All language subtitles for El secreto de Tomy 1963 WEB-DL 1080p by ser_ismael exploradoresp

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Original subtitles

Gracias.

Preciosa cuadra, vale una fortuna. Ya lo veremos, la subasta dirá.

Quizá no valga tanto como para cobrarme todo el dinero que me debe su

propietario.

¿Qué? ¿No hay ninguno más?

Ya están todos.

Ese es el último.

Oiga, pues falta uno. El juzgado embargó doce caballos y yo solo cuento once.

¿Dónde está el otro?

¿El otro? Claro, el que falta.

Ah, bueno, venga conmigo.

Es una pena, ¿sabe? ¿Pero qué pasa?

Ahora verá usted.

Mire, ese es. Bueno, ¿y qué hace aquí? Está dado de baja. No puede correr. ¿Por

qué? Está cojo. Se ha lastimado un tendón.

Fue una desgracia.

Demonio. No me habían dicho nada.

Ha sido una lástima. Porque era un caballo soberbio. Pero se quedará

inútil. ¿Y tan inútil?

No importa, me lo llevo.

Algo darán por él. Venga, sáquenlo. No me lo quite. Cantador es mío.

Papá lo compró para mí. No me lo quite, por favor. Es mío.

¿Quién es este chico?

Es hijo del señor Gandía. Se llama Tommy.

Desde niño los caballos han sido su gran ilusión, y este el preferido. Hasta ayer

no supo que su padre estaba arruinado y que se iba a subastar la cuadra. Y ya

ve, no se le puede arrancar de aquí.

Un caballo pura sangre con una lesión así no tiene más que una solución, el

matadero. Desde luego, es la inmediata.

Bueno, vamos a ver, pequeño, y si te dejo ese caballo, ¿qué harás con él?

Lo curaré.

¿Lo curarás?

Sí, señor.

Qué chico este, dice que lo curará.

Vaya, no sufras más.

Llévate ese condenado caballo.

¿De veras? Sí, hijito, sí, pero llévatelo deprisa, ¿eh?

Antes de que me arrepienta. Anda, muchacho.

Sí, sí, muchas gracias, señor. Vamos, cantador.

Nada, no tengo solución.

Soy un sentimental.

Bueno, ya veis que no es una historia triste, aunque ha estado a punto de ser.

Menos aún estando la primavera tan cerca.

La primavera siempre trae consigo la esperanza, la juventud, el amor.

Estamos en Madrid en el mes de mayo.

¿Qué pasa en Madrid a las doce de la mañana de un día de primavera? Pues lo

mismo que en Londres, en París o en Moscú. Que los hombres... Y sobre todo

las mujeres, sueñan un poco más, porque de la primavera siempre puede esperarse

el milagro pequeñito de la felicidad.

Ir de compras, pensar en sus trapitos, elegir el modelo de sombrero ideal, esa

es la pequeña felicidad de la mujer.

Por eso, señorita, está usted tan contenta, porque es primavera.

Por cierto, ¿cómo se llama usted? ¿Nos interesa saberlo? Silvia. Mucho gusto.

Silvia Sueña.

Silvia sabe que hoy mismo puede ocurrir algo trascendental en su vida.

Pero Madrid es grandísimo y tiene más de dos millones de habitantes.

¿Dónde está él?

¿Será ese que baja del avión? ¿La conocerá ella? Tratemos de conocerle

nosotros a él. Por favor, caballero, ¿cómo se llama usted?

Pedro Gandía. Gracias.

De nada. Oiga, ¿conoce usted a Silvia?

¿Silvia? No.

Perdón, creí que... En esta historia va a haber otra pareja. Otra pareja

importante. Esta es ella.

¿Hola? Me llamo Luchi. No le hemos preguntado nada.

Pues yo creía que hablaban de mí. Ya tendremos tiempo de conocerla. Y este es

él. Pero si es el mismo Tommy.

¿Qué fue de aquel caballo, Tommy? ¿Murió?

Es un secreto. Ah, misterio, misterio.

Bravo, cantador. He aquí uno de los primeros personajes de esta historia que

pasa en primavera. Pero ¿quién te ha curado? ¿Quién ha hecho el milagro?

Yo, yo he curado a Cantador, para que lo sepas. ¡Qué bárbaro! Parece otro. Tienes

que verlo una mañana a la hora de los entrenamientos.

Nadie creía que Cantador pudiera volver a correr, pero yo sí. Estaba seguro, yo

he ganado. Claro, claro.

El caso es que estoy muy triste, ¿sabes? ¿Hala? ¿Y por qué? Pues porque tengo que

casar a mi padre y no se deja. ¡Qué tío más rebelde! Ya le he buscado varias

proporciones, guapísimas, no creas. Pero a todas, a todas, le dice que no. Vaya

lío. Lo que pasa es que papá no puede olvidar a mamá, ¿comprendes?

Yo lo veo triste, siempre triste.

Y si no fuera porque uno es tan hombre como es, era para echarse a llorar. Ya,

ya me hago cargo.

Pobre papá.

Perdió a mamá, se arruinó y se quedó sin su cuadra de caballos. Tengo que

trabajar mucho, ¿sabes? Para que papá vuelva a ser rico y para comprarle

muchos caballos otra vez. Jalá, pues sí que vas a tener que trabajar.

en la cara, pero a mí no me la das.

¿Pero no me oyes? Calla, no me importa nada, pero nada ni nada. Como un perrito

te viene el detrás.

Anda, yo creí que nos habíamos visto antes. ¿De verdad? Pues yo a ti no te

conozco de nada.

Y deja de seguirme que soy una señorita, ¿sabes? Oye, ¿te gusta la bossa nova?

Me gusta Anthony Perkins, para que te enteres. Pues a mí no. Lo creo.

Bueno, ya está bien.

¿Tienes algo que decirme? Sí, pues dilo prontito que tengo prisa. Mujer, así de

pronto no se me ocurre nada. Ay, qué rico, será algo sentimental.

Sí, eso.

¿Ah, sí? Pues no.

No. No, porque para que te enteres, tú a mí me quedas chico y me caes muy mal.

Anda, ahora salimos con esas.

¿Cómo lo oyes? Me caes muy mal.

Boqueta.

Dios mío.

¿Le conoces? Sí, sí, le conozco.

Estudié en mi mismo colegio. Tenemos que hacer algo. Le llevaremos a una clínica.

Vamos a llevarle a mi casa. Yo me voy enfrente. No, no, a la clínica.

Y mamá, ahí dentro.

Mamá, mamahita, ¿dónde estás?

Hija, ¿qué te pasa?

Mamá, mamá, soy una mala mujer. Niña, que te doy un cachete. Mamá, por mi

culpa ha estado a punto de morir un hombre. Luchi, te he dicho muchas veces

que no me cuentes mentiras. Pero si esta vez es verdad.

No te creo.

Ay, mamá, mamahita, está medio muerto.

Ay, ¿cuándo acabarás con tus fantasías? Cualquiera que te oiga.

Pero, ¿qué ha pasado?

A Tommy le ha pillado un coche por mi culpa. No, sí, sí, se lo han llevado a

la clínica. Dios mío.

Hola. Dios mío, ¿estás bien?

A ver, ¿de verdad?

De verdad.

¿No te duele nada?

No, no, nada. He fingido que estaba herido para asustar a esa frívola, la

muy... Oiga, ¿qué le pasa?

Es la alegría, ¿comprendes?

Creí que te había matado.

Y si me hubiera matado, ¿qué? Qué sé yo, me hubiera vuelto loca.

¿De veras?

Sí.

Ala, ala, cálmese.

De todos modos, será mejor que vayamos a una clínica.

Aquí cerca hay una.

No, a la clínica ni hablar. Pare por aquí.

Adiós y gracias.

Espera.

Ven, vas a beber por lo menos un poco de agua para el susto. Bueno, eso sí. ¿Cómo

te llamas? Tommy Gandía. Tengo 16 años, ¿sabe? Qué bien, entonces ya eres un

hombre. Yo me llamo Silvia.

Oiga, ¿sabe que se parece mucho a mamá?

Bueno, será que cada vez que veo a una señorita así como usted me recuerda a

ella. Eso es lo que pasa.

Debes quererla mucho.

Mamá murió.

Lo siento.

¿Y tu padre?

Me da mucha guerra.

No me digas.

Oiga, esto es un secreto, pero se lo voy a contar.

Mamá antes de morir me llamó a mí sola y me dijo, Tommy, papá tiene que casarse.

Ayúdale tú.

¿Eso te dijo?

Eso mismo.

Debía ser maravilloso. Desde entonces por cumplir el encargo de mamá no sé las

proporciones que le he buscado. Pero uy, cómo se resiste. Ayer, por ejemplo.

Le presenté a la mamá de un amigo mío que es viuda. Y la pobre señora tan

dispuesta. Pues no sabía usted cómo se puso papá. Hasta me gané una bofetada.

¿De tu padre? ¿Qué va? ¿De la viuda? Pero un día me saldré con la mía.

Encontraré una señorita con cara de buena y a papá le gustará.

Oiga, ¿qué te pasa?

No, no, nada. Es que me duele mucho la pierna. Llévenme a pasar.

Ay, qué costadita. Vamos.

Seguro que se me cangrena esto.

Está bien, va.

No, no.

Yo no lo he hecho.

Yo no le he matado.

Soy inocente. Oh, Dios mío. ¿Cómo pude haberle matado si le amaba con toda mi

alma? Si era el hombre de mi vida, quien amé con tal pasión que ciega por él,

estuve a punto de merecer el desprecio de la sociedad.

Pero la Virgen me salvó.

Porque le quería.

Sí, le quería.

Diga. Sí,

aquí es, le quería.

Y sin embargo tuve que decirle que no. Que no, una. Por favor, dígame, ¿cómo

está?

Muy bien.

¿Y usted qué tal, hijita?

Inspector, voy a decirle la verdad. Toda la verdad y nada más que la verdad.

Hola, mamá. Jesús.

Perdóname, hijo.

Si no leo en voz alta no me entero de nada.

Pero cómo has entrado.

Ay, mamá, eres incorregible.

Bueno, quieres decir que soy una insensata. Pero no importa.

Lo mismo decía tu difunto padre. Pero ya ves, el pobrecito cuando quería dar un

ejemplo de seriedad se ponía a cantar rancheras. Y era banquero.

¿Qué tal por París?

Lloviendo como siempre, mamayita. Oh, París. Solo estuve una vez con tu padre.

No me gustó nada. Demasiada gente, todos hablando en francés. ¡Qué pesados!

El teléfono, mamá.

Pesadísimos. Y luego las francesas.

Aquellas terribles francesas.

Ay, siempre me acuerdo de Ana Bolena.

Digo, ¿no?

Ana Bolena era una princesa rusa.

Pobrecita. Que también es una lata, ¿eh? Ay, la abuela de Tommy no para de

hablar.

Mamá, ¿Ana Bolena era rusa?

No, era de Bilbao.

Mamá, ¿qué estás diciendo? Anda, llama otra vez, que tengo el alma en un hilo.

Ay, si es que no me atiende.

Abuela, deja que te dé un abrazo muy fuerte. Ay, verás este, verás este.

Descorgado.

¡Hija mía, pero qué salvaje eres! Traigo conmigo algo sensacional. ¿Qué traes?

Una mujer fuera de serie. Esta no falla. ¡Otra! ¡Ay, madre mía! ¿Ahí dentro?

Papá, ¿dónde andas?

Y dale, otra vez. Estoy segura, segurísima de que se trata de una

persona que se equivoca.

¡Diga! Por favor, tengo que hablar con Tommy. Se lo suplico.

Tommy, querido. Papá, no sales.

Se trata de una chiquita que está decidida a hablar contigo, pase lo que

pase. Sí, pues dile que no estoy.

¿Nena? Tommy dice que no está. Y cuando él dice que no está, es que no está.

¿Qué dice?

No está herido. Gracias a Dios.

Pero está furioso. Me odia.

Ay, mamá, qué desgraciada soy.

Pero qué tonta eres.

Date prisa, papá, que tengo una sorpresa para ti. ¿Qué sorpresa? Ahora verás.

Mira, mira, papá, ¿qué te parece?

¿Cómo? ¿Otra, Tommy?

Esta no está mal del todo. Es guapa, ¿eh, abuela?

Muchísimo mejor que la viuda. ¿Verdad que sí? Y mira qué ojos y qué cara. Es

estupenda. ¿Quién, yo? ¿Pero me has traído aquí para una exhibición? Bueno,

¿pero sabe guisar?

Contésteme. ¿Pero qué dice esta señora? Eso, que si sabe usted guisar. ¿Y coser?

Ah, eso es lo importante. Si no sabe guisar ni coser no nos sirve, hijita.

Estoy segura que es usted una de esas muchachas modernas que andan por ahí

atropellando a todo el mundo.

Esto es el colmo.

Vea, no se enfade y demuéstrenos sus habilidades.

¿Habilidades? Por favor, dése usted la vuelta.

Mira, mira, abuela. ¿Y a qué viene esto? ¿Para qué? ¿Por qué? Toma, para que la

juzgue mi abuela. ¡Alto! Si esta señorita no sabe coser ni guisar, me

parece absolutamente inútil que dé más vueltas. Tommy, ¿quién es esta señorita?

Vamos a ver. La he encontrado en la calle, papá, y me acordé de ti. Eres

incorregible. ¿Me la pagarás?

Ala, me la cargué. Encima que lo hago por tu bien.

Melioso. Y en cuanto a usted, señorita, sépalo de una vez. No me gusta.

¿Cómo que no le gusto?

No.

¡Grosero! ¡No es usted más que un grosero!

Dios mío, pero qué cosas me pasan a mí hoy.

Ay, pero qué sincero eres, hijo. De sincero nada, abuela.

Papá, ¿es posible que no te guste? Te he dicho que no me gusta, ¿me oyes?

Embustero, ¿cómo no te va a gustar un monumento así?

Tomi. Está bien, está bien. Ay, se está llorando. Pedro, hijo, has estado muy

duro con ella.

Vamos, hijita, cálmese.

Sea fuerte.

Ah, los hombres, si yo le contara. No me cuente usted nada. Jesús, qué genio.

Lo siento mucho, señorita.

Pero desde luego, pase lo que pase, no me casaré con usted.

¿Qué? Eso mismo.

Pobrecita, qué golpe para ella.

¿Pero qué ha dicho usted? ¿Cómo puede usted pensar?

Presuntuoso, engreído, estúpido.

Señorita. Sí, estúpido. ¿Cómo puede pensar que yo quiero casarme con usted?

¿Cómo se atreve? ¿Es que no ha venido usted a eso? ¿Quién, yo?

Sí.

Naturalmente que no.

Entonces, ¿a qué ha venido usted aquí?

Buena la secho.

Tomi.

¿Quieres decirme qué significa todo esto? Pues verás, papá, es que no me ha

dado tiempo a prevenirte. ¿Cómo ha sido todo tan rápido?

¿Esta chica la va a dar un patacús? No acierta ni abrir.

Cálmese. Lo siento mucho, señorita. No sé cómo excusar a mi hijo por todo este

embrollo. No sé cómo excusarme yo mismo. Pero Tommy está empeñado en casarme. Es

absurdo, increíble, disparatado, pero es así. Y cuando menos lo espero, entra por

esa puerta una mujer dispuesta a fijar la fecha de la boda. ¿Verdad, mamá? ¿Y

por qué me cuenta a mí todo eso? No quiero saber nada. No me importa.

Además, me parece usted un hombre sencillamente repugnante.

¡Quítese!

Parece que se ha enfadado.

Hijo, tengo la sospecha de que a esa chica no le hemos causado muy buena

impresión, ¿verdad?

Silvio, Silvio, espere.

Este niño me va a huir.

Lo creo, hijito, lo creo.

Buenos días, señorita. Hola.

Buenos días. Hola, Silvia. Hola.

Te estábamos esperando.

Toma, aquí tienes una fotografía de Isabel la Católica para que hagas un

bonito reportaje sobre la mujer española.

¿Qué te pasa? ¿Estás preocupada?

Debo estar hecha un edificio.

Mabel, ¿sabes que no gusto?

Así es, curioso. ¿Y cómo te has enterado? Porque me lo han dicho. No

tiene importancia. A mí me lo han dicho muchas veces. ¿De veras? ¿Y qué hiciste?

Pues mira, la última vez que me lo dijeron me hice un traje sastre y se

acabó. Encanto, ¿quién es el que te ha dicho una cosa tan agradable?

Un hombre. Me lo figuraba, si hubiera sido la princesa de Mónaco no le

hubieras dado tanta importancia. Un cínico, un petulante, un vanidoso. Toma,

el reportaje. Uy, estás furiosa. ¿Es que es guapo?

Mabel. Anda, dime quién es ese monstruoso individuo que carece del

sentido de la belleza.

No lo sé, pero lo sabré, te lo juro. Me enteraré de su vida y milagros.

Hola, guapa, ¿me recuerdas? Hola, ¿qué tal?

Claro que la recuerdo.

Después de lo del accidente, cualquiera se olvida. Te llevo en el coche,

¿quieres?

Pero, ¿cómo ha encontrado el colegio? He ido a tu casa y me ha dicho tu madre

dónde era. Me va a permitir que vea antes a Tommy.

Es que no nos ha hablado.

Espéreme. Bueno, te espero.

Hola, Tommy.

Tommy, quiero que sepas que estoy muy triste y muy pesarosa por todo lo que te

ha ocurrido. Y también sé que la culpa ha sido mía. Y no he podido hacer nada

pensando que el coche te podía haber roto un brazo, una pierna, la cabeza o

cualquier otra cosa.

¿Tú has oído algo, campeón? Hombre, hombre.

Nada,

no he oído nada. Por estas.

Mamarracho. Hola, Tommy.

Hola, Silvia. Me alegro de verla porque esta mañana se marchó usted sin

escucharme. Quería pedirle perdón por lo que pasó. No tiene importancia.

¿Qué le sucede? No, nada.

Quedamos amigos.

Adiós. Adiós.

¿Pero qué te pasa, hija? ¿Por qué lloras?

Ya ve, cosas de la vida. Ven, que quiero hablar contigo.

Pero aún sigues llorando.

Si supiera usted lo que me pasa.

¿Verdad que las mujeres somos muy desgraciadas?

Mucho, muchísimo.

Ya lo dice mi madre cuando tiene una bronca con papá.

Néstor te hará cambiar las ideas.

Anda, ven a sentarte.

¿Qué toman las señoritas? Un limón natural, por favor.

Para mí un helado de vainilla y nata, galletas y muchos barquillos.

Dios mío, qué pena más grande tengo.

Vamos, cálmate.

¿Por qué me ha traído usted aquí?

Porque quiero hacerte unas preguntas. Me pareció que conocías bastante bien a ese

chico que he atropellado delante de tu casa.

¿Qué si le conozco?

Granuja, sinvergüenza, mal hombre.

¿Cómo no le voy a conocer si estoy loca por él? No grites que nos están mirando.

De manera que estás enamorada. Uy, del todo.

Si yo le contara.

Cuéntame, ¿quién es ese chico? ¿Quién es su familia?

Bueno, vamos por partes.

Mire, primero la abuelita que está fatal.

Eso ya lo sé.

Sigue. Los Gandía que vinieron de México eran una gente riquísima, sabe usted.

Pero al poco tiempo de morir ella, él lo abandonó todo, se arruinaron y ya no

tiene nada.

Pues no parece que vivan mal.

El padre de Tommy se gana la vida como aviador yendo y viniendo a París en un

avión de esos grandísimos.

¿Usted ha estado en París?

Sí. ¿Y en Torremolinos? También.

Claro, usted ha estado en todas partes. Usted debe ser una mujer muy vivida.

¿Quién, yo?

Claro, a su edad.

Niña, ¿pero qué edad crees tú que tengo yo? Anda, pues lo menos 25 años.

Son muchos, ¿verdad?

Calcule.

Debe ser maravilloso ser aviador. Estar siempre en el cielo.

Sí, señorita.

Debe sentirse muy cerca de su esposa cuando vuela. Por eso todavía no la ha

olvidado. Creo que estaban locamente enamorados.

Qué bonito, ¿verdad?

Oye, ¿y tú cómo sabes todo eso?

Por doña Fernandita.

¿Quién es?

No la conozco.

Una señora que vive en la misma casa que Tommy y tiene la misma manicura que mi

tía Josefina.

Y como la tía Josefina es tan cotilla la pobre, pues ya ve.

Mire.

Anda, nos han visto. Bueno, ¿y qué?

Pero ¿cómo es posible si acabamos de dejarles?

Seguramente han tomado un taxi para podernos seguir.

Esto es una provocación.

Hola, Silvia. Hola, Tommy.

Antipático. Oye, tú, siéntate un rato. Bueno, hombre, bueno.

¿Me das un pitillo? Si es que no tengo más que uno. Que te aproveche.

Desde luego no se puede negar que es muy hombre.

Pollos, ¿qué va a ser? Traiga algo fuerte.

Coca-Cola.

Ginebra. ¿Cómo?

¡Ginebra! ¡Ay, madre mía!

¿Ha visto?

Fuma y bebe.

Es un perdido.

¿Verdad que es un perdido?

Oye, ¿ya me dirás cómo se bebe la ginebra? ¿Cómo se va a beber? Como los

hombres, aguantando. Pues no cuentes conmigo. Dámelo.

Toma.

Tonto está presumiendo.

Pero mira que te das importancia con la dama. Neva, uno es así.

Ahí va.

Fíjese cuánta ginebra lleva.

¿No cree que le hará daño?

Fíjate, a su edad.

Que Dios los ampare.

A ver quién es el guapo que le mete mano a esto. Yo, mira.

¿Cómo agua?

Se la bebe como si fuese agua.

Es increíble.

Bebe, bebe.

Mira, eres una calamidad. Mira cómo se debe esto. Se coge así.

¡Toma!

Yo tengo un caballito y él me tiene a mí, jamás habrá un amigo que a su amigo

quiera así.

Al son de mis cantares él será el mejor, que no hay un pura sangre que le gane a

Gancador.

Y olé, y olé,

y olé, a la agüita del río lo llevo a beber.

¿Qué caballo es ese? Es cantador, el que se lesionó. Es de Gandía.

Galopa con poder, galopa cantador, te apuesto mis cantares a que sale ganador.

Me gustaría verle correr, pero no hay forma. ¿Lo llevan tan en secreto? Hay

que madrugar mucho.

Yo lo he visto. Parece que está curado. Pero ¿qué ocurrirá cuando le obliguen a

hacer un esfuerzo?

Puede hacer el ridículo.

Estoy calentando motores, papá, pero ahora verás.

Muy bien, Tommy, pero no te pases del cánter porque se molesta Ramoncho.

Por ti, mi caballo más fiel.

Tendré que vencer.

Galopa cantador, galopa con poder.

Te apuesto mis cantares a que sales ganador.

Y ole, y ole.

¡Yuhú!

¿Ha oído, don Pedro? Cuando Tommy le grita, hace de él lo que quiere. Le hace

volar.

A veces pienso si esa recuperación no la perderá el caballo el domingo. ¿Tú qué

piensas, Ramoncho?

Le aseguro que ganará. Pero que no lo vuelva a tocar Tommy hasta que corra.

Dígaselo usted, don Pedro, por favor.

No debía apretarle tanto.

Cualquiera diría que estuvo cojo.

Es un rayo.

Ya está listo para el domingo. Bájate ya, Tommy. ¿Has visto, papá, qué bien ha

trabajado Cantador? Sí, sí, muy bien. Déjaselo a Ramón. Anda. Está curado, no

hay duda.

Y pensar que todos lo dábamos por perdido. Un competidor más.

Te traigo una sorpresa. ¿Una sorpresa? Ajá.

¿Qué es, mi licencia?

Sí.

¿Entonces ya puedo correr en carrera de verdad?

Naturalmente, Tommy.

Me gusta cómo montas a Cantador. Has hecho grandes progresos.

Serás un buen jockey. Todavía no lo soy.

No, todavía no. Te falta mucho por aprender. Siempre dices eso.

Bueno, anda, vamos a desayunar que yo me voy a París y tú al colegio.

Buenos

días,

hija. Buenos días, mamá.

¿Sabes que he tenido un sueño maravilloso?

¿Ah, sí?

Cuéntamelo.

No es para mayores.

Mamá, ¿puedo hacerte una pregunta?

Si no es una impertinencia, sí.

Qué va, es una cosa de lo más natural.

¿Qué te dijo papá cuando se te declaró? ¿Qué me dijo? No me dijo nada.

Me declaré yo. ¿De veras?

Entonces era la costumbre. Ahora no sé, porque como está todo tan cambiado...

Uy, pero te pondrías nerviosísima. Ya, le diría eso que se dice siempre para

empezar. Hola, Fernando.

Pasaba por aquí... Qué fácil si lo supiera Silvia.

Hola, Silvia. Hola, ¿cómo estás? Muy bien, ¿y usted?

Regular. Lleva aquí mucho tiempo.

Un ratito. ¿Te extraña?

¿Qué va? Usted está en todas partes.

Eso pensé yo ayer cuando estaba con Luz y te presentaste de repente.

Pura casualidad.

Bueno, te creo.

En cambio, yo he venido expresamente para hablar contigo. ¿Qué tiene que

decirme?

Es un secreto. ¿Un secreto?

Sí. Me da mucha vergüenza decírtelo, pero no me queda otro remedio.

Creo que estoy enamorada de tu padre. No me digas.

Sí, lo sabré yo.

Silvia, ¿eso quiere decir que en este momento me está pidiendo la mano de

papá? Pero si no le gusta.

Bueno, eso es lo de menos. La opinión de él no importa.

Tenemos que hacer que él se interese por usted, porque los hombres somos muy

despistados. Déjeme pensar, déjeme pensar.

Se me está ocurriendo una idea que... Ya, ya la tengo.

¿Has visto, mamá? Hemos adelantado a Tommy y ni siquiera nos ha mirado. ¿Pero

qué os pasa ahora? Siempre estáis igual.

No nos hablamos.

Vete tú, yo me quedo aquí. Vamos, niña, que se va a enfadar papá. Espere aquí,

Enrique. Yo no voy allí, mamá, no quiero verle. Carta me tienes con tus

caprichos.

Cantina, le compro ese caballo.

Amigo Mendoza, usted es dueño de la cuadra más importante del hipódromo. Sus

caballos casi ganan todas las carreras.

¿Qué falta le hace cantador?

Ninguna, pero me gusta.

Es un capricho. Y si a los pobres ricos nos quitan los caprichos, ¿qué nos

queda? La más terrible de las miserias, el aburrimiento.

Lo siento, ese caballo no se vende.

Me resigno.

¿Corre por fin el domingo?

Quizá.

Hola, pero todavía no lo sabe.

Recuerde que sufrí un accidente.

Lo que pasa yo lo sé. Es que usted le tiene mucho miedo a mis caballos. Por

favor.

¿Cómo están ustedes? Me llamo María Álvarez. Soy periodista. Me han

encargado un amplio reportaje sobre el hipódromo.

Encantado, señorita. Si quiere puede disponer de los caballos de mi cuadra.

Muchas gracias.

Es encantadora esta señorita.

Sí, yo la conozco. Lo que pasa es que no me reconoció a mí. Con permiso, ¿eh?

Señorita. Dígame.

Me alegro de volverla a ver. El otro día no estuve muy amable con usted. Y cuando

la vi en la cafetería, la verdad no supe qué decirle.

¿Cuándo? No comprendo. ¿Es que nos hemos visto alguna vez antes de ahora?

Sí.

La verdad no recuerdo.

¿Cómo? ¡Papá!

Es mi hijo. ¿Tampoco lo conoce?

Tampoco.

Hola, papá.

¿Quién es esta señorita?

¿No la conoces? Pues así de pronto no.

Me llamo María Álvarez. Soy periodista.

Yo me llamo Tommy.

Encantada, Tommy.

Bueno, pero ¿qué de verdad no es usted?

¿Quién?

No, no tiene importancia.

¿Lo he hecho bien? De primera, el pobre está ya que ni duerme, loco.

Qué listo eres. Che, la experiencia.

Ande, siga usted la labor.

Mamá, déjame.

Por lo visto, me confundió usted con otra, ¿no?

Sí, me pareció.

¿Usted cree?

Bueno, pues si se fija uno bien, no se parece tanto.

Un aire nada más.

Por curiosidad, dígame, ¿cómo es esa mujer a la que me parezco tanto?

¿La otra?

Sí, la otra.

Es una mujer encantadora. No. Sí, muy linda, muy dulce, muy femenina. Llegó,

me dio una bofetada y se fue. ¿Verdad, Tommy?

Bueno, no hay que exagerar. A mí me parece una chica del montón.

¿Ah, sí?

No estoy de acuerdo contigo, Tommy.

Entonces, ¿aquella muchacha le gusta a usted?

Muchísimo.

Es el conmo.

Daría cualquier cosa por verla. Claro que es difícil.

Tendré que conformarme con una como usted.

Desde luego que no es lo mismo.

Muy amable.

¿Qué le pasa a Tommy?

Cosas raras de las mujeres. Además, a tu papá le resultas un poco desconcertante.

¿Yo? ¿Por qué?

Será que no tienes mucha práctica en esto.

Ah.

Buen día. Voy a presentarle a mi mujer.

Sí. Adela, señor Gandía, mi mujer. Tanto gusto, señor. Y ahora voy a presentarles

un personaje muy importante, mi hija. A Tomi ya le conocemos, ¿verdad? Yo no le

conozco. Luchi, ¿pero dónde vas, criatura?

No me explico que puede haberla pasado.

Perdónela. Adiós, Gandía. Que le vaya muy bien. Adiós. Adiós.

La verdad, Tomi, a ti tampoco te comprenden las mujeres. Ya te dije,

papá, las mujeres son muy raras. Sí, muy raras. Vámonos.

Maleducada. Vaya una manera de comportarse delante de la gente.

Estas son las consecuencias de los mismos de tu madre. ¿Y de los tuyos qué?

¿De los míos? Te aseguro que de ahora en adelante no tendré más contemplaciones.

¿Quién se ha reído? ¿Quién va a ser? La nena.

La nena.

Adiós, papá. Adiós, Toby.

Adiós, señorita.

Adiós.

¿Qué le pasa, señorita? No lo sé. Esto no funciona.

No lo entiendo.

A ver, vamos a ver.

¿Está todo correcto? ¿Usted cree? A ver, pruebe.

Ya marcha. ¿Ya ve? Hasta luego.

Oiga, ¿dónde está su coche?

No tengo coche.

¿Quiere que le lleve a Madrid?

Se lo voy a agradecer mucho porque el avión a París sale dentro de una hora y

yo soy el piloto.

De las ruedas, de las ruedas...

que bien se va con talento en mi bici en mi bici voy

a golpe de pedal traslará cruzando el viento al caballo al

caballo cuesta abajo

cuesta abajo

¡Suscríbete al canal!

Son de mi bicicleta, gane el banderín mejor.

Venció mi amor propio, no hay premio de más valor.

Ese idiota me las va a pagar.

es el más triste.

Mi mujer murió hace tres años.

¿Cómo se llamaba?

Yo la llamaba Estrella.

Bueno, ¿y usted quién es?

Yo no soy más que una pobre chica.

Oh, una pobre chica decidida que trabaja.

Ni siquiera eso. Tengo un padre muy rico.

Y si trabajo un poco es solo para hacerme la ilusión de que no soy

absolutamente inútil.

Seguramente la otra será mejor.

¿Cuál? La otra, la que le gusta a usted.

La que se parece tanto a mí.

Bueno, tanto, tanto no.

¿Usted cree?

Va.

¿Nos vamos a volver a ver?

No. Eso mismo pensaba yo. Muchas gracias por haberme traído.

Oiga, espere.

Diga. No, nada.

Adiós.

Sí, ha suspendido el vuelo. Hay niebla en el aeropuerto de París. Bueno, muy

bien. Va bien un descanso. ¿Me invitas a cenar esta noche?

Claro, ¿te gustaría?

Claro que me gustaría acompañarle. Bueno, iremos.

Por aquí, señor Gandía.

Aquí pueden sentarse.

Por tu amor.

Aunque no debiéramos brindar, porque desde que te han dado flechazos se te ha

puesto un carácter que no hay quien te aguante.

Dios mío, ahí está.

¿Qué te pasa? ¿Tú qué quieres tomar? Pues langosta fría. ¿El aviador?

Y un turneto.

Está bárbaro. Domínate, rica.

Desde luego está cañón.

A mí me da, por favor, unas angulas y un solomillo a la parrilla, término medio.

Bien. Un momentito, voy a hablar por teléfono.

Atienda a la señorita.

¿Y de postre?

¿Qué desea tomar?

No nos ha visto.

¿Y esa que le acompaña es la otra?

No, no, la otra soy yo.

¿Ah, sí? Claro.

Entonces, si tú eres la otra, ¿quién eres tú? ¿Qué pregunta? Yo soy la misma

mujer, pero no para él.

Sencillo, ¿no?

Mira, esto está clarísimo. En este momento él me cree una nueva mujer que

ha conocido esta mañana.

Sin embargo, a él le gusta la otra. La que conoció primero, la que le dio la

bofetada. ¡Qué morboso!

¿Es que no me crees? Nada.

Pero Mabel... Mujer, no le hagas caso, Silvia. Sigue contando esas cosas. Tú sí

me crees, ¿verdad, purita? Ni pizca. Pero me encantan las mentiras. Sigue,

anda. Se me han quitado las ganas.

Fíjate, ya nos ha visto.

Un momento.

Perdone, señorita.

¿Es usted la que el otro día me dio una boquetada? Sí, yo misma. ¿Se acuerda?

Que sí me acuerdo. Es usted odiosa, señorita. ¿Cómo?

Es todo lo que quería decirle.

Pues, hija, a mí me parece que a este caballero no le interesas de ninguna

manera. Ni así, ni de periodista.

Perdonadme, yo no puedo estar tan cerca de un tipo como él.

Perdón, Lolita, otro día cenaremos.

¡Comandante!

Silvia. Silvia, ¿me permite? Le debo dar una explicación. Aunque enojada está

usted encantadora.

Bien se ha burlado de mí.

Bueno, mucho menos usted de mí cuando me dijo que usted no era usted.

Se le ocurrió a Tommy. ¿A Tommy? ¿Con qué intención?

Cualquiera lo sabe. Qué chico.

¿Todo olvidado?

La verdad es que debería odiarle.

Porque me sentí humillada cuando dijo usted que no le gustaba nada.

¿Yo dije eso?

Sí, eso mismo.

Qué raro. Debía estar pensando todo lo contrario porque es usted maravillosa.

Pues lo disimula muy bien. ¿No iba a cenar con esa señorita?

¿Y usted no estaba ahí con sus amigas?

Buen papel me ha hecho hacer delante de ellas. ¿Y la grosería que yo le he hecho

a mi azafata?

Total, tenemos que cenar juntos.

No nos queda más remedio.

Brazos arriba.

Flexión de pierna izquierda con extensión del brazo derecho.

Uno, dos, tres, cuatro.

Pero hijo, ¿dónde vas? Buenos días, abuela. ¿Sabes qué día es hoy? No. Pues

el domingo y cantador corre su primera carrera y ganará. ¿No desayunas? ¿Ha

llegado Sambo? Sí. Pues desayunaré con él en la cocina. Jesús, qué chico.

Papá, ¿estás ahí? Sí, hijo.

Buenos días, papá. Buenos días, Tommy.

Oye, para nosotros es muy importante que el cantador gane esta tarde la carrera.

¿Qué cosas dices? Claro que es muy importante, pero no te hagas demasiadas

ilusiones. Pues ganará, lo he soñado esta noche. Cantador está curado, está

en forma.

Ojalá gane, Tommy, porque ese caballo es toda nuestra fortuna.

Es lo único que pudimos salvar de la catástrofe. Y eso porque tú lograste

conmover al usurero.

Pues por eso tiene que ganar, ya verás.

Te veo muy ilusionado, Tommy.

Si Cantador no ganara, lo sentiría por ti.

Porque es tuyo, porque lo has cuidado y porque, créeme, es muy hermoso ser dueño

de un gran campeón. Sí, papá, pero escucha, ¿por qué no me dejas que lo

monte yo? Ganaría, estoy seguro.

¿Tú? ¿Qué dices, Tommy? ¿Te has vuelto loco?

¿Pero por qué? Si ya soy un yoke.

Eres un chiquillo todavía.

Deja que lo monte Ramoncho. Que lo que no logre él, no lo logrará nadie.

Está bien, papá.

Oye, a Silvia le gustaría que ganara nuestro caballo, ¿no crees? ¿Pero sabe

que corre? Sí.

Supongo que no se lo has dicho a nadie más.

Sí, es un secreto a voces. Si Cantador gana, mañana lo sabrá todo el mundo.

Pero si pierde, haremos el ridículo, porque solo tú y yo tenemos fe en él.

Pues si equivocaran, ya lo verás.

Buenos días, Sambo.

Hola, Tommy.

Oye, ¿sabes que para papá es muy importante que Cantador gane esta tarde

la carrera?

Cantador no ganará, Tommy. Es imposible.

¿Qué dices? Tiene que ganar.

Papá lo necesita y yo también. Cantador es mío.

Tommy, tengo que decirte algo.

¿Qué ocurre, Sambo?

Si Ramón se monta esta tarde a Cantador, Cantador no ganará.

¿Pero por qué?

Yo lo sé.

Yo entiendo de caballo. He nacido entre ellos.

Y te digo que Ramoncho no entiende a Cantador. Pero ¿por qué no lo va a

entender si él lo ha entrenado y él me ha ayudado a curarlo? No importa.

Le obedece porque le teme. Cantador solo te quiere a ti.

Cuando tú cantas, cuando oye tu voz, Cantador es otro. ¿Eso quiere decir que

estamos perdidos? Sí.

Hay que hacer algo, pobre papá. Y pobre de nosotros.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados. Sí, pero ¿qué?

Ven.

Pepita, chica, te estaba esperando.

Que no soy Pepita, idiota. Mira por dónde sale este.

Es su padre. Oiga, don José.

Que no soy don José, pero hay que tontarraeres. Que soy Tommy, idiota.

Tommy, chico, qué tío.

Escucha, campeón, y oye bien lo que voy a decirte. Que la cosa no es nada fácil.

¿De qué se trata?

De eliminar un heredío.

Bueno, bueno.

El triunfo de cantador depende de ello.

Si es por eso, cuenta conmigo. Pero mira que hay que movilizar a toda la clase.

Nah, eso es fácil.

Bueno, que no falle nada, ¿eh? Nada, nada, eso está hecho. Hasta luego,

Tommy. Bien.

¿De acuerdo?

Cuando tú lo dices, de acuerdo.

Diga. Tommy, ¿me oyes?

No puedo decirte mi nombre, pero soy una buena amiga tuya.

Tommy, conozco a una chica que está loca por ti.

Es preciosa.

¿Preciosa? Sí, ¿eh? Pues mira, yo tengo mis horas para hablar con la gente, de

siete a ocho, ¿sabes?

Monstruo.

No sé por qué estoy aquí.

No sé por qué me han traído. No sé por qué he apostado mil pesetas a cantador,

¿verdad? Silvia está segura.

¿Cómo? ¿Dice usted que ha apostado mil pesetas por cantador?

¿Entonces es seguro? Eso dicen. Por lo visto tiene que ganar.

Pues vamos a ganar todos. Un momento, no hay que perder las oportunidades. Ahora

mismo ven. ¡Qué barbaridad! ¡Qué pisotón!

Mira, yo me quedo por aquí, ¿sabes? De acuerdo, papá, pero no te alejes mucho,

¿eh? Les cuida.

Traigo lectura para muchas horas. Pasad un buen día de campo. Hasta luego.

Uy, caballero, ¿está usted seguro de que no nos hemos visto antes de ahora?

Realmente no recuerdo.

Piénselo bien, mi marido era de México.

Qué suerte. ¿Le gusta México?

No he estado nunca.

Pues es precioso. Si usted viera en el invierno, es la eterna primavera. Se

pone aquello delicioso.

Buenas tardes, Pedro.

¿Qué tal, Silvia? He apostado por cantar. Bravo, se lo va a agradecer

Tommy porque está muy nervioso. Sí, no sé lo que le pasa. También yo me he dado

cuenta. ¿Qué?

Ramoncho ya está vestido y nos va a tocar. Están tardando demasiado.

Buenas tardes, Tommy.

Hola.

Papá, ¿tú crees que ganará cantador? Ganará pirata, hija mía. Nosotros

ganamos siempre.

Ya

están

ahí. Acompáñale mientras entretengo al portero.

Vamos, muchachos. Pero con cuidadito, ¿eh?

Buenas tardes, jefe.

¿Por quién ha apostado? Por Vivales. Pues yo creo que sí.

Yo creo que sí va usted a ganar.

Seguro, toda la vida. ¿No falla una? Usted tiene buen olfato.

Bueno, amigo, espero que si gana Vivales me convide. Cuenta con él. Adiós.

¿Me permite usted pasar?

Cuidado, un momento.

Con permiso, y perdón el pisotón de antes.

Bueno, pues ya está. He apostado por cantador hasta las pestañas.

¡Hala, chicos! ¡Alpado! ¿No oís?

Hola,

Ramón Chu. ¿Cómo os han dejado entrar aquí? ¿Qué pasa?

Nada, ¿qué va a pasar? Que eres un tranquilo, ya debías estar fuera.

Ya voy, hay tiempo.

A usted Alejandro le está llamando el juez de peso.

Que vaya urgentemente.

Ramón Chu.

¿Qué quiere? Desnúdate.

¿Que me desnude? ¿Ahora? Sí, desnúdate.

¿Estás loco? Nada de loco, ya lo que te digo.

¿Qué intentáis? Campeón, sujetadle.

¡Socorro! Quieto, por la buena será mejor.

Por última vez, ¿te quitas el traje, sí o no? No, se lo diré a tu padre y a los

comisarios. Ya lo saben, les he dicho que se quede la cabeza. ¡Toma, reina!

Por desobediente.

Chicos, traed correr. Voy por ellas.

Toma.

¿Es Tommy?

¡Qué barbaridad! ¿Qué habrá sido de Ramoncho?

Algo debe pasar.

Suba, yo lo alcanzaré.

¡Qué grande es Tommy! Mira que si gana. ¿Y si se entera o qué? ¡Ah, tú

tranquilo!

¡Demonio! ¿Qué pasó?

¿No veis a Tom?

Si es el que monta cantador.

Atención, atención.

Se advierte al público que en la primera carrera a premio Castilla el caballo

cantador.

¿Qué pasó?

¿Quién ha sido?

Su hijo.

¿Por qué?

Todavía no lo sé.

Pero desde luego me despido. Esto no me había pasado nunca.

Su hijo es un ingrato. Le salvo el caballo y ya ve cómo me lo paga.

Ya están ahí. Ya salen.

Oiga, ¿cuál es cantado?

¿Y a mí qué me cuenta usted? ¿Cómo que no le conoce? No me lo han presentado

todavía. Pues como no gane, me va usted a huir. ¿Y usted a mí?

En estos momentos está siendo izada bandera azul, quedando los caballos

participantes a las órdenes... Pedro, ¿qué ha pasado? Algo increíble, pero

esta vez tendrá su merecido. Vamos a ir. ...apuestas que cierren inmediatamente.

¿Qué hay?

Hola, Manolo.

Pilata pierde. Pilata pierde, gana Cantú, seguro.

indican que de un momento a otro van a empezar las carreras. Cuanto hay que

esperar, ¿verdad?

Menos mal que estamos pasando la tarde muy bien. Hemos coincidido en todo. ¿Te

crees? En todo, en todo.

Orden provisional de llegada.

¿Por qué has hecho esto, hijo mío? Porque Cantador tenía que ganar. Pobre

Ramoncho. Lo siento, papá, lo he hecho pensando en ti. Cuando llegaba a la meta

solo tenía esa idea en la cabeza.

Muy bien, has hecho muy bien, hijo mío, pero tienes que hablar con él, anda.

Bueno, estará conmigo.

Enhorabuena, Gandía.

Ratifico mi oferta.

Le compro a Cantador, pero con una condición. Que me ceda usted también a

Tommy. Tommy, has hecho una monta extraordinaria.

Felicidades, Tommy.

Tommy, ¿me permites que te felicite?

Has estado maravilloso.

Oye, Silvia, ¿quién es esta chica?

Estúpido, presumido. Mira qué dices.

Mamá. Tosodioso.

Antipático.

En el hipódromo de la zarzuela se ha celebrado la vigésima reunión de la

temporada. En el premio Castilla venció el caballo cantador, montado por su

brillante hockey Tommy Gandía, por indisposición del titular, el veterano

Ramoncho. Ese soy yo, mira, mira. Qué pena, yo que no me enteré de nada.

Excelencias que bordean el recinto de la zarzuela,

Dígame. Sí, sí.

¿De parte de quién, por favor?

Un momento.

Papá, don Fabián Márquez.

Dígame. Hola, señor Gandía, ¿cómo está?

Muy bien, ¿y usted? Yo regular, regular. No paga nadie, no paga nadie. Siéntese,

me va usted a perdonar que le haya mandado llamar, ¿eh? Está usted en su

casa. Dígame, ¿ha visto usted la televisión? Sí.

¿Y ha leído los periódicos?

Bien, mi enhorabuena. Este invierno dejé en manos de su hijo un caballo inútil

que no tenía ningún valor, pero ahora...

¡Ah, qué demonio! Aquella calamidad se ha convertido en un campeón y vale

muchísimo dinero. Usted comprenderá que yo no puedo desaprovechar esta ocasión

que se me brinda. Lo comprende usted, ¿verdad, señor Gandía?

¿Le parece justo?

¿Qué quiere usted decir?

Está clarísimo.

Entre nosotros hay todavía pendiente una cantidad muy importante. ¿Un cigarrillo?

Muchas gracias.

¿Querrá usted creer que yo había ya renunciado a ese pico?

No. Lo siento mucho porque puede parecer una intransigencia, pero es otra la

cuestión. No, no, no, no, no. Está en juego mi dinero. No me resigno, la

verdad.

Cantador vale muchísimo dinero y puede ser una posibilidad para que yo recupere

una parte de lo mío. Pero tengo un poco de paciencia, don Fabián. Yo le pagaré.

No, no puedo esperar.

Tendría que considerarlo como un nuevo préstamo y a la vuelta de un año más

intereses.

Un cenicero. Sí, perdone.

Sería demasiado gravoso para usted. Y yo soy comprensivo. No quiero que diga que

le aprieto los tornillos.

Gandía, hijo mío, no deseo ser cruel.

Bueno, le doy a usted 24 horas para reembolsarme lo que todavía me debe. Si

no es así, procederé contra usted y Cantador saldrá a subasta.

Compréndalo.

Anda, abre.

Ya voy yo.

¿Qué pasa, papá?

Nada, Tommy.

¿Quién es, Tommy?

Es papá, abuela.

¿Qué ha dicho ese hombre, papá?

Mala noticia, Tommy.

Tienes que renunciar a Cantador.

¿Qué dices?

¿Renunciar a Cantador?

Sí.

Tenemos que dejarlo, Tommy.

¿Pero por qué? ¿Quién me lo va a quitar? Si es mío.

Has de ser fuerte, Tommy.

Dentro de unos días lo sacarán a subasta.

Se lo llevará el que más dinero pague por él.

No. No, papá, dime que no es verdad.

Dime que no me lo van a quitar.

Cantador es mío, tú lo sabes.

Y no quiero que me lo quiten.

Tommy, Tommy, tienes que ser hombre, hijo.

Yo solo quiero mi caballo y no dejaré que me lo quiten. No temas, Tommy.

Yo te lo compraré, tengo dinero.

¿Quiere usted callarse, Silvia?

Le suplico que no intervenga en esto.

Perdón.

Solo trataba de ayudar a Tom.

¿Qué le pasa, hijo?

Silvia.

Silvia.

Silvia, por favor, no se vaya así, se lo suplico. ¿Por qué no me deja que le

ayude? Es usted cruel con ese chiquillo.

No puedo, no puedo aceptar su dinero, Silvia.

Por orgullo, porque es usted muy orgulloso.

No. ¿Por qué entonces?

¿No quiere a su hijo?

Sí.

Silvia, yo la quiero.

Vuelva a mi casa, por favor.

Niños y niñas, señoras y caballeros, de Madrid y de provincia.

Acudid todos al fantástico concurso que patrocina el jabón Calixto. Un premio de

100.000 pesetas para el concursante que mejor cante una canción.

100.000 pesetas. 100

.000

pesetas para el que cante mejor una canción.

Concursantes, se va a cerrar el plazo de inscripción.

Acudan, acudan sin pérdida de tiempo.

Cien mil pesetas para el que mejor cante una canción.

Y entre tanto, lavaos todos con jabón calixto.

Y ahora, señores... Voy a la callabuela.

¿Pero qué os pasa hoy a todos?

Enseguida vuelvo, papá. ¿A dónde vas?

Es que se me ha ocurrido una idea estupenda para la subasta. ¿Con cuánto

dinero podrías tú contar?

Muy poco.

Pero si yo lo consigo, podremos comprar a Cantador en la subasta, ¿verdad?

Claro que sí.

Pero no quiero que pienses más en eso.

Hay que saber recibir los golpes en la vida.

No quiero aprender eso. Yo me las arreglaré, pero nos quedaremos con

nuestro caballo. Bueno, pero ¿a dónde vas?

¡Jabón Calixto! ¡Jabón Calixto! ¡Jabón Calixto! Sí, señores, Jabón Calixto.

Y ahora, señoras y señores, distinguido público que llena los estudios de Radio

Centro, vamos a proclamar los nombres... ...de los concursantes que acabarán en

la última emisión de la extensión de Calixto.

Callar esa murga, hombre. No se oye nada. Cien mil pesetas.

¿Cien mil pesetas?

¿Cansirá nada despreciable?

¿Qué ha inundado estos estudios de peticiones para intervenir en el

concurso monstruo de Jabón Calixto? Y de la rigurosa selección hecha sobre

aspirantes de toda España, han sido elegidos los siguientes concursantes.

Atención, Angelita Jiménez, José Valle, Lola Corales, Pepita Heredia, Pedro

Valverde, Pepón García y Tomi Gandía. Tomi, Tomi, es verdad, lo han admitido,

va a cantar.

¿Será posible?

Qué chico este.

Y en este momento comenzamos nuestro programa con la actuación de una

señorita realmente encantadora. Se llama Angelita Jiménez y es de Palma del Río.

Ha venido desde su pueblo invitada por la firma patrocinadora Jabón Calixto

para actuar en nuestro programa.

¡Atención! Anda, que hasta que le toque a Tommy... Podíamos ir a la radio, ¿no

os parece? Aún nos da tiempo. Venga, vamos.

¿Tú no vienes? No. Anda, vamos.

No tengo ganas. Bueno.

Esta es la hora de que papá esté en casa. La única solución posible es él.

No me explico por qué ese grandísimo terco no quiere aceptar tu dinero,

Silvia. La verdad es que cuando un hombre sale raro... No es un hombre

raro, son todos raros. Por eso yo me he quedado soltera.

Sí, lo sabré yo.

Papá, escúchame.

Sí,

papá, lo estoy oyendo.

Escúchame, no salgas de casa, por favor. Es posible que te necesite.

No, no preguntes. Adiós.

Bueno, ¿por qué estás tan seria?

¿Puedo saber a qué debo el honor de que hayas venido a buscarme?

Déjame ayudarte, Pedro. Te lo suplico una vez más. Las cosas no pueden seguir

así. Papá nos está esperando en casa.

Es mi padre quien te prestará ese dinero.

¿Me oyes?

Es mi padre y no yo.

Bueno, ¿por qué mezclas a tu padre en esto?

Escucha, por favor.

Dentro de unos momentos cantará tu hijo por la radio.

¿Qué dices?

¿Se ha vuelto loco?

Pobre Tommy.

Quiere ganar un premio para comprar a cantador.

¿Será capaz?

Pero aunque ganase, estoy segura de que no reunirá suficiente dinero.

Pujarán demasiado alto.

Pedro, hazlo por Tommy, ¿quieres?

Déjame ayudarte, te lo suplico.

No sirve, eso nunca.

Eres insoportable.

Jabón calixto, jabón calixto, lavado, visto y no visto. Te toca a ti. Y ahora

le toca actuar a un chico realmente simpático.

Prepárate que vas luego. Vamos a ver, ¿cómo te llamas? Pejón.

Magnífico Pejón.

¿Qué vas a cantar? El golondrón de Maruxa. Es lo que me gusta.

¿De dónde eres? De Alcalá de Naves. Bravo. Maestro, el golondrón de Maruxa.

Jesús, si esto es maruxa que no me hablen a mí del género lírico.

Estoy segura de que va a ganar mi nieto.

Pedro, hijo, va a cantar Tommy por la radio.

Pasad.

Señoras y señores, les voy a presentar al último concursante de los

seleccionados. ¿Vamos? Anda.

¿Tú eres Tommy Gandía? Sí, señor.

¿Qué vas a cantar? El ayayay.

Señoras y señores, con ustedes Tommy Gandía, maestro, el ayayay.

Mi hijito, mi hijito.

Y al darle...

¿Quién iba a imaginar que cantase así?

Porque hay un hecho indudable que entiende el tonto y el listo, que lo que

sea lavable exige el jabón calixto.

a la subasta del caballo cantador por Canteler y Pandora. A dos años,

este caballo ganó los premios Precoz y Gran Criterio en sus dos únicas salidas.

A tres años, ha ganado los premios Montalvo, Nubelán, Pelayos y Diputación

Provincial de Guipúzcoa, de un total de seis salidas, estando tercero en el Gran

Premio Nacional y no figurando en el Memorial.

A cuatro años ha ganado en su única salida premio de Castilla.

Atención, atención.

Va a empezar la subasta.

Caballo cantador a vender en 20.000 pesetas.

¿Hay quien cubra el precio de venta? Yo.

Cubierto. 20.000 pesetas. 20.000 pesetas a la una. ¿Hay quien de más de 20.000?

20.000 pesetas a las dos.

25.000.

25.000.

Gandía también puja. El niño que es cosa parte.

Treinta mil pesetas.

Treinta mil pesetas a la una.

Cuarenta mil.

Cuarenta mil.

Cincuenta mil.

Esto va rápido, papá. Ya veremos, Tommy.

No entiendo esto. Cómpralo, papá, anda. No hagas caso, está bien. Cincuenta mil

a las dos. Ya voy a comprar.

Sesenta mil.

Sesenta mil. ¿Hay quien de más de sesenta mil pesetas?

Sesenta mil pesetas a la una.

¿Hay quien de más de sesenta mil?

Sesenta mil pesetas a las dos.

Ochenta mil.

Ochenta mil. Dios mío, tú estás loco.

Cómpralo, papá. Compra ese caballo. Yo lo quiero. Cállate, niña. ¿Tú qué

entiendes de esto? ¿Que no entiendo? No. ¿Qué onda, papá?

Vea, 90.000. 100.000.

100.000. No hay quien de más de 100.000 pesetas. 100.000 pesetas a la una.

No hay quien de más de 100.000 pesetas.

Cómpralo, papá. Yo lo quiero. Te digo que lo compres.

Necesito ese caballo. Hija, cuidado que eres caprichosa. No, mamá. Lo quiero

para mí. Bueno, 150.000.

150.000 pesetas por cantador.

¿Hay quien de más de 150.000?

¡150.000 pesetas a la una! Un momento, por favor.

¿Cuánto dinero tienes, papá? Muy poco, hijo, unas 70.000 pesetas. ¿Lo ha puesto

todo?

¡170.000!

¡170.000 pesetas por cantador! ¿Hay quien de más de 170.000?

¡170.000 pesetas a la una!

¿Hay quien de más de 170.000 pesetas?

Ay, mamá, me quedo sin caballo.

Anda, papá, sube más. Mira, hija, ya que me has metido en este lío, 200.000.

Papá, ¿vamos a consentir esta humillación?

Ya está bien, Tommy.

¡200.000 pesetas a las dos!

¡200.000 pesetas a las tres!

Adjudicado en 200.000 pesetas al señor Mendoza.

Gracias, papá.

Vamos.

Vamos, Tommy.

Papá, nos lo han quitado intencionadamente.

Cálmate. Esto no se queda así.

Tommy.

Oiga, ¿por qué me lo ha quitado?

Perdóname, Tommy, lo siento. Me gusta mucho tu caballo. Pero mira, tengo una

idea. Me quedo con Cantador y te regalo a Pirata. ¿Qué me importa a mi Pirata?

Es igual, quédese con él.

De verdad que lo siento, Gandía.

Lo felicito porque se lleva un buen caballo. Lo cuidaremos como se merece.

Ah, liquidada la deuda.

He estado tentada a comprar a Cantador.

Para evitar un disgusto a Tommy.

Pero no he querido herir una vez más tu orgullo.

Te lo agradezco, Silvia. Tu gesto ha sido muy noble.

Pero aunque perdemos a Cantador, ahora me siento más unido a ti, a Tommy y a mí

mismo.

Sé lo que representa para ti el haber perdido a Cantador, lo siento.

Ahí te manda el señor Mendoza, pirata. Por lo visto te lo regala.

No lo quiero.

Hola, ¿qué hay?

Hola, Esteban.

Es un gran caballo. Mejor que Cantador.

Cantador es único, pero sin mí no ganará.

Eso lo veremos.

¿Sabes que el señor Mendoza me ha hecho su preparador? Te felicito.

¿Y que lo va a montar Esteban?

Corre el domingo el gran premio de la ciudad y ganaremos.

Me alegro por Esteban, pero ¿y tú por qué no lo montas?

He pensado que tal vez tuviste razón al impedirme que corriera.

Aquel estacazo me ha aclarado las ideas.

Además, estoy un poco metido en años.

Esteban hará ganar a Cantador, ya verás. No sé, puede que gane yo con Pirata.

¿Entonces te quedas con él?

Sí, ya veremos.

Me alegra verte animado, Tommy.

El programa oficial de las carreras.

¿Quién quiere el programa?

¿Programa? El programa oficial de la carrera. ¿Quién quiere el programa?

Atención.

Dentro de breves minutos se dictará la carrera más importante de la temporada.

Copa Salamanca.

300.000 pesetas de premio. Para caballos de todas las edades a partir de los tres

años. Detalle de las montas en el programa.

Oiga, ¿va el cantador?

Sí, pero es que no lo veo.

Traiga usted, carota.

Va a ganar, va a ganar. Voy a apostar por él todo lo que tengo. Apueste,

apueste. Es un consejo.

¿Cuántos has comprado tú? No sé.

A ver, uno, dos...

La estaba buscando.

¿A mí? Sí. ¿Por qué caballo apuesta usted? Por pirata. ¿Pirata? ¿No apuesta

usted por cantador?

Ese no ganará hoy. ¿No gana hoy? No.

¡Claro! ¡Pirata!

Deme todos los piratas que queden.

Los caballos están dispuestos para la salida.

Colocación. Primero pirata, segundo cantador. Viene por delante pirata.

Ha salido en cabeza pirata.

Mira que tendría gracia que ganara la carrera.

Ay, papá, yo quiero que gane cantador. Sí, hija, sí.

¿Cuál es?

¿Qué tiene que saberlo? ¿Yo? Claro. A mí que me cuenta. Entonces es que hemos

jugado a ciegas.

En este momento se procede a la entrega de la copa de la ciudad al propietario

del caballo cantador, don Fernando de Mendoza. Lo siento, señor.

¿Qué pasó, Tommy? ¿Por qué perdiste si vas a la cabeza?

No me lo preguntes, papá, porque no lo sé.

Yo sí lo sé, porque me lo ha dicho el jockey.

Cantador ha ganado la carrera porque Tommy ha querido.

Él no podía consentir que Cantador fracasara y le ha gritado.

Tommy sabe que cuando oye su voz es invencible. Por eso ha ganado Cantador.

¿Tú has hecho eso, Tommy?

Lo siento, papá.

Estoy orgulloso de ti.

Luchi.

Toma, hija. No.

¿Cómo que no la quieres?

La copa es de Tommy, él la ha ganado.

Bueno, dásela tú.

Tom, ¿me perdonas?

Tom. No, no, déjala. Si estoy contento. Porque lo que quería es que ganara

cantador. ¿Entonces me perdonas de verdad?

Sí.

¿Diga?

Tommy, ¿eres tú?

Sí. Oye, yo quiero decirte algo, pero me da vergüenza.

Dios mío, qué tontísimo eres.

Tú estabas muy mal de francés, ¿verdad?

Fatal. No sé nada. Ni pizca ni una palabra.

Entonces, algunas cosas te las diré en francés.

Escucha.

Llegará mi voz, óyeme, como al viento que canta al pasar,

óyeme, yo quisiera y no sé, y no sé

comentar. Te diré lo que nunca me atrevo a decir, te

diré desde un sol marsellés a un romance en París.

de mi corazón mon amour mon

amour jeté y hasta ti llegará

mi voz ¿me oyes? aunque

no entiendas mi canción no cuelgues, te lo ruego qué maravilloso sentirse así

tan lejos y tan cerca

Óyeme, mon amour.

Mon amour, mon amour, je t'aime.

Es la voz de mi corazón.

Y hasta ti llegará mi voz.

Mon amour, mon amour.

¿Entonces me quieres?

¿Me has entendido bien? ¿Te ha gustado lo que te he dicho?

Muchísimo.

Frescas y saben más francés que yo.

Amor mío.

Pero hija, ¿con quién hablabas? Era uno que se había confundido de número.

Luchi, escucha Luchi. Es que no me oyes.

¿Me quiere?

¿Me quiere? ¿Me quiere?

¿Diga?

¿Pero quién es?

Soy yo.

Silvia. Te voy a decir una cosa, a ver si me entiendes.

¿Pedro? ¿Me entendiste?

Claro que sí, pero...

Es que no esperaba esta declaración.

Me haces la mujer más dichosa del mundo.

Es maravilloso.

Si

ahora

le prometemos a Dios que no nos separaremos...

Después no tendremos una remedio que cumplirlo, ¿verdad?

Claro.

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