All language subtitles for Doménica Montero_S01E33

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Original subtitles

Y es con nadie.

Yo solo te pertenezco a ti.

Solo.

¡Qué

rico

huele a piña!

Qué milagro que te apareces por acá tan temprano.

Pues es que vengo a ver a mi madrina.

¿Cuál madrina?

Bueno, con Domenica.

Ella va a ser mi madrina de primera comunión.

¿Qué crees, Nicolás? Que ya tienes otra hambre. Ah, pues que bien me conocen.

¿No me da algo para calmar mis tripas?

Bueno, entonces sí puedo ver a Domenica.

¿Qué crees, Rosita?

¿No está?

¿Se fue?

Que se le desmaya.

Adiós.

Qué raro.

Como que se fue huyendo, que no.

Será.

Qué suerte, Manzanilla. A ti te gusta que buscamos a Domenica. Y también a

Luis. Y que a ninguno de los dos encontramos.

Así que no es mi culpa que ellos no se enteren de que van a ser mis...

¿Por qué no avisaste que se había ido?

¿Por qué no venía el caso de decirte que se fue a Ciudad de México en vez de

Puebla? Fue a rectificar la apelación para que le devuelvan su dinero.

No, si venía el caso, yo lo hubiera alcanzado allá.

Tampoco es como que se va a ir a ver con Luis Fernando.

Esa relación ya se acabó.

Pero te veo lento, querido.

Tú eres un experto, seductor.

No has recuperado los minutos.

¿Qué te pasa?

¿Qué está pasando aquí?

Buenos días, señora Pilar.

¿Cómo se encuentra?

Sorprendida de tu regreso.

Como todos.

Espero que estés aquí solo para regresarnos el dinero que te llevaste a

la mala.

Nieves. Ay, Nieves.

Me da pena verte así.

Se nota que no dormiste nada por Pedro, ¿verdad?

Y yo que pensé que iba a venir a verte.

Los que trabajamos luego no tenemos tiempo para nada.

Bueno, el que quiere puede, ¿eh? Digo, cinco minutos hacen felices a

cualquiera. Tú me entiendes.

No sé, esa idea que tuvo Pedro de irse a la abandonada a trabajar no me entra en

la cabeza.

Sobre todo porque, pues, necesidades económicas no tiene.

Sí, mira, él es socio de Luis Fernando. Bueno, y si me apuras mucho puede llegar

hasta ser el dueño de la mitad de Espejo de Luna.

Baraje me la más de estadio. Pedro es un Jiménez.

Y si quiere puede luchar por la mitad de la hacienda.

Legalmente, ¿eh?

Digo, falta que quiera. A Pedro no le interesa el dinero.

Diego, una cosa es que no le importe y otra cosa es que puede ayudar a la gente

que quiere.

Empezando por ti.

Ustedes quieren tener hijos, ¿no?

¿Esperas tenerlos así, sin un centavo en los bolsillos y que crezcan igualito que

tú y Pedro?

Pues no, no, no.

Pero pues, si yo le digo todo eso...

Ay, segurito se muera conmigo.

Es que ahí está el truco. Tú no vas a hablar con él, vas a hablar con el

hermano. Porque hasta donde yo tengo entendido, Luis Fernando lo quiera a la

buena.

Precisamente. Solamente le pido un poco de paciencia porque por el momento, por

las cantidades, lo tengo a plazo fijo. Ah, mira.

Era justo lo que me decía Kiara para ocultarme que la habías estafado.

Porque me daba miedo decirte la verdad, mamá.

Pero de verdad no creo que Max esté mintiendo. Todos sabemos que regresó con

dinero. Así es.

De hecho, fui víctima de unos extorsionadores. No sé si habrá

escuchado algo.

Por lo mismo, tuve que hacer varios movimientos administrativos, pero si

usted quiere, para sentirse más tranquila, le puedo firmar un paré.

Sin problema.

De acuerdo.

Le voy a pedir a Andrés que lo redacte.

Y espero que no acabe como aquel acuerdo prenupcial.

Que Doménica evitó que firmaran.

Prométeme que no vas a volver a dudar de mí.

Discúlpame.

Llegó ese tipo a solucionarte la vida y yo sin poder ayudarte.

¿Y tú crees que eso me importaba?

Sé que voy a sonar como un chamaco inmaduro.

Pero el simple hecho de... de pensar que amabas a otro hombre me

volvió loco.

Tienes que aprender a escuchar.

Ni siquiera pensar que tuviste algo que ver con lo del anillo.

Te entiendo.

Y puedo imaginarme la desesperación que sientes al tener que saber qué pasó con

tu bebé.

Y estoy dispuesta a ayudarte.

Ya pedí la lista de los invitados y también de toda la gente que trabajó en

el banquete.

Te lo agradezco.

Lo raro es que el nombre de la persona que compró el anillo no es Max Langer,

sino Aurelio Martel.

No, nunca mencione ese nombre.

Es tan difícil saber que es verdad y que es mentira en Max.

Hay algo que sí me gustaría que me cuentes.

¿Qué pasó con tu bebé?

Si es algo muy doloroso, no hace falta que me digas nada.

Al contrario.

Yo quiero que sepas toda la verdad.

Le agradezco mucho su comprensión. En cuanto tenga listo el documento,

hágamelo llegar para firmarlo.

Aprovechándome un poco de que se está dando cuenta de mis buenas intenciones,

quisiera pedirle un favor.

¿De qué se trata?

Yo sé que para Doménica es muy importante lo que usted tiene por decir.

¿Cree que pueda decirle que yo no soy el monstruo? No, yo no le voy a decir nada

a mi sobrina.

Y si es tu condición para pagarnos, solo me estarías confirmando la clase de

compra que eres.

No, no, no.

Perdóname.

Me malinterpretó.

Mira, yo sé que Doménica tiene dudas. Muchas.

Y no necesariamente a favor de Luis Fernando.

Sí, lo sé.

Pero nosotras no vamos a decidir por ella ni la vamos a presionar.

Yo no voy a vender el corazón de mi sobrina.

Yo la amo.

Con toda mi alma.

Si usted decide no decir nada, lo entenderé.

Bueno, pues yo te aviso cuando tengas que firmar.

Que estés bien.

Perfecto. Con permiso.

Bien, mamá.

Así se trata a ese tipo de gente.

¿Y entonces por qué estabas tan cerca de él cuando yo llegué?

Tenías tu mano en su hombro.

No puedo creer que estuviste en la Ciudad de México el día que atropellaron

a Sofía.

Espero nunca atropellar a nadie.

Solo sé que... no huiría, me quedaría...

A tratar de ayudar, a afrontar las consecuencias, a cual sea.

No entiendo cómo puede dudar de ti.

Por favor, perdóname.

¿Estás segura de que... de que me amas?

Como nunca.

pero podrías repetir al pie del altar.

Amélica Monteo, ¿quieres casarte conmigo?

¿Es en serio, mamá?

Doménica puede salir corriendo tras Max después de todo lo que le hizo. Ah, pero

yo no le puedo poner la mano en el hombro después de que casi se suelte a

llorar por Doménica. No compares ni te hagas la indignada. Quiero una

explicación. Esa es la explicación.

Doménica hizo que Max fuera parte de la familia.

Todos lo llegamos a creer. Y yo sí le creo lo de la extorsión.

Yo sentí lástima por él. No, pues no fue eso lo que yo vi.

Lo mirabas con unos ojos.

Ay, mamá, piensa lo que quiera.

Ya quiero que me expliques lo que... ¿Qué está pasando? ¿Por qué entre esto y

tus burlas de anoche? Ay, ya estás como Nicolasa que no entiende mi humor negro.

No te voy a hacer más bromas, mamá. Y si quieren, dejemos de hablar.

Pues yo cada el primero llevo tres páginas y del otro nada más he leído la

parte de atrás.

No, mamá, así no vas a avanzar.

Oye, si tú quieres tan buena para eso, los lees y luego me los cuentas.

No, así no funciona.

Ándale, pón de a leer.

¿Buenas? Usted es el que plantó a Doménica Montero.

No voy a hablar de eso con usted, señora. Digo, es que no chisme, es

curiosidad.

¿Ven a comer?

Sí, el presidente municipal me citó aquí.

Ah, pues de ser así le traigo un agüita en lo que espera.

Luis Fernando se niega a retirar la demanda contra Martín.

Pero yo no necesito su permiso y tampoco el de San Genís.

Yo fui la que la puse.

Y si él no me ayuda, pues me busco otro abogado y asunto arreglado. Ay, doñita.

Ese pacto que hizo con ese tipo a mí me da miedo.

Era necesario. Pero se puso al mismo nivel de ese tipo.

Y él no es buena persona.

La estafó a usted.

Estafó a la señora Doménica.

Y para mí que Doménica y él ya no van a tener sus que veres. Mira, él a mí ya me

pagó. Y yo estoy segura de que si Martín, Max o como se llame este fulano,

no viera la posibilidad de volver con esa mujer, no me hubiera hecho esa

oferta. Además, Kiara también piensa que Doménica todavía lo quiere.

Y cuando mi hijo vea que Doménica regresa con el otro, me va a llamar, va

a saber.

Y yo entonces lo voy a ayudar con el dinero que ese tipo me pagó y también

con la indemnización, para que ponga aquí su clínica.

Voy a...

Buenas

tardes, mamá.

Y ahí estás tú.

Y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo.

Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo.

Contigo me sonrió.

Se me quitó lo triste.

Cuando te vi me viste.

Y desde entonces te volviste lo mejor. ¿Y qué me pasó?

Y ahí estabas tú.

Y aquí estás.

Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.

Y ahí estabas tú, y eso me salvó. Y ya no pido más, eres

mi luz, mi paz, tu mi más grande amor.

Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo.

Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.

Ahí estabas tú y esto me salvó. Y ya no pido más, eres mi luz, mi

pasto, mi más grande amor.

Y ahora aquí estoy yo, listo para cuidarte siempre y por todo.

Bienvenido. Gracias.

¿Cómo está? Pensé que vendría con su mujer.

No, entendió mal mi socio.

Esta es una comida de negocios.

Quería presentarle al hombre más rico del pueblo.

¿Ese soy yo? Mucho gusto, mucho gusto.

Pásame, por favor, el bebido. Es el dueño de este restaurante.

Y del café internet, de la tienda y de las bodegas de azúcar y café.

Muy bien, pues usted que tiene tantas cosas, ¿no ha pensado en poner un

hotelito decente por acá?

Ah, pues esa es muy buena idea para empezar a hacer negocios con usted.

Sí, también.

Digo... Además de otras muchas opciones que hay, ¿no?

No, no me diga que quiere traer chamacas alegres y coquetas. Digo, para animar el

hotel que vamos a poner.

No lo había pensado, pero si ustedes quieren, pues podríamos gestionarlo,

¿no?

¿Cómo te atreves a traer a esta mujer aquí?

¿No se supone que ya habían terminado? Pues no sé quién te habrá dicho eso,

pero precisamente vinimos hasta acá para darte la noticia de que nos vamos a

casar. Doña Mercedes, si a mí me permite, me gustaría que en algún

momento platicáramos y pudiéramos conocernos un poco más. No, tú no

esperes a que yo me trague el cuento de que lo amas.

Primero, quieres robarle sus tierras.

Luego, echas a perder la cosecha.

Y después te paseas con tu amante.

Déjeme explicarle cómo fueron las cosas. No, no te lo permito. ¿Doménica está

hablando?

Si me diera tan solo una oportunidad.

No.

Señora, escúchela. Tú cállate y vete a la cocina.

Y me voy, pero acuérdese de lo que hablamos.

No pierdas a su hijo.

Lárgate. Está bien. Y ustedes también, lárguense de aquí los dos.

¿Sabes qué, mamá? No hay forma de que nos escuchemos. Señora, yo reconozco que

conocí a su hijo en uno de los peores momentos de mi vida.

Pero gracias a él, gracias al amor que siento por él, siento que renací, que

dejé mi pasado atrás.

No mientas, tu pasado sigue aquí más presente que nunca.

O a ver, dime, ¿por qué pagó tu amante por tu libertad?

Es que no tiene sentido. No nos está escuchando. Vámonos de aquí. Es a mí a

quien tienes que escucharme, hijo.

Y si no lo hace, te olvidarás de que existo.

Muy bien.

Fue tu decisión. No, no, no, no. Mi amor, por favor, lárguense de aquí.

Los dos.

Lárguense.

Vámonos.

Mil disculpas, tenía razón, hubiera venido solo a darle la noticia. A ver,

mi amor.

Tranquilo. Con el tiempo tu mamá se va a dar cuenta de lo mucho que te amo.

Me encantaría ser tan optimista como tú, mi amor, pero mi mamá es muy tajante.

A mi papá lo hizo elegir entre Pedro y ella y está intentando hacer exactamente

lo mismo con nosotros.

Pero es tu mamá.

Sí, pero no, no le da el derecho a decidir sobre mi vida.

¿Cuántas impertinencias más te tengo que aguantar?

Tú tenías que estar de mi lado y no ponerte del lado de ellos.

Perdóneme, señora.

Y aunque me corra, usted está mal.

¿Qué cree que va a hacer el doctor cuando sepa que usted hizo tratos con

Max o Martino, como se llame, a cambio de que él se quede con la señora

Dominguez? Eso te lo vas a callar. Sí, yo siempre he sido discreta y eso le

consta. ¿Pero qué cree que va a hacer ese estafador cuando se entere?

Que tu hijo se va a casar con la señorita Domenica.

¿En esta, Kiki? Sí, Silvi.

¿Qué vas a comer?

Ay, no sé. Algo que esté ligerito. Ay, ¿estás a dieta?

Ay.

Aquí les traigo esto para ver qué les servimos, muchachas. Gracias.

Fíjate que a mí también me gustan mucho los libros de Afrodita Ponce.

Yo estoy leyendo este que dice, cuando digan no, es no.

No, yo ya me leí los cuatro, buenísimos. ¿Cuatro? Sí.

¿No sabes cómo me han ayudado, Kiki?

¿A poco?

A mí me gustan los de Rocía Soto.

De ella yo también tengo uno.

El que dice, porque amamos al equivocado.

¿Tú lees, Kiki?

¿En serio?

Ay, claro.

Los leí cuando el fulano ese me dejó plantada en el aeropuerto.

Pues yo sí me voy a leer los dos, porque yo sí estoy decidida a cambiar.

Oye, pero de mientras nos puedes traer agüita fresca por ti.

Oye, Miki.

No me lo vas a creer, pero sí me sentí mal de dejar a tu mamá sola en la casa,

¿eh? Y tienes que ya la invitarás a comer.

Ay, a ver cuánto le durará la soledad a mi mamá.

A ver, ¿no será que estás un poquito como descuidada de tus planes?

Digo, porque si te pregunto por Max, ¿quiere decir que algo sospecha? No.

Llevo muchos años metiéndole en la cabeza que ella quiere más a Doménica

que a mí.

Estoy segura que si se entera de todo lo que ha hecho, va a buscar una manera de

protegerme. ¡Es un monstruo!

No.

Yo soy la niña que dejó a un lado por la dulce Doménica.

Y esa amiga lo justifica todo.

¿Se puede?

Sí, claro, siéntate.

Vine para tu clase.

Y también para mostrarte esto.

¡Ay, no!

Es el libro que te regalé hace años.

En la celebración de la graduación de Doménica.

Y mira la dedicatoria que me hiciste.

Querido Andrés, yo no soy buena para la poesía, pero tú me has hecho entenderla.

Y si un día de tu ocupada vida quisieras, me gustaría escuchar estas

palabras de tu voz.

Con cariño, Pilar.

Nunca sería ese día, pero puede ser hoy.

Y así celebramos que de tanto dar vueltas alrededor de Doménica, tú y yo

por fin nos encontramos.

¿Qué pasa?

¿Te arrepentiste de lo que pasó ayer? Ay, no, claro que no.

Jamás.

Ayer tú despertaste otra vez en mí.

A la mujer que soy.

Y eso no lo voy a dejar nunca.

Solo estoy preocupada por Kiara.

Cuéntame.

Y lo que sea, juntos lo solucionamos.

¿Sí?

Ay, mi Kiki. ¿Me querrás que extraño a mi Pedrito Rancherito? ¿O que no?

Ay, no, amiga.

No sé cómo te fijas en ese idiota.

Prefirió irse a la hacienda de mi prima para seguir oliendo a caca.

Caca y sus gustos, ¿no?

Digo, y en una de esas tú y yo nos volvemos con cuña. Ay, no, olvídate de

eso.

Sí, ¿qué piensas? ¿Que es mucho la diferencia de edad?

Amiga, en lo mental estás un poco lenta.

Pero él por orgullo no quiso reclamar lo que le corresponde al espejo de Luna.

Bueno, ¿y qué? ¿Tú no podrías convencer a Luis Fernando de que, pues, le dé lo

que le corresponde?

Sí, todo es un momento.

Si es que te lo liga.

En eso estoy trabajando.

Ay, no, pero me tienes que decir exactamente qué tienes en mente, ¿eh? No

puedes hacer nada en el espaldo de Silvi.

A ver, para empezar, pues, obviamente ya estoy manipulando a Nieves, ¿no? Y

entonces ella le va a decir a Luis Fernando que le dé lo justo a Pedrito. Y

Pedrito se va a hartar.

Y entonces ahí entro yo, a consolarlo.

Así como tú y yo sabemos.

¿Me gusta el tren?

¿O qué no?

Es que me duela tanto su sarcasmo de anoche.

Es que realmente estoy preocupada por su cercanía con Max.

Nunquiera no tiene ningún derecho a burlarse de ti. Eso ni se lo

justifiques.

No quisiera angustiarte, pero ayer Ernesto me comentó lo mismo.

Que vio actitudes en Kiara que lo tiran muy intranquilo.

¿Es algo sobre Max?

No, es sobre su personalidad.

Cuando me comentó lo ocurrido, pensé que me estaba hablando de otra persona.

A ver, lo que sea que haya dicho o hecho, mi hija, quiero saberlo.

Bueno, como sabes, Kiara rechazó a Ernesto.

Y él acató cabalmente que lo viera como un hermano.

Cosa que lamentó.

Lo sé, pero en cuanto Kiara vio que Ernesto estaba interesado en otra,

ella la buscó para humillarla, sin ninguna razón.

Mira, yo sé que mi hija puede ser muy hiriente y sí, sí, sí, a veces es muy

egoísta, pero no es por justificarla. Pero todo esto a ella se le acrecentó

cuando su novio Jack la abandonó.

Perdóname que te lo diga, pero lo que pasó de Ménica con Más...

Fue mucho más humillante.

Y el mal humor le duró poco tiempo.

Bueno, es que Kiara no es tan fuerte como ella.

Pero sí creo que ya va siendo momento de que tome esa terapia que le han

recomendado todos.

¿No? Bueno, deja que yo busque un buen especialista, ¿eh?

Para que empiece de una vez con sus terapias a distancia. Sí, sí.

Ahora yo tengo que buscar cómo planteárselo para que no explote.

No, Kiara lo va a entender.

Y la vamos a apoyar en todo.

Sí. ¿Te sientes mejor?

¿Quieres ir a comer?

Claro que quiero ir a comer. Y contigo siempre me siento mejor.

Vamos.

Voy por mi bolsa.

¿Cómo que no encontrás al doctor Luis Fernando?

¿Que no le avisa dónde jala por si surge una emergencia?

¿A ti qué te importa, eh, chamaca chismosa?

Bueno, a ver.

¿Para qué te urge ver a mi patrón? Pues es que Pedro anda bien raro conmigo.

Y hasta se regresó a trabajar a la abandonada.

Es algo, me dijo Luis Hernando, pero... Si la verdad no se paqueja la payasa y

aquí es hasta socio.

¿Socio y hasta patrón?

Porque mi Pedrito es hermano del dueño.

Y además me dijeron que Pedro puede hasta pelear parte del Espejo de Luna

como hijo del señor Jiménez.

Nieve, sigues con tu cuento de que me creo patrón.

Ese es el problema.

Que a ti lo único que te importa es el dinero.

No, no, no, Pedro, espérate.

Estás entendiendo mal mis razones.

¿Qué hago, Prudencio?

Ay, chamaca, mencia, córrele y alcánzalo. No te voy a echar la cruz

como a mí. Y ahora sí lo pierdes para siempre. ¡Voy, dale!

Pedro, espérate.

Espérate que te explique.

Yo lo tengo todo muy claro, Nieves. A ti lo único que te importa es el dinero.

Y ya me lo había dicho Adelaida, pero yo no le quise creer.

¿Entonces fue esa la que te metió en la cabezota que mis intenciones no son

buenas? Porque sí lo son, fíjate.

Pues me preocupo por tu futuro.

Y de nuestros hijos.

Ahora hasta hijos me quieres colgar, Nieves.

Yo voy muy lento y tú vas muy rápido.

Mejor aquí la dejamos.

No, Pedro, espérate.

¿Y ves?

¿Qué pasó?

¿Cómo te atreves a decirle a Pedro que soy una interesada y que solo me

interesa su dinero?

Ay, no sé. Yo la próxima vez que vea a Sebastián le voy a pedir que me dé unos

anillos de diamante, unos aretes.

¿Y no que no lo ibas a volver a ver? Que lo dejaste muy bien pagado.

Bueno. Sí.

No, bueno, tu mamá te está haciendo caso, ¿eh? Pronto te va a dar un

padrastro.

Oye, ¿y don Andrés?

No está nada mal, ¿eh? Aparte tiene dinero.

Ni lo digas. Él tiene dinero, pero no me daría un centavo.

Es otro que adora a su hijita Doménica.

Bueno, por eso no anduviste con Ernesto. No, no anduve con Ernesto porque es un

teto. Pero gracias a Dios, una secretaria me lo está quitando de

encima. Algo que tú no pudiste hacer.

¿Cómo? ¿Neto ya anda con alguien?

Ay, no.

Amiga, es que de veras tú ya estás perdiendo tu potencial, ¿eh?

Últimamente andas como muy olvidable.

Eso no va a funcionar.

Aunque Ernesto diga lo contrario, él solo me quiere olvidar.

Luis Fernando.

Supongo que todo bien.

Mejor que nunca.

Aclaramos todo entre nosotros, nos reconciliamos.

Y vamos a casarnos.

¿No piensas decirme nada, Ernesto?

Bueno, es que me... me toma por sorpresa. Pero lo único que yo quiero es

que estés feliz.

Lo estoy.

Como nunca.

Por favor, y a partir de ahora, que se acaben los problemas.

Dedíquense a ustedes y olvídense de los demás.

Estamos decididos a eso.

Si yo veo feliz a Dome, estaré agradecido siempre.

Pero si fallas otra vez...

Yo la voy a respaldar. No te preocupes.

Eso no va a pasar.

Bueno, pues, vamos con el juez.

Vamos. Sí.

Suerte, mi amor.

Sí.

Ay, muchas gracias.

Gracias.

Ay, mamá.

Yo mortificándome porque te dejé sola por la invitación de Silvio.

Ah, bueno, no te preocupes.

Tú tienes a tu amiga Silvia, yo tengo a Andrés. Sí.

¿Cómo que tienes a Andrés? ¿A qué te refieres?

Significa que tu mamá y yo descubrimos que nos queremos.

Ay, qué bonito. Me encanta cuando el amor llega así, sin avisar. Se ven muy

bien juntos.

Te veo afuera.

Guau, mamá, gracias por la confianza, ¿eh?

No me contaste nada.

¿Y tú?

¿Tantos años de conocernos y no dijiste nada?

Porque no creo que esto surgió de la noche a la mañana, ¿verdad?

¿Qué hará? Deja que haga su verde.

Sí, pero de cualquier manera se tenía que enterar.

Sí, ya sé, pero me preocupa porque te dije que la noto inestable y... Pues no

sé, me preocupa que lo tome a mal.

¿Cómo son las cosas, no, Kiki?

Digo, ¿tú que no querías que el padrino de Doménica fuera tu padrón?

¿Qué le pasa a mi mamá?

Ay, pues yo la veo muy feliz, ¿eh?

¿Y sabes qué? Estuve pensando que yo creo que ya deberías empezar a trabajar.

Digo, para independizarte.

Aunque, pues ya sé que eso a ti no se te da.

¿Prefieres, pues, aguantar a don Andrés? Ya cállate, babosa. No, babosa tú. ¿Por

qué no trabajas tú?

Buenas, buenas, señoritas.

Bueno, de buenas no tienen nada.

Ya sabes, está de malitas.

A ver si tú la pones de mejor humor, ¿eh?

Bueno, los dejo para que platiquen de sus cositas.

Ella sabe que... Ay, sí, sí, Luis sabe todo.

No sabes del alivio que me da.

¿Y qué tal te caería otro tipo de alivio?

Dicen que los besos bien dados lo dejan a uno sedita, sedita, sedita.

Me saludas a tu esposa.

Doñita, ¿se le ofrece algo?

Max sigue sin contestarme.

Pues ya mejor déjele un recado para que se reporte cuando pueda. ¿Cómo crees? Yo

no quiero dejar ninguna prueba de mi trato con ese sinvergüenza.

Si no quiere que su hijo la descubra es porque sí le interesa en contentarse con

él. Y es de fácil.

Nomás tiene que aceptar a la mujer que él escogió como su esposa.

Porque si lo pone a decidir entre ella y usted como le hizo con su esposo cuando

lo de Pedro, pues ya ve lo que pasa.

Eso fue diferente.

Yo no iba a aceptar al hijo de la otra en mi casa. Pero ya ve luego cómo llegó

a querer a Pedro.

Lo mismo puede pasar si le da una oportunidad a la señora Doménica.

¿Qué? ¿No se muere de ganas de tener nietos? Sí, pero no de esa mujer.

Paula era otra cosa.

Era una mujer buena, valiosa y de veras amaba a mi hijo.

Pero por culpa de Doménica, Luis Fernando ni siquiera le ha guardado

luto.

Como la señora Kiara y su amiga le dijeron que también leyeron esos libros,

mi mamá ya se animó y ahora sí los va a leer.

Me alegra porque tú tenías razón. Tu mamá se siente despreciada por tu papá.

¿Y a ti ya te contó de las veces que lo cachó con otra?

No, no me dio detalles.

Lo que sí es que le recomendé que vaya escribiendo las reacciones que tiene

Gabriel con ella.

Cómo le habla, qué hace, cómo se siente ella cada vez que le agrede, cosas así.

Ojalá que con eso haga conciencia de que mi papá casi nunca la trata como

debería.

Ay, mi niña.

Tú sí fíjate muy bien cómo te trata un galán desde el principio.

Yo tengo las antenas bien puestas. No quiero volver a caer con un macho.

Yo creo que Sanjenís y Ernesto son distintos, aunque tú digas que no.

¿Y con cuál de los dos vas a salir hoy?

Aunque no lo creas, ninguno de los dos me ha buscado.

Ernesto ni siquiera me contesta las llamadas.

Ah, ya te decidiste por él.

No, no sé.

Lo que sí sé es que quiero que él me ayude a hacer un trámite legal que me

encargó mi mamá.

Bueno, por lo menos como abogado ya lo elegiste a él.

Yo estoy segura de que él es lo mejor para ti.

Pues ojalá no se tarde tanto en venir a buscarme.

Doménica tenía otras cosas que hacer. Ya se fue. Y mejor, así te cuento cómo está

la situación.

Entonces no se ratificó la apelación.

Sí, eso va llevando su curso a normal. El problema es que el secretario del

juzgado me contó que el juez Benítez y este juez... Para el cáncer se han

estado viendo con Gilberto León, que hasta se fueron a comer los tres juntos.

¿Eso quiere decir que se están poniendo de acuerdo?

O la de corruptos.

Es lo mismo que yo pienso, papá, pero no tenemos cómo probarlo.

Y esto nos puede costar la fortuna de Doménica.

¿Tanto así?

Me temo que sí.

En cuanto llegue a Santa Teresa tenemos que decidir qué estrategia vamos a

tomar. Porque si lo que dices es cierto, este caso está muy difícil.

Sí, hijo.

Y lo mejor es no decirle nada a Doménica.

Sí. Sí, yo también te quiero.

¿Mac? Yo estoy saliendo de los juzgados. Tengo la información para la demanda

contra Doménica y la apelación.

Sí.

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ningún capítulo.

¿Qué creen?

Ya leí 30 páginas de un libro.

Muy bien, mamá.

Oye, ¿y cuál es tu parte favorita?

Ah, no.

Pues así, en seco no me acuerdo.

Mira, ya llegó el otro.

Lo que no esperabas.

¿Buenas?

¿No me digas que los libros que me pidió Blanquita eran para ti?

Estás muy chavita para ese tipo de broncas. Ay, hija, ya te dije que qué

libros estás leyendo. En esta vida no se debe de leer todo.

¿Yo?

Pásele, licenciado. ¿Qué le ofrezco?

¿Qué decida Blanca? La voy a invitar a cenar.

Digo, por si se te ofrece un abogado.

¿Vieras que sí? Te tomo la palabra.

¿Es por Cosme?

No. Es que mi mamá insiste en poner su casa a mi nombre y necesito una

asesoría.

¡Vieja! ¡Ven!

¡Que vengas, te digo!

¿Qué pasa, Gabriel?

Yo no he hecho nada y María se ha portado bien.

Gabriel. ¿Qué pasa?

Gabriel.

No, no, Gabriel, no, no, no, no. No me vayas a pegar, por favor. No, Gabriel,

no. No, te lo suplico. Yo me he portado bien. No, por favor, no me vayas a

pegar. No, Gabriel, no.

Padrino, no me parece que el Pedro me vea acá, por encima del hombro, como si

fuera la gran cosa.

¿Te aguantas?

¿O qué?

¿Te vas a regresar a casa de tu papá con la cola entre las patas para que se ande

burlando de ti? No, eso no.

Entonces, ¡se calla y hace lo que yo digo!

También quería contarle otra cosa.

Escuché a mi papá y Cosme hablar de negocios con el tal Max.

¿Qué te dije?

Esos canijos andan por la libre. Si fijan, ¿qué pueden hacer negocios sin

mí? Pero yo los voy a poner en cintura. Pues como va, padrino.

Es más, si quieres yo le repito de frente lo que acabo de decirle. No seas

tonto. Si tu papá no puede saber que me estás pasando información, si no ya no

me vas a servir de oreja.

¿Entonces? Pues entonces ves cómo se hacen las cosas como yo las digo. Y

aprendes. Y luego no me andes chillando cuando tu papá ande bailando al son que

yo le toco, ¿estamos?

Se lo merece por traidor.

Si has escuchado eso que después de la vejez viro en la...

Es que me parece ridículo que después de tantos años ahora me digas que quieres a

tres.

Bueno, pensé que te iba a dar gusto por mí.

Tú misma me has dicho muchas veces que rehaga mi vida.

Pero estaba hablando de negocios, mamá.

Ahora me vas a decir que es un negocio, como te dije que necesitaba un padrastro

millonario.

Me sorprende tu reacción.

Espero que esto solo sea un berrinche y no que estás perdiendo otra vez el

control de tus emociones.

Como con lo de Jack.

O cuando descubrí que le habías dado nuestro dinero a Max.

O sea, hija, me preocupas. Porque además yo no sé cómo actuar contigo.

¿Y sabes qué?

Estoy convencida de que tienes que tomar una terapia como me recomendó Andrés.

Ahora resulta que estoy loca, ¿verdad? Porque te lo dijo tu querido.

Porque soy tu mamá y me preocupas.

Pues tantos años dándole preferencia a Domenica.

Ahora resulta que te importo.

No, no, no, no.

Ni en tu hacienda, ni en la mía.

Nos casamos en los linderos.

¿Ah, sí?

Bueno.

Si tú quieres que nos casemos debajo de una piedra, yo contigo me caso donde

quieras tú.

¿Pero no te parece mejor idea que nos casemos en el

encanto?

Tú y yo, solitos.

Tú y yo solos en ese lugar.

Es mi luna de miel soñada.

Ahí fue donde me entregué a ti.

No.

Allí fue donde yo me entregué a ti.

Pero...

¿Cómo me dice que se van a casar hasta ahorita? ¿Por qué no me lo avisó antes?

Me pudo haber mandado un mensaje. Pues, ¿quién te manda no contestar mis

llamadas? Por eso me tuve que regresar de inmediato. Pero el objetivo sigue

siendo el mismo.

Separar a Doménica de Luis Fernando.

Y tú me lo prometiste. ¿Y cómo lo vamos a hacer? Si ella aceptó casarse, ¿por

qué lo ama?

No, eso no puede ser.

O lo separas.

O le cuento a todo el mundo que tu verdadero nombre es Martín González. Y

que eres un estafador.

Hágalo. Sin Doménica a mí no me importa nada.

Si mal no recuerdo, querías asesoría profesional.

¿Te parece que entremos en materia?

Y yo que creía que los abogados eran pesadísimos. Y mira, hasta me gusta

cuando te pones tan formal.

¿Te gustó?

Ay, a ver.

¿Pasa algo?

¿De dónde sacaste este documento?

Me lo dio mi mamá.

Esta no es la escritura de la casa de tu mamá.

Es el título de propiedad original de la hacienda de Doménica Montero.

Gracias, Nicolás.

Vengo a hablar contigo.

Sí, por supuesto. Nada más deja que termine de hablar con Gerardo.

A ver, sin tema. Si quiere, atiéndala y yo lo espero. No, no, no hay ningún

problema. No pasa nada.

No pasa nada.

Permiso.

Hola.

Hola. Hola.

Buenas.

Ay, qué bueno que están todos juntos porque tenemos una magnífica noticia que

decirles. Así es.

Domínica y yo nos vamos a casar.

todo lo que estás haciendo y vente a la abandonada porque me caso.

¿Cómo que se van a casar? Porque tú y el Max me tienen que cumplir. Yo no he

retirado la denuncia, ¿eh? ¿Cómo me dice eso? Si usted me lo prometió. Sí, igual

que tú me prometiste separar a Doménica de mi hijo.

No, pero no me puedes pedir que tenga la verdad en las manos y hacer como si no

hubiera visto nada.

Espero que estés aquí solo para regresarnos el dinero que te llevaste.

¿Cómo puede dudar de ti, perro?

Mamá y yo descubrimos que nos queremos. El objetivo sigue siendo separar a

Doménica de Luis Fernando.

Doménica Montero, lunes a viernes a las 9 por Univision. ¡Más grande, amor!

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