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Marco Troppetti presenta esta noche, por primera vez en España, sus sensacionales
atracciones. Los super payasos cómicos musicales, hermanos de los dineros,
mundialmente famosos.
El cabra equilibrista, los marlins trapezistas del amor, el
caballito adivina, los tríos...
...protigio de la puesta, lucinda y loca, gran bailarina.
Te daré yo títeres luego.
¡Anda pa' casa!
Vas a ver tú, sinvergüenza.
¡Te voy a moler a estos vasos, malditao! ¡Ven aquí y no corras! ¡No me pegue que
le pesará un día!
¿Qué es lo que quieres decir?
¿Sí? ¿Desvergonzar? Ya me voy a encontrar a mis padres y ya verá usted.
Ya te estás yendo para el desván sin cenar. Así aprenderás a hacer las cosas
como es debido.
¡Anda y que te coman los ratones!
Todo el pueblo de
los títeres vivió aquí.
Esta mujer es mala, Ruf.
Siempre riñendo y pegándome.
En cambio, si yo encontrara a mi madre, pero no sé dónde estará.
¿En otro pueblo o en la ciudad?
¿O habrá muerto y estará en una de esas estrellas mirándome?
Fíjate que de ellas el rufo.
¡Cómo brillan!
Parecen un camino por donde podríamos andar y andar hasta llegar al cielo.
¡Muy bien! ¡Muy bien!
¿Quién es?
¿Quién es?
¿Qué susto me has dado?
¿Quién eres?
Vivo a por cerca. Te vi ayer trabajar.
Eres buen artista. Regular.
¿Es que ibas a desayunar? Antes voy a lavarme. ¿Es que tienes hambre? Sí,
anoche me acosté sin cenar. Pero me he venido a eso. ¿No?
¿Entonces qué quieres? Quería irme con vosotros en los carromatos.
¿Sabes hacer algo? Sí, cantar.
¿Te ha enseñado alguien? No, pero yo sé.
¿Con quién hay que hablar? Con el director de la compañía. Mírale.
Ese que sale del carromato. ¿El hombre de la pipa? Sí.
¿Qué pasa, Lucinda?
¿Qué hace este niño ahí?
Anda, ven conmigo. No tengas miedo. Yo te ayudo.
¿Qué le vamos a decir?
¿Quiere venir con nosotros?
Ah, sí.
Tiene gracia el mocoso. ¿Cómo somos pocos? Dice que canta. A lo mejor es
verdad. Cállate, Lucinda. No digas tonterías.
Anda, que se quede.
Hazme caso, chico, y márchate. Ya te habrán echado de menos en casa y tus
padres te andarán buscándote. Yo no tengo padres.
Ni nadie me echará de menos en casa.
Quiero...
Quiero que me debas de cantar.
¡Ah, va, va! ¡Vuelva, pueblo!
Que no se vaya.
Déjale cantar.
Bien, canta usted.
¡Escucha!
¡Mamma mía!
¡Qué bella bocha!
¿Pero quién es ese niño? No sé.
¿Qué quiere decir?
¿Eso será su tierra? ¿Cómo mi tierra?
¿En España?
En España se salía por tanguillo quitar sentido. ¿Y por qué no? ¿Por qué no?
Acaso yo no canta a la sueda.
Quiero el delirio del público.
Sí, señores. El delirio del público. Si viene ahora sea un pagliasso.
Seguiré cantando, bambino. Seguiré cantando.
Ese tanguillo que ha impreso antes. Yo te acompaño, anda.
¿Qué dire, trompeti, adesso?
que tiene mucho chalero. Le pasa el día ajustando la cuenta de su dinero.
Me importa poco que digan que tengo un tío en Granada.
¡El gran capista!
¡Vale, bambini!
¡Bravo!
¡Bravísimo!
¡Fantástico!
Tienes una voz preciosa. ¿De verdad que no te ha enseñado nadie?
Nadie, aprendí yo solo sin darme cuenta.
Dime, Joselito, ¿por qué te has escapado de tu casa? A mí puedes contármelo todo.
¿Es cierto que no tienes padres?
No sé, no sé si habrán vuelto a vivir aún.
La mujer que me ha criado me ha dicho muchas veces que un señor fue por el
pueblo dejándome su casa cuando yo era muy pequeña.
Dijo que volvería, pero no volvió. ¡Anda!
Parece una de esas cosas que salen en el cine.
Pobre Joselito.
Yo quiero encontrar a mi padre y lo buscaré por todas partes donde vayamos.
Por eso me he escapado ayer del pueblo.
Pero no sabes nada de ellos.
Ni cómo se llaman.
Sí, en esta medalla que llevo siempre al cuello hay un nombre.
Mire, debe ser el de mi madre. Si yo supiera quién es ella y por qué no ha
venido nunca a buscarme.
Debía ser yo tan pequeña.
Ah,
porque yo era mi niño. No, no.
Mira, mira.
¿La medallita te gusta?
¿Sí? ¿Ahorita te la voy a dar?
No llores.
No hay quien le calme, ¿saben? ¿Tiene un hambre? Voy, estoy estando.
Mira, Albert, es el niño más hermoso del mundo.
¿No estás contento?
Claro que lo estoy.
¿Pero más malo? Me voy a la calle.
Dame dinero.
No tengo.
No nos queda.
Tendríamos que pensar en hacer algo.
¿Sigue sin llamar al administrador? Ni lo llamo.
Apenas supiera la verdad de nuestra situación, la sabría también mi padre.
Ya está, señorita. Vamos a ver si se lo toma todo mi niño.
¿Me permite?
¿Quién le va a dar el biberón a mi niño?
Pobrecito. Mire cómo está. Parece que lo atendió.
Qué rico está.
Mi niño.
Chiquitito.
Me parece que está caliente, ¿no, Isabel?
No, señorita. La temperatura normal de siempre.
Ella, mi niño, sí.
Isabel, déjeme solo con la señora.
Llévese al niño.
Díselo en el comedor.
Marta, no podemos continuar así ni un día más.
Hasta ahora nos hemos defendido con lo que nos mandaban al extranjero.
Pero ya en España, ¿de qué vamos a vivir?
Me dijiste en Francia que hablaríamos con el administrador. Si lo prefieres,
le diremos la verdad a tu padre.
Todo menos ocultarle nuestra boda por más tiempo.
Ante los hechos consumados no tendrá más remedio que resignarse.
Eso no va a poder ser, Alberto.
Se ve que no le conoces.
Mi padre no me perdonará jamás cuando sepa que me he gasado... Conmigo,
¿verdad? Con un don nadie.
Ya sé que soy poco para ti. Que él querría otra cosa. Un hombre de sangre
azul.
Está bien.
Como tú quieras.
Le veré pase lo que pase.
Ya sabes que para mí nada quiero, Marta.
Pero deseo rodear a nuestro hijo del ambiente que le corresponde.
Y además, no está bien que mantengamos esta situación por más tiempo.
De acuerdo.
Iré a verle ahora mismo. Debe de estar en casa.
Bienvenida, señorita. Hola, Ramón. ¿Qué tal está? Como siempre.
Qué alegría verla otra vez en casa.
Gracias, Ramón.
¿Y mi padre?
El señor Marqués ya está mejor. Fuera de cuidado, gracias a Dios. Pero buen susto
nos ha dado. ¿Cómo? ¿Qué ha ocurrido? Pero la señorita no sabe nada.
El secretario del señor Marqués le escribió hace unos días a Londres
avisándola. No ha recibido la carta de la señorita.
¿Qué ha pasado?
El señor doctor se lo explicará mejor que yo.
Ahí baja.
¿Cómo se encuentra, doctor? Dígame la verdad.
Tranquilícese. No hay motivo para alarmarse, aunque el corazón no le
funciona normalmente.
Por eso hay que cuidarlo mucho y evitarle la menor emoción. ¿Quiere decir
que una fuerte impresión podría serle fatal?
Desde luego.
Su estado es delicado.
Adiós, señorita. Bienvenida. Adiós, doctor.
Marta, hija.
¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido?
¿Lo has pasado bien en esos viajes?
Muy bien, papá. ¿Y tú, cómo estás?
Ya pasó lo peor.
Ha sido esta vez un ataque serio que me servirá de aviso.
Tengo que cuidarme.
Eso es todo.
Pero hablemos de ti.
Tendrás muchas cosas que contarme, ¿verdad?
Sí, muchas.
Y algunas muy importantes.
Pues, ¿a qué esperas?
Vamos, empieza, hija.
Distráeme un poco.
Estoy aburrido de tanta cama.
Ahora no.
No debes fatigarte.
Tiempo tendremos de charlar cuando te pongas bueno del todo. Anda.
¿Qué? No he podido decírselo.
Tiene una grave lesión de corazón.
Y el médico ha dicho que debe evitarsele toda clase de emociones.
De modo que no se lo has dicho.
No, perdóname.
Me asustaron las palabras del médico.
Para mi padre sería un golpe muy grande lo nuestro.
Tonterías. Nadie se muere de un disgusto.
Vamos, Marta.
Sé razonable.
Vuelve a casa y habla de una vez con tu padre.
No puedo, Alberto. No puedo. Pues tienes que hacerlo.
No me pidas eso por lo que más quieras. Necesitamos dinero.
Y tu padre tiene millones en el banco pudriéndose. ¿Y para qué?
Demos tiempo al tiempo. Esperemos al menos a que mi padre se reponga. No
quiero esperar. ¿Por qué llevar esta vida pudiendo vivir bien?
De momento puedes vender el coche. Ahí están las llaves.
Bonita solución. ¿Y luego qué?
No basta con eso.
Señorita. ¿Qué decía usted?
Es la hora del biberón. Voy enseguida, Isabel.
Ten calma, Alberto, te lo ruego.
Todo se arreglará, ya lo verás.
Está bien.
Hablarás con tu padre, ya lo creo que hablarás.
¿Hay mucha gente?
No hay nadie.
¿Qué significa esto?
No sé, debe ser el chaval ese que canta en la plaza. Nos va a fastidiar ese
tipo. No hay ni diez personas.
Son ya las once.
Titiriteros hambrientos.
el gran Joselito va a cantar a honor del respetable público una canción
de nuestro país.
Violín Cigano.
Te hace llorar tu violín entre las dientes, suena aún como
una dulce serenata, mientras bailas en el silencio
escucharé...
Usted perdone, ¿el director de la cruz me hace el favor?
Cueste, señores.
Gracias.
Buenas noches. Mucho gusto, colega.
Colega, mi compañía de variedades actúa en el teatro principal.
¿Cómo está usted?
Encantado, colega. Necesito hablarle de un asunto muy serio y muy importante.
¿Usted qué va?
Aquí no. Le invito a tomar una copa. ¿Vamos?
Muy bien, colega.
¿Deseaba hablarle porque quiero proponerle un trato. ¿Un trato? Sí. Nos
conviene a los dos. A usted por un sentido, a mí por otro. ¿Qué trato es?
Se refiere al niño ese que canta. Yo llevo también a algunos chicos en mi
compañía. Justamente me hacía falta uno como Joselito que me llene el teatro.
Y he pensado si me lo podía ceder por las buenas. Y por eso me trae aquí. El
niño es el fuerte de mi compañía. Si me lo deja, me guardo la sin hueso. ¿Hueso?
¿Qué es lo así, un hueso?
Esta. Yo sé que ha robado al niño y se ha dado usted a la fuga. Es extranjero y
eso agrava la situación.
Si me lo cede, asunto olvidado. No le perjudicaría en sus intereses.
Entre colegas no estaría bien.
Aquí hay muchos billetes. ¿Hace?
No puedo.
Sin la niña estoy perdido.
Usted verá. O la cárcel o el dinero.
Si usted lleva al chico, quedaría igual circunstancia que yo. Otro se la pueda
quitar. Soy español. Me defendería.
No se lo doy. Piénselo bien. La policía podría hacerle una visita mañana.
Está bien.
Todos te queremos.
Y sentimos tu marcha.
Pero estarás mejor con este señor que con nosotros.
Además ganarás dinerito y mucho fama.
Anda.
Vete con él.
Adiós, Joselito.
Adiós, Lucina.
¿Te acordarás alguna vez de mí?
Siempre. Todos los días.
Adiós, Antonio.
Ismael.
Recordame, Joselito.
Vamos, vamos, no traguen aquí para tanto duelo.
Anda.
Y no te preocupes.
Nos veremos muchas veces.
A esto no hay derecho.
Vaya faena. ¿Y que tengamos que aguantarlo nosotros?
¿Qué vamos a hacer?
¿Avisar a la policía? Somos extranjeros. Pero nosotros somos españoles. Dar una
paliza entre todos. Eso por lo menos.
Saber esperar, devolver pelota. Pero yo respeto la venganza. Sí.
Suena ancora come una dolce serenata, mentre
pálida nel silencio ascoltero, questo
tango che in una notte profumata, il mio cuore
ad un altro cuore incatenò.
del tambor fregonero hay guitarra que ya no acompaña a la flor más
bonita de España
La flor caminante
Grande triunfo.
Volado nuestro niño y nuestro dinero.
Andiamo. Demontar todo lo que queda y marchamos.
Anda.
Vámonos. Y oír a despedirme de Joselito. Venir.
Vamos, pero a dar un escarmiento a ese tío canalla. Vamos, Juan.
Vamos por detrás del escenario. Yo conozco esto bien.
Este se va a acordar de nosotros.
¿Cómo va? Me voy con vosotros, no aguanto más.
Tranquilo, tranquilo. Te seguiremos per tuto y parte. ¿Y por qué si yo no
quiero? ¿No te ha dicho nadie, jefe? ¿Qué me tenía que decir?
Más que este tipo es un sinvergoña. Quería mandarnos a la policía, fíjate.
Si no te soltamos habrías tenido que retornar al cuerpo.
¿Comprendido? Per puesto quedaré.
Adiós, José.
Y no nos olvides.
Espera, no te vayas aún. Toma ni por la mañana, partía por aquí.
Espera, no te vayas.
Retorna, retorna, desea, por favor.
Andiamo.
¡Anda, Ibai! ¡A ver si te lo caes!
¡Pasa!
¡Toma esa tuya!
¡Fuera! ¡Fuera de aquí!
¡Toma esto!
¡Pronto! ¡Pronto!
¡Echa el talón!
¡Echa un talón, por Dios! ¡Echa un talón que me matan nuestros animales!
¡Echa un talón!
¡Echar un telón!
Dígame. Sí, soy yo.
Imposible de todo punto. No tengo fecha hasta septiembre. Espera un momento.
Haga el favor.
Voy a mirarlo.
Sí, justo a partir de septiembre. Para entonces tendré mucho gusto en estudiar
su oferta.
A su disposición. Muchas gracias.
¿Aló?
Hable más fuerte, por favor.
¿Otra vez?
Lo siento. Si el chico va a la televisión, tiene que ser cobrando. Ya
se lo dije. Y perdóneme que no tengo tiempo para más.
¿Quién era?
Los estudiantes.
Yo quiero ir a la televisión. ¿Por qué no les ha dicho que sí?
Todo será a su debido tiempo.
Anda, vamos.
No le dejan en paz.
Diga.
Qué gracioso.
El de siempre.
Vamos de aquí que nos van a volver locos. Ya no volveré, señorita, hasta
mañana. Muy bien.
Ay, esto es otra cosa. Qué hermosa tranquilidad.
Voy a darme una ducha y nos vamos luego al ensayo.
¡Joselito! ¡Ismael! ¡Sí, Joselito!
¡Un abrazo! ¡Ven aquí!
¡Venga!
¿Cuándo habéis llegado? Ayer y más no he podido verte antes.
¿Eres tú el del estampido? Una bomba le pondré un día. Lo habíamos llamado
varias veces y lo había colgado el aparato. ¿Le traéis locos y se entera?
Está ahí aburrido. Más que aburrido, fíjate. Aquí me paso las horas leyéndote
ver. ¿Tú te divertirás y no sentís la música? Sí. Solo unos estudiantes que he
conocido bajo y quieren verte.
Me acuestes y busquieres y no los dejas pasar.
Mira. Aquí está.
Toma, esto es para ti. Y tienes que venir con nosotros, ¿eh? Sí, muchas
gracias.
¿Pero esto qué es?
¿Hasta qué me persiguen ustedes?
¡Fuera, fuera!
¡He dicho que fuera!
¿Quién les ha dejado pasar?
¿Protestaré a la dirección del hotel por haberles dejado?
No, hoy no tomo nada. Muy bien, Latuna, como siempre. Y ahora, señoras y
señores, unos instantes para celebrar una entrevista con Joselito a fin de
satisfacerle la curiosidad de sus miles de admiradores.
Este genial niño cantor es hoy sin disputa la figura más popular de
nuestros escenarios. La maravilla de su voz, que le ha valido el sobrenombre del
ruiseñor, lo ha convertido en poco tiempo en ídolo de las multitudes.
Más la gente se pregunta, ¿quién es Joselito?
¿Qué pequeña historia se esconde tras su rápida fama?
A estas y otras preguntas...
Es a las que va a contestarnos el pequeño cantor en su actuación de esta
noche en nuestros estudios.
Buenas noches, Joselito. Buenas noches. Hay miles de admiradores pendientes de
tus labios que desean saber cosas de tu vida.
Dinos, Joselito, ¿tu nombre de cartel es el tuyo verdadero? Sí, señor.
¿Y tú dónde has nacido?
No lo sé, porque no me lo ha dicho nadie aún.
¿Tú no sabes quiénes son tus padres?
No, señor.
Solo sé el nombre de mi madre.
Lo pone en esta medalla.
Pesta trabajo, ¿eh, Joselito?
Mi madre se llama Marta. Bonito nombre.
Bueno, Jesucristo, no te preocupes. Todos los telespectadores y nosotros
deseamos que la encuentres pronto. Marta, ¿qué te pasa? Y ahora nos
cantarás otra canción o lo dejamos para otro día.
Contesta, Marta.
¿Qué haces?
Habla, Marta.
¿Qué tienes?
¿Qué tienes?
¿Qué pasa? ¿Qué has visto, hija?
Habla.
Buenas noches, señores.
Hace frío en Madrid y en casi toda España.
Observen la posición del anticiclón de las Azores, que se ha extendido
enormemente hasta llegar incluso a las Islas Británeas.
Arroja hacia España una corriente de viento... ¿Pero qué has visto, hija?
Nada, papá.
¿Te encuentras mejor?
Sí, ya estoy bien. Perdona por el susto que te he dado.
¿Qué te ha sucedido así de pronto?
No me lo explico.
Hace unos días que no me encuentro bien.
Deja que me vaya a mi habitación.
Me acompañas, Isabel.
¡Aquí está Joselito!
¡Joselito, caro bambino!
¡Calma!
¡Quédalas un día con nosotros, eh! ¡Pero como un día! ¡Hoy mismo!
¡Y ahora ni nunca!
¡Ya está bien, vámonos!
¡Espere!
¡Lucita, ven mañana! ¡No te olvides!
¡Adiós, Lucita! ¡Adiós! ¡Adiós, Lucita! ¡Adiós! ¡Adiós, Lucita!
¡Adiós!
Bueno, nos ha caído. ¿Por qué le has dicho a esa chica que vaya a verte?
La quiero como si fuera hermana mía. Y a los demás también los quiero. Son mis
amigos. Su amistad no nos conviene. Puede perjudicar tu nombre artístico. No
me importa nada. Te prohíbo que los veas. Nos van a dar la lata diario. Iré
a buscarlos y ellos no vienen a verme. Ya lo sabe usted. Está bien, Joselito.
Hablaremos en el hotel sobre esto.
Ni duermes ni dejas dormir.
¿Por qué no hablas?
Vamos, Díen, ¿qué piensas? En mis amigos los titiriteros. ¿Otra vez?
Usted dijo que hablaríamos de ellos y no hemos hablado nada aún.
Pero vamos a ver, ¿qué quieres hacer?
Ayudar a Lucinda y a sus compañeros. Quiero darle el dinero y quiero que
trabajen con nosotros. Eso es. ¿Estás loco? ¿Dónde está el dinero que ganamos
todos los días? No tenemos.
Según entra, se van gastos de lanzamiento.
Algo tiene que ver. Los periódicos dicen que soy un artista que cobra mucho por
cantar. Es cierto, y eso me lo debes a mí. Pero fíjate en el tren de vida que
llevamos, para que cada vez tengas más categoría. Este hotel cuesta muy caro.
Yo quiero mi dinero.
A mi lado nada te falta. ¿Para qué lo necesitas? Ya se lo he dicho, para
dárselo a mis amigos los titiriteros. Ellos son pobres. Eso es del género
tonto. O me hace las cuentas claras o no canto más. Me voy de su lado, me voy con
ellos. Hombre, Joselito, no te pongas así. A 20 razones.
Pues será como tú deseas. Te lo prometo. Anda, acuéstate.
¿Me lo va a dar? Sí.
Además, quiero que les invite a comer y allí se lo repartiremos, ¿eh?
Bueno, pero duérmete de una vez. Anda.
Has llegado tarde a esta banqueta de fraternidad y no has tomado ni los
entremences. Los doy, los compas son menos. No olvides este excelente
replante, caro colega.
Una aceitunita. Un cuerno.
Y se lo pierde. Son riquísimas.
A mí me encantan con el café.
¿Un purito? No, no un explosivo. ¿Palabra?
Son mejores los suyos.
José Alito, ¿qué te ha dicho el señor empresario sobre eso de formar nosotros
parte de su compañía? Está todo arreglado.
Además, vamos a dar unos billetes de los grandes para que cada uno pueda
comprarse lo que quiera. Y va a ser ahora mismo.
¿El dinerete?
¿Tanta prisa tiene?
Podrías esperarte. Menudo guaso.
Encima insultó.
No es una alusión personal. Yo lo digo para hacer turnita, mira.
Tome uno para cada uno.
Gracias, Joselito. En nombre de todos nosotros, por tu generosidad, que te
nota tu buen corazón.
A ti te lo debemos.
Desde ahora seguimos todos amigos, ¿eh, colega?
Y alegre viste la cara, hombre.
Y venga esta canción, Joselito, que la estamos esperando.
Sí, señor.
Toma, repárate un minuto. Sí, señor.
Primero aquí, Lucinda. Ah, a ver.
Tengo un palquito chiquitito, chiquitito.
Señor González, por favor.
Yo soy. Soy la hija del marqués de Alvar.
Mucho gusto, señorita. ¿En qué puedo servirla?
Necesito hablar con usted. ¿Podría ir a verle?
Ahora no es posible, señorita. Tengo que acudir a un ensayo. ¿Puede ir a verme
luego? ¿A qué hora, por favor?
Yo estaré en mi despacho desde las diez.
¿Dónde es?
Tome nota.
Avenida de Cochan Antonio, 70, Agencia España.
Gracias, señor. Encantada. Adiós.
Pase, por favor.
¿Cómo está usted, señorita? Bien. Siéntese, tenga la bondad.
Dígame, ¿en qué puedo serle útil?
Verá usted.
Se trata de... Yo quería hablarle de ese niño.
¿De Joselito?
Sí. Yo soy... Yo soy una gran admiradora suya. Y desearía que viniera a pasear en
mi automóvil de vez en cuando. Hacerle fotos.
Lo siento, señorita, pero eso no va a ser posible.
El niño tiene ocupadas casi todas las horas del día.
Ensayos, grabaciones, entrevistas de prensa y luego las funciones de tarde y
noche. Usted me comprende, ¿verdad?
Pero algún día tendrá libre una hora. No insista, por favor.
Ya le he dicho que no puede ser.
¿Me permite?
Sí, sí.
¿Cuánto? Por Dios, señorita, no se ponga usted así. No es cuestión de dinero.
No vaya usted a pensar esto.
Claro que tampoco es cosa de que una dama salga de este despacho sin ser
debidamente atendida.
Vamos a ver, ¿cómo podríamos arreglarlo?
Vamos a ver, vamos a ver. Sí, creo que con un pequeño esfuerzo será posible.
Si usted viera, la popularidad de este niño me trae loco.
Tom.
Pero por fin se ha molestado usted.
Ya le dije que no era... Pero esto es mucho.
¿Puedo verle ahora mismo?
Ya lo creo.
El caso es que yo al niño no le domino por completo.
Siempre que tiene ocasión se escapa a ver a unos amigos que me lo quieren
quitar. Unos granujas. Ahora está con ellos. ¿Dónde?
Bastante lejos de aquí.
No importa, me da la dirección. Será mejor que yo le acompañe. Es una
vivienda un poco especial.
Abajo tengo el coche. Pues vamos.
Pase usted, señorita.
¿Quería algo el señor?
¿Y la señorita?
Hace ya un buen rato que bajó.
Ramón.
Ramón. Señor. ¿No está en casa la señorita? No, señor Marqués.
Hará una media hora que salió en su coche y no dijo a dónde iba.
Está bien.
Esta es la vivienda. Ya ha visto el gusto que tiene el niño de vivir entre
esta gente.
Habrá que darles algo.
Bastará con 500 pesetas. Démelas a mí que yo me encargo de eso.
No les parecerá poco.
¿Le damos mil? Mejor, mejor.
Voy a hablar con el director de la trupe a solas.
¡Hola! Quédate por aquí, colega.
Vengo a veros. Nada más.
Bueno, vengo a llevarme al chico. Un ratito, os lo traigo enseguida. Hemos
quedado que ya estará con nosotros hasta la función.
Es esta señorita. Quiere llevarle de paseo en su coche para hacerle unas
fotos. Buenos días. Buenos días. No hay más remedio que atenderla porque es muy
importante.
Toma, me ha dado estas 500 pesetas para ti.
Guárdatelas. Fíjate qué señora tan elegante.
Bah, no me interesan las señoras elegantes. A mí sí.
Hola. Hola, guapa. ¿Tú también eres artista? Sí, señora, bailarina.
¿Te llevas bien con Joselito? Sí, porque es muy bueno. Tú le quieres, ¿verdad?
Mucho. Algunas personas creen que somos hermanos. ¿No tienes familia?
No, señora, solo a él y a Trompeti.
¡Qué collar tan bonito!
¿Te gusta?
Sí. Te lo regalo, para ti.
No, no.
Sí, te lo doy. Muchas gracias, señora, muchas gracias.
¡Mira, Joselito, qué collar!
Voy a enseñarlo.
¡Un collar, un collar! ¡Me lo ha regalado!
Hola, Joselito.
Hola.
¿Qué lees?
Tebeos. Qué bonitos. ¿Te gusta leer?
¿Sabes por qué he venido a verte?
Anoche te vi cuando cantaste en la televisión y después en el teatro.
Cantas muy bien, Sara.
Quisiera que vinieras a hacerte unas fotografías conmigo. Bueno, si esos
señores te dejan.
¿Quieres? Sí, señora.
¿Cómo no?
¿Verdad que sí, Joselito?
Sí. Anda y pórtate bien.
Dentro de una hora estará aquí.
Gracias.
Yo también tengo que irme. Adiós, colega. No, usted no se va.
A lo mejor quiere engañarnos otra vez.
No nos fíen, mi pío. Usted queda aquí. ¿Qué se han creído? ¡Suelte! No hemos
creído nada. Usted quedará aquí y si el bombino no retorna, ¡la bomba! ¡Me
cuesta ser infernal! ¡Esto es un atropello!
José Lito, estoy recordando tus palabras en la televisión.
Repite para mí sola que deseas encontrar a tu madre.
Sí, señora.
A esa misteriosa de la medalla.
Quiero encontrarla, pero me han dicho que no podré.
¿Cómo crees que será?
¿Cómo te la imaginas?
No sé.
Parece que la veo muchas noches.
¿Pero es que vas a ayudarme a buscarla?
¿La conoces?
Yo también me llamo así.
¿Como mi madre?
Como tu madre.
Como la que te puso la medalla cuando acababas de nacer.
¿Por qué llora?
Diga, ¿por qué llora?
Yo fui quien te la puso.
Joderito, comprende.
Yo desconocía tu paradero.
Pasé unos años terribles.
Realmente estuve como muerta todo ese tiempo.
Pero ahora ya no habrá quien nos separe.
¿De verdad no nos separaremos? ¿Me llevarás a tu casa?
No, hijo. Nos veremos a menudo.
Pero a casa no vendrás todavía.
Tu abuelo no sabe que existe.
Y si llegara a saberlo, el disgusto podría serle fatal.
Pero es mi abuelo. Se alegrará.
Naturalmente, hijo. Pero así de repente no conviene presentarte.
Verás, hay algo que tú no comprenderías.
Confiemos en Dios y mientras tanto, Chitón, que nadie conozca nuestro
secreto.
¡El coche! ¡Ya viene el coche!
Bueno, ya hemos llegado.
¿Qué te pasa? ¿No estás contenta? Sí, pero me gustaría que me quisiera el
abuelo. Yo haré que te quiera, ya lo verás.
¿Cuándo te veré otra vez?
Vendré a verte todos los días.
Toma, te dejaste la chaqueta.
¿Qué te pasa? ¿Te ha hecho algo esa señora?
¿Cómo has tardado tanto? ¿Qué tal?
¿Qué le pasa?
¿Qué le habrá dicho la señorita? Nada, no me ha dicho nada.
¿Será que viene cansado? Anda, vamos.
¡No!
El convenido fue que yo llevaría a teatro a hora de función.
Han faltado bastante.
Bueno, pero... No hay más que hablar.
Ya sabes.
El niño quedará algún día definitivamente con nosotros hasta que
formamos parte de tu compañía. Espera sentado.
Adiós a todos y gracias por este ratito tan agradable.
Te hablo en serio ahora, ¿eh? Si no lleváis al chico, allá vosotros. ¡Bate,
Cuori! ¡Bum!
Joselito, me da mucha pena de verte así. ¿Qué te pasa?
Nada. Sí, sí, algo te pasa.
Cuéntamelo.
Bueno, a ti sí que te lo puedo decir porque no se lo contarás a nadie,
¿verdad? No.
Esa señora del coche es mi madre. ¿Tu madre?
Sí, me lo ha dicho ella.
Pero no me puede llevar a su casa porque el abuelo no me quiere. ¿Y por qué no te
quiere? No sé.
¿Y tú qué vas a hacer?
Pues no sé.
Mi madre está muy triste porque el que manda en la casa es el otro. ¿Qué otro?
Pues el abuelo. Y como además es marqués y todo eso... ¿Marqués?
Sí, qué lata, ¿verdad? ¿Sabe lo que tienes que hacer? Ir a verle. ¿Yo?
Sin que se entere tu mamá en un libro muy bonito que tiene Ismael.
Pasa eso y todo sale bien. Sí.
Anda, vamos. ¿Sabes dónde vive? Sí, pero no nos van a dejar ir.
Nos escapamos. El niño del libro se escapaba también.
Bueno, hay que quitarle el libro a Ismael.
Sigue tú que yo voy por él.
¿Diga? Sí,
aquí es.
Yo soy... ¿Qué desea?
Soy el empresario, pero recuerda, estoy muy preocupado. Es la hora de la función
y Joselito no ha llegado aún. ¿Cómo?
Que no ha llegado. Yo creí que estaría con usted.
¿Y no estará con sus amigos?
¿O con alguien de la compañía? No, precisamente están aquí los ministros de
esa pandemia esta tarde y no saben nada de él. Por eso han venido.
Bueno,
dígales que espere.
Ahora mismo. ¿Es que ocurre algo?
No, nada, papá.
Perdóname, tengo que salir.
Adiós.
Espéreme en la biblioteca, por favor, y diga a Isabel que baje.
El señor Martínez Pineda.
¿Me llamaba, señor Marqués?
Pase, pase.
Siéntese.
Siéntese.
Dígame, Isabel, ¿cuántos años lleva usted en casa?
Muchos, señor. Ya he perdido la cuenta.
Y quiere usted mucho a la señorita, ¿verdad? Figúrese, la he visto nacer. Y
desde que murió la señora Marqués, he considerado a la señorita Marta como a
una hija. Lo sé.
Más que su doncella, ha sido usted su confidente.
Por eso estoy seguro de que me dirá todo lo que sepa de ella.
No se asuste, mujer.
No pretendo de usted nada que pueda perjudicar a mi hija. Al contrario, si a
mí me cuenta toda la verdad, puede hacerle mucho bien.
Dígame, ¿no encuentra usted a la señorita muy extraña, sobre todo estos
días? No, señor. No he notado nada.
¿No ha observado sus salidas sin saberse a dónde va? ¿Su preocupación constante?
¿Su actitud ante ciertas cosas?
No, señor.
Muchas gracias.
Puede retirarse.
Vamos.
En buen lío me han metido. Trae el que dice la novela. Tú, en cuanto le veas,
tienes que decir, ¡abuelo! Y ese echará a llorar, ¿sí?
Sí, aquí lo pone al final, mira.
Tengo un miedo.
Menudo tío del vejez. Anda, vamos.
Señor, unos niños preguntan por usted. ¿Unos niños?
Sí. Les he dicho que no estaba, pero han insistido mucho.
Baje usted a ver qué quiere.
Vaya abuelo que tienes.
¡Ahí va el capuchero! ¡Qué dibujos tan bonitos!
Anda, que si se rompiera. Esto debe valer mucho, ¿verdad?
Yo qué sé. Al menos 100 pesetas.
Ahí viene. Anda, atrévete.
Hola, ¿qué queréis?
¡Ah, bueno!
Niño, ¿qué falta de respeto es esa?
Perdón, señor Marqués. Yo no soy el Marqués, soy su administrador.
Decidme, ¿qué deseáis? ¿A usted no se lo podemos decir?
No. No, señor.
Quizá pudiera ayudaros.
No pedimos ayuda.
Somos artistas, ¿sabe?
¿Artistas? Sí, señor, y queremos ver al señor Marqués. Es muy importante.
Bueno, se lo diré.
Esperad un momento.
Veremos si os recibe.
No creo que voy a atreverme a decir abuelo otra vez.
Hay que ser valiente, Joselito. Permíteme que lo diga y no es como ese
otro. Primero tienes que preguntar. ¿Y es mi abuelo? No, si es el marqués.
¿Qué quieren? Quieren verla a usted.
Dicen que son artistas.
¿Artistas?
Ese que baja se quiere decir abuelo. Yo no me atrevo. Yo me voy.
No, hombre, no, espera. Yo hablaré.
¿Vosotros habéis preguntado por mí?
Sí, señor.
¿Dónde he visto esa cara?
Eso es el señor Abue. ¿Eh? El señor Marqués. Yo soy.
¿Qué queréis?
Me llamo Joselito.
Y esta Lucinda. Yo Lucinda.
Ah, muy bonitos nombres.
¿Y qué más?
Porque supongo que no habréis venido solo a decirme cómo os llamáis. Habla
tú, Joselito.
Vamos, hablad.
Y procura ser más respetuoso. A mí me llamó abuelo. ¿Sí?
¡Qué bueno!
Es que me creí que era usted.
¡Gasca!
Debe ser mi hija.
Un momento.
Vamos, que no nos vean.
Buenas tardes, señorita Macri.
Hola, papá. Hola, hija. ¿Dónde has estado?
Dando un paseo. Te marchaste de una manera extraña sin decir nada.
¿Qué te ocurre, Marta? Hace días que te encuentro inquieta. No me pasa nada.
Marta, te conozco bien y sé que a ti te sucede algo.
¿Estás enferma?
No, no. Si me encuentro perfectamente, papá. De verdad.
Perdona.
¿Qué hacéis ahí? ¿Se puede saber qué queréis?
Nada. ¿Cómo que nada? A algo habréis venido. ¿Por qué os escondéis?
No queríamos que nos viera la señora.
¿Mi hija? Sí, señor.
¿Pero ella os conoce?
Sí, señor. Sobre todo a este.
Seguidme.
Vamos. Pasad.
Vamos.
Ven.
Habéis dicho que mi hija os conoce.
Decidme de qué.
Sí, señor.
Ella... Vamos, no te detengas.
Ella es... Sigue.
Ella es mi madre.
¿Qué has dicho? Es verdad, señor.
Ha ido a verle.
¿Con qué a esto?
Mi nieto.
De modo que eres mi nieto. Sí, señor, yo no tengo la culpa. Tienes razón.
¿Quién es tu padre?
No lo he conocido. Mi madre dice que murió en un accidente.
Bueno, esto no es contigo con quien debo tratarlo.
¿Le habéis dicho al administrador que sois artistas? Sí, señor, de circo.
¿Bolatineros? Él no.
Trabaja ya en los teatros.
¿Y qué habéis pretendido al venir a verme?
¿Querréis dinero, verdad? No, señor, yo gano todo lo que necesito y más.
El gesto de orgullo de lo salvar.
Ven. Ven aquí.
Dime entonces por qué estás aquí.
Vamos.
Mi madre dice que usted no puede quererme.
Y yo he venido a pedirle que me quiera.
Nada más.
Ella está muy triste, señor.
Dígale que me quiere, aunque sea mentira.
Yo puedo pasarme sin abuelo, pero mi madre...
Mi madre lloraría mucho si supiera que he venido a verle y usted sigue enfadado
conmigo. Basta, hijo mío.
Eres un albar de los pies a la cabeza.
¿Cómo dice?
Nada, yo me entiendo.
Alfredo. Señora Marqués.
Escúcheme. A mi hija ni una palabra de esta visita.
A Isabel que venga.
Y no estoy para nadie más. Bien, señor.
Ah, para sus orejas tampoco.
Ah, señor.
Quedamos en que sois artistas, ¿no? Sí, señor. Yo canto. Y yo bailo. ¿Cómo te
llamas? Joselito.
José. Ah, claro.
Ahora me acuerdo. Te vi en la televisión.
Es amiguita tuya, ¿no? Sí, señor.
Ven aquí.
Siéntate.
Bien.
Dame un abrazo.
Me llamaba usted, señor.
Pase, Isabel, pase.
A usted le será conocida esta cara, ¿verdad?
Pues ahora, señor... Haga memoria.
Haga memoria.
Usted debió conocer al padre.
Sí, señor Marqués.
No se os olvide nadie.
Quiero que todas nuestras amistades estén aquí esa noche.
Bueno, papá.
Mi regalo de este año será algo excepcional.
¿Verdad, Isabel?
Sí, señor.
¿Pero ella lo ha visto?
Ya lo creo.
Es una gran sorpresa que te reservo para tu cumpleaños y que confío en que te
hará feliz.
Gracias, papá.
Señoras y señores, buenas noches.
Un humilde chiquito que el excelentísimo señor Márquez de Alvar honrará trayendo
aquí a esta fiesta distinguísima se presenta ante ustedes para agradar y
merecer aplausos.
Primeramente, Madame Lisca.
Los super payasos hermanos... Pelotini.
Nos Marri, famoso trapezista y bailarina acrobática.
Juan Flamenco, internacionalmente famoso.
Lucinda, artista prodigio de la puesta húngara.
Y por último, el más querido de todos nosotros, ya mundialmente famoso,
¡Joderito!
Pero Marta, ¿por qué te has retirado?
Anda, ven conmigo. Anda.
Papá.
¿Por qué has traído a ese niño?
Yo nunca te he dicho nada, pero él... No, ni me lo digas.
No has esperado a que termine la fiesta.
Pero en fin, te traeré aquí tu regalo de cumpleaños.
Aquí lo tienes. Tu hijo, Marta. Que desde ahora será también mi nieto a los
ojos de todos.
Gracias, papá.
Qué bueno eres.
Perdóname por todo lo que te he hecho sufrir.
Debías haberte sincerado antes conmigo, hija.
Papá, ¿qué te pasa?
¿Qué te pasa, papá?
No es nada, hija.
Es la emoción.
Para siempre.
La mirada clavada siempre en un destino,
en su vida de alegre y pobre peregrino,
para el niño gitano nunca tiene fin,
va buscando un amor de madre en su camino.
Y a buscarlo le ayuda el son de un niño.
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