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Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,
contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor, ¿y qué me pasó?
Y ahí estabas tú
Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres
mi luz, mi paso, mi más grande amor.
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad que el
mundo sea tan grande,
doy gracias a Dios por regalarme El amor de mi vida.
Buenas noches.
Hermano, bienvenido.
Por favor, toma tu asiento.
¡Paren todo esto, por favor!
¿Qué te pasa?
Esta mujer te está estafando.
La laguna y las tierras del norte te pertenecen a ti. ¿Qué estás diciendo?
La verdad, el título de propiedad que presentó Doménica Montero en la demanda
por los linderos es falso.
Completamente falso.
¿Estás seguro de las acusaciones que estás haciendo en contra de mi
prometida? Tengo el título de propiedad original y la declaración del notario
José Rebollo, quien se encargó de la compraventa. Y que se ofreció como
testigo para terminar con el reclamo ilegítimo que hizo Doménica por tus
tierras. Ah, y el notario también recuerda que a tu papá le urgía tener el
título de propiedad.
Para darle la hacienda a tu mamá como regalo de bodas. Eso es verdad.
¿Tienes algo que decir?
Por supuesto que no.
Porque sabe perfectamente que el título que te mostró es falso.
Lleva.
¿Quién anda ahí?
Soy yo.
Ayúdame.
¿Rosbaldo? Sí, sí, sí. Corre, corre.
¿Qué te pasó?
Ay, me duele. ¿Quién te hizo eso? ¿Qué tienes?
A ver, a ver, ayúdame.
Compárame.
Ay, pero no, no, no.
Si tienes algo que aclarar, Doménica, este es el momento.
Di algo, por Dios.
Es que no entiendo.
Yo tengo un título que respalda que la laguna y las tierras del norte le
pertenecen a la abandonada.
Y yo te di una copia de mi título de propiedad.
Que dice que esas tierras están dentro de mi hacienda. Por favor, Doménica,
acepta que falsificaste el título.
No adelantes su sentencia, abogado. Primero tengo que ver esos documentos.
Eso lo verá ante un juez.
Cuando éste constate la legitimidad del título.
Pero eso depende de Luis Fernando.
Si eso es verdad... Es que yo no hice nada ilegal.
Te lo juro.
¿De dónde sacaste el título que usaste para reclamar por las tierras?
Me lo dio Genaro.
Y yo que empezaba a creer en ti.
Por favor, hablemos esto, pero en privado. No, aquí ya no hay nada de qué
hablar.
Con los papeles que trajo San Genís es suficiente.
Y si les queda un poquito de vergüenza, les pido que se vayan todos de mi casa.
¿No que tú también crees que mi niña fue capaz de quererles robar? Pues si ya
oíste que San Genís tiene los papeles buenos.
Ah, perdón. A ver, yo quería esas tierras.
Pero jamás hubiera hecho algo para conseguirlas con engaños.
Vámonos.
Nos veremos en los tribunales para aclarar lo que es evidente.
Que Doménica no necesita ni necesitará jamás robar. Nos veremos entonces, don
Andrés. No, vas a verme a mí.
Y tú vas a pagar esta humillación.
Vámonos.
No, mi hijo, ya salgo porque había... ¿Por cómo?
No me has hablado.
Esta injusticia la vamos a aclarar lo antes posible, Doménica. Te lo prometo.
Si lo que dijo San Genís es cierto, tenemos que encontrar una explicación a
esos documentos supuestamente falsos que presentó mi sobrina. Lo primero es
encontrar quién falsificó el título de propiedad y evitar que vuelvan a detener
a Doménica.
Pero eso es posible.
Por supuesto.
Falsificar un documento es un delito muy grave.
A mí no me importa perder esas tierras.
Lo que necesito es que Luis Fernando me crea.
¡Doménica!
¡Doménica!
A mí no me importa lo que diga el amigo Sanjenís.
Yo sé que tú eres inocente.
Ay, Pedro.
Yo creo que ahora sí se acabó.
No te achicopales.
Tú eres fuerte.
Eres Doménica Montero.
¿Qué no?
Vámonos ya.
Vámonos.
Pedro.
No te enojes conmigo.
Perdón. Yo sí te quería, Nieves.
Pero pues ya.
Disfruta con el rico del pueblo.
No, no, no, no.
Déjame que te explique, Pedro. Claro que se va ya.
Como que se me rompió la costilla.
Pues gracias a Dios porque no se va a hacer la boda en mi potranca con el
doctorcito.
Gracias a ti, canijo diablo, ¿eh?
¿Ya viste lo que provocaste?
Pues lo que quería.
Que mi potranca no terminara con el doctorcito.
Se te va a acabar pronto el gusto.
No van a tardar en descubrir que todo es cosa tuya.
Pues ese ya será mi problema.
Así que tú déjate de meter en donde no te conviene.
Yo no soy chivatón, tú bien lo sabes.
Voy a quedar callado. Igual que hice cuando quemaste el campo de frijol.
Pues qué bueno que lo sepas, porque si no te va a pasar lo mismo que el fariño
de Max Langer.
¿Viste tú el que le disparó?
Yo solamente lo quería asustar.
Pues lo mismo le puede pasar a tu niña y a tu mujer.
No me lo tienes que recordar.
¿Pero qué vas a hacer con Cosme?
¿Vas a hacer lo mismo?
Porque si lo echas para adelante como me dijiste, ¿crees que se va a quedar tan
tranquilo? Pues Cosme lo tengo agarrado del cuello y sigo que lade y ladra.
Vivi, ya ni vengas, ¿eh?
Esta celebración se acabó. Ya todo el mundo se fue.
Ay, no, Kiki.
Qué lástima.
Yo quería estrenar uno de los vestidos que compraste en línea.
¿Por qué cancelaron la cena? ¿O qué? ¿Que se arrepintió Mercedes?
Ay, no. Mejor que eso.
Sangenil descubrió que el título de propiedad que Domenica presentó por el
pleito de los linderos era falso.
O sea que Domenica resultó todavía mucho más transa que tú y Max.
Ay, no, babosa.
Eso fue intriga de otro.
Voy a investigar, pero estoy casi segura que fue Genaro.
Ay, bueno, pero a ver, ven y me cuentas con más detalle. No, no, no. Me quedé en
Espejo de Luna.
Doña Perfecta se descaró conmigo y me dijo que hasta dónde soy capaz de llegar
para estar con su hijo.
Kiki, te juro, por algo ustedes dos son igualitas.
Se me hace que te va a ayudar para que te quedes con el doctor.
Bueno, pues el idiota de Max no regresa con Dominica.
Mínimo no voy a perder a Luis Fernando ni a su hacienda.
No vamos a perder esa hacienda porque tú y yo somos paquete.
Se me olvidó.
Te adopté como mascota, ¿verdad?
Oye, deja de usmear en mi ropa.
Bueno, pues, como pudimos ver, ya se acabó la fiesta, ya no tenemos nada que
celebrar. Ayúdenme a repartir la comida y a recoger, por favor.
Sí, Anita.
¿Podrías tú, Farah?
Sí, me lo hace un chorro de rato. A mí
nadie me quita la idea de que alguien le puso un cuatro a mi niña.
Ella es incapaz de hacer algo así.
Si lo piensas bien, ella era la única que salía ganando con todo esto.
Igual que cuando nos fregaron con la siembra del frijol. Tú nomás hablas
porque tienes trompa.
Ya lo dijo don Andrés.
Los Monteros no tienen ninguna necesidad de estarle robando nada a nadie. Y si no
crees en mi niña, tienes que creer en mí.
Como ustedes no me dicen nada, mejor yo les pregunto. ¿Qué se traen ustedes dos?
Yo los veo muy agarraditos de la mano, así que díganme la verdad.
A ver, chamaca, según yo recuerdo, no te eduqué para que me hablaras así, ni para
agarrarte con tanta preguntadera.
Es que no lo puedo creer.
¿Soy yo dispuesto a pagarle a Doménica una renta por mis tierras y luego
terminar con el pleito por los linderos?
Bueno, menos mal que finalmente te diste cuenta de que yo no estaba equivocada. Y
ella insistiéndome en que yo reconociera esas tierras como suyas para que los dos
cobráramos una indemnización.
Yo por la pérdida de la cosecha y ella porque sus tierras se volvieron
infértiles. Y qué bueno que seguiste mi consejo. O lo hubieras regalado esa
parte de tu hacienda doménica. Claro.
Es que incluso hoy, hoy...
Me insistió en que dejáramos en paz el problema de los linderos.
Hermano, yo lo último que deseaba era acabar con tus ilusiones.
Pero no podía callarme algo tan importante.
Y ahora que tenemos las pruebas en la mano, necesito saber cómo quieres
proceder.
¿No le contestaste, Prudencio?
Sí, mija.
Yo quiero mucho a tu abuelo.
Pero si él en este mismo momento no dice lo que somos...
Yo me voy y no le vuelvo a hablar nunca.
Ay, Nicolás.
Pues nomás no te enojes.
Pero... Pues aquí Nicolás y yo... Somos novios.
Pues... Qué bonito suena eso de que sean novios.
Y a mí me da mucho gusto que mi abuelo sea feliz.
Y si es con usted, pues más.
Gracias, mija.
¿Ya ves?
Ya no me tienes que estar escondiendo, Ranquito Nieta. Ya nos dio la bendición.
Nomás que escogimos el peor momento para juntarnos.
Porque ahora resulta que las dos haciendas son más enemigas que nunca.
Para eso estamos nosotros.
Para recordarle a los patrones que ese odio no nos va a llevar a ningún lado.
Sí, y cuente conmigo para eso, Nicolás.
Y no por nada, pero mejor llévate a Nicolás a la abandonada. No sea que doña
Mercedes salga y la quiera pisotear.
Eh, nos vemos al ratito en la casa, abuelo.
¿Y ahora a ti qué te pasó?
Pues tenía razón.
A Nieves nomás le interesa el dinero.
Y ahora anda de novia con el Osvaldo.
Doménica me dijo que fue Genaro quien le entregó ese título de propiedad. Pero si
tú mismo me has dicho que ese empleado es como su perro fiel. Hasta lo ha
defendido de ti. Pues yo prefiero creer que es Genaro el responsable y no
Doménica, mamá. Él no gana nada con quitarte tierras. En cambio, ella sí.
Además, ¿de dónde iba a sacar dinero un capataz para pagar una falsificación tan
buena? Tu mamá tiene razón. Para engañar a un juez y a nosotros mismos estamos
hablando de un trabajo muy profesional.
De esos que lamentablemente algunos notarios se llenan los bolsillos
fastidiando a gente inocente.
Exactamente.
Híjole, señora.
Ahora resulta que usted es muy inocente. Pues en este caso sí, Pedro.
Y me da gusto que estés aquí como parte de la familia. No. ¿Por qué? Yo estoy
aquí porque Luisfe me lo pidió.
Y yo sí creo que Doménica es inocente.
Y deberías hablar tú con ella, hermano.
Porque no, Sanjenice. Pedro, a mí también me cuesta creer que Doménica
esté involucrada. Pero todas las pruebas la señalan solamente a ella.
Pedro tiene razón.
Voy a hablar con Doménica y aclarar.
Si ella es la culpable o no. Solo es tu objetivo, hermano. No la veas como la
mujer que amas, sino como la empresaria que desde que llegó quería tus piernas.
No dejes que tus sentimientos por ella te impidan actuar con claridad.
¡Genaro!
¡Domé!
Dome, tranquila, vámonos. Así no vas a arreglar nada.
¡Que él es el culpable!
Primero hay que averiguar bien. Genaro es un hombre muy básico. Dudo que sepa
distinguir un título de propiedad. Pero yo necesito que me diga cómo y con quién
lo consiguió. Yo no puedo permitir que Luis Fernando piense que yo soy una
mentirosa.
¿Vas al Cosme? 3 de abril.
Dime, ¿para qué me quieres?
Tengo unos pendientes con mi mujer y se pone bien brava si no llego a tiempo.
En Espejo y Luna ya descubrieron que los títulos de la abandonada son falsos.
¿Cómo fue? ¿Quién les dijo?
Pues tanto no sé.
¿Pero tú quedaste de desaparecer los originales o qué no? Yo le dije a
Medardo Obregón que los destruyera.
Fue lo último que le encargué antes de que se jubilara.
Ya viste que no lo hizo.
Ya escuchaste a mi compadre. El título apareció y quién sabe cómo en las manos
del tal Sanjenir.
Que no sé qué fue lo que pasó.
¿A qué estás jugando?
Digo, porque ayer estabas coqueteando con Ernesto y hoy llegaste con San
Genís.
Nos encontramos en la entrada.
Ay, no te hagas.
Llegaron muy juntitos los dos.
¿De dónde vienen?
Blanca, te llevo a tu casa.
Ay, justo estaba hablando con tu amiguita.
Y le pregunté que de dónde vienen.
Un par de tortolitos los dos.
Le dije a Kiara que nos encontramos... En un lugar llamado no te interesa,
pegado al pueblo, déjala en paz.
¡Qué amargado!
Si quieres salir librado de esta bronca vas a tener que encontrar un culpable.
El medardo quien se te hinche. Pero yo voy a decir que tú me diste esos títulos
falsos. ¡Qué chueco eres, madrita rata!
¿Me quieres echar la culpa para salvarte tú? Los tres nos metimos en esta tranza
sabiendo que nos podían descubrir. Te tocó, te aguantas. No, nada de que te
tocó. Aquí nos regamos todos. Ya, jodme, ya cálmate, compadre. Deja de estar
hablando estando borracho. No estoy borracho.
A mí no me vas a llevar al baile.
Cálmese. ¿Qué pasa? ¿Por qué están gritando?
Pensé que ya te ibas a quedar a vivir aquí.
Y más por lo que pasó con Doménica. No, hombre.
Mientras doña Mercedes siga aquí, yo no me quedo.
Ahorita ando aquí porque me dio hambre por el pleito este.
Oye, y de lo que me dijiste hace rato, ¿quiere decir que ya de plano terminaste
con Ibis?
Pues sí.
¿Ya para qué me acordaste, Adelita?
Ahora voy a tener que repetir plato y hasta me van a dar agruras.
Gracias. Perdón, no quería recordártelo, pero tampoco quería quedarme con ganas
de saber.
Y tampoco creas que me alegra, ¿eh?
Si yo te veo triste, pues también me pongo mal.
¿Qué? ¿A poco ya vas a estar aquí de planta, patrón?
¿De planta?
Ni que fuera mejorana, Simón.
Ay, qué carácter.
Ya ni una broma puede hacerle uno.
Pedro, me voy a la abandonada.
¿Quieres que te lleve?
No, pues sí.
Antes de que te arrepientas.
Gracias, Alita.
Con permiso, Simón.
Este siempre tiene hambre.
Dice mi santa madre que es porque el pobre quedó desnutrido de cariño.
¿Y cómo no?
Si es el que te traten como si fueras un jitomate podrido, pues tal, es feo.
Sí, ya sé que mi abuelo se equivocó.
Perdón, no quise echarle tierra a don Prudencio.
Y para mí que es por eso que justo tú te aprecias a Pedro.
Porque tú, hasta con esos jitomates puedes cocinar algo bien rico.
Y Pedro siempre ha venido aquí a ser feliz con tu comida.
No pues, así como lo dices suena bien bonito.
¿Quieres que te sirva café?
Cuando se te baje la moina, hablamos.
A ver, vieja.
Tranquila. Mi compadre andaba de mala copa y Cosme de mal humor.
Voy a atender a la gente de alguien. No te preocupes. Dale.
Ahora sí se pasó de la raya tu compadre, Gabriel.
No le hagas caso.
Se pasó Dios y con nada más, pero tú te pusiste como loco. Te encabritaste
luego, luego.
Pues, ¿cómo no me voy a encabritar? ¿Me quiere aventar por delante?
Va a acabar con mi prestigio, con mi carrera política.
Me va a dejar ahí como una porquería delante del pueblo.
A ver, te dijo claramente que buscaras a alguien más para ponerlo en su lugar. Tú
no entendiste bien.
No, no, no, no.
Para mí que Genaro me va a dejar solo.
Tú lo defiendes porque eres un agachón. No, tampoco eso.
Tengo paciencia porque es mi compadre, pero hasta ahí. Muy tu compadre.
Pero te va a dar una apuñalada por la espalda cuando se le antoje.
Y yo no quiero estar ahí para recibir el primer golpe.
Así que ve pensando de qué lado estás.
¡Cosme! A ver, Cosme, pues estoy...
Si yo me quedé fue para decirle que yo no tuve nada que ver con lo que hizo
Doménica. Sí, ya lo sé.
Además, si tú no eres dueña de nada, ¿por qué harías algo así?
No creo que tu prima te prometiera mis tierras por ayudarla o por ocultar lo
que ella hizo, ¿verdad? Pues me duele mucho que dude de mí.
Yo le juro por Dios que si yo llego a ser la prometida de Luis Fernando, yo
llego a esta hacienda sin nada y me voy sin nada porque yo sí tengo dignidad.
Ay, perdóname.
Perdóname, por favor. Yo no quise decirte eso. Es que todo esto me tiene
muy mal.
Estoy furiosa.
Aunque bueno, por otro lado, Luis Fernando se dio cuenta de que yo tengo
razón y que Doménica es una tramposa y una convenenciera. Es cierto.
Por lo menos Luis Fernando sabe que Doménica le midió desde un pinzón.
Estuvo bien feo lo que le pasó al patrón.
Sí.
Y otra vez la señorita Doménica se quedó vestida y alborotada.
No entiendo qué pasó.
Yo sí que ya me había cumplido el milagro de que se juntaran para mi
primera comunión.
¿O cuánto duran los milagros, papá? Yo creo que mejor ya te vas buscando otros
padrinos. Pero yo los quiero a ellos.
Doménica y el Fernando me lo prometieron.
Y ellos sí quieren.
Debiste traer a tu abogado.
Así yo podría quedarme para que no calumnes a Doménica. No es necesario.
Lo sabes.
No te preocupes, Ernesto. Déjanos solos.
Luis Fernando ya no puede hacerme más daño del que me hizo frente a todos sus
invitados al no creer en mí.
Las pruebas que me presentó San Genís son contundentes, Doménica.
Tenemos tu título original, que no incluye mis tierras, y al notario
Rebolle por testigo.
¿Y a qué viniste?
¿A decirme que me vas a demandar?
Venía con la esperanza de escucharte decir que estás arrepentida, que lo
hiciste en un momento de enojo cuando querías pasar por encima de todos.
Yo pensé que me ibas a decir que... estabas aquí porque me amas.
Porque crees en mí.
¿Cómo, Doménica?
Si todo te acusa a ti, acéptalo.
Y dame los nombres de los responsables, por favor.
¿Y no ha regresado Chiara?
No, seguramente llegó directo a Santa Teresa.
Discúlpame, pero me parece muy mal que se haya quedado en la hacienda de Luis
Fernando cuando tendría que estar aquí.
apoyando a la familia.
¿Qué estás insinuando? A ver, no vamos a pelear entre nosotros.
Sabemos bien que Kiara tiene una buena amistad con Mercedes.
Sí, sí, eso lo entiendo, pero primero está su prima.
No quiero pensar que está siendo tan quisquilloso con lo que hace o deja de
hacer Kiara porque está celoso. A ver, yo ya no veo a Kiara como una pareja,
pero te voy a ser muy sincero, Pilar.
Siento que me quité una venda de los ojos y no me gusta lo que estoy viendo.
Pensé que nos conocíamos.
Pero ya veo que no.
Mi madre tenía razón.
Y apenas hoy empiezo a darme cuenta que tuviste que ver con lo de la cosecha de
frijol.
Sí. Porque cuando encontraron en tu propiedad las botellas que quemaron mis
tierras, aún así, Doménica, yo creí en ti.
Yo creí sinceramente que esas tierras a mí me pertenecían.
Y sí, sí las quería.
Pero luego me enamoré de ti.
Pues yo siento que me usaste solo para olvidarte de Max Langer.
Fernando, no me estás escuchando.
Te estoy diciendo que te amo.
No hablemos de amor.
Hablemos del título falso que presentaste.
Entonces, vamos a tener que esperar a que regrese Genaro porque ya lo fui a
buscar. Y él es el único que nos puede aclarar este asunto.
Y si Ernesto no te lo dijo de la mejor manera.
Pero, ¿por qué no nos hacemos el propósito de observar a Kiara?
¿Observarla para cuidarla o de qué hablas?
Por supuesto, se trata de que ella esté mejor.
De hecho, hablé con un primo que es médico para que me recomendara un
psicólogo.
Solo estoy esperando que me dé respuesta.
Pero, por favor.
No quiero que de ninguna manera sientas que Ernesto, yo o cualquiera en la
familia te estamos presionando.
No, bueno.
Viniendo de ti seguro es con la mejor de las intenciones, ¿no? Claro.
Ya se tardaron Doménica y Luis Fernando, ¿no?
Solo espero que sea porque están arreglando sus cosas.
Que ya deja de hacerte tantas ideas.
Genaro no es alguien importante. Para mí es...
Un empleado, nada más. No, no, no son ideas, Doménica.
Genaro está encandilado contigo.
Es más, dudo mucho que ese imbécil haya tomado la iniciativa en un asunto tan
serio. Y menos cuando la primera Doménica que yo conocí era una mujer en
llamas que hacía todo a su voluntad.
¿Sabes qué? No voy a permitir que me vengas aquí a levantar la voz.
Si me quieres demandar, hazlo de una buena vez y que la próxima vez que nos
veamos sea en los tribunales.
¿Todo bien, doctor?
¿Pudieron arreglar algo?
No, disculpa. Es que ya me tengo que ir. Luis Fernando.
Quiero saber si tienes bien puestos tus argumentos.
Porque vas a ganar un pedazo de tierra, pero... vas a perder a una
extraordinaria mujer.
Que además te ama.
Y que es inocente.
Créeme, don Andrés.
Que me duele más a mí que a ella.
Y ahora está Vanessa con que llegamos juntos.
Y eso me da terror porque ella se lleva con Gabriel y Gabriel se lleva con Cosme
y... Es lo malo de este pueblo.
Y siento que de cualquier forma me van a terminar implicando en el caso, como
dirías tú y Ernesto.
¿Viste lo triste que se puso Ernesto cuando nos vio llegar juntos?
Blanca, por favor, enfoquémonos en lo importante.
Está bien.
Para mí lo importante...
Es que no se sepa que yo te di esos papeles. Anca, yo jamás voy a permitir
eso.
¿Sí?
Voy a ver a mi mamá.
Estamos en contacto. Sí.
¿Sabes?
Luis Fernando no me cree.
Él jura que yo hice un plan para enamorarlo y quedarme con su tierra.
Ese doctorcito tiene que entrar en razón.
Ay, a él.
Yo necesito averiguar exactamente qué es lo que pasó, dar con los culpables y que
Luis Fernando se dé cuenta que es un tonto al no creerme.
Yo no sé si pueda perdonarlo después de esto.
Yo pensé que ibas a escuchar a Doménica.
Es que no la puedo perdonar, Pedro.
Siento que me usó desde un principio.
Y que yo ni siquiera fui tu capricho, sino nuestra tierra.
Yo digo que sí la perdones.
Y ya casados, pues, las dos haciendas se pueden hacer una.
Ojalá fuera así de fácil.
¿Ya ves por qué no me gusta ni el dinero, ni las tierras, ni nada de eso?
Porque nomás trae problemas.
Por eso uno tiene que aprender a vivir lo mejor que pueda.
Con lo que tenga.
Ya, pero contento.
Yo sería muy feliz si pudiera ver la vida de manera tan sencilla como tú,
Pedro.
Bueno, no tanto así, Luis.
Yo porque aprendí a vivir así, sin nada.
Pero, pues también hay dolor.
Yo, por ejemplo, hoy perdí a Nieves por no pedirte dinero.
¿Cómo está eso?
Pues por lo menos está un poco mejor que mi cuartucho.
Aunque llevaba mucho tiempo sin colarme por una ventana.
Pues la ocasión lo amerita. Te tengo buenas noticias.
Cuéntamelas.
Pues no sé a qué santo le rezaste, pero en la fiesta de Luis Fernando acusaron a
mi prima de falsificar los documentos del título de la abandonada. Y todo
apunta a que es verdad.
Por favor.
No es una estafadora.
No, ese eres tú, tontito.
Pero sí, la señalan a ella.
Y hay que aprovechar este momento. Yo creo que nos podemos deshacer de Genaro.
Me gusta esa idea, pero ¿por qué?
Porque él fue el que le dio los documentos. Y si mi prima tiene tantita
malicia, lo va a acusar.
He tratado de localizarlo, pero no fue a la fiesta. Está desaparecido.
Bueno, yo por lo pronto tengo que ir a ver a Dominica.
Ay, déjala que llore tantito.
Solo cuando estés frente a ella que no se dé cuenta que ya te lo conté.
¿Y mientras entonces?
¿Qué hago?
Jamás pensé que Nieves fuera así de interesada.
Ah, pues ya ni llorar es bueno, Luis Fue.
Nomás espero encontrar a alguien así como para mí.
Nomás ten mucho cuidado, no te vaya a pasar lo mismo que a mí con Doménica.
Oye, ¿no piensas volver a vivir con nosotros en la casa?
No.
Ahí están Prudencio y la señora de Jiménez y la mera verdad, ni ganas de
verlos tengo.
Ah, bueno, Pedro, no vuelvo a insistir.
Quería comentarte algo. Yo voy a demandar a Doménica y espero que eso no
afecte nuestro trato.
Pues mira, yo te prometo que si las cosas se ponen color de hormiga, vas a
vivir con nosotros otra vez.
No.
Me voy a ir debajo de una piedra, yo qué sé, pero a tu hacienda yo no vuelvo.
Está bueno, Pedro.
Para mí este título parece genuino. Bueno, igual podríamos mandarle a hacer
un estudio con la gente que conocemos.
Cabe la posibilidad.
Pero la certeza de Luis Hernando es por ese notario que su amigo San Genís
mencionó. Conozco a San Genís y es un hombre que actúa con cautela, con
prueba. ¿Y entonces por qué anda de lengua suelta con que le consiguieron un
papel chueco a mi niña y otra vez se la llevaron al baile?
No es modo de decirlo, pero así parece.
A mí esto me lo dio Genaro.
Tengo que hablar con él, pero él no aparece.
Tengo miedo de que Doménica se salga con la suya y vuelva a engatusar a Luis
Fernando. Por eso le dije que no fuera.
Y ahora sí, tú tendrías que haberme apoyado, Sanjenice.
Mercedes, yo hablé con... ¿Qué pasó, hijo?
Vamos a proceder legalmente en contra de Doménica Montero.
Lo siento, hijo, pero yo creo que es lo mejor.
Tenemos varias opciones para el siguiente paso.
¿Cuál sería el siguiente paso?
Primero notificando al juez de nuestro hallazgo para que nos permita presentar
el documento original y los testimonios como prueba.
Pienso que con eso prácticamente tendríamos el juicio ganado.
¿Pero no lo podemos dejar hasta ahí?
Eso no es pagar.
Yo tengo el dinero que me devolvió Martín González.
Con eso y con lo que Max Langer nos pagó por liberar a Doménica de la cárcel...
Podemos mejorar esta hacienda y también hundir a esa mujer. Tú dijiste que hasta
la cárcel podría ir. Es decisión de Luis Fernando.
Es muy tarde para tomar decisiones.
Mañana hablamos.
Hijo, hijo, no quiero presionarte, pero tú siempre has sido una persona que cree
en la justicia.
No lo olvides.
Buenas noches.
No entiendo qué motivos tendría Genaro para falsificar ese documento.
Sus tierras terminan allá y no incluyen esta laguna. Yo no veo ningún lindero
que limite el final de mis tierras.
Eso es porque su gente sigue tirándola cerca, pero ese es un problema que voy a
resolver. Así que tú eres el abusivo que anda tirándola cerca de mi propiedad.
A mí no me va a estar hablando así.
Genaro.
Desde que llegó Luis Fernando me dijo que la gente de la abandonada por
órdenes de Genaro tiraban las cercas.
¿Crees que lo hacía para ganar más terreno a la mala?
Tal vez lo hizo pensando que yo nunca iba a volver y luego tuvo que conseguir
este título. Como sea, hay que dar con él.
Y de una vez saber qué hizo y por qué.
Puede ser que se haya enterado de lo que pasó y se largó para no enfrentar la
responsabilidad.
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Tendría que haberme ido anoche.
Tranqui, ya sabes que mi ventana da el callejón.
Oye, ¿qué es este dije tan raro?
Es un símbolo maya.
Lo comencé a usar desde que trabajaba para unos imbéciles.
Y desde entonces no me lo quito.
Siento que me cuida.
No pensé que eras supersticioso.
Uno nunca sabe qué hará.
Bueno, te dejo.
Algunas personas tenemos que trabajar.
Yo también tengo muchas cosas que hacer.
Anoche llegaste muy nerviosito y directamente a embrutecerte con una
botella de tequila.
Cosme, si hay algo que tengas que decirme, este es el momento.
Ay, fue el santa de mis errores.
Yo le di a Genaro un título falso de propiedad para que se lo diera a su
patrona. La idea es que Doménica se quedara con la laguna y las tierras que
están más al norte.
Ajá. ¿Y luego qué pasó?
Ayer apareció el título original.
El que sí es legítimo, el verdadero.
¿Otro título?
¿Pues cuántos hay?
Nada más puede haber uno original.
Y Genaro amenaza con rajar que yo le di el falso.
¿Y si lo hace?
Se acabó mi carrera política.
¿Y la tuya?
Te dije que no podíamos confiar en él.
Ay, gordito.
Pero no te preocupes, que para él me tienes a mí.
Híjole, y hasta se me quitó el hambre, la principal y la otra, Nicolás. ¿Cómo
que no encuentran a Doménica?
Pues, para mí que salió desde temprano a buscar a Genaro, porque él tampoco lo
hemos visto desde anoche.
Pero ya Ernesto y don Andrés la están buscando en el campo.
No, pues la voy a ir a buscar. A ver si la encuentro. Oigan, oigan.
A este le ponían esa que le metieron un balazo.
El ex de la patrona.
Háganme el favor de avisarle a Doménica que estoy aquí porque vengo a despedirme
de ella.
Pues te diste la vuelta en balde porque Doménica no está.
Y también te hubieras podido ahorrar la despedida porque aquí nadie la necesita.
Sí, ya vete.
Porque después del pleito que tuvieron Doménica y Luis Fernando, lo que menos
necesitan es verte peloteando por aquí.
¿Cómo? ¿Se pelearon otra vez? ¿Qué le hizo tu hermano ahora?
No, no, no.
De eso tampoco necesitas enterarte, Max.
Así que ya vete. Para mí todo lo que pase con ella es importante y más si es
algo malo. Mi niña ya no es cosa tuya.
Tienes que meterte esto en la cabeza. Y tú, Pedro, en lugar de estar hablando de
Max, ayúdame a sacar a este hombre de aquí. Está bueno. No, no, no es
necesario. Me voy yo solo.
Abrí la bocota de más que no. Sí, abriste la bocota de más.
Y con mucho gusto te daría un jalón de oreja si no fuera porque yo también he
abierto mi bocota de más muchas veces.
Si me quedé en el espejo del luna fue para calmar los ánimos de Mercedes y
Luis Fernando.
Pero no sirvió de mucho. Luis Fernando está súper decepcionado de mi prima.
Bueno, cuéntame algo que no sepa.
Ay, perdón. Se me olvidó que si tocaba el tema de Dominica te pones de malas. A
ver, espera, hija.
¿Ves que te dije que es importante que tomes una terapia?
Pues Andrés me acaba de dar los datos de un psicólogo que puedes ver en línea y
que se lo recomendó a alguien de toda su confianza. Mamá, ni creas que Andrés va
a saber de mis intimidades por medio de sus amistades.
No.
Quiero que te encargues de tres cuadrillas en la plantación de caña.
¿Sí? Sé de tus habilidades y conocimientos en el campo.
No, pues para mí quiere decir mucho que usted se dé cuenta de cómo chambeo, ¿no?
Y del sueldo, pues cuando haya con qué me lo paga.
Con su permiso, jefe. Gracias por la comprensión. A usted, patrón.
¿Cómo te atreves a acusar a Doménica?
¿Qué golpe tan bajo?
¿Cómo te enteraste?
Ah, ya sé.
Ella te lo contó.
Eso no es importante.
Lo importante es que me des la cara como hombrecito, porque yo sí la defiendo,
¿cómo ves?
Hija, ya sabes que en más de una ocasión has perdido el control y has estado a
punto de tomar decisiones equivocadas.
Ay, dale con lo de Jack.
Esto fue en otro momento de mi vida, mamá. Las personas que toman terapias
porque están mal de la cabeza y no saben lo bien que estoy de mi cabecita. Cuando
una no puede con sus emociones, una terapia ayuda mucho, hija. ¿Y quién sabe
más de mis emociones?
¿Andrés, tú o yo?
Mejor guárdense ese dinerito. Seguro lo van a necesitar para apoyar a Doménica.
Da igual que defiendas o no a Doménica.
Incluso si ella te mandó, yo tengo pruebas en su contra.
Pruebas, pues ya las veremos.
Pero yo la voy a defender hasta las últimas. Que me largas de aquí antes que
se me olvide que estás lastimado. No me quieres de enemigo, ¿eh? Porque así sí
te voy a hundir.
¡Doménica Montero!
¡La abandonada!
Doménica.
¿Estás borracha, Doménica?
Y no es por él.
Es por ti.
Que no quieres entender cuánto te amo.
que el mundo sea tan grande pero nos juntó y ahí estabas tú y
eso me salvó y ya no pido más eres mi luz, mi paso, mi más grande amor
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