All language subtitles for Doménica Montero_S01E32

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Original subtitles

¿Qué haces con mi anillo de compromiso?

Ese anillo es tuyo.

O sea que fuiste tú quien mató a mi hijo.

¿Qué dices?

Estás loco.

Llevo mucho tiempo buscando al dueño de ese anillo.

A ver, explícate porque no te estoy entendiendo nada.

¿Qué estás diciendo, imbécil?

Ese anillo salió volando del coche que atropelló a mi cuñada.

Que estaba gestando a mi hijo.

Y si tú eres la dueña, ¿tú tuviste algo que ver con eso?

Yo me deshice de este anillo en mi casa en Puebla el día que Max no llegó a la

boda. No quería absolutamente nada que me recordara ese maldito día.

Y desde entonces no lo he vuelto a ver.

Y si no es tuyo, es de algún invitado.

Me urge saber qué fue hacer Max a la Ciudad de México con tanta urgencia.

¿Quién no te contesta?

Obvio no.

Estoy empezando a crear un legendario. Me dijo que no iba a regresar.

Ah, no. Esa rata seguramente no vino nada a repartir dinero.

Seguro vuelve.

Y te recomiendo que lo tengas muy bien vigilado, igual que a Genaro.

Le choca que todos hagan lo que les da la gana.

¿Sabes cuántos invitados tuvimos a nuestra boda? Más gente de servicio.

Cualquiera pudo haber tomado este anillo.

Pero yo necesito saber quién fue.

Ese anillo es único. O alguien más podría tener uno igual.

Es único.

No hay otra piedra igual.

Llevo tanto tiempo buscándolo.

Eso no te va a decir quién recogió este anillo de mi casa.

Yo lo tiré.

Y si no me quieres creer, sabes que no me importa.

Lamento mucho lo que le pasó a tu bebé.

Pero vas a tener que buscarte otro culpable.

¿Cómo te atreves a hablar de la mujer que dices amar?

¡Sálgate de mi casa! No hagas ninguna tontería, Luis Fernández. Es que no

tenés idea.

Emilio, este es Doménica.

Necesito saber quién mató a mi hijo. No sé, no sé, pero te tienes que

tranquilizar. Te tienes que tranquilizar.

¡Doménica!

¡Doménica! ¡Doménica!

Por favor, espérate.

¡Doménica!

No entiendo cómo puedes confiar en un idiota que se encuentra un anillo tirado

y te inculpa por haber matado a su hijo. Todo lo que tiene que ver con esa

maldita boda es una desgracia, Max.

No, el problema no era la boda. El problema fueron esos malditos

extorsionadores que me arruinaron la vida. Y ahora sé que cometí un error. Yo

debí de haberte dicho cómo estaban las cosas.

Hay tantas cosas que debiste haber hecho y que no hiciste.

Pero ahora estoy tratando de enmendar ese error. Por favor, dame una

oportunidad.

No se puede cambiar el pasado, Max.

Y estas son las consecuencias.

Por lo menos déjame acompañarte. No quiero que estés sola ahorita.

No, no, no. Ya lo hiciste una vez.

Y pude afrontar esa humillación yo sola.

Y si de verdad te importa, Max, deja de buscarme.

¡Desaparécete de mi vida!

Lo que no tiene sentido es que Langer asegure que el anillo es único cuando

nosotros tenemos el nombre de otro comprador, Aurelio Martel.

Y si de verdad Doménica se deshizo del anillo cuando la abandonaron, se nos

haría casualidad que llegara al lugar del accidente.

¿No? A lo mejor Doménica quiso regresar el anillo y pidió que no se mencionara

su nombre, y el de Max.

Eso la exculparía si dejó el anillo en la joyería antes del accidente de Sofía.

Tiene que haber una explicación más sencilla.

Sin importar la explicación, cada que vea a Doménica voy a

recordar lo que le pasó a mi hijo.

¿Tú sabías que el doctor tenía el anillo de compromiso de Doménica?

Es que es de no creerse dónde fue aparecer ese anillo.

Es hasta macabro.

Y respondiendo a tu pregunta, obvio no sabía nada.

Si hubiera sabido algo, te lo hubiera dicho, así como te conté todo lo que

pasó el día de la boda frustrada.

Oye, dime algo. ¿Ya estás en Santa Teresa?

Sí. Pero ahora con un nuevo problema, por más que trato de quedar bien con

ella, no se puede.

Ni siquiera me dio chance de acompañarla a su casa.

Bueno, pero Luis Fernando está en su contra.

Y eso es lo que tiene adolorida a tu...

Adorado tormento. Sí, sí, me impresiona cuánto le importa ese doctorcito.

Y tienes que aprovechar eso.

Está bien.

Yo no voy a quitar el dedo del renglón.

Pero por el momento lo mejor es dejarla sola.

Sí, y si ella me llega a decir algo, le voy a decir que obviamente Luis Fernando

no la quiere por haberla acusado.

Pero si sabes algo, por favor, dímelo inmediatamente.

¿Va? Nos vemos.

Ay, Kiki.

Qué bueno que cuando andabas con Max no dijiste nada de lo del dichoso anillo,

¿eh? Obvio no, Silvia, eso solo lo sabes tú.

Lo que me preocupa es que Domenica se acuerde que yo estuve en México cuando

pasó lo del accidente. No, no, no, cállate, cállate, cállate.

Pues es que así como se dieron las cosas, sí está

como para pensar mal.

Y luego estamos hablando de mi sobrino. Pero eso a mí no me hace culpable,

Pedro. No, yo no estoy diciendo eso.

Pero primero Luisfe encuentra unas pistas, más el dolor que ya tenía.

Como quien dice, él ya no está buscando quién mató a la vaca, Dome, sino quién

se la hizo.

Por lo visto, todo me sale mal con Luis Fernando.

Y luego Max me defendió y eso empeora las cosas.

Es que pues ahí está el detalle.

Tienen un chorro de broncas por asuntos que ni siquiera son de ustedes.

Por otros o no, lo que es un hecho es que Luis Fernando no quiere creer en mí.

Dispénsame, pero...

Ponte en sus zapatos.

Tú tampoco querías creer en él al principio.

Tienes razón.

Patrona.

¿Habrá clase de computadora?

Sí. Así me distraigo.

Después te veo.

Computación, Fernando.

Ven, vamos.

Ahora está hablando de...

El día de la boda fue todo un caos.

La verdad yo no recuerdo haber visto el anillo de compromiso.

Digo, es lo último que pensaría yo. Sí, lo entiendo.

Pero si Doménica te dijo que lo tiró, no tiene por qué mentirte.

Claro, ella dijo la verdad.

Sí.

Lamentablemente la razón por la cual ese anillo llegó a tus manos debe ser otra.

¿O tienes alguna razón por la cual dudar?

Pues cuando Sanceniz fue a la joyería le dijeron que el comprador...

No era Max Langer, sino un tal Aurelio Martel.

Ay, qué raro.

¿Y tienes más información sobre ese tipo?

No, pues no hay dirección fiscal, no hay imágenes en las cámaras, no hay nada

sobre él.

Bueno, pues a lo mejor Max mandó a comprar el anillo con otra persona para

que los extorsionadores no dieran con él y con su dinero.

Luis Fernando, yo sé que quieres dar con la persona que mató a tu bebé.

Pero cualquiera se pudo haber robado el anillo ese día.

¿Te gustó el budín que te preparé?

¿Que no se vio, Nicolasa?

Bueno, pues ahora que ya te puse muy de buenas con mi postre... Necesito

contarte que yo fui en tu lugar a hablar con Prudencio.

Se me hacía raro que hasta postre me había hecho.

Pedro, Prudencio será todo lo bruto que quieras.

Pero si de algo estoy segura...

Ese que te quiere.

Además, no está bien que tú vivas con ese rencor. Ah, por eso no quería ir,

Nicolasa. Porque nomás me iba a poner más rencoroso todavía.

Y la verdad, pues ya no sé si agradecerle que se preocupe tanto por

mí, o si nomás, pues... ¿Nomás qué?

O si nomás me anda usando de excusa para ir a ver a poderse usted sola.

La verdad.

Y si es así, Nicolasa, yo le recomiendo, humildemente, póngase las pilas y

búsquese un hombre menos Nadine.

Cuando usted quiera, puede tomar posesión de su nueva casa. Está en el

centro del pueblo.

Muchísimas gracias.

Y de una vez se lo digo, esta sí está a su altura.

Hasta le mandé a poner internet vía satelital.

Digo, eso usted lo puede pagar con la mano en la cintura. Sí, sí, es que para

mí es de vital importancia estar comunicado todo momento.

Y no me olvidé de su protección.

Hay una persona de mi entera confianza que va a estar por ahí dándose sus

rondines. No vaya a ser que le den otro balazo.

Sí. Y me voy a tomar la libertad de organizarle una comida.

Quiero que conozca el restaurante más importante del pueblo.

Y a su dueño, que es amigo mío. Gracias.

Es la persona más pudiente de todo Santa Teresa.

Bueno. No tanto como usted.

Pues me dará muchísimo gusto conocerlo y le agradezco infinitamente su

hospitalidad y su atención.

No, en una de esas hacemos negocio los tres.

¿Por qué no? Mire, lo estoy considerando como uno de mis socios de altura.

Qué bien, pues salud por eso, ¿verdad? Salud, salud.

¿Me digas lo que me digas?

No me vas a convencer de que Prudencio es un mal hombre. ¿Ya vio? Hasta lo está

defendiendo. Se ve que sí lo quiere.

No pongas palabras en mi boca, Pedro. Y mejor escucha. A ver, desembuche, pues.

Prudencio me dijo que cuando tú naciste, él a duras penas tenía unos centavos

para apoyar a los padres de Adelaida.

Y buscó lo que él pensó que sería lo mejor para ti. Te dejó ahí con nada,

porque bien que mal...

Iba a tenerte cerca y te iba a ver crecer. Si te hubiera metido a un

orfanato, cualquier cosa te hubiera podido pasar y él ni ha enterado. Ah,

pues que yo sepa, a los niños de Doménica les va a todo dar en el

orfanato. Doménica ha rescatado niños a los que les iba muy mal en otros

orfanatos. Además, no pienses en el hubiera.

Piensa en el perdón. Y aunque me lo repita mil veces, vamos a llegar a un

acuerdo nosotros, Nicolasa.

Mira, muchacho, tú estás para comerte las tortillas, no para voltearlas.

Te estoy aconsejando más por ti que por Prudencio. Así que por lo menos échale

una pensada.

¿Dónde está Doménica?

Mi niña no ha regresado del campo.

Me dijo que iba a ir a hablar con el doctor y de ahí se iba a trabajar.

Bueno, lamento decirte que las cosas con Luis Fernando salieron fatal.

¿Tú cómo sabes?

Porque fue a buscarme para contarme todo.

¿Y qué fue lo que te dijo?

Prima, estoy furiosa.

¿Cómo se le ocurre a Luis Fernando pensar que tú mataste a su hijo?

Miren, el campo estaba lleno de verdelagas. Y están bien fresquitas.

Oye, no se te olvide que al rato tienes tu clase de catecismo.

¿Ya sabes quiénes van a ser tus padrinos?

Ajá, porque hay que anotarlos en la iglesia.

Van a ser Domanita y Luis Fernando.

Mija, no seas imaginativa. Eso no va a pasar nunca.

Esos dos no se juntan ni aunque los amarren, mijita.

Pero es que los dos ya me dijeron que sí.

¿Los dos juntos?

Eh, no.

Por separado.

Le dije a Luis Fernando que yo me deshice de ese anillo el mismo día de la

boda. Bueno, prima, él no entiende de razones. Él piensa que tú tuviste algo

que ver.

Es que ni siquiera estoy enojada, estoy triste.

Porque no me escucha.

O sea, ni siquiera quiero hablar de ese tema con él.

Haces bien.

Porque además piensa que tú amas a Max.

Y si es capaz de sentir que ella es una asesina, significa que nunca la quiso de

verdad. ¿O no, Nicolás?

Pues sí.

Qué decepción.

Justo acababa de hablar con él para pedirle que creyera en ti, mi niña.

Lo siento, prima, pero entre Max que te abandona y el que piensa que eres una

asesina, mejor búscate a alguien que te quiera de verdad.

No lo digas así, Chiara. Ay, perdón por mi sinceridad, pero es que me da

muchísimo coraje.

No estoy diciendo ninguna mentira, ¿o no, Nicolás?

Yo creo que lo mejor para mi

prima sería que se fuera unos días.

Está muy angustiada.

Se puede ir a Puebla.

Digo... El tema financiero lo puede resolver de cualquier lugar.

Y yo sé que si tú se lo dices, ella te va a escuchar.

Contigo me sonrió. Se me quitó lo triste.

Cuando te vi me viste.

Y desde entonces te volviste lo mejor. ¿Y qué me pasó?

Y ahí estabas tú.

Y aquí estaba yo.

Y nuestra soledad que el mundo fue tan grande pero nos juntó.

Y ahí estabas tú.

y ya no pido más, eres mi luz, mi paz, tú mi más grande amor.

Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo

sea tan grande, pero nos juntó.

Y ahí estabas tú, y esto me salvó, y ya no pido más, eres

mi luz, mi paz, tú mi más grande amor.

Y ahora que estoy yo, listo para cuidarte siempre el corazón.

Hermano, no tenías que ir a buscar a Kiara.

Si tienes dudas y quieres saber la verdad, pregúntale directamente a

Doménica.

La pista del anillo no resultó útil. Mira cómo estás, sufriendo.

Te estás muriendo de amor, Luis Fernando.

Y de celos y de rabia.

Estuve agotado, Sofía.

Yo te recomiendo que vayas a México a ver a tu mamá.

Y de paso que te explique por qué decidió perdonar al estafador ese de

Martín González.

Yo tampoco lo entiendo.

Por favor, no te retractes de esa demanda.

Voy a convencerla de que hay que meter a ese ladrón a la cárcel.

Ahora sí le doy la razón a Kiara.

¿Por qué no le tomas el consejo y te vas unos días a Puebla?

Aquí estás retemortificada escuchando reclamos del doctor y soportando el duro

y dale de Max.

Déjalos, que se arreglen entre ellos.

Y en una de esas, a lo mejor el doctor reacciona y te va a buscar.

No, Luis Hernando no lo va a hacer.

Su orgullo no te lo permite.

Pues entonces que con su pan se lo coma.

Tú nada más descansas un poco y ves cómo te sientes lejos de ese par.

Ay, no. No me digas que sigues molesto porque te espanté a tu pueblerina. Un

día me lo vas a agradecer.

¿No puedes soportar que me haya fijado en alguien más?

Ah, a mí no me compares con ella, ¿eh?

Tienes razón.

Blanca no solo es bonita, es inteligente, es sensible. Puedo hablar

con ella de cualquier tema. Así que sí, comparada con ella, sales perdiendo.

Por eso no me fijé en ti, ¿sabes?

Porque eres aburrido y tímido y no te atreves a nada.

Así que quédate con tu pueblerina nerd.

A ver si no se quedan dormidos cuando hacen el amor.

Espero que sea tu ego lastimado el que está hablando.

Porque yo siempre te he considerado una buena persona.

Y sería terrible que lo que hiciste ayer y lo que estás diciendo es lo que de

verdad sientes.

Pues sí.

Igual y si estoy un poco despechada.

Hola.

Bienvenido. ¿Cómo te fue en el viaje?

Bien.

Si me regalas una tacita en el café, te cuento más.

Claro que sí.

Oye, me extrañó que me pidieras estos libros de autoayuda.

No pareces una mujer que necesite ese tipo de consejos.

Roberto, te digo que no son para mí. Son para una amiga que el marido la tiene

muy sobajada.

Mi amiga cree que eso es normal y, bueno, se resiste a romper con los malos

tratos y las humillaciones, ¿sabes? ¿No le conviene mejor contratar un abogado?

Digo, porque esos hombres que no saben dar amor...

Mejor separarse. Si el plan de transformación no funciona para mi

amiga, entonces ya pasamos a la medida desesperada de llamarte como abogado. Me

encanta la idea.

Hablando de desesperación, te extrañé muchísimo.

Apencé en denunciarte por necesitarte tanto en ese viaje.

Es un exagerado.

Aunque me hubiera encantado ir a la Ciudad de México y quedarme unos días

por allá.

¿Nunca has ido?

No, es que...

Yo estudié en la capital del estado, pero sé que la Ciudad de México tiene

este caos apocalíptico casi poético.

Sobre todo cuando te quedas varado en un embotellamiento.

Me alegra que nunca hayas ido allá.

Así ningún chilango se prendió de tu belleza y te robó.

Porque te quiero para mí.

Perdón por interrumpir.

No.

No te preocupes, Ernesto.

Tanque y yo podemos retomar cuando te vayas.

¿Qué pasó, socio?

Yo no sabía que ibas a regresar tan pronto.

No me vayas a decir así delante de otros, ¿eh? ¿Que ahora no te ha dicho lo

cuidadoso que suena?

Vengo a ver a Doménica.

¿Me vas a dejar pasar, supongo?

¿Antes me vas a decir que fuiste a hacer a la capital?

¿A ti qué más te da?

Quiero saber todo.

Fui a ver a mi socio para acordar todo lo que planeamos.

Ah, sí.

Pues yo no sabía que teníamos un socio.

Pues como que ya somos muchos, ¿no? Pues ya parecemos cooperativa porque así te

va a alcanzar el dinero para todos. Claro que sí.

Nuestro plan está claro.

Tú confía.

Quiero saber todo de nuestro socio.

Y a mí no me vas a estar dando órdenes.

Acuérdate que aquel que tiene que perder eres tú, no yo.

¡Ay, qué ternuritas!

Parecen una postal de San Valentín. ¿Por qué no le das flores? Para que todo el

mundo se entere que tienen un trato. Bueno, ya déjate de tonterías, ¿sí?

¿Cómo está, Domínguez?

Sufriendo.

Por Luis Fernando, dudando de ti.

Convencí a Nicolás A. de que le dijera que se fuera por la pera, que esté a tu

merced. ¡Órale, rárgate!

Si no te va a reventar las patas a balazos, ¡órale! Bueno, ¿a ti qué te

pasa, imbécil?

Guarda esa pistola, Genaro.

Está muy bonita, Ernesto. Muchas gracias.

Pero no esperes un beso de agradecimiento.

Diga, don Cosme.

¡Blanca, ven para acá!

¿Perdón? No le entendí bien.

Blanquita, ¿puedes venir, por favor? Claro que sí, voy para allá.

Chicos, los veo después.

Chao.

Si hubiera llegado un minuto antes, Blanca sería mi novia.

Ay, qué ternura.

¿Te la ibas a declarar aquí?

¿En la oficina?

Es lo que tú hiciste, infeliz. Ey, tampoco insultes.

Acordamos como gente civilizada, como caballeros que ganara el mejor. Y tú

perdiste. Un beso no significa nada.

No un beso de los míos.

Lo dices porque no sabes lo que pasó ayer entre ella y yo.

¿Y qué pasó?

Te lo diría.

Pero... los caballeros no tenemos memoria.

Vine a decirte que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para dar con la

persona que se quedó con ese anillo. Quiero ayudarte a limpiar tu nombre.

Lo dices como si yo fuera la culpable.

Por supuesto que no. Al contrario.

Sé que eres incapaz.

Y aunque no me lo creas, también quiero ayudar a Luis Fernando a encontrar el

asesino de su hijo.

Deja las cosas como están. Mejor no le muevas.

Él y yo no somos enemigos. Le agradezco que me haya salvado la vida.

Y no me importa lo que hubo entre ustedes.

Pero a mí sí.

Perdóname, pero a mí me cuesta mucho trabajo creer en tus buenas intenciones,

Max. Lo que es importante para ti, lo es para mí.

Y sé que de alguna manera él lo fue.

Doménica, yo todavía te amo.

Pero tú no sabes qué es lo que yo siento.

Así que no te hagas ilusiones.

Mira, si yo te perdí por completo, por haberte salvado la vida, por mi gran

error, lo voy a aceptar.

No debiste de haberlos dejado solos. Ya, no te tomes tan en serio tu papel de

capotaz protector.

Me hierve la sangre nada más de pensar que ese imbécil se la rime a mi

potranta. Ah, pero la cambiaste por una hacienda, ¿no?

Max la va a tener como tú nunca la tuviste.

Con gusto me quedaba lo opuesto.

Estar con esa mujer.

Es lo que tiene Doménica, que lo tiene a todos hechos. ¡Son los idiotas!

¿Dónde te imaginas?

Si nada más de verla me dan ganas de portarme bien.

Tú ni siquiera se inspiras.

¡Imbécil!

Usas tu berrinche y enójate, pero no me vas a poder sacar a tu parinta de aquí.

Yo soy más mujer que Domenica.

Eso nadie me lo va a negar.

Yo siempre supe que lo nuestro es para siempre.

No, Max.

Este beso solo fue para comprobar que ya no siento nada por ti.

¿Cómo dices eso? No te engañes.

Tú y yo somos almas gemelas. ¿Ya se te olvidó?

¿Alguna vez tuvimos gustos en común?

También disgustos, pero almas gemelas... No.

Yo jamás te hubiera abandonado así como lo hiciste tú. Ya te dije por qué lo

hice. Pero huiste como un cobarde.

Si a mí me hubieras dicho que estabas en peligro, yo me hubiera ido contigo sin

pensarlo. Pero no.

Te fuiste sin mí.

Y ahora regresaste demasiado tarde buscando un amor que solo se murió

durante tu ausencia.

Hoy sí te lo puedo decir, Max.

Ya no te amo.

Cuando un hombre está enamorado, se ciega.

Y Doménica con su actitud le ha generado más inseguridad.

Gracias.

Primero dice que odia a Max y luego sale corriendo a buscarlo. Eso tienes toda la

razón. Pero la reacción del doctor no fue la mejor, ¿eh?

Bueno, no voy a justificarlo.

Pero Luis Fernando viene arrastrando su propia historia de pérdida y decepción.

Y justo Doménica y él se encuentran en estas tierras como dos animales heridos

por la vida.

Los describiste muy bien.

Yo creo que ellos se aman.

El amor no se puede disimular.

Blanca, ¿te puedo preguntar una cosita?

Claro, siempre y cuando sea algo decente.

Después del beso que nos dimos, ¿qué somos?

Guau, esto es como un déjà vu de la preparatoria. ¿Por qué me preguntas

esto?

Que el aburrido de Ernesto me salió con que pasó algo importante entre ustedes y

necesito que me lo aclares.

Pasó exactamente lo mismo que te va a pasar ahorita.

Le dije que me chocan los machos inseguros y que no me gusta que me

controlen.

¿Y también lo besaste?

No estás entendiendo nada, ¿verdad?

¿Sabes qué?

Tampoco besas tan rico.

¿Lo besaste o no?

¿Ratifica su dicho?

Se lo estás diciendo para lastimarme, me estás partiendo el alma. No.

No, no, no. Yo no quiero vengarme de ti, Max.

Y te lo puedo decir de corazón.

Te perdono.

No quiero tu perdón.

Quiero tu amor.

No pudiste olvidarme tan poco tiempo. Pues sí.

Ya ves que sí.

Y ahora con todo lo que estoy sintiendo me doy cuenta que todo el dolor que me

provocaste también me enseñó a que no me importa lo que piensan los demás.

A que no tenga miedo a estar sola y sobre todo te agradezco.

Que me diste la oportunidad a conocer el verdadero amor.

Es cierto.

Sí. Y también deseo para ti que encuentres a alguien que te brinde paz y

amor.

Así como yo encontré a Luis Fernando.

Ahora te puedes ir.

Venga.

Yo te necesito. Max, no te hagas. Tú y yo estamos destinados a estar juntos. Yo

te dije que no te hagas. Entiéndolo de una buena vez.

Suéltame, Max. Por favor, no te quiero lastimar, pero... Me le estás

lastimando.

Max ya se va.

Y ya entendió que no hay ninguna razón para que vuelva a este lugar.

Vete.

¿Estás bien?

Sí.

Nana, estoy muy bien. Estoy mejor que hace mucho tiempo.

Perdón, pero de pronto se me olvida que hay temas que no debo tocar contigo.

Como el amor.

No seas ridículo, Andrés.

Tú me prometiste que nada iba a cambiar entre nosotros.

Y eres tú el que está poniendo distancia.

Creí que ni siquiera lo notarías.

¿Pero cómo puedes pensar eso?

Los libros que me trajías.

Los cafés que me preparabas. Todos eran horribles.

Y no me digas que no, porque ya Nicolás me lo confesó.

Pero gracias por simular que te gustaron todos estos años.

Pues no era difícil.

Ahora con mi retiro, tal vez le pida yo a Nicolás Que me enseñe a cocinar.

¿Yo te puedo enseñar?

Sería mejor que no.

Porque solo me darías falsas esperanzas.

Y me queda claro que tú no te fijarías en un hombre en los años de ratero.

No digas eso.

Yo no rechacé tu amor por tu edad.

Solo que yo...

Pues yo nunca te vi con otros ojos, Andrés.

Para mí... Pues eras el hombre que me ayudó a cuidar a Doménica.

Pues así como... Pues como un pariente cercano.

Bueno, ¿y ahora qué sabes lo que siento por ti?

¿Ha cambiado en algo?

¿En la forma en que me ves?

Pero no me has dicho qué fue lo que te hizo quitarte las dudas.

Seguí el consejo de Kiara.

Tenía que cerrar este círculo.

Hasta que le dio a uno esas cunclas sangronas.

No, nana, no le digas así.

Bueno, nomás por hoy la dejo en paz.

¿Ibas a ir a contentarte con el doctor?

Ah, esa es la parte triste.

Por más que yo esté muy enamorada de Luis Fernando, no quiere decir que

vayamos a reconciliarlo.

Y la canción.

Ustedes nomás dejando el arroz a medio cocer.

Tú siempre me has dicho que si no hay en una relación respeto y confianza,

entonces no hay nada.

Bueno.

Pues ahora nomás falta esperar a que se le baje la bilis a tu bestia. Y no

quiero que tú vayas a hablar con él.

Nana, no.

Si él regresa a mí, tiene que ser por su propia voluntad.

¿Nana? Bueno, está bien, te lo prometo.

Tanto que cocinaron su amor para que al final ninguno de los dos quiera

probarlo.

Pero siempre has dicho que el recalentado sabe mejor.

Blanca, ¿podemos hablar?

¿Tú también me estabas casando para asediarme con preguntas?

No, ¿cómo crees?

Pero es que me acordé que a esta hora vas a visitar a María y a comprar la

leche Santa Clara para tu mamá.

Ah, qué bueno que alguien tiene mi itinerario. Así salgo con más confianza.

Y también quería aclararte lo que pasó ayer.

A mí Kiara no me interesa.

Ella es como de mi familia y pues siempre me ha dicho que me ve como un

hermano. Pues ayer no me dio esa impresión.

Más bien, parecía una mujer celosa.

Sí, a mí también se me hizo extraño.

Tú en macho y ella en territorial.

Serían la pareja perfecta de tóxicos.

Ya te dije que yo solamente te quiero a ti.

Y si te pusiste celosa, pues... es porque también te intereso.

Ya dime que me quieres.

Y ya te perdono hasta el beso que le diste a San Genís.

Llevas tan bien hasta que dijiste que me perdonas.

¿Sabes qué, Ernesto? Mejor ve a consolar tu ego herido.

Yo jamás podría querer a alguien tan inseguro como tú.

Blanca.

¿Entonces vas a aceptar a Sargenich?

Hijo, qué bueno que te veo.

Estás ocupado, perdón.

No, no, no, yo creo que mi asunto puede esperar a que se calmen las aguas.

¿Se te ofrece algo?

Sí, mucho.

Tenemos que hablar sobre la demanda y la apelación que tenemos contra Gilberto

León.

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ningún capítulo.

Yo voto por Ernesto.

Y yo por San Genís.

Pues precisamente San Genís me trajo estos dos libros de México que son para

ti.

A esto luego lo vemos.

Mejor cuéntanos, Blanquita, ¿qué se siente que dos galanatos desentras tus

huesitos? Sí, cuéntanos, Blanca. Y no es chisme, es curiosidad. Y los dos tienen

tus mismos gustos, nada que ver con los hombres de Santa Teresa.

Ay, no se crean, a los dos ya se les pegó el virus del macho rancio.

Uno ya hasta me besó.

Uy.

A mí nada más me ha besado Gabriel.

Y hace mucho tiempo que ni un beso me da.

Y de lo demás, pues menos.

A mí se me hace que soy como una cobija en su cama.

¿A poco ya nada de pasión entre ustedes?

¿Saben qué? Yo no quiero escuchar nada de esto. Y menos de boca de mi madre.

María, son temas muy naturales que se tienen que hablar.

Pero yo ya sé cómo se hacen los bebés y cómo evitar enfermedades de transmisión

sexual. María.

Pero es que yo no quiero saber lo que pasa entre mis papás.

Así que, con permiso.

Adiós.

Ay, yo sí tengo la necesidad de contarle a alguien lo que me pasa.

Y tú que eres más mujercita, seguramente me vas a entender, ¿verdad que sí?

Sí.

¿Tienes algún problema con Gabriel?

Pues más que eso.

¿Sabes cómo son los hombres en Santa Teresa?

Sí, por eso quise irme lejos de estudiar, pero... Si no hubiera sido

porque mi mamá se me puso mala, yo no regreso a este pueblo donde...

Seguimos viviendo con la mentalidad del siglo pasado.

¿Tú crees que eso pueda cambiar?

Porque a mí sí me gustaría que Gabriel fuera diferente, que me oyera, que me

tratara bonito y que me pagara por trabajar aquí.

Y a todo eso tienes derecho, Hermi.

Pero tienes que empezar por respetarte a ti misma para que los demás lo hagan.

No es fácil decir qué hacer.

Empieza por darte tu lugar.

Las mujeres tenemos que alzar la voz cuando hay algo que no nos parece.

Piensa en María.

Ella se merece tener una mejor vida que la que tuviste tú, con más

oportunidades. Y acuérdate que tú eres la que más la puede ayudar a salir

adelante con tu ejemplo.

¿Nunca pensé que nos contestaran tan pronto sobre la ratificación?

No, yo tampoco.

Solo espero que no sea una señal de que Gilberto metió dinero para que no cambie

el resultado.

Gracias. Gracias.

De nada.

Bueno, lo que sea lo afrontaremos, pero con la ley en la mano.

¿Te había pagado?

¿Tienes problemas o es por lo que le está pasando a Doménica? No, ya no me

sorprende que Luis Fernando piense mal de Doménica. Lo que sí me parece un

exceso es que la vea como sospechosa de la muerte de su hijo.

Debemos estar muy pendientes de cómo fue que llegó ese anillo al lugar del

homicidio.

Involuntario o no, hay dos víctimas.

Sí. Y también tengo un asunto con Kiara.

Creí que ya habías decidido olvidarla.

Sí, sí, así es. Solo que estoy conociendo una versión de ella que no me

gusta nada.

Ayer estaba con Blanca y se portó... Se portó muy territorial.

Prácticamente la humilló.

¿Se habrá dado cuenta de que tú sí le importas? No.

Yo sé que no le importo, papá.

simplemente lo hizo porque quería hacer sentir mala blanca, porque sabe que ella

me interesa.

Y tal vez pienses que estoy loco porque me enamora muy rápido.

Créeme, hijo.

Yo no soy quien para juzgarte.

Tengo bien sabido que uno hace locuras por el amor.

Y ahora que ya sabes lo que siento por ti,

¿ha cambiado en algo?

en la forma en que me ves.

Mami, ¿no se supone que los bochornos de la menopausia ya se acabaron? ¿Por qué

estás tan acalorada?

Es que... Estaba recordando que... Que a veces, por

ser madre, se me olvidó ser mujer.

Con lo que lograste como madre, mejor te hubieras desarrollado más como mujer.

¿Por qué me dices eso?

Pues porque fuiste más mamá de Doménica y mira cómo está.

¿Y a mí?

Mejor me hubieras conseguido un padrastro millonario.

Sí encontré lo que buscaba en la farmacia que usted me dijo. Es una

lástima que hayan quitado lo que estaba aquí enfrente.

Te tengo bien. Gracias, igualmente.

¿Qué haces aquí?

Te vi entrar y... te seguí.

No te entiendo, Luis Fernando.

Dices que no quieres verme, no quieres saber nada de mí, pero me sigues.

¿O querías ver si estoy aquí con Max?

Eso ya no me importa.

Te soy tan indiferente.

¿Ya no te interesa nada de mí?

Ya no me importa si Max está aquí o no.

Cuando lo vea le voy a decir que estoy dispuesto a luchar por ti.

No hace falta que te pelees con nadie.

Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.

Y ahí estás tú, y esto me salvó. Y ya no pido más, eres

mi luz, mi pasto, mi más grande amor.

Y ahora aquí estoy yo, listo para cuidarte siempre el corazón.

¿Por qué no me avisaste que se había ido? Tampoco es como que se va a ir a

ver con Luis Fernando.

Realmente estoy preocupada por su cercanía con Max.

Porque eres el amor de mi vida.

Que lo podría repetir al pie del altar.

¿Pero qué cree que va a hacer ese estafador cuando se entere que su hijo

se va a casar con la señorita Domingo?

Espero que estés aquí solo para regresarnos el dinero que te llevaste.

¿Cómo pude dudar de ti, perra?

Mamá y yo descubrimos que nos queremos. El objetivo sigue siendo separar a

Doménica de Luis Fernando.

Doménica Montero, lunes a viernes a las 9, por Univision. ¡Más grande, amor!

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