Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Agradezco mucho, señor corregidor, el madrugón para despedirme.
Y con este tiempecito.
Vos os lo merecéis, coronel.
Señora.
Adiós, Ferozita.
Adiós, señor.
Y vos, Haya, no lloréis más.
Cuidadme bien al pequeño.
Adiós, don Esteban.
Quedáis al cuidado de todo como si vos fueseis yo, mi crack.
Adiós a todos.
¿Te miente?
Sé que os contraría no partir con el regimiento.
América sería una gran aventura para vos.
Pero sois tan joven.
Y mi hijo os necesita.
Descuidad, excelencia.
Estaré siempre a su lado.
Trataré de enseñarle todo lo que he aprendido de vos.
Gracias.
Ven, hijo.
Desde hoy Lucero es tu caballo.
¿De verdad me lo dejas?
¿No te lo llevas?
De verdad.
Te guardaba esta sorpresa.
Ya está preparado.
Muy mal, muy mal.
Eso no se hace.
Bien.
¿Nos parece militar?
Anda, dale la leche.
¿Dónde viene el caballo?
Ya veré, yo os adelanto.
Me vais, oídme.
Se acabó la clase por hoy, Eduardo.
Dios mío, qué chico este.
Vaya con el profesor.
Fíjate cómo me ha puesto.
Un día se va a matar y tú vas a tener la culpa.
De seguir así pronto seré yo el discípulo y él el maestro.
Pero mira cómo va.
Desbocado.
Bueno, ¿qué quieres que le haga yo?
Venid, venid, doña Adela.
¡Ahí voy!
Muy bien, muy bien.
Cada día lo hace mejor.
Vara y media.
¿Os habéis fijado, doña Adela?
Qué limpieza en el salto, qué dominio.
Un día le recogemos con parigüelas.
Innominiosa suposición, señora.
Diablo de muchacho.
Cómo domina.
Mirad, mirad.
A su edad podría dar clases de equitación.
Si le viera al coronel.
El señor Conde con sus guerras no se acuerda ni que existe.
En cambio, ella.
A ella sí que le agradaría verle pobre, señora.
Y le prohibiría hacer tantas diablos.
Está en la edad del chiquillo, comprenderlo.
¡Joselito!
Tomad, hijo.
Ponéos esto que venís sofocado.
Estoy bien así.
Acercaos.
Creí que me ibas a felicitar.
¿Qué tal he estado?
Muy mal.
Bien lo sabe, doña Adela.
Cada día sois más travieso y menos puntual.
Llegáis tarde a vuestra clase de música.
Sí, sí.
No os conozco, don Esteban.
¿Que está mal saltarse vara y media?
Ni mal.
Para mí una sonata de Mozart es más importante que un salto de vara y media.
¿Ahora salimos con esas?
¿Qué forma es esa de hablar?
He querido decir que no comparéis una cosa con otra.
Mozart es mucho más fácil.
¿Ya lo interpretáis?
Claro.
¿Qué habíais pensado?
No os creía tan adelantado.
Me complacería escucharos.
Ahora mismo.
Don Julián.
Vamos a hacerle a don Esteban una demostración de la música de Mozart.
Pues se estaba esperando.
¿Tocar eso que me enseña la moda?
Sí, pero es... Andarse, a don Esteban le va a gustar.
¿Y si se enfada?
Seguro que no.
Si una paloma ves pasar por un camino azul con
el mensajira, ¿qué esperas tú de mí cantar?
Así, buena entrada.
Seguid.
Volveréis ahora.
¿Pero qué es esto?
Una broma.
Supongo que no será ese cante flamenco de tan mal
gusto lo que enseñáis al señor Conde, ¿verdad?
Pues veréis, don Esteban.
Yo no creo que sea de tan mal gusto.
Al fin y al cabo, el niño... Aquí no hay ningún niño, se dice el señor Conde.
Sí, sí.
Perdonadme, pero cuando él me lo pidió, yo me dije, siendo el señor Conde andaluci
viviendo en Andalucía, ¿es natural que aprenda la música popular de su tierra?
Decir que sí, don Julián.
Me gusta esa música.
Pasa.
¿Y estos dónde van?
¿Qué forma de entrar es esta?
Son yeguerizos, señor.
Enseñan a cantar al señor Conde.
¿Enseñar a cantar?
¿Qué decir vos a eso?
Que es verdad.
Yo les mandé venir.
Y vosotros os prestáis a ellos sin mi permiso.
¿Y de qué manera?
¿Forzando las ventanas como ladrones?
Nosotros hacemos lo que nos dicen.
¿Tú eres el maestro del señor Conde?
Sí, señor.
Acabáramos.
Ya me decía yo que don Julián no tenía trazar de enseñar flamenco.
Quedaos a mi clase, don Esteban.
Me vais a ir cantar precisamente algo de Córdoba, vuestra tierra.
Arráncate, Fabián.
¿Flamenco aquí?
Habéis llegado a un extremo inconcebible.
Bueno, consiento.
Siéntate, hombre.
¿Cómo vas a tocar de pie?
Si vuestro padre viera estas cosas...
Un despacho urgente para el Conde de Alvear.
Se entra por aquí.
Sí, pasad y preguntad por el mayordomo.
Si lo piden...
Juan... Juan... Juan...
Yo me quedo sin dinero Si lo piden, por favor Doy mi lucero Ni al señor
corregidor Mi caballón Es lo primero Va otro.
Gallito
en la noche buena
Gallito seco Y antes de llegar la cena El gallito se escapó Es así que estuvo buena
Bravo, bravo, bravo.
Muy bien.
¿Qué decís ahora?
Que está muy mal.
Muy mal.
Tenís que estudiar música seria.
Eso es.
Y vosotros, quitaos de mi vista.
Por donde habéis entrado.
Señor, un desfacho urgente.
Noticias de papá, don Esteban.
Llega papá.
No es letra de su excelencia.
Es de vuestro tío.
¿Dice algo de mi padre?
¿De quién es la carta?
¿Qué noticias trae?
De mi tío Martín.
Dios mío.
¿Qué os pasa?
¿Qué dice don Martín?
Es algo malo.
Es una noticia muy dolorosa.
El coler ha diezmado el regimiento de vuestro padre.
¿Y papá?
¿Está enfermo?
¿Dice si va a venir?
El coronel no volverá nunca más.
Don Martín viene hacia España para hacerse cargo de vos.
Bienvenidos, señor.
Dejad los estudios.
Vamos, acaba de llegar.
¿De verdad?
¿Le habéis visto bien?
He estado con él.
¿Vos no le conocíais?
Como si le conociera.
Los relatos de vuestro padre nos lo pintaban a lo vivo.
Qué emocionantes eran, ¿verdad?
Mi padre decía siempre que su hermano era más valiente que él.
Y él lo era mucho.
Veinte años en América, casi nada.
José, hijo mío, ¿cómo estáis?
Muy bien.
¿Y vos?
Un poco cansado del viaje.
Sois tal como vuestro padre os había descrito.
¿Me vais a contar muchas cosas de él?
Ahora no es momento propicio.
En otra ocasión.
Ya os hablaré.
Venid.
¿Estaréis mucho tiempo conmigo?
Más del que yo quisiera.
Mi querido hermano tuvo a bien nombrarme vuestro
tutorial vacía hasta vuestra mayoría de edad.
Ah, permitidme que os presente a mi secretario.
Bruno Villegas.
Señor Conde.
Señor.
Ahora sentaos y abrid bien las orejas, pequeño.
Para que mientras viváis tengáis muy presente la última voluntad de vuestro padre.
Dan lectura al testamento, señor escribano.
En Sevilla, mi residencia.
A primeros de mayo de 1772.
Ante mí, don Francisco Escobedo.
Escribano de la ciudad.
Y cinco testigos de esta vecindad.
Que ven, entienden y conocen al testador.
A quien, como yo, juzgan con capacidad para otorgar este testamento.
Comparece el excelentísimo señor don José Alvear.
El cual manifiesta que con intención de otorgar testamento.
Dispone lo que a continuación se relaciona.
Para la guarda legal.
Representación y administración de sus bienes de mi único hijo.
¿Qué os pasa?
Hecho de menos vuestra alegría.
Incluso Lucero es un caballo tristón.
Anda con desgana.
Vos sabéis la causa.
Desde que llegó el tío Martín, todos estamos así.
¿No habéis visto como trata a los criados, a vos, a doña Adela y a mí?
No deja vivir a nadie.
Le desobedeceré en todo.
No aguanto más.
No, Joselito.
Fue voluntad del coronel, vuestro padre, que en
paz descanse, que el tío Martín le sustituyese.
¿Acaso Dios haya dispuesto que os eduque una mano mucho más dura y eficaz que la mía?
Es la tercera vez, Don Esteban, que os tengo que recordar mi criterio.
Vengo de acompañarle a la clase de equitación.
La educación de un aristócrata no se forja al
aire libre, sino en las bibliotecas y salones.
Las clases de equitación quedan suspendidas desde hoy.
Pero, don Martín, es que yo... Nada, nada de excusas.
Os aconsejo que en adelante cumpláis con más rigor mis órdenes.
No las cumplirá.
Y haré lo que me dé la gana, ya lo sabéis.
¿Dónde vais, señor?
Os le responderéis de esta conducta.
Vamos.
Escucha caballo mío Mi pena se lleva al río Te va camino del mar Cortaron las
rosas finas Las rosas de mi canción Y solo quedan Espinas Sangrando en mi corazón
Caballo lucero Con crines de plata Y estampa de acero Sobre tu montura De ano y
desventura Mi fiel compañero Me curas la herida, trotando ligero.
Me alegras mi vida, caballo lucero.
¡Caballo lucero!
¡Bien!
¡Muy bien!
¡Teresita!
¡Joselito, ven!
¡Dame un beso!
¡Cuánto me gusta oírte cantar!
De haber sabido que me escuchaba y lo hubiera hecho mejor.
Pareces de buen humor.
¿Estás muy contenta con tu tío?
No.
Está igual que yo.
¿Qué os pasa?
Teresita ha traído malas noticias.
Su padre ha descubierto nuestros paseos.
Ya no podrá verla más.
Fíjate, Joselito.
Juntáos conmigo.
Mi tío me ha dicho que no monte más a caballo y me ha escapado.
¿Qué te has escapado?
Sí, no volveré.
Mira qué ocasión para irnos los tres.
¡Qué locura!
Vas a volver a casa.
Yo te acompañaré para que no te diga nada.
No, no voy.
No le tengo miedo.
Decid que sí, no tengáis miedo.
Seguiremos dando nuestras clases de equitación, no os preocupéis.
Tú te vienes conmigo.
Te he dicho que no, Teresita.
Tontuelos, y la acompañarte es una excusa.
Así me lo presentas y conociéndolo te visito a diario.
Bueno, si es así, pasa.
Bueno, bueno, basta de hablar.
Sube al coche.
Nosotros te seguimos a caballo.
Hasta ahora.
¡Vamos, soldado!
Está en la biblioteca, señor.
Bien.
Hola.
Esperadme por aquí, tengo que hablaros.
Cuando gustéis.
Tú calla.
Señorita.
Perdonad que me presenté de esta forma tan inesperada.
Soy Teresa Arevalo, hija del corregidor.
Conozco a vuestro padre.
Es un placer conoceros también a vos.
Tomas asiento, por favor.
Gracias.
Solo he venido a acompañar a Joselito.
Y de paso, saludaros.
Muchísimas gracias.
Sois encantadora.
Vuestro padre y yo tenemos cuentas.
Y ya le he dicho que estoy a vuestra disposición.
¿Pero por qué no sentáis?
Perdonad, tengo prisa.
Hemos regresado un poco tarde y Joselito está preocupado.
Prometedme que no le vais a reñir.
Desde este momento, el complacero será para mí un deber.
Gracias, señor.
Adiós.
Adiós.
Buenos días.
Olvido vuestra rebeldía y no voy a castigaros por ella.
Aunque lo hubiera hecho de no haberos buscado una protectora.
Pero ídeme bien.
Cuando he de domar a un potro obstinado, ¿sabéis lo que hago?
Le golpeo, le humillo, le hago ceder... y hasta le obligo a que me pida perdón.
Lo comprobaréis de ahora en adelante.
Ese caballo que tanto os gusta no lo montaréis más.
Será para mí.
Eso no se hace con un caballo.
Voy a darle la primera clase de equitación.
Vete, Lucero, vete.
Quita.
Eso no es forma de tratar a un caballo, señor.
Y a Lucero mucho menos.
Marchaos de esta casa.
Pero os vuelvo a ver por ahí.
En cuanto a vos, venid conmigo.
¿Qué pasa?
¡Ay, Dios mío!
¡Por no su tiempo!
Venid aquí.
¡Deduardo entra!
¡Deduardo!
¡Auxilio!
¡Quieto!
¡Deduardo!
¡Deduardo!
¡Abrí!
¡Deduardo!
¡Deduardo!
¡Deduardo!
¡Deduardo!
¡Abrí!
¡Por favor!
Cerrad bien con llave.
Y que no salga de ahí hasta que yo ordene.
Muy bien, Lucero.
La próxima vez que te monte, lo tiras al estante.
¿Sois vos, doña Adela?
Bien.
¿Habéis llevado a Zucar a Lucero?
¿A dónde lo han llevado?
Hijo... No sé.
Seguramente algún mozo lo habrá llevado a pasear.
¿Y conmigo qué piensa hacer?
¿Lo sabéis?
He oído decir algo de lleváros a un colegio de Madrid.
¿Cuándo?
Mañana.
¿Tara vendréis todos conmigo?
¿Por qué lloráis?
¿Qué ocurre?
Nos ha despedido a don Esteban.
No le deja acercarse a vos.
Nos vamos ahora.
No, no, no vayáis.
No me dejéis solo.
Yo hablaré con él para que no os marchéis.
Haré lo que él diga.
Hijo mío...
Hijo...
Señor...
¿Dónde vais?
Se vuestra intención.
¿Qué hacéis, insolente?
No quiero que hagáis daño a mi caballo.
¿Dispararéis sobre mí para impedirlo?
Sí.
Pero... ¿Tanto cariño sentís por él?
¿Un caballo?
Fue el último regalo de mi padre.
Ah, perdonadme.
No lo sabía.
Vos me despreciáis, ¿verdad?
Aunque no lo creáis, me duele que seáis así.
Todo lo que he hecho estaba encaminado a un fin.
Educaros como lo hubiera hecho vuestro padre.
Os acordáis de sus últimas palabras.
José, hijo mío, obedeceden todo a vuestro tutor como si fuera a mí mismo.
Algún día podréis daros cuenta de que todo se hizo por vuestro bien.
Si es vuestro deseo que vaya a un colegio, iré cuando queráis.
Esta casa, sin don Esteban y mi ama, ya no me gusta.
Vuestro padre se sentiría orgulloso de este pequeño sacrificio.
Y vos no os arrepentiréis jamás.
Necesitáis una esmerada educación.
Sois todavía muy niño para tales arranques.
Adiós.
Os echaremos de menos, señor.
Yo también a vosotros.
Bueno, Joselito.
Aquí nos despedimos.
Adiós.
Adiós, Eduardo.
¿Qué piensas hacer?
Quedarme aquí con Teresita.
Hemos de arreglar lo nuestro.
Si las cosas se ponen mal, me iría a Sevilla de momento.
Si tú no me llamas antes a Madrid.
Vente conmigo.
Ojalá, pero... Casado ya y todo.
Adiós.
Buena suerte.
Adelante.
¡Vamos!
¡Direjante a la vista!
¡A los caballos!
¡Vamos!
¡Mandillo!
¡Nos persigue mandillo!
¡Cuántos!
¡Ya, ya!
¡Mandillo!
¡Nos persigue mandillo!
¡Despertar, señoría!
¡Señoría!
¿Qué ha ocurrido?
¡Mandillo!
¡Mucho mandillo!
¡Más de mil vienen!
¿Llevaís armas?
Sí.
No ha curado.
Estamos aquí nosotros.
¡Más arriba!
¡Más arriba, varay, varay!
¡Fía, hita mae!
¡Más arriba, 훨씬 más arriba!
¡G pelas!
¡¡Qué paciencia!
¡Que ya están ahí los nuestros!
¡A la salto!
Mirad bien por todas partes, que no queden ni un solo clavo.
¡Ven aquí, granuja!
¡A la palante!
¡Vaya es valiente el renacuajo!
¿Dónde ibas?
Con que a por piedras, ¿eh?
Ya te voy a dar yo a tirar piedras.
¿Para qué te acuerdes de mí, eh?
¡Daos prisa vosotros!
¡Acalde a ese baúl que nos escape!
¿Qué hacéis ahí para los imbéciles?
¡Tú, da la vuelta al coche!
¡Venga, vámonos!
Haréis correr los caballos hasta que revienten y diréis a los padres del chico
que si mañana no traen aquí 50.000 reales me desagoden.
¿Habéis entendido?
Sí, señor, he entendido.
¡Largo!
¡A correr más deprisa, gandules!
¡A correr!
¡A correr!
¡A correr!
¡A correr!
¡A correr!
¡Los vultes!
¡Los baúles!
¿Dónde están?
Pero si estaban aquí, ¿estaban pero dónde están ahora?
¿Quiénes soy?
¡Dale la cara que yo os vea, granujas!
¡Salid de una vez!
¡A verse, chavos!
¡Voy a dejar aquí!
Que yoqueto ¡La banda del cucó!
Que yoqueto ¡La banda del cucó!
Siete trabucos juban la sierra Siete navajas buscando veras Llegan tres poblas
nuestra partida Tiembla de miedo la serranía Que yoqueto ¡La banda del cucó!
¡Pom, pom, pom, pom!
Yo soy buena facha Valiente y galán Bandido sin tacha ¡Soy el capitán!
Mimote adivino Que estoy de buen ver Me llaman tocino Por
algo ha de ser soy más malo Que yoqueto ¡La banda del cucó!
Que yoqueto ¡La banda del cucó!
Recapuches tiene historia Y es un gote muy salado Y yo soy el
zanahoria Con mi pelo colorado Que yoqueto ¡La banda del cucó!
Que yoqueto ¡La banda del cucó!
Por ser yo el tatahusu El legado que han dado llamar Y lo no, no hago lo su Nada
más que en él hablar ¡Pom, pom, pom, pom!
Yo soy el guindilla Ay, lo soy juntal De Ronda, Sevilla No tengo rival Yo soy el
vinagre Manejo el puñal No hay otro vinagre
Que sepa calmar Que yoqueto ¡La banda del cucó!
¡Susurrirme al caballo!
¡Qué caballo ni que de montre!
¡Que ande!
¡Ves que me duelen los pies!
¿Sabes montar?
No señor Te caerás si subes al caballo Si me dicen donde tengo que agarrarme,
creo que no Bien, veremos Con una ma, ma, ma, ma, mano a la si, si, si,
si, si ya Y la otra a la rin, rin, rin, rin, rienda Así señor Así poco más ¡Vamos!
No creo que nos sigan
Si se nos cae este encima nos aplasta
Espera por aquí ¡Detereo!
Niña, tu padre
Métete en la iglesia Teresita
Cuando acabe Rosario vete a casa inmediatamente Y no salgas de ella hasta
el día de tu boda Seré yo quien elija al novio,
no vos ¿Pero qué os ha hecho nuestra hija?
¿Qué qué me ha hecho?
Llevarme la contraria desde que nació Y basta que le haya prohibido el verse con
este jovenzuelo Para que me encuentre con ellos a todas horas Y por si fuera poco
con vuestro beneplástico En cuanto a vos Debo advertiros que si seguís cortejando a
mi hija Os obligaré a salir del pueblo Mirad bien lo que decís, excelente Que soy
un oficial del rey Y yo su corregidor, quedáis enterados ¡Han gastado a Chile!
¡Viva el rescate!
¡Pas de papel!
¡Nos han robado todo lo que llevamos!
¿Dónde ha sido?
En Peñapartía, lo de Palenzuela
Me voy a la sierra, no cesaré hasta encontrarlo Ten cuidado, Eduardo,
ten cuidado No, oye lucero, en esa cueva debe haber gente
Aunque se han bandido, nos quedamos Yo ya no puedo más
Ahí tienes para comer
El que roba un ladrón, tiene cien años de perdón
Dios los cría, y ellos se juntan ¡Qué lugar más raro!
¿Quién vivirá aquí?
Tienes razón, lucero, yo también me estoy temiendo
eso Pero tú te estás hinchando, ¿no tienes miedo?
Yo estoy que tiemblo
Vaya hombre, eras tú el que rebundabas Te han dejado solo, ¿eh?
Lucero, hay que preparar la defensa como hubiera hecho mi padre Lástima que tú no
me puedas ayudar No se va a escapar ninguno
La la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la la
la la la la la la Ha llegado la hora de defenderse
Escóndete, lucero, que aquí corre peligro Bueno ¡Ey!
¡Ey!
¡Vaya una nochecita!
Creí que no llegábamos nunca ¡Quietos!
¡Hombre, el caballista!
¡Los 50.000 reales!
¡Ni madre, que fuerte es!
¡No acercaros!
Anda, nene, no juegues con pólvora.
Es que, verás...
¿Cómo?
¿Eh?
A un tiro mejor que monto.
De manera que echar para atrás.
Mira, niño, somos siete.
Lo mejor será que te entregues.
Te vencería, por favor.
Ni un paso más.
¡Vete, guiricho!
¡Quieto!
¿Qué vas a hacer?
¡Auxilio!
¡Auxilio!
¡Vete, guiricho!
¡Esto es un infierno!
¡Alma!
¡Alma!
¡Alma!
¿Algo de ahí?
¡Maldito niño!
¿De quién ha sido la idea derraltar al crior?
¡El guindilla!
¡Que no da una!
¡Yo no!
¡Que entre el tocino!
¡Hala, hala!
¡Que entre el tocino!
¡Y en cuanto me veas, me haces chicharrón!
¿Qué te he hecho yo, mal nacido?
Entraré yo.
¡Dame el trozo!
Me he dado vinagre que tú me echafas el rescate.
¡Te lo he dicho!
¡No!
¡Tenéis todos menos sexos que el negado!
¡Venid pa' acá!
Si el chico tiene dos pistolas, una de dos cañones y otra de uno,
y ha disparado un tiro de la de dos cañones y otro de la de uno, ¿cuántos le quedan?
¡Mi madre!
¡Qué lío!
¡Anda, anda!
¿Tú qué sabes de cuentas?
¡Venagre!
¿Tú qué dices?
Yo no entiendo de números.
¡Soburros!
¿Le quedará uno?
¡Te lo iba a decir!
Si le hacemos disparar el que le queda, ¿qué pasará?
¡Que entraremos y le cojeremos como a un cordero!
¡Vamos a ver!
¡Andando!
¡Cuidado!
¡Quieto!
¡Quieto!
¡Ay, mi sombrerito!
Según tú ya se ha quedado sin tiros.
¡Vamos a verlo!
¡Cáel tuyo, tocino!
¡No, me sombraron, hombre!
¿Habéis visto?
No se mueve ni una mosca.
¡Vamos!
¡Cállate!
¿Qué hacemos?
¿Tenéis miedo o qué?
Sea lo que Dios quiera.
¿Dónde se habrá metido?
¿Quién te ha enseñado a echar cuentas?
¡Eso no es un crío, es un regimiento!
¡Mañana pongo la trampa!
¡Se les pillará dos menos a él, sobre todo al negado!
¡Pues hay que tenerla siempre puesta!
¡Tenemos que entrar a la fuerza!
¡Se va a reír de nosotros ese moboso!
¡Cállate, animal!
¡Quítate de ahí!
¡Que viene el rey!
¡Ay, madre mía!
¡Al que suame la nariz, el hervano!
¡Ya lo sabéis!
¡Anda!
¡Atrévete!
¡Anda!
¡Lo que nos faltaba!
Parece cosa de brujería.
Déjame la manta egoísta.
¡Vamos, digo yo!
¿Y si esperamos a que ese du... du... du... ¡Buena idea!
¡Habrá que mojarla!
¿Más todavía?
¡Me estoy calgando, tú!
¡Que no tenga el sueño cambiado!
¡No, Is!
¡Pues el colvo!
¡Está cantando!
¡Maldito niño!
¡A mí me gust... gust... gusta!
De aquí no me mueve
Ningún contido La cual más grande y no llueve Asusta y todos los tengo mirada ¡Olé!
¡Maldita!
¡Ay!
Lo mismo que gallinas Con el tirin tin tin
Del temporal ¡Olé!
¡Que no denete a esos cuartos!
¿No oyes que no puede verles?
Que tostea mi puesto mozo Bandolero si se atreve
Que tengo aguita del pozo Fresquita más que la nieve
Ay, que partían Tengo aceitunas y son de almería Y naranjitas de china Moscateles
de la parra Y dos trabucos que atinan Al compás de mi guitarra De tos me río Ay,
de tos me río Ay, de tos me río Ay, de tos me río Y tiritando Ya estáis de frío ¡Que
no canta bien esa chaval!
¡Nueve!
¡Nueve!
Podéis quedaros ahí en esa paja para que no os mojéis.
Tomad estas mantas.
¡Qué buen chichico!
Ya lo pide, hombre, ya lo pide.
Ay, qué frío.
No os mováis.
Mirad para asomar la cara, que ya sabéis.
Esto yo no lo aguanto.
¿Qué vas a hacer?
Tumbarme.
¿Pasa algo?
¡Palentón!
¿Qué irá a hacer ahora?
Le está dando cuerda a los muñetitos.
Os voy a dormir, ¿eh?
Tú,
mi capullo, flor de canela Mientras hace mi arrullo De centinela Que allí al pie
mío Mojado y frío Con la nanananita Se me ha dormido ¡Ay, ya no parezco!
Que viene el coco
Sueñate a la lunita Que canta el coco
a tu manita Con un flor del robero A la nanananita
Venándola A la nananana
A la
nananana ¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¿Qué pasa?
¡A ver!
¡Venid!
¡Ay, joder!
¡Hace caos!
Mirad.
Parece un angelote.
Sí, muy bonito.
Se parece a mi hijo.
No, no, nunca.
Nuestro dinero.
¿Qué vas a hacer?
Atarme.
Si no, adiós dinero.
Tiene razón el vinagre.
Hay que asegurar el rescate.
Le vas a despertar.
Eso es lo que yo quiero, que se despierte.
A ver si se escapa ahora.
¡Cubrir la salida!
Anda tú, zanahoria.
Cuidao, no lo aprietes.
Pobrecillo.
¿Pobrecillo?
Ese le sacude al demonio y se queda tan fresco.
¡Ey!
¡Despierta!
¡Arriba!
Anda, escápate ahora.
Atrévete si eres valiente.
¡No me hagan nada!
¡Déjame!
¡Déjame!
¡Quieto!
¡Quieto, te digo!
¡Quieto!
¡Que te abordo!
¡Ríndete, hijo!
Nos has hecho pasar una noche.
Oye, dinos quién eres.
¿Cómo se llaman tus padres?
¿Quién nos va a pagar el rescate, hijo?
¡Eso, eso!
Nadie, no tengo padres.
Solo tengo a mi tío Martín que me pega.
¡Mirad!
¡Qué bárbaro!
¡Pobre chique!
¡Qué canalla ese tío!
¡Cómo le ha puesto!
¡No fiar, Ordel!
¡Es más listo que todos nosotros!
Tien razón, ese bestia.
Algo le harías para que te pegara así.
¡Yo no le hice nada!
¡No lo creo!
¡Eres un barrabás!
Eso a nosotros no nos importa.
En cuanto que hacemos a Valenzuela, te devolvemos a tu casa.
No, no, a mi casa no.
Mejor al pueblo con don Julián.
¿Quién es don Julián?
El que me enseña música.
Es el organista del pueblo.
Si eres bueno, haremos lo que dices.
Pero antes hay que ver qué pasa con el rescate.
Y burlarnos del que lo traiga.
Y de Valenzuela, que no es tan fácil.
Mi tío no os dará rescate.
Eso lo veremos.
Quiere deshacerse de mí, me odia.
¡Basta de historias!
¡Vamos!
¡El bestia es lo que es!
¡Vamos!
Quelaos aquí, cubridme.
Guarde esa pistola.
Guarde esa pistola, he dicho.
¿Eres Diego Valenzuela?
Eso parece.
Soy el mayoral de don Martín Zúñiga, tutor del muchacho.
¿Traes el dinero?
Sí.
No os quejaréis.
Os lo doy todo en oro.
Veo que tu amo es cumplidor.
Pero el niño no le tendréis hasta mañana.
Te dejaremos en cualquier pueblo de por ahí sano y salvo.
No le tenemos aquí por si se os ocurría traer malas compañías.
¿Comprendes?
Me amo que es muy generoso.
Me ha encargado que os dijera si lo convenido nos parece poco dinero por el rescate.
¿Tienes ganas de bromear?
Estaría dispuesto a entregar el doble de esa cantidad.
Por todo lo contrario.
¿Y qué es todo lo contrario?
Por matar al chico.
¡Qué canalla!
Menudo hígado tiene ese criadito.
¡Encargarse de esa misión!
No hay ningún criado.
Es mi tío.
¿Es su tío, dice?
Bueno, que lo estás pensando mucho.
Decidete.
No sé, no sé.
Eso es pedir demasiado.
Estamos ya muy señalados por la justicia y un crimen más sobre nuestras costillas.
Podría aún llegar a más.
¿Te parece cien mil reales?
¿Cien mil reales?
Hecho.
Dile a tu amo que conforme.
Que como si el zagal estuviese ya en el cielo.
Toma esto a cuenta.
Te entregaré el resto cuando mi amo vea la prueba.
Volveré de aquí a tres días.
Hay que buscar por la sierra y mirar hasta debajo de las piedras.
Tenemos que ir por los cortijos y por todas partes.
El chico tiene que aparecer.
¿Habéis entendido?
¡Vamos!
¿Vamos a dejar que se lleven el dinero?
¡Calla, crezva animal!
No estés triste, muchacho.
Quedas en libertad.
Puedes marcharte donde quieras y cuando quieras.
¡Al demonio el rescate!
¿Dónde, dónde, dónde?
¿Dónde piensas ir ahora?
¿Eso?
No sé.
No debías marcharte.
Valenzuela te encontrará donde vayas.
¡Tienes sobrones en todos lados!
¿Por qué no te quedas con nosotros?
No se ocupa de ti.
No podríamos ajustar las cuentas a tu tío.
Te hace falta ayuda.
Nos enseñarías a manejar las armas y a montar.
Y... Rompen.
No nos guardes rencor y quédate.
En nuestra cueva estarás seguro.
No, sois ladrones.
No lo somos.
No, señor.
Entonces, ¿qué sois?
Pues... Randa, díselo tú, que eres el jefe.
Nosotros no somos ladrones.
Bueno, algo sí somos.
Con estas caras que tenemos, sobre todo el vinagre.
Este sí que es un bandido de verdad.
Hace unos años, el corregidor di orden a los alcalde de la sierra...
que sus vecinos ayudaran a las milicias para limpiar la de bandolero.
Nos presentamos voluntarios.
A los pocos días nos echaron a tos por zoquete.
No valíamos para nada.
Pero habíamos tomado gusto a él.
Descubrimos una cueva y nos llevamos todo lo que había dentro.
Y ya sabes... El que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón.
¿Hay algún mal en ello?
No sé, pero...
Me parece que sois también bandidos.
No lo somos, no lo somos.
Sí lo sois, porque no devolveis lo que quitáis.
Todos estos trastos que tenéis en la cueva.
¿Y si lo devolvemos todo, te quedarías con nosotros?
Sí.
¡Joder!
¡Desde hoy nos mandas!
¡Te nombraremos capitán!
¡Sí, sí!
No, capitán es buena facha.
Yo seré coronel, como mi padre.
¡De acuerdo, coronel!
¿Y si nos vais a educar, por dónde empezamos?
Pues, por lavaros.
O lisa cuadra.
¡Vamos!
¡Que no, que tú la bandas del cumbú!
¡Que no, que tú la bandas del cumbú!
Yo no... yo no me... no quiero lavarme.
Yo no quiero lavarme.
¡Negado!
¡Yo estoy muy limpio y no me hace falta lavarme!
¡Vente dicho!
¡Ay, ay, ay!
¡Ay, qué me ha dado!
¡Ay, qué me ha dado!
¿Y a mí por qué hay el minagre allí?
¿Por qué?
¡Eh!
Ese está desesperado.
Ese es desesperado, pero se herida.
Y coronel, me vais a matar a... a disgustos.
¡Oye!
¡Este ha tomado muy en serio eso de man, man, man, mandar!
¡Que lo hace bien el zagal!
¡Falta hacía un poco de disciplina!
Es que... ¡A lavarse, he dicho!
¡Sí!
¡Tanta disciplina!
¿Para qué tanta?
¡Ostras, capitán!
¡Dale el ejemplo!
¡A lavarse!
Esto para ti, docino.
Bueno, macho, no te ha tocado, no.
Toma, zanahue.
¡Sombreros para todos!
¡Ese es para mí!
Aquí también hay cosas para ti, vinagre.
Yo no me he visto de más cara.
Perdona, hombre.
Vestido vosotros.
¡Ya mismo!
Vinagre, sal de ahí y ven para acá.
Estoy bien aquí.
Cuando vea que le apuntamos ya verás cómo se va.
Ya, ya, ya correrá, ya.
¡No quiero hacer algo de conciencia!
¡Apunten!
¡Vamos, apunten!
¡Bueno, pues ahí va!
¡Fuego!
Sois peores de lo que yo creía.
¡Qué vergüenza!
¿Y vos qué?
¿No os atrevéis?
Yo me atrevo a la que no se atreve en la pistola.
¡Disparad!
¡Bueno, pues allá va!
¡Se le ha dao!
¡Se le ha dao!
¡Se le ha dao, sí!
¡Se le ha dao!
¿Y vosotros qué?
¿No vais a aprender nunca a hacer nada?
¡Venido!
¡Vaya puntería!
¡Ay, ay, ay, mi madre!
¡Ay, mi madre!
¡Ay, que me mata!
¡Ay, que me mata!
¡Ay, ay!
¡Ay, abuelito!
¡Coge, coge!
¡Que suba el vinagre!
¡Que suba el vinagre!
¡Yo soy el último!
¡Yo no monto!
¡A mí no me hace falta aprender!
¡A mí no me hace falta aprender!
¡Yo no subo!
¡Yo subo!
¡Este me mata!
¡Este me mata!
¡Pobre capitán!
¡Bueno, va a saludarte!
¡Puértete bien, que es el capitán!
¡Puértete bien!
¡No, por ahí no!
¡Por este otro lado!
¡Bueno, mejor, mejor, vamos para aquí!
¡Venga, vamos, capitán!
¡Venga!
¡Arriba!
¡Vamos, el macha!
¡Pero no os agarréis!
¡Mare!
¡No!
¡Mare, madre, mami!
¡Vine, mami!
Pobrecito, pobre... ¡Vais a ver al capitán!
¡Para que aprendáis!
¡Yo, yo, yo!
Oye, ¿te das cuenta?
¡Así cualquiera!
¡Yo iba desbocado!
Dices que es aquí.
Ya veo que hay muchas huellas.
De un tiempo esta parte se oyen muchos disparos por estos lugares.
¿No será que acampan poquísimas milicias?
Puede ser.
Ya nos enteraremos.
¡Vamos!
¡Y picar después las que nos arden el pelo!
Ya podemos salir.
Desde luego, a magia no hay quien nos gane.
¡Tú nos das ciento y raya, muchacho!
¿Lo veis?
¿Qué me veis?
Yo no lo veo, ¿eh?
¡Mira, mira, mira!
Viene el corregidor.
¿Le habéis mandado llamar?
Buena señal que venga.
Le estaba esperando.
Hay una contingencia que no habíamos previsto.
No daríais con ella.
¿De qué se trata?
Han pasado varios días y Valenzuela debía haber reclamado ya su dinero.
¿Qué os dice esto?
Que las partidas enviadas por el corregidor a la sierra no le dejan moverse.
Precisamente.
No vais mal.
Vos deberíais haber evitado toda movilización, os lo dije.
Ah, hubiéramos caído en sospecha.
Si no lo cogen, no pasará nada.
Valenzuela se deshará del chico, cobrará su recompensa y punto.
Pero si lo cogen, hablará.
Es muy seguro.
Y esta es la contingencia que hay que solucionar.
¿Cómo?
Yo creo que lo mejor que podemos hacer es coger todas las riquezas y marcharnos.
No, no, no.
No os pongáis nerviosos.
Ayer realicé una gestión.
Estuve con el corregidor y le propuse casarme con su hija.
Un bello sacrificio, ¿no os parece?
Me gustó desde que la vi.
Sois genial.
¿Pero consentirá?
Al corregidor no le desagradará emparentar con la casa albear.
Y yo, su yerno, estaré al resguardo de lo que declare un bandido o quien sea.
Ahí le tenéis.
Y con su hija.
Excelencia, el señor corregidor.
Buenos días, don Martín.
De seguida soy con vos.
Dejando solos.
¿Me traéis noticias?
He mandado nuevas partidas a la sierra.
Buenos días.
¿Cómo estáis?
Bien.
¿Y vos?
Tenéis una hija muy bella.
Mi hija está también consternada por la desaparición del señor Conde.
Figuraos, don Martín, que son ya dos personas las que corren peligro.
El teniente Aranda se entró en la sierra y no se sabe nada de él.
No se trata ahora de eso.
Nada.
Vuestra hija tiene razón.
Es indudable que su prometido corre peligro.
No hay tal prometido, don Martín.
He prohibido esos amores.
Pasad, pasar.
Hablaremos tranquilamente.
¡La comida!
¡Hombre, la comida!
¡Eso sí lo sabéis hacer bien!
¡Vosotros a recoger las armas!
¡Ana, ana, vete tú!
¡Eh, no, venga, vamos los dos!
¡Se lo van a comer tú!
¡Venga, deprisa!
¡Se lo van a comer tú!
¡Que me quemo, que me quemo!
¿Cuántas veces he de deciros que no se meten las manos en la comida?
Perdonad.
¡Vamos a rezar!
¡Y vos, sentaos!
Déjame un poco banco.
Bendecid, señor, los alimentos que nos dispenséis...
y procuradnos al mismo tiempo el pan nuestro de cada día...
y la salvación de nuestras armas.
Amén.
Amén, amén, amén, amén.
¡A por ello!
¡Silencio!
Si quieres que comamos con orden, cántanos.
A ti te guardaremos la mejor escamada.
Anda, cántate algo.
¿Otra vez?
¡Una serrana, Joselito!
¿Sabéis que me vais a tener así toda la vida?
¡Un papal, un papal!
¿Y por qué no?
¿Y por qué no?
¡Por la alegría!
¡Silencio!
¡Cállate!
¡Anda, anda!
Voy a cantar, pero si soy bueno.
¿Podéis ir comiendo?
Sí.
En la mesa lo primero debe ser una oración.
No es servirse con milones lo mejor de la ración.
Quien se llene los deditos, ser billeta de musal.
Y el que nunca rompió un plato, no lo debe a rebañar.
Se conoce el caballero por su modo de comer.
Que en la mesa que es bendita, no se canta ni se grita.
Ni te debe relamer.
Se conoce el caballero por su modo de comer.
Se mastica despacito, sin ruido y sin solver.
El que come con los dedos, no presuma de señor.
Lo será quien pinche corte con cuchillo y tenedor.
Si te gustan los manjares, un glotón no debe ser.
Que el comer para la vida, no es vivir para comer.
¿Soy más malo?
Se conoce el caballero por su modo de comer.
Que el abuso es muy dañino, y en la mesa y con el vino.
No te debes exceder.
Se conoce el caballero por su modo de comer.
Se mastica despacito, sin ruido y sin solver.
Se conoce el caballero
por su modo de comer.
El caballero va a la mesa.
Se conoce el caballero por su modo de comer.
¡Soltadme!
¡Chiquillo, qué alegría!
Pensé que no te vería más.
¿Cómo pinchas si tienes cara de hambre?
Llevo dos días sin comer.
¡Vamos para adentro que aún queda comida!
Llevaba dos días buscándote por toda la sierra.
De no haberte encontrado hubiera muerto de hambre.
Pero muchos bandidos habrían hecho falta para matarte a ti, pillastre.
¿Ya no quieren más?
¡Comelo roto!
Me comería un carnero, pero no ya está bien.
¡Le apunto la sobra!
¡Y yo, y yo!
¿Qué da esto?
¿Quién de vosotros tiene más hambre?
¡Yo no!
¡Tú eres el que menos me quieres!
¡Toma!
Si no hubiera sido por estos bandidos buenos, que ya ves
cómo te han recibido a ti, a estas horas estaría muerto.
Ellos me han salvado.
Qué extraño.
¿Quién se iba a figurar que tu tío iba a ser capaz de una acción semejante?
Es increíble.
Hasta parece mentira que un hombre así puede ser hermano de tu padre.
¿Y si no lo fu fu fu fuera?
Repite eso.
Yo no he dicho nada más.
¿Y si no lo fuera?
¿Te das cuenta de lo que significa esto?
No se me había ocurrido.
Hay que averiguarlo.
¿De qué forma?
En la biblioteca hay una mesa donde guarda sus papeles.
Podríamos ir a por ellos.
Tú no.
No conviene que te vea por si damos con él.
Iremos nosotros.
¿Estáis de acuerdo en ir al pueblo?
¡Sí, sí!
Bueno, un momento, un momento.
Nos hace falta caballo.
Por eso no paséis cuidado.
Tenemos un amigo que nos dejará los sueños.
¡Abalé, avalé!
Tú quédate aquí.
No entres.
Deja ver dónde está la llave.
Quédate con él.
¡Mucho cuidado!
¿Qué haces?
¡Ay!
¡Ay,
que me escurro, que me mato.
Esto patina!
¡Sh!
Gallaros, hombre, gallaros.
¡Shh!
Estos son los caís y merdas que son los caíses.
Quieto, vamos.
Ahí, ahí.
¿Hay qué?
No, digo que si haya alguien.
No se oye nada.
No se oye nada.
Cállate.
Dame tu rabaj.
Calla.
Esto no cede.
Habría que descerjarlo de un tiro.
Pero... Sí, ya, ya.
Creo que con la llave lo abriréis mejor.
Qué alegría veros, teniente.
Se os había echado de menos en el pueblo.
Y ha sido una lástima vuestra ausencia, porque ignoráis una gran noticia.
Vuestra novia se va a casar conmigo.
Sois un canalla.
Ahora decidme lo que buscáis en mi mesa, porque tal vez os pueda ayudar.
Vos no sois el tío del niño.
Le habéis mandado matar.
Y el por qué se sabrá.
Quieto.
Tirad la pistola.
Si disparáis vos, dispararé yo.
Salid de aquí.
Os entregaré a la justicia por insolente y por farsante.
Vamos.
Olvidéis que el conde tiene parientes en Sevilla.
Alguno debió conocer a su tío.
Lástima no haber dudado antes de vos.
De todas formas, tenéis los días contados.
Sois un impostor audaz y esto saldrá pronto a la luz.
Yo me encargaré de ello.
Deja que se marchen.
Tengo un medio mejor de cogerlos si lo pagáis bien.
¿No sois vos uno de ellos?
Lo era.
Podéis coger a todos y al niño, pero tengo
que cobrar el dinero que dábais a Valenzuela.
Mañana, domingo, no vayáis a la iglesia.
¿Por qué?
Porque allí piensan cogerlos como un ratón y descubriros ante la gente.
Un Co-Co-Co-Co-Co-Coche jingle El
corre, el corre, el corregidor.
Vamos.
¡Pas delodzi!
¡Pas del어야!
¡Hazte... es la Kojo!
No, todavía no.
Es Teresita.
Te gustaría hablar con ella, ¿verdad?
Mucho.
Pero me temo que al corregidor no le agrade tanto.
Acércate con disimula.
Yo voy a hablar con don Julián.
¡Joselito!
¡Hijo mío!
Seguí tocando.
Todos pensábamos que os hubiese ocurrido algo.
Vais escribirle a doña Adela y a don Esteban.
Apenas acabe el aviso.
Han venido.
Cuando supieron lo vuestro, deben estar abajo.
Voy a cantar para que me oigan.
Vuestro Ave María.
Si algo encender,
vienes a ver desde el altar que yo te ofrezco el corazón.
Ese tío no viene.
Inagre es un traidor.
Él es el culpable de todo, como si lo viera.
¡Avisa al teniente!
Bueno, adiós, don Julián.
Me voy.
¿Ya os marcháis?
Sí.
Vámonos, teniente.
Que ese no viene.
Madre, me quiero.
Me voy con él.
Vete, hija mía.
Que os case don Prudencio en la rumita.
¿Dónde va Teresita?
A comulgar.
¡Don Prudencio!
¡Don Prudencio!
¡Don Prudencio!
Hombre, también mi sobrino.
Todo se embandeja.
No, Eduardo.
Está hijo selito.
Haceos cargo de él.
A vos también os esperaba, señorita.
Me figuraba la jugada de vuestro teniente, propia de un enamorado.
Pero no os va a servir de nada.
Os voy a matar sin compasión.
Mi padre se enterará antes de cuyáis.
Lo sabrá todo el pueblo.
¿Qué habéis hecho de mi tío Martín?
Decidme.
Si vuestro tío Martín soy yo... Dejadme que sea yo el que dispare.
No quisiera privarme de este placer.
¡Eres un Judas, vinagre!
Coronel, quería decir, disparar contra ese don Martín.
Traez aquí.
Se acabó la comedia.
¡Quieto, no lo mováis!
Os ha fallado un detalle muy importante en vos, la traición.
No os mato por no igualarme un tipo de vuestra calaña.
¿Lo he hecho bien, mi coronel?
¡Muy bien, vinagre!
¡Alto!
¿Qué es eso?
Daos presos en nombre del Rey.
¡Prendedlos!
¡Entregados!
Mi pequeño coronel.
Esta vez me las vais a pagar todas juntas.
Os voy a despeñar por esos riscos.
¡Vamos para afuera!
¡Vamos!
¡Cuidado con ellos, que no son de fiar!
¡Amarquillar bien los trabucos!
¡Vamos, daos prisa!
¡Echar para adelante!
¡Quietos!
¡Échanos una mano encima, que pise alguno la trampa!
¡Que choca!
¡Apuntarles bien!
¡Y a la cabeza!
¡Deja el maestre!
¡Deja el maestre!
¡Deja el maestre!
¡Toma!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Siete trabucos cruzan la sierra!
¡Siete navajas buscando guerra!
¡Llega entre coplas nuestra partida!
¡Tiembla de miedo la serranía!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Pom, pom, pom, pom!
¡Por esta cuadrilla de gran corazón!
¡Postrado de rodillas pido compasión!
¡Queriendo matarme llegó un impostor!
¡Subieron salmarme con celo y amor!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Un chiquillo con salero!
¡Su lección nos quiso dar!
¡Y nos trajo al buen sendero!
¡Con la gracia de un cantar!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Como un hijo requeremos!
¡Nuestro brazo es el más fiel!
¡Y por siempre miraremos al pequeño coronel!
¡Los siete conmigo tendréis el favor!
¡Yo soy buen amigo del corregidor!
¡Que os debo la vida sabré recordar!
¡Cuadrillas querida del viejo cantar!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
¡Que yo, que tú, la banda del bubú!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.