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Pero usted no tiene ninguna prueba.
No esperaba encontrarme con esta sorpresa.
He venido a visitar a un amigo íntimo... y me encuentro con mi esposa.
Esta comedia de viejos...
Esto demoraba todo para el público... que se salva de seguir aguantándose.
¿Qué?
¡Ajúrate que después llega mucho!
Mirá que hacer que el amante lo mate al marido.
Cuando la vida es real, el marido lo tiene que matar al amante.
¿O no?
No, señor.
En la vida como en el teatro.
Y el que diga que no, que mira hacia arriba.
¿Qué?
Ah, sí.
No es mi chen.
Eso fue un lío bárbaro.
Es raro, feo, ¿eh?
Uno.
El otro tío se lo soltaron justo aquí.
Y lo sabré yo.
Hablaba la compañía anti-Michel y Lural.
¿Y este castillo?
¿Qué pasa?
Hola, Michelle.
Contá, che.
Contá.
¿Qué pasa?
Esta noche dábamos... sinfonía de Buenos Aires.
Buena temporada, ¿eh?
Mejor que esta.
Las caras.
Bueno, había artistas.
La Michelle che gustaba enormemente.
¡Señor Micheli!
¡Señor Micheli!
Mándeme a la señora Amanda.
Tener cuidado.
Tratad de arreglarlo todo por las buenas.
Mi pasión.
Comuníqueme con cirugía.
Solito.
Señora, va a tener que acompañarme unos minutos.
¿Ahora?
Salas.
Hay una bala en la cabeza.
¿Y viven?
Una vez trajeron a uno con una bala en el corazón.
¿Te acordás?
Hombre, si yo la traje.
Hay que verlo.
A ver qué tipo fuerte era Michelle ese.
¿La atendió el doctor Visigal?
El mejor cirujano que había entonces.
Quiero decirme, el caso de Michelle ese fue... A ver, dos de ustedes, pronto.
Aquí está su compañero.
¿Quién le abraza?
A ver.
Oye, oye, oye.
Pate esa sienta acá por ahí.
Muy bien.
Don Alvaliente.
Gracias.
Así es.
Qué bárbaro.
Dame la cola, andá.
Mira, hasta gusta porque hay que cocinar.
Michelle ese, ¿lo operaron esa vez?
Pensaban operarlo esta noche, pero estaba muy débil.
El doctor Visigal decía que era caso único.
Contá, contá.
Sí, contá.
Bueno, a la mujer de Michelle la habían detenido en la noche del crimen.
Pero al otro día vino al hospital a ver al marido después de lo que hizo.
Los diarios me decían que todo el asunto fue culpa de ella.
No lo sé, pero el caso es que se portó valientemente.
A la tarde siguiente, Michelle se estaba muriendo por la pérdida de sangre.
Lo encontré en el corredor y me dijo que tenía que ir al teatro.
No pude visitarme.
El estado de esa señora es delicado.
Hernández, venga.
Vuelvo enseguida.
Si hay cualquier novedad, aplique esa inyección y llama al doctor Moreno.
Voy hasta Alvaliente.
Bien, doctor.
Va a buscar a la señora.
¿Por qué pides que africirse por ella?
No hables.
La señora también está delicada.
Acuérdese lo que hizo por usted.
Hay que ver.
Yo sigo con la vaina en el corazón.
Y él preocupándose por mi mujer.
Es loco.
Vamos, vamos, abruchamos, abruchamos.
El doctor ya no pasa nada.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
Le vine el vestido.
Señora, mandalo.
¿Cómo sigue Michelle?
Mejor.
No sé, no se puede saber nada todavía.
¿Hablo con Ventura?
Sí, de allá vengo.
Tranzar por usted.
Ay, gracias a Dios.
Aunque eso mandado a ser a costa de su prestigio, vio esto.
Ah, no importa.
No tengo el tiempo justo, por favor, ¿eh?
Adelante.
A él nada.
Se trata de usted.
¿Por qué dejó el hospital?
Oh, no se preocupe por mí.
Es a él a quien hay que cantar.
No necesito que me lo recuerde.
Perdón.
Pero yo tampoco necesito de su cuidado.
Usted está bajo mi atención médica.
Tengo que atender mi presión, doctor.
Y yo ala mí.
Disculpe, doctor, pero en el piano.
El doctor le llama a abogado...
Villegas.
Perdón.
Insisto, señora, en que no debe trabajar.
Usted dio su sangre.
Está muy débil y tenía una locura.
Le ruego que me acompañe.
Estamos hablando de mi salud, de mi descansa...
en medio de esta taquilla, cuando hay tanto que arreglar.
Yo qué interés soy yo.
Sálvelo a él que así tal vez sea menor de castigo para quien murió.
En estos casos, doctor, creo que somos mejores médicos los abogados.
Dígame, doctor, ¿vivirá Michelle?
Así lo espero.
Nosotros también.
Amanda necesita que sea un recesalvo.
¿Ella para qué?
Usted debería saber la verdad.
No creo que me interese.
Además, ya la conozco.
No, esa no es la verdad.
Usted sabe quién es Michelle.
Hace 15 años que esa mujer es víctima de sus canalladas.
Por favor, Emilio.
Todo esto ha de ser vulgar, horrible para usted.
Su mundo es tan distinto.
Esta mujer no solo no es la amante de Ventura,
sino que ha estado tratando de salvar a su esposo.
¿Se siente mal?
Cheme.
Michelle falsificó un documento.
Por favor, Emilio.
Sí, aprovechando el nombre de su socio.
Ventura vi la noche dispuesta a mandar a Michelle a la cárcel.
Esa es la verdad.
¿Y ese drama de celos?
Una vieja maña de Michelle para serse la víctima.
Comprende ahora.
Usted debería defenderse, señora, para los diarios.
Párate.
¿Qué gano contaría la cara imitando la verdad?
¿Quién me creería?
Una mujer de teatro vive del reflejo de los dramas que representa.
La ficción sigue en nuestras vidas.
Se prolonga.
Además de hablarse, tendría que condenar a mi marido.
No me mire así.
No es un amor sublímeno.
Para Michelle fue siempre una máquina de hacer dinero, pero nada más.
Me dejó cuando quiso, pero siempre volvió a mí porque me necesitaba.
¿Qué poca importancia tiene mi vida frente a este drama?
Debo trabajar.
No va a resistir.
Esa ansiedad suya por trabajar, es también la mía por atenderla.
Véngase conmigo.
Tienes razón.
No trabajé hoy, Amanda.
Doctor, nos damos al hospital.
Michelle se ha agravado.
Sí, sí.
Váyanse.
Váyanse.
Yo me quedo.
¿También?
Apártame.
Abrechame.
¿La verdad?
Sí, sí, sí.
No estará muy débil para operarlo.
No hay más remedio.
No.
No.
No me opere.
Amanda, es mejor que no esté aquí.
Ay.
No.
No.
Usted no me opere.
No puede.
Esa mujer no es solamente un jófer de teatro.
No cantará más.
¿Y ese sucio crimen que ella ha provocado con su viviendad?
Ni a usted ni a nadie le consta que ella lo provocara.
¿Se le trae molde?
Ya la ha condenado la opinión.
La han difamado por las apariencias.
Eso es lo que dice ella.
Hablas como si tuvieras 18 años.
Y esta otra tragedia en que todos nos hemos visto envueltos.
¿Ustedes?
¿Por qué?
Yo fui quien operó.
Si hay alguna culpa es mía.
Ella como yo somos víctimas de las circunstancias.
Tú quizás.
Por ciego.
Pero ella...
Usted no la conoce.
A esas mujeres se las conoce siempre.
A ella le debes la ruina de su carrera.
Tú sabes lo que se murmura.
¿Y usted lo cree?
No.
Pero para muchos...
tú eres el hombre que supina a un marido para conseguirla.
Al casarte con ella lo pruebas.
¿Querías pedirle?
Sí, pero...
se fueron a ella tuya.
A unos peorajes.
¡Este es pronto!
¿Qué?
Don Aguilverto.
Me da un día de encuentro madre.
Te lo llevas aquí nomás, ¿no?
Don Aguilverto.
Sí, ya lo sé.
Me lo pagás cuando fuera.
Que te mejore.
¿Sabes que conocen Amanda?
O si oí algo.
Un cliente siempre lo fastidian a uno.
Hombre, donde el cliente está en negocio.
Un encuentro madre.
Diez centavos y en mensualidad.
Ándimos de Amanda.
Sí, la conocimos en Buenos Aires de una manera extraña.
Cuando ellos llegaron... Cuando nosotros nos conocimos...
En la farmacia nos conocimos.
Estábamos preparando... Una limonada rollet para un cliente.
Cimenta.
Y entonces...
Estas son cosas tuyas, mujer.
A unas chinitas que vienen a encargarse de una limonada.
No tenés por qué darles la mano.
Es que hacía mucho tiempo que no la veía.
Hay que ser atento, mujer.
¿Atento?
¡Pocavergüenza!
No me dices que le pongo doble media de su pata a la limonada.
Mujer, no seas bente.
Sí.
¡Va!
Buenas tardes, doctor.
Buenas tardes.
¿Cómo me conoces?
Pueblo Chico.
¿Ya encontraron casa?
Mi esposa.
Mucho gusto.
¿Y la señora?
Mi señora.
Encantada.
Mucho gusto.
Si podemos serles útiles para instalarse... Denos al girar una casita con muebles.
Un ranchito.
Estamos un poco lejos del pueblo, pero cerca de los obrajes.
¿Y la del doctor que se fue?
A veces...
¿Necesitaban algo?
Conocerlo.
Y unas compras.
Perfumes.
¿Tenía cualquier así?
Eh, había.
Bueno, Pachulli, ¿ustedes no quieren?
No.
¿Hay algo mejor?
Venga, yo lo enseñaré.
Solo, doctor, trabajo aquí.
No hay mucho.
Los que se mueren... Los que se enferman...
...son tostados.
No se ha venido a hacer dinero.
No interesa mi profesión.
Y aquí se puede hacer obra de bien.
¿Obra de bien?
Oye...
Yo... ...yo no soy mucho alfiado.
¿Obra de bien?
Seremos buenos amigos.
Y además vamos a brindar por algo muy importante.
Por un pequeño añatudense que viene el viaje.
¿Cómo?
A mí no me dijeron nada.
Eso es una cosa de mujer.
Hasta por ahí nomás.
Y brindemos también por la obra que va a emprender mi Gustavo.
Para que los obras que sean un modelo de higiene y de mejor vivir.
¿Sin de enfermos?
Con enfermos.
Pero los curaderos.
Van por ahí.
Y brindemos además... No brindemos nomás.
No perdamos tiempo.
Eso, amiguita.
Estando con ustedes siento la sensación de estar en Buenos Aires.
Buenos Aires.
Sus paseos.
Sus teatros.
Mi padre siempre decía que en esta noche...
Secretario de Embajada a su edad.
Nunca, nunca.
Tiene que ser un varoncito.
Varoncito.
Voy a mandar el chico al obraje.
Así le avisa a Gustavo.
Sanito, ¿no?
Sí.
Sanito.
A Gustavo ni lo veíamos casi por esos días.
Así, pero era solo el sacrificio de sus hijos.
Se declaró una piste en el obraje.
Y allá fueron los dos.
Dejándonos al niño para evitar...
Es que vienen muy lejos allá por otro obraje.
Y este
coche, ¿dónde los vamos a poner?
No hay sitio, niña.
Anoche llegaron tres más.
Suártate.
Pero niña, ¿y usted?
No se preocupe, mujer.
Venga, fuételo a frente.
Saiga las inyecciones, pronto.
Usted debería ponerte una pose acaso.
Anoche, el doctor se puso dos.
¿El doctor?
Sí.
¿Dónde está?
Ándale por allá.
Fóngale una cada uno.
Andén en la pierna.
En cuanto lo veas temblar agitado, avísame.
Sí, señor.
No tenés miedo, ¿no?
Está en mi casa, señor.
Gustavo, te sentís mal.
¿Por qué te demoraste tanto?
¿Vejaste de noche?
No me has contestado.
¿No decís por las inyecciones que me puse anoche?
Lo hice por prevención, no tiene importancia.
Tú decísme la verdad.
No nos preocupemos de nosotros.
Hay mucho que hacer.
Tenés miedo.
Niña, el chico no se quiere poner la inyección.
Quiere que vaya a usted.
Vamos.
Tengo que hacer un análisis.
Me parece que estoy cerca de él.
Así que no quería ser.
Ahora quería ir.
Gustavo, Gustavo, para un... para un minuto.
Gustavo, ¿cómo estás?
Pobre virtud.
Se te lloran encima.
No necesito decirle lo que pienso de su estado.
A usted sí.
Para que se decida irse de este sitio.
Y si me guiará por la cara de mi mujer, me haré bien.
Tengo razón.
Hay motivos para que sea fingida, pero eso no quiere decir que esté en grado.
No, sí, ya sé.
No hablemos de mí.
Tú sabes que debo quedarme.
Queda tanto por hacer.
A propósito.
¿Utilizaste el suero?
Sí, sacó.
Le hace una hora.
La cierra bajó enseguida los libis.
Esta tarde voy a inyectarme la fórmula nueva.
Todavía voy a ser el primero en sanar con mi vacuna.
¿Y por qué no?
Tiene que resultar.
Esos otros dos muchachos reaccionaron.
¿Se acuerda, doctor?
Y era el primer intento.
No hable, querido.
Ahora comes, está mejor.
¿Quién sabe si mezclando la fórmula?
Claro.
Pudiera ser.
¡Amanda!
No hable, querido.
Ha sido una locura quedarse aquí.
Yo no puedo alejarlo de lo que él considera su deber.
Sí, sí, así hay que llevárselo.
¡Amanda!
Quiero que reclivas a mi padre.
Tengo que pedirle...
que a ti y a Miguel Ángel.
Siempre te olvidas algo.
¿Cierto?
¡Qué cabeza!
Voy a buscarlo ahí.
¡Dígalo!
Ya sabes que a Amanda no le gusta que estemos mucho rato.
¡Deja eso!
¡Se acerque!
¿Qué tal, Amanda?
Ahí le trajimos todo.
Si necesita algo más, dígalo.
No, gracias.
¿Cómo sigue Gustavo?
Miguel Ángel... está muy bien.
Siempre pregunta cuándo lo van a hacer.
Casi me olvido.
Aquí están las gotas.
Y aquí anotó el Dr. Radozzi.
Gracias, Periberto.
Si usted quiere, Amanda, podemos ayudarla aquí en cualquier cosa.
Gracias, doctor.
No, no, por Dios, no.
Puede haber peligro de contagio para ustedes.
Un beso, Miguel Ángel.
¡No, no, no!
¡No se acerque!
¡Por Dios!
¡Vaya!
¿Quién era?
Querida tí, doña Rosa.
Una carta.
De mi padre.
Viste.
¿Por Gustavo?
Sí.
Dice que cuando te mejore...
Le mejoro.
Mi querido Gustavo, hace mucho tiempo que nos perdonamos.
Y deseábamos tanto saber de usted y de tu hijo.
Cuando te lejore, volverás a nosotros.
Amanda se fue solita.
Conido ninguna noticia de su suegro.
A mí me parece que esta gente...
Ya, te dejaron que cuente en ello que la conocieron allá.
La conocimos de una manera extraña.
Poco antes, compañía.
En la torre de la galería, güemes.
Allí me juró feliz a no abandonarme nunca.
Y lo he cumplido.
A toda hora.
Bueno, pues íbamos en el ascensor cuando al llegar al noveno piso... Décimo.
Bueno, pues al llegar al décimo piso...
Piso 16.
Subí a la torre.
Permiso.
No, me voy a quedar aquí un momento.
Gracias.
¡Es ella!
¡Es ella, pobrecita!
¿Qué habrá venido a hacer a la torre?
No será meternos en lo que no nos importa.
Encanto trabajo.
Cualquier cosa.
Pero ya la vieron ustedes.
¿Te estarás molestando, mujer?
Como lo estaban, al contrario.
El poco dinero que tenía se ha ido.
Carta que te empeñe alguna furia ni una bandera.
15.40 No le haga caso.
Yo tengo unos
espules pobres y no puede esperar.
Amanda no trabaja.
Se atrasa y...
Y Miguel Ángel está durmiendo.
La señora nos quiso pasar.
Bueno, entonces nosotros nos retiramos también.
Tenemos que hablar, señora.
Si a lo que sea lo pueden oír todos.
Imagino que no tenemos nada que ocultar.
La carta de Gustavo llegó a mis manos en Europa.
Eso explica que no tomaron medidas inmediatas.
La explicación de su conducta para con su hijo... eso era su conciencia, señor.
Si hubiéramos estado cerca... quizás no habría pasado.
¿Ustedes lucharon de la casa?
No hemos venido a discutir de lo ya irremediable.
¿A qué han venido?
¿De qué se trata?
Del hijo de Gustavo.
No es esta la vida que corresponde a quien lleva nuestro apellido.
Hemos venido buenamente a hablar con usted.
Buenamente... a apretar.
Espero que comprenda que le hacemos un bien al niño.
Para usted es un estorbo.
Para nosotros un deber educarlo.
A nuestro lado tendrá otros principios.
Hay cosas que no se olvidan nunca.
Y que no se perdonan jamás.
Aunque no fue gentil.
Usted ya vivió su triunfo.
Lo que le interesó tener lo tuvo.
Alberto.
Además ya hemos oído a la dueña de esta casa.
Usted no puede mantener a este niño.
Lo he mantenido siempre.
Y ahora mejor que nunca.
Va a trabajar con nosotros.
Vamos a salir y dirigir a... No te lo dije.
Vuelve al teatro.
Naturalmente.
¿No cree usted, señora, que en su oportunidad no doy muchos nombres?
Mamá.
¿Qué va él, mamá?
Tarde.
¿Qué duda?
Me está muy leyendo.
Esto es un hombrecito.
Anda a saludar abuelito.
No puede caminar.
Pobrecito.
Habría que hacer algo.
Internarlo en un sanatorio.
Es así desde que nació.
Gustavo hizo indecible.
Entayó con otros médicos.
Yo desde que estoy en Buenos Aires lo hice.
Caminar muchas veces.
Pero hay institutos.
Ahí los tienen y los cuidan.
Esa sería una solución.
En nuestra casa un niño viciado sería un problema.
Para mí no lo es.
Su desgracia no me permite detenderme de él.
Me necesita tanto.
Si fuese sanito.
Es mejor que lo tenga ella y nosotros la ayudemos.
No ayuda de ustedes.
Ya encontraré trabajo.
Pero no en el teatro.
Tenga al chico, pero no aparezca en letras de muerte.
Trabaje donde no sepan quién es usted.
Recuerde lo que hay en su vida.
Aléjese de la notoriedad.
Del escándalo.
De su escándalo.
Bien.
Todo lo que ustedes quieran.
Siempre que no se separe de mí.
Bueno, vamos.
Un momento.
Mi cartera.
Gracias, Lidia.
Bueno, querido.
Hasta pronto.
Usted sabe tocar el piano.
Me encanta.
Yo la puedo recomendar.
Concebirle clases particulares.
Tengo una nieta.
La hija de Adolfo y Matilde.
¿Recuerda?
Sí, pero... Venga, venga.
Pero más por el teatro que por mi candor y mi nombre.
Yo le diría a mi mamá.
Yo sé que te sentirá como una persona franquilera.
Que no lo es mi hija.
Mi construcción.
Perfectamente.
Adiós, mi canto.
Alberto.
¿Sabes qué le prometí a Amanda aquello?
Sí, ya escuché.
Bueno, yo la avisaré mañana cuando lo tenga todo arreglado.
Buenas tardes.
Al teatro no puede dormir.
Quizá tenga razón.
Dice madre no ofrecerle eso.
Acuérdate, la entrada de esa mujer en nuestro medio nos traerá dificultades.
Salimos en gira y hemos estado viajando todo el tiempo.
Lo bendicioso de usted.
Un viaje trae tantos refuerzos.
Tantas emociones.
Viajar.
Buenas noches.
Adiós.
La mamá está libre.
¿Miramos la niebla?
¿Hay peligro?
No.
Qué extraño es la niebla.
No sé.
No es una isla del mundo entero.
Nos aleja de todo lo que quedó atrás.
Para mí es como una obsesión.
Nos rodea y creemos que hay peligro porque no podemos ver la verdad.
Pero no es lo que tú crees.
Te ofendería si te dijera que nunca creílo.
Tendríamos algo que confesarnos.
Recuerdo muy bien el día que la conocimos.
Volvíamos de Europa.
Ya habíamos ido a visitar a tu hermana.
Decía que tenía un concuñado tan célebre.
Pero hoy he leído en la nación.
Sí, también lo he dicho.
Me cuento.
Casi como jugando Quisiste un beso
Como jugando Yo te lo di Entre juego y jueguito Yo crece beso
Te dije sí, sí, no quiero que dices no, pero el cura no casó.
El doctor Campos, ¿verdad?
En cuerpo y alma.
Usted también leyó el diario, ¿verdad?
José Luis, vamos para el club.
Allá te espera.
Bien.
María Ángelica, la profesora de piano de Ivón.
¿Su nombre?
Jose.
Amado de Medina.
Fija con su lección, Amado.
¿Sí?
Vamos.
Yo creo Campos.
¿Puedo hablar un minuto con usted?
Amanda.
Discúlpame, señora.
No quiero perder esta oportunidad.
Se trata de mi hijo.
De la salud de mi hijo.
Es el momento.
¿Usted le comprende, señora?
No se complique, hija.
Las esposas de los médicos estamos acostumbrados a muchas cosas.
Ven Ivón, que tu tío ya instaló con su hijo.
Y la señora me dice qué cree.
Bueno, vámonos.
Vámonos.
A ver esta pelita.
¿Vuelta a su lección?
Bueno.
No estoy orientada.
No debí hacerlo.
¿Qué tiene su hijo?
Él está enfermo.
Sufre atosia de las piernas que quien hacía.
Intenté todos los estelos hace muchos años.
Ahora tengo todas mis esperanzas puestas en ti.
He leído lo que hice en Honduras.
Esa mujer es una audaz.
¿De dónde la sacaste?
Ay, si tú supieras.
Cosas de mi suegra.
Espera.
Pero no le digas de marido, ¿eh?
Los radios ultravioleta.
Probé también los baños de barro.
Usted sabe mucho de medicina.
Mi postra era médica.
Morió.
¿Cómo se llamaba?
Hablemos el niño, doctor.
Hablemos el niño.
¡Venga!
¡Pepa, va!
¡Venga!
¡Venga!
Está ahí en la sotea.
Voy a buscarla.
¿El doctor?
Sí, el doctor.
Buenas tardes.
Está mejor el nene.
Dos nenes.
No nos ofrete.
Esto es parte de la curación.
No daremos más palabras.
¿Qué pasó?
El botón.
¿El botón?
¿Dónde se ha metido?
Se ha rodado, me parece.
A ver.
¡Pase, pase!
¿Dónde?
Ahí va la tía.
Si no solo lo mordía.
Habrá que coserlo para que no lo castiguen en la casa.
¡Lo castigan en la casa!
Perdón.
Es muy bueno.
¿No jugabas más?
No.
Ya quedan pocos vidrios.
¿Y cómo va si animas?
Cuando lo encargaba veo el vidrio.
Ya veo que va bien.
Mira, mañana te voy a hacer otra aplicación y otra inyección.
No tengo miedo.
Así me gusta.
Y saldremos adelante.
Y un día de estos, vos vas a ir a la sotea a buscar la pelota.
Doctor, ¿me traes el tapo?
Voy.
Ya se van a poner a conversar.
Llévenelo.
Ya creí.
Está muy fuerte, pero... pasa.
Si usted comprendiese, Amanda, lo que ella significa para mí.
En mi vida he habido dos hombres.
Y de nada valió mi amor hacia ellos.
Fueron dos tragedias.
Todo pasa, Amanda.
Y se puede volver a empezar.
Piénsenlo solamente.
No necesita tanto.
¿Y yo a usted?
Tengo muchas esperanzas.
Estará contenta la mamá.
Usted viene muy seguido, ¿verdad?
Ayer lo vimos.
Tanto como necesario, señora.
Ni más ni menos.
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Usted, doctor?
¿Cómo mañana operamos a Miguel Ángel?
¿Puedo pasar?
¿Qué?
No, no encienda, Amanda.
Perdóneme que haya venido a esta hora.
Tenía necesidad de hacerlo.
¿Algo de mi hijo?
¿Algo gratis?
No.
Se trata de mí.
Sí.
Es ridículo, dirá usted.
¿Qué puedo decirle que usted no lo sepa o lo precienta?
Doctor... Déjeme.
Hoy he salido del cargo en la intención de resolver esta situación.
He buscado un pretexto cualquiera.
He dicho que me iba a Rosario.
Necesitamos hablar, Amanda.
La hora, mi actitud, mis nervios... Todo denota al hombre fuera de sí.
¿Estás tonado?
No hable.
No puede ser.
Es imposible.
Sí.
Ya sé.
No le interesa.
Seguramente no soy yo el hombre que... No siga.
Ya sé lo que pienso.
Y usted quería conocer.
Claro, las mujeres no podemos ser honestos.
Se trata de que aparezca el hombre que nos interese.
Además, como he sido una mujer de teatro.
Y pasaron tantas cosas.
No, Amanda.
No es eso.
Pero explíqueme su afecto, su tranquilidad, su sonrisa.
Por qué fueron.
¿O es que usted... No me insultes ahora.
¿Usted cree que lo hice para conquistar al médico?
Para asegurarme la operación de mi hijo.
Dios mío.
No conseguimos nada gratis.
Amanda, usted está nerviosa.
Y yo cometí una torpeza.
Perdóneme.
Pero yo quiero que sepa que jamás pensé mal de usted.
Tiene razón.
Viva usted solamente para su hijo.
Y yo volveré a mi casa.
A los míos.
José Luis.
Espere.
No se vaya así.
Quédese un momento más.
Escúcheme.
Espere un momento, ¿eh?
Voy a ver a Miguel Ángel y vengo enseguida.
Sientese, doctor.
Sientese.
Mamá.
¿Quién hizo ahí?
Nadie.
Dormí.
Ah, es usted el padre.
¿Qué te pasa?
¿Mi mamá?
No sé.
Había olvidado de hacer un llamado.
José Luis.
¿Dónde fuiste, mamá?
Hay que dormir, querido.
Amanda.
Duerme rayito de sol.
Duerme en mi pecho febril.
Duerme que el niño Jesús quiere contigo dormir.
Mese en las horas
y te quiero meter, hijo de mi corazón.
Con Dios te asimito.
Siempre abrazándote a mí, mi sol.
Lo creí en Rosario, doctor.
No, no voy a tomar nada.
Anoche me sorprendió tu regreso.
Estuviste en casa de esa mujer...
¿Amanda?
¿Vas?
Cuando buscas pretextos y mientes.
¿Te estás imaginando que no existe?
¿Qué puedes saber tú?
Todo.
Esa misma mujer tuvo la audacia de llamarme anoche por teléfono para decírmelo.
Estaba...
¿Ella te llamó anoche?
¿Te admira?
Así son esas mujeres.
¿Ella te llamó?
¿Para qué?
Explícate.
De modo que ahora soy yo la que tengo que dar una explicación.
Me llamó para burlarse de mí.
Para humillarme.
No te olvides que se siente bejada.
Imagino que sabes quién es.
¿Con quién se casó?
Es capaz de todo.
Si te interesa tanto, sabrás el crimen que provocó.
Después, atrapó a Gustavo casándose con él.
Pretendiendo subir hasta nosotros.
Hasta nuestra clase.
Y no pudo.
Y ahora me llamó para vengarse.
Diciéndome que tú le pertenecías.
Que iba de su indio hogar.
¿Cómo has podido hacerlo?
Esa mujer no puede ser así.
Claro.
Ustedes los hombres.
Creen más fácilmente la honestidad de esa mujer que la nuestra.
Hola.
Hable.
Sí.
Ah, sí.
Está.
Ahí la tienes otra vez.
Ahora quiero hablar contigo.
¿Ah?
No se trata solamente de su hijo.
Señora.
Ah, sí, sí.
Muy bien.
La llamarán de la clínica más tarde.
José Luis.
José Luis.
Tienes que jurarme por los chicos que no la verás más.
Por ningún motivo.
Insiste en que tienes que verlo, doctor.
Dice que se dará.
Hazla pasar al... José Luis.
Hazla pasar al escritorio.
Espera allí.
¿Se hará igual?
Sí, eso.
No tengas cuidado.
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Qué ha pasado?
Usted debió operarlo hoy, doctor.
No quisiera que le hacemos de nosotros.
Pero comprenda que debo pedirle por mi hijo.
¿Por qué ese cambio?
Necesitamos aclarar muchas cosas, doctor.
Terminemos, señora.
No sé.
Bueno, pero... por sobre todo, yo necesito que mi hijo sea un hombre sano.
No un viciado.
Para devolverle la vida que le pertenece.
Esa será mi única revancha, comprenda, doctor.
Ya se tomó su revancha anoche.
¿Anoche?
Sí, cuando llamó a mi esposa por teléfono.
¿Y yo?
Terminen pronto y váyanse a cortar.
Y le dijo también... Sí, todo.
Que usted la humilló, durlándose de ella.
Contándole su triunfo sobre mí.
Pobre triunfo suyo.
¿Todo eso?
¿Y nada más?
No.
Mamá... Vaya a dar las buenas noches a papá, sin embargo... Papito!
Sí.
Buenas noches, papito.
Buenas noches.
Me voy, doctor.
Lo que hice no tiene explicación.
Yo tengo la culpa.
Solo le pido una cosa.
Opere a mi hijo.
Amanda!
No tenga cuidado.
José Luis operará a su hijo.
Yo se lo pediré también.
Opéralo.
¿Te pareció en ese instante un gesto noble de tu parte?
Después tu dé.
No fue nobleza.
Con el pasar de los días, me convencí de que eso no había sido la verdad.
Pero tuve miedo de indagar.
De llegar a saberla.
Tenía razón.
Ahora ya estamos lejos de todo.
Es mejor que lo sepas.
En esos días, los dos vivíamos un momento de confusión.
Hoy tenemos calma.
Y podemos hablar.
Aquella tarde... Después que me dijiste que te ibas a Rosario... Yo no...
¡Ay, qué oscuro está todo!
Sí, voy a hablar por teléfono, ¿eh?
Se va a seguir.
Bueno... Soy María Angélica.
¿Usted me llamó?
No debía haberlo hecho ni a mi casa.
Lo he llamado porque prefiero que nos veamos.
Mi esposo se va esta noche a Rosario.
Venga después de comer.
Sí, sí, estarán acostados.
Bien, pero...
Pero no hablemos de eso ahora.
Esta noche a las 11.
Por favor.
Es necesario que comprendas.
Además... José Luis...
¿Hola?
Sí, yo, María Angélica.
¿Pero quién es?
No importa quién soy.
Una amiga.
Su esposa está en Buenos Aires.
Volverá enseguida.
Sigo que te espera alguien esta noche.
Por favor, tenga cuidado.
¿Pero por qué me lo dice?
¿Qué quiere decir?
¿Hola?
¿Hola?
Váyase enseguida.
Ese día, cansada de su insistencia, lo había llamado para terminar su ascenso.
Eso fue todo.
Él... No lo nombre.
¿No me cree?
Sí.
Ahora te creo porque también me has dicho la verdad sobre Amanda.
Tanto te interesa.
No, pero la admiro y la compadezco como una víctima de todos nosotros.
Nuestra víctima.
A la mañana siguiente, después que llamó, temerosa de que se hiciera en verde,
fui a enfrentarme con ella.
Estaba dispuesta a deshacerla.
Me espantaba la idea de que te contase la verdad.
Para mañana no hay excusas, ¿eh?
Quiero bien aprender la lección, ¿eh?
Vamos a ver si es cierto.
Buenas tardes.
Hasta mañana.
Amanda.
Venga.
Buenas.
Suba.
Quiero hablar con usted sobre unas clases para la mayoría de mis chicas.
Venga.
La voy a dejar en casa y mientras charlamos.
Siga a Francisco.
Siga a Francisco.
¿Por qué me llama anoche por teléfono?
No lo miedo.
Le conocí la voz.
Mi esposo está con usted.
Me estaba atendiendo a mi hijo.
El mismo pretexto.
¿Qué de acuerdo están?
De modo que su amante como yo me lo figuraba.
No lo oí.
Aunque usted no lo quería.
Toda su vida es una sucesión de escándalos.
Primero, ese crimen.
Después, ese ventajoso casamiento con el pobre Gustavo a quien es usted su víctima.
No lo nombre a Francisco.
Y ahora que la dejamos entrar de lástima en estos
hogares, quieren nuevamente volvernos en el escándalo.
Ahora te voy a decir, señora.
¿Con quién estaba usted anoche en su casa cuando la llamé por teléfono?
No comprendo.
En mi casa.
Anoche.
Y si yo escuché su llamado telefónico en la casa de Ivón, ¿recuerda todo lo que dije?
Si le llamé luego por teléfono fue para descender su hogar.
Su vida privada es asunto mío.
No lo hice por usted, si no por él.
No estoy enamorada de su marido, pero lo respeto mucho más que usted.
¡Cállese!
No es más que una nueva intriga suya.
Usted se siente humillada porque no puede llegar hasta nosotros.
¡Nunca podrá conseguirlo!
Quédese su propia espera en su teatro, en sus escándalos.
Voy a destruirla, a quitarle su trabajo, a hacerla arrojar de todas partes.
Usted no merece el sitio de mi mamá que le hemos dado.
No, no me mirá así, no.
No.
Pare, Francisco.
Vaya.
Bájese.
Estaba enloquecida por el temor de perderte.
Por eso la humillé.
Por eso también más tarde, cuando se cayó.
Sacrificándose.
Le di las gracias.
Y te pedí que le operases a su hijo.
¿Qué puedo reprocharte hoy si lo obtuvimos entre gran culpa?
Pero los dos tratamos de salvar nuestro hogar.
Ya no hay niebla.
No.
Es cierto.
Pero hay otros seres que destinados a vivir entre la niebla.
No.
Ella también sabió de su niebla.
Tú le diste la oportunidad de cristalizar su noble anhelo.
Tu gran esperanza.
Operando a su hijo, cumpliste con tu deber de hombre y de médico.
En medio de su horrible drama, Amanda alcanzó la felicidad.
Sí.
Pero sacrificándose, como siempre.
No hay sacrificio.
Aún el más grande, cuando se trata de un hijo.
Mi lucha fue inútil.
Me he convencido.
Lo que yo podía hacerlo, hice de volverlo sano.
A mí me persigué la fatalidad.
¿Qué sé yo?
Primero aquel hombre.
Después Gustavo.
Y ahora... Casi sin querer lo provoco.
Un drama en esta familia.
Tengo miedo que mi hijo junto a mí no sea nunca nadie.
No tengo el derecho para hacerlo mi vida.
Ya no podrá trabajar como hasta hace poco.
Dando clases.
El niño se encontraría tarde o temprano con usted.
Ni su nombre deberá aparecer en ningún teatro.
Si usted quiere a su hijo.
Eso renovaría el escándalo ya pasado.
Se recordaría su caso.
Su renunciación para tener valor.
Debe ser completa.
Compréndalo.
Viva alejada.
Pero entonces déjenos ayudarla.
No.
Eso sería una venta.
Si me interesasen habría renunciado a todos mis derechos.
Pero usted no tiene.
Entra mamita.
Sí querido.
Sí, es que hay casa más grande.
Abuelita también me hizo ver los perros.
Hay una chiquita allí.
Sí, bienvenido.
Allá hay una pileta.
Cuántas cosas, mi cielo.
¿Y ella que no pude salir al jardín?
Si te gusta.
¿Puedes quedarte aquí para siempre con vos?
No, yo tengo que irme.
Ah, entonces no.
No, tontito, no.
Ah, ¿vas a volver?
Claro, claro, yo voy a volver.
Tu madre siempre estará contigo, querido.
¿Qué te pasa, mamita?
Miguel Ángel.
Ven.
¿Qué?
Háganlo feliz.
Miguel Ángel, querés mucho a tu mamá.
¿No es cierto?
Sí, abuelita.
Hace bien.
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