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Zulu
¿Y estos?
¿Y este?
¿Quién es?
¿Por qué le pegan? Por una deuda de juego.
¿Qué vas a pagarle a tú?
¿De cuánto es la deuda?
500 dólares.
Órale.
A mí no me importa quién me la hace, sino quién la paga.
Vámonos. Ahora, pírense.
Sufres porque quieres, imbécil.
¡Acepta! Yo pagaré tus deudas.
Allá estarás muy bien.
Además, yo te haré famoso en México.
¡Caruso!
Te llevaré con el médico.
Recuerda que aquella mujer es tu madre.
¡Y tú!
Eres él.
¡Prefiero la música, Hugo!
¡Quítenme esa cochinada!
¡Prefiero la de los Monkeys!
Carlito, oí algo raro en el coche. Sí, la chafaldrana.
Esa la voy a arreglar yo.
Buenos días, Carmen.
Buenos días, señora. Mandaron el pedido. Sí, este es otro.
Buenos días, señora.
Buenos días, señora. Muy bien. Muy bien, se le mandará su pedido. Gracias.
Ay,
la alegría romano.
Vamos a pedirle su amor.
Vamos.
Me da su autógrafo. Nosotros la queremos.
Hemos visto todas sus películas y cuando la debes a bruja nosotros nos hicimos
novio, ¿verdad?
Ay, cuando le ceda del pajarito que está metida en el agua y te dijeron que
estaba resfriada y no jugaba la virgen.
Ay, Dios mío, de que no se enferma.
Roldán, mi amigo.
¿Por qué te me escondes?
Perdóname, Alegría. Qué gusto nuevamente.
Creo que tengo algo para ti.
Bueno, ya ven.
¿Qué es eso?
Díganme sus pensamientos.
¿Qué líneas?
Todos cánticos.
Por Dios, Rick. Tengo muchos más en el negocio. ¿Ya ves? Puedo darte un
adelanto.
No es aquí donde debo cobrar mis regalías.
Bueno, las liquidaciones tardan mucho.
Nunca viene mal un antitipo. Gracias a mi riesgo. No puedo aceptar limón.
Espera.
No puedes pensar que yo haría eso con un viejo amigo como tú. No es un regalo.
Me lo pagarás cuando cobre, ¿sí?
Estoy seguro que no has vendido un solo disco mío hace mucho tiempo.
Bueno, es cierto que no se venden como antes, pero hay gente que gusta de la
buena música y te recuerda. No debiera,
pero lo necesito tanto.
Con permiso, señorita.
¿Señora Alegría? Sí.
Soy la recomendada del licenciado Ramos. ¿Ya llegó?
No sé, señora. Ah, bueno.
Se presenta usted la modista y... ¿Qué le hace a los uniformes? Y venga a
trabajar la semana próxima.
Está bien, gracias.
¿Los ensayos de teatro, de vestuario, tus giras continuas?
¿Por qué? Claro, porque a ti nunca te ha gustado la ciencia artística, que es mi
vida. No me gusta que me llamen el esposo de la estrella. ¿Y si no estás
contento? Sí, el dibujo.
Pasaron muy...
traiciones te sigo queriendo
¿Sofía? ¿Sofi?
¿Sofi?
Divorcio que nunca aceptaré, pues siempre quise un hogar y un padre para
mí. Un momento, nuestro hijo para el que trabajaré.
Grandes proyectos que se quedan en eso, solo proyectos.
Proyectos que un día te quitarán de ese vedetismo de estrella presuntuosa que te
hace tanto daño.
Si vuelve a ver ese álbum, se lo vuelvo a esconder.
Es malo vivir de los recuerdos.
Eso la pone más triste.
Tienen que volver, Sofía.
Algún día los encontrarán.
¿Qué quieres, Carlitos?
Pues esta, que la deje a Soledad.
Esta, esta tiene su membrete.
Ay, ay, ay.
Soledad es la que yo tengo.
No se peleen, muchachos.
Si me hubieran hecho caso y se hubieran casado entonces, estarían peleando, pero
no estaríamos los tres tan solos.
Ah, pero qué cansada estoy hoy.
Toma.
Buenas noches.
Buenas noches, señora. No estoy para nadie.
Ah, si llama el licenciado. Si llama el licenciado, Ramos, le avisamos.
Le avisamos.
Pague la luz a dormir.
Luces. Ya llega del teatro la estrella.
Cansa de zapatos.
Ya no tuve ese grandulón jugando en el barandal con el niño.
Sucio, descuidado, todo mancha.
Creo que soy su criada. Mire nomás, todo tira. Está maleducando al niño y eso no
lo voy a soportar.
Y es su ropa aquí.
¿Qué haces aquí?
Apague esa luz. ¿Qué quiere que se despierte el niño?
¿Tu lugar?
Podría exigírtelo.
Soy tu marido.
Mira. Pues yo creí que estabas muy satisfecho con tus amigotas. Las busco
porque nunca te he tenido a ti. Que siempre has cuidado tu belleza.
Tu cuerpo. Tu maquillaje.
Tu sueño.
Y yo soy hombre.
Eres... Eres insoportable.
Vete de aquí.
Y cierra esta puerta.
Claro que me largo.
Yo tuve la culpa, lo reconozco.
Un hombre no puede soportar tantos desprecios.
Quizá quiso mucho a nuestro hijo.
O quizá quiso castigarme llevándoselo cuando apenas tenía cinco años.
O quizá fueron las dos cosas.
Yo siempre imaginé que algo había pasado.
Por discreción nunca te pregunté.
No quise decir nada a nadie. Le tuve mucho miedo al escándalo.
Y que Antonio, precisamente por eso, jamás me devolvería al niño.
¿Cuántos años hace que los busca?
Ya es un hombre.
Ya es un hombre.
El esclaviado Ramo trabaja desde hace muchos años en la compañía.
Y últimamente se ha preocupado mucho por mi hijo.
Viajes, detectives especiales, indagaciones en los consulados. Y mira
que agradecida le estoy.
Perdóname que te cuente todas estas cosas, pero son tan pocos los amigos que
me quedan.
Tú venías a contarme algo, ¿sabes qué?
¿Ah, sí?
Pues, ¿sabes una compañía?
De revistas, sale de gira por toda Sudamérica. ¿Y me lleva?
No me diga.
Género antiguo. El de siempre.
Ojalá que haya pueda servirte en algo.
Ojalá.
Venga, muchas gracias.
Muchas, muchas gracias.
Nunca se me desayuna bien.
Señor, abusada con aquello entre abogados, te veas. ¿Pero qué estás
diciendo, Carlitos? Es que es el abogadazo Ramos.
Hazlo pasar.
No me diga que lo encontró.
Señora, buenos días.
No me diga que lo encontró.
Sí, señora.
Venga, siéntese.
Siéntese. Dios mío.
¿Cómo fue? ¿Cómo pudo usted?
No, señora. No ha venido conmigo. Tuvo que quedarse arreglando algunas cosas.
¡Caray! Si supiera usted qué emoción tuvo.
Quería dejarlo tirado todo, pero yo lo convencí de que me dejara venir por
delante. Quería prepararla a usted.
Gracias. Un hijo suyo tenía que ser artista.
Mario es cantante y bueno.
Tiene una espléndida voz.
Pero cambió su apellido por un nombre de teatro. Por eso me fue difícil...
Sofía es mi hijo.
Marito. ¿Cómo es, Ramos?
¿Cómo es?
Dígamelo. Es un magnífico muchacho.
Simpático, agradable.
Canta en un teatro muy importante y con mucho éxito.
Le traje uno de sus programas.
Mis lentes, Sofía.
Mientras pasas la aduana, te esperamos afuera. Está bien, abogado.
Mamá.
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¿Por qué no me buscaste?
Mi padre me dijo que habías muerto.
¿Por qué?
Vamos a casa, que María te espera.
Y también poco a poco irás conociendo a mis clientes.
Quiero presentarte.
Este es Carlitos, mi ayudante general.
A propósito de presentaciones.
Perdona, mamá.
No vengo solo. Me casé.
Mira, déjate sentarte a mi esposa.
Rosalba.
Y Toñito.
Mi hijo.
Qué sorpresa.
¿Y esto qué es?
Es mi esposa.
¿No lo sabía usted?
Guapo.
Gracias, señora.
¿Y tú no vas a darme un beso?
Es tu mamá grande, Toñito.
Déjalo, es lógico, no me conoce.
Vamos todos al coche. Los alcanzo en la casa, voy por mi carro.
Pasen, pasen. Están en su casa.
¿Dónde está esa viejecita preciosa?
Parece mentira que se acuerde después de tantos años.
¡Sofía!
¡Sofía!
Venga para que la abrace.
No.
No. Mi muchachito.
Viejecita chula.
Habíamos preparado tu cuarto para ti solo, pero ahora tendrán uno
matrimonial. Para ti, Toñito, será de tu papá cuando era niño.
Señora... Ah, Rosalba, no te preocupes. Es la casa muy grande. Hay lugar para
todos.
He vivido tan sola aquí que ahora me parece un sueño estar con ustedes.
No quiero más tristezas. No, claro que no. Estoy muy contenta.
¿Te acuerdas?
Me quedé dormido en un sillón esperando que volvieras del teatro. Ah, este.
Viejita.
¿Recuerdas cuando me echabas de la cocina porque te robaba las galletas?
Siempre fuiste muy hambriento, siempre.
Pero Pablo, Pablo, que ya voy a mostrar tu cuarto.
Viejito, ve. Vas ahí.
Qué bonita familia.
Ay, licenciado, perdóneme.
Con la emoción me olvidé de usted.
Perdón, ¿sí? No se preocupe, señora.
Estos son momentos íntimos.
La veré mañana.
Bien, hasta mañana, licenciado.
Ojalá que les guste la casa.
Yo creo que se van a encontrar cómodos en ella a medida que la vayan
conociendo.
A ver si te acuerda.
No podías dormir sin él. ¡Y mi caballo!
En él te retraté cuando tenías cuatro años.
¡Carca arriba!
Calma, jefe.
Señora, ¿no cree que ya debo de ir a preparar la cena?
Vente, apúrate.
¿Qué no puede ser más cariñoso para mi mamá?
A ver ese sombrerito.
Me gusta que seas un muchacho moderno, pero no tan hippie.
Mañana te haré cortar el pelo como muchachito, ¿eh? No sea cosa que te
confundan con una nena.
¿Mamá? ¿Y mi copia de pirata?
Ah, aquí está.
Te tendría que tener pelo. Te hacía ser muerto. Mire, tía.
Mamá, que me entierren en el cofre como un gran capitán pirata.
Ay, cómo no me voy a acordar, señora.
Bueno, eso sí, a ver.
Ustedes tendrán que descansar, ¿verdad? Mañana nos iremos de compra y después
les tengo preparada una linda sorpresa.
¿Eh?
Esto representa una gran inversión.
Sí, es un buen negocio. Pero no te creas que invertí aquí todo lo que gané en mi
carrera. Una y más, bastante más. La verdad, no pensé que fueras tan rica. ¿Y
te importa?
Me impresiona.
Hasta me cohibe un poco.
Yo tengo una buena posición, pero comparado contigo, jamás.
Pues ya puedes irte acostumbrando, porque todo esto será tuyo.
Oh, perdón, digo, de ustedes.
Siempre pensé, si no sería un esfuerzo inútil.
Al no saber si podía dejártelo y ahora estoy tan feliz.
Voy a presentarle a las chicas.
Pascual, ¿dónde están las muchachas? Ahí están todas, señora.
Vengan, vengan.
Van a ver qué monas que son.
¡Ay, los Dominics!
Vengan, son muy graciosos.
Vengan, les va a gustar.
¿A qué hora se harán aquí los bancos?
¿Por qué lo preguntas?
Es que no traigo más que moneda extranjera y quisiera cambiar.
Ah, qué tontera. Ven conmigo que yo te doy todo lo que necesites. De ningún
modo.
Pero qué barbaridad.
Ven a la oficina, hombre. Déjate de cosas raras.
Ay, chiquito, sóplenle.
¿Qué pasó, chef?
Tenemos un buen negocio entre manos, muchachos.
Se trata de Mario Pisano.
Aquí vamos a trabajar por pareja.
Tú risitas con el bonito y tú chafofas con el seso.
Necesito que estén muy cerca de él y de su familia y que vigilen con mucho
cuidado todos sus movimientos.
¡Toño, Toño!
¡Mira lo que te traje!
Todo moderno, como a ti te gusta, pero de colores discretos, de hombrecito.
Pero ve, mi hijo, ve a verlo. Tú qué poco expresivo eres.
Esto te va a gustar. Mira.
Un tocadiscos. En la tienda puedes pedir todos los discos que quieras.
Pero no me dices nada.
Gracias, señora.
Gracias, señora.
No me llames así, que yo soy tu mamá alegría.
¡Qué serio!
¿No te gusta la casa? ¿No te gusto yo?
No, no es eso.
Usted ha sido muy cariñosa conmigo.
Pero yo... Yo... A ver, dime lo que te pasa.
Era un secreto entre los dos.
Cuéntame. Es que... Yo le agradezco.
Pero no puedo.
Pero dime. No quiero una Diana como mi papá.
Sí,
señora.
Le hemos mentido.
Mario le ha hecho creer que era un cantante de éxito.
Éxito. La verdad es otra.
Llevamos años de pasar hambre, de vivir en malos hoteles, de ir de un sitio a
otro sin tener nunca un verdadero hogar, sin podernos establecer nunca ningún
sitio para que Toño pudiera educarse bien.
¿Es eso lo que querías decir, hijo?
Era eso.
Qué tontito.
Mira, cuando yo era joven y pobre, también hablaba de grandes
triunfos que habrían de tardar mucho tiempo en llegar. La carrera de un
cantante es muy dura, hijo.
Y tú no tienes derecho a juzgar a tu padre porque haya tenido
vergüenza.
Además, todo eso ya pasó.
¿A dónde vas?
¡Oh, qué sorpresa, hijo! ¡No te esperaba!
Buenas tardes, jefecita. Mi reina de oro.
¿Cómo está el amor de mis amores?
¡Ay, qué labioso eres!
Sí, claro.
Vengo a pedirte perdón.
Pero me dio pena decirte la verdad antes.
No, es bueno tener un poco de orgullo, pero hasta el extremo de hacerte mentir,
no.
Lo que más me duele es que no hayas tenido un poco más de confianza conmigo.
Toma.
Mamita, no puedo, no puedo soltar.
Y puedes aceptarlo todo. Ya te he dicho que todo lo mío es tuyo.
Guárdalo.
Yo trabajaré. Yo... Bueno, bueno. Pero solo quiero que sepas una cosa.
Que los días malos han pasado.
¿Eh? Y que quiero que me digas siempre la verdad.
Siempre.
Yo te lo prometo. Me lo prometes.
Tenga, ahora hacía tanto tiempo que no la veía reír así.
¿Qué nos eran las copitas?
No, es que antes esto era solamente una casa.
Paredes, paredes. Y ahora es un verdadero hogar.
Con una familia.
Con una preciosa familia.
Antes... Cuando venía del negocio, no me preocupaba ni siquiera de encender la
luz. ¿Para qué? Si ya me conocía los pasos de memoria. Y ahora... Pero es que
tú sabes, Mario, lo que significa sentir que uno no le interesa ya la vida para
nada y de pronto tenerlo todo.
¡Ah, chirrión! ¡Qué feliz que estoy!
Vamos a tomar un café con piquete.
¿Café, Carlitos? ¿Sofía?
Café con pegue. Más pegue que café.
Ah, Mario.
Antes de que me olvide.
Esta es una ciudad nueva para ti. No me gusta que llegues tarde.
Y ya son varias veces que lo haces. ¿Qué te crees, que no te despido? Y tú no
eres ni huérfano ni soltero, ¿eh?
No me penes, mamá.
Son mis negocios.
Negocios.
Ah, Carlitos. Queremos música.
Ranchera.
¿Cuál querendonas?
¿Cuál querendonas?
Carlitos, pon aquel disco.
No te acuerdas.
Ese merodio.
Esto lo respetan los doctores. No le tengan miedo.
Sí, gracias.
Oh, esta chafaldrana hay que darle vuelo.
Esto sí, ya habrá que cambiarlo. Ya está muy verdolaga.
Habrá que jubilarlo.
Es como usted.
Shut up, baby.
Mañana mismo la jubilamos.
Oigan, chicos.
Esta música se presta a un juego familiar muy bonito. Vamos a
divertirnos, ¿eh? A ver, pongan atención.
A ver si conocen esto. Es el juego de los pronombres. Yo, tú, él, nosotros,
vosotros y ellos.
¿Quién empieza?
Dejemos volar la imaginación.
Usted es la culpable.
De todas mis angustias y todos mis quebrantos.
Usted llenó mi vida de dulces inquietudes y
amargos desencantos. Dios,
yo que tanto lloré por tus
besos.
Que nos queremos tanto.
Somos muchos.
Queremos separarnos, no me preguntes más.
¿No es clave, maestro?
Y no es falta de cariño. Ocho, mi macaco. Y voy, Lala.
Te quiero con el alma.
Te juro que te adoro. Y el nombre de este amor y por tu bien te digo.
Ahora ya me interrumpió.
Me cansé.
Me cansé de decirle que yo sin ella de
pena muero.
Ya no quiso escucharme.
Y sus labios se abrieron fue pa' decirme
ya no te quiero.
Así en Andes.
que hasta al gato se llevaron.
Habitaciones que echan fuego porque del Chihuahua son, son el alma de mi pueblo,
te protienes, tu perdón. Verde, blanco y colorado como sangre que brotó del
corazón. ¡Ay, Chihuahua, carnavache, cuantapache!
¡Cuantapache!
a subir.
Mira cómo tiemblo. Mira, mira, mira cómo tiemblo. ¿Te gustó? A mí sí.
A mí tampoco.
Uy, las piernas.
Uy, no te tiemblan las piernas. A mí no.
Esa bajada estuvo de la patada. La bajada y la subida.
Estuvo...
¡Madre! ¡Madre, tu abuela!
Papá siempre estaba culpado.
Mamá siempre estaba cruz.
Cuando ella salía a buscarlo, ¿sabes una cosa? Yo me quedaba sola en el hotel.
Y fíjate, a veces me levantaban a medianoche.
Salíamos de viaje.
Papá y mamá siempre estaban cuchicheando.
Que el divorcio, que no el divorcio. Pero siempre lo mismo, reñir, reñir.
Yo lo quiero a los dos, pero un poco.
Una vez estuvimos muchos días en el campo.
Cuando murió mi abuelita.
Quiero decir, la mamá de mi mamá.
Mamá me hizo un traje de luz.
De uno viejo de mi papá.
Fíjate, fue mi primer pantalón largo.
Caray.
Esto está bien padre.
Hace una noche. ¿Sí que hay?
No te me rajes, ¿eh?
Vamos a seguir la parranda. Pues juega.
¿Usted quería mucho a su hijo?
Lo queríamos.
Casi tanto como ya te estoy queriendo a ti.
Porque, aunque tu padre era mucho más pequeño que tú cuando... cuando lo
perdí.
Es como si aquel hijo me lo enviara otra vez al cielo.
Por eso te digo que te estoy queriendo casi tanto como a él.
¿Usted no tiene secretos?
Qué gracioso eres.
Bueno, ¿quién no tiene secretos?
Yo tengo que decirle algo a usted.
¿Es triste, Wally?
Pues... No, si es triste, no me lo digas.
Como lo que me contaste cuando salíamos del museo.
Trata de olvidar todas las cosas tristes que te han pasado.
Sonríe, hijo.
Sonríe.
Más.
¿Más?
Hay que sonreír, Mario.
¿Verdad que sí?
Hay que gozar.
Hay que saber vivir.
La vida es corta, mi amor.
Bueno, voy a prepararme para verte en tu debut.
¿No me reconocerán?
Te lo prometo.
Gracias por haber contratado a mi hijo.
Alegría es despertar y
encontrarme con tu risa.
Sentirme el dueño de todas tus caricias.
A esto llamo a...
Alegría, alegría,
es contemplarte preocupada por mis
cosas, oír regaños con palabras
cariñosas, a eso llamo amor.
Alegría es ver que sientes mis fracasos
como tuyos y que mis triunfos llenan todos
tus orgullos.
razones.
que aunque hace algún tiempo está retirada, estoy seguro que ustedes no
han podido olvidarla.
Damas y caballeros, ¡Alegría, Romano!
Queridos amigos, quiero decirles una cosa.
¡Dominito! ¡Cuando me vaya!
¡Jesucristo!
Bueno, para complacer a todos, voy
a cantar lo que yo quiero.
No, no.
Voy a cantar lo que siento.
Mejor dicho...
Lo que he sentido durante tantos años.
No está.
Quiero emborrachar mi corazón para pagar un loco amor que más que amor
es un sufrir.
Y aquí vengo para eso, borrar antiguos besos en dos besos de
otra boca.
Y su amor... fue flor de un día porque cause siempre mía esta cruel
preocupación.
Quiero por los dos mi copalzar para olvidar mi obstinación y más lo vuelvo a
recordar.
Nostalgia de escuchar su risa loca y sentir junto a mi
boca como un fuego su respiración.
de sentirme abandonada y pensar que otra a su lado pronto pronto
le hablará de amor.
Hermano, yo no quiero rebajarme ni pedirle ni llorarle ni
decirle que no puedo más vivir.
Desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi luz.
de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su relación.
Está muerta de mi culpa.
Ah, sucedió algo imprevisto.
No puedo acompañarnos a la casa.
No, ¿por qué?
Mira, mi camerino está lleno de periodistas. ¿Me quieren entrevistar?
Ay, no es seguro, periodistas, hijo, trátalos bien, ¿eh? Bueno, vayan por
delante y yo les alcanzo la casa.
Las acompañas a la puerta.
Mis flores, ¿eh? No te preocupes, alegría, te las mandaré.
Mañana lo felicitan. Apaguen la luz. Pueden retirar. Gracias, señora.
¡Ay, Dios mío!
¡Ay, eres un pesado!
Espérate, Kitty.
Espera, mi amor.
Yo no espero más, me voy a acostar. Espera, voy contigo.
Tienes razón.
¿Estás muy enojada?
No, estoy contenta.
Feliz de ser tuya.
Si me ha perdido a mí el respeto, debía tenérselo a usted.
Pero, mujer, tal vez la excusa que te dio sea cierta.
¿Usted la ha creído?
No sé qué decirte.
Son tantas.
Tantas las noches que he pasado esperándolo.
Lo que es peor aún, buscándolo.
Todavía no teníamos un año de casados cuando empezó a hacerme cosas así. Es
que los hombres quieren de un modo y nosotras de otro.
Mira, antes que nada, debieran enseñarnos a perdonar.
No, yo no lo perdono. Ya no puedo, ya no puedo más.
Si me callo se crece. Si protesto, me trata peor. Ya no puedo más, ya no sé
qué hacer.
Bueno, bueno, ten calma.
Mira, te prometo, yo hablaré con él.
Fíjate que tu hijo se da cuenta de esta situación y sufre.
¿Se lo ha dicho él? Sí.
Piénsalo mucho antes de cometer un error.
Mira, mira, yo lo cometí antes.
Y por ese error destruí mi vida.
Destruí mi vida y perdí a mi hijo. ¿Qué te parece?
Dime, ¿tú podrías vivir sin Toño? No, no podría vivir sin ti.
Claro que no.
Entonces resígnate y no le digas nada a Mario.
Que las escenas de reproche siempre terminan mal.
Él no es malo.
Solamente es un muchacho desorientado. Estoy segura que va a reaccionar.
Bien, pase usted.
¿Ahí? Sí, siéntese.
Tengo que hablarte de Rosalba.
¿Qué pasa con ella?
Como mujer, no dijo nada, pero como madre, sí.
Ni ella ni yo somos ciegas y tu comportamiento la hace sufrir, hijo.
Mamacita, tú sabes que yo quiero mucho a Rosalba y a Toñito.
Bueno, pero tendría que ser un poco más cariñoso con ella.
Claro, mira, yo estoy juntando para hacerle un regalo.
Es mujer, se lo merece.
Esa me parece muy buena idea.
¿Cuánto te falta?
Pues este, casi todo.
Toma, cómprale algo.
Oye, no me has dicho lo que te regaló tu marido.
¿A mí?
Soy su esposa, señora, recuérdelo.
¿Que no ha cambiado?
No, señora.
Es muy difícil que él cambie.
Mira, mi amor.
Mira lo que te traje.
Quédenselo. Te lo pongo yo, ¿sí?
Esto es el símbolo de nuestro gran amor.
Ay, muchas gracias, mi amor.
De verdad que no.
Una sorpresa.
Así cual.
Una gira artística.
Unos de trabajo.
Entre tú y yo no puede haber arte.
Adiós, mamá Alegría.
¿Cómo adiós? Hasta luego.
Oiga, usted me sale entre los primeros lugares como me prometió, ¿eh?
Ándele.
Mamá Alegría, te quiero preguntar una cosa.
Si yo no fuera tu nieto, ¿me querrías igual?
¿Por qué me pregunta eso?
Contéstame, no entro.
Ah, chantajista, ¿no?
Pues, te querría, no sé.
Sí, te querría igual.
Claro que te querría igual.
Vaya, vaya, mijo.
Ojalá tuviera yo su vocerrón. ¿Qué pasa?
Está perdiendo, no quiere salir.
Yo creo que con la presencia de usted sí sale. No.
Si lo que quiero es que no salga.
Bueno. Así le cancelo su contrato.
Voy a hablarle a Ramos.
Es una chica gorda.
Está muriosa y todos le gritan bule, bule.
Bule, bule.
Bule, bule.
Bule, bule.
Bule, bule.
No hay vestido que le pueda quedar.
Carlitos, Carlitos, ¿está todo listo?
Todo.
Todo está arreglado Bueno, sigue bailando
¿Qué? ¿Qué?
vino papá, ¿verdad?
No.
Ya lo sabía.
Es que debe estar ocupado. A ver, Toño, pide tres deseos y sopla.
¿Y eso qué es?
Ah, ese es un secreto.
Secreto es para mí, mamá. Ya no soy un niñito.
Niños ya no son tan niños.
Cada quien en su mundo.
Bueno, pide tu deseo.
Es el mismo que el suyo.
Que todos seamos felices.
¿Una?
Licenciado, está perdiendo mucho.
Está firmando letras. Bueno, dile a los ganadores que me las manden mañana. Yo
las pagaré. Pero procura que no se entere mal. ¿Está claro?
Ok.
¿Cómo vas a hacer para pagar, eh?
¿Qué fecha es hoy?
A once ya.
¿Once?
¿Cómo se le pudo olvidar? ¿Olvidar qué?
Fue el compañero de mi hijo.
Necesito dinero, necesito...
Encuentro tantas cosas bellas en la vida.
Existen nuevas emociones que no había solo
por ti.
Por ti.
Mis horas tristes se han tornado en alegría y me hace falta tu
presencia todo el día.
Solo por ti
yo era
nadie.
Hoy soy yo.
por ti.
Tengo la fe que tantas veces vi vencida y creo en Dios que desde el
cielo hoy nos cuida solo por ti.
Lástima que no tenga ventana.
¡Qué bonito cantó!
¡Qué chulo gallo!
Ya ve, si se hubiera puesto busa acá perusa con su muñeco, no le traigo un
gallo, le traigo un guajolotote.
¡Qué guajolotote tiene usted la cara!
¡Qué loco eres, qué loco! Eres vergonzado.
Shut up, baby.
¿Y tú qué dijiste?
A mi papá ya se le olvidó mi cumpleaños, ¿verdad? Me prometiste venir, papá.
Toñito, Toñito, mira lo que te traje.
¡Wow, wow!
¡Ah, caray!
Es pequinés.
¡Wow, wow!
¿Qué ocurre? Si el papá ya no soy un niñito.
Hola.
¿Le mandaste llevar la mitad?
A las once de la mañana y el día domingo tú levantado. A ver, qué milagro es ese.
Es que tengo un color burócrata y necesito salecito.
Mira, mira qué mentira dice aquí.
Carla Monte debuta esta noche en el cabaret. Pero estos periodistas son
tremendos. Es que cancelaron mi contrato.
Alfonso canceló tu contrato, pero... ¿Que tuviste un disgusto con él?
Políticas, mamá.
Políticas.
Pero yo no me he quedado dormido.
Me propusieron algo.
Y voy a firmar hoy.
¿Con quién?
No lo conoces.
Es... Es un nuevo empresario.
Y... Voy a hacerle una gira.
¿Pero por dónde?
Primero la provincia.
Después Centro y Sudamérica.
¿Y cuánto tiempo tiene?
No sé.
Un año y si nos va bien, pues algo más. Un año, qué fácil lo dice.
¿Y te vas a llevar a Rosalba y a Toño?
Sí, no quiero estar alejado de ellos tanto tiempo.
Pero has pensado en tu hijo. Mira, él va muy bien en la escuela.
Me parece un disparate que lo quitemos ahora de sus estudios.
Déjalo conmigo.
¿Tanto tiempo?
No.
Pero piensa en él. Vas a destruir su porvenir.
Total perderá un año.
Y ya.
Pero te olvidas que ha perdido demasiado tiempo.
Además piensa un poco en mí. Me vas a dejar otra vez.
¿Por qué lo hace?
Me conviene y me pagan bien.
Y... Necesito vivir.
No quiero perderlos.
No quiero perder a Toño.
¿O es que necesita dinero? Dímelo.
La verdad, sí.
No quería decirte, pero te ha dado mucho dinero en el maldito juego.
Pero hasta aquí.
¿Es esa la única razón?
¿Y qué otra podría tener?
Está bien.
Te daré lo que necesitas.
Pero me tienes que prometer... Por favor, mamá.
No me avergüences más.
Me da una pena haberte comportado así.
Yo te prometo que de hoy en adelante... Dime, si te doy ese dinero no te
irás, ¿verdad? No.
No, René.
Te juro que a mí me duele más que a ti.
Pero no hay otra solución.
Perdóname. Bueno, está bien.
Pero de verdad, Mario, deja de jugar.
El juego es un vicio que no conduce a nada bueno, mijo.
Eras orgullosa de mí.
¿Cuánto? ¡Por los dieces!
Mira mis calificaciones, mira.
Te felicito.
Fíjate, mamá, que le dio tanto gusto a mamá la idea de mis calificaciones.
Que yo... Pobre.
Yo la quiero.
Y yo a ti, mi vida.
Qué bueno que le has dado este gusto.
Es tan buena.
Le ha pasado tantos años buscando el afecto de su hijo.
De una familia.
Fíjate, mamá, que el otro día no podía dormir.
Me parecía que ella me veía triste.
Pero no pienses eso, mi hijito. Ella te quiere de verdad.
¡Por eso le quiero decir todo! ¡Que mi papá es tuyo!
¡Cállate!
No grites que te puede oír.
No vuelvas a mencionar esto, Toño, por favor.
¿Pero qué pasa?
¿Qué hay?
Le reprochaba el haberse expresado mal de su papá.
Ay, Toño.
¿Qué es esto?
¡Toño! ¡Toño, no te vayas! ¡Déjalo, mujer!
¡No te abres más aquí!
Cómo llueve. ¿Dónde estará?
No cierre.
Porque está lloviendo mucho.
El agua se va a meter.
No importa. Si vuelve, no quiero que tenga que llamar. Está bien, señor.
¿Volverá?
Yo creo que sí volverá.
Claro. La policía va a dar con él. ¡Ay, Santa Bárbara bendita!
La policía va a dar con él. No ha quedado un puesto sin avisar. Ya
hablaste a tu marido.
Ni siquiera sé dónde está.
He podido encontrarlo.
Que no le haya pasado nada.
Ven, hija.
Hija.
Está celada.
Te voy a dar un calmante.
Pobres señoras.
Oye, Carlitos, ¿cómo está ahora la juventud, verdad?
¿Cómo hacen sufrir a sus padres, todos locos, desequilibriados?
Valiente juventud.
Yo me acuerdo de mi primera escapada.
Si yo me creía el rey del mundo, iba yo a dominar.
Mentira, obroso, hambriento.
Tuve que repachar al cantón como perrito con la cola entre las piernas.
Mis padres me decían, estudia, estudia.
Quizá hubiera sido algo.
Y mírame, acá ven gato. Y ahora, el gato.
Caray, qué buena memoria tienes.
¿A poco ya tengo cuatro quince como tú?
¡Ande, viejo chirrito!
¡El San Antonio bendito!
Vaya indirectos personales conmigo.
¡Qué irrespetuoso! Agües, aguas. Allá viene el señor.
Sofi, prepárate una taza de té a Rosalba.
Bien caliente.
Sí, señor.
Huellas, ¿de dónde vendrán estas huellas?
Ah, de la zapatilla de aquel príncipe que en una noche de lluvia salió de su
casa en un hermoso corcel en pos de una aventura, pero que regresó,
regresó al cariño de los que él sabe que lo quieren tanto.
No quería volver.
Tuve miedo.
Estaba solo.
Yo quiero mucho a mi mamá.
Y a mi papá.
Y a ti, mamá Alegria.
Carlitos, Sofía.
Avisen al doctor que tiene fiebre.
Necesito más dinero.
No, ya no.
Esto no vale nada.
Y ya me debes mucho.
Bueno.
Te tengo que conseguir.
Bueno.
A ver, muchachos.
¿Quieren ganar cifras de comisión cada uno?
Una milaneta.
Tranquilízate. La fiesta está cediendo.
Además, si el doctor lo hubiera visto mal, se hubiera quedado.
Trae, Rosalba, una frazada de tu cuarto.
¡Mamá! Ya viene.
¿Por qué? Porque llora.
Es que... Yo le prometí. Pero no puedo más.
Mi papá no es su hijo. Ni yo soy su nieto.
Se tiene siede. ¡No!
Lo que ha dicho mi hijo es cierto.
Todo ha sido un engaño.
Él siempre se resistió.
¿Por qué callaste?
Hablar significaba acusar a... a Mario.
Él es mi esposo y... y yo lo quiero.
Además... Además qué?
Quería perderte la vida de mi hijo poco a poco.
Y que yo pudiera hacer nada.
Me salían sus ojos llenos de tristeza y de ansia de tantas cosas que yo no podía
darle.
¿Por qué me han hecho esto?
¿Por qué?
Ya no pregunte.
Ya sabe la respuesta.
Señora, le llama de larga distancia el señor Luis Gerroldán.
Sí, doña.
Contestaré desde mi recámara.
Sí, señor. Corta la cara.
Perdóname, mamá.
Perdóname. Yo no podía.
Ya no podía.
Ya, mi hijita.
Cuídate.
Cuídate.
Bueno.
Mi señorita, soy yo.
¿Sí?
Oh, Luisito, ¿qué pasa? ¿Cómo estás?
Felicito.
Ya lo sabía.
tomen todas sus cosas y váyanse.
Váyanse de mi casa.
La hemos ofendido mucho, señora.
Le agradezco que esté contenta con echarnos.
Voy a vestir a Toño.
Toño.
Una vez me preguntaste si
yo te querría si no fueras mi nieto.
Y yo te dije que sí, ¿te acuerdas?
¿Qué importa que no te hace mi sangre?
Y nos queremos.
No te irás, Toño.
No te irás, no.
No te irás.
Señora, yo le prometo... No me digas nada, Rosalba.
Sí, tengo que decirle. Tengo que decirle gracias.
La bendeciré hasta el día de mi muerte.
Toñito, hijo.
Son mi familia.
Mi amada familia.
Vamos, vamos.
Vamos a dejarlo descansar.
Dormirás, ¿verdad, Toño?
Ah, Rosalba.
Se tienen que prometer que no le dirán nada a Mario.
¿Has oído, Toño?
Porque si llegas a verlo, se van a ver obligados a irse.
Yo de verdad tengo fe en Mario.
Yo creo en él.
Y pienso que algún día será famoso con su canto.
Ojalá, pero yo... No digamos nada.
No hablemos ni una palabra más, Rosalba.
Vamos a ser felices, lo verás.
Vete a descansar.
Cuida del niño.
Vete.
Vete.
Déjala abierta, chato. Y no te dilates.
Si te tardas, entramos a rasurarte.
¿Por qué me fuiste?
La luz, mamá.
¿De qué infamia no eres capaz?
¿Por qué haces eso?
He perdido mucho dinero en el juego.
Demasiado para atreverme a pedirte.
Me exigieron pagar hoy mismo.
Si no, me matan.
Mira, me han golpeado. ¿Y a mí qué me importa?
¿Cómo tampoco le importa a usted, su mujer y su hijo, que ahora está enfermo?
Mamá, me están esperando afuera.
Si no salgo con el dinero, ellos entrarán y nos harán daño.
Y no quiero que a ti y al niño le...
Carlitos.
Señito, ¿hay algún hombre rondando la casa?
No es nada. Un amigo de Mario.
Recígate.
¿Cuánto? Veinte grandes, mi reina.
Veinte de a mí.
Es el último dinero que le doy, se lo juro.
Y no lo hago por ti.
Sinvergüenza.
¿Qué hago, Dios mío?
Dios mío, todo sale mal.
Llevamos 15 tomas.
Mario, está usted muy descuidado. O procura hacerlo bien o cancelo su
contrato.
Cuando alguna vez no duermas por estar pensando en mí y fijas con tu
almohada que me abrazas junto a ti, cuando veas que mi ausencia ya no logra
ser feliz, entonces tú sabrás lo que yo siento por ti.
Cuando envidies cada hora que no estoy cerca de ti y me nombres sin quererlo
como si estuviese ahí,
Cuando llores por el beso que por Crisano te di, entonces tú sabrás lo que
yo siento por ti.
Cuando entiendas la nostalgia de las aves al partir y suspires por
caricia que hoy quisieras repetir. Cuando sientas que sin mi cariño
no hay razón para vivir, entonces
tú sabrás.
Entonces tú sabrás lo que yo siento por ti
Cuando
envidies cada hora que no estoy cerca de ti y
me nombres sin quererlo como si estuviese ahí cuando llores por el beso
que por prisa no te di entonces tú sabrás lo que yo siento por ti
cuando entiendas la nostalgia de las aves al partir y suspires por
caricias que hoy quisieras repetir cuando sientas que sin mi cariño
no hay razón para
tú sabrás, entonces tú sabrás lo que yo siento.
Es
buena, págate la
luz, vámonos.
Bravo, muñeco, bravo. Préstame el portafolio.
¿Qué hacen aquí?
Firma.
¿Y esto qué es?
El segurito. No te hagas y ya lo sabías. Firma.
No puedo firmar esto, licenciado.
Conmigo no va usted a jugar.
¡Firma!
Es lo que te digo.
Además te evitas dificultades. ¿Qué más quiere?
Perdón, ¿aquí está nuestro coche del señor Mario Pizano?
Sí, nos mandó a buscarte.
Quiere que lo veas grabar.
Nos está esperando en la sala.
Ese es puro güey.
Ya cállate, Chapo. ¿Por qué tardaron tanto?
Pues se pasó el Chapo, jefe.
¡Idiota! ¡Te dije que en la chamba no!
No te inquietes. Debe haberse los llevado Mario al cine o a... o al... a
comer. Hace muchos días ya que quería salir con él. Además, ¿qué puede pasarle
estando con su padre? Y si hubiera alguna cosa por que temer, yo sería la
primera en que ocuparme.
¿Bueno?
¿Bueno?
Escuche con atención.
Tenemos a su hijo y a su nieto.
Esta noche a las nueve, venga sola a la puerta principal del estadio Azteca.
Tendrá que traer trescientos mil pesos.
Trescientos mil pesos efectivo.
Se lo dará una persona que irá en un carro.
No digas esto a nadie.
Porque si lo hace morirán los dos.
No, no. ¿Qué sucede?
¿Dónde me dijo que es?
¿Bueno?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa, por favor?
Es que me quieren embargar.
Hasta el cuento del nieto le pusiste. Claro.
¡Papá!
¿Y eso qué es?
¿Qué es esto?
¿Tu hijo?
Infeliz. Eso no.
Ya sacaste boleto.
Saquen al chamaco y esperen afuera.
¿Qué no entiendes, estúpido?
Mira.
La idea de todo esto me vino porque tu mamita... Asangraste, idiota. Tiene
hecho un seguro de vida.
Un seguro importante.
Doscientos mil dólares.
Pues cuando me enteré, me interesaron mucho sus negocios.
El beneficiario de eso es su hijo. O seas tú, donde quiera que se encontrara.
Por eso te busqué y para eso me firmaste.
Todo será muy sencillo.
Parecerá un accidente.
Nosotros la atropellamos aquí y dejamos el cuerpo cerca de su casa. ¿Qué? Tan
simple como eso.
Eso no lo voy a permitir.
¿Qué? ¿Qué cosa?
No me vayas a salir con el cuento de que eres sentimental, chato. Ya estás a
altura. Además, te voy a decir una cosa. Tú no estás aquí para romanticismos.
Estás aquí para obedecer.
Los 300.000.
La casa y la tienda van a ser para ti.
Y para mí, ¿no? Seguro.
Como ves, me conformo con poco, ¿eh?
A pesar de que bien, podía quedármelo todo.
¿Qué dices?
Suelta.
Ok.
La lana es la lana.
Así me gusta.
Quiero ver a mi hijo. Sí, sí, lo vas a ver y vas a estar muy buen rato con él.
¡Traigan al mocoso!
Encierren a los dos en el sótano.
No quiero que me echen a perder el negocio. Y metan también a Chafofas, que
está muy pasado. A ver tú, ayúdame.
Quiero que todo esto salga muy bien.
Bonito, vete al garage y sacas mi carro nuevo.
Ahorita, Chip. Pélate ya.
Checas gasolina, aire, aceite, agua, todo. No te muevas de allá porque yo
luego te alcanzo. Ok, jefe.
Papá, tengo miedo.
No te preocupes, hijo. No va a pasar nada.
Coches verdes.
Placas cambiadas.
Atropellar a la vieja.
Matarla. Y se llama alegría.
¿Qué dice papá?
Por la alegría. Es cierto eso, papá.
¿Tú estás con ellos?
¿Pero cómo puede ser?
¿Cómo es posible?
Aunque juré no decirte nada, te lo voy a decir.
Ella sabe que tú no eres su hijo.
¿Quién se lo dijo?
Tú se lo dijiste, ¿verdad? ¡Tú se lo dijiste!
no te hayas picado mil.
¡Tú y yo, chafafas!
Ustedes me dijeron por teléfono.
Sí, nosotros le dijimos por teléfono.
Mira, lana fresca. Señor, no les habrán hecho daño. Nada, no les va a pasar
nada. Ya mañana los verá por su casa, si tiene suerte.
Y ahora lárguese.
Vente.
Lo hiciste.
Algún día tenía que hacer algo bueno.
Papá.
Papá.
Papá. Papá.
Papá. Yo cuidaré de él.
Lo juro.
Era malo.
Era solo un muchacho desorientado.
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