barco!
Nunca he tenido tanta felicidad al ver a una persona como ahora usted, mi
capitán. ¿Qué es lo que ha pasado?
La revolución, compañero. ¿Qué?
Todo el norte del país se ha levantado en armas.
Pero hay esperanzas que pronto se desapoque el relevo.
Es por causa de la revolución.
Y las instrucciones son de que permanezcan en esta isla hasta nueva
orden.
Que permanezca aquí hasta nueva orden.
Pero el relevo.
Entonces no habrá relevo, mi capitán.
Lo siento, compañero.
Pero... Para usted al menos tengo una compensación.
Venga.
Están asaltando las ciudades, saqueando las casas.
Además, papá lo cortó.
Así como nuestro matrimonio.
Fue más aún cuando supe que no habría relevo.
Rascálmense, porque les traigo una mala noticia.
El relevo no ha venido, pero me asegura mi capitán Palacios que no tardará mucho
en llegar.
Es por causa de una revolución que ha estallado allá en México.
Una pequeña revolución que nuestro gobierno no tardará en sofocar.
La Secretaría de Guerra y Marina estima que cumpliremos mejor con... Y para que
el espíritu no decaiga, esta noche tendremos una fiesta.
Celebraremos la llegada del... Que nos trajo la honrosa noticia de permanecer
en el...
Bueno,
¿qué hubo con ustedes, viejas mudas?
¿Están muertas o qué?
¡Ustedes! ¡No se olviden de limpiar sus armas!
¡Que le han extrajero su aceite!
El barco ha venido.
Ya lo vi. ¿Pero eso qué tiene que ver con la cara que traes?
Hay revolución en México.
Yo no puedo quedarme aquí.
¿No?
Menos así como tú eres conmigo.
Como yo sé que será la vida entre nosotros.
La vida entre nosotros.
Por favor, Julio, yo quiero regresar.
Cómo te he hecho sufrir, ¿verdad?
Con el querer abandonarme.
Sin embargo, ahora yo quisiera que tú te quedaras aquí conmigo.
¿Tú quieres que yo me quede contigo?
¿Contigo? Sí, Lolita.
Conmigo.
Yo trataré de ser diferente ahora.
De quererte como tú te mereces.
Mi negro.
Eso lo veremos muy pronto. ¿Qué traes tú? No me preguntes que qué traigo yo.
Que qué trajo el barco, mi hermano. La esposa del capitán.
Aquella para la que buscabas verla. ¿Te acuerdas?
Ahora sí que se te armó la pelotera.
Sin embargo, hay una cosa que me preocupa, Jesse.
¿Crees, María, que has hecho bien en venir a esta isla desierta?
Cuando una mujer está sola y no hay quien la ordene, siempre hace lo que su
corazón le dicta. Vaya cosas que hace el amor. Y van muy bien con el nombre de
esta isla. No sé qué cajita de anzuelos. ¿Una nada más?
Ahora hablando en serio, mi capitán, la situación ha sido dura para usted, ¿no
es verdad?
¿A cuánto se ha matado a Iruela?
¿Iruela?
¿Y murieron algunos?
Cinco hombres, cuatro mujeres y un niño.
Perdí a uno de mis mejores soldados, Pancho.
Se suicidó al morir su esposa.
Qué terrible, Dios santo.
Ya está todo listo para la fiesta, mi capitán.
Queríamos saber si usted nos honra con su presencia.
Muy bien, dentro de un momento estaremos con ustedes.
Con permiso, mi capitán.
Mi capitán, sorprendimos a este escondido en el barco tratando de
desertar.
Tratando de desertar.
Sí.
Contésteme. Estoy hablando.
Yo me quiero despedir de esta isla.
Desertar de esta honrosa comisión.
Es usted quien ha traído la primera mancha al prestigio que goza este
honroso batallón.
También le pegó en la cara a mi teniente, mi capitán.
¿Qué? ¿Le pegó a usted a mi teniente?
Sí, mi capitán. Cuando quiera sujetarlo.
¡Sáquelo de ahí afuera!
Comprendo lo que has de sufrir.
Porque así como yo te quiero, tú la has de querer a ella.
Ese ha de ser el pago de querer tanto.
Lola.
Vámonos, Lola.
Son órdenes de mi capitán.
Tienes que barrerle la casa a su esposa.
No.
Yo no voy, Julio. Servir de criada es lo único que quieres burlarse de hacer.
Ya lo creo que no vale.
Y usted ya lo oyó.
Son órdenes de mi capitán y esas órdenes se cumplen.
¡Suéltese!
¡Suéltese!
¡Suéltese!
¡Suéltese!
¡Suéltese!
¡Suéltese! ¡Suéltese!
Es que tiene que haber otra razón.
Esa actitud de ella hasta llegar a cachetearte, algo debe haberla motivado.
No, Miguel.
Te digo que nada hay entre esa soldadera y yo.
Bueno, ahora vengo. Voy a ver cómo anda el trabajo de mi hombre.
Está levantando. O no fuera a poderlo hacer.
Y así se me viene persiguiendo como la sombra de mi mala suerte. Quiero oír una
palabra más. La es muy pequeña para las dos. No quiero oír más. ¡Fuera!
¿No quiere oír más?
Soy Day.
Yo la odio con toda mi alma.
Y la seguiré odiando más cada día que pase.
Yo no sé por qué ha tenido que venir hasta aquí.
Ahora, todo está igual que al principio.
Sigue engañando, soñando con un amor que usted no ha sabido corresponder.
Pero algún día se dará cuenta de lo poco que usted vale.
Cuando pudo dejarlo para casarse con el capitán.
Si algún día también usted da cuenta de todo el daño que nos ha hecho a él y a
mí con su falsedad.
Y ahora, cuando menos sepa ser la mujer de su marido.
¿A quién ha dado su honor de mujer?
¿Y su cuerpo?
¿Entiende?
¿Su cuerpo?
Se acabó.
Este será el último trago.
Y tal vez no todo esto.
Preferiría andar en plena revolución allá que estar aquí perdido,
anclado en esta isla maldita.
Lo que uno quisiera tener y lo que uno tiene.
Todavía no.
Ya no se quejará.
Ella ha venido aquí por mí. Estamos muy
felices, señora.
Yo sin su cariño me hubiera muerto.
Imagínense, mi padre quería que yo me casara con un viejo horrible que yo
desconocía.
Pero qué esperan.
He querido verte.
Hablar contigo.
Esta es la última botella.
La tenía escondida el capitán.
La tenía escondida.
Aquí todo se ha ido acabando.
Pronto no tendremos ni hierbas para comer.
Solo pescado.
Pescado y más pescado.
Hasta que no nos volvamos roñosos. O nos dé el... ¿Cómo se llama eso, doctor?
El escorbuto. El escorbuto.
ir a casar con nosotros, doctor.
¿Tú sabes?
Como héroes.
Hechos unos Napoleón en su isla.
Ya van dos años.
Ni palabras.
que una de esas lanchas fuera lo suficientemente grande para llegar a
México.
Es lo suficientemente grande para llevarse unos cuantos de nosotros.
¿Usted cree que se puede llegar con una lancha así?
En otras partes se han hecho travesías más largas.
Pero la Secretaría de Guerra y Marina ha ordenado que nosotros sirvamos.
No hay ni siquiera ese desgraciado cementerio acechándonos siempre.
Esperándonos siempre.
Si estuviéramos en México, podríamos prolongar la vida un poco más.
Aquí nos estamos muriendo.
¡Porque rato! en un barco a pique.
¡Todas ustedes son ratas!
¡Todas y yo!
¡Yo soy una de esas ratas!
Podría ser peor.
Cualquier día, el que menos pensemos, venga al barco por nosotros.
¡Barco! ¡Barco! Muy pronto, a mi niño.
¡Qué lugar para parir un hijo!
¡A lo mejor se te muere!
No, no.
Lo único que yo temo es que se vaya a morir mi hijo. Que se vaya a morir. No.
No llores, Coquito.
No, no. Mi marido pensaría que no sigo pagando. No sean desgraciadas. Déjenla.
Tienes razón, Coquito.
Y te vas a tener tu niño. Va a ser un chamaco muy lindo. Ya verás.
Y pronto tú, Juan y él estarán en México muy felices.
Y todo esto quedará olvidado.
Le agascas una.
Pero no la de Ambrosio, bebé.
Y además, ¿tú qué tienes que rebuscar?
Tú, que cuando venga el barco, mejor para ti.
Al menos así podrás huir de la otra.
¿De la otra?
Otra palabra más y te reviento el hocico.
Lengua larga.
Lengua de víbora.
¡Están dando una boqueta!
Ahí ven entre nueces. Voy a romperle todo el hocico.
Capitán, se ha armado una pelotera en el Ojo de Agua.
Las mujeres, los hombres, todos se están golpeando.
¿Cómo está mi mujer?
¿Ya nació el niño?
No, chamaco.
Pero ya no tardará.
Tú debes estar con ella. Dame tu fusil, yo hago tu guardia.
Y vete pronto antes que nos vea mi sargento.
Eres buen amigo.
Y conmigo.
Y conmigo.
Y conmigo.
Y conmigo.
Doctor. Está muerto.
Usted me dijo que no le pasaría nada.
Lo siento, chamaco.
Pero yo no puedo más que le decir.
Ya no tiene remedio ahora.
Hay alguien.
Si la he perdido.
Si se me ha muerto.
¿Comprenden?
Si se me ha muerto la única ilusión.
Sin comer más que pescado tendremos que morir.
Pero no seré yo de los que muera sin luchar por vivir.
Irnos sería desertar.
Nos fusilarían si lo supieran en México.
Además, ustedes se olvidan que tienen que cumplir con su deber.
Me fusilen a quedarme aquí un día más.
Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de salir de esta isla
desgraciada.
Aquí moriremos todos.
Y la isla quedará abandonada.
Entiendo, vayamos.
Ya lo tengo todo planeado.
Sabemos, en la lancha grande cabremos todos.
Y podemos llevar agua suficiente para una semana en el mar.
Pero, ¿en una semana?
No podremos llegar a tierra firme. Desde que encontremos unos cohetes con que
llamar la atención.
¿Mi capitán y su señora?
Él se moriría en su puesto antes que permitir que nos fuéramos.
Para él el cumplimiento del deber es su vida.
Así es que tenemos que matarlo. Como les dije, a él junto con su mujer, para que
nadie los acuse.
¡No!
Esto es un motín, una insubordinación, y yo me opongo profundamente.
Sírvanse a presentarse al Estado.
¡Vamos!
Las armas y el parque de las penas.
Hay que prepararlo todo para salir rumbo a México.
¡Ándele, vieja!
Levántese que ya nos vamos para Cahuila.
Ya nos vamos. Nos vemos en el arsenal.
Levántate. Ya nos vamos. Te espero en el arsenal.
Ándale, hermano, levántate. Nos vamos a dar el golpe.
Nos estarán en el arsenal.
¿Qué dices?
Que ahorita va a estallar el motín para irnos. Va a dejar esta isla para
siempre. Nos vamos pa' México y yo pa' Cahuila.
Esta gente y la carabina lo tienen todo muy bien arreglado.
Fíjate que acaban de matar al doctor.
¿Y mi capitán?
Ah, pues no sé.
Solo habrá que echarnos también al pico, porque no sé por dónde ir.
¿Ella? Pues yo creo que se quedará con su marido.
¿Quieres decir que los van a matar?
¿Que los van a asesinar?
Bueno, si tú quieres llamarle así.
Pero es la única manera para salvarnos.
Y encima, pues nadie sabe de nuestra diserción.
Y nosotros quedamos limpitos, ¿eh?
Aunque así es, ¿eh?
Pues yo me quedo, Dios.
Yo me iré alta para ir muy lejos.
A cualquier parte.
Me mandaron aquí.
Y aquí me quedo.
Ahora soy soldado.
Y voy a cumplir con mi deber.
No seas tonto, Julio.
Aquí nos moriremos todos.
¿Qué te importa a ti el deber?
Dejé ella, ¿verdad?
No.
No es ella, Caimán.
¿Te acuerdas de la jura de la bandera?
Que dijiste que la defenderías con tu propia vida si fuera mera.
El capitán la levantó ligeramente con su espada.
Como para no lastimarla.
Y dejarla que te acariciara tu frente al pasar bajo de ella.
En ese momento te olvidaste de todo.
Y solo pensaste en México.
A mí me pasó lo mismo.
Ahora yo me quedo en la isla.
Para cumplir con ese juramento.
Ay, cabrón. Pero que todo vale.
No, pues por esa parte también a mí me toca.
Y un pavilense no se raja.
Yo también me quedo, hermano.
Yo voy a avisarle a mi capitán.
¿Qué querías matar a ti, Julio?
Se nos desbocó.
Gloria, ¿qué siento?
Mi querida tierra, a mi cabuela.
Caimán.
¿Qué pasó?
Acaban de matar a Tor y a Caimán. Julio y Lola se fueron a casa de mis apisados.
La cosa se ha puesto difícil.
Vaya calvote grande.
Hay que matarlos antes de que nos agarre el día.
¡Díganme!
Miguel, ¿qué habrá pasado?
Yo tengo miedo.
Mi capitán. ¿Quién es?
Julio Santos.
Soy yo, mi capitán. ¿Qué quiere?
La gente se ha amotinado. Los encabeza el sargento.
Acaban de matar al caimán y al doctor. Y ahora vienen a matarlo a usted y a su
señora.
Supongo que debo su lealtad al cariño que existe entre usted y mi esposa.
Yo soy soldado, mi capitán.
Trástame.
Un buen soldado después de todo.
Esa bandera de Sigla de Antigua era el cumplimiento de su heredero.
En cuanto a ella, a María.
Acepto a ella, mi capitán.
...mi palabra de honor.
Que sabré respetar su nombre.
Quedamos solamente cuatro en esta isla.
Cada día que pasa, la situación entre ellos se vuelve peor.
Las dos queremos a Julio.
Pero Julio no puede ser de las dos.
Hay solamente una solución.
Tenemos que jugarnos las vidas.
La que saque la perla se queda con él.
¿Jugarme la vida contigo?
Pero si yo sé que a la que quiere él es a mí.
¿Crees tú que yo pudiera ofrecerte una cosa así nada más para ti?
Además, él es el único hombre que yo he querido en mi vida, ¿lo oyes? Y en
espera de ese amor es por lo único que yo he podido vivir.
Dios bien sabe lo mucho que he sufrido.
Y ahora que estamos solos, nada tú me lo van a quitar, ¿lo oyes? Ni tú me lo
puedes quitar.
Ciego ha estado él.
Pero que a la que quiere es a usted.
Eso yo lo sé.
Yo he sido una tonta con haber soñado que pudiera querer.
Así que... La solución está en mí.
Pero yo me moriré antes que entregarme a Toro.
Él me dio esta perla.
Me dijo... ...que significaba el sueño de su amor.
Y eso es lo que... Y ahora...
...voy a despedirme de él.
Eso es todo.
El dragón de Messi sigue flotando en la torre.
Bueno, dejemos que se ponga en posesión en nombre de la Francia.
O mejor dicho, de recuperarla, ya que la Italia, es decir, el rey Vítor Emanuel,
ha decidido que la isla sea reintegrada a la Francia, en lugar de pertenecer al
Mesico. Eso es.
Envíenos mañana, inmediatamente.
Y si hay alguna resistencia, conocen a mis hombres.
Sí, Capitán.
Lo tuyo y lo mío lo arreglamos después.
Cuando quieras. Ya te dije que después.
Ahora vamos a ver cómo nos toca.
Ametralladoras contra barcos de guerra. ¡Pero quién dijo miedo!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.