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¿No está usted conforme entonces?
Ya le he dicho a usted que sí.
Que estoy muy contento, que estoy muy satisfecho en la
forma en que ha dirigido este periódico en los últimos años.
No puedo dejar de admitir que ha aumentado la circulación un 80%.
Que le ha dado a usted mayor relieve a las notas sociales.
Que la página cómica resulta muy chistosa para los niños.
Pero eso no es suficiente.
Tendrá usted que admitir conmigo que este periódico no es el mismo de antes.
¿Qué quiere usted decir?
Muy sencillo.
Nuestros reporteros recaban sus noticias en fuentes oficiales.
Reciben boletines que lo mismo se publican en
este periódico, que en este otro, que en el mío.
Y esto no puede continuar.
Yo quiero noticias exclusivas.
Distintas.
Novedosas.
¿Me entiende?
¿Quiere usted alguna idea?
Claro que sí.
Reúna usted a todos los reporteros inmediatamente.
Ofréscales en mi nombre este cheque de 10.000 pesos.
Un premio de 10.000 pesos.
Aquel reportero que traiga hoy 31 de diciembre la noticia más sensacional,
más extraordinaria, de mayor impacto para el público.
Detenga usted el tiempo si es necesario.
Eso es.
Detenga usted el tiempo a las 12 de la noche.
Y consiga para mi periódico la mejor noticia de fin de año.
¿Me entiende usted?
Sí, sí señor.
Muchas felicidades para usted y para los suyos.
Igualmente.
Acaba de estar aquí el dueño del periódico.
Por cierto, de muy buen humor.
Y me he encargado que felicite a todos y cada uno de ustedes y les deseo un feliz
año nuevo en compañía de los seres queridos.
¿Puedo permitirme suponer que con tan plausible motivo, el gran diario no se
habrá olvidado de materializar sus votos para sus files esclavos, señor Gabin Rivera?
Por supuesto que no, Humberto.
En la caja encontrarán el sobre con el aguinaldo de costumbre.
¿No te lo dije, Humberto?
Aquí tiene usted, señor director.
El gran diario recibirá al bebé 1953 con diez mil pesos de aguinaldo.
Para el efecto, nuestros teléfonos estarán listos para recoger el advenimiento del
niño o niña que nazca a las cero horas del año nuevo.
¿Le parece a usted bien?
Perfectamente, señor García.
Con su permiso.
La primera vez que el gran diario recibió al bebé que nació a las cero horas con un
cheque de diez mil pesos, dio una noticia, o ya no lo es.
Bueno, digamos que es una noticia institucional, señor director.
La noticia es siempre la zarva, Kels.
Repítala usted y dejará de ser noticia.
Antes, en los tiempos de oro del periodismo, el reportero lo era en la
avenida en que sabía cazar noticias y cada diario
competía para ofrecer la última novedad a su público.
Hoy, en cambio, cada quien va a su fuente y recaba el moretil oficial con el
resultado de que todas las noticias de todos los periódicos son iguales.
Este periódico y este otro, y el nuestro, publican lo mismo.
Yo no discuto si esto es periodismo o no, pero en todo caso, hacen falta noticias.
Muchos de ustedes han trabajado en el gran diario desde hace varios años.
Otros, apenas unos cuantos.
A unos y a otros quiero decirles que hacen falta noticias.
Tiene usted razón, señor Rivera.
Pero así es el periodismo ahora, ¿y qué le vamos a hacer?
Y lo dice usted, Humberto, ¿usted que casó las
más sensacionales noticias de hace diez años?
Era otra época.
Entonces había que bajarse duro.
Sí, entonces había que bajarse duro.
Dirán ustedes que son cosas de viejo, pero estoy seguro de que si nos lo
proponemos, haremos una revolución ofreciendo verdaderas noticias,
noticias sensacionales, provenientes no de
una fuente, sino de la vida de todos los días.
Para el efecto, aquí tienen el primer cheque de diez
mil pesos para una verdadera noticia de año nuevo.
Sin compromiso.
Si nadie está dispuesto, destruyo mi cheque y no he dicho nada.
Es muy difícil que haya noticia que valga la pena a
las nueve y cuarenta y cinco de la noche del año viejo.
¿Qué opina usted, Humberto?
Que convengo con usted en que la noticia no tiene hora.
Se agarra el vuelo o no se agarra.
Así decíamos en mis tiempos.
Si no fuera porque mi esposo me espera en casa y concurre circunstancias muy
especiales para estar con ella, estaría encantado de probarle que me gusta la idea.
Se trata de olvidarse de que cada quien tiene
un hogar y una esposa que lo está esperando.
Ya sé que Gabriela va a ser madre y le anticipo mis felicitaciones, pero no creo
que sea tan inminente como para que no pueda renovar lauros que lo hicieron famoso.
Lo siento de ver a señor Rivera y le suplico que me dispense por esta ocasión.
Ha dicho 10.000 pesos como estos.
En ese caso considera los míos porque me los pienso ganar yo.
Eso de considera los míos no pasa de ser una frase.
A lo mejor yo también quiero competir.
¿Y yo?
Total, 10.000 pesos son 10.000 pesos y vamos a ver que pasa.
Así me gusta.
Ya lo saben, muchachos.
Aquí está el cheque de 10.000 pesos para la
mejor noticia de las cero horas de esta noche.
Compañeros, voy por el cheque.
Yo le traigo la noticia, señor director.
Ay, cuidado con el cheque porque es mío, ¿eh?
Lo felicito por su idea.
Ya en otra ocasión estaré a la altura de las circunstancias.
Muchas gracias, Humberto.
Saludos a Gabriela.
Feliz año, señor Rivera.
Igualmente.
Sí, detener el tiempo si era preciso, pero obtener esa nota sensacional a toda costa.
Escudriñar en todos los rincones de la gran ciudad.
En algún lugar, a las 12 en punto de la noche, podría estar la noticia que habría
de conmocionar a los lectores en el gran día.
Oiga, patrón, mira, no más que choque, ¿eh?
Sí, hombre, qué barba.
Parece que el clamión tuvo la culpa.
Precisamente hoy.
¿Cuándo íbamos a pasar el año nuevo juntos?
No hables más, mi vida.
Te va a hacer daño.
Ahora vamos a la cruz.
Mi hijo.
Nuestro hijo.
La única que me importa es tú.
Tanta ilusión que tenías en él.
Nuestro chiquito.
La vida de las grandes ciudades es vida de grandes contrastes.
Mientras algunos despiden el año en medio de risueña algarabía, otros lo dejan con
lágrimas en los ojos, presas de la tragedia y el dolor.
Si es vieja, no la quiero.
¿Y usted?
Es su hija, y yo no sé más.
De ese de Santos que todo resultó sin novedad.
¿Qué quería después de que su señora rodó las escaleras de su casa?
¿Que le ofrecieron al presidente Eisenhower como su hijo?
Pero es que yo no quería esto.
Yo quería un macho, y mi mujer lo sabía muy bien.
Pide que fallada me ha dado.
No sea tonto.
No ve como llora la inocentita.
Conozco el truco.
Últimadamente no quiero vieja.
¡Y se acabó!
Últimadamente es vieja, ¿y qué?
¿Y qué?
He pasado sobre todas sin dejar ti tiene con cabeza.
Y sé para lo que sirven.
Eso era antes.
Pero ahora las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres.
Y esta ciudadana tiene los mismos derechos que usted.
Ciudadanos son los machos.
¿Y usted qué dijo?
Ya cargó con la charla y se creyó.
Lo de sus derechos.
De puro milagro no lo mató el camión.
Su coche quedó hecho pedazos.
El señor es su esposo.
Quiero ver al doctor.
Eso está el doctor.
Ya lo verá después de la operación o de lo que haya que hacer.
Es absolutamente necesario que lo vea.
Tengo que explicarle en qué condiciones encuentra mi esposa.
Sean las que sean, no es cuestión suya.
Repito que quiero ver al doctor.
Llámenlo a usted.
Llámenlo, pero ya.
Doctor.
¿Qué pasa?
Mi esposa, doctor.
Le faltan dos meses para ser madre y le pido que haga caso omiso de mi hijo.
Hasta hace unas horas era toda mi ilusión.
Ahora solo quiero que me la salva a ella.
Por favor, doctor.
Cálmese, cálmese.
Pase a la señora.
Sí, maestro.
Antes, permitan repetirle que nada me interesa mi hijo.
Que lo único es ella.
¡Ella, ella!
¿Me ha oído usted?
Si no la salva, lo mataré.
Y me mataré yo también.
Déjese amenazas idiotas.
Y dese cuenta de que habla con uno de los más afamados cirujanos de México.
Que por altruismo, por altruismo, enténdalo bien.
Atiende esta noche la guardela cruroja con sacrificio de su hogar.
Porque él también tiene un hogar.
Perdóneme, doctor.
Solo quise pedirle que me la salve.
Cálmese, cálmese.
Después hablaremos.
Te van a cortar la mano, Aurelio.
No te asustes, vieja.
Y vete a darles de cena a los otros chilpayates.
¿Y tú?
No.
Me quedaré contigo.
Cómanse el pollo a mi salud.
Total.
A mí me tocó perder una mano.
Otros han quedado sin brazo.
Ya no podrás trabajar.
En la fábrica no.
Pero me pagarán la indemnización.
¿Y sabes lo que compraré con lo que me den?
No.
La muñeca que pedía la otra noche en sueños nuestra hija.
Aquella muñeca güera que vimos en el aparador, que camina y llora.
No se te olvide decirle que se la compraremos para el día de los Santos Reyes.
No llores, Petra.
Vete con los chilpayates.
Acidente de trabajo.
Una polea le agarró la mano.
Pásenlo.
Usted no puede pasar, señor.
¡Ya no quiero más!
¿Qué pasó?
Creo que se cayó.
Trabajó en una casa de las Lomas.
¿Qué?
¿Te caíste?
¡A mi Dios!
¿Qué pasó?
¿Qué me van a hacer?
Depende de lo que tengas.
¿Qué te pasó?
Era niño, mi alma.
Yo no quería.
Por esto que yo no quería.
¿Pero quieres decir que el accidente se produjo jugando con un niño?
Pues yo no sé si fue accidente o produjo.
Solo sé que fue el niño de la casa.
Lo que no entiendo es cómo pudo haberte dejado en este estado un chamaco.
Ay, niña.
No quiero ni acordarme cómo soy deabolorida.
Desde que llegué a la casa, empezó con el brete de que iba a enseñarme lucha libre.
Y yo buscó cómo iba a saber qué era eso si nunca
me lo había dicho nadie en el tempo escolar.
Hasta que hace un rato salieron los señores.
Y entonces el niño me dijo, ahora sí, cándida, haz de cuenta que estamos en la lona.
Y que me agarré de un brazo y que me metió la zancadilla.
Y no más sentí que me tronaste a la nascencia.
Mira qué niño tan mono.
Y luego... ¿Qué quiere usted sugerir?
Yo nada, pero no, ya usted que dice que la tiró al suelo y todo.
¿Es usted practicante o detective?
Soy practicante de detective.
Ay, Dios.
Ojalá y nunca hubiera yo salido de este posco lula.
¿Pero pasó algo más?
Sí, niña.
Entonces fue cuando me amplicó que es que cangrejo.
Y luego pues que el queñudo ciego.
Y depiló el tornillo.
Y me descuadriló todita.
Apenas puede creer.
Bueno, llévenla a la tienda.
En el caso puede ser grave.
¿No ha pensado usted que tal vez hay algún delito que perseguir?
Bueno, el dichoso niño ese, ¿qué edad tiene?
Pues, hace ocho días.
Que es que cumplió 25 años.
Sí, era necesario de tener el tiempo.
Lanzarse en pos de la noticia sensacional.
Escudriñar en todos los rincones.
En algún lugar de la gran ciudad, un hecho, un acontecimiento
inesperado podría estar ocurriendo en ese momento.
Yo diría que haga usted caso omiso de la posibilidad de llevarse esa cantidad,
Rafael.
Conozco a Berta y sé que sabrá ayudarlo cualesquiera
que sean las condiciones económicas en que se case.
¿Pero usted cree que ella estará dispuesta a todo?
Absolutamente a todo.
Yo hablaré con ella para que fijen la fecha de la boda cuanto antes.
Pero un matrimonio necesita apuntarse en algo, Usted lo ha dicho, en amor cristiano.
No tenga miedo a la pobreza, Rafael.
La pobreza no es estigma, sino acicate.
La verdadera dicha no se funda en dinero, sino en comunión de hombre y mujer.
Vaya a luchar y tenga fe en Dios.
Muchas gracias, padre.
Vendremos a verlo muy pronto para que los casas.
Ve con Dios y conmigo.
Por más que le dije que estaba usted ocupado, insiste en verlo.
Dice que trae un recado muy urgente de alguien que usted conoce.
Está bien.
¿Y quién es esa persona, si puede saber?
El nombre de esa persona es Edmundo Bernal Paz.
¿El señor Bernal de los Altos Hornos?
Sí, señor.
El mismo.
Con el permiso de ustedes.
Estoy a sus órdenes.
Tengo entendido que Edmundo Bernal es su hijo de confesión.
No, no.
Solamente eso es uno de mis mejores amigos.
El que más eficaz y desinteresadamente me ha ayudado en mi obra social.
Dice usted que trae un recado de él.
Sí, padre.
Edmundo Bernal lo necesita urgentemente.
¿No le dijo para qué?
Para que se digne usted a recibir su confesión.
Está muriendo.
¿Que el señor Edmundo Bernal se está muriendo?
Irá usted, padre.
Sí.
Enseguida.
Es decir, estaría ya en camino si no tuviera que decir la misa de gracias.
Créame que lo siento intensamente.
El mundo lo esperará hasta que usted llegue, padre.
Tenga la seguridad de que correré a buscarlo tan pronto como pueda.
Muchas gracias.
No volaría.
Así me dijo hermosito.
Dejeré de la frontera.
En mi caballero lucero he venido trianera pa' decirte que te quiero.
Pa' decirte que te quiero.
He venido trianera.
Lo que le quiero que no acierto ni a decirlo y no fuimos nada juntos en su
cajera estana hablando de nuestras cosas de Sevilla Chiclana Dejeré de la frontera.
En mi caballero lucero he venido trianera pa' decirte que te quiero.
Pa' decirte que te quiero.
He venido trianera.
Pa' decirte que te quiero.
He venido trianera.
Eres muy linda, María Eugenia.
Cómo que no, sí.
Canta un poquito.
No.
Sí, canta un poquito.
Triviesca, ahora ven tú a tocar un poquito.
Gracias.
Las de tu
cio dame tan solo uno
mi corazón como en las noches y en los Los jardines, así es mi alma miniatura,
ya veo que asoma tu rostro de ángel, siento un odio.
Dentro de mi alma,
tinieblas, ya no hay tinieblas con tu mira.
¿Qué
milagro es este?
Pase, usted ya sabe que es su casa.
Perdóneme el bordo, yo no sabía que estaba a su destino.
Dios me lo ha enviado.
Quiero que conozca a mi novia.
Porque dentro de dos meses usted desaparecerá.
Permítame presentarle al señor Rafael Galindo.
Mucho gusto, hermoso Bernardo.
Pasen ustedes, pasen.
La señorita Eugenia Bazámpada.
Encantada, padre.
A sus pies, señorita.
Tanto te ha hablado del padre Marquez que no
necesito agregar nada respecto a su santidad.
Callen, mundo, no sabe lo que dice.
Tan lo sé que lo tengo elegido para que se digne casarlos.
¿Verdad que era un huequito para nosotros el último domingo de marzo, padre?
Será para mí un honor, señorita.
Pero no hagan que me sienta un agua fiesta.
Yo les ruego que sigan divirtiéndose.
¿Agua fiesta?
Ya verá usted.
Señores.
Permítanme recordarles que el padre Marquez está empeñado
en una obra social que demanda la ayuda de todos.
Yo diría que mañana mismo cuando nos reunamos podríamos traducir nuestros votos
de año nuevo en tantos óvulos como somos los aquí
presentes para hacer realidad su piadosa obra social.
¿Me parece?
¿Me necesitas, padre?
Por supuesto que sí.
En nombre de mis socios y del mío propio puede
usted contar con un cheque por 25 mil pesos, padre.
Fácil.
Siento haberlo molestado en el mundo.
Ya veo usted que no fue en vano su visita, padre.
Todo el mundo está deseoso de cooperar.
Pero tomen asiento, por favor.
Siéntense.
Gracias.
¿Un cigarrito?
Sí, muchas gracias.
¿Usted, padre?
Si he de decir verdad, mi visito merecía algo más que al simple deseo de saludarlo.
Ya sabe usted que siempre estoy a sus órdenes, padre.
Ya lo sé, hermano, ya lo sé.
Y Dios nuestro Señor le pagará lo que ha hecho en
ayuda de fines tan cristianos como los vuestros.
Los caminos del Señor son misteriosos.
Ahora comprendo que a través de una broma, Él me
dirigió aquí para lograr el objeto que perseguimos.
¿A qué broma se refiere usted, padre?
Prefiero olvidarlo.
Después de todo, no ha sido más que eso.
Gracias a Dios, una broma.
¿Referente a mí?
En parte.
Pero puesto que lo encuentro usted rodeado de
sus amigos y de la que pronto será su esposa.
Gracias.
Porque el cielo le conceda toda la felicidad que se merece.
Muchas gracias, padre.
Gracias.
Decía usted que esa broma en parte se refería a mí.
Podría saberse cuál es esa parte, padre.
Ahora estoy seguro de que usted no fue más que el pretexto.
Llamémoslo así para hacerme venir a su casa.
¿No opina usted lo mismo, Rafael?
Sí, padre.
Evidentemente fue así.
En ese caso encantado de que todos los días recibo una broma semejante.
Salud, señor Galindo.
Salud, señor Bernal.
Salud, padre.
Salud.
Este señor... ¿Quién es?
Usted y yo lo conocemos, ¿verdad, Rafael?
Efectivamente, padre.
Este señor es el que... Estoy seguro de que sufren una confusión.
Ese señor era mi padre.
Probablemente no recuerden ustedes un accidente
de aviación que ocurrió en Daras a fines de 1937.
Una de las víctimas, el ingeniero Carlos Bernal, era mi padre.
Ese es su retrato.
¿Quiere usted decir que este señor murió en 1937?
El 22 de diciembre.
Hace unos días se celebraron las misas de sufragios.
A riesgo de que usted lo tome en el peor de los sentidos, debo decirle que este
señor estuvo a verme hace algo más de una hora.
El señor Galindo estaba conmigo y el sacristán lo vio también.
Efectivamente, padre.
Esta persona y el señor que lo fue a visitar a usted son el mismo.
Si no se tratara de usted, creería que era una broma.
Le repito que hace unos instantes hablé con este señor.
Perdóneme, padre, pero a ese señor lo enterramos hace 15 años.
Es más, ya que los hechos por lo visto no parecen corroborar la realidad,
debo decirle que ese señor estuvo a verme para
pedirme que viniera urgentemente a confesarlo a usted.
Por eso estoy aquí.
Yo lo oí.
Y si mis sentidos no me engañan, dijo que estaba usted moribundo.
En todo caso, me alegro de encontrarle en perfecto estado de salud.
La ciencia habla de ciertos fenómenos que todos experimentamos alguna vez,
ya que alguien que se parecía a mi padre estuvo
con usted para pedirle que viniera a verme.
El creyente le pregunta, ¿qué debo hacer, padre?
Antes que nada, olvidémonos del hecho en sí.
¿Pero usted recibió la visita de...?
Los caminos del señor son misteriosos y no tenemos derecho a escrutarlo.
Está bien, padre.
Sin embargo, ya que estoy aquí y usted es mi hijo de
confesión, no saldría sobrando el objeto de visita.
Por supuesto que no, padre.
Hagamos de cuenta que lo que me trajo aquí no existió.
Si usted está dispuesto...
No solo dispuesto, es más, se lo pido, padre.
Entonces padre, con su permiso, yo lo espero allá afuera.
Ando.
Acompaña al padre Márquez a su casa.
Sí, señor.
Muchas gracias.
Ya saben ustedes que estoy a sus órdenes para la boda.
Mis mejores deseos por su felicidad, señorita.
No tenemos con qué pagarle el honor que nos hace, padre.
Muchas gracias.
Que Dios los bendiga y que tengan ustedes un feliz año nuevo.
Igualmente, padre.
Gracias a usted.
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Qué te pasa, mundo?
¿Qué tiene?
No sé.
María Eugenia, me siento muy mal.
No veo nada.
¿Qué te pasa?
No quiero que se den cuenta mis invitados.
Llévame a cualquier parte de la casa.
El mundo, ¿qué te pasa?
¿Quieres que le traiga un médico?
Eres inútil.
María Eugenia... Yo que te hice venir de España... para hacerte mi esposa...
y la mujer más feliz del mundo.
Siento mucho que debes quedar esta vez.
María Eugenia...
después de morir.
Ahí donde la gente no llega porque quiere...
a donde se dirimen las dificultades de dos voluntades opuestas...
siempre se encuentran hechos plenos de amarillismo sensacional.
Ahí mismo podría estar el reportaje de fin de año.
Como quien dice, Nanak.
Yo ya no sé lo que pasa en México.
En México no pasa nada.
Lo siento, amigo Garibaco.
El niño no fue secuestrado.
La tía solterona lo retuvo en su casa de Cuernavaca.
Eso fue todo.
Vieja idiota.
Debió haberlo secuestrado.
Comérselo crudo.
La madre del gerente del Banco Latino Continental... ofrece un dineral por su hijo.
Carretonadas de dinero.
Además, ¿qué noticias de fin de año para mi director?
Las noticias son como las liebres, amigo.
Saltan donde menos lo piensa uno.
Y hay que agarrarlas al vuelo.
Total, se basuró como una gota de rocío.
Como una lágrima.
O como un buen whisky regado en la calle.
No me recuerde usted el whisky, por favor.
Siquiera se suicidara un agente del Ministerio Público.
Yo no me voy a morir nunca, amigo.
Pero si pa' eso me así... Pa' vivir.
Feliz año nuevo y ojalá que antes de medianoche...
me lo cuelguen a usted el poste más alto por mala mirada.
Feliz año nuevo, amigo Garibay.
Ya está bien, amigos.
Suétenme.
Suétenme.
Total, azules médicos.
Vamos a ver quién funge o finge aquí... como agente del Ministerio Público.
Yo no finjo.
Fungo.
No cualquiera es agente del Ministerio Público.
¿De qué se trata?
¿Cómo que de qué se trata?
Escándalo en la vía pública e insultos a la policía, jefe.
No, hombre.
Insultos a la policía.
Yo lo insulté.
¡Ay, qué deducción tan lógica!
¡Qué bárbaro!
¡Pero qué inteligencia!
Bueno, bueno.
A usted se le escurre la inteligencia.
Se le desparrama.
Mira usted, señor.
En primer término, si alguien viene aquí a acusar...
para que usted lo sepa, ¡eh!
Ese soy yo.
¿Cómo la ves desde ahí?
¿Qué quiere usted decir con eso?
Nada más quiero decir para que lo comprenda...
que estaba yo tan feliz y tan contento...
cuando estos señores llegaron.
Y no más porque se les ocurrió.
Ocurrencias que tienen me trajeron de una manera habitaria...
porque estaba yo gritando a los cuatro vientos...
las cuatro libertades del hombre, señor.
Ya lo oye usted, jefe.
Estaba escandalizando en plena avenida... y da algo a grito pelado.
¿Pelado?
¿Muy pelado?
Ay, pero muy pelado.
Mirá no más.
El pelado eres tú, güera.
George Christian.
¿A qué cuatro libertades se refiere usted...
que le den derecho a pegar de gritos y escandalizar?
En primer lugar, a las cuatro libertades...
que proclamó la democracia, ¿eh?
No más allá.
¿Dónde?
¡Allá!
¿Dónde?
No sabe usted dónde.
Sencillamente en el Atlántico.
Ahora, que nunca me lo vuelva a confundir con el Pacífico...
porque últimamente el Pacífico anda volando muy bajo.
Anda en una movida tan chueca... que anda pero revuelto, revuelto.
Dicen que anda hasta culéco.
Con eso le digo todo.
Bueno, eso es en primer lugar.
Y en segundo... En resumidas cuentas, ¿qué fue lo que pasó?
Dijo que todas las instituciones se fueron a...
al diablo, con perdón de usted, jefe.
Ay, sí, cómo no.
Con perdón de usted, jefe.
Con perdón.
Qué desentito me resultó el señor ahora.
Miren nada más claro.
Como está aquí con mi amigo el agente...
está usted en príncipe azul.
A mí no me dice usted príncipe azul.
¡Reportes usted!
¿Ya lo oyó?
¡Depostado!
¡Mira, viejo!
¿Cómo viejo?
¿Cuál viejo?
Está bien.
Perdón, joven.
¡Mágenme este desgraciado!
¿Su nombre, por favor?
Damián.
¿Damián qué?
Damián García.
Para servir a usted, señor.
Orundio de Parras, Coahuila.
Fluro norte.
¿Y en qué trabaja usted?
Soy cantor de Sinfonieta.
¿Qué?
¡Sinfonieta!
¿Usted no sabe lo que es Sinfonieta?
No.
¿No?
¿Nada?
¡Sinfonieta!
Nada más porque usted agente del misterio público... y de usted saberlo todo...
se lo voy a decir.
Pero...
Sinfonieta.
Es... la canción...
popular... pero bien cantada... con categoría...
profunda.
¿Usted conoce...
las Adelitas?
No.
Le llevo a usted que es Sinfonieta.
Pero que es Sinfonieta.
Nada más que estos hitores...
ya me las hecharon a perder.
¿Cómo?
¿Quién es?
Los Mariachis.
¿Todos?
Sí.
Háganme un favor.
Ya nada más salvo la calle...
y por donde quiera oigo...
las Adelitas.
Las Adelitas.
Las Adelitas.
Las tengo aquí.
No se me va nunca.
Las Adelitas.
Las Adelitas.
Las Adelitas.
Las Adelitas.
En 1915...
año de revolución.
Murieron dos Adelitas.
La causa fue una pasión.
Cosíte la soldadera.
Pérez era guerrillera.
Pero de mal corazón.
No me quisiera acordar... de ese caso tan fatal.
Que dos hembras de valor...
se tuvieron que matar.
¡Silencio!
Los felicito, señor agente.
Qué parón en sécole de usted.
Usted sí conoce de música.
Bueno, mejor que Chávez.
¿Usted conoce a Chávez?
¡No!
¿No sabe quién es Chávez?
¡No!
Y oye, ¿qué?
Lo quiero decir un momento.
Es que estos hace 14 horas los traigo atrás.
Ya me tienen aburrido, señor.
Como parche pegado.
No hay derecho.
Y ahora me salen con que me quieren cobrar.
Y a ochenta pesos la hora.
Oye, ¿a usted?
¿Pues que son mariachis americanos o qué?
¡Ven, dámelo a todos para dentro!
Pues mire usted, jefe.
Yo la mera verdad me lavo las manos como pilazos.
Porque mire usted.
Aquí está, señora.
¡Señorita!
Usted se enoja hasta porque le cambian el estado civil.
Uno cómo va a saber esas intimidades, señor.
Pues aquí está, señora.
¡Señorita!
¿Qué más te no ve la pinta?
Bueno, pues esta señorita...
está acusando aquí a su gatígrafa... de que quién sabe qué cosa...
¡Pues este verá, jefe!
No es verdad, señor juez.
Yo le aseguro que se trata de una calumnia... de esta vieja desgraciada.
¿Vieja desgraciada?
¿Vieja su abuela?
¿Gata igualada?
Me robó mi anillo de brillantes.
¿Y ella la esculcaron?
Pues según a donde esta señora dice que se la guardó...
yo no me atrevo a esculcarla, jefe.
¿Cómo?
Pero para que la esculcan... si se lo tragó, si es una ratera ladrón... mire, mire.
No es verdad, señor juez.
No es verdad.
Lo siento, aquí mire.
No es cierto, señor.
Aquí lo tiene.
¿Usted, jefe?
Sí.
Además, exijo que se le vea con rayos X... y que se le de un vomitido.
O que se le haga la cesárea... pero mi anillo tiene que aparecer.
No faltaba más.
¡Qué notición!
Primera plana, ocho columnas, mire.
¿Está usted segura de que se tragó el anillo?
Claro que estoy segura.
Si lo trae en la barriga... Para grandes males, grandes remedios.
Rágele la barriga... y enséñenle su anillo, juez.
Mire, yo le prometo a usted... hacerla famosa, sacarla en primera plana.
Yo le juro a usted que yo no fui, señor juez.
Yo sé por qué no me defiende... después de que me enamora ya.
¿Vos ahora?
¿Eh?
¿Pero qué es esto, hombre?
Que no la he visto a usted antes por aquí.
Sí, señor.
Tres veces.
Pero las tres veces han sido calumnias.
Se lo juro a usted por esta.
Y por sus ojitos verdes tan bonitos.
Mire, mire, jefe, con una navaja.
Pues, ¿qué es esto?
Tratando de colaborar con la justicia... y esclarecer los hechos.
¡No, señor!
¡No hay derecho!
¡Mire usted, jefe!
¡Un arma, hombre!
Déjelo.
Este amigo es de la prensa... y aquí hay libertad de prensa.
Bueno, en resumidas cuentas...
usted dice que esta le robó un anillo de brillantes.
Sí, señor, se lo robó ya, por favor.
¡No es cierto!
Usted dice que no es cierto... que no le ha robado nada.
¡Pobrecita, cómo está chillando!
Enciérrenme las doce horas... juntas a las doce, en un separo.
¿A las dos?
¿Para las dos?
¿Dosce?
¿Dosce horas, jefe?
¿Dosce horas?
¿No será poco?
¡72 horas!
¡72 horas!
¡72 horas!
¡72 horas!
Sí, señor.
Es eso.
¡Qué notición!
Ocho columnas, primera plana... y usted, ¿cómo resuelve este caso?
Sí, señor.
¡Camín, ven!
¡Ya se lo explicó usted al jefe!
¡Vamos!
Es la primera vez que yo pise... como este, señor.
Aquí le traigo a estos dos tipos... que han armado un escándalo padre.
Pero yo no les entiendo lo que dicen.
Un chorro de felicidad se anide en mi pechuga...
al llegar a la balanza de la justicia.
Yo acuso a este carnal... el ratero.
¿El ratero es él?
Se equivoca porque... este tapote... me ha robado...
mi inspiration.
¿Qué?
¡Cállese!
Señor juez... yo hago canciones.
Este señor me las ha robado.
Yo vivo en un cuarto.
Este señor al lado del cuarto.
Yo me cambio, él se cambia.
Yo hago canciones.
Las chido.
Las apunto.
No sé música.
Las oye este.
Las apunta.
Sí sabe música.
Las vende.
Él come de mi inspiration.
Está gordo por mi inspiration.
Protesto, señor juez.
Lo que pasa es que el señor está equivocado.
Es que él es de primera y yo soy de segunda.
¿Cómo?
Sí, yo hago las canciones en segunda.
Usted hace las canciones en primera.
Pues eso es lo que pasa.
A ver, a ver, a ver.
A ver, cántese la última que hizo anoche.
Le voy a demostrar que no son iguales.
Y ven.
Y ven.
Y ven.
Y ven.
¿Ya ve cómo no es igual?
Mire, qué raro.
Se parecen en la letra y en la tonada.
A ver, sígale.
Y ven acá, joven querida, que de tal manera desprecias mi vida.
Y haz.
Y haz.
Y haz que con tus dobles brazos se haga pedazos mi corazón ardiente.
Y ven, y ven.
Y ven, y ven.
Y ven reclina aquí tu frente sobre mi acerado y angustiado pecho.
Mira qué acecho que se destroce mi corazón.
Ven, ven, por Dios,
a calmar mi llanto.
Cuál fresca rosa, yo te amo tanto.
Y ven, que si no vienes aquí, junto de mí.
Eso usted no lo sabía, lo acabo de inventar.
Señor juez, que no se robe mi inspiración.
Ya vio usted, yo hago estas canciones porque me las regalan las estrellas.
Mi inspiración me las da.
Yo tengo una novia.
Y yo le hago estas canciones, regalos de mi inspiración.
Usted sabe, señor juez, por qué me la quiere robar.
Usted se da cuenta de que es la misma letra, de que es la misma música.
El bailas registra, el come, y yo no como.
El come por los dos, señor juez.
Hágame justicia.
Mi inspiración es lo único que tengo, señor juez.
Que no se lleven mi inspiración.
Ya viene el año con flores, con rosita y con
ami con besitos y caricias para coronarte a ti.
Corre que te pillo, corre que te alcanzo, ay que ganas tengo de darte un abrazo.
Corre que te pillo, corre que te alcanzo, ay que ganas tengo de darte un abrazo.
¡Ay, qué ganas tengo de bajarme en tus brazos!
¡Ay, qué sabrosa!
Tendemos porque nuestro querido amigo, Leonardo de Minos, ilustre periodista
mexicano, que va en el fondo de los 10.000,
es que es la mejor noticia para su periodismo.
¡Ay, qué obelicio!
¡Salud y pruebo!
¡En todos los meses, imperador duro!
Desafortunadamente no creo que ninguna de nuestras encantadoras amigas esté
dispuesta a pegarse un tiro esta noche en el zócalo.
¡No, no!
Y yo en lo personal he contraído compromisos para levantarme en armas,
y eso que suelda en la tierra de los meriditos armas.
¿Dónde eres, mi amigo?
En tu abuela, pues, nada más eso.
¡Y mucho menos!
Estoy en posibilidad de publicar la pérdida de lo único, inviolable que me tenga.
¿Nombre qué?
Mi soltería.
Los solterones como tú ya no cuentan en los apesos de ocasión.
Te lo digo por experiencia propia.
A ver, ¿tú por qué no te casas?
Porque yo chiquillo...
¿Y tú para qué hablas?
Tu última amiga te abandonó... ¡Por un luchador!
¡No me cierto!
¡No le creas!
Yo el que la aplaté...
¡Mira también!
Le puse la quebradora, le metí el tornillo, se la coloné por una mersón,
le metí la choquita y ya no me di cuarenta.
¡Qué ánimo!
¿Y cómo estabas?
¡Qué lomita!
¡Qué gusto verte!
¡Siéntate!
¡Pero chiquillo, que milagros estén!
¡Que tú estés aquí un día de año viejo!
¡Imagínate!
Viendo que tú estabas aquí, no podía faltar.
Además, has bailado como nunca.
¡Ay, muchas gracias, amigo!
Pero tú sabes que el año viejo, una noche como esta no falta nunca la inspiración.
¿De verdad?
Además, yo sabía que tú me estabas mirando.
¡Lomita!
Quiero que sepas que estoy en México para ser los mismos.
Además, quiero corresponder todas las atenciones
que tuvieron ustedes conmigo en España.
En lo especial tú.
Muchas gracias, Luis.
Lo que tú te mereces porque eres un buen torero.
Bueno, y después de las palabras que me has dicho
y de una noche como esta, vamos a brindar, ¿no?
Pensamos un poquito.
Por México y por España.
No
sé por qué, pero no nos quiere oír.
Pero nos tendrá que oír.
Mira, cuando se arranque la orquesta, nos arrancamos nosotros.
Ay, ¿y si nos manda a los juicos?
Pues dormimos en la cárcel.
¿Y qué?
¿Y qué?
¿No será la primera vez?
Pues ni la última.
Ay, tú.
Ponte llango, Pedro.
Para darnos el arrancón.
¿Lo conoces?
Sí.
Es una canción cubana.
Mexicana, Pedro.
No, no, no.
Es cubana.
Es del compositor Gonzalo Roy.
Ah, como sabes.
Es música.
Quiéreme mucho Dulce amor mío Que amante siempre te adoraré Yo con tus besos Y tus
paredes Mi sufrimiento Mi sufrimiento acallaré.
¿Cuándo se quiere de verdad?
¿O no te quiero a ti?
Es imposible mi cielo tan separado vivir ¿Cuándo se quiere de verdad?
¿O no te quiero a ti?
Es imposible mi cielo tan separado vivir Tan separado vivir
¿O no se quiere de
no te quiero yo a ti?
Es imposible mi cielo tan separado vivir Tan separado vivir ¡Gracias!
Perdón, señor del Valle.
¿Le llaman por teléfono?
De parte de su esposa, señor.
Permiso, ¿eh?
Es la quinta vez que me va por teléfono.
Esta chiquita no se me va a dar, ¿eh?
Le voy a enseñar luego unas diarrecitas de
lucha libre, para que sepa defendirlo como yo.
Gracias.
No se me pierda, paiente, que la cuen se está muy subida.
La cuenta.
Oye, chavajito, ¿y tú cómo te llamas?
Me llamo Leguorburo, pero mis amiguitas me llaman Bambi.
¡Qué nochecita, eh!
¡Qué par de gurbias!
Sí, yo quería que eran dos y pelo.
¿Y qué?
¿De parte de quién, hijita?
De parte de su esposa, señor.
¿Cómo de mi esposa, hombre?
Yo soy soltero.
Sí, señor.
¿Qué?
¿Quieres tomarme el pelo o qué?
No, señor.
Eso fue lo que me dijeron por teléfono.
La soltería es lo único que me distingue como persona inteligente.
Sí, señor.
No voy a saber, eh.
No tengo razón.
No tengo razón.
Un mesero debe ser siempre este, ¿eh?
Sí, señor.
Cierra y guardá su boludo.
Sí, señor.
¡Pedro, ya está bueno!
¡Ya mande ese tipo de demonios!
¡Ya está listo el Sublighty para abrir al Cajas!
¡Bueno!
¿Eres tú, Imael?
Perdón usted que lo distingamos de su fiesta, señor del Valle.
Y que ya hemos tomado el nombre de su esposa.
¡Hombre, quiere decirme que te traes!
Me pediste el día a Franco y te lo di.
¿A cuál esposa te refieres?
Pues, supuesto que sabemos que es usted soltero.
Y lo felicitamos.
Porque como están las cosas... ¿Eh?
¿Qué habla?
¿Y qué haces usted en mi casa esta sola?
Hacemos que rá usted decir.
Porque somos dos...
Y compañero y yo.
Con quien habla no tiene mayor importancia.
El caso es que estamos en su despacho.
Y me permití molestarle para rogarle que tuviera usted la amabilidad...
de darnos la combinación de la caja fuerte.
¿Habrás visto Sionismo de Rateros?
¡Mire, ahorita mismo llamo a la patrulla!
¡Y en cuanto los tenga en mis manos, hago que se pudren en las Islas Marías!
Permítame que le diga que sus amenazas nos tienen perfectamente sin cuidado,
señor del Valle.
Usted ha tenido el buen gusto de construir su casa en el campo.
Y ni en media hora podrá llegar una radio patrulla...
caso de que encuentre usted una en plena noche de Año Nuevo.
Ya hemos embalado los objetos de oro... las antigüedades del saloncito chino.
Son una verdadera preciosidad.
Y mi compañero está con el sopleto en la mano.
En otras palabras...
No nos obliga a destruir su caja de caudales...
que es otra preciosidad.
¡Ándale hombre, por favor no esté perdiendo el tiempo!
¿Para qué cree que viene yo a México?
¡Para hacer negocios con facilidades!
O abrimos el cajas...
o me voy a vender telas muy baratas con bato a la agonía, si usted dice.
¡Mire, si no estuviera yo a 30 kilómetros de mi casa...
les voy a meter 30 balazos en la barriga, ratero desgraciado!
Por última vez, señor del valle... no creemos ser acreedores a sus injurias.
Somos dos víctimas del régimen capitalista.
Y si usted no estima lo que vale nuestra actitud...
con profundo sentimiento de nuestra parte...
nos veremos obligados a estupear la caja... ya que mi compañero usa el sopleto.
Oiganme... mire... Dice usted que ya embalaron los objetos de oro...
y las antigüedades del sanostito chino.
En la caja fuerte no van a encontrar más que...
dos mil pesos en billete y unos documentos sin valor... alguno para ustedes.
Créanme.
No, te lo digo usted.
No se puede ser caballero en el negocio.
Ese tipo lo que está buscando... es dar tiempo para que venga la radiobatroya.
Mi compañera estima... que el asunto está suficientemente discutido.
Tenos usted la combinación de la caja fuerte...
y pierda cuidado por sus documentos privados.
Bueno, entonces... le voy a pedir un abosito.
Pero háganme el nuevo llamado, hombre.
Miren, ahora que se vayan, cierren bien la puerta... para que no entren ladrones.
Con muchísimo gusto.
Quedad usted cuidado, señor del valle.
Diga...
uno...
nueve...
cuatro...
cinco... mil novecientos cuarenta y cinco.
Curiosísima, que vea usted, ya tenemos la combinación.
Mil novecientos cuarenta y cinco.
Ya tenemos la combinación.
Lo malo es que ya se me olvidó la combinación... para cerrar el aparatito sexte.
Muchas gracias perfectamente, señor del valle.
Ah... y feliz año nuevo.
Y una última pregunta, por mera curiosidad.
Mire, yo soy de Coahuila, tierra de hombres...
y usted es que parte de la república...
es porque su modito de hablar me ha intrigado.
Bueno...
bueno...
bueno... Anda, Torres.
Lo que más me ríe es el modito de hablar... y el beco que tiene.
Ya lo ve, no se puede tener confianza en nadie, hombre.
Ya nos hizo un burquería, se está sacabocado el número.
¿Por qué mejor no quemamos el cajas, no cree usted?
Retengamos otra vez el tiempo.
Un hecho.
Un acontecimiento que conmocionara a la sociedad entera.
Había que buscarlo a toda costa... y obtenerlo a cualquier precio.
Esas eran las palabras del director...
quien no se había detenido a pensar en su propia vida.
¿No serían sus problemas... dignos de un encabezado a ocho columnas?
Feliz año nuevo.
¿Por qué tan nervioso si ya pronto terminará tu sacrificio?
¿A qué sacrificio te refieres?
Supongo que solo esperabas las 12 para reunirte con tus amigos.
No esperaba nada.
Es curioso.
Yo tampoco.
No la demora, pero hasta hoy en la mañana me entregaron el acto.
¿Ya todo está en regla?
Absolutamente.
Solo falta tu firma.
Con qué gusto proclamas que ya firmaste tú.
No crees que ya todo está dicho entre nosotros, María Cristina.
Hace meses que no hablas de otra cosa.
Ninguna otra cosa te interesaba.
Así lo dijiste.
Porque me obligaste a decirlo tú.
Un hombre puede aguantarlo todo... menos verse humillado en público.
Aquella noche no paraste de hablar delante de mis amigos.
Tus amigos me dieron la razón, Bernardo.
Mis amigos te dieron la razón.
¡Valientes idiotas!
¿Qué querías que hicieran?
Y como si no fuera suficiente...
te fuiste de la casa antes de que pasáramos a la mesa.
Y sin pagar lo que perdiste en la canasta.
¿En la canasta?
Lo que menos hiciste fue jugar.
Lo que querías era ponerme en rollo.
Te advierto que no te va el papel de víctima.
Permíteme tu pluma.
Convenido el divorcio... por mutuo consentimiento.
¿Se te ocurre otra razón?
No.
Está bien así.
Como no tenemos hijos, sobran complicaciones.
También me lo reclamas.
No, no te reclamo nada.
Es más, precisamente porque... porque no los tenemos...
podemos ahora separarnos sin lastimar a nadie.
Todavía puedes tener todos los hijos que quieras.
Olvídalo.
En diez años cambian tantas cosas.
Nuestros deseos...
hasta nuestras células.
Comprendo.
Ahora solo te importa divertirte.
Llamémosle así.
Por otra parte... tú también tienes derecho a vivir tu vida.
¿A qué te refieres?
Estricta y gramaticalmente a eso.
A vivir tu vida.
Estricta y gramaticalmente tienes razón.
Viviré mi vida.
No necesitas decírmelo.
¿Me estás diciendo tú?
No sé si era eso lo que quería decir.
Lo has dicho.
Por mi parte te felicito.
Porque también tú vivirás ahora tu vida.
Como si no lo hubiera estado viviendo desde que nací.
Con un solo obstáculo... y yo.
Por favor, María Cristina.
No empieces con tu eterna cantinela.
Tienes razón, Bernardo.
Creo que por primera vez estamos de acuerdo.
Firmaré el divorcio.
Guárdate tu acta.
Mañana la llevarás al juzgado.
No.
Mañana no.
Es día de fiesta.
Hasta pasado mañana.
De todos modos...
para los efectos de... Sí, ya sé.
Para los efectos de ley... ya podemos considerarnos divorciados.
En ese caso... ¿qué procede a hacer?
No sé.
Esta es tu casa.
Tendré que irme.
Supongo que...
ya no puedo preguntarte...
¿a dónde vas?
Si me lo preguntaras...
tendría que contestarte...
que no tengo a dónde ir.
Es extraño.
Siempre pensé que te gustaba Adelia del Campo.
La veías con unos ojos.
Con los únicos que tengo.
Pero yo sí estaba seguro que entre Lorenzo Mendoza y tú...
había más que una mera afinidad.
No negarás que te garanteaba.
Bernardo... una mujer a la que nadie garantea...
no existe para su marido.
¿Quiere decir...?
Ah, entonces admites que entre tú... Un momento.
Un momento.
Me parece inconveniente tu tono de voz.
Te olvidas que ya estamos divorciados.
Así que... que ahora puedo decirte toda la verdad.
Toda.
¿Y por qué habría de ocultártela?
Claro.
Como somos dos extraños.
Dos extraños que no tienen nada que ocultarse.
¿Y bien?
Bernardo... mientras fuimos marido y mujer...
nadie existió para mí... sino tú.
Brindamos...
feliz año nuevo... y que la libertad te traiga la dicha.
Año nuevo.
Hace dos años cuando brindamos por el año nuevo...
bailamos hasta el amanecer.
El año pasado... fuimos los últimos.
Sí.
Ya estaba saliendo el sol...
y los músicos se caían de sueño.
Cuando salimos... le compraste unas orquídeas a una sílita.
Me las entregó diciendo...
que todos los años nuevos sean como este para usted, señora.
Y tú me preguntaste... ¿cómo sabe que somos casados?
La sieguita dijo... se le ve a la señora...
que hace mucho que se quiera.
Por aquella noche tan feliz...
María Cristina...
recordando aquella noche...
¿te parecería absurdo que dos extraños fuesen a bailar?
Absurdo?
No.
Pero... ¿en qué plan irían a bailar... dos extraños?
Supongo...
que...
hay algo que se oponga.
Por mi parte, no.
Ya soy libre.
En ese caso... puesto que yo también soy libre.
Puedo preguntarte... ¿quieres ir a bailar como aquella noche hasta el amanecer?
No sería exactamente lo mismo...
pero... si tú quieres... Se trata de ti.
¿Aceptas?
Una aventura... después de tantos años.
¿Tú dirás?
Con una sola condición.
¿Cuál?
Puesto que somos dos extraños.
Acabamos de conocernos.
¿Acabamos?
Legalmente es la verdad.
Entonces... me voy a cambiar de ropa.
Bernardo... ¿cómo te atribes?
Yo sé que esto no se debe hacer...
pero acuérdate que yo soy muy audaz.
Claro que acabando de conocernos...
que siendo dos extraños... no dejes de ser un poco precipitado.
¿Precipitado?
Yo diría inusitado.
Nuestra primera entidad está ahí.
Entiendo... entiendo sus reservas.
Además, ¿qué diría mi marido?
No importa lo que diga su marido.
Este será un secreto...
entre usted y yo.
Hace tan poco tiempo.
¿Y qué importa el tiempo?
Si el tiempo acaba de comenzar...
para ti...
y yo...
y yo, María Cristina.
Que todavía no somos amantes.
Quien no llega a la cantina...
exigiendo su tequila...
y exigiendo su tequila... Esto ya es demasiado.
Me están muriendo ya...
la del escribo.
¿Es que hace la noticia?
¿Era verdad?
¿Dónde hay que ir?
¿Está usted loco?
Esto ya es demasiado.
¿Qué clase lo que es esto?
¡Ya me alcatarse, le digo!
Ahí hay un estúpido.
¡No me deja dormir!
¡Estoy esperando una noticia!
¡Cuelgue!
¡No me moleste!
¿Quién es usted?
¿Cómo que quién soy?
¿Quién eres él?
Soy Rodolfo.
Soy un periodista que está esperando una noticia.
¡Cuelgue!
¡Ya me alcatarse!
¡Que ya es un estúpido!
¡Es estúpido!
¡Cantando que no me deja dormir!
¡Ya le dije!
¡Estúpido y estúpido!
¿Eres tú?
Ah, con que de tú y todo.
Ay, señora, no de la lata.
Ya le he dicho que estoy esperando una conferencia muy importante.
Pelado igualado este.
Estoy en el rincón de una cantina
Oyendo la canción que yo pedí Me están sirviendo ahorita
mi tequila Ya va mi pensamiento rumbo a ti ¡Maldito!
Yo sé que tu recuerdo es mi desgracia Y vengo aquí nomás a recordar Que amarga son
las cosas Que nos pasan Cuando hay una mujer que paga más Quien no sabe en esta
vida, la traición tan conocida... ¡Cállese!
¡Mariacho este!
Quien no llega a la cantina, exigiendo su tequila... y exigiendo su canción.
Me están sirviendo ya la del estribo...
y ahorita ya no sé si tengo fe.
Ahorita solamente ya les pido...
que toquen otra vez la que se fue.
¿Eres tú, Venancio?
Soy su vecina de cuarto.
¿Cuándo va a dejar de cantar?
No puedo dormir.
Esta no es hora de dormir, señor.
Digo, señora.
Mire, si no deja usted de berrear, voy a llamar a la policía.
¿La policía?
No me diga.
¡Uy, qué miedo!
Quien no sabe en esta vida, la traición tan conocida... que nos deja un mal amor.
Quien no llega a la cantina, exigiendo su tequila... y exigiendo su canción.
Me están sirviendo ya la del estribo...
y ahorita ya no sé si tengo fe.
Ahorita solamente ya...
les pido... que toquen otra vez...
la que se puede.
Estoy... de una cantina...
oyendo la canción que yo pedí.
Me están sirviendo ahorita mi tequila.
Ya va mi pensamiento rumbo a ti.
¡Adelante!
¡Habla, cobarde!
Todavía no es hora de fantasmas.
Es hora de que duerman los imbéciles como usted.
Perdón usted, pero precisamente por eso... todavía estoy despierto.
Muy gracioso.
Sabe usted, yo soy estrella de cine.
Mañana empieza una película con el niño Fernández.
Y usted está cantando y no me deja descansar.
Una película... bueno, será de esas de miedo, ¿no?
¿Por qué?
Porque con esa cara, francamente... Mira usted, todas las actrices dormimos así.
La del Río, la Félix, la Marqués, yo... todas las de categoría.
Sí, sí, algo había llovido de eso.
Pero a usted se le fue la mano.
Y dígame, ¿vive usted aquí en el hotel?
Por desgracia, ahí en el cuarto de al lado.
Tan cerca.
Y... ¿Usted no se ve en el espejo antes de acostarse?
No, no tengo necesidad.
Hace usted muy bien.
¿Yo?
No podría dormir.
Entonces usted cree que yo soy de las que dan susto.
¡Mierda!
¡Pánico!
¡Pavor!
Pero... Nunca me había asustado tanto, mi vida.
Bueno, pero... yo no sé lo que trae usted detrás de esa máscara.
Pero por lo que se ve...
Entonces, ¿va a seguir usted berreando toda la noche?
Pues, no voy a poder dejar de cantar porque, sabe usted...
mañana empiezan mis ensayos en la ópera.
En el Bellas Artes, sabe usted.
Y no puedo permitir que se me enfríe la garganta.
Así que, pues... Así es que canto toda la noche, imbécil.
¿Y qué le hago?
¡Moriste!
Cuando no me he muerto al verla a usted, ya no me morí nunca.
Buenas noches, Frankenstein.
Frankenstein.
Frankenstein.
Frankenstein.
Frankenstein.
¿Con qué Frankenstein?
¿Con qué Frankenstein, no?
Frankenstein.
Frankenstein.
Señor, quisiera pedirle un servicio.
¿Qué le pasa?
Se ha quedado duro.
¿Qué le pasa?
¡Hable!
Me... me... me permite que toque.
No, no puede ser verdad.
¡Pellizquenme, por favor!
¡Ay!
Buenas noches, muchachos.
Buenas noches, señorita.
¿Con qué es usted que encantaba?
Sí, pero...
Pero si usted quiere, pues me callo inmediatamente.
¿Por qué?
Si tiene tan bonita voz.
¿De veras le gusta?
Bueno, yo he oído discos de Caruso, de Badu... pero ¿dónde va usted a comparar?
Usted ha venido a tomarme el pelo, ¿verdad?
¡Qué disparate!
He venido a pedirle un favor.
Ya le dije que empezaba mañana una película con el indio Fernández.
Y mi gran escena la tengo con un cantante.
Ah, sí que entonces usted... Usted es... ¡Yo soy Frankenstein!
¿Qué hace?
Pegarme.
Desde niño tengo la costumbre de pegarle a todos los idiotas que me encuentro.
Usted me perdona, ¿verdad?
Y fíjese, no más que coincidencia.
Yo también mañana empiezo un estelar.
Ahora que no sé a cuál de todas mis amigas le vaya a tocar...
porque tiene que ser una gran actriz.
No sé si será María, Dolores, Sara García, Columba...
Pero como yo soy muy humilde, pues a mí me da igual cualquiera.
No, hombre.
Bueno, pues abusando de esa humildad, ¿quiere leer mi escena?
¿Y este es el papel estelar que me ve usted dicho?
Una escena nada más, pero por algo se empieza, ¿no le parece?
¿Y dónde será esta la escena?
¿Cómo tiene usted copia de mi parte?
¿Y cómo tiene usted copia de la mía?
¿Entonces lo de Estrella?
¿Y lo de sus amigas?
¿Y lo de la ópera?
Una prueba para una tercera parte.
Sí, tercera parte.
Pero en close-up.
¿Sabe lo que es un close-up?
Aquí, mire.
Todo aquí.
Toda.
Y a mí, naturalmente, yo creo... aquí.
¡Nada!
Sí, naturalmente.
Bueno, pero como dice usted muy bien, es el principio, nada más.
Con esa cara...
y con ese...
bueno, con ese...
¿Y usted con esa voz?
¿Está usted sola?
Sí, ¿y usted?
Sí.
¿Sabe usted qué fecha es hoy?
¿Y sabe usted qué fecha es mañana?
Falta unos minutos, nada más.
Mire, vecinita, yo tengo una... Bueno, pero no le parece que... ¿no?
Ay, no hace su lucha, ¿verdad?
Le decía que yo tengo una botella de cida del mero hueco chingo.
¿Lo celebramos?
¿Y si se despierta la vecina?
Ay, la vecina.
Oiga, usted, a propósito.
Cuando usted se case también va a usar en la noche las cosas esas...
No, en la noche no.
Únicamente a las horas de oficina de mi marido.
Cuando lo hay al sindicato, ¿sabe?
¿Usted sabe lo que es un sindicato?
Yo... Ni una palabra.
El hígado.
Bueno, de todas maneras nos echamos la de hueco chingo, ¿no?
Pero luego... Juega.
Hasta aparecen tiros.
Feliz año nuevo.
Feliz año nuevo.
Mi abrazo, vecina.
Perdón, pero... Yo soy un periodista que anda a casa de noticias.
¿Pero es que nosotros no somos noticia?
Todavía.
Quizá dentro de algunos años.
Bueno, pues... Parece que no hubo tiro aquí.
Muy feliz año y adiós.
Mil... mil pesos.
Puedo asegurarle que hemos agotado todos los retos.
Pero... ¿Pero qué?
A veces aún se realizan milagros.
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