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Está bien, llame al 134.
Hola, control.
Haga acompañar al 134 a la dirección.
Enseguida, señorita Moreno.
Hola, cuadro 9.
Haga acompañar al 134 a la dirección. Está bien, al 134 a la dirección.
Bueno, le he hablado a la señorita Moreno.
Acompáñenme a la dirección.
Buenas tardes.
que ha recibido la orden de hacer efectiva su liberación.
De modo que saldrá fe hoy mismo.
Encontró trabajo muy difícil después de haber cumplido una condena de 20 años
por asesinar.
Sí,
ya sé que usted siempre ha invocado sin no ser.
Pero eso a la gente no le interesa. Una presidiaria es una presidiaria.
Solo puedo recomendarle que no se desanime y que recurra a nosotros que
haremos lo posible por ayudarla.
Aquí tiene su documento.
¿Qué?
Adiós y buena suerte.
¿Quiere sellarme los comprobantes de la 134?
Muchas gracias.
Gracias.
Empieza a oscurecer, Raúl.
Tengo que apurar.
Debe hacer más de una hora que estoy posando.
Discúlpame, cuando pinto me olvido de todo.
¿Estás cansada? Cansada no.
¿Falta mucho?
No, casi nada.
Ya podés ver.
¿Ya?
Ay, Raúl. Ya lo creo que sí.
Bueno, pero por hoy basta.
Ah, no, quiero aprovecharla a mí. La señora está pintando desde las tres.
La riega, los pinceles, ha dicho que basta.
Nena, dame los pinceles.
¿Qué es eso?
¿Qué es eso? ¿Qué es eso?
¿Qué es eso?
¿Qué es eso? ¿Qué es
eso?
No, no hay luz.
Estoy encantada.
Ya te vi.
Un año ya. Un año desde que vinimos aquí por primera vez.
El Perón estaba en flor como ahora, ¿te acuerdas?
Habías debutado en la variedad, ¿eh? ¿Verdad?
Cuando Arturo nos presentó no me atreví a hablarte.
Era la primera vez que entraba al camarín de una actriz.
Una mirada.
La ciudad entera repetía tu nombre.
Y supieras cuántas lágrimas, cuántas humillaciones se precisan para que una
ciudad entera repita tu nombre.
Es el pasado, no volverá.
Pronto estaremos casados.
¿Hablaste con tus tíos?
Cuando te conozcan olvidarán sus prevenciones.
Cada vez que paso por tu casa y veo esas grandes puertas, me parece que siempre
estarán cerradas para mí.
Pero, niña, ¿por qué?
No sé.
Esa casa tan hostil.
¿No tenés confianza en mí?
Tus días no han querido ni ver.
¿Tu hermano se opone a nuestro casamiento con la misma actitud?
Sí, pero mi padre no está en el mismo caso.
Por seguir llevándome el teatro.
Algún día no te arrepentirás de haberlo dejado.
No.
Castigaría al fin del mundo.
Lo dejaría todo.
Solo sé que castigo.
Hola, Adela. ¿Cómo estás, Arturo? Bien.
Arturo, basta.
Salomita, déjame hablar.
Sabes que no me gusta discutir. No le gusta discutir. Nena, no te desanimes,
que aquí estoy yo para ayudarte. Está bien. Donde manda capitán, no manda
marinero. Estoy con el corazón en la boca. Hemos venido a 30 kilómetros por
hora. ¿A cuánto? A 30.
¡Ay, mamá! ¡Mamá, pronto!
¡No vas a matar! ¡Le dio el vaíto!
¡Pronto!
Arturo, sos un inconsciente. ¿Qué crees que es? Tengo el vértigo de la
vertiginosidad. Arturo, ¿no ves el difícil?
¿Sabes que a mamá no le gusta? Pero, nena, no lo hago estresamente.
Cada pajarito tiene su gorgorito.
Arturo, por favor, que me saque mi nervio para refranes. Mamá, paciencia.
No te desmoralices.
Tesoro, ¿qué es de tu vida?
Hace siglos que no te veo.
Precisamente por eso les pedí que vinieran.
Disculpad que la hayamos traído a mamá sin avisar.
¿Cómo que no estaré de más?
Señora. Entren.
Sí, señora.
Qué bonito es esto.
No podemos demorarnos.
Nina, arreglate ligero.
Sí, por favor. Que nos va a tomar la noche y en automóvil es tan peligroso.
No, no tengan miedo. Acabo de comprar unos faros con querosene que iluminan
perfectamente. ¿Con querosene o sin querosene? Es un peligro.
Arturo, no nos contradiga.
¿Y mi pinche?
Aquí está.
Adela siempre comiendo bombones. No se crea que lo hago por placer. Usted va a
enfermar, hijita.
¿Qué queréis, mamá? Tengo que engordar. No se gusta ser delgada.
Quiere estar a la moda. Pero que está muy bien así.
Niña, no seas a la mía.
Que yo sé que soy muy flaca. No puedo gustar. Pero sí, Torcasa.
A mí me gustas. ¿A vos?
¿Y qué importancia tiene?
Ay, Arturo, por favor, piensa en mis nervios.
Nena, come un bombón. Tienes que engordar.
Piránea de la moda, pero tiene que engordar. Vamos, Nina.
Y ya estoy.
¿Estos trajes modernos son tan prácticos?
Una ceviche en el minuto. Vamos, Arturo, no estés abriendo la boca. Voy, pichona.
Después hay que esperar una hora para que funcione el carburador.
Apurémonos. Niño Raúl.
Entré el caballete y el cuadro que han quedado afuera, pero sin tocar la
pintura con las manos. Niño Raúl, llega doña Rosario.
¿Cómo? Acabo de ver el coche doblando por los de colina. No, Raúl. ¡Apunate,
Raúl! Voy.
Está bien.
Tengo que quedarme. Llegan mis tías.
¿Te esperamos?
No. Vuelvan sin mí.
Te veré esta noche en el teatro. Hasta luego.
Hasta luego. Trataré de llegar antes de mi número.
Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós. ¿Tenía visitas? Josefa. Pero Rosario. Entremos.
Buenas tardes. Buenas tardes, José. Buenas tardes, niña. ¿Cómo te va? Bien,
gracias.
¿Estabas pintando?
Sí. Josefa.
El cuadro está casi terminado.
Lo he pintado todo al aire libre.
Me falta muy poco.
Nada más que... ¿A quién venís?
Es esa mujer, ¿no?
Sí, es esa mujer.
No te escandalices.
He usado la palabra más suave.
Dejadme hablar.
Estoy cansada de contener.
Cansada de diplomacias que no han servido para nada.
Quiero que te dé cuenta una vez por todas.
Que tenés que elegir empresa cómica o nosotros.
No se puede condenar a una mujer sin conocerla, sino oírla. ¿Oírla?
Demasiado la ha oído todo Buenos Aires. ¿O querés que nosotras también vayamos
al variedad? No quiero contestar su sarcafotía, Rosario. Pero yo también voy
a hablar francamente.
Sepan que nada me hará renunciar a él. Que me casaré por más que a usted le
fije. Está bien, casate.
Pero no tendrás un centavo nuestro.
Nunca más podrás contar con nuestra justa. Ni dinero. De su dinero.
Desde chico me ha hecho sentir que yo vivía de su dinero.
Usted y Rosario me recogió, me crió, me educó. En cambio, ya he soportado.
Estamos amados. No te olvides que en esta quinta estás también.
En nuestra casa.
Rosario. No se preocupe.
Dame.
Raúl, ¿te das cuenta que vas a sacrificar todo por él?
¿Te das cuenta que vas a sacrificar todo por él? Ya lo dije, estoy decidida.
Es una decisión inaceptable. ¿Por qué? Porque sin usted la gira queda en nada.
Lo siento, Rodri. Pero no.
Pensa a lo que estás diciendo.
Abandonar el teatro en pleno triunfo. Es asunto mío, señor.
Es cierto.
Pero de vos depende el pan de tus compañeros.
Antonio, en lugar de dudarme estás haciendo lo más difícil.
Estás defendiendo a todos.
Bien, bien.
Venga, como usted quiera.
Pero por si se arrepiente, recuerde que el vanidad es...
Está siempre abierto para ti.
¿Has pensado bien el sacrificio que vas a hacer por ese muchacho? No es
sacrificio. Qué poco amor le tenés al teatro.
Por ese pintafuertas olvidás tus sueños, lo que has sufrido y luchado. No, de eso
no me olvido. Y ahora que el público te aclama, ¿lo querés abandonar? Ah, no, no
tenés derecho.
Sí que lo tengo, Antonio.
No puedo más.
No pueda seguir buscando día tras día por el éxito. Triunfar cueste lo que
cueste. ¿Por qué no voy a tener derecho también yo a un poco de felicidad? Como
yo la entiendo.
Una casita.
Un jardín.
Un hogar.
Y yo.
Yo que he vivido solo para vos.
Anulado por vos.
Un sombrero.
Un sombra.
Mi casa.
Mi hogar.
que seguirá rodando por los de Sena.
Antonio, no te pongas así, por favor, no te pongas así.
Déjamelo pensar todavía.
Señorita de Sena, las inglesas ya terminan.
Déjenos, señor.
Su hermana tiene que vestirse.
Y se quedará por mi cuenta.
Yo la voy a fumar.
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¡Qué horror!
Las cosas que hay que ver, saber que el pantalón no deja la fe.
Bañita sin rubor, ciclista sin faldón.
de alarma, por eso se suelen quejar, las buenas abuelas
antiguas, y al vernos pasar, ay, Jesús y María,
que cantí.
Tuvimos una discusión muy desagradable.
Y después hice sacar mis cuadros de la cinta.
¿Hiciste sacar los cuadros de la cinta?
¿Por ti?
No volveremos más cerca.
¿Qué ha pasado?
Es largo de contar.
No vale la pena.
Mira, nuestra vida va a ser muy difícil.
Tendremos muy poco dinero.
Nada más que lo que yo pueda ganar con la venta del cuadro.
¿Es por mí?
No, no, es por mí.
Y no me arrepiento, al contrario.
Estoy contento. Entonces tengo que seguir cantando.
Voy a firmar el contrato. Ah, no, eso nunca.
Hoy me has prometido dejar el teatro.
Es que la situación ha cambiado.
Lo único que ha cambiado es que esta tarde creías que tenías dinero.
Y ahora sabes que no lo tengo.
¿Cómo podés hablarme así?
Te estoy contestando, nada más.
Raúl, vos no sabés lo que es la miseria. Yo sí.
Vos no sabés lo que es correr por las calles en busca de trabajo, con hambre,
sin casa, sin mesa, sin la menor esperanza.
¿No te atreves a seguirme?
Es que no sabés lo que me estás pidiendo.
Lo sé perfectamente.
Hasta esta tarde tenía una vida cómoda y fácil.
Por nuestro amor la he abandonado.
¿Por qué no se pronunció tu nombre con cariño, rompí con mi tigre?
Ahora estoy solo y no tengo dinero.
Tenés que elegir.
El teatro o yo.
Hazme lo que quieras.
Buenas.
¿Nina? ¿Está esperando Robles en su espacio?
Es inútil, Antonio.
No firmo el contrato.
Deja el teatro.
¿Y deja el teatro?
¿Pero cómo?
¿No me había prometido pensar?
Está pensado. ¿Y a usted quién le habla?
Oiga, cambie el tono.
No se meta en lo que no le importa. Antonio, vamos.
Un momento, vos te quedás acá.
Oh, bájale, compadrada.
Si no querés que esto termine mal, aconsejale que no se meta en tu vida. Tu
vida estará siempre unida a la mía.
Mañana nos casamos.
Vamos, vamos.
¿No sabes qué día es hoy?
¿Hoy? ¿Marte?
Hoy hace seis meses que te has captado.
Seis meses de esclavitud.
Nina, ¿cómo puedo olvidarte de tu primer semestre matrimonial? Es cierto.
Claramente.
Pero Nina, qué sorpresa.
Quien ríe último ríe mejor. Yo sabía que no se iba a olvidar.
Disculpa que la hayamos oído a mamá sin avisarse. Supongo que no estaré de más.
Señora, ¿cómo puede pensar eso?
Paloma, coloca los paquetes sobre la mesa.
Arturo, no me des indicaciones.
Yo sé bien lo que tengo que hacer.
Ella sola sabe lo que tiene que hacer. No la tiranice.
Pero Raúl, jamón, perdices.
Y vino sidra.
¿Cuánto han gastado?
Nina, una noche como hoy.
No hay que gastar tanto. Por primera vez en seis meses. Ay, basta, por favor. No
puedo soportar las discusiones. Haces mal, pichona. De la discusión nace la
luz. Arturo, si me volvés a interrumpir, te doy un sopazo.
¡Qué manía!
Por favor, Arturo. Mis nervios.
Ay, nena, resignación.
Nina, sos una tirana.
Gritándole porque ha gastado una vez en un poco de comida.
Es que yo también he gastado de más.
¿Gastado de más?
¿En qué?
Este, Raúl, Nina quería cantar la canción que compuse para ustedes.
¿Y? ¿Y entonces?
Compré un piano.
¿Un piano?
Pero, Nina, estás loca.
Llevamos cuatro meses de alquiler y compras un piano.
Raúl, no te enojes.
No, no. Es que no puede ser.
No hay derecho. No se puede ser tan inconsciente. Hay que decir que no lo
manda. Es que ya está acá. ¿Acá? ¿Dónde?
Ay, no lo veo.
Arturo, toca la canción.
¿Ahora? Sí. Sí, ahora.
¿Antes de comer?
Sí.
¿Tiene su cornetín, Paloma?
Naturalmente, Arturo. No haga preguntas inútiles.
¿Mi tambor? Allí está, mamá.
¿Lista la ofensa?
Sí.
¿Estamos?
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Corazón mío.
Volvamos a ser niños cantando una canción.
Palotes del pasado que vuelven del confín, brazos de muñecos con
alma de acerrín.
¿Recuerdas? ¿Quién pudiera volver a aquel bazar?
los ojos sin tristeza y el alma de cristal.
El organito del corazón vibra y me deja de
repitir cuando dicen las voces de tu canción.
De la mano volvamos a vivir,
detrás está la sombra, yo sé del porvenir.
Tú cantes en mi noche, la luz que se perdió,
tus manos son juguetes para mí.
Volvamos a ser niños cantando una canción.
Cantando una canción.
A comer, a comer.
¿Una perdicita o tres?
Para mamá.
¡Cállate, Arturo!
Cerra la puerta.
¿Estuviste con él? Sí, le entregué todo.
Nina, a mí me parece que haces mal. No deberías tener secretos con Raúl. Hay
cosas que no se pueden decir.
No creas que no me cuesta.
Me paso las noches sin poder dormir, pero no encuentro solución.
Acá tenés el sobre. ¿Cuánto te dio?
500 pesos.
¡Claro! No es mucho.
Con un padre que no lo llegue a saber tu hermano, Antonio está en gira con la
compañía. A ver, ¿cómo podré recibir lo que haces por mí?
¿Charlando acá en vez de atender a los invitados?
Unas palabritas nada más.
Ya voy.
¿Tienes una?
Sí.
Me he manchado la solapa. ¿Qué hay?
No es nada.
Un poquito de agua.
Y va a salir enseguida.
Una toalla. ¿Tienes un pañuelo? No hay pañuelo. Dámelo. No hay.
Dámelo. No, Raúl. No, Raúl. Dámelo.
¿Y este dinero?
Sí. ¿Quién te lo ha dado?
El señor de mi anillo, el regalo de Antonio.
¿Empeñado? ¿Por qué? No es lo único que empeñado. Ya no me quedaba otra cosa.
Había que pagar.
Debíamos en todas partes.
Perdón. Además, tengo que decirte otra cosa.
¿Otra cosa?
¿Crees que va a ser un varón?
No sé.
Puede ser una nena.
Ah, no.
No podés hacer eso.
Por favor, tené cuidado.
Necesitamos un varón.
Cierto.
Voy a hacer lo posible.
¿Arquitecto o abogado? No te rías. Yo sé por qué te lo digo.
Y el Rosario detesta a las chicas.
¿Y el Rosario?
Ni una.
Las tías.
En cuanto lo sepan.
Pero claro, si todo se va a arreglar, hay que decirte. Vamos a casa.
¡Qué alegría!
Espérame acá.
Hablaré con ellas y luego para qué emprenderé una seña. ¿Desde dónde?
Desde aquella ventana.
Bien.
Para la suerte.
Vuelva a la calle de frente.
La dama de trébol es una mujer morena.
Dos de ti, que no te quiere bien. Ahora tenés que tirar vos.
¡Entre!
Con su permiso, señora.
Buenas tardes, doña Rosa.
Vengo a decirle que si no paga no, el patrón va a tener que avisarle al
procurador. Tiene que esperar a que vuelva mi marido.
Ya ve, doña Rosa, han llevado el pablo al salón de bellas artes. ¿Y en ese
salón piensa vender el cuadro?
Sí, es un concurso.
Quizás que el premio, vamos a tener mucho dinero.
Hace seis meses que vienen demorando y el procurador está abajo.
¿Qué le digo? Dígale que espere.
Ahora de volver mi marido, la suya la tendrá retrasado.
Le diré que espere un poco entonces, si usted comprende. Sí, yo comprendo. Está
bien.
Nina, yo no sabía que estaba en una situación tan difícil.
He vivido disimulando hasta ahora, pero ya no puedo más.
Perdóname que llore. No creas que me falta coraje.
He pasado muchas veces por momentos peores.
No sé lo que es tener hambre.
Por mí, seguro que puedo soportarlo todo. Pero ¿cuándo pienso que pronto van
a ser hijos?
Sin casa, sin dinero, sin todo lo que necesite una criatura.
Creo que me voy a volver loca.
Nina, por favor, cálmate.
Todo se va a arreglar.
¡Qué manera de llover!
A mal tiempo, buena cara, ¿eh? Una buena noticia, Nina.
¿El premio?
Es seguro.
Al que madruga, Dios lo ayuda. ¡Arturo! ¡Bajo el refrán! Por lo que nos ha dicho
este afino, parece que los miembros del jurado están entusiasmados. Han colocado
tu retrato en el salón principal.
La gente se detiene y lo admira. No por mucho contemplar... ¡Arturo, silencio!
En boca cerrada no entran moscas.
Adela, un refrán. Ay, me contagió.
El premio son unos cuantos miles de pesos que le vendrán muy bien. No sabes
hasta qué punto estás en lo cierto.
Felizmente que con esto se soluciona todo.
Don Raúl, tengo que hablarle. ¿Es por el alquiler? Sí.
Yo no puedo esperar más. El patrón se enoja conmigo. Deben casi seis meses.
Yo también tengo que cumplir.
Voy a ver si puedo darle algo enseguida.
Arturo.
Quizás este amigo pueda prestarle un dinero.
¿Qué hay?
Me puede prestar 50 pesos.
¿50 pesos?
Agua que va arriba abajo, arriba no volverá.
Toma 30.
¿Está conforme, doña Rosa?
¿Siente que prometa darme el resto en estos días? Sí, sí lo prometo.
Gracias. Sí, disculpame. Te lo devolveré dentro de dos semanas, cuando me compren
el fondo.
El jurado ya se ha reunido.
Muchachos, se está jugando mi suerte. Pronto va a ser célebre. Si a usted le
dan el premio, lo sacamos de la carátula de... Está casi seguro.
O vos o padre se sacan el premio.
Atención, ahí está el jurado.
Vale, ajá, cae.
¿Cómo está, amigo? Muy bien, maestro.
Lo felicito por su trabajo.
Está muy bien, muy bien.
Le hemos dado el premio a su compañero Visconti.
Usted es muy joven todavía.
Hay que recompensar los años de trabajo.
El año próximo presentemos una obra como esta y usted será un candidato seguro.
Rápido, el agua caliente.
Usted no puede entrar, espere.
Ay, felizmente que he venido, nena.
¿Has visto?
Ay, si no, ¿qué hubieran hecho sin mí?
Agua de azahar.
¿Cuánto tiempo hace que empezó? Una hora más o menos.
Todavía viene para rato. No se puede saber.
Acuérdese de la pobre señora de enfrente que murió en menos de media hora.
Venga ligero a la cocina y traiga más agua.
¡Raúl! ¡Es un varón!
Puede pasar. Todo anduvo muy bien.
Es un varón. Ya sé.
¿Dónde estuve?
En la exposición.
¿Las haces premio?
Sí.
¿Pero por qué lloras?
Tenía tanto miedo.
No podía pensar en otra cosa.
Yo lo necesitaba tanto.
¿Y los 100 pesos me los podés prestar?
¿Los 100 pesos?
Mira, vos sabés que yo tampoco tengo mucho dinero.
La gente me cree un hombre rico, pero no todo lo que brilla es oro.
Los voy a prestar, aunque es un sacrificio bárbaro.
Toma.
Gracias.
Este, Raúl, estoy componiendo, ¿sabes? Sí, sí, me voy. No quiero molestarte.
Adiós.
Mamá, mamá.
¿Te preparaste ya? Sí, vino a pedir plata.
Tenemos que dejarlo beber.
Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe.
Supongo que no habrá dado ni un cerizo.
No pudo rehusar. Es la última vez. Nos están tomando por son.
Son unas caras duras, pobres. Me dan lástima.
¿Lástima? ¿Y a mí quién me tiene lástima?
Ir a la almacén tranquilamente y cuando hay que pagar, no hay plata.
Pero a mí no me toman por son. Haga el favor de no gritar.
Aquí tiene los 40 pesos.
Váyase.
Me dieron un adelanto sobre la venta del cuadro.
Lo han traído de vuelta.
Sí. Así es ahora.
El dinero... se lo prestó Arturo.
Sí.
También ha sellado un telegrama.
¿Telegrama? ¿Lo abriste?
No.
Nina, la tía me manda a buscar.
Está en la estancia. ¿Te mandan a buscar?
Suplico que te vengas por primer tren.
Perdónanos. Cariño, Rosario.
Perdóname.
Quieren verme, Nina. Quieren verme. ¿Has visto?
Ya estabas desesperada. Estabas por llorar. No, no. Sí, flojona.
No.
Pero yo sabía que algo iba a suceder.
Ahora empezaremos a tener suerte.
Alegrate.
¿A qué se está entrando? A la suelo tengo que irme enseguida. ¿Dónde está la
balita? En el dormitorio.
No, a integrar el ropero.
Dame las camisas.
Las camisas, las medias.
Y los pañuelos. Aquí tienes 30 pesos. En cuanto llegue te giraré más dinero.
Déjalos sobre la mesa.
Ahora empieza una buena vida para usted también.
Dígale adiós a su padre que se va en el tren.
Raúl, por fin.
Sí, Rosario.
Gracias a Dios que ha llegado.
Josefa está gravemente enferma.
Ya sé. Me lo dijo Serapio en el coche. El doctor Allende estuvo acá y se ha
vuelto a Buenos Aires.
Entra.
Josefa, aquí está Raúl.
Un minuto.
Vía José.
Gracias por haber venido.
José, no podía morir tranquila. Me perseguían los ojos de tu mujer
esperando en el coche.
Y sus ojos tan tristes clavados en mi ventana.
Yo me escondí para que no me viera.
Y ella, pobrecita, esperó.
Esperó y nosotras no la dejamos entrar.
Cálmese, señora.
Pero el mal que hemos hecho, lo vamos a reparar.
Nina entrará a nuestra casa.
Las puertas cerradas se abrirán.
Nina entrará por la puerta grande. Dios mío.
La puerta grande.
No hay esperanza.
No, ninguna.
El doctor Allende te lo dijo muy claramente.
Lo irá pagando poco a poco.
Y tú no podrás acostumbrarte a vivir sin ella.
Te hablaba siempre de ti.
¿Cómo no hubiese querido ver?
Tengo todo el dinero, amigo.
Ayer no tenía.
Esto lo arreglo ahora mismo.
¡Ángela!
Tengo aquí más de mil pesos.
Llamada a terapia.
Séntate. ¿Por qué no le escribís unas líneas?
¿Y será que podría hacer el giro mañana por la mañana?
¿Llamó a mí?
Sí. Mañana a primera hora te vas a ir al pueblo.
Si vas a hacer un giro de mil pesos, lo vas a poner dentro de esa carta.
La mandaste certificada.
¿Quién? No.
Quédate. Será la carta.
Decirle lo que es usted.
Lo que te distingue.
¿Por qué falleció?
¿Qué te vas a quedar así?
Nina.
Abrí nomás, no hay ningún cobrador.
Antón.
Entra.
¿Terminó la fila? Llegamos el sábado. Fue un éxito.
¿Tu chico?
Sí.
Ese te parece.
¿Y tu marido?
Están en el campo.
Las que no mandaron llamar.
Las pobres insistieron tanto por reconciliarse con nosotros.
Pero Raúl tiene mucho amor propio.
Felizmente pude convencerlo.
Te ha abandonado, ¿no?
Veo que lo seguís odiando. Y yo veo que vos seguís tan cegada como antes.
Parece mentira, niño.
En esta posibilidad, pasando hambre y con los ojos hinchados de tanto llorar.
Ya ha pasado el mal momento.
Ni el telegrama.
Sí, lo llaman a él, pero no a vos.
¿Cómo te dejas tratar?
¿Qué mal?
¿Qué crimen has cometido?
Escupirles a la cara, eso es lo que debieras hacer.
Mostrarles que vales tanto como ellas y mucho más en lugar de arrastrarte como
una mendiga.
Antonio, andate, por Dios, déjame.
Pensar que podrías tener comodidades, lujo, dinero... ¡Andate!
¡Andate! No quiero irse más.
¿La señora Nina Olmos? Vive aquí.
Soy su hermano.
Tiene que afirmar.
Ni nada.
Quisiera ayudarte.
¿Necesitas dinero?
No, gracias.
Tengo todo.
Está bien.
Pero acordate.
Vení a verlos al teatro.
Allí te estamos esperando.
Buenas tardes.
Buenas tardes, señor.
¿Qué desea?
¿Trabajando? Como siempre.
¿Quiere ganarse 100 pesos?
¿100 pesos?
¿Cómo?
La suerte nos ha favorecido. Está en el campo porque una de las viejas se está
muriendo. Yo arreglé con la portera para que todas las cartas y telegramas que
lleguen me las entregue a mí. ¿Y qué es?
Habría que mandarle al marido un telegrama firmado por ella para que no
sospeche. Ya se lo mandé. ¿Ya? Ya.
Disculpe, doña Rosa.
¿Estás segura que no ha habido carta para mí? Que no ha llegado nada, pero
nada. Nada. Y en cuanto al pago, mire que el patrón dice que no puede esperar
más. Que tiene que pagar o si no la voy a hacer desalojar. ¿Me oyes? No hay
derecho a aprovecharse así de la gente. Que vive honestamente de su trabajo,
engañándolas con mentiras. Sí, promesa.
Y se van llenando el buche sin consideración. Con nosotros, señora. Que
hemos tenido toda clase de consideraciones con usted. Pero ya no es
posible. No podría esperar unas horas más.
Hace diez días que se ha ido mi marido. Tengo que recibir cartas de él.
No sé lo que sucede, señor.
Usted comprende.
Lamento, señora.
Lo único que puedo hacer es esperar hasta hoy a las seis de la tarde. ¿A las
seis? Sí.
Cuando salga de la escribanía, vendré por ahí.
Disculpe, señora.
No se puede pasar la noche así.
No, no, no puedo irme. Ahora necesitas descansar. Después hablaremos.
Raúl, estás hablando como un loco.
Es que yo lo juro, niña. ¡Y dijo que iba a alcanzar a los turnos! ¡Dios mío!
Tenés que salir.
No se descarta de mí.
La sala está llena. El público ha llegado para tu número.
Ya verás qué éxito.
Antonio, no voy a poder cantar. ¿Qué te pasa?
No tengo valor.
¿Pensá en tu hijo? No, quién sabe si no me lo recortará algún día. No haces nada
malo. Lo que ustedes me hacen cantar es una canción de bajo fondo. Es un tango.
No lo canta ni lo baila ninguna mujer decente. Esos prejuicios son indignos de
una actriz. La decencia no está en cantar un valsa en lugar de un tango.
Vamos, vamos, a escena.
Entre.
Arturo.
Qué sorpresa verlo.
¿Y Adela, cómo está? Muy bien.
Hubiera querido venir, pero usted comprende, ¿no?
¿Comprendo qué?
Nina, prefiero preguntárselo directamente.
¿Es cierto que va a cantar tangos?
Sí, es cierto.
Pero, ¿se da cuenta de lo que hace?
Piensa en lo que va a decir la gente, la familia de Raúl, sus amigos.
Mis amigos.
Mis amigos no averiguan lo que voy a cantar para saber si pueden seguir
siendo mis amigos.
Me conocen, canten lo que canten y no dudan de mí.
¡A escena!
A escena, señorita, a escena.
Yo
soy...
Morocha, la más agraciada, la más renombrada
de esta población.
Soy la que al paisano, muy de madrugada, muy de
madrugada, brinda un cimarron.
Soy la morocha argentina, la que no siente pesares.
Yo soy la morocha de mirar ardiente,
la que en su alma siente el fuego de amor.
Soy la que al criollito, más noble y valiente, más noble y
valiente, ama con ardo.
Soy la morocha argentina, la que no siente pesar en...
Yo soy un pico yo.
La morocha así, de mirar ardiente hoy,
la que en su alma siente hoy, el fuego de amor.
Tenían razón. Un año de vida decente era demasiado para vos. Pero Raúl, ¿estás
loco? ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado? Es lo que me pregunto. ¿Qué ha pasado? ¿Por
qué estás aquí?
¿Cómo has podido estar en esto?
¿Qué querías? ¿Que nos muriésemos de hambre, Nico y yo? ¿Que estuviéramos en
la cátedra de limón en sus días?
Anda, anda con tu gente.
Déjame a mí ganarme el pan de Nico. ¿Y el dinero que te mandé? ¿Mil pesos no te
pasaban para el pan de tu hijo? ¡Mil pesos!
¡Vas a decirme que veniste al cuadro!
Ahora estás en tu juego. Ahora empiezo a conocerte.
¡Vos tenés la culpa!
¡Vos me la vas a pagar!
¡No, por Dios!
¡No! ¡No!
¡Déjale a él!
¡Déjale que él me haga esto! ¡Tanto!
¡Corral!
Raúl.
Raúl.
¡Vamos!
Nos van a descansar.
¡Aquí no hay nadie!
¡Deben haber agarrado para allá! ¿O se han bajado antes?
¡Volvamos!
¡Ahí, en esas acueras! ¡No, que ahí no puede haber nadie!
¡Vamos a ver por las dudas! ¡Vamos!
Un segundo, señor.
No, no, no. Ahí viene.
No hay nadie, mi cabo.
Está bueno.
Vamos entonces.
¡Hacelo callar!
¡Por lo que más quieras! ¡Hacelo callar!
¡Hacelo callar!
¡Chaparle la boca!
Vayan a caballo.
Fíjese que las declaraciones de los testigos están en contradicción evidente
con lo que ustedes dicen.
Fíjense que su única salvación es decir la verdad. Pero señor juez, si lo que yo
digo es cierto. Cuando entré en el camarín al oír los gritos de mi hermana,
él le estaba pegando. Era un bruto, un equilibrado.
Era un muchacho bueno, señor juez.
Incapaz de hacerle daño a nadie. La última noche la pasé en una plaza con mi
hijo en brazos.
Tenía hambre. Es imposible que tuviera hambre. Si me lo hubiese dicho, con la
confianza que había entre nosotras.
Bien, puede retirarse.
¿Contestó como yo le había indicado?
Las preguntas eran tan distintas.
Pero creo que no puede haber ninguna duda.
Contesté siempre la verdad.
No basta que los hechos sean verdad.
Además, tienen que aparecer.
Y desgraciadamente, en su caso, el código es terminado.
¿Usted quiere?
Yo no entiendo el código, pero no es posible que me condenen. Usted no lo
permitirá, ¿verdad?
¿Puede que no soy sola, que tengo un hijo?
Usted tiene que sacarme de aquí. Tiene que sacarme.
Tiene que sacarme.
He hablado con uno de los camaristas.
Las opiniones están divididas en el tribunal, pero González está
completamente con usted.
Vaya a dar esta un poco dura de su inocencia, doctor Linares.
Es que la sentencia ya está dictada.
Quiero que tomen con serenidad lo que les voy a decir. Es necesario tener
valor. Hay una diferencia de tiempo entre las dos condenas.
La suya, como coautor del hecho, es de 15 años.
Y en cuanto a usted, señora, se admite que el homicidio ha sido cometido sin
alevosía, pero no hay concurrencia de circunstancias atenuantes.
Es... De 20 años de reclusión.
No sea que doña Rosario Olmos es una mala persona.
Tu hijo estará bien en casa de ella.
Esa adopción es lo mejor que le podía pasar.
¿Puede ver una vez más?
Sí. El juez ha accedido a su pedido.
Afuera está doña Rosario con el niño.
Hermanos, ruegan juntos.
Vengo en busca del niño.
Se ha despertado, pobrecito.
Dímelo, niña.
Tiene que despedirse.
¿Cuánto tiempo puede tenerla? Unos minutos.
Llore, cariño.
Llore, es mejor.
No puede llorar.
No puede.
Esa adopción es lo mejor que le puede dar.
Estará bien en esta casa.
Pero es que necesitaba una muerte para que pudiese pensar en él.
Estará bien en esta casa.
La Rosalía es una señora muy buena.
No, todavía no.
Todavía no. Fíjese que no voy a ver más.
Fíjese que son 20 años.
No, hermana, no me puede hacer eso. Usted me mata. No me saquen a mi hijo,
no. No se me puede quitar el hijo de mi madre.
¿Quién es ella?
Quiero hablar con doña Rosario Olmos.
Llame por la puerta de servicio.
Decidí hablar con la señora.
¿Para qué asunto es?
Es un asunto privado.
Dígale que está linda.
Un momento.
Sofía, ¿me alcanza la correa de suelo?
Es que la buscan a la señora.
¿Y el rosario?
¿La buscan?
¿Quién? ¿Quién? Una mujer. Estaba con la puerta de servicio. Dice que se llama
Nina. ¿Una mujer? Dice que se llama Nina.
Gracias.
¿Quién me busca, Sofía?
Una mujer, señora.
Dice que se llama Nina. Nina.
Bueno, me voy.
Adiós, señor Rosario.
Adiós, Sofía.
¿Dónde está esta persona?
Abajo, en la puerta del teléfono.
Espere un momento.
Hola. Con el estudio del doctor Menéndez. ¿Cómo está, señora?
Ah, doctor.
Ha llegado Nina Miranda.
Está abajo esperando.
¿Qué debo hacer?
¿Has visto? Es lo que yo le había anunciado.
Después de las extorsiones del hermano, esto no puede sorprendernos. Dios mío,
¿qué hacemos, doctor?
Tengo miedo a un escándalo.
Conserve su calma, señora.
Recibala y converse con ella.
Recibirla aquí no puede ir.
A esa casa no puede entrar.
No tiene sexo para hacer una escena violenta.
Le diré que vaya a verlo a usted. No va a querer venir.
Tráigala a usted. Vamos a descubrir qué cantidad pretende.
Hay que prepararse para una suma fuerte.
Y voy para allá.
¿Llamó la señora?
No, tía.
Dígale al doctor que saque el coche.
Voy a llevar a esa mujer al patronato de beneficencia.
Tráiganme mi zapato y mi sombrero. Bien, señora.
Salía de este momento para no hacerla volver otro día. Me pareció mejor que
conversáramos en el coche.
¿Qué desea?
Deseo ver a mi hijo. Verlo nada más.
Hablar con él, vivir con él juntos.
Y claro está, no en su casa.
Y yo no deseo aprovechar de nada.
Pero Daniel cree que usted era muerto.
Sí, ya sé.
Me lo dijo mi hermano hace mucho tiempo.
Por eso mismo quise hablar con usted antes.
Para ver cómo podemos hacer.
Pero usted no puede pensar en eso.
Daniel no tiene dinero.
Jamás aceptaré dinero suyo.
Trabajaré. Yo siempre le bastaba a mí misma, señora.
Ya encontraré algo para ganarme la vida.
Daniel estará a mi lado. Ya tiene 20 años.
Él también trabajará para su madre.
Cuando sepa que soy su madre. Le va a decir que he estado presa.
Acusado del asesinato del propio padre.
He tenido 20 años para pensarlo.
Esa es una locura.
Usted no tiene derecho.
¿Por qué?
Pero no se da cuenta.
Tiene 20 años.
Él ignora absolutamente todo.
Cree que sus padres han muerto en un accidente. Y usted conoce solo el cuadro
que está en casa.
Una mujer luminosa y pura. Y ahora va a destruir usted esa imagen. Va a
colocarlo frente a una realidad tan horrenda. Esa realidad tan horrenda.
Yo la he vivido.
Nunca ignoré que usted volviera.
Esta conversación la he imaginado tantas veces.
Como usted también, he tenido 20 años para pensar cuántas armas tenía contra
usted. Para hacer de la tierra un hombre bueno, he tenido que luchar contra mí
misma. Pude prepararle la frutada más amarga, el que su hijo la despreciara.
No lo hice por él. No creo que pueda ser bueno un hombre que desprecie su suerte.
Veinte años de sufrimiento, veinte años tragando lágrimas, mordiéndome las
manos para no gritar.
Veinte años deseando la muerte como una liberación y veinte años rechazándola.
¿Por qué morir y perder la esperanza de ver?
Si me lo pide, inmediatamente la llevo a su lado.
Pero creo que hay que sacrificar todo egoísmo y saber callar.
Entonces usted cree que no debo verlo nunca, nunca más.
Hasta la vida le ha dado todo y me pide a mí, que he tenido tan poco,
que renuncie a lo único que me queda.
No renunciar a él es peor que perder.
Piensa en lo que significa tener vergüenza de su madre.
¿Y te crees que se avergonzaría de mí?
¿Quién quiera saber cómo es?
Verlo, que él me vea.
Volvamos.
¿Está la señora?
Sí, niño. Bueno, baje los pasos.
¡Dios, Rosario!
Pero díselo. Se ha sacado el primer premio. ¿El primer premio?
¿Quién era el juez?
Una chica amiga mía.
¿Amiga suya? Sí.
Pero no piense mal, ¿eh? Es una chica incorruptible.
De todas maneras, sacalo de aquí. Se tiene un olor a perro que no lo puedo
aguantar. ¿Olor a perro? ¿Qué?
¿Dice que tiene olor a perro?
¡Vuela! ¡Vuela!
¡Vuela!
Tiene olor a... al juez.
De todas maneras, ¡fuera! ¡Fuera! No le grite que se asusta.
En eso.
No le hagas caso.
Y a que nada, no muérdete.
No. Deja, es para mí.
¿Para usted?
Ajá.
Hola. Sí, soy yo. ¿Cómo está, doctor Menéndez?
Un momento.
Sí. Ya me voy, ya me voy.
Suéltalo, suéltalo. Vamos.
No podía hablar. Estaba Daniel.
Acabo de dejar la Nina.
No venía a buscar dinero.
Solo quería verlo a Daniel. Creía poder vivir con él.
Gracias a Dios, parece haber comprendido que eso es imposible.
Lamento decirle, señora, que está completamente equivocada.
Usted ha sido víctima de una vil comediante.
Acá, en el cuarto de al lado, está el hermano.
Tienen 50 mil pesos por guardar el silencio.
No puedo creer que me haya engañado en esa forma.
Parecía tan sincera.
Sin embargo, es así, señora.
Creo que conviene pagar y despacharlos enseguida a Europa.
Está bien.
Resuelva lo que usted crea conveniente, doctor.
Pero por favor, que se vayan.
Deje todo en mis manos, señora, y estés tranquila.
Pero si vuelven a molestarla, no los reciba.
Hasta pronto, señora.
Está bien.
Mi cliente acepta la propuesta.
Sí, pero mi pobre hermana tendrá que comprar muchas cosas.
Usted comprende su situación.
Necesitaría eso con urgencia. Ahora mismo voy a entregarle el dinero y
Mancini se encargará de los pasaportes para que puedan embarcarse. Usted y su
hermana.
Acompañala a la fiesta. Es la hermana de Miranda.
Carlitos, vení conmigo.
Es Diego, ¿sabes?
Venga.
¿Por qué has ido así?
¡Ulala! ¡Usted va a tener mucha plata!
¡Mucha plata!
¿Eh? ¿La policía?
Pártela.
¿Cómo se llama usted?
Tiene sus documentos.
Sale de la cárcel.
Ha sido liberada hoy.
Ya está metida acá, ¿eh?
Tenga cuidado.
Y vos también tené cuidado.
¿Y por qué me lo dice a mí? ¡Basta!
Si usted me necesita, me llama, señor.
Oh, Antón, ha venido tu hermana.
Ya me lo dijo el viejo.
Ah, Puentecito lo está esperando, ¿eh?
¿Puentecito? Sí.
Linda.
Antón. Hemos andado desencontrados.
Fuiste a ver a tu hijo.
¿Lo viste?
No. ¿No te dejaron entrar a la casa?
No es eso, Antonio.
Soy yo que no tuve coraje.
Ha pasado demasiado tiempo.
Antonio,
recién vino la policía.
¿La policía?
Sí. La vieja dijo que era una suerte que no estuvieras. Que después del golpe del
banco te tienen entre ojos.
¿Qué es eso?
Asunto viejo.
Lo mismo.
¿Quién? Soy yo. Abre.
Momento.
Escondió en su propio cuarto.
Tiene que ser brujo para encontrarla.
El sueldo se quiere hablar.
A la hora misma.
A las doce mandar por acá.
¿Por qué escondiste esa cartera?
Tiene unos documentos que me quieren robar.
Estoy deshecho.
Hace dos noches que no duermo.
Me acostaré hasta la una.
Por un lado la policía.
Del otro, la gente.
Irme del país.
¿Por qué no te venís conmigo?
¿Con qué cuenta?
¿Podrías pedirle a la vieja a Olmos?
¿O a su hijo?
No, nunca.
Prefiero morirme de hambre.
Está bien.
En el chat tengo un amigo.
Si paga lo que me debe, podremos ir.
Iré a darlo.
Vamos, hijo.
¿Ya? Sí, es tarde.
¿Precisa algo?
De todo modo, va a conseguir.
Si viene alguno, me avisa, por favor.
Con un golpe de la mano, solo vamos a vivir.
Sombras llaman a mi puerta con un misterio de
voces olvidadas y el alma sale de tan
muerta. Y que son sombras que vuelven de la nada, que solo son
recuerdos amargos del ayer, que solo son fantasmas que se obstinan en volver,
fantasmas y recuerdos. que me empujan a llorar,
llamando con las voces que nunca volveré
a escuchar.
¿Por qué las sombras me engañan? ¿Por qué la
amargura me busca y tensa?
donde encuentre amparo mi alma
muerta. ¿Por qué me muerden las penas?
¿Por qué me condenan a la recordación?
Llaman, tortemente, porque ya saben que nadie los
espera.
Y hoy se juega, tristemente,
entre un cortejo de sombras compañeras. Y siento que se asoman
detrás de la ilusión, caretas que se burlan del pobre corazón.
más el pasado que me empujan a llorar gritando con
la voz que nunca volveré
Una puerta donde encuentre amparo mi
alma muerta.
¿Por qué me muerden las penas? ¿Por qué me condena a la
recordación? ¿Por qué en mi dolor no contigo que me quiten el
castigo de gritar?
¿Por qué?
Es mi hermana.
Es mi hermana.
Tanto mejor.
Mire, y para que usted dé firme.
No pensaba venir hoy, pero de esta manera pude iniciar el trámite de los
pasaportes mañana a primera hora.
¿Pasaportes? Y para el viaje a Europa.
¿Quién es usted, señor? Soy el procurador del estudio, doctor Menembe.
Pero, ¿usted es Nina Miranda o no?
No comprende. Deja todo arreglado.
Mi hermano ya pagó los 50 mil pesos, doña Rosario. Ahora tiene que firmar acá
para que yo pueda empezar el trámite de los pasaportes.
Sí, sí.
Siéntese, señor.
Voy a agitar a mi hermano.
¿Se lo busca Miranda?
Sí, lo estoy esperando.
Ya le fueron a quitar. ¿Para qué asunto es?
Un asunto privado, caballero. ¿Para qué asunto es? Conteste.
Mire, mocito, un poco de educación, ¿eh? ¡Habla! ¡Eso se va a cortar caro!
¡Habla! Mire, para que firmara los papeles para la tramitación de los
pasaportes. ¿Pasaportes? Se quiere piantar. ¿Y la plata?
Se la entregaron esta tarde. ¿Cuánto?
50 mil pesos.
Subido. No, para.
Levanta las manos.
¿Dónde está la plata?
Habla enseguida. ¿Dónde la escondiste?
Ahí, debajo de esa puerta.
No hay nada.
Estaba allí.
Te lo juro, puentecito.
La habrán sacado. ¡Avisco!
Yo te dije que la hermana se piensaba con la plata. No te preocupes.
Tiene que nacer dos veces para ganarme de mano.
El plano le ha seguido.
Ahora va a llamar por teléfono.
¿Qué desea?
Necesito hablar con doña Rosario.
Es muy importante.
Dígale, dígale que está en una mirada.
Un momento.
Una vez que no estoy en casa, que he salido.
Y si vuelve, que he salido.
Hoy de bien, nunca estoy para él.
La señora no está en casa.
Va a tardar mucho. No sé decirle.
Escuche.
Escúcheme.
¿Me permite el teléfono?
Abre.
¿Hola?
Sí, soy yo. Habla. Ha llamado en una casa y no la dejaron entrar.
Está esperando.
¿Qué hace? ¿Hay gente en la calle? No.
La calle está despierta.
Bueno. Ella tiene el paco encima.
Son cincuenta mil pesos.
Sí, se los ha robado.
Tenés que sacárselo de cualquier manera.
Sí, sí, sí.
No te vengas sin la plata.
Buenas. ¿Qué?
Mire, no haga dificultades. Dice el puesto que entregue la plata.
¿Qué te habla? Entrega la plata.
¡Déjeme! ¡Déjeme! ¡Déjeme! ¡Déjeme!
¡Déjeme!
¡Perdón! ¡Perdón!
¡Perdón! ¡Perdón!
¡Perdón! ¡Perdón!
¡Perdón!
¡Córranlo! ¡Acá va a acabar!
¡Atáquenlo! ¡Abran!
¡Manuel! ¡Rápido, la puerta!
¡Abran! ¡Abran la puerta!
¡Abran! La otra hoja.
Manuel, corre enfrente. Avisa al doctor Williams.
María, el doctor me hacía rosario.
José.
A ver el doctor.
¡Sí, Rosario!
Rápido, José, el médico.
Un hombre le estaba pegando. Me dio 50 mil pesos que dice que soy suyo.
Lo quise separar. El hombre disparó sobre mí. Daniel.
Eso es interpuso. Me ha salvado la vida, ¿comprende? Ha dado la vida por mí.
Y a Rosario.
Usted debe conocerlo.
Sí, señor.
Muy bien, sí.
Está bien todos ojos.
No se alarme, señor.
Ya viene el negro.
Señor, señor.
Ahí está.
Al hombre lo ha agarrado la policía.
No te... Nunca más volveré a maltratar.
Dime lo que... ¿No tiene alguien que podríamos hacer llamar?
No.
No te duele así.
¿Alguna persona de tu familia?
Pero no hay nada que yo pueda hacer por usted.
Doctor, muy bien. Por favor, vaya a la farmacia a buscar al suerofisiológico.
¿Qué pasa?
¿Qué me está muriendo?
Es mi amiga Ezequiel.
Hace muchos años... ...no he sabido... ...reconocer a
una amiga.
¿Una amiga suya?
Sí.
Yo no lo sé, papá.
Pero me parece una pérdida.
¿La viste decir?
¿También? Era amiga de tu madre.
Hoy vino a verme.
Quería hablarte de ella.
¿Usted conoció a mi madre, señora?
Sí. ¿Y cómo era?
Era buena.
Era muy buena.
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