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¡Buenas!
¡Va a la cocina!
Siempre llegas después del lechero.
Siempre me tiene que pasar lo mismo.
¡Cuidado que te vas a quemar!
¡Cuidado que está caliente!
Buenos días.
¡Qué tarde!
¡Todavía no son lazos!
¿Que no son?
¡No lo toques con la mano!
¡Oí!
¡Decide a tu patrón!
¡Que no se vaya a pasar mañana con la torta de boda!
¡Va a ser de grande!
¡Porque a don Benasio no hay quien lo llene!
¡A propósito!
¡Que la cobra con merengue!
¡Hoy le sentí a decir al patrón que la torta va a ser un merengue bárbaro!
¡Andate!
¡Levantarse que ya es sábado!
¡Arriba!
¡Que ya está el desayuno!
¡Francisco, apurate!
¡Este hombre se lea hasta los palizos económicos!
¿Sabés que los paracaimistas llevan un juguito
con dos píldoras y comen una píldora al día?
¡A propósito!
¿Me insistes en el dulce de leche?
¡Hace 28 años que te lo vengo haciendo todos los sábados y me lo preguntás!
¡Juan Carlos, por favor!
¡Está ahumado!
¡Acordatelo para los paracaimistas!
¡Cuando trique!
¡Cuando trique!
¡Cuando trique!
¡Cuando trique!
¡Cuando trique!
¡Buenas!
¡Buenas!
¿Sabes, mamá, que las contas... ¡No me sigues!
¡Que lejos estamos del bal, Francisco!
¡Muy lejos!
¡Fijate que en África los negros se landecen!
¡Que más lejos estás vos!
¡Que es bal!
¡No es bal!
¡Es congas!
¡Y María Cristina, ¿por qué no se levanta?
¡Deja de que duerma!
¿Por qué?
¿Por que se va a cantar mañana?
¡Ah!
¿Entonces no va a poder dormir?
¡A usted qué le importa!
¡Sáquen conmela ahí!
Margaritas, plantas, vidios de ilusión Tallas de esperanza, rosas del amor Todas
las mañanas, brotas de emoción Flores sobre el trébol de mi corazón Siento que
en el alma cantará su voz ¡Nadie es Cristina!
¡El desayuno se está encriando!
¡Apúrate!
Buenos días, madre Buenos días tenga usted Mi vida cameña Siempre viva fe Madre es el
venflor Que en el ventanal de mi paredón Mamá, ¿usted cree que...?
Nada.
¿Qué te pasa?
Pone sombras frescas Sobre la negrilla de mi corazón Al borde azar En el silencio
del jardín Rosal, clave, pasmín Rumor azul Diciendo que vendrá un querer
Rosal, clave ¡Pasiona!
Señora, pasaron de noche y le dejó mucho cargos a la señorita.
Que la verá la cosa en la fidea.
¿Terminó de limpiar afuera?
Sí, señora, pude ser pichito.
¿Tienes mucho que hacer, rosa?
Mucho, niño.
Ya te voy a ayudar.
¿Qué te dice quién es aquí?
No se duda... Madre Cristina, el señor Serrano te manda saludos.
A las dos en punto los espere en la fiesta del club.
Está bien mamá, gracias.
A sus cenas se mide Tráfico clave
Pálida canta Madre selva en flor Que en el ventanal de mi paredón Pone sombra fresca
sobre la letrilla de mi corazón Les mujere con
pantalones y congas y no fuera por la guerra.
Buenos días, papá.
Buenos, buenos, aquí no se saludan.
Enseguida te sirvo.
¿Quiere que le cuente?
No le cuente nada.
En último desayuno, hermanita.
Mañana.
Los niños no dicen estas cosas.
Así no se comen pan.
Pero si yo no soy un niño.
Daniel, deberían de ponerme pantalones largos.
En la escuela me llaman Bella Gamba.
¿Y ahora que la cazan a María Cristina?
La cazan no, se caza.
Yo voy a ser el único cazadero de la familia.
Hoy mismo te compro pantalones largos para que me dejes tranquila.
Menómeno.
No pongas ese aire de víctima.
¿Qué esperabas?
Un príncipe azul como el de Blanca Nieve.
Blanca Nieve, yo la vi.
Pantalones largos.
Esas son cosas de cuentos.
Pero si yo no dije nada, mamá.
Pero ponés cara de resignación.
Toda la mujer quiere poner esa cara cuando se van a casar.
Lo decís por mí.
Claro que cuando me casé con vos, tenía que parecer resignada.
Había que verme la cara a mí.
Don Bernatio Serrano, es un gran partido.
Una buena persona.
Seguridad, ¿no?
No es una buena persona, señor Serrano.
Sí, se acabó de decirlo.
Yo también era una buena persona cuando me casé con vos.
¿Y después?
Ay, yo también pude casarme con quien soñaba.
Pipo Fernández.
¿Te acordás?
Como para no acordarme.
Ahora está en Sierra Ticam.
Por estafa.
Bueno, éste era loco.
Pero italiano, morocho, con unos grandes bigotes.
Está pelado.
Y ahora tiene una profesión romántica.
Maneja unónigo de la línea a Campana.
¿Pero vos crees que ibas a hacer más de disc con ellos?
¿Pero qué están discutiendo?
No, mamá, que no sabe lo que quiere.
Yo elegí el que será mi esposo.
Me caso contenta.
¿A mamá le gusta?
Mejor.
¿Usted le ama a una persona?
Mejor que mejor.
Tal vez estamos todos de acuerdo.
¡Yo no!
Es muy viejo y amarré.
Nunca me dio más de viejita por traerse una carta.
Sí, es muy bueno.
Además, si me vecino me quiero para vestir Santos.
¡Venocía!
Venocía, ¿qué tal?
Como encontré la puerta abierta.
¿Tomo veces?
No, no.
Porque estoy abierta.
Perdona, veces la nariz.
¿Qué tal, don Francisco?
¿Cómo vamos?
A vos dentro de cinco años te voy a vestar a zona.
No, no, estoy de la ciudad.
¿Es el vestido?
Sí.
Hay tragedia.
Hay olor a tragedia.
No, ¿por qué?
Hablaban del señor Serrano.
¿Y quién?
No, si no te lo voy a quitar.
No seas tonta.
Anoche le fui a comprar un poco de salinglesa.
¿Y se la tomó?
No, Nini.
Era para mi papá.
No me habló sino de vos.
Es la imagen de la felicidad.
¿Conocí usted que no me cobró?
Es el mejor partido que queda en el pueblo.
¿De?
Porque en este pueblo no queda nombre.
Me voy a enojar con vos.
No, ven y va.
¡Vamos, vamos!
Mamá, ¿a qué edad uno es realmente hombre?
Es una cosa como aquello.
Ayer me encontré con Julio.
¿Te habló?
Iba con Susana Torres.
Yo no veo que le vea él a esa chica.
¡Oh, está celosa!
¿Entonces lo querés realmente?
No sé.
Quiero como a tres.
Es que te desorienta uno completamente.
Eso que aquí todos son cero.
Belita, es que vos sos inspirista.
Vos podés querer a uno solo.
Porque lo querés, ¿no?
Se está secando.
Ven, aquí nos vamos a secar todas.
Bueno, lo querés sí o no.
Vos nunca me hablás del señor Serrano.
¿No hace falta hablar de él para quererlo?
No, ni es necesario quererlo para casarse.
Yo no me casé a disgusto.
No me puedo quejar.
Decía va a casarme pronto y apareció venancio.
Sí, así sabe.
Como un príncipe encantado.
Aunque un poco barrigón.
Sí, pero es tan bueno.
Además, los años pasan y...
Yo nunca te lo dije.
Quiero tener un hijo.
Hace tanto tiempo que sueño con dos manitas blancas que me abracen.
Y el día antes de casarse, las novias piensan siempre en el amor de su esposo.
¿Vos no lo querés?
Aprendería a quererlo.
¿Vos soñabas con otra cosa?
No lo merecé.
Ah, yo mientras tanto me divierto.
Y sigo esperando a mi príncipe.
Este no viene a los pueblos.
No.
Los muchachos de aquí que tienen buena cara se van a Buenos Aires.
Los muchachos de aquí.
Mirá, ahí van dos.
Mirá, ahí va Julio.
Hola.
¿Qué tal?
Puso los ojos en blanco para saludarte.
Buen día.
Es feo, pero simpático.
No tiene barriga, pero es chueco.
¿Qué va a hacer?
Ese gordito que va a ir con él es el primo.
Pares.
Paresito.
A ese no lo quiere nadie.
Es más honto.
Pero puede ser bueno.
¿Y mi panela?
Las mujeres tampoco somos unas nombreras.
Ese no es.
Usted casaría con una persona así.
Por lástima o por aburrimiento.
Por lástima, no.
Entonces, por lo otro.
¿Por eso te vas a casar?
No lo sé.
Bueno.
¿Pero es una buena farmacéutica?
Diga.
Es nadie de pomada.
Tiene tíldoras para el hígado.
Las cosas que pasan en este pueblo, señor.
¿Qué pasó?
Vamos, que los vestidos de la fiesta...
Encantado de verla, señora.
María Cristina, qué bien se ve.
¿Dón Francisco?
¿Cómo va esa guerra?
¿Y yo no me veo bien?
Usted también.
Pero claro, yo me fijé primero en María Cristina.
Sí, ya sé.
Si no me voy a casar con usted.
Pero la culpa es suya, ¿eh?
Porque si quiere nos casamos... y dejamos plantada María Cristina.
No, yo no.
Usted sabe, yo... El señor Serrano es muy educado.
Sí, es tan educado... que sería capaz de casarse con nosotros.
Pura educación.
Mocosa loca.
Bueno, me iré de extremo a extremo.
¿Te pides?
Me caso con vos.
¿Qué?
Perdón.
Nada.
Diga, don Vena, ¿tiene cambio de un peso?
¿Cómo no?
Un peso.
¿Se rompió?
Toma.
Gracias.
Con permiso.
¿Y el peso?
¿Qué peso?
Yo no le dije que me cambiara.
Yo le pregunté lo más si tenía cambio.
Déjalo que se divierta ahora, qué joven, pobrecito.
Usted ya no se divierte, don Vena.
¿Cómo no?
Ya vas a ver.
Ahora bailamos los dos.
Tengo que aprovecharlo mientras te estés solterita.
Ese baile me pertenece.
Gracias, María Cristina.
Con permiso.
No quiera tanto permiso, hombre.
Y ya es casi suya.
Otra vez.
¿Qué?
¿Sabes pangear?
¿Hacer la prueba?
¡Gula!
¡Con corte enojo, Ancarlo!
¿Está contento?
Me parece casi imposible, María Cristina.
Yo, mayor que usted, un poco... Oh, me ofende cuando hablas así.
Me hace pensar si usted cree que yo me caso por alguna otra razón.
Oh, no.
Eso no, porque no es así, ¿no?
No es así.
Con permiso.
Es que el comité quisiera que usted cantara.
No, no.
Tengo que atender el fíosco.
No debería ni siquiera estar bailando.
Hoy he venido a trabajar.
Cánteme, María Cristina.
Voy a cantar su esfuerzo a venarse.
Le pasaron los tiempos en que cantaba en cada fiesta.
¿No le parece?
Ya cantaría alguna vez en casa para usted.
¿Para mí?
María Cristina... Yo no sé... Quisiera decirle... Nunca se lo digo bien.
Todos... Todos soñamos con un ser ideal.
Ese ser que nos parece imposible de encontrar.
Esa belleza... Y esa atracción que nos arrebatan.
Ese ser... Que se nos presenta una vez en la vida.
Es usted, María Cristina.
Coma algo, María Cristina.
Si no, yo no me atrevo a comer nada.
Pues de casualidad... Me los comí todos.
Perdónenme.
Tenés que cantar.
Te lo pide el comité.
Te van a anunciar lo mismo.
Por favor, no me parece el mejor momento.
Me voy a casar mañana.
Bueno, no seas poblerina.
Bien, cantaré.
Venid.
Esperemos.
Gracias.
Gracias.
Torres, por favor.
La señorita María Cristina Trumpos nos va a deleitar con una canción.
Su última canción de portera.
Es la mejor voz del pueblo.
En Buenos Aires triunfaría.
Es mi novia.
Mañana nos casamos.
Perdón, señor.
Mi nombre es Venancio Serrano.
Mucho gusto.
Es la...
Llegará Ya lo sé Llegarás A mi lado una vez Llegarás Y de
su Una vez Nada más
Amor, amor Amor, amor
Dios, adiós, adiós, adiós Cuando te alejes De aquí Mas no jamás Mejor soñar de
Tu dulce mentira Amor, amor, amor Llegarás Y después
El amor Es así
Pero igual Una vez
Amor, amor, amor, amor Cuando te acerques a mí Adiós, adiós, adiós, adiós Cuando te
alejes De aquí Mas no jamás Mejor soñar De decirle al
Amor, amor
No, no, ese baile me pertenece.
Estaba prometido.
Baile con él.
Lo conocí hace un momento.
Baile.
Baile.
Gracias por haber cantado.
Sé que cantó para mí.
No sea vanidoso.
No sea tímido.
¿Quién es usted?
Mejor bailar.
Baile nomás.
¿Quién es usted, por favor?
Me llamo Leonardo.
Leonardo.
Eso basta, ¿no es cierto?
No sabría qué más decirle.
Prefiero escucharlo.
Yo no pregunto nada.
¿De dónde viene?
Yo no lo sé.
De no sé dónde.
Y voy a cualquier parte.
¿Te lo haría la pena?
Una vez en la vida.
¿Usted?
No hable.
Una vez en la vida.
Le pará Y después
Una vez Nada más Una vez En la vida Vendrá ¿Qué pasa?
¿Qué te ocurre?
¿Por qué?
¿Qué?
¿Pero que usted puede salvarme?
Escúchenlo, por favor.
Traten de avisar que mi vida está en peligro.
A Franco Silone.
En Buenos Aires.
Dígale que se trata de Leonardo.
Vamos.
Por favor, no se olvide.
Pasaje Morel 27.
El 27.
Hoy yo lo tengo.
Lotería.
Mire María Cristina.
La plata es la mala plata.
Qué suerte.
Mi 10 centavos.
Hoy nos va a arruinar.
Mamá, préstame 5 centavos.
No me pagué.
Eso no, las deudas de juego son sagradas.
Y en el club siguen siendo sagradas, pero no las pagan.
Acá todo hay.
Son venas.
Me dicen el juego.
Qué más feliz puede ser.
Muy feliz.
María Cristina, vení a jugar.
No, déjenme aquí mamá.
Déjela señora, a usted toca.
Yo también estoy tan nervioso.
Anoche, miré estas vueltas en la cama.
Que me caí.
Cantá pronto que tenemos que ganarle al amigo Serrano.
Antes de las 10.
No, es que tiene que ir a las últimas noticias de la guerra.
Y ponerle el visto bueno a los comunicados.
No dos pasitos.
María Cristina.
Juan Carlos.
¿Quién era el hombre de quien bailaste?
Un señor sería.
El 61.
¿Bailaste con alguien?
Sí mamá, bailé.
No sé quién era.
Venancio sabe.
Me invitó.
No pude nadarme.
Claro, un amigo mío.
No tiene nada de particular.
¿Cómo se llama?
No sé.
Lo conocí ahí mismo.
No me dijo su nombre.
14.
16.
86.
Vale al colegio.
De modo que no sabe quién es y la deja bailar.
Yo estaba bailando con Isabelita.
Había que divertirse señora.
Último día al fin.
Últimas horas de libertad.
23.
No te apurés que no llego.
9.
14.
11.
No.
85.
16.
17.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
¿Nos iremos a acostar?
Porque la visita se quiere ir.
Qué me duele.
Es tarde.
Juguemos la última.
Bueno, la última.
Yo voy.
María Cristina, vení a jugar.
Y la última lotería.
Hoy hay que acostarse temprano.
Naturalmente.
No le quiero.
33.
34.
35.
36.
40.
40.
40.
40.
40.
40.
40.
Tuviste miedo, Leonardo.
Que quisiste dejarnos.
Hablemos primero.
Hablarás allá.
Vamos caminando.
¿Y mi balija?
Acá está.
55.
81.
Pasa para mí.
Realmente, un peso y diez gané.
¿Cómo no?
¡Vamos, Carlos!
Bueno, creo que debo retirarme.
Me aburo.
Imagino que quiera hablar con María Cristina.
Hasta mañana, que descanse.
Acompañadla hasta la puerta.
Buenas noches, señora Josefa.
Buenas, don Francisco.
Le traigo un boli a María Cristina y se las comí usted.
Quedan cuatro.
María Cristina.
No me echo todavía.
Estamos solos, María Cristina.
Pero siempre lo estamos cuando ya me voy a ir.
Vamos, Denancio.
Vamos.
Es tarde, Denancio.
Mañana... Sí.
Tienes razón.
Vamos a estar juntos tantos años.
No tengas miedo.
Yo la protegeré.
Junto a mí tendrá calma.
Tienes iguales.
Una vida pasible.
María Cristina.
Yo la de feliz.
Estés segura.
No sé del tipo ideal.
Tal vez un poco vulgar.
Pero soy un buen hombre.
¿Qué pasa?
No sé nada.
Perdónme.
Son mis nervios.
Cualquier cosa me asusta.
Yo tengo la culpa, Denancio.
Soy un poco impulsivo.
No, Denancio.
Váyanse.
María Cristina.
¿Qué?
Déme un beso.
Piense que mañana va a ser mi esposa.
Mírenme.
Adiós.
Hasta mañana.
Perdóneme.
No me tengas miedo.
Una vez en la vida.
No se olvide.
Pasaje moral 27.
Una vez en la vida.
¿Cuál es esto, señorita?
No tengo.
¿A dónde vas?
A Buenos Aires.
Son 14.40.
Lo he ido sola.
¿Vas a volver?
No.
Son 14.40.
¿13?
¿14?
Con 40.
Con 40.
¿No hay de qué?
Gracias.
Espera de garaje.
Bien.
Reunión extraordinaria.
Reunión extraordinaria.
Reunión extraordinaria.
¿Qué quieres?
Vos casi no están cocidones.
Vaya a pastirar a otro lado.
El Tano Silone no está.
¿Para qué lo quieres?
Es muy importante.
Tengo que darle enseguida.
Hace dos noches que no duermo y ahora me viene usted.
El Tano no está.
¿A dónde está el Tano?
Ese coso con su lío de mujeres.
Vaya al boliche del Polaco.
¿Dónde quiero?
Lejos.
Bueno, y a mí que...
Trata de Leonardo.
¿Leonardo?
Sí, en peligro.
Espera, espera.
Más o menos.
Punto al parroquiano Tan viejo y tan ciego Al ir destrentando Su eterna canción Pones
en las almas Recuerdos añecos Un poco de pena Creo que sí, ándame.
Dejále la mesa a la señorita.
¡Andate!
¡Vamos!
Siéntese.
Esté llamé así.
Enseguida vuelvo.
Ni abren los neices dulcios Un sello misterioso Ni abren las almas simples Un
poco de emoción El día Que se apague La voz de tu instrumento Cuando dejes tus
huesos Debajo de un portal Los curdas jubilados Sin falso felicimiento Con una
canzoneta Se harán el funeral Pareces un verso del viejo
carriego Pareces el alma Del mismo violín Tan viejo y tan ciego
¿Usted sabe dónde está Leonardo?
No.
Ha sido una verdadera suerte.
Y se lo bebemos a estos dos compañeros.
Y ahora hay que decidir.
Aunque sea doloroso.
¿Qué os diría?
Hágalo venir y terminemos pronto.
Que suba.
Lo quieren oír.
¿Sabes dónde está Leonardo?
¿Está bien así?
Vamos.
No perdamos tiempo.
Leonardo... su vida está en peligro.
Está en peligro.
Él mismo me lo dijo.
Confiábanos en usted.
Seguro que te lo salvarían.
Qué rico tipo.
Se acuerda de uno cuando la papa quema.
Usted es su última conquista.
Y déjelo.
Hay tantos hombres guapos en el mundo.
Es rengo.
Si usted no hace nada, yo misma me daría a la policía.
Chetano, terminá la de una vez.
Yo no puedo hacer nada.
¿Y qué hago?
Y será mejor no meter a la policía en todo esto.
Ve a la madame Rachel.
¡Claro!
¡La madame Rachel!
Yo la llevo.
¡Hace lo que quiera!
¡Venga, familia!
¡Venga!
¿Quién es?
Es una gran señora.
Allá va solamente la gente distinguida.
No como esta.
Está durmiendo.
¿Durmiendo?
A esta hora la ciencia levanta.
Es muy buena.
¡Mucho Leonardo!
Todo no quiere.
¿Quién es ese hombre?
Ah, es un castellano.
Ayúdame.
¿Qué podemos hacer, señora?
Leonardo no es hombre para usted.
Leonardo.
Vamos.
¡Vive nuestro mundo!
No importa.
Tengo que llegar a caer.
Es un destino que ha creído que nos encontráramos.
Ayúdame, señora.
El suyo es un caso perdido.
No, no me quiero a él.
Si no a usted.
Con respecto a él.
Vamos.
Hola, señora.
¿Qué gusto?
¿Hay curiosos?
No, señora.
Escucho.
¿Hay canción?
Sí, señora.
¿Tienen ahí a Leonardo?
Ya le he dicho que sí.
No moleste, señora.
Óyame bien.
Necesito su ayuda.
¿Sigue con la idea de la chapeza?
Naturalmente.
¿Y cuánto necesita?
¿Tanto?
Bueno.
Bueno, volveré a llamarlo.
Hola.
¿Quién llamaba?
Echivocado.
Una vieja medio solo.
Hay que proceder antes de las cinco de la madrugada.
Lo sé.
¿De qué se trata?
De cinco mil pesos.
¿Qué?
Cinco mil pesos.
Eso sí.
¿Y por qué?
Eso no puede ser un gran problema para una muchacha interesante como usted.
¿Qué me asombró?
Una mujer enamorada que no quiere salvar a su hombre.
No te ofrenda, hija mía.
¿Quién le contara las cosas que he hecho yo por un hombre?
Señora, denme un consejo.
Pero no es... Ese anillo, el sino... es de mi madre.
Pobrecita.
No vale tanto como lo que necesito.
¿Le puedo dar 500 pesos?
No, no.
¡Pues ahora tú!
¡Vule a las manos!
¡Con la revolución!
Es mujer, ¿no sé?
Ahí al lado puedes con la revolución.
Puedes verte.
Se me ama que sí.
Se sale.
Todo sea por el hombre a quien quiera.
Nunca hice nada bueno.
Pero jamás me gustó Stan Ray.
No sé por qué me metí en él.
No sé.
Vivir asustado al servicio de qué sé yo qué figurones perdidos en el mapa.
A los que no conozco ni me interesan.
Todos estamos envueltos en esta aventura.
No puede ser el ideal de nadie.
Estamos envenenados en toda esta inundicia.
Y tenemos miedo.
Por eso quizás van a suprimirme.
Pero también morirán ustedes como perros cuando venga un comofuertre.
¡Stan Ray!
Tu suerte está echada.
¿Cómo más?
¡Colorado el 5!
Perdón, pero se le cayó una ficha.
Juegela.
¿Por qué no?
¡Negro el 11!
No viene, eh.
¡Ve!
Me va
a dejar agarrar los matios.
No abuse de la suerte.
Tengo que.
..
¡Negro el 11!
¡Vaya!
Le dio la suerte.
¡Mentra pleno!
No lo juegue tanto.
Perdón, es mucho.
¡Comer!
¡Negro el quince!
¿Has visto?
¡Señores!
¡Última jugada de la noche!
¡Ahora sí!
¡Que no hago nada!
¡Muy buena suerte de todas maneras!
Comenzó con un peso y tiene como mil.
Necesito cinco mil.
¡Corónelo entonces!
¡Señores!
¡Última jugada!
¡La policía!
¡Cállese, señora!
No es la espera de recibo, precisamente.
Se restamos en mi casa.
Venga, tranquilízate.
Laura, ¿cómo voy a hacer?
¿No comprendo?
Tiene poquito cinco mil pesos.
¿Cinco mil pesos?
Se trata de la vida de una mujer.
¡Qué raro!
¡Qué interesante!
¡Venga!
Como en las novelas.
¿No creéis que aún suceden cosas así?
Ese dinero que dejé, señor... Delo por perdido.
Estos sustos ocurren a menudo.
Lo sé.
Somos simplemente vecinos, pero me hacen pagar cara la vecindad.
¡Gracias!
¡Señor!
¡Ah!
Era usted.
Idiota.
Nadie te ha llamado.
Buenas noches.
Error.
Demasiada luz.
Así está mejor.
No se preocupe.
Es que tengo que conseguirlo enseguida.
¡Qué escapada!
Necesitamos un trago para tranchar los nervios.
¿Qué prefiere?
¿Micky?
Es bueno para el frío.
Tengo que ir.
¿A dónde va?
No puedo quedarme en el brazo cruzado.
¿A dónde voy, señor?
¡Esperen!
Usted necesita cinco mil pesos.
¿No es así?
Entonces, gánenelo.
Venga, venga.
Dice eso.
Dice eso.
Aquí hay cinco mil pesos.
Si usted gana, se lo lleva.
Y si pierde...
Yo te doy preresa.
Detengamos el tiempo.
Podemos retomar.
A mí también los relojes de que estamos nervios.
Me recuerdan que me estoy poniendo viejo.
Por eso mato el tiempo jugando.
¿Juramos?
Por favor.
Estoy buena compañía, ¿verdad?
No, no, no es eso.
¿No te cargas los nervios de la música?
A ver.
Si vas por este amor vencida De que otro suena la distancia Tenés
la lucha del dolor sentenciado Y entre los juegos van mis altías Quisiera ahogar esta
pasión Tender mis alas y partir Pero me grita el corazón Una sola vez se vive Una
sola vez se ama Y no hay gloria más sublime que sufrir
Cuando ese amor muere Otro al alma no regresa Porque esta pasión no pesa una
sola vez Y adiós, perdóname, señor, y olvido.
En estos lados otros ruego, lo supe de este amor
dormido, que yo acudé en mis propios sueños.
Pero hoy que enamorada vivo, por este amor todo lo juego.
Que no se vente a una pasión cuando es
ardiente la ansiedad y así nos dice el corazón.
Una sola vez se vive, una sola vez se ama, y no
hay gloria más sublime que sufrir por un amor.
Pero cuando ese amor muere, otro al alma lo reverecha.
Porque esa pasión no pesa una sola vez en mi labio.
Juguemos.
No es necesario.
Sí, juguemos.
Necesito ganar, como usted dijo.
Bueno, como usted quiera.
¿Bacarán?
¿Sabes?
Creo que sí.
No eres el máximo, ¿verdad?
Sí, las figuras no valen.
Apueste, por favor.
¿Siembra de empezar?
Sí.
Bacarán, buen comienzo.
¿Podemos jugar más?
Como usted quiera.
¿500?
Bien.
¿Quién más?
Lo suficiente.
Yo también.
Demasiado.
¿Me pasé?
Son suyas, ¿verdad?
Suyas.
¿Se acerca la hora?
Sí, la hora.
¡Falta poco!
Sí, falta poco.
Decidles que abreden las partes.
Ojalá no seas vos quien deba liquidarnos.
Vamos.
Van a sentenciar y asombear.
¿Y cómo?
A las cartas.
Yo tengo aquí 400 pesos.
¿Qué tengo?
Yo tengo mil.
Contéte con los suyos y nos jugamos el todo por el todo.
Si gano, tengo que irme a seguir.
Bien.
¿Y usted esta vez?
¿Quiere cartas?
Sí.
Yo también.
No debí pedir.
La codicia rompe el traco.
Bueno, ya gano lo que quería.
¿Dónde encontraría Madame Bachelet?
Abajo.
Ya te haré de vuelta.
Estas cosas se ocurren a menudo.
Gracias.
Te confieso.
Le tenía miedo.
Pero ahora siento una impinta simpatía hacia usted.
Gracias.
No lo olvidaré.
Yo tampoco.
Porque yo...
Yo digo los recuerdos.
Hable pronto, por favor.
¿Y el dinero?
Lo tengo.
Se estaba agarrando cuando vino la policía, ¿no?
Sí, no lo suficiente.
¿Y se abrió el dinero?
Sí.
¿Y ahora tiene los cinco mil?
Sí.
Hable, por favor.
¿Y dónde estuvo hasta ahora?
Arriba, como reino.
¿No se lo dije, mi hijita?
Todo sea por el hombre a quien amamos.
No, usted no comprende, señora.
Y después los desprecian.
Bendito Leonardo que es fuerte.
Yo haría lo mismo.
Si me miraste, como la debe mirar, ¿eh?
Hable, por favor.
No, esos hombres... son sonsos y son malos.
Uno cospe a la vista del otro.
Qué tarde.
¿Y nosotras?
Pobresitas mujeres.
Indefensas.
¡Misalvé!
Nos van eliminando.
Yo fui el segundo.
¿Cuál fue la sentencia?
Ahí está la eje.
¿Va?
¿Qué?
No.
No.
Otra vez esa vieja.
¿Quién era?
Equivocado.
Me hacía falta.
Perdiste más.
¿No hay otra?
Conformate con el gusto.
Fue conmigo.
Fui cansado de ser solitario.
¿Quién?
El parte de la dama de las cien.
¿Viene de un hombre?
No.
¿La Joeso?
Sí, aquí está.
Páselo por debajo de la puerta.
¿Quién?
¿Por qué no abre?
No.
Desfígase.
Es de la única manera.
¿Quién te pago?
No.
Está fuera de mitad.
Andate.
Delante me tenés que enmarrar.
No tengo tiempo para tanto.
Andando.
Rápido.
¿Dónde?
A Retiro Central.
Hay un tren a las seis.
¿Quién pagó?
¿Usted?
Rápido, rápido.
Ahora no me expliques nada.
Sí,
sí.
Primera con campo.
Dos.
Y da solo.
Fíjame.
¿Usted le pagó a ligusto?
Sí.
¿Cuánto?
Cinco mil pesos.
¿Cinco mil pesos?
¿Por mí?
Me estoy poniendo caro.
¿Pero quién ha dio el dinero?
¿Dona?
Nada.
No tiene importancia.
Ya pasó.
Raro.
¿Usted pagando por mí?
Tu vida.
¿Puma?
¿No le molesta?
No sé.
No la comparto.
¿Por qué lo hizo?
Ya le dije.
Que trataba de salvar Julio.
Sí, sí.
¿Pero qué más?
Falta algo.
Usted me lo pidió ayer en contacto.
Ah, sí.
Qué lejos me parece todo eso.
¿Lejos?
Que lo recuerdo todo tan bien.
¿Ve?
¿No le decía yo que faltaba algo?
Ahora comprendo.
Perdón.
Han pasado tantas cosas desde que la conocí.
¿Quién lo hubiera dicho?
Usted salvándome.
Sí.
Salvándome yo misma de lo que yo iba a hacer.
Usted se lo salvó hoy.
¿Es así?
Sí.
Alcancia Julio que su vecino que no era el mío.
Te esperaba usted.
¿A quién?
Usted ha llegado.
Tenía que llegar.
¿Y ahora?
Me dejaron todo.
¿Recuerda lo que le dije?
Esto ocurre una vez en la vida.
Somos jóvenes aún.
Y deseamos la misma cosa.
Me deseaba la misma cosa.
¿No era eso lo que buscaba?
Grándese, por favor.
Por mi.
Ahora lo entiendo menos.
Cinco mil pesos pago por mí.
Cúbrese.
Tienes razón.
Usted creyó que yo era distinto.
Y yo creí que usted era igual a todas.
Esto es ridículo.
Yo aquí comprado y cachateado por una mujer.
Usted que me quiere y que no me quiere.
Y este pobre señor gordo esperándola en el altar.
Cállese, Dios mío.
La compañía, ya lo sé.
Pero todo esto que para usted reino.
Es ridículo.
Para mí es horrible.
Todo destruye mi ilusión.
Vuelva a ser que fue ayer.
Que te conocí ayer en el bar.
Yo no soy el que usted pensaba.
Todos somos grises.
Turbios.
Déjeme decirle como soy yo.
Déjeme pagarle, por favor.
Usted me salvó la vida.
Yo puedo hacer lo mismo por usted.
Hace mucho tiempo que no hago nada bueno.
El hecho es decirle lo que le estoy diciendo.
Pero usted no me ha dicho quién es.
¿Qué haces?
Negocios turbios.
¿Por qué me metí?
No sé.
Una organización espaldas de todas las leyes internacionales.
Averiguando qué sé yo.
No pregunte, por favor.
Ni me digas con qué nombre este nos designa.
Estoy diciendo que tengo el mismísimo diablo por dentro.
Y usted me mira casi con interés.
Con la... De romántica.
Y yo soy fraco.
Yo le recordaré cuando haya que comer y
cuando tengamos que ir para salvar el pellejo.
Usted piensa en su corazón.
Y yo en mi tono.
¿Quieres?
No, señor.
No puede ser así.
No es.
¿Sabe cuál es la verdadera felicidad?
Una buena casa.
Una cama blanda.
Una mesa bien servida.
Todo eso lo fuiste abandonado.
¿Refiere esto?
Cuando pienso en la noche, es lo que aún puedo esperarnos.
Siento escalofríos.
Me seguirán por todas partes.
Usted no debe haber dormido.
Yo tampoco.
Van a ser las ocho y no ha llegado el pan.
Voy a despertar a María Cristina.
Estoy segura que don Benancho va a venir a saludarla.
Cuidado que no se quemen los merengues para que enganche.
Y que no se suma la leche.
¡Se recierno!
¿Hasta cuándo lee, Francisco?
¡Señora!
¡Señora!
¡La torta!
¿Qué importa, señora?
¡La señora!
¡La suemana!
¡Venís!
¡Pase!
¡Dio, señora!
¡La torta!
¡Como usted me la pidió!
¡Espléndida, divina!
¡Francisco, venís!
¡Es blanda!
¡Es una espuma!
¡Es de merengue!
¡Ya sé!
¡Pónganla aquí!
¡Esperaríseme a romper todo, señora!
¡Aquí tiene la mesa!
¡Para!
¡Una mesa!
¡Me nomen a la torta!
¡Pero no veo más barrigos!
Un momento, por favor.
¿Vamos a darle una sorpresa a María Piscina?
¡Venga, venga!
¡No está!
¡Qué bien daba!
¡No podía dormir!
¡Salí!
¡Tontita, estás nerviosa!
¡Mira qué torta!
¡Apurate que ya está el desayuno!
¡Y el señor Serrano seguro que va a venir pronto!
¡Venancio!
¡Vamos, vamos!
Parece que duraste la pesadilla.
Una pesadilla.
¡No demores, eh!
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