All language subtitles for Eclipse de sol(1943)

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Original subtitles

¡Muchas gracias!

Señora, señora.

Así que no hubo secuestro.

Pero por favor.

Todo eso es absurdo.

He pasado mi día de descanso en el campo.

Un día y una noche que no olvidaré nunca.

Gracias, señorita Bernal.

No hay de qué.

Adiós.

Adiós.

La peluca, señorita.

¡Ay, sena!

¡Ay, sena!

Ya va.

Señorita Sol, ¿cómo desapareció?

¿De verdad que no fue un secuestro?

No.

Fue algo peor.

Un eclipse.

Le voy a contar.

¿Se acuerda ayer de mañana cuando decidí aclararme el pelo y fui a la peluquería?

¡Ay, Sol!

Veo que se ha decidido.

No hay más remedio.

Se estrenó la nueva revista y para que el público no se dé cuenta que es la misma de

siempre, el autor ha tenido una idea original.

Cambiarnos el color del pelo.

Como si el público fuera el teatro de revistas a mirarle la cabeza a las actrices.

En fin, comencemos.

¿Y su novio no se opone, señorita Bernal?

¿Mi novio?

Ya hemos leído que se casa, señorita Bernal.

¿Qué?

Sol Bernal, la vedete oscura cabellera que, según rumores,

contraerá enlace con el acautalado estanciero Antonio Requena.

Así que al final te salís casando con ese gaucho de gallinero.

¿Y qué querés que haga, Carola?

He tratado por todos los medios de hacerle comprender que ya no me interesa,

que me cansa, que no lo quiero.

Pero el pobre está tan ilusionado que no se da cuenta de nada.

Y cortá por lo sano.

Decíle la verdad en dos palabras.

No puedo.

Antonio tiene hecho ya todos los trámites en el registro civil.

¿En el registro civil?

Sí, para casarnos mañana a las nueve de la mañana.

¿Ves?

Esto no me sucede más que a mí.

Pero te aseguro que yo no aguanto más.

Hoy en cuanto llegue le digo la verdad y luego desaparecer.

Pobre Antonio.

Es él.

Un momento.

Entrá.

¿Las interrumpo?

No, al contrario.

¿De qué hablaban?

De desaparecidos.

¿Y no tenían miedo?

No.

Hay mucha luz.

No entiendo.

Ya lo va a entender.

Sol, explícale.

Tengo que hablarte.

¿Has leído la revista?

Dirita.

¿Qué?

Ha llegado Sebastián.

¿Qué?

Mi primo Sebastián.

Lo he traído al teatro.

Está aquí conmigo en un palco.

¿Le gusta la función?

No comprendes.

Viene por culpa de esa página.

A separarnos.

A evitar nuestro casamiento.

En la estancia la noticia cayó como una bomba.

Imaginate la impresión que ha hecho a mi familia

a saber que me quiero casar con una actriz.

¿Qué tiene de malo casarse con una actriz?

Pero no te das cuenta.

Es gente vieja.

Mi abuela es una mujer chapada a la antigua.

Y mi tío Bernabéja.

No lo toleraría jamás.

Y por unos prejuicios absurdos vas a permitir que tu tío, tu primo...

y tu abuela no se pare.

Me dejan en la calle.

Ellos hablan con la fuerza de la ley.

¿De qué ley?

De la ley de la herencia.

Cuán grande es tu amor que se acobarda ante la

primera abuela que se nos cruza en el camino.

Pero esto no puede quedar así.

No lo voy a permitir.

Todavía nadie ha rechazado a sol Bernal.

Nos casaremos mañana mismo.

Un momento, vidita.

¿Vas a decir que no?

No, pero hay que razonar.

Si me desheredan, ¿con qué vamos a comer?

Hay que buscar una manera inteligente de salvar el amor y el puchero.

Tengo un plan.

Te voy a presentar a mi primo.

¿Para qué?

Para que te conozca.

Para que vea que no sos lo que ellos piensan.

Tienes que ser amable porque Sebastián es muy tímido.

Es un muchacho del campo.

No me interesa convencer a tu familia.

Entonces, solo queda una solución.

Ser el uno del otro sin que nadie lo sepa.

¡Qué insinuas!

¿Pero qué pasa?

Pasa que este señor pretende que seamos el uno del otro sin que nadie lo sepa.

Ya no entiendo nada.

Para que no me deshereden, desmiento la noticia

de los diarios y nos casamos secretamente.

Pero le dijiste la verdad.

¿Qué verdad?

No acepto el casamiento secreto.

Que me ofendan tus antepasados, vaya y pase.

Pero que vos tengas vergüenza de casarte conmigo, eso no.

Solo acepto un casamiento.

El casamiento público.

Muy bien, Sol.

Es hora de que terminemos con los prejuicios sociales.

Con la hipocresía de las clases dirigentes.

Señorita Sol, ¿hay cena?

Sol.

Señorita Bernal, ¿es cierto que se casa?

Su público está ansioso por saberlo.

Cuando yo me case, mi público lo sabrá antes que el novio.

Bueno, por favor, rápido.

Señorita, haz algo para mí.

Gracias.

¡Taratarín!

Lo apelan Rock de Varun el conductor del nacional con su tranguay sin cuarta ni sin

llón sabe cruzar el barranco de Julio el cornetín colgado

de un piolín y en el ojal un medallón de Yuyo ¡Taratarín!

¡Taratarín!

Y el cuerno listo a la rulla si hay perna escala en un saguán que linda está la rosa

parrindo en la vereda cala, cala que bien le queda la pollerita rosa que va a subir

la vieja frena porque se queja si está en movimiento cala cala que sopla viento

cala, cala que la mida ¡Taratarín!

Trota la yunta paloma ya paneando en el barrial talantalín resuena el campanín del

mayoral picando en son de broma y el cornetín castiga

sin parar para pasar sin papelón la doma ¡Taratarín!

que a lo mejor caborece se le asoma cualquier mosa de un

portal de puro corte y quebrada mi negro que a mí me gusta

¡Apurate hermano que llegamos tarde!

¿Qué te parece?

Desde aquí no parece malo canta muy bien pero te la imaginás cantando tangos en la

estencia no prejuzgues si hablaras con ella verías que cultura general tiene ¡Frena!

que va a subir la vieja frena porque se queja si está en movimiento si está en

movimiento cala cala que sopla viento cala cala cala

mida conduce rock que varón son de la línea nacional

¿Confesás que te gustó?

me gustó pero no como para casarme con ella mira si querés un consejo si no te

pido tus consejos y no tu ayuda ¿Qué querés que haga?

Acompañame a Toma Cabana

aquí es donde te necesito ella va a caer de un momento a otro no tomés así tenés

que estar sereno para hablarle para decirle que que se case con vos sin hacer

publicidad me cuesta mucho mantener el secreto por un año, dos años vos entre

tanto trabajás a los viejos yo te convenzo la abuela las cosas pueden cambiar no,

no la conoces Azor ella no va a aceptar ese casamiento entonces tenés que

renunciar a ella no no puedo ¿Podés renunciar a la plata?

che, eso menos esa mujer te ha trastornado cállate, ahí llega, mirá ¿eh?

¿no te animás a pegarle cuatro gritos?

a decirle la verdad que no tiene derecho a hacer subir

a tu familia y dejarte en la calle, ¿no te animás?

no me animo entonces me animo yo ahora vas a ver lo que es hablar claro espera un

momento te caíste señora champagne, y bien helado

mozo champagne para la señora nada más para quién?

para mí un admirador de la señora y no se olvide de la estampilla es que lo que

tengo que decir no conviene que lo diga por carta tan importante para qué?

para antonio requena, sí ah, ya comprendo disculpe que

lo hayamos confundido con un mozo y ustedes quién es?

el tío millonario o la abuela intransigente soy sebastián el primo avivado avivado?

hasta ahora no lo parece pero sí que sí, señora

maca, nudo deme otro whisky viejo luciano sacame a bailar

bien ya estamos solos a oscuras con música champagne qué tiene que decir?

la situación en que usted ha colocado al pobre antonio es terrible terrible?

si, piense usted que es un muchacho tímido y que la adora no, no se engañe si me

adorase él estaría aquí no usted no está porque le tiene miedo se ha quedado en el

bar lo que pasa que al lado suyo es otro hombre yo que lo conozco sé muy bien las

cosas que le diría si no estuviese intimidado pero yo lo intimido?

está seguro?

sí, sí, seguro quiere que lo llame?

no, no, es inútil se puede intimidar dígalo usted por él yo?

bueno sin dudarlo, yo sé que él le diría solo le tomaría la mano así acariciándola

suavemente así para hacerle comprender sin palabras en una larga mirada silenciosa a

sus ojos a su boca así Todo lo que usted debería entender.

¿Y después?

Después...

Él la invitaría a bailar.

Así, diciendo... Sol... Bailamos.

Buenas.

Ah... Pero él está ahí.

Quiere que lo llame.

No, no... Siga usted.

Él se puede intimidar.

¡Feroz, mero viejo!

No hay nada que hacer.

Hoy es mi día.

Señor, lo buscan.

¿Quién?

El señor que está en el bar.

Ah... Está bien.

¿Ve?

¿La convenciste?

Todavía no.

Sigue resentida y mejor.

Mejor será que no le hables.

Pero me falta muy poco.

Mira, andate con Carola y Luciano... y dejame solo con ella una hora más.

Es un asunto listo.

Carola, Luciano.

Gracias, hermano.

Pero mira, aquí ya están cerrando.

No vas a tener tiempo.

¿Sabes dónde pueden conversar tranquilos?

No.

En Baralaica.

¿En qué?

¡En Baralaica!

¡Cópias para dos!

Por favor.

Pobre Antonio.

Pobre.

Usted que lo conoce bien...

sufrirá mucho cuando sepa.

¿Cuando sepa qué?

Que usted no pudo convencerme.

Yo hice todo lo posible.

Pobre Antonio.

¿Qué es eso?

Una costumbre rusa.

¡Moso!

¡No!

¡Dos vodkas!

¡Vodkas para dos!

¡Eh, Ivanov!

¡A la otra mesa, a la 14!

¡Beso!

¡Beso!

¡Moso!

¡Dos vodkas!

Hasta mañana, mi vida.

No, no.

Quédate.

No me podés dejar en esta duda.

Contéstame.

Estoy cansada.

Hasta mañana.

Sol.

No puedo creer que esto ha sido solo el encuentro de una noche.

No te pido nada más que una palabra.

Después nos separaremos.

Pero entonces me iré tranquilo.

¿Qué palabra?

Sí.

Nada más que sí.

Ay... es lo que tengo miedo de contestar.

No sé.

Hablaremos mañana.

No.

Mañana no.

Pero aquí no se puede hablar.

Volvamos al auto.

Ah, bueno.

Es la última vez.

Hace dos horas que estamos subiendo y bajando del coche.

Ahora es en serio.

Hasta mañana.

Aunque te parezca una locura, necesito oír de tus labios esa palabra.

Ese sí que me tranquilice.

Decime que sí.

¡Que sí!

¡Dígale que sí!

Hoy, ahora.

Pero dígachelo de una vez.

Bien.

Ya que el señor lo ordena.

Sebastián.

Sí.

¡Al fin!

Pero entonces se lo tenemos que comunicar a Antonio.

Ay, pobre Antonio.

Se lo diré yo.

No.

Se lo voy a decir yo.

Los dos juntos entonces.

A primera hora te vendré a buscar.

Hasta mañana, mi bien.

Hasta mañana, mi vida.

Hasta mañana, mi vida.

Hasta mañana.

Oiga, chofer.

¿La convención?

Toque la bocina, haga el favor.

No, que me van a meter una multa.

Toque.

La pago yo.

Buenos días, Sol.

Buenos días.

Vengo a buscarte como habíamos quedado ayer.

Te estaba esperando.

Me cambio y bajo, ¿eh?

Petra, el vestido de rayas y la cartera colorada.

Pronto, pronto.

Me hiciste bien en venir.

No hay que dejar pasar más tiempo sin que lo sepa el pobre Antonio.

Vamos.

El señor Antonio Requena.

El señor Requena no está.

Lo hablaron por teléfono a las seis y se fue.

¿Dónde puede estar?

Voy a llamar a Carora, ella debe saber.

Mientras hablás, me cambio.

¿Me dará la llave del 45?

Bien.

Gracias.

No, señora, este teléfono es interno.

Tiene que llamar de allí.

¿Aquí?

Sí, señora.

No, equivocado.

¿Hola?

No, no me despertaste.

¿Antonio?

Lo dejamos en el hotel.

¿Qué horas son?

Ah, mira, ya me imagino dónde está.

¿Dónde?

Está bien.

¿Qué?

¿Qué te dijo Carola?

Que debe estar en el registro civil.

Vamos, pronto.

Señores, la pareja Barner-Canaro.

Disculpe ver, por favor.

Un momento.

¿Los señores son testigos?

No, estamos buscando a una persona.

Al señor Requena.

Siéntense ahí y esperen.

Muchas gracias.

¡Moderece, ribabone!

Que todavía no están casados.

Mamá.

No te pongas nerviosa, nena.

Yo sé por qué te lo digo.

La pareja Bernal-Requena.

Vamos, vamos.

No estamos para perder tiempo.

Señorita.

Señora de Requena.

¿Cómo?

Sí, como lo ha oído.

Señora de Requena.

Bueno, señora o señorita, ha llegado la costurera para probar los vestidos.

¿Cuál es?

Los de la nueva revista.

Dígale que se vaya.

La señora Sol tiene hoy ocupaciones más importantes que probar vestidos.

Sol.

Sebastián.

¿Qué te ha pasado?

¿Se ha recalcado un pie?

Ah, sí, ah, sí.

No, mira, te vamos a explicar.

No.

Me lo explicarán después.

Primero tengo que hablar con Sebastián a solas.

Perdóname, pero es algo muy privado entre nosotros dos.

Señorita, voy a buscar la costurera.

¿Algo privado?

Sí, completamente privado.

Es un asunto entre él y yo.

Escúchame, Antonio.

Mejor que no... Por favor, ven a probarse los vestidos.

Estamos atrasadísimas.

Y mañana es el debut.

Son tres nada más.

El negro, el de siré y el de sirvienta.

¿Ah?

Y el sombrero de martesas.

Sebastián, pasemos al escritorio.

El negro, el de sirvienta y el delantal.

Mirá, viejo.

Escúchame, Antonio.

Quiero ser sincero.

¿La convenciste?

No.

Menos mal.

Porque por ahora el casamiento es imposible.

Sí, sí.

Llegó el tío Bernabé.

Ah, llegó.

¿Solo?

No, con don Florencio y tu novia.

¿Ester?

Sí, cayeron a las seis de la mañana.

Recién me empezaba a dormir.

Tuve que levantarme, seguirlos.

Traté de avisarte.

Te busqué por todas partes.

Vieras cómo está el tío Bernabé.

No hace más que amenazar, insultarme.

Esto de solo tiene con la sangre viviendo.

La suerte es que no me casé.

Ay, ¿te das cuenta qué lío?

Qué lío con ese casamiento.

¿Te puede ir?

Perdónenme.

Pero me imagino que a esta altura de la conversación mi presencia es necesaria.

Lidita, se produjo lo que yo más temía.

¿Lo habías previsto?

Sí.

¿Todo lo que sucedió?

Desde el primer momento.

Me lo decía el corazón.

Llegó el tío Bernabé.

Ah, pero de eso han hablado.

Sí, nada más que de eso.

Ahora más que nunca se impone el casamiento secreto.

Ya le dije anoche.

En la situación de Antonio yo procedería igual que él.

No decir nada al principio y...

convencer poco a poco a la familia.

¿Usted me comprende?

Lidita, Lidita, hazle caso a Sebastián.

Él sabe lo que dice.

Es una cuestión de tres meses.

No, no, no.

Es esperar mucho tiempo.

¿Tiempo?

Va a ser tan rápido cuando hay amor.

Es cuestión de querer o no querer de verdad.

Tenés razón, Antonio.

¿Qué son tres meses para dos personas que se quieren de verdad?

Así me gusta oírte hablar, mi vida.

Sebastián me ha enseñado a comprenderlo.

Tenemos que irnos inmediatamente.

El tío está furioso y nos espera.

¿Y voy a quedar así?

¿Decepcionada?

En un día como hoy que yo nunca pensé pasarlo sola.

¿Usted me comprende, Sebastián?

Con todo el alma.

Lidita, volveré en cuanto pueda.

¿Pero qué es una hora de espera?

Para dos personas que se quieren de verdad.

Sol ya ha llegado a comprenderlo.

Lo comprendo.

Si no es más que una hora.

Una hora, una hora.

Vamos.

Vamos, Antonio.

Sebastián.

¿Esther?

Buenos días, tío.

¿Cómo le van a Florincio?

¿Cómo querés que nos vayas?

Antonio, dejános solos.

Y andá a preparar enseguida tu manija.

¿Y vos, mi hijita?

Dejame con tu padre y Sebastián que tenemos que hablar de cosas...

que prefiero no las oigas.

¿Desolverla?

Nena, nena, por favor.

No me estás saliendo el ventilador.

Anda, anda.

Hablas por teléfono a la agencia...

a ver si han conseguido la nueva mucama para la estancia.

Apurate.

Tío.

Yo quiero darle una explicación de mi conducta.

Tu novia nos dijo todo.

Has hecho muy bien de escapar a Buenos Aires para salvar a Antonio.

Pero ché, las cosas están más avanzadas de lo que vos creías.

Ese loco ya tiene listo los trámites en el registro civil.

Sebastián, ahora a bimbo con tu novia se llevan Antonio en auto a la estancia.

Nosotros nos quedaremos aquí para hablar con él.

Convéncerla, hacerla entrar en razones.

¿Comprendés?

Nos cuentan miles.

Sí entiendo, pero Antonio no aceptará.

Vos arregla tus cosas y no te preocupes de Antonio.

Antonio, entra.

Eso déjalo por mi cuenta.

¿Has preparado tu valija?

Sí, tío.

Con tu primo y a Tercegares enseguida en auto para la estancia.

Sí, tío.

¿Ha visto?

Sí, tío.

Don Bernabé, la agencia no consigue mucama.

Van a tener que ocuparse ustedes.

Apurate, Sebastián, así llegamos para el almuerzo.

Bueno, quédense tranquilos.

Esto de la mucama lo arreglo, yo no lo arreglo a nadie.

Hola, señorita.

Hola, por favor.

Paso, uno, dos, cuatro, ocho.

Bájame el favor, desconecte.

Petra, vaya al teatro y dígales que no voy al ensayo general.

Nada más, señorita.

Señora.

Nada más, que no se me moleste.

Ah, y que tengo fiebre, que estoy muy enferma.

No se ponga nerviosa, señorita, ya terminamos.

Falta solamente probar el vestido de mucama.

No, ese no.

No hace falta, va a estar bien.

Después me rezonga a mí.

Aquí está.

Señora.

Me voy al teatro.

Si me preguntan qué tiene, ¿qué digo?

Elija usted la enfermedad.

A propósito.

Le puse dos botellas de champán en la frigidez.

No, pero si yo sé lo que le digo.

Este vestido no impone al respeto.

Tendría que tener las hangas largas, mujer.

El papel es dramático.

Mire usted.

A ver si le hago entrar en situación.

Tenga.

Escuche.

No lo agafito con el papel que me distrae.

No, niño, no.

Compre.

Espere.

Mejor de lejos.

Comprendedme.

Vos que sois noble.

Vos que sois puro.

Da unos pas... Ah, sí.

El timbre.

Váyase, señora.

Váyase.

Hay que ir a la cartera.

Cuidado del escalón.

Adiós.

Abra la puerta.

Y al salir, hágalo pasar.

Señorita.

Señora.

Bueno, vaya.

¿Se da cuenta qué métodos usa?

Seriedad.

¿Y ustedes cómo entraron?

Una señora que salía nos hizo pasar.

¿Y qué desean?

Dígame.

Este cuadro.

Es un cuadro con música.

Florencio.

Haga el favor de anunciar a su patrona...

que el señor Bernabé Requena quiere hablar con ella.

¿El señor Bernabé Requena?

Sí.

Y también el señor Florencio.

Florencio Olmos.

Pototo.

¿Está la señora?

La señora...

no...

no está en casa.

Y no sé a qué hora va a volver.

Si no está, la esperaremos.

Dígame.

¿Usted no sabría de alguna mukama... que quiera colocarse en una estancia...

de buena presencia?

Su tipo, por ejemplo.

Don Florencio.

Mukama.

Para el campo.

Me parece difícil.

A las mukama nos tira más la ciudad.

Sin embargo, el campo también tiene...

sus atractivos, mi hijita.

No digo que no.

Por supuesto, no tantos como esta casa.

¿A qué se refiere?

Al asunto de la... Señorita.

Yo soy el tío de Antonio.

Por eso quiero conversar con su patrona.

Antonio.

Ay, pero señor, si yo no sé de quién habla.

De Antonio Requena, el novio de su patrona.

La alucinante morena, Sol Bernal.

Sol Bernal.

Acabáramos.

Pero si Sol Bernal ya no vive más aquí.

¿Eh?

Hace tres meses que se mudó.

Pero sí, tiene gracia la equivocación.

Sí, tiene mucha gracia, sí.

¿Quién consiguió la dirección?

Sebastián.

¿El timbre?

Voy a ver quién es.

Me parece que se viene una tormenta.

¿Cómo?

No, nada.

Adiódalo más.

El timbre.

Señorita Bernal.

¿Alguna declaración?

¿Es un reportaje?

Queremos tener la primicia.

Nos han dicho que se ha casado esta mañana.

Que se ha casado esta mañana.

Si me hubiera casado esta mañana no estaría aquí abriéndoles la puerta.

Con permiso.

¿Vio?

Se está por descargar el chaparrón, ¿eh?

Y los señores dejarán retirarse, ¿verdad?

En efecto, ya nos vamos.

Pero de muy mala gana, mija.

Una chica como usted sería mi solución en la estancia.

Don Florencio, no va a agarrar el agua.

Don Bernabé, continuaba las averiguaciones por la mukama.

Realmente, usted no sabría de ninguna.

Pero, ¿por qué tanto apuro?

Porque se va a festejar el compromiso de una hija mía...

con Sebastián Requena, el otro sobrino.

¿Sebastián?

Pero los señores se lavan de Antonio.

No, Antonio es el novio de la Bernal.

Los dos muchachos acaban de salir en auto... para la estancia con mi hija.

¿Sebastián es el novio de su hija?

Sí.

¿Se siente mal?

No, no, no.

Sí, sí, usted paridece.

¡Tiembla, está helada!

No sé qué me pasa.

Debe ser al nada.

Don Bernabé, ayúdeme.

Creo que sería conveniente aflojarle la ropa.

¿Qué le parece?

¡Qué marmoria!

Ya reacciona.

Sí, ya pasa.

Perdónenme.

Pero estoy tan débil.

¿Qué decís así?

¿No necesitas nada?

Yo iría gustoso hasta la botica.

No, no, no.

Lo que necesito es pasar una temporada en el campo.

Si el médico me lo ha recomendado.

Pero es una desgracia ser pobre.

¿Pobre?

¿Y yo qué lo encuentro tan rica?

Florencio.

Mijita, si el médico le ha recomendado el campo...

¿por qué no se viene a la estancia?

Ah, sí.

Es muy lejos de Buenos Aires.

Cuatro horas de tren.

Buen sueldo y poco trabajo.

Acepto.

Ya respiro mejor.

Ya me parece que estoy en el campo.

Estarás al servicio de mi hija... que es el futuro pimpollito de Sebastián.

Pimpollito, sí.

¿Cuándo debo partir?

Cuando usted quiera.

Aquí tienen los horarios del tren... de dirección de la estancia.

A cualquier coche de la estación... lo dice que la lleve a las grisinas.

Muy bien.

¿Vamos, Don Florencio?

Vamos.

No me vayas a fallar.

Cualquier cosa que usted necesite... pírala con confianza.

Estamos en el hotel Palace.

Yo vuelvo luego, solo.

Don Florencio.

Don Florencio, vamos.

Sí, vamos.

No rechupes.

Dentro de un rato vengo solito.

Bien.

El pimpollito de Sebastián.

Qué infame.

Y tengo un tren ahora mismo.

A ver.

Conmigo no se juega.

A ver.

Una hora, nada más.

Dos bocas.

Pase señorita.

¿Usted dónde va?

¿Al A o al B?

Al B.

¿Aló de la verdad?

Sí, telegrama para la señorita.

A ver, dime.

Ay, qué raro.

¿De quién será?

Yo le voy a dar novia.

La pulsera.

Van a tener una mucama de esas que no se olvidan nunca.

Ahora va a ver.

Pimpollito.

Mi vida, perdóname.

Un asunto de vida o muerte me obliga a alejarme por unas horas.

A las dos te llamaré por teléfono para explicarme lo que ha pasado.

Te adoro, Sebastián.

No me das un besito, preciosa.

No, no, no.

Ahora no.

No se abuse usted porque estoy sola.

¿Vaya a escapar?

No.

Espere.

Voy a ver quién es.

Y enseguida seguimos conversando.

Hola.

¿Está la otra?

¿Qué otra?

Dígale que venga.

Solo no le puedo permitir a usted la entrada, señor.

Estoy sola.

Mentira.

Está ella también.

Me dijo usted que la señora no está.

Pues señora, ¿qué me importa de la señora?

Se buscó su compañera, la otra mucama.

La he tomado a mi servicio.

Ah, Sofía.

Ay, esa ya está despachada.

Buen clavo se llega a usted.

Es una borracha.

Cocina muy bien.

Pero tiene algo que hacer.

Esa Sofía es una juentera como esa sola.

Seguramente se ha ido a la estación ya.

Voy a ver si la alcanzo, ¿eh?

Me voy, ¿eh?

Me voy.

No, no me voy.

Venga para acá, chiquita.

¿De verdad que está usted sola?

Sí.

¿Y no tiene miedo con un día así de tormenta?

No.

¿De verdad que no?

¿Eh?

¿Y no tiene miedo con un día así de tormenta?

El timbre.

Seguramente la señora.

La señora.

Qué papelón.

No habrá usted.

Espere.

Qué papelón.

Qué papelón.

Cóngase.

Cono del balcón.

¿Y sol?

No está, señora.

¿Pero cómo no está?

Se ha dado parte de enferma.

Sin embargo, la señora ha salido.

Bueno, la voy a esperar.

Mejor que la señora se vaya.

¿Te incomodas?

No, señora.

Qué esperanza.

¿Qué me va a incomodar?

Como decías, que me vaya.

Oh, la señora debe haber huido mal.

No pude irme.

No quise decir eso.

¿Pero qué te pasa?

¿Quién?

A mí, señora.

¿Sí?

Nada.

Qué calor.

¿Y este desorden?

No sé, señora.

¿Usted ha revuelto los cajones del secretario?

Yo no, señora.

Todo por el suelo.

Los estuches están vacíos.

Faltan las alajas.

Esa silla volcada.

¡Y la ropa por el suelo!

Aquí han entrado ladrones.

¡Ay, Dios mío, disparen!

¡No, no, no, no!

¡Venamos a auxilio!

¡Ladrones, ladrones!

¡Gritemos por la cocina!

¡Por la cocina no, señora!

¡Por la cocina no!

¡Por el baño!

¡Socórranse!

¡Un rayo!

¡Un rayo!

¡Lo vi caer!

¡Ladrón!

¡Acesino!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Socorro!

¡Hazlo!

¡Socorro!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Hazlo!

¡Mi pilante!

¡Mi pilante!

¡Lo es, señoras mildes!

¡¿Qué dice a mí?!

¡A las personas, cruel!

¡A las personas, cruel!

¡Hagárrenelo!

¡Arriba la mano!

¡Vete a corrícholos, señoras por favor!

¡A la vida, al fin!

¡Vete a corrícholos!

¡Escuchen eso!

¡Suélteme!

¡No toque!

¡Suélteme!

¡Suélteme!

¡No me toque!

¡No me toque!

¡Ay, que prontos!

¡Pueden estar bulcsados!

¡Agárrenlo!

¡Son ladrones!

¡Agárrenlo!

¡Son ladrones!

¡Suchachos, tomen la nota enseguida!

¡Rápido, por favor!

¡Una fotografía!

¿Pero cómo?

¡Solo disparo!

¡Agárrenlo!

¡Agárrenlo!

¡Agarrarán a su abuela!

¡Déjenme ir, vos sos el ladrón!

Este es Frank, que aquí tiene la nueva mukama.

¿Usted la nueva mukama?

Sí.

¿Pero quién es el ángel que nos la manda?

Don Florencio.

Ah, viejo pierna.

Ahora me explico.

Venga, le voy a enseñar cuál es su cuarto.

Preciosa.

Pase, divina.

¡Frank!

Deja esa balija.

Yo la voy a acompañar.

Y vos, anda a flanchar el pantalón del mismo Antonio.

Agarra la balija.

¡Mire, mijita!

Es conveniente que vayas sabiendo que ese hombre es mi marido.

Creo que nos entendemos, ¿no?

Aquí todas las mukamas han volado por meterse con él.

Si usted quiere quedar en la casa...

Ya sabe.

Buenas tardes.

¿Usted es la nueva mukamita?

Yo soy el pinche.

Tanto gusto.

Me encantaba de conocerlo.

Con estos deditos de caramelo secando platos.

¿Y si usted no me ayuda?

Pero pida menos más.

Ordéneme cositas.

Téngame el cigarrillito.

¡Carmelo!

¡María!

¿Vos también en lo que ha sido por la primera pollera que se te presenta?

¡Vos también en lo que ha sido por la primera pollera que se te presenta!

Después de lo que me has jurado anoche, de lo que me has hecho hacer.

Silencio, usted puede oír tu marido.

No me importa que me oida.

Yo por vos me juvenzera.

Sin temer a los senos de frango.

Por favor, María.

Andate, andate de la cocina antes que pierdas la cabeza.

Sí, me voy.

Mire, míjita... con este hombre tampoco se mete.

Usted sí quiere quedar en la estancia, ya sabe.

Pero, ¿por qué?

Porque a esta estancia se viene a trabajar... y no hay namorar a los hombres.

¡Ya sabe!

¿Dónde?

¡A trabajar!

¡Tome!

¡Mátale a la gallina!

¡Pero esta mujer es un inútil!

¿Qué ha hecho?

¿Dónde está la gallina?

No sé, se ha ido galopando.

¡A desabordar que sea de chiste!

Si dígame dónde está la gallina.

¡Silencio, María!

Usted, ayúdeme a servir el té.

No, ella no.

Que diga primero dónde está la gallina.

Me la comí.

Mira, a mí no me asalto el pico porque soy capaz de bajar todo de humo.

¿Qué?

¡María!

¿Qué son esos gritos?

La mujer más nueva dejó escapar a la gallina que tenía que matar.

Es que no sé hacerlo, señora.

Nunca maté una gallina.

No importa, mija.

¿Cómo se llama usted?

Regina, señora.

Sirva el té, Regina.

Y usted, María, busque la gallina.

No puede haberse ido muy lejos.

Que Franz la mate.

Tome.

Lleve la bandeja al comedor.

Acá está la leche y aquí el té.

Y empiece por Doña Rosario.

Póngase la vincha primero.

Madi merengue.

La capital debe tener sus encantos.

¡Ah, la ciudad, la ciudad!

No me hable de la ciudad, señora.

Allí todo se pervierte.

Pero mamá, también en la ciudad hay gente buena.

¿Y te referís a las actrices quizá?

Señora.

Sol.

¿Qué decís?

Soltero soy, señora.

No, no lo olvides.

Soltero sí, pero hay que abrirle los ojos para

que sepa defenderse de mujeres como Sol Bernal.

Pero mamá.

Cállate vos.

Este grandulón no necesita defensoras.

No se puede juzgar a la gente sin conocerlo.

Y esa mujer me está dando grandes pruebas de fidelidad.

Sol.

¿Pero qué pasa?

Sol solo se irá dando cuenta de las cosas.

¿Se rompió?

Y bueno, levante la taza, Regina.

¿Qué haces aquí?

Eso te pregunto yo.

Decime que sí.

Decime que sí.

Y tenía novias.

Canalla.

Te voy a explicar.

No necesito explicación.

Pero apúrese, Regina.

Ya está, señora.

Sebastián.

Es que falta un pedazo.

Gracias, niño.

De nada.

Esta mukama me parece demasiado, compadrita.

Ve, doña Rosario, otra cosa que ha cambiado.

En mis tiempos el servicio doméstico parecía servicio doméstico.

No como esta mujer que tiene aire de todo menos de mukama.

Mamá, ¿cuánto mejor una mukama así tan bien puesta?

¿No te parece, Sebastián?

Sí, sí.

Ahí llega papá.

Aquí nos tiene.

Hola, quercita.

Estamos de vuelta ya, ¿eh?

¿Cómo está, mamá?

Más justos no podía negar.

¿Cómo está, doña Rosario?

Bien.

Ya nos contó el cochero lo de la inundación.

Pototo, antes de besarme, ¿cómo te has portado?

Bien, mujer.

Deme una taza de té que vengo muerto de sé.

¿Qué tal, Antonio?

¿Cómo te va, Sebastián?

¿Hay novedades?

Sí, nunca falta.

¿Verdad, che?

Lo de siempre, tío.

Sobioso, ploviento.

Salió el sol.

¿Encontraron la gallina?

Todavía no, señora.

Fíjese que raro.

No se aflija, ya la encontrarán.

Ah, llegó la nueva sirvienta que contraté.

Digo, que contrató a don Bernabé.

¿Cómo le va, Sofía?

¿Cómo, Sofía?

Sí se llama Regina.

¿Regina?

Así es cierto, sí.

¿Cómo le va, Regina?

Bien, señor, gracias.

Traiga agua caliente, por favor.

Me da otra taza, señora.

Tengo una hambre.

Con mucho gusto.

Me han dicho que es muy buena cocinera.

¿Buena cocinera?

Si no sabe ni matar una gallina.

Mukama.

Ha querido decir mukama.

Le recomendaron mucho en la agencia.

¿En cuál?

En la agencia.

Serví vos, Esther.

Acompáñenme, Regina.

Quiero indicarle cuáles son sus tareas.

Con permiso.

Atienda, señora.

Pototo, ¿compraste la lana de tejer?

Sí, querida.

Y la citronela, y la loción capilar, y el cepillo de dientes.

Este es mi cuarto.

Es el primero que tendrá que hacer usted todas las mañanas y a la tardecita.

Porque soy la primera en levantarme y acostarme.

Sígame.

Después, arregla esta salida.

Le ruego que sea muy cuidadosa con todas estas cosas.

Les tengo mucho, cariño.

Los floreros, las flores.

Esa era la camita de Sebastián.

Todo está como lo dejó la madre antes de morir.

Este era el cuarto de ella.

Y ahora no lo habita nadie, señora.

Solo el recuerdo.

Por eso le pido que no se rompa ninguna de estas cosas.

Comience por aquí.

Cuando el cuarto de baño está arreglado, le será más fácil todo lo demás.

Limpie bien este espejo, ¿eh?

Bien, señora.

Hasta luego.

Hasta luego, señora.

Sol.

¿Pero cómo diablos has llegado aquí?

Te voy a explicar.

¿Pero vos me tiras a matar?

Déjame hablar.

¿Qué hablar?

Ahora lo veo claro.

Lo que buscas en mi ruina.

¿Para qué haber ido?

¿Cree que los viejos me deshereden?

Sebastián no te ha dicho nada.

¿Qué me va a decir si él está más abombado que yo de verte en esta casa?

Ah, no, no, no.

Y prefiero decírtelo sinceramente.

Como esto sigue así, lo siento mucho, pero nuestro matrimonio queda en nada.

La última vez que hacés la defensa de Antonio.

¿Viste lo que dijo doña Rosario?

Que te callaras.

No me importa la opinión de doña Rosario.

Yo digo lo que siento.

Hijita, no estamos en situación de usar tanta franqueza.

Tu padre no tiene un centavo.

Tenés que casarte con Sebastián.

Pero yo no lo quiero.

Con toda su plata, no lo quiero.

Vos sabes muy bien que yo quiero a otro.

¿Y para qué te comprometiste con él entonces?

Por despecho.

Porque Antonio se fue a la ciudad y me olvidó por una cualquiera.

Antonio.

Esper.

No.

Esper.

Ajá.

Sol.

Sol, yo te voy a explicar.

Esas explicaciones serás a Esper, que las está esperando hace más tiempo que yo.

Yo no tengo la culpa.

Es una desgracia que me persigue.

Mujer que le gusta a Sebastián se enamora de mí.

Eso decís ahora.

Vidita, no se me ponga celosa.

Perdona, recién veo que me querés de verdad.

No, no, Antonio.

Antonio.

¿Pero qué significa esto?

En mi propia casa.

Este... Quise decir, en mi propio cuarto.

Don Florencio, yo... No, no, nada, nada.

Rotírate.

Es inútil.

Rotírate, te he dicho.

O este es un sinvergüenza.

Este, este es de los míos.

Y usted, bandida.

Me había resultado bastante mentirosita, ¿eh?

Regina en vez de Sofía.

Mukama en lugar de cocinera, ¿eh?

Y además, parece que le gusta bastante... ¿Qué?

La caña paraguaya, ¿eh?

¿Pero qué está diciendo?

Vamos, picarona, sin ser ese compototo.

Ya me lo contó todo la otra.

¿Qué otra?

La otra Mukama, malita.

¿Por qué se vino sola?

¿Por qué no me esperó?

Todavía me lo debe, ¿eh?

¿Qué?

El besito de despedida.

¡Ay, señor!

¡Señor!

¡Don Florencio!

Nada, estaba buscando las cosas, el asunto aquilar.

En su propio cuarto.

¿Y a vos?

¿Quién te ha llamado mucho?

Pásase, por favor, que viene su mujer.

Pero che, qué tipo arruinador que sos.

¡Qué cosa!

Sol, ¿qué has hecho?

¿Por qué estás aquí haciendo este personaje de opereta?

Estoy continuando tu comedia.

Casarte, dejarme plantada sin una explicación... y correr detrás de tu novia.

Quise hablarte por teléfono.

¡Mentiste!

¡Pero no contestaban!

¡Un enchufe!

Te lo juro.

Las cosas vinieron así.

¿Qué?

Te estoy explicando cómo pasaron las cosas.

No tuve más remedio que escapar.

Llegaron los viejos y Ester.

Ester, me lo habías ocultado.

Pero tesoro, ¿cómo no me tenés fe?

Dame tiempo con la familia y todo se va a aclarar.

¿Me creés, mi vida?

No, no, aquí no.

Tenés razón.

En tu cuarto.

Ahora, enseguida.

No, que nos pueden ver.

Voy a entrar por la ventana.

Hasta luego, Requina.

Hasta luego, niño.

¿Y?

¿Apareció la gallina?

Usted que le escondió sabe dónde está.

Graciosa.

Ya la van a encontrar cuando cacare.

¿Has perfumado el cuarto?

Es la segunda vez que lo hago.

La primera fue cuando te esperaba y no llegaste.

Tesoro, te mandé un telegrama.

No digas nada.

Le tengo fe a mi marido.

Pero comprendeme.

Cuando supe que te había sido... No digas nada.

Nada.

La comprendo a mi mujer.

¡Ay, no grites!

¡Aquí está!

Agárrala.

Se va a callar.

¡Franc!

¡Franc, Carmelo!

¡Abra!

Así que la tenés conmigo.

¡Abre, abre!

¡Abre!

¡Abre y te digo que no me van a ver!

¡Abra!

¡Abra!

¡Vamos!

Ya me imaginaba que esto era una gracia suya.

Pero esto lo vamos a arreglar después, ¿eh?

Ahora le damos día a Rosario.

¡Vale a atender las camas!

¡Vale!

Señor... Permiso.

Permiso.

¡Franc!

¡Carmelo!

¿Cómo está el mundo?

Te quedo sin palabras La pequeña canción Nochecita sin luna Mañanita sin sol Ya no

dice te quiero Ya no dice mi amor Solo sabe de ausencia La pequeña canción.

¿Dónde están tus palabras?

¿Dónde duerme tu son?

Vocesitas del tiempo que la ausencia pagó.

Mariposa cansada que un vendaval llevó.

Más allá del olvido más allá del avión.

Hijita.

Qué bien canta usted.

¿Cómo con esa voz no ha estudiado?

¿No ha tratado de llegar a algo?

Me está llorando, señora.

Porque recuerdo.

Esta caja era de ella.

De la madre de Sebastián.

Todos nos opusimos a su casamiento.

Porque era extranjera.

De otra tierra, de Francia.

Pobre hijo mío.

¿Cómo lo hice sufrir cuando volvió de París casado con ella?

Fui cruel con los dos.

A veces pienso, mirando su retrato, qué sola debió sentirse aquí.

En esta estancia donde le faltaba todo.

Hasta nuestro cariño.

Recién lo comprendí cuando murieron los dos.

Qué tarde aprendí a quererla.

Mil veces le he pedido perdón entre todas estas cosas que fueron suyas.

¿Ves, señora?

Ahora me ha hecho llevar usted a mí.

Esta caja de música la compraron en Niza cuando nació Sebastián.

Cuando él se case, se la devolveré a su mujer para sus hijos.

Vamos.

Vamos, mi hijita, llaman a comer y yo estoy sin vestirme todavía.

Todo me lo explico.

Pero no que un muchacho educado como vos, Antonio.

Pero tío.

Como vos, Antonio, pueda alternar con una guaranga como Sol Bernal.

Una cómica de la legua.

Más digna de lástima que otra cosa.

De esas que sin ningún pudor se retratan en malla de baño.

Y en mallas bastante escasas, por cierto.

La Niña de Sociedad hace lo mismo.

No, gracias.

¿No es así, Sebastián?

No sé, no leo revistas.

Yo sí las leo, niña.

Y bien escandalosas que son y nadie les dice nada.

¿Qué es eso?

Casi me resbalo, señora.

Sirva en silencio y no se meta en la conversación.

Tiene razón, Ester.

La Niña de Sociedad hace lo mismo.

También en mallas cortonas.

Y para colmo dicen que tu Sol Bernal... ni siquiera sabe leer y escribir.

Eso no, tío, eso no.

En cuanto a cultura, que diga Sebastián que la ha tratado.

Sí, en efecto.

Vos también.

¿No te da vergüenza delante de tu novia?

De Antonio le espero todo, pero a vos... no estoy dispuesta a perdonarte nada.

No se ponga así, tío Bernabé.

Usted tiene razón.

Eso no.

¿Qué?

¿Qué pasa?

Esa croqueta no, señor, está quemada.

La otra, esa.

Ah, gracias.

Esa es más rica.

Es la más rica.

Regina, cuérese con la crema.

Niña.

Regina, deje un plato sin crema... que a mí lo Sebastián no le gusta.

¿Qué le pongo?

Póngale azúcar molida.

El plato del niño Sebastián.

¿Qué ha pasado?

¡Ay, el ojo, Dios mío!

¿Quién fue?

El niño Sebastián.

Sol.

¿Quién me es?

Sol, quisiera hablar contigo.

Explicar.

¿Conmigo no tenés nada que hablar?

Y nada que explicar.

Déjame entrar.

Ahora que estamos solos.

Que nadie nos molesta.

Que podemos ser tan felices.

Felices.

Con esta guaranca.

Con esta impunza que se retrata en malla de baño.

Con esta cónica de la lengua.

¿Pero qué podía hacer?

¿No viste cómo se puso el tío Bernabé?

Sol, déjame entrar.

Vamos a hablar.

Decidme la verdad a tu familia.

Y entonces abriré la ventana.

Sol, obedece te digo.

Abrís la ventana.

Te olvidás que soy tu marido.

Que tengo el derecho de entrar a tu cuarto.

Y hasta la obligación.

No, no y no.

Cuando todos sepan que sos mi marido, te obedeceré.

Pensá bien lo que estás haciendo.

Abrís la ventana o me voy.

Andaste, andaste.

Si es lo que estoy deseando.

Se fue.

Buenos días.

Buenos días.

Buenos días.

Lauriano, llévese estos perros.

Qué mañana divina.

Hoy me siento como nueva.

Mamá, cerra la sombrilla.

Ay, qué distraída soy.

Voy a poner un poco de música.

¿Cuántas?

Presiento que hoy va a ser un día agradable.

¿Y Antonio?

Todavía duerme.

Pobrecito, costumbres de la ciudad, levantarse tarde.

Sebastián, en cambio, a las seis de la mañana... ya salía para la trilla.

Atención.

Últimos detalles sobre el secuestro de Sol Bernal.

El departamento de la actriz fue desvalijado.

Se encuentran detenidos la mukama Petra López...

y uno de los ladrones disfrazado de mensajero.

Sin embargo, recaen vehemente sospechas... sobre dos conocidos jóvenes estancieros...

cuyos nombres se reservan...

y sobre un anciano que logró huir en el momento de lecho...

aunque fue fotografiado por casualidad.

Pasaremos a continuación...

el último disco grabado por la celebrada actriz...

cuya desaparición constituye la nota del día.

Lo único que faltaba.

Este escándalo va a caer sobre la familia.

Menos mal que a ese viejo le sacaron la fotografía.

A lo mejor sale borrosa.

Maldito muchacho.

No saben lo que se ha metido.

Florencio, venga.

Pobre Antón.

¡Ester!

Esta muchacha anda mal de los nervios.

Sangriento aquel sol de enero... resquebraja el veredón.

Aguadas perlas los niegan... caídas del carretón.

Y bajo de la glicina... lleno queda el multinaco.

Y el mozo de linda estampa... ya se va con su pregó.

Agüita fresca... agua fresquita...

para los paisanos... agua bendita.

Agua del ciego... agüita y mar.

Paísano harijo...

ven... a tomar...

agua fresquita.

No nos meteremos en un río más grande, don Bernabé.

Esta mujer puede haber sido mandada por Sol Bernal.

O también puede ser ella la ladrona.

Cierra la puerta.

No estoy cerrando.

Hay que revisarle la valija.

Hay una camisita...

y de brodería.

A ver, va.

Y un camisón... de seda.

¿Y esto qué es?

Un pijama.

¿Esto no es ropa de sirviendo?

No.

Un corpiño.

Monograma.

SD.

Sol Bernal.

Ropa de sol.

¿Y eso qué es eso?

Todo una joyería.

Anillos.

Pandantif.

Pulceras.

La muchacha es la ladrona.

A esta Regina me la meten a la sombra.

Hay que avisar a la policía.

No.

Mamá.

Yo sé lo que hay que hacer.

María.

¿Llamaba, señora?

Sí.

Florencio, cierre la valija.

¿Salió el camión de las aves?

No todavía, señora.

Ponga la valija en el camión.

Dígale a Regina que está despedida... y páguela estos días.

Laureano la acompañará a la estación.

Sí, señora.

Te lo diré cuando vuelva.

Salió corriendo para la trilla.

Salí corriendo y vine a buscarte.

¿Estarás contenta ahora que has desencadenado... la escándalo que buscabas?

¿El escándalo que yo buscaba?

Sí.

Conocía la situación de estas casas.

Sabías que teníamos que proceder contínuo... para no ofender a mi gente.

Y no se te importó nada.

Pero a mí tu gente sí puede ofenderme.

Vos ocultándome como una vergüenza... y tu gente cubriéndome de insultos.

En cuatro días yo hubiese aclarado dos cosas.

Con tu locura les has dado la razón.

No me lastima lo que ellos piensan.

Lo que me llena es comprobar...

que vos pensás igual que ellos.

Adiós.

Por fin.

La está esperando Ruperto... para llevarla con el camión a esta estación.

¿Quién dio esa orden?

Doña Rosario.

Aquí tiene.

Diez pesos.

Está despedida por ladrona.

Quisiera ser pajarito, pajarito... quisiera ser.

Señora.

Perdóneme.

¿Cómo es usted el que me ha despedido?

Me siento obligada a darle una explicación... si me lo permite.

Si no me lo permite...

entonces me iré así...

humillada como usted lo ha querido.

Hable, Regina.

No, señora, no me llamo Regina.

Ni soy una ladrona.

Soy alguien que a usted tal vez le parecerá mucho peor.

Soy Sol Bernal.

¿Entonces usted y Antonio se han atrevido?

No lo acuse, señora.

Yo soy la única culpable... porque no tengo nada que ver con Antonio.

Hice mal en llegar a esta casa, lo sé.

Pero vine a defender algo que creí mío.

El amor de Sebastián.

¿Sebastián?

Él tiene novia.

Sí, pero no se quieren.

Esther quiere a Antonio.

A pesar de eso comprendo que estoy de más aquí.

Que yo también, como ella, vengo de otro mundo.

De un mundo tan amargo... como usted ni sospecha, señora.

Y donde cuesta ser buena.

¿Por qué he podido hacerlo... a pesar de que las apariencias digan lo contrario?

Es que me atreví a hablar con usted.

A darle esta explicación.

Y a pedirle un favor.

Aunque las circunstancias estén todas en contra mío...

no piense más de mí porque no lo merezco.

¿Qué desean los señores?

Me imagino que se habrán enterado del rapto y desbalijamiento...

perpetrado en la casa de Sol Bernal.

Sí, estamos enterados, por desgracia.

Entonces sabrán dónde se encuentra Sol Bernal.

Ya le decía, señor oficial... que en esta estancia se iba a aclarar todo.

Esther, anda a llamar a tu padre y a don Bernadé.

Vía, señor.

Ni sabemos ni conocemos a esa señorita Bernal.

Las joyas las trajo aquí su mukama.

¿Qué mukama?

Si la mukama está presa con el mensajero.

Estamos buscando al viejo, cuya fotografía tenemos.

Pues se han equivocado ustedes de casa.

No es aquí donde van a encontrar a esa gentusa.

¿Gentusa o no?

Yo afirmo que aquí vamos por buen camino, señor oficial.

Tomo nota, señorita.

¿Qué pasa?

¡Antonio!

Gracias.

¿Investigando?

¡Las cotorras!

¡El viejo ladrón!

¡No es él!

¿Qué significa él?

¡Es don Florencio!

¿Qué Florencio?

¡Es el viejo, estoy segura!

¡Claro que sí!

Un momento.

Mírame usted de frente.

¿Qué es ese?

¿Es un lío o quiere ser otro?

¡Fotóto!

¡Defendete!

¡Mamá, por Dios!

¡Es el mismo, estoy seguro!

¡Silencio todo el mundo!

¿Pero usted está hablando?

Yo no digo una palabra.

Digo que usted está hablando en la fotografía.

Es el mismo, el viejo, el ladrón.

¿Yo?

Florencio.

¡Perdónme!

¡No hay derecho!

¡Pero de ese preso!

¡No atropello, señor!

¡Una falta de respeto!

Esto lo debemos a vos, Antonio.

Señora, ponga fin a esto.

Lo conoce.

A ver.

Sí, igualito, soy yo.

Pero lo explicaré.

Se lo explicará el juez de turno.

Señor oficial.

Mi misión es llevarlo preso a Buenos Aires por presunto ladrón.

Y a los señores Requena para aclarar el secuestro de Sol Bernal.

Un momento.

La señorita Sol Bernal no ha sido secuestrada.

Esther, Antonio.

Sé que a ustedes ya no les causará dolor lo que voy a decir.

Al contrario.

Ustedes siempre se han querido y yo impedí esa felicidad.

Señor oficial.

Sol Bernal es mi esposa.

¿Qué?

Carmeno, señor.

Llame a Regina.

La señorita Regina se fue en el camión de las Aves, señor.

La despidieron.

La

Por acá parece algodón, por acá parece carón.

Por acá está quedando un acta de la llamo.

Me dicen que por el río, al sopro del viento sol, tengo irte del lado mío,

sabiendo que la miro.

Estoy lavando y llorando, llorando por tu traición.

Es triste seguir amando, después que se fue el amor.

Me fuiste del lado mío, sabiendo que eras mi luz.

Me dicen que por el río, al sopro del viento sol.

La ropa baila en el aire, el viento hace bailar.

Mis ojos que son cobardes, solo saben lagrimear.

Ay, ¿quién será que en la tarde los hace llorar, llorar?

Un brazo, un brazo, un brazo, pena y amor.

Se fuma por acá, parece algodón, los manos por negra,

parecen gargondas, bailando a un rato, pena y amor.

Lavando ropa en el río, me acuerdo de tu cubón,

y de tu pañuelo verde, y de tu pasapuncio.

Y mientras estiendo en la orilla, las olas me hacen

pensar, en los amores que un día como vinieron se van.

Me dicen que por el río, al sope del viento azul, volverás al lado mío,

sabiendo que sos mi luz.

La ropa baila en el aire, el viento la hace bailar.

Mis ojos que son cobardes, solo saben lagrimear.

Ay, ¿quién será que en la tarde los hace llorar?

Lloran.

La ropa baila en el río, pena y amor.

¿Qué hay?

Señorita, el señor Sebastián chocó con el automóvil, está herido.

Dios mío, ¿dónde está?

Avisaron que ahora va a llamar por teléfono a su casa.

Anda.

Señor Sebastián.

¡Señorita!

¡Señorita!

¡Señorita!

¡Señorita!

Hola, Sebastián, ¿dónde estás?

Estoy aquí.

¿Qué haces?

¿Y con mi pijama?

No tenía nada que ponerme.

Después de todo, somos marido y mujer.

Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío.

¿Y el accidente?

Ya lo ves.

No puedo tenerme de pie.

Me voy a acostar.

Así.

Si después de un accidente así, tenés que acostarte enseguida.

Sí, sí, sí, sí.

Tenés fiebre.

No, no, no, no.

Tú sentís débil.

No, no, no.

No,

no.

Sebastián está herido.

Tiene que descansar.

No.

Sol.

Sol.

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