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Señor Ramón, la señora lo está esperando.
Ramón... Creí que no llegaba.
¿Sabe que esta noche me embarco para Europa?
Sí.
Hice tapiar la ventana.
Nunca volveré a esta casa.
Hay esta casa llena de recuerdos.
De quién?
Ramón... Acá está su libro.
Las rimas... se ve...
cerraron sus ojos... que aún tenía abierto.
Abierto.
Como siempre... el libro se abrió en esta pausa.
En la página más leída...
hace tan poco tiempo que usted se lo regaló.
¿Cuándo llegaron aquí por primera vez?
Era una mañana llena de sol... en el jardín.
Vaya, María, y prepare la merienda de cigas.
No, mamá, yo quiero ver el jardín.
Ah, bueno.
¿No vas a quedarte con nosotros?
No, pero volveré esta noche.
Hasta luego.
Hasta luego.
Adiós, mijita.
Adiós.
¿No quieres darme un beso?
No, tenés una barba que pica.
No le hables así a tu padrino.
Es muy bueno.
Nos ha regalado esta casa.
Otra vez será.
Permiso.
¿Cómo se llaman ustedes?
Yo, Esther Guerrero.
Ustedes son los nuevos dueños de esta cuenta.
¡Chicos!
Vamos.
Ya saben que no quiero que miren a la casa de al lado.
Pero mamá, han llegado unas chicas.
Y les prohíbo que le hablen.
No tenemos nada que ver con esa clase de gente.
Vamos.
Y bailaron hasta tarde.
Hasta medianoche.
¿Estás segura de que se va tan pronto?
Mirá, Francisco.
Menchorita, ¿querés traerme el bastidor que está en la sala?
No podía hablar durante de Menchorita, pero estoy segura.
Usted no está enterado, doctor Robles.
No se imagina las que hemos pasado este verano.
Germán Basterricas.
Un hombre casado y con hijos.
Marido de una íntima amiga mía.
Instalando a esa mujer en la quinta de al lado.
No hay que exagerar.
Esa persona lo ha incomodado.
Felicidades de la Europa.
No la veremos más.
La ven desde acá.
Se la ve y se la oye, mi amigo.
Todas las noches nos va a un concierto de piano.
A Germán Basterrica le gustó siempre mucho la música.
Gracias, Micha.
Es ella.
Hablemos de mi play, doctor Robles.
Don Francisco, no se preocupe.
He consultado la jurisprudencia y es favorable.
Dios quiera, doctor Robles.
Siente que hace dos años que estamos en esta quinta.
Sin poder volver a Buenos Aires por falta de dinero.
Un poco de paciencia, Elena.
Sí, señora.
Estas cuestiones de transcripción son siempre lentas.
Tira el testimonio.
En mi escritorio.
Con permiso.
Ha dejado los postigos abiertos.
Y va Basterrica a comer.
Tengo que irme.
La salud de mi hija me inquieta cada día más.
Tan sola.
A su edad se necesitan otros chicos.
Alegría.
Juegos.
Seis meses inverno.
¿Qué son seis meses?
En febrero estarás en misa, me lo has prometido.
De todos modos, esta es tu casa.
Aquí volverás algún día.
Aquí hemos sido felices.
Es cierto.
¡Gracias!
¡Oye, María!
¿Dónde está la sombrerera verde?
Yo sé dónde está.
¿Pero qué haces siempre metida en este rincón?
Nada, mamá.
¿Ves, mamá?
Estoy jugando.
Hay que prepararte.
Nos vamos dentro de una hora.
Quiero estar en un gato más en el jardín.
Ven, hijita.
¡Lechorita!
¡Chicos!
¿Está el pez?
¡Sylvia!
¡Sylvia!
¿Cómo sabés mi nombre?
¿Por qué o no cómo te llaman?
¿Tú no jugás con nadie?
Aquí no, pero dices, mamá, que cuando vayas al colegio...
...voy a traer a muchas amigas.
¿A qué colegio?
A un en París.
Nos damos seis.
¡Ramón!
Me alcanzas el volante.
¡Es allá!
¿Qué hacía acá?
Ven a tomar el té que lo están esperando.
Ramón, la señora no quiere que fuese con los chicos.
Yo la oigo cuando se enoja.
Debes haber oído mal.
No, usted no sabe.
No quiere.
Pero a veces se cae el volante.
Entonces yo la devuelvo.
De eso no se puede enojar.
Porque los chicos no me ven.
Estás completamente equivocada.
Vení.
Vas a tomar el té con nosotros.
¿Traer a esa chica acá?
Pobrecita, ya te explicaré.
No se puede ser tan cruel.
Y además se van hoy.
¡Silvia!
¡Silvia!
¿Qué haces ahí?
¿Cómo has entrado a esa casa?
El señor me invitó.
Señora, es tardísimo.
Ahí está el coche.
¡Silvia!
¿Cuándo vas a volver?
¿Cuándo, mamá?
No sé, hijita.
Dentro de muchos años.
Pero ¿cuántos, mamá?
No sé.
Diez, quince años.
¿Cuántos?
Sí, pero cuando yo vuelva vamos a jugar juntos.
Bueno, adiós, señora.
Adiós.
Adiós, José.
Ramoncito, ya sabes que no quiero que entres con el perro a la casa.
Pero mamá... No quiero.
Papá, los años.
Pasan pronto.
Dependí, hijito.
Si son de penas, se hace algo.
Cuando son felices, se van volando.
Ya hace doce años que dura este asunto.
Las cuestiones de prescripción siempre han sido largas y difíciles.
Se lo puede decir este muso que ahora es todo un abogado.
Yo insisto en que debía irme al Perú.
Sería lo mejor.
Es Carlos López allá.
Buenas noches.
Buenas noches, señora.
Buenas noches.
¿Te parece que Carlos la festeja está?
Está loco por ir a.
Y más que verlos, mirarlos.
¿Cuándo llegó de la estancia?
Recién.
Vine enseguida para aquí.
Quiero darle la revancha al dominó.
Voy a buscar las fichas.
¿Saben que la quinta de al lado parece habitada?
Vení, Carlos.
O sea, bárbaro.
No hablés de la casa de al lado.
No sabés que ha vuelto la célebre.
La de Basta Rica.
¿Acá al lado?
Claro.
¿No te acordás?
Donde éramos chicos.
La veíamos en el jardín.
Tiene razón ese muchacho.
La que te dije debe haber llegado.
Hay luz en los dormitorios.
Es ella.
Carlos, ¿quieres venir a jugar al dominó?
Voy.
Dejo.
Toca el baile de las camellas.
El señor que colgaba las pedes.
Ya te habrás olvidado al huir de mis flores.
Que te he
dicho que has muerto llorando en la tarde.
Pero... Es así.
Es así.
¡Mala!
Cambio.
Mientras estuve en la estancia aprendí la zamba cueca.
Y he venido para escuchar.
Nada más que por eso.
¿Quieres que te diga por qué?
Sí.
Porque no podía olvidar el beso que me diste los rodillos.
Cuidado, Carlos.
Te pueden oír.
Ni Melchorita ni mamá.
Nadie sabe que estamos de novena.
¿Crees que podremos casarnos dentro de dos años?
Un viaje tan corto.
Papá no va a querer.
¡Está en sed!
¡Apúrense que se enfría!
Pues ya vamos.
No, Ramón.
No me atreves.
¡Qué mala memoria!
Para mí el día que se fueron es como si hubiese sido ayer.
Nuestra conversación aquí, su despedida desde el coche y cuando me dijo con tanta
convicción que después de diez años volvería a jugar conmigo.
Los años pasaron.
Yo no he cambiado.
Yo sí.
De chica vivía pendiente de ustedes.
De los juegos.
De oírlos hablar.
No sé por qué esos sueños han sido mi único recuerdo.
Mi infancia.
No los podía olvidar hasta ayer.
Sí.
Cuando díseme de la casa, el jardín, todo me parecía extraño.
Tan igual y tan distinto.
¿Pero por qué me miras así?
Me parece que ese encuentro no se va a repetir.
Nos quedamos aquí mucho tiempo.
¡Ramón!
¡Ramón!
Hasta luego.
Adiós.
Lo he encontrado.
Josefina, cornita.
¿Cómo te va, Nieta?
Me han dado liftedas buenas noticias.
¿Quién?
Que Carlitos lo hizo.
Las piscinas.
Pero muchas son cosas de la gente.
Cierto que viene mucha gente a casa, pero no hay nada todavía.
Vámonos, es el bote.
Carlos no ha llegado, hay que esperar.
Mira, que nos vamos a demorar por él.
Pero que te cohes, es un niño.
No hagamos papelones, no se puede ir a armar.
¿Pero vienen o no vienen?
Vamos, chicas.
Bueno, ¿a quién?
Me acompaña, señora.
Ayúdame.
Quiero hablar con el esclavio para que me mande todos los días frutas a casa.
Es la primera vez que podemos conversar a solas.
Y hace un mes que la conozco.
¿Un mes?
Sí, un mes.
¿Pero es posible?
¿Ya es un mes que estoy en Buenos Aires?
Sí.
Y perdone, Silvia, que me atreva a decirte.
Para mí ha sido un mes de ensueño.
Qué argentino es, tan piropeador.
Yo conozco sus secretos.
Me han dicho que está de novio con la hermana de Ramón.
¿De novio?
No, cosas de la gente.
Nos conocemos desde chicos.
Tengo un regalo para usted que me ha enviado de España.
¿Me permite que se lo lleve hoy?
¿Qué?
Ah, no, no.
Cuando lo vea dirá.
¿Cómo tardan?
Menos queremos aquí.
Vamos a buscarlos.
¿Han venido a ayudarnos?
Toma, ahora trabaja vos.
Ah, Ramón, mire.
Sobrecito, se ha perdido.
Ajá, desobedeció.
Le hizo caso a su mamá y ahora se ha asustado, ¿eh?
¿Qué es usted?
Pato.
¿O Pata?
Ah, Pata.
Ha hecho muy bien.
No tiene que estar siempre colgada de la pollera de su mamá.
Ajá.
Le quiero el más los consejos si usted los escuchó.
Y ahora ve las consecuencias, ¿no?
Esta zona en esta isla...
cae la noche y usted pensando en la inquietud de su mamá.
Pero no está arrepentida.
¿Cómo?
Está muy arrepentida.
A ver, contesto.
¿No ve?
Está desesperada.
Venga conmigo, venga.
La voy a llevar a su casa.
Mirá, se le está perdiendo ese patito.
No es nuestro.
Nosotros no tenemos pato.
Dice su mamá que se apure que está inquieta.
Que cae la noche.
Sobrecito, venga conmigo.
Mirá, mamá.
Un patito perdido.
Ahí está la madre.
No, gracias.
Pero hijita, no has probado bocado.
No tengo apetito, mamá.
Te comprendo, criatura.
No veo lo que tenés que comprender.
Va.
Tanto alboroto por dos sillas vacías.
Lo que me pregunto es... ¿Dónde estarán?
Tomaremos el café en la sala.
Como en Francia.
Así es.
¿Quieren fumar?
Si usted los permite.
Sobre el piano.
Perdón, señora.
¿Usted fumará?
¿Le sorprende?
No.
Pero nunca he visto fumar a una mujer.
¿Una cerilla?
En Europa es muy común.
Pero no fumo más que un egipcio después de comer.
Tengo miedo que el humo le haga daño a la hija.
Mamá siempre cuidando como si yo fuese enferma.
No es eso, hijita.
Pero el humo es muy manzano.
Le he traído este libro.
Acéptelo.
Son los versos de un gran poeta.
Rimas de Wecker.
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos.
Taparon su cara con un blanco lienzo.
Y unos tollozados.
Hablando, otros en silencio.
De la triste alcoba todos se salieron.
¡Pero qué triste!
Wecker fue muy desgraciado al amor.
Amó apasionadamente.
Y nunca supo si era correspondido.
No se atrevió a hablar.
¿Por qué?
Tenía miedo de ser rechazado.
¿Entonces no sabía querer?
¿Usted cree que el que quiere de verdad no es un?
Lo creo.
Si su intención es pura.
Y su amor verdadero.
Silvia, mi intención es pura.
Silvia, es tarde.
Tenés que descansar.
Oye, hemos madrugado.
Tenés razón, mamá.
Pero es tan linda la noche.
Las campanas.
Qué raro las campanas de noche, ¿verdad?
¿Qué decís?
¿Las campanas?
¿No las oyes?
Yo no oigo nada.
Yo tampoco.
Es cierto.
Qué raro.
Yo no las oigo.
¡Maria!
¡Señora!
¡Maria, qué va a hacer de nosotros!
¡Ay, no sé, señora!
¿Qué pasa?
Estábamos en la veranda.
Yo le dije a Silvia, es tarde.
Ella en el silencio me contestó.
Es cierto.
Oye, las campanas.
Qué raro las campanas de noche.
Como el paz.
Tenemos que volver a Europa.
Mi única esperanza es el doctor Bonet.
No debimos salir de París.
Cuidado, señora, hay bien.
Señora, buenas noches.
Y muchas gracias, señora.
Carlos, ¿y el regalo que me iba a hacer?
Perdóneme.
No es para esta noche.
Buenas noches.
Buenas noches, Silvia.
Buenas noches, Carlos.
Hasta mañana, señor.
Hasta mañana.
Hasta mañana.
Silvia, he tomado una resolución que te sorprenderá y prefiero decírtela enseguida.
Qué serie te has puesto, mamá.
Nos vamos a Europa en el primer barco.
¿Pero por qué?
No me lo pregunté.
Créeme, tenemos que irnos.
Ahora, ¿qué recién has llegado?
He empezado en cañones con la casa, con todo.
Sí, pero no me encuentro bien.
Es por mi salud.
¿Tu salud?
Ese es un retexto, mamá.
Decime la verdad.
No sé cuál de estos mozos es el que te interesa.
Pero no creo que ninguno de los dos tenga intenciones correctas.
Ay, mamá.
Buenas noches, hijita.
Buenas noches, mamá.
Bueno, hasta mañana.
Hasta mañana.
¿Todavía despierto?
Justamente.
Te estaba esperando.
Tengo que hablar.
Lo escucho.
No quiero meterme en tu vida.
Yo también he sido joven y he querido mis cosas.
Pero no he mezclado a mi familia con mis aventuras.
Aclaro, papá, porque no lo entiendo.
A eso reí.
Ni mi madre ni mis hermanas me vieron jamás en compañía de personas indeseables.
Ya no te les será para hacer que ni nada.
Tenés que saber lo que haces.
Cuidado, papá.
Sé muy bien lo que estoy haciendo.
No parece.
Pero esta tarde no tiene justificación.
No sé a qué alude.
Hablaré claramente.
No necesitas ir al tigre.
En Buenos Aires sobren lugares para esa clase de señorita.
Bueno, señor, yo también voy a hablar claramente.
Esa señorita es mi novia.
¡Ramón!
Ramón, ¿qué has dicho?
Lo que han oído.
Francisco... Dios mío.
Ramoncito, ¿qué tengo que hablar?
Sí, mamá.
Ya sé, pero no ahora.
Mañana estaremos todos más tranquilos.
Pero si yo estoy más tranquila, quiero escucharte.
Contame a mí las cosas, Ramoncito.
Mamá, es una buena chica y la quiero de verdad.
Si la conocieran, verían que tengo razón.
Mamá, ¿por qué lloras?
Estamos pasando por un momento tan grave.
El pleito ha cumplido con nuestra fortuna.
Todo se derrumba con este casamiento.
Tu padre ya está vivo.
Las chicas tienen que casarse.
Hay que pensar un poco en los demás, Ramoncito.
Mamá, ya seguro que sí hubiese reprochado.
No lo dudo, Ramón, pero la madre... ¡La madre!
No, no.
Eso no es posible.
Acuérdate del suicidio de Germán Baterrica.
Con eso no puedo transigir.
Yo no la juzgo, esa mujer.
Pero eso no es nada distinto que no puede... Mamá, cállese.
Todo se va a arreglar.
Nunca hay nada que le cause un disgusto.
Tenga confianza en mí.
Gracias, hijito, por hablarme así.
¿Qué te pasa?
Mamá me vive en Europa.
Tenemos en el primer rato.
¿Por qué?
Se opone a nuestro casamiento.
No cree, le parece imposible.
¿Imposible?
No, al contrario, Silvia.
Yo no pensé que ella te hablaría.
Pero ya que lo ha hecho es mejor.
Vamos a tener muchas dificultades.
También mis padres me hablaron anoche.
Pero tenés que tener confianza en mí.
Ramón... No quiero nada en contra tuyo.
Si tu mamá se fuese a Europa y te dejara... tal vez sería la solución.
¿Quedarme yo?
¿Dejarla ir sola?
Sí.
No te entiendo.
Comprendo que es cruel.
No es lo que para poder casarnos tengo que
abandonar a mi madre, elegir entre ella o vos.
¿Es esto lo que pide tu familia?
No te pongas así.
Mi madre que me adora, que ha sacrificado todo por mí, que ha vivido pendiente de mi
felicidad para que yo le diga, ahora está de más.
¡Andate a Europa!
Pero si ya misma se ha puesto en el caso.
Ha sido la primera en ver las dificultades de nuestro matrimonio.
Elegiría que estuvieras en mi lugar.
No es lo mismo.
En casa nadie juzga a tu madre.
Pero son dos mundos distintos que no se pueden conciliar.
¡Basta!
¡Basta!
No puedo irte a la iglesia.
Tenía que decírtelo.
¿Tenés pedías que tuviera confianza en vos?
Tenés razón.
Son dos mundos distintos.
¡Radio!
Silvia.
Te digo, ¿a dónde?
¿Querés arreglar tus cosas?
Sí.
Lo mejor es irme a Europa.
¿Has hablado con Ramón?
Recién estuve con él.
¿Qué te ha dicho?
Tenía razón, mamá.
Así que ella se va en Europa.
¿Cómo sabés?
Se oí cuando se lo decía a su mamá.
Ahora estarán ustedes más tranquilas.
Iba muy contento con tu amigo Carlos Loizaga.
¿Qué querés decir?
¡Infeliz!
Se han reído de nosotros.
Carlos le convenía más a la vieja.
Es rico.
Y no tiene padres que se opongan.
¿Qué está diciendo?
Está abajo.
Ha venido a despedirse.
¿No sabís que era mi novio?
Iba a hablar con papá.
Y ahora me pide que lo perdone.
Que quiera reflexionar.
Que se va a parir.
¡Y es por ella, por ella!
Que se hubiera que se van juntos.
¿Usted tiene parientes allí?
En París, señora, mi tutor.
Y también iré a Viena y probablemente a Londres.
¿Y es por mucho tiempo?
No sé, depende de tantas cosas.
Naturalmente.
¿Qué tal, Ramón?
Tengo que hablarte.
Perdón.
Le habías ocultado tu viaje.
¿Por qué no hablás con ese trono?
Me lo decían y lo he decidido anoche.
¿Y por qué precisamente anoche?
¿Pas no?
¿Qué son esas preguntas?
Habla.
No tengo por qué darte explicaciones.
Adiós.
Te lo voy a decir yo.
Te vas con Silvia.
Lo regraste con la madre.
Son tal para cual.
Silvia se va a Europa.
¿Vas a pretender que no lo sabías?
Basta.
No vas a desahogar tu fracaso conmigo.
Tenés que ser más hombre.
¿Qué decís?
¡Ramón, cagarlo!
Con permiso, señora.
Realmente, señora, ¿le agradaría que dejáramos en el mismo barco?
Es claro.
Silvia, ¿te das cuenta?
Vamos a tener un compañero de viaje.
Sí, mamá.
Todo va a ser divertido.
Las escalas.
Río de Janeiro.
¡Qué belleza!
Mamá, te estengaste todo el día por el calor.
Lo único que te divertió fue cuando vimos pasar al Emperador.
Tenga un oído.
¡Qué bonita es esta canción!
Cantemos, Silvia.
Empecemos acá.
La estrella de tu vestido alumbra mi corazón La noche de mi camino No me tienes
en la vida y en el amor Recuerda, recuerdo Lo que es la voz de Carlos Monsada.
Venido de sueños muertos te arrastra el viento
de la canción En mi canta El dolor de amar
El rumbo de tu camino Orienta mi corazón La senda de mi destino No tiene rumbo ni
tiene cor Y apagan como recuerdos Las voces de la ilusión Venido de sueños
muertos te arrastra el viento de la canción En mi cantar, el olor de amar.
En mi cantar...
Bueno, señora, es tarde.
Las campanas.
¿Otra vez?
Campanas de noche.
¿Pero qué es esto?
Yo no veo nada.
¿Cómo?
Si están cada vez más fuerte.
Silvia.
Pero no hay nada más.
Silvia.
¿Pero qué es esto?
Tengo miedo.
Cierre las ventanas.
Háganlas callar.
Está parado.
¿Qué hace el doctor Gutiérrez?
¿Qué será esta hora?
¡Ramón!
¡Ramón!
¿Vos?
Silvia quiere verte.
¿A mí?
¿Qué sucede?
Tenés que tener valor.
Ya te explicaré.
Está gravemente enferma.
Una tranquilidad absoluta y sobre todo que no tenga contrario.
Buenas noches, señora.
Ramón, al fin.
¿Cómo estás?
Terriblemente agitada.
No quiero ocultar su verdad.
Usted es el único que puede serenarla.
No hace más que llamarlo.
Pero... ¿Qué es esto?
Es una lesión cerebral.
Si el ataque se repite, no hay esperanza.
Quiero verla.
Hay que conseguir que tome el calmante y duerma.
Es imprescindible.
Ramón, por favor, ayúdenme.
Convénzala de que no tiene nada.
Está en un tal estado de angustia.
A nosotros no nos creen.
Puedo pasar.
Sí.
Un momento.
Silvia.
Allí está Ramón.
Tengo tanto miedo.
Pero si estoy aquí contigo.
No nos vamos a separar nunca.
No tenés por qué tener miedo.
Silvia.
Mi amor.
¿Crees que es grave?
Mamá estaba tan asustada.
Y Carlos con los ojos llenos de terror.
Pero no.
Eso no es nada.
¿Crees que me voy a morir?
Tengo miedo.
Tengo tanto miedo.
Oh, Ramón.
¿Qué es?
¿Qué tengo?
Fue una crisis nerviosa.
Ya pasó.
Me estás engañando.
Mi amor.
¿Crees que podría estar tan tranquilo?
Sonriente.
Si pudieras algo grave.
Es cierto.
Te creo.
Mime que es loco.
Es que siempre nos ha ido tan mal en todo.
Mamá y yo no tenemos fuerte.
Bueno.
No seas niña.
Hay que dormir.
Ya está un cansado.
Señora.
Ejita.
Ya paciente.
Ahora va a descansar.
María, ya está preparado con tus remedios.
Primero protestá.
Y si no lo tomás, no podés dormir.
Ahora ándate y que no te vea más.
Tenés que dormir.
Ramón.
Buenas noches.
Ramón.
Carlos.
Me quería esperar.
Mientras no se repita la carga.
Voy a hablar con mis padres.
Los comprometeremos sin tanto mejor.
Qué calor.
Aquí tiene una pantalla, señora.
No sé para qué ponemos las ventas afuera.
En cuanto lleguen las hijitas se va a desatar la tormenta.
María, no te hagas para demalagüero.
Silvia.
Ya voy.
Silvia, no te levanté.
No te hagas esa, mi mamá.
Estaba recostada toda la mañana y me siento tan bien.
Ramón.
Salimos para allá.
¿Nos están esperando?
Hay malas noticias de Lima.
Lo que no sería nada si no hubiese la grabante de la prescripción.
Esto no puede continuar así, don Francisco.
Ramón se tiene que ir.
Pero en este momento, doctor Robles.
¿Cuál de mi novia me necesita tanto?
Se podrá esperar unos días.
Y un poco hasta que el doctor Allende dé su diagnóstico de si mismo.
Por favor.
No vayan a hablar de esto delante de Silvia.
Tata.
Discúlpeme que vuelva a insistir.
Pero trate de ser cariñoso con ella.
Ramón.
Piensen que es una pobre Silvia.
Quizá... con sus días contados.
Pero Ramóncito.
No digas eso.
Los médicos no son tan optimistas.
Hace un mes que no le da un ataque.
Hoy ya se levanta.
No sé mamá.
Pero a veces tengo presentimiento estalado y gustioso.
Vamos muchacho, no se le salida.
Todo se va a arreglar.
Y usted es tan bueno.
Ya estamos.
Vamos.
¿Y usted?
¡Perucha!
¡Perucha, vení!
Ya estoy, que tanto apuro.
Bien puede esperar un rato esa señora.
¡Ester!
Mi madre.
Mi padre.
La señora Jeper.
Silvia.
Mi tía Melchorita.
Susana.
Ester.
¿Qué te dicen del calor?
Por suerte que ya se viene el chaparrón.
Miren el cielo.
Por Dios guerrero, ni lo digan.
Te espere por lo menos que hayamos tomado el té.
Y que bien preparado está.
Oh, torta con manascos.
¿Te acordás que no había vuelto a comer?
¿Y usted?
No, gracias, no me gusta.
Ahí viene Carlos.
¿Cómo va el dormito?
¿Cómo está señora?
Muy bien.
¿Cómo le va?
¿Qué tal Carlos?
¿Quieres un helado?
El chaparrón.
Hay que desabrocharla.
¡Venga señorita mi dormitorio!
María, a compañero.
¡Carlos!
Sí.
Me estuve enseñando todo el mes pasado.
Cántela zamba cueca.
¿Ahora?
Sí.
¿Pero acaso conoce usted las canciones de tierra, mi hijita?
Son las que más me gustan, señor.
¡Compañero, de alto y todo!
Ya Carlos.
Que llueven mis ilusiones cuando me olvida tu corazón Que llueven mis ilusiones
cuando me olvida tu corazón Caña Veral, Caña Veral
Yo por tu culpa pago mi mal Caña Veral, Caña Veral
Las nubes están llorando Por causa de mis dolores Por causa de mis dolores Cuando en
la tarde se duerme el sol Por causa de mis dolores
Por culpa de tus amores, por culpa de tus amores, cuando me olvida tu corazón.
Por culpa de tus amores, cuando me olvida tu corazón.
Caña Veral, Caña Veral, yo por tu culpa pago mi mal.
Caña Veral, Caña Veral, yo por tu culpa pago mi mal.
Muy bien, señorita.
Me encanta.
Me has conmovido, hijita.
Es usted muy buena, señora.
Mañana iremos juntas a misa.
¿Con ustedes?
Pero naturalmente.
Mamá, ¿por qué la misa mañana?
Te lo dirá el doctor Gutiérrez que está por llegar.
Esther, ¿qué te pasa?
Déjame, déjame.
¿Pero por qué lloras?
Para que me lo preguntas, por lo que te importa.
Es por el compromiso de Ramón.
Y si fuera por eso, llorarías más que yo.
Volvé a la sala.
No te entiendo.
Creí que te hablé más claro, que te consume.
Creí que no tengo ojos, que no me doy cuenta.
Creí que no veo tu angustia, tu desesperación.
Ni tenés el valor de irte.
¿Por qué no te quiso grota?
Cambié de idea.
Has cambiado muchas veces de idea.
Esther, ¿qué le pasa?
Nada, me voy.
Hemos tenido una pequeña discusión.
No tiene ninguna importancia.
Son cosas de chicas.
Pero Carlos, usted... No me hagas sufrir.
No me digas nada.
En que una sola palabra puede ser fatal.
Solo quería pedirme una cosa.
¿Pedirme a mí?
Mane.
Si yo pudiese darle una prueba de mis sentimientos.
¿Qué desea?
No, todavía no.
Silvia, acá está el doctor Gutiérrez.
¿Cómo estás, señorita?
Bien, doctor.
¿Cree usted que puedo salir mañana?
Pero naturalmente.
Puede salir cuando quiera.
No hay más que verla.
Esos colores.
Esa sonrisa.
Es la imagen de la salud.
Señora.
Señora.
Mañana vienes a estar en tu casa.
Buen día, mamá.
Buen día, hijo.
Tu novio me ha mandado a avisar que viene para ir a misa.
Ramón.
Elena.
Venga.
Siento tener que darles una noticia muy grave.
No se reconoce la posesión treintenaria.
¿Pero eso qué significa?
Significa, mamá, que hemos perdido el play.
Dios mío.
Es la ruina.
La ruina total.
No, don Francisco, no diga eso.
Hay una solución.
Se puede tranzar.
Ramón tiene que salir inmediatamente para Lima.
Discúlpenme.
Entré sin querer oír la conversación.
Ramón, tenés que irte inmediatamente.
Sin idea.
Perdónenme, señora.
Sabía que Ramón estaba demorándose viaje por mí, pero no sabía que era tan urgente.
Me voy según lo que diga el doctor Allende mañana.
La han recibido.
Y por la madre de ella se suicidó Germán Vasperrica.
Él está.
Se sentase con ella en público.
Si será idiota, guerrero, con esa mujer no te caes un hombre de cien.
Está enfundido.
Es por la plata.
No te das cuenta.
¿Qué ha dicho?
¿Qué ha dicho?
¿Y a usted qué le importa?
¿A quién se referió usted?
¿Puede decirme?
No tengo por qué dar la explicación.
Suélteme.
Este asunto va a regresar.
Los espero.
¿Qué hiciste?
¡Ferucia!
¡Ferucia!
¿No sabes lo que ha sucedido?
No.
Carlos, se bate con el mayor de los Vivales.
¿Pero por qué?
No se sabe.
Oh, Dios mío.
Yo averiguaré.
Quiero volver a casa, señor.
No es imposible.
Te quedarás con nosotros hasta la noche.
Esto no son cosas de musibris.
Entren.
Carlos, es la hora.
Es cierto.
Ya saben.
Nadie debe enterarse del motivo de este ruido.
Está prometido.
Vamos.
Tendríamos que releer los poderes con Ramón.
¿Quién sabe si no saldrá mañana para Lima?
Dejémoslos con su novia.
Y de un reloj se oía con pasado el péntudo y de algunos sirios el cisco rotero.
Tan medroso y triste.
Tan brillado que todo se encontraba.
Que pensé un momento.
Dios mío.
Que sólo se quieran los muertos.
Sí, linda.
¿Por qué dices eso tanto?
No debí regalarte feliz.
No sé.
Quién se abre en esta página.
Buenas noches, doña Elena.
Nada.
¿Qué te pasa, Christa?
¿Por qué estás tan válida?
¿Pero cómo?
¿No saben?
Carlos se va a atender y lo... ¿Cómo?
¿Qué decís?
Habla, hijita.
Tuve un incidente en Inche esta mañana.
Dijeron algo contra Ramón.
¿Contra mí?
Voy a averiguar de qué se trata.
¿Contra Ramón?
No te inquietes.
Ya volveré.
Hasta luego.
¿Pero qué han dicho contra Ramón?
No sé, no sé.
No me pregunten.
Ester.
Déjala.
Está muy impresionada.
Estos muchachos que no saben lo que hacen.
El gobierno debería prohibir los vuelos.
¿Qué hay?
¿Qué ha pasado?
¿Qué dijeron contra Ramón?
Hágaselo inocente.
Ha engañado a todo el mundo, pero a mí no me va a engañar.
La veo bien claro.
¿Por qué me tratas así?
¿Qué le he dicho?
No me haga hablar.
¿Le parece poco?
¿O este duelo no entraba en sus cálculos?
¡Dios mío!
¡Qué vergüenza!
¡He ido soportando la burla y el desprecio de la gente!
¡Liño!
¿Qué es eso lo que le apone en ese estado?
El desprecio y la burla de la gente.
Por eso me ha odiado desde que me conoció.
No lo entiendo.
Por eso te daba ayer en mi casa.
O será simplemente porque Carlos Lóiz Adan no la quiere.
Yo no tengo su arte para conquistar a los hombres.
Nadie me lo ha enseñado.
Mi madre es una mujer de sed.
¡Yo no soy hija de la Rita Schaffer!
Pero no le va a durar mucho.
Nos dejará en la calle.
Impedirá que Ramón vaya enigma.
Utilizando el arma de su salud, la comedia de su muerte.
Tiene otro ataque.
La compasión de Ramón habrá terminado.
Mi muerte... ¿Y tengo otro ataque?
¡Villa!
¡Ester!
Llegó Carlos y no tiene nada.
Es un verdadero milagro.
Fíjense que la vara solo le arrastró la mano.
Pero estabas equivocada, Terucha.
¿Por qué?
Porque yo no tengo nada que ver en el asunto.
Carlos me ha jurado que el duelo fue por política.
Bueno, ya pasó.
Ha venido mucha gente y se ha improvisado una pequeña reunión.
¡Vengan, van a bailar!
Silvia, está pálida.
Estaba asustada.
¡Carlos!
Pero Terucha, ¿qué les pasa a las dos?
No es para tanto.
Les ha dado un susto, amigo.
¿Qué quiere don Francisco?
No podía permitir que se insulte al general.
Terucha, ¿vamos a bailar?
¿Qué pone, Silvia?
Nada.
Silvia, ¿Ramén no baila?
Sí.
¿Vamos?
Prilera.
Prilera.
Ramón, perdón, Silvia.
Tenemos que hablar de negocios.
He estado demorando hasta ahora, pero no podemos prescindir más negocios.
Bien, santa.
Niña Silvia, ha venido María.
Está esperándola.
Gracias.
Anda, Ramón.
Yo voy a buscar el chat.
Tengo que irme.
Vino María a buscarme.
Un minuto.
Ramón, se va tu novia.
Silvia, no te puedo acompañar.
Tengo que seguir confrontando los poderes con papá.
No te preocupes.
Ven con María.
Buenas noches, señora.
Que descanses, hijita.
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Qué tal, hijita?
Tenemos una sorpresa para vos.
Mira.
Se han traído esta tarde.
No, mamá.
Soy del tiro de novia.
Buenas noches.
Buenas noches, María.
Es de tafeta blanco con incustaciones de encaje de Irlanda.
Y el dono es...
Sí.
¿Qué te pasa?
¿No te gusta?
Sí, dijo el doctor Gutiérrez.
¿De qué?
De mí.
¿Y no lo sabés?
Ya te conociste.
Tienes que cuidarte, los nervios delicados.
Eso es todo.
Naturalmente.
¿Por qué te voy a engañar?
No sé.
Pero por fin no me miras cuando te hablas.
Parece que estuvieras miedo.
Miedo.
¿Qué te sucede?
No te sentís bien.
¿Ah, entonces hay peligro de que yo no me sienta bien?
Nada de eso.
Pero como te veo tan rara, me asustas.
No te sentís bien.
Mamá, por favor, dígame la verdad.
¿Qué tengo?
¿Qué es mi enfermedad?
Ya te lo he dicho.
Tienes que creerme.
Basta de que quile nada.
Me has asustado.
No tienes derecho.
Estoy perfectamente tranquila y muy serena.
Todavía lo estoy.
Pero si me seguís, entiendo no sé lo que va a suceder.
¿Puede repetirse mi ataque?
No, no, Silvia, te juro que no.
Y si se mandaron cosas a repetirse, ¿qué significaría?
No se puede repetir.
Lo ha dicho el doctor Gutiérrez y todos los médicos que hemos consultado.
Y eso no entiendo.
Me mientan todo porque saben que quitando otro ataque, me voy a morir.
Silvia, ¿por qué dices eso?
Hoy tuve otro ataque.
Bueno, ¿y qué?
Si habrán equivocado los médicos, no estarás tan fuerte como yo creía.
¡Mentir!
¡Mentir!
¡Mentir a mi hijoría!
¡Mentir el cariño de Guilulena!
¡Por lástima me recibieron!
¡Por lástima me cazaron conmigo!
¡Y por los derritidos!
No tienes derecho de amor así.
Ramón te quiere, te quiere de verdad.
¿Qué sabes vos del amor verdadero?
Silvia, ¿acaso no te quería?
No he sido una buena madre.
¿Qué has hecho por mí?
Arrastrarme de aterrador en un hotel.
Cuando tuve una casa, una familia.
La misma sonrisa que te tiran todas partes.
Hasta en la siguiente.
¿Pero qué había nacido?
Dios mío.
¿Pero qué había nacido?
¡Deme compasión de mí!
Quiero mi padre.
Quiero mi sanidad.
No quiero morir.
No quiero morir.
No quiero morir.
¡Mira lo que son!
¡Cuántas son!
¡Cuántas!
¡Mira!
¡Mira!
¡Mira!
Padre, me voy a morir.
Cálame, Silvia.
Tengo una enfermedad incurable.
Me quedan muy pocos días.
Y tengo miedo de morir.
Por qué tener a la muerte, Silvia?
Vivimos en la noche, a oscuras, en el sufrimiento y la amargura.
La muerte es el final de la noche.
La aurora de otra vida.
Padre, recién ahora conocí a la felicitad.
Soy tan joven.
Y no sufrí de tanto.
Bienaventurar los que lloran.
Porque ellos serán controlados.
No, padre, no.
Yo no me puedo conformar con palabras.
Soy empeorado.
Y las noches más trevias que la misión de la muerte.
Llevo una suerte.
Y también.
El premio está en el cielo.
Dios nos ve sufrir y nos espere.
Él es justo.
Justo.
No, no.
Es griego para los que sufren.
Escúchenlos que lloran.
No se complacen el dolor.
No es justo.
Se enseña con lo beble.
Con lo que era de nuestros ojos.
Hemos conocido el sufrimiento.
Es cruel.
Sí, conozco su crueldad.
Si Dios estuviera en mi madre.
La Dios que no podía llevarme no abrazo.
La Dios que no podía soportar la feo de la dignidad por mí.
Por mí.
Y no tuvo compasión.
Dios te escucha y te perdona.
No.
Yo no quiero su perdón.
No lo preciso, padre.
No lo preciso.
Oh Dios, Silvia, ¿qué has hecho?
Tu mamá está desesperada.
Mamá, ¿dónde está?
Mamá, hijita mía.
Perdón, mamá.
No sabía lo que hacía.
Mamita, qué linda.
Hoy mismo hay que consultar con el doctor Allende.
No tenés por qué tomar miedo.
No tenés por qué desesperar.
Las dos hemos estado enloquecidas.
Esas preguntas, esa persecución.
Y perdí la cabeza de tu mamá.
Cálmate.
No ves que tranquila estoy.
Silvia, pero me tenés que ayudar, mamá.
Si querés que me quede, me todo dependeré de ti.
La fuerza para poder seguir adelante solo me da por estar vos.
Tú, mi único apoyo.
Júrale que me vas a ayudar.
Silvia.
Mi diagnóstico, señora.
No sois optimistas, sino fráricamente favorables.
Con mi colega, habíamos pisado el plazo habitual a la espera de los cintos.
De los cuales, felizmente, no se ha repetido ninguno.
¿No es así, señorita?
Así es, doctor, ninguno.
¿Está usted segura?
¿No ha notado nada?
No se le ha dicho, doctor, nada.
Entonces nuestra misión ha concluido.
Si es así, tenemos que pensar en nuestra desperdicia.
Sí.
Lizar y nuestra desperdicia.
La desperdicia.
Recién comprendo sencillo que le dio esas palabras.
Como no me dijo nada, señora.
¿Por qué le dejó ir así?
Me lo había pedido.
Se lo había jurado.
Ella no quería impedir su viaje.
Sabía que si se nos a iba, él será la prima para la familia de este.
Como salieron juntos, yo creí que ella se lo diría.
¿Dónde fueron a salir de acá?
¿De qué hablaron?
No me conozco.
¿A dónde fuimos?
Fuimos...
a una iglesia.
Dame aquí.
Dame aquí.
Padre... ¿Qué fue eso?
Ah, es usted, hija, mi hija.
He pensado tanto en usted.
El otro día no supe encontrar el camino de su corazón.
No crea que no la compré.
El dolor que nos rodea es tanto y tan grande y nosotros tan limitados.
Padre, usted me dijo que la muerte es el fin de la noche, la aurora de otra vida.
Sí, hija, y he rezado tanto para que mis palabras tan
precarias fueran para usted la paz y el consolido.
Dios lo explica.
Bien aventurado el siervo que sabe la hora en que llegará su señor.
Reciéramos el camino, Padre nuestro que está
en los cielos, santificado sea tu nombre.
Vénganos en tu reino.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
Yo estoy la tranquila.
Y que bonita está.
Tan luminosa.
Así se voy a recordar.
Así que no se recordará más que hoy.
Hasta mi vuelta.
Sí.
Hasta que nos volvamos a ver.
Sí, ¿de qué se van a pasar tanto hoy?
Tanto hoy.
Vas a pensar siempre en mí.
Siempre.
Y gracias.
Gracias a ti.
Quiero haberme querido.
Has encontrado las palabras que deseaba decirte.
¿Cómo llueve?
Pobre Ramón.
Pobre Ramón.
Esther, tengo que pedirle un favor.
Silvia nunca se probó su vestido de nada.
Quisiera que se lo ponga a usted para que ella lo pueda ver.
Quisiera, señora.
Si para, ayudame, por favor.
Mamá.
Corre las cortinas.
Se quiere ver.
Abre también las ventanas.
Mi ventajita nos salvo.
Quisiera que se lo ponga a usted Ven, mamá, con el verso de Beca.
En las largas noches del edad de invierno, cuando las maderas crujir hace el viento.
¿Cómo sigue, mamá?
Cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios del fuerte aguacero.
De la pobre niña a solas me acuerdo.
De la pobre niña a solas me acuerdo.
Ramón me regaló este libro.
Es la primera vez que vi una casa que siempre sabrían a mi papá.
Él es mi hogarzo.
Parece mi destino.
Silvia.
Mamá.
¿Por qué tenés esos ojos de angustia?
Ven a mi lado.
Pareces una niña que tiene miedo.
¿Está el señor Rózaga?
Silvia.
Carlos.
Le está despediendo.
Gracias por haberme llamado.
Por esta oportunidad de probarle mi devoción.
He recibido su carta.
Puede estar tranquila por Ester.
A Ester siempre le he querido.
Gracias, Carlos.
Me alegra tanto.
De que sea.
Ahora la va a ver a Ester.
Está tan bonita.
Silvia.
No, Carlos.
Este va a ser feliz.
Yo quiero que lo sea.
Sí, Silvia.
Mamá.
Mamá.
Dame la mano.
Vení cerca mío.
Más cerca.
Más cerca.
No, Terucha.
No entre.
Señora, hay que irse.
Ya está todo tapiado.
Hay que salir por la puerta del jardín.
Adiós, Ramón.
Si alguna vez va a Europa.
Alisa.
Venga a verme.
No creo que iré, señor.
Yo estaré siempre aquí.
Donde todo me habla de él.
El viento.
Los árboles.
La cara.
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