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Zulu
¿Estás listo?
¿Estás listo?
Una mazanilla, por favor.
Con que cambiara el bolso una vez a
su mano izquierda bastaba.
Bueno, es la primera vez que solicitan una
reunión.
¿Qué ha ocurrido?
Ayer le enví un mensaje por los cauces
habituales.
He conseguido que la mujer del alto cargo
me invite al baile de debutantes.
Supuse que querían que aceptara y he dicho
que sí.
¿Ha hecho usted bien?
Sí, su presencia ahí es muy buena noticia.
Lo comentaré con mis superiores y le daremos
más instrucciones.
Pero no me haya llamado por eso, ¿verdad?
No.
Se trata de un asunto personal.
Un conocido está en apuros.
Sire, le advertí que no contactara con nadie
de su pasado.
Fue un encuentro inesperado, ¿de verdad?
Lo lamento, pero no podemos ayudarla.
Bueno, pero algo podrá hacer por mí.
Igual me podría dar un consejo.
Es mi amiga y necesita que le ayude.
Es más, tengo que pedirle que no se
involucre en ningún asunto que no sea su
misión.
Yo he hecho todo lo que ustedes me
han pedido.
Y ahora solo le estoy pidiendo una cosa
a cambio.
No insiste, por favor.
Sira.
Puede que no lo parezca, pero toda la
información que usted nos proporciona día a día
desde su taller es vital para mucha gente.
Gracias a colaboradores como usted tenemos la oportunidad
de salvar muchas vidas.
Tal vez de cambiar el destino de Europa.
No puedo permitir que se ponga en peligro
todo el entramado que hemos construido para usted
solo por una persona, por muy amiga suya
que sea.
Si lo piensa bien, comprenderá que tengo razón.
Volveremos a vernos el día del baile para
darle sus instrucciones.
Espero que pueda ayudarle.
Buenas tardes, era amiga de Emilio.
Quería decirles que lamento mucho su pérdida.
Gracias.
También es mi amiga de Paquita, su ayuda.
Eduardo.
Gracias.
Hola, Elias, no vengas aquí.
Vete a jugar con tus primos, ¿vale?
Ha venido una amiga de Paquita.
Ustedes están cuidando a su hijo, ¿verdad?
Lo dejaron a nuestro cargo mientras ellos estaban
en el frente.
Esto es un asunto familiar.
¿Quién le ha dado cedera en este entierro?
Paquita no se atrevió a volver a hablar
con ustedes.
Creo que le amenazaron con denunciar a la
policía.
No estamos orgullosos de esa amenaza, pero haremos
lo que haga falta para proteger a Elias.
Le recuerdo que también era hijo de mi
hermano.
Una madre no tiene que estar con su
hijo.
Su madre y mi hermano militaron en el
Partido Comunista.
Realmente piensa que con su pasado se va
a marchar de rositas.
Mire, no estoy diciendo que vayan a detenerla
mañana ni la semana que viene, pero los
dos sabemos que solo es cuestión de tiempo.
En algún momento el régimen querrá ajustar cuentas
con ella.
¿Y entonces qué será de mi sobrino?
No comprende que sería una irresponsabilidad devolverle al
niño.
Por favor, señorita.
¿Recibiste mi nota?
Me la dieron en la recepción del ministerio.
Ah, gracias.
¿Qué es lo que quieres, Ida?
Antes de nada, pedirte disculpas.
El otro día nos dijimos cosas muy desagradables
en mi casa.
Tienes razón.
Y gracias por haberme llamado.
Porque si me dices directamente en qué líos
andas metida, los dos nos vamos a ahorrar
un montón de tiempo.
No estoy metida en nada.
Tengo un taller de costura y ya está.
¿Entonces para qué me has hecho venir?
¿Te has quedado con ganas de recordar viejos
tiempos?
No.
Necesito ayuda para un expediente.
Alguien compasado en el Partido Comunista.
¿Sabes cuánta gente me llama para pedirme ayuda?
Y todos con la misma cantinela.
Solo porque trabajo en administración.
Pero tú eres del régimen.
Yo solo me dedico a acatar órdenes.
Y a romperme los cuernos trabajando para sacar
adelante el régimen.
¿Y tú qué haces con la gente de
mi familia?
¿Tienes familia?
No lo sabía.
Mujer y dos hijos.
Amalia, Ignacio y Miguel.
Y ¿sabes una cosa?
Nunca la he querido tanto como te quise
a ti, Sila.
Ni mueve el culo con tu gracia cuando
anda por la calle.
Pero siempre me pone buena cara en los
malos momentos.
Y me abraza por las noches cuando tengo
pesadillas.
Lo siento mucho.
¿Para quién es la ayuda que necesitas?
No te lo puedo decir.
¿Para Ramiro?
¿Sigue siendo la querida de ese sinvergüenza?
Ramiro me abandonó.
Y poco después me enteré de que había
muerto.
No te creo.
¿Sigues con él, no?
No.
¿Entonces qué?
¿Para otro amante tuyo?
Mira, Ignacio, déjalo, de verdad.
Pensaba que, a pesar de todo, podía confiar
en ti, pero ya veo que me equivoco.
No te interesa ponerte chula conmigo.
¿Sabes qué puedo hacer que te detengan y
conviertan tu pasaporte marroquí en papel mojado y
que te saquen del país con los ojos
vendados?
Amiguito, Bakedeader ya no está en el gobierno.
Te has quedado sin padrino.
Bakedeader ya no está.
Pero tengo contactos, lo que te imaginas.
Las clientas para las que acoso tienen maridos
con mucho poder.
Me podrían dar asilo político en media docena
de embajadas, empezando por Alemania, ¿te enteras?
¿Estás tan segura de eso?
¿Por qué estás temblando?
Buenas tardes, doña Arish.
Disculpa, doña Elvira.
¿Quién es el señor con el que está
hablando?
Pues no sé, la verdad.
Me ha preguntado por alguien, pero debería haberse
confundido.
¿Pero estaba buscando a alguien?
No sé, una mujer.
Y apellido Quiroga.
Yo le he dicho que en ese piso
solo está su taller.
Disculpe, doña Arish, pero tengo mucha prisa.
Adiós, buenas tardes.
Buenas tardes.
Ay, hija, está muy bien.
Estamos deslomadas.
Esa tarde han venido todas las clientas a
la vez a buscar los vestidos de sus
hijas.
Niñas, ¿por qué no os vais a la
cocina y os preparáis dos buenos vasos de
agua con azúcar?
¿Qué te ha salido?
Fatal.
Vaya, tenía usted razón.
Si Ignacio fuese el de antes, no habría
puesto a un tipo en la puerta y
no habría hecho nada.
Lo siento.
Y yo lo siento por Paquita, porque ya
no se me ocurre qué más puedo hacer.
Sila.
Espera, todavía podríamos hacer algo.
Es una posibilidad remota, pero...
¿Qué?
¿Tú recuerdas la chiquilla esta que tenía problemas
de adelgazamiento?
Sí, sí, sí.
Alba, la niña de la puesta de largo.
Sí, sí, me han invitado su madre al
baile.
Eso es.
Han estado esta tarde aquí y hemos estado
charlando un largo rato.
Bueno, pues resulta que su padre es un
pez gordo en el Ministerio de Justicia.
Algo así como la mano derecha del ministro.
¿Podría hacerte el favor de buscar el expediente
de Paquita?
Es un favor un poco complicado por un
desconocido.
Lo sé, pero no tenemos otra oportunidad.
Tiene usted razón.
No hay nada más que podamos hacer.
Inténtalo, hija.
Inténtalo.
Descuide.
¿Me escucha Sierra?
Sí, sí, sí, perdóneme.
Decía que necesitamos toda su concentración durante la
puesta de largo.
La tendrá, no se preocupe.
Está bien.
Escuche.
Tiene que recordar un nombre.
Manuel Da Silva.
¿Quién es?
Un empresario portugués.
Hace negocios con muchos de los maridos de
sus clientas.
Es todo lo que necesita saber.
Confiamos en usted.
No nos decepcione.
Tagoreuk.
Me alegro que haya podido venir.
Muchas gracias a usted por invitarme.
Por favor, es lo menos que podía hacer.
Alba está guapísima con su vestido.
Y tenía usted razón.
El arreglo ni se ve.
Me alegra mucho que esté contenta porque me
parece que voy a tener que abusar de
su confianza.
Necesito pedirle un favor.
Claro, dígame.
En realidad creo que es su marido el
que puede ayudarme.
Tengo entendido que es un alto cargo en
el Ministerio de Justicia.
Se me cae la cara de vergüenza, como
una amiga con un pasado complicado.
Ya.
Entiendo.
Mi marido suele ser muy comprensivo.
Lo mejor será que hable usted directamente con
él.
Se lo voy a presentar.
Muchas gracias.
No hay de qué, pero vamos a tener
que darnos prisa porque en realidad ha venido
solo un momento a ver a la niña
y esta misma noche viaja con el ministro
para Alemania.
Espere, voy a buscarle.
Muy bien.
Señores, señoras.
A continuación tenemos a la encantadora señorita que
hoy celebra su presentación en sociedad.
La señorita Alba María Moreira Arias de Villena.
Señorita, ¿está bien?
Sí, muchas gracias.
Usted también.
No sabía cuánto me alegra.
Las niñas están guapísimas y los vestidos también.
Son preciosos.
La señorita Ingrid Bolguet.
Y la señorita Elena Gracia Saez López Garrocha.
Les iré presentando.
¿Y dónde vais a ir este verano de
vacaciones, Ingrid tú?
Estábamos pensando en ir a Suiza.
Aunque tal vez vayamos a Estoril.
Un socio de marido es portugués y dice
que es una maravilla.
Disculpe.
Se llama Manuel da Silva.
Ah, sí.
También tiene negocios con mi marido.
¿Ah, sí?
Sí.
¡Qué curioso!
¿Casualidad?
¿Ha dicho Manuel da Silva?
¿Lo conoce?
Bueno, no estoy segura.
Es que todos los nombres portugueses me suenan
igual.
Si le conociera, no se olvidaría.
Es muy apuesto.
Con perdón de nuestros maridos.
¿Tan guapo es?
Es todo un seductor.
Cuénteme todo lo que se te ocurre.
¿Qué es esto?
Marchaos, niñas, que os vais a quedar dormidas
de pie.
Yo os esperaré a la señorita.
Hasta mañana,ña Manuela.
Buenas noches.
Descansad.
Buenas noches, señorita.
Buenas noches.
Me estaba hablando con unas cueyas y se
me ha ido el Santo al cielo.
Dígame qué su marido nos ha ido marchando.
Lo siento, Nena Herma, pero ha tenido que
irse.
He buscado todo lo posible para ver a
Alba, pero no he podido esperar más.
¿Perdona, Lourdes, que siempre volverá pronto?
Estará fuera varias semanas.
Créanme que lo siento.
Gracias, de todas maneras.
Doña Manuela.
Es vuelta, hija.
Pensaba que ya se habría ido a casa.
No, mujer, estaba muy preocupada.
¿Qué ha pasado con el padre de la
chiquilla?
¿Has podido convencerle para que no se ayude?
Ni siquiera ha conseguido hablar con él.
Lo he intentado, pero...
¿Pero?
No, no lo ha conseguido.
Yo creo que es mejor que lo dejemos
como está.
¿Pero qué le vamos a decir a Paquita?
No lo sé.
Mañana por la noche iré a hablar con
ella.
Usted marchase ya a casa.
Mañana tomes el día libre, que nos va
a hacer muy bien a todas.
Te he dejado las cuentas en la habitación.
Tienes unos patrones muy curiosos.
¿Sí?
No tienen ni pies ni cabeza, sinceramente.
Ah, pero ¿sabes qué?
Son unos experimentos que estoy haciendo.
¿Usted sabe quiénes son los surrealistas?
Bueno, que no los estoy utilizando para hacer
vestidos, de verdad.
Que solo los dibujo para entretenerme.
Tú sabrás, hija.
Han llegado bombones.
Otra vez.
Qué amables.
Supongo que serán de una clienta.
Como agradecimiento.
Ya.
Debemos estar haciéndolo muy bien porque últimamente llegan
muchas cajas.
¿Y es
de tarde?
Nada, un rodeo.
Quería asegurarme que no me seguían, Ásbar.
Tiene motivos para pensar que nos siguen.
Usted me aconsejó que fuera precavida.
Hace bien.
Yo también la soy.
La consulta del doctor Rico es un lugar
seguro, pero no debemos tentar la suerte.
¿Qué tal le fue...
¿Qué tal le fue en el baile?
He conseguido información sobre Da Silva.
Lo más importante es que va a venir
a Madrid.
¿Cuándo?
Pronto.
Lo he apuntado todo en un cuaderno para
que no se me olvide nada.
No insista, no hay nada más que hablar.
Pero si ya he pagado los atrasos.
Dale, que no se trata de eso.
Yo le he prometido el piso a unos
familiares y le advertí que tendría que marcharse
a finales de mes.
Sí, lo sé, pero necesito un poco más
de tiempo.
Es que eso es imposible.
Usted quiere que hablemos claro.
¿Se piensa que no sé que tiene escondido
a alguien en el piso?
No trate de negármelo, ¿eh?
¿Cómo dice?
Mire, mi salón está pegando a su casa.
Usted me dice que vive sola, pero cuando
no está en la casa yo escucho ruidos.
¿Hay algún problema?
Ninguno.
Yo no quiero saber nada.
Y lo último que quiero es meterme en
líos.
Pero si no deja en el piso mañana
mismo, pues llamaré a la policía.
Manuela.
¿Qué vamos a hacer ahora?
Tenéis que salir de aquí cuanto antes.
Yo no me fío un pelo de que
esa mujer no se vaya de la lengua.
Y de esperar a mañana nada.
Esta misma noche nos vamos las tres juntas
a mi casa.
Perdón, ¿tenéis fuego, por favor?
Señorita Goriuk.
¿Qué casualidad?
Pensaba llamarle esta misma semana.
Es un placer volver a verla.
¿Pero por qué necesita?
No, no, en absoluto.
Es por mi marido.
Resulta que el ministro se ha puesto enfermo
y han tenido que alterar el viaje.
Volverán a Madrid mucho antes de lo previsto.
¿Usted sigue necesitando la ayuda de mi marido
para su amiga?
¿Por qué no nos sentamos mejor en una
mesa?
Me encantaría.
Me gustaría invitarla a un aperitivo.
Como quiera, por favor.
Doña Manuela, traigo buenas noticias.
Por fin un golpe de suerte.
¿De verdad?
Cuéntanos, Ira, ¿cuáles son esas buenas noticias?
Vamos, niños.
¿Qué pasa, que se te ha comido la
lengua el gato?
¿Qué haces aquí otra vez?
Lo siento, señorita, pero ya te advertí que
mi ministerio pretendía llegar hasta el fondo de
tus asuntos.
¿Tu ministerio?
Por lo menos reconoce que es un asunto
personal.
¿Qué quieres?
¿Registrarme en el taller otra vez?
No, no hace falta.
Con que me acompañéis a comisaría será suficiente.
Gracias.
No hace falta que digas nada.
Hola, Ignacio.
Paquita, como esta mujer con un marido comunista
suponía que estabas en la cárcel o algo
peor.
Emilio murió en la guerra.
Y a mí no me han detenido gracias
a doña Manuela y a Sira.
Hola.
¿Paquita es la persona para la que me
pedías ayuda?
Claro.
¿Y por qué no me lo dijiste?
Porque tenía miedo.
¿O acaso te extraña?
Paquita necesita librarse de su expediente y conseguir
una documentación nueva para poder recuperar a su
hijo.
¿De verdad vas a jugarte tu cómoda vida
por ella?
El otro día me echaste en cara que
era una egoísta.
¿Y sabes qué?
Que tienes razón.
Toda la razón del mundo.
Pero a lo mejor estoy a tiempo de
ayudar a las personas a las que quiero.
Ayúdanos tú también.
Lo único que puedo hacer es la vista
gorda.
Paquita, tienes 24 horas para salir de Madrid.
Pero si sigues aquí tendré que arrestarte.
Y a vosotras también, por encubridoras.
Lo siento.
Esto va a ser algo temporal, te lo
prometo.
Paquí.
Paquí, escúchame.
Que vamos a seguir luchando.
Yo voy a hablar con el marido de
mi clienta cuando vuelva.
Mira.
Mira.
Que yo voy a remover el cielo y
la tierra.
Y si hace falta voy a hablar con
Franco.
Pero tú al elías lo vas a recuperar.
Sí.
Y esto pararía, que te va a venir
muy bien.
Anda ya, Paquita.
Vamos ya para abajo que está el taxi
esperando.
No puedo
irme sin él.
Que no puedo.
Mi niño es lo único que me queda.
¿Y quién te ha dado permiso para entrar
en mi habitación?
Paquita sigue aquí.
No se va a ir sin su hijo.
Os advertí que vendría a detenerla.
Pues si te la llevas a ella me
vas a tener que llevar a mí también.
Y a mí.
Haz lo que tengas que hacer, Ignacio.
No te quepa la menor duda.
Es el expediente.
Yo de vosotros lo quemaba cuanto antes.
Tu nueva documentación, Paquita.
Ignacio.
Ignacio, espera.
No lo vayas con tanto interés porque va
a desaparecer.
Estoy acostumbrado a que me desoberezcan.
Confío en que no vuelva a mentirme.
No volverá a pasar, se lo prometo.
¿El tema de su amiga ha quedado solucionado?
Sí.
Todo ha salido bien.
Fue lo primero que Rosalinda me arbitrió sobre
usted.
Es muy leal con sus amigos.
Ese es su punto débil.
¿Le parece malo?
En mi mundo la lealtad es un arma
de doble filo.
Espero que tener buen corazón no sea su
perdición.
No tengo mucho tiempo.
Es mi día libre y lo quiero pasar
con mi familia.
No te preocupes, lo entiendo.
Muchas gracias.
Significa mucho todo lo que has hecho por
mí.
Lo he hecho por Paquita, no por ti.
Ella siempre se portó muy bien conmigo.
Nos presentó en la verbena, ¿te acuerdas?
Claro que me acuerdo.
Es que fue en otra vida.
¿Es que fue en otra vida?
Me tengo que ir.
Espera un momento.
Necesito decirte una cosa sobre lo que pasó
entre nosotros.
Quiero que sepas que mi pecado me fue
la penitencia.
No te quepara menos duda.
Y quédate tranquilo.
Porque yo creo que he pagado con creces
por lo que te hice.
Y sobre todo quiero que sepas que me
equivoqué.
Ramiro no era ni la mitad de hombre
de lo que eres tú.
Pero yo era una niña.
Y no se me valora lo que tenía.
No sé cómo decírtelo.
Porque no existen las palabras.
Pero si te sirve de algo, perdóname.
Gracias.
No voy a volver a molestarte, te lo
prometo.
¿Eso significa que le vas a decir a
tu hombre que deje de vigilarme?
¿A qué te refieres?
Al hombre del coche que no para de
vigilar mi portal.
Si era yo nunca te he puesto vigilancia,
te lo aseguro.
Me tengo que ir.
Adiós, Ira.
Adiós.
¿Se puede saber qué es lo que está
pasando?
Ya le he dicho que no lo sé.
Mire, cuando estuve en Tetuán conocí a gente
muy importante.
Y me animó a que viniera a Madrid
y montara este taller.
¿Y eso para qué?
Para obtener información sobre lo que los alemanes
hacen en España.
¿Por qué?
Luego yo le paso esa información a los
ingleses.
Ellos no quieren que España entre en guerra
otra vez.
Siento mucho no habérselo contado.
Pero no podía.
Si quiere irse, lo entiendo.
Yo estoy contigo, hija mía.
¿Quién os espía?
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