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Elena.
Elena.
Él vio el agua.
¿Listo?
Todito.
¿Qué dice?
Habla del viaje que pensaba hacer ahora en el verano.
¿Sandra se llama la chica que estaba en la laguna cuando pasó lo de tu hermano?
¿Y qué quiere decir esto que Jordi se nega a dar entrevistas?
¿Quién coño piensa que es? ¿O Frank Harkin?
Está muy emprendido por el cambio de título.
Dice que se hizo sin su consentimiento.
¿Y cuál es el título que el autor quería?
200 consejos para una vida plena y satisfactoria.
¡Qué mierda de título!
Ni con una tía despullada de la etapa vendría un libro con un título así.
199 recetas para ser feliz es mucho más sofisticado y moderno.
Además, te ha demostrado que es mucho más comercial hacer servir un número no
rodó. Entonces, aprieta el saco.
¿Quién hablará con Jordi sobre la campaña?
¿Tomás?
¿Y Tom?
Pues dígale a aquel hijo de puta que si no quiere promocionar el libro, viola el
contrato. Y si viola el contrato, lo demandemos.
Y quiero que lo digas personalmente y a esta misma tarde, ¿entendido?
Tienes que comprender que el cambio de título se hizo pensando en el beneficio
de todos. No había absolutamente ninguna necesidad de mutilar el libro, y menos
la receta 200, que es la más importante.
¿Beneficio de quién? De nadie.
Bueno, pero ya está hecho y ahora hay que ser prácticos y tenemos que trabajar
todos juntos para que el libro sea el éxito que todos esperamos. No es por
joder que no quiera promocionar el libro, es que no me siento capaz.
La mujer se ha ido de casa, me ha dejado.
No puedo dormir, no puedo leer, no puedo hacer nada.
¿Cómo quieres que hable maravillas del libro si estoy fatal?
Lo siento, Jordi.
Venga, hombre, tú eres un profesional. Tienes que ser capaz de separar tu vida
privada de tus responsabilidades laborales.
No sé si debo llamarla o esperar a que me llame ella.
¿Qué tengo que hacer?
Nunca me habían abandonado.
Nadie.
¿En escenario ideal, cómo te sientes de aquí a 10 años?
¿Cuál es tu mayor defecto? ¿Y cuál es tu mejor virtud?
¿Fumas? ¿Veus?
¿Consumes algún tipo de drogas?
¿Te acuerdas que estábamos invitados a cenar?
No estoy de ánimo.
Llévenme para cancelar.
Déjame leerte mi parte favorita.
Ya es temporada de playa, ¿no?
Me imagino cómo nos veríamos los tres asoleándonos desnudos en el mar.
Mi hermana debe estar muy guapa.
¿Te das cuenta cómo era este pendejo?
Quería verme desnuda.
¿Quién es?
Sandra.
Sandra.
¿Hola?
Hola. Tú eres Tomás, ¿verdad?
Sí. Yo soy Sandra.
Aquí son dos de estos. Ah, sí me olvidé.
¿Puedo pasar?
Ah, perdón, mija. Sí, claro, pasa.
¿Sorpresa? Espérame aquí.
Elena.
Es Sandra.
¿Qué Sandra?
Sandra, la polola de... La de la postal.
¿Viste que te íbamos?
Elena. Viste, te íbamos. Te esperando.
¿Tú eres Elena?
Sí.
Les traje un regalo.
A Tomás le encanta.
¿Tiene dónde quedarse?
No.
Debe estar cansada. ¿Cómo?
No, no voy a subir bien.
¿Diga?
¿Sí con él?
Hola,
¿qué tal?
¿Sí? Ella está aquí.
Un momento.
¿Quién llama?
No es para ti.
Es para Sandra.
¿En serio?
Es tu mamá.
¿A la mamita?
Hola.
Bien.
¿Tú también?
¿Es usted Santiago?
No, soy de una pequeña ciudad del sur.
¿De dónde?
No, no es una ciudad muy conocida.
¿Y cómo se llama?
Osorno. ¿Podrías explicarme a grandes detalles qué cosas has hecho desde que
tienes 15 años?
Tomás, en el currículum dice que en Chile has estudiado periodismo en la
Universidad Católica.
¿Crees en Dios?
Toma mucho vino en el almuerzo.
Dijo que no estaba acostumbrada a tomar.
No sé por qué pedimos vino si yo tampoco tomo.
¿Tú también encuentras que me parezco mucho a él?
Quiero follar.
Parece que estás despierta.
¿Qué?
Sandra, estás despierta.
¿Qué importa?
No quiero andar haciendo show.
Pedí vacaciones en la oficina.
¿No la ibas a guardar para que fuéramos a Chile?
No.
Creo que fue un error no haberlas tomado antes, cuando pasó lo de mi hermano.
Además, si Sandra vino hasta aquí, creo que lo mínimo que podemos hacer es estar
con ella.
¿No te parece?
Sí, igual.
Sandra. Sandra.
Te llama tu mamá.
Aló, mamita.
No, no sé qué hora es.
Tres y media.
Las tres y media.
Despertaste al pobre Tomás.
En nombre de Editorial Neptuno les quiero agradecer su presencia esta
noche.
Es la felicidad.
¿Cómo podemos reconocer los síntomas de la felicidad?
¿Cómo podemos esforzarnos día a día para lograr ser un poco más felices?
Es un espejismo para responder estas dudas.
Los quiero dejar con el autor de 199 recetas para ser feliz, Jordi Borrell.
Y encima la muy hija de puta ya me ha dicho que quiere quedarse con el 50% de
mi patrimonio personal.
Qué puta.
Yo pienso que tiene que haber una forma de que el dinero que ganemos con el
libro me lo ingreséis en la cuenta de otra persona.
No se puede, Jordi. ¿Por qué no?
Porque es ilegal, por eso.
¿Te gustó?
Bien. Hasta el fondo te la metería guarra.
Presta atención, Tomás.
Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, siempre que no la ame.
Sí. Acuérdalo.
Oscar Wilde.
Muy bien.
Has leído.
El problema es que no se puede vivir sin ella.
Lamentablemente ellas tienen la respuesta.
No, no tienen la respuesta.
Son la respuesta.
¿Y cuál es la pregunta?
¿Viene borracho, mi niño?
Tu pelo.
Necesitaba un cambio de look.
Ah, les traje una copia cada una,
autografiada por el... 199
recetas para ser feliz.
¿No serán muchas?
Le voy a leer algo.
Receta número uno.
Lea este libro con el corazón abierto.
Es la única manera de poder entender sus simples consejos y luego vivirlos como
orientaciones cotidianas.
De la misma manera que un libro de recetas No sirve para cocinar.
¿Qué pasa, tíos?
¿Que ninguno se te dice o qué?
Desde un comenzamiento he dicho que sin el autor del libro disponible en la
promoción las ventas serían flujas.
No nos tenemos que precipitar.
¿Puede ser una campaña de apoyo que solucione el problema?
Pues más vale que se os acudece alguna idea para repuntar las ventas.
Esto es un desastre.
¿Y si se han servido las mismas recetas del Gibra para la campaña?
¿Qué quiere decir?
¿Cumplir Barcelona de recetas para la felicidad?
¿Pusirlas en los buses, en los bares, en los diarios?
Hasta que la gente comience a preguntarse qué coñón son todas estas
recetas. Eso no funcionaría.
Va en contra de todas las reglas del marketing de Italia. Es una idea
coñonuda de puta madre, Tomás. Muy bien, Tomás, muy bien.
¿Por qué no fuiste al funeral?
Por esto.
La Appendix City.
Íbamos camino al aeropuerto y terminamos en el hospital.
La Appendix estaba llena de mierda.
Me podríamos haber conocido en el funeral.
Creo que fue mejor ahora.
Receta número seis.
Para poder ser feliz, tienes que querer.
El maniche, si entras adentro, empiezas a caer.
Entras adentro.
¡Gracias!
Gracias.
Ese es en exceso lo que no tienes.
Tomás, ¿te gusta un problema en la puntualidad? O sea que está en una
situación extraordinaria.
¿Qué te pasó?
Nada. ¿Cómo nada? Si estás con Yeso. Nada.
Nunca vi.
Mirá lo que encontré.
Acuérdate de apagarle la luz al pescado.
¿Le hace mal?
Ya te dije, el pescado se llama Marte.
¿Cómo se llame?
Si no le apagas la luz se puede morir.
Sobre todo con este calor.
La que está matando el calor es a mí.
Es la tarde y casi me desmayo.
Tiene febre.
¿Te duele?
No.
... ... ... ... ...
Gracias.
¿Fuiste a la playa?
No.
Cuidado que el té está caliente.
Estaba tan cansada que me metí a un cine.
¿Y qué más?
Eso.
Estuve toda la tarde en el cine.
¿Qué película viste?
Una película vieja.
¿Cuál? No me acuerdo bien del nombre.
¿De qué se trataba?
De amor.
Qué bonito.
¿Quién actuaba?
Ay, no estás cargante, Tomás.
Bueno, si la película es buena, la podemos ir a ver, ¿no?
¿Y a ti cómo te fue en el trabajo?
Bien.
Normal.
¿Pudiste ir a la entrevista?
Obvio.
Me fue de puta madre. Se le acabó la comida al pescado.
Cuando a Tomás le salga uno de esos trabajitos nuevos, podríamos ir a la
playa.
¿Qué te parece, Tomás?
Me carga la arena.
Qué aburrido eres.
Cuando uno tiene un trabajo nuevo, no le dan vacaciones.
Bueno, entonces, si Tomás no quiere ir, vamos nosotros dos solas.
Tú te vas a quedar en cama hasta que se te pase la fiebre.
¿Cómo vas a estar ahí, Tomás?
Recorriendo librerías, viendo que la campaña se despliega correctamente.
¿Y cómo crees que vamos?
A asombrarse.
¿Cuántas copias hemos vendido?
Unas tres o cuatro mil.
¿Y qué asombrarían?
240.000.
Fatal, tío.
No entiendo qué pasa.
Puede ser que la campaña necesita más tiempo. Puede ser que el coño de campaña
ha significado una calcinez, ¿no?
Receta número 155.
No hagas lo que quieres, quiere lo que haces.
¿Por qué se vinieron?
Bueno... Elena vino a estudiar un magíster en gestión cultural.
Yo encontré trabajo y de a poco nos fuimos quedando.
Esto lo es.
Santiago me carga.
Chile no lo soporto.
No es para tanto.
Al final la gente es la misma en todas partes.
Eso lo dices porque eres del sur.
A mí me apesta.
¿Eres del sur, Tomás?
Sí.
¿De qué ciudad?
De Osorno.
¿De Osorno?
Qué freak.
¿Qué tiene de freak ser de Osorno?
Tomás no es de Osorno, es de Purranque.
Mi familia se fue a Osorno conmigo a los ocho años.
No lo niegues, eres de Purranque.
Bueno, como quieran.
Voy a preparar un té.
¿Alguien quiere?
Esto parece un horno.
Le sugerí que se diera un baño.
La nota cansada.
Me imagino.
Estoy embarando el trabajo.
Dicen que no puedes volver a faltar.
Que te necesito.
Ya.
Es que estuve todo el día afuera por el rollo de las entrevistas.
¿Y cómo te fue?
Bien.
¿Ella no te ha dicho cuánto tiempo piensa quedarse?
Te molesta que ella esté aquí, ¿verdad?
Al contrario.
Ella me gusta.
Tu hermano también me gustaba.
He pensado en verle el lado positivo a todo esto. Voy a escribir un libro sobre
rupturas matrimoniales.
Seguro que me va mejor un libro sobre separaciones.
Mercado no te va a faltar.
200 sabios consejos para una separación exitosa.
Un best-seller de Jordi Borrell.
Yo le haría una vuelta al título.
Si me hubieses hecho caso, el libro sería un éxito.
199 recetas para ser feliz ¿Qué mierda de título es este? Como si la gente
fuese estúpida
¿Puedes revisar esto?
Elena, anda a acostarte, si no la fiebre no se te va a pasar nunca.
Es mi carta de renuncio a la oficina.
¿Qué?
Estaba chata de este curro de mierda.
Pensé que te gustaba tu trabajo.
No, me di cuenta que no iba para ninguna parte.
La carta está ok.
Gracias.
Lo malo es que renunciaste.
Si te hubiesen despedido, podrías cobrar el pago.
Me da lo mismo.
Mañana empiezo a trabajar en una academia de arte.
¿En serio?
Como modelo.
¿Y tu fiebre?
Como no se me pasa nunca.
Me aburrí de ser la única que se queda encerrada mientras ustedes se divierten.
¿No hicieron nada?
Felicitaciones.
Gracias.
Hola. ¿Me da una habitación?
La número... ¿Puede ser la 8?
Número 8.
Gracias. ¿Eh?
¿Con 10 euros?
Buenos días, habla Tomás Barrera.
Tengo una entrevista de trabajo con el señor García Font, llamada para avisar
que estoy atrasado, estoy ocupado, no puedo ir.
Sí, claro.
Hola. Hola.
Como era mi primer día de trabajo, mira lo que te traje.
¿Para mí?
Sí.
Pruébatelo. Gracias.
¿Tomá?
¿Qué te parece que Elena pose sin ropa?
Ella puede hacer lo que quiera, después de todo su curro, ¿no?
Su trabajo.
¿Y cómo te verías tú posando sin ropa?
No duraría mucho.
Se fijaría en la primera chica guapa que la estuviera dibujando.
Le miraría las piernas, el escote, las tetas moviéndose mientras lo dibuja.
Se le pararía.
Tan simple como eso.
Todavía tiene fiebre.
Imagínatelo en la academia.
Todos dibujándolo y el chilenito apuntándolos con su polla. Yo no tengo
polla. Los chilenos tenemos pichula.
Polla, pichula.
Por el caso da lo mismo.
Da igual.
¿Has conocido a algún españolito?
No.
Deberías hacerlo.
Te haría bien.
No tendrías que salir tan solita.
Sandra, ¿conoces este tema?
Me lo mandó mi hermano desde Santiago.
Dijo que lo envió el mismo día que lo grabó.
en el invierno ya fue mucho
de este viento super fuerte
la tormenta ruge en el sur
dime la escucha
La corriente me llevó hasta ti.
Y eso es tan bueno.
Me siento mal.
¿Tú también tienes fiebre?
Tengo fena.
Milo me compuso esa canción cuando nos conocimos.
No fue mala intención de Elena.
Ella te tiene mucho cariño.
Elena es muy bonita.
También eres muy bonita.
Milo tenía razón cuando nos escribió diciendo que... Milo me dijo
que... Elena había tenido mucha suerte en encontrarse contigo.
Yo había encontrado un milo.
Él no se puede despertar.
He cambiado de opinión.
No voy a escribir un libro sobre rupturas matrimoniales. No es una cosa
que me involucre, que me emocione especialmente, no.
Bueno, no lo haga.
Voy a hacer un viaje, Tomás. Eso es lo que voy a hacer.
Un viaje a Sudamérica.
¿A Chile?
No, hombre, no.
A Brasil, a tumbarme en la playa.
Y por la noche escribir una novela policíaca.
Suena bien.
El único problema es que ando un poco mal de... de dinero. Igual podrías,
no sé, prestarme algo.
Tres mil euros.
El hueón patudo.
¿Cuándo me los devuelves?
Pronto.
Escucha, Tomás.
Hemos sido muy generosos con ti.
Pero ya hemos llegado al límite.
Realmente, no entiendo qué es lo que ha pasado.
No te preocupes. Está bien.
Sí.
Son tres meses.
Un mes para año.
La raja.
Acabo de prestarle plata a un amigo.
Lo siento, Tomás.
Está bien.
Hoy me quedaron del trabajo y no voy a cobrar el paro.
Hola.
Hola.
¿Y Elena?
No está.
¿Qué tal? Bien.
Mira lo que te traje.
Un regalo.
Qué lindo.
¿Qué te parece, Tomás?
Me encanta.
A mí también.
¿Sandra, tú follabas con mi hermano?
Discúlpala, Sandra. No sé qué le pasa que a este se pone tan morbosa.
Morbosa yo. No seas cara dura.
¿Y Sandra?
¿Follaban o no follaban?
¿Muchas veces?
¿Una vez?
¿Dos veces?
Algunas veces.
¿Muy seguido?
Cuando podíamos.
¿Y cuándo era eso?
¿Cuando no había nadie en tu casa o cuando juntaban plata para pagar su
motel? Las dos cosas.
¿Lo hicieron alguna vez en la cama de mi papá?
Sí.
Nosotros nunca.
¿Y qué hacían con mi hermanito cuando iban a un motel?
Elena, ¿por qué no paras de joder? Tú sabes muy bien lo que hacían.
No sé.
No me acuerdo.
¿O me vas a decir que no quieres saber?
¿Y Sandra? ¿Qué hacían con mi hermanito cuando iban a un motel?
Ya sé.
Al principio no hacía mucho.
Él te metía la mano debajo de la falda y tú mientras tanto le manoseabas la
polla.
El pico.
Hasta que mi hermano se dejó de huevada y te la metió.
Cada vez que se juntaban se ponían más calientes que...
Foto de tetera.
¿Y Sandra?
¿Era o no era así?
Iban al lugar que hubieran conseguido y se daban como caja. Como conejo.
Una vez, dos veces, estuvo en cuatro patas.
El abajo.
A la paraguaya.
¿Sandra?
¿Y Milo?
¿Era bueno, verdad?
Sí.
¿Te das cuenta cómo era este pendejo?
Le gustaba follar. Julián.
Apuesto que cuando estabas en Santiago te quejabas que te faltaba el mar.
A veces.
Y ahora que lo tienes al lado, ni siquiera te has animado a ir.
Es cierto.
Tomás.
¿Puedes pedir mañana un día libre?
Por supuesto.
Póstame la toalla, por favor.
Nunca lo encontraron, ¿no?
Lo buscaron siete días.
Lo buscaron con buzo.
Secaron la laguna.
Además quería decirte que...
Encontré una postal entre sus cosas.
Unos días después del accidente.
Cuando todavía lo estaban buscando.
A mí lo siempre ha hablado usted.
Tenía pensado entregárselo a Elena.
Pero como no fueron al funeral en Chile, me animé
y se las mandé por correo.
No te molesta que lo hayas hecho, ¿verdad?
Tampoco pienso contárselo a Elena.
Hola.
Hola.
No te las tomes tú. Son para Sandra.
Bueno.
¿Estás robando?
¿Qué?
Elena? Elena?
Gracias.
número 137 alcanzarás la felicidad al darte cuenta de que nada es demasiado
importante
No. No tengo.
Querido Tomás, después de 8.000 caipiroscas me he hartado de Brasil.
No llego a escribir ni una sola línea.
Mi novela policíaca es un desastre y creo que voy a volver a Barcelona.
Prepárate porque te voy a dar una buena paliza.
Jordi.
Hola. Hola.
Sandra.
Te tenés que ir.
Mi nombre es Tomás Barrera Riquelme, tengo 33 años, nací en Curranque, una
ciudad pequeña cerca de Osorno, a unos 900 kilómetros de Santiago, al sur.
Vivo hace 5 años en Barcelona, soy casado, mi mujer es chilena.
Siempre he querido trabajar en una editorial de ficción como esta.
La verdad es como un sueño.
en el invierno ya fue mucho
de este viento super solo
la tormenta ruge en el sur
dime la escucha
Y eso es tan bueno.
Y eso es tan bueno.
y este cuarzo guárdalo por mí
para que quede
habla de tus padres aquí flotando en
las olas super libres y es que el
Dios borrará la muerte
de nuestras vidas
de nuestras vidas
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