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¡Hasta María todavía vuelve sin araclación y remedio!
¡Vuelve los novios de punta!
¡Algún día me va a dar un ataque!
¡Ay, si viviera el capitán!
¿Pero de dónde veniré, salmada?
¡Hace media hora que te mandamos!
Ya vas a ver con mamá.
¡Entra, babota!
Perdóname, Carlos, pero esta huérfana tonta me exageró.
¿Pasen de gafos?
¿Por qué hacen de enlaja de toda la vallada?
¡Pero apurate, idiota!
Ven, ven, ven.
Queremos en que esta noche... ¡A las nueve!
¿Niño Berito?
¿A comer?
¿Niño Alberto?
¿Qué hay, María?
¿A comer?
Está bien, ya voy.
¿No tarde?
No.
¿Qué ha pasado, señor Belindo?
¡Señor Belindo!
¿Qué ha pasado?
No sé, señora.
Yo no vi nada.
Claro.
Si lo ve con los ojos de la cara, me lo va a ver con la espalda.
En vez de leer tanta novela policial, debiera cuidarse de no romper más macetas.
¡Con esta van diez!
¡Por usted no se gana para macetas!
¡Ay, si viviera el coronel!
¿Cómo?
¿No era capitán?
¡Ya lo ascendió!
¡Coronel se llamaba el que me la regaló!
¿Entiende?
Dígame, jovenzuelo.
¿En qué año está?
En el segundo año.
Sí, en el segundo año bisiesto.
Mamá, ayer voy a salir con Carlos.
Vamos a una conferencia.
Así que ya sabés.
¿Salir esta noche?
Pero hija, ¿estás saliendo todos los días?
Mejor dicho, todas las noches.
Pero mamá, no seas ridícula.
Tengo probada casi todas las materias.
No me falta más que lógica.
Y en las conferencias no hay nada.
¿Qué se aprende eso?
¿Qué decís?
Lógica.
¿Pero qué insolencia son estas?
Sí te oyera el capitán.
¿Quién era el?
¡Capitán, Edith!
¿Quién era la lógica?
No está en las carreras ni en el fútbol, como digo yo.
¡Imbécil!
¿Quién?
¿Yo?
¿Vos qué querés?
¿Cómo para mí?
¿Vos qué querés conmigo?
Todo lo vamos a esperar.
Buenos días, por provecho.
Tomá vos.
¿Vos qué querés?
Mamá, ¿qué traga hay?
¿Y la de ésta, como de costumbre?
¿De la de ésta?
Lo sabía.
Adelante.
Tengo que traer esto.
Look, María.
Sos la única que tiene corazón.
¿Diste el plato?
Sí, da dos vueltas.
Y como conozco la costumbre.
Además...
Es... ¿Es qué?
Es de su novia.
¿De mi novia?
Hablo un poco, pero llegó.
Es el giro de mi padre que esperaba.
Séntate, María.
Me dicen que están muy bien los viejitos.
Que tienen mucho deseo de verme.
¿Están muy lejos?
Sí, en Tucumán.
No te lo imaginás, María.
Rembalde le dice en el Jardín de la República.
Me gustaría tanto viajar.
Desde que murió mamita dejándome al cuidado de doña Petronila...
me he vuelto a ir entre... ¿Hace mucho tiempo?
Sí, yo era chiquita.
Muy chiquita.
Pero me acuerdo, ¿eh?
Tenés buena memoria, entonces.
Sí, claro.
Me acuerdo de mamá como si la viera.
Todas las noches antes de ir a trabajar en el teatro...
la dormí con una canción de linda.
Tenía traje más lindo que lo de la señorita Abelena.
Cierto.
Era de linda, mi mamita.
Miré, me la mostré.
Es verdad.
Preciosa.
Tenía tu misma carita.
Está bien.
¿Hola?
¿Venido?
Ah, sí.
¿Cómo te va, Carlitos?
Estaba preparando aquello que te dije... con el retrato.
No.
Mañana llego a la rabona.
Vos sabés que los profesores me tienen rabia, mí.
¿Tenés los beberes?
Imposible.
Si no fuera porque pagas ya le hubiera despedido.
Es algo inaguantable.
¿Inaguantable?
Es un burro en dos pasos.
¿Cuántas macetas le llevas a destrozadas?
110 por lo menos.
No seas exagerada.
Con la de eso un 20.
60 nomás.
Bueno, casi el caso me avisaste, ¿eh?
Chao.
Me pareció que eramos de mujer.
¿De mujer?
Sí, o apenas.
Buenas piezas.
El pobre coronel Iriera.
La época moderna.
¿Te da cuenta, Barranquero?
La mujer llamando por teléfono a un hombre.
¡Ay, mis tiempos!
Cuando mi capitán se me declaró, aguanté cinco años para darme el CIS.
¿Entonces?
No pierdo las esperanzas.
No perdemos las esperanzas.
¿Qué vas a perder si no aguantes cinco años o puedes aguantar diez?
Ya ve, Barranquero, los sacrificios que tenemos
que hacer para mantener alto nuestro apellido.
El comandante era un hombre de fortuna, según parece.
No les dejó herencia.
¿Herencia?
No, jugaba mucho a la quimiela.
¿A la quimiela?
Esa fue su perdición.
Lo único que nos ha llegado es este cuadro donde su alma nos mira desde el más allá.
Parece que habla.
No.
No habla.
Pero se fija.
¡Qué cosa más rara!
¡Las diez!
¡Qué horror!
¡Tegiendo y con el cuento del generalísimo!
¿Generalísimo?
Capitán.
¿Cuentos?
Historia pura, señora Barranquero.
¿Señora?
Señorita querrá decir.
Buenas noches.
Buenas.
Buenas.
Buenas noches.
Buenas.
Hasta mañana.
¿Cómo?
¿Y te vas, mamá?
A estas horas.
Tardé mucho.
No, verita.
Como siempre.
Subí.
No salía
oportuno que nos fuéramos.
Ya vio a las dos.
En tu casa van a armar un escándalo.
¿Y que lo armen?
Ya soy libre.
Además una vez por todas, es hora de que me quede contigo para siempre.
¿Qué decir?
Tonto hermo.
Lo que oí.
Yo no puedo seguir ocultando más.
Sí, ¿lo es?
Sí, nena, sí.
Todo se arreglará.
Con un crimen, ¿no?
No, mi vida.
No he querido decir eso.
Pero es que por ahora no puedo casarme.
No debo casarme.
Eso es lo que me interesa.
Sí, sí, ya lo sé.
Pero es imposible seguir así.
Vamos, vamos.
Todo se arreglará.
Mirá a tu mamá que yo voy a hablar con ella.
No te preocupes.
Tienes confianza y no pensemos más o menos.
Nos estamos amargando la noche.
Aquí no ha venido a divertirnos.
Tomá.
¿Miguelito?
¿Qué hay?
¿Quién está en el suelo?
El ciego, mamá.
El desayuno.
Buen día.
Buen día.
Está bien, ya voy.
Ah, María, espera.
Cerrá los ojos.
Vas a ver.
No, para ver tengo que abrirlos.
Bueno, mira para allá.
Pero niño Alberto.
¿Pero qué niño Alberto?
Ni qué niño envuelto.
A mí llamáme Alberto Aceca.
Ya te lo he dicho.
Mirá para allá.
Esperá, ¿eh?
¿A mí?
Sí, para vos, María.
El pago de tus atenciones.
Sos tan buena, María.
¿Te gusta?
¿A qué hora viniste?
Temprano, mamá.
A las doce.
¿Con qué a las doce?
A las doce.
¿Te crees que lo teorismo después de las cuatro?
Pero será la última vez, ¿eh?
Y decile a ese perdulario de tu compañero de estudios que se despida.
Aquí no entra más.
Pues así que no.
¿Que no decís?
Ya verás cuando venga cómo lo saco cortito como el cobrador de ayer.
Sin vergüenzas.
Vaya a saber dónde han estado.
Donde hayamos estado no le interesa.
Porque ya es tarde.
¿Tarde?
Sí.
Tarde.
¿Tarde?
¿Qué querés decir?
¿Hola?
¡Carlos!
¿Hm?
En nombre de Petrolera y mío, la robamos que inmediatamente venga a casa.
¡Lo esperamos!
Bien, María.
Llegó la hora.
Me voy.
¿De tiempo?
No.
¿Cuándo mucho?
Un mes.
¿Un mes?
A mi regreso, te traeré fruta de los hermosos valles tucumanos.
¿Sí?
Te lo prometo.
No faltaba más.
Hasta la vuelta, María.
Hasta la vuelta.
Hola, Alberto.
¿De viaje?
Sí, a Tucumán.
Voy a visitar a mi viejo.
Hombre, me alegro, ¿eh?
Buen viaje.
Gracias.
Hasta pronto.
¿Qué?
¿Qué hacés ahí vos?
¿Arregaste la pieza de Belena?
No te digo cuándo no siente la misma aragana esta muchacha.
Es necesario que se jacen mañana mismo.
Mañana mismo.
Mis intenciones siempre fueron honestas.
Belena y yo nos queremos.
Bueno, pues a casarse.
¿A casarse?
Me casaré, sí.
Pero ahora no puede.
Todavía no me he recibido.
No tengo empleo.
Y no quiero romper con mis padres.
Belena me ha dicho que esperará.
¿Esperará qué?
Esperaré.
No me importa nada ni nadie.
Pues la criatura lo puede hacer esperar.
Y está falta que taparla de algún modo.
De algún modo.
Sí, señora.
El niño nacerá y lo tendremos acá con nosotros.
Se le dirá la gente... No sé.
Cualquier cosa.
Hasta que se pueda terminar mi carrera.
Y entonces nos casaremos.
No hay necesidad de divulgar las cosas.
¿Verdad, Belena?
Sí, Carlos.
¿Qué te parece?
Ah, pero van a creer que es mío.
A mí no te alcuricaría.
Yo todavía tengo cien, San Antonio.
Se lo daremos a cuidar a María.
Total esa no tiene nada que perder.
Con ella no resta el que dirá de... A María.
¡Claro!
¿A María ya?
Ya ven como todo queda arreglado.
Diremos que Belena debe irse a Córdoba por razones de estudio.
Nacerá el bebé en la maternidad donde guarda toda la reserva.
Y luego se lo juro que me casaré.
Y entonces la criatura irá con quien debe ir.
¿Lo juras por su honor?
Por mi honor, señora.
Bien.
Entonces lo cuidará ella.
Y para todo el mundo será de María.
Eso es, de María.
De María.
El doctor Ramírez, que la vayan a pesar.
¿La señora de Alurralde?
Servidora.
Una niña.
Una nena.
Así que... Ya sabés.
Mañana tendrás una nena a cuidar como si fueras la madre.
¿Una nena?
¿Y tú?
¿Para mí?
Claro, tontita.
¿Para vos?
Como si fuera tuya.
Claro que nosotras te daremos para vestirla y cuidarla.
Natural.
Es una pensionista más.
Chiquita, pero pensionista.
Y no te olvides, ¿eh?
Cuidadito con decir una palabra a nadie.
Una palabra a nadie.
No, no.
Vamos a hacerme linda.
Vamos.
Duérmate, ricura, que la noche oscura cierra los ojitos, y los pajaritos,
y en la noche oscura los ojitos, llacen, no, no.
Duérmate, duérmate, mi pie, no, no.
Duérmate, duérmate, mi sol, no, no.
Y hoy unido para ti también esta punta de mi corazón.
Ah, duérmate, mi pie, no, no.
Duérmate, duérmate, mi sol, no, no.
Ah, duérmate, mi sol, no, no.
Hice una barbaridad bastante.
Después a la hondra dejaron a Petronas.
Verdad, ¿y quién iba a decir?
Córtenme bien el peso, ¿eh?
Y yo que quería que la calmaría.
Ese es un ángel.
¿Un ángel?
Sí, sí, sí.
Y la corte en el brazo de treinta, pero sin graza, ¿eh?
Un ángel, pero sin nada.
Porque, como viste, no se movió nada.
Por favor, doña Ortega, ténganlo en secreto, ¿eh?
Porque usted sabe, ha sido una gracia, pobre chica.
Y usted sabe cómo es la gente, ¿no?
Claro, no conviene comentar.
Buenas mañanas.
Buenas mañanas.
Buenas mañanas.
Buenas mañanas.
Buenas mañanas.
Buenas mañanas.
¿Dónde está doña Lola?
Uy, ¿qué tal, doña Petra?
Ay, no me hable, no me hable.
¡Cállese!
Si seguimos así, la verdura va a ser más difícil de ver.
Se enteró lo de María.
¿Ha visto?
La mojosa, media tan santa como parecía.
¿Quién iba a decirlo?
¡Expresa cada mosquita muerta!
¡Ay, cómo está el mundo, doña!
¡Vamos para finales!
No me hable, comadre, no me hable.
¡Qué cosas se ven en esta vida, no!
¡Ese!
Voy a poner el puchero, porque han de ser cercalas viendo.
¡Por ahí no más!
Hasta luego, hasta luego.
Hola, Alberto, ¿cómo te va?
Muy bien, che, muy bien.
¿Y por aquí?
Grandes novedades.
Nuevos pensionistas.
¿Nuevos pensionistas?
Uno más.
Ah, sí, de este tamaño.
¿Cómo?
¿Qué querés decir?
Vení, vamos para tu pieza.
Te contaré.
¡Un plato, hermano!
¡Un plato!
¿Por qué se te da la lena?
Se te deja mil veces que tenés que atenderla.
Sí, señorita Belén, la Regina empieza a adorar.
Además, la quiero tanto.
¡Qué modo que seguís con tus berretines, detectives!
¡Berretines!
¡Verás que ser los bolmes soy yo!
Lo puedo creer ahora, mi preciosa.
No, no, mi preciosa, ¿por qué?
No me quitas en retar.
No ves que no soy solo mamita, queridita.
¿Qué, María?
¿Puedes irte a la obra?
No puedo, niña.
¡Sé a alguien de la misma gana!
No te ordené que fueras enseguida.
¿Por qué?
¡Es cada vez más acércote!
Pues la lena... ¡Y la lena la desbaste!
¿Estás?
Bueno, niña, sí.
Bueno...
No, mi preciosa, perdona el retar.
No, no, mi preciosa.
No, no, mi preciosa.
¡Vamos a pasear!
¡Vamos a pasear, preciosa!
Y como comprenderás, es la pierra del escándalo del barrio.
¿La pierra del escándalo?
Y la chacra de Don Lorenzo.
Bueno, con los tipos que pasan por aquí.
¡Ay, cada tiburón!
Pobre inocente.
¿Pobre inocente?
¡Fíate vos de estas mosquitas muertas de... ¡Cállate!
¿Qué le faltas a ella?
Una botella de alitro.
Buenas tardes.
Buenas tardes, María.
¡Qué estica!
Tú me tiras un lan.
Casabre, la causa por qué me llama María la ley del dolor y puse en mi día de
angustia y de pena como una condena mi carga de amor.
Ves
mi propia agonía, la triste María.
María, yo soy la hija del hombre, la madre del nazareno que llegó en mi seno.
Ser mi hija de Dios, yo soy María.
Amor de madre me guía porque es mi destino seguir mi camino.
No me perdas, María.
María.
María.
Pareces mentira.
Tenía que venir a tomar café a este boliche.
Desde la pensión es jugo de paraguas.
Verdad.
Sí.
Mañana se inician los furtos.
Verdad.
¿Pero qué te pasa?
De ti hoy estás con verdad, verdad, verdad.
¿Estás enamorado?
Enamorado no.
Desilusionado.
¿Pero qué bicho te ha picado?
Moso.
El papel y la tinta que le pedí.
Bueno, te dejo.
Hasta luego.
Hasta luego.
¿Se le va a escribir a los viejos?
Sí, a los viejos.
Dale saludos míos.
Gracias.
En el barrio se dice que es de Lindo.
¿De Lindo?
Será posible nomás.
Ahora me explico por qué no pasa nunca de año.
Claro.
Se había quedado en el cuarto.
Es el cuarto de la muchacha.
Don Nicola.
Hola, hola.
Buenas.
Buenas.
Hola, Carlos.
¿Qué tal?
Contento, amigo.
Contento.
Acabo de formalizar mi matrimonio.
El mes que viene nos casamos.
Mis felicitaciones.
Gracias.
Gracias.
¡No te dejes!
¡Rapicera!
¡Rapicera!
¡Vas en vez de tomar algo, sí!
¡No es nada!
¡Este venendo siempre es mismo!
¡Entonces, gracias!
¡Este venendo siempre es mismo!
El bombón será un éxtar delicado.
¡Gracias!
Esta frutilla entre sus dientes será un rubí entre dos perlas.
¡Perdón!
¡Nepa de cuar!
¡Gracias!
A la plata a trabajar.
Y quién sabe hasta cuándo.
¡Perdón!
¿Te recibiste?
Sí, bienvenido.
¡Muchas gracias!
¡Vos sí, ya como de costumbre en el cuar!
¿Cómo, en qué?
¡Cuatro segundos!
¡Cállate, no me descubras!
¡En el segundo!
¿Estás contenta, mi vida?
¡Oh, sí!
¿Cuánto tiempo esperé este momento en que fueras mío legalmente?
Ahora tendremos como en los cuentos una casita blanca...
y también llevaremos con nosotros a la nena.
Nuestra pochiza...
Recién dejado y con una nena grandecita.
¡Eso es el fenómeno!
Lo
de sus labios, este marrón glacé... será como un oma sobre una macola.
¡Merci!
Este marrón glacé entre sus deditos... será como un botón de rosa entre tres pétalos.
¡Mernó!
¡Vamos, beba!
¡Merci, mernó!
Me lo como yo.
¡Belena, mi felicitación!
¡Muchas gracias!
¿Y usted nunca ha soñado con tener un hogar suyo?
Ah, soñando con él me jubilé de maestra.
¿Y piensa jubilarse de soltera también?
¿Y usted piensa jubilarse de vegetorio?
Eh, si se encontrara la pareja... pegaba el grito y seguía.
A ver, a ver, ¿cómo?
Eh, casándome.
Figuro si usted... tengo dos casitas, tengo una chanchería bien sortida...
¡Qué gracioso!
¡Tiene los veinte!
¡No le falta más que la chanza!
¿Y usted, por ejemplo, qué tiene?
Yo, mi jubilación y una larga experiencia de la vida.
¡Qué macarudo!
¿Y usted con su experiencia y yo con mi chanchería?
¡Qué pareja, eh!
¡Ay, cállese!
¡Por favor, que me rumorizo!
¡Cállese!
Noches, veis desnudado.
¿Dónde se habrá metido?
Mamá, mamá, sí.
¿En la casa dónde está?
A la casa, pero puede haber salido.
No he ido hasta la esquina y ni rato.
¿Pero dónde puede estar?
Se ha llevado a la nena.
Ni una esquina.
Estas recogidas son todas lo mismo.
¿Qué pienso, mamá?
¡Diga!
Pero no dejes tu retrato, no te dicen nada.
Vamos a verla, Alberto, todavía hay tiempo.
Ahora comprendo.
¡Alberto, debes saber algo!
¡Vámonos!
¿No está aquí?
¿Quién?
¿Esa?
¿María?
Sí.
¡María!
Aquí no hay nadie.
¿Qué pasa?
Ve, Alberto, María no ha pasado la noche aquí...
y no se la encuentra por ningún lado.
¿Ni en su pieza?
Se ha escapado con mi nena.
¿Oh, su nena?
¿Pero qué significa esto?
Sí, nuestra nena.
Pochita es nuestra hija... y esa infame se la ha llevado.
¿Infame?
¿Infame?
No la juzguen así todavía.
Habría que ver dónde está la infamia.
Si yo y todos la queríamos la madre...
¿qué otra cosa puede sentirse ella?
¿Cómo dice?
Usted debe saber algo.
Claro.
Tiene todo el cuarto lleno con sus fotografías.
Lo sabía.
Pobrecita.
Alberto... usted como abogado puede ayudarnos en este trance.
Perdóneme, Carlos... pero los abogados no estudiamos derechos...
sólo para defender cosas torcidas.
¿Cómo?
Reclamar a una hija es algo torcido.
¿Y por qué han ocultado hasta ahora todo eso?
Por razones sociales.
Mi hija le iba a andar proclamando su desliz con una criatura...
hasta que no se casara.
Hasta que no la legalizara.
Pero no tuvieron empacho en proclamarla... de su honra de María.
Para no abandonarla, nena.
Para tenerla hacia de camino.
Para no abandonarla.
Pero le negó la ternura.
Único y verdadero deber de madre.
No basta dar a luz para ser madre.
Pero míralo, mamá.
Fui abogado.
No te aflijas.
La policía la buscará...
y la justicia le quitará la criatura.
Sí, es posible.
Pero ni la policía ni la justicia... le quitarán el amor, la ternura...
la negación que esa pobre muchacha ha sembrado en su corazoncito.
María no tuvo remedios sociales... ni escrúpulos ni conveniencias para ampararla...
cargando con el pecado de otra y con sus consecuencias.
La burla y el desprezo.
Quiere decir que usted la defiende.
Usted, el abogado.
Ya está, ya está, ya está.
Ya está el chivo en el rato.
Ya tengo el hilo y pronto tendré el ovillo.
Ustedes vayan a la policía... que yo seguiré la pesquisa por vuenta.
Pero si tiene alguna pista.
Esto es mi secreto.
Ya estaré de vuelta.
Ay, no vamos, preciosa, no vamos.
No vamos.
¡Ahora sí, ahora sí, cura!
¡Mu-pa-la-la-ta!
¡Ah!
¡Ah!
¡Cuidado con enojarte!
¡Cuidado!
¡Mu-pa-la-la-ta!
¡Mu-pa-la-la-ta!
¡Uy preciosa!
Ay, pero si sabe algo.
Eso es lo que yo pregunto.
Ustedes tampoco saben nada.
Sí.
Si la policía no va con ella, no sé qué podemos hacer nosotros.
Nosotras.
Nosotras.
Ay, no dejo que me diga nada.
No sé de nada.
Tengo el ovillo.
¿Qué ovillo?
¿Tiene algún hilo?
Es un ovillo Marconi.
¿Cómo Marconi?
Sí, sin hilos.
Pero es un ovillo.
Oh, idiota.
Por estino.
¿Qué sabés?
Nada.
Como si se lo hubiese tragado la tierra.
Pero entonces, ¿la policía qué hace?
Eso.
¿Para qué sirve la policía entonces?
Estoy por creer que Alberto tenía razón.
No es asunto de policía este.
Y ustedes tienen la culpa de todo.
¿Nosotras?
Sí, ustedes.
Que por razones sociales me obligaron a ocultar mi maternidad.
A renunciar mi derecho.
Que era mi deber y mi dicha.
Hipócrita.
Hipócrita.
¿A nosotras?
Sí.
Y ahora mismo voy a buscarla, ¿entienden?
Ahora mismo.
¿Pero dónde vas, Belena?
Si la policía no la encontró, yo la encontraré.
Mi instinto de madre me hará dar con ella.
¿Dónde vas a ir a buscarla, mujer?
No sé.
Pero tengo una idea.
María quería a Alberto.
Tal vez iba cerca de él.
Tenés razón.
Yo te acompañaré.
Oh, no, quédate.
Quiero ir sola.
Alguna vez quiero ser yo.
Yo, que nunca he sido más que la voluntad.
El capricho de ustedes.
Pero, Belena...
Ese... Ese era mi ovillo.
Así es, amigo Bermúdez.
Cifro en mi libro muchas esperanzas.
Claro está.
Haré un estudio a conciencia.
Recorreré los reformatorios, cárceles, hospitales, y todo sitio que pueda darme
un conocimiento sobre la criminalidad femenina.
Seguramente tendrá usted un gran éxito.
Muy agradecido, amigo Bermúdez.
¿El doctor Galindez?
Un minuto, señores.
Está ocupado.
¿Su gracia?
Ah, Belinda Garramuño.
Detectives privados.
No.
Anuncia a Belena Alhuralde.
Muy bien, señora.
Con permiso, señor detective.
Hasta mañana, señor Bermúdez.
Hasta mañana.
La señora Belena Alhuralde.
¡Belena!
¡Belindo!
Ustedes por aquí.
Pichoso los ojos que los ven.
Doctor.
No, Alberto nomás.
Para ustedes sigo siendo Alberto.
¿Y vos?
¿Qué es de tu vida?
¿Yo?
Ahora soy Mr. Belindo.
Detective privado.
Aunque algunos no lo crean.
Bueno, bueno, pero pásenlo.
Pero qué sorpresa más agradable.
Siéntense.
Siéntense.
¿Qué es lo que nos cree por aquí?
Alberto, aún no sé nada de mi hijita.
¿Vos no sabes nada de ella?
¿Yo?
¿Nada?
Es que cada día que pasa, me siento más madre.
La necesito, Alberto.
Eso debió pensarlo antes, Belena.
Desgraciadamente, el verdadero amor es como la libertad.
Lo apreciamos cuando lo perdemos.
Es que usted no sabe lo que sufro, Alberto.
Tranquilícese, Belena.
Tranquilícese.
Siga buscando.
Por mi parte, yo haré todo lo posible por encontrarla.
Pero vaya haciéndose fuerte.
Cada día que ha pasado, esa niña ha ido siendo más hija de María que de usted.
Alberto.
¡Oh, es horrible!
¿Qué más?
Esta era toda el hambre.
Esta era toda el hambre.
Se merece una buena paliza en cantar.
Por Llorona.
Hola, pirincha.
¿Entrás?
No, María.
Aquí mi mamá.
Le manda esto y dice que lo coma con confianza.
Pero que hambre.
Es decir, que no se hubiera molestado estas horas.
Es que trabajar, ¿sabe?
Y mi viejo, dijo que a usted le va a venir la tuberculosa.
Si no se alimenta.
Con confianza.
Es hígado.
Gracias, pirincha.
Buenas noches.
Buenas noches, querida.
¡Pero caramba!
¡Se me había olvidado de la bichita!
Sí.
Dilo a usted, señor.
Con confianza.
Como que le puede venir la tuberculosa.
Mire, Belén.
Mire qué hermosura.
Usted también.
¿Yo qué?
Claro.
Muy bien pensado.
En cambio de mi hija, una perrita.
Lindo concepto el de todos.
Pero, Belén, yo no tengo la culpa.
Hermelinda y Doña Petronila me encargaron que se la trajera.
Es que Doña Petronila, Hermelinda, usted y todos... todos, entiéndame bien...
son una pobre gente que nunca comprenderá ciertas cosas.
¿Vio, Belén?
La perrita nos ha resultado toda una campeona.
En un año, cuatro negros.
Digo, cuatro perritas.
Qué prórroga.
Qué madrasa.
Qué ternura.
Yo sé cómo estaría mi rey.
¿Qué estás haciendo así, eh?
Nada, mamita.
Estoy lavando las nenas.
Bueno, aquí está el chocolate.
¿Qué es el chocolate, mamita?
El chocolate es una papa rica que toman los príncipes el día de su santo.
Ahora lo vas a probar.
¿Y qué es el santo, mamita?
El santo es el mismo día que te trajo a vos la cigüeña.
Hoy hace dos años que te trajo a la cigüeña.
¿La cigüeña?
No me dijiste que nací en un reposo.
Ah, sí, esa es verdad.
Naciste en un reposo que estaba en el país de la cigüeña.
La cigüeña te agarró, te trajo, y eso es todo.
Ese cuento también me lo contaste, mamita, cuando venía en el aire.
¿Cuando venía en el aire qué?
¿Te acordás?
¿Te acordás?
A ver, júralo, júralo.
¿No juraste?
¿Qué te debía hacer por mentiroso?
A que te dejo sin chocolate.
No, mamita, por favor.
No era de la cigüeña que me acordaba.
Era del reposo.
Bueno, bueno.
Hoy cumplís dos años.
Ya sos una señorita, ¿eh?
Tenés que portarte bien... Espera, espérate.
Tenés que portarte bien, no tenés papichitos, y hacerme radial, ¿me ha oído?
Bueno, tome.
¿Te gusta?
¡Qué rico!
¡Bájate todos los días, chocolate!
Ah, no sé.
Según cómo te cuarte.
Señorita Belena.
Mi bebé.
Ahora soy libre, ¿me entendés?
Y quiero a mi hija, que es mi única bebé.
¿Qué es que dices para los otros?
Pídale al otro su dicho.
¿En qué derecho me negás a mi hija?
¿Qué tal usted, hijos?
Yo le di mi cariño, mi vida.
Sin preguntar de quién era ni de dónde venía.
Sin pensar si me perjudicaba o me deshonraba.
Tendrás razón o no, pero yo no vivo tranquila sin ella.
Usted se lo dio a su conveniencia cuando era negocio amor.
Y sólo de su tranquilidad ahora queda a buscarse.
Es un egoívo, es una ladrona.
¡No hazme la!
¡No, que mía!
¿Ahora verás si me la das o no?
¿Qué que está haciendo mala, mamita?
No sé, querida, no sé.
Que sea la fuerza, quítensela.
Yo me hago responsable.
Es mi hijo.
¡No, no!
¡Es mía!
¡Es mía!
¿Qué quiere usted con hija?
Justicia se lo dirá.
¡Es que es mía!
¡Quieta!
¡Mamita!
Doyle a buscarte, bocita.
Doyle a buscarte.
¡No, es mía!
¡Es mía!
Bocita.
¡Es mía!
¡Es que es mía!
Bien, doctor.
Esta acá le abre las puertas de esta casa.
Puede usted disponer de todo lo que le interese.
Muy amable.
Es gratos serle de alguna utilidad, doctor.
Muchas gracias.
Un momento.
Señor.
Acompaña el doctor.
Quina autorización mía para visitar las celdas fuera de las horas reglamentarias.
Bien, señor.
Con permiso.
Atienda, doctor.
Aquí hay una infanticida.
¿Soltera?
Soltera.
Esta está acusada de asesinato de la persona de su marido.
Un borracho.
¿No tiene hijos?
No, doctor.
Menos mal.
Este es un caso de mellera.
Ha sido sorprendida en el hecho.
¿Madre?
No, doctor.
Son escasos las delincuentes madres.
Así es.
Usen de la maternidad y se hunden en el delito.
¿Y esta?
Esta es un caso curioso.
Por querer ser madre, robó una criatura.
Es una muchacha humilde.
¿Curios?
¿El caso contrario?
Es una prueba de lo que acabamos de hablar.
La mujer es madre antes que delincuente.
Así es.
¡Alberto!
¡Maria!
¿Qué te ha pasado, criatura?
¡Sálveme, sálveme!
Puchita es mía.
Yo no la robé.
Y ella me la dieron.
Yo la cuide bien.
¡Es mía!
Por favor, Alberto, por lo que me imaginas.
Me preocupan las niñas.
No me lo dejes más que mía.
Bueno.
No te camines.
Yo te defenderé muy como hombre.
No llores.
No llores.
Amigo, mamita.
El señor fiscal tiene la palabra.
Excelentísima Cámara, estamos sin duda frente a un caso típico de secuestro.
El código penal establece claramente que será reprimido con reclusión o prisión de
tres a diez años el que sustraje una menor de diez años del poder de sus padres.
Hemos oído de labios de los testigos que la acusada María Jiménez huyó con la menor.
Y ella misma ha confesado que se ocultó de la policía y de los familiares.
Cualquiera madre a quien pretendrían robar su hijo hacía lo mismo.
Porque es mi hija.
Yo la he criado.
Ruego a vuestra excelencia llamé al orden a la acusada.
La acusada debe guardar silencio y estar atenta a lo que se diga.
Se ha probado también que la menor vivía en la mayor pobreza y en un ambiente poco
propicio para la orientación moral de una niñita.
Y si a eso agregamos que sus padres legítimos son personas pudientes y de
figuración social, no se extrañará vuestra excelencia que este fiscal se incline a
pedir para la acusada la pena máxima que sanciona la ley.
Pido pues a vuestra excelencia que condene a María Jiménez a diez años de prisión.
Adierto al público que si continúo alterando el orden se mandará desalojar la sala.
El señor abogado defensor tiene la palabra.
Excelentísima Cámara, la acusación del fiscal no puede ser más inconsistente.
La actitud de mi defendida, lejos de constituir delito, denuncia en ella una
elevación de sentimientos, que no ha demostrado tener quien dio a luz a la
menor, puesto que la alejó del calor de su ternura y de la claridad de su espíritu,
por egoístas o por equivocadas razones sociales.
Excelentísima Cámara, la verdadera madre es quien
le dio su amor, su protección moral, su vida.
La ley no hace distinguos filosóficos ni morales.
La ley que rige la vida de las almas no está escrita, Excelentísima Cámara.
La ley del corazón.
Esa es la ley que olvidaron y que solo Dios dicta en cada caso.
Pero insisto que tampoco nuestra ley considera delito
los hechos por los que se procesa María Jiménez.
Pido pues su absolución y pido también, en holocausto al
cariño que siente por la niña, se le devuelva su tenencia.
El tribunal va a dictar su veredicto.
¿Qué es lo más infantil, eh?
La barranquiro.
¿Suelan?
No, por el marido.
¿Dónde está?
A su diricia.
Mirá la gorda de la pensión.
Saludá, no seas grosero.
Está más lento que nunca.
Más pacha del tanio.
Seguirá siempre a mí matrimonio.
Mirá.
Vamos a ver esto con los más entusiastas.
Me va a dar lectura el veredicto.
Y en consideración a las pruebas, producido las constancias del sumario y
las consideraciones hechas por el señor abogado defensor, el tribunal no encuentra
mérito para condenar a la acusada María Jiménez por el delito de secuestro y en
consecuencia se la absuelve decretando su inmediata libertad.
En cuanto a la tenencia de la menor, no siendo de la
competencia de este tribunal su solución, así se declara.
Espere, señor.
Espere, no se va.
Usted lo ha pensado bien.
Usted está equivocado hoy día.
¿Qué hago yo sin ella?
Usted se va.
No llores, María.
Hay otra justicia superior.
Confiemos en ella.
¿Otra vez sola?
Yo siempre estaré a tu lado y Dios estará con nosotros.
Pide por esa mujer a quien llama madre.
Anoche se la ha pasado delirando.
Me es penoso decirlo.
Se trata de un caso serio y difícil.
¿Usted cree, doctor?
Sí.
Necesitamos un remedio que no hay en la farmacia y que tampoco existe en los libros.
Si esta criatura no duerme, morirá de la pérdida.
Es peor de las muertes, de insomnio.
Necesitamos esa madre que vive.
La madre soy yo.
Estoy algo enterado de este asunto por mi amigo Alberto.
Tengo sumo interés en salvar esta criatura.
Buenas tardes.
¡Venga!
¡Venga!
¡Venga!
¡Señor!
¡El doctor Muñiz!
¡Ah!
¡Que pase!
¡Doctor!
¡Pase!
Adelante.
Adelante.
¡Bah!
¡aucha!
¡Oh,lan offer no unas letras!
¡Oh,én la mano!
¡Mam... ...la mano!
¡Oh!
Mi mamá... me... La, la, la...
Mamita, Alberto se escribe con aquí.
No, él me lo escribe y vos no vas a saber más que él, ¿sabes?
Si se dió que no es así.
Un poco más de respeto en clase.
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